Fin de temporada




Creo que hasta que no empiece de verdad la temporada 2010/2011 (finales de Agosto) no volveré a escribir del Atleti así que hasta entonces y que pases un feliz verano.

Por petición expresa de un buen amigo me he decidido a escribir en una hoja lo que digo en voz alta respecto al Mundial que se esta jugando en sudáfrica. Si le quieres echar un vistazo está aquí:

Zihuatanejo (otra vez)


El periodo estival es, salvo por el tortuoso culebrón de los fichajes y hasta que aparezcan después los cuestionados torneos veraniegos, un periodo dónde el fútbol “jugado” tiende a desaparecer y con ello la rabiosa actualidad colchonera (siempre que uno quiera huir de entrevistas bochornosas, rumores de puticlub y demás sucedáneos periodísticos). Si además, como es el caso, está en ciernes la aparición de una de las selecciones españolas con menos colchoneros de la historia en el torneo de todos los torneos me temo que ha llegando la hora para este que escribe decida cerrar el telón hasta la temporada que viene.

En ello estoy, pero antes quería acordarme de un modesto post que escribí cuando la selección ganó hace dos años la Eurocopa. La razón no tiene nada que ver con una petulante necesidad de autocitarme (¡Dios me libre!) sino de rendir homenaje a, para mí, el gran olvidado en esta elogiosa y optimista campaña a favor de nuestra selección: Luis Aragonés. Lo dicho entonces unas horas después del éxito me vale exactamente igual unas horas antes de que la llamada “Roja” entre de nuevo en acción.

Con algunos ajustes de cosas que no vienen a cuento decía algo así:

“Cadena perpetua es una película magnífica. Una de mis preferidas. Sin embargo lo que más recuerdo de ella no es el excelente guión, ni la interpretación de Tim Robbins ni nada que destaque las suculentas virtudes cinematográficas de la cinta. Lo que más recuerdo es lo bien que queda reflejada la inmensa alegría que se debe sentir después de cobrarte una venganza contra alguien o algo que te ha hecho soportar una penitencia injusta. La imagen de un Tim Robbins blanco y radiante dirigiéndose hacia las calles de su pueblo mexicano soñado de nombre impronunciable (Zihuatanejo) refleja perfectamente el sabor de la venganza más inteligente y elegante. Esa es la imagen que me vino ayer por la noche pero el protagonista no era un Tim Robbins peinado y vestido de blanco sino un Luis Aragonés con aspecto desaliñado (como siempre), mirada perdida (como siempre) y cara de pocos amigos (como siempre).

Y es que la selección española con menos jugadores “colchoneros” de las últimas décadas (concretamente ninguno) se acaba de proclamar campeona de Europa y de hacerlo de la forma más brillante que yo recuerde desde que con seis años inicié el visionado sucesivo de mundiales y eurocopas. Sin embargo, por esas ironías que tiene la vida, esta selección sin jugadores que defiendan los colores de atleti tenía evidentes tintes rojiblancos. El autor del gol de la final fue el último ídolo (ficticio o no) de nuestra “bendita” afición mientras que el cerebro, estratega y verdadero artífice de ese cuento de dibujos animados que es hoy la selección española es un colchonero de pro que nos ha dado muchas y buenas alegrías pero al que los actuales usurpadores del escudo colchonero le dan sistemáticamente la espalda mientras abrazan opciones más fáciles, más toscas y más torpes.

Triste paradoja la que tenemos que sufrir los atléticos del corazón viendo como la gloria del mayor hito en la historia del fútbol español la encabezan dos exiliados rojiblancos.

El caso de Luis Aragonés es distinto. Luis ha pasado muchas veces por el atlético de Madrid primero como jugador y luego como entrenador dándonos ligas, copas y algo que mucha gente olvida como la posibilidad de volver a jugar en primera división después de dos años en el “infierno” de segunda (no sé lo que hubiese ocurrido sin Luis). Ha tenido muchas rarezas porque, reconozcámoslo, es un tipo raro, pero nunca ha dado muestras de falta de personalidad y eso precisamente fue lo que le llevó a enfrentarse con la actual directiva y ser apartado del universo colchonero moderno, ese que nada tiene que ver con el atlético de Madrid histórico del que estúpidos como yo nos enamoramos. Yo fui de los que me enfadé cuando Luis Aragonés salió de mala manera de mi equipo (porque siempre he sentido debilidad por este tipo) pero ahora casi me alegra ver que su reforzada imagen nada tiene que ver con el bochornoso sucedáneo de atlético de Madrid que tenemos la desgracia de sufrir.

Luis Aragonés ha dado no una sino varias lecciones a tanto y tanto chupatintas advenedizo y tanto y tanto borrego confundido que abraza como suya la idea esperpéntica de que la mejor forma de triunfar en el fútbol es despreciarlo. En esta confusa época que vivimos de chikilicuatres y “miembras” ser fiel a una idea y morir con ella no se lleva. Se lleva la ambigüedad, nadar entre varias aguas y sobre todo no definirse. Luis dijo antes de la Eurocopa que probablemente no fuesen el mejor equipo pero que él iba para ganar el título y que creía que lo ganaría.

Luis Aragonés es un anacronismo en esta sociedad de mediocres donde el que habla muere y el que tiene personalidad es un freak. Sometido a una brutal presión por estupideces como la de la no convocatoria de Raúl, que abanderaban, con fervor, todos y cada uno de los medios de comunicación, ha sido capaz de hacer de tripas corazón, evitar el daño a su plantilla, asumiendo en carne propia la mierda, mientras seguía hacía adelante. ¿Cuántos de todos esos mequetrefes pedirán perdón? No hacía falta ganar la final para entender las razones que inspiraban a Luis para obrar como obró pero emociona ver el manteo de los jugadores a su entrenador o las declaraciones de los campeones dedicando la victoria a la misma persona. Algo tendrá Luis cuando todos los jugadores hablan tan bien de él.

La otra lección que ha dado es la de que ser fiel a este deporte es la mejor y más bonita forma de ser grande. Independientemente del fabuloso juego que ha desplegado el equipo nacional, que eso es algo que depende también del fabuloso ramillete de jugadores de que dispone, el mejor acierto de Luis en este sentido es mucho más básico. Lo dijo cuando fue nombrado seleccionador y lo ha cumplido. Dijo que llevaría a los mejores y en función de quienes fueran encontraría la forma en la que pudieran jugar mejor y con personalidad propia.

Señor Aragonés. Gracias por todo. Usted si es un fiel representante del atlético de Madrid que yo entiendo y me enorgullece que aparezca en sus anuarios. Desgraciadamente no puedo decir lo mismo de los que aparecen en los últimos años. Como colchonero entiendo que le debemos algo.

Señores directivos, traten de dejar de hacer el ridículo y si de verdad quieren a este equipo recuperen su esencia tratando mejor a las personas que lo hicieron grande y eliminando cuanto antes la mala hierba que no hace más que bulto y con la que desgraciadamente tenemos hoy que convivir.”


No escuché a nadie pedir perdón y hoy Luis Aragonés es como un ex marido al que se ha recortado de las fotos.

Antes de animar a la selección sirva esto de humilde homenaje al padre de la criatura.

Hasta pronto.




Transplante de médula


En un breve periodo de tiempo de apenas unos días he tenido que asistir con cara de acelga a la misma pregunta por parte de un montón de gente diferente: “¿Qué? ¿Vendemos/vendéis al Kun?”. Amigos, enemigos, colchoneros, vikingos, señores que pasaban por ahí, jefes, porteros, porteras, tipos con criterio y sin el, sinvergüezas, despistados,... todos se ponen de acuerdo en la misma pregunta. Mientras todas las mañanas aparecen tres nuevos jugadores para el Madrid o el enésimo esputo paleto de Florentino “el intocable” en los recovecos de la fosa de las marianas, donde aparece la información del Atleti, encontramos siempre tres nuevas ofertas por nuestros cracks y el mensaje de austeridad tan acorde con los tiempos que corren.

Sin entrar a valorar (otra vez) los delictivos y mafiosos códigos por los que se rige la prensa deportiva y el efecto de erosión constante que esto produce en el escudo colchonero lo que más me duele de este ataque constante al corazón de mi equipo son esas voces subliminales que intentan justificar la venta de la referencia actual de la afición colchonera, el Kun Agüero, hasta el punto de plantearlo como una acción positiva. Es algo que entra en mi ser como gotas de limón en una herida en carne viva. Me parece un inmenso error desde el punto de vista deportivo pero también y sobre todo desde el punto de vista de club. Del Atlético de Madrid.

El fútbol “desgraciadamente” es un deporte de equipo y en los deportes de equipo, “desgraciadamente”, influyen muchas más cosas que la calidad individual de los personajes. No siempre las mejores plantillas ganan, ni son mejores los jugadores más caros. No siempre una trayectoria previa significa éxito asegurado y no siempre una ficha alta se corresponde con un juego que marque la diferencia. No es tan fácil. La plantilla del Atleti debe ser de las más caras de la liga y hemos quedado los novenos. La lista de fichajes carísimos que no se han comido un colín con esta camiseta (y otras) es inmensa y la cantidad de jugadores que lo eran todo y ahora no son nada también. Creo que no hace falta dar nombres. Agüero estuvo apunto de ser un fracaso el primer año. Forlán fracasó en el Manchester. Por muchos millones que te dejes (aunque los millones ayudan a reducir la incertidumbre, es cierto) el que un jugador encaje en el equipo y el club para rendir según lo esperado no deja de ser una apuesta más o menos arriesgada. Que se lo pregunten a kaká o Ibrahimovic. Barça y Madrid se pueden equivocar pero nosotros no. El Kun funciona. El éxito de un equipo es evidente que depende de otras cosas y esas “cosas” son especialmente importantes en equipos como el nuestro que ni tiene ni va a tener los mejores jugadores. Si preguntamos a 100 colchoneros que digan cual es la columna vertebral del equipo los 100 pondrán al Kun en esta terna de jugadores. En el resto puede que existan dudas y no se coincida pero el Kun es otra cosa. Los equipos se construyen alrededor de la columna vertebral y a estas alturas hasta un tipo tan inteligente como Petón estará de acuerdo en que no se puede estar haciendo una trasplante de médula espinal todos los años. Por eso el 90% de la plantilla del Atleti es potencialmente material de especulación para lograr un equipo más compensado. El Kun no.

Pero mucho más sangrante es el tema de la identidad. Dentro de la inmensa particularidad de este equipo (particularidad que algunos desprecian, unos obvian y otros desconocen) el Atleti es un equipo no sólo ninguneado o agredido por la prensa y el imperio mediático nacional sino que de forma incomprensible es también sistemáticamente despreciado por la prensa y las instituciones locales. A pesar del inmenso número de seguidores colchoneros (cuyo grueso se encuentra en la capital y alrededores) y del potencial consumidor o de movilización que tiene (lo acabamos de ver al volver de Hamburgo) las instituciones y prensa local no sólo viven de espaldas al Atlético de Madrid sino que lo desprecian, lo ignoran y lo esconden. Súmenle dirigentes oscuros, inútiles dirigiendo los designios deportivos del club u otras desgracias y notarán objetivamente lo sumamente difícil que es ser aficionado al Atleti hoy por hoy. Aun así somos el tercer club en casi todo por mucho que algún henchido garrulo de abrillantada tonsura y repugnantes modos rupestres ladre estupideces que lo ponen en duda.

Por eso la afición del Atleti necesita más que nadie rasgos identitarios a los que agarrarse. Imágenes, conceptos, ideas, sensaciones,... cosas que justifiquen nuestra idiosincrasia. Fernando Torres mantuvo el orgullo y la esencia de este escudo en los peores años del club en toda su historia. No quiero ni pensar lo que hubiese ocurrido de no haber estado el de Fuenlabrada. Con su venta no se ganaban 40 millones de euros sino que se perdían los únicos pilares sanos que quedaban en el Atlético de Madrid. Seguimos de hecho ligeramente huérfanos de referencias y muchos niños colchoneros van con la camiseta del Liverpool o de la selección española. A Fernando Torres te lo tienen que robar con malas artes, poniéndolo difícil y peleando su marcha pero jamás puedes proponer su venta y alegrarte porque entonces nada tiene sentido. No tiene sentido que el Calderón esté lleno de camisetas del Liverpool y no tiene sentido que la supuesta esencia verdadera del Atleti esté viviendo en Inglaterra (espero que no se mude a localidades más cercanas) metiendo goles en contra. Puede que alguna vez fuese la verdadera esencia (yo creo que si) pero ya no lo es. No debería serlo.

Sergio Agüero, por muchas razones, es una versión infinitamente reducida de lo que significó Torres pero me temo que es lo más parecido que tenemos hoy por hoy a algo que se parezca a un símbolo. No un crack sino nuestro crack. Nuestro y sólo nuestro. Por eso su salida no sólo dejaría un hueco difícil de llenar en la delantera sino una carencia mucho más complicada de suplir (al tiempo) y sobre todo la peligrosa sensación de equipo mediocre y previsible que dejaría. El Atleti, por sus características, puede sobrevivir a cualquier cosa menos a la vulgaridad y la mediocridad. Los equipos grandes no venden a sus estrellas y en todo caso se las roban o se las extirpan.

Aunque ahora que lo pienso, ¿qué le importa todo esto a los “dueños” del club?