¡LARGA VIDA AL ABERDEEN! (At. Madrid - Aberdeen)

Decía Jacinto Benavente que si la pasión, si la locura no pasara alguna vez por las almas… ¿qué valdría la pena? Una pregunta así tendría que tener en cuenta todo aquel que intente entender este extraño mundo que se denomina fútbol. Mientras las grandes corporaciones, sedientas de porcentajes suculentos y beneficios obscenos, pretender describir y seccionar con números un fenómeno más que centenario y a través de los rígidos parámetros de la economía liberal, lo cierto es que hay cosas incomprensibles que escapan a cualquier tratamiento basado en la lógica cartesiana. Mientras los sesudos de frente despejada intentan adaptar el mundo del fútbol al sistema de franquicias y palomita americano la contundente realidad deja claro que es muy difícil incrustar en este esquema fenómenos como el atlético de Madrid…. o el del Aberdeen. No sé que extraña fuerza sobrenatural es la culpable de semejante anomalía pero le estoy infinitamente agradecido.

El partido de ayer, desde mi perspectiva egoísta y particular, tiene poca historia deportiva pero una suculenta historia humana alrededor que me parece muy interesante. En lo deportivo fue evidente desde el primer minuto la manifiesta superioridad del cuadro colchonero. Por presupuesto, por jugadores y por todo parecía claro desde el pitido inicial que tan sólo alguna genialidad de Aguirre podía dar al traste con una victoria rojiblanca. Dio igual el ritmo cansino que desplegamos o la manifiesta inapetencia que se respiraba en el césped. Dio igual volver a comprobar que este equipo se estrella frente a rivales que se cierran atrás y donde hace falta desplegar los conceptos del fútbol que necesitan del balón y del juego. Dio también igual salir con 9 jugadores, un señor con coleta que vino como central zurdo y se ira como broma pesada y un tipo grueso de color cuya foto aparece en el diccionario de la real academia de la lengua al lado de la definición de intrascendencia. Si la incompetencia de Aguirre esta, desde mi punto de vista, fuera de toda duda, la misma incompetencia es aplicable al tipo que se autodenomina secretario técnico. Su relajada y bien remunerada labor ralla en ocasiones como esta el insulto soez. Que tipos como Eller o Cléber Santana estén ocupando las plazas de extranjero del atlético de Madrid es algo que debería poder ser denunciable en magistratura. Garcia Pitarch debería en un mundo justo dedicarse a otra cosa.

En cuanto a lo que tiene que ver con el balón bastaron un zarpazo del Kun (al que casi descoyuntan en el penalti) y una genialidad de Simao en un libre directo (¡¡Por fin!!) para conseguir tres puntos y fijar los cimientos de nuestro equipo en esta segunda división europea que ahora denominan UEFA.

Pero para mi lo interesante del partido estuvo en la grada. Que un equipo como el Aberdeen, malo de solemnidad, arrastre 7000 espectadores un jueves no festivo a un país extranjero y que no paren de cantar y animar un solo minuto bajo un frío gélido es algo que no sólo atenta contra el nuevo orden económico que los grandes dinosaurios quieren implantar, sino que es algo que me pone muy contento. La afición del atlético tenemos fama de fidelidad, animosidad de ser incansables al desaliento pero tengo que reconocer que superado el miedo inicial de ver a 7000 almas encima de mi, muchas de las cuales a punto de necesitar un chute de vitamina B por envenenamiento etílico, sentí una envidia terrible de ver como vivía el fútbol esa gente. Nos callaron y nos dieron una lección de afición que me vale como cura de humildad y que me hace pensar en lo bonito que debía ser el fútbol hace 50 años y no ahora donde hay gente aficionada a jugadores en lugar de a equipos o donde todo se mide en camisetas, pinchazos de pay per view y tontería varias.

El fútbol parece que se muere. Viendo el telediario (o escuchando la COPE y/o la SER) parece que llegará un día en el que todo el mundo será (¿o ya es?) del Madrid o del Barça mientras el resto de equipos será un suerte de Washington Generals, el tradicional rival ficticio de los Harlem Globetrotters, que a nadie le importa. Todo apunta a que llegará un día en el que el dinero correrá a espuertas por los despachos de los de siempre mientras los innocuos espectadores irán al fútbol como si se tratase una pelea de Wrestling. Por eso es refrescante, aleccionado e ilusionarte ver a 7000 tipos que son capaces de perder el conocimiento un jueves por la noche en un país extranjero gracias a la cerveza y la pasión de seguir a unos colores por encima de su valor en bolsa, la capacidad de desborde de sus extremos o lo guapo que sea su delantero centro. Decía Goethe que las grandes pasiones son enfermedades incurables y que lo que podría curarlas las haría verdaderamente peligrosas. Por eso levanto mi copa por la pasión irracional y la fidelidad en contra de toda lógica. ¡Larga vida a la pasión! ¡Larga vida al fútbol! ¡Larga vida al Aberdeen!

¡BENDITA LOCURA! (At. Madrid - Valladolid)

Decía Confucio que los hombres se distinguen menos por sus cualidades naturales que por la cultura que ellos mismos se proporcionan. Decía también que los únicos que no cambian son los sabios de primer orden y los completamente idiotas. Juzguen ustedes a que categoría pertenece el actual entrenador del atlético de Madrid.

Yo lo que tengo claro es que el equipo lejos de cambiar parece recrearse, cada vez más, en los parámetros establecidos de la misma espesura de naturaleza aburrida que ha sido el único estandarte reconocible de este equipo desde el primer partido de la temporada 2006-2007. Asumamos la realidad: ese el atlético de Aguirre. Podemos seguir esperando que el maná pueda bajar del cielo como algunos adictos a las dádivas de media noche pregonan pero es algo absurdo que vive en contra de todas las leyes de la lógica y la estadística. Esto es lo que hay.

No obstante, hablar de partido aburrido en el día de hoy no sólo es injusto sino que es falso puesto que ver 7 goles y emoción hasta el último minuto no es algo que desgraciadamente podamos disfrutar asiduamente en esto que algunos llaman fútbol moderno. Ahora bien, fútbol lo que se dice fútbol… poco.

El partido comenzó como deberían comenzar todos los partidos en el Calderón, con el equipo volcado para intentar meter gol. A los dos minutos ya lo habíamos conseguido. A los tres minutos el partido siguió como siempre siguen en este atlético. Aguirre ya había sacado en el minuto tres el mismo argumento de todos y cada uno de los partidos que lleva defendiendo ese escudo que tan grande le queda. El equipo atrás, balón para el contrario, juego (¡puaj!) para el contrario y nosotros patadones a 70 metros desde la frontal. Vamos, el famoso código deontológico del compatriota de Cantinflas. ¿Después?, lo de siempre también: primero avisó Llorente, luego Garcia Calvo y al final Victor puso el empate. ¿Cuántas veces ha pasado lo mismo? ¿Cuántas veces más tiene que pasar?

La lectura fácil de los plumillas es siempre que la defensa hace aguas pero esa es la lectura que Aguirre sutilmente provoca para que los periodistas negligentes piquen. Personalizamos en la gente de nombre y apellidos para que así él quede limpio de paja y pluma. Yo hago otra lectura. ¿Cómo se puede consentir que con 1-0 en el marcador, jugando en tu campo lleno y teniendo controlado el partido decidas voluntariamente SIEMPRE desentenderte del balón y de jugar, provocando que un equipo como el Valladolid lleva la iniciativa del juego y ponga el juego y las ocasiones? La defensa podrá ser la línea menos brillante de este equipo (que lo es) pero eso no es óbice para constatar que el equipo no sólo está penosamente entrenado (descompensando, sin ideas, sin esquema, sin balance defensivo, sin sistema de presión, sin juego a balón parado,…) sino que la idea que se pretende implantar es tan nefasta como inoperante. La defensa, al igual que la presión, las faltas, las salidas de balón, las llegadas al área, los desmarques en profundidad, los aclarados, las rotaciones en la media punta y demás facetas del fútbol que al parecer son desconocidas en Méjico, también se entrena. La horita excasa que duran los entrenamientos se le debe hacer eterna a este señor que con tanta gracia dice los tacos.

La segunda parte empezó prácticamente como había acabado la primera: el Valladolid queriendo jugar y el atlético perdido y siguiendo el somnoliento ritmo que marcaba ese displicente y altivo tipo que por desgracia ocupa nuestra portería. La forma en la que este personaje pone el balón en juego es un perfecto símil del atlético de Aguirre: áspera, lenta, tozuda, displicente y aburrida. Como no podía ser de otra forma el Valladolid metió el segundo gol tras un cante de Ze Castro. Aguirre, muy valiente él, castigaría al portugues minutos después en uno de esos cambios que solo entienden el propio Aguirre y Don Pimpón.

Y entonces apareció la catarsis. Puesto que el sistema de Aguirre es una mentira más falsa que los besos del matrimonio Clinton, puesto que el rigor táctico que impone el rapsoda azteca más que una herramienta es una zancadilla al sentido común, los jugadores decidieron hacer la guerra por su cuenta. Aguirre se quejó el otro día de que sus jugadores se marchaban al ataque dejando la espalda desguarnecida. Lo que no se da cuenta este tipo es que los jugadores también son seres humanos y que también son capaces de deducir que para meter un gol es más fácil darle un balón al Kun a ras de césped que los melones que envían los centrales. Entienden que es mejor que el balón lo jueguen los buenos a pasarle la pelota, pongamos por caso, a ese señor de color que de vez en cuando sale a calentar al medio del campo con el partido empezado que responde al nombre de Cléber Santana. Los jugadores este año, a diferencia de su entrenador, quieren siempre ganar y a ser posible metiendo más goles que el contrario.

El partido a partir de ese momento se convirtió en una especie de película de Kusturica en la que todos los protagonistas parecer pasados de revoluciones, que no atienden a ningún criterio lógico, que corre, ríen, se caen, se levantan y se pegan en una especie de delicioso caos que funciona al ritmo de una música desternillante. Los jugadores no son idiotas y saben que el intercambio de golpes en general nos conviene, en especial con equipos de presupuestos diez veces inferior que no tienen la suerte de tener al Kun, Forlan, Maxi, Reyes,…. Aguirre en su búsqueda constante por el saber oculto quiso no obstante dilapidar la fiesta, a su estilo, pero por suerte no lo consiguió. ¿Qué todo el estadio habíamos visto en la primera parte que Varela no está para jugar?... Él lo mantiene. ¿Qué todo el estadio sabíamos que como siguiera en el campo no acababa el partido? Él lo mantiene. Al final expulsado. Los cambios, otra de las especialidades del genio del Yucatán, tampoco tuvieron desperdicio. Más que dignos de ser comparados con un película de Kusturica deberían compararse con una de Ed Wood. Tremendo. En el fragor de la batalla y para desdicha de nuestro director deportivo vimos 7 goles y acabamos ganando (con suerte) a pesar de estar con 10.

No soy muy amigo de los partidos rotos. Me gusta el fútbol ordenado y los equipos que juegan como equipos pero puestos a elegir entre el torpe e inútil ladrillo constreñido que propone Aguirre y el caos más absoluto prefiero el caos. Incluso el caos más absoluto tiene más que ver con el fútbol que el obtuso y perenne planteamiento de Aguirre. ¡Bendita Locura!

¿CONOCÍA CHESTERTON A AGUIRRE? (Almería - At. Madrid)

Decía Ernesto Sábato que ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás. Por eso Emery, el entrenador del Almería, aparece hoy como un tipo genuino más cerca de ser un genio de la táctica futbolística que del sopor que se les supone a los equipos modestos. Ayer los entrenadores del supuesto grande y del supuesto pequeño cambiaron sus papeles. En realidad esto no es ninguna novedad porque Aguirre suele cambiar los papeles (si es que como estoicamente defienden algunos de verdad tiene algún papel) especialmente si es un papel que le pide jugar al fútbol.

Ayer un servidor estaba por esas tierras sembradas de plásticos donde reluce el Indalo, cuando leyendo en un periódico local una frase del entrenador del Almería casi se me saltan las lágrimas: “la táctica es lo de menos, lo importante es que el mejor Almería que tengo salte al terreno de juego a ganar el partido”. Es muy probable que a algún lector colchonero esta frase le pueda sonar a demagogia pero eso es porque nosotros estamos acostumbrados a la eufemística y capciosa verborrea de Aguirre. A pesar de a lo que estamos acostumbrados no sólo hay entrenadores que piensan lo que dicen sino que hasta es posible encontrar algunos que intentan poner en práctica lo que dice y lo que piensan. Esto por supuesto no es más que ciencia ficción para nuestro particular via crucis transformado en azteca sonriente. Lo de ayer no es más que lo de siempre con la diferencia de que había menos tipos geniales en el campo, los que quedaban dentro tenían la severa consigna de no perder su posición cerca del portero para que su entrenador (¡ja!) no pasase otra mala semana y que enfrente tenía un equipo modesto (que no cobarde) que mordía (en ocasiones puede que en exceso).

Y es que cuando jugando en Almería a los cinco minutos te han hecho ya 5 ocasiones es fácil deducir a lo que ha salido un equipo y a lo que ha salido el contrario. El Almeria a ganar el partido con lo que tiene y el Atlético a intentar no perderlo a pesar de lo que tiene. Así de sencillo. Como siempre. El resto fue simplemente un monólogo de un equipo valiente y agresivo salpicada de acciones erradas y de pinceladas de un equipo carísimo y timorato preocupado exclusivamente de su espalda.

Lloro de rabia de imaginar de lo que sería capaz mi equipo si saliese con otra actitud al campo y alguien lo entrenara. Me resulta patético tener que recurrir a la suerte para sacar un miserable empate a cero con un equipo como el Almería, con todos mis respetos para este equipo, su entrenador y sus jugadores que viendo el partido de ayer deben sentirse como futbolistas y no muñecos de futbolín dirigidos por un testarudo funcionario como deberían sentirse los nuestros.

El manido latiguillo de la endeble defensa es simplemente otra prueba fehaciente de la galopante ceguera de nuestros particulares periodistas-topo. El atleti no funciona en ninguna de sus líneas y no lo hace desde que este redentor de acento tan gracioso calienta sus posaderas en nuestro banquillo. La defensa, el centro del campo y el ataque. Nada funciona. Sobresale de vez eb cuando la particular e inmensa calidad de algunos jugadores pero no es lo mismo. Antes, en tiempos de infames entrenadores como Sacchi, Ferrando o Manzano siempre había alguna línea que se salvaba. Ahora no se salva ninguna. El atleti no funciona en ninguna línea porque ninguna línea está entrenada y todas ellas están dejadas de la mano de Dios. Por negligencia o por incapacidad todas las líneas, las jugadas a balón parado, el físico, la táctica, la mentalidad, la psicología,… todo esta dejado de la mano de Dios. La defensa evidentemente no funciona a pesar de tener los dos laterales izquierdos de la selección española (es decir, los demás no deben ser mucho mejores), un lateral derecho campeón de Europa y otros dos centrales internacionales por los que se han recibido ofertas millonarias no hace mucho tiempo. ¡Quitémonos la venda de los ojos! Si cuatro tipos así son incapaces de funcionar como equipo es que quien tiene que hacer el equipo no sabe hacerlo. El centro del campo no es que no funcione, es que no existe. No existe porque el entrenador no quiere. Él prefiere dos tipos recios y contundentes que peleen de cabeza los pelotazos, corten el juego y sepan dar un buen pase a los centrales. Ese el centro del campo de Aguirre en año y medio y con 8 jugadores distintos. Para esa zona no valen Ibagaza, Rosiky, Snejder, Van der Vaart o Riquelme. La delantera tampoco está trabajada. El año pasado con Torres (ese gran profesional), este con el Kun, con Mista o con Leif Garrett es siempre igual: un tipo solitario que recibe melones desde 70 metros. A partir de ahí es cosa suya. ¿Esa táctica se entrena? El segundo punta es un eufemismo para nombrar al tipo sacrificado que se incrusta en el centro del campo del equipo contrario a estorbar. Las bandas, las manidas bandas, son como un carísimo muñequito a pilas pero sin pilas. Como no les llega el balón no funcionan. Cuando por casualidad les llega el balón mueven los bracitos (muy bien).

Ese es el atleti desde hace año y medio. Ayer empatamos pero podríamos haber perdido. Otras tantas veces perderemos y alguna vez ganaremos por coraje y por alguna gracia de San Kun o del resto de millonarios que juegan en nuestro equipo. Eso es lo que nos espera. Deambular errantes por la espesura y la tristeza. Decía Chesterton que la mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta. Me cuesta creer que Chesterton no conociese a Aguirre.

MERECER O NO MERECER (At. Madrid - Villareal)

Decía de la Fontaine que la mayor desgracia es merecer la desgracia y francamente, personalmente opino que merecemos la desgracia de tener que sufrir cosas como perder en tu estadio metiendo tres goles, lo cual es bastante desgraciado. Puede parecer severo, injusto y ciñéndonos a detalles específicos quizás es difícil de tragar pero yo prefiero mirar más allá de errores puntuales y valorar sobre todo que es lo que merece un equipo que no es ni siquiera un equipo. ¿Qué merece un equipo de fútbol que no quiere jugar al fútbol? ¿Qué merece un equipo que basa su éxito o fracaso en el azar?

Efectivamente, hemos marcado tres goles y la lectura fácil es pensar que la defensa es un coladero pero esa excusa es algo demasiado simple para un mundo tan complicado como este plagado de mercenarios, millones de euros e iluminados. Es algo demasiado sencillo como para justificar la trayectoria de una entidad centenaria de presupuesto obsceno. Si fuese tan sencillo bastaría con cambiar la defensa y asunto resuelto pero no es tan sencillo. Hubo un tiempo no muy lejano en que teníamos la mejor pareja de centrales de Europa y resulta que son los mismos que juegan hoy. Para mi el equipo pierde (o empata) por otras razones pero aun así, abundando en la tesis de la defensa-coladero, yo me haría la siguiente pregunta: ¿Cómo puede ser un coladero una defensa donde los cuatro componentes son internacionales absolutos con las selecciones de su país? ¿Cuántos equipos hay en primera división con una defensa en la que todos son internacionales?

Capítulo aparte merece nuestro portero. Ese hombre permanentemente enfadado que se pasa la vida perdiendo tiempo. Recuerdo hace unos años cuando apareció en la selección yugoslava un jugador llamado Drazen Petrovic y lo antipático que se hacía a todo aquel que no era seguidor del equipo donde jugaba. Un tipo desquiciante, engreído, con pinta de niño mimado y actitud de payasete que sacaba de quicio a todo el que pasase por allí. Eso si, era un jugador como la copa de un pino que además de tener una técnica excelente y unos conceptos de envergadura era capaz de echarse el equipo a la espalda y decidir cuando había que decidir. Un jugador único. Un amigo mío decía que para ser un tipo odioso sobre un campo hay que ser muy bueno porque de otra forma parecerás simplemente un gilipollas. Que razón tenía mi amigo. Petrovic era un excelente jugador y lo fue hasta el fatídico día que estrelló su coche. Leo Franco es también, aunque por otros motivos, un tipo odioso sobre un campo de fútbol pero dista bastante de ser un jugador determinante o carismático. Aparte de su áspero trato con los medios y aficionados o sus lacónicas contestaciones especiadas en el tiempo de forma exagerada, sobre el césped desprenda apatía, dejadez y espesura. Su eterna y lamentable parsimonia a la hora de poner el balón en juego lleva ya demasiados domingos enervando a unos aficionados que como yo no necesitan precisamente más enervamiento. Si esa actitud se mezcla con la espectacular actuación de hoy, es fácil entender las pitadas del Calderón y por que para el 90% de los aficionados el culpable de la derrota tiene nombre y apellido.

Pero aunque nuestro sempiterno cabreado cancerbero sin duda tuviese una actuación inigualable yo no me bajo de mi tesis fundamental, que por cierto es la misma que vengo manteniendo desde las navidades pasadas: este equipo no juega a nada, tiene una actitud mezquina y mediocre, está mal entrenado y todo ello es fundamentalmente culpa de su entrenador.

El resumen del partido es el de siempre. Salimos a especular y a que nuestros centrales den puntapiés desde la frontal de nuestra área. De vez en cambio (generalmente de casualidad) le cae un balón a cualquiera de nuestros cuatro jugadores de arriba y estos se inventan algo magnífico. Especialmente si le cae al Kun. Así llegan el 90% de los goles que mentemos y así llegaron los dos primeros goles. 2-0 y mediados de la primera parte. Cualquier equipo decente se apoderaría del balón e impondría el tempo del partido jugando lejos de su portería para evitar errores. El equipo mezquino en el que nos quiere convertir nuestro entrenador lo que hace SIEMPRE es recular las líneas hasta poner 9 jugadores (excepto el Kun y Leo Franco) a escasos metros de nuestra frontal del área. Como siempre, nos empataron. El Villareal, un equipo que a diferencia del nuestro está bien entrenado, pretende tener el balón y ganar los partidos con el (y no a pesar de el), se dedicó a mover el balón buscando su oportunidad. Afortunadamente Leo Franco le facilito por dos veces esa oportunidad buscada. ¿Qué hubiese ocurrido si el balón lo hubiésemos tenido fundamentalmente nosotros? ¿Qué hubiese pasado si el Villareal no hubiese estado tan cerca del área con tanta facilidad?

Comienza la segunda parte y seguimos sin jugar absolutamente nada pero al menos parece que la actitud es la de estar algo más alejados de nuestra área. Supongo que la razón es que tenemos una plantilla de grandes jugadores a los que les debe joder sobre manera las dogmáticas bobadas del aficionado al fútbol que dirige el vestuario. Fallamos un penalty pero aparece el Kun en una jugada esporádica y de nuevo por encima del marcador. El equipo sigue sin parecer un equipo, sigue sin jugar a nada pero los jugadores quieren ganar. Reyes lo intenta, Simao lo intenta y supongo que por eso los dos acaban en el banquillo. Ninguno de los dos ha conseguido jugar todavía en la banda donde se hicieron famosos. Aguirre es así. Aguirre es también el único entrenador del mundo que sabe los cambios que va a hacer (y en que momento) antes incluso de empezar el partido. Da igual lo que ocurra sólo conoce una forma de NO-jugar. El vodevil desde ese momento hasta el final es historia. Atónitos asistimos a las grandes escenas cómicas de Jurado en banda, Maxi perdido y ejecutando su particular via crucis, Maniche peleando contra su propia sombra, Perea imitando a Harold LLoyd, Seitaridis interpretando a Patrick Mc Murphy en Alguien voló sobre el nido del cuco, Leo franco haciendo votos para ingresar en los tonetti haciendo de serio y Aguirre desde la banda en una especie de Willy Wonka gris y descafeinado que más que chocolate lo que ofrece al mundo es un áspero ladrillo.

Mis compañeros de sector abandonan el estadio echando pestes contra Leo y la defensa pero yo no puedo dejar de mirar a ese señor canoso que horas más tarde dirá que nuestro problema es que el equipo se va alocadamente al ataque. Supongo que será como decía Pio Baroja, que a una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre.

ERROR HUMANO (At. Madrid - Sevilla)

Decía Séneca que vencer sin peligro sería ganar sin gloria y a fe que lo comprobamos ayer. Cuando encauzaba el camino de los vomitorios del Vicente Calderón lo hacía con la sensación de los viejos partidos de fútbol, esos que vivía cuando era pequeño, esos que estaban plagados de goles, jugadas, fuerza, lucha, emoción, polémica, érrores,… es decir, de lo que casi todos entendemos que es un partido de fútbol. 7 goles en un Atlético de Madrid – Sevilla es algo que atenta contra la línea de flotación del fútbol moderno pero gracias a Dios los jugadores, verdaderos protagonistas de este deporte, todavía son humanos (tiempo al tiempo) y a veces se les olvida lo que minutos antes se les ha ordenado en el vestuario.

El partido comenzó con chispa y velocidad, algo que no siempre práctica nuestro equipo. Supongo que esta vez lo hicimos porque enfrente estaba un equipo bien entrenado como el Sevilla que si te dedicas a especular te mete siempre un gol más que tú. Eso lo sabía Maxi, que cada día se parece más al Maxi pre-lesión, y por eso no dio por perdido un balón que la mayoría de jugadores hubiese dado por perdido. Apareció Forlán para disparar, Maxi entrando desde fuera del campo (y por tanto en claro fuera de juego) recibe un no menos claro penalti y Maniche mete gol. Árbitros, esos personajes…

Pero el atleti de Aguirre es el atleti de Aguirre y claro, como no podía ser de otra forma, en ese momentó mandó a todos sus jugadores a proteger la frontal del área. A partir de entonces el partido fue del Sevilla y claro el Sevilla no es el Levante por mucho que el señor Aguirre se empeñe en creer que si. A lo mejor es que él mira el fútbol por encima de las rodillas de los jugadores pero si mirase al césped, donde está el balón, vería lo que es un equipo bien entrenado donde da igual conocer los nombres de los jugadores ya que siempre intentan jugar al fútbol desde la posición correcta. Como no podía ser de otra forma nos empataron. El como es una anécdota.

Vuelta a empezar. Volvimos a la actitud del principio del partido, esa que no debería perder un equipo que se dice de champions pero esa que nuestro entrenador congela cada vez que metemos un gol. Tras un excelente remate de Luis García, esa estrella mundial que juega en nuestro club (a pesar de nuestro exquisito entrenador) decidió sumar un gol a su marcador particular. Sin dibujos animados, sin gambetas ni desmarques pero un valioso gol.

Y entonces, gracias a Dios, apareció la clave del partido: el error humano. Los jugadores de nuestro equipo decidieron probablemente de motu propio que estaban hartos de acobardarse con cualquier equipo que marche por detrás en el marcador y decidieron jugar de tú a tú. Sin brillantez ni gran fútbol (porque es difícil pasar del cero al infinito en segundos) pero de tú a tú. Es un gran avance. Sutil pero significativo. Lamentablemente, porque la vida es injusta, el Sevilla se fue al descanso empatando el partido gracias a un incomprensible error de Ze Castro, el cerebro en la creación de nuestro juego designado por Aguirre y jugador que todavía no está a la altura del resto de titulares (y varios suplentes).

He dicho más arriba y mantengo que el Sevilla es un gran equipo, muy peligroso, difícil de batir y sobre todo (lo que más envidia me da) muy bien entrenado. Da gusto verles moverse por el campo, presionar arriba, salir con rapidez, desmarcarse con elegancia, triangular con coherencia… que lejos parecen de nuestro particular engrudo diseñado por el mejicano. Parece que jugamos a cosas distintas. Que envidia me da ver ganar jugando al fútbol y no teniendo que apelar siempre a la épica. Pero también digo que el Sevilla es de los equipos que más antipatía me despiertan. Sucios sin razón, leñeros sin razón, pendencieros y lo peor de todos soberbios y arrogantes (también sin razón). Supongo que son el fiel reflejo del impresentable personaje que dice ser su presidente o de su esperpéntica extensión en el campo, ese pendenciero desequilibrado que responde al nombre de Palop. No recuerdo un Atleti-Sevilla en el Calderón donde los sevillanos no se dedicaran a dar patadas a diestro y siniestro provocando a todo aquel que pasase por allí. Todavía me acuerdo de aquel partido que se suspendió y se reanudó hace años donde nuestra afición fue injustamente tratada. Sin perdonar el arrojo de ninguna botella, que por supuesto merece el castigo preciso, el que los jugadores del Sevilla (y en especial su trastornado guardavallas) saliesen como héroes maltratados, atenta contra la inteligencia humana y la definición de justicia.

La segunda parte fue un precioso toma y daca con alternativas, poco juego (sobre todo por parte de nuestro equipo), pasión, faltas, tensión, emoción… y excelentes jugadores (sobre todo en nuestro equipo). La jugada del tercer gol no por aislada deja de ser una obra de arte. El pase del Kun es irreproducible ni en el pro evolution soccer 7. El remate de Maxi no tiene nada que envidiar a aquel que hace años metió en Sevilla contra el Betis ese gran profesional que nos dejó tirados este verano y que ahora se cura de su lesión el Liverpool. El cuarto gol es otra magnífica jugada de banda con pase de la muerte y remate letal. Otro fallo de Ze Castro provocó el 4-3 en el descuento pero por una vez las artimañas de Aguirre en cuanto a parar el partido y perder tiempo (debe ser lo único que entrenamos) sirvieron para volver felices a casa.

Viva el fútbol y viva la pasión. Si, hubo fallos, errores de bulto, pasión, dureza, momentos épicos y desajustes. Sé que a los entrenadores esto no les gusta pero tampoco sé que ellos no pagan ningún abono ni se van a ver partidos a las 10 de la noche bajo un frío intenso después de haberse levantado a las 6 de la mañana. Algo así sólo se entiende a través de un concepto tan poco cerebral como la pasión y ya lo dijo Ribot, la pasión es una emoción crónica. Hay entrenadores que deberían hacerse mirar su aversión hacía esos conceptos que son el motor del deporte que les da de comer.