La estupidez siempre insiste (At Madrid - Valencia Copa del Rey)

Decía Voltaire que la casualidad no es ni puede ser más que la causa ignorada de un efecto desconocido. La prensa deportiva, lejos de pensar en su protegido Javier Aguirre, acusa a la casualidad de los infinitos partidos que el atlético de Madrid ha perdido por un “error de la defensa”. La prensa deportiva es obvio que no ha leído a Voltaire. A tenor de los análisis tan profundos que hacen, de hecho lo más probable es que únicamente leyesen las historietas de Roberto Alcazar y Pedrín. Es muy fácil y sencillo manejar una solución tan simple para un problema tan complejo pero eso no indica que sea verdad. De hecho sólo pone de manifiesto el desangelado fondo de armario intelectual de esta gente que dice ser analistas. No puede ser casualidad que el equipo SIEMPRE cometa fallos en defensa que cuestan partidos. Tampoco puede ser casualidad que juegue quien juegue en la defensa SIEMPRE se cometan los mismos errores. Hace dos años, con Ferrando calentado el banquillo, teníamos la mejor pareja de centrales de Europa y una de las defensas más sólidas de la liga. “El atleti ha empezado a construir el equipo muy bien por atrás” decían los mismos periodistas que hoy, con la misma defensa, justifican los errores en lo malos que son los mismos defensas. La conclusión es sencilla: la defensa es mala porque la defensa, como concepto, es mala. No existe. Está pésimamente entrenada. Nuestro entrenador, amante lascivo de todo lo que tenga que ver con la destrucción y la defensa en el fútbol, ha sido incapaz en año y medio de crear una estructura de equipo en defensa. Tampoco ha sido capaz de hacerlo ni en el centro del campo ni en la delantera. De hecho lo único de que ha sido capaz es de crear caos, desilusión, vergüenza y una imagen patética y vergonzosa de lo que es nuestro equipo. La razón de que lo siga haciendo hay que buscarla exclusivamente en la inteligente negligencia de ese tipo taciturno y apestosamente enigmático que es Miguel Angel Gil Marín.

La eliminatoria de Copa del Rey contra el Valencia el equipo la perdió, o para ser más justos su entrenador lo hizo, en el partido de ida. Gracias al lamentable planteamiento del sabelotodo que no sabe nada debimos haber perdido incluso por 20 a cero. En el partido de vuelta, la misma persona, ha vuelto a perder la misma eliminatoria por una razón muy similar.

Nuestro equipo saltó al campo como debería hacerlo cada vez que ese escudo está sobre un estadio de fútbol: a ganar el partido. Sin juego, ni técnica, ni esquema pero con ganas, pundonor y espoleado por su público salió a comerse al rival. En diez minutos teníamos el primer gol. Diez minutos después ya estaba el segundo. Forlán, ese delantero centro que gracias a la intrépida y original sinrazon de nuestro entrenador es el mejor centrocampista que tenemos, dio los dos goles. El segundo de ellos otro magnífico golazo de ese fuera de serie llamado Kun Agüero. 2-0, eliminatoria resuelta y un valencia destrozado y a merced del rival. Faltaba un pequeño golpe de gracia para noquear al rival. Aguirre, con su agudeza característica, paró el empuje, paró el nervio, paro las ganas, paró el juego, paró al público de animar, prohibió a sus jugadores moverse de la parcelita del que campo que les tiene asignada y colocó a nuestros once jugadores a defender en la frontal del área. Lo de siempre, vamos. Un cuarto de hora después Cléber Santana, sucedáneo de jugador incapaz de hacer nada en el campo que no sea intrascendente, nos metía gol en propia puerta en lo que sin duda es la acción más trascendente desde que viste nuestra camiseta. ¿Casualidad? Si cada vez que te asomas por la ventana te cae una maceta, pensar que todo es simplemente por casualidad más que de ingenuo es de ser un estúpido.

Entonces fue cuando salió a relucir otra de las características de este equipo: la falta de personalidad. Toda la que se le supone a su entrenador es la que le falta al equipo. ¡Menudo negocio! ¿De qué me sirve un cuate tan sulfuroso si su equipo se descompone con el primer susto del equipo contrario? De nada evidentemente. En ese periodo de ataque de pánico el valencia hizo su única jugada del partido y nos coló el segundo gol.

El atlético de Madrid de Aguirre se caracteriza por muchas cosas como pensar en pequeño, hacer el ridículo con regularidad, dar lástima pero no precisamente por ser un equipo que suela remontar los partidos. Nuestro equipo rara vez gana un partido que necesita remontar. Los periodistas, haciendo gala de su profundo conocimiento de este deporte, dirán que ese dato no es más el fruto de la casualidad. Yo digo que se debe a que el atleti de Aguirre ni sabe ni quiere jugar al fútbol y jugar al fútbol es algo que te suele tocar hacer si vas por detrás en el marcador. Aguirre, como las garrapatas, vive de los demás, de sus errores, de sus fallos o de su imprudente ambición pero igual que es muy difícil que las garrapatas dirijan el mundo lo es ganar algún torneo de esta manera. La única forma que teníamos de remontar era recurrir a romper el partido y dentro del caos agarrarnos al talento de nuestros jugadores. Es a lo que lleva jugando este señor toda la temporada. Hoy lamentablemente no dio resultado. Era lo más lógico por otra parte. Los jugadores (y de esta categoría habría que quitar a Reyes) dieron todo lo que tenían en cuanto a ganas y esfuerzo pero en el fútbol aparte de eso y por mucho que Aguirre diga y piense lo contrario, se necesita también el balón y saber como jugarlo.

Gil volverá a insistir en confiar en el entrenador y Aguirre volverá a insistir en su discurso tramposo y zalamero, volverá a insistir en su atrofiada concepción de la competición, volverá a insistir en su negativa a fichar jugadores de fútbol, volverá a insistir en fichar costinhas, en tirar los partidos, en anular el juego y en dar pelotazos pero es que como decía Camus la estupidez siempre insiste.

Barco a la deriva (Mallorca - At. Madrid)

Decía George Bernard Shaw que cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza siempre dice que cumple con su deber. Aguirre a pesar de la constante decadencia de la identidad de nuestra institución, unos resultados mediocres y el juego más pésimo que se recuerda en el Calderón en más de cien años de historia, lleva año y medio diciendo domingo tras domingo que únicamente cumple con su deber. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

La decadencia de una institución como el atlético de Madrid, bandera en muchas cosas para ingenuos como yo, es tan palpable y evidente que sus actuales dirigentes deberían empezar a dejar de dormir por las noches si quieren a esta institución el 1% de lo que la queremos los idiotas que pagamos el abono y nos dejamos el dinero comprando partidos que atentan no sólo contra el buen gusto sino contra la dignidad de las personas. Nuestro equipo da vergüenza y Miguel Angel Gil Marín es el principal responsable de la situación tan lamentable por la que se arrastra nuestra institución. Después de 11 años sin jugar una final, cosa que no había ocurrido antes, el equipo es una caricatura de esa escuadra señera que aparece en los almanaques, ninguneada por los medios, despreciada por los rivales, ignorada por la jet set del fútbol europeo, plagada de jugadores carísimos que no tienen la personalidad ni el carácter mínimo para jugar en una institución centenaria, con una secretaría técnica torpe, mala y amateur que ni entiende la institución, ni conoce el mercado y que sólo aporta problemas y lastre pesado en forma de jugadores absurdos e inoperantes y sobre todo dirigido deportivamente por uno de los peores entrenadores que se han sentado en ese banquillo, cuya ineptitud y falta de recursos sólo es superada por una estrecha tozudez y soberbia que está provocando úlceras cada vez más grandes en la línea de flotación de un barco a la deriva. Un director deportivo altivo y prepotente que actúa crecido gracias al respaldo que con antipática arrogancia profesa por él, el que dicen ser el mandamás de esta institución.

El partido de hoy es otro ejemplo de lo que nunca debería ser un partido de fútbol y lo que nunca debería ser un partido del atlético de Madrid. Es inútil resumir o matizar nada porque todo, absolutamente todo lo que hizo el atlético de Madrid lo hizo mal. Salto al césped a no hacer nada, como le gusta a Aguirre, mientras el equipo contrario tiene el balón. Así llegaron los mejores minutos del Mallorca que se limitaba a intentar meter un gol, algo estúpido y arriesgado en el código de nuestro simpático mejicano. No fue complicado hacerlo. Manzano, un tipo que al menos es profesional, decidió poner a los mejores jugadores que tenía en su plantilla incluso desafiando a los dioses aztecas que dicen que si sales con un solo mediocentro te crecen pelos en la lengua y se te caen los ojos. Con ojos y la lengua limpia su mediocentro se comió a los dos nuestros (bueno, a uno nuestro y al señor negro que corretea por allí cerca) mientras además se quedaban con la pelota. La enésima cagada de nuestro potero italiano (sólo Aguirre conocerá la explicación de por que Falcón no es titular en este equipo) bastó para quedarnos por detrás en el marcador. Fin del partido. El Mallorca se echó para atrás y nos dio el balón pero como no sabemos que hacer con el nos dedicamos a marearlo sin sentido. Desde ahí hasta el final ni un solo tiro a puerta y ni una sola jugada trenzada. Nada puede resumir mejor la forma de entender el fútbol de Javier Aguirre.

Los periódicos dirán que faltan jugadores, que falta fondo físico, que si Forlán está flojo, que si hay jugadores que no han respondido…. paparruchas. El que de verdad no ha respondido es el entrenador que ha sido incapaz de sacar rendimiento a ni uno sólo de los jugadores que ha tenido en este tiempo. A nadie. TODOS han jugado mejor en su carrera sin Aguirre dirigiéndoles y TODOS valen menos ahora que cuando llegaron por la simple razón que ninguno de ellos ha conseguido jugar en un equipo de fútbol con la camiseta rojiblanca. Si basas tu sistema en que le llegue un melón al Kun desde la troposfera y que se invente un gol de la nada, el día que el balón no llega o que el Kun es un jugador normal no hay nada que hacer. Lo estúpido es pensar que es culpa del Kun. Si obligas al delantero centro a tapar el centro del campo, a distribuir el juego de tu equipo y a correr cientos de kilómetros cerrando huecos no esperes que luego esté fresco de cara al gol. Lo estúpido es pensar que es culpa de Forlán. Si te tiras un verano diciendo que quieres jugar por las bandas, tienes cuatro jugadores de primer nivel para hacerlo y diseñas un sistema en el que los balones llegan arriba de forma vertical y exclusivamente a través de los patadones de los centrales, y no tienes a nadie (porque no quieres) capaz de llevar un balón a la banda, no esperes que los extremos entren mucho en juego. Lo estúpido es pensar que es culpa de ellos.

Hace semanas que me da igual los puntos que saquemos, lo que hagan los rivales y donde jugaremos el año que viene. Me preocupa tanto mi equipo que todo eso me parece baladí y me da igual. Sacrificaría lo que fuese por empezar a construir el año que viene un equipo de verdad, con un entrenador de verdad y un secretario técnico de verdad. Lo que sea. M. A. Gil, García Pitarch y sobre todo Aguirre, por favor dejar el atlético de Madrid y dedicaros a hacer aquello que sepáis hacer. Lo que quiera que sea.

Bochornoso (Valencia - At. Madrid Copa del Rey)

Decía la Rochefoucauld que hay tres clases de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe y saber lo que no debiera saberse. Javier Aguirre, a falta de una, luce con orgullos los tres tipos. Hoy he asistido a probablemente el peor partido del Atlético de Madrid que recuerdo en toda mi vida. El siguiente en tan lamentable clasificación probablemente se encuentre también entre alguno de los soporíferos partidos de fútbol que este tipo inteligente se dedica a diseñar desde que se sienta en nuestro banquillo. Por juego, por actitud, por carácter, por táctica, por ambición, por orgullo, por personalidad y en definitiva por fútbol el partido de hoy ha sido desde todos los puntos de vista absolutamente lamentable . El responsable de tan cruel atentado al fútbol y al atlético de Madrid no debería dormir tranquilo por ello pero me da en la nariz que no es el caso.

Se me hace tremendamente complicado hablar de este engendro convertido en partido de fútbol, dirigido por un personaje aceptado por la inteligentzia pero que es incapaz de hacer que el atlético de Madrid se parezca al atlético de Madrid e interpretado por una serie de huecos muñecos de futbolín, obedientes y disciplinados como quiere su entrenador, pero vacíos, encorsetados y asépticos. Aguirre piensa que el fútbol es una partida de ajedrez donde las figuras no piensan, donde el talento es una fantasía estúpida que no existe, donde el espectador es un idiota que no tiene nada que decir, donde el objetivo del juego no es ganar y donde el balón es lo único que sobra para que el dudoso “entretenimiento” sea maravilloso. Aguirre es un grano en el culo tan grande y dañino que vamos a lamentar muchos años su paso por esta institución. La campaña de desnaturalización, deshumanización y lenta eutanasia es tan feroz que vamos a tardar muchos años en recuperar el alma.

Algún indocumentado de esos que sigue el fútbol por los resúmenes del telediario o repitiendo como papagayos lo que algunos listos musitan a través de las ondas dirán que estábamos con diez desde el minuto 20. Estupideces. El atlético de Madrid ha sido una mierda con once, con diez jugadores y lo hubiese sido con 15. La misma mierda que viene siendo durante año y medio pero sin el perfume de pachuli que los goles de los grandes jugadores que tenemos dejan en este equipo.

Si hubiese justicia en el fútbol el Valencia tendría que haber ganado hoy 30-0 pero solo la mala suerte y la bondad del entrenador del Valencia (otro que tal baila) han hecho que la eliminatoria siga estando abierta. Lo mejor del atlético del Madrid sin duda alguna es el escudo que llevaban en la camiseta. El resto ha sido lamentable desde cualquier punto de vista. Lo “mejor” de la dirección deportiva de nuestro equipo, como siempre, la engañosa y mentirosa rueda de prensa de Javier Aguirre buscando excusas marcianas y tirando balones fuera. Como siempre.

Me encantaría poder hablar alguna vez de fútbol y atlético de Madrid en la misma frase pero desde hace año y medio es literalmente imposible. Aguirre pretende jugar a otro deporte y digo pretende porque incluso jugando a ese otro deporte hacemos sistemáticamente el ridículo. Un equipo que salta así al campo no puede aspirar a nada y un equipo que no quiere aspirar a nada jamás en la vida debería tener ningún éxito. Lamentablemente ese es nuestro equipo a día de hoy.

Estoy aburrido, hastiado, enfadado, triste, decepcionado y desmoralizado. Preferiría otra campaña más con puestos deshonrosos si me prometiesen que este farsante que se dice llamar entrenador se dedicará a vender su poción mágica lejos del Calderón, en ese país de donde viene de tan larga y conocida tradición de excelentes entrenadores de fútbol. No me importaría pasar otro año de vergüenza si la temporada que viene empezásemos un proyecto alrededor de una idea y un concepto que tengan algo que ver con el fútbol pero el presidente más negligente que hemos tenido en más de 100 años de historia (y no me refiero a Enrique Cerezo que no es más que el particular Monchito de este personaje) parece que le acaba de ofrecer la renovación al trilero de la verdad. Ese es nuestro presidente y así está nuestro equipo.

Bochornoso.

Forza Atleti (At. Madrid - R.Madrid)

Decía Oscar Wilde que lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas. Muchos pensarán que ser aficionado del atleti, amar lo que representa y seguir al equipo esté donde esté es una estupidez, pero creo que a estas alturas a quedado claro que no es mi caso. Soy consciente de que una gran mayoría de las personas, y lamentablemente es una tendencia cada vez más asumida y acusada, no quiere complicaciones y que su única vinculación emocional (o lo que ellos piensan que es emocional) sólo puede hacerse con aquello que no da problemas o con el éxito vacuo del poder fácil y gratuito. Al fin y al cabo es el cliché que se vende desde los medios pero aunque me parece una lástima que la masa se comporte como masa, en el fondo es una suerte para los que queremos vivir porque nos deja mucho más espacio. Se me hace muy difícil en cualquier caso explicar las razones de mi orgullo a personas que sólo entienden de números y que desprecian todo aquello que no se puede medir como el amor, la pasión, la empatía, la alegría o la felicidad. Personas en general infelices que creen vivir la felicidad ajena como propia y que esconden en un patético y dudoso poderío aparentemente galáctico sus habituales y reales miserias. Me es muy difícil explicar a esta gente que incluso en días como hoy me siento orgullo de ser del atlético de Madrid y no de otras opciones engañosamente más sencillas.

Mis razones no hay que buscarlas lógicamente en el resultado, o la concentración de mis jugadores, en su pasión desmedida, el juego desplegado, el genio táctico de nuestro entrenador, la suerte que tenemos o lo bien que nos tratan los árbitro, el destino y Dios. De hecho no sé donde buscar las razones porque cada vez son más difíciles de encontrar pero algo debe de haber cuando a cuatro minutos del final los 50000 atléticos que quedábamos en el estadio nos ha dado por cantar espontáneamente y orgullosos atleti, atleti,…

El Calderón es un estadio precioso y lo es más cuando está lleno de colchoneros dispuestos a gritar. El ambiente es inmejorable y los equipos contrarios lo acusan como queda patente cada vez que se le pregunta a uno de ellos por este tema. Si nuestro equipo fuese capaz de utilizar algo así como arma sería sin duda un punto adicional a nuestro favor pero no parece que los señores que llevan hoy por hoy la camiseta colchonera piensen de la misma manera. Los partidos de rivalidad ancestral suelen deambular ajenos a la realidad de cada equipo en la liga. Suelen ser microcosmos particulares donde rara vez se ve buen juego y donde la concentración, especialmente en los primeros minutos de partido, suele ser fundamental. En teoría es algo que todo sabemos pero no debe ser así cuando a los 30 segundos Raúl volvía a meter un gol al equipo que le enseñó a hablar. En 30 segundos a la mierda el factor campo, la táctica y el partido. La diferencia entre ser un jugador de primer nivel o simplemente un jugador que pretende jugar en un equipo de primer nivel está en la cabeza y en la mentalidad con la que se afrontan los retos. El atlético de Madrid lleva ya demasiados años jugando derbis con una proporción muy elevada de jugadores que no están preparados para defender los colores que defienden. Son buenos jugadores (en ocasiones ni eso) pero les falta lo que precisamente diferencia a los buenos jugadores de los jugadores de elite. Orgullo y personalidad. Un jugador del atlético de Madrid debería tener el carácter suficiente para no tener miedo de nadie ni de nada. Nuestro entrenador, por cierto, también.

Los partidos del atleti en estos dos últimos años sabemos que se acaban para el atleti cuando uno de los dos equipos mete gol. Hoy también, a pesar de que prácticamente quedaban 90 minutos por jugar. ¿Qué ocurrió en ese tiempo? Durante la primera parte el Madrid se limitó a defender y el atléti a intentar jugar con más corazón que cabeza. Sabemos que el atleti de Aguirre es un equipo que no sabe jugar con el balón ni llevar la iniciativa. Es una desgracia pero es así y solo a base de corazón o pelotazos llegamos muchas veces a la puerta de un Madrid inoperante (ese, señores es el primer clasificado de la liga) para que otra vez los palos, la maldita suerte y Casillas frenaran a nuestro equipo. A un minuto del final otro fallo de concentración de Pablo hizo que la segunda llegada del Madrid a puerta pusiese el 0-2 en el marcador.

La segunda parte fue una mera anécdota que sirvió sin embargo para sacar algunas conclusiones. Primero que Reyes no debe volver a vestir nuestra camiseta nunca más. Es un insulto ver a un farsante como él en nuestro equipo. Segundo que el reglamento futbolístico es SIEMPRE diferente cuando el partido lo juega el Real Madrid. Las faltas o decisiones disciplinarias son para el Madrid de una manera y para el resto de equipos de otra. La prensa lo sabe, lo asume y lo defiende. Tercero que Motta es a Cléber Santana lo que los Soprano a Escenas de Matrimonio. Cuarto que el Madrid juega tan mal al fútbol como nosotros y quinto que en este equipo los únicos que no tenemos miedo a nadie ni a nada, los únicos que parece que tenemos orgullo somos los aficionados.

Mañana llegará la vuelta a la oficina y la bromitas de esa plaga que nos asola compuesta por esos torpes advenedizos de costra en el pelo y halitosis, que vendrán con la mochila MARCA de la séptima al hombro y su tremendamente limitado y corrompido concepto del debate. Los buenos aficionados al Real Madrid (escasean pero doy fe de que los hay) se dedicarán a hablar de fútbol y a tomarnos el pelo con inteligencia. con estos discutiremos animosamente alrededor de un café que nos tocará pagar mientras que el resto de insufribles papagayos repetirán sin ningún talento las estupideces que habrán escuchado o leído en algún panfleto casposo. Estos últimos son los que menos me preocupan porque como decía Chateaubriand el desprecio hay que usarlo con economía debido al gran número de necesitados que existe.

Forza Atleti

Como siempre (Valladolid - At. Madrid - Copa del Rey)

Decía Jacinto Benavente que mientras que mucha gente piensa que tener talento es una suerte nadie cree que la suerte pueda ser cuestión de tener talento. Este atleti, el atleti de Aguirre, tiene mucha suerte pero no cabe duda que la tiene porque también tiene mucho talento y esa es precisamente la diferencia con aquellos tiempos oscuros no muy lejanos donde no teníamos ninguna de las dos cosas, ni suerte ni talento. El Atlético de Madrid ha ganado hoy porque tenemos la suerte de tener un jugador bajito, de piernas curvadas, fuerte y que según algunos personajes que se dicen entrenadores no sabía jugar al fútbol en Europa pero que está cargado de talento.

Kun y poco más. Gracias a la magnífica previsión de nuestro entrenador y al estupendo partido de ida el equipo salía con un once bastante más cercano al once titular que el que se suele utilizar a estas alturas de competición. Error. Que se lo digan hoy al Madrid. Siempre me ha parecido una estupidez lo de las rotaciones. Más que estupidez un muestra flagrantemente estúpida de que la preparación física de los equipos de fútbol profesionales es una de las grandes mentiras del siglo. Si un deportista profesional está cansado tres o cuatro días después de su último partido algo falla en su preparación o si no que se lo pregunten al resto de deportistas, esos que dedican 5 horas al día a su preparación y que ganan de 50 a 100 veces menos por ser bastante más profesionales.

Aun así, ni con un once parecido al titular, el atlético fue un equipo de fútbol. Se limito a estar manteniendo las posiciones, como siempre, ralentizando el juego, como siempre, jugando sin ritmo, como siempre, sin exponer nada, como siempre y dejando el protagonismo al equipo contrario, como siempre. Después de 19 partidos de liga, 3 de copa, 8 de UEFA y algunos de ese engendro llamado intertoto está claro cual es el esquema de juego de ese “entrenador” que no deja de recibir parabienes desde la prensa especializada (¿especializada en qué?). El esquema es muy sencillo: defender y pelotazos de 50m hasta que el Kun o Forlán se inventen una jugada de gol. A eso juega nuestro equipo y a eso va a jugar. Después de más de 30 partidos haciendo lo mismo el que crea que la cosa puede cambiar más que ingenuo es que no quiere ver la realidad.

Tras muchos minutos de espesura, los minutos de espesura a los que estamos desgraciadamente acostumbrados, apareció el Kun Agüero, como no, para inventarse un gol de la nada. Fin del partido. El atlético de Madrid siempre que marca un gol juega como si faltasen 2 minutos para que acabe el partido de una eliminatoria de copa que tiene a su favor, da igual que sea la jornada 3 de liga, el minuto 15 de la primera parte o que estemos jugando contra el último clasificado jugando en el Calderón. Siempre es igual, así que si lo es en esas circunstancias con más lógica lo ha sido hoy que por primera vez si estábamos en una competición de copa en las condiciones soñadas para nuestro entrenador.

Tras muchos minutos de agonía (agonía que además de ser cada vez más común en nuestros partidos, cada vez también es más intensa) conseguimos aguantar el empate y clasificarnos a cuartos. Lo mejor de la noche. Bueno, lo mejor compitiendo con la eliminación del Madrid.

LA copa es una preciosa competición y el destino está en deuda con nosotros tras dos finales fallidas. La afición quiere y los jugadores quieren. Por favor que nadie lo estropee. Si no se sabe como empujar al menos que nadie ponga palos entre las ruedas.

¿Conservador? (At. Madrid - Valencia)

Decía un escritor estadounidense conocido como Elbert Hubbard que un tipo conservador es alguien demasiado cobarde para luchar y demasiado gordo para huir. ¿Imaginan de quien podría estar hablando? La cobardía debería ser algo a erradicar en un mundo como el del fútbol cuya labor básica para con la humanidad es la de generar ilusión, diversión y alegría. Lejos de ocurrir algo así, lamentablemente la cobardía disfrazada de aparente elección táctica parece hacerse cada vez más fuerte. Ayer, ganando al Valencia y quedándonos terceros en la clasificación, salí del campo indignado, sin ilusión y aburrido. ¿Qué sentido tiene entonces ir al fútbol?

El mundo del fútbol volvió a demostrar también ayer su natural injusticia a través de unos números crueles pulidos por la suerte (y más cosas) que destituyen verdaderos entrenadores y enaltecen a soberbios aprendices de calienta banquillos. Víctor Fernandez, un tipo que además de honestidad o buenas formas destila fútbol por todos sus poros y que intentan siempre el que sus equipos jueguen al deporte que les paga, es destituido con las lágrimas en los ojos de sus dirigentes porque los números no acompañan. Javier Aguirre, un tipo del que ya he dicho más de lo que debería haber dicho y que él mismo reconoce que en su casa no ve fútbol porque le cansa, se acostaba ayer como tercer clasificado en la liga española con las lágrimas de los mismos aficionados del equipo al que entrena tras ver por enésima vez a lo que juega su equipo (a pesar de los números).

Javier Aguirre, o el personaje Javier Aguirre entrenador de fútbol, es un cobarde. Es un cobarde porque a pesar de manejar un plantilla conformada con el tercer presupuesto del país (abalada además por el curriculum de sus integrantes y el coste de sus fichas) y de entrenar a un equipo apoyado por una numerosa afición acostumbrada a cosas grandes en el pasado y ansiosa por recuperar el sitio que le corresponde en este circo, se esconde miserablemente en las armas, el discurso, la retórica y los hechos que podría utilizar el Getafe y que paradójicamente no utiliza. Es un cobarde porque su planteamiento del fútbol se basa en que el protagonista de los partidos es SIEMPRE el equipo contrario cuando la mayoría de las veces simplemente su sueldo de entrenador podría pagar el de la mitad de la plantilla rival (muchas veces incluso el de la plantilla completa). Es un cobarde porque SIEMPRE que nuestro equipo se adelanta en el marcador (el 80% de las veces esta temporada, por cierto) rompe el partido, coloca al equipo en su área y se pone a defender el gol con recursos que generalmente lindan con las reglas de este deporte, como si nuestro equipo no fuese merecedor del resultado o como si no tuviésemos la capacidad de ganar los partidos simplemente siendo mejor que el rival.

Javier Aguirre está por otro lado demasiado gordo para huir. Tiene uno de los mejores sueldos entre los entrenadores europeos de equipos de elite (del resto de equipos ni hablamos) y entrena a un club de una dimensión de la que nunca había disfrutado y de la que no creo que vuelva a disfrutar tras el ansiado día en que desaparezca de aquí. Su futuro está abocado a equipos del montón o a equipos supuestamente grandes pero en temporada muy baja, tanto que desesperados por su situación estén dispuestos a sacrificar el espectáculo y lo que sea por salir del infierno.

La prensa, esos tipos soberbios y poco preparados que siguen el fútbol a través de los resúmenes del Estudio Estadio (y así les va), ríen las gracias del mejicano, ignoran consecuentemente a nuestro equipo suponiendo unilateralmente no sólo que no hay nada bueno que decir sino que no hay nadie al que le interese el Atlético de Madrid, y se limitan a decir que Javier Aguirre es un tipo conservador.

El partido de ayer es el enésimo ejemplo de lo que el Atlético de Madrid pretende ser con un tipo que ha sustituido la dirección deportiva por el despotismo iletrado, que apuesta por el lavado de cerebro, la anulación de la personalidad, las coces permanente a la institución, el miedo a todo, el aburrimiento como garantía de éxito, la asunción de que el aficionado es imbécil a la par que prescindible, la certeza de que para un jugador es más importante ser dócil y estúpido que buen jugador o tener personalidad, que la posición natural del atlético de Madrid es la mitad de la tabla y todo lo que esté por encima de eso es un éxito rotundo, que el centro del campo es parte de la defensa en el fútbol moderno, que por definición hay que maltratar a los buenos jugadores, que la creación de juego es una pérdida de tiempo en el fútbol moderno, que en el fútbol moderno sólo el delantero centro puede tocar el balón en el centro del campo, que los señores que juegan en la selección brasileña o cualquiera de los que no juegan en la selección pero lo hacen como brasileños en mil equipos repartidos por toda Europa deben ser Bielorrusos si los mejores brasileños que ha encontrado nuestra dirección técnica son Eller y Cléber Santana, que los partidos sólo deben durar hasta que cualquier equipo mete un gol, que los jugadores titulares lo son independientemente de cómo entrenen o de cómo estén jugando y sobre todo que el balón es algo accesorio e inútil en el fútbol moderno.

Del partido contra el Valencia no se puede decir nada aparte de que ganamos por un pírrico gol de suerte, que antes de ese gol el equipo funcionaba y controlaba al equipo rival pero que tras ese gol se dedicó a dejar pasar el tiempo y defender. Estoy ya harto de no poder hablar nunca de fútbol.

Dos problemas (At. Madrid - Valladolid)

Decía ese magnífico escritor argentino fallecido desgraciadamente el año pasado, hincha acérrimo de los canallas de rosario central y conocido como el negro Fontanarrosa, que él tenía dos problemas para jugar al fútbol: el primero era la pierna izquierda y el segundo la pierna derecha. Creo que Javier Aguirre podría escribir una frase del mismo tipo extrapolada al mundo de la dirección deportiva de equipos que pretenden ser de elite. Después de año y medio soportando su indescifrable apuesta táctica para nuestro atlético de Madrid sigo sin entender nada y poco a poco me convenzo de que el problema es que no hay nada que entender porque no hay nada. Los primeros meses pensé que era adaptación, al final de la temporada pasada estaba convencido que era incapacidad disfrazada de incomprensión pero a estas alturas no tengo ni idea de porque tenemos que seguir soportando esta tomadura de pelo.

Cada vez es más difícil hablar de los partidos del atlético de Madrid porque cada vez tienen menos que ver con este deporte conocido como fútbol y lo que es peor, cada vez ofrece menos cosas que recordar. El partido de hoy, como otros tantos, es además de prescindible la prueba fehaciente de que cualquier equipo bien entrenado es capaz de jugar al fútbol. Como otras tantas veces el rival ha sido mejor y ha tratado mejor la pelota pero lamentablemente para ellos no tienen a Forlán o Agüero en sus filas. La injusticia volvió a planear por el Vicente Calderón y el Valladolid no se llevó un partido que merecía ganar por actitud y por juego.

Tras asistir hoy al enésimo episodio soporífero de esta interminable pesadilla transformada en suplicio para el espectador no puedo por menos que hacerme algunas preguntas. Hace dos días los dirigentes de nuestro equipo, el vestuario y la prensa decían que la Copa del Rey era una competición sobre la que nuestro club tiene mucho interés y esperanzas. Era de máxima prioridad decían. 48 horas después nuestro entrenador ponía en liza a todos los reservas (incluido el tercer portero, de los mejores del partido por cierto) dejando en el campo precisamente al único titular que merece un descanso. ¿Eso es interés en la copa? ¿Hará lo mismo dentro de siete días jugándonos la clasificación? No creo. Tendremos que salir entonces con todo, lo cual es muy inteligente teniendo en cuenta que tres días después jugamos contra el Madrid. Supongo que siendo coherente con la “filosofía Aguirre” el mejicano pensará que el partido contra el Madrid no es nuestra liga y por eso lo habrá hecho. Estas son las cosas que me sacan de quicio de este hombre.

¿Tan grave es lo que ha hecho Maniche como para tener ahora que soportar toda una segunda vuelta con un jugador de tercera fila como Cléber Santana? No recuerdo un solo entrenador al que se le permitiese más estupideces y que diese tan poco a cambio. Por sus caprichos nos hizo pasar vergüenza de como echamos a Garcia Calvo (un tipo que lo había dado todo por nosotros con honestidad y profesionalidad), nos hizo malvender a bajo precio un activo de la plantilla como Ibagaza gracias al trato de mierda que le dio nada más llegar, nos hizo renunciar a Rosiky porque no le gustaba, cabreó a Gronkjiaer y lo perdimos, sentó al kun una temporada porque no sabía “jugar en Europa”, no ha utilizado un solo jugador del filial, ha vetado el fichaje de Riquelme en un episodio digno de fofito, cabreó a Petrov, ha humillado de forma cruel a un chico de 20 años llamado Ze Castro que está buscando salida ahora en navidad y ahora se carga a Maniche. Cuando a un tipo le sobra tanta gente y aun así hace la mierda que hace, no me entra en la cabeza que nadie piense que el que sobra no sea precisamente él. Maniche será un descerebrado pero lo echaremos de menos. La musculatura de Motta tiene la llave.

¿Merece la pena seguir soportando este vía crucis? ¿Tiene algún sentido aguantar una situación que no transmite nada? ¿Es profesional mantener un sistema de juego que se basa en que la pelota le llegue por casualidad a los delanteros estrella? Aguirre tiene dos problemas para dirigir un equipo como el atlético de Madrid: ni sabe ni quiere saber.

¿Diversión? (Deportivo-At Madrid)

Decía Oscar Wilde que la belleza es muy superior al genio y que por eso no necesita explicación. Por eso también se necesitan millones de hojas bañadas con la mejor retórica posible para intentar explicar el partido de ayer que a pesar del resultado, lejos de ser algo bonito o digno de ver para el espectador supuso un auténtico y prescindible suplicio que nadie nunca recordará por nada que no sea el resultado (y el excelente gol del Kun Agüero).

Existe un reciente y estúpido debate en el mundo del fútbol referente a si lo importante es o no ganar por encima de otras cosas. El debate no es tal sino un petardo de humo encendido por los periodistas para tapar otros debates que no interesa sacar a colación. Es evidente que el fútbol es un deporte y como tal lo importante, sin duda, es ganar. Si el atlético de Madrid ganase la liga evidentemente nadie podrá decir nada en absoluto sobre la forma de operar sobre el césped pero resulta que mi equipo hace más de 10 años que no gana la liga (ni nada) y otros tantos que no queda entre los 6 primeros de la clasificación. El insoportable sopor de ayer, que no es más que el infinito sopor que tenemos que sufrir desde que un talibán del antifútbol tomo desgraciadamente las riendas de nuestro equipo, es relativamente fácil de digerir bañándote con champaña en las inmediaciones de la estatua a Neptuno pero es tremendamente difícil de soportar desde posiciones mediocres, mirando de lejos a los verdaderos protagonistas de las competiciones en las que jugamos o, como fue también nuestro caso, teniendo que arrastrar a mediados de Julio el nombre de nuestra institución por campos de sexta fila para poder entrar por la puerta de atrás en la segunda división europea. A lo mejor es el momento de abrir otro debate, desde mi punto de vista más fructífero, como el de evaluar cual es la mejor forma para alcanzar la gloria: haciendo del fútbol una suerte de aburrida batalla campal donde el balón es un mero espectador que pasa la mayoría del tiempo parado (o cerca de las nubes) o jugando al fútbol.

Sin querer cargar las tintas contra el Deportivo, equipo que hace años dio una lección de lo que debe ser un club de fútbol y al que le deseo lo mejor, un partido como el de ayer sólo puede ocurrir ante un equipo desestabilizado y en horas bajas como el Depor. Probablemente es el peor equipo al que nos hemos enfrentado en lo que va de liga. Ni ataca, ni defiende, ni juega, ni marca. Mal pintan las cosas por Riazor. Al atlético le bastó esperar a que alguno de nuestros magníficos jugadores hiciese algo por su cuenta para llevarse el partido..

La primera parte constituyo el auténtico tostón habitual. No pasó nada. Nada de nada. Aguirre supongo que lo tendrá grabado en DVD y situado en el lugar privilegiado de alguna de sus casas por que resume a la perfección su catálogo del fútbol: Nada. Enseguida vimos que el aparente guiño de situar a Jurado en el medio centro era algo superfluo porque nuestro equipo juega sin centro del campo. Da igual que esté Jurado, Cléber o chiquito de la calzada puesto que raramente pasa el balón por esa zona durante la fase de construcción. Con fase de construcción, que me perdonen los futbolistas o aficionados al fútbol, me refiero lógicamente al tiempo en el que tenemos el balón. Nuestra única jugada de creación es siempre la misma: balón al central y patadón al área contraria. ¿Qué pinta Jurado o Ibagaza o Rosiky o Riquelme o Snajder en ese esquema? Los jugadores en esa posición sólo interesan en el camino de vuelta, cuando el balón lo tiene el equipo contrario y hay que quitárselo. Por eso siempre jugamos con doble pivote y por eso el doble pivote siempre está formado por tipos recios y aguerridos. El partido murió en el momento en que por casualidad llegó una pelota cerca de Simao y entre él, Kun y Forlán (en contra de lo que nos quiere hacer creer Aguirre, tres jugadores de talla mundial) fabricar un gol que resume la simpleza del fútbol cuando se hace bien.

Mención especial merece Forlán, uno de los mejores fichajes que ha hecho nuestro club en años. A pesar de cumplir con la estupidez de su entrenador que insiste en separarlo del área poniéndolo a defender en el centro del campo y a ser el principal creador de juego en esa zona (que manda cojones) el uruguayo tiene fuerza para hacer además aquello para lo que se le ha fichado (meter goles). Chapeau!.

La segunda parte comenzó con nuestro equipo en nuestro área (como siempre que vamos por encima del marcador e independiente de las virtudes del contrario) pero enseguida apareció ese otro genio que no termina de convencer a nuestro entrenador (que manda cojones) para deleitarnos con lo mejor de la noche. Fin del partido. Nada más digno de mención.

Hay mucha gente que sigue la liga a través de los resúmenes de televisión y desde ahí las cosas se ven de otra manera. Yo me trago todos los partidos de mi equipo y por esos estoy tan indignado. El fútbol debería ser sobre todo diversión pero este atleti no lo es. Ni de lejos…

¿Tranquilidad o Insignificancia? (At. Madrid - Granada 74)

Decía Esopo que la insignificancia es siempre una garantía de seguridad, lo cual es algo que los colchoneros estamos lamentablemente comprobando en los últimos tiempos para desgracia de muchas familias inocentes que no entiende las nuevas filosofías provenientes de faranduleros, incompetentes y misteriosos aztecas. Sumidos en una mediocridad galopante, luchando denodadamente por empresas menores y perdidos en guerrillas infinitesimales vivimos una aparente tranquilidad que no es sino el disfraz en el que se esconde la insignificancia.

El partido de ayer contra el Granada 74 fue una partido sin historia, intranscendente, insignificante y sobre todo aburrido. El “equipo B” se limito a no perder su lugar en el rústico futbolín en que se ha convertido nuestro equipo, para intentar, como siempre, maltratar el balón entre bostezo y bostezo mientras se consumía el tiempo. En el momento en el que Falcón sacó un pie milagroso para atajar la mejor ocasión de los granadinos de nuevo cuño, supimos que el partido había nacido muerto. 5000 valientes fueron testigos del esperpento. Conclusión, este atlético desnaturalizado con “Aguirrina” consigue lo que nunca antes se había conseguido: aburrir y desenganchar a la tradicionalmente fiel y estoica afición colchonera. El Bernabéu, famoso por albergar una de las aficiones más frías, déspotas e ingratas del mundo, tenía casi 10 veces más espectadores jugando contra un equipo de todavía menor nivel que el nuestro. Algo huele a podrido en la rivera del Manzanares.

Mientras ese personaje de la farándula que aparece ante los medios como nuestro presidente propugna entre chascarrillo y chascarrillo lo importante que es el atlético de Madrid en Marruecos (?), el partido de ayer no era televisado en ninguna parte del mundo. Madrid, Barça y hasta Villarreal podían verse a través de internet o conectando con alguna televisión extranjera. Supongo que estas cosas ocurren porque lo que realmente le gusta a los Marroquíes de nuestro actual atleti es la natural simpatía de Cerezo y la magnífica falsa sonrisa del señor Aguirre.

Pero es que cada vez tengo más claro que los dirigentes de nuestro club viven en una realidad paralela. Hace poco aparecía esa reencarnación de la negligencia en el trabajo que responde al nombre de García Pitarch para decir entre otras cosas que la diferencia de este equipo respecto al del año pasado es que en esta temporada el equipo no deja dudas sobre su juego al acabar los partidos. Glups! No quiero ser más dañino con este tipo porque el solito se auto-mutila cada vez que abre la boca pero yo me pregunto si nuestro director técnico verá los partidos de nuestro equipo. ¿Sabrá que jugamos de rojo y blanco? En cualquier caso la mejor “sentencia” del ínclito personaje no fue está sino cuando dijo, sin hacer una mueca, que Eller es un jugador rentable para el club por el que se reciben constantemente ofertas que duplican y triplican el valor por el que se le contrató. Una de tres, o Pitarch piensa que la afición del atlético de Madrid es gilipollas (que lo piensa), o está pagado por una banda de sicarios para sacarnos de quicio con su lamentable actuación o todo es una broma macabra que está poniendo en riesgo los recursos de nuestro club.

Ayer ni siquiera fue convocado un solo jugador de la cantera, esa que despierta elogios y nutre las selecciones nacionales de nuestro país en todas las categorías pero que, en otra de sus lamentables decisiones, desprecia con repugnancia nuestro querido entrenador, el señor Aguirre. Ayer no jugo Camacho, ese proyecto de jugador que pide paso a gritos pero si jugó Cléber Santana que para ser justos fue de los destacados. Destacar en un partido como el de ayer no es algo que de mucho brillo al curriculum pero algo es algo. Aun así me da pavor que el mal llamado centro del campo atlético (porque en realidad jugamos sin centro del campo) esté liderado por este tipo. Con Motta mantenido entre alfileres mientras se suceden las dudas respecto a su recuperación y con Maniche en el limbo futbolístico, gracias seguramente a la infinita habilidad de nuestro ilustre entrenador para gestionar jugadores (otra más de ese tipo al que se le sigue llamando entrenador), las perspectivas parecen cuando menos terribles para la segunda vuelta. Viendo que la cantera es algo que en Méjico no sólo no se entiende sino que se desprecia, una solución podría estar en ese monstruo peligroso denominado mercado de invierno pero teniendo en cuenta también quien es nuestro secretario técnico (y a lo que nos tiene acostumbrados) mejor que siga haciendo lo que mejor sabe hacer que es no hacer nada.

No quiero hablar mucho sin embargo del caso Maniche entre otras cosas porque no sé la realidad pero precisamente por ello no entiendo porque no se puede decir abiertamente y sin tapujos que es lo que ha ocurrido. ¿De qué tienen miedo? ¿Por qué hay que mantener todo en secreto? ¿Qué tipo de sabiduría propugna el que no se sepa públicamente lo que ha ocurrido y porque se hacen las cosas? Yo en esto me adscribo al proverbio sueco que dice que la sabiduría inútil se diferencia de la tontería en que da mucho más trabajo.