La estrategia del Caracol

Hay momentos en la vida en los que se dan las circunstancias perfectas para que por una vez y sin que sirva de precedente te pares a pensar sobre lo que estás haciendo. El devenir diario suele provocar tal cúmulo de necesidades que generalmente bloquea el sentido de la reflexión reposada. La liga 2007-2008 ha terminado y Javier Aguirre ha aparecido en rueda de prensa, ante la parálisis generalizada y sospechosa de la prensa, para con la soberbia que le caracteriza, y por supuesto ajeno al espíritu del equipo que le paga, anunciar al mundo que piensa seguir en el club una temporada más. Es hora sin duda de reflexionar.

En el lado positivo de tan siniestro personaje hay que colocar una cuarta posición en la peor liga del milenio, sin la competencia de equipos como Valencia, Zaragoza, Betis, Sevilla, preocupados en sobrevivir a sus fantasmas internos y con un Barcelona que quedando por encima de nosotros considera la temporada un fracaso y ha decidido efectuar una revolución generacional (supongo que como equipo grande que es). No es algo que desde luego aparecerá en los libros que recogen la grandeza atlética.

En el lado negativo una lista interminable de puntos entre los que destacan: practicar el peor fútbol que probablemente se practicase nunca en el Vicente Calderón, ser incapaz de formar un equipo, ser incapaz de sacar como mínimo el mismo rendimiento de los jugadores que estos tenían en sus equipos de origen, ser incapaz de que ningún jugador español del atlético de Madrid tenga el nivel suficiente para ir a la selección (al mundial dos años antes, sin Aguirre de por medio, fueron cuatro), conseguir que “la mejor pareja de centrales de Europa” hace dos años sea ahora “la peor defensa” de la liga, que su quimérico plan de “entrar por las bandas” se convierta en un “las bandas no existen”, que juguemos siempre con defensas en el centro del campo, que sean los centrales quien siempre pretendan sacar el balón (y nunca lo consigan), que nuestro principal y único recurso para la creación de juego sea el patadón hacia delante, no ensayar el juego a balón parado (ni en ataque ni en defensa), convertir uno de los mejores delanteros de Europa (Forlán) en un vulgar centrocampista trotón, marear a los jugadores haciéndoles jugar por el lado contrario sin obtener ningún resultado, ser incapaz de mantener el orden en el vestuario con criterios diplomáticos, echar el mejor centrocampista de la plantilla porque le había rechistado, ser incapaz de sacar nada de Luis García ni de Reyes ni de Jurado ni de Miguel, ni de…, despreciar miserablemente a una cantera que inunda las categorías inferiores de la selección de buenos jugadores, dar cancha reiteradamente a los insultantes fichajes de ese adalid de la negligencia llamado Pitarch, apostar sistemáticamente por un discurso mediocre y cobarde, salir presa del pánico frente a cualquier equipo denominado como de grande por la prensa, no entender el club que le paga, hacer el ridículo en la copa del Rey, hacer el ridículo en la intertoto, hacer el ridículo en la UEFA antes de ser vergonzosamente eliminado por un equipo que luchaba por el descenso en su liga, ser tan inteligente de pretender jugar a la inglesa (al pelotazo) al equipo más inglés de Inglaterra, despreciar constantemente a la afición rojiblanca enarbolando un discurso digno de equipo modesto (sin serlo), ser un muñeco de peluche en manos de la prensa, ser una dispuesta geisha para su directiva,… en fin, creo que es suficiente.

Con la mitad de las cosas negativas descritas nadie en su sano juicio debería renovar a semejante personaje y mucho menos hablar de él como de protagonista de un proyecto de futuro. Nadie en su sano juicio debería hablar en un diario o emisora seria de forma positiva de una gestión deportiva tan sumamente nefasta ni nadie en su sano juicio podría decir, denominándose seguidor del atlético de Madrid, que este tipo ha hecho las cosas “bien”. Aún así, sorpresivamente ha vuelto a ser renovado, la prensa unánimemente no ha hecho ningún comentario negativo al respecto y un gran número de colchoneros (aunque no creo que muchos de ellos visiten regularmente el Calderón) mantienen que Aguirre es el entrenador que nos conviene. Lo más sorpresivo de todo sin embargo es que llueve sobre mojado puesto que prácticamente lo mismo que ha ocurrido este año ya ocurrió el año pasado con la diferencia de que este año el Kun estaba siempre en el campo (el año pasado no sabía jugar, según Aguirre), tenemos además otros grandes jugadores y los equipos de nuestro nivel estaban en otras guerras.

¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué aquellos que recordamos el olor de un equipo diferente y orgulloso tenemos que pasar por esta constante y horrible humillación? ¿Por qué la prensa se calla? ¿Por qué nunca pasa nada y a pesar de las goteras la fachada aparece imperturbable?

Existe una excelente película del Colombiano Sergio Cabrera que se llama la estrategia del Caracol y que me recuerda mucho lo que está ocurriendo en este club. En la película un grupo de orgullosos inquilinos de un inmueble y ante la imposibilidad de hacer frente a los elevados impuestos demandados por la administración, deciden trasladar su edificio a otro lugar, pieza por pieza, pero dejando la fachada imperturbable para que los vecinos del barrio no se enteren de la jugada. Los orgullosos inquilinos son en nuestro caso un frío especulador inmobiliario de dudosa y heredada reputación y su mediático Sancho Panza, la fachada es lo que aparece publicado en la prensa deportiva nacional a diario, interesada por alguna razón en que no se sepa lo que pasa dentro, mientras que los ingenuos vecinos del barrio somos los aficionados del atlético de Madrid. Mientras nos venden una fachada de normalidad, naturalidad y pertinaz aburrimiento, los avispados inquilinos van poco a poco llevándose a otro sitio todas y cada una de las piezas que alguna vez pertenecían a este maravilloso club: la propiedad, el equipo de balonmano, las categorías inferiores, los entrenadores de fútbol, el orgullo, la dignidad, la valentía, el espíritu, el carisma, la emoción, el sentimiento, la personalidad, el pasado, la historia, los héroes, las cuentas que cobrar,…. y así van quedando cada vez menos cosas como los grandes aficionados de verdad o el estadio, que poco a poco también irán desapareciendo.

Algún día sólo quedará la fachada de lo que una vez fue una precioso edificio. Esa fachada que vemos hoy traducidad en la página 20 del Marca donde aparece alguna entrevista absurda, intrascendente y probablemente inventada sobre algún personaje tangencialmente relacionado con nuestro club o los minutos de la basura de algún programa radiofónico nocturno donde entre risas, chistes y chascarrillos los periodistas-bufón, comentarán la trivial actualidad rosa de nuestro equipo. Ese día llegará y entonces será muy fácil tirar abajo la fachada y comprobar con indiferencia que ya no existe absolutamente nada dentro y lo que es todavía peor, que a nadie le importa.

Yo soy de esos pocos imbéciles que quedan que todavía recuerde esa extraordinaria institución de la que un día se enamoró pero también soy de esos pocos imbéciles que está hartos de presuntamente compartir amante con esa creciente estirpe de aficionados modelo políticamente correctos que se enfundan virtualmente nuestra camiseta memorizando las estupideces del MARCA pero sin entender nada de lo que significa el escudo que pasean.

También soy de esos imbéciles que todavía tienen fuerzas para, a pesar de los pesares, pagar su abono del año que viene y volver al estadio a ver como se insulta al fútbol y al atlético de Madrid porque cree, con mas fe que certeza, que llegará un mañana en el que Aguirre esté tomando un mojito en Puerto Vallarta mientras yo estaré en el asiento al que da derecho mi abono. A lo mejor ese día incluso el club pertenece a alguien que lo merece.

También soy de esos que todavía tienen fuerzas para seguir denunciando el desalojo de mi edificio a pesar de la ignorancia de los inquilinos y su fachada o de los insultos con los que algunos adormecidos vecinos me condecoran. Lo hago porque estúpidamente quiero estar allí el día que la fachada caiga para recordar a los pocos que quieran escuchar que alguna vez había algo precioso detrás.

Aquí seguiré.

Miedo y asco (Valencia - At. Madrid)

Decía Julio Cerón que la verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo y por eso yo voy a esperar hasta el final, al verdadero final que llegará cuando se finiquite definitivamente esta temporada, para sacar las conclusiones definitivas.

Aun así el análisis de lo que ha sido esta temporada 2007-2008 creo que es fácil hacerlo porque se ha escrito a si mismo a lo largo y ancho de las 38 jornadas de ligas (más los partidos de intertoto, copa y UEFA). No me refiero ni a mi crónicas (más o menos acertadas), ni a los resúmenes de televisión que amablemente manipulaba para todos nosotros los adalides de este nuevo periodismo-espectáculo que nos asola, ni a las “amables” crónicas jibarizadas que como destellos aparecían el los diarios (no sé si de forma consciente o inconsciente por sus autores) sino más bien a la crónica que se ha escrito sobre el césped de los campos sobre los que se ha paseado, con más pena que gloria, el escudo del atlético de Madrid. Esa es la única y auténtica verdad que debería quedar para todo el mundo.

Atendiendo exclusivamente a esa verdad, a nuestro equipo y al juego desplegado, olvidándonos de los demás equipos, de los resultados y la cantidad de estupideces que se han dicho desde los medios de comunicación, el resultado de nuestro equipo se puede definir, siendo generosos, solamente como lamentable. Todo lo demás desde luego es discutible. Lo que ha hecho nuestro equipo sobre el campo esta temporada evidentemente no.

Esperaré por tanto a ver que decide hacer nuestra directiva en los próximos días con este presunto proyecto deportivo que no es otra cosa que un desafinado elogio a la insensatez, a la mediocridad, a la cobardía y sobre todo al más gusto.

En cuanto al partido de hoy poco que hablar (o mucho si de simbolismo se trata). Nuestro equipo ha vuelto a ejecutar un partido bochornoso lo cual, lamentablemente, ya supone ninguna noticia. El atlético de Madrid de Aguirre juega muy mal al fútbol (realmente ni siquiera juega) y lo hace con una actitud cobarde, unas pretensiones ramplonas y un orgullo capado. Si a eso se la añade la intrascendencia del resultado y por lo tanto la falta de ganas, lo único de lo que no ha carecido en mi opinión este equipo, el resultado más que bochornoso se transforma en ridículo. La primera parte del partido de hoy ha sido patética, ridícula y vergonzosa. Intolerable para cualquier equipo que salte al campo con ese escudo. El Valencia, que recordemos se jugaba lo mismo que nosotros: nada, ha mareado con crueldad y violencia a nuestro equipo hasta cotas que podían haber dejado un resultado en el descanso ciertamente humillante. Ya sabemos que eso de la humillación es algo Javier Aguirre no entiende cuando tiene que ver con nuestro equipo (recordemos como reaccionó el año pasado ante el 0-6 frente al Barça) pero si lo entendemos los verdaderos atléticos, los que pagamos religiosamente el abono año tras año y doy fe que duele.

Debió verlo tan sumamente mal nuestro "entrenador" que tras el descanso decidió sacar a lo único que ha hecho que este equipo esté situado al final de la liga en la cuarta plaza: el Kun Agüero. Con él en el campo se consiguió maquillar no solo tímidamente el resultado sino la imagen de un equipo otrora digno y respetable.

El partido no merece mayores comentarios así que no se los voy a dar.

Además, según estoy escribiendo esto acabo de escuchar a Javier Aguirre en la rueda de prensa decir que ha tomado la decisión de quedarse en el equipo. Prefiero no sacar conclusiones precipitadas y como he prometido al principio esperaré a que todo este claro y finiquitado para dar por cerrada esta temporada en cuanto a mi incontinencia lírica. Ahora bien, reconozco que me ha entrado dolor de estomago al escucharlo y que los niveles de indignación, intolerancia, vehemencia y cabreo me está subiendo por momentos.

Me quedo aquí porque no puedo seguir. Me quedo sin fuerzas y sin ganas. Según estoy escuchando a este tipo en rueda de prensa me doy pena por seguir aguantando esta mentira y por ser tan estúpido de malgastar mi tiempo en algo que no merece la pena. Mi cabeza ahora mismo se debate entre seguir soñando o mandarlo todo a freír espárragos. Entre seguir peleándome con la gente que atenta contra la imagen que yo tengo del atlético de Madrid o empezar a decir definitivamente que no me gusta el fútbol. Entre seguir manteniendo en el ciberespacio mi pequeño rinconcito de activismo colchonero o dedicar mi tiempo y esfuerzo a temas que merezcan algo más la pena. Entre seguir gritando y peleando por recuperar el club a manos de los que los quieren o dejarlo morir en brazos de sus raptores y los palmeros que se estudian por las mañanas el MARCA. Entre seguir soñando o dejar de dormir para evitar definitivamente tener pesadillas. Entre renovar mi abono o gastar el mismo dinero para pagar una virtual cura de rehabilitación que me cure de esta droga que me hace pensar que el Atlético de Madrid todavía existe.

Decía Henry Ford que el fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia. Si los señores que dilapidan lo que queda de mi equipo no se aplican esta reflexión (que atendiendo a su proverbial negligencia parece evidente que no quieren hacerlo) tendré que hacerlo yo.

El objetivo como guía (At. Madrid - Deportivo)

Decía un ensayista francés del siglo XIX conocido como Joseph Joubert que el motivo no existe siempre para ser alcanzado sino para servir de punto de mira. Ayer el atlético de Madrid consiguió por fin, después de doce años, asegurarse la posibilidad de disputar el año que viene la máxima competición europea de clubes que existe en la actualidad. El Atlético de Madrid es el tercer equipo de España en cuanto a potencial económico, seguimiento social, pinchazos en Pay Per View y también el tercer equipo que más ligas tiene. Es decir, al atlético de Madrid ha vuelto al lugar que se supone le corresponde por historia y potencial. Sin embargo ese “meritorio” cuarto puesto parece haber sido desde el principio de temporada el único y exclusivo objetivo de nuestro equipo, presuntamente aceptado diligentemente por todas las versiones oficiales del club así como por la condescendiente y sospechosa prensa deportiva madrileña. En pos de esa “noble” meta se ha sacrificado el discurso histórico, el orgullo, el fútbol, el carácter, la valentía, el espectáculo y hasta la dignidad. Antaño, cuando el atlético de Madrid era un equipo respetable y respetado, el objetivo era siempre ganar las competiciones que jugaba. No lo conseguía siempre, de hecho ni siquiera ocurría en la mayorías de las ocasiones, pero como bien matiza el señor Joubert, el objetivo, a veces, existe no para ser alcanzado sino para que sirva de punto de mira, de guía, de faro y para que ese objetivo en el horizonte condicione todo el camino hasta el, se acabe al final donde se acabe. Por eso ayer me dio vergüenza ver seguidores colchoneros celebrando un cuarto puesto con excesiva euforia desatada. Mi abuelo, colchonero desde principios del siglo XX, me hablaba de los grandes hitos rojiblancos y me enseñó a alegrarme de los éxitos menores pero a solamente celebrar títulos y copas. Desgraciadamente mi abuelo ya no está aquí para transmitir ese espíritu a la gente que se supone quiere este escudo. Desgraciadamente también los personajes que han cogido el testigo de esta preciosa institución tampoco son capaces de transmitirlo porque ni siquiera ellos lo conocen ni les importa. Ellos sólo ven los millones de euros que entrarán en caja por jugar la mal llamada Champions League. Lo que no soy capaz de entender es lo que ven esos que ayer fueron a Neptuno a celebrar quedar cuartos.

Pero en fin, aun con sentimiento agridulce ayer fue un día feliz. Ganamos al Deportivo de la Coruña en un partido pésimo rodeado de un ambiente fabuloso y conseguimos finiquitar de forma digna esta liga soporífera que ha modo de pesadilla no terminaba nunca de terminar. Un estadio lleno de colchoneros eufóricos que como manda el código deontológico atlético, dejaron todos los peros y quejas guardados para mejor ocasión y se dedicaron a animar al equipo de sus amores creando un precioso ambiente que supongo dejaría impresionado a esos pocos periodistas que siguen a nuestro equipo desde el campo y no desde los resúmenes de televisión como hace la mayoría. Esa es la afición del Atleti y no la que MARCA y AS pretenden que sea.

Del partido poco se puede decir porque fue soporífero, como prácticamente todos los que disputamos desde que ese señor de origen eskaldun y acento azteca dirige nuestros designios. El atlético saltó al campo con más corazón que juego (y es que este equipo está donde está por la entrega y el corazón que la han puesto algunos de sus jugadores) intentando desde el primer momento acorralar al Deportivo por ganas, hambre y pasión más que por juego. El equipo apretaba, la grada apretaba más y el Deportivo no parecía estarse jugando nada de forma agónica. La cosa pintaba bien.

Pero el gol tardaba en llegar. El Kun se quedó sólo delante del portero pero no pudo con Aguate. Nada que reprochar a esa bendición del cielo para con el fútbol que se llama Agüero. Un pedazo de jugador a la altura de los mejores y sin duda uno de los mejores futbolistas que ha pisado ese bendito césped del Vicente Calderón. La gente seguía animando sin descanso, las ocasiones claras se resistían pero no parecía que los nervios hiciesen mella en nadie dentro o fuera del césped. Ni los tímidos estiramientos del Deportivo ni las noticias que llegaban desde Sevilla parecían afectar a un equipo concentrado y una afición entregada. Así que a punto de irnos al descanso, en los segundos de descuento, como una especie de justicia divina hacia ese otro excelente jugador que a lo largo de la temporada ha dado reiteradas muestras no sólo de la calidad futbolística que atesora sino de los kilos de entrega y profesionalidad que generosamente aporta en estos tiempos en los que nadie da nada por nada, Forlán decidió meter el gol que nos aseguraba la Champions. Me alegra que fuese precisamente él.

Fin del partido. La segunda parte fue otra insoportable dosis de miedosa “aguirrina”, de esa que tenemos la desgracia de tener que aguantar cada vez que nuestro equipo va por delante en el marcador. Con esta “droga” de dudoso efecto lo único que conseguimos aparte del aburrimiento tradicional fue invitar al Deportivo a estropear la fiesta, cosa que por cierto casi consiguen a escasos segundos del final. Podía haber ocurrido pero no ocurrió. Los dioses aztecas seguían estando de nuestro lado.

¿Y ahora qué? Los sufridos colchoneros bajábamos las escaleras cantado y contentos comentando si al final la directiva se atrevería a poner un poco de coherencia fichando algún centrocampista que sepa dar los balones hacia delante y un entrenador que entienda que eso es lo que nos hace falta permitiendo así que el señor Aguirre desarrolle sus vetustos conceptos futbolísticos en alguna otra parte alejada del manzanares pero enseguida sintonizábamos la radio y la televisión para deglutir con estupor la melaza de esta estirpe de manipuladores que pueblan las ondas y los diarios siempre a favor del mejicano. Veremos lo que pasa en los próximos días pero de momento hay que empezar ya a pensar en el año que viene. ¿Seguiremos apostando por no jugar al fútbol? ¿Seguiremos apostando por la mediocridad? ¿Seguiremos apostando por el servilismo a hacía el gran poder y por aceptar con una sonrisa el puesto que ese monstruo llamado “prensa deportiva” tiene reservado para nosotros? ¿Seguiremos apostando por aspirar a ser los cuartos de una liga mediocre? Ardo en deseos de saberlo.

Ganar y/o ganar (Español - At. Madrid)

Decía Chesterton que si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa. El partido de hoy había que ganarlo a toda costa. Así de simple. Así de claro. Tras una temporada vergonzosa, en lo que a fútbol se refiere, pululando con más pena de gloria por una de las ligas más mediocres que se recuerdan en lustros, no se podía perder la oportunidad, histórica para algunos entre los que yo desde luego no me encuentro, de conseguir disputar la Champions league después de 12 años. Después de 36 jornadas, donde todo el mundo ha podido ver la particular forma que tiene nuestro entrenador de entender este deporte, hoy no era el día de buscar algo que no existe ni de esperar algo que todos sabemos que no va a llegar. Hoy era el día de ganar. A toda costa. Fuera como fuere.

Hay que reconocer que el equipo salió colocado y mentalizado de hacerlo. Sin controlar futbolísticamente el encuentro ni imponiéndose por calidad colectiva, porque eso es algo que nunca han entrenado, pero ordenados, muy mentalizados y con muchas ganas. Con esas premisas el encuentro resultó ser mucho más sencillo y bastante menos angustioso de lo que todos esperábamos para regocijo de la parroquia colchonera.

En 30 minutos el atlético de Madrid llegó con claridad al área rival y marcó dos goles que si hubiesen sido encajados por nuestro propio equipo ahora mucha gente estaría echando la culpa a defensa y portero respectivamente. Yo lo achaco al estado anímico y de juego tan lamentable por el que pasa el Español a medida que se está acabando la liga, un virus que se transmite imparablemente con la respiración para los periquitos. Bien es verdad que el Español estuvo grogui desde el primer minuto y que tuvimos la suerte de marcar dos goles rápidos pero esa primera media hora de partido me hubiese valido durante gran parte de la temporada para mi equipo.

Y el caso es que en otros partidos de la temporada también hemos tenido arranques buenos de coraje y fuerza. Lo malo llega después, cuando vamos por encima en el marcador. Entonces es cuando se ve la mano de Aguirre en este equipo. Hoy no podía ser de otra forma: nuestro equipo a la frontal del área, renuncia al ataque elaborado, renuncia al campo, renuncia a la velocidad, renuncia al balón y renuncia al juego. La diferencia del partido de hoy respecto a otros partidos radica primero en que enfrente estaba la peor versión del Español que recuerdo en mucho tiempo y segundo que en lugar de meter un gol habíamos metido dos prácticamente seguidos.

Es decir que tras el segundo gol se acabó el partido y volvimos a la espesura que tanto gusta a Aguirre y que tanto ha agradecido el Español, que se veía desbordado y previendo una contundente goleada. Muy al contrario de lo que se sucedía de forma natural nosotros nos dedicamos artificialmente a dejar pasar el tiempo torpemente hasta incluso invitando descaradamente al Español a que nos creara ocasiones de gol. Afortunadamente para nosotros el rival estaba pensando en otra cosa y su afición también. Así, jugando con 10 por la anecdótica presencia de Eller en el campo y desperdiciando una y otra vez, uno tras otro, infinitos contraataques suicidas, llegamos al final de uno de los partidos más sencillos que recuerdo en toda la temporada.

Mención especial para el de siempre, el Kun Agüero, al que el mundial que disputó en verano unido a esta temporada le ha hecho crecer de forma espectacular. El chico que no sabía comer y al que Aguirre pretendía enseñar como se jugaba al fútbol en Europa el año pasado (que paradoja, fútbol y Aguirre en la misma frase) ha resultado ser una estrella mundial que no sólo tiene un físico portentoso y una técnica deslumbrante sino que ha ganado en generosa entrega para con el equipo lo que le hace ser una pieza codiciada para cualquiera. Con la directiva que tenemos todo es posible así que échense a temblar.

Ahora dependemos de nosotros mismos para conseguir lo único que podemos conseguir a estas alturas que es un triste cuarto puesto que nos de la ansiada plaza europea. La dichosa liga de campeones personalmente me parece una estafa que prostituye de forma lamentable el concepto de copa de Europa que había antes. Una competición que un equipo como el Liverpool es capaz de pelearla año tras año e incluso de ganarla cuando hace 30 años que no gana la liga inglesa no puede llamarse copa de Europa y mucho menos liga de campeones. Aun así reconozco que es una competición que merece la pena jugar y que al fin y al cabo es donde se encuentra la elite del fútbol de nuestro continente que es donde todos creemos que deberíamos estar.

La pregunta sin embargo es, ¿cómo vamos a salir a jugar esa competión? Si es como hemos salido a disputar la copa del rey por dos veces o la copa de la UEFA este año o la mayoría de los partidos de liga, es decir si salimos con Aguirre de entrenador, es difícil que incluso pasemos de la fase preliminar y caso de que lo hiciéramos no creo que fuese bueno para nuestro escudo hacer el ridículo después frente a los primeros espadas de este deporte en lugar de hacerlo, como lo hicimos este año, contra el Bolton. Espero que sean verdad todos esos rumores que independientemente del resultado que obtengamos sitúan al mejicano fuera de nuestro equipo porque como decía el conde de Chesterfield, lo que es digno de hacerse, es digno que se haga bien.

Pertinaz pereza (At. Madrid - R. Huelva)

Decía un filósofo griego conocido como Demócrito de Abdera que quien todo lo aplaza no dejará nunca nada concluido ni perfecto. Javier Aguirre es probablemente la persona de entre las que han pasado por el universo del atlético de Madrid que mayor cantidad de excusas ha escupido. Es probablemente también que sea quien más paciencia ha pedido, quien más comprensión ha reclamado y quien más ha solicitado confianza en que con el tiempo cobraría sentido su filosofía, los fichajes rechazados, las expulsiones de los jugadores “malos”, los pelotazos a las nubes, la lamentable actitud en el terreno (y fuera de el) o la cómica forma de dejar de jugar al fútbol. Han pasado dos años de excusas, respuestas ingeniosas, apuestas de futuro y mucho aburrimiento pero todo sigue igual que el primer día. Exactamente igual. El día que Javier Aguirre desaparezca de nuestro equipo para siempre, sea dentro de tres semanas como la lógica demanda o dentro de tres años como el patetismo de nuestra patética directiva pretende, este maldito proyecto quedará inconcluso e imperfecto. Tanto como el día que nació. Y no me hablen de Champions, por favor.

El partido de ayer contra el Recreativo de Huelva, con todos sus matices incluidos, se puede resumir en una sola palabra: soporífero. Otra vez, por cierto. Ir al Calderón se ha vuelto en un suplicio para gente enferma que como yo espera ingenuamente volver a recuperar esos momentos de antaño donde ir al estadio de tu equipo era una forma de diversión pero también de reafirmación de tu orgullo y de tu personalidad. Ni una cosa ni la otra. Ahora es una forma de confirmar que se es seguidor de una institución con una historia preciosa pero con un presente tosco, anodino, mediocre y lamentable. Eso es hoy el atlético de Madrid, un equipo que no le interesa a nadie.

El partido comenzó siendo una réplica de los partidos de este nuevo Atlético de Madrid, un equipo que sale dormido, esperando ver lo que hace el contrario, con los jugadores colocados como un futbolín y con la misma movilidad que los muñecos del futbolín. Nada por aquí, nada por allá. La principal diferencia es que enfrente había un equipo bastante peor. Ya se nos ha demostrado varias veces que estar por debajo de la clasificación no significa (ni mucho menos) ser peor equipo que uno pero ayer desde luego no fue el caso. El recreativo, jugándose de verdad la permanencia, aporto menos actitud, menos espíritu y prácticamente la misma filosofía de juego que nosotros y así es muy difícil ganar nada. Lo es para nosotros con once internacionales y fichajes de más de 20 millones de euros imagínense para un equipo con un presupuesto infinitamente inferior. El recreativo huele a segunda.

El encuentro se solucionó a balón parado (difícil de creer, ¿verdad?) y gracias a la labor negativa de los jugadores onubenses. Mediada la primera parte Pernia, supongo que cansado de disimular, decidió sacar bien un corner (de hecho saco varios corners muy bien) y Camacho giró la cabeza para colarla por la escuadra. Fin del partido. A partir de ahí el atlético sacó todos sus recursos ya conocidos para jugar con el marcador a favor y que son por este orden: reñir a los recoge pelotas si se les ocurre tocar el balón, asistir a la esperpéntica actuación de Leo Franco cada vez que tiene que sacar de puerta, ralentizar (todavía más) cualquier atisbo de juego y recular en tropel hasta la frontal del área. Ayer sin embargo el Recreativo de Huelva no estaba tampoco en el campo. Pululaban con más pena que gloria rechazando a puntapies el balón y el espacio que tan generosamente regalaba nuestro equipo.

El segundo gol llegó tras una indolente bajada de brazos del lateral onubense y una circense forma de comerse un balón de otro defensa lo que permitió que Maxi (un tipo al que no se le puede reprochar nada a pesar de lo que mucho comepipas pretende) se llevase un balón de raza y le pusiese al Kun el remate en bandeja. El tercero lo volvió a hacer el chaval Camacho (con 17 años tiene más personalidad que la mitad de sus compañeros) a la media vuelta y saliendo de un remate fallido mal defendido por la defensa del Recre.

Entre medias: la nada.

Yo esperaba una pitada en contra de Aguirre y de la directiva independientemente de lo que pasase en el partido (porque ya lo merecen independientemente de lo que pase en estos tres partidos) pero lo único que escuché fueron cantos inocentes. También vi que cuando quedaban 20 minutos medio estadio se había marchado incapaz de soportar el sopor de permanecer allí.

Yo estoy en la grada todos los domingos y puedo palpar, más o menos, el pulso de los aficionados que me rodean. Todos estos que ahora supuran de gozo en los bares y foros por soñar con que el himno de la Champions suene en el estadio o bien no suelen pasarse por el estadio o son los mismo que en el momento en el que no pasemos la eliminatoria previa de Champions (podría pasar) abandonarán el equipo, no renovarán el abono, serán del Liverpool "de toda la vida" y dirán que somos una mierda.

Mientras que la directiva se dedica a soltar estupideces por las ondas continuando su imparable carrera de despropósitos o Aguirre aparece taciturno y enfadado con los que no le comprenden pero su equipo cada vez juega peor y hace más el ridículo sin olvidar que jamás ha jugado bien ni ha parecido nunca un equipo mínimamente digno, nuestra afición continua aletargada imbuida por una pertinaz pereza que todo lo atenaza. Es ahora cuando me acuerdo de Jules Renard cuando dice que la pereza no es más que el hábito de descansar antes de estar verdaderamente cansado.