Gris (At. Madrid 0 - Ath. Bilbao 2)




Decía Montesquieu que la descomposición de todo gobierno comienza con la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado. Hace ahora 100 años el Atlético de Madrid, gracias a un error de un directivo del club matriz en Bilbao que a última hora decidió comprar dos equipaciones de fútbol en Southampton para los dos Athletics, se enfundaba para siempre la elástica rojiblanca que ha paseado con gloria y dignidad por los campos del mundo. Se empezaba a forjar entonces una leyenda nacida algunos años antes pero culminada bastantes años después con el nombre de Atlético de Madrid que era una idea, un concepto y un sentimiento. Un ente construido sobre unos principios simples pero evidentes que fueron el engrudo con el que aglutinar a personas y corazones durante décadas. Orgullo, valentía y dignidad. El maldito club en el que un fatídico día se ha constituido lo que antes conocíamos como Atlético de Madrid hace un par de décadas que empezó a renegar de esos principios. Al principio con más timidez que certeza hasta que un tal Miguel Angel Gil Marín, todavía con su carismático padre en vida, decidió hacerse con los mandos absolutos de la institución. Entonces se perdió cualquier atisbo de timidez y el club renegó definitivamente y hasta sacando pecho de sus históricos principios fundacionales para pasar a ser otra cosa. Entonces comenzó la decadencia del Atlético de Madrid, decadencia que está viviendo su momento más álgido (y quien sabe si definitivo) en estos días.

El partido de hoy contra el Athletic de Bilbao se puede definir con el color que ha bañado el encuentro desde el principio hasta el final: el gris. Un gris plomizo que caía desde el cielo en el Vicente Calderón y que como polvo mágico se metía por los intersticios de todos los atléticos y no atléticos que estábamos en el campo. Gris en el campo, gris en el cielo y gris en la grada que dormida y drogada es incapaz de sangrar aunque la pinchen.

Es difícil saber que esperar ante partidos así pero uno nunca piensa que lo que va a recibir sea tan poco. Al Atleti, el nuestro, salió al campo con esa especie de 4-3-3 que ahora se ha inventado Quique. El esquema en si no tiene porque ser una mala idea pero el problema llega primero cuando el discurso futbolístico es el mismo (ya saben, ninguno que tenga que ver con el fútbol), cuando la capacidad de creación en la plantilla es la de siempre (ya saben, ninguna) y el criterio del entrenador para colocar a sus jugadores es el de siempre (ya saben, ninguno). La razón de que Elías, por ejemplo, esté en el campo personalmente creo que hay que buscarla en el orgullo egoísta de Quique de querer demostrar al mundo lo inútil que es Pitarch en general pero particularmente a la hora de ser director deportivo. Otra razón no me entra en la cabeza. Tampoco entiendo los castigos de Domínguez, ni las ausencias de Juanfran, ni... pero en fin, no vamos ahora a cambiar las cosas. Lógicamente el primer cuarto de hora fue de pájara madrileña con un Bilbao que a pesar de lo rupestre de su entrenador en el Calderón parecía el Barça, tocando y llegando. Poco a poco los madrileños se fueron quitando la presión y llegando al área contraria más por arreones y arranques de furia individuales que por fútbol hasta el punto que pasada la media hora el partido estaba igualado y no hubiese sido descabellado pensar que los madrileños se adelantaran.

Pero entonces apareció el inútil del árbitro para sumarse a la fiesta del despropósito. Una jugada que es más falta de ataque de Llorente que otra cosa (para mí no es nada de nada) acaba con penalty y expulsión de Perea. Lamentable castigo del trencilla a un Atleti en permanente equilibrio inestable y que necesita muy poco para venirse abajo. Pero no lo hizo. El lanzamiento es tirado fuera por Llorente y esto espolea a un equipo y su afición hasta un grado inédito hasta entonces. En uno de esos arranques de furia Forlán se queda sólo frente al portero (con Agüero solo a la derecha) pero decide marrar la ocasión. Forlán salió pitado del estadio pero a pesar de lo que los negligentes periodistas puedan pensar y decir no se le pita por fallar goles como este. Al Charrúa se le pita por engreído, por egoísta, por mal educado y sobre todo por despreciar cada vez que tiene ocasión al equipo que le paga.

El falló de Forlán puso fin a la chispa colchonera y dio comienzo al desastre. La mente preclara de Quique había hecho que la expulsión de Perea se compensara pasando a Ufjalusi al central y a Elías (agárrense los machos) al lateral derecho. El brasileño parece muy malo pero es cierto que en el entrenador tiene una “amigo” para que así lo parezca. Como buen falso lateral Elías no cierra su marca, no tira el fuera de juego y Toquero abre el marcador al filo del descanso.

Pocos esperaban una remontada del Atleti pero hay que reconocer que con Domínguez en el central y sin Elías en el campo el equipo se fue hacía arriba con más pundonor que fútbol pero fue imposible. Especialmente cuando en un desajuste provocado por el adelanto táctico de Luis Felipe, otra jugada desde la derecha bien trenzada por los bilbainos es de nuevo rematada con éxito por Toquero. Fin del partido. Principio de la charlotada en el campo (nada reseñable hasta el final) y el cabreo en la grada.

Pero MA Gil es un tipo con suerte y en el día en el que todos se debería volver en su contra, en el momento justo con dos goles por debajo y media hora por delante de juego sobre Madrid cae el diluvio universal lo que hace que la mitad de la grada se pire a su casa y la otra mitad no pueda despegar sus manos del paraguas. Para más inri un par de horas después el madrid pierde tres puntos con lo que las tertulias deportivas ya tienen carnaza para toda la semana.

El Atleti está sumido en una decadencia pronunciada y la infección es ya tan grande que solo extirpando algunos órganos se puede soñar con la salud. Es así y cuanto más tiempo tardemos en verlo peor calidad de vida tendremos en el futuro. Eso suponiendo que exista futuro.

Nota: No se ha escuchado un sólo cántico en contra de Quique o de Cerezo. Buena señal. Todos los que ha habido han sido contra Gil en algo que para mí sienta un esperanzador precedente. Es más, los cánticos han partido desde el fondo sur lo cual también es una gran notición porque uno es de los que piensan que cualquier lucha con el Frente Atlético de tu parte es siempre más fácil.

Esperando a Godot



No hay nada que hacer” dice Estragón al comienzo de la obra. “Empiezo a creerlo”- responde Vladimiro. “Durante mucho tiempo me he resistido a creerlo diciéndome, Vladimiro se razonable, todavía no lo has intentado todo, y reemprendía la lucha”….

Así comienza Esperando a Godot, uno de los textos más famosos de Samuel Becket que encumbra lo que muchos denominan el Teatro del absurdo. Publicada a mediados del siglo XX la obra consiste en dos actos tan cómicos como incomprensibles que repiten casi exactamente el mismo esquema y en los que una vez concluidos no se sabe ni quienes son Estragón o Vladimiro, ni que hacen ahí, ni tampoco el significado del resto de personajes ni por supuesto el valor y la importancia del tal Godot al que supuestamente esperan y que nunca aparecerá. Los críticos asimilaron con recelo la impactante obra con criterios dispares, tratando en su mayoría de elucubrar sobre sofisticadas interpretaciones que hablaban de la guerra, de Dios, de lucha de clases, del ser humano o de cosas incluso más retorcidas. Yo creo que la obra, sin saberlo Becket, estaba inspirada en el Atlético de Madrid contemporáneo, la mejor representación sin duda del teatro del absurdo fuera del teatro.

Un crítico francés critico la obra con la célebre frase: “nada pasa… dos veces”, frase que por ejemplo podría aplicarse perfectamente a prácticamente cualquier temporada de las últimas décadas o a cualquiera de los partidos con los que nuestro querido equipo nos tortura en el Vicente Calderón en los últimos tiempos. Pero ajenos a nimiedades como sentencias, desfalcos, contabilidades tridimensionales, etc… ni siquiera los kilos y kilos de aburrimiento y sinsabores que llevamos a la espalda parecen medrar en los sólidos cimientos de la afición atlética. Los aficionados al Atleti, fieles al absurdo, aquellos con los que comparto risas y opiniones y aquellos con los que no, llevamos sin darnos cuenta bastante más de dos actos esperando al tal Godot pero ni sabemos quién o qué es ni lo que es peor, por qué es tan importante.

Simplemente esperamos.

Algunos (no sé cuantos, la verdad) quieren creer que el tal Godot es un señor de cara avinagrada y asimétrica que ya está aquí dando vueltas a la M-30 y que recibe premios en países de larga tradición democrática por una gestión “intachable”. Un tipo que diseña y dirige exactamente el mismo acto teatral todos los años (seis años desde la muerte de su progenitor y otros tantos antes) con los mismos personajes (aunque distintos actores que hacen el mismo papel) que ni se sabe por qué están, ni por qué se van, ni qué hacen ni qué dejan de hacer y en el que al final se acaba siempre igual que al principio. Esta modalidad de Estragones y Vladimiros confían en que en el siguiente acto aparecerá un nuevo personaje que dará claridad a todo. Un nuevo entrenador, un nuevo Cléber Camacho, el enésimo Rosiky… y así año tras año el siguiente acto resulta siempre ser sospechosamente igual que el anterior.

Otro sector quiere creer que el tal Godot es un supuesto jeque multimillonario que va a venir con numerosos petrodólares para invertirlos en nuestro equipo y que por alguna razón dicho personaje no sólo traerá dinero sino también criterio y cordura. Lejos de utilizar nuestro equipo para beneficio propio o para especular o para jugar a ser entrenador o para vendérselo por piezas a las hienas, el tal Jeque será de marcado acento colchonero y entenderá enseguida la idiosincrasia atlética, esa tan “fácil” de entender. Entenderá nuestras cuitas y simplemente pondrá la pasta para que nosotros, esa masa homogénea, bien avenida y unida, la gestionemos correctamente en comuna. Esta suerte de Estragones y Vladimiros están convencida de que su Godot llegará algún día pero mientras se suceden los actos esperan sentados sacudiéndose el polvo.

Algunos hablan de un apuesto notable, el notable Godot, que vive oculto entre nosotros y al que esperan sentados al frescor de un árbol de cemento. Un misterioso ser que debería respirar el mismo hedor que todos respiramos pero nadie puede confirmarlo al nadie saber dónde se localiza su paradero. Esperando el momento oportuno para actuar se encuentra al parecer esa especie de Golem sin forma pero también al parecer ese momento no fue ni la sentencia judicial, ni el descenso a segunda división, ni las tropelías de fichajes sospechosos, ni las repetidas humillaciones dentro y fuera del campo. Esta suerte de Estragones y Vladimiros apelan a la llegada del salvador con las misma “vehemencia” que el resto de Estragones y Vladimiros. Ninguna.

Igual que los que esperan a que la prensa oficial, la prensa Godot, “haga algo”. La prensa, esa parte del entramado empresarial arte y parte del circo, la sección de marketing de un negocio redondo como es el del fútbol profesional que lejos de dar muestras de ser la salvación lo que dejan claro día tras días es ser el verdadero infierno del que es imposible escapar. Una muy nutrida colección de Vladimiros y Estragones tragan el alpiste, compran lo que pone dentro que hay que comprar y diseñan su vida en relación con las reglas y enseñanzas que regulan los líderes del EGM.

Algunos Vladimiros esperamos a Godot dentro del Calderón en silencio y pagando nuestra cuota que sabemos tiene como objetivo nutrir económicamente a “la causa” mientras otros Estragones esperan fuera, también en silencio, pero pagando también la misma cuota que directa o indirectamente a través del GolTV, el Canal + o cualquiera de las fuentes de financiación que tiene como objetivo último dotar de liquidez a la gran mentira.

El caso es esperar. Esperar a Godot. Quienquiera que sea.

Al final de la obra, en uno de los momentos más geniales y recordados, Vladimiro pregunta a Estragón: “¿qué, nos vamos?”.

Sí, vámonos”.- Responde Estragón.

Por supuesto ninguno se mueve.


PD. ¿Seremos capaces de cambiar el final del cuento “el 24”? No lo sé, pero quizás sea la última oportunidad de comprobarlo. Lo que tengo claro es que Godot no vendrá porque ya está aquí. Godot soy yo. Somos nosotros. Otra cosa es que sepamos verlo y asumirlo.

Que alguien acabe con esta agonía (Sporting 1 - At. Madrid 0)



“Cuidado con la tristeza. Es un vicio” (G. Flaubert)

¿Qué sentido tiene intentar hablar de fútbol cuando hace años que fútbol es precisamente lo que no vemos? ¿Qué sentido tiene hablar de táctica cuando es preferible pensar que la supuesta táctica es fruto de la casualidad y no fruto de algo germinado en un cerebro humano? ¿Qué sentido tiene hablar de jugadores cuando es difícil encontrar esa especie en extinción dentro del Club Atlético de Madrid Contemporáneo? ¿Qué sentido tiene hablar de la defensa cuando todo es defensa, desde las estupideces del peliculero que actúa de presidente, pasando por las soflamas budistas del iluminado que hace las veces de entrenador y pasando por la presencia de nuestro supuesto equipo sobre el campo? ¿Qué sentido tiene hablar del Atlético de Madrid cuando el Atlético de Madrid no existe?

La decadencia de esta institución es tan abismal, dañina e imparable que los kilos y kilos de tristeza que han acumulado en las espaldas de los estúpidos aficionados como yo parece que poco a poco se irán difuminando hasta desaparecer, con la misma velocidad con la que desaparece la historia y el legado de una imagen histórica. Sinceramente, si lo que queda del Atlético de Madrid tiene que morir que lo haga ya, cuanto antes. Que intenten hacernos esta inútil agonía lo más llevadera posible. Que tengan una última deferencia con nosotros. Esa que no han tenido en las últimas dos décadas. Que nos den un sedante y tengan lo que tengan que hacer cuanto antes.

Insisto, hablar de fútbol con este equipo de por medio es absurdo. No voy a hacerlo. Hablar del partido, del resultado, del Raúl García,... tengo docenas y docenas de post que ya dicen lo que tendría que volver a decir hoy aquí. Busquen las etiquetas del blog aquellas más significativas como antifutbol, Raúl García. Quique, Abel, Aguirre,... y preparen la crónica a su gusto. Yo ya paso.

Simplemente algunos apuntes que si me gustaría dejar por escrito:

Al comienzo de la temporada pasada dije que el equipo era malo y descompensado. Al comienzo de este dije otra vez lo mismo. No me equivoque y me gustaría aclarar a algún que otro “listo” que mi discurso ha sido el mismo antes y después de los títulos. Ganando y perdiendo. Soy tan estúpido que me dejo llevar por la realidad que ven mis ojos y no por los cantos de sirena de estúpidos voceros o los reflejos mentirosos de un título que visto lo visto nos va a salir muy caro.

Quique, al que no se lo que le quedará como entrenador de este equipo, no es el culplable de esta situación. El culpable de esta situación es MA Gil Marín y los mamporreros que han construido/consentido una plantilla penosa, desequilibrada y cuya lógica sólo responde al valor de las comisiones de los jugadores que se han movido. Eso si, tampoco es inocente. En esa ecuación Quique es simplemente parte del equipo criminal. La misma valentía que tiene para sacar una alineación distinta cada domingo o para humillar canteranos me gustaría que saliese a relucir en contra de los que han hecho esta broma pesada de plantilla pero no sale ni saldrá. Quique no ha dicho ni mu al respecto lo que por un lado deja muy claro la valentía del personaje y por el otro deja muy claro cual es su posición dentro del club.

Pero aparte de todo lo anterior Quique es muy pero que muy malo. Incapaz de hacer jugar este equipo un solo partido su forma de entender el fútbol es cobarde, mediocre y básica. Incapaz de sacar nada de unos jugadores que algo deben tener ha sumido deportivamente al equipo en una filosofía que rezuma podredumbre, mediocridad y sumisión. Quique es el mismo entrenador malo, torpe, reservón y engreido que hemos tenido en ese banquillo desde el fatídico día en que el humano tóxico de Miguel Angel Gil Marín se puso a los mandos de este club para llevarlo al fango. Quique no es el problema ni el culpable y sinceramente me da absolutamente igual si lo echan o se queda porque seguirá todo igual. Eso si, Quique es tan malo como los otros.

De Raúl García he dicho todo lo que tenía que decir. No merece perder el tiempo más. Seguramente sea un tipo encantador y seguramente sea capaz de encontrar su sitio en un equipo menos exigente pero aquí hace años que sobra y el hecho de que año tras año parezca que tenga que ser titular es simplemente indicativo de dos cosas: la primera es el nivel tan absolutamente lamentable y bajo de nuestro centro del campo y la segunda el poder tan absolutamente brutal que tiene la agencia de representación del señor García y su valedor en la prensa rosa.

La semana pasada, hablando sobre el supuesto reto de quedar cuartos para jugar la champions, le decía a un amigo que mi único reto es no sufrir por bajar a segunda. Hoy sigo pensando igual aunque, como decía antes, me surge la duda de si no será mejor que todo se marche a la mierda cuanto antes definitivamente.

Automatismos (At. Madrid 0 - R. Madrid 1)



“Frío e Insípido el consuelo cuando no va envuelto en algún remedio” (Platón)

Dicen que el éxito en el deporte y en la vida muchas veces es cuestión de automatismos. De asimilar de forma natural ciertas formas de actuación que te hacen no tener que pararte a reflexionar en el momento en el que son necesarias. Ya saben, como cambiar las marchas de un coche de forma inconsciente o cerrar los ojos cuando se desata una polvareda. En los deportes de equipo en general, y en el fútbol en particular, los automatismos son especialmente importantes porque tienen la responsabilidad de conformar en cierta forma el espíritu y la personalidad del equipo, de ese ente que está por encima de los miembros que lo componen. El Atlético de Madrid Contemporáneo (y creo que a partir de ahora utilizaré ese nuevo apellido para distinguirlo de una institución con la que no tiene nada que ver) tiene también automatismos como todo hijo de vecino. El problema es cuales son estos automatismos. No es lo mismo el mecanismo de soltar el codo cuando intuyes que te van a agredir a el mecanismo de relajar inconscientemente y placenteramente el cuerpo cuando notas que te están sodomizando en contra de tu voluntad.

Si un equipo está acostumbrado a salir al campo a ver qué es lo que pasa es muy difícil que de la noche a la mañana salga a ganar y parezca algo natural. Si un equipo está acostumbrado a renegar del balón es difícil que no sepa qué hacer con él cuando un día tiene que tenerlo. Si un equipo tiene automatizado el mecanismo de defender debajo de su portería es muy difícil que de repente salgan de allí a pesar de que necesiten meter tres goles. Si un equipo tiene automatizado que su forma de enfrentarse al rival es darle el balón al Kun Agüero o a Reyes de cualquier forma para que ellos se busquen la vida es complicado que sepan el qué hacer cuando el Kun o Reyes no están en el campo. Si un equipo está acostumbrado a que las derrotas sean cómodas es difícil que el hecho de volver a perder les suponga el más mínimo problema. Si un equipo está acostumbrado a recibir las derrotas más humillantes con el cariño cómplice de su afición es complicado que la siguiente, sea humillante o no, les duela lo más mínimo. Si un equipo está acostumbrado a colocar jugadores mediocres y carísimos cada seis meses sin que a nadie le sorprenda es difícil que alguien se sorprenda cuando viene el de todos los años. Si un equipo está acostumbrado a no tener referencias institucionales ni dentro ni fuera del campo es normal que luego no exista nadie, ni dentro ni fuera del campo, que se sienta herido en el orgullo colchonero. Si la “gran” afición de un equipo tiene automatizado que su ÚNICA labor para con el club es la de animar, se haga bien o mal con razón o sin ella, es francamente difícil que nadie se plantee dejar de cantar canciones infantiles y tratar de abrir los ojos. Personalmente el partido de ayer, el enésimo derby que perdemos, marca un antes y un después en mi relación con el Atlético de Madrid. Perdón, con el Atlético de Madrid Contemporáneo.

El análisis del partido en lo deportivo es casi incluso más triste que el sociológico pero no deja de ser inútil y se resumen en una sólo frase: el Real Madrid hizo exactamente lo que quiso. El Atlético de Madrid Contemporáneo es una broma construida sobre un error. Una broma que lejos de hacer gracia da pena. Mucha pena. Saltó al campo con brío y ganas pero insisto, es difícil cambiar todo de la noche a la mañana. Es inútil, y en cierto modo estúpido, tener que esperar a ir dos goles por debajo en la eliminatoria para plantearte ganar el partido. Y claro está, brío y ganas no son suficientes cuando enfrente tienes un equipo muy físico y muy bien entrenado y en tus filas falta tu principal referencia. El equipo dio buena sensación al principio pero lo cierto es que apenas llegó a inquietar la portería de Casillas. Solamente un error de este ante la presión de Reyes hizo que el Atleti dispusiese de una clara oportunidad que se desaprovecha.

El árbitro no tuvo una actuación determinante pero por supuesto cualquier duda siempre es a favor de los blancos. Las repetidas tarascadas de la defensa merengue a Reyes (tenían bien aprendida la lección de quién y quién no les podía hacer daño) dieron sus frutos y lesionaron al de Utrera mediada la primera parte. A partir de ahí se acabó el partido para los colchoneros. El Madrid empezó a tener el balón y a encerrar a un Atleti que se siente cómodo encerrándose y achicando agua. Aun teniendo que levantar dos goles. Como además los automatismos del equipo son los que son, cuando el Madrid no podía meter mano a nuestro muro de contención y reculaba nuestra defensa no salía y se quedaba colgada del larguero (¿miedo? ¿Instrucciones del banquillo?) con lo cual la nueva embestida de los merengues era más fácil. En ese ambiente llegó el gol de Cristiano Ronaldo, un jugador muy rápido, muy generoso en el esfuerzo, muy físico y que no puede ser más tonto.

El gol del Madrid puso virtualmente el fin del partido. El resto del tiempo deberá quedar enmarcado en el nivel de la anécdota. Los blancos levantaron el pie del acelerador, taparon tácticamente cualquier tímido intento de los colchoneros de hacer algo y se dedicaron a dejar pasar el tiempo sin sufrir nada. Los del Atleti bajaron los brazos, volvieron perfil de actitud taciturna y escasez de magia con la que conviven y se dedicaron a corretear con el balón en una desesperada batalla por evitar el ridículo. Quique haciendo de Quique. Mourinho haciendo de Mourinho. La grada cantando Pipi Calzaslargas. Un retrato costumbrista y real de lo que es el Atlético de Madrid Contemporáneo.

El primer tiro a puerta del Atleti llego en la segunda parte, la primera patada a destiempo por aquello del herido orgullo la hizo Juanfran, un jugador que como alguien decía en la grada todavía le queda algo de Camachismo pero que se le irá “curando” en este equipo poco a poco. El primer y único calentón lo tuvo Diego Costa, un jugador tan torpón y fallón como entregado a la causa. Juanfran y Diego Costa, dos pilares de gran tradición colchonera fueron las únicas notas de colchonerismo herido. Significativo.

No hay nada que hacer. Las opciones son intentar hacerse aficionado al Atlético de Madrid Contemporáneo, un equipo de mitad de tabla, simpático, sencillo, fácil, cutre, fiel al Gran Hermano, aburrido y previsible o dejar definitivamente de sufrir.

No hay más.

Sumisión, experimentos y bromas (At. Madrid 3 - Mallorca 0)




Andaba uno ligeramente espeso y taciturno paseando por el paseo de las Yeserías camino del Vicente Calderón sin saber muy bien que esperar o lo que es peor, que deseaba encontrar dentro del templo colchonero. Derrotado y aburrido por la caída empicada de mi equipo en lo deportivo, en lo social y en lo moral albergaba tímidamente la esperanza de una reacción del subconsciente rojiblanco como tantas y tantas veces ha ocurrido en ese mismo cemento años atrás. No ocurrió. No ocurrió ni de refilón. La grada presentaba un aspecto pobre, triste y desangelado que rimaba perfectamente con una noche fría e igualmente desangelada pero en cuanto los 22 jugadores saltaron al césped y en cuanto empezó a rodar el balón el mítico fondo sur empezó a cantar gritos de ánimo como si la vida les fuese en ello. Más ordenados, coordinados e intensos que nunca la grada no paró de animar un solo instante prácticamente hasta el final del partido. Esos fueron los únicos cánticos que se escucharon. ¿Súbita conciencia de colchonerismo? ¿Interiorización aguda del sentir del aficionado? ¿Consigna de algún ente superior? Sinceramente no lo sé. De hecho me da igual. Como dijo alguien desde la grada “el frente hace su papel. Lo mismo los que tiene que empezar a levantar su culo del asiento son todos los demás”.

En lo deportivo el partido comenzó con el estupor causado por la alineación de Quique. ¿Era un castigo a los malos del Derby: Dominguez, Filipe Luis, Perea, Raúl García, Juanfran,… o simplemente era un ejercicio necesario de rotación en una plantilla exhausta de disputar al máximo nivel las tres competiciones que “disputa”? Sólo una mente iluminada que va más allá del resto de la humanidad es capaz de saberlo. Cuando parece imposible que exista una alineación inédita y sin utilizar en lo que va de temporada aparece el talento del señor Flores para sacarnos de nuestro error. Pero si la alineación era difícil de digerir tardamos todavía más en entender la disposición en el campo. Los jugadores también y de hecho en los primeros minutos el Mallorca estuvo a punto de aguar la noche de felicidad con varias llegadas sucesivas frente a un equipo que no sabía cómo colocarse pero pasados esos minutos de caraja el asunto parecía despejarse. Debe ser esa gripe que acecha el espacio madrileño o el frío o la crisis galopante pero contra todo pronóstico lo que aparecía ante nuestros ojos era una especie de 4-3-3 con tres centrocampista abiertos y dinámicos (Asunçao, Tiago y un tal Elias) y tres delanteros modernos de esos que no ocupan una posición concreta sino que se complementan según las vicisitudes del juego: Forlán, Reyes y Fran Merida. De hecho en muchas ocasiones la separación entre centrocampista y delantero no estaba tan clara. El experimento, desde mi modesto entender, salió estupendamente. El partido se controlo completamente, se dominó el balón y el juego, el equipo parecía mucho más fluido y haciendo cosas de futbolista aparecían jugadores como Fran Merida que algunos empezábamos a dudar que mereciesen la categoría de jugador profesional. El primer gol llegó con un atípico y poco ortodoxo remate de cabeza de Valera y el segundo con un excelente pase de Fran Merida a la espalda de la defensa que remata con profesionalidad Forlán y colocó el 2-0 con el que se llegó al descanso. Sin tirar cohetes ni lanzar las campanas al vuelo las sensaciones fueron buenas y como mucha gente reclamaba (reconozco que yo no era uno de ellos) parece que es un sistema que se adapta mejor a los jugadores que tenemos.

Pero claro, Quique es mucho más listo que todos nosotros y él ve cosas que nosotros no podemos ver. Por eso nada más comenzar la segunda parte quito a Elías del campo para colocar a Juanma y volver a la rutina de siempre que marca el 4-4-2 con doble pivote y dos tipos a la banda. No por Juanma sino por la reordenación de los jugadores en el campo. De esa manera volvíamos a la tristeza, a la espesura, al sopor, a perder el control del partido y a que los mismos jugadores que antes aparecían ahora desapareciesen entre la vulgaridad.

Volveremos en un momento a la segunda parte pero antes me voy a quedar en la figura del tal Elías que ayer debutaba con la elástica colchonera. Romo, torpe, perdido, mal colocado, con aspecto frágil y absolutamente inútil en el campo. El brasileño, que fue sustituido en le descanso para alivio de todos, completo uno de los peores debuts que recuerdo con la camiseta del Atlético de Madrid y teniendo en cuenta que esa misma camiseta la ha vestido: Sosa, Richard Nuñez, Wiki, Magüi, Javi Moreno, Novo,… es decir bastante. Es el primer partido y hay que tener paciencia pero desde ya me parece carísimo y como decía también alguien en la grada, daba grima verlo con el 9 a la espalda.

La segunda parte fue exactamente la versión actual del Atlético de Madrid. Malo malísimo. Si gracia, sin fútbol, sin juego, sin balón,… sin nada. Gracias a que enfrente aparecía un Mallorca perezoso e inofensivo que se movía a la misma velocidad que los zombies de The Walking Dead la cosa no pasó a mayores. No obstante el bueno de De Gea tuvo que emplearse como acostumbra en más de una ocasión demostrando, una vez más, que esos agoreros que lo quieren enterrar tienen tanto tino como sentido del ridículo. El partido transcurrió así hasta el final pero podía no haber sido tan plácido si la jaimitada de todos los partidos hubiese acabado de otra forma. En una salida en línea de la defensa colchonera Antonio López decide quedarse en el área jugando a la lucha greco-romana. Penalty. Penalty que lanza Webbo y que De Gea, otra vez, decide parar. Esta fue la puntilla para un Mallorca timorato e inofensivo que ni con uno más fue capaz de inquietar a su rival. Uno la lectura que saca de todo esto es el paupérrimo nivel de la liga española. El Mallorca estaba inmediatamente detrás de nosotros en la clasificación.

Antes de terminar, eso si, Quique decidió obsequiarnos con otras dos sabias decisiones de entrenador. Primero dejando al equipo sin delanteros en el campo durante muchos minutos por alguna razón que supongo ira de la mano del concepto de valentía del entrenador. Después dejando a un extenuado Reyes en el campo teniendo el jueves la vuelta de la copa y sin Agüero. Eso si, el de utrera consiguió desquitarse de su mala suerte de cara al gol y en las postrimerías del partido culminó una buena jugada de los madrileños subiendo el 3 al marcador y redondeando la noche.

Sumisos en la protesta (veremos que ocurre el jueves pero no soy de los que protestan a los jugadores ni en función de los resultados), con experimentos que cuando salen bien se desechan para volver a la mierda de siempre y soportando bromas pesadas en forma de supuesto jugador sudamericano que cuestan millones de euros probablemente todos ellos de comisión. Eso es el Atleti de nuestros días.

Mañana no (R. Madrid 3 - At. Madrid 1)




Yo soy seguidor del Atlético de Madrid, un equipo centenario que durante prácticamente toda su historia fue temido y sobre todo respetado en los campos que pisaba. Un equipo con una personalidad e idiosincrasia especial que aglutinaba una afición orgullosa y distinta con unos valores muy definidos respecto a la valentía, la entrega, la personalidad y repito, el orgullo. Esto que ha salido esta noche al Santigo Bernabéu no es el Atlético de Madrid. Es una mamarrachada, una broma, un insulto zafio y sobre todo una humillante y vomitiva vergüenza. El Atlético no es el mejor equipo del mundo, ni el que tiene más dinero, ni el que tiene mejores jugadores. Nunca lo ha sido. Ha tenido mejores y peores épocas con triunfos y fracasos pero lo que Atlético de Madrid nunca ha sido es una banda de cobardes. Lo que el Atlético de Madrid nunca ha sido es una banda de apocados y acobardados figurines con la clara instrucción de achicar agua, juntarse en su portería y cerrar los ojos cuando dispara el contrario esperando un milagro. El Atlético de Madrid nunca ha agachado la mirada cuando el rival miraba de frente y nunca se ha escondido cuando venían a golpearlo. Al Atlético de Madrid no se le puede exigir que gane la liga si no se dan otras circunstancias para ello ni es descabellado pensar que salga derrotado 3-1 del campo del vecino poderoso con todo a favor pero al Atlético de Madrid no es que se le pueda exigir sino que se le debe exigir que sea capaz de saltar a cualquier campo del mundo, incluido el Bernabéu, mirándole a la cara al contrario y jugar contra cualquiera de tú a tú. Es que si no es así nada de esto merece la pena. Esto no es el Atlético de Madrid. Es la peor versión del equipo más miserable que jamás he visto sobre un terreno de juego. Esto no es el Atlético de Madrid. Es una puta mierda.

Y ahora alguien me vendrá con el poste, y el árbitro, y la mala suerte, y el leñero de Sergio Ramos, y las tarjetas perdonadas y los fallos defensivos,… y tendrá razón (aunque todo es discutible) pero el resultado lejos de ser injusto es corto para los méritos de uno y otro. Seamos serios. Especialmente cuando sobre el campo se enfrenta un equipo que quiere jugar y otro que no. Un equipo que quiere tener la pelota y otro que no. Un equipo que quiere ganar y otro no.

Me aburre hacer una crónica de un partido de fútbol que no ha sido un partido de fútbol. Lo que hemos visto esta noche ha sido un monólogo apabullante, humillante y lamentable del Real Madrid y como bien saben precisamente el Real Madrid no es una cosa de la que me entusiasme mucho hablar. Pero es que del Atleti se puede decir poco y lo poco que se puede decir es para echarse a llorar.

Salimos como siempre, a especular, pero algo más entonados que otras veces. Obviando la inutilidad del inútil de Raúl García el equipo achicaba con profesionalidad hasta que un balonazo con marcado acento colchonero acaba en los pies del Kun (en fuera de juego aunque no tan claro como el impresentable del Canal + ladraba), el argentino hace el invento de todas las noches, Casillas le hace penalty pero el rechace acaba en los pies de Forlán que marca. Eso es prácticamente todo lo positivo que se puede decir de los colchoneros. A partir de ahí el humillante, lamentable y repito, bochornoso monologo blanco jugando en la frontal de nuestra área para lucimiento del pobre De Gea. Los dos mediocentros eran dos centrales más (muy malos, por cierto), Reyes era el segundo lateral izquierdo y Juanfran el segundo lateral derecho mientras en Kun Agüero hacía de pivote defensivo. Cuando el Atleti la robaba (pocas veces porque además nadie presionaba ya que la consigna era esperar) la opciones eran lanzar un balonazo a la nada (lo más habitual) o conducir el balón en solitario 120m. Genial planteamiento de ese niño mimado de la prensa llamado Quique Sánchez Flores.

Claro está (y es que ha ocurrido igual un millón de veces), tardo poco el Madrid en empatar con un remate de Sergio Ramos de cabeza pero menos podía haber tardado porque no dejaron de llegar en toda la noche. Así siguió todo el partido (con descanso de por medio) hasta que la única jugada trenzada del Atleti en todo el partido (que parte, por supuesto, de un pase diagonal de Reyes de 100m que baja el kun con maestría para errar el remate y cuyo rechace manda Forlán al poste) es el prologo para el segundo del Madrid (precedido de una falta clamorosa de los blancos que se come el árbitro, bien es cierto). Agotados los merengues parecía que el 2-1 sería definitivo (resultado que para Quique y su mentalidad “ganadora” era digno de orgasmo) pero con el Atleti, y más si sacas a Fran Merida y a Valera al campo, nada es imposible y la jugada tonta de la noche deja el tercero al Madrid de forma gratuita. Mal despeje de Filipe Luis que rebota en Domínguez y el balón cae a los pies de Ozil. El valiente de Quique y sus mamporreros de la prensa echarán la culpa del resultado a la “falta de mentalidad” de la defensa o directamente a Domínguez o Filipe Luis pero hace falta tener caradura para ello. Si te pasas 80 minutos del partido "jugando" en tu propia área, con el balón siempre por allí y con veinte jugadores alrededor lo verdaderamente raro es que no hubiese habido un error antes. Si te pasas 80 minutos del partido achicando balones en tu área lo que tienes que hacer como entrenador es primero pedir perdón y después presentar la dimisión irrevocable.

Insisto, esta bazofia (de concepto más que de representación) no es el Atlético de Madrid y como tal deseo que en la vuelta los destrocen y así demuestren al mundo, pero sobre todo a los responsables de la idea futbolística de este supuesto Atlético de Madrid, que una opción tan ruin, chabacana, repugnante y mediocre no sólo es incompatible con conseguir algo que merezca la pena (es evidente) sino que no merece ni el más mínimo de los respetos. Para hacer el ridículo y seguir haciendo el ridículo es mejor no avanzar en la competición y que nos hubiesen eliminado antes. No quiero ver más partidos del Atleti en los que no juega el Atleti.

Durante toda mi vida el día después de los partidos he presumido de colchonero. Siempre. Ganando y perdiendo. En las alegrías y en las penas. Con derrotas poderosas y victorias gloriosas. Siempre. Mañana no. Me da vergüenza amar el mismo escudo que esta gente llevaba está noche en el pecho (y conste que para mí ninguno de ellos es responsable). Me da vergüenza que se adueñe de mi equipo algo tan ruin. Me da vergüenza que eso, lo que ha hecho mi equipo esta noche (que es lo que lleva haciendo desde hace demasiado tiempo, aunque hay ocasiones que duelen especialmente) esté asociado con el nombre del Atlético de Madrid. Vergüenza y asco.

Leyendas colchoneras (2ª Parte)




La leyenda del Jeque.

Por alguna razón se extiende como la pólvora desde hace tiempo esa leyenda del jeque multimillonario que va a venir con numerosos petrodólares ganados en mercados de dudosa reputación para “invertirlos” en nuestro equipo. Por alguna razón entendemos que tal personaje no sólo traerá dinero sino criterio y cordura.

Es decir, no utilizará nuestro equipo para escrupuloso beneficio propio o para especular o para jugar a ser entrenador o para atomizarlo y venderlo por piezas,… no, eso no, el Jeque será de marcado acento colchonero y entenderá la idiosincrasia atlética, esa tan fácil de entender que ni entre nosotros nos ponemos de acuerdo. Entenderá nuestras cuitas o simplemente pondrá la pasta a fondo perdido para que nosotros, en plural mayestático, la gestionemos correctamente y como marca la historia. ¿Quién me asegura a mí que no aparecerá un Piterman o los americanos del Liverpool? ¿Qué haría Pitarch o MA Gil con el dinero de un jeque árabe? Ojo con lo que se desea porque como decían los Rolling Stones a veces se puede hacer realidad. El Jeque no tiene pinta de venir pero si viene lo mismo tenemos que atenernos a las consecuencias.

La leyenda de que todo lo que ocurre en el césped es irrelevante.

Prohibido hablar de fútbol en el Atleti. Cuántas veces me han echado en cara que con lo que tenemos al frente del equipo, con los ladrones que nos gobiernan y con las tropelías que se cometen a diario, uno tenga la desfachatez de hablar de fútbol, de sistemas de juego, de jugadores y de entrenadores. Entiendo el fondo pero no lo comparto. Si olvidamos que estamos hablando de fútbol (una cosa que pasa en el césped en torno a un balón) me temo que estamos perdidos. Estamos confundiendo el contenido por el continente. Estamos olvidando que la inmensa mayoría que es aficionada al Atlético de Madrid (yo incluido) lo que quiere fundamentalmente es ver partidos de fútbol en los que a ser posible su equipo gane. A pesar de que todo está en algún punto relacionado toda mente humana que sobrepasa el umbral de la inteligencia es capaz de distinguir lo que es un balón de lo que es un contrato. Lo que es una tropelía contable de lo que es un fuera de juego. Lo que es un delito fiscal de lo que es un pase mal dado. ¿Por qué no se pueden distinguir las cosas? Me parece bien responsabilizar a la cúpula dirigente de un proyecto deportivo inexistente y una gestión de fichajes bochornosa pero el que trae a Eller o Cléber Santana es Garcia Pitarch y el que sale a empatar en Tesalónica es Quique Sánches Flores y el que dice que esto “no es un grande” es Forlán. ¿Por qué no se va a poder debatir sobre el sistema de juego del equipo o si es mejor jugar con 4-3-3 o 4-4-2? El día que deje de importarme lo último será el día en el que definitivamente me olvide del Atlético de Madrid.

La leyenda de que la solución es no renovar el abono.

Me temo que desgraciadamente no es tan fácil. La loable y respetable decisión de no renovar el abono para no dar dinero a la dualidad gilista me temo que tiene tanto efecto como mis artículos de internet. Ninguno. Hubo un tiempo en el que el motor de la máquina del fútbol estaba radicado en la masa de gente que acudía a los estadios. Ése era el consumidor tipo. Socios que tenían voz y voto en las decisiones de la institución y cuyo plebiscito dominical era de vital importancia. Entonces un plantón de la afición que pagaba tenía consecuencias dramáticas. Pero entonces llegaron las televisiones con su dinero y todo se fue a la mierda. Hoy el principal consumidor de fútbol no es el ingenuo como yo que se muere de frío en el estadio a las diez de la noche en un gélido miércoles de invierno junto a otro nutrido puñado de ingenuos. No, hoy el consumidor tipo, el motor del circo, son los miles de personas que lo ven cómodamente en sus casas (o bares) con una cerveza y ataviados con su camiseta de Cristiano Ronaldo. En Madrid o en Al-Khobar. Los aficionados que van al campo somos algo así como el Atrezzo de la obra de teatro, algo que da colorido y calor al supuesto espectáculo pero que en ningún momento es determinante (¿Cuántos partidos se han puesto a una hora criminal gracias a las televisiones aun a sabiendas que ello repercutiría en el aforo?). Tampoco pueden permitirse el lujo de que sean un elemento hostil o incómodo. De hecho ya no lo es. La dirección pone alfombra roja a todo aquel nostálgico revenido que va al campo a protestar. ¿Cuánto descontento con la actual marcha del equipo pretende hoy hacerse abonado del Atleti? No creo que muchos pero sin embargo el número de abonados está a tope y todavía queda una lista de espera para felices nuevos atléticos deseosos de venir para “animar hasta reventar” que es lo que “hay que hacer”. Desde hace cinco años tengo una lista creciente de desencantados que han abandonado la grada pero sigo sin ver calvas significativas en el cemento. Si todos los lectores de este artículo se dieran de baja (es mi opinión y puedo estar equivocado) me temo que en el club ni se enterarían y si lo hicieran lejos de lamentarse estarían agradecidos a la divinidad por ello.

La leyenda de que la solución está en que la prensa decida denunciar la situación.

O dicho de otra forma cuando la prensa no esté compuesta por forofos vikingos que van en contra del Atleti. Me temo que no. Es mucho más triste que todo eso. La prensa es parte del entramado empresarial, son arte y parte de la pantomima y por ello se dedican básicamente a adoran al santo por la peana. Son la sección de marketing de un negocio redondo, el del fútbol profesional. En un mundo donde existiesen periodistas y periodismo Florentino Pérez estaría acojonado de la prensa pero en este circo ocurre todo lo contrario, son los supuestos periodistas los que se acojonan de que el tal Florentino dé una tos. No es que el periodismo esté en contra del Atleti, es que directamente lo desprecia. No entra en los esquemas del nuevo mundo. El Atleti es un elemento incómodo en su lucha empresarial por hacer mucho dinero rápido a costa de marketing empresarial disfrazado de afición al fútbol. El problema que tienen con el Atleti es que está muy próximo al epicentro mediático y que encima y “desgraciadamente” todavía somos demasiados.

Por eso lo mejor es oscurecer su presencia todo lo posible, adaptarla a la “cruel realidad” que dicta las nuevas reglas del fútbol y tratar de convencer a los pocos ingenuos colchoneros que van quedando de que acepten lo que se les ofrece y estén contentos siendo comparsa. Como todos los demás. La prensa nunca puede ser la solución porque son parte del problema. Es como pretender que el presidente de McDonalds denuncié los perjuicios del consumo de comida rápida y solucione la obesidad norteamericana. Podrá ganar tiempo, engañarnos con esquivas palabras esdrújulas y falsas promesas de redención pero jamás ocurrirá. Sería como tirar piedras contra su propio tejado. La prensa se ha transformado en propaganda y si algún valiente trabajador dice algo que pueda interpretarse como contrario a los intereses de la multinacional o del negocio se le aparta, se le echa o se le hace jefe de la sección de Snooker del periódico.

Una cuestión de fondo (Hércules 4 - At. Madrid 1)





Ayer el Real Madrid y el Villarreal se enfrentaban en un entretenido partido de fútbol (porque el fútbol puede ser entretenido aunque cueste creerlo como seguidor colchonero) poniendo sobre el campo dos formas de entender el fútbol. Los castellonenses queriendo el balón para tenerlo, tocarlo y tener la paciencia para elaborar la jugada. Los blancos queriendo también el balón pero para salir en velocidad con el, sumando efectivos sin especulaciones ni demasiado desarrollo horizontal. De distintas maneras los dos querían el balón, querían dominar, querían jugar al fútbol, eran valientes y querían ganar. El Atlético de Madrid de hoy, al igual que el de ayer y que el de casi siempre en los últimos diez años, no quería el balón, no quería dominar, no quería jugar al fútbol, era cobarde y su principal objetivo era no recibir gol. ¿Alguien nota la diferencia? Existen algunos iluminados que sin sonrojarse dicen todavía que salvo el Barça el resto de equipos de la liga española juegan igual. Evidentemente los árboles no dejan ver el bosque o lo que es lo mismo te puedes pasar la vida señalando con el dedo al sol que algunos iluminados seguirán mirándote siempre al dedo.

A los cinco minutos de partido ya se podía ver cual era la propuesta futbolística (y perdón por la expresión) del Atlético Especulación dirigido por Quique: 9 o diez jugadores detrás del balón, desprecio absoluto del balón y pelotazos verticales cada vez que por casualidad aparecía la pelota en los pies de algún jugador colchonero. La idea de ganar un partido de fútbol para este club consiste en defender desde el principio con uñas y dientes contra cualquiera (hoy el Hércules, un equipo de presupuesto infinitamente inferior) y esperar un fallo del rival o un ataque de talento de las pocas estrellas que van quedando (hoy Kun y Reyes). Nada de crear, nada de querer, nada de llevar la iniciativa. Un insulto al fútbol. El mismo insulto que llevamos una década soportando y que algún iluminado todavía justifica con ignorancia en un equivocado concepto del histórico contrataque colchonero. Enfrente un modesto equipo bien colocado, con ambición que quería tener el balón, llevarlo a campo contrario y que tenía claro que la mejor forma de ganar el partido es si tú lo provocas. Una bocanada de aire fresco en un mundo del fútbol podrido. Una forma preciosa de respetar este magnífico y precioso deporte. Hoy hubo justicia y el valiente pasó por encima al cobarde.

A los diez minutos, tras jugar constantemente en las inmediaciones del área madrileña, se produce una indecisión entre Filipe Luis y Domínguez que aprovecha Tote para meter la pierna y colar el balón por el lado que De Gea debería tener siempre protegido. Quique culpará a los defensas de la debacle colchonera (como siempre) pero hay que ser muy cazurro para seguirse tragando la trola de los fallos defensivos como justificación de la vergüenza futbolística que es este Atlético de Madrid. Si el Atleti normalmente es un equipo siempre a merced del contrario cuando está con un gol en contra, gracias a las directrices del banquillo que han diseñado este equipo, directamente es una broma. Incapaz de saber que hacer con el balón cuando no les queda más remedio que hacerlo parecen algo que bordea el ridículo. Pero es qe encima hoy tenía enfrente al Hercules, que no es el Barça pero que es un equipo que ha querido seguir con el balón por delante en el marcador y que ante la pájara atlética ha seguido jugando al fútbol con criterio hasta clavar el segundo con un golazo de Valdez desde la frontal del área. El mismo guión se ha repetido toda la primera parte: El Atleti corriendo detrás del balón o dándole pelotazos y el Hércules, relajando los riesgos, controlando el partido. Con ese caldo de cultivo llegaron el tercero (Thormet de cabeza enfrente de Godin) y el cuarto (Trezeguet desde la frontal de preciosa jugada). Humillante y merecido correctivo a un equipo no tiene ningún reparo en humillarse a si mismo domingo tras domingo con su humillante forma de saltar al campo.

En la segunda parte el equipo salió en tromba (ya sabemos que esto de la épica le encanta a los entrenadores del corte Quique Sánchez Flores) y gracias a un voluntarioso Agüero se tuvieron en seguida un par de ocasiones que Fran Merida manda a las nubes y el propio Kun al poste de falta directa. Poste que respondieron los alicantinos con otro tras claro contrataque. El partido se transformó enseguida en un correcalles provocado por la desazón colchonera que enfrentaba los intentos alocados y desesperados de sobre todo un Kun Agüero herido en el orgullo frente a los contrataques relajados de los alicantinos. La huida desesperada sólo sirvió para agotar al Kun y a Reyes (muy inteligente otra vez Quique vaciando sin sentido a sus dos únicas posibilidades de hacer algo el jueves) y para ver en las postrimerías del partido un gol de Reyes típico de pachanga veraniega.

Llevamos diez años jugando a defender, a despreciar el balón, al doble pivote de tarugos, a esperar el fallo y a jugar en función del contrario. Llevamos diez años también haciendo el ridículo. Que los resultadistas hagan sus cuentas. Ningún equipo de presupuesto parecido tiene una propuesta futbolística tan cobarde y humillante ni un proyecto deportivo tan sumamente patético. Así es difícil hasta soñar. No es cuestión de fichar mañana al entrenador del Hércules o al del Villarreal. Es una cuestión de concepto. Una cuestión de fondo.

Alea Jacta Est




Decía Pablo Picasso que el principal enemigo de la creatividad es el buen gusto pero en ese sentido el actual Atlético de Madrid puede dormir tranquilo porque carece por completo de las dos cosas: creatividad y buen gusto. En partidos como el de esta noche, en el que se ha empatado con el Español sin grandes apuros y se ha pasado a la siguiente ronda de la Copa del Rey para enfrentarse a los galácticos engreídos, uno no sabe si alegrarse o meter la cabeza debajo del suelo para que no te vean. No lo digo porque me de miedo el equipo de los ladrones de guante blanco, puesto que a diferencia de los jugadores y directivos de mi equipo a mí los blancos no me dan ningún miedo, sino porque es realmente penoso y triste ver como juega este Atlético de Madrid. Es tal la desazón y mal rollo que me deja el bochornoso juego colchonero que sinceramente me da por preguntarme si merece la pena seguir avanzando en competiciones y así seguir haciendo el ridículo.

Sé que muchos no me comprenderán, que dirán que soy un exagerado sin criterio, que me vendrán con la cantinela del resultado o el resultadismo, etc, etc, pero me da igual. La propuesta deportiva de este equipo es bochornosa, penosa y lamentable. humillante para atléticos de como yo que piensan que este equipo esa algo más que un vulgar equipo de fútbol que pretende no jugar a este deporte.

Independientemente de todo lo anterior lo cierto (y hay que reconocerlo) es que el Atleti ladrillo de Quique Sánchez Flores ha controlado (a su manera, claro) un partido que se preveía complicado, ha conseguido neutralizar a los periquitos hasta es punto de que apenas han dispuesto de ocasiones para desquilibrar el partido y no ha sufrido demasiado para pasar la ronda. Tan cierto con tristes los métodos empleados.

Y es que el equipo de Quique ya no tiene ni la vergüenza de disimular el desprecio absoluto que sienten por el balón, el fútbol y la creación. El señor Flores, dándole gracias a Dios por el gol de Simao en el Calderón que justificaba su planteamiento reservón y ultradefensivo, montó un equipo de dos líneas muy juntas y generosas en la recuperación que presionaban muy arriba obligando al contrario a jugar en su campo y a tener dificultades para sacar la pelota. Esta parte de la película no sólo es lícita sino que parece muy acertada e interesante el problema es lo que ocurre cuando se recupera el balón. Este dónde esté la idea es dar un pelotazo a las inmediaciones del Kun para que el argentino se busque la vida regateando a todo el mundo, haciendo paredes consigo mismo, dando el pase de la muerte y rematando el balón él mismo. Penoso. Ver a Raúl García en la banda (incluso sin que el navarro pase cerca del balón) duele pero duele mucho más los cientos de miles de los balonazos a diestro y siniestro en los que se basa el fútbol de Atleti.

Pero el Español no era capaz de pisar el área mientras que el Atleti si era capaz de que algún pelotazo de esos que cayese en zona legal y cerca de algún pie rojiblanco. Raúl garcía empaló al larguero una buena jugada desde la izquierda que por desgracia no acaba en gol. Minutos más tarde la presión brutal de los madrileños, muy buena en esta primera parte, hace que Raúl García de nuevo meta el pie con fuerza con lo que el rechace del balón, casi por casualidad, aterriza en los pies del Kun que encara la portería, remata con violencia y el balón se mete en la red tras dar en el larguero y dejándolo vibrando. Era el minuto 24 y la eliminatoria estaba sentenciada.

Desde ese momento hasta el final de la primera parte vinieron los mejores minutos de los colchoneros con un Español romo y sonado que era incapaz de hincar el dienta a la poblada y voluntariosa defensa atlética mientras que los madrileños le mandaban al Kun cada balón que recuperaban para que el ex de independiente se luciera. Lo del Kun es de otra galaxia. Un jugador que está en el ramillete de los elegidos. Si el Atleti no aumento el marcador en ese periodo fue por mala suerte.

La segunda parte, como viene siendo habitual, fue incluso más soporífera que la primera parte. Horrorosa, horrible, aburrida y lamentable. La presión arriba de los de Quique desapareció y todo empezó a ocurrir en la frontal del área colchonera pero sin mucho peligro y el poco que hubo lo solventó con maestría De Gea. Poco más que decir. El anecdótico empate de los de Sarriá llegó con el tiempo cumplido tras una falta absurda de los colchoneros en la frontal del área que Luis García ejecuta magistralmente metiendo el balón por la escuadra.

Llegados a este punto que da igual el Madrid pero me temo que si la propuesta es la misma nos van a coser a goles. Especialmente si marcan primero. Jugándote todo el patrimonio, como hace Quique, a un único número es temerario y peligroso. También cobarde. Si el único número es rezar para que marquemos primero, que el milagro del Kun llegue pronto y todavía más para que el resultado colgado del larguero y achicando agua, me temo que es mejor no participar en la competición.

Alea Jacta Est

Cerocerismo extremo (At. Madrid 0 - R. Santander 0)





Decía un pintor francés llamado Picabia que es mejor no hacer nada que hacer cualquier cosa y sinceramente si esto, lo que llevamos viendo ya demasiado tiempo, es lo que tiene que ofrecer el equipo que sale a jugar los domingos con la camiseta del Atlético de Madrid es preferible que no hagan nada. Es mejor firmar el empate antes de jugar o directamente, caso de que nos enfrentemos a equipos que están por encima (y que lógicamente cada vez son más), ceder un derrota honrosa por la mínima evitando así que los jugadores se despeinen o manchen las rodillas y que nosotros los espectadores perdamos el tiempo jugándonos además un ataque mortal de aburrimiento. El partido que inauguraba la temporada 2011 en el Calderón, ese ejemplo ruin y chabacano de impotencia y cerocerismo, no será recordado más que por el tremendo dolor de cabeza que habrá levantado o por el riesgo de partirse la mandíbula entre bostezo y bostezo al incauto que lo ha sufrido. De hecho, como les gusta a los entrenadores “modernos”, no creo que este partido lo recuerde nadie nunca pasadas 48h. En eso se ha convertido el fútbol y el Atlético de Madrid. Una lástima.

El soporífero partido de esta noche en el Calderón frente a un Racing de Santander flojísimo y acobardado es la culminación de un barco a la deriva, un proyecto vetusto y decadente. Una elegía a la necedad y la demostración práctica de como se puede gestionar deportivamente un equipo de la peor forma posible. Les aviso de antemano que hablaré poco o nada del partido porque poco o nada se puede decir. Resumo la crónica en una frase: centrocampismo, pelotazo, inexistencia de juego, pelotazo, inexistencia de medio campo, inexistencia de esquema, pelotazo, el kun contra todos, pelotazo, primera parte, más de lo mismo, pelotazo, esperanzador debut de Koke, pelotazo, ocasión del Racing que salva De Gea (como siempre) y primera ocasión de los rojiblancos pasados los 90 minutos que saca a córner el portero rival. Fin del Partido.

Patético.

Pero empecemos por el principio. Una nefasta, pésima y lamentable gestión deportiva diseñada con el talento de un ácaro que probablemente responda mejor a los intereses económicos de los filibusteros de la contabilidad que parasitan en el Calderón que a la pública incapacidad manifiesta del inútil entre los inútiles que se apellida García Pitarch. Una gestión que mantiene un equipo descompensado desde hace lustros pero que cada semestre el valenciano (manejado por sus amos) se empeña en descompensar todavía más. Ciñéndonos a esta temporada vemos como se trae a un equipo que juega sin mediapuntas (porque fichamos también entrenadores que no los quieren) al enésimo mediapunta que no jugará nunca en su posición. Hoy Fran Mérida ha vuelto a jugar en banda y ha vuelto a hacer el ridículo. No sé si este chico es bueno o no pero me temo que en este Atleti de iluminados y fariseos no lo voy a saber o al menos siempre me quedará la duda de saber si podría haber sido lo que decían que era (ya me pasó antes con Ibagaza y con Jurado y con Salvio). Una dirección deportiva que cuatro días antes de empezar la liga se desprende de un jugador que peleaba por la titularidad (otro media punta que tampoco jugaba en su sitio) y no tiene sustituto. Eso si, una dirección deportiva que mantiene cuatro mediocentros en plantilla del mismo corte tuercebotas que tan buenos resultados nos ha dado. Aquí no meto a Tiago que es el único centrocampista que juega al fútbol y que para más inri es cedido. Tiago sería el quinto medio centro, número que hoy se extiende a seis con la aparición de Koke. 6 en sólo una temporada. Una dirección deportiva que en invierno se va el único interior que ha jugado todos los partidos de titular y no tiene reserva, lo cual tiene todavía mayor delito cuando el entrenador es alguien incapaz de mover su sistema en el que indefectiblemente hay dos tipos por banda. Eso si, una dirección que anuncia a bombo y platillo la contratación de un nuevo central (he perdido la cuenta de cuantos llevan).

El anterior párrafo explica el esperpento de la alineación de hoy. Para el juego desarrollado habrá que apoyar esa materia prima tóxica con la inestimable colaboración de nuestro afamado entrenador, un tipo que lejos de conseguir sacar jugo de una almendra seca nos presenta la almendra no seca sino liofilizada, rebozada en serrín y en barro e intenta que sea además lo más indigesta posible. Un entrenador que incapaz de inventar un sistema que logre sacar algo de lo que tenemos se limita a no tocar su “revolucionario” y rígido sistema adaptando todo el mundo alrededor y tratando de hacer que las medianías que tenemos como jugadores se adapten a sus fichitas prediseñadas. Quique es como Mahoma, que obliga a las montañas a ir hacia él. El resultado, eso si, es cada vez más penosos y lamentable. De Fran Mérida ya hemos hablado. De Raúl García mejor no hacerlo. Su paso por la banda era simplemente una broma. Una frivolidad de entrenador frívolo. Su paso por el centro es tan triste como indignante. Como siempre por otra parte. La única razón para que este jugador malo y mediocre siga año tras año en la disciplina del equipo es que tiene una agencia de representación muy bien publicitada en los medios que parten la pana. Eso y que ya se cuida el inútil de Pitarch de que en este equipo no exista la competencia.

El Atleti 2010-2011 es el equipo del Kun Agüero y 9 muchachos más que intentarán lanzarle el balón desde cualquier posición y de cualquier manera. Esa es la erudita forma de jugar al fútbol de nuestro club. La estrategia del picapedrero. Recen señores porque el Kun invente algo cada domingo porque de otra forma tendremos que empezar a pensar en pasarlo verdaderamente mal este año. Otra vez.

Pero no se preocupen que acabaremos cumpliendo el “objetivo”. Al fin y al cabo los objetivos son como los principios para Groucho Marx, si no le gustan estos tenemos otros. Que el cuarto puesto queda lejos pues nos ponemos que el objetivo es el sexto y ya está. Ya se hizo con Aguirre y el Mejicano acabó renovando así que por que no va a volver a pasar. Y si el sexto es mucho pues el décimo o el objetivo de no descender o el de ascender al año siguiente o el de ascender en menos de dos años o el de...

Y nosotros a animar o a meternos con el Sevilla o con Munitis o con Belén Esteban porque eso de protestar contra el que tiene la culpa no es nada cool. Pobres, si se juegan su dinero...