Chega de Saudade

El pasado martes, creo que al igual que otros muchos corazones colchoneros, el mío toco fondo. La caída puede que fuese similar a la de otras veces pero esta vez veníamos desde las alturas de la Champions para regocijo de toda Europa que pudo comprobar la quijotesca caricatura en la que se ha convertido ese club del que hace años escuchaban hablar y del que ahora se ríen. Puede que fuese algo más patente por el cambio tan brusco de humor que supone el estar maltratando las cuerdas vocales para gritar Atleti, atleti con una sobredosis de adrenalina corriendo por el cuerpo, sobredosis que se había gestado en los minutos previos a la entrada al estadio, para luego sufrir con cara de estúpido los olés de la afición portuguesa, el bochornoso espectáculo que ofreció esa plantilla carnavalesca que salió disfrazada de jugadores del Atlético de Madrid y el suplicio de ver como se desangraba un ser querido.

Esa noche me costó mucho dormir. De vuelta al estadio escuchaba al esperpéntico pseudo-presidente de este club decir que había sido un partido “duro”, que las “espadas estaban en todo lo alto”, que “podíamos haber ganado pero que habíamos empatado”, “que no había escuchado protestas porque estaba atento al juego” y demás estupideces todas ellas a la altura del personajes en cuestión. Cuando llegué a casa no tenía ganas de ver los resúmenes de una competición a la que ahora me da vergüenza mirar, ni quería leer el enfado de mis “hermanos” ni quería escuchar a los gurús de la noche despellejando a mi equipo. Lo que quería era irme a dormir para despertar de la pesadilla cuanto antes pero no tenía sueño y además mi compromiso de honor con esta web me obligaba a tener que pasar por la dolorosa catarsis de recordar en mi cerebro el partido para transformarlo en palabras. Me puse a ello pero el silencio de la noche era tan atronador que me estallaba en los oídos así que me levante hacia mi poblada colección de discos y por esas cosas que tiene el destino me tope con el disco y la canción perfecta para ese momento: “Chega de Saudade” una de mis canciones favoritas irónicamente cantada en portugués.

La Saudade es un concepto portugués (y brasileño y gallego) que tiene una difícil traducción o explicación en otras lenguas. Se suele traducir como nostalgia pero no se hace justicia al término con esa tradución. La mejor definición la encontré hace tiempo en internet y dice algo así como que es un proceso de sanación natural, similar a lo que los psicólogos llaman "duelo". Un proceso que se inicia con el lloriqueo por la pérdida de algo o alguien hasta sanar a través de un ejercicio interno que acaba por mandar todo al carajo, con el coraje de seguir adelante. De eso va la letra que en 1959 Vinicus de Morais puso a la preciosa composición de Antonio Carlos Jobim para que Joao Gilberto la cantase tocando su peculiar batida de guitarra y transformándose en lo que muchos (entre los que me incluyo) consideran el pistoletazo de salida de lo que se conocería como Bossanova, “Chega de Saudade”,” basta de nostalgia”.

Y así, mientras dejaba plasmada mi pesadumbre y mi ira en una hoja digital y mientras escuchaba los susurros de Joao Gilberto haciéndome recordar el Atleti que yo conocí y que ya no es, mientras me purgaba de los sentimientos del pasado y pasaba el síndrome de abstinencia que me provocan los nuevos me di cuenta de varias cosas:

Una, que el Atlético de Madrid no existe como realidad. Lo que hay es una mentira disfrazada de rojiblanco que no vale ni para tenerse en pie. Un Don Tancredo de cartón piedra que no vale nada por si mismo. Un club en ruina económica, deportiva y espiritual que se tambalea al menor soplido. Lo único que queda del Atlético de Madrid está en los cerebros de seres mortales que lo retienen como un tesoro único formando una masa amorfa, intangible, inconexa y heterogénea que es de muy difícil definición. El Atlético vive en una especie de Matrix donde todo es mentira desde los números a las declaraciones, desde el nombre de los jugadores hasta los periodistas que supuestamente informan del estado del equipo. Basta ya de píldoras azules, tomemos la roja de una vez por todas y empecemos a comer engrudo.

Dos, que el Atlético de Madrid probablemente sólo sea un equipo grande para los que somos del Atlético de Madrid. Para el resto del mundo del fútbol somos en el mejor de los casos un equipo imprevisible y en el peor una chirigota gaditana. Los periodistas tienen facilísimo incluir espacios de humor rupestre a costa de nuestro club y ni el Calderón, ni los colores, ni el escudo, ni la historia impone ya el más mínimo de los respetos a nadie. Tan triste como cierto.

Tres, la solución pasa por empezar de cero y armarse de paciencia. El día que el inefable “Calamidad” se marche con su cohorte de bufones (porque llegará un día en el que se marche y a ser posible arrastrado de las orejas) lo que encontraremos será un solar seco, áspero y duro. Un terreno baldío que habrá que abonar, una casa que habrá que construir, una reputación que ganar y en definitiva un club que construir casi por completo. Sin duda una misión de valientes.

Nada de lo que hay hoy vale. Nada de nada.

Así que basta ya de nostalgia. Empecemos a trabajar o abandonemos la obra.



“Ahí va mi tristeza y dile que sin ella no puede ser

Dile en una oración que regrese porque ya no puedo sufrir más

Basta de nostalgia

La realidad es que sin ella no hay paz, no hay belleza,

es sólo tristeza y la melancolía que no sale de mí, no sale de mí, no sale

pero si vuelve,…

si vuelve qué cosa linda, que cosa loca…”



Chega de Saudade
(Antonio Carlos Jobim / Vinicius de Moraes)

Ni está ni se le espera

Admitámoslo, esto no es el Atlético de Madrid. Lo que desde hace una década se pasea por el césped del Vicente Calderón es un sucedáneo, una falsificación china mal elaborada, una carísima pieza de marroquinería cutre que se cuartea en cuanto le da la luz y que se rompe al menor meneo. Es una gran mentira pintada de colores que se evaporan cuando tienen que lucir o una eterna excusa maloliente y torpemente elaborada que como una nube negra todo lo cubre. Es lo que quieran que sea menos el Atlético de Madrid. El Atleti ha sido ultrajado, violado y raptado con nocturnidad y alevosía con la cruel intención de despedazarlo en pequeños trozos y repartirlo por lejanos confines para hacerlo desaparecer. El Atlético de Madrid hoy sólo existe en el subconsciente colectivo de un puñado menguante de románticos que se aferran a una idea que les ha dado y les da mucha alegría pero una idea que en noches como la de hoy parece ser más leyenda que realidad, más pasado que futuro, más mentira que verdad.

Recordaba esta mañana con un amigo cibernético eliminatorias europeas pasadas y se me ponía el pelo de punta y así, con el pelo de punta desde la mañana, he llegado al estadio Vicente Calderón, que sin estar lleno presentaba un aspecto espectacular. Los portugueses llenaban una gran parte del fondo norte con los colores blancos y azules de su camiseta y los minutos anteriores al inicio del partido se convertían en una preciosa lucha de cantos que acabó por ganar la grada colchonera con un emotivo atleti, atleti, que hacía tiempo no se escuchaba a la rivera del Manzanares. Si un jugador de fútbol no es capaz de emocionarse y subir un punto las revoluciones de su motor interno viviendo eso sobre un terreno de juego no es que no merezca vestir la elástica rojiblanca, es que no merece ser llamado futbolista. Creanme cuando digo que había hoy más de uno en el campo al que el ruido ensordecedor ya desde ese momento le molestaba.

Pero el partido comenzó eufórico como no podía ser de otra forma. Algo alocado y sin control pero bonito para la grada que veía como la pelota llegaba a una y otra portería sin pasar por el centro. Casi sin tiempo de sentarse (me consta que muchos socios estaban todavía entrando al estadio) una bonita jugada del atleti, trenzada en torno al balón para variar, acaba en los pies del Kun que habilita un pase a la derecha que llega a Maxi para que desvirgue el marcador. Minuto 3, 1-0 en el marcador y una noche apasionante por delante. ¿Alguien podía pedir más en ese momento? Desde luego que no, pero es que nadie podía pensar entonces el esperpento que se nos venía encima. A partir de ahí la pesadilla recurrente. El baño táctico que nos dio el Oporto durante la primera mitad solo es comparable en magnitud con la falta de conceptos defensivos de este equipo. Unidos los dos fenómenos a la vez el resultado fue la desastrosa calamidad que sufrimos desde entonces hasta el descanso. La famosa defensa adelantada de Abel no se correspondía con ningún tipo de presión ordenada a la salida de balón del Oporto lo que provocaba un constante martirio para los colchoneros simplemente con un Oporto moviendo el balón con velocidad y mandándolo a la espalda de nuestra defensa. Si a eso le sumamos la falta de colocación de Pablo, la falta de velocidad de Ufjalusi, la falta tensión de Antonio López y la falta de cerebro de Seitaridis la película toma ya tintes siniestros.

Todo era peligro para los colchoneros. Una falta desde el centro del campo es rematada tranquilamente desde el lateral del área por un jugador portugués que estaba allí sólo y que pone el balón en el área pequeña para que de nuevo otro jugador del Oporto, también sólo, marque un gol que el árbitro anula probablemente por un injusto fuera de juego. A partir de ahí la sucesión de robos de balón en el centro, desajustes de los madrileños, fallos escandalosos de la defensa y paradas in extremis de Leo Franco es interminable. En esa macedonia de errores tácticos y técnicos llega el justo empate del Oporto. un balón golpeado desde el centro nuevamente a la espalda de la defensa, un balón sin embargo que parece franco para Pablo que salta de cabeza marcando perfectamente los tres tiempos... pero sin llegar a dar al balón con lo que este cae a los pies de Lisandro que en un nuevo mano a mano con Leo no desaprovecha la ocasión. Los portugueses saltaban en la grada mientras los jugadores vestidos con la camiseta del atleti miraban a otra parte con cara de pocker. Los jugadores de elite se distinguen del resto de jugadores no por sus cualidades técnicas (que también) sino por la fuerza psicológica que les hace diferentes a los demás y les hacen ser considerados estrellas. Los jugadores del Atlético de Madrid algunos son buenos y otros malos pero es difícil encontrar jugadores de este tipo. Son simplemente buenos jugadores sobrevalorados, con sueldos que no tendrían en otro equipo y que son incapaces de asumir la presión, de echarse el equipo a la espalda en los momentos difíciles, incapaces de entender lo que la gente que les están viendo está sintiendo e incapaces de transmitir nada a sus compañeros. La fragilidad de esta plantilla se vio una vez más cuando a partir de ese momento todos se escondieron entrando en una vorágine vertiginosa hacia el fracaso y volviendo a hacer el ridículo una vez más delante de esos espectadores a los que tanto miedo tienen. Sólo el desacierto de los delanteros portugueses y un acertadísimo Leo Franco nos libraron de otra noche de humillación. Eso y San Neptuno que encima nos regaló un segundo gol cuando en las postrimerías del partido hizo que un tiro inocente de Forlán desde su casa se resbalase de las manos de Helton, portero del Oporto, un amigo.

Con el injusto 2-1 brillando en el marcador la segunda parte comenzó igual que la primera. Ni Abel vio que el centro del campo era un inexistente coladero, que los extremos no entraban a jugar, que el equipo estaba partido, ni la defensa se centró, ni nadie del atleti tomó el mando espiritual. El partido bajo el ritmo pero las ocasiones del Oporto seguían llegando y la sensación era de que el empate estaba más cerca que otra cosa. En esas aparece Abel para hacer un controvertido cambio que consistía quitar al Kun (siempre el Kun) para poner a Sinama. Hubiese entendido un cambio para reforzar un centro del campo que hacía aguas pero esto... supongo que son cosas de entrenadores. Eso si, cosas de entrenadores malos y cosas que no valen para nada porque el equipo lejos de mejorar lo que hizo fue tomar conciencia de que sin el Kun las posibilidades de que una jugada aislada de suerte que nos salvase (la única táctica reconocible del Atleti en los últimos años) se desvanecían. Y más que lo hicieron cuando Antonio López hace una jaimitada, sus compañeros de línea se solidarizan, sishoko mete un balón al área y Lisandro López lo remata a la red. Merecido empate de los portugueses que terminó por potenciar las aptitudes escapistas de nuestra plantilla, la indolencia de los desgraciados protagonistas de nuestro equipo y la cólera de una afición saturada de quina. Mención especial merece el fantasmagórico show de ese impresentable de pasaporte griego conocido como Seitaridis. Un jugador que no debería volver a vestir esa camiseta que le permite mantener el nivel de vida que injustamente ha conseguido. Si patético era ver la soberbia del griego cagándola una y otra vez no menos patético era ver al resto de compañeros paseándose por el césped como si se tratase de una romería. Era difícil ver a ningún jugador enfadado, dolido, rabioso o encolerizado y era difícil porque no había ninguno. El que no se escondía se quitaba de en medio. El que no se quitaba de en medio la cagaba sin escrúpulos. Ni un rechace, ni una anticipación, ni una protesta,... nada. Ni los cambios tardíos de Maniche (otro que está para otros menesteres pero no para este) o Miguel de las Cuevas (inédito) sirvieron más que para se llegase al final del partido.

Lo único positivo de una noche aciaga paradójicamente es el resultado que deja vivo al equipo, por llamarlo de alguna manera, para el partido de vuelta pero un equipo con este espíritu, incapaz de mirar a los ojos a nadie e incapaz de soportar el peso de la camiseta que visten es mejor que deje cuanto antes de hacer el ridículo. Calientes todavía las conmemoraciones del 23-F le viene como anillo al dedo la frase que se escuchó en la zarzuela aquella noche adaptada al momento. ¿El Atlético de Madrid?...ni está ni se le espera.

Antimateria

Existe una teoría física que promulga el que todos los elementos de la naturaleza se reducen a micro partículas infinitesimales indivisibles pero de distinto signo. Demostrado y aceptado por toda la comunidad científica está la existencia de protones (positivos) y electrones (negativos) pero hay gente que intenta entender la materia por una partícula que la modelice a la que se denominaría gravitón pero de la misma forma tendría que existir una partícula de signo negativo o antimateria que le diese sentido. La teoría tiene criterio y viendo el partido de esta noche cada vez me hago más firme en la creencia de que para todo existe algo de signo contrario que lo anula. El protón el electrón y al fútbol el anti-fútbol.

Siempre he detestado a esa gente que se refiere al fútbol como 22 tíos corriendo en calzoncillos detrás en una pelota. Me parece algo tan absurdo como decir que escuchar la 9ª sinfonía de Bethoven es escuchar a un puñado de tíos soplando por un tubo y otras tanto raspando cuerdas con un palo. Me parece gratuito y desacertado hablar así de un deporte tan apasionante, complicado y divertido. Desgraciadamente, y siempre desde mi modesta opinión, el partido de esta noche en Sevilla no es un buen ejemplo para desmentir a los que ridiculizan el fútbol de esa forma. Lamentablemente cada vez el fútbol se parece más a lo de esta noche y menos a lo que a mi me hizo un día hacerme aficionado pero eso no creo que signifique que vamos por el buen camino. Podría ponerme a intentar analizar el partido desde un punto de vista futbolístico pero es imposible porque no hubo fútbol. Podría también intentar analizar el motivo de la primera derrota de Abel y las consecuencias pero ni me apetece ni creo que sirva para nada porque el partido de hoy es de esos que aparte de dejarme sin fuerzas considero que no debería haber ganado nadie.

El partido empezó exactamente igual que acabó, con dos equipos que se tenían muy estudiados, tapando su espalda, tremendamente concentrados en destruir la creación del rival, presionando, eludiendo tener el control del partido y asumiendo los mínimos riesgos posibles. El Sevilla lo hizo porque es así esta temporada y le va bien pero basta ver lo “contenta” que está la afición, a pesar de los buenos resultados, para entender lo difícil que es aguantar algo así. En el Atleti incógnita que es este Abel puede que fuese la forma de ir ganando confianza para algo posterior. Puede, pero no me convence. Igual que no me convence eso de que el Kun esté cansado. El caso es que se jugaba en 30 metros, o mejor dicho se maltrataba la pelota en 30 metros porque ninguno era capaz de dar dos pases seguidos. Mucho músculo, mucha presión, mucha entrega, mucho pundonor,... y nada de fútbol. Para los atléticos en ese momento incluso semejante aborto futbolístico era esperanzador al comprobar que nuestra defensa no era el coladero que otros decían pero todos somos conscientes de que es muy duro soportar algo así mucho tiempo... a no ser que entre la pelotita.

El Sevilla parecía tener algo más el dominio del juego, por llamarlo de alguna manera, pero las mejores ocasiones en la primera parte fueron para el atleti, especialmente una gran jugada de Simao por la derecha que Forlán a un metro de la línea de gol incomprensiblemente lo lanza al larguero. Increíble pero cierto. Más allá de eso sólo un tirito de Maniche acabando la primera parte y poco más. Abel había decidido poner más músculo en el centro del campo para contrarrestar el muro físico que coloca siempre el Sevilla de Jiménez en el mismo lugar y jugar con un punta confiando en las bandas (exactamente lo mismo que hace el Sevilla) con lo que quedaron patentes varias cosas. Primero que la falta de creación en ambos equipos es insultante para equipos que pelean por la Champions. Sin más. Después que jugando de esta manera te la juegas siempre al resultado de una jugada individual de alguien que tenga el talento de romper la lógica guerrera pero resulta que esa persona puede estar también en el equipo contrario con lo que todo acaba siendo una rápida ruleta rusa y por último que si juegas con un punta nada más pero eliges el que corre más, baja a tapar, se abre a la banda y tapa huecos (todo ello cualidades que como todos sabemos hacen a los delanteros ser lo que son) lo que consigues es que cuando necesitas un delantero centro según se desarrolla el juego lo normal es que no esté en su sitio.

La segunda parte se movió en los mismo parámetros del sopor y el anti-fútbol. Abel retiró al descerebrado de Pernía (la tarjeta que le sacan por una entrada brutal, a destiempo e inútil es para que reciba sanción interna) para colocar a Antonio López en su lugar natural y a Maxi a echar un cable en la pelea del centro del campo. No se nota nota el cambio salvó por una falta que saca Simao y Maxi remata a puerta de forma violenta poniendo a prueba los reflejos de Palop. Ni este ni ningún cambio de los que se produjeron cambiaron el panorama del partido. Todo seguía igual entre pelotazos, patadas, saltos, sudor y lágrimas. Parecía que todos los protagonistas se conformaran con un empate que desde luego al Atleti no le valía para nada. Hasta que salió al Kun, momento en el que por lo menos uno de los dos equipos mostraba un gesto de que quería ganar.

Con el Argentino en el campo, cansado o no, el equipo pareció darse cuenta que su entrenador les estaba diciendo que había que ganar y el solito se bastó para monopolizar el ataque colchonero que sin ser espectacular si que fue a partir de ese momento algo más evidente. Lamentablemente este periodo coincidió con el tradicional bajón físico del equipo en la segunda parte lo cual, teniendo en cuenta que el partido era fundamentalmente físico, supuso un problema añadido que compensó el efecto anterior. No quiero volver a hablar de Aguirre pero el estado físico de los jugadores que deja es como para valorarlo. Sin embargo la derrota vino por otra razón que ya he apuntado arriba. Un detalle genial de Fazio deja a Navas (rozando el fuera de juego) delante del portero y éste resuelve bien. La ruleta rusa a la que se juega planteando el fútbol de esta forma salió bien en este caso para los sevillistas que ven como se afianzan en lo alto de la tabla y mal para los colchoneros que vuelven a notar la presencia de los fantasmas. Otro día será al revés sin que existe una razón basada en la lógica o el trabajo que lo modifique.

Atendiendo a parámetros lógicos hoy no merecimos perder el partido y quizá a los puntos si deberíamos haber ganado nosotros pero eso son simulaciones mentales que nunca se cumplen. Creo que nadie debería sacar pecho simplemente por ser el menos malo y lo de hoy no me hace soñar con nada. De acuerdo que el equipo estuvo serio y compacto, etc... pero sinceramente si es esta la propuesta de Abel para llevarnos a Europa mejor que nos quedemos donde estábamos. Después de soportar dos años y medio de sopor lo último que necesito ahora mismo es otra sobredosis de aburrimiento que además luego no vale para nada. Perdiendo así se te queda cara de imbécil y tengo ganas ya de cambiar de cara.

¿Qué pasa si soy del WEST HAM?

Fernando Torres dijo una vez que ganar un título con el Atlético de Madrid le proporcionaba más alegría que ganar veinte en otro sitio y aunque la frase la dijo unos meses antes de convertirse en un “gran profesional” y aunque reconozca que recordada ahora aquello me provoca un sentimiento muy raro entre la pena, la admiración y el odio, lo cierto es que yo, que ni soy ni seré tan buen profesional del fútbol, entendí perfectamente lo que quiso decir. Ningún periodista o aficionado a otro club lo entendían y lo hacían además escudándose en la masa y en datos “reales” que generaban esas frases de portada del tipo “marcharse para triunfar”, “marcharse para ganar títulos” o la que más me dolía “marcharse para crecer como futbolista”. Yo sin embargo entendí siempre la frase (y entendería que se hubiese quedado) pero nunca entendí a los periodistas que lo criticaban y me temo que a muchos otros atléticos les pasó lo mismo. Seguramente no entienda este deporte, ni el fútbol moderno, ni el mercado, ni cómo funciona un club deportivo o como se ilusiona a tanta gente pero soy colchonero, de eso estoy seguro. Quizás es que no me interese lo más mínimo todo lo anterior y yo busque otra cosa o puede que incluso lo que realmente me interese de todo este circo sea nada más que el aspecto sociológico del mismo pero digo yo, ¿de verdad la afición a un equipo se basa exclusivamente en los éxitos deportivos contables y el dinero? ¿Qué pinta en este mundo entonces los aficionados de equipos que nunca han ganado nada ni probablemente nunca jamás lo hagan? ¿Sobran? ¿Son gilipollas? ¿Son menos inteligentes?

Un amigo mío me dice que a él no le gusta el fútbol que lo que le gusta es el Atlético de Madrid y yo no ando muy lejos de ese sentimiento. He pensado muchas veces que es lo que me hace ser tan seguidor de algo realmente tan etéreo y creo que mis razones hay que buscarlas fundamentalmente en la sensación de ser diferente y en sentirse cómodo con esa diferencia más que en otra cosa. No más ni menos que nadie sino diferente. Mi forofismo atlético nació conmigo pero se consolidó a finales de los 80 y en la década de los 90 que no es precisamente la década más gloriosa del glorioso. Sin embargo no recuerdo esos años con el sentimiento que tengo ahora mismo sino como algo mucho más placentero. Me gustaba además esa sensación de sentirme miembro de algo difícil de entender a lo que no se accede de una forma tan fácil como pagando la entrada de ingreso. En mi clase de EGB se podía dudar de si Jaime o Pedro eran de verdad aficionados al Real Madrid o no pero los del atleti estaban claros. No había ninguna duda. ¿Quién se declara en este país públicamente y con mucho orgullo seguidor de un equipo que normalmente no gana? Puede pasar que lo haga en la tele algún famosete bohemio que quiere parecer más Cool (durante un tiempo todos eran del atleti) pero de esos no había muchos por entonces en mi colegio del Puente de Vallecas. En todos los colectivos por los que he pasado en mi vida: colegio, instituto, universidad, amigos, familia, trabajo, vecinos,… siempre he tenido claro quién era del atleti y quien no hasta el punto de depurar un instinto supra natural que me hace descubrir en menos de 30 segundos de charla quien y quien no es colchonero. No sé qué es lo que tenemos en común pero hay algo que nos distingue y es algo que no veo en otros equipos que me rodean.

Pero si es algo que veo en el fútbol inglés. Me declaro un admirador de esa liga aunque más que de su fútbol o de sus equipos fundamentalmente de sus seguidores y de cómo se vive el fútbol por esas latitudes. Me dan envidia. Las veces que he estado en ese contradictorio país siempre me he topado con gente que era aficionada (y muy orgullosa de serlo) al equipo de su barrio, de su ciudad, de su familia o simplemente con el que se sentía identificado. Esa era al menos mi sensación. Tengo un amigo inglés al que la primera vez que vi le pregunte sobre quien quería que ganase la liga. “El West Ham” me contestó sin tener en cuenta el “irrelevante” dato de que el West Ham no la ha ganado nunca y que ni siquiera jugaba la premier league por aquel entonces. No es que estuviese de broma o que fuera realmente aficionado al Liverpool y después del West Ham es que “la liga” para él era la que jugaba su equipo y le daba absolutamente igual lo que ocurriese en otra competición donde su equipo no estaba, que por cierto es exactamente la misma sensación que yo tenía durante los dos años que el Atleti estuvo en segunda. He intentando teorizar muchas veces sobre las razones de algo así pero no llego a ninguna conclusión “lógica” que puedan entender los periodistas, probablemente porque las razones no sé si son lógicas o no pero desde luego no se pueden medir.

Si atendemos a los números del CIS del año 2007 el porcentaje de españoles que se declaran aficionados del Real Madrid (equipo con más aficionados según la encuesta) es del 32,7% mientras que de aficionados al Barça es del 25,7%. Es decir, según la encuesta más del 60% de la población se declara seguidora de Madrid o Barça (el resto de equipos incluido el atleti estaban por debajo siempre del 5%). La encuesta se completaba con un dato mucho más aterrador y es que sólo 7 equipos (Madrid, Barça, Ath. Bilbao, Valencia, At. Madrid, Sevilla y Betis) tenían un número significativo de aficionados que se declaraban aficionados exclusivamente de su equipo. Es decir de cada 10 españoles sólo cuatro son aficionados de alguno de los 40 equipos de primera y segunda división que no son Madrid o Barça y de esos cuatro alguno encima puede que sea también seguidor de “los dos grandes”. Un dato aterrador que probablemente explica muchas cosas.

Decía Mark Twain que existen tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas y no seré yo quien lo contradiga pero a veces las estadísticas sin son capaces de mostrar ciertas realidades y de explicar ciertos fenómenos. Comparemos estos números con una encuesta similar en Inglaterra hecha el mismo año por Roy Morgan Int. que dice que el equipo con mayor porcentaje de seguidores es el Manchester United con un “brutal” 6,9% seguido por el Liverpool con un 5,1%. Mientras los números absolutos pueden no decir nada los números relativos entre ambos países creo que son bastante contundentes. Los ingleses no son aficionados del que gana sino que eligen por otros criterios menos tangibles y por eso están repartidos. A todo el mundo le gusta ganar pero parece que los ingleses no son aficionados a sus equipos por los títulos que consiguen exclusivamente sino por la alegría que les hace sentir y la alegría gracias a Dios es un concepto que no se puede medir, ni pesar, ni ponderar, ni compara, ni explicar, ni en muchos casos definir. En contra de toda “lógica” los estadios ingleses suelen además estar llenos.

En el Atleti actual hace tiempo que se miden los objetivos y la alegría. Quedar cuartos amortiza el presupuesto del año, arregla el del siguiente y por eso tenemos que estar contentos (y muchos lo están y no me entienden cuando pido otra cosa). La diferencia económica entre pasar la fase de grupos en la Champions y llegar a la final no es significativa por lo que el objetivo debe ser fundamentalmente pasar la fase de grupos. Últimamente los aficionados hablamos poco de fútbol y mucho de rentabilidad, amortización, gestión, dirección, objetivos, caro, barato y demás conceptos que me aterran. Yo pensaba que los aficionados al Atlético de Madrid entendíamos mejor que nadie eso de que quedar cuartos puede ser una tremenda alegría o una tremenda desgracia según las circunstancias en que se de porque precisamente es en esas circunstancias es donde se entiende la afición al Atlético de Madrid. Si fuese de otra forma deberíamos ser todos aficionados al Madrid o al Barça. Es decir, no es cuestión de ser primeros o cuartos, de ser aficionado si ganamos un título cada 5 años o renegar si no se consigue. Ni siquiera es cuestión de ser lógico. Creo que es cuestión de ser el Atlético de Madrid o no serlo.

Viendo las estadísticas, las reflexiones de muchos atléticos, las camisetas del Liverpool en el Calderón, los números de Share, los objetivos, las realidades o los glorificadores medios de comunicación no descarto que llegue un día en el que en la liga sólo existan sparrings impersonales con aficionados impersonales cuya existencia se basa en la supervivencia contable y que juegan contra los únicos que sólo pueden “generar alegría”: Madrid o Barça. En ese momento habrá que buscar el Atleti donde quiera que esté. A lo mejor hay que irse al este de Londres.

Vacaciones de verano

Cuando era pequeño mi familia tenía la sana costumbre de pasar los meses de verano en el mismo sitio aunque para mí todos los veranos eran diferentes. Al menos al principio. Siempre tenía la sensación de que algo bueno iba a ocurrir, que conocería a gente maravillosa y que aquella chica tan guapa que el año anterior no me había hecho ni caso este año por fin acabaría descubriendo al tipo tan simpático que llevaba guardado en mi interior. Cada principio de verano era una nueva ilusión sobre el mismo escenario y esa era la sensación que tenía ayer mientras iba andando al Calderón. Me imaginaba un estadio lleno y jubiloso, una afición entregada con su equipo y hostil con su estéril directiva, unos jugadores comprometidos con el espíritu colectivo y sobre el césped, por fin, un equipo de fútbol.

La cosa se empezó a torcer antes de empezar cuando las fuerzas del “orden”, normalmente expectantes ante un potencial desenlace violento en las inmediaciones del estadio, decidían boicotear la tradicional protesta de la puerta cero mientras la prensa hacía oídos sordos o directamente acusaba a los manifestantes, “los de siempre” según Telemadrid. ¿Todo vuelve a la normalidad? pero en el campo tardamos en despertar del sueño. El partido comenzó un ritmo desenfrenado, casi alocado, lo cual era toda una novedad tras años de espesura y contención desde el minuto uno. El balón iba más rápido que los jugadores y los colchoneros tardaban en encontrar la posición en el campo. De esa manera llegaron don jugadas del Getafe que bien podrían haber costado el partido (remate al larguero tras otra jugada a balón parado mal defendida y mano a mano contra Leo Franco). Afortunadamente el equipo tomo el aire suficiente para encontrar su sitio y pudimos disfrutar de lo que se supone debe ser el nuevo atleti: defensa alejada de la portería (Pablo y Ufjalusi vuelven a parecer futbolistas), laterales acompañando la jugada, balón sacado sin pelotazos, mediocentros que se ofrecen y alternan estando siempre cerca de defensas y delanteros (aunque falta calidad y eso no es cuestión de entrenamiento), interiores que ayudan en la creación, segundo delantero móvil, presión a la salida del balón e intensificación cuando el esférico está en la banda… no suena mal. Lo cierto es que esos minutos, que duraron hasta el descanso, fueron los mejores del partido con una batalla de tú a tú contra un Getafe que es un equipo que sabe jugar muy bien y donde los espectadores por fin pudimos disfrutar de un espectáculo muy parecido al fútbol. Entre medias sólo el cero-cero del marcador hasta que apareció un tal Seitaridis, un tipo que dice no gustarle el fútbol pero prefiere ser profesional de este deporte para mantener un nivel de vida alto y es que hay cosas que no dependen de los entrenadores como la pájara mental de este chico lo cual es algo todavía más sangrante sabiendo las condiciones naturales que tiene para ser un gran jugador. En un momento de lucidez levanto la cabeza y puso un pase con efecto al área colosal que Forlán decidió empotrar contra la red. El equipo jugaba, la actitud era buena, veíamos fútbol e íbamos ganando. ¿Qué más se podía pedir?

Mientras los principios de verano eran todos iguales en cuanto a la ilusión que tenía, desgraciadamente los finales eran muy parecidos en cuanto a la decepción. Los amigos seguían siendo los mismos de siempre y la misma chica que el año anterior me había ignorado lo volvía a hacer el año siguiente sin tan siquiera reparar en mi existencia. Yo estaba convencido en que caería rendida de mi yo interior si llegase algún día a conocerlo igual que estoy convencido de que este atleti tiene un yo interior interesante si alguien fuese capaz de sacarlo pero a veces las cosas son más difíciles de lo que parecen.

Si todavía existía gente que decía que lo de Aguirre era un proyecto de futuro al que había que darle tiempo (y llevábamos dos años y medio) sería injusto juzgar a Abel por unas cuantas horas. Las intenciones de lo que quiere prometen (aunque entraña ciertos riesgos) pero tiene un duro trabajo por delante que no tengo tan claro sea viable. A las carencias naturales del equipo causadas por la lamentable dirección deportiva (descompensación de plantilla, falta de calidad en el centro, etc…) se les une las carencias tácticas de un equipo que lleva sin entrenar más de dos años. Difícil tarea la del de Velada con la presión de los puntos, sin pretemporada, sin plantilla a su gusto y con el Anglirú en ciernes (Sevilla, Barça, Oporto, Real Madrid y Villarreal). Que Dios nos pille confesados.

A todo esto la segunda parte tuvo mucho menos que ver con la primera. El ritmo paró, los desajustes fueron algo más evidentes y el equipo que antes estaba junto en 30m ahora se estiraba como un chicle que se rompe. Abel trató de ajustarlo poniendo a Sinama por un cansado y desacertado Agüero (acierto según se vio después) y tratando de dar más agilidad a la mediapunta con Maniche por Raúl García lo que acabó siendo un gran error. El estado de forma física y mental del portugués está en la línea del alicaído espíritu del aficionado colchonero.

Aun así el partido estaba controlado y el Getafe apenas llegó pero las sensaciones eran otras. Maxi tuvo la oportunidad de sentenciar pero marró la oportunidad poco antes de que el árbitro pitase un dudoso penalti en el área atlética. Cuando el equipo estaba junto la defensa parecía intratable (hasta Pablo salió ovacionado) pero en el momento en el que el equipo deja huecos vuelven a parecer defensas de patio de colegio que hacen penalties absurdos. ¿Ven como el problema no es de los centrales? Aun así el Getafe desperdició la ocasión ante el estupor de Victor Muñoz que veía como tiraba (y fallaba) el penalti el jugador que no había designado por él para hacerlo. Respiró tranquila la grada que ya entonces quería ver terminar el partido pero el aliento se congeló de repente cuando Maniche poco después tiraba el balón fuera con toda la portería para él. Aquello no pintaba bien y se terminó por confirmar cuando el propio Maniche decide regalarle la pelota al contrario en el borde del área en lugar de despejar y este la cuelga en el área, aparece una chilena que no va a puerta, un getafense que entra de cabeza como un toro y gol. Jarro de agua fría en una afición que está harta de estar empapada.

No todos los veranos eran malos. Alguna vez aparecía un personaje que cambiaba la rutina y las ilusiones. Un personaje que hacía que aquella chica ignorante pasase a mejor vida y decidieras centrar tu atención en esta otra. No solía pasar nada tampoco casi nunca más que una renovación de ánimos e ilusión pero a veces se alineaban los planetas, se fusionaban los átomos y el mundo se convertía de repente en un lugar maravilloso. ¿Volveremos a vivir un verano de estos?

Rebelión en la granja

Creo que hay pocos aficionados al Atlético de Madrid que no estén de acuerdo en pensar que la semana pasada ocurrió algo y con ese algo no me estoy refiriendo a que cesaran de su cargo a un pésimo entrenador. Me estoy refiriendo a algo ligeramente más significativo que ocurre cuando aparentemente la semana pasada, por fin, se movieron los cimientos de esa organización, otrora robusta y acorazada, liderada por el ínclito “calamidad” y su troupe. La protesta de los sufridos colchoneros hacia el palco fueron ciertamente significativa pero más que por la intensidad de la misma, que tampoco fue tan extrema como la prensa oficial quiere hacer entender (yo estaba allí), porque por alguna razón esta vez fue más efectiva que otras que la precedieron y que fueron enterradas entre papel de periódico. Aun así, lo que verdaderamente marco la diferencia en esta ocasión vino horas después con periodistas que hablaban de un descontento de la afición con la directiva, filtraciones sobre las chapuzas en las negociaciones, televisiones que hablaban de un problema institucional en el equipo colchonero, Jose Antonio Abellán llamando inútil a García Pitarch y dando cancha en su programa a un miembro de la oposición que habla sobre sentencias de apropiación indebida del club y hasta un José Ramón de la Morena que nos dice al pueblo que M. A. Gil Marín busca los réditos de la ciudad deportiva o el estadio y que tiene la cara torcida de las mentiras que suelta. Esa es la diferencia más significativa respecto a otras “crisis” recientes y no tan recientes. Esta vez la prensa “seria”, unos tipos que viven de apostar siempre por el caballo ganador, parece que decidieron cambiar de caballo. Si eso es así (rezo todos los días par que lo sea) me temo que estamos en los comienzos de la rebelión. De la buena.

En 1945 George Orwell escribió una inteligente sátira que criticaba las revoluciones comunistas pero que es extrapolable a muchas otras revoluciones justas. En la novela los animales de una granja deciden hacer frente a la injusticia que están sufriendo por parte de los humanos, unos seres desalmados a los que consiguen echar tras una rebelión popular, para implantar a continuación un régimen justo basado en los pilares que inspiraron esa misma revolución. De entre la masa enfervorecida y unida por un objetivo común aparecieron dos líderes naturales, Napoleón y Snowball, que aglutinan el sentir de la mayoría y que definen los mandamientos que regirán a partir de entonces la granja, a través de leyes del tipo: “ningún animal matará a otro animal” o “todos los animales son iguales”.

En el Atlético de Madrid se está gestando una revolución (iniciada tiempo atrás). Todos somos capaces de olerlo y todos los que hemos deseado alguna vez un Atlético de Madrid digno, patrimonio de sus aficionados, gestionado de forma honrada y orgullosa, que sea respetado por su idiosincrasia, su historia y su poderío deportivo empezamos a sentir un cierto optimismo que no sentíamos hace muy pocos días. La revolución parece en marcha y en ella tendrán que aparecer de forma natural cabezas visibles que aglutinarán y representaran el sentir de la gente. Una revolución justa y desde abajo que será capaz de echar a los delincuentes que por herencia todavía hoy tienen secuestrado el club y una revolución que propondrá un Atleti honesto con el que todos hemos soñado basado también en pilares justos y necesarios como: “Atleti somos nosotros” que se canta en el Vicente Calderón en momentos críticos o el “Por un Atleti digno” que reza delante de la puerta cero una pancarta aupada por un puñado de valientes que allí se dan cita.

Pero en la granja las cosas no fueron tan bien como pudiera parecer. No sólo ocurre que el poder corrompe o que la adoración rendida de las masas provoca extrañas reacciones químicas en los cerebros de los líderes sino que todo ello puede provocar también una radicalización del discurso y del debate, que lleva hacia la intolerancia teórica o incluso hasta fórmulas similares a aquellas contra las que se han estado luchando. Las divergencias de criterio entre Napoleón y Snowball se transformaron en odio irreconciliable hasta el punto de que Napoleón acaba echando su guardia pretoriana contra su “compañero” expulsando a Snowball de la granja y quedándose como máximo responsable de la misma. Los partidarios de Snowball se convierten desde ese momento en ciudadanos de segunda y las antiguas soflamas que antes todos seguían ahora se transforman, para adaptarse a la nueva “realidad”, convirtiéndose en cosas como “ningún animal matará a otro animal sin motivo” o la famosa “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

El pasado domingo 1 de Febrero minutos antes de acabar el partido mucha gente abandonó el estadio. No sé si eran japoneses aburridos, aficionados al fútbol que pasaban por allí, tipos obsesionados con no pillar atasco o gente preocupada por llegar a ver el partido del Barça. No sé si eran verdaderos colchoneros porque no puedo saberlo. Lo que sí que sé es que otros muchos nos quedamos hasta el final para pitar al tipo que estaba sentado en el centro del palco. Probablemente cada uno tenía una parte distinta de su ser herida pero todos mostraban su descontento. Allí estaba el que no puede ver a Cerezo pisando el palco del Calderón en calidad de presidente por su nefasta labor desde que lo es, el que a través de Cerezo ve a MA Gil y recuerda también cuando su padre subió los abonos y siendo un niño tuvo que dejar de poder ver a su equipo, el que conoce todos los agujeros legales de los giles y cerezos y hasta lo que ocurre en el campo ha pasado a un segundo plano, el señor que no entiende de leyes, juicios o política pero está harto de aburrirse en su estadio, el que lleva años peleando por echar a ese par de siniestros personajes y el que se acaba de dar cuenta de la realidad. El que no puede soportar escuchar a Cerezo hablar como el presidente de un equipo pequeño, el que no perdona que lleven 10 años protegiendo proyectos deportivos rácanos, mal hechos y destinados a fracasar, el que no perdona a Cerezo ser el crush-test-dummy del ilocalizable “calamidad”, el que no perdona esa gerencia mafiosa que vendiesen a Fernando Torres con sospechosa limpieza o el que simplemente quiere ver de una vez por todas un equipo que juegue al fútbol y con el que sentirse identificado. Todos quieren lo mismo, unos dueños distintos, pero lo quieren por diferentes razones. La rebelión estaba dando un paso importante en ese momento con un buen puñado de personas gritando a un asustado Enrique Cerezo en representación de los “humanos” y estoy seguro que entre esa gente estaban también gritando nuestros futuros Napoleón y Snowball.

Desgraciadamente a día de hoy la revuelta no ha terminado y los “humanos” siguen ejerciendo el tirano poder que ejercían pero basta darse una vuelta por los foros, webs o blogs de internet dedicados al atleti para notar los diferentes matices (de superficie más que de fondo) que existen entre los que componen la revuelta. Diferentes matices que deberían sumar, aportar credibilidad, dar color y licitar algo tan necesario que además basa su éxito precisamente en aunar mayorías bajo un sentimiento común pero me temo que incluso antes de conseguir nada está provocando también “matizaciones” excluyentes sobre los cimientos de la revolución y enfrentamientos entre nuestros propios Napoleones y Snowballs. Talibanes, comepipas, interesados, gilistas,… Si tras ganar 0-4 fuera de casa sigues recordando al respetable que el club está en manos de delincuentes gracias a que el juzgado no ejecutó una resolución (entre otras cosas) eres un talibán interesado sólo en política y no en el atleti. Si criticas con todas tus fuerzas a Aguirre porque no puedes soportar ver a tu equipo arrastrarse haciendo el ridículo eres un Gilista empedernido que se despreocupa del verdadero problema. En cualquier caso a los dos se les tacha de no querer al Atlético de Madrid que seguramente es lo que más le duele escuchar a cada uno. ¿Es esa la fórmula?

Me temo que tenemos que reflexionar, aprender a convivir con el que tiene otra interpretación distinta y pensar que estamos todos en el mismo barco. Los que conocen la historia y la intra-historia de este club y ejercen un activismo desaforado desde todos los frentes, los que hace lo mismo por otras razones y los que “simplemente” pagan su abono desde hace 30 años para ver jugar a su equipo y no les gusta lo que ven. Todos los que de alguna forma somos críticos en definitiva. De otra forma me temo que acabaremos sembrando lindes y haciendo lo mismo que Napoleón hasta acabar modificando los eslóganes a cosas del tipo: “Atléti somos nosotros pero vosotros no” o “Por un Atleti digno pero sin comepipas”.

Parar para respirar

Me contaba hace tiempo un jugador de Rugby que cuando estás en pleno partido desorientado tras un rebolcón lo que tienes que hacer es pararte, respirar, levantar la cabeza y ver donde está el balón. El Atlético de Madrid llevaba ya demasiado tiempo revolviéndose en el barro, desorientado, exhausto y roto. Llevaba ya demasiado tiempo también necesitando pararse, respirar y mirar donde estaba el balón y eso es lo que ha ocurrido esta semana. Sería tremendamente fácil ahora, tras un cómodo 0-3, cargar las tintas contras el pasado y hacer leña del árbol caído pero no lo voy a hacer porque primero no es mi estilo y segundo no sería justo. Lo de hoy puede tener muchas y diferentes lecturas. Le deseo toda la suerte a Abel Resino que es la misma suerte que le deseé en su momento a Aguirre y tengo claro que hasta dentro de unos meses no sabremos que es lo que significa tener un nuevo entrenador en el banquillo.

Es cierto que al menos tenemos algo a lo que agarrarnos para poder soñar. Cosas buenas de hoy: la actitud de los jugadores (enchufadísimos desde el principio lo que abre el debate de conjura contra el anterior entrenador), tener el equipo bastante más lejos del área, la presión en campo contrario que nos ha dado dos goles (¿era tan difícil darse cuenta de algo tan simple?) y sobre todo la actitud de seguir jugando exactamente igual con el marcador a favor. En contra: seguimos sin tener centro del campo, tenemos muchos problemas en jugadas a balón parado y tenemos un portero que da la talla bajo palos pero que tiene verdaderos problemas para salir de su zona a jugar lo cual es algo que va a tener que hacer a partir de ahora. Veremos que ocurre en estas semanas.

Pero disfrutemos mientras podamos. El equipo salió muy metido en el partido, presionante e incluso con un punto de aceleración que no siempre es bueno aunque por esas cosas que tiene el fútbol en menos de 5 minutos Sinama hace una gran jugada por la banda derecha, mete un buen centro al área y el Kun Agúero entra de cabeza una violencia desaforada metiendo el balón en la portería con un tremendo cabezazo. En otros muchos partidos hemos metido un gol durante los primeros minutos pero hoy la diferencia ha sido tan sencilla como determinante. El equipo en lugar de poner 10 jugadores en la frontal del área ha seguido practicando la misma filosofía que hasta entonces: defensa fuera del área, equipo junto en 30 metros y presión de la salida del balón. De esa manera tan sencilla el Recreativo de Huelva quedaba maniatado sin saber que hacer mientras que el Atleti vivía cómodo y provocando una ocasión de gol cada vez que robaba el balón. Para jugar bien necesitamos tener más el balón y aplicar un punto adicional de agresividad pero visto lo visto me conformo con esto.

Las ocasiones de gol llegaban aunque también se veían cuales serán los problemas de este equipo en el futuro como cuando en el minuto 18 la delantera onubense gana la espalda colchonera tras un pase largo quedándose prácticamente sólo delante de Leo Franco pero marrando la ocasión. Pero hoy era el día de volver a la senda de la tranquilidad y esta llegó con un robo de balón el centro del campo, gran pase de Agüero y mejor definición de Forlán. Es evidente que es mucho más sencillo jugar con dos goles a favor y también es evidente que varios goles de ventaja la especulación con el resultado empieza a ser una opción planteable (nunca con un miserable gol de ventaja y todo el partido por delante como estábamos acostumbrados) pero afortunadamente este atleti no parece ser así y con la misma intensidad y un nuevo error en le centro del campo, Forlán consigue el tercer gol en una jugada similar a la anterior. Esa es la diferencia entre robar el balón en campo contrario y hacerlo en tu área. Todo eso antes del descanso.

La segunda parte fue prácticamente una anécdota en la que el Atlético de Madrid bajó ligeramente el tono físico y la concentración mientras el recreativo se iba arriba prácticamente a la desesperada. Llegaron algunas ocasiones por parte de los andaluces que resolvió muy bien Leo Franco pero también llegaron buenas ocasiones para los atléticos que unas veces por precipitación y otras por ansiedad no llegaron a cuajar. Eso si, hacía muchos meses que los colchoneros no vivíamos con tanta tranquilidad una segunda parte fuera del Calderón.

Como creo que todo el mundo tengo mis dudas respecto a la labor que pueda desempeñar Abel Resino en este equipo y las tengo por razones obvias como que es difícil hacer un equipo a mitad de temporada y también por razones menos obvias como las dificultades que intuyo va a tener por parte de la prensa (hoy decía la cadena SER durante la transmisión que no veían ninguna diferencia con el Atleti de Aguirre). Ahora bien, independientemente de lo que luego ocurra, que dependerá de muchas cosas, puesto a elegir teorías la que plantea el de Velada me parece bastante más acorde a un equipo que pretende ganar en todos los campos que aquella que teníamos por bandera hace tan solo 7 días.

Historia de un error

Ayer por la noche, cuando se confirmaba definitivamente la destitución de Javier Aguirre, recibí en mi teléfono un número exagerado de mensajes de gente enardecida e ilusionada por un hecho tan necesario como inevitable, supongo además que esperando compartir conmigo una especie de extraña alegría que no comparto. Prometo con la mano en el corazón que no fui capaz de sentir en mis carnes ningún sentimiento parecido a la alegría cuando escuché la noticia sino la misma pesadumbre que sentía hasta entonces. Quizá un cierto alivio si que apareció, pero fundamentalmente lo que sentía era una pena inmensa por llegar a esta situación esperpéntica y por ser consciente de que a pesar del camino recorrido, las fuerzas gastadas y los disgustos sufridos, en realidad estamos como al principio, empezando de cero. Me acordé entonces de una de mis frases favoritas de un filósofo alemán llamado Novalis que decía: “cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol no vaya a ser la sombra de un pigmeo”.

Que la contratación de Javier Aguirre fue un error desde el mismo día que firmó su famoso contrato es algo de lo que no tengo ninguna duda y creo que sobran argumentos para demostrarlo. Mi duda sin embargo ahora mismo es si ese error fue consciente o inconsciente por parte de quien lo ejecutó, ese veterinario venido a más que con gesto avinagrado y rostro "picasiano" responde al cariñoso nombre de “calamidad”.

En 2006 el inefable “calamidad” volvía a emplear la formula de contratar al entrenador revelación de la temporada anterior. Un entrenador sin apenas experiencia en equipos de gran presupuesto, generalmente acostumbrado a objetivos modestos y especialistas en configurar equipos rocosos, toscos y resultadistas. Una fórmula simplista que no funcionó con Manzano y que fracasó de forma estrepitosa con Ferrando aunque esta vez el tipo elegido se diferenciaba de los anteriores por algo que a la postre si resultó ser clave: la magnífica diligencia frente a la prensa. Se empleaba una fórmula que no había funcionado antes pero que además era incoherente con el tipo de jugadores que la dirección deportiva de entonces buscaba o sonaban para la plantilla: Agüero, Jurado, Snejder. Leiva, Van der Vaart… El revolucionario proyecto del amigo "Calam" incluía además la renovación total de la dirección deportiva incluyendo dos tipos ajenos a la obra como Garcia Pitarch y Amorrortu al frente de la secretaría técnica y categorías inferiores respectivamente. Al parecer según el silencioso dirigente los males del atlético de Madrid se debían al exceso de sentimiento colchonero en sus trabajadores y por eso decide sustituir los vínculos emotivos que pululaban por los pasillos para poner “verdaderos” profesionales. ¿Qué buscaba el heredero Gil con un entrenador divertido en la sala de prensa y rocoso en el campo, fichando jugadores técnicos de futuro del gusto de la afición y castañas pilongas del gusto de los técnicos e intermediarios, desnaturalizando de sentimiento atlético las oficinas del club y vendiendo que era un proyecto a largo plazo?

Javier Aguirre nada más llegar expulsa del equipo de muy malas maneras a García Calvo por mayor (un jugador que se portó muy bien con el club y que sigue a día de hoy jugando en primera división) y a Ibagaza, el único jugador de corte creativo que existía en la plantilla y cuya posición nunca se ha cubierto ni en esa temporada ni en las siguientes. Agüero, el fichaje más caro de la historia rojiblanca en ese momento, hace una temporada muy floja en la que no es usado de titular ni disfruta de continuidad bajo la excusa de que tiene que adaptarse al fútbol europeo y otras sandeces redactadas con gracia y cierta ternura. Meses más tarde, en verano y con su selección, el jugador literalmente se sale ante la admiración de todo el mundo. A lo largo de la temporada ocurre que la anteriormente conocida como “mejor pareja de centrales de europa” es defenestrada con intrusos como Ze Castro o el terrorífico Eller (petición expresa de Aguirre en navidad empeñado en tener un central zurdo) y se convierte en una de las defensas más flojas de la liga. Las famosas bandas en las que se basaba presuntamente nuestro fútbol (Petrov y Maxi) están permanentemente tapadas hasta que se lesionan. El centro del campo con el insustituible doble pivote de contención no sólo no creaba sino que ni siquiera contenía nada y adelante se desesperaba un cada vez más desesperado Fernando Torres correteando sin ton ni son por todo el campo. En una liga muy floja ganada por el Real Madrid, prácticamente por demérito de los demás, el Atlético de Madrid queda en una penosa séptima posición. Por el camino no ha jugado bien en ningún momento, ha salido cobarde cada vez que necesitaba salir a ganar (y ha perdido), ha recibido humillaciones del Real Madrid y sobre todo del Barcelona con un bochornoso 0-6 en casa, que desde entonces es el record de goles encajados.

A pesar de que desde la gerencia se vendía que era un proyecto a largo plazo Javier Aguirre sólo había firmado por una temporada justificándolo, con bastante coherencia desde mi punto de vista, en que antes de hipotecarse era mejor ver si en un año se habían cumplido los objetivos y si el proyecto estaba asentado o no. Después de un año ningún aficionado sabía a que jugaba este equipo y no le gustaba lo que veía. El equipo no estaba consolidado, la defensa era irrisoria con los centrales en boca de todos (secundados por la genuina labor de Seitaridis, Pernía o Varela), el centro del campo inexistente e irrelevante con Costinha, Gabi o Luccin repartiendo fundamentalmente patadas y una delantera voluntariosa (con un Fernando Torres corriendo por todo el campo, defendiendo en los corners al alto del equipo contrario y tocando la pelota en el centro) pero inoperante. El juego a balón parado era un chiste, no había ningún esquema, los resultados eran mediocres en general y patéticos con los equipos grandes y seguíamos sin estar en Europa o lo que es peor, con la humillación de tener que jugar la Intertoto. Es más, la temporada acaba con la bomba atómica de la venta del propio Fernando Torres. En lo único en lo que la labor de Aguirre destacó durante ese año fue en el trato con la prensa, exquisito y divertido en general. ¿Qué sentido tenía entonces renovar a Aguirre en estas circunstancias? Parece evidente. Sonaba interesante eso de que la prensa (y por ende la gran masa de aficionados) dejase en paz al escurridizo de Calamidad mientras se dedicaba a sus misteriosas fechorías. “Socialmente” (que es como eufemísticamente se dirige esta gente a la dirección gerencial del Atleti) la cosa marchaba como la seda (sic) y grandes proyectos como la venta de Torres o la del Calderón seguían su curso diáfano y sin interferencias hacia el objetivo. Bastaba un chascarrillo del “presi” Cerezo o una entrevista nocturna con el ilustrado mejicano para que todo fuese normal o estuviese dentro de los objetivos.

A partir de ahí todo lo que vino después fue una huida hacia delante donde cada protagonista (pero especialmente Aguirre) vivían con lo justo para ese día obsesionados por justificar lo injustificable. Apareció lo de los “objetivos”, lo que era “normal”, las “carreras de fondo”, lo del “es cuestión de tiempo”, lo del “con lo que hay”, lo de que “¿Cuándo ha estado mejor el equipo?” y demás fuegos artificiales que encubrían una gestión deportiva patética y sin cimientos que estaba avocada al fracaso. El supuesto proyecto no creció un solo milímetro desde que nació y lejos de consolidarse se embarró en una guerra resultadista que lo mantenía todo, con tan “mala suerte” de acabar la liga en la cuarta posición tras eso sí, otra lamentable temporada con fracasos humillantes en copa, UEFA o liga y donde a pocas jornadas ya se cuestionaba la labor del entrenador. Eso sí, tras el baño reparador que supuso la tan ansiada Champions el amigo “calamidad” respiró aliviado pensando en otro año de tranquilidad. Nadie pensó entonces en que la gente se cansa de las humillaciones, que los resultados disfrazaban la realidad, que el equipo seguía sin ser un equipo, que el juego era soporífero, que el espíritu ganador no existía, que el discurso era vergonzoso, que en el vestuario se estaban generando dudosos lobbies de poder que hoy están conmigo pero mañana pueden no estarlo, que algunos jugadores empezaba a estar muy cómodos mientras otros empezaba a estar hasta las pelotas,… en fin esas cosas que piensan los verdaderos gestores deportivos pero que no lo hacen los especuladores inmobiliarios de formación veterinaria.

Así, estirando el chicle hasta romperse se llegó a la actual temporada donde todo lo que estaba cogido con alfileres acaba por romperse en cuanto la “mala suerte” aparece y los que antes hacían un sobresfuerzo ahora deciden no hacerlo. Lo curioso del caso es que esto ocurre ante el estupor de una gran mayoría que todavía piensa que hasta Navidad todo era miel y ambrosía.

Así que estamos como al principio. Si todavía tuviese fe en que nuestros directivos pudieran aprender la lección y por una vez se les ocurriera hacer algo bien estaría contento y esperanzado ante lo que se nos avecina pero el problema es que no es una cuestión de fe ni de que nuestros dirigente tengan que aprender porque ellos están interesados en otra cosa que no tiene nada que ver. El interés de la troupe de “calamidad” es poder manejar el club atlético de Madrid como cualquier otro negocio especulativo de los que heredase en su día. El interés de este versado empresario es mantener en funcionamiento este club con el menor de los aspavientos posibles para poder vivir en su interior de forma cómoda y rentable. No interesan los gritos al palco igual que no interesan los trofeos o éxitos que puedan hacer que gente “inapropiada” pueda interesarse por este gracioso club. Es preferible mantener este concepto de equipo de perfil eternamente mediocre donde no pasa nada pero los abonos, el PPV y los ingresos por televisión siguen llegando y donde nadie se cuestiona la dilapidación del patrimonio de un club que por otro lado sus actuales “dueños” se apropiaron de forma ilegítima. Ese es el verdadero objetivo de la troupe de “calamidad” y con ese objetivo seguiremos si los cambios en este equipo se quedan en el portal de entrada.

Sé que Javier Aguirre aparecerá ahora en algunos foros como un mártir de la poderosa máquina aniquiladora de los Giles y Cerezos. Yo no lo creo así. Aguirre entró en un juego mafioso que en su momento le convenía y ha sido cómplice entregado de la troupe de “calamidad” hasta el día de hoy con una cariñosa y elegante rueda de prensa de despedida. Aguirre es culpable de una gestión deportiva mediocre que no ha cumplido las expectativas pero sobre todo de inculcar, mantener y publicitar un espíritu mediocre, acomplejado y perdedor que no correspondía a esta institución.

Sinceramente no siento su destitución ni creo que nunca eche de menos su labor en este equipo aunque Aguirre no creo que sea el cáncer de este club que una vez extirpado todo se soluciona. No es así pero tampoco es inocente de su patética y engañosa labor. Espero que los árboles no nos impidan ver el bosque pero en ninguno de los sentidos.

Le deseo la mejor de las suertes eso si y también se la deseo a Abel Resino, que la va a necesitar.

Había una vez... un circo

Esta tarde se disputaba en el Vicente Calderón un duelo fraticida entre los dos peores equipos del 2009, Valladolid y Atlético de Madrid pero los pucelanos dejaron perfectamente claro durante todo el partido que equipo es el que merece ese dudoso honor. La Real Academia de la Lengua define Patético de la siguiente manera: “Que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía”. Ese es el Atlético de Madrid contemporáneo y ese es el Atlético de Madrid que hemos visto esta tarde bajo la lluvia y el frío en un estadio desolado física y emocionalmente. Algo patético. Un patético equipo que lleva viviendo demasiado tiempo en el alambre de los resultados engañosos y los objetivos periodísticos. Un patético equipo descabezado, sin orden ni concierto, sin patrón y sin espíritu, alimentado por el escurridizo talento de sus miembros, publicitado por la seductora verborrea mentirosa del que dice ser su director técnico, escondido en su mediocridad por una red mediática alérgica a determinados sobresaltos y dirigido en la sombra por un particular rey midas de apellido famoso entre la parroquia colchonera que tiene el poder de convertir en estiércol todo lo que toca.

El partido comenzó rimando con el desapacible día que caía en la capital. Minutos antes un centenar de valientes se dieron cita en la puerta cero del estadio para protestar por lo mismo que una inmensa mayoría protestaba después de dos horas. La afición del atleti está dormida, drogada y desacompasada. Es así. El partido insisto comenzó como el día: gris triste y espeso. El Valladolid con más miedo que otra cosa esperaba en su campo lo que pudiese ofrecer ese misterioso equipo que viste como el Atlético de Madrid mientras que los pseudocolchoneros vestidos de tal guisa se perdían en su tradicional ristra de patadones, carreras estúpidas, patadas a destiempo y anti fútbol. Con este panorama el Valladolid tardó poco en desperezarse y mucho menos en dejar claro quien ganaría el partido esta tarde. Un penalti de Pablo no pitado a favor de los pucelanos (dudoso desde mi posición) y varios remates a puerta de Goitom o Sesma debieron haber dado al Valladolid el liderazgo en el marcador. Por parte colchonera nada. Nada de nada. A destacar exclusivamente la lesión de Simao (¿otra extraña lesión muscular?) y alguna voluntariosa internada de Pernia por su banda pero eso era todo lo que el tercer presupuesto de la liga podía ofrecer. Era tan humillante lo que estábamos viendo que hasta los aficionados vallisoletanos que llegaron a Madrid desafiando frío, lluvia y nieve se atrevían a cantar un sarcástico: “Aguirre quédate, Aguirre quédate”. Así terminó la primera, con el mismo sopor con el que empezó.

Y así empezó la segunda parte. Con el mismo discurso, la misma dinámica, el mismo juego y el mismo patetismo. Mientras que en el descanso los jugadores del Atleti supongo que aprovecharon para hablar con sus agentes para empezar a actualizar el Currículo, los profesionales del Valladolid decidieron conjurarse para ganar un partido en un campo otrora mítico como el Calderón. Juntaron filas atrás, subieron la línea de presión y estuvieron rápidos buscando la espalda da la penosa defensa atlética. Con unos recursos tan sencillos hicieron de la segunda parte un calvario para los “madrileños” que se vieron desarbolados por todos los frentes. Pero como ni por esas el Valladolid conseguía quitar el cero de su marcador Leo Franco decidió echar una mano cuando rechazó un balón al centro del área, lo que en este tipo suele ser costumbre, dejando el balón franco como su apellido para que Luis Prieto deshiciese la igualada.

Como por arte de magia la timorata parroquia colchonera pareció darse cuentan entonces que lo que acontecía en el terreno de juego por parte de su equipo no tenía mucho que ver con ese deporte llamado fútbol y decidieron empezar a pitar sin gracia pero con algo más de vigor. Todos menos el Frente Atlético que fiel a su nueva campaña de apoyo infinito empezó a alentar al equipo más que nunca. Incompresible a todas luces pero parece que dio resultado cuando minutos después una buen pase de Sinama desde la derecha es rematado por Forlán. El balón no iba entre los tres palos (hubiese sido el primer tiro a puerta del partido por parte atlética) pero un exatlético como Garcia Calvo (buen profesional tratado cruel e injustamente de forma gratuita por nuestro mejicano favorito) decidió echarnos una mano metiendo el balón en su portería. Alguien podría pensar que aquello ponía fin a la pesadilla pero desgraciadamente no era más que el principio.

A partir de ahí el Valladolid se dedicó a dar una lección de querer ganar el partido, de claridad en el movimiento de balón, de fe en sus posibilidades y de fallar goles. Soy incapaz de recordar de memoria todas las ocasiones marradas por los castellanos. Enfrente una caricatura de equipo se desesperaba (o ni eso) corriendo como pollos sin cabeza detrás del balón. Parecía eso si que los dioses Aztecas volvían a estar de nuestra parte pero lo de hoy era ya demasiado. Pernia quiso hacer justicia en el marcador así que agarró de la camiseta a Goitom con la torpeza que le caracteriza dando la posibilidad al rival de ganar el partido cosa que este hizo marcando el penalti. Desde ese momento hasta que el árbitro pito el final fue el acabose y entonces por fin los pitos que se escucharon fueron realmente dignos del Calderón. Entonces si el Frente Atlético de sumó a la “fiesta” (“fiesta” que nunca debería haber abandonado) y los pitos dejaron a Aguirre de lado para centrarse en la lamentable gestión de “Calamidad” y su particular “monchito” el señor Cerezo. Fin del partido y ni el himno rojiblanco sonando en el estadio más fuerte que nunca podía tapar el descontento de los que allí quedábamos.

No sé lo que pasará esta noche pero personalmente no espero nada. El Atlético de Madrid es un equipo roto, desestructurado, sin alma, sin espíritu y sin juego. Eso no se recupera en una semana y menos con un escenario donde de lo único que se habla es de quien estará la temporada que viene y quien no. Lo dije hace tiempo y me reitero: fue un error renovar a Aguirre el año que perdimos a Torres, fue un error renovarlo el verano siguiente y ha sido un error mantenerlo hasta hoy. A partir de ahora me temo que tendremos que olvidarnos de gestas en las que nuestro entrenador (y dirigentes) nunca han creído y empezar a mirar la clasificación por la parte de abajo que irónicamente es precisamente lo que le gusta al señor Aguirre.

Lo dicho, había una vez… un circo.