Vida y Muerte (Getafe - At. Madrid)

Decía un escritor francés conocido como Anatole France que los hombres mediocres, que no saben que hacer con su vida, suelen desear tener otra vida más, infinitamente larga. Que el proyecto de de Aguirre (diseñado y protegido al parecer por MA Gil y ese atentado a la sensatez y la profesionalidad conocido como García Pitarch) está muerto es algo que todos sabemos. Se sabía que estaba muerto muy poco tiempo después de nacer, hace dos años, cuando enseguida se vio que aquello ni tomaba cuerpo ni lo supuestos encargados de que lo tomara sabían lo que tenían que hacer. Hasta los oscurantistas periodistas parece que después de dos temporadas se atreven a enseñar ahora (tímidamente) la realidad. Alguien tendría que explicar alguna vez, por cierto, la razón de tan lamentable y sospechoso ejercicio de ocultación, más lamentable si cabe viniendo precisamente de periodistas. Aun así y después de miles de evidencias parece que ya todo el mundo es consciente del tremendo desatino que es nuestro equipo a excepción eso si de los de siempre, claro, que siguen protagonizando su particular comedia de terror.

¿Y Aguirre a todo esto que hace?... Pues Aguirre dice públicamente que sigue siendo parte del proyecto y que le encantaría seguir encabezándolo la temporada que viene. Es decir, Aguirre, un hombre mediocre, pretende la nueva vida que sería una nueva temporada en la que lavar el ridículo de las dos anteriores. Sólo una decisión estúpida haría a la parroquia colchonera padecer otra temporada de pesadilla (porque sería otra temporada de pesadilla) pero desgraciadamente la cúpula directiva rojiblanca nos tiene ya más que acostumbrados a decisiones estúpidas. Eso es lo que me preocupa a mí de lo que queda de temporada, lo que va a pasar la que viene y el poco criterio en el que estará basada esa decisión.

El partido de hoy contra el Getafe ha sido simplemente otro ejemplo de porque el Atlético de Madrid es un pésimo equipo, de cómo se puede saltar a un campo de primera división con la actitud de unos cuarentones con resaca, de lo pésimamente que está entrenado esa banda de jugadores internacionales y sobre todo de cómo se puede aparentar jugar al fútbol sin disimular tan siquiera que no se tiene la más mínima intención de hacerlo.

El partido de hoy lo disputaban un equipo destrozado física y psicológicamente tras dos preciosas gestas que terminaron en desgracia por lo injusticia del destino y una colección de jugadores dirigida por un picapedrero tan espesa y pesada como el primer día que empezó la liga y que tras fracasar haciendo el ridículo en toda competición que ha jugado y jugándose lo único que les queda para maquillar una temporada de asco, pretenden hacerlo con las mismas armas que han empleado a lo largo de todo este tiempo: anti-fútbol, falta de personalidad, falta de iniciativa, falta de juego, suicidando los recursos naturales, patadas, marrullería y suerte.

El partido de hoy lo jugaban un equipo que quiere el balón y otro que no lo quiere. Un equipo que quiere jugar y otro que no. Un equipo que quiere ganar y otro que ya veremos. Un equipo que es un equipo y un “equipo” que se hace llamar equipo. Un equipo en el que sus jugadores se mueven de forma escalonada, basculando según la posición el campo del balón y distribuyendo el juego con agilidad y criterio contra un equipo que básicamente da pelotazos y generalmente encima lo hace quien menos dotado está para ello.

En ese escenario apareció un jugador del Getafe para tras una jugada trenzada (los jóvenes colchoneros sólo conocen las jugadas trenzadas por las películas o por los videos de cuando en el Vicente Calderón jugaba el Atlético de Madrid) consigue centrar completamente sólo un balón que completamente sólo remata un jugador de “Geta” a puerta. Gol. 1-0.

¿La reacción del atleti?... simple: más patadones al único recurso del atlético de Madrid en ataque y defensa: Kun Agüero. Aguirre finalmente ha conseguido anular hasta a Forlan, convirtiéndolo en otro mediocrentro inoperante. No existe un solo jugador en nuestro equipo que de un rendimiento como mínimo igual que en cualquier otro equipo donde ha jugado. Es otra de las virtudes de Aguirre: todos parecen peores jugadores con él.

En uno de esos “entrenados” pelotazos que arrancó un trozo de la capa de ozono el Kun fabricó un gol. Que el Kun está por encima de su entrenador y que es muy bueno ya lo sabemos. ¿Qué fue falta? Seguramente también.

De ahí al final del partido monólogo getafense. El Getafe parecía el Manchester United y el Atlético de Madrid el “Bar-Restaurante Los Amigos” (y pido perdón por insultar al equipo del bar-restaurante Los Amigos). Solamente la mala puntería de los Getafenses, la habilidad bajo los palos de ese tipo taciturno que cubre nuestra portería (y que para ser justos hay que reconocer que bajo palos mantiene un nivel más que digno) así como la injusta suerte que ha acompañado al señor Aguirre estos dos años (y probablemente toda su vida) han impedido que nuestro equipo volviera a perder precisamente cuando más necesitaba ganar.

El atleti está muerto. En lo deportivo es evidente. En lo extradeportivo se sospecha aunque cada vez que García Pitarch abre la boca pienso que además de muerto está empezando a oler. En lo extradeportivo se me hace muy difícil ver la salida al final del túnel pero en lo deportivo parece tan evidente que el equipo empezaría a volver a ser un equipo de fútbol el día que Aguirre no pisase la ciudad deportiva que se me hace increíble pensar que mañana volverá a dar otra de sus circenses ruedas de prensa con el escudo del atlético de Madrid.

Estamos muertos pero yo quiero vivir y como decía Charlie Chaplin: algo igual de evidente que la muerte es la vida.

Mirando hacia atrás (At. Madrid - Betis)

Decía José ingenieros, un filósofo argentino del siglo pasado, que los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen mientras que los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van. El Atlético de Madrid es una institución en decadencia que fundamentalmente no sabe a donde va. Lo es desde hace ya demasiados años y no desde ayer por la noche como algún despistado pueda pensar. Lo es gracias a una gestión lamentable por parte de prácticamente todos los que tienen algo que decir en esa institución. Todos viven acordándose de donde vienen (aunque encima cada uno tiene una referencia diferente) pero ninguno tiene la menor idea de hacia donde vamos.

La dupla presidencial lleva seis años estancados en la idea de que venimos de la segunda división como forma de justificar una de las gestiones más lamentables que se recuerdan en el fútbol español, terreno ya de por si abonado a las gestiones penosas. Esa forma capciosa de mirar al pasado (al pasado que le interesa, claro) ha servido de justificante para rodearse (cambiando los cromos cada año pero dejando el concepto de lo que buscaban) de un equipo técnico que habría que situarlo entre lo amateur y la negligencia. Por encima de la habilidad profesional de los personajes se buscaron tipos agradecidos y perfectamente sometidos al inamovible poder. Tipos mediocres provenientes de clubes a miles de galaxias de distancia en cuanto a lo social y mediático o tipos recuperados de un sospechoso ostracismo que les unía un profundo agradecimiento transformado en servilismo hacia quien les daba esa oportunidad. El latiguillo del “paso a paso”, “poco a poco” o “estamos mejor que el año pasado” servía de excusa barata con la que tapar tantos y tantos errores que se han sucedido en estos años.

Los agradecidos entrenadores que invitados por el heredero Gil han venido al Atlético de Madrid a realizar las prácticas de su cursillo de entrenador lo hacían con la misma idea que transmitían sus dirigentes: venimos de segunda y somos unos desgraciados ergo cualquier cosa que no sea una goleada en contra es un paso hacía adelante y así llevamos 6 años arrastrándonos por los campos de España, con más o menos dignidad según la vergüenza del inquilino del banquillo, tratando de recuperar algo que todos sabemos que jamás se recuperará de esta forma: el prestigio. La diferencia entre Aguirre y lo que había antes es que Aguirre es todavía peor entrenador que los anteriores y que encima su discurso es manifiestamente mediocre y rastrero (el resto de “becarios” al menos disimulaban).

De la secretaría técnica mejor no hablar. En su caso ni miran al pasado ni al futuro. Están ciegos. Millonarios y ciegos.

Pero también estamos nosotros, la afición, fracturada en mil pedazos, desnaturalizada, deprimida y ausente. De entre los miles de grupos distintos que cualquiera puede encontrar entre la parroquia atlética más o menos todos encajan en alguno de estos dos: los abducidos por el orden mediático que degluten sin toser la farfolla presidencial a través de los advenedizos pajes de la prensa que se dedican a recordar a cada minuto que somos un equipo que venimos de segunda para el que jugar en Europa (aunque sea en Turquía contra un segunda división) es un éxito mayor y que hacerlo con un baloncito en la manga que ponga Champions es el sumum de todas las aspiraciones. Desgraciadamente es el grupo más numeroso a mí entender y desgraciadamente también nada tiene que ver con la tradicional parroquia colchonera. No se plantean a donde vamos y simplemente esperan a que mañana se lo cuente AS o MARCA. Se van cuando nos meten el tercer gol para no pillar atasco y piensan rápido en otra cosa.

El otro grupo lo conformamos aquellos que miramos al equipo grande que fue el atlético de Madrid, ese equipo orgulloso y distinto que se conocía en todo el mundo, que despertaba la envidia de los más grandes por no entender nuestra idiosincrasia pero que tampoco sabemos a donde vamos ni a donde queremos ir. Unos focalizan toda su fuerza en un odio enfermizo contra los actuales dirigentes que muchas veces les hace (nos hace) desgastarse en empresas utópicas y excluyentes que tampoco miran hacia delante sino a una dañina figura del pasado. Otros nos ocultamos en nuestro nihilista cinismo, enfadándonos contra todo y acordándonos de lo que fue y ya no es mientras también nos olvidamos de donde estaremos mañana.

Esto, señores, es hoy el atlético de Madrid.

Ayer, jugándonos ese galáctico premio de quedar cuartos en la liga, lo único que nos queda, el equipo salio a “ver que pasaba”. Ordenado, estático, frío y apático. No es nuevo lo vimos en Valladolid (y tantos y tantos sitios) jugándonos lo mismo. Ayer incluso los jugadores no merecieron vestir ese escudo. La personalidad y el orgullo es algo que no dependen del banquillo. El entrenador del Betis, un tipo que lleva muchos años en esto y que a diferencia de nuestro “becario” parece que le gusta el fútbol, estudio lo poco que tenía que hacer para maniatar a nuestro equipo y lo hizo. 1-3. El partido no merece mayor consideración. Soporífero como el 90% de los que ha jugado el Atlético de Madrid con Aguirre en el banquillo y prescindible. Lo único destacable del partido es el tímido arranque de la despoblada grada al final del partido pidiendo la marcha de Aguirre.

¿Por qué ahora? ¿Qué diferencia existe entre este partido y el primero de la temporada o el último de la temporada pasada? La respuesta es fácil: ninguna.

Me da igual que perdiera el Sevilla, que gane o pierda el Madrid o lo que nos pase en las jornadas que faltan. Nuestra liga, la liga del Atlético de Madrid está en otro sitio y pase lo que pase de aquí al final de temporada hemos vuelto a perder y seguiremos perdiendo mientras sigamos mirando hacia atrás y cada uno a un lado distinto.

Limosnas (Valladolid - At. Madrid)

Decía un escritor libanés conocido como Khalil Gibran que si no puedes trabajar con amor sino sólo con desgana, mejor será que abandones el trabajo y te sientes a la puerta del templo a recibir limosna de los que trabajan con alegría. Me acordé de esta frase viendo el Liverpool-Arsenal o el Getafe-Bayer de Munich de esta semana. Esas son las limosnas que recibimos los colchoneros sentados en las escaleras de la catedral de la mediocridad.

El partido de hoy, por enésima vez, ha sido soporífero. Un partido que ha destilado dejadez, aburrimiento, falta de ganas y falta de ambición desde el primer minuto hasta el último. Si fuese un hecho aislado en mitad del océano de una liga de 38 jornadas la anécdota no pasaría de anécdota pero desgraciadamente es lo normal. Lo normal es que nuestro equipo salga al campo a especular por principio. Lo normal es ceder la iniciativa del juego y sobre todo el balón al equipo contrario, independientemente de que sea el "todopoderoso" Valladolid o el FC Barcelona. Lo normal es presionar desde tu propio campo y tener el 90% del equipo a 15 metros de nuestra propia área. Lo normal es que las opciones de gol partan de saques del portero, pelotazos de 70 metros, errores del rival o jugadas imposibles de nuestras estrellas. Con esas premisas lo normal es hacer el ridículo que por otro lado es básicamente lo que solemos hacer.

Mañana los mismos periodistas que aparentemente siguen a nuestro equipo y que nos engañan un día si y el otro también en su oscuro, por lo incomprensible, afán de justificar la estancia en nuestro banquillo de un tipo tan poco dotado para permanecer en el, hablarán de que el atlético de Madrid dejó dos puntos en el último minuto. Incluso puede que hablen de un nuevo fallo defensivo que cuesta puntos. Verdad adulterada o mentira con fondo, ustedes deciden. La cruel realidad es que el atlético de Madrid había empezado a perder el partido desde que salió al césped.

La primera parte ha tenido el mismo interés que observar durante 45 minutos a un trabajador de una cantera amartillando una piedra rocosa. Si me apuran algo menos incluso. Sin fútbol, sin pasión, sin ganas, sin esquema, sin juego, sin nada lo único que nos quedaba a los colchoneros que veíamos el partido era hablar de la envidia que tenemos del Getafe y no precisamente por los resultados. Tiene que ser una sensación preciosa eso de ser aficionado de un equipo con orgullo y pasión que pretende ganar cada partido jugando al fútbol frente al rival que sea. ¿Se acuerdan del Atlético de Madrid, ese equipo del que se enamoraron? Tiene que ser la leche por otra parte eso de animar a un equipo entrenado por un entrenador de fútbol.

Ganando el partido de hoy, sin saber el resultado del Villarreal, el atlético de Madrid estaba más cerca de la segunda plaza que de perder la posición en champions pero eso le daba igual a nuestro entrenador que salió a hacer, una vez más, lo único que sabe hacer: contemporizar, defender, “estar juntitos”, no jugar y esperar de forma anodina el paso del tiempo. Vean donde estamos en la tabla al final del partido. ¡Qué gran estratega! Sin embargo lo más increíble de esta patética pesadilla de serie B con acento mejicano que tenemos la desgracia de vivir es que todavía existe gente que defiende lo indefendible. Que daño está haciendo la prensa deportiva no sólo al deporte sino a la inteligencia.

Como dato relevante del partido, vean el nivel suburbano del espectáculo que ofrece nuestro equipo, estaba la vuelta de Leo Franco. Si, ese tipo que cada vez que lo enfoca la cámara parece no sólo que nos está perdonando la vida sino que nos está haciendo un favor de estar donde está con la cantidad de cosas que tiene que hacer. Un tipo que en el minuto 14 de la segunda parte, con empate a cero en el marcador y jugándote la temporada, es sancionado con una tarjeta amarilla por perder tiempo. Abbiatti no es un buen portero, es malo de hecho, pero con él no paso la vergüenza que con este otro personaje.

En mitad del caos y los miles de errores del Valladolid apareció un rechace, una genialidad de Agüero, un balón que se va y gol de Maxi. Era y fue el único tiro entre los tres palos de todo el partido. Tan bueno fue el golpeo del balón como injusto el resultado. El Valladolid no había hecho nada del otro mundo pero era el dueño del partido y del balón además de haber llegado muchas más veces. Si antes de este golpe de suerte jugábamos poco y usábamos todos los subterfugios al límite de la legalidad para perder tiempo y romper el partido, después se siguió haciendo con esa estúpida sensación desde el banquillo de además estar licitado para hacerlo. En esa fase rácana y casposa llegaron los cambios de Aguirre, estúpidos (Reyes) y cobardes (Luis García) a partes iguales, además de un par de ocasiones muy francas para marcar que no se marcaron. Pasado ya el minuto 90 y con el equipo contrario pululando por las cercanías de nuestra área, como todo el partido y como le gusta a nuestro flamante entrenador, llegó un centro al área y gol. Lo normal.

Aun así, lo más lamentable de todo este cruel y constante insulto al atlético de Madrid es que nos están haciendo perder la pasión y la ilusión a los seguidores, probablemente las dos características que mejor definen a los aficionados rojiblancos. Hoy ni he saltado en nuestro gol ni lo he hecho con el del Valladolid. Estaba tirado en el sillón pensando en lo aburrido y humillante que es ser seguidor de este equipo hoy en día. ¿Qué aspiraciones podemos tener con este entrenador y esta directiva? ¿Para qué queremos jugar la champions? ¿Cuál será el objetivo de Aguirre entonces? ¿Quedar decimoquintos?

Aguirre es un tipo sin pasión y no entiende el amor unos colores ni a una idea ni a un juego. Es todo aséptico y vulgar y eso es lo que pretende transmitir. Sus declaraciones son además odas a la desfachatez y rallan muchas veces el desprecio a la institución que le paga. Decía Séneca que un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella. Es cuestión de esperar la siguiente rueda de prensa de nuestro “exitoso” entrenador para comprobar lo acertado de la frase.

Carta al señor director de MARCA

Señor director,

Hace algún tiempo ya que no compro un periódico que hace años mi abuelo, empedernido seguidor colchonero como yo, me dio a conocer y que él si compraba cada día. En ese periódico aprendí a recorrer y reconocer una pasión por el fútbol que como una enfermedad ha perdurado en mí hasta el día de hoy.

Hace algunos años que ya no compro aquel periódico, se llamaba MARCA, fundamentalmente porque ya no existe. Es cierto que todas las mañanas hay una publicación en los quioscos con ese mismo nombre pero desgraciadamente no tiene nada que ver. El nuevo “MARCA”, que me temo que es lo que dirige usted, se trata en realidad de una publicación de vocación comercial, escaparate únicamente de todo aquello que pueda reportar beneficios económicos inmediatos, con muy poco respeto desde mi punto de vista por el fútbol o por la fascinante profesión periodística y cuya máxima aspiración es obtener una sonrisa cómplice del grupo masivo de personas que como animales de un rebaño, degluten con deleite la ambrosía y rechazan como bebés malcriados todo aquello que molesta a la masa que todo lo cubre, aunque sea verdad.

Sinceramente, ustedes están en su derecho de hacer lo que quieran con su publicación pero deben entender que algo así no despierte demasiado interés en mi persona.

Por eso he tardado un tiempo en descubrir la lamentable columna de un nefasto personaje que firma como Miguel Serrano. Lamentable no es el calificativo que mejor se ajusta para definir ese cúmulo de estupideces pero prefiero no rebajar el tono de esta carta al nivel que por otro lado se merece el citado redactor (y pido perdón a los redactores de verdad por incluir a tan patético intruso en dicho colectivo).

Si bien usted es muy dueño de hablar las hojas que le plazca de lo que le de la gana en su publicación, como aficionado al atlético de Madrid me siento primero insultado de forma cobarde por un sucedaneo de periodista y segundo indignado porque una institución otrora señorial albergue retales tan mal paridos de intolerancia, estulticia, mediocridad y cobarde arrogancia.

Si mi club estuviese dirigido por alguien al que le importase la imagen del mismo no podría seguir tolerando y colaborando en esta serie interminable de abusos pero supongo que precisamente por eso las relaciones son tan estupendas con ellos.

Señor director, le propongo que ofrezca más espacio en su periódico para la simplista y vulgar prosa de ese morador del lodazal que firma como Miguel Serrano porque de esa manera cada vez habrá menos humanos con criterio que se acerquen a su emporio y que realmente es lo que se merecen desde hace tiempo.

Señor director, hace tiempo que pensé que su diario no podía caer más bajo.

Me equivocaba.

Atentamente,

Noche de máscaras (At. Madrid - Almería)

Dice un conocido proverbio Árabe que la primera vez que me engañes la culpa será tuya pero la segunda vez, será mía. El partido de hoy es engañoso, como parece que lo tiene que ser todo en el atleti últimamente. El partido ha sido una una mentira, una careta, una ilusión pero no es desde luego la primera vez.

No quiero dar la imagen de permanente derrotismo o de ver absolutamente siempre la parte negativa de todo, incluso ganando con contundencia, pero yo he estado en el Calderón esta tarde y he visto la cara de mis correligionarios en el descanso. Íbamos 4-3 en el marcador y después de ver siete goles en cuarenta y cinco minutos esas caras no mostraban alegría ni diversión ni esperanza. Esas caras mostraban hastío, desesperanza y resignación. ¿Cómo explicarlo?

Lo malo de vivir una noche de máscaras en el interior de un fabuloso disfraz es que la noche termina, la fiesta se acaba y el disfraz en algún momento desaparece con lo que dejas de parecer quien no eres y vuelves a la cruda realidad. A los colchoneros nos suele pasar últimamente cada final de temporada, cada vez que nos eliminan de cualquier torneo que disputamos o cada vez que jugamos contra alguien que va por delante de nosotros. Mañana los periódicos hablarán de un espectacular partido con 9 goles, de que hace diez años que el atlético no mete 6 goles en su estadio o cosas así. Mañana los periódicos seguirán colgando aderezos a un disfraz que básicamente es mentira. Yo prefiero no hacer lo mismo aunque yo no soy periodista (o quizás por eso).

Me resulta cada vez más difícil escribir de fútbol sobre partidos del atlético de Madrid igual que me resulta cada vez más difícil hacerlo de forma original puesto que normalmente me suelo deleitar una y otra vez con versiones de la misma historia o del mismo y deleznable concepto de fútbol que desgraciadamente parece acompañar, Dios sabe hasta cuando, a nuestro equipo. Como otras tantas veces el equipo hoy salió enchufadísimo y a los cinco minutos íbamos ganando por 2-0. Prácticamente el 85% de los partidos que juega el atlético de Madrid lo hace marcando el primer gol. Hoy además por dos veces tras una soberbia falta ejecutada con maestría por Antonio López (de lo mejor en nuestra vilipendiada defensa a pesar de la desgracia de sufrir la excentricidad de su entrenador que tiende a colocarlo, siendo zurdo cerrado, en el lateral derecho) y de otro ejemplo de lo gran jugador y de lo inteligente que es ese crack mundial que tenemos la suerte de ver todos los domingos. No sólo nos poníamos por encima sino que el equipo contrario se quedaba con uno menos. Perfecto.

En un equipo normal con un entrenador normal esto sería suficiente para marcar el ritmo del partido, tomar la pelota, hacerla correr por el campo (y siempre por debajo de la troposfera) para desgastar la baja del equipo contrario, intentar asumir pocos riesgos jugando en campo contrario y disfrutar de la ventaja de ir por encima en el marcador. Pero claro ni somos un equipo normal (de hecho es un insulto para EQUIPOS como el Almería o el Getafe llamar al Atlético “equipo”) ni desgraciadamente tenemos un entrenador normal. Como otras tantas veces confundimos marcar el ritmo del partido con aniquilar cualquier ritmo (personalmente además me resulta patéticas las directrices que da Aguirre a los críos que hacen de recogepelotas). Como otras tantas veces nos olvidamos del balón, ese terrible enemigo, para regalárselo al contrario y como otras tantas veces el equipo se ha echado para atrás sus 20 metros de rigor. Como otras tantas veces también por tanto el equipo contrario respira, recobra la vida que no tenía, se viene arriba y nos empata. Hoy con 10 jugadores. Perfecto.

El Almería es un equipo de fútbol con 11 desconocidos que juegan como un equipo sin complejos. La prensa no deja de elogiar el juego a balón parado de este equipo pero yo lo que he envidiado de ellos esta tarde es la actitud. Con 11 con 10 y con 9 han intentado jugar e ir a por el partido. Esa actitud valiente y descarada de los equipos modernos y que nosotros no tenemos ni de lejos.

El equipo estaba descompuesto y sin ritmo tras la estupidez táctica que nos llevó al 2-2 y parecía muy difícil levantar aquello. Increíble de creer viendo la plantilla o el número de jugadores de uno y otro equipo pero era así. Sólo la suerte y un error del guardameta contrario hicieron que nos pusiésemos por delante por segunda vez. El partido ya estaba roto para entonces como resultado de las aventajadas enseñanzas de nuestro peculiar estratega.

Aguirre, haciendo gala de su proverbial valentía decía esta semana a quien le quisiese escuchar de entre sus amigos de la prensa que habían estado trabajando la forma de contrarrestar el juego táctico del Almería (añoro los tiempos en los que decíamos que era el rival quien tenía que preocuparse de nosotros) pero la realidad, como casi todo lo que entrena Aguirre, es que salió justo al contrario. 3-3. Aun así el destino estaba hoy con nosotros y como si tuviésemos pocas cosas a favor, un nuevo jugador del Almería era expulsado (desde mi punto de vista de forma justa) poco antes de que Simao culminara un excelente pase de Raul García para volver a ponernos por delante por tercera vez en el partido.

La segunda parte, de la que hablarán los periodistas, no tuvo historia. 9 jugadores fundidos contra 11 entre los que estaban Forlán, Kun, Simao, Maxi,… Era evidente lo que tenía que pasar pero los jugadores del Almería en ningún momento dieron lástima ni dejaron de pelear. Al contrario, lo intentaron todo. Chapeu por ellos y mucha suerte.

Si destacaría algunas cosas en el camino. El excelente estado de forma del Kun, la ejecución táctica de Aguirre que con 9 jugadores en el equipo contrario no quito ni un defensa ni un medio centro en todo el partido, la incomprensible estupidez de sacar al Cléber Santana con el partido resuelto y la igualmente incomprensible decisión de dejar los 90 minutos a nuestra estrellas aumentando sus posibilidades de tarjeta o lesión. A lo mejor es que faltaba en bufón a la comedia.

Lo dicho, una noche de máscaras.