La gran nada (At. Madrid 1 - Almería 1)




Últimamente noto como en los ríos de tintas que todavía provoca esto de la afición colchonera está cada vez más patente (y con más vehemencia) ese debate sobre el optimismo y el pesimismo y como atendiendo a esas oscuras y misteriosas enseñanzas del oriente simplemente una actitud positiva aparentemente tiene la virtud de cambiarlo todo porque si. Personalmente cada día que pasa en este valle de lágrimas que supone últimamente ser del Atlético de Madrid tiendo a ser más realista que otra cosa y cualquier que sea realista, visite con regularidad el Calderón y vea por televisión las actuaciones circenses de nuestro equipo fuera de nuestro estadio será cualquier cosa menos optimista. Yo en esto soy como el humorista Perich cuando decía eso de que un optimista es el que cree que todo tiene arreglo y un pesimista es el que piensa lo mismo pero sabe que nadie va a intentarlo.

Pasado el Anglirú de las primeras jornadas parecía que el partido de hoy era el ideal para iniciar la senda redentora que llevaría a nuestro equipo a lo más alto de nuestras aspiraciones, a luchar por ese “importantísimo” cuarto puesto. Nuestros rivales por las “mieles” de la liga habían empatado o perdido y nuestro rival coquetaba con los puestos de descenso. Pues no señores, no, que decía Ozores. A estas horas seguimos igual, durmiendo el sueño de los justos en mitad de la nada. Jugando a nada, aspirando a nada, soñando con nada, viendo nada, sufriendo nada y disfrutando nada. La gran nada en la que se ha convertido el Atlético de Madrid.

Pero el partido comenzó bien, ojo. Parecía demasiado osado plantear cualquier otra opción que no fuese la de ganar contra el Almería y el partido se inició con ritmo, velocidad, criterio y hasta jugando bien. La defensa arriba, Tiago llevando los mandos con bastante buen criterio, los laterales ocupando la banda dejando libertad a los interiores para venir a la creación (Simao y Reyes aparecieron en la primera parte como nunca, especialmente el portugués) y arriba Forlán le ponía algo más de movilidad de lo que acostumbra últimamente. Las llegadas por ambas bandas se sucedían y los remates se agolpaban en los puños el portero rival, Diego Alves, el mejor de los suyos y probablemente del partido. Forlán no atinaba y la ansiedad parecía hacerse fuerte en las botas de los colchoneros que veían como el buen juego no se plasmaba en nada llegada ya la primera media hora. Pero entonces apareció un buen remate de Ufjalusi que remata Reyes de cabeza en algo que ya debería haber sido gol pero que el portero saco de la línea de gol sin atajar lo que provocó que Agüero pudiera inaugurar el marcador.

Las cosas pintaba felices para la grada pero la grada no termina de darse cuenta de donde esta. ¡Bienvenidos al mundo del fútbol moderno! ¡Bienvenidos a este juego en el que los partidos se plantean diferente en virtud de si el campo donde juegas está en tu ciudad o en otra distinta (en teoría todos los campos miden los mismo), los empates fuera de casa son el objetivo y la forma de jugar del equipo depende de los goles que tengas a favor. Lo normal hubiese sido seguir viendo lo mismo simplemente con un Atleti arriesgando menos pero no fue así. El Atleti bajó el pistón, bajo el ritmo y empezó a jugar a ese sucedáneo de fútbol que tanto gusta a ciertos entrenadores y que consiste en especular con todo lo especulable mientras te recreeas en tu repliegue. De esta manera un Almería que hasta entonces no había existido empezó a estirarse, a tener el balón a intentar jugar... y a complicar las cosas. Un Tiago que cuando se dedicó a jugar estuvo bastante digno se perdió en esa nueva forma de encarar el juego provocando un fallo garrafal que acaba en córner tras una parada espectacular de De Gea. La jugada posterior acaba en empalme con la zurda de Piatti que acaba en la red poniendo el empate.

La segunda parte fue una especie de broma. Un quiero y no puedo, Una inútil agonía. Sin Reyes en el campo (hoy por hoy de los pocos que pueden marcar la diferencia) y con un Fran Merida en sustitución que ha vuelto a demostrar que es otra gran nada, como la de todos los años, el Atleti se ha perdido en un juego espeso cuya escasez de recursos ha provocado la escasez de alternativas. Los ataques colchoneros acaban siempre en las bandas donde morían con pena o se colgaban balones inútiles que una defensa andaluza muy cómoda sacaba con facilidad. Si en los primeros minutos del partido la sensación era de goleada a estas alturas la sensación era de que el encuentro se podía perder.

Quique trató de cambiar algo (demasiado tarde) poniendo a Diego Costa por Forlán y a punto estuvo de salirle bien porque en la primera jugada un voluntarioso Simao roba un balón que provoca un buen contrataque que acaba en un pase al hueco dentro del área para Costa pero cuando el delantero se dispone a rematar con la pierna armada es derribado. Pocas veces he visto un penalty tan claro en directo. El árbitro decidió no pitarlo como había decidido hacer en la primera parte con otro claro penalty a Reyes. Lo de los árbitros es vomitivo pero es difícil que un estamento podrido como el suyo tenga respeto por una institución que ni sus propios dirigentes respetan.

Más por pundonor que por otra causa la grada mantenía la esperanza de ganar el partido pero esa esperanza se fue al retrete cuando Raul García saltó al campo por un Tiago muy bajo de tono físico a esas alturas. El navarro volvió a dar otra lección de lentitud, espesura, ralentización, tiros al espacio exterior, pases al central y falta de aporte. Evidentemente Raúl García no es el culpable de este empate (ni mucho menos) pero jamás podrá ser tampoco la solución a los problemas.

El fascinante debate sobre si para triunfar es mejor tratar de jugar bien siendo valiente o tratar de sacar resultados a toda costa tiene sentido cuando se tienen resultados. De otra menera es estúpido como es el caso. Diez años son suficientes para sabe que esta forma no funciona con este escudo. Este Atleti, aparte de aburrir y matar de aburrimiento a las ovejas está en mita de tabla a 9 puntos del primero en la jornada 9 mientras que en Europa no ha sido capaz de ganar más de un partido. Ni resultados, ni juego, ni brillo, ni emoción, ni nada. Una gran nada. Se pueden imaginar las ganas que tengo de que llegue el Derbi.

Coser y cantar (U. Las Palmas 0 - At. Madrid 5)





Partamos de cual es la realidad de estos partidos. Los primeros cruces de Copa, especialmente si son frente a equipos de segunda o segunda B, suelen ser desagradables, incómodos, difíciles de preparar anímica y tácticamente además de pesados. También son un caldo de cultivo perfecto para la demagogia la hipocresía que provoca un partido en el que en teoría no ganas nada al estar obligado a ganar claramente y por tanto puedes perder mucho. Precisamente por eso cualquier análisis de estos partidos deben ir con el perfume que los destaca como malos ejemplos para sacar conclusiones generales. Marche esto por adelantado para desengrasar y relativizar lo que venga después como consecuencia. En un sentido y en otro.

Dicho lo anterior el partido para mí tiene lecturas positivas y negativas. Entre las más positivas están el resultado (sobre todo) pero también la tranquilidad con la que se ha conseguido, la mentalidad, la seriedad, el respeto por el rival sin bajar los brazos y la forma tan profesional de encarar un encuentro tan incómodo. ¿Las negativas? Pocas, la verdad, pero significativas. La primera la cabezonería de seguir apostando por esa opción rupestre del trivote (muy lamentable). ¿Por qué está permitido que este tipo de opciones espesas y zafias se puedan probar una y otra vez a pesar de fracasar sistemáticamente y cualquier opción valiente que se salga de la mediocridad se desestima incluso antes de ser probada?. Nunca lo sabré. La segunda, que en realidad va ligada, es que la falta de creación de fútbol es evidente contra un primera, contra un segunda y contra mi equipo de los domingos por la mañana. Hoy lo hemos visto evidente hasta que ha llegado el primer gol. Me temo que es así y no va a cambiar. Al menos no va a ocurrir esta temporada y mucho menos si el cambio tiene que venir de los pies de “peloteros” como Raúl García, Camacho o Mario Suárez, el trivote de hoy.

Me gustaría destacar también otra cosa, especialmente para tanto y tanto seguidor del fútbol que está convencido que la única forma de afrontar este deporte es de espaldas al balón. Hace tres día los vimos en Villarreal. Hoy lo hemos visto en Las Palmas y frente a un segunda B. Equipos que no tienen por costumbre rifar el balón ni lanzarlo en largo y que todo su esencia, buena o mala con recursos o sin ellos, crece alrededor del esférico. El Villarreal va segundo. El Universidad de Las Palmas es de los pocos segunda B que siguen en la competición. Lo mismo es que jugar al fútbol tampoco es una mala opción.

La primera parte empezó muy sosa con un Atleti muy plano y sin ritmo (apareció algún pequeño fantasma) pero poco a poco el dominio inicial del rival paso al lado de los madrileños para no volver. El primer gol de Godín tras pase desde la esquina de Fran Merida abría el marcador y cambiaba el partido para siempre. El balón pasó a pies del Atleti, el rival se descolocó y el partido fue muy fácil. El magnífico segundo gol de Agüero además de tranquilidad ponía además clara evidencia de la diferencia entre la primera división y la segunda B. El argentino se va en carrera y potencia entre sus defensas como un padre jugando con sus hijos.

La segunda parte directamente fue coser y cantar. Lo que sueña un entrenador en un partido como este. La simple presión de los colchoneros fue suficiente para hacerle un siete a los isleños. Diego Costa con facilidad tras mal rechace de la defensa (suma y sigue el brasileño) y el Kun tras regalo del portero rival ponen el tercero y el cuarto respectivamente. Por ahí apareció entonces Alberto Perea para recordar que la cantera existe y también vimos el experimento de ver a Antonio López por la derecha (raro, pero no tanto si se piensa como alternativa a tener a Valera en el campo). Fran Mérida ponía el quinto en el marcador en la enésima llegada en tromba de los colchoneros pero yo sigo sin ver nada en este jugador. Hoy tampoco.

Eliminatoria resuelta y a pensar en la siguiente ronda porque imaginarme la vuelta en el Calderón, entre semana, por la noche y con frío me provoca escalofríos.

Traje de flamenca




Según estoy escribiendo esto estoy viendo la imagen de mi padre diciendo con una media sonrisa eso de que esto ha sido así siempre, desde que el mundo es mundo. Admitiendo que la frase tiene su poso de verdad, uno prefiere sin embargo recrearse en los matices y mostrar sus argumentos para discrepar en parte de tan manida frase. A estas alturas a uno ya le resulta complicado soportar callado por más tiempo este drama “de las estrellas”, millonario y exportable, en el que pretenden que actúe gratis y que resulta que se quiere vender como comedia. Estoy definitivamente saturado de esta competición contaminada por todas las grasientas manos que dirigen el volante mafioso y estoy saturado de que encima los mismos sicarios aparezcan ante la inmensidad de la opinión pública (esa que al parecer dirige el mundo pero en la que yo nunca estoy incluida) como los ecuánimes sabios que dan y quitan razón, que modulan la verdad y construyen la justicia.

 
Estoy harto de esta prensa manipuladora, zafia y barriobajera que está al servicio del movimiento de la forma menos sutil que nadie pueda imaginar. Una prensa que hace tiempo dejaron de ser los “notarios de la realidad” para pasar a ser protagonistas, directores y espectadores de la comedia. Especie de repúblicas bananeras donde la misma fuente, lo que comúnmente se conoce como “los medios”, controlan los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. De hecho hace tiempo que la frontera ficticia entre actores y críticos está tan difuminada que ha desaparecido para no existir. Decía Joaquín Vidal (un excelente cronista taurino que escribía en El País) aquello de “ellos en su sitio y yo en el mío”, refiriéndose a toreros, apoderados y demás protagonistas del toreo y atendiendo al viejo principio periodístico de que es imposible para un periodista hablar con sinceridad y objetividad de alguien con el que compartes mesa y mantel o eres amigo. Hoy en día unos y otros no es que compartan mantel o sean amigos sino que hasta se acuestan en la misma cama (y aunque la expresión literal vale como tal yo prefiero que la interpreten en el sentido figurado para así abarcar más campo).

 
Como todos ustedes uno está harto de estar años y años leyendo presuntas ofertas por Torres que aparte de todos los veranos también aparecían en vísperas de partidos importantes o inmediatamente después de algún inesperado traspié madridista. Quiten Torres y pongan Kun o De Gea y la frase vuelve a ser contemporánea. Harto de ver que las entradas de leñador de ese “pacifista” con cara de seminarista llamado Pepe o que las tarascadas entre “iguales” (tipo Gurpegi) son “lances del juego” y el pisotón de Ufjalusi algo así como un atentado contra el patrimonio de la humanidad que merece la horca en la plaza mayor. Harto de ver como la plana mayor de cualquier reputada tertulia audiovisual asegura que un soplido en la nuca de Raúl es “penalti claro” (porque así lo recoge el reglamento) pero dieciséis patadas en la espinilla al bueno del Kun Agüero en el área pequeña no sólo no son penalti sino que el propio argentino merece tarjeta roja indefinida por no quitar la espinilla y porque el único gol que como todos sabemos ha metido en su vida lo hizo con “la mano de Dios”. Harto de que según el criterio del sanedrín que dirige el mundo del fútbol patrio una tarjeta amarilla dudosa a Cristiano Ronaldo (o a Messi, que me da lo mismo) es suficiente no sólo para justificar la posterior “chiquillería” del Señor de los Tríceps sino para desestabilizar a todo la institución del Real Madrid incluida su sección de baloncesto pero tres penalis y un gol birlados jugándote el segundo puesto son “cosas que pasan”, que hay que saber “controlar” y para las que “hay que estar preparado”. Harto de que ponga “diario de información deportiva” en un panfleto en el que de lo único que te puedes informar el día después de que el Atlético de Madrid gane un trofeo “menor” como la supercopa de Europa es del número de tatuajes que tiene en el cuerpo un maleducado musculado que en un mundo sano sólo debería servir como modelo de conducta para películas del tipo “Perros Callejeros”. Harto de que la “información” de mi equipo salga en cuentagotas pero siempre empapada en desengrasante, vestida de chiste y de la boca de cualquier Bufón de la Corte gracioso y simpático creado exprofeso. Harto en definitiva de que el Atlético de Madrid sea en este circo mediático como una especie de cantante friki al que no se le conoce por ser cantante sino por ser histriónico. Incluso cuando canta bien y no lo es. Una especie de Sabrina Salerno que sólo interesa cuando se le escapan los pechos.

 
Cualquier de nosotros que pudiese tener un mínimo papel representativo en esta selva echaría espuma por la boca y probablemente no conseguiría ningún resultado (el enemigo es demasiado poderoso) pero desde luego que sería bastante molesto, impediría las afrentas estando delante y jamás de los jamases dejaría por lo menos que esa gentuza entrase de rositas en mi casa. ¿Qué hacen nuestros representantes? Me temo que todo lo contrario.

Hay quien cree sin embargo que las causas debemos buscarlas en la falta de capacidad o negligencia de los conductores del barco pero yo no soy de esa opinión. Me temo que el cerebro en la sombra es de una astucia mucho más complicada de lo que a mí me gustaría. El cerebro en la sombra, el heredero huraño, práctica el efecto parásito para nutrirse de la presa que lo está matando. Desde hace décadas, poco a poco y sutilmente, utiliza las ensañanzas Goebbls para tener un control consentido de los medios, que en realidad aparece a ojos de profano como “descontrol”.
A base de connivencia cómplice con ese fútbol-circo del Madrid Vs. Barça en el que todo lo demás es un simple decorado, desde hace décadas la prensa oficial (porque “no hay” otra) vende el concepto de Atlético de Madrid que este señor y sus palmeros quiere vender. Las radios y televisiones patrias practican el mismo ejercicio propagandista de equipo-decorado, simpático y sufrido, cuya labor fundamental dentro de la “liga de las estrellas” consiste en dar folklore y el punto de locura que tantas medias sonrisas ha despertado en nuestros entregados periodistas. ¿Qué sería una temporada sin las habituales desgracias del atleti? ¿A quién le interesa que los colchoneros o cualquier otro equipo ocupen posiciones en la rueda de la fortuna que no van a dar tanto dinero como sus vecinos del norte de la ciudad? El periodismo oficial se recrea mejor en la burla inherente al colchonerismo entendiendo sin crítica que las cosas son así porque así tienen que ser. ¿Cómo podría justificarse la “famosa” deuda que todo lo paraliza en un Atleti serio, coherente, competitivo, valiente y bien gestionado? ¿Cómo podría entonces entenderse que el club no se mueva hacia la sensatez?

¿No será que este "traje de flamenca" que nos han puesto es el precio que hay que pagar por ocultar la verdad?

Un tal Ramírez Domínguez (Villarreal 2 - At. Madrid 0)




Hace unas semanas escuché al bueno de Diego Costa decir que el objetivo del Atleti estaba en ganar en el Calderón y empatar fuera. No quise darle mucha importancia y pensé simplemente que el muchacho estaba desorientado después de pasar por tantos equipos en tan pocos años. El pasado viernes un amigo, conocedor de mi desafección por los la prensa deportiva de cámara, me mandó unas declaraciones de Quique publicadas en el diarios AS que decían, cito textualmente, “Ahora el objetivo es ganar en Villarreal, pero no perder tampoco sería malo, porque venimos de superar al Getafe”, “El Villarreal es un equipo que no pierde en casa. Lleva una buena racha allí. Parece imbatible en su campo. No caer sería bueno.” Mi amigo me mandaba estas declaraciones porque poco antes me las había comentado verbalmente y yo no las podía creer. Hasta ese preciso momento lo que más me había gustado de Quique desde que llego al banquillo había sido sin duda alguna su discurso frontal frente al “privilegiado” lugar que la prensa del régimen nos otorga. Ese discurso valiente, orgullo y (es mi opinión) acorde con la historia y esencia de este club que tanto bien nos ha hecho. ¿Me estaba equivocando?. Algo huele a podrido en Dinamarca.

Me he quejado muchas veces en este mismo sitio del juego de mi equipo, de la cobardía gratuita y absurda, de las tácticas escapistas, de la especulación... probablemente podría hablar hoy también de todo ello sin demasiado esfuerzo pero se me hace difícil hacerlo estando de por medio una tal Ramírez Domínguez. Lamentable personaje que hoy no se ha ganado honradamente el generoso sueldo que va a cobrar y que sólo tenía sentido ingresar en su cuenta esa cifra si se asumiese que responde a un salario mafioso, o mordida o compensación por los servicios prestados. Si el tal Ramírez Domínguez tuviese un poco más de dignidad, en lugar de esa chulería barata de barrio marginal que con tanta pomposidad ha mostrado a lo largo de los 90 minutos (desconfíen de los valientes que hablan desde el otro lado del cristal), el ta Ramírez Domínguez debería devolver el dinero, pedir perdón a la afición del Atleti y plantearse dejar de seguir engañando al genero humano abandonando el arbitraje. Si el tal Ramírez Domínguez es simplemente un árbitro penoso lo que debería hacer la competición es apartarlo para evitar carnicerías como la de hoy. Si el acto terrorista del tal Ramírez Domínguez responde a esa tendencia de ponerse a la cola de los mamporreros que satisfacen al “los dos grandes” (los únicos) y sacar chulería con los que pretenden ir detrás me temo que el trato a dispensar al tal Ramírez Domínguez se corresponde más con actos fuera de la ley, acordes con su actuación. Lamentable y pestilente. Me da asco esta competición regulada por manos de mafiosos, negligentes e inútiles.

Se pueden hacer muchos análisis deportivos del partido de hoy (y hay que reconocer que el Atleti una vez más vuelve a salir no muy bien parado) pero es absurdo e inútil valorar algo tan desproporcionado, desequilibrado, capado y ficticio. Si nos ceñimos a los primeros diez minutos de partido, lo más parecido a un partido de fútbol como acto deportivo y sano que hemos vivido, el Atleti salió contenido pero eléctrico. Sin juego pero con actitud. No es mal comienzo pero es imposible ir más allá cuando la primera llegada del Atleti se transforma en un claro penalty que no se sanciona, la siguiente es un gol anulado por fuera de juego (tan justo que sigo sin tenerlo claro en la enésima repetición) y a la jugada siguiente el Villarreal se adelanta en el marcador.

Pero no todo van a ser disculpas. A estas alturas no soy sospechoso de decir las dudas y carencias que me provoca el juego del Atlético de Madrid. Una de las más evidentes (y de las que más me duelen) es la dependencia enfermiza y artificial del contrario. Esa lamentable opción de despreciar el balón como principio y de despreciar la creación como sistema. Esa cobarde forma de ver el fútbol en la que tu éxito sólo puede venir en base a un error del contrario. Esta opción tan limitada hace que cuando el Atleti se pone por detrás en el marcador (aunque sea en los primeros minutos o quizás especialmente si es en los primeros minutos) las posibilidades de triunfo se reducen de forma dramática. Echen un vistazo a las estadísticas. La razón es sencilla: si tu esencia es no tener el balón ni mostrar el mínimo interés por tratar de crear fútbol el momento en el que no te queda otro remedio que hacerlo no sabes que hacer. Ese es el Atleti cuando va perdiendo y eso es lo que vimos hoy. Un equipo voluntarioso pero plano. Entregado pero inútil. Bien colocado pero romo. El centro del campo ya no es que sea bueno o malo es que directamente no existe. Con esa pareja de mediocentros Asunçao es otro central y Raúl García es simplemente un medio estorbo. Los interiores se pierden en las puñeteras bandas y los de arriba se desesperan en guerras de guerrillas. Aun así, antes de terminar la primera parte el Kun es derribado de nuevo en el área en otro penalty meridiano que hubiese cambiado otra vez el escenario pero que el inefable trencilla vuelve a ignorar para cabreo mayúsculo de los jugadores y del propio Quique que acabará expulsado. Con todo ello la sangría del tal Ramírez Domínguez no había terminado.

La segunda parte fue exactamente igual en los primeros diez minutos hasta que Rossi mete el segundo de gran jugada personal. Fin del partido. El Atleti se desesperó a partir de entonces en una lucha infructuosa por levantar el partido con gran derroche físico y anímico pero escaso resultado. No recuerdo una sola ocasión de peligro ni un sólo momento en el que la sensación fuese la de que se podía remontar el partido. Vale que el tal Ramírez Domínguez volvió a demostrar su absoluta y necia inutilidad obviando por tercera vez en la noche un penalty clarísimo (esta vez al Kun de nuevo) pero el Atleti fue totalmente inoperante e inofensivo frente a un buen Villarreal. Vale que el Villarreal ha resultado favorecido, que jugar con todo a favor es más fácil, etc... pero el Villarreal es un ejemplo de lo que debería ser un club de fútbol. Algo así como la antítesis que de lo que sale de las oficinas del Atlético de Madrid. Un equipo sin un presupuesto deslumbrando, con una masa social pequeña y en parte ficticia y despreciado por la prensa es capaz de plantear un proyecto deportivo lúcido, profesional y atrevido que apuesta por la coherencia y el fútbol. A todos aquellos que presumen de decir que todos los equipos “menos el Barça” juegan igual les pide que se den una vuelta por el Madrigal. De camino deberían también reflexionar porque en el Atleti vienen entrenadores y cientos de fichajes de prestigio pero todos parecen marchitarse pero en Villarreal ocurre todo lo contrario cuando encima son los buenos jugadores y entrenadores los que se van.

Con árbitro o sin árbitro ahí está la realidad: Octavos a siete puntos del primero. Hemos jugado con cuatro de los seis primeros y hemos sacado un punto. Si este es el camino a seguir y en la cera de enfrente siguen dopados de euforia me temo que este año tendré que buscar nuevos horizontes para pasar los fines de semana.

El Kun quita el frío (At. Madrid 3 - Rosenborg 0 )



Después de las muchas tardes y noches de sopor que he tenido que tragarme en el Vicente Calderón durante la última década uno, que ya no es un púber de virginal optimismo, se ha ido haciendo un experto en dos nuevas ramas de entre las que componen las ciencias de la vida. La primera es la de soportar con integridad y dignidad el aburrimiento extremo hasta conseguir ver algo de belleza través de la espesura. La segunda es la de especializarse hasta distinguir con cierta claridad entre distintos tipos de aburrimiento. El que vimos frente al Rosenborg es sin duda mi favorito y si por esas cosas de la vida en el mundo globalizado, las televisiones de pago y el fútbol comercial ya se ha decidido que tenemos que hacer del aburrimiento nuestra bandera, bandera que tenemos que ondear además orgullosos, convencidos y luciendo una enorme sonrisa profiden, pues por lo menos que sea como el de este partido.

Lo digo porque es siempre (a pesar de lo que diga y escriba algún que otro visionario e iluminado del fútbol de esos que creen ser los únicos que conoce las reglas de este deporte) es siempre mucho más agradable ver a tu equipo con la pelota que sin ella. El Atleti de la noche del Rosenborg fue un Atleti inédito en la competición europea ya que fue la primera vez desde que comenzó que el equipo salió desde el primer minuto a dominar el partido, a dominar el balón, a cercar al equipo contrario, a poner intensidad en el campo y a dotar de velocidad al juego. La cosas luego pueden salir o no pero el Atleti que se enfrentó al Rosenborg salió a todo eso a diferencia del Atleti que se había enfrentado al Aris o al Bayer.

Los prometedores primeros minutos siguieron ese guión pero el resultado no consiguió ser el esperado por varias razones. La primera es que el rival también juega y los noruegos habían plantado en el campo un “valiente” cerrojazo que acumulaba hombres en torno a su área que si bien no ejercían una presión asfixiante si que estaban bien colocados impidiendo la fluidez del juego. El Atleti sin embargo trataba de mover el balón sin especulaciones y con velocidad lo cual es una grata noticia pero las ocasiones no llegaban. ¿Por qué? Cada uno tendrá su teoría pero la mía es que cuando el centro del campo no funciona en la distribución imaginativa de balón (y sigue sin funcionar porque Tiago está bajo de forma y su presencia es demasiado intermitente) el equipo es demasiado plano en el ataque. Plano y previsible. Correcto en todas sus facetas pero mediocre y previsible en la ejecución lo que facilita la vida al rival. El Atleti de los últimos años sólo conseguía salir del terreno común de la mediocridad cuando sus “cuatro de arriba” tiraban de talento pero últimamente el talento parece apagado en esa zona. Simao no está desde hace tantos meses que ni me acuerdo. Cumple disciplinadamente en defensa (eso le salva para seguir de titular) y todo el mundo sabe que puede meter cualquier tiro directo en cualquier momento pero me parece un aporte muy escaso para uno de los jugadores con la ficha más alta de la plantilla. Simao es una versión mala del mejor Simao pero gracias a la “magnífica” dirección deportiva que tenemos aun así es titular indiscutible. Agüero estaba en el banquillo (Quique sabra) y Forlán, como acostumbra últimamente, como si no estuviese en el campo.

Lo del uruguayo huele especialmente mal. Hay quien dice que simplemente es un bajo estado de forma provocado por la sobreexposición y el esfuerzo. Ojalá sea eso y no tenga nada que ver con el estado anímico de un jugador, que como el mismo ha reconocido, no suele apelar a razones de orgullo o corazón para mover sus piernas. Me preocupa que un jugador que se declara ultraprofesional tenga problemas profesionales. No lo sé, pero la realidad es que el aporte de Forlán es nulo, la actitud lamentable y el resultado peor. Uno que ha visto en ese mismo estadio la mejor versión de Forlán (un jugador espectacular) no puede por menos que lamentar la situación y rezar para que cambie. El único que en la plantilla (con Agüero en el banco, claro) que es capaz ahora mismo de salir del país de la mediocridad es Jose Antonio Reyes y aunque el de utrera tiene calidad de sobra para ello es demasiada poca pólvora para que sea efectivo. El resto, hoy por hoy es demasiado previsible.

Aun así, el partido estaba completamente dominado y aunque la brillantez no aparecía por ningún lado la solidez de un equipo bien trabajado con actitud y valentía (¿dónde hay que firmar para tener esta fórmula todos los partidos?) era suficiente para controlar el partido. El gol podría haber llegado de cualquier manera (lo más normal es que hubiese venido en alguno de los miles de desmarques que tira Diego Costa a lo largo del partido) pero llegó tras un gran pase lateral de Reyes en una segunda jugada a balón parado que Godin remató con maestría a la red. Gran partido por cierto del otro uruguayo demostrando cada vez que juega el gran fichaje que ha sido. Bueno en su función defensiva lo mejor es el espíritu que transmite y contagia a sus compañeros en la zaga. Me gusta.

El segundo gol no llegaba pero el partido siguió controlado tras adelantarnos en el marcador y sólo en los últimos minutos se vio algo al Rosenborg (decepcionante el equipo noruego) más gracias a la falta de concentración local que por empuje del rival. Lo bueno es que así pudimos ver por primera vez al canterano Joel que hasta entonces había permanecido inédito. El canterano estuvo correcto aunque apenas tuvo trabajo. Tan sólo ciertas dudas a la hora de salir de la portería y en las salidas por alto (los problemas típicos de los porteros) pusieron alguna duda a su actuación.

La segunda parte fue exactamente igual pero más aburrida todavía… hasta que saltó al campo el Kun Agüero. El argentino es de esos actores que cambian la película con su mera presencia. Lleva la palabra peligro escrita en su frente y la palabra calidad en sus botas. Es de esos jugadores que hace mejor jugador a quien tiene al lado. Puede que sea anecdótico pero apenas segundos después de saltar al campo el equipo parecía tener más alegría. Algunos minutos después ya íbamos ganando 2-0 gracias a un gol del propio Kun (tras genial pase de Reyes). Desde ese momento hasta el final el partido ya si que fue una fiesta (fría y desanjelada, esos si, al estilo noruego). El flojísimo Rosenborg trató de hacer algo más que venir de visita a Madrid pero eso sirvió para que el Atleti desplegase un contrataque magistral. Joel saca el balón con la mano y pone el balón en el centro del campo en los pies de Reyes (para estas cosas sirven los entrenamientos de porteros). El sevillano lanza el balón en largo al Kun y éste fabrica una pared de fantasía que pasa el balón por encima de la defensa noruega para que Diego Costa remate de cabeza a la red. Golazo.

3-0 que encarrila algo una competición que tenía muy mala pinta y que sigue sin estar encarrilada. Lo bueno es que la situación obliga a ganar en Trodheim y Leverkusen lo que por lógica debería hacer que el equipo saliese también a ganar fuera de su estadio. Ojalá Quique piense igual.


Arteche, tres puntos y poco más. (At. Madrid 2 - Getafe 0)




El Calderón es un sitio mítico. Una droga dura de la que es difícil prescindir cuando la pruebas con la intensidad necesaria. Puedo recordar cientos de ocasiones en las que he bajado las escaleras interiores del estadio con el corazón todavía latiendo de emoción y la adrenalina contaminando cada rincón de mi cuerpo. Recuerdo cientos de veces en las que me fue imposible conciliar el sueño después de un partido, independientemente de la hora, envenado todavía por las placenteras sensaciones que me llevaba del estadio. El partido frente al Getafe de la temporada 2010/2011 evidentemente no será una de esas ocasiones. De hecho dudo que sea capaz de recordar nada de lo que ocurrió en el campo (otra cosa es el pellizco al corazón que supuso el recuerdo al inolvidable Arteche) en apenas unas horas porque prácticamente todo lo que aconteció es prescindible, insulso, incoloro y fácilmente digerible. Como si se tratase de una hamburguesa barata obtenida en una cadena de comida rápida que se come, te quita el hambre puntualmente y se expulsa igual que entró. Tres puntos, eso si, que valen lo mismo que los ganados en cualquier otra circunstancias.

El comienzo del partido fue muy emocionante, como no podía ser de otra forma teniendo como protagonista el eterno capitán rojiblanco de la década de los 80, el genial Arteche. Una foto suya presidía el fondo sur y tan sólo me sobró la musiquita que últimamente ponen durante el minuto de silencio. Una música que tengo la sensación de que nació para acallar las voces estúpidas del que siempre tiene que dar la nota incluso durante un respetuoso minuto de silencio pero ayer sinceramente creo que sobraba. El silencio debería haber sido atronador (y lo hubiese sido). Como dijo una voz desde el fondo sur justo antes de empezar ese minuto: “gracias capi”.

Y ahí se acabaron las emociones. El Atleti se llevó los tres puntos en un partido malo, lento, espeso, falto de ritmo y de emoción y sin nada de esas cosas que hacen (o hacían) del fútbol un deporte espectacular y divertido. Eso si, como nota positiva hay que destacar que el Atleti esta vez si salió a dominar el partido con claridad desde el principio (independientemente de lo que ocurriese después) lo cual es algo de agradecer. Mirando la vista atrás me doy cuenta de que este tipo de actitud en general es así jugando en casa (salvo el día del Bayer) pero completamente diferente jugando fuera. No lo entiendo y jamás lo entenderé que tenga que ser así pero lamentablemente es así.

La alineación, a tenor de las ausencias forzosas, parecía estar dentro de la lógica a pesar de esa manía de entrenador moderno de renunciar siempre al segundo delantero. La entrega de los jugadores fue irreprochable (de hecho creo que hace un par de años al menos que en general no me quejo de ello) pero desgraciadamente el fútbol no fluye. El Getafe presionaba arriba impidiendo la salida fácil de cualquier que no fuese Perea y nuestras opciones siempre tendían hacia las bandas donde los getafenses parecían alumnos aventajados de Luis Aragones y practicaban esa sólida doble presión en banda que tantas veces han anulado equipos contrarios. El equipo rojiblanco tiene más fluidez, opciones, criterio, recursos y salidas con Tiago en el campo (incluso estando fuera de forma e incluso estando cojo, diría yo) pero la zona de creación es y será el gran talón de Aquiles de este equipo y aparece como un verdadero problema cuando el equipo contrario está bien cerrado. El Getafe sin embargo no hizo el típico cerrojazo de la mayoría de equipos que vienen al Calderón sino que procuraba jugar cada vez que tenía el balón y hacerlo metiendo el balón en la ecuación (aunque seguro que todavía sigue habiendo gente que piensa que todos los equipos del mundo menos el Barça hacen lo mismo) pero me da la sensación que les falta la calidad arriba que si tenía otros años. Los del sur de la capital consiguieron tapar y salir con peligro (más en la segunda parte que en la primera) pero apenas inquietaron significativamente la portería de De Gea (que toco más balón que otras veces) fundamentalmente por esa falta de calidad en los últimos metros.

La espesura del partido se partió al filo de la primera parte, aunque según llegaba el descanso el Atleti se entonaba a medida que el rival se salía del partido recurriendo en exceso a las faltas, a balón parado tras un buen saque de Simao que da en el poste y cuyo rechace impacta con la espalda del cancerbero getafense para colarse en la portería. La celebración fue para mí lo mejor del partido. Ver a dos recién llegados como Tiago o Filipe Luis (entre otros), ver apuntar con sus dedos al cielo recordando al mítico capitán me puso la piel de gallina y me hace creer que lo mismo no está todo perdido.

La segunda parte fue más de lo mismo pero con un Getafe tratando de llevar la manija lo cual es algo que a mí ni me parece bien ni me lo parecerá nunca. Con un Atleti algo más reservón (volviendo a las andadas) o quizás algo más perdido por el empuje rival (no sé que es peor) que hizo que la gente cambiara los bostezos por preocupación durante unos minutos. El Getafe no inquietaba realmente pero el Atleti empezaba a ser una broma con síntomas de cansancio y fragilidad lo que no invitaba ni mucho menos al optimismo mientras el rival empezaba a monopolizar el balón peligrosamente.

La salida de Forlán por Mérida fue providencial no tanto por su concurso individual (malo, en la línea de toda la temporada) sino por el cambio de dibujo que dejaba a Reyes más suelto escorado en esa segunda línea dónde realmente marca la diferencia y que dio mucha frescura al equipo. Igualada la posesión y retomando de nuevo el control del partido el segundo gol de los colchoneros llegó tras una gran jugada de Reyes y Valera (si, si, Valera, como lo oyen) que culminó Diego Costa. El brasileño es torpón con el balón y tiene muchas carencias pero se pasa todo el partido tirando desmarques, pidiendo el balón, presionando la salida, tapando huecos y dándolo todo. Merece jugar de titular y merece seguir haciéndolo si su compañero uruguayo sigue enfurruñado con el mundo y cobrando por horas. El segundo gol mataba definitivamente un partido que a partir de ese momento los dos equipos dejaron morir.

Como balance general los resultadistas dirán que son tres puntos, que estamos a tres del barça y a cuatro del primero lo que es un gran balance. Tienen razón. Los entrenadores dirán que fue una partido serió y bien trabajado que se ganó sin que el rival inquietase. También tendrán razón. Yo sin embargo, modestamente digo que estuve a punto de morirme de aburrimiento y el no hacerlo para mí es algo muy importante como espectador de fútbol. Seré un marciano en este mundo globalizado y televisado pero en esto estoy con García Berlanga cuando decía que hay obras maestras que lo son por el monumental aburrimiento que provocan.

El siguiente lo ganamos, ¿no?

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Debía de ser finales los años 80. Había pasado la noche en casa de un amigo, en realidad el hijo de unos amigos de mis padres, que solía acudir a las instalaciones de Virgen del Puerto para dar clases de tenis, un deporte que para mí por entonces era algo así como una cosa de “pijos”. Aquel fin de semana acompañé a mi amigo en una de esas clases a muy pocos metros del Vicente Calderón, con la esperanza de intentar en algún momento poner en práctica mis desconocidas habilidades con la raqueta, ya que la idea era básicamente mirar a a través de la valla como jugaban otros. La casualidad quiso que un par de vallas más allá, en la pista de al lado, estuviesen jugando dos personas que para el que escribe eran mucho más interesantes. Allí se fueron primero mis ojos y después mi cuerpo.

Me quedé pegado a la puerta mirando embobado como jugaban pero más pendiente de lo que se decían que de lo que hacían con la pelota. Acabó la hora y la gente empezó a salir de las pistas. Entonces, sudorosos y con una raqueta en la mano, por la puerta de acceso al recinto aparecieron los protagonistas de mis cromos, los héroes de los domingos en el Calderón, los nombres que aparecían en mi equipo de chapas. El más bajito era Julio Prieto, polivalente centrocampista y canterano de pro que tantas temporadas jugó con la elástica colchonera. El alto era nada menos que Arteche. Por alguna razón mi atención se quedó fijada en él.

Entonces Arteche no era el conocido internacional reputado que metía goles con la selección en la Albania del difunto Hoxha sino un aguerrido central algo menos famoso, de planta imponente, que vestía con orgullo el escudo rojiblanco y al que le prensa, siempre tamizada por el pestilente olor a merengue, había colgado el San Benito de leñero. Pero a los del Atleti, al menos a este del Atleti, siempre nos ha dado igual lo que dijeran los plumillas del régimen y pesase a quien pesase Arteche era nada más y nada menos que el defensa del Atleti. De mí Atleti.

Cuando apareció por la puerta y al fin lo tuve a escasos centímetros de mí me pareció el tipo más alto y más fuerte del mundo. Vale que uno era un retaco por aquel entonces, vale que el sempiterno bigote del cántabro daba miedo allí desde las alturas y vale que sus casi 1,90 no era una estatura muy común en el Madrid de entonces pero quizás todo aquello no fuese nada comparada con la admiración, siempre exagerada, de un muchacho que ve en vivo una cara que todas las mañanas veía en un poster colgado en su habitación.

Mi congénita timidez unida a la sorpresa del momento hizo que me quedase mirando a la cara del central como si hubiese visto una aparición y ni la tierna sonrisa de Julio Prieto observando la entrañable escena hizo que pudiera salir de aquel momento. Entonces el tal Arteche me despeinó con un gesto cariñoso y dijo algo que recordaré toda mi vida: “tienes cara de ser del Atleti”. Sin tiempo de asentir los dos colchoneros me hicieron una carantoña y se dirigieron a los vestuarios.

Todavía hoy no me explico mi estúpida parálisis del momento ni la razón de porque hice lo que hice después. Siempre me había parecido muy bobo y hasta me dolía en la memoria el recordarlo pero hoy ya no. Siempre había querido que volviese el momento en cuestión para poder repetirlo de forma más digna, más inteligente, más provechosa,… pero el que caso es que ocurrió así y hoy ya no me arrepiento. Viendo la espalda de los dos futbolistas sólo se me ocurrió gritar: “¡Arteche, Arteche,…! Él se dio la vuelta y me dijo: “¿Qué?”. Lo siguiente que salió de mi boca me salió sin pensar pero dicen que las cosas que se hacen sin pensar son las más ciertas. “El siguiente lo ganamos, ¿no?”. “Por supuesto que ganamos” me contestó con una sonrisa que quedó para siempre en el recuerdo. No recuerdo que partido era el siguiente ni si era de liga o de copa o de encuentro internacional. Ni siquiera me acuerdo de si lo ganamos porque en el fondo daba lo mismo. El siguiente, sea cual sea, por supuesto que se gana. Arteche lo tenía claro.

Juan Carlos Arteche ha fallecido hoy y la familia colchonera, su familia, llora su ausencia.

Yo también.

Descanse en paz.


Ambrosia en las ondas, estiercol en el campo (Sevilla 3 - At. Madrid 1)




Decía el norteamericano Elbert Hubbard que un conservador es un hombre demasiado cobarde para luchar y demasiado gordo para huir. Cuando esta tarde he visto la alineación que saltaría al Sánchez Pizjuan con la camiseta del Atleti, justo después de que un sudor frío recorriese mi médula espinal, he tomado definitivamente conciencia de algo que ya me barruntaba y que en el fondo sabiéndolo no quería admitir. Quique es el entrenador de un equipo al que pretende vestir de conservador y que por ello es cobarde y gordo. Vistanlo si quieren de rigor defensivo, equipo apuntalado,.. o demás pamplinas pero Quique, como todos los Quiques que han pasado por aquí con nombres de infausto recuerdo, es un cobarde al que le da miedo luchar dando la cara y mostrando el pecho y por ello espera conseguirlo todo a la defensiva, por detrás, esperando con “rigor defensivo” a que el contrario se tropiece (cuando todos sabemos que solemos tropezar nosotros antes y que los que se suelen tropiezan son los que están abajo, con nosotros y no los de arriba). Quique además está consiguiendo crear un equipo “gordo” al que cuando van a por nosotros corriendo, nos cogen. Nos cogen con facilidad porque si se trata de jugar con el balón debemos ser de los peores del fútbol profesional. En lugar de “adelgazar” depurando ese maldito centro del campo que lleva décadas en barbecho prefiere apelotonar año tras año la grasa exactamente en el mismo sitio donde ya sobran kilos y kilos de toxinas. Todos los que vienen hacen lo mismo... y así nos va.

Antes de seguir voy a reconocer que no he visto el partido completo. Por causas de escaso interés que nada tienen que ver con el ocio me encuentro ahora mismo escribiendo esto desde París, la preciosa capital francesa. En un pequeño bar del barrio latino por el que andaba de paseo he visto que ponían el partido y no he podido resistir la tentación. He aguantado hasta el gol de Perotti que ponía el 2-0. Suficiente para provocar una úlcera en mi ánimo. Lamentable, vergonzoso, humillante. Con el mismo anonimato que había entrado he salido de aquel bar en el que nadie estaba mirando el partido.

Cuando a los veinte minutos el Sevilla no había pasado ya por encima veinte veces (sin necesidad todavía de hacer goles) y viendo que como suele ser habitual en el Atlético de Madrid post-segunda división (¡qué cruz!) el que juega al fútbol y tiene el balón es el equipo contrario, he matado el tiempo recreándome en las mismas preguntas que cualquier aficionado al atleti, de los que ven los partidos y no los resúmenes, se hace: ¿de verdad necesita Filipe Luis rotación? ¿De verdad es necesario sacar a Mario Suarez (un amigo mío lo bautizó el otro día con el afortunado sobre nombre de Cleber Camacho)? ¿Qué pinta Simao en este equipo? ¿Por qué fichamos a Fran Mérida si no va a jugar en su vida en la posición en la que siempre ha jugado mientras tengamos en el banquillo a a este Quique o a cualquier otro Quique (porque siempre fichamos Quiques)? ¿Qué coño hace Tiago de media punta? ¿Para qué ponemos cinco centrocampistas sin despreciamos sistemáticamente el esférico? ¿Por qué despreciamos sistemáticamente el esférico y lo hacemos con tan poca vergüenza? ¿Por qué narices no podemos salir a ganar nunca fuera de casa (hace poco decía Diego Costa en una entrevista que este equipo tiene que ganar en casa y “puntuar” fuera, lo que me hace pensar por dónde van los tiros)?¿Por qué repetimos lo mismo que en Tesalónica si allí no es que saliese mal sino que hicimos el ridículo (hoy, frente a un equipo mejor, el ridículo es una definición que se queda corta)? ¿Por qué salimos con un sólo delantero si sabemos que sólo le van a llegar balones que vienen de De Gea? ¿Por qué coño tenemos que salir siempre a defender si luego nos clavan tres goles y te quedas con cara de imbécil?

Sinceramente, el juego del Atleti no merece ningún análisis. Es un insulto llamar juego a esa táctica ruin y mamporrera. No tengo ganas y estoy cansado de escribir siempre lo mismo. El Atleti sólo sabe ganar los partidos a base de fallos del contrario o inventos geniales de Agüero. Lo más triste no es que sea así sino que nuestro entrenador desprecia cualquier otro tipo de opción en base a no sé que lamentable y cobarde concepto del fútbol. Las cosas no pasan por mala suerte. Pasan así porque alguien quiere que pasen así. En el mejor de los casos el Sevilla falla todos los goles, agarramos un córner mal sacado, corremos un contrataque de 100 metros, metemos gol y nos ponemos a defenderlo lo que queda de partido. ¿Cuantas veces se puede ganar así? Lo normal es que pase lo que ha pasado hoy. ¿Quien es tan estúpido de pensar que se puede hacer algo grande en una liga de esa manera tan lamentable? Rectifique señor Flores (aunque según lo digo sé que no lo va a hacer). Este vestido no es que sea insoportable y difícil de digerir, es que no lo quiero para mi Atleti. Ganando y perdiendo métase esa forma cobarde y rastrera de entender este juego por donde le quepa. Los pensamientos filosóficas y la dialéctica de intelectual de posguerra mejor en el campo. Yo voy al Calderón y no a las ruedas de prensa así que piense en deleitarnos en el césped mejor. No me vale ambrosía en las ondas y estiercol en el campo.

El año pasado la cosa venía torcida y la labor del entrenador estaba condicionada por los acontecimientos. Tengámoslo en cuenta en ambos sentidos porque la posición en la liga fue vergonzosa, la final de copa se consiguió tras algunos partidos que protagonizan la crónica negra reciente de este equipo y la final de la Europa League se consiguió sin ganar un sólo partido. Ojo. Pongamos las cosas en perspectiva.

Pasado el Everest estamos en mitad de tabla pero lo verdaderamente triste del asunto es que esto encima es una buena noticia.

Pizarra tóxica (At. Madrid 1 - B. Leverkusen 1)




Decía un político alemán llamado Adenauer que no hace falta defender siempre la misma opinión porque nadie puede impedir volverse más sabio. Entre vídeo y video de los alemanes de Leverkusen Quique debería también haber aprendido algo de sus políticos y asimilar que empeñarse en algo que no funciona no es de personajes sabios sino de todo lo contrario. El Atlético de Madrid se ha complicado hoy la clasificación para la competición de la que es vigente campeón por la estulticia torpe de la maldita pizarra, la pizarra que pretende llegar donde no debería llegar nunca, la pizarra que atenaza y no arregla nada, la pizarra que absorbe como aspiradoras implacables el poco o mucho talento sobre el césped y en definitiva la pizarra que lleva ya más de una década escondiendo la esencia del club Atlético de Madrid. Quique se equivoca gravemente al intentar jugar al Stratego con unas piezas limitadas en partidas importantes que normalmente se deberían ganar simplemente poniendo toda la carne en el asador. De esta forma el Atleti tiende a pasos agigantados al lugar mediocre y ramplón del que un golpe de orgullo parecía habernos salvado momentáneamente. Ahora me queda la duda de saber que ha sido el espejismo: esto o aquello.

La primera parte del equipo ha sido atroz. Deleznable, insultante, bochornosa, vergonzosa y lamentable. El planteamiento del partido, una vez más, ha sido cobarde, especulador y ruin lo que en definitiva ha marcado para mal el desenlace del encuentro. Independientemente de los jugadores elegidos (que ahora entraremos) la actitud conservadora, pasiva y cobarde del equipo ha sido como largarse del campo a los diez minutos. Lamentable. Miedosos del rival, temerosos de desplegar juego, coartados en la tensión, frenando aposta el rítmo, regalando el centro del campo,... en fin, un desastre. Si tratar de parecer un equipo que juega al fútbol con un doble pivote en el que el jugador “técnico” es Raúl García es algo así como una estúpida quimera (dudo que Quique pretenda jugar al fútbol con esa alineación frente a un equipo cerrado), cuando el equipo está sin ritmo, renqueante, acobardado y a la expectativa las “virtudes” del navarro para llevar la manija del equipo se hacen todavía más evidentes. Lamentable partido de un jugador que colecciona partidos lamentables. Un jugador que debería haberse largado este verano por el bien del equipo pero también por el bien de su carrera personal, una carrera que va camino del desagüe. Raúl García lo hizo todo mal. Para que seguir.

Los alemanes, un equipo de mitad de tabla que hoy pareció algo más gracias a la negligencia atlética, se plantaron bien en el campo (lo que hacemos nosotros últimamente, vamos), cerraron filas (lo que hacemos nosotros últimamente, vamos), presionaron arriba (lo que hacemos nosotros últimamente, vamos) y salieron con verticalidad hacia la portería contraria (lo que hacemos nosotros últimamente, vamos). Si a ello le sumas que el rival (nosotros) regalaba el centro del campo y el balón se entenderá porque el Bayern parecía el Milan de Sacchi y nosotros el equipo reserva de la compañía del Bombero Torero. Como no podía ser de otra forma los alemanes se adelantaron en el marcador en cuanto les dio la gana (porque tampoco es que hicieran un esfuerzo especial ni que tirasen muchas veces a puerta). Con todo, lo más triste de esta historia es que encima la primera parte fue soporífera. Soporífera hasta decir basta. Ese sopor con el que el equipo de Quique nos premia últimamente.

La segunda parte fue como el reverso de la moneda. Quitando a Forlán por Fran Merida (ambos hicieron un pésimo partido pero en el caso del español se notó menos) pero sobre todo quitando a Raúl García y sacando a Tiago (es decir, volviendo a jugar con diez) el equipo parecía otro y el partido también. El portugués pidió el balón, soltaba y se desmarcaba (algo que es de primero de fútbol pero concepto que no ha conseguido asimilar su compañero navarro) y distribuía el balón con agilidad mental (algo imposible de encontrar en el señor García ni al 100%). No entiendo las rotaciones de Quique (no se puede rotar con paquetes) ni entiendo esos castigos a los que supuestamente no están “con rítmo”. Tiago es mejor que Raúl García incluso estando cojo y lo mismo se puede decir del Luis Felipe o el Kun, dos que han chupado demasiado banquillo también. Con los interiores más al centro, las bandas ocupadas por los laterales y Diego Costa (el único que puso ganas desde el principio a pesar de sus evidentes carencias) tirando desmarques el Atleti se puso a jugar y a conseguir peligro y ocasiones. Así llegó un dudoso penalty a Fran Merida (a mí en el campo no me lo pareció) que transformó Simao animando la noche.

Pero el fuelle de Tiago se acabo y con ello las esperanzas. El equipo se resintió. Los alemanes vieron que el empate no estaba mal y que faltaba menos de media hora así que cerraron filas, recularon y lo dejaron todo al contrataque (y todavía pudieron llevarse el partido). El Atleti a la desesperada (gracias a tirar 45 minutos) se apago y los alemanes se afianzaron defensivamente hasta construir un muro que mantuvo el empate hasta el final.

¿Qué hubiese pasado si el Atleti hoy hubiese salido a ganar en lugar de a especular con todo (que es lo que parece que gusta en el banquillo)? Nunca lo sabremos, es cierto, pero en cualquier caso me da lo mismo para saber lo que pienso al respeto. Me da vergüenza (y un poco de asco) que mi equipo no salga siempre a ganar desde el primer minuto. Especialmente en su propio campo.

Este Atleti no me ilusiona y me aburre. Es pronto, se han conseguido cosas, la defensa está muy bien, bla, bla,... lo que quieras. No me gusta el camino por el que se va. No me gusta. No me gusta esta pizarra tóxica y cobarde. No me gusta pensar que mi única forma de vivir es que mi enemigo tenga un fallo.