Ni más ni menos

Los partidos veraniegos del Atleti en los últimos años, especialmente los primeros, eran una especie de broma pesada en la que jugadores que después desaparecerían de la plantilla cedidos, vendidos o relegados al filial correteaban por el césped en una suerte de aburrida pachanga que lo único que dejaba vislumbrar era la pesadilla que nos esperaría durante toda la temporada. Algo así era lo que esperaba encontrarme hoy también en esa preciosa ciudad lusa situada en la esbelta nariz de la piel de toro pero afortunadamente ha resultado ser todo lo contrario. Al menos en la primera parte.

Ver el famoso águila roja planeando sobre un estadio de la luz prácticamente lleno daba sensación de partido grande lo que además venía refrendado por dos alineaciones que perfectamente podrían ser las que debuten en cada una de sus ligas. Lo que en principio era una simple fachada se transformó en seguida en realidad cuando comenzó el partido y lo hizo con una intensidad inusual en este momento de la pretemporada y especialmente para una Atleti con apenas 10 días de preparación, casi dos semanas menos que los lisboetas. El equipo colchonero (hoy enfundado en una elegante equipación negra) dio muy buenas sensaciones en esos primeros minutos. Intensidad, velocidad, constantes ayudas, mucha movilidad en la línea de tres cuartos, defensa adelantada y control del balón. Daban ganas de pedir que se acabase la película en ese momento. Forlán adoptaba el papel de ese mediapunta que no tenemos (demasiado atrás para mi gusto) y Simao participaba más del juego en el centro del campo intercambiando la posición en banda con el caradura de Reyes. La presión defensiva era buena, la actitud también y el equipo era muy vertical con cada recuperación del balón. Con ese escenario de fondo una jugada por la banda derecha deja un balón en la frontal del área que Raúl García engancha de forma magistral para llevar el primer gol del Atleti 09/10 al marcador al filo de la mitad de la primera parte.

Ese preciso momento fue el cenit de juego de los madrileños para desaparecer poco a poco a partir de ahí con más pena que gloria. El Benfica se hizo dueño entonces del juego, del balón y del partido quedando el Atleti como un equipo demasiado atrás, con espacio entre líneas, desajustes defensivos y abusando del pelotazo largo. Lo de siempre vamos. La razón del bajón está perfectamente justificada en las circunstancias del partido y el tiempo de preparación pero se parece tanto a la ya tradicional pesadilla de todos los años que sinceramente asusta. Aun así el dibujo del equipo al menos permanecía inalterable y el Benfica no conseguía llegar con claridad a la portería colchonera a pesar del dominio portugués hasta que en un pequeño desajuste en la línea adelantada de la defensa madrileña hacía que el balón llegase al conejo Saviola que delante de Asenjo dejaba el balón franco para que Cardozo empatara el partido.

Parecía que el dominio lusitano, que cada vez era más patente, haría valer su ventaja para llevarse definitivamente el partido pero por esas cosas que tiene el fútbol y por esos dos delanteros que tiene el Atleti, esos que la prensa oficial del nacional-madridismo (toda la que sale de Madrid) y toda la prensa del monopolio blaugrana (toda la que sale de Barcelona) colocan a diario en el mercado como si fuese pescado fresco, ocurrió que el atlético llegó arriba en un vertiginoso ataque para que en una jugada magistral del Kun Agüero, este diese con sus huesos dentro del área en lo que a criterio del colegiado fue un penalty que el bueno de Forlán transformó poniendo el definitivo 1-2 en el marcador.

La segunda parte no merece mucho comentario ya que se pareció bastante a la idea que yo tenía al principio sobre un partido de pre-temporada. Un carrusel interminable de cambios que cortaban continuamente el ritmo y mucho desbarajuste. El Benfica salió en tromba y encerró al Atleti en su área momento que utilizó Abel para cambiar a la pareja titular de delanteros y colocar en el campo a Sinama y Jurado consiguiendo de esta manera utilizar el sistema favorito del toledano con un sólo delantero y un mediapunta por detrás. De esta forma igualo la capacidad de mediocampo de los portugueses y freno su empuje pero seguimos hasta el final del partido sin tener la pelota o la posesión. Mal asunto.

Lecturas sobre las que reflexionar. Hubo posiciones que Abel no movió a pesar de los continuos cambios. Un de ellos fue el mediocentro defensivo, un Asunçao portentoso que fue el mejor del partido y que viendo el momento de forma que presenta y su capacidad defensiva y táctica parece todavía más absurdo colocarle al lado a otro mediocentro trotón que básicamente no hace nada. Otras posiciones inamovibles los 90 minutos fueron los dos centrales, Pablo y Ufjalusi. En una plantilla con siete centrales me parece un aviso a navegantes. Juanito, nuestro flamante fichaje del verano no jugó. La tercera posición fue la del portero, un Sergio Asenjo que si bien no tuvo mucho trabajo y el poco que tuvo lo resolvió con diligencia da una sensación de seguridad y de saber lo que se hace que me parece impropia de un portero de su edad. Interesante. Me gusta esa sensación que da y su mejor capacidad para jugar adelantado que su antecesor en el puesto. Me asusta que en la única salida de córner se comiera el balón. Otro aviso para navegantes: ni un sólo jugador del filial convocado. Nueva tomadura de pelo al aficionado del incompetente ché. De los nuevos poco más puede decir porque Juanito no jugó y Cabrera apenas lo hizo unos minutos. ¿Los repescados? Reyes haciendo de Reyes (este chico es y será un caradura siempre), Cléber haciendo de Cléber (es decir, nada), Valera haciendo de Valera (no mucho) y quizás Jurado, que tampoco tuvo una gran actuación, fue el único que invita a confiar en la redención.

Debut aceptable no obstante en líneas generales y por mucho que digan que los resultados son lo de menos a mi me ilusiona eso de ganar contra el Benfica en su campo con sólo diez días de preparación. Parece que la apuesta de Abel es la del año pasado pero con más entrenamiento lo que personalmente no es algo que me cause una profunda emoción pero me hace al menos albergar la duda de si realmente existe otra forma de afrontar la temporada con esta plantilla. ¿Cómo sería este equipo con un centrocampista que supiese jugar al fútbol? Me temo que nunca lo sabremos.

Bye, bye Blackbird

“Recoge todos mis cuidados y... guau, ahí voy, cantando bajito,...adiós, adiós Blackbird”


El Atlético de Madrid acaba de empezar la temporada y yo sigo mirando al infinito, ese infinito que termina en un misterioso pasado que a veces dudo que hubiese existido. Dicen los gitanos que ellos no quieren buenos principios y habrá que aferrarse a esa particular creencia zíngara aunque es una creencia en la que nunca he creído. Especialmente cuando este aparente principio no es más que la continuación de un descerebrado viaje al vacío. El Atlético de Madrid acaba de comenzar la temporada en un comienzo que no puede ser más desalentador. Mientras el deporte rey se desangra a cada minuto dejando un cadáver mediático, brillante y millonario, que ha transformado la pasión de muchas almas en una partida entre dos carnívoros poderosos que juegan con la cartas marcadas, mientras el entorno se ha transformado en un circo mediático que ha asesinado definitivamente el tierno feto del mítico periodismo para abrazar con fervor los parabienes del capitalismo más descarnado y mientras un vecino mafioso, ruidoso y mal educado se dedica a vender millones de paquetitos de felicidad adulterada a 90 euros por camiseta y a tanto y tanto perdedor sin más sueño al que aferrarse en la vida que el de una mentira de sabor artificial que ha sido cocinada por tipos sin escrúpulos, el Atlético de Madrid decide tirar la toalla y aceptar con resignación su modesto y patético lugar en este casposo vodevil. El modesto y patético lugar que injustamente los nuevos dioses del circo le han asignado.

Llámenme pesimista si lo desean, no les falta razón y sin duda tienen razones para ello, pero sinceramente en este caso me uno a lo que dijo aquel de que no existen los optimistas sino los pesimistas mal informados. No hay un duro dicen, ya lo sé, pero ni lo hay ni nadie nos lo prestará nunca a diferencia de otros. No lo hay porque los tipos que llevan años y años esquilmando el club cada vez tienen menos muebles que hipotecar y nadie nos presta nada porque esos mismos tipos tienen una fama podrida que se han ganado a pulso. La situación no es nueva y no veo nada que me haga pensar que va a cambiar. En el momento en el que todos los niños de la clase pegan el estirón nosotros nos ponemos enfermos y nos quedamos pequeñitos.

En más de tres décadas de forofismo atlético no recuerdo un inicio de temporada tan frío, tan falto de ilusión y tan desmotivante como este. No sólo es cuestión de echar una ojeada a la lista de “flamantes” fichajes con las que se ha presentado el equipo, básicamente un señor con la prejubiliación en la mano y algún tierno adolescente que encima no es de Moratalaz como prometían sino de algún barrio perdido en Uruguay, pero aunque pasar la vista por los nombres que conforman esa lista es algo tan triste que casi es mejor posarla a un centro de rehabilitación para ver algo más alegre, el resto de la situación es lo verdaderamente triste. Si escuchas además hablar del futuro al personaje que lleva un par de años desprestigiando el cargo de director deportivo en nuestro equipo la tristeza se transforma en angustia o en tenebrosa pesadumbre. Este insultante sujeto de acento levantino se desmarcó la semana pasada diciendo que era “casi imposible” que el equipo fichase este año un mediocentro creativo, una necesidad imperiosa del equipo no sólo de este año sino desde hace tantos años que ya no recuerdo cuando empezó. El “carismático” profesional se quedó tan tranquilo al decirlo demostrando el mismo conocimiento del espíritu atlético como respeto por los seguidores del equipo que tan bien le paga. “lo que tenemos nos vale”, dijo. Eso si, ni un átomo de vergüenza por presentamos en el inicio de pretemporada sin porteros (aunque parece haber un quinceañero en ciernes pagado en especias a precio de platino), con siete u ocho centrales (debemos tener el record guiness), ni un sólo lateral de garantías, mil cuatrocientos mediocentros defensivos (y los que están por llegar) y ni un sólo tipo de esos que dan la pelota hacía adelante, ni siquiera de entre los que vienen de la recuperada cantera. El mejor regalo que nos depara el futuro, al parecer, es mantener la plantilla del años pasado (esa que hizo una temporada de mierda, ¿recuerdan?), reforzada por tres o cuatro brindis al sol, un señor de 33 años que viene de un equipo en segunda, el caradura de Reyes riéndose hasta de su propia sombra y una cantera desprotegida, vapuleada y maltratada desde hace milenios. Eso si, siempre nos quedará la inteligencia emocional y la sonrisa de Enrique Cerezo.

El Atlético de Madrid pierde el tren de la realidad y me temo que no habrá forma de volverlo a coger. El mundo del fútbol lleva casi diez años cambiando hacia otra cosa y nos hemos quedado en la cuneta. La fraudulenta herencia del inefable veterinario no ayudó, la misteriosa bajada a segunda tampoco, la peor gestión de la historia del fútbol sin duda es una dificultad respetable al igual que lo son las corruptelas y tejemanejes de los mismos protagonistas de antes pero sea como sea el tren se va. El tren se va y me temo que lo hace para siempre. Los dueños ilícitos no van a hacer nada para remediarlo, los medios de comunicación tampoco (de hecho todo lo contrario) y la afición mayoritaria, esa que es nueva, complaciente, agradecida y coherente con la filosofía que marca el tandem MARCA-De la Morena, tampoco. Podemos seguir escribiendo epístolas a la elegía o cánticos en verso a las leyendas del pasado pero la realidad es esta: probablemente menos del 5% de los abonados del Atlético de Madrid o de los tipos que se declaran atléticos y compran los partidos en PPV entran en esta web o en otras parecidas. La inmensa mayoría de la afición rojiblanca se reparte entre los que hace años tiraron la toalla de forma irrevocable y los que asumen la realidad como algo que tiene que ser así. Mientras nosotros nos sacamos los ojos por una tilde mal puesta el aficionado medio se toma la papilla del nuevo orden. Mientras nosotros nos desgastamos en donde colocar la línea de salida de nuestra “temible” revolución de seda MA Gil está en algún yate preocupado por cosas más “importantes” que el Atlético de Madrid, Enrique Cerezo se ríe del mundo y sus circunstancias y la mayoría de atléticos se tragan el telediario con las novedades al respecto del riñón izquierdo de Cristiano Ronaldo.

Bye, bye, Blackbird...

...Esa es la cuestión

Los aficionados atléticos que no son abonados de este peculiar club probablemente no conozcan la mecánica de renovación de abonos que impera en nuestra querida institución pero es ciertamente peculiar. Nadando en los límites de la legalidad y lo moralmente decente, como no podría ser de otra forma, el método elegido por los avispados “gestores” de la entidad está en consonancia con las prácticas más filibusteras de entre los más filibusteros. El plazo de renovación comienza nada más terminar la temporada antes de que se desaten las hostilidades de los fichajes, altas, descartes y demás “menudencias”, para cerrarse pocos días después de forma inexorable. Limpio y sigiloso. De hecho el plazo para la renovación ya está cerrado a día de hoy cuando los colchoneros no sabemos todavía nada (y cuando digo nada me refiero a nada) de la temporada que viene. Pero como si el detalle de la descarada nocturnidad no fuese suficiente los avispados que lideran “Demoliciones Gil Marin” te mandan una carta (exclusivamente postal) en la que te avisan de que salvo que te tomes la molestia de darte de baja exprofeso, renovarás automáticamente en la fecha señalada. Es decir, sin no dices nada antes de una fecha se supone que el club está licitado para retirar el dinero correspondiente de tu cuenta corriente y olvidarse de ti hasta el año que viene. Da igual si has cambiado de piso o estás de viaje o la carta se ha perdido. Por así decirlo: te jodes. Es como el chiste ese del que manda un carta en la que pone “si 24h después de ser enviada esta misiva no he recibido una respuesta contraria de su parte, entiendo que estoy capacitado para cepillarme a su mujer con su beneplácito. Atentamente”.

¿Qué es lo que se ha renovado? Me temo que asistir a un proyecto caduco, dormido y en obras cuyas perspectivas parecen difuminarse en el yate privado del impertérrito heredero Gil, ese sujeto de expresión sombría y talento menguante que hace suyo el apellido de negligente. El entrenador no ha dicho esta boca es mía (probablemente porque ni pueda ni sepa que decir). El señor que va disfrazado de director deportivo supongo que ha vuelto a prolongar un mes más sus vacaciones de 11 meses al año y casi es mejor que en este caso no abra la boca porque cada vez que lo hace se resiente el IBEX 35. El “teleñeco” que aparece haciendo las funciones de presidente también está de vacaciones y ha dejado en su lugar un doble de peluche con pilas suficientes y un CD interior que repite lo mismo una y otra vez. El parecido con el personaje real es asombroso e imperceptible para el ojo humano. Mientras tanto el amo del calabozo, el afamado veterinario de rostro picasiano, permanece en su estado natural durante todo el año: missing. La sensación es que nadie está haciendo nada lo que tristemente tiene todos los visos de que se corresponda con la realidad. Los rumores de la guardia suiza de Florentino, anteriormente llamados periodistas, son tan descorazonadores que no dan pie ni a enfadarse: Juanito, Asenjo, Cabrera,… ¿no estaremos sufriendo una broma de cámara oculta? En nuestras oficinas hay más tranquilidad que en las del Barça, como si hubiésemos ganado el triplete y tuviésemos que hacer simplemente “pequeños ajustes” en una plantilla que por otro lado es todo ella prescindible a excepción de dos o tres nombres (que son precisamente de los que si se habla pero para todo lo contrario). Es más, la rumorología subrepticia, esa que nos corresponde según el nuevo orden, va por los derroteros del central y el medio centro defensivo de todos los veranos.

Pero independientemente de todo lo anterior reconozco que no he tenido el “valor” de dirigirme a las oficinas del club ni he consultado a mis abogados para emprender acciones legales contra ellos así que por tanto he renovado mi abono (¡sin hacer nada!). Respeto todas las formas de lucha antigilista incluida aquella que aboga por el que no habría que renovar ningún abono pero antes de que se me condene de “gilista” por no hacerlo (no sería la primera vez) o por tener la desfachatez de querer ver al equipo in situ la temporada que viene, me gustaría decir que no comulgo con la cuantificación del colchonerismo en números ni en hechos. Si fichas kakás me abono, si juegas mal me borro. Si está Gil me quito, si viene otro Florentino me pongo. Yo no soy así. Se está o no se está. Se es o no se es. Prefiero seguir pensando en el fútbol desde la perspectiva romántica que me hizo poner los pies en el estadio Vicente Calderón por primera vez aun teniendo la sensación de ser el único estúpido que siente el club en esos términos. Cada uno tendrá su propia perspectiva pero para mí ir al campo, aunque sea para sufrir, gritar o enfadarme, está inexorablemente unido a mi código ético como Colchonero.

No comulgo precisamente con los parámetros de la curia romana y hace unos años discutía con un cura encantador, que era incluso más crítico con la iglesia católica oficial que yo. Le decía que no entendía la razón de que siguiese perteneciendo a una comunidad que él mismo consideraba tan falsa y con la que no tenía nada que ver pero recuerdo que me dijo que la idea de iglesia no era exclusiva de los señores que la tenían raptada, que estaba por encima, que él tenía otra idea igual de válida o más, que se sentía parte de esa comunidad independientemente de sus miembros poderosos y que no tenía porque abandonarla aunque el coche estuviese dirigido por incompetentes y mafiosos. Él quería estar, quería ser y es más, me hizo la siguiente pregunta que todavía resuena en mi cabeza: ¿Por qué no te quitas tú del Atleti si no comulgas con los Gil? Touché. Me temo que los dos teníamos la misma respuesta.

El día que deje de renovar mi abono será por razones económicas o porque he dejado de ser del Atleti pero entonces ya no habrá vuelta atrás. Mi lucha habrá terminado. Ser o no ser, esa es la cuestión.