Es decir, todo lo contario (Villarreal - At. Madrid)

Decía Morris West que el ejemplo es una lección que todos los hombres pueden leer. El Villarreal en general y su entrenador en particular nos han obsequiado en el día de hoy con un contundente ejemplo de lo que es y lo que puede hacer un equipo bien diseñado y bien entrenado. Un ejemplo que también ha servido para dar una lección de lo que es jugar al fútbol moderno. Una lección que sirve para demostrar a los tuercebotas resultadistas lo que se consigue jugando al fútbol y haciendo las cosas bien. Todo esto ocurría además al mismo tiempo que ese señor que dice ser el entrenador del atlético de Madrid nos ofrecía otro patético ejemplo de lo que nunca debe hacer un equipo que se dice grande y por lo tanto otra lección de negligencia, torpeza, incompetencia, incapacidad y lamentable pericia.

El Villarreal ha sido infinitamente superior a nuestro equipo en todos los aspectos del juego y del no juego pero podemos resumir la lección del Villarreal en 10 puntos. 10 Puntos de lo que un equipo que aspira a ser grande debe hacer pero que nunca veremos en nuestro equipo mientras siga siendo destrozado por ese tipo tan gracioso que maneja con tanta destreza el acento mejicano es en las ruedas de prensa.

1) Mentalidad. Durante todo el partido, antes y después de el mismo, independientemente del rival, independientemente del minuto de juego e independientemente del resultado la mentalidad del Villarreal ha sido la misma. Una mentalidad ganadora, agresiva y profesional. Es decir, todo lo contrario de lo que provoca Aguirre en nuestro equipo y afición convenciéndonos a todos, domingo tras domingo, de que somos un equipo mediocre para el que todo lo que no sea perder es un premio inesperado.

2) Apostar por la pelota. El Villarreal generalmente quiere ganar los partidos y quiere hacerlo de la mejor forma que se puede hacer en este deporte que es teniendo el balón y haciendo lo mejor posible con el. Hoy lo ha demostrado. Ha tenido el balón y el dominio del partido del juego en todo momento. Ha sido así con el empate, con el 1-0, con el 2-0 y con el 3-0. Es decir todo lo contrario de lo que quiere Aguirre quien desprecia con todas sus fuerzas y en todo momento el balón y que domingo tras domingo coloca 9 jugadores en la frontal del área cada vez que vamos por delante en el marcador, mandando el balón lo más lejos posible de un puntapié. El Villarreal ha demostrado lo que ocurre cuando sigues jugando igual después de marcar un gol: que marcas más.

3) Evitar los pelotazos. El Villarreal apuesta por sacar la pelota jugada y a ser posible desde el centro del campo. El equipo se mueve de forma que el balón llegue de forma rápida y eficaz a los jugadores de arriba. No con toquecitos vacuos y superfluos sino con calidad y velocidad. Es decir todo lo contrario de Aguirre para el que los centrocampistas creativos no existen, para el que los mediocentros son siempre defensivos y para el que el pelotazo a las nubes es el ÚNICO recurso técnico permitido.

4) Presionar la salida del balón juntando el equipo. Independientemente del marcador (lo han seguido haciendo con tres goles de ventaja) el Villarreal aprieta la salida del balón del equipo contrario en su propio campo a la vez que adelanta la defensa. De esta forma anula con facilidad a equipos tan poco creativos como el nuestro pero además provoca que los robos de balón sean ocasiones de gol al tener el equipo junto muy cerca de la portería contraria. Es decir todo lo contrario de Aguirre que espera siempre en su propio campo al rival (¡hoy lo hacía hasta perdiendo 3-0!) excepto cuando vamos ganando que lo espera directamente en la frontal del área donde cualquier error es una ocasión clara para el equipo contrario.

5) No modificar la personalidad del equipo en función del marcador. Es decir todo lo contrario de Aguirre que lo cambia todo con cada gol, generalmente para pasar de tener miedo a mucho miedo o dar pelotazos a dar pelotazos y patadas (somos el equipo más tarjeteado de la liga).

6) Fondo físico. Los jugadores del Villarreal parecían portentos al lado de nuestros jugadores. Han realizado un esfuerzo brutal durante todo el partido lo cual supongo estará basado en un excelente trabajo en los entrenamientos. Es decir todo lo contrario que Aguirre que utiliza los entrenamientos para tomar el sol, lucir palmito y mejorar en el fútbol-tenis… y recuperar los miles de jugadores con lesiones musculares que tenemos. Simao dice que en su vida había tenido tantas hasta que llegó aquí.

7) Movimientos entrenados en ataque. El Villarreal parece una máquina independientemente de los jugadores que estén en el campo. Todos saben lo que tienen que hacer. Si el interior recibe el lateral se proyecta. Si el mediocentro recula el otro apoya. Si el delantero se lleva al defensa el interior ocupa el hueco. Todo, saques de esquina y faltas incluidas, esta estudiado. Es decir todo lo contrario de Aguirre con el que el único movimiento entrenado es el de bajar todos a la frontal del área cada vez que metamos un gol o cada vez que tengamos miedo. El resto depende de la inspiración de nuestros fichajes millonarios. El Atleti no ha metido un sólo gol de córner con Aguirre en dos años.

8) Movimientos entrenados en defensa. Futbolistas anónimos del Villarreal parecen la mejor defensa del mundo gracias al fabuloso sistema defensivo del equipo. Es decir todo lo contrario de Aguirre con quien los jugadores que dos años atrás eran requeridos por los grandes de Europa hoy parecen benjamines malos. Y no sólo esos jugadores, cualquiera que salga con nuestra camiseta.

9) Discurso prudente pero valiente. El Villarreal a seis puntos de la cabeza mantiene el discurso de que sin ofender a nadie ellos también pueden soñar en ganar la liga. Es decir todo lo contrario de Aguirre (y su directiva) que a la misma distancia hace meses decía que nuestro objetivo no era ganar nada sino quedar cuartos para jugar en Europa (y su directiva además incluye una cláusula que lo renueva directamente quedando sextos).

10) Fichajes con cabeza. Vean los fichajes de uno y de otro. Vean los extranjeros de uno y de otro. Sobran las palabras.

Las comparaciones, efectivamente, son odiosas. Sobre todo si además comparas los presupuestos de los equipos y el volumen de su masa social.

La especulación mató la estrella del fútbol (Sevilla - At. Madrid)

Decía Paolo Coelho que sólo una cosa vuelve un sueño imposible y no es otra que el miedo a fracasar. Hay que ser decididamente estúpido, no enterarse de la película o definitivamente estar en otro plano de la realidad para cambiar cualquier cosa en una orquesta que funciona a la perfección y que encima da resultados, pero eso es algo a lo que los aficionados colchoneros estamos ya desgraciadamente acostumbrados después de muchas temporadas de estupidez constante.

Los primeros 20 minutos del atlético de Madrid ayer en Sevilla fueron un sueño para este humilde aficionado. Durante esos 20 minutos vi un equipo que saltó con mentalidad agresiva a un estadio tradicionalmente hostil. Un equipo sólido y contundente que salió a dominar el encuentro en todas sus facetas y lo consiguió. Un equipo que propuso el ritmo que mejor le quedaba y lo ejecutó a la perfección. Un equipo que secó las armas del equipo rival sin dilapidar las propias. Un equipo que decidió tener el balón con criterio, es decir sin utilizarlo para inofensivos juegos artificiales de los que humedecen los paños menores de los periodistas mediocres ni para mandarlo de un puntapié a 70 metros. Es decir, para jugar al fútbol. Un equipo en definitiva convencido de que el partido se podía ganar simple y llanamente exponiendo la mejor opción futbolística que la conjunción de los once jugadores que saltaron al campo podían dar. Los primeros 20 minutos del atlético de Madrid ayer más que un sueño fueron un espejismo. Un espejismo porque todo lo descrito arriba se topa de bruces con el extravagante código deontológico que profesa ese revolucionario del fútbol-roca llamado Javier Aguirre.

Durante esos 20 minutos no vimos al Sevilla y por fin vimos al Atlético de Madrid. Durante ese tiempo mis correligionarios colchoneros musitaban frases del tipo: ¡qué bueno es Forlán! ¡Qué peligro tiene el Kun! ¡Simao cada día está mejor! ¡Otro gran pase de Raul García! ¡Ojo con Camacho! ¡Maxi siempre aparece!

En toda reunión de amigos donde en el momento álgido de la velada, en una encendida, apasionada e interesantísima conversación sobre cualquier cosa que hace que la vida sea gracias a Dios algo más que dormir, comer y cagar, siempre tiene que aparecer un aburrido y triste aguafiestas que no sabe aportar nada pero que en lugar de intentar cultivar su seco intelecto prefiere esconder su flagrante mediocridad y su patética tristeza rompiendo la reunión de la forma más fea y torpe. Esa figura, traspasando la velada al mundo del fútbol, la suele ejercer frecuentemente y con más o menos gracia el entrenador. Nuestro equipo es un excelente ejemplo de ello y nuestro particular y aburrido entrenador el paradigma de cómo romper las reuniones.

El Atlético de Madrid tras el gol, como ABSOLUTAMENTE SIEMPRE que va por delante del marcador, volvió a recular hasta su área para convertirse en otra patética versión de su versión más patética. Hay equipos que reculan juntando las líneas, adelantando la defensa y presionando con vigor la salida del equipo contrario. Nosotros regalamos el balón y ponemos nueve jugadores en la frontal del área donde cualquier falta, rechace o acierto del equipo contrario es una ocasión manifiesta de gol mientras confiamos en la suerte y en que ninguno de nuestros NUEVE Defensas cometa un solo error.

Diez minutos antes éramos un equipazo. Diez minutos después una escuadra mediocre defendiendo el resultado con métodos mediocres. Los mismos correligionarios de antes ahora repetían frases como: ¿Qué hace Forlán defendiendo en nuestra área? ¿Cómo va a hacer ninguna jugada el Kun a 100 metros de la portería y él sólo contra todos? ¿Dónde está Simao? ¡Otro patadón de Raúl García! ¡Otro patadón de Camacho! ¡Menuda temporada de asco que lleva Maxi!

Así se aguantó mal que bien la primera parte pero como ocurre y ha ocurrido el 99% de las veces (como todos a excepción de Aguirre sabemos y sabíamos) el Sevilla empató. Con nuestro equipo roto y desubicado gracias a la magnífica gestión de nuestro erudito entrenador, un equipo contrario con ganas y un estadio entregado solo un milagro podía salvarnos de la derrota pero el milagro existe, va vestido de rojiblanco y se apellida Agüero. Primero, en la única jugada medianamente trenzada de nuestro equipo en muchos minutos, decide engañar a toda la experimentada defensa sevillista y marcar un gol imposible. Después vuelve a estar en el centro de la pomada y su nariz se hace receptora de la enésima muestra de violencia estúpida y gratuita de un jugador del Sevilla en un campo de fútbol. El Sevilla es un equipo que despierta en mí sentimientos contradictorios. Por un lado la sana envidia del juego en los años de Juande y por otro la repulsión de la torpe soberbia del nuevo rico que en cualquier momento puede volver a ser pobre. Sólo hay algo peor que no saber perder y es no saber ganar.

1-2 y un jugador más. La cosa se ponía bien para tener el balón y dejar pasar el tiempo pero Aguirre, fiel a su ofuscación, volvió a colocar a los 9 jugadores en la frontal del área para dotar de innecesaria emoción un partido que ya no la tenía.

Recuerdo cuando el atlético de Madrid era un equipo orgulloso y señor que vendía cara su camiseta y peleaba contra cualquier cosa que atentará contra su nombre. Lo recuerdo ahora más que nunca viendo tipos como Cléber Santana vistiendo nuestra camiseta en calidad de extranjero o viendo las cobardes decisiones y patéticas excusas de nuestro protegido entrenador. Me acuerdo también de Eduardo Chillida cuando decía que un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo. Pero claro, estamos en Champions...

Maldita especulación.

De realidad y filetes (At. Madrid - Levante)

Decía Albert Einstein que las proposiciones matemáticas en cuanto tienen que ver con la realidad no son ciertas y en cuanto que son ciertas no tienen nada que ver con la realidad. Las matemáticas que rodean al atlético de Madrid hablan de un equipo de aparente vocación ofensiva, a tenor de sus números, que una semana más duerme en la zona champions. Los números por suerte o por desgracia están ahí pero también lo está la realidad, que es otra, a pesar de que permanezca oculta para aquellos que no frecuentan la rivera del Manzanares.

Por circunstancias que tienen que ver con que gracias a Dios, perdón por el chiste fácil, este bendito país celebra las festividades cristianas, me encuentro circunstancialmente fuera de mi querido Madrid. Hacía mucho tiempo que no vivía un encuentro de mi equipo desde fuera del foro y menos jugando en el Calderón pero ese es otro de los méritos que habría que sumar al prestidigitador de la verdad conocido como Javier Aguirre. Me aburre tanto su forma de atrofiar el fútbol que prefiero unos pintxos en la parte vieja de San Sebastián que soportar otra sesión más de su interpretación de la infamia. El que yo me perdiese un partido en el Calderón hace unos meses era prácticamente hablar de blasfemia. Hoy este mentiroso ha conseguido lo que supongo pretender con todas sus fuerzas: echar del Calderón a todas aquellas personas que creen que el Atlético de Madrid es un club grande que no merece ni discursos mediocres ni pelear por las sobras. Al menos está cerca de conseguirlo conmigo.

Eso si, curiosamente desde que he llegado a mi destino gente cariñosa a la que aprecio, que saben de mi enfermedad por los colores rojiblancos, no ha dejado de golpearme con ardor y reiteradamente la espalda repitiendo alguna frase que se parece mucho a esta: “Estarás contento con tu atleti, ¿no?”. Desde Madrid sospechaba las razones por las que un tipo que lo ha hecho tan rematadamente mal como Aguirre sigue despertando el respeto y la comprensión de todas aquellas personas que no pisan el Calderón. Ahora tengo mucho más claro que todo es una sucia mascarada con unas raíces mucho más poderosas de lo que yo pensaba.

Desconozco la razón y no sé si se debe a que este simpático mejicano ha nacido con una flor entre sus posaderas que le dota de una suerte tozuda que no se resiente ni siquiera con la criptonita o existe alguna otra justificación más mundana para que la prensa del movimiento, maquinada por sus millonarios gurús y apoyada por nuestros inútiles dirigentes, iniciase una campaña a favor de este aprendiz de aprendiz de entrenador basada en las proposiciones matemáticas, esas que dicen que vamos situados en cuarto lugar de la clasificación nacional y que por tanto deberíamos darle gracias a Dios. Cualquiera que como yo se trague todos y cada uno de los partidos del atleti, dentro y fuera, estará de acuerdo conmigo en que lo que nos está tocando sufrir desde que estamos en manos de ese intelectual del patadón, que además dice carajo, tiene más que ver con una escalofriante (y mala) novela de terror que con un sano deporte que provoca distracción y felicidad, pero eso es muy difícil de explicar a personas que simplemente ven los resúmenes de televisión o escucha las sórdidas y falsas crónicas de los funambulitas de la radio. Reconozco que aquí, en la bella Easo, he tenido que desistir de intentar explicar la razón por la que quiero que el señor que dicta las alienaciones se dedique a hacerlo en las islas Mauricio. Es más poderoso el Ministerio de la verdad.

Ayer ganamos 3-0 por la misma razón de otras veces, porque tenemos dos grandes delanteros de categoría mundial que serían capaces de hacer lo mismo entrenados por un imitador del Chiquilicuatre y por el añadido de que primero jugábamos contra colista de primera división y segundo porque Simao poco a poco se va sumando a la fiesta. La verdad es que lloro por las noches soñando en lo que podría ser este equipo jugando con centro del campo y entrenado por un entrenador de fútbol.

Pero ahí están las matemáticas aunque la realidad sea que el Levante llegó tantas veces o más que nosotros, que seguimos sin ser un equipo, que seguimos sin jugar como un equipo, que no sabemos defender ni a balón parado ni a balón en juego (y no es problema de un jugador como nos quieren vender sino del esquema defensivo del equipo), que somos cobardes, que el banquillo alecciona para que el equipo reniegue del fútbol, que el recurso futbolístico más repetido a lo largo de cualquier partido es el patadón, que no hay centro del campo,… En fin, lo de siempre.

Esa es la realidad. Me encantaría ser tan ingenuo como los que son felices simplemente viendo la clasificación. Esa gente que ajenos a los 90 minutos de sopor que cada siete semanas acontece con nuestro escudo arrastrándose por cualquier sitio, esbozan una sonrisa viviendo es ese país de dibujos animados donde todo lo que les interesa es ver a sus equipo en cuarta posición en la vigésimo segunda página de un periódico deportivo. La realidad es otra pero en esto debo ser como Woody Allen cuando dice que odia la realidad, pero es el único sitio donde pueda comerme un buen filete. Sustituyan filete por fútbol y tendrán la razón por la que el domingo que juguemos en casa volveré a ir al Calderón.

Más Platón y menos alfalfa (Zaragoza - At. Madrid)

Decía Baudelaire que el más irreprochable de los vicios es hacer el mal por pura necedad. Javier Aguirre ha demostrado ya reiteradamente en el Atlético de Madrid que como entrenador de fútbol es sumamente malo. Malo de solemnidad. Penoso. Tan malo que ha transformado su natural soberbia y prepotencia en necedad y con esa necedad capciosa y demagógica está haciendo también mucho mal. Soy aficionado del atlético de Madrid desde que con horas de vida mi abuelo me hizo socio de este equipo. No creo que sea por tanto dudoso de infidelidad después de más de 30 años de vicisitudes. Por eso, si la única posibilidad para que Aguirre se marche bien lejos a hacer daño en otro sitio es que no quedemos entre los seis primeros (habría que decapitar a quien pusiese un objetivo tan lamentable, por cierto) rezaré para que a partir de ahora perdamos los partidos suficientes como para quedar séptimos. A veces hay que perder para ganar así que haciendo de tripas corazón agradeceré nuestras derrotas. Ni quiero seguir viviendo este esperpento, ni quiero seguir haciendo el ridículo y mucho menos lo quiero hacer en Europa.

Y el caso es que el partido empezó bien. Con poco más que ganas, presión, algo de velocidad, evitar pasar el balón a Cléber y una pizca del talento que (a pesar de nuestro entrenador) atesora nuestro equipo, se hizo una buena primera media hora en la que teníamos el partido. Sin mucho más, el Zaragoza parecía un equipo nervioso que está peleando por el descenso (lo que es) y el atlético un equipo que debería estar más arriba (lo que no es gracias al vértigo crónico de su entrenador). Todo iba bien hasta que se dieron tres detalles que lo cambiaron todo. Uno: se lesiona Valera y Aguirre, haciendo gala una vez más de su estulticia superlativa, cambia a Antonio López, zurdo cerrado, de banda para dar salida a un mal jugador en peor forma. Otra vez. Dos: ese jugador de efímero y babeante pasado madridista, que insultó a nuestro equipo y a su afición con la misma cara de pan duro con la que sale al campo, volvió a demostrar por enésima vez esta temporada su falta de concentración y natural torpeza metiendo gol en su propia portería. Tres: lo peor. Tras el empate pero una primera parte decente Aguirre tiene que aportar su toque “de la casa”. Aparte de enquistar a los jugadores en su posición y dar protagonismo a ese sucedáneo de jugador de fútbol llamado Cléber, consultando el código de su galopante mediocridad que dice que un empate fuera "no está mal" hizo lo que hace siempre, independientemente de que siempre le da mal resultado, que es dar seis pasos hacia atrás y colocar a nueve futbolistas en el borde del área. Tener a Forlán, Maxí o Simao permanentemente achicando balones en su propia área teniendo que recorrer 100 metros en solitario para tirar un contraataque debería estar penado en el código civil.

La segunda parte, paradójicamente hasta el segundo gol rival, fue un monólogo gratuito del Zaragoza donde ellos eran dueño de todos y nosotros volvíamos a agarrar con fuerza la bandera de la mediocridad, el miedo y la estupidez. Por supuesto llegó el segundo gol. El como es anecdótico. Hubiera llegado de cualquier otra manera.

Aun así podríamos haber ganado si Forlán o Agüero hubiesen estado ligeramente más acertados pero si se hubiese dado el caso, como tantas otras veces, simplemente hubiese sido la confirmación de los magníficos jugadores tan lamentablemente entrenados que tenemos.

Mención especial tiene ese tipejo vestido de negro que se levanta un suculento sobresueldo por vibrar sus lorzas por el césped mientras toca el pito a destiempo y hace una perfecta demostración, ¡en tan solo 90 minutos!, de vergonzosa parcialidad, incapacidad para aplicar el reglamento, apología de la violencia y soberbia estupidez. Independientemente de los miles de errores que ha tenido a lo largo del partido dejar indemne la patada que recibe Agüero es como para que pruebe los efectos de un puntapié similar en su aparato testicular cada vez que se vista de corto. Podría irse de la mano con Aguirre a buscarse un futuro como estibador en la isla de Martinica aunque lo siento por los pobre Martinicos que tendrían que soportar a dos tipos tan arrogantes como incompetentes.

Estoy harto de tener que vivir esta ópera absurda cada siete días. Estoy harto de tener que poner cara de póquer como si no pasase nada porque los “periolistos” siguen vendiendo todos los días alfalfa para ovejas mientras se niegan a describir la verdadera situación de mi equipo guardando silencio pero riendo las gracias de Cerezo y del compatriota de Cantinflas. Estoy harto de Aguirre y sobre todo estoy harto de la burla constante en la que se ha convertido mi equipo y de hacer el ridículo. Los atléticos deberíamos fiarnos más de los clásicos y hacer caso a Platón cuando dice que la burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan.

Bendita ficción (At. Madrid - FC Barcelona)

Decía mi admirado Arthur C. Clarke que vivimos en la primera época en la que se ha prestado más atención al futuro lo cual no deja de ser irónico ya que tal vez no tengamos ninguno. No creo que el autor de 2001: Odisea del espacio sea seguidor colchonero pero es una frase que nos aplica de lleno. En el atlético de Madrid, después de muchos años y no precisamente en mejor situación que años anteriores, al inicio de esta temporada por primera vez se empezó a hablar de futuro y de dejar pasar el tiempo como forma de realizar las cosas bien. Se hizo en un momento en que las señales de que se estaba construyendo un ídolo con pies de barro eran apabullantes. Hoy las señales se han transformado en absoluta certeza: nuestro equipo es un pollo sin cabeza destinado a morir cualquier día en alguna esquina, pero paradójicamente el pollo tiene las extremidades más perfectas que se recuerdan a este lado del misisipi. Es irónico que en un partido donde nuestro entrenador plasmó la gran mayoría de las razones por las que debería dejar el fútbol de elite pueda salir reforzado muy a pesar de sus meritos. Como decía Jacinto Benavente la ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe.

Porque sonriendo salimos ayer del campo todos esos colchoneros que dejamos de cenar cuando el equipo pierde y sonriendo gritamos con furia el nombre de nuestro equipo en los minutos finales cuando era evidente que ganaríamos el partido y que el Madrid también lo haría. Aviso para toda esa colección de gilipollas que como parásitos carroñeros viven de lo que ellos llaman periodismo y que el año pasado se dedicaron a vilipendiar gratuitamente el nombre de nuestro club y nuestra afición. Aviso también para esos enteradillos que balan como ovejas entonando con fruición lo mismo que escuchan y que se creen las estúpidas mentiras que sus gurús vomitan. Un poco de criterio hermanos.

Pero también, sobre todo teniendo en cuenta a esa estirpe de pseudo aficionados al fútbol tan numerosa últimamente que lo único que ven son los manipulados resúmenes de la tele, hay que señalar que el planteamiento y la salida de nuestro equipo no pudo ser más patética. Como si fuésemos un equipo de tercera división que tiene la suerte de disputar un partido de copa contra un primera, el atlético de Madrid, duele decirlo, salió a practicar uno de los cerrojazos más patéticos y cobardes que he visto en mi vida. Con el equipo cuestionado, el entrenador cuestionado, los presuntos rivales dejando su aliento en el cogote, la plantilla titular, tu estadio lleno y un equipo que deja jugar, nuestro entrenador, tan farsante como cobarde, decidió defender con ocho jugadores en la frontal del área dejando al Kun y Forlán campando en la lejanía a la espera de un meteorito. Ese fue el planteamiento a priori de nuestro equipo. Javier Aguirre no debe seguir un minuto más en este equipo. Lo llevo diciendo desde hace más de un año y lo vuelvo a decir hoy estando ronco tras cantar cuatro goles.

Como era de esperar ante planteamiento tan “elaborado” el Barça se adueño de todo: campo, balón juego, ambiente y marcador. Tras una exhibición sin demasiado brillo y sin despeinarse de lo que es tocar el balón, buscar el hueco con rapidez, desmarcarse e intentar ganar el partido, vamos lo que se supone que es el fútbol, el Barça acabó poniéndose por delante con una magistral jugada de Ronaldinho, otro de esos brasileños aquejado por la enfermedad del no ser consciente de lo bueno que es y dedicarse a morir lentamente. Todos pensábamos que ese era el fin del partido. Si normalmente es difícil remontar con un planteamiento tan ruin y lamentable (de hecho nunca lo habíamos hecho) más improbable era que se hiciera contra el Barça.

Pero igual de improbable es que aparezca un jugador como el Kun Agüero en el planeta tierra. El argentino es de ese tipo de jugadores que hace cambiar el color de la camiseta del equipo estando él en el campo o no. Si además está con ganas y en estado de gracia los rivales no tienen nada que hacer. Su propio entrenador tampoco. Recuerdo los famosos años en los que los Chicago Bulls ganaban un año tras otro el anillo de la NBA. Su juego era muy sencillo: pasársela siempre a Michael Jordan. Eso es lo que el atlético de Madrid hizo ayer: pasársela al Kun Agüero para que él invente. Javier Aguirre, con una sonrisa absurda en la banda, debía de sentirse como alguien que juega al PC fútbol sin tener el control de los mandos y a expensas de lo que quiera el ordenador.

El Kun, ese jugador que el año pasado no sabía “jugar al fútbol en Europa” y que al principio de temporada era reserva en el revolucionario y diabólico esquema de Javier Aguirre, participo en los cuatro goles del atlético. En el primero, con nuestro equipo muerto a expensas del rival, se olvidó del ambiente, del entorno y de su pésimo entrenador para decidir encarar como los cánones del fútbol moderno dicen que no hay que hacerlo pero como los grandes jugadores llevan haciendo toda la vida. 1-0, una tableta de revital para el equipo y un mensaje para el entrenador: pasamos de ti. Poco después se inventa un pase de dibujos animados para que su compatriota Maxi reviente la portería del Barça. Primera remontada de equipo en lo que va de temporada. ¿Gracias a su entrenador? Empieza la segunda parte y tras un par de excelentes jugadas tienen que tirar al Kun en el área antes de que vuelva a fusilar a Valdés. Gol de Forlán. Poco después parte la cintura de un par de contrarios, encara a velocidad supersónica el área y le mete una rosca imposible al balón para que entre aplaudiendo en las mallas. El reglamento debería indultar a los que se quitan la camiseta después de un gol de otra galaxia. Es un acto reflejo casi inevitable.

Poco más aparte del Kun salvo la constatación de que un chico de 17 años es como mínimo bastante más jugador que Cléber Santana y que el día que su entrenador no le ordene exclusivamente defender a los medio centros rivales y le dejen participar en el juego constructivo, si alguna vez tenemos un entrenador que quiera construir, hasta puede que veamos a un magnífico jugador.

Que nuestro equipo sea un equipo es una ficción. Que nuestros dirigentes pretendan creer en esta ficción es insultante y patético. Que hoy tengamos que leer y escuchar sobre la resurrección de una idea que está muerta también es una maldita ficción igual que ficción es pensar que todo cambie milagrosamente. Ficción fue de algún modo el partido de ayer pero como decía Machado después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.