Bienvenido




“Cuando el dedo señala a la luna el bobo mira al dedo”

Los últimos días que estamos viviendo la torturada afición colchonera están siendo especialmente complicados. Siento como cada vez nos resulta más difícil limpiar ese pegajoso y bochornoso ridículo que parece que tenemos que llevar permanentemente marcado en la piel. La tradicional negligencia que normalmente pulula por los despachos, pasillos y campos de juego de la entidad parece que esta vez ha traspasado fronteras y lo que antes era comedia de vodevil para unos pocos elegidos de corazón atlético ahora ya es papilla digestiva a nivel nacional. Como no podía ser de otra forma, porque el actual periodismo es así, el Atlético de Madrid lleva una semana siendo protagonista de titulares en exclusivos y sabrosos minutos de los tradicionalmente vetados espacios deportivos. El espacio dedicado al “deporte” se ha llenado indefectiblemente con las tradicionales noticas desastrosas que acompañan al Atleti desde que algún ideólogo de la publicidad y sus fieles seguidores decidieron hacer de la desgracia una cuestión de marca comercial.

Pero es que la cadena de acontecimientos circenses que se sucede desde hace décadas parece haber pegado un acelerón en los últimos meses. Desde un verano absurdo fichando jubilados y chicos uruguayos que ya se querían vender casi según llegaban al aeropuerto, pasando por las generosas vacaciones del director deportivo y sus jefes justo en los meses en los que sus colegas suelen currar con mayor intensidad, la solvencia para desequilibrar la plantilla del equipo incluso más todavía, la incapacidad de colocar a nadie de ese inmenso saco de vagos y maleantes que tenemos gracias a las fichas de mega-estrella que nuestros dirigentes les firmaron, el insultante ejercicio de intentar vendernos los mismos vagos y maleantes como los grandes fichajes del verano, la insolente tropelía de vender un jugador en una plantilla cogida con pinzas un día después de cerrar el plazo, lo mal que se asumió la realidad desde el momento en que se puso a rodar el balón tratando de adulterar todavía más la gran mentira de la “gran plantilla”, la lamentable carta de MA Gil, las lamentables entrevistas a Don Tancredo o el esperpéntico entremés de la destitución de Abel, más propio de una comedia de arte y ensayo amateur que de otra cosa además de la culminación temporal del chiste con la performance de MA Gil diciendo que se retira de la parcela deportiva (es imposible llevar la cuenta de las mentiras de este sujeto), la insultante bajada de bragas frente a un grupúsculo del Frente Atlético o la penúltima mentira disfrazada de leyenda que dice que MA Gil deja la parcela deportiva para que Cerezo se convierta en salvador de la patria.

Estamos muy mal. Que los despachos están ocupados por usurpadores fríos que buscan el beneficio propio a costa de lo mucho o poco que quede de valor en el Atlético de Madrid ya lo sabemos. Llevan 20 años. Que los trabajadores de esa santa casa están repartidos entre los pelotas redomados, los inútiles que ponen el cazo a cambio de callar, los mamporreros incapaces de encontrar otro lugar más honroso para vivir así como otras formas de vida no precisamente inteligente también lo sabemos. Sabemos que los periodistas “serios” están mirando, como siempre, a la luna de Valencia y también hemos tomado conciencia desde hace tiempo del estado de guerra civil que reina en la afición entre los antiguos atléticos que todavía no han renunciado, los que ya desprecian la parte deportiva y viven únicamente obsesionados con derrotar a MA Gil por las buenas o por las malas, los que entiende el leal sentimiento atlético como una cuestión exclusivamente de animar en las buenas y en las malas, los que se conforman con un “honroso” cuarto puesto, los que añoran viejas glorias que algunos dudan que fuese alguna vez verdad, los que simplemente van al campo a intentar ver fútbol, los que se dejan la vida gritando educadamente en la puerta cero, los que eligen acciones algo más beligerantes, los que abrazan la violencia como medio, las asociaciones proscritas que se miran el ombligo, las webs de intelectuales que aburren a la mayoría, los que critican todo y no hacen nada, las asociaciones vendidas por un bocadillo, los exjugadores que tragan la sopa, los apóstatas, los notables salvadores del club que están escondidos como cobardes esperando a que alguien les haga el trabajo sucio… hay tantas facciones diferentes, son tan infinitesimales y tan inoperantes que hoy por hoy la afición del Atleti, la mejor afición del mundo, es como si simplemente no existiese.

A todo esto hay que añadir como colofón la reciente constatación de lo podrida que está también la parcela deportiva que al fin y al cabo es de quien todos vivimos. El equipo es un absoluto desastre desde todos los puntos de vista: físico, técnico, anímico, táctico, psicológico y deportivo. No tiene recursos, ni equilibrio, ni tiene personalidad, ni agallas, ni suerte, ni empatía, ni carácter, ni dibujo, ni rabia, ni juego, ni sueños, ni dolor, ni futuro, ni juventud, ni madurez, ni esquema, ni comunión, ni sentimiento de culpa, ni ambición, ni ganas, ni talento, ni fútbol, ni rigor, ni crédito, ni esperanza,.. ni sentimiento atlético.

El panorama no es que lo pinte apocalíptico, es que es apocalíptico porque además ninguno de los protagonistas anteriores parece que tenga intención de cambiar en su actitud. MA Gil y Cerezo siguen viviendo cómodamente y no tienen intención de largarse, los trabajadores del club no van a levantar la voz, los periodistas van a seguir coloreando la idea de Atlético de Madrid que nos venden y la afición, que cada vez está más dividida y concentrada en su infinitesimal corralito, no tiene pinta tampoco de cambiar. Los jugadores son lo que son y los que son y tampoco van a cambiar así que cada uno deberá aguantar su vela. Eso si, mientras el Atleti se desangra a chorros todos buscamos la solución en un ser humano al que otorgamos poderes sobrenaturales que sabemos que no tiene y lo elevamos a un Olimpo en el que nadie quiere estar para bajarlo después a pedradas cuando los milagros no aparezcan. Conozco la historia.

Bienvenido al infierno Quique Sánchez Flores.

Aquel partido en una esquina de Europa...

Marbella 0 - At. Madrid 2
“En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.” (Eugenio Trias)

El partido de ayer en Marbella era mucho más complicado de lo que finalmente resulto ser. La tendencia radicalmente negativa de la que disfruta hoy por hoy este equipo es tan potente que podría ocurrir cualquier cosa y caer estrepitosamente en el primer partido de la Copa de Rey frente a un segunda B no es de las opciones más descabelladas precisamente. Mucho menos en la situación actual. Por eso es de agradecer que ayer tuviésemos el puntito de suerte para que no se desmoronase todo en los primeros minutos y consiguiésemos culminar por fin un partido sin sobresaltos. Ayer no se consiguió absolutamente nada, seguimos teniendo lo mismo que hace dos días y seguimos estando en el mismo sitio que hace dos días pero tengo claro que el día que por fin podamos asistir al resurgimiento del Atlético de Madrid el primer partido de esa nueva era tendrá un aspecto muy parecido al de ayer. No soy de tendencia optimista y en estos momentos lo soy todavía menos pero el partido de ayer (partido que servidor se tragó como corresponde) me recordó muchísimo al primer partido de Antic con el Atleti en el verano de 1995 y en un torneo en las profundidades de Europa donde se ganó un partido sin brillantez pero con seriedad. Espero que la historia se repita de forma parecida y que por una vez la suerte esté de nuestro lado porque si apelamos exclusivamente a la lógica no hay nada que hacer.

Es difícil valorar o destacar las diferencias del equipo de Quique con tan sólo un par de días de trabajo pero se vieron cosas. Defensa en línea pero dinámica (sube y baja en función del balón), apuesta claro por el juego de banda, doble pivote en horizontal con funciones básicamente defensivas (aunque dio la sensación de que Cleber se marchaba hacia delante más que de costumbre) un mediapunta dinámico y un solo delantero. No sé si jugará así con Forlán y Agüero sanos pero esa fue su apuesta. Personalmente no me gusta nada pero el equipo dio una sensación seria y eso hay que reconocerlo. Lo que si que me gustó y mucho fue el intento de presión agresiva, el que los mediocentros bajasen cerca de los centrales para sacar el balón y el que se manejase mucho el balón con el marcador a favor. Insisto, es muy pronto para ninguna conclusión pero eso es lo que se vio. En cualquier caso no presiento que tengamos por delante grandes tardes de fútbol con ese esquema (y sobre todo con estos jugadores) pero sinceramente tal y como está el tema ahora mismo es lo que menos me preocupa.

El partido estuvo contralado totalmente de principio a fin y Asenjo apenas toco el balón. Todo se puso a favor con el tempranero gol del Marbella en propia puerta pero el equipo no se descompuso en ningún momento y los fallos (muchos) fueron siempre en el centro del campo y lejos de la portería lo que es una excelente noticia. Hubo un par de palos, se llego con claridad a área y aunque la falta de gol sigue siendo galopante la sensación sin emborrachar fue buena.

Lo importante empieza ahora con Bilbao, Chelsea, Real Madrid,… pero si ayer hubiésemos perdido estaríamos mucho menos esperanzados de lo poco esperanzados que estamos así que veamos que puede ocurrir.

Miseria



At. Madrid 1 - Mallorca 1


“No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria”
(Dante Aliguieri)

Cada día es más difícil escribir sobre el Atleti si pretendes hacerlo desde la perspectiva de un club deportivo que juega al fútbol. Cada vez es más difícil porque cada vez el fútbol es lo menos importante de este club. Es algo así como un recuerdo del pasado, una excusa barata para hacer otras cosas, un espejismo barato de lo que antes acontecía en el Vicente Calderón. Hace un mes, cuando empezaba la temporada, algunos indocumentados y sus voceros oficiales hablaban de un equipo potente que pretendía hacer un “buen papel” en las tres competiciones sin reparar en que el equipo era peor que el del año pasado cuando el del año pasado ya era malo, mal preparado, peor entrenado y mucho peor diseñado. Yo entonces decía que el Atleti no pelearía este año por nada y poco después dije que temía por la permanencia en primera división. Hoy mi temor se ha transformado en pavor.

Porque ya no es una cuestión de entrenador (nunca lo ha sido) ni de jugadores concretos ni de un director deportivo que debería ser procesado por atentado contra la sociedad civil. Estando el verdadero cáncer en la cúpula podrida que hace casi 20 años robó la propiedad del antiguamente glorioso Atlético de Madrid me temo que la metastasis se ha propagado hasta los últimos ganglios que quedaban sanos. El club ha alcanzado unas cotas de miseria que sinceramente no recuerdo antes porque hoy ni siquiera tenemos la mentirosa excusa de la intervención judicial. Hoy no hay excusas que exoneren a nadie de la avinagrada papilla que los colchoneros tenemos que tragar.

¿Que quieren que les diga del partido de hoy? No hay por donde cogerlo. El pelota redomado de Santi Denía tenía un papelón terrible al tener que estar al frente del banquillo durante un único partido en el peor momento posible. Parece que lo lógico, lo que hubiese hecho cualquiera, es pasar el trago de una manera digna y siendo consciente que en dos días no puedes hacer nada, tratando de crear el menor número de problemas posible. La alineación que sacó parecía lógica y creo que probablemente sea la mejor alinenación que se puede sacar hoy en día... salvo en la portería. Debe ser sin embargo que ese banquillo provoca una especie de furor estúpido por hacer ver al mundo lo gran entrenador que es uno y al igual que sus predecesores tuvo que poner su “toque personal” sentando a Asenjo y sacando a De Gea. No tengo nada contra De Gea (más bien todo lo contrario) pero considero una estupidez condenar al banquillo a un portero titular que no había sido ni mucho menos de los peores del equipo sobre todo en un partido con tanta presión como el de hoy. Como el destino es así de caprichoso la estupidez al final salió cara al bueno de Santi Denia.

El equipo salió con algo más de brío que otras veces pero no particularmente acertado en ninguna de las parcelas. El Mallorca parecía estar a la espera de lo que pudiese pasar y eso hizo que el Atleti tomase el dominio del partido con más corazón que cabeza y a pesar del lamentable estado de forma de sus estrellas, que muy probablemente obedezca a una razón más psicológica que física. Hasta el penaly marrado de Forlán que expulsó al primer jugador del Mallorca no había pasado nada. Después tampoco. El descanso llegó con un equipo inoperante y espeso frente a un rival con uno menos. La segunda parte siguió por los mismos derroteros a pesar de que Jurado salió al campo para romper el doble pivote y por esos derroteros se siguió hasta el segundo penalty que dio con el segundo jugador mallorquín expulsado. Esta vez el charrua consiguió marcar (admirable la tozudez del uruguayo a pesar del mal partido que se estaba marcando) pero ese no fue más que el detonante para ver una de las peores versiones del Atleti de entre las peores versiones del Atleti. Contra un equipo con 9 jugadores y lejos de aumentar la ventaja en el marcador el equipo se vino atrás, de desarmó, cedió la pelota, la presión y las ganas. Un Mallorca con 9 manejaba el balón, el ritmo y los tiempos. No llegó muchas veces pero dos cantadas de De Gea cortaron finalmente la digestión de los colchoneros cuando el partido estaba a punto de terminar. El primer canté dio con un poste. El segundo acabó en gol.

Hay que asumir la situación. El equipo es una mierda que no sólo sabe que lo es sino que incluso se cree peor. Con ese panorama debemos olvidarnos definitivamente por ser un equipo de fútbol digno, con jugar bien, con ganar partidos históricos, con sacar pecho por nuestro equipo o con soñar con noches alegres. La única alegría que podemos llevarnos esta año es no descender y con esa mira hay que empezar a trabajar. A partir de ahora empieza a ser lícito la acumulación de mediocentros, los pelotazos, los trotones, las pérdidas de tiempo, el echarse atrás cuando metamos un gol, el dar patadas a diestro y siniestro... ahora si porque ya somos un equipo del montón que lucha por no descender.

Aunque sinceramente, si jugar en primera división es esto, si jugar la Champions es ir a empatar a Anfield o que te humillen en Stamford Bridge. Si jugar en primera división es seguir perdiendo contra el madrid o hacer el ridículo contra cualquiera o luchar por las migas o que te meta el Barça seis goles todos los años... es preferible estar en segunda. De hecho es preferible desaparecer. Los grandes grupos de música suelen acabar su carrera en la cima. Quizás nosotros debimos hacer lo mismo.

Abonados a la tristeza

Decía Flaubert que hay que tener cuidado con la tristeza porque es un vicio. El Atlético de Madrid está en estado permanente de tristeza y aunque estamos lamentablemente acostumbrados lo está gracias al suicidio que la propia institución inició hace ya muchos años y que en esta temporada parece avanzar a marchas forzadas hacía su culminación. Tanto tiempo soñando jugar la Champions y llevar nuestra camiseta a sitios como Stamford Bridge para acabar perdiendo 4-0 en el partido en el que te juegas todas tus posibilidades. ¿A alguien le sorprende? Supongo que no pero doler duele mucho.

Que el atletico de Madrid tiene poco muy poco y mal repartido, por mucho que tanto y tanto charlatán profesional diga lo contrario, es algo que todos los que seguimos a este equipo sabemos hace tiempo. La diferencia del partido de hoy es que lo poco que tenemos saltó al campo con cierto criterio fundamentalmente en lo anímico aunque el confuso planteamiento táctico que prácticamente ningún ser humano entendió hay que reconocer que funcionó 40 minutos. Eso si, queda claro que no es suficiente. Aun así a mi me pareció cobarde sacrificar a Jurado por delante de Simao, jamás entenderé una alineación de un equipo profesional donde aparezca Cléber Santana, me parece tremendamente cobarde hacer debutar a Dominguez frente al Chelsea en Stamford Bridge y apostar por el músculo frente a un equipo musculoso por excelencia como los del barrio pijo de Londres no parecía una opción muy valiente tampoco pero hay reconocer que el equipo ha hecho la mejor primera parte de lo que va de temporada. Esa especie de 4-3-3, que al final era el 4-2-3-1 cobarde de siempre con Cleber en banda y Forlán peleando con los Elfos en la tierra media, paró a los ingleses aunque más debido a lo que pasaba dentro de las cabezas de los que iban vestidos de rojiblanco y la tranquilidad de los azules que a otra cosa.

El equipo salió concentrado, con menos complejos que de costumbre y en los primeros minutos primero Forlán y luego el Kun fallaron dos ocasiones de las que no suelen fallar, especialmente en el caso del argentino con un remate de zurda que no cogió puerta. Probablemente el partido hubiese sido diferente si alguno hubiese entrado pero este equipo tampoco tiene suerte. Eso si tres minutos después el bueno de Asenjo hizo una interpretación de cante jondo que hacía mucho que no veía. Un centro-chut desde muy lejos paso por encima de las manos del cancerbero en una salida atormentada que ha sembrado más de una duda entre la afición colchonera. Afortunadamente el colegiado anuló el tanto creo que por fuera de juego. A partir de ahí el Atleti bajó el tono anímico y físico y los blues dispusieron de un par de ocasiones a puerta vacía de esas que normalmente no se fallan. El dominio pasó con mayor intensidad a mano de los londinenses, los tradicionales fallos defensivos del folklore atlético empezaron a aparecer y una buena jugada de Deco al borde del descanso provocó un pase de la muerte a Kalou que dio con el primer gol del partido que podría parecer injusto pero que igualmente subió al marcador. Dado el planteamiento del atleti y su capacidad de reacción: fin de partido.

Porque la segunda parte fue una paseo del equipo de Abramovich. Los primeros cinco minutos fueron un acoso constante del equipo local con los madrileños aturdidos en su propia área. A los cinco minutos Asenjo se resarcía de su fallo anterior haciendo una parada espectacular a tiro lejano de Anelca pero la siguiente jugada dejaba un centro lateral desde la izquierda que Kalou volvía a rematar a la red. La pesadilla tomaba el color negro que al final impregnó todo. Un Atleti que intentaba llegar pero un Chelsea que llegaba. El Atleti de siempre y el Chelsea de siempre, es decir, lo peor que nos podía pasar.

Asunçao se lesionó en una de sus entradas desmedidas y la entrada de Jurado trató de aportar algo más de balón, eso que tanta alergia le da a Abel, pero ya no valió para nada. Además cuando cerca del minuto 60 Agüero falló sólo delante del portero la primera oportunidad madrileña de la segunda parte todos supimos que no había nada que hacer. Lampard se encargó de confirmarlo cuando le dejaron sólo en la frontal de área para que probase a Asenjo y a ciencia cierta que lo probó: 3-0. Maxi, que había salido al campo para aportar algo de orgullo y pundonor marró una genial jugada a falta de 10 minutos del final y otra minutos después poco antes de que un desesperado Perea hiciese el cuarto en propia puerta.

Los ingenuos que pensaban que el Atleti haría en Londres lo que había sido imposible hacer en Madrid y en Oporto supongo que ahora ya habrán salido de su error. Este equipo está muerto. La única duda es si alguien será capaz de hacerle el boca a boca para se siga respirando y pueda levantar la cabeza. Eso si, tendrá que ser otro año.

La chatunga



At. Osasuna 3 - At. Madrid 0


Me molesta mucho la gente que dice que hay que ser optimista porque si. ¿Por qué hay que ser optimista cuando es imposible serlo bajo los cánones de la lógica cartesiana? Ser optimista con este Atleti era una estupidez la primera jornada de liga, lo era el domingo frente al Zaragoza y lo es hoy después del rapapolvo del Osasuna. Es una estupidez y una pérdida de tiempo porque es vivir bajo una mentira más tiempo del que es estrictamente necesario. Es como si un alcohólico es optimista todas las mañanas mientras va a comprarse su correspondiente botella de líquido espiritoso pensando en que la vida cambiará y el alcohol no afectará nunca más a su cuerpo. Una solemne estupidez. Mientras sigamos rezando a San Imbécil en lugar de humillar y acudir a Alcohólicos Anónimos seguiremos sin cenar los domingos. El Atlético de Madrid es un cadáver que lleva un montón de años moribundo mientras su entorno se perdía en el optimismo del resultadismo concreto. El pan para hoy hambre para mañana. Mientras aplaudíamos con ánimo renovado el triunfo in extremis o los resultados mediocres el equipo se desangraba en una suerte de desastre continuo. Una desnaturalización constante en un club con muy poco de lo que prescindir.

El partido de hoy en Pamplona no es más que el enésimo ejemplo de que este equipo es un auténtico desastre pésimamente construido, pésimamente entrenado y jugado con un puñado de jugadores de segunda fila que en el mejor de los casos falta personalidad dentro de la cabeza para actuar como jugadores de elite y en el peor falta prácticamente todo para ser llamado futbolista.

El Osasuna nos ha metido tres goles en la primera parte y ha tenido el balón y el dominio del partido antes del primer gol, después del mismo gol, después del segundo y después del tercero. Esto lo digo para eso puñado de atléticos convertidos a la religión oficial que dicen que no podemos pretender que el Atleti juegue como el Barça. Comparar el juego del Atleti con el del Barça es como comparar el negro con el blanco y entre ambos colores existe TODA la gamma posible de posibilidades. Nosotros estamos permanentemente abonados al negro del patadón, el trotoneo, el arte rupestre y la medianía.

No merece la pena dar más vueltas al partido. No hay por donde cogerlo. Ni juego, ni balón, ni ganas, ni espíritu, ni calidad, ni jugadores, ni esquema, ni recursos, ni amor propio, ni talento, ni entrenador, ni defensa, ni creación, ni suerte.

Pero nada, hay que ser optimista. El miércoles a salir a empatar a cero en Londres para hacer “un buen papel” y el Domingo todos a aplaudir al equipo con amor pasión que es lo que corresponde. Propongo poner la chatunga por los altavoces para animar el ambiente festivo y de paso homenajeamos el genio de Luis Aguilé de reciente y trágica desaparición.

La chatunga eh, eh, la chatunga ah, ah...

Don Tancredo

Cuentan que durante los primeros años del siglo XX, en las plazas de toros que inevitablemente existían repartidas por la geografía patria, se asistía a una especie de sucedáneo taurino al que se denominaba “Don Tancredo” y dicen también que en honor a un aspirante a torero del mismo nombre, de escaso talento y significativa mala suerte, que al parecer fue pionero en practicar la temeraria suerte. El cruel espectáculo consistía en que un valiente esperase la enfurecida salida del toro a la plaza únicamente subido en un pedestal a modo de estatua, sin moverse un milímetro y sin más arma contra el morlaco que su inmovilidad y un ridículo traje de tonos claro que hiciese creer al toro que el improvisado obstáculo era lo suficientemente duro como para resistir la tentación de embestirlo. La peligrosidad de la empresa la hizo caladero de personajes desesperados en busca de dinero fácil u otra serie de prometidos privilegios para disfrute y regocijo de los pudientes que pagaban la entrada. Desgraciadamente las cogidas eran numerosas y los “accidentes” terribles con lo que las autoridades competentes poco a poco fueron prohibiéndolo hasta desaparecer por completo a mediados del siglo pasado. Si bien la actividad desapareció sin dejar rastro, Don Tancredos de varios tipos se han mantenido hasta nuestros días.

Desconozco las aficiones taurinas de ese presunto veterinario desubicado que es el misterioso tipo que ostenta el poder en el Atlético de Madrid pero es evidente que el concepto de Don Tancredo lo tiene bien asimilado y llevado a la práctica desde el mismo momento en que su figura se quedó como responsable del trocito de esa herencia paterna de dudosa potestad que le quedó en suerte. La entrada de este oscuro personaje en la disciplina rojiblanca coincide con el inicio de los napoleónicos sueños de grandeza de su mediático padre para con el mundo de la política que sin dejar de aparecer ante la opinión pública como el genuino mandamás que siempre fue, tomó entonces la decisión de dedicar su tiempo a su gran sueño de la política (el Atleti siempre fue una rampa de lanzamiento únicamente) delegando las tareas diarias de dirección a uno de sus ociosos hijos, un veterinario en paro que no heredó de su padre precisamente las dotes de carisma ni de comunicación y que actuará desde entonces a la sombra. Este momento supone el espaldarazo definitivo en la carrera descendente del Club Atlético de Madrid. A pesar de los numerosos errores y desmanes acontecidos, el verdadero nuevo jefe de la nave hace desde entonces su trabajo en el ostracismo más oscuro gracias a una especie de misterioso arte sibilino con el que consigue siempre mantenerse al margen de la actividad pública, protegido entonces por la omnipresente y expansiva figura paterna.

El fallecimiento repentino de Jesús Gil deja aparentemente una situación de indefensión en la dirección del club que en realidad no lo es tanto puesto que la estructura directiva se mantiene inalterable antes y después del trágico suceso sin ningún cambio significativo pero eso si, a falta de dilucidar quién tendrá que coger muleta y espada a partir de ese momento para salir a torear con prensa y afición. Miguel Angel Gil Marín, autor y responsable del decadente bodegón que es el Atlético de Madrid de la última década, sopesa la ruinosa situación del club post-infierno, el cerco judicial cada vez más rígido contra sus tradicionales y “originales” interés o el verdadero objetivo que tiene en mente y lo compara con su enfermizo carisma o su desasosegada capacidad de comunicación asimilando rápidamente que tiene un problema. Tantos años metido en la ruleta del circo lo hacen sabedor de que el morlaco de la prensa puede contenerse a base de favores, amigos, cuñas publicitarias, promesas y demás artes que no se estudian precisamente en las facultades de ciencias económicas, pero gracias a su experiencia también es conocedor de que en esto del fútbol la mujer del Cesar más que ser honrada fundamentalmente tiene que parecerlo y es ahí donde intuyo que recurrió a la enciclopedia taurina.

Así es como aparece nuestro particular y principal Don Tancredo, el señor Enrique Cerezo. Un tipo sin dotes de tauromaquia que ajeno a la verdadera faena, a la cual está vinculado únicamente entiendo (porque así lo ha dicho él) por el beneficio personal que pueda sacar de su valentía, aparece en mitad de la plaza mediática vestido con las ropas circenses que suponen su homogénea verborrea y que tiene la santa virtud de permanecer inmóvil en su vetusto pedestal frente a los timoratos envites de un animal de cuernos recortados. Escuchando al presidente explicar con torpe chulería los desmanes del pasado, los errores en la dirección técnica, la menguante economía colchonera, las derrotas dolorosas o la falta de futuro siempre con la misma frase inconexa y mal construida uno llega a pensar que quizás se ha subestimado el criticado talento del maestro en la sombra, el herededo Gil. El morlaco de la prensa sale a la plaza dopado y con la cornamenta rebajada para dar vueltas sin tocar a nuestro estirado Don Tancredo mientras el respetable chilla o aplaude en la grada iniciando encendidos debates en torno a la circense figura pero olvidándose en el camino de los animales adulterados, de la plaza y hasta de la verdadera faena.

Pero Don Tancredo no se cae. De hecho ni se mancha de polvo. Sale noche tras noche al ruedo volviendo poco después a sus quehaceres cotidianos para regocijo de quien le paga, un señor que vive tranquilo y aparentemente ajeno al mundanal ruido. Mientras la tierra gira el Don Tancredo cobra, el mandamás vive, el morlaco come y el respetable paga y ríe. ¿Quién se atreve a matar a la gallina de los huevos de oro?

Aclaración de un sentimiento en 3 actos



Acto primero: los dogmas

Corría los últimos años de la década de los 70 o los primeros de la década de los 80 (no sabría especificar) cuando un Ennio muy pequeño, de 8 o 9 años de edad, volvía por segunda vez en su vida al Vicente Calderón. La primera vez fue un partido contra el Hércules en el que se ganó 1-0 con gol de Cabrera tras saque de falta de Dirceu, esas cosas no se olvidan, pero esta vez no recuerdo el rival ni el resultado (aunque sé que ganamos). Lo que sí recuerdo y recordaré siempre fue la impresionante y sonora pita con la que el estadio recibió al equipo nada más pisar el césped y que yo, un crío de ocho años vestido de rojiblanco que iba a animar a su equipo con gorra y bufanda, no era capaz de comprender. El partido no había empezado todavía, no era un partido de liga especialmente crítico ni contra ningún equipo grande (antes cuando se jugaba contra el Madrid había veces que había casi más vikingos que colchoneros en el campo) y el Atleti estaba en los primeros puestos de la clasificación. “¿Por qué pita la gente?”, le pregunté indignado a mi padre que estaba a mi lado. “Pues porque perdieron el domingo pasado en el campo del Español, ¿te parece poco?” me contestó un señor de nariz prominente y puro superlativo que se sentaba a mi otro lado y al que no conocía de nada. Hay ciertas cosas que si te las enseñan de pequeño nunca se olvidan y esta fue una de ellas: la afición al Atlético de Madrid exige ganar al Español en su estadio y perder significa que se han hecho mal las cosas. Sin embargo lo que de verdad nunca olvidaré de aquella misma tarde es lo que pasó inmediatamente después cuando el balón se puso a rodar y la misma afición que segundos antes estaba pitando se puso a animar de forma inconsolable con pasión y colorido hasta el final del partido. Entonces asimilé que la afición del Atleti está siempre con su equipo, pase lo que pase, ocurra lo que ocurra y que esa fidelidad no tiene nada que ver con renunciar a un solo átomo de orgullo y exigencia. Tenía ocho años pero ya sabía lo que hay que saber para ser colchonero toda la vida. Orgullo y fidelidad.

Acto segundo: la práctica.

Podría hablar de la respuesta de la afición en mis momentos más felices en mis años de colchonero como cuando bajé dos años seguidos la castellana desde el Bernabéu celebrando la copa del rey (especialmente el segundo año después de aniquilar a los merengues) o de cómo me abracé con el cholo Simeone en la esquina del hotel Ritz, que fue donde se tuvo que parar el autobús que llevaba a los jugadores a Neptuno la noche que se ganó el doblete del 96 gracias a la cantidad de gente que había. Podría hablar igualmente de los momentos malos (igual de significativos y emotivos) como la final en Lyon, el partido en Oviedo que selló nuestro descenso o aquella noche en Sevilla cuando después de perder 3-0 la final de la copa del rey el Frente Atlético (y yo con ellos con la piel de gallina) gritó a todo pulmón el nombre de Radomir Antic (nuestro entrenador de entonces que ese misma noche fue destituido por los Gil), pero me quedaré con otra anécdota menos conocidas que también viví in situ:

Corrían los primeros meses del año 1990 y estábamos en la mitad de la liga 89/90 cuando se dio el partido que ahora recuerdo, un Atlético de Madrid frente al Real Valladolid en un Vicente Calderón con una temperatura gélida propia de la época. El Atlético de Madrid entrenado por el polémico Javier Clemente estaba en ese momento en la segunda posición de una liga que encabezaba el Real Madrid a seis u ocho puntos de distancia (no recuerdo bien) y aunque hoy pueda resultar difícil de creer la labor de Clemente estaba cuestionada por la afición gracias al juego tan mediocre y cobarde que desarrollaba el equipo. En aquel partido se volvieron a escuchar las críticas y los pitos de las últimas jornadas al juego del equipo (que no a sus jugadores). El Atleti no ganaba la liga desde hacía 13 años y la última copa se había levantado hacía 5 pero eso no era óbice para bajar el listón ni para que la afición perdiese su orgullo. Entendía que el Atleti no podía jugar de semejante manera y veía además que de esa forma el Madrid se le marchaba, incluso 13 años después de la última liga. Aquel partido acabó con una victoria pírrica gracias a un solitario gol de Baltazar que al menos mantenía la distancia. La semana siguiente se perdió en Pamplona y Clemente fue destituido. El equipo seguía en segunda posición.

Acto tercero: la catarsis

Octubre, temporada 09/10. De nuevo hace 13 años que el Atleti no gana la liga (o ningún otro título). En la jornada sexta el Atleti no ha ganado todavía un solo partido y ya se ha recibido la ya tradicional goleada del Barcelona. El juego desplegado ha sido atroz en la línea de las últimas temporadas y la mayoría de jugadores están fuera de forma. En la Champions se ha empatado contra un equipo chipriota en un partido ridículo y se ha perdido de forma contundente contra el Oporto reduciendo al mínimo las posibilidades de pasar de fase. La plantilla tiene puestos para los que no existe un solo jugador (laterales, centrocampistas de creación,..) además de arrastrar carencias evidentes desde hace lustros pero en verano no se hace un solo fichaje que aporte (viene un portero por otro que se va y un central en el ocaso de su carrera para sumarse a la lista de seis centrales que ya había) y las bajas de Seitaridis, Maniche, De las Cuevas o Banega se cubren con jugadores que dos años antes no valían para el equipo y que al principio del verano estaban en venta. A pesar de ello un día después de cerrar el plazo de fichajes se vende al lateral derecho titular (que ni siquiera era lateral derecho). Conocida la noticia de que Madrid no será la sede de las siguientes olimpiadas se suceden en la prensa las dudas sobre la viabilidad del estadio de la Peineta que no hacen más que sumarse a la lista de dudas, misterios y acuerdos no explicados que saturan la sospechosa operación. El dueño del equipo ha vuelto a su cueva tras una pequeña marejadilla y el presidente trata sistemáticamente como estúpidos a cualquiera que le acerque un micrófono (y por tanto a los que puedan estar interesados en lo que dice)

En esa jornada sexta el Vicente Calderón recibe al equipo (y sus dirigentes) con una cálida acogida y a pesar del mismo juego atroz de siempre no se escucha una sola voz reprobatoria ni antes (sólo un minúsculo grupo protesta en la puerta cero) ni durante ni después del partido. El Atleti gana con fortuna su primer partido de la temporada y la afición lo celebra con emoción convencidos de que será el resurgir hacia el “objetivo” aunque sin tener muy claro cuál es ese objetivo. Hasta los propios jugadores se animan a ir hasta el centro del campo al final del partido para devolver el aplauso de la gradería, algo que no ocurría desde que Fernando Torres dejó hace tres años de ser capitán para seguir siendo un profesional a la rivera del Mersey.


Epilogo:

Las personas son dueñas de sus actos y cualquiera de ellos es perfectamente respetable. Dicen que la gente evoluciona a lo largo de la vida y puede que sea verdad pero las cosas que se aprenden de pequeño se quedan marcadas con más fuerza y muy rara vez se olvidan.

¡Qué pena! (o como mentir con la verdad)



At. Madrid 2 - Zaragoza 1


Ennio periodista serio (es decir asalariado del sistema y deudor de sus palabras):

Lo que hoy publicarán los periódicos será algo así: por un fin una victoria colchonera que injustamente se le venían negando al sufrido equipo madrileño. La noche prometía emoción y fútbol con la pasión desmedida de una afición que como siempre está con su equipo en los momentos que hace falta.

El partido no fue una maravilla pero se observó una significativa mejoría de los colchoneros. El encuentro entró tras el tempranero gol de Jurado en una fase de toma y daca constante hasta que en un desajuste de la defensa madrileña dejó a Jorge López delante de David De Gea que llegó tarde al dribling y cometió penalty como paso previo a convertirse en el héroe de la noche parando la pena máxima a Babic y provocando el parto prematuro del nuevo ídolo del Calderón. La segunda parte se gestó con los mismo parámetros de lucha, juego y entrega que la primera con un Zaragoza más ambicioso y un equipo colchonero contenido para salir a la contra. La reaparición de Reyes fue aplaudida a rabiar por la grada y casi queda en anécdota lo que pasó después: un gol de Antonio López de saque de falta magistral en la frontal del área y el posterior penalty justito de Ufjalusi, el flamante nuevo lateral derecho del equipo, transformado Everthon. Lo que no fue una anécdota fue la excelente parada de De Gea en las postrimerías del partido a saque de falta peligroso de los aragoneses. En definitiva tres puntos que invitan a soñar con la incipiente recuperación de un equipo que volvió a recuperar su identidad.

Ennio aficionado (y por tanto dueño de sus palabras):

Primera victoria del Atleti en un cada vez más desconocido Calderón que parecía un sucedáneo barato de lo que ha sido ese campo no hace muchos años y que no hace más que enmascarar la realidad de un equipo sin alma y sin cuerpo, sin volante y sin ruedas. Un equipo que llegará donde tenga que llegar en base a la suerte puntual, al impredecible efecto mariposa o al efecto telúrico de la alineación de los planetas en la vía Láctea pero jamás por el talento rupestre de sus mimbres, por la inexistente dirección o por la empatía que se le supone a cualquier deporte de equipo.

La afición, esa masa impersonal que otrora era la envidia del mundo, ese grupo compacto y homogéneo que era orgulloso y ambicioso a la vez que fiel y generoso con quien lo merecía, ayer fue el fiel reflejo de en lo que se ha convertido. Un heterogéneo puñado de compra-periódicos que interioriza todos y cada un de los mensajes que llegan desde los medios oficiales pero que son incapaces de mirar alrededor con los anteojos de un verdadero aficionado atlético. Ajenos a la crisis institucional y deportiva que sufre de forma severa este club la afición se dedicó a ocupar religiosamente y a la hora precisa su puesto en la comedia. Aplaudiendo a los profesionales que tanto respeto tienen por la camiseta que les paga, ignorando las voces críticas (y me refiero a ignorar y despreciar, no a cuestionar o refutar que podría tener sentido), ignorando el insultante vodevil que se sufría en el césped y conviviendo de forma animosa y divertida con los personajes que ocupan el palco. La afición se dedicó a aplaudir todo lo que pudiese ser aplaudible (y a lo que no), a intentar animar hasta a los banderines del córner, a aplaudir a los "chiquillos descarriados", a sonreír después de cada bostezo y a deglutir los tres puntos como si se tratase el delicioso maná que todo lo cura. La afición se comportó de forma patética en un fiel reflejo de cual es la situación de este club, de este equipo y de esta masa social.

¿Y el fútbol? Dirán ustedes. ¿Qué fútbol? Diría yo. El partido de ayer fue el enésimo bodrio que tenemos que tragarnos en el Calderón. No es que espere disfrutar de una excelsa versión de este deporte echando un vistazo los nombres que conforman domingo tras domingo el once colchonero pero lo mínimo que reclamo es ver un partido de algo parecido al balompié y no a esta especie de engrudo entre el fútbol australiano y la lucha greco-romana en que se han convertido los partidos del Atleti. Tuvimos la suerte de marcar un gol en el minuto 2 (tras un millón de rechaces, no piensen que de jugada elaborada) y eso fue todo. A partir de la ahí el equipo cobarde y reservón que plantea el cobarde y reservón de Abel en el campo se dedicó a rezar de rodillas para que el partido acabase cuanto antes y el Zaragoza dejara de sacar faltas y córners colgados al área. Un desastre lo mires por donde lo mires. La defensa no merece la pena más comentarios pues salga quien salga y se ponga donde se ponga es un coladero sin contundencia, si arte y sin fe. Perea, probablemente el jugador peor dotado técnicamente de la primera plantilla, fue el encargado de crear la mayor parte del juego (como en tiempos de Aguirre) así que se pueden imaginar el resto. El centro del campo otro despropósito. Mientras Simao se dedicaba todo el partido a comentar las entrevistas de Belén Esteban con las primeras filas de la grada y Asunsao a repartir leña a diestro y siniestro (debería haber sido expulsado dos veces), Jurado le decía a Cléber: “anda vete tú a la banda que a mi me da la risa”. Abel, por supuesto, había marginado a Jurado (insisto, el único que está medianamente en forma en esta tropa) a la sempiterna banda dejando la zona noble del campo al hormonado dicen que centrocampista brasileño, pero su inoperancia era tan patética que decidieron de motu propio cambiarse los papeles por el bien de la humanidad. El centro del campo colchonero es como un capítulo repuesto en blanco y negro de los chiripitiflauticos, una locura sin pies ni cabeza. Pero es que lo poco que teníamos bueno, la delantera, es otro desastre. Esa estupidez del valiente de Abel de marginar a Forlán a jugar en el centro del campo hace que el pobre uruguayo se desgaste en tareas defensivas, haga el ridículo en la presunta creación y esté siempre 30 metros lejos del lugar donde debería estar si jugase en la posición que lo ha hecho famoso. Pero claro, Abel no puede renunciar a su “innovador” 4-2-3-1 en una muestra más de lo inflexibles que son con el sistema los malos entrenadores. De eso sabemos bastante en el Calderón. Los muy malos entrenadores que incluso con una plantilla sin jugadores suficientes (no ya buenos) para jugar así se emplea en insistir en ello como la única alternativa. Agüero en este equipo y en este bochornoso esquema del, dicen que entrenador toledano, es como el señor que lleva la pandereta en la tuna, un tipo que lo pone todo para llamar la atención pero a quien el resto de la tuna mira como diciendo ¿Quién es este?

Me da por pensar últimamente con bastante frecuencia que con este equipo a veces las derrotas podrían tener un efecto más positivo que las victorias. ¡Qué triste!

Girlfriend in coma







"Novia en coma, lo sé. Sé que es serio…"


Ayer cuando me acosté en la cama horas después del enésimo ridículo que mi equipo había perpetrado en esos campos de Dios, esta vez en tierras portuguesas y en uno de los escenarios donde más duelen como es la Champions League, era completamente incapaz de conciliar el sueño. Pensaba durante esos extraños y tensos minutos que provoca el insomnio sobre lo que estarían haciendo en ese momento los Cerezos, Pitarchs, Giles y demás escoria y me ponía peor imaginándomelos durmiendo plácidamente a pierna suelta. Las horas pasaban, el silencio era atronador, la cama cada vez resultaba ser más incómoda y el calor se hacía insoportable pero de entre el puñado de ideas e imágenes peregrinas que se me pasaban por la cabeza no podía quitarme sobre todo una: la situación tan lamentable en la que se encuentra esto que tanto ha significado para mí y las terribles consecuencias que pueden acontecer a partir de ahora. El Atlético de Madrid no está muerto, vale, pero está en coma.

"Hubo tiempos en que la podría haber asesinado pero ya sabes, odiaría cualquier cosa que le pudiese pasar"

El Atlético de Madrid, nuestra querida e infiel novia, está en coma. Al pertinaz cáncer instalado en el cerebro desde hace años, ese que se está apoderando de todas las glándulas y tejidos sanos del enfermo y contra el que a duras penas podemos combatir con azucarillos y balas de fogueo desde plataformas proscritas, webs amateurs y otras estaciones de la contracultura, a esa imparable enfermedad que está carcomiendo todos y cada uno de los poros vivos que todavía quedan latiendo se le une ahora el estado de parálisis deportiva prácticamente terminal en el que nos encontramos. Con toda una temporada por delante estamos ya prácticamente fuera de la máxima competición europea (con 1 punto y cero goles frente a los presuntos rivales “asumibles”) y a 13 puntos de la cabeza de la liga, un distancia que además tiende a acrecentarse en lugar de a decrecer. Apenas cuarenta días después de iniciar la competición el Atleti ha tirado ya la temporada por la borda a la espera de salvar los muebles de la manera más digna posible, tratando de que el incendio no devore los pocos muebles de valor que todavía nos quedan a bordo. Si a unos números tan rotundos y un futuro tan oscuro se le suma una plantilla que no llega a la decena de jugadores profesionales (¡y sólo 13 fichas del primer equipo a día de hoy!), con 6 centrales y sin laterales, con cuatro tarugos en el centro del campo y ni un solo jugador creativo y con dos delanteros titulares y ni uno sólo de reserva el panorama es simplemente descorazonador. Es como que te dejen en mitad del Everest en pleno invierno sin material para subir ni cuerda para bajar.

"¿Realmente piensas que lo superará?"

El Atlético de Madrid está en coma y además sabemos que cualquier tipo de estupefaciente, droga de diseño, vitamina o parche que ahora pongamos no va a tener más que un breve efecto alucinógeno, relajante o ligeramente balsámico en el mejor de los casos. Echar a Abel parece a estas alturas tan necesario como inútil porque cualquier otro entrenador que venga, aunque esta vez se equivoquen y sea medianamente bueno, se va a encontrar con un plantel deprimido, bajo de forma, falto de espíritu, falto de calidad y absolutamente descompensado. Si el que viene tiene un mínimo de talento, algo difícil de creer viendo quien lo va a fichar, podría recuperar la forma, el espíritu y el ánimo pero el equipo seguirá falto de calidad y seguirá absolutamente descompensado. Podemos echar al error constante que es García Pitarch y yo lo celebraría (celebraría más que lo inhabilitaran de por vida para trabajar en ningún equipo del mundo salvo el Real Madrid o que retransmitiesen en Prime Time un juicio sumarísimo con jurado popular valorando su gestión en este equipo) pero eso no solucionará nada hasta diciembre como mínimo y todos sabemos que el mercado de invierno es como buscar en un colmado chino a las 12 de la noche lo que sólo venden en El Corte Inglés. Incluso aunque se fuese mañana mismo el gran heredero y se llevase de la mano al afamado productor los jugadores que saltarían al campo con los colores del Atleti serían exactamente los mismos.

El Atlético de Madrid está en coma y en ese estado es muy difícil defenderse de los enemigos ávidos de sangre y este equipo tiene muchos dentro y fuera. La labor de desahucio del veterinario-calamidad y soy-más-chulo-que-nadie Cerezo es constante e imparable y su carrera hacía la destrucción total no tiene límites pero me temo que el club no podría volver a resistir otro descenso de categoría. Un golpe así sería definitivo y personalmente me da mucho miedo. No comulgo para nada con esos nobles idealistas que abogan por la refundación del club desde cero. Me encanta su planteamiento pero no me lo creo.

"Novia en coma, lo sé. Sé que es serio…"

Por eso, visto lo visto, me temo que nos conviene asumir nuestra particular serie de televisión como un verdadero y lacrimógeno drama en el que se trata un asunto muy serio que nos compete a todos y donde el protagonista en coma sólo puede ser protegido por su novio, nosotros mismos, los únicos interesados en que siga con vida. Difícil papeleta cuando el novio, nosotros, está también empeñado en suicidarse en una incomprensible guerra civil.

Es en este momento cuando mi mente y mi corazón me dictan cosas distintas y mientas uno me dice que quizás sea el momento de preocuparnos únicamente por la salud diaria del paciente y dejar para mejor ocasión la discusión por el tipo de universidad a la que tiene que ir o si los padres que tienen la custodia son los verdaderos padres y no unos impostores, el otro me pide buscar sangre con vigor y violencia sin preocuparme de lo que se pueda romper por el camino con tal de llegar al corazón del mal y extirparlo de cuajo.

Eso sí, mi novia sigue estando en coma.

Girlfriend in Coma (Marr/Morrisey)
The Smiths-1987