Sueños de chiringuito



Hay gente aficionada al fútbol para los que el periodo estival es un momento mágico e ilusionante. Mientras el país se ralentiza hasta paralizarse, la dirigencia oficial se retira del timón para tomar mojitos dejando todo atado y bien atado (incluidos los periodistas de cámara), el mundo del fútbol se concentra en el episodio anual de la especulación, la definición del humo, los castillos en el aire, los sueños que levitan, las mentiras disfrazadas de lagarterana y las figuras de cartón piedra. El periodo de fichajes es algo así como un ciclo de fallas en el que durante meses se crean grandes expectativas de colores llamativos que se queman (a veces sin pena ni gloria) a principios de septiembre. Aun así a veces tiene su gracia… o la tenía.

Cuando yo tenía quince años me pasaba el verano robando algún MARCA que algún “mayor” dejaba descuidado en alguna parte de la piscina para ver si el Atleti ficharía ese delantero que decían era tan bueno o ese centrocampista que haría jugar al equipo y que sobre todo supliese las carencias de la plantilla el año anterior. Vivía el verano soñando en construir un equipo campeón que fuese el mejor en la temporada por venir y hasta me daba pena cuando empezaba la temporada y me topaba con la realidad. Últimamente, unos cuantos años después, las cosas han cambiado y aunque sigo en la piscina ahora evito el contacto físico con el MARCA (o su primo hermano AS) ya que me entra gastroenteritis cada vez que veo la portada (o interiores) de semejantes ortigas y así evito tener luego que usar el desinfectante. Lejos de soñar con un centrocampistas que sepa jugar al fútbol y sea capaz de hacer jugar a los demás (que es con lo que sueño desde hace décadas) mis desvelos y mis rezos van destinados más bien a que no nos quiten al Kun o lo poco bueno que conservamos. Muy triste. Lejos de disfrutar con el fútbol virtual de chiringuito lo que deseo es que este tiempo acabe cuanto antes para tomarnos con la realidad de comprobar que las miles de ofertas que había para llevarse a nuestros cracks eran, como sospechaba, mentira.

En un mundo del fútbol mentiroso, podrido, falso y tramposo, donde un par de clubes pueden hacer lo que quieran y el resto no pueden hacer nada, donde un par de equipos son como el rey saudita cuando entra El Corte Inglés de Marbella y lo cierran para que sólo compre él y todo el personal esté a su servicio mientras el resto de equipos son inmigrantes que tienen que rebuscar en las basuras del mismo sitio, las posibilidades de soñar que nos dejan a los aficionados al Atleti tienden peligrosamente a las mismas posibilidades que tiene un muchacho de la favela Cidade de Deus de estudiar en Cambridge. Es así, y a mí, que siempre he sido aficionado a un equipo que empezaba la liga pensando que la iba a ganar (aunque solo la he visto ganar una vez en mi vida pero eso es otra historia) pues es algo que me fastidia, me duele, me descoloca y me cuesta asimilar.

Pero esto es lo que hay. Ya saben, el famoso “no hay un duro” mientras el vecino habla de cientos de millones con una deuda que duplica la nuestra, la coletilla radiactiva de que “los jugadores juegan donde quieren” de nuestro simpático presi que a base de repetir algunos ya se creen, el inútil útil de Pitarch con sus manazas en los hilos, un buen puñado de jugadores desnaturalizados con el mismo espíritu que los muñecos del subbuteo, la peligrosa amenaza disfrazada de caramelo de “contar con la cantera” (que llevamos un par de años escuchando, que siempre es mentira y que casi mejor así para no quemar lo poco sano que queda), la lista de nombres a fichar que todos sabemos que no se ficharan y que mi prima pequeña podría haber escrito sin ser muy aficionada al fútbol ni haber estado viajando todo el año por las playas caribeñas,… con esto es con lo que hay que lidiar.

Con esto y con algo todavía peor como es la incertidumbre de no saber cómo quiere jugar el Atleti. ¿Alguien lo sabe? ¿Necesitamos interiores, mediocentros creativos, mediapuntas o centrocampistas “avanzados”, que dicen ahora? ¿Es Fran Merida todo eso? Me temo que no. Si vamos a jugar como los últimos tres años con dos delanteros, dos mediocentros y dos interiores es evidente que lo mismo Fran Merida no era una prioridad. ¿O si? ¿Por qué entonces fichamos jugadores de ese corte? ¿Vamos a seguir jugando con dos delanteros? Lo digo porque si ese es el caso deberíamos de fichar alguien que descargue las cansadas piernas de los dos titulares, ¿no? Esa es mi principal pregunta, ¿cómo va a jugar el equipo? Me parece que Quique tiene dudas al respecto basadas fundamentalmente en no saber los jugadores que podrá tener al final (el mundo al revés) pero lo que también me parece es que a Cerezo y Gil les parece un tema menor en su lucha constante por el euro que me llevo (y a ser posible euro que no hay que declarar) mientras que al inútil engreído de Pitarch directamente es algo que se la suda.

Si me preguntan a mí apostaría básicamente por definir un esquema primero (el que sea pero que decidan uno por la gloria de su madre) y después tratar de buscar dos jugadores de garantías por puesto equilibrando juventud y veteranía, canteranos y foráneos. No necesito grandes nombres porque ya los tenemos así que lo que necesito es mantener la esencia (vamos, mantener al Kun Agüero) y sobre todo buscar equilibrio en la plantilla que no puede estar más desequilibrada. Suplir carencias y buscar como prioridad algo que ahora no tenemos y que es la competitividad dentro de plantilla. Pelear por la titularidad. Dos jugadores por puesto. Que nadie se sienta indiscutible. Esa es la mejor forma de hacer una plantilla potente.

No me gusta especular pero creo que necesitamos dos laterales (uno a cada lado) y al menos un central si o si. Más arriba dependerá sobre todo de cómo juguemos. Si es con dos delanteros e interiores como hasta ahora aparte de quedarnos con Tiago (y/o traer uno mejor) necesitamos algún delantero y al menos otro interior de garantías. Simao está en su último año y su rendimiento es decreciente así que podría ser una buena opción para negociar. Jurado o Salvio me temo que tienen complicado jugar con continuidad aprovechando su potencial en este esquema porque siempre lo harán fuerza de sitio. Otras formas de jugar disparan las posibilidades hasta el infinito.

Pero cerrando el círculo y viendo que al mando está Pitarch, el único profesional en el mundo que celebra intensamente sus fracasos personales, me temo que la realidad dependerá única y exclusivamente de la diosa fortuna. Como ha ocurrido este mismo años. ¿Quién puede soñar tranquilo de esa manera?

Primeras reflexiones


Estando tocado todavía por el efecto estupefaciente de un maravilloso viaje a Hamburgo que hizo pasear mi alma entre las nubes y una cruel reyerta liquidada a navajazos que desató la rabia y las lágrimas del mismo inquilino de mi cuerpo, quizás no sea el mejor momento de hacer balance de una temporada larga, áspera, extraña y complicada pero me temo que nunca va a ser un buen momento.

Dentro de cuatro días las mentes pensantes de este país pondrán el “cerrado por vacaciones” y la sociedad se paralizará para atender desde debajo de una sombrilla, virtual o no, al esperpéntico desfile estival de rumores, fichajes, promesas, ladrocinios y sueños. Paralizados por la angustia de deducir el jugador que nos van a quitar (angustia que durará hasta unos segundos antes de cerrar el plazo) pero sobre todos distraidos por la rabiosa actualidad que marcará el tamaño de los tríceps del nuevo galáctico que tenga a bien venir a la mal llamada casa blanca, cuando nos queramos dar cuenta estaremos comenzando la competición y lo pasado, pasado estará.

Lo primero que tengo claro es que la afición del Atleti, posiblemente la mejor afición del mundo como dice el anuncio, me ha dejado claro que no va a echar a sus dirigentes actuales aupados en una ola de éxitos deportivos. En momentos muy lamentables la afición apenas fue capaz de soltar un poquito el codo así que dudo que se produzcan altercados a poco que el equipo marche bien y yo quiero que el equipo marche bien. Me duele asumirlo pero es así y quizás sea el momento de cambiar de táctica y separar de forma clara y radical las dos cosas: fútbol y dirigencia. Gestión deportiva y gestión administrativa. Estoy harto de que una gran mayoría de atléticos piense que la “oposición” se alegra de las desdichas deportivas del equipo. No comulgo con ese “cuanto peor, mejor” que algún avispado quiere colocar como San Benito (y que probablemente exista en alguna mente complicada). Tendrá que llegar el día en el que se pueda criticar a Cléber sin que eso suponga defender a Gil o poder denunciar el bochornoso reparto de entradas sin que te tachen de ser anti-colchonero. Tenemos que aprender a poder hablar de fútbol, del entrenador, de táctica,… sin que eso se interprete como desviar la atención de la cruda realidad.

Ligado con lo anterior me temo que el tándem Gil/Cerezo sale injustamente favorecido del inesperado éxito final del equipo. Basta echar un vistazo a la prensa del movimiento para leer frases como “un club mejor dirigido de lo que se cree” y cosas parecidas que dejan a las claras por donde van y van a ir los tiros en los próximos días. Algo debemos estar haciendo mal cuando los éxitos deportivos del equipo van en contra del discurso de los que no estamos de acuerdo con los dirigentes actuales. Algo debemos estar haciendo mal cuando la pésima gestión deportiva, las mentiras sobre los fichajes, las mentiras sobre la ciudad deportiva, las mentiras sobre el estadio, las mafias de las entradas, etc… se ponen en la misma balanza pero en el lado contrario que los éxitos deportivos del equipo. Prometo hacer autocrítica sobre ello.

En cuanto al balance de la dirección deportiva, independientemente de las finales, más que tacharla de desastre es más justo decir que fue inexistente. No existe dirección deportiva en la primera plantilla del Atlético de Madrid. No sé sabe a qué se quiere jugar ni con que esquema ni con qué filosofía ni con que patrón. Tampoco se saben los objetivos ni los medios ni las aspiraciones ni los miedos. Mientras las categorías inferiores parecen responder todas a un mismo patrón de juego y una misma filosofía de fútbol la primera plantilla juega en función de las circunstancias y de lo que buenamente se pueda hacer “con lo que hay”. No es que no existan dos jugadores por puesto sino que ni siquiera sabemos que puestos son los que necesitan dos jugadores. Se llena la plantilla de mediocentros defensivos olvidándose de equilibrar el equipo con jugadores de creación. Se satura el equipo de centrales porque están baratos (la mayoría pésimos) y se olvida los laterales. Inviertes en un portero de las mismas características de lo que ya tienes en casa destrozando la carrera de un profesional de gran futuro. No es un desastre, es que no hay planificación. El resurgir de la cantera Atlética ha sido a pesar de Pitarch que hizo todo lo posible para cerrar la carrera de De Gea (fichando a Asenjo y Roberto por delante) y la de Dominguez (Eller, Ze Castro, Juanito, Cabrera,…). En la liga, el torneo de la regularidad que es el que mejor mide a las plantillas, deja el escalofriante dato de que hemos perdido más partidos de los que hemos ganado.

El “gorrón de los focos”, Suso para los amigos de la prensa, actúa por instinto juvenil según se le presentan las oportunidades o los problemas sin que parezca que todas sus lamentables decisiones tengan un patrón común. Mejor pensar así puesto que si pensara que ese patrón existe sólo podría ser el de hundir esta institución. El achispado y animoso Pitarch que chupaba protagonismo en la celebraciones de forma rastrera y lamentable debería haber sido destituido a la vez que Abel (o antes) y por supuesto debería ser cesado de inmediato (porque un caradura así nunca dimite) pero el que a día de hoy siga en la disciplina del club significa que el “plan” del año que viene estará infectado por sus manazas pase lo que pase. Me preocupa.

Quique podrá caer bien o mal, podrás estar de acuerdo en su forma de entender el fútbol o no y generará todas las dudas a si su forma de jugar pueda ser la idónea para este equipo o no pero lo que es evidente para todo el mundo con cantidad suficiente de cerebro es que debería estar renovado ya. Quique debería haber disputado las dos finales sabiéndose entrenador del año que viene e independientemente de lo que ocurriera después para no tener que pasar esta bochornosa situación de incertidumbre. Sólo la enigmática lógica de MA Gil y su alter ego Cerezo es capaz de explicar la estúpida decisión de mantener todavía la tensa espera. Quique ha recompuesto el flagelado sistema defensivo con las mismas piezas que teníamos sin mermar la capacidad goleadora. Ha conseguido que hacer el ridículo en el campo sea una excepción más que una norma. Ha conseguido aumentar las dosis de entrega y compromiso de sus jugadores, ha sido constante en su apuesta por los muchachos de la cantera (en los que cree), sabe que el equipo necesita equilibrio en la creación y por eso hizo a Tiago indiscutible desde el principio y ha hecho que creamos que jugadores como Reyes o Jurado pueden ser no sólo válidos sino determinantes. Personalmente no apostaba por nada de ello así que se ha ganado mi respeto y admiración y por eso espero que sea el entrenador del año que viene y espero también que pueda participar en la confección de la plantilla.

De los jugadores hablamos otro día.

El triunfo de la ruindad




“No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampas” (F. Mauriac)


En esta vida hay que saber ganar y saber perder así que aunque ese desagradable sujeto de lamentable figura y peor verso que hace las funciones de presidente del Sevilla no sepa de lo que estoy hablando y continúe insultando al buen gusto y la deportividad cada vez que tiene ocasión y decida seguir decorando todo lo que le rodea de venenosa y repugnante estulticia vaya por delante mi felicitación al equipo sevillano. A pesar de su esperpéntico y lamentable presidente y a pesar de su bochornosa y lamentable propuesta no ya futbolística sino deportiva. Felicidades por ganar una copa que evidentemente quería que ganase mi equipo pero que reconozco que como espectador hubiese querido que ganase cualquier equipo que hubiese estado esta noche delante de los andaluces por una sencilla razón que no tiene que ver con odios centenarios ni revanchas maquiavélicas (eso no va conmigo). La única razón es que esta noche ha triunfado la cobardía, la marrullería, la especulación, el “otro fútbol”, la vehemencia gratuita, la pillería y la búsqueda de la destrucción. El capricho del destino ha premiado está noche a un grupo de terroristas del fútbol como deporte y noble juego. Ha premiado al que espera, al que hace teatro, al que prefiere no jugar, al que va al límite de la legalidad pasándose al lado contrario siempre que no están mirando, el que nada y guarda la ropa, el que dispara y esconde la mano. El fútbol evidentemente nunca es justo y no tengo ningún motivo para decir que el Atlético de Madrid sea mejor equipo que el hispalense (el resultado final de hecho dice lo contrario y con eso hay que quedarse) pero sinceramente me quedo con mi equipo. Ganando y perdiendo. Si hay que hacer lo que ha hecho hoy el Sevilla para ganar prefiero sinceramente quedarme donde estoy. Yo no creo que el fin justifique los medios.

En este mismo sitio he criticado un millón de veces a mi equipo, su forma de jugar, su actitud y un montón de cosas más. Lo volveré a hacer siempre que así lo crea pero esta noche no. Esta noche estoy orgulloso de ser del Atlético de Madrid. Esta noche me acuesto tranquilo sabiendo el equipo que tengo y esperanzado por el futuro. El Atlético de Madrid de hoy es el equipo que yo quiero, un equipo valiente, entregado, queriendo jugar al fútbol, llevando la iniciativa y siendo generoso. Sin suerte pero honesto y orgulloso. Ese es el Atlético de Madrid. Espero que los demás alguna vez puedan decir lo mismo.

El partido comenzó con mucha intensidad, de forma muy vertical, toma y daca con mucha agresividad (de la sana) y con los dos equipos muy metidos en el partido. Los dos. Apuntaba una noche bonita de fútbol y emoción pero a los cinco minutos un doble rechace en el área es recogido por Capel que empala el balón con la izquierda sin que De Gea pueda llegar a tocarlo. 0-1 para el Sevilla y fin del partido de fútbol. A partir de ese minuto comenzó otro juego, otra cosa que difícilmente puede considerarse deporte y en la que es muy difícil hacer o construir nada, especialmente si el que arbitra es un señor que en el último partido de su carrera decide hacerse árbitro británico, malinterpretando el concepto del arbitraje británico. En la liga inglesa se permite jugar al fútbol pero jamás se premia la marrullería y la violencia al límite. La abierta actitud de Mejuto esta noche ha provocado exactamente lo contrario que pretendía y no se ha podido jugar nada. El Atleti tenía el balón y pretendía distribuirlo con criterio pero era imposible dar dos pases seguidos sin que algún esforzado destripaterrones con camiseta blanca parase el juego por lo civil o por lo criminal. Las estadísticas siempre suelen ser engañosas pero si ven el número de faltas de uno y otro equipo los guerrilleros hispalenses han cometido exactamente el doble. El doble.

El Atleti aun así tuvo sus ocasiones, algunas muy claras y el “bueno” de Palop, un muchacho que encaja perfectamente con la clase y el estilo de su presidente, hizo un algunas intervenciones de mucho mérito pero es difícil y hasta absurdo intentar hablar de fútbol esta noche. Los 85 minutos posteriores al primer gol sevillano se pueden resumir diciendo que sobre el terreno de juego había un equipo que por todos los medios intentaba jugar al fútbol y otro que por todos los medios (algunos de ellos verdaderamente lamentables) intentaba no hacerlo y que nadie lo hiciese. No merece la pena darle más vueltas al asunto. Algunos dirán que al fin y al cabo son ganadores de la Copa del Rey y tendrán razón. La gente encuentra alegría en cosas muy diferentes.

Lo único que podría comentarse con detalle son los numerosos episodios de interpretación circense (Capel tiene un futuro muy prometedor en el mundo del espectáculo casposo), macarrismo barriobajero y chulería desmedida con los que nos obsequiaban desde dentro y fuera del campo. Sobre todo desde el banquillo de Manolo Jiménez y ese otro personaje que habita allí desde hace años y que debería ser inhabilitado de por vida. Jamás he visto un equipo en el que palco y banquillo se compenetren tan bien. Especialmente destacable es el vodevil que han montado después de una entrada de Perea a Capel, que además no era ni falta, que es como para que se les caiga la cara de vergüenza, algo que conociendo la catadura moral de los personajes todos sabemos que no va a ocurrir. El arbitro por cierto ha entendido que esos minutos de navajazos y amenazas a lo “perros callejeros” eran parte del juego, fácil de entender viendo lo que estaba ocurriendo, y decidió no descontarlo después.

El día que el Atleti perdió la Copa del Rey contra el Valencia yo aplaudía al equipo rival por ser un digno ganador. Lo mismo hice contra el Español. Hoy he quitado la tele indignado en un gesto del que no me siento orgulloso pero que no he podido evitar a pesar de tener buenos amigos sevillistas que son muy buena gente. Jamás puedo aplaudir algo así. Me daría vergüenza. Van en contra de mi religión. Eso si, que el señor Del Nido y su cohorte de tragaldabas se queden traquilos porque los colchoneros somos un equipo señor que sabe perder pero también ganar como demostramos hace una semana en Hamburgo (he quedado con varios aficionados al Fulham para que visiten el Calderón). Lástima que no todo el mundo pueda decir lo mismo.

Ángel blanco, ángel negro


Están ahí, no se van y cada vez me chillan más fuerte. Por más que agito la cabeza no soy capaz de evitar seguir escuchando esas dichosas voces retumbando dentro. Es la eterna lucha entre el bien y el mal, lo blanco y lo negro, el Atleti y el Atleti. El Ángel Blanco me cuenta una cosa y el Ángel negro me cuenta otra y encima los dos tienen razón. Los dos saben que recuerdo haber vivido ya siete finales de copa y cuatro de ellas en vivo… pero no siempre fue la misma final de Copa. ¿Qué hago? Más de una década desde la última final y no sé qué hacer…

El Ángel Blanco me lleva a al año 1992 cuando mi hermano y yo bajábamos la castellana de la mano de mi padre y lo hacíamos henchidos más que nunca de llevar al cuello los colores rojos y blancos. Algunos coches nos pitaban con júbilo mientras otros cerraban las ventanas de sus autos con caras de pocos amigos pero sin poder decir nada. Yo intentaba no cerrar nunca los ojos para intentar almacenar la mayor cantidad de imágenes consciente de que no sería fácil repetir aquello pero irónicamente de lo que más me acuerdo es de mi hermano pequeño, que era muy pequeño, repitiendo cada cien metros con un balón imaginario el magnífico zurdazo de Futre que había supuesto uno de los dos goles que le endiñamos aquella tarde al Real Madrid. Recuerdo también aquel puñado de colchoneros anónimos y felices que bajaban la castellana sonrientes y que volvían a gritar gol cada vez que mi hermano daba un puntapié al aire…

El Ángel Negro me lleva al año 1999 y la playa de Cádiz el día después de perder 0-3 contra el Valencia. Mis primos, el Forza y yo bajamos a la playa por aquello de aprovechar la oportunidad de estar en tierras tan lejanas pero no teníamos muchas ganas de fiesta. Después de un día espectacular por la calles de Sevilla nos llevamos el varapalo de la inapelable victoria valenciana. Aquella noche el pequeño comando colchonero que habíamos creado para la ocasión mal dormimos en Cádiz porque fue imposible encontrar sitio en Sevilla. Yo llevaba mi bufanda escondida en la mochila porque no tenía la sensación de que fuese precisamente el mejor día para presumir de colores pero estando sentado en la arena mirando a ninguna parte advertí como alguien venía paseando con la camiseta del atleti puesta y reluciente. Aquel chico, que era más o menos de mi edad y lucía con orgullo la remera colchonera a pesar de todo, paso cerca de donde estábamos consiguiendo ver los flecos de color rojiblanco que asomaban de mi bolsa así que sin mirarme a los ojos enseguida supo a quien pertenecía mi corazón. Pocos minutos después los cinco estábamos en la playa cantando: “la-la-la-lá, la-la-la-lá…Radomir te quiero” que es lo que pocas horas antes cantábamos todos los atléticos desde detrás de la portería al acabar el partido pero que no sirvió para que ese genio de la gestión deportiva alternativa llamado MA Gil decidiese no destituir a Radomir Antic, cosa que hizo esa misma noche.

El Ángel Blanco ahora me lleva al año 1991, 29 de Junio, a una esquina del fondo norte de un Santiago Bernabéu donde estoy mordiéndome las uñas y sin poderme sentar gracias a los nervios que me atenazan minutos antes de que empiece la prologa de la final de la copa del rey de aquella temporada. Los mallorquines que están sentados en la otra punta del campo intuyo que se sienten igual que yo pero ni me sorprende ni me preocupa. Lo que me preocupa y me sorprende es ver a un señor anciano, arrugado y con cara de felicidad, que está sentado al lado de mi padre y que mientras todos sudamos como surtidores lamentándonos de no haber marcado gol todavía, pesarosos por lo que pueda ocurrir, él está impertérrito en su silla disfrutando del ambiente. A pesar de patente juventud y mi timidez congénita me sale del alma preguntarle cómo puede estar tan tranquilo ante una situación así a lo que el hombre me responde sin perder la sonrisa: “tranquilo hijo que hoy ganamos”. Alfredo Santaelena se encarga pocos minutos después de dar la razón a aquel hombre.

Pero el Ángel Negro me lleva a rastras al año 2000 y a ese aciago momento en el que en otra final de copa Tamudo le quita con la cabeza a Toni Jiménez un balón que está botando tranquilamente en el área y que para escarnio de todos los telediarios del mundo acaba en su propia portería segundos más tarde. Ese genio de la gestión deportiva alternativa llamado MA Gil había fichado ese año a un portero en alza y de futuro como Toni para competir en el puesto con un Molina internacional y en la cima de su carrera consiguiendo en el camino el desquicie de ambos y el fin de la carrera de uno de ellos. Aquella misma noche tomo de verdad conciencia que gracias a la ejemplar campaña del tipo que MA Gil había fichado cuando echó a Antic (Ranieri) pero sobre todo a los devaneos de su querido padre por el lado salvaje y oscuro de la vida, el Atlético de Madrid es a esas horas equipo de segunda división. Las lágrimas de un Toni Jiménez correteando desolado por el césped no son capaces de calmar las mías ni sobre todo calmar el inmenso odio que se instala ya para siempre en el corazón hacia los culpables de todo aquello.

He decidido abofetear a los dos ángeles y volverlos a guardar donde estaban porque ahora ya lo tengo claro: disfrutaré la final de copa como ese niño con bufanda rojiblanca que no he dejado de ser y aunque soy demasiado joven como para ser el anciano arrugado que diga: “tranquilo hijo que hoy ganamos” trataré por todos los medios de encontrar ese hombre en la grada porque sé que estará allí. Eso sí, antes y después, ocurra lo que ocurra, el odio a los culpables de tanta tristeza pasada, presente y futura seguirá bien agarrado a mi corazón. Ocurra lo que ocurra.

Tiempo al tiempo


At. Madrid 0 - Getafe 3

En este encorsetado mundo en el que nos ha tocado vivir, donde los pensamientos se reducen a una única opción y las opciones se difuminan, donde incluso cosas como la ilusión o la felicidad hoy se pretenden poder medir con una escala tabulada según el sistema decimal, cada vez son menos las cosas en las que aquellos pocos interesados que deseen escapar a la versión oficial de la vida puedan subirse para sentirse vivos, diferentes, felices,... para mirar el borde de puntillas y sentir el escalofrío de la felicidad inesperada. El fútbol era una de esas cosas hasta que los dueños del mundo, los especuladores, lo que antes se llamaban ricos, los que en definitiva siempre han mandado, también conquistarán a su manera lo que antes consideraban terreno baldío. El mismo día que alguno de esos iluminados que regulan con austeridad la felicidad de la humanidad decidió que el mundo del fútbol otra forma más de conseguir muchos millones de divisas se resquebrajó de forma probablemente irreversible uno de los pocos vehículos que todavía nos quedaban a los humanos para sentir cosas verdaderas.
Eso si, mientras el universo se resquebraja yo me agarro a noches como la que viví en Hamburgo para cerciorarme de que tenía y tengo razón y por ello moriré matando, agarrado a lo que creo y quiero. Que me permitan los aficionados galácticos a la grandieur de pacotilla de Madrid y Barça, especialmente los recién llegados, pero jamás entenderán de lo que estoy hablando.

Hoy acaba la liga 09/10 para el Atlético de Madrid pero yo todavía tengo un importante déficit de sueño después de mi vuelta de Hamburgo. El Atleti ha perdido 0-3 frente al Getafe en una liga que lo deja en una triste posición en la mitad de la tabla pero el Calderón hacía la ola mientras los azulones nos goleaban. El Atleti cierra una temporada liguera nefasta y probablemente lamentable que durante algún tiempo incluso se temió por la posibilidad de no poder seguir en la elite del fútbol español pero hace dos días todos los periódicos del mundo tenían el escudo colchonero en su portada y eso es algo muy difícil de olvidar.

Tengo pendiente una entrada hablando de la Europa League, esa noche impresionante en Hamburgo, la crónica de una odisea de final feliz y un torrente de sentimientos que duda que alguna vez alguien sea capaz de plasmar en palabras con rigor y verosimilitud pero eso será otro día. Hoy toca cerrar la liga.

Aunque realmente hay poco que decir del partido de hoy especialmente desde el lado colchonero. Atenazados por la dulce resaca de las celebraciones y la más dulce tensión de otra final en ciernes, el Atlético de Madrid que hoy pisaba el Calderón era probablemente un sucedáneo del mejor Atlético de Madrid que podría haber saltado a la pelea. Una plantilla cargada de debutantes y segundas espadas se enfrentaba a un Getafe motivadísimo y metidísimo en el partido que se jugaba cerrar el ciclo completando la mejor clasificación de su historia. El Atleti salía a conocerse, jugar, divertirse, intentar saber como se mueven esos chicos nuevos de los que todo el mundo dice que tienen tanto futuro,... pero el Getafe no estaba para fiestas. Los de azul plantaron sus armas en el césped desde el minuto uno y cuando Soldado abrió el marcador antes del cuarto de hora tras una gran pared de Adrián al borde del área me temo que todos sabíamos que el partido había terminado.

Si, el Atleti intentó jugar, mantener la tensión, intentar ponerlo difícil pero el Getafe jugándose la vida tiró de oficio y fiel a su filosofía de obtener éxitos en el mundo del fútbol a través de jugar al fútbol, lo que podría parecer perogrullo pero no lo es viendo la adoración que tienen el 90% de los entrenadores patrios (e iluminados arrogantes que están por venir) por destruir como forma de encarar la vida, decidió no dar concesiones a la alegría.
Aun así el Getafe tardó en finiquitar el partido y además lo hizo de la forma más inesperada posible como fue la de conseguir su segundo tanto tras un error garrafal del mejor defensa de la plantilla, Domínguez. La falta de tensión (y una cesión apresurada) le hicieron perder el balón siendo el último hombre lo que Pedro León aprovechó para dejársela en bandeja a Soldado. A partir de ahí coser y cantar. El último gol de Parejo al final del partido quizás dejaba un resultado demasiado abultado para lo que pasó en le terreno de juego pero a nadie le preocupaba. Lo que si resultó preocupante fue la lesión del canterano Borja que espero se quede un susto.

Tiempo habrá de hacer análisis y balance de la temporada, de entrenadores, altas, bajas, jugadores que merecen seguir y jugadores que no deberían estar pero hoy dejemos que la liga se apague poco a poco, que los aburridos y peligrosos poderosos matarifes decidan quien es su campeón y tratemos de disfrutar de otra noche mágica el próximo miércoles.

Tiempo al tiempo...

Desde Hamburgo...



Gracias Forlán. Gracias Atleti...
Estoy tan ronco que no puedo escribir.

¡Atleeeeeeeeeeeeeeeti!



Aquella enigmática sonrisa


El 2 de Mayo de 1986 era fiesta en Madrid así que uno, que entonces vestía pantalones cortos como los niños que salen en cuéntame, estaba con sus padres y unos amigos en un pueblo de Ávila donde normalmente pasaban los veranos. El Atleti jugaba la final de una cosa llamada recopa que entonces yo no entendía muy bien lo que era pero que a tenor de la expectación que había despertado en mi padre, mis tíos y los padres de mis amigos (todos ellos colchoneros) entendía que debía ser importante.

Uno de mis mejores amigos se había ido con su padre y una pequeña tribu de efusivos colchoneros camino de Lyon que era el lugar donde se disputaba la final. Yo les vi hacer los preparativos el día de antes y aquella sobredosis de colores rojos y blancos que lo inundaba todo, desde los gorros a los calcetines, hizo despertar la envidia sana que cualquier muchacho siente por las cosas que parecen emocionantes y divertidas. Con la ingenuidad de los años púberes y la inocencia del que vive protegido y feliz incapacitado para ver los males del mundo le pregunté a mi padre si podíamos unirnos a aquella caravana creciente de compañeros de religión en su peregrinación al odioso país vecino pero mi padre me dijo que no podíamos. No recuerdo las razones esgrimidas pero las debí asimilar con tranquilidad porque recuerdo la inmensa decepción que supuso y la terrible envidia que tenía de mi amigo pero no recuerdo odiar a mi padre por aquello. Hoy sé que las únicas razones eran económicas y que probablemente le dolió más a mi padre que a mí tener que hacerlo.

El caso es que aquel 2 de Mayo mi padre, un vecino vikingo, otro de esos vecinos que no es de ningún equipo pero que se hace del que toque cuando llega la ocasión de poder ganar (es decir, vikingo también) y yo estábamos delante de una televisión en blanco y negro dispuestos a ver la final. En la casa de Madrid en la que vivíamos teníamos una televisión en color desde el año 1978, que llegó para ver el mundial de argentina con mejor definición, pero en aquella casa de pueblo lo único que había era una televisión en blanco y negro con UHF. Podría decir ahora que notaba el peso de la historia cabalgando sobre el ambiente o que los nervios atenazaban mi esbelta figura pero no es verdad. No lo recuerdo. Recuerdo que para mí era simplemente un partido del Atleti pero raro. Muy raro. Lo que a mí me parecía raro era precisamente la grandeza que lo envolvía todo pero entonces yo era demasiado pequeño como para notarlo.

No había llegado el minuto 5 cuando un señor llamado Zavarov hizo el primer gol de los entonces soviéticos hoy ucranianos. No recuerdo muchas cosas de aquel partido así que las puedo poner aquí sin extenderme demasiado pero lo primero que recuerdo fue aquel gol y la cara de mi padre y sus vecinos. También recuerdo las caras de aquel equipo “ruso” que tanto asustaba, esos rostros serios y curtidos que aparecían siempre en todos los equipos de cualquier deporte que viniesen bajo el escudo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS o CCCP). Recuerdo también como aquellos “rusos” se colocaban en la misma línea de banda y se ponía a saltar para evitar los saques en banda largos de Tomas Reñones que por entonces era una de nuestras mejores armas y que nos sacó de quicio. Recuerdo también la imagen pensativa de Luis Aragonés en el banquillo y sobre todo recuerdo la sensación la impotencia que nos atenazaba ante la imposibilidad de ganar aquel partido frente a un equipo que era mejor que el nuestro.

Aun así, en un alarde de coraje y orgullo el equipo llegó a falta de cinco minutos con tan sólo un gol de desventaja momento en el que todos se fueron para arriba y que los jugadores del Dinamo aprovecharon para liquidar el partido con dos goles en cinco minutos. Especial recuerdo guarda en mis retinas el que anotó un tal Blokhin (que después desearía media europa) en el que los ucranianos tiraron un contraataque de libro de historia, pareciendo más la línea de tres cuartos del equipo nacional de Francia de Rugby que un equipo de fútbol.

El partido terminó (en mis recuerdos seguía siendo de día y con luz del sol pero no lo puedo asegurar) y mi vecino vikingo se puso a explicar lo que había ocurrido con ese característico y vacuo engreimiento de nuestros vecinos de enfrente mientras mi otro vecino asentía cuan diputado palmero del hemiciclo patrio. Mi padre no decía nada. Poco después, cuando apuraron la cerveza, mis vecinos se fueron y nos quedamos los dos solos pero mi padre seguía sin decir nada manteniendo la mirada perdida en algún punto infinito que le permitiese sujetar la cabeza y evitar que se le fuese frente al torrente de imágenes de ideas, conceptos y recuerdos que se le pasaban por allí dentro y que hoy si soy capaz de comprender. Entonces no. Yo no sentía eso. Para mí era perder un partido nada más y además todavía recordaba la celebración de la copa del rey del año anterior a la que no me dejaron ir por pequeño. No podía echar de menos las finales todavía. Ingenuo de mí, sólo se me ocurrió decir una cosa para animarle: “no te preocupes, la siguiente la ganamos seguro”. Él me miró a los ojos y me echó una sonrisa que no supe interpretar y que aunque olvide unos días después se quedó guardada en la memoria.

Cuando el jueves 29 de Abril de 2010 sonó el pitido final del partido de Anfield con el que el Atlético de Madrid se clasificaba para la final de la Europa League (competición que aúna las extintas Copa de la UEFA y Recopa de Europa) volví a recordar aquella enigmática sonrisa pero entonces y como dicen los argentinos, me cayó la ficha. 24 años después aquí estamos y aquella ingenua e inocente frase que nació en el corazón herido de un crío de poco más de 10 años era cierta y está vigente. 24 años después se puede cerrar el ciclo de una puerta que quedó entreabierta para mi padre, para mí amigo que volvió de Lyon destrozado y para las miles de historias parecidas que pululan por el imaginario colchonero con la sensación de que la historia nos debía algo.

Aportaré todo mi espíritu para que eso ocurra el próximo miércoles y se acabe así aquel fatídico 2 de Mayo de 1986.

¡¡Forza Atleti!!

(La foto ha sido tomada prestada del blog http://scarlettband.blogspot.com/)

Comiendo pipas



Sporting 1 - At. Madrid 1

Con una liga en la que francamente me da igual quien gane y con un Atleti sin jugarse absolutamente nada más allá de una inoportuna lesión minutos antes de la inminencia de citas más señaladas, la emocionante penúltima jornada de liga fue algo así como una plácida e intrascendente tarde de fútbol en la que hoy si, se podía pasar comiendo pipas.

El empate contra el Sporting es un partido intrascendente para los madrileños pero crucial para los asturianos que se aseguran así su permanencia en la primera división, algo del lo que personalmente me alegro porque tengo especial cariño por su entrenador, un tipo honesto, humilde pero sobre todo valiente, algo cada vez más escaso en los banquillos patrios.

¿El partido? Poco que decir. Buen papel en general de los jóvenes destacando un Toto Salvio que poco a poco coge confianza y empieza a mostrar cosas pero también el desparpajo de los canteranos cuando les toca lucir la primera equipación. La nota desgraciada llegó de la mano de Asenjo que poniendo la guinda a una temporada para olvidar se hacía un esguince de rodilla a los 8 minutos que muy probablemente le impedirá estar en el banquillo de Hamburgo. Muy injusto el año que le está tocando vivir al bueno de Asenjo. Eso si, la salida en la que se lesiona es una mala salida provocada por un error suyo.

De las Cuevas fue el primero que marcó (ya en la segunda parte) evitando celebrar el gol y planteando co elegancia el debate de si debería ser recuperado por el club o no. Personalmente no lo veo pero yo no soy director deportivo. El problema es que nuestro director deportivo tampoco lo es. Ibra empataba minutos después con un desmarque de potencia al filo del fuera de juego que resuelve con calidad de remate.

Empate a uno que deja las cosas como están en la liga y que por fin permite que los colchoneros nos concentremos oficialmente en aquello que llevamos 15 concentrados: la final de la Europa League.

Justicia gilista



“La obra maestra de la injusticia es parecer ser justo sin serlo” (Platón)

El pasado jueves, cercana la media noche, veinte minutos después de que Forlán hubiese marcado ese glorioso tanto que nos metía en la final de la Europa League y escasos segundos después que el colegiado confirmase que nos habíamos clasificado para la final, borracho de euforia agarré el teléfono para llamar a un querido amigoy sin especificar nada le dije simplemente: " ¿Nos vamos a Hamburgo?". Su respuesta fue igualmente clara y concisa: “nos vamos a Hamburgo”. Esa misma noche se rumoreaba que el club dispondría de unas 12000 entradas que repartirían siguiendo “escrupulosos” criterios de justicia entre los que dejaban claro que entraría el número de abonado (lógicamente) así como haber pagado esta temporada ese maquiavélico extra conocido como abono total que daba derecho a ver los partidos europeos. Mi amigo y yo tenemos números de abonado por debajo del 10000 y los dos tenemos el abono total así que muy mal tendría que estar la cosa para quedarnos sin entrada si el reparto era justo.

Borrachos de euforia olvidábamos que estábamos hablando de España (el país con mayor número de gestorías e intermediarios del mundo civilizado) y en concreto del Atlético de Madrid de Gil, paladín de los métodos oscuros y mafiosos.

Al día siguiente, viernes 30 de Abril, no sólo se confirmaba la cifra de entradas repartidas por la UEFA a los clubes (por encima de las 12000) sino que atendíamos con estupor al flagrante dato de que el Fulham, nuestro rival en la final, había ya vendido todas sus entradas en ese mismo día sin grandes altercados. En las oficinas del Calderón a esas alturas estaban al parecer contando las entradas una a una y estudiando, como rezaba la web oficial, la forma de repartir tan suculento botín. En la mejor tradición Gil y Gil la tradicional cortina de incertidumbre y oscurantismo se volvía a posar de nuevo sobre el Club Atlético de Madrid que sobre esas horas espantaba las molestas moscas con un “comunicado” en la misma web oficial que rezaba que “entre el sábado y el domingo” (sic) el club daría información al respecto del reparto de entradas. Mientras los londinenses del Fulham pasaban el fin de semana planificando su viaje a Hamburgo los colchoneros ni siquiera podíamos saber las posibilidades de conseguir una entrada para acudir a la histórica final.

Mi amigo, de número de abonado más alto que el mío y menos ducho que yo en las enfermedades del Atleti moderno, seguía esperanzado. “Aunque todos los abonados desde el número 1 digan que si deberíamos tener una entrada”.

Ingenuo.

El sábado a media tarde aparece el bando desde la fortaleza del señor noble. En un panegírico infumable que debería enseñarse en todos los colegios públicos y privados para demostrar cómo NO se debe redactar algo que por encima de todo tiene que estar claro, el club daba las pistas de por dónde irían los tiros. Independientemente de las tramos oscuros y las miles de dudas que surgen tras su lectura lo que quedaba claro es que mi amigo y yo (y otros miles de personas que todavía creían en la justicia) lo íbamos a tener crudo para conseguir entrada y que aunque todos los planetas estuviesen alineados y supiésemos movernos a la perfección entre mafias, amigos, colegas, jefes, engaños y demás herramientas lazarillescas a las que tan acostumbrados estamos los españoles (para mi desgracia pero para regocijo de tanto listo que encima saca pecho) hasta el jueves 6 de Mayo, una semana después que los ingleses y una semana antes del día en cuestión, no sabríamos si podríamos ir a Hamburgo.

Sin entrar a valorar la justicia del esperpento en cuestión es evidente que el método empleado es humillante. Que en pleno siglo XXI, cuando sentado en la grada del Calderón soy capaz de comprar con mi teléfono una entrada para ver Cats en Nueva York o un billete de tren para ir desde Berlín a Hamburgo, la única forma de comprar una entrada sea acudiendo de forma presencial a una fila y que tengamos que esperar horas y horas en colas kilométricas para conseguir algo que además nadie te garantiza que en el momento preciso puedas conseguir, sólo se entiende desde la perspectiva de un país en vías de desarrollo o en eso que el refrán define como “a río revuelto ganancia de pescadores”. Especialmente cuando el reparto de entradas se supone que encima tendría que responder a los cánones de la justicia.

Personalmente me niego a creer la versión del sub-desarrollismo. ¿Alguien se cree que un equipo tan acostumbrado a jugar finales como el Fulham esté mejor preparado que nosotros? Cuando el Atlético de Madrid necesita que yo, abonado, saque una entrada para un partido europeo resulta que lo puedo hacer mandando un SMS o por internet. Es más, no necesito ni recoger la entrada y basta con el código de barras de mí abono. Para renovar el abono tres cuartos de lo mismo. Sin pasarme por las oficinas puedo avisar de que no voy a asistir a un partido y el club en unos minutos pone a la venta mi localidad de forma electrónica. Cuando existe alguna novedad desde el Club que afecte a mi abono me lo dicen por SMS. Hace cinco años que no paso por las oficinas del Vicente Calderón pero cuando llego a la puerta una pistolita pasa un infrarojo por mi carné y en las oficinas saben si estoy al tanto del pago, dónde vivo y hasta la talla de mí pantalón. ¿Por qué ahora tengo que esperar horas y horas como personaje anónimo que puede ser cualquiera en una fila y para unas entradas que en teoría sólo van a comprar abonados del Atlético de Madrid? ¿Por qué no se puede hacer de otra forma?

Cuando leyendo con incredulidad el panegírico vi que el martes estaba reservado para los primeros 5000 abonados, que el miércoles se lo tomaban de festivo y que la información del jueves estaba decorada con la coletilla: “siempre y cuando quedaran entradas el día anterior” tuve claro que había gato encerrado aunque por supuesto nadie en su sano juicio puede pensar que los “gestores intermediarios” puedan ofrecer dinero por el alquiler del carné a ese venerable anciano que no parece tener muchas ganas de ir y volver a Alemania en un día. ¿Quién en la taquilla podría preguntarse que un muchacho inmigrante de 20 años pueda tener el abono número 45?

El martes 4 podrán comprar su entrada aquellos que aparezcan con un abono de número inferior a 5000 (entre el 3000 y el 5000 deberían tener también además el abono total pero ni sabemos ni sabremos cuantos son estos así que es fácil suponer que todos lo tienen). Como por un extraño y gilista concepto de la justica, así como el clásico “amiguismo” patrio que tan bien funciona siempre en España, además de su entrada podrán sacar otra entrada para otro abonado (tenga éste el número que tenga), podría darse la situación de que el lunes mismo se hubiesen vendido ya las 9026 entradas puestas a la venta. No lo descarten.

El miércoles el club se lo toma oficialmente como descanso aunque oficiosamente supongo que se lo tomaran para rediseñar la estrategia.

El jueves 6 de Mayo están citadas a las 10:00 de la mañana en el Vicente Calderón 10000 personas (¡diez mil!) para intentar conseguir las sobras de la primera razzia. Asumiendo toda la aberración anterior y llegados a este punto se podría haber divido el día por tramos horarios y número de socios para evitar pasar el día esperando por nada, para evitar colas humillantes y tercermundistas o incluso se podría haber aprovechado el miércoles de “fiesta” para estirar las posibilidades de recogida pero no. El señor que tenga el número 14999 lo mismo que el que tenga el número 5001 tendrá que ir a dormir a la taquilla del Calderón el miércoles por la noche si es que quiere conseguir una entrada lo cual como todos sabemos es una actividad que todo el mundo puede hacer, especialmente el prototipo de abonado al Atleti: trabajador asalariado y padre de familia.

¿Se imaginan los años que lleva pagando su abono el socio número 5500? Pues bien, la única posibilidad que tiene de asistir a la final de su equipo es “tener amigos” o acampar en el Calderón y rezar para que las sobras le lleguen. Esa es la justicia gilista: el abonado 5500, queriendo comprar una entrada de las 12500 que tiene el club, no podrá hacerlo sin humillarse o probablemente ni haciéndolo.

El día de la final estoy seguro que habrá 12500 atléticos de corazón que se dejarán la garganta y la vida animando a nuestro equipo. Lo que no estoy tan seguro es que esos 12500 atléticos sean los que por justicia deberían estar allí. Gracias señor Gil por hacer la apestosa leyenda negra del Atlético de Madrid cada día más grande. Gracias señor Gil por hacerme sufrir, renegar y obligarme a seguir planteándome si merece la pena ser abonado de este equipo justo en la semana en la que tendría que estar disfrutando de serlo.

Labor de bandolero



Sevilla 3 - At. Madrid 1

La víspera de este tipo de partidos es el caldo de cultivo perfecto para disfrutar de otro de los muchos tópicos del mundo del fútbol como es el que protagoniza el entrenador de turno diciendo que no conoce la forma de decirle a sus jugadores que salgan a perder y que por tanto sólo queda la opción de ganar. Bonita frase que queda de lujo de en el balcón de algún diario advenedizo pero que enmascara más cosas de las que enseña. El Atlético de Madrid hoy no se jugaba absolutamente nada pero una victoria suya podía incluso perjudicar a los colchoneros en su intención de jugar en Europa la temporada que viene suponiendo que las dos finales en ciernes se resolviesen de la forma menos querida lo que dejaba una situación extraña en jugadores y cuerpo técnico. Incluso como espectador se hace difícil afrontar este tipo de partidos en el que realmente te da igual lo que pase pero reconozco que aunque mi sensación inicial era así de pasota, según avanzaba el partido hubiese deseado ganarlo. Especialmente viendo la delictiva actuación del señor colegiado que ha sido como para ganarse el dar el pregón de las fiestas de algún pueblo del Aljarafe. Supongo que deslumbrado por el blanco nuclear de las camisetas del equipo sevillista y acostumbrado al efecto relajante que ese color tiene en el criterio arbitral de esta gente, el trencilla ha decidido castigar al los rojiblancos como si fuésemos culpables de algún inconfesable delito. Hasta a mí, que rara vez hablo de los árbitros, se me hace imposible obviar una labor tan lamentable. Si hubiese un tribunal para estas cosas lo mallorquines estarían en su derecho de denunciarlo.

En cualquier caso el partido tiene realmente poca historia. El Sevilla, jugándose los puestos de Champions, salió con la tensión y concentración necesaria para lo que se estaban jugando. El Atleti no lo hizo y ya la alineación dejaba a las claras que las intenciones desde el banquillo no parecía que fuesen las de hacerlo. Cabrera debutaba después de estar entrenando desde el verano, habiendo jugado Pernía antes que él, y aunque lento y sin destacar especialmente en nada tampoco estuvo especialmente desacertado el uruguayo. Incomprensible que el argentino fuese una mejor opción. Camacho, Salvio, Jurado, Valera,... tan sólo sorprendió la salida del Kun que sinceramente sobraba. Simplemente el empuje inicial y el típico error defensivo de los madrileños cuando no están metidos en el partido sirvieron para que los sevillistas se pusieran por delante en el partido mediante un rechace en el segundo palo a la salida de un córner que Luis Fabiano aprovechaba.

Tenía curiosidad por ver que personalidad es la que el bueno de Álvarez ha inculcado a este Sevilla tras la marcha de Jiménez pero si tengo que fiarme por lo que he visto en la tarde hoy me temo que a los sevillanos les espera más de lo mismo en las próximas fechas. No lo veo como un entrenador de futuro si lo que hace es intentar imitar a su predecesor. Mucho rigor defensivo, agresividad, tacticismo... y poco fútbol. Si con un Atleti blando y roto los del nervión deciden seguir olvidándose del balón, de controlar el juego y el partido o renunciar a la creación me temo que no lo van a hacer nunca y que están claras cuales serán las señas de identidad del equipo en el futuro. Cada uno es cada uno y todos los sistemas valen pero me da pena ver a determinados jugadores de la plantilla del Sevilla corriendo siempre detrás del balón. El caso es que con ese panorama enfrente y sin que los colchoneros se despeinasen demasiado se hicieron tímidamente con el juego y el ritmo del partido aunque el empate llegase a balón parada tras cabezazo de Camacho y remate de Tiago, que mientras le duro la gasolina fue el mejor de los rojiblancos.

El empate dejó durante unos minutos el escenario pre-gol del Atleti, un Sevilla concentrado, agresivo y esquivo con el juego y unos madrileños que poco a poco se quitaba la torrija a base de un poco de balón y briznas de criterio para distribuirlo... pero entonces apareció el árbitro para despejar dudas. Un balón dividido en la esquina del área al que Adriano y Valera entran con todo. Valera, que no es precisamente un jugador muy dotado en cuanto a inteligencia dentro del campo, lo hace con ampulosidad y probablemente haciendo juego peligroso pero ello, unido a la sentida actuación del sevillista, fue suficiente para el colegiado pitase una socorrida pena máxima que transformó Negredo. Suponiendo que sea penalty, es de esos penalties que sólo se pitan a favor de determinados equipos (y ni el Sevilla ni el Atleti suelen estar en ese grupo).

No cambió nada excesivamente tras el gol pero mientras los de blanco se aferraban al músculo y la tensión los madrileños poco a poco se olvidaban de la verticalidad que minutos antes se intuía y aunque daba la sensación de que en cualquier momento podían llegar a empatar el partido lo cierto es que no ocurría porque no llegaban. Tarde en el rechace, evitando meter la pierna, carentes de intensidad,... así es muy difícil ganar un partido pero lo es todavía más si el que arbitra es un tipo que sufre ataques psicóticos que le obligan a pitar el pito sin venir a cuento y que tiene visiones repentinas que provocan espejismos. Sólo se me ocurre esa explicación para entender el segundo penalty de la tarde. Si eso es penalty yo soy un enviado del planeta Saturno. Si ese señor ve penalty a los dos metros que estaba de la jugada me temo que este señor tiene un problema mayor que el de la vista. Cualquier otra opción de porque pitó penalty es incluso más sospechosa. Lamentable lo del colegiado que así se cargaba un partido que había ya nacido roto.

La segunda parte fue un soporífero paquete de fútbol pesado, absurdo e intranscendente en el que uno de los equipos no quería que pasase nada y el otro no tenía demasiadas ganas de contradecir al adversario. Durante unos minutos el empuje de los pesos pesados del equipo colchonero hizo albergar la mínima esperanza de que el partido pudiese acabar con algo de emoción pero el colegiado volvió a erigirse en el protagonista de la tarde cuando anuló, básicamente porque le dio la real gana, un gol legal del Kun Agüero. Dicen que lo anuló por fuera de juego pero podría poner en el acta que lo ha hecho por culpar al Kun de no saber recitar el Romancero Gitano que tendrá la misma verosimilitud.

El inútil de Pérez Burrul ponía así la puntilla a un partido que seguramente hubiese acabado de forma parecida sin tener que atentar contra varios mandamientos y que estoy seguro no tendrá nada que ver con la esperada final de copa. Eso si, espero que Quique deje de jugar a dar lustre, honor y categoría a una competición que no lo tiene (la liga española es lamentable desde todos los puntos de vista) y evite volver a poner a Agüero en el campo antes de las finales. No tiene ningún sentido.