Fin de fiesta

Ayer terminó en el Calderón la temporada 2008-2009 para el Atlético de Madrid y lo hizo, muy a pesar de la estirpe de presuntos periodistas que tienen raptado el periodismo deportivo y que lejos de apelar a sus escaso talento son incapaces de escaparse del tópico manido, sin nervios, sin agobios, sin sorpresas y con la única épica de ver un estadio lleno hasta la bandera, gritando, animando en su equipo y celebrando el éxito menor de la cuarta plaza y el éxito mayor de uno de sus ídolos. Éxito que por cierto tendríamos hasta en la propaganda electoral de los partidos frikis si Diego Forlán vistiera otras camisetas más galácticas. Con el 3-0 frente al Almería terminaba una temporada larga, rara, complicada y en la que en ningún momento el equipo se ha sentido sereno, sólido o a gusto. Una temporada para olvidar desde mi punto de vista. Una temporada en la que se comenzó improvisando y en la que se terminó de la misma manera porque al fin y al cabo como decía Confucio basta estudiar el pasado para pronosticar el futuro.

El ambiente era fantástico, increíble, era el ambiente de las grandes noches del Calderón. El equipo sin embargo salió atenazado por los nervios que no significa temeroso ni asustado ni venido a menos. Salió atenazado por la responsabilidad de no estropear la fiesta pero la sensación duro apenas los diez minutos iniciales. A partir de entonces, sin que el Atleti se hiciese todavía con el control del partido, el aspecto fue diferente, el balón volvió al césped y a estar lejos de las áreas lo que de momento tranquilizaba al respetable. Pero mientras los colchoneros se estiraba, se desperazaban y empezaban a entrar en el partido apareció el inagotable talento del Kun Agüero para adelantar el final y para sacarse un gol de la manga que levantó como resortes a los más de 50000 espectadores que allí estábamos. El Argentino recibe el balón en el lateral derecho del área almeriense, regatea en una baldosa a un par de rivales y saca una de esas piernas prodigiosas que ponen el balón en la red y el uno en el marcador. Corría el minuto 20 y el partido había acabado.

Había acabado porque a partir de ese momento no existió más equipo en el campo que el Atleti. Se hizo dueño del balón, del ritmo, del ambiente, del juego y del espíritu. La grada también ayudo con ese incansable grito de guerra que una y otra vez provocaba el Fondo Sur y que ayer si coreaba el resto del estado. Los jugadores, a diferencia de tantas y tantas veces, ni se dejaron verse afectados por el ambiente, ni sufrieron la presión ni sintieron el relajo de verse por encima del marcador y siguieron metidos en el partido hasta el minuto final. Hasta las jugadas a balón parado volvieron a ser una realidad en el Calderón y el “bueno” (por decir algo) de Raúl García remato un buen cabezazo que suponía la tranquilidad del 2-0 con el que se llegó al descanso.

La segunda parte resultó ser una balsa de aceite. El equipo seguía manteniendo en el terreno de juego el estilo y la entrega que nos ha llevado hasta este punto en ese final de temporada glorioso y que como una alegoría se podía ver en la cara de Abel, serio y concentrado. Existió algún desajuste defensivo y alguna que otra ocasión de los andaluces pero todo terminó de finiquitarse con el enésimo zurdazo sobre humano desde su continente del uruguayo Forlán que subía el tercer gol al marcador, el número 32 a su cuenta particular (¡32 goles!) y la certeza de que el rubio charrúa sería el flamante bota de oro de esta temporada. A partir de ahí la celebración de la clasificación para la previa de la Champions, cánticos reivindicativos (“abeel, abel ,abel, abel...”), la ola dando vueltas, los himnos en el ambiente, el premio de la ovación a Forlán, ... en fin, el fin de la fiesta.

Hoy quizás no sea el momento y ya tendremos tiempo de teorizar sobre el futuro, la planificación, los descartes, el criterio de club, los desastres pasados, los errores de los que no aprendemos, la impertinente espada de Damocles de la prensa deportiva, las estupidez congénita de nuestros dirigentes incluso horas antes de jugarse toda la temporada en un partido, de fichajes, de los que tendríamos que traer, de la perenne crisis institucional, de Abel, de los enemigos de Abel y en definitiva de como debería ser el Atleti del futuro, Eso si, espero que los que tienen las riendas de este carro no adopten la misma actitud porque en esto estoy con Albert Einstein cuando decía que él no pensaba en el futuro porque este llega muy pronto y no le daba tiempo.

Gracias Forlán

En esto del fútbol hay partidos, los partidos importantes, en los que el fútbol es precisamente lo de menos. En estos partidos hay que morder, sudar, sufrir pero sobre todo ganar. Por lo civil o por lo criminal. Hoy era un partido de esos, de esos que da gusto jugar como jugador (y si no es así es mejor que te dediques a otra cosa) y que como aficionado se sienten con esa extraña pero adictiva mezcla de alegría y sufrimiento que a muchos nos hace repetir insistentemente año tras año. El Atlético de Madrid de las últimas tres temporadas, con ese entrenador de cuyo nombre no quiero acordarme, había tomado por costumbre salir a este tipo de partidos escondido, automutilado y temeroso hasta de si mismo. Esa actitud tan valiente nos había llevado a perder todos los partidos de estas características que disputábamos. Los grandes de rivalidad emotiva nos vapuleaban, cualquiera nos eliminaba en cualquier competición cuando la cosa se ponía seria y nosotros nos acostumbrábamos en nuestro asiento a esa mentalidad de plastilina que tan buenas ruedas de prensa les brindó a los periodistas. Pero las cosas cambiaron hace unos meses, sin duda para bien, y a una actitud y mentalidad renovada trajeron resultados significativos y una imagen decente que no terminaba de borrar esa incertidumbre que sin embargo parece poco a poco difuminarse en este gran final de temporada.

Porque está siendo un gran final de temporada. Puede que no lo sea en juego pero si lo es en eso que últimamente hemos reclamado hasta la extenuación a nuestro equipo: espíritu, compromiso, ambición y entrega y así, mientras un par de sinvergüenzas como Maniche o Seitaridis abandonaban un vestuario del que hace mucho tiempo deberían haber desaparecido un tipo curtido, uruguayo y excelente jugador de fútbol se echaba a la espalda no sólo al resto de sus compañeros y no sólo al equipo que le paga sino también la historia de una institución que probablemente desconoce. Estamos a falta de sacar un punto en la última jornada para clasificarnos en la eliminatoria previa de Champions, el único objetivo del que se ha hablado en este club, y eso era algo difícil de creer no hace mucho. Gracias Forlán.

Esa engañosa guerra del fútbol que se dirime entre monopolios pseudo-progresistas está consiguiendo situaciones ridículas que unas veces hace las delicias del espectador y otras como la de hoy provoca urticaria en la corteza cerebral de los mismos. Esa solemne gilipollez del multifútbol es un bochornoso engendro televisivo que sólo puede interesar a los aficionados al fútbol que no lo son de ningún equipo. Algo que por cierto no sé si existe. En un día como hoy donde todo el mundo se jugaba algo a la misma hora hacer un carrusel televisivo chungo y en diferido es una estupidez digna de los iluminados que tienen secuestrada la creatividad de la televisión patria. El problema en el cuadro de estulticia se completa además si tenemos en cuentas que esta bufonada de las pantallitas impedía que los mismos partidos se pudiesen ver en PPV de modo que la única forma de ver el partido del Atleti (y tantos otros) era recurrir a Internet. Tampoco fue fácil y tomó un tiempo, pero una televisión quatarí me dio la oportunidad.

Afortunadamente los tradicionales minutos de tanteo iniciales en estos partidos se prologaron hoy 45 minutos y no me perdí nada en la búsqueda por la red. El equipo salió concentrado y metido en lo que se jugaba pero encorsetado y algo entumecido. El Athletic no llegaba con peligro pero el Atleti no conseguía tampoco estar cómodo en el campo ni controlar en ningún momento el juego. Apenas un par de llegadas del Kun, la más clara un cabezazo a pase de Pernía, fueron todo el bagaje ofensivo de los madrileños y de los Bilbainos. La lucha se dirimía en el centro del campo con más músculo que cabeza y a medida que pasaban los minutos la desesperación llegaba para los nuestros lo que permitió al equipo vasco coger más el balón y hacerse con las riendas del partido aunque antes de que el agua llegase al río acabó la primera parte.

Pero el Atleti no espabiló tampoco en la segunda sino que bien al contrario salió al campo con una especie de pájara con bastantes similitudes de aquellas de antaño y que agradeció el Athletic para hacerse definitivamente con el partido. Empezó a llegar con criterio y peligro además de hacerlo de forma continuada. Fueron los mejores minutos que dejaron varias oportunidades claras de Llorente especialmente una en la que sólo delante de Leo Franco cerca del área pequeña envía el balón fuera. Merecía el gol el Athletic pero por aquello de que el fútbol es injusto para todo un remate raro de Pernía deja un balón muerto que cae en las botas de Raúl García y este colocaba el balón dentro de la portería. El gol no le sirvió al Atleti para asentarse ni al Bilbao para tirar la toalla porque el guión permaneció inalterable tras el gol y claro, tanto va el cántaro a la fuente que Etxeita decidió conectar un cabezazo y empatar el partido.

En ese momento llegó para mi la clave y lo que personalmente más me gustó. El Atleti pareció entonces entender lo que se estaba jugando y decidió cambiar de marcha e irse a por el partido. Primero a base de músculo y concentración en la presión y después con el talento de una de las mejores parejas de delanteros del mundo. Así, en una jugada trenzada sin mucha limpieza pero que deja el balón dentro del área aparece el Kun para meter la puntera e intentar llevarse el balón entre dos contrarios (y recibe penalty en mi opinión) cosa que no consigue aunque el balón sale rechazado a la frontal. Por allí pasaba Diego Forlán para sacar a relucir esa pierna izquierda prodigiosa que engancha con un zurdazo imparable. 2-1. Pero el Atleti no frenó. Siguió jugando exactamente igual y cinco minutos más tarde vuelve a perforar la portería contraria finiquitando el partido. Agüero, el más listo de la clase, llega primero a un balón bombeado dando un prodigioso pase a Forlán que se lleva el balón de cabeza como un cohete, se mete en el área y marca. Fin del partido. El árbitro se inventó un penalty que servía a Forlán para reforzar su recién estrenado pichichi y poner el cuarto en el marcador pero lo que pasó desde ese tercer gol hasta el final debería quedar en el registro de la anécdota.

El equipo lo tiene en la mano. Basta un empate frente al Almería con un Calderón lleno para estar el año que viene en la fase previa de Champions. Cerremos el curso y empecemos a soñar con criterio por cosas grandes.

¡Qué noche la de aquel día!

Hay momentos en la vida que se quedan grabados en la memoria colectiva hasta el punto que todo el mundo recuerda años después donde estaba cuando ocurrió. Todo el mundo recuerda donde estaba y como vio el famoso 12-1 a Malta o el más reciente gol de Fernando Torres en la final de la Eurocopa. Los Atléticos tenemos ya un buen nutrido puñado de gestas épicas o momentos emotivos pero la noche de hoy pasará por méritos propios a esa bonita lista y yo he tenido la gran suerte de haberlo vivido en el Vicente Calderón.

La noche se presentaba rara y complicada después de una semana enfangada por periodistas y gurús de este club, ninguno de los cuales conoce al Atlético de Madrid, insultando a la afición colchonera con sus estupideces y poniendo en tela de juicio la entrega y fidelidad de unos seguidores que nunca jamás abandonan a su equipo. Como no podía ser de otra forma la afición animó al equipo desde el primer minuto como suele ocurrir domingo tras domingo pero el equipo que estaba en el césped no correspondió ni con juego ni con entrega como desgraciadamente también suele ocurrir. El Español salió mejor plantado, con más mordiente y teniendo el balón. Como nos pasa en casi todos los partidos últimamente el rival tenía el punto de más que le hacía llegar a los rechaces primero, marcar el ritmo, poner la dinámica, etc, etc,.. Aun así el partido era feo y espeso. El Español controlaba con más criterio y agilidad en el juego frente a un atleti sin centro del campo (lo de Raúl García es directamente lamentable) demasiado largo, lento y espeso. No había aparente peligro (un par de llegadas por cada bando sin peligro) y el partido estaba clavado en ese lugar donde nunca pasa nada hasta que llegó pasada la media hora la jugada clave del partido. Perea se deshace de su par de forma trabada quedándose con el balón mientras Chica se queda en el suelo doliéndose. El árbitro no pita falta pero al quedarse el jugador españolista en el suelo para el partido, va hacia allí con las tarjetas en la mano (prometo que pensé que expulsaría al jugador del Español) y al ver la sangre decide echar del campo a Perea. Perea había golpeado con el codo a su rival de forma desconsiderada (nueva torpeza de un defensa del atleti) pero el árbitro no lo había visto. Lógicamente el Calderón se encendió ante lo que entendía una injusticia y vio aparecer de nuevo los famosos fantasmas, fantasmas que se vistieron de negro cuando minutos mas tarde el mismo colegiado (valenciano para más inri y para alimentar suspicacias) decidía señalar pena máxima por una entrada sin sentido del indultado Pernía. Sinceramente no sé si llega a tocar el balón o no pero un defensa de primera división no puede entrar con esa aparatosidad en su propia área. La enésima torpeza de Pernía provocó que Nené pusiera el 0-1 con una buena ejecución del penalty correspondiente.

El Atleti no levantó la cabeza tras el gol sino que volvió a meterse en esa dinámica decadente a la que nos tiene acostumbrados en la que todos se esconden, se preocupan de cosas parafutbolísticas y demuestra su latente falta de personalidad como equipo. En mitad de esa pájara el Español aprovecha el tradicional fallo defensivo del los colchoneros para hacer el 0-2 en un gol casi de chiste. Lo de siempre: balón parado mal defendido, rechace y el balón llega en el segundo palo a un jugador rival que está sólo (no hay fuera de juego porque viene de un jugador del Atleti). Y así, con el dominio de los catalanes, la desesperación de la grada y la incapacidad de los jugadores se llegó al descanso.

Un niño que estaba muy cerca de mi en la grada le decía a su padre que todavía podíamos remontar pero éste le quitaba la ilusión diciendo que eso era imposible. En ese momento un señor mayor que se sienta delante de ellos y que nunca dice nada se dio la vuelta y le dijo al crío que eso no era verdad, que estos jugadores quizás no fuesen capaz de remontar un partido como este pero que este equipo, el Atlético de Madrid si que era capaz de ello. De ello y de mucho más. Lo dijo con orgullo y con rabia y entonces fue cuando me acorde de porque soy seguidor de este equipo y tuve un agradable presagio...

Porque la segunda parte empezó pareciendo otro partido jugado por otros equipos. El Español no sé si por exceso de confianza (su afición había acabado la primera parte gritando olé a cada pase), exceso de conformismo o aturdido por el empuje colchonero pareció una caricatura del equipo que vimos en la primera parte. El Atleti...¿qué quieren que les diga? Pareció por una vez de esos equipos de los que te enamoras y te sientes orgulloso. Liderados por un magistral Forlán, secundados por un voluntarioso Agüero y contenidos por un cada día con más peso en este equipo Asunçao tiraron de un equipo roto anímicamente y con un jugador menos hasta convertirlo en una escuadra loca, agresiva, veloz, ambiciosa y empática. Lo del uruguayo Diego Forlán es digno de estudio y reconocimiento. Llevo toda mi vida viendo fútbol pero me parece unos de los mejores jugadores y mejores profesionales que han correteado por este césped. Él fue quien se echó el equipo a la espalda y él fue quien contagió ese espíritu al resto del equipo. Cuando antes de los primeros diez minutos decidió sacar a relucir esa prodigiosa zurda, su pierna “mala”, para sacarse un violentísimo disparo prácticamente desde la catedral de la Almudena que Kameni sólo intuyó cuando vio el balón dentro de su portería, los atléticos pensamos en parafrasear al señor Obama y dijimos: yes we can.

A partir de ahí el partido de desarrollo con uno de esos estilos de fútbol que se denominan de épico. El Atleti con diez se fue hacia arriba sin especulaciones ni estupideces de esas que hacen de este deporte algo muy aburrido y con ello la afición se entregó como una jovenzuela con su primer amor hasta conseguir esa comunión perfecta que tanto envidian en otros lares. Las ocasiones se sucedían (Heitinga, Simao,..) envueltas en el poderoso trino de una afición vejada horas antes hasta que Pernía decidió poner un balón raso en el área (algunos lo llaman centro-chut) que Agüero recogió para colocar el 2-2 en el marcador y el delirio en las gradas. Desde ese momento hasta el minuto 80 los aficionados vivimos una preciosa y divertida epifanía con un equipo, el madrileño, que finalmente se dio cuenta de que sólo tenía que buscar en su interior para encontrar el espíritu que necesitaba. Sólo necesitaban darse cuenta del escudo que llevaban pegado al pecho para que todo encajase como un puzle sideral.

Las ocasiones claras se sucedían (Ufalusi, Heitinga de cabeza, Agüero, Forlán,...) mientras los jugadores ofrecían un generoso derroche de fuerza, ganas y energía que todos sabíamos que era finito y que en algún momento se acabaría. Pero el merecido gol no llegaba y las fuerzas empezaban a flaquear lo que permitió estirarse al Español varias veces para poner el susto en las gradas. En ese momento todos los aficionados ya estábamos enamorados de este equipo y hubiésemos perdonado cualquier cosa que hubiese pasado. Incluso con una derrota hubiésemos salido orgullosos de ser el Atleti. Hoy si.

Pero por una vez el destino fue justo. Cumplido ya el minuto 90 Simao decide meter un excelente balón a Diego Forlán que incluso con calambres en las piernas (hacía varios minutos que ya no podía más) un tipo que tiene el gol grabado a fuego en el cerebro consiguió regalarnos una noche maravillosa a los atléticos marcando el 3-2 que mostraba el marcador al final del partido.

Señoras, señores, después de muchos meses, sinsabores, estupideces, mentiras, errores y disgustos... hoy hemos vuelo a ver al Atlético de Madrid. Ha sido precioso.

Spectrum-Fútbol Manager

Uno que pertenece a esa generación que vio nacer el mundo de la informática, las telecomunicaciones y los video-juegos es de esos afortunados que en un momento dado de su vida tuvo un spectrum 48k en su casa. Aquel ordenador que pertenece a la prehistoria de la era de Internet nos dio a los chicos de mi generación miles de horas de diversión a base de juegos tremendamente originales muy a pesar de los pocos recursos con los que contaban (¡ocupaban 48 ks!) y que en la mayoría de los casos provocaba muchas limitaciones. Uno de aquellos juegos, desde luego no el más popular ni el más logrado, era uno que si no recuerdo mal se llamaba “Fútbol Manager” y que fue pionero en esos video-juegos de la siguiente generación que simulaban la gestión integral de un club de fútbol. En aquel juego eras el presidente-entrenador y fichabas, vendías, alineabas, etc… sin preocuparte realmente de los partidos en si puesto que en ellos no podías hacer nada más que verlos. De hecho había una opción en la que podías no ver el partido e ir directamente al resultado y que normalmente era la que yo solía utilizar. A algo parecido es a lo que ha quedado reducida mi afición al Atlético de Madrid en esta temporada, a un aburrido juego en el que no puedo hacer nada y que lo único que me interesa es el resultado. Ojala pudiese hacer efectiva esa opción de no tener que tragarme el partido entero e ir directamente al resultado pero “desgraciadamente” mi compromiso con este blog (y este equipo) es bastante mayor que el de la mayoría de profesionales que desgraciadamente hoy por hoy se disfrazan con la camiseta de mi equipo y saltan al campo.

Si, lo sé, el Atleti ha ganado 0-2 en Sevilla, se pone a un punto de la Champions y tenemos tres partidos en casa… ¿y qué?. El equipo sigue estando muerto y si entrar en Champions es tener la excusa barata de todos los años para incidir una y otra vez en hacer las cosas con los pies, en confundir gestión con estulticia o en seguir adormeciendo a la adormecida afición con juegos de trilero, sinceramente me parecerá engordar para morir. Necesitamos ser conscientes de una puñetera vez de la verdadera dimensión de este equipo (patética y penosa), asumirla e intentar construir desde ahí, prácticamente desde cero. No vale para nada las huidas hacia delante que año tras año nos lleva a la posición de salida pero con la cara más demacrada, menos recursos y más mentiras. Me temo que hay que morir para volver a nacer.

El partido de hoy, digan lo que digan mañana los periódicos, ha sido malo, soporífero, reprobable, prescindible, dañino y vergonzoso. Sólo la cruel situación del equipo bético, un árbitro condescendiente y el inmenso talento de Diego Forlán han hecho que a estas horas no estuviésemos lamentándonos por enésima vez de lo mismo. Si, vale, el equipo salió algo más concentrado y con algo más de criterio pero muy lejos de lo que debería ser un equipo de primera división luchando por los puestos de cabeza. El Atleti para variar acumuló jugadores en el centro del campo si, pero no para tener más el balón y tratar de utilizarlo para jugar al fútbol, porque es algo que no saben hacer, sino para que el contrario no lo hiciese. Tampoco hacía falta porque el contrario tiene el agua al cuello y cuando el oxígeno no llega al cerebro es difícil pensar pero ahí estaban nuestros tarugos para cerrar el camino. El centro del campo del Atleti volvió a ser una broma macabra con los mismos protagonistas de siempre a los que se sumo el bueno de Banega un tipo que no lo quieren en Valencia y donde en un equipo como este, donde no hay un solo jugador con sus mismas características, es incapaz de ganarse la titularidad. Un jugador mediocre entre jugadores mediocres. Miguel de las Cuevas le puso voluntad y ganas pero no termina de cuajar y ya van unos cuantos años. Maxi, en el nivel de sus últimas temporadas, podría jugar al otro lado de la línea de fuera de banda que el equipo ni lo notaría.

El gol de Forlán vino como consecuencia de la única jugada en la que el equipo vestido de rojiblanco practicó algo parecido a ese precioso deporte que en este país llamamos fútbol o balompié. Un espejismo en mitad de un pantano pestilente y espeso. A partir de ese momento el equipo colchonero se sumó al histerismo contagioso del Real Betis y se dedicó a hacer todo lo que no hay que hacer cuando te pones delante en el marcador: perder el balón, perder el ritmo, abrir hueco entre líneas, transmitir miedo, olvidarse de la creación y echarse atrás. En esa ensalada de despropósitos la primera parte se consumió como una vela metida en una cueva que nadie visita.

Pero es que la segunda parte fue exactamente lo mismo. Sopor, sopor, sopor y sopor. El Betís se fue arriba con más corazón que cabeza pero tampoco inquietó realmente la portería del impertérrito Leo Franco. Patádones, faltas e imprecisiones enmascaraban la agonía de un equipo histórico que se hunde y otro que está hundido. Pongan los colores correspondientes donde quieran. Con ese panorama aparece un penalti que a mi me parece claro de Ufjalusi que termina de enardecer al respetable y buscar su excusa para una propuesta ciertamente lamentable) y muy poco después llega un patadón desde atrás que deja a Luis García (posiblemente en fuera de juego) encarando en diagonal la portería sevillana pero dejando al Forlán delante del portero gracias a magistral taconazo que nos hizo recordar a ese magnífico jugador que jugó en el Atleti, Barcelona y Liverpool llamado Luis García. Poco antes del final el bueno de Forlán estuvo a punto de hacer firmar el hat-trick.

Fin del partido. Los datos están descritos arriba. La realidad también.

Se me va a hacer muy duro tragarme los partidos que faltan pero es lo que hay. Ahora los medios continuaran su campaña contra la “injusta” afición que critica “injustamente” a sus jugadores. Tiene narices. Con estas cosas siempre recuerdo una tarde que presencié un leve choque de tráfico entre un taxista y otro coche que sin hacer caso ni a semáforo ni señales y pensando que la carretera era suya le endiñó al taxista en la puerta trasera sin ningún sentido. El taxista salió indignado dirigiéndose a su agresor y diciendo: “periodista, que eres un periodista”.

Antimateria

El otro día tuve la gran suerte de asistir en el Foro Gaudeamus a una conferencia con Bernardo Salazar, Ildefonso Martínez y Fernando Sánchez que hablaba sobre la fundación del Atlético de Madrid. En la conferencia salieron muchos datos relevantes, información desconocida para un simple aficionado como yo además de anécdotas por doquier, interesantes y divertidas, que disfruté como un enano. Estas pequeñas historias quedaran ya para siempre (espero) retenidas en mi memoria en un lugar privilegiado pero lo que de verdad me tuvo dando vueltas a la cabeza los días posteriores a la charla fue el espíritu que llevó a la concepción del Atlético de Madrid, el motivo, la chispa que prendió la llama. De esa forma tomé por fin conciencia de algo que en el fondo conocía e intuía pero que por alguna razón me costaba sintetizar o reconocer. Estoy hablando del irrefutable hecho que desde el primer segundo de historia hace ya más de cien años nuestro club ha estado ligado indisolublemente con el fantasma arrogante del Real Madrid y sus circunstancias.

La historia es tan simple como sigue, en el año 1902 el Madrid y el Athletic Club de Bilbao disputaban un partido en Madrid (la final de uno de esos campeonatos estatales de entonces) cuya primera parte terminó con 2-0 a favor de los madrileños pero que en la segunda se transformó en un definitivo 3-2 a favor de los vizcaínos. Aquella segunda parte, pero más concretamente las malas formas y los malos modos que algunos socios del Madrid emplearon, fue lo que provocó la fundación de nuestro atleti. Los estudiantes vascos en la ciudad se sintieron admirados por el pundonor bilbaíno pero también ofendidos y abochornados por el trato y las malas formas empleadas por socios y aficionados al equipo blanco. No sólo estudiantes vascos sino que otros madrileños que andaban por allí se sintieron igual de mal, muchos de ellos siendo incluso socios del propio Madrid que dejaron de serlo para unirse al nuevo equipo. Lo que unió por tanto a esa banda de pioneros para crear un club nuevo y DISTINTO fue precisamente eso, hacer las cosas de otra manera.

Las teorías físicas más modernas explican el universo como una conjunción de materia y antimateria. Cada partícula de materia presentaba su correspondiente partícula de antimateria de características opuestas en un equilibrio perfecto a lo largo y ancho del universo tras el famoso Big-bang. La existencia de la antimateria ha sido demostrada varias veces por métodos muy costosos pero no se alcanza a comprender porque entonces no encontramos antimateria a día de hoy en un universo conocido que está formado exclusivamente por materia.

El Atlético de Madrid, el Atleti como siempre ha sido, es algo así como la antimateria del mal llamado club blanco. Es la vida desde el otro lado, con el signo cambiado, el camino alternativo, la dificultad de lo que es diferente y por tanto difícil. Eso fue, ha sido y tendría que ser el espíritu del equipo. Estamos avocados a vivir con esa particularidad pero eso no significa que tengamos que vivir subyugados a nadie ni avergonzarnos por ello. Más bien al contrario. El problema es confundir un sentimiento tan puro y loable con cosas que no tienen nada que ver como la envidia, el rencor, el sentimiento de inferioridad o la sensación de perdedor.

El Atleti por concepto no se basa en ganar títulos sino en ganarlos “de esta forma”. Tampoco se trata obviamente de perderlos ni de estar por estar. Tenemos un objetivo pero no vale dar por buenos los elementos que vemos en la otra orilla para conseguirlo porque entonces estamos desvirtuando nuestro concepto y al final del día estaríamos animando a otro equipo distinto. No queremos una prensa mentirosa a nuestro favor que hace y deshace que quita y que pone. No lo necesitamos. Lo que necesitamos es vivir al margen y sin necesidad de esta prensa maligna y corrupta que sin embargo no es nueva y que ya a mediados del siglo pasado emprendían campañas mediáticas (en el ABC, por ejemplo) en contra de nuestro equipo porque el seleccionador de entonces había cometido la herejía de llevar a tres jugadores del “indigno” Atleti a la selección. Como Atléticos debemos ignorar este periodismo pendenciero y ruin o situarnos enfrente. No lo necesitamos y no debería ser un obstáculo insalvable. Nunca lo fue.

No necesitamos que nadie nos diga lo que está bien y lo que está mal porque para eso tenemos nuestro propio código de coherencia y honestidad. No necesitamos ser la afición más numerosa ni que el número de aficionados crezca o decrezca en función de los títulos que ganamos porque eso nos convertiría en otro equipo más. La afición al Atleti se concibe como una idea y no como un contrato, como un acto de pura rebeldía y no como una la labor modélica de un ciudadano de bien. La afición debe protestar con todas sus fuerzas cuando los cimientos de este club son profanados o cuando se maltrata el escudo sin razón pero no cuando lo diga el MARCA o el gestor corrupto de turno. Esto lejos de desprestigiarnos, como afirman los actuales “dueños” o sus compinches de la prensa del corazón, nos dignifica y revitaliza como afición. Los atléticos somos capaces de aplaudir a un colchonero que falla un penalti y de pitar a un crack de prestigio infinito que no respeta la camiseta que está sudando. Eso es algo por lo que sacar pecho por mucho que no se entienda en la cera de enfrente, que es donde también están por cierto los plumillas “objetivos” comiendo vulgaridad. Somos del atleti porque no queremos ser del Madrid. Así de simple, así de claro.

Una de las teorías que explica la no existencia de antimateria en el universo aboga por un exceso de materia sobre la antimateria justo en el momento del big-bang pero yo soy más partidario de esa otra teoría que dice simplemente que las leyes físicas que rigen el universo favorecen la supervivencia de la materia frente a la antimateria. Eso sí, la antimateria existe y existirá. Está demostrado.