Hamsterdam

Viendo el otro día el partido en casa de un amigo ocurrió al terminar que su chica, una persona entrañable que tiene la suerte de vivir al margen del fútbol, nos hizo la siguiente pregunta: “¿Qué tal el Atleti?”. Yo lógicamente contesté algo así como que ni me preguntase sobre “esas cosas” porque me tenía de “muy mala leche” a lo que ella me contestó con una sarcástica sonrisa: “vamos, exactamente igual que desde el día que te conozco”. Conozco a esta chica desde hace unos diez años, más o menos, y lo verdaderamente triste de esta historia es que tiene toda la razón. Durante todos estos esos años, en mayor o menor grado, siempre he estado de este humor con mi equipo. No recuerdo en todo este tiempo estar verdaderamente ilusionado o contento del todo y si recuerdo estar permanentemente enfadado, cabreado y de quejarme amargamente de Ranieri, de Sacchi, de Ferrando, de Manzano, de los Gil, de Bianchi, de Aguirre, de Pitarch, de Costinha, de MA Ruiz, de Pernía, de Novo, de Javi Moreno, de Telemadrid, de la SER, de la COPE, de Cerezo y hasta de la megafonía del estadio. Ha pasado demasiado tiempo como para pensar que todas las cosas pasan por casualidad o por mala suerte. Demasiados años como para caer en el error de personalizar la causa de tantos males en tipos que pasan por aquí un par de años y se van. ¿Qué está pasando?

Finalmente lo tengo claro. Me lo explicó hace pocos días de una forma muy sencilla Howard Colvin, mayor de la policía en Baltimore Oeste en la ficción que representa en esa joya de la televisión que para este que escribe supone The Wire, una serie de la televisión de la cadena americana HBO, En un capítulo de la tercera temporada El señor Colvin, a punto de jubilarse, harto del lamentable estado de decadencia en el que se encontraba su barrio gracias al submundo que acompaña siempre al tráfico de drogas y dada la imposibilidad de su departamento para poder combatirlo, decidió explicar a sus pupilos cual era el problema y cuál era la solución. Lo hizo con el siguiente ejemplo: por alguna razón en los Estados Unidos está prohibido beber alcohol en las calles a la vista de todos lo cual parece una simple regulación sin importancia pero esa simple “norma de conducta” era en realidad muy difícil de controlar por parte de la policía dada la cantidad de gente que bebía por la calle, lo que les consumía unos recursos policiales que no tenían y lo que provocó que durante un periodo de la historia los departamentos estuviesen tan ocupados deteniendo a los borrachos que pululaban por las calles que literalmente no podían preocuparse de empresas más serias e importantes. La solución al problema vino sin querer pero de la forma más genial y simple en que podía llegar. A alguien se le ocurrió salir de una tienda bebiendo una cerveza pero tapada con una miserable bolsa de papel marrón de forma que nadie, entre ellos la policía, podía saber si estaba bebiendo cerveza o coca-cola. Las tiendas a partir de entonces vendían las botellas de alcohol tapadas con la dichosa bolsa y así, con una trampa tan sencilla, las pobladas unidades policiales americanas pudieron por fin olvidarse de si la gente bebía en la calle o no (no era delito ir con una bolsa de papel por la calle) y a emplear todos sus recursos en la lucha del crimen organizado. El Mayor Colvin quería explicar con esto a la gente de su departamento que estaban tan ocupados lidiando con los “camellos” que trapichean en las calles (delincuentes menores) que no podían abordar el verdadero problema: la cabeza organizativa de la red.

Ustedes dirán que esto no tiene nada que ver con el Atlético de Madrid pero yo lo he visto claro. Necesitamos una bolsa de papel que tape lo que está podrido pero es intrascendente (o menos importante) y nos deje a la afición colchonera pelear con todos nuestros recursos por lo que de verdad importa, Llevamos demasiado tiempo lidiando con problemas menores que si bien han sido muchos, y a veces no tan menores, lo cierto es que siempre escondían el verdadero problema de fondo: ¿Quién maneja los hilos y cómo lo hace? Llevamos más de una década en estado de letargo donde los errores se cuentan por docenas, los sinsabores son parte de la familia, la diversión y el espectáculo son fantasmas del pasado y donde los éxitos son algo así como leyendas increíbles de países muy lejanos pero de forma curiosa la cúpula del monstruo, esa que permanece oculta y sin hacer ruido, vive paseándose entre nosotros con una tranquilidad impropia de sus fechorías. Igual que los capos en The Wire. Es curioso pero en más de una década de mediocridad y tristeza no recuerdo una sola imagen de un dirigente del Atlético de Madrid acorralado por la prensa o la afición o pasándolo mal en su vida pública aunque sí recuerdo que ocurriese en el mismo tiempo cosas similares en otros equipos a los que además les ha ido bastante mejor que a nosotros como Real Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla,

Por un lado los grandes capos del monstruo han conseguido tejer una red mediática afín que eclipsa, difumina y oculta los trapicheos que ocurren en el atlético de Madrid lo que ha provocado que una gran parte de la afición este literalmente en estado de letargo pero por otro el resto de la afición estamos tan preocupados de guerrear con los camellos de poca monta: Pernia, Costinha, Bianchi, Ferrando, Pitarch, Amorrortu, Seitaridis, Aguirre e incluso de “matarnos” entre nosotros mismos en la búsqueda mitológica del verdadero sentimiento atlético que agotamos en esas guerrillas los pocos recursos que tenemos para luchar contra el verdadero problema de este club: La cúpula, la cabeza, el cerebro.

Aguirre no debe seguir un minuto más en este equipo por múltiples y variadas razones pero al fin y al cabo Aguirre es como un camello en una esquina de Baltimore, algo que hace daño pero que lo hace en un punto concreto de la historia a sabiendas de que es la voz de su amo y de que si se va de la esquina esta no se quedará vacía o limpia porque el gran capo mandará a otro de sus chicos. Esto no significa que tengamos que defender el que se quede (¡no por Dios, ni mucho menos!) o que tengamos que argumentar su inocencia (porque independientemente de su jefe es culpable del delito que ha cometido) pero lo más seguro es que su “retirada” simplemente suponga unos días de alivio y que tampoco sea ninguna solución si seguimos con la dinámica actual. Ya nos pasó con Manzano, nos pasó con Ferrando, nos pasó con Bianchi y nos pasará con Aguirre.

El Mayor Colvin decidió que ya que no podía acabar con el problema general al menos conseguiría, en honor a sus vecinos, tener las calles de su distrito limpias de droga así que ordenó a su gente que obligase a todos los camellos del distrito a marcharse a una zona de la ciudad abandonada donde podrían ejercer su venta ilegal sin que ningún policía les molestara. Una especie de gueto limitado donde no vivía nadie y en el que de alguna manera fuese legal la venta de drogas. Era su particular “bolsa de papel” y a ese lugar lo llamaron Hamsterdam. No acababa con el problema ni con el tráfico de drogas pero al menos sus vecinos vivían más tranquilos y sobre todo los policías podían ocupar su tiempo en luchar contra empresas más importantes,

¿Y si pudiésemos tener nuestra particular “esquina” limpia por una vez aun sabiendo que los capos siguen ejerciendo su actividad”? Una dirección deportiva lógica y un entrenador normal. ¿Seriamos entonces más y con más recursos para combatir el “crimen”?.¿Y si pudiésemos tener momentáneamente un discurso deportivo decente que a pesar de perder no nos avergonzase con su juego, su espíritu o su actitud? A lo mejor entonces no discutiríamos entre nosotros sobre vergüenza, dignidad, objetivos indefinidos, sobre lo que pasaría si….o sobre giles y cerezos como ente abstracto ¿Y si nos organizarnos para ganar pequeñas batallas con las que comer terreno a la organización (boicot a la prensa afín, boicot a las marcas e instituciones afines, guerra en las gradas a todo lo que no respete la tradición del club, protestar en el estadio por todo lo que no sea un discurso digno,…)?

La lucha contra la droga es tremendamente complicada y me temo que prácticamente imposible de solucionar atacando directamente a la cabeza porque estos están bien protegidos por la “red”. Al Capone fue a la cárcel por defraudar a hacienda a pesar de ser un sanguinario asesino, Me temo que aquí también habrá que entrar por la puerta de atrás.

Maldita suerte, bendita suerte

Seguir la trayectoria de un equipo a través exclusivamente de los resultados que este consigue es como mínimo engañoso y no debería servir a nadie para sacar conclusiones sobre el juego, el espíritu o la calidad de un equipo. Que exista mucha gente que lo hace (intuyo que incluso algún que otro periodista profesional) no debería tampoco servir para justificar una acción tan reprobable. El Atleti contemporáneo ha empatado y ganado un gran número de partidos no sólo sin merecerlo sino planteando en el camino un estilo de vida en el terreno de juego que no es digno de ningún equipo de primera división y mucho menos del Atlético de Madrid. Un estilo que por cierto no lleva a ningún sitio. Hoy no es uno de esos días. Hoy el Atleti ha empatado un partido en Málaga haciendo justo todo lo contrario y por tanto sin merecerlo.

Y es que el equipo parecía no ser el mismo de los últimos meses cuando ha empezado el partido. Los once han salido bastante enchufados, con dinámica de grupo, presionando, siendo protagonista y, ¡oh señor!, queriendo tener el balón. No sé si este fenómeno se debía a una acción desesperada desde el banquillo, a algún tipo de alergia como consecuencia del desayuno de esta mañana o el resultado del efecto de la posición de los planetas en el entorno de la vía Láctea pero gracias has sido así y gracias a ello en 10 minutos hemos vistos dos ocasiones de gol clarísimas (Agüero nada más empezar y un contrataque de Simao a Sinama que saca el portero malagueño) mientras no parecía existir el equipo rival.

El problema de adoptar una actitud tan poco utilizada anteriormente es precisamente el “efecto coma” que sufren los pacientes que pasan demasiado tiempo sin moverse en una cama. Al despertar tienen sus facultades activas pero la falta de costumbre hace que los movimientos sean lentos y torpes y que todo el sistema esté resentido. Así Asunçao y Raúl García intentaban buscar el balón y repartirlo pero eso es algo que no saben hacer y menos cuando no están acostumbrados a hacerlo. Cualquiera de los dos sería un genial escudero para alguien que supiese jugar el balón desde el centro pero eso es algo que no parece entrar en el esquema de nuestra secretaría técnica ni deportiva. Forlán trataba de venir al centro del campo para hacer esa labor pero por mucho empeño que le ponga y por mucho que su entrenador insista en ello, Forlán no se ha hecho famoso por ser centrocampista. Pero aun así, sin brillantez, el equipo controlaba el partido con claridad y sencillez y el Málaga no encontraba su sitio y sólo se limpiaba el peligro a base de esos pelotazos a los que paradójicamente nuestro equipo está desgraciadamente acostumbrado.

Pero mediada la primera parte llega la suerte, maldita suerte. Un jugador Malagueño tira un disparo lejano que aparentemente no va a ningún sitio pero el balón toca la espalda de Perea y desvía la trayectoria ante la triste mirada de Leo Franco y para regocijo del respetable. Un injusto 1-0 aparece en le marcador segundos después. El gol sin embargo no provoca el decaimiento entre los madrileños que aunque algo aturdidos por el gol en contra siguen intentando mantener el partido en los mismos parámetros, pero es muy difícil en 7 días cambiar la forma de “jugar” que llevas más de dos años ejecutando y al equipo se le ve espeso. Perea pierde los nervios y hace una brutal entrada que le cuesta la tarjeta amarilla mientras un Kun aparentemente motivado y con ganas no termina de encontrar su musa y tener acierto.

Según pasan los minutos la llama se apaga los pelotazos aparecen y el partido parece entrar en un terreno aséptico que no augura nada bueno. Los mediocentros empiezan a esconderse, los laterales vuelven a mandar balones rifados a campo contrario y el ritmo se para. Pero aparece de nuevo la suerte, bendita suerte. Una falta desde el lateral derecho es sacada magistralmente por Antonio López consiguiendo una salida en falso del portero, un rechace de Heitinga y un gol en las postrimerías del descanso. Alguien debería analizar (o no) porque los goles del atleti llegan todos igual en los últimos partidos.

Tenía verdadera curiosidad por ver como saldría este equipo después de hablar con esa enfermedad personificada en entrenador mejicano que sigue siendo el inquilino del banquillo rojiblanco pero lo cierto es que el equipo salió en la segunda parte igual que lo hizo en la primera, a ganar el partido y hacerlo de la forma se supone más lógica en esto del fútbol que es teniendo el control del partido y del balón. Sinama que había salido de titular dejó su sitio a Maxi lo cual parecía también un cambio lógico a tenor del flojo papel del francés en la primera parte (jugando fuera de su sitio, claro). La segunda parte sin embargo se fue convirtiendo poco a poco en un partido mucho más feo y mediocre donde el patadón y los errores aparecieron con algo más frecuencia.

El Málaga aparece reservón refugiado en su propia área y aunque llega de vez en cuando a las inmediaciones del área colchonera las ocasiones mejores son de los rojiblancos como un remate a las nubes de Maxi después de una gran jugada de Forlán por la izquierda. El atleti intenta meter tensión y presiona la salida de balón malagueña desde el principio pero lo hace de forma imprecisa y deslavazada volviendo a dar esa sensación de falta de tono táctico que ha acompañado todo el partido. La actitud del equipo era irreprochable pero el juego se apagaba poco a poco dejando en el camino jugadas puntuales pero francas de los malagueños como la que se solventó con un paradón de Leo Franco tras saque de falta envenenado. Debíamos rondar el minuto 15.

Fue a mitad de segunda parte sin embargo cuando fuimos conscientes que el partido de hoy no era para el Atleti. Jugada de Forlán y Maxi en la frontal del área y un balón que queda franco a Simao delante del portero pero que desgraciadamente el Malaga saca de la línea de gol con el portero ya batido. No volvimos a tener una ocasión igual, ocasión que si tuvo el Málaga algunos minutos después y que Leo Franco sacó con los pies y con muy buena colocación. Maldita suerte, bendita suerte. Entre medias de esas dos ocasiones de gol apareció en el campo Maniche por Asunçao algo que personalmente si considero un cambio ofensivo y nos las estupideces a las que estábamos acostumbrados en los últimos partidos. El equipo tuvo más dinamismo y alegría pero siguió sin jugar bien y tampoco sirvió para nada concreto. En los últimos minutos incluso el Malaga pareció estirarse algo llegando con peligro virtual a la portería del señor Franco aunque la última jugada de peligro fue para los colchoneros. Una falta en la frontal a Maxi que saca Simao y remata Ufjalusi haciendo que Gotilla, portero del Malaga, haga la parada de su vida salvando al equipo de la derrota. Fin del partido.

El atlético de Madrid no ha jugado bien en el día de hoy pero la actitud de sus jugadores ha sido irreprochable, el discurso acertado, la actitud decente y profesional y sin duda ha merecido ganar el partido lo cual es algo que desgraciadamente no podemos decir durante los últimos encuentros de las últimas temporadas. Si hubiese sido de otra forma en tantos y tantos partidos probablemente estuviésemos hablando y soñando en otros términos pero eso es hablar de leyendas y películas. Leía esta semana al cantante de los Sex Pistols decir que si un mástil no cede con el viento acaba rompiéndose. ¿Estará Aguirre cediendo? Podría ser pero me temo que el mástil esta roto desde hace tiempo. Un poco tarde.

Basado en un hecho real

Los partidos del atlético de Madrid últimamente son como esos telefilmes de sobremesa que solían poner hace tiempo y que comenzaban con un clarificador “basado en un hecho real”. Hablo de esos subproductos televisivos mal rodados, mal dirigidos y mal interpretados que intentaban contar una historia, siempre terrible, trágica y lacrimógena, pero donde a los cinco minutos ya conocías a todos los protagonistas , los buenos, los malos y también como acababa la tragedia. Eran productos soporíferos creados fundamentalmente para que te pudieses dormir la mayor parte del mismo sin perderte nada y sabiendo que despertases cuando despertases jamás perderías el hilo porque además en la mayor parte de los casos daba absolutamente igual lo que ocurriese al final. Hoy hemos asistido a uno de esos telfilmes en el estadio de Almería. Uno de los peores.

El comienzo del partido fue la enésima representación de la triste desidia en la que se ha convertido este equipo. La primera vez que tenemos el balón la echamos fuera de banda lo cual no es más que un aperitivo de lo que viene después, un Almería que va a por el partido y un Atlético que se acomoda en su butaca para ver que es lo que pasa. Cuando el partido lleva 5 minutos los que juegan con la camiseta del Atleti todavía no han conseguido pasar del centro del campo pero 30 segundos después el Almería se presenta en el área (los centrocampistas y la defensa siguen la jugada cómodamente desde sus butacas) y el primer remate es rechazado al centro por Leo Franco dando una segunda oportunidad a Uche que está vez los andaluces no desaprovechan. Menos de 7 minutos, 1-0 y haciendo el ridículo. ¿Qué entrena este equipo entre semana?

En el minuto 10 seguimos sin pasar del centro del campo salvo en un pelotazo a la banda de Simao con el que el portugués intenta inventar algo parecido al fútbol lo cual es prácticamente imposible. Es como intentar escribir el Ulises en papel higiénico y sin lapicero. Un hachazo de Asunçao, más juego feo… así, entre el caos y la mediocridad, el balón llega al Kun que encara al infinito en solitario y el Almería lo tiene que derribar. A. López saca la falta que remata Sinama sorpresivamente sólo en el área y empata el partido. Era el minuto 22 y el primer tiro a puerta del atlético de Madrid. Eso es lo que le salva a este atleti la suerte y un acierto ofensivo impropio de una maquina chirriante tan poco puesta a punto. A partir de ahí la única opción de los madrileños, no sólo para ganar el partido sino para jugar, pasaba como siempre por los patadones largos a la carrera de Simao y el Kun para que ellos solos inventen las jugadas, algo que como es lógico no suele salir.

Entre la fealdad siniestra de la que se apoderaba el partido salió beneficiado eso si el Atleti que casi sin querer consigue más poder en el centro del campo y no pasa tantos apuros hasta el descanso aunque lo único destacable en este periodo es un robo de Forlán en su campo, conseguir dar a continuación una cabalgada de decenas de metros para presentarse delante del portero y fallar, probablemente por el cansancio de la jugada. Resumen de la primera parte para el Atleti: ni un ataque elaborado ni un contrataque. ¿A qué juega este equipo?

La segunda parte empieza como lo hizo la primera, con un Almería volcado y un atleti timorato y acobardado que no sabe ni donde colocarse. El Almería saca faltas y corners mientras que el atleti vuelve a ser incapaz de pasar del centro del campo pero cuando todo parecía indicar que el gol andaluz era cuestión de tiempo apareció el señor colegiado para hacernos un tremendo favor expulsando injustamente a Perellano por una faltita sin importancia que le valió la segunda tarjeta amarilla. En un mundo normal cualquier persona pensaría que el Atleti lo tenía hecho y que la remontada era cuestión de tiempo pero nada más lejos de la realidad. El partido se abrió un poco, más motivado por las patadas que se repartieron a raíz de la expulsión que por otra cosa, pero nada cambiaba. Entonces apareció Aguirre para poner su gota de ambición cambiando a Raul García por Asunçao, mediocentro defensivo por mediocentro defensivo. Un valiente este Aguirre.

Pero aquí no cambiaba nada. Es más, el Almería hay tramos en los que sigue dominando el balón y la pelota incluso con 10 jugadores básicamente porque tiene más claro que hacer y porque le pone más ganas aunque todo tiene un límite y probablemente por razones físicas empezaron a recular perdiendo protagonismo y durante unos minutos largos el sopor se hace insoportable. Exactamente hasta que Forlán decide bajar al centro del campo a hacer eso que Aguirre tiene prohibido a sus centrocampistas que es recoger el balón e intentar jugarlo. Una vez allí le da un balón al Kun, este se lo devuelve en carrera al uruguayo que dispara un remate brutal que sólo el portero rival evita que se convierta en gol. Minuto 70 y primera JUGADA del Atlético de Madrid. Es el inicio de los mejores minutos de los madrileños que sin ser nada del otro mundo si que al menos consigue algunos remates de los colchoneros con cierto peligro.

El partido eso si es un correcalles sin centro del campo que es lo que le gusta el estratega de Aguirre que por cierto hacía aparentemente su primer cambio ofensivo en el minuto 77 sacando a Miguel de las Cuevas por Pablo (¡un centrocampista ofensivo por un central!). Falsa alarma. Según saltaba al campo el bueno de Miguel le decía a Raúl García que bajase a las tareas de central. Un valiente este Aguirre. Con el correcalle y la expulsión de Ever por doble amarilla en el minuto 90 termina un partido aspero, soso, feo, espeso, mal planteado, mal jugado y pero resuelto por el atlético de Madrid.

La prensa advenediza y la afición abnegada se agarraran al “puntito” que se ha sacado, empezaran a sumar “partidos sin perder” (el eufemismo de moda) y sacaran la pancarta de que estamos en UEFA o de que Aguirre no es el “único” culpable. El único culpable no creo que lo sea pero que es culpable es algo de lo que no tengo la menor duda. Basta ver más partidos del atleti y escuchar menos tonterías para darse cuenta. Para mi esto está muerto (desde hace demasiado tiempo) y sólo espero el día en que algo cambie para poder volver a tener ilusión. Llevo ya demasiados partidos viendo telefilmes que no me interesan.

Elogio a la intrascendencia

El problema de hacer sistemáticamente el ridículo en un campo de fútbol es que a partir de ahí es difícil que te tomen en serio. El problema de ser sistemáticamente cobarde es que es francamente difícil ganar nada. El problema de juntar esas dos cualidades en el primer partido de una eliminatoria de 180 minutos es que generalmente el segundo partido ya no vale para nada. La eliminatoria contra el Barça es un buen ejemplo de lo anterior: el Barça no nos tomó nunca en serio puesto que nos ha ganado la eliminatoria con los reservas aunque eso no ha sido óbice para hacer el ridículo en el Calderón, fuimos cobardes como lo solemos ser siempre y la eliminatoria se perdió en el partido de ida. El partido de hoy no tenía más que el morbo de ver lo grande que sería la herida en el corazón colchonero aunque ese es el papel que más le gusta a Aguirre, el de víctima a la desesperada, y aun perdiendo por segunda vez probablemente la sensación que quede en los medios de comunicación sea la de una cierta dignidad.

Es evidente que puede discutirse que el planteamiento que utilizó el Atlético de Madrid para encarar el partido es el adecuado para meter tres goles en el Camp Nou (yo personalmente creo que no puesto que me parece muy difícil remontar una eliminatoria esperando al rival y dándole el protagonismo) pero lo que es indiscutible es que al menos el planteamiento fue digno. Esa especie de 4-1-3-1 que se dibujaba en el campo no es algo nuevo para el equipo ni mucho menos puesto que es un dibujo al que Aguirre suele tender con facilidad, especialmente contra equipos en teoría grandes, pero una pequeña aunque significativa serie de matices han hecho que lo que en otras ocasiones ha sido un vergonzoso cerrojazo sin pies ni cabeza esta vea fuese un arma táctica más o menos convincente. El poco espacio que se dejaba al Barça, el minado del centro del campo a base de músculo, un Simao adelantado que mantenía a Alves a raya, pero especialmente la presión adelantada impidiendo la salida controlada del Barça desde atrás y robando el balón a distancias humanas de la portería contraria han hecho que el Barça no se sintiese cómodo en la construcción, que tuviesen dificultad para manejar el balón y por ende también para jugar. La razón de porque no se hizo algo parecido en el Calderón (que hubiese tenido más sentido con 0-0 en el marcador) es un gran misterio que desde mi humilde opinión tiene más que ver con el miedo endémico de nuestro entrenador que con otra cosa.

El partido empezó con dominio absoluto del balón por parte del Barça pero sin llegadas claras. Camacho, Banega, Raul García e incluso Simao y Sinama no dejaban jugar con facilidad al Barça que sólo gracias a las tradicionales “cagadas” de Pernía lograba de vez en cuando tirar a portería. Así, casi sin querer, una falta lejana lanzada magistralmente por Simao encontraba la cabeza de Sinama y se colaba en la portería. ¿Mira que si es posible? El equipo se animo, intensifico la presión, metió un plus de ganas y se vino arriba. Lástima que nuestra defensa, juegue quien juegue, no sabe defender y dejaron a Bojan que rematase sólo en el área un pase lejano desde la izquierda para empatar el partido. Pero el Atleti no se vino abajo (misteriosamente) y siguió buscando con criterio y presión el encuentro y casi consiguió poner en dificultades el marcador gracias a la colaboración desinteresada de Cáceres (un tipo que desentona claramente en el Barça), al buen hacer de Simao y algún apunte irrelevante de un Kun desconocido y falto de forma. Vale que el Barça estaba lleno de suplentes, que estaba dormido y que estaba falto de tensión pero al menos el atleti se pareció bastante al Atlético de Madrid en algunas fases de esta primera parte.

Pero Aguirre, genio y figura, tiene que se Aguirre hasta en estos días y decidió quitar a un hasta ese momento más que competente Camacho para poner a un lamentable Luis Garcia que hace muchos meses inició su particular decadencia deportiva. Puedo hasta llegar a entender que quite a Camacho porque tenía una tarjeta amarilla (aunque ¿era muy descabellado arriesgar en eso con un 4-1 parcial en la eliminatoria?) pero lo que no entiendo (ni creo que nadie entienda) es que tenga que ser Luis García el agraciado.

Aunque se mantuvo la buena actitud y la presión la segunda parte fue mucho más mediocre y según pasaban los minutos el atleti se iba desinflando mientras el Barça se limitaba a verlas venir especulado con el partido de forma peligrosa. De forma tan peligrosa que el propio Guardiola no lo vio claro y recurrió a sus chicos de referencia: primero Pujol y luego Messi para agarrar el partido.

En el minuto 68 un balón al hueco para el Kun provoca que este se frene y se eche la mano al gemelo. Un jugador profesional sabe que ese es el momento de retirarse del campo pero el Kun pidió seguir lo cual puede disculparse desde el punto de vista del jugador inconsciente del riesgo. Lo que no tiene disculpa es que desde el banquillo no lo quitasen inmediatamente. En la siguiente jugada el Kun se volvió a doler del mismo sitio (lógico) y tuvo que salir en camilla con síntomas de calambres. Esperemos a ver el alcance de la lesión pero digo yo, ¿Tendrán algo que ver los calambres con la alarmante falta de tono del Kun en los últimos partidos? ¿Después de las vacaciones en navidad y de descansar varios partidos es normal que un jugador profesional se retire con calambres en el minuto 70?

Según se retiraba el Kun salía Messi ante el clamor de su público y a renglón seguido Gudjhonsen ponía el definitivo 2-1 que daba por finiquitado un partido que estaba finiquitado antes de empezar. En las postrimerías del final se le anuló un gol por dudoso fuera de juego a Sinama.

Como vienen siendo habitual desde que está Aguirre en el atleti volvemos a ser eliminado de una competición sin pena ni gloria y lo volvemos a hacer además haciendo el ridículo. El discurso de que al menos hoy dimos la cara es el discurso de los perdedores en el que no me incluyo. No me vale.

Sin sorpresas

“Un corazón que está tan lleno como un vertedero. Un trabajo que lentamente te mata.. contusiones que no se curarán. Pareces tan cansado”

Para hablar del bochornoso partido de esta fría tarde en el Calderón entiendo que habría que remontarse al momento en el que nuestra incomprendida directiva (incomprendida porque no hay Dios que la comprenda) decidió renovar un proyecto deportivo, que ya era un proyecto muerto entonces, hace dos años para volver a hacerlo el pasado verano. El mundo del fútbol profesional parece que se ha transformado en una especie de agresivo gabinete de publicidad donde las historias empiezan y acaban en un cuarto de hora y en ese mismo tiempo aparecen dioses y villanos. En ese caldo de cultivo ganar un partido, sea como sea, hace que se olvide el pasado y el futuro y que todo empiece cada lunes. En ese caldo de cultivo es fácil que se olvide el como y el por que, es fácil que la masa interprete la vida a través de un frío resultado mientras que se tiende a explicar todo en base a reglas mnemotécnicas muy sencillas. De ese caldo de cultivo ha vivido este atlético de madrid mediocre que no hace feliz a nadie, deprime a mucha gente y que como mucho deja indiferente al resto. El Atlético de Madrid lleva demasiado tiempo siendo una mentira dirigida en la sombra por un tipo que no da la cara, “diseñada” por supuestos profesionales que no han entendido nada, ejecutada por un entrenador que reserva toda su inteligencia (y es mucha) exclusivamente para las ruedas de prensa y protagonizada por un puñado de jugadores entre los que se puede encontrar desde genios del balón hasta personajes en franca decadencia que en ningún momento han sido un equipo y que es muy difícil creer que puedan sentir un mínimo de empatía por la camiseta que se supone que sudan. El partido de hoy no ha hecho más que volver a enseñarnos, como ha ocurrido otras tantas veces, la mentira que otros intentan ocultar con sombras chinescas pero al menos hoy parece que hay más gente que se ha dado cuenta.

“Llevaré una vida tranquila, un apretón de manos, algo de monóxido de carbono. Sin alarmas y sin sorpresas...silencio”

Tras los humillantes traspiés en Valencia y contra el Barça el partido de hoy era emotivamente complicado. Todos sabíamos que el ambiente estaría espeso y a la espera hostil de lo que pudiera hacer el equipo. Era uno de esos partidos que se necesita personalidad y oficio para estar en el campo y supongo que por eso el genial mexicano decidió poner a Dominguez y Camacho en el campo dándoles el marrón de su vida a un par de canteranos maltratados, cosa que además ya hizo el año pasado con Camacho frente al Barça en el peor momento de la liga y en otro alarde de valentía mejicana. Una canallada de alguien muy pero que muy perdido. Por lo demás el partido de hoy ha sido un calco de tantos y tantos otros que llevamos sufriendo en el Calderón con el redicho mexicano bebiendo agua en el banquillo. El equipo salió viendo a ver que pasaba por allí mientras el equipo contrario, el Athletic de Caparrós, había estudiado el partido y sabía lo que tenía que hacer. Aun así la cosa no pintaba todavía demasiado mal en los primeros minutos. El Bilbao plantaba la malla de araña típica de los equipos de Caparrón, presionaba la salida de balón de los colchoneros (cosa que desde hace tres años hacen todos los equipos que juegan contra nosotros porque saben que siempre lo hacemos igual de mal) mientras nosotros nos limitábamos al característico pelotazo. Lo de siempre. Así llegaba algún córner, algún remate alocado de Maniche y demás pedrea futbolística. En una de esas jugadas que ni fu ni fa, Antonio López enganchó un derechazo desde su banda que dio en un defensa bilbaino con la suerte de que el balón se metía en la portería. 1-0, la grada más contenta y el ambiente más relajado parecía que podría servir para mejorar el tema pero el atleti de Aguirre es coherente con su estupidez. Como todas las veces que va por delante del marcador se dedicó a colocar sus jugadores en la frontal del área, a perder tiempo, a especular con el juego, a olvidarse del balón, a dejarse dominar y a verlas venir. Como tantas y tantas veces el equipo contrario se vino arriba, empezó a aparecer por la inmediaciones del área y como suele ocurrir en estos casos metió un gol poco antes del descanso metiéndose de lleno en el partido. El gol podría haber llegado de cualquier manera pero lo hizo con un disparo desde la provincia de Toledo que Leo Franco no vio.

“Este es mi último ataque, mi último dolor de barriga, sin alarmas y sin sorpresas...”

En el descanso Aguirre quitó Seitaridis y metió a Pernía que es como salir de Guatemala para ir a Guatepeor. El problema es que Antonio López, hasta entonces haciendo un partido digno, pasaba a la banda derecha. Llevamos tres años sin lateral derecho pero por la plantilla han pasado ocho centrales y seiscientos mediocentros defensivos. Recuerden que hay gente que vive de diseñar nuestra plantilla. Aunque da igual porque la segunda parte fue una alegoría de lo que es el discurso institucional de este equipo: una broma. Los bilbainos se creyeron que podían ganar el partido (lógico) y sin perder la compostura defensiva adelantaron mínimamente las líneas, lo suficiente como para que el atleti se perdiese en su espesura tradicional con el balón. Sin saber que hacer con el, con el equipo descolocado, parado, ansioso y sin ritmo, Ufjalusi, la persona designada por nuestro entrenador para crear el juego atlético, tuvo el error nuestro de cada día regalando un balón a Llorente para que este lo colocara dentro de nuestra portería. El error es garrafal pero es lamentable que el juego de un equipo de primera división que dice aspirar a algo tenga que salir SIEMPRE de los centrales, estando los centrocampistas SIEMPRE a 30 metros de distancia. A partir de ahí el caos más absoluto. Lo de siempre pero amplificado por los nervios, los pitos y la impotencia. Aparecieron las patadas , las tarjetas que se mezclaban con los patadones y los errores. También apareció la mano de Aguirre cuando en otro alarde de talento decide quitar a Dominguez (central) para situar al Banega (centrocampista) lo cual se podría entender como un cambio valiente si no fuese porque puso a Camacho (centrocampista) a jugar de central. Muchachada Nui, vamos. El Athletic de Bilbao parecía el Barça y el Atlético de Madrid el equipo en el que yo juego los domingos y así entre un ambiente raro, nada de fútbol y los gritos de “Aguirre vete ya” llegó el tercero de los vascos (aunque antes ya había llegado otro que el árbitro anuló por dudoso fuera de juego). Antonio López no cierra su banda, ningún central sale a hacer la ayuda y el balón llega franco al área para que Llorente la empuje de nuevo a la red.

De ahí al final más juego sucio, una incomprensible patada de karate de Maniche que lo expulsó del campo, los jugadores atléticos haciendo la guerra cada uno por su cuenta, algún pito desde la grada mientras el Frente Atlético cantaban jubilosos como si en el césped fuese todo miel y ambrosía, la disciplina táctica del Bilbao que desbarataba cualquier atisbo de reacción, frío, espesura, gente que se marchaba indignada del campo y mucha vergüenza entre los que quedábamos. Forlán redujo distancias en una desesperada jugada de Agüero pero el partido estaba muerto. Segundos antes de que al árbitro pitase el final la grada, por fin, empezó a cantar esta vez si un unánime “Aguirre vete ya” pero en cuanto sonó el silbato del colegiado el himno del atleti apareció más atronador que nunca para apagarlo todo.

Otro capítulo lamentable de un lamentable culebrón que ya dura demasiado. ¿Ustedes creen que servirá para que cambie algo?... ingenuos. Ansioso estoy por escuchar las excusas de nuestros dirigentes.

"No surprises" (Greenwood/Greenwood/O’Brien)
Radiohead - OK Computer (Capitol/1997)

Profesionalidad

Hace tres años, al finalizar la temporada 2005-2006, la “genial” directiva rojiblanca, esa dirigida por un antipático veterinario que se hizo cargo del atleti por enchufe el día en que Jesús Gil decidió que le quitaba mucho tiempo esto del fútbol profesional, decidió hacer cambios en todos los sectores del club para, según sus propias palabras, dotar a la institución de una mayor “profesionalidad”, remarcando lo de “profesionalidad” en contraposición del orgullo, la empatía, la pasión o el corazón, conceptos aparentemente incompatibles con la idea de club que tiene el ilustre veterinario. Al parecer, el problema de la patética trayectoria del equipo desde la vuelta a primera división (y los últimos años antes de llegar al “infierno” en los que “calamidad” era el jefe) no era la vergonzosa gestión deportiva, más digna de un local de lenocinio que de un club histórico, sino que radicaba en los trabajadores de pasado colchonero que pululaban por los pasillos del club. De esa manera tan sutil la cantera y las categorías inferiores quedaron presuntamente al cargo de un señor llamado Amorrortu (hay personas que afirman que el tal Amorrortu existe), la secretaría técnica en manos del tipo que echó a Benitez del Valencia y la dirección deportiva quedaba en manos de un simpático monologuista de acento exótico.

Tres años después los tres personajes que tenían que traer la “profesionalidad” a una institución centenaria siguen desempeñando sus cargos pero la profesionalidad parece haber mutado en lo que a su definición se refiere hacía algo parecido a la mediocridad. Los tres personajes siguen cobrando por llevar una camiseta que les viene grande, que desconocen, que les da alergia y que no les gusta. Una camiseta que intentan cambiar por todos los medios para que se ajuste a ellos y no al contrario. Una camiseta que les duele y les molesta pero que les engorda el curriculum además de darles de comer.

Las categorías inferiores siguen entrenando en canchas alquiladas, han adoptado sin esfuerzo la mediocridad reinante en el resto de departamentos del club y pasan desapercibido por los campos españoles hasta el día en que nos demos cuenta de que estamos luchando la promoción por descender de categoría en cualquiera de sus divisiones. El incomprensible tapón artificial que existe en el primer equipo, gracias al ideólogo mexicano, tampoco es que ayude mucho a ilusionar al personal. La secretaría técnica ya no existe y en su lugar tenemos una especie de suculento engendro inspirado en “El Bombero Torero” donde entre constantes desprecios y desplantes a la afición de la que vive, el señor de los trajes caros y las palabras necias cuela cada verano misteriosos fichajes “sorpresa” que nadie excepto su talento mercenario y las comisiones entienden. En la dirección técnica, encajando perfectamente con el otro par de “profesionales” y aferrado a su rupestre concepto abortista del fútbol, sigue ejecutando su particular decálogo de estulticia el mismo tipo que califica los 0-6 en el Calderón como de “sólo tres puntos perdidos”.

Siempre he pensado que era más fácil que MA Gil, Cerezo, Aguirre, Pitarch y Amorrortu entendieran al atlético de Madrid (igual que lo hemos hecho todos) e intentaran adaptarse a su concepto en lugar de que ocurriese justo todo lo contrario pero es evidente que estaba equivocado. Esta cuadrilla de señores grises están transformando un muy particular club centenario a su vulgar imagen y semejanza pero basta ver una foto de los protagonistas o escucharles hablar para ver de qué imagen estamos hablando.

Desde luego algo falla entre los colchoneros y no hace falta ser muy hábil para ver que entre nosotros hablamos de cosas distintas hablando de lo mismo. Yo hablo de un club cuyo proyecto deportivo está en ruinas y en claro declive mientras otros hablan de un club asentado que cumple los “objetivos” y en claro ascenso. A tenor de los medios de comunicación y la respuesta de la afición en los foros o en el estadio cada día tengo más claro que soy yo el que se equivoca pero me resisto a admitirlo por una sencilla razón, si fuese así tendría que reconocer que llevo muchos años animando al equipo equivocado.

¿Y qué esperabas?

Hace unos años un tipo iluminado ofreció a Keith Richards, mítico guitarrista de los Rolling Stones, politoxicómano en muchas fases de su vida y un tipo bastante peculiar en muchos aspectos, hacer un pequeño papel en la película Piratas del Caribe. El tipo se presentó al plató tardé, completamente borracho y sin haberse estudiado el guión. El director del evento, indignado, le preguntó a Keith que como tenía la poca vergüenza de presentarse en esas condiciones a lo que el bueno del señor Richards le contestó: “soy Keith Richards, ¿qué esperabas?”. Algo así es lo que cualquier aficionado al atlético de madrid, que como yo lleva sufriendo la mentira en la que se ha convertido este equipo en los últimos años, podría contestar a cualquier aficionado al fútbol que hoy presenciase en el peor escaparate posible la lamentable imagen que ha dado y que da el equipo que juega con el nombre y la camiseta del Atlético de Madrid. "Mi entrenador es Javier Aguirre, ¿Qué esperabas?".

Los partidos de nuestro equipo contra los equipos grandes suelen ser tópicos y repetitivos. Los colchoneros al menos sabemos dos cosas que van a ocurrir con seguridad: la primera es que “jugaremos” con miedo e inexorablemente con la misión de esperar lo que quiera hacernos el contrario. La segunda es que perderemos. La única duda al respecto a este tipo de partidos es el grado de humillación que adquiriremos por el camino que además en el caso de tratarse del Barça suele ser alto. El partido comenzó con un par de pelotazos de los rojiblancos a las inmediaciones de Simao y Forlán que ponían sobre el tapete todo el arsenal táctico de nuestro ejemplar entrenador. El equipo parecía algo más animado que en Valencia (donde ni siquiera apareció) y la poblada grada colchonera se las prometió felices durante escasos segundos. Un espejismo. El Barcelona no sólo es un equipo de fútbol, algo difícil de ver en el Calderón, sino que es un magnífico equipo de fútbol. Ocupa el campo a la perfección, es solidario entre sus jugadores, tiene equilibrio entre líneas, conocen a su rival y anulan técnica y físicamente sus armas y sobre todo se hace sistemáticamente dueño del balón, del ritmo del partido y del campo. Todo eso además con un puñado de jugadores de primer orden mundial. Si con el Racing de Santander pasamos la mayor parte del partido en nuestro campo, contra el FC Barcelona lo hicimos en nuestro propio área.

Con ese patético escenario el Barça se limitó a quitarnos el balón siempre que sacábamos nosotros y a tocarlo cerca de nuestro área buscando la mejor ocasión. La opción táctica del atleti se limitaba a despejar lo más lejos posible esa cosa a la que tanta alergia le tienen el equipo de Aguirre, el balón. El Barça ponía a sus buenos jugadores cerca de nuestra portería mientras Aguirre situaba a Asunçao de tercer central, a Maniche de cuarto, a Forlán de medio centro y a Simao de lateral derecho para tapar las subidas de Alves. En esas llegó la enésima jugada del Barça por la derecha, un balón llega a Dani Alves sólo en la frontal del área (claro) que se permite el lujo de hacer una pared de tacón para que ese excelente jugador llamado Messi ponga el primer gol en el marcador. La reacción del atleti la misma de Valencia, más patadón y menos balón.

El atleti siguió perdido muchos minutos mientras veía enfrente a un equipo que le superaba en todos los aspectos el fútbol: ataque, defensa, izquierda, derecha, arriba y abajo. El atleti es un equipo que no es un equipo y que juega a defender sin saber defender. El Barça es un equipo que lo hace todo bien. La diferencia de plantillas es significativa pero la diferencia entre la preparación técnica de uno y otro es infinita. Tanto que realmente duele. El partido seguía por los mismos derroteros en los que la grada hacía apuestas sobre que jugador del Barça metería el segundo pero Aguirre sacó a relucir otro de sus ejemplares recursos tácticos que tanta fama le han dado: las patadas. Como por arte de magia (o por pura desesperación) el equipo se puso a dar patadas a diestro y siniestro lo que provocó primero que el partido se afeara y luego que el árbitro tuviese un inusitado e injusto protagonismo. Sin entrar a valorar lo acertado o no de alguna falta o algún fuera de juego pitado el hecho de que al descanso la pitada de la grada fuese para el árbitro era tan injusto como el propio resultado.

Pero daba igual. La segunda parte siguió siendo igual que la primera (ni un sólo cambio por parte de Aguirre contento supongo con lo que había visto) así que en otra jugada de tiralineas del Barça el balón llega desde la derecha a Bojan en el área pequeña que no alcanza a marcar el segundo porque Heitinga, el holandés errante, decide derribarlo como suele hacerlo él: con torpeza. Penalty y expulsión. Segundo gol de Messi. Con el olor a goleada en el ambiente, los jugadores atléticos arrastrándose por el césped y los del Barça jugando al tran-tran se empezaron a escuchar unos tímidos gritos contra Aguirre desde la grada. Definitivamente la grada atlética está dormida. No sé si es causa de la desesperación, la falta de ilusión o era el frío reinante pero que viviendo la humillación (otra) que estábamos viviendo no puedo entender como la otrora encendida masa colchonera podía permanecer en respetuoso silencio que además mantuvo hasta el final.

El valiente de Aguirre decidió entonces hacer el alarde táctico de cambiar a Ufjalusi por Perea (¡guau!) y de poner a Ever Banega en el centro del campo, un tipo que tiene la mala costumbre de pedir el balón e intentar darlo con garantías, costumbre que supongo le tiene perdido en el ostracismo del banquillo. Con él en el campo en diez minutos el atleti tuvo la pelota más tiempo que el resto del partido (bien es verdad que el Barça estaba pensando en otra cosa ya) y hasta consiguió un córner en un arranque de furia. Fallo de marcaje en la defensa barcelonesa y Ufjalusi ponía un injusto 1-2 en el marcador. Pero amigos, en el campo estaba Messi así que antes de tener que sufrir un final de partido con nervios decidió dar una lección de lo que es jugar al fútbol con el balón en los pies. Se fue poco a poco calentando hasta protagonizar una precioso eslalón dedicado a Pernía, que lo vivió tumbado en el césped, y que sólo la mala suerte y el larguero impidieron que fuese gol. Lejos de venirse abajo repitió algo parecido en la jugada siguiente pero esta vez terminó en el tercero de los catalanes. Minutos después abandonaba el terreno de juego arropado por el justo aplauso de miles de colchoneros.

Y poco más. El partido terminó con la sensación de que el Barça no quería hacer sangre, de que la eliminatoria está resuelta y de que el equipo que hoy por hoy juega con el nombre y los colores del Atlético de Madrid no tiene pinta de que pueda ser protagonista de nada más que no sea una soporífera película de terror. Para ese nuevo colchonero optimista que siempre ve lo positivo incluso cuando no lo hay supongo que no habrá desazón posible y ya tendrá preparada la excusa que todo lo explique. Por ejemplo que Aguirre ha cumplido ya el objetivo: hacer un “buen” papel en la copa del rey. Al fin y al cabo ¿Quién puede definir lo que es hacer un buen papel?

El año nuevo

“Así que esto es el año nuevo pero yo no siento ninguna diferencia”

Durante los últimos día del año, tras la engañosa victoria frente al Español y aupado por la etílica alegría de alguno de esos señores que dicen ser periodista y dicen ser de nuestro equipo, se había instalado en el subconsciente colectivo colchonero una especie de optimismo enardecido del que personalmente no fui partícipe en ningún momento. Desde hace muchos meses he llegado a la conclusión de que el actual proyecto deportivo está enfermo y de que es incapaz de crecer. Podrán venir resultados esporádicos, pequeñas victorias sonadas, pequeñas rachas de luz y probablemente la consecución de algún que otro estúpido objetivo que vale para poco pero la realidad es la que es. El Atlético de Madrid es un equipo mal entrenado, sin personalidad, sin esquema deportivo, cobarde y que cada vez que tiene que elegir entre dar un paso al frente o recular elige recular. Un equipo que cada que vez que juega contra un equipo que pretende también estar en lo alto de la tabla pierde y además pierde haciendo el ridículo. Barcelona, R. Madrid, Sevilla y ahora Valencia. El Villarreal empató pero el ridículo fue equiparable.

Al igual que cada vez que jugamos contra un equipo grande, de esos que juega la que se supone que es nuestra liga, el Atleti de Aguirre ha vuelto a mostrar la verdadera dimensión de lo que es este equipo: un colectivo de personalidades apagadas, apáticas, conservadoras, sin empatía, con recursos individuales pero sin recursos de equipo que generalmente juega (o lo que quiera que haga) a merced del contrario pero especialmente lo hace contra este tipo de equipos. Durante los primeros cinco minutos de partido ya se han podido ver como un motivado equipo valenciano quería el balón el partido y un apático equipo madrileño no quería nada. Supongo que estar en la tercera posición de la liga y poderte acostar estando en segunda posición como principal amenaza del líder de la liga no es una motivación suficiente ni para Aguirre ni para sus jugadores.

“Así que esto es el año nuevo pero yo no veo ninguna resolución. Es una penitencia auto impuesta para soportar problemas que tienen fácil solución”

Es aburridísimo hablar del juego del atleti (casi tanto como verlo) pero ahí va una vez más: el Valencia se hizo dueño del balón, del ritmo y del campo mientras el Atlético de Madrid se parapetaba en su área desplegando su tradicional 8-2 (ocho defensas y dos buscavidas) como forma de afrontar un partido de liga frente a un rival directo. El Valencia se agarró a la fe y las ganas mientras el atleti se agarraba a la especulación. El Valencia, sin un juego deslumbrante, decidió apelar por repartir el balón con criterio hacia delante mientras el Atlético de Madrid apostaba (como casi siempre) por la ruleta rusa del patadón. De esta triste manera se sucedieron un gol anulado injustamente al Valencia cuando Heitinga decidió caerse en la frontal del área sin que nadie le tocase, otro gol anulado justamente al Valencia por fuera de juego milimétrico, un penalty no pitado al equipo che de forma injusta (aunque es de esos penalties que tampoco nos pitan a nosotros) y un penalty injusto (piscinazo) sancionado a favor de los levantinos y que supuso el primer gol en el marcador. ¿Y el Atléti?... bien, gracias.

La incapacidad de reacción del Atlético de Madrid de Aguirre es ya mítica a estas alturas y lo de hoy no ha hecho más que corroborarlo. Es más, en el día de hoy no ha existido ni siquiera un ligero atisbo de reacción. El Valencia seguía siendo el dueño de los puntos claves de esto del fútbol y el atleti seguía siendo el fiel reflejo de su banquillo: nada. Una jugada de Joaquín por la derecha que acaba en remate lamiendo el poste y el enésimo robo en la medular de los blancos que acaba en los pies de Silva para que suba el segundo gol al marcador. ¿Y el Atléti?... bien, gracias.

Pero este atleti tiene suerte y en una prodigiosa jugada de Simao por la izquierda (en una de las pocas veces que por casualidad le había llegado el balón al luso) Baraja decidió arrollar al Kun dentro del área sin razón aparente lo que sirvió para que Forlán transformara el penalty y que el marcador reflejase al descanso el esperanzador e injusto resultado de 2-1

“Así que todo el mundo se pone su mejor traje o vestido. Hagamos creer que estamos sanos por esta vez (...) como 30 discursos distintos confluyendo en uno mismo”.

Y el caso es que el Atleti salió en la segunda parte pareciendo un verdadero equipo de fútbol y no sólo eso sino un equipo que quiere ganar el partido lo que desgraciadamente no se trata de algo evidente desde que tenemos el tipo que tenemos en el banquillo, aunque desgraciadamente el espejismo duró poco. Una genial jugada personal de Silva acabó en un zurdazo brutal desde fuera del área imposible de atajar para Leo Franco que ponía un contundente e insalvable (especialmente a base de pelotazos) 3-1 en el marcador. Cosas como un gol de Silva son imposibles de prever o de parar en esto del fútbol y por tanto hay que contar con ellas. Con lo que no se puede contar es con un equipo que tira al retrete la primera parte de un partido en el que se juega como mínimo decidir en que tramo de la clasificación pretende jugar. En el mismo momento que el balón entraba en las mallas los atléticos sabíamos que el partido estaba perdido pero que se había perdido en la primera parte y que se había perdido por cobardía, que es la peor manera en la que se puede perder. A partir de ese momento hasta el final del partido lo que vimos fue una soporífera sucesión de faltas sin sentido, malos modos y la incapacidad técnica y anímica de un equipo como el colchonero que plagado de estrellas es incapaz de jugar como equipo. Eso si, seguro que Aguirre sigue cumpliendo sus benditos objetivos. Siempre hay una forma de disfrazar de positivas las cosas que son negativas especialmente para la gente que quiere creer.

Es fácil hacer leña del árbol caído desde luego pero en contra de lo que algún estúpido piensa ese no es mi caso. Mi discurso respecto a la dirección técnica del Atlético de Madrid ha sido el mismo durante los últimos dos años, ganando y perdiendo y aquí está este mismo blog para corroborarlo. No ha cambiado un ápice en mi forma de explicar lo que veo en el mismo grado en el que que no ha cambiado un ápice el discurso de nuestro penoso entrenador. Como dicen con cierta sorna los anglosajones: “different year, same shit”, es decir distinto año, la misma mierda.

"The new year" (Gibrard/Harmer/McGerr/Walla)
Death Cab For Cutie -Transatlanticism (Houston Party/2003)