Baja laboral

No estoy muy puesto en la materia pero creo que la legislación laboral de este país dice que las bajas laborales voluntarias hay que comunicarlas con quince días de antelación o al menos en mi caso siempre ha sido así. Esos quince días que van entre que has mandado un carta rubricada confirmando tu baja voluntaria y la fecha concreta en la que efectivamente dejas de ir a tu puesto de trabajo son especialmente raros, absurdos, evitables y según como se haya desarrollado tu carrera en ese sitio más o menos complicados o más o menos placenteros. El Atlético de Madrid está en esos días. Es un proyecto, roto, destrozado y muerto que espera con ansiedad y poca vergüenza a que por enésima vez sea desmantelado. Los tipos que en su día pasaron inadvertidos lo siguen haciendo mientras que los que han tenido una presencia desastrosas aparecen ahora convertidos en caricaturas de sí mismo. Da pena ver como el estadio al completo se cachondea de Mariano Pernía y en cierto modo me parece injusto descargar la ira de otras muchas cosas en hombros de un simple jugador cuyo único crimen básicamente es ser malo, pero en cierto modo es lo que hay. En cualquier caso ni Pernía ni nadie asume el club, la empresa, como suyo y todos están esperando que pasen los quince días correspondientes para dar inicio el primer día del resto de sus vidas. En una situación así poco o nada se puede esperar. Si el balón pasa cerca y no cuesta mucho echar un cable alguno lo hará pero que nadie espere grandes dispendios cuando la cabeza está ya en otro sitio.

El resultado del At. Madrid-Sporting es tan engañoso como probablemente injusto puesto que la única diferencia entre este partido y pongamos por caso el partido del Osasuna es algo más de vergüenza torera (poca) de algún que otro presunto profesional enfundado en la casaca rojiblanca, una contumaz falta de calidad (que no actitud, valentía ni ganas) por parte de la plantilla asturiana para acertar en la portería contraria y algo de suerte. Por lo demás el ya clásico partido soporífero del Calderón “adornado” esta vez por los elementos que como champiñones aparecen en tiempos de crisis y que convierte el conjunto (partido, plantilla y entorno) en un lamentable esperpento. “Hubo alguna jugada de calidad”, dirán algunos. Si, es cierto que la hubo pero generalmente a base de quijotescos empeños de los de siempre: Agüero, Forlán y Simao intentando significarse respecto del resto. Supongo que las dará mucha vergüenza compartir colores y vestuario con la banda de indolentes millonarios que tiene la desgracia de compartir linimento.

Me aburre cada vez más escribir del Atleti como concepto así que escribir sobre su juego se está convirtiendo en algo así como una tortura que me hace tanta ilusión como ir al estadio. Es decir, ninguna. Esta vez sentía cierta curiosidad por ver como reaccionaria una afición adormecida y tan indolente como sus jugadores que hace mucho tiempo que dejo de ser esa “mejor afición” que fue y con la que a todos se les llenaba la boca. La protesta en la puerta cero, y me duele decir esto, creo que ya no funciona. No tiene poder de convocatoria (nunca la tuvo) y ahora gracias a las fuerzas del orden ni siquiera puede tener repercusión mediática. Los “competentes policías” primero llevaron a los manifestantes hasta la parte exterior del túnel, lejos de la puerta cero, para impedir que la prensa nos vea. Después un envalentonado muchacho del cuerpo obligaba a retirar una de las pancartas porque al parecer “incitaba a la violencia”. Resulta cuando menos paradójico que un tipo con cara de pocos amigos y armas abrochadas a su cintura alegue incitación a la violencia sobre una pancarta que no tenía un solo insulto. Por lo demás y ya dentro del estadio una media entrada desangelada e inconexa manifestaba un cierto enfado que por una vez si pareció sincero. El Frente Atlético volvió a ejercer ese papel que muchos aficionados reclamaban liderando el descontento del público y si bien no comparto alguno de los cánticos que profesaron en general estoy de acuerdo con la actitud que tomaron. Especialmente con proferir cantos contra directiva y jugadores justo después de celebrar y aplaudir los goles. Creo que la afición debe tomar conciencia de que tenemos que desvincular gestión de resultados deportivos. Es decir, que la gestión en esa casa en ruinas es nefasta y lamentable entremos o no entremos en Champions.

Todavía quedan cinco partidos en los que avergonzarse de ser aficionado de este equipo. Cinco partidos en los que nadie espera el menor atisbo de reacción ni la más mínima posibilidad de salvar una temporada catastrófica en lo institucional y vergonzosa en lo deportivo. Otra. Cinco partidos para seguir lamentándonos, escuchar excusas baratas, especulaciones de futuro, insultos de nuestro dirigentes y desprecio de los medios de comunicación. Cinco partidos en los que todos los protagonistas estarán pensando en cualquier cosa menos en esos cinco partidos. Unos en como tapar las vergüenzas, otros en conseguir otro contrato exagerado y nosotros pensando en el enésimo proyecto que no creo que se diferencie mucho de los anteriores.

A todo esto, ganó el Atlético de Madrid por tres goles a uno.

Patético

Sinceramente, no tengo nada más que decir.

Ver a lo que ha quedado reducido este equipo me da vergüenza. Es patético, humillante y doloroso.

Por primera vez en mi vida me voy a dormir con un partido del atleti en juego.

Ladrones de cuerpos

A mediados y finales de los años 80, siendo yo entonces un impresionable niño con todo por descubrir, ya era socio del Atlético de Madrid. Recuerdo aquellos partidos con cariño y nostalgia pero los recuerdo también como tremendamente fríos no solo por el gélido relente que emerge desde el río hacia las gradas sino porque entonces era muy difícil ver un estadio Vicente Calderón totalmente lleno como ahora lo vemos cada domingo. Lo normal entonces era encontrarse una fría (aunque bulliciosa) media entrada “larga” que dejaba ver bastante el por entonces gris cemento que decoraba las gradas de coliseo colchonero. Durante esos años, dependiendo de la edad y del momento, veía los partidos en compañía de mi hermano, mi padre, un amigo de este con su hijo, mi tío, tres de mis primos, algunos amigos míos…, todos ellos y otros más han estado a mi lado sufriendo y disfrutando del Atlético de Madrid durante muchos años pero a día de hoy, mucho tiempo después de aquello, los únicos que seguimos siendo socios del atleti y vamos regularmente al estadio somos mi hermano y yo. El resto de la tribu, asqueados por las circunstancias, ha perdido interés por el fútbol en mayor o menor grado atravesando en algún caso una clarificadora epopeya que les ha llevado a renegar de este deporte como ex fumadores radicales. La mayoría no obstante mantiene un perfil bajo de aficionado y sigue las vicisitudes del “glorioso” alejados del vergonzoso sucedáneo que ha usurpado el nombre del club y que publicita con interesada desvergüenza la red mafiosa que también ha secuestrado el periodismo deportivo de este país. Sin embargo, paradójicamente hoy es una “alegría para los sentidos” acudir a un estadio Vicente Calderón donde el cemento está tapado por sillas de colores (generalmente muy sucias) y que ahora suele estar lleno domingo tras domingo de eufóricos atléticos enfundados en colores rojiblancos y casacas del Liverpool. No me salen las cuentas. Mientras mi familia atlética cercana decrece en un proceso degenerativo imparable la familia atlética oficial crece de forma inversa y aparentemente goza de buena salud.

En 1956 un director de cine de serie B llamado Don Siegel dirigió “La invasión de los ladrones de cuerpos” basándose en una novela de ciencia ficción publicada pocos años antes creando así una afamada película de culto que ha sufrido varias secuelas a lo largo de los años (memorable la de 1977), que ha inspirado docenas de obras posteriores basadas en un hilo argumental muy parecido y que a mí me vale para teorizar al respecto del tamaño y forma de la familia atlética y de lo que está pasando en este club centenario.

Santa Mira es en la película un pueblecito recóndito del oeste americano donde en un relativamente corto periodo de tiempo se produce un fenómeno extraño que puede pasar desapercibido para cualquier observador imparcial pero no para el protagonista de nuestra historia que vive y siente allí. Los ciudadanos del pueblo aparentemente son los mismos en aspecto, forma y recuerdos que siempre pero ahora aparecen como fríos, deshumanizados y carentes de cualquier tipo de emoción. Todos hacen lo mismo todos hablan igual, todos piensan igual y todos actúan igual. El pueblo de repente es una aparente máquina “perfecta” donde no existen problemas ni desaires funcionando como una engrasada cadena de montaje. El protagonista y su novia viven una asfixiante experiencia entre la incredulidad de lo que creen ver y la paranoia de no saber si es cierto hasta que obtienen la certeza de que un complot extraño (extra terrestre) está sustituyendo las personas del pueblo por replicas exactas en apariencia y forma pero que en el fondo son criaturas que nada tienen que ver y que actúan robóticamente obedeciendo a una empresa superior que tiene como objetivo eliminar a los terrestres y quedarse con la tierra para beneficio propio.

Desde la fraudulenta llegada de Jesús Gil al poder del Atlético de Madrid la campaña de desarraigo en el club ha sido una constante. Comenzó con la violenta expulsión de la guardia pretoriana de entonces (los Arteche, Landaburu,…), el desalojo y ninguneo de las viejas glorias de siempre que no actuaban como robots programados por el gilismo (el Atleti debe ser el único club del mundo que vive sistemáticamente de espaldas a su glorias vivas) y está culminando con la torpe y chapuzera labor de ese hijo de la familia que heredó el legado atlético (¿demasiado torpe para los negocios de verdad?) que sigue desnaturalizando definitivamente el club y entregándoselo a manos tan ajenas como negligentes y carentes de talento (Pitarch es un gran ejemplo que eclipsa todos los demás). Las razones que los Ladrones de Cuerpos dan en la película son la construcción de un mundo “más avanzado” y sin problemas originados por “sentimentalismos” que coinciden con las razones de nuestros “ladrones” particulares que sin ir más lejos hace un par de años remitían a la “profesionalización” del club para justificar su violento desmantelamiento. En ambos casos la verdadera razón parece obedecer exclusivamente a intereses personales.

Una vez “saneadas” las oficinas de elementos pensantes y sensibles la labor de lavado de cerebro tiene más ramificaciones ya que el verdadero objetivo tiene que ser la afición, los erráticos humanos que habitan esta Santa Mira rojiblanca, que al fin y al cabo son los que pagan. El objetivo se consigue poco a poco “matando” a los hostiles y abrazando con ardor a los nuevos replicantes nacidos de las vainas de la publicidad engañosa que vende un sucedáneo acaramelado de la realidad, seductor y tremendamente digerible. Una elegía a la derrota, al fracaso y a la mediocridad que es disfrazada elegantemente con aparente espíritu genuino de atrezzo. En definitiva una réplica tosca pero fácil de tragar que interpreta de forma errónea pero efectiva la verdadera personalidad del Atlético de Madrid. Poco a poco el mensaje va calando y se va consiguiendo el requerido lavado de cerebro gracias al concurso inestimable de los medios de comunicación, protagonistas principales de la historia, a los que el universo Gil inteligentemente incluye dentro de la patraña como “amigos”. De esta manera se va creando una pasta homogénea y uniforme que sin perder el color original ni el caché ganado durante cien años de esfuerzo aparece ahora amable, barata, obediente, sumisa y folclórica.

Una de las escenas más escalofriantes de la primera secuela de la película es cuando a los niños de un colegio se les pide hacer un dibujo cualquiera y todos hacen exactamente el mismo. Todos reaccionan igual porque todos tienen los mismos mecanismos de razonamiento. Aquellos que como yo tengan la particularidad de convivir con aficionados colchoneros que viven al margen de este reducto de Asterix y Obelix que supone internet y páginas como esta (supongo que la inmensa mayoría) podrán observar con mucha facilidad como la afición habla siempre de lo mismo, con los mismos argumentos y como estos coinciden a su vez con lo que indisolublemente todos los medios de comunicación se encargan de transmitir como si se tratase de propaganda soviética. Una semana toca hablar de que se marcha el Kun, otra semana toca hablar de Torres, otra semana es Aguirre,.. una semana la culpa es de la defensa y otra de la afición. Todos dibujan exactamente el mismo dibujo sin fisuras en un verdadero escenario sin emoción ni crítica donde nadie se cuestiona nada que no se puede cuestionar. De esa forma todo el mundo entiende que la cuarta plaza es un “éxito”, jugar la intertoto es jugar la UEFA, fichar a dos tipos que nadie quiere y que están jugando la liga rusa son fichajes “galácticos”, aprobar en la repesca es “cumplir objetivos”, decir “de que” es gracioso y marcharse del Atlético de Madrid es “mejorar”.

Pero el mundo sigue girando. El estadio está lleno, las camisetas se venden y los protagonistas parecen ser los mismos de antes sin serlo. El nuevo animal es una copia exacta del antiguo pero sin sentimientos ni emociones donde todos juegan el papel que el ente extra terrestre tiene asignado y en ese escenario las cabezas que pagan la comida y acuden al estadio sólo pueden aplaudir, sonreír y trabajar pasivamente para la causa. Las cabezas originales no están o si están han sido sustituidas por replicas exactas que piensa y actúan como todos. Un menguante grupo de irreductibles (antiguos y nuevos, ojo) parecen apercibirse de la realidad y primero tratan de alentar a la prensa oficial para que lo denuncie pero renuncian a ello cuando toman constancia de que son parte de la trama. Incansables forman pequeños grupúsculos de resistencia a través de la red de redes pero no se consigue la difusión deseada y si la constante amenaza del ostracismo o la estigmatización por parte del sistema. En la película los dos supervivientes se escapan del pueblo e intentan alertar a los conductores de otras ciudades desde la carretera pero también son tomados por locos.

La película tiene dos finales según la revisión que veamos: uno feliz y otro triste. En la original un tercero (el ejército) acaba entrando en liza aniquilando a los extraterrestres y salvando el pueblo. En la secuela los dos supervivientes se encuentran al cabo de los años y uno de ellos se da cuenta de que el otro ha sido también abducido con lo que descubre que realmente es el único que queda. ¿Cuál será realmente el final de nuestra película particular?

Siempre igual

Una de las frases que más escucho en un campo de fútbol desde que tengo uso de razón es esa que reza “si jugaran así siempre...”. El Atlético de Madrid no ha hecho esta tarde un partido brillante, ni un fútbol espectacular y ni siquiera ha conseguido una victoria sencilla a pesar de la contundencia del resultado, pero el equipo colchonero ha mostrado desde el primer minuto hasta el último una tensión, una concentración y una intensidad que desgraciadamente hemos echado de menos en muchos partidos de esta temporada (y otras temporadas). Se suele decir eso de que en el fútbol actual se han reducido las distancias y puede que sea verdad pero no es algo que tenga que ver con el talento. Ganar es cada vez más difícil porque ahora en el fútbol juega un papel crítico factores como la capacidad o el poderío físico, el rigor táctico y la labor de equipo que son características que a diferencia del talento se pueden entrenar. Es cuestión de horas. En un fútbol tan físico y cerebral tu planteamiento a la hora de enfrentarte al contrario tiene que tener estás características al menos tan entrenadas como el contrario porque de otra forma te comen. Nosotros lo sabemos bien porque al Atleti lo han comido muchas veces simplemente saltando al campo entrenado, bien preparado físicamente y con todos los sentidos puestos en el campo que es lo que hoy si ha hecho el equipo madrileño. ¿Por qué no será siempre igual?

Debo decir que desgraciadamente las muestras de protesta que se habían propuesto desde internet esta semana apenas han tenido seguimiento en el campo lo cual es algo que debería hacernos reflexionar a los que desde este medio soñamos con un atleti distinto y unos dirigentes dignos. Yo a veces también tengo la sensación de que somos muchos y que tenemos mucha fuerza pero me temo que ni lo uno ni lo otro. La lectura fácil es que la afición de este equipo es un desastre pero resulta que cuando hoy le contaba a mis compañeros en la grada (algunos muy poco sospechosos de connivencia con la directiva) las medidas de protesta me reconocían con estupor que era la primera vez que habían escuchado hablar de ellas y que no se habían enterado. No llegamos, es un hecho.

Pero hablando del partido el equipo salió como debería salir siempre y desgraciadamente no lo hace casi nunca, con furia, con fuerza, con ganas, concentrados y a por el partido. El Numancia, con el agua al cuello y la angustia que da estar en la cola de la tabla, planteó un partido a la vieja usanza con mucha gente atrás, mucho mecanismo defensivo y mucho miedo. El Atleti es un equipo que no sabe crear fútbol ni tratar al balón como se merece así que ambos trenes se dieron de bruces en una guerra de pundonor y derroche físico bastante áspero. El Atleti sin embargo, a diferencia de otros días, tuvo más paciencia e intentaba abrir la lata como se debe hacer jugando frente a equipos de estas características que es moviendo el balón y el equipo con rapidez sin tener prisa por la verticalidad. Pero no cuajaba y la primera parte se pasó como un suspiro con un atleti bien plantado y con ganas pero sin apenas ocasiones de gol.

La segunda parte comenzó exactamente y con las mismas premisas y resultados que la primera parte. Unos Forlán y Agüero algo más incisivos no conectaban con un centro del campo espeso y lento que no conseguía encontrar el hueco entre la poblada defensa numantina. La grada empezaba a ponerse nerviosa pensando en la posibilidad de perder definitivamente el tren de Europa pero entonces ocurrió algo que sinceramente no entiendo como no ocurre desde el principio más a menudo. El bueno de Ever Banega saltaba al terreno de juego en lugar del siempre inoperante, mediocre y prescindible Raúl García. La progresión negativa que ha sufrido este jugador es ciertamente lamentable. Su aporte en el juego de ataque es nulo, su labor en la creación resta más que suma y su potencial defensivo queda inutilizado con la buena colocación de Asunçao. Una pena. Jamás está cerca del balón y cuando está ni lo pide ni se lo pasan. Es como el árbitro que siempre se coloca en el lugar del campo con menos posibilidades de entrar en contacto con el balón. Ever Banega no es Maradona y a día de hoy ni siquiera creo que sea un gran jugador pero es lo más parecido a un centrocampista que tenemos en la plantilla y el equipo lo ha notado. Con él en el campo la circulación del balón se ha descongestionado y al menos siempre había un tipo cercano dispuesto a recibir y distribuir con cierto criterio. De esa forma tan sencilla el equipo se ha desperezado y ha tomado más alegría. Un balón que llega a la banda dirigido hacia el incombustible Forlán es devuelto por este al área donde el propio Banega la recoge, recorta a su defensor con criterio para chutar a puerta y poner el gol en el marcador que suponía la tumba del Numancia.

Este tipo de partidos se resuelven en el momento en el que se mete el primer gol y esa podría ser la sensación de lo que ha ocurrido hoy pero a mi me queda otra porque desde el momento de ese gol el Numancia se ha desperezado y se ha ido hacía arriba con alegría y llegando a sacar los colores en más de una ocasión hasta el punto de marcar un gol en presunto fuera de juego que a mi no me lo pareció y que de haber sido concedido hubiese cambiado bastante las cosas. Malditos entrenadores... Pero afortunadamente para los colchoneros no ocurrió y por el contrario llegaron dos goles más de color rojiblanco (Forlán y Simao) que daban tranquilidad y esperanza a una afición pasada por agua.

¿Y ahora qué? Pues veremos. En una liga tan mediocre como la que estamos viviendo absolutamente todo es posible y si el atleti noqueado como ha sido noqueado tantas veces a lo largo del año sigue manteniendo intacta las aspiraciones de jugar el año que viene la Champions perfectamente puede acabar jugándola. Mirando el calendario no parece tan descabellado pero me temo que hace falta salir todos los días como hoy.

Herido

Dicen que el animal más peligroso es el animal herido y yo creo que es verdad. También lo deben creer así los que se han cruzado conmigo esta semana con ganas de tocar las narices hablando del atleti puesto que yo, como casi todos los atléticos, éramos un animal herido y en esas circunstancias es mejor no provocar. Lo que ocurrió el pasado domingo en el Calderón frente a Osasuna fue un punto final o cuando menos un punto de inflexión. El equipo tocó fondo cuando a la penosa procesión de despropósitos encabezada por ese veterinario vocacional que representa la mayor enfermedad que ha sufrido este equipo en toda su historia, que además es correspondida por una gestión técnica y deportiva que sería incluso vergonzosa para instituciones amateur, a lo que el domingo se le unió la desidia, la apatía, el pasotismo y la falta de profesionalidad de unos jugadores cuyos sueldos están muy por encima de su rendimiento y actitud. El partido de hoy era muy importante más que por ese premio financiero de jugar la Champions del año que viene y que tanto parece preocupar a todo el mundo por decidir definitivamente si nos tirábamos por el tobogán hacía el infierno más nocivo o se conseguía lavar la cara y tener el residuo de orgullo que nos permitiese mirar al futuro aunque sea con vergüenza. Afortunadamente ocurrió lo segundo.

Hasta el último cuarto de hora del partido el Atleti ha hecho un partido casi perfecto lo cual es algo que no solemos poder decir. El equipo no ha aprendido a jugar al fútbol en 7 días ni sus jugadores han aprendido los secretos de este deporte en una sesión continua de vídeos. El equipo sigue estando mal confeccionado, sigue estando desequilibrado y sigue teniendo una carencia vergonzosa de talento en la construcción pero cuando los once jugadores que saltan al campo se emplean a fondo con solidaridad y obediencia al esquema establecido las cosas para el equipo contrario son muy complicadas (es eso de que ya no hay rival pequeño, etc, etc,...). Si a eso le sumas una orden táctico inteligente, agresivo y valiente (bien por Abel) y dos o tres jugadores de calidad sobrenatural, el resultado da el Atleti de hoy. Gracias a la negligencia de los amigos del heredero Gil este equipo no está construido para ganar todos los partidos que juegue pero si saltase al campo con estas premisas todos los días me temo que los partidos perdidos serian muchos menos de los que ahora tenemos y podríamos soñar con otras cosas.

La primera parte fue un ejercicio táctico y de fuerza que ganó de calle el Atleti. Con la defensa adelantada y una primera línea presionando hasta la extenuación (sobresaliente todos en esta tarea en el día e hoy) el equipo se hizo dueño de la pelota y del ritmo del partido. Con un Asunçao notable en su faceta de contención y un Raúl García estorbando menos de lo que él acostumbra el balón llegaba rápido a los de arriba que con esa verticalidad y rapidez que parecían haber olvidado los últimos partidos encaraban la puerta contraria. Las ocasiones no era muchas pero la intensidad del juego era muy interesante el partido entretenido. La defensa colchonera hoy parecía inexpugnable y poderosa y es que cuando el equipo esta junto y concentrado ocurren estas cosas. Señores periodistas: ni una cosa ni la otra. Hay que ver más fútbol. Las pocas ocasiones, sin ser especialmente claras, eran para los madrileños y casi siempre en la pies de Kun o Forlán muy activos todo el partido.

Hasta que llegaron las postrimerías de la primera parte y con ella la maravilla que supuso el primer gol de Atleti. Un Arranque del Kun en los tres cuartos que le da el balón a Diego Forlán haciendo este una pared prodigiosa en parábola que deja al Kun en el borde del área. El argentino se va en potencia hacía la portería y eleva en semivaselina por encima del portero. Un gran gol que hacía justicia sobre lo que estaba ocurriendo. Antes de ir al descanso tuvimos también la posibilidad de asistir a la agradable noticia de que el equipo no tenía la intención de echarse hacia atrás como en los infaustos tiempos del amiguito mejicano del heredero Gil.

La segunda parte comenzó como terminó la primera. Un deportivo peleón pero aturdido e inoperante frente a la agresividad, el rigor táctico y la rapidez con el balón de los atléticos. Lejos de que los gallegos inquietaran la portería de Leo Franco las mejores ocasiones seguían llegando del lado rojiblanco por parte de todos sus hombre de la delantera pero especialmente con un trallazo de Maxi al larguero tras una bonita jugada trenzada en el área por la delantera atlética. La tensión se mantenía gracias a la poca distancia que reflejaba el marcador pero la sensación era la de que un segundo gol del los madrileños sería letal y este acabó llegando en otra gran jugada de los de Abel. Un inusual arranque de potencia con el balón de Raúl García desde el medio campo deja el balón a Simao que a base de velocidad, técnica y fuerza consigue entrar en el área gallega hasta plantarse delante del portero y batirlo. 0-2 y aparentemente partido sentenciado.

Pero faltaba un cuarto de hora y se dieron dos situaciones a la vez que dieron picante a lo que quedaba de partido. Por un lado el orgullo del Deportivo y la sensación de que a no había nada que perder. Por el otro el agotamiento físico del Atleti que empezó a pagar el exigente desgaste de todo el partido. Abel intento aportar oxígeno y control metiendo a Banega y Sinama quitando al Forlán y Agüero pero no funcionó y el equipo se vino abajo metiéndose en su área con lo que se pasó francamente mal ese tramo final del partido. Especialmente cuando una inexistente falta lateral es mal defendida por la defensa y provoca el recorte de distancia por parte de los gallegos y que dio pie a unos cinco últimos minutos agónicos que afortunadamente no estropearon un trabajo excelente.

La victoria de hoy lejos de aclarar el panorama crea más dudas como la de intentar descifrar la razón por la que este equipo parece tan diferente según las circunstancias. Yo desde luego tengo mi propia teoría.

Ruina

Los deportes de equipo tienen esa cosa entre odiosa y fascinante de que no sabes para qué o para quien estás jugando. Cuando Rafa Nadal lo da todo lo hace por Rafa Nadal igual que cuando pierde el que pierde es Rafa Nadal. Si juega mal lo hace él y si lo hace bien también. Todo está claro como el agua. En los deportes de equipo no es tan sencillo. Tú puedes ser el lateral derecho del Atlético de Madrid o su portero o el entrenador pero en un momento dado decir que sólo eres el lateral o el portero. ¿Qué es el Atlético de Madrid que juega? No es tan fácil de decir y en esa discontinuidad se pueden dar situaciones tan esperpénticas como la que hemos tenido la desgracia de sufrir hoy en el Vicente Calderón donde han jugado mal unos, hemos perdido otros siendo todos aparentemente el Atlético de Madrid.

El Club Atlético de Madrid es un equipo en ruinas más cerca del abismo de lo que muchos quieren ver y otros quieren ocultar. Gestionado por gentes a la que el futuro de la institución le interesa tanto como el pasado, es decir nada, el panorama que dejan es una institución socialmente en horas bajas, ninguneada sistemáticamente por la prensa, con una deuda económica muy importante, con un proyecto deportivo cancerígeno dirigido por una deleznable mezcla de incompetentes y farsantes además de una plantilla carísima y sobrevalorada que ni sabe ni quiere saber para qué o para quien están jugando. El Club atlético de Madrid ha vuelto a ser esta tarde una caricatura barata y aburrida de un equipo de fútbol. Ha sido una macabra broma interpretada por unos tipos sin vergüenza ni profesionalidad que aprovechan cualquier descuido del Gran Hermano para desvincularse de un proyecto con el que nunca se han sentido vinculados. El Club Atlético de Madrid sería mucho más Club Atlético de Madrid sin este puñado de farsantes hipócritas y mentirosos que con su cruzada egoísta está destrozando un equipo centenario.

Deportivamente sin embargo el partido tiene una lectura muy sencilla: el Atlético de Madrid no sabe jugar al fútbol y no sabe hacerlo porque cuando hace casi tres años los inútiles que dirigen esta barca apostaron por un concepto y una gente que meses después ya habían demostrado que eran un fracaso, la directiva se empeñó en mantener a los mismos por el vicio maquiavélico de querer vivir siempre al día. El Atlético de Madrid no sabe jugar al fútbol porque tiene una plantilla sistemáticamente mal diseñada, mal construida, desequilibrada, plagada de medianías en el ocaso de sus carrera y carente absolutamente de calidad en el centro del campo para construir. El Atleti lleva lustros sin tener un centrocampista de construcción y así nos va. El Osasuna, jugándose mucho como nosotros pero a diferencia nuestra extrapolándolo al césped, se limito a hacer lo que nosotros hacemos con Abel contra los equipos grandes, esos con los que Aguirre se cagaba, adelantar la defensa, presionar la salida del balón y jugar en poco espacio. El Atleti no sabe que hacer con el balón y una presión ordenada de Osasuna bastaba para que la jugada acabara en un patadón de Ufjalusi o Pablo. Asunçao y especialmente ese paquete que nos vendieron con el nombre de Raúl García son incapaces de ofrecerse y dar un balón en condiciones a la banda o a los de arriba. Ellos se limitan a robar el balón en defensa (el portugues) y a hacer el ridículo en defensa y en ataque (Raúl García). De esta guisa Osasuna salió más enchufado, tuvo más el balón y tuvo más ocasiones aunque el gol llegó a balón parado y tras otra interpretación de Carmen de Bizet por parte de nuestra generosa defensa que de forma solidaria dejo a Pandiani sólo en el área para rematar a puerta.

Cualquiera podría pensar que el gol espoleó a los rojiblancos pero nada más lejos de la realidad. Osasuna siguió firme y el Atleti siguió andando, tomando el sol, dando patadones y siendo inofensivos. Como tantas otras veces sólo una jugada aislada de alguno de los delanteros colchoneros podía cambiar las cosas... y así fue. Forlán recogió un balón cerca del área, vete a saber como, se fue de varios rivales hacia la portería hasta sacar un potente zurdazo, su pierna “mala”, que se incrustó en la red. Un gol engañoso que puso el injusto empate en el marcador puesto que los navarros habían sido siempre mejor. Pero no duro mucho la injusticia porque en un saque de esquina el balón llega a la tripa de Ufjalusi que dejó el balón muerto para que un admirado rival pusiese el 1-2 en el marcador. Nada más hasta el descanso en otra, la enésima, muestra de soporífero anti-fútbol a las que nos tienen acostumbrados. Tan soporífero fue que hasta el bueno de Enrique Cerezo, recordémoslo presidente de este equipo en el palco, se echó una cabezadita ante el estupor del presidente pamplonica. Hay que entender que a este señor esto del Atleti se la suda.

Tras el descanso lejos de cambiar las cosas y entre ellas el que siguiese la pareja de mediocentros en el atleti, cosa incomprensible dada la torpeza, incompetencia y peligro para la salud pública que supone esta pareja de leñadores, las cosas siguieron como estaban. Por esa sencilla razón a nadie le extraño que en una gran jugada trenzada de los de Osasuna el balón volviera a acabar en las mallas del siempre cansado y ausente Leo Franco. Osasuna no había ganado un partido fuera de casa hasta hoy pero el efecto balsámico del atleti volvió a cambiar la historia. Se escucharon entonces algunos gritos contra el palco y contra los jugadores pero la respuesta masiva de la afición colchonera fue la de largarse a su casa. Que cada uno aguante su vela.

Salió Banega a jugar y aunque dio más movilidad al equipo el recambió llegaba tarde. No entiendo como este tipo no juega de titular y si lo hace ese fracaso llamado Raúl García. Banega no es ni siquiera jugador del Atlético de Madrid (es un tipo que ni fu ni fa) pero viendo lo que hay en la plantilla ahora mismo es un crimen que no juegue. Aunque ni Banega ni nadie impidió que el irani Masoud marcara un precioso cuarto gol haciéndole tantos regates a Pablo en el área como si fuese José Tomás dando naturales a un toro bravo. La afición colchonera recompensó el gol con aplausos más por chufla que con sentimiento. Dedicar más dos palabras a relatar el gol de Pablo que recortaba distancias o lo que sucedió de ahí al final no merece la pena.

Hoy me he dado cuenta de que el Atleti tiene que morir para vivir. Este proyecto está muerto y la mayoría de sus protagonistas, por mucho que nos duela, sobran y deben desaparecer. Empezando por MA Gil y acabando por Leo Franco. Tenemos que empezar desde cero y me temo con bastante más humildad.

Matrimonio de conveniencia

Durante muchos siglos de la historia, y de hecho es una práctica común todavía en algunos países de esos que llamamos subdesarrollados, los matrimonios eran preparados y acordados por las familias de los protagonistas que lo contraían pero nunca por ellos mismos. A esas uniones serias y profesionales se les llamaba (y se les llaman) “matrimonios de conveniencia” y su intención no era ni mucho menos la de propagar el mal por el mundo como algún romántico de mentalidad infantil pueda pensar o la de facilitar la labor de los guionistas más almibarados de Hollywood sino que generalmente constituía una especie de negocio o tratado en el que de forma escrupulosa ganaban todas las partes y que de algún modo hasta estaba aceptado socialmente aunque hoy nos tiremos de los pelos. Esta era fundamentalmente la forma empleada por realeza, nobleza y ricos en general para reproducirse no sólo para no perder su privilegiada posición sino para ganar estatus, dinero, poder o cualquier otro adjetivo de esos que asociamos al mundo empresarial y del éxito. Nadie hablaba de amor por la sencilla razón de que el amor no tenía nada que ver con el negocio. ¿Qué tiene que ver el amor con el matrimonio? Meter una variable tan caústica y difícil de manejar como el amor en la ecuación es complicarse la vida. Ese tipo de cosas relacionadas con sentimientos de difícil explicación se solucionaban según los casos con poesía, literatura floreada, amantes furtivos o discretas casas de lenocinio. El amor era para los pobres y para aquellos que literalmente no tenían nada que ganar o perder. Para los que no cuentan.

El pasado martes, poco antes de la hora de comer, me llamó un amigo colchonero para avisarme de que Fernando Torres había concedido una entrevista a La Razón en la que “recomendaba” al Kun Agüero largarse del Atlético de Madrid. Mi amigo es conocedor de mi opinión al respecto de la huida de Fernando Torres del Atlético de Madrid, que no es precisamente la que él profesa, así que esperaba algún tipo de contestación beligerante por mi parte que lo ayudase a cambiar de opinión. No lo hice. No lo hice porque no me podía creer que Fernando Torres hubiese dicho algo así. Independientemente de lo que piense de su salida o de su actitud desde que vive feliz y dichoso en Anfield lo considero un tipo inteligente, cabal y en cierto modo seguidor colchonero así que dudé que alguien de esas características pudiese decir algo parecido así leí la entrevista.

Siguiendo la línea de amarillismo y pseudo-periodismo rosa que caracteriza nuestra prensa deportiva el titular de La Razón ponía en boca de Fernando Torres la siguiente frase: “Agüero tendrá que marcharse del Atlético”. Este lamentable titular de La Razón o el de mi amigo (que probablemente lo habría escuchado en algún que otro folletín radiofónico de similar catadura moral) no son más que lecturas interesadas, dañinas, cínicas y tergiversadas de las palabras de Fernando Torres. Es decir, lo normal entre periodistas deportivos españoles (y perdón por seguir utilizando la palabra periodistas para referirme a esta estirpe de pendencieros mentirosos). La entrevista sin embargo es mucho más interesante que sus desgraciados titulares en lo que concierne al Atlético de Madrid e irónicamente su lectura reposada me hace sacar unas cuantas conclusiones que hacen sentirme todavía más triste que si sólo hubiese escuchado el titular capcioso.

Las palabras de Fernando Torres son inteligentes, tienen sentido y parecen honestas. Muy profesionales. Están de acuerdo con el subconsciente colectivo de los seguidores del fútbol moderno de forma que todos las entiendan y compartan. Supongo que por todo ello enloquecerá y armará de argumentos a todos aquellos que defienden a este excelente profesional que ahora parece ser un icono mediático. En la entrevista además de reconocer que le duele no haber jugado en Europa con la elástica colchonera Fernando Torres dice que se sigue “considerando atlético” y que ojalá algún día pueda volver a este club. Todo bien por ahí pero desgraciadamente dice más cosas… como por ejemplo que el club progresa más despacio que algunos de sus jugadores (como él mismo) y que por ello, de seguir así, el Kun Agüero en algún momento se tendrá que marchar como hizo él. Es cierto que el club progresa despacio pero ¿por qué ocurre eso Fernando? ¿Es la supuesta naturaleza perdedora de esté club o se nos escapa algo? ¿Progresa despacio por qué tiene que ser así o hay alguien poniendo el freno? ¿Ocurre por alguna razón que él que estuvo dentro nos pueda aclarar (pero no aclara) o es que esta institución no da para más? ¿Habría alguna posibilidad de que no fuese así o no hay ninguna y por eso te largaste?

Dice también que le hubiese gustado ser Gerrard, Totti o Raúl , tipos que “pasan todas las etapas en el equipo”, “son capitán” y consiguen “todo lo que han soñado“ pero que en el atleti eso era “imposible”. ¿Imposible? ¿Por qué era imposible Fernando? ¿Cuáles eran tus sueños con el Atleti? ¿Caducaron tus sueños cuando cumpliste 22 años?

Raúl pasó por todas las etapas… pero no en el Real Madrid sino precisamente en el Atlético de Madrid de donde es su familia y de donde salió el propio Raúl así que si vamos por ahí Torres podría ser el Raúl del Liverpool pero nunca el del Atleti. Entiendo que no es ese precisamente el caso al que se refería así que lo entenderé como un lapsus relacionado con la juventud del protagonista y el poco interés por la historia que se les suele suponer a los futbolistas.

Totti tiene 32 años y ha ganado una liga y dos copas que es menos de lo que yo he “ganado” como aficionado atlético con 32 años. En los últimos 20 años la Roma ha ganado la liga una sola vez (3 en toda su historia), tantas como la Sampodoria o la Lazio y menos que el Nápoles. No ha ganado un solo título internacional en ese periodo. Torres jugó 4 temporadas en primera con el atleti desde los 18 a los 21 años. Cuando Totti tenía esos años la Roma quedó en la liga dos veces quinto, una vez cuarto y una vez duodécimo pero no pareció afectar al bueno de Totti en su concepto de compatibilidad entre amor y colores a vestir. No creo que proporcionalmente la Roma tenga mucho más peso mediático en Italia que el Atlético de Madrid en España así que no entiendo qué es lo que supuestamente le faltaba a Torres para ser el Totti del Atlético. Para mí está claro: Nada. Otra cosa es lo que le faltaba a Torres respecto e Totti para poder serlo.

Gerrard no ha ganado la liga (tiene un par de copas y otros torneos que no se juegan en España). La copa de Europa la ganó con 25 años contra pronóstico después de que el club sufriese una transformación en la que cambio de dueños y se contrató a un tipo como Benitez que ha vuelto a situar al Liverpool en la elite. Antes de Benitez el Liverpool era un club con muchas solera, con muchos seguidores pero estancado institucionalmente, superado por Chelsea y ManUtd en poder económico (y no económico) y con un déficit tremendo de títulos. ¿De qué me sonará esa situación? Sin embargo nada de eso pareció suficiente para que Gerrard, un tipo que estuvo antes y después de la catarsis, rechazase los cantos de sirena de equipos en los que “crecer” como futbolista y ganar títulos. Nadie le aseguraba a Gerrard la gloria cuando renovaba por el Liverpool pero eso a él no le importó. Es decir, Torres podría haber sido el Gerrard del Atleti simplemente queriendo serlo.

¿Qué es lo que ocurre entonces?

Lo que me temo que ocurre es que Fernando Torres, como sospechaba, entiende los “matrimonios” en el fútbol como matrimonios de conveniencia que es como a su vez los entiende la mayoría del resto de jugadores, los grandes empresarios, los buenos profesionales, la prensa, la FIFA, la UEFA, mi jefe, el MARCA y Belcebú. Tú me das títulos yo te doy minutos de gloria. Tú me das proyección artística yo te renuevo el contrato. Tú me das nobleza yo me caso contigo. Yo te doy dinero, tú me haces rey. Nada que comentar al respecto porque al fin y al cabo es a esto a lo que entre todos estamos reduciendo el fútbol. Si la mayoría lo acepta yo me callo. Eso sí, que no me hablen de amor en ese contexto porque me río. Que no me hablen de compromiso espiritual o de amor puro y verdadero porque me entra la risa. El amor transformado en gestos simbólicos pero inofensivos o declaraciones que actúan como placebo entre una afición que no tiene referencias a las que agarrase tienen el mismo riesgo que dar los buenos días a tu vecino en el ascensor o decir en una cena que si pudieras adoptarías un niño africano pero en lugar de eso te tomas otro pelotazo. Poesía y puticlubs. El cuerpo es para quien da dinero, gloria y nobleza a cambio. Es así y sólo puede ser así (parece ser). Es evidente que sólo los pobres o estúpidos según el código del fútbol moderno como Guerrero, Tamudo o el mismo Totti se casan con los equipos atendiendo a enquilosados y absurdos códigos éticos basados en la satisfacción que da el amor a unos colores y sin la certeza (aunque si con la esperanza) de conseguir “TODO” en su propio club. Que Torres lo dio todo en el Atleti nadie lo discute pero que se fue con 22 años, siendo capitán, el niño mimado, la ficha más alta del equipo, el buque insignia del club, el ídolo absoluto de todos los colchoneros pero que se fue a otro equipo donde hace lo mismo porque el Atleti no le parecía suficiente y que lo hizo porque le dio la gana, no debería cuestionarlo nadie tampoco.