Cul de sac

Si mi ánimo colchonero andaba renqueante estos días con un esguince de alta graduación en lo más profundo del espíritu, escuchando ayer a Caminero y Aguilera en el día de su presentación como “trabajadores” del Club Atlético de Madrid me temo que tal esguince se ha confirmado como rotura de menisco. Desprendían tal tristeza, tanta desazón, tanto continuismo, tanta derrota incluso antes de haber empezado que uno se vino abajo. Mientras los periodistas de cámara les decían lo que tenían que hacer ellos callaban. Mientras los periodistas cómplices sacaban conclusiones ellos callaban. Mientras todo el mundo daba por hecho que no ya Real Madrid y Barça sino Sevilla, Valencia o Villarreal están por encima del Atlético de Madrid ellos no sólo callaban sino que también asentían. Caminero y Aguilera, herederos del supuesto colchonerismo, aceptaban la realidad que prensa y directiva ha preparado para consumo interno pero ni siquiera lo hacían con una sonrisa chulesca como el inútil de Pitarch. Lo aceptaban con asalariados de koljov corrupto en Siberia. Con la cara de vinagre y las formas de personal ajeno a la obra que proyecta desde hace años su líder espiritual, el señor MA Gil.

El Atlético de Madrid es un equipo en ruinas y a la deriva. Ya lo era hace dos semanas, no nos equivoquemos, pero entonces en el barco teníamos los víveres mínimos como para pensar que podríamos llegar a buen puerto sin morir de inanición en la dura trayectoria. Hoy no está nada claro. Hoy tenemos la única certeza de que los vivieres de los que vivíamos ya no están. En realidad tenemos la certeza de que no van a estar que para el caso es lo mismo. Kun se ira y a nadie se le pasa por la cabeza otra opción porque no existe otra opción. Las palabras de Caminero no son más que otra muestra de oficialismo barato del tipo Fast Food. Que se marche un jugador de poco más de 20 años al que tú has hecho crecer y que es ya una estrella mundial no es una desgracia. Es un insulto. Es una muestra fehaciente de que TODO en el Atlético de Madrid se hace mal. En un equipo grande esas cosas directamente no pasan. En un equipo pequeño la salida de jugadores así por lo menos se preparan mejor. Aquí no hay plan B para el Kun porque en el Atlético de Madrid no hay plan B para nada. En el Atlético de Madrid de hecho no hay tan siquiera plan A.

Eso si, que se marche un jugador de la cantera de poco más de 20 años para jugar en lo más alto del mundo del fútbol no es que sea una desgracia ni un insulto. Es directamente una puñalada trapera en lo más profundo de la esencia colchonera. Inexplicable, lamentable y bochornoso. Todavía no he escuchado las razones pero prefiero no escucharlas. En un alarde de estupidez auspiciada por el medio gráfico que mejor recoge la estupidez humana, el diario MARCA, el correveidile de Cerezo escupía también a las ondas la idea de que buscaban imitar el modelo del Barça (equipo que ha ganado la copa de Europa con 7 canteranos). ¿Es eso compatible con vender dos jugadores de 20 años que encima son los de más valor de tu plantilla? Lástima que no hubiese ningún periodista decente para preguntárselo.

Tampoco creo que lo de imitar al Barça sea compatible con la idea de equipo que tiene nuestro flamante nuevo director deportivo. A la pregunta de cómo jugaría el Atlético de Madrid Caminero no hizo como con el resto de preguntas, es decir no contestar o contestar mostrando la opción que ya existe, sino que fue mucho peor. Primero dijo que sólo existen dos equipos con un estilo de juego reconocible: Barça y Arsenal (¡¡toma Moreno!!) pero es que después nos dejó estupefactos con su idea de fútbol, una idea que pasaba por hacer una plantilla “competitiva”, formar un equipo “compacto” y a partir de ahí “ya veremos”. Para echarse a llorar. Desde luego en ese esquema entran Caparros, Luis Enrique, Guardiola y Mourinho pero también Rubalcaba, Mario Conde, Belen Esteban y hasta Chiquito de la Calzada porque decir eso es no decir nada. Decir eso es decir lo que llevan diciendo más de una década los de antes. Eso es lo que hacía Pitarch. Eso es lo que dice hacer MA Gil.

¿Entrenador? Ya saben, vendrá el que acepte las reglas (no veas, no escuches, no hables) y se jugará como buenamente se pueda que al fin y al cabo es lo de menos. ¿Y los filiales? Eso es “otra cosa” como bien dejó claro también Aguilera. Espectacular. Cambiar todo para no cambiar nada. ¿Jugadores? Ya saben, la táctica seguida en los años de la post-segunda. Fichar jugadores que horas antes estaban peleando por no descender y que aquí se hundirán al intentar asumir una responsabilidad que no pueden. ¿El medio centro de creación que tanto se reclama? Caminero lo dijo claro: “yo creo que podría ser Mario Suarez”. Todo muy emocionante. Todo muy esperanzador.

Si el Atlético de Madrid fuese un equipo normal dirigido por gente normal y sana los aficionados colchoneros podríamos hacer de tripas corazón y aceptar una realidad que se nos presenta cruda. El planteamiento podría ser este: problemas de deuda, renovación de la plantilla y renovación de la estructura del club hacen que se trace un plan con un periodo de transición de tres o cuatro años ajenos los “objetivos” concretos en el que asentar un estilo de juego propio que venga desde las categorías inferiores, que se apueste por jugadores jóvenes y baratos con futuro y por la cantera, trazando una política de austeridad basada en esos pilares. Cantera, juventud, estilo de juego, personalidad y compromiso. Es el momento.

¿Pero alguien se puede creer algo así con estos tipos y MA Gil al frente?

¿Cantera con los máximos estandartes de la misma jugando en Chelsea y Manchester? ¿Cantera con jugadores como Domínguez o Cedric o Manu del Moral o Rubén Pérez a expensas de un entrenador caprichoso y celoso cada año que imponga su idea peregrina y zafia del fútbol por encima de la del club? ¿Juventud fichando a jugadores en la última etapa como Forlán o Simao o Tiago o Gabi o los que vengan con nombre y años para aplacar la furia de la grada? ¿Estilo de juego si el director deportivo no sabe explicarlo en la radio y dependiente de un entrenador que no se busca por su forma de entender el fútbol sino por sus características para cobrar, gustar a la prensa y no molestar a la directiva? ¿Personalidad con Cerezo al frente y MA Gil en la cobarde retaguardia, incapaces de dar un puñetazo en la mesa y sacar el orgullo colchonero (si es que alguna vez lo han tenido) cada vez que se insulta su nombre? ¿Personalidad con unos directores deportivos que se callan mientras los periodistas les dicen lo que tienen que hacer? ¿Personalidad con unos jugadores en plantilla que entienden perfectamente que las estrellas de su equipo se marchen? ¿Compromiso con esta banda de mediocres?



Planificación


Hace dos días que ha terminado el último partido de la temporada 2010/11 para el Atlético de Madrid (aunque ni siquiera ha concluido oficialmente la temporada) pero la temporada 2011/12 ya es un desastre. El brutal descontento provocado por la desilusionante, penosa, aburrida, cruel y en definitiva lamentable temporada del equipo se había diluido con una serie de enigmáticas (en este equipo todo tiene que ser enigmático) y esperanzadoras promesas que perfilaban los pilares del nuevo proyecto: retirada de mercenarios y llegada de profesionales de pasado colchonero, modificación de la estructura deportiva, modificación la estructura interna, creación de elementos engrasadores entre directiva, vestuario, prensa y afición así como una apuesta por los escasos pero muy significativos valores deportivos del equipo. Pues bien, en apenas 48h todo se ha ido a la mierda.

Ayer lunes 23 de Mayo Toni Muñoz, el que iba a ser el director deportivo del nuevo proyecto, decidió no subirse a este infectado barco a la deriva. ¿Razones? Tiene miles de ellas pero sinceramente las oficiales me resultan peregrinas así que probablemente nunca las sabremos. Toni trajo al Kun Agüero y Toni dijo que dimitía si el equipo no entraba en UEFA y dimitió (cosa que en este país no hace nadie). Puestos a apostar por alguien no me importaba apostar por uno con estas premisas. Especialmente comparándolo con el actual ave de rapiña que tenemos como inquilino.

La pieza clave que sería el engranaje entre cuerpo técnico, directiva, jugadores y prensa iba a ser Kiko. No se me ocurre mejor persona para el cargo. Aunque a priori parecía un cargo vacío personalmente me parecía un gran acierto. No entendía sin embargo que alguien como el señor Narváez se prestase a ser el parapeto de un par de siniestros delincuentes pero el mundo del fútbol es harto complicado. En cualquier caso da igual este debate porque Kiko también rechazó la oferta alegando razones personales. De nuevo las razones oficiales resultan peregrinas y todo apunta a que en el fondo hay pus e infección. Dicen que Kiko se huele la tostada, dicen que a Cerezo no le gusta la idea, dicen que le sentó muy mal al propio Kiko la filtración que apareció hace unas semanas. Dicen que la filtración salió de la boca tóxica de ese inútil tóxico llamado Pitarch. El caradura de los viajes a Sudamérica ha continuado haciendo su labor destructora hasta el último día el muy desgraciado.

Pero por encima de todo ayer fue el día en el que el señor Agüero colgó un comunicado en su web (que dudo escribiese personalmente) explicando su deseo de abandonar el club con el que tiene contrato. Mi club. Sé que el tsunami Agüero despierta muchos comentarios y crea muchas interpretaciones e incluso simpatías para los atléticos pero creo que la mayoría de las cuales van cargadas de un perfume que se queda pegando en Agüero pero que no le pertenece. Conviene matizarlo.

La salida de Sergio Agüero tiene, sin lugar a dudas, un único culpable principal que se llama MA Gil. El señor Calamidad es el máximo responsable (sin entrar en temas judiciales) de una política errática y descabezada que ha transformado el tercer club en importancia de España en una mediocridad incrustada en la mediocridad del fútbol nacional. Ha cambiado los pilares de esta casa, orgullo y dignidad, por los elementos más zafios de la economía de supervivencia desnaturalizando en el camino la esencia de un equipo que sin sus pilares fundacionales no es más que una estúpida broma pesada. Durante décadas, respondiendo o no a un plan orquestado, ha improvisado una dirección deportiva humillante que apoyada en los intermediarios de cámara únicamente se preocupaba de que constantemente hubiese flujos de dinero y jugadores sin que estos respondiesen a ningún plan deportivo de futuro o de presente. Es el responsable, por apoyo directo y omisión consciente, de crear una imagen vejatoria para un club que podría estar acostumbrado a sentirse perseguido pero no a aceptarlo humillado. Es culpable de colaboración en esa campaña de desprestigio que durante más de una década se ha venido llevando desde los medios de comunicación que con una mano acariciaban el lomo del veterinario y con la otra echaban hierro incandescente en el patrimonio sagrado del Atlético de Madrid. MA Gil es el culpable de transforma un equipo genuino en una suerte de “más de lo mismo” cuya máxima aspiración es aspirar a ocupar la última plaza que da acceso a la Liga de Campeones vendiendo encima la cantinela de que eso es un gran éxito. MA Gil es el culpable de bajar la clausula de rescisión a todos los que valen algo, de no cumplir una sola promesa que hace y de engañar a todo el que se pone delante. MA Gil es culpable de asesinar al Atlético de Madrid. Por dentro y por fuera.

Ahora bien, no seré yo quien haga un mártir del señor Agüero. Agüero no sé lo que piensa pero sé lo que dice y con eso me quedo. No dice que aquí no puede crecer como futbolista (o lo que sea que quiera hacer en otro equipo) porque un par de indeseables lo impiden y no dice que se va desesperado y convencido de que esto es un desastre sin solución. No dice que se va porque está harto de que llenen el equipo de mediocres y porque está harto de jugar en un equipo que aspira a la cuarta plaza. Agüero no dice que quiere al equipo tanto que no puede quedarse viendo como lo asesinan. Agüero no dice nada de eso. Acepta las reglas de las prensa. Utiliza ese humillante argumento de que alguien que se va del Atleti no tiene que dar explicaciones porque es lo “lógico”.

¿Profesional? Ojo con eso. Agüero había alcanzado ya una categoría por encima de la profesionalidad en este equipo siendo capitán, estandarte y referencia del Atleti. Como profesional hubiese entendido que renunciase a todos esos “extras” en previsión de la oferta mejor que llegaría algún día pero no lo hizo. No me vale usar el sentimiento de estúpidos como yo para que luego me digan que ese sentimiento no existe en el fútbol profesional. Si haces eso estás jugando conmigo.

No tengo nada que reprochar al Sergio Agüero jugador de fútbol sino más bien todo lo contrario. Sólo puedo tener agradecimiento por los años en los que ha estado dándolo todo por mi club y por tantos buenos ratos que me ha hecho pasar. Eso si, como profesional, no como Atlético. Como Atlético (que no lo es y probablemente nunca lo ha sido) me ha decepcionado profundamente.

Cuando yo era pequeño los jugadores que abandonaban voluntariamente el Atleti pasaban a engrosar las filas del enemigo. No veo por qué tendría que ser diferente ahora. Especialmente cuando todo lo que tiene que decir el protagonista al respecto es lo que él mismo ha colgado en su web. Personalmente le deseo al señor Agüero lo mismo que a todos los que un día se fueron voluntariamente del Atleti dando lo misma explicación.

Inútil fin de fiesta (RCD Mallorca 2 - At. Madrid 4)



“La verdad siempre permanece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo” (Julio Cerón)

Cuando todavía es verano y sortean el calendario de la liga por venir, uno siempre es tan ingenuo de mirar el último partido con la ingenua esperanza de que el Atleti pudiera estar jugándose algo en ese momento. Desgraciadamente en la última década el equipo suele jugarse algo pero también suele ser o un premio menor, casi de pedrea, o directamente un disgusto. Hoy era el primero de los casos y el escenario era el feudo del Mallorca.

Intentaré hacerlo rápido. Primero porque no merece la pena dar mayor valor a algo que no lo tiene y después porque el grado de intensidad con el que he seguido el partido ha sido realmente bajo estando distraído como estaba en otras cosas que se sucedían a la misma hora.

Y el caso es que el partido no ha estado mal y el Atleti tampoco. Frente a un Mallorca que salió en tromba pero tremendamente nervioso los colchoneros tuvieron un papel bastante inteligente al principio a lo cual lamentablemente no estamos acostumbrados. Sin perder la calma, sin dejarse llevar por la efervescencia del rival, tratando de que pasasen los primeros minutos sin grandes complicaciones el Atleti logró en pocos minutos asentarse y robar el balón. Primero para sacarlo en forma vertical hasta un Reyes que hoy jugaba de enganche y que acababa normalmente después en los pies de un Juanfran muy perfilado en su banda y bastante activo. Pero este Atleti sería un equipo del montón si no fuese por ese argentino que hoy tenía una cara rara y que juega en punta. Pasado los diez minutos Agüero cogió el balón en el área y fabricó la primera maravilla de la noche para inaugurar el marcador.

Mientras, el Mallorca se desesperaba el Atleti se crecía sobre todo por mediación de Tiago y Mario Suárez que tomaban el centro del campo y gracias a que tenían el balón. Reyes por su parte se convertía en ese jugador que esta plantilla no tiene y con el que Quique no ha querido jugar en toda la temporada. Así, con placidez y poderío llegaba el segundo gol en los pies de un Juanfran que volvía esta noche a meter más dudas en la afición a la hora de entender por qué Quique lo dejaba siempre en el banquillo.

El partido pintaba bien en el césped según pasaban los minutos y el rival se enfangaba en sus propios nervios pero fuera de la capital balear las cosas se torcían al saberse que Sevilla y Athletic ponían dos goles de por medio en sus respectivos partidos. Los minutos pasaban ya en la segunda parte y el cuadro permanecía igual dentro y fuera del campo así que cuando el Kun hizo el tercero tras un gran pase entre líneas de Reyes daba la sensación de que era mejor poner los ojos en los equipos que se estaban jugando el descenso que en otra cosa.

No fue así, porque pasaron varias cosas, pero como si lo hubiese sido. Los rivales por la Europa League recibieron goles y el Atleti también. Una cierta relajación unida al comprensible ataque de raza de los mallorquines hicieron que el rival recortara distancias significativamente con dos goles de Webo y De Guzmán en apenas diez minutos pero se olvidaban de que por allí estaba el de siempre. El último gol del partido, el último gol de Agüero en la liga y quien sabe si el último gol del Kun con esa camiseta es una auténtica obra de arte. Tanto la picada con la que regatea al portero como el posterior toque casi en la línea de fondo que besa la red. Pero Agüero parecía raro esta noche. Serio y sin celebrar los goles llevaba un traje que no conocemos los que llevamos disfrutando de su juego todos estos años. Malos presagios para uno de los pocos nichos de fútbol que nos quedan en este club. Malos presagios que espero que nunca se confirmen.

El Atleti finaliza una temporada mediocre que ya analizaremos y lo hace entrando en la Europa de los pobre y encima por la puerta de atrás que supone disputar la previa en el mes de Julio. La parte buena de todo esto es que será imposible esa nefasta gira asiática que el pesetero corrupto de MA Gil tenía en mente.

Bye, bye Atleti 2010/2011


PD. Desde aquí un abrazo enorme a mis amigos coruñeses. Lamento mucho ese descenso por ellos. Un abrazo y a volver cuanto antes.

PDD. Por otro lado: ¡¡¡Vámonos rayito, rayito, rayito...!!

Duérmete Niño



En cualquier lugar donde vendan libros el lector podrá encontrar casi con toda seguridad un controvertido ensayo titulado “Duérmete niño”. Se trata de un best-seller que despierta tanta admiración como repulsa en la comunidad paterno-pediátrica. La leyenda popular asume que en su interior lo que uno encuentra es un método severo, pseudonazi (dicen algunos), inhumano (dicen otros), pero también infalible (dicen muchos) para conseguir que la preciosa criatura en cuestión se dedique a dormir por la noche de una puñetera vez. Sin embargo lo que mucha gente no sabe es que ese infalible método radical se explica en el último capítulo del libro. Los capítulos anteriores son un ensayo (acertado o no, que no tengo ni idea) sobre cómo funciona el complicado sueño del bebe para así evitar durante su educación llegar al punto en el que todo se convierta en una pesadilla y tener que aplicar tratamiento de choque. Es decir, sólo en casos de una mala educación asentada y enquistada son necesarios los métodos radicales que se proponen. Un bebe puede ser guapo e inteligente pero también mal educado. No tiene nada que ver. Un bebe puede ser perfectamente capaz de comer fruta pero no darle la real gana de hacerlo. Es todo una cuestión de educación. Diego Forlán no es un bebé ni creo que tenga problemas de sueño pero sin embargo si me parece un buen ejemplo para ilustrar las enseñanzas y consecuencias de todo esto.

A pesar de las banderas de Peñarol que hay por el Calderón desde que Forlán está en el Atleti el Charrúa se hizo realmente futbolista profesional al otro lado del Río de la Planta y más allá del Riachuelo en la cancha de Independiente donde recaló con apenas 18 años desde su Uruguay natal. Allí jugó desde 1997 hasta enero de 2002 pero estos no fueron “afortunadamente” buenos años para los rojos (lo siento pero el que escribe es hincha de La Academia) y aunque Forlán destacaba, el equipo no fue capaz de ganar un sólo título en ese periodo. Forlán ya supo entonces lo que era estar en un equipo grande que no gana títulos. ¿O Independiente no es grande? Pregúntenselo a cualquier argentino.

Diego Forlán ficha entonces por el todopoderoso Manchester United por unos 11 millones de Euros y por petición expresa de Sir Alex Fergusson pero el uruguayo no termina de asentarse nunca en el equipo durante las dos temporadas y media que estuvo en Inglaterra, periodo en el que marcó apenas 17 goles. En esos años el Manchester gana liga y copa pero el uruguayo tiene una participación menor que paraliza significativamente la progresión de un jugador que prometía bastante. A nadie sorprendió su salida de Inglaterra por 3 millones de Euros para recalar en el verano de 2oo4 en un modesto pero emergente Villarreal. En Castellón, con un equipo bien construido y un Riquelme en estado de gracia, el jugador vuelve por sus fueros a demostrar lo gran delantero que es (consiguiendo por primera vez la Bota de Oro europea) pero la limitada repercusión mediática del Villarreal hace que su éxito sea básicamente local.

El verano de 2007 es el de la llegada de Diego Forlán al Atleti. Un traspaso de 23 millones de euros (el más alto de su carrera) y un sueldo galáctico aúpan al Charrúa de nuevo a las alturas del mercado futbolístico. Todo el mundo lo entiende como un salto. Forlan se adapta perfectamente a un equipo permanentemente desestructurado ganándose a la tradicionalmente fiel afición atlética que enseguida le adjudica como suyo el canto de “uruguayo, uruguayo” que anteriormente lució sin esplendor el ya olvidado petete Correa. Forlán se gana la admiración de todos los colchoneros haciendo grandes campañas, dando evidentes muestras de entrega, creciendo como futbolista al jugar en posiciones distintas en el campo, luciéndose en liga y Champions y alcanzando el climax en una temporada 2008/09 ejemplar en la que vuelve a ganar la Bota de Oro. Forlán está en lo más alto aupado a lomos de un Atlético de Madrid que a pesar del áspero mutismo del rubio lo quiere y lo respeta. Pero el Uruguayo, como cualquier bebe, es ambicioso y egoísta.

Querer más es siempre lícito y puede ser positivo. La diferencia la marca los métodos que se empleen para conseguir ese más. No es lo mismo berrear que pedir por favor. No es lo mismo tratar de hacerlo mejor con lo que tienes a mano que envidiar con rabia lo que tienen los demás. No es lo mismo prosperar siendo fiel y respetuoso con tu familia que cagándote en ella. Ni el dinero ni los goles lo justifican todo pero eso es algo con lo que no todo el mundo está de acuerdo. Forlán, como cualquier jugador que destaca, empezó a recibir cantos de sirena fuera de las oficinas del Calderón pero por alguna razón estas no se atendieron (para alegría del aficionado atlético, por cierto). Nada punible que ocurra algo así con un contrato de por medio. Probablemente pasarían también otra serie de cosas desagradables que no sabremos nunca entre directiva y jugador pero nada de ello puede justificar lo que ocurrió después.

La siguiente temporada comenzó con un jugador muy bajo de forma (perdonable), muy limitado en compromiso (cosa que nunca había faltado y por lo tanto sorprendente) y permanentemente enfurruñado (caprichoso). Es la época en la que Forlán empieza a hacer declaraciones enigmáticas al principio, explícitas después. Es especialmente la época en la que empieza a hablar de un equipo que no es “grande”. Es la época en la que Forlán empieza a hacer desprecios al Atlético de Madrid y hasta ahí podíamos llegar.

Si un niño te falta al respeto o te tira la comida a la cabeza cada vez que no le gusta y no pasa nada es difícil que después de muchos años haciéndolo entienda la reprimenda el día que uno se harta e intenta ponerle freno. Con Forlán ha pasado lo mismo. Una salida de tono perdonable si se hubiese "aclarado" a tiempo creció hasta ser el principio de la decadencia. Independientemente de sus razones para estar enfadado no se puede permitir que un jugador del Atleti desprecie la entidad que le paga y que además le quiere. Entonces no pasó nada gracias a los “padres” tan pésimos que tenemos, más preocupados de sus chanchullos negros que de dirigir con dignidad esta familia. Ante la permisividad de sus padrinos, Forlán nunca ha sabido dónde estaban los límites. Probablemente porque nadie se los puso la cosa ha terminado como ha terminado, como un problema incómodo y con unos pitos en el Calderón a un excelente jugador que jamás debería haber recibido tal premio (yo por supuesto no pité) pero que a nadie sorprendieron.

Forlán, al que estaré siempre agradecido por sus primeras dos temporadas y esos goles que nos hicieron ganar la Europa League, es hoy un problema enquistado de triste pero inevitable solución. Un niño malcriado (puede que también maltratado, no lo sé), que viaja con tapones de espaldas a los que le han querido y que no ha sabido reconocer ni corresponder el amor que le dieron en esta casa. Un niño que ni sabe ni quiere dormir porque probablemente no le enseñaron nunca a hacerlo.

¿Paciencia? (At. Madrid 2 - Hércules 1)



Decía Mariano Aguiló, poeta español del XIX, que no había que confundir la paciencia, coraje de la virtud, con la estúpida indolencia del que se da por vencido. Ayer por la noche el Atleti ponía fin a su renqueante andadura por el Calderón en la temporada 2010/11 y lo hacía con la marca de la casa. Con esa indolencia que algunos venden como paciencia. Con esa soporífera y desquiciante indolencia de un equipo y una institución que año tras año y según llegan las fechas límite de la competición, da la absoluta sensación de encontrarse a mitad de camino entre la putrefacta descomposición, la enésima reinvención que lo conduzca de vuelta a la mediocridad y los cantos de sirena de unas leyendas que no volverán a corto plazo.

Ayer el Atleti se despedía de su público hasta la temporada que viene y lo hacía con la misma desfachatez con la que lo ha tratado en la última década. Sin jugar, sin querer jugar, sin dar la sensación de que algún día puedan jugar y aburriendo a propios y extraños. El Atleti se despedía con una alineación inédita, la última de 38 alineaciones inéditas, que como sus compañeras tampoco convenció. El Atleti se despedía de su afición con un portero y delantero centro en limbo mediático que nadie sabe lo que va a pasar, una defensa en ruinas que podría desaparecer (casi al completo) sin que nadie la echase de menos, un centro del campo que lleva décadas sin ser centro del campo y que de nuevo tiene más prescindibles que normales (no traten de buscar imprescindibles porque no los hay) y un resto de plantilla que esté verano aparecerá en el apartado de “saldos” sin que ese calificativo rime demasiado con el montante de las fichas que cobran sus protagonistas. El Atleti se despedía de su afición, sin pena ni gloria, devaluado, sin escrúpulos ni vergüenza, sin carisma ni torería, sin esencia ni futuro. El Atleti se despedía de su afición, otra vez, hecho trizas, pero pareció que el único que se despedía de su afición era Quique Sánchez Flores y además lo hacía en loor de multitudes.

Acabemos con el partido cuanto antes porque si los propios protagonistas no fueron capaces de tomárselo en serio no voy a hacerlo yo. La enésima alineación del nuevo “ídolo” del Calderón dejaba a Elías y Raúl García en el banquillo y a Forlán en la grada. Lo primero debería ser de obligado cumplimiento para cualquiera que se diga entrenador. Lo segundo es cuestionable pero para mí es una historia en la que ninguno tiene razón. Es una cagada (otra) de la directiva que debería haber solucionado el asunto Forlán cuando el altivo uruguayo soltó su primera estupidez por esa boquita la temporada pasada. De aquellos polvos vienen estos lodos. Hasta que el Atleti abrió el marcador por mediación de Domínguez en apenas un par de minutos lo que vimos fue un Juanfran muy motivado (y fallón) que sin embargo, como se demostró después, da más que su compañero de viaje Elías. A éste al menos se le ve, se sabe a qué juega, aparece en el campo y da la sensación de ir a más. Elías es la misma incógnita que cuando llegó pero con muchos partidos más.

A partir del gol… la nada. Frente a un blandísimo Hércules ya descendido el Atleti se puso su mejor traje de desidia para aburrir a su afición hasta en el último día. Ni en el día de San Isidro (que no creo que fuese muy significativo para una plantilla sin referencias ni símbolos) los tipos que llevan el escudo del Atlético de Madrid hoy por hoy fueron capaces de rendirle orgullosa pleitesía. Sólo un interesantísimo y batallador Koke, hoy en otra rara posición made in Quique, ponía algo de cordura y emociones al partido. Por lo demás nada de nada. Sopor. Pasada la media hora Pulido (que tuvo una discreta actuación) hacía un ingenuo penalti que De Gea paraba. De Gea debutó parando un penali y ayer, parando un penalti, algunos decían que jugaba su último partido. Muy cinematográfico todo pero muy lamentable también de ser verdad.

La segunda parte siguió con las mismas referencias: Hércules vendido a su suerte y un Atleti patético. Según pasaban los minutos sin embargo entraba lentamente en el cuerpo la sensación de que a poco que los alicantinos quisieran se llevaban puntos de Madrid. La sensación se hizo más patente cuando Trezeguet empataba regateando la empanada Atlética mediada la segunda parte pero por alguna razón Reyes recogió un rechace en la frontal poco después para poner el definitivo 2-1.

Lamentable partido de una lamentable temporada.

La grada sin embargo decidió crear una absurda guerra civil en torno al sexo de los ángeles que básicamente es esa lucha entre encumbrar o denostar a Quique. Es un debate tan absurdo como irreal. Tan intrascendente como tramposo. Quique ha sido un entrenador tan de acuerdo con su directiva como los demás, tan desacertado en sus resultados como los demás, tan malo a la hora de hacer jugar al equipo como los demás y tan amigo de la prensa como los demás. Eso si, Quique trajo un discurso que defendía al Atleti histórico que lamentablemente no usa Cerezo ni el que mueve a la marioneta y sobre todo Quique fue el entrenador con el que justa o injustamente ganamos la Europa League y la Supercopa.

Para mi sobraban los cantos de alabanza a Quique durante los últimos partidos de liga en el Calderón y también sobraron ayer durante el partido. Especialmente cuando se utilizan para crear un plebiscito público a favor o en contra y muy especialmente cuando se confunde para sondear el estado a favor o en contra de la directiva. Estar a favor de Quique no es estar en contra de la directiva porque son desgraciadamente temas que no tienen nada que ver.

Lo que no me sobraron fueron los cánticos de despedida al final del partido. Me gusta ser aficionado de un equipo que cuida el tema sentimental y que además lo separa de los fríos números. Quique, independientemente de su forma de jugar, ha tenido una relación exquisita con la afición y aupó dos títulos en un periodo de larga sequía. De señores es ser agradecido.

Se confirma (R. Santander 2 - At. Madrid 1)




Es oficial. Este Atlético de Madrid me aburre. Me aburre mucho. Cuando hace unos años decidí ponerme a escribir las crónicas de los partidos de mi equipo lo hice porque uno creció en una época en la que la crónica deportiva era un arte literario que trasladaba al papel la épica de un deporte épico. Con el paso del tiempo esa pequeña delicia desapareció arroyado por la rabiosa simpleza del deporte de masas. El periodismo deportivo pasó entonces a ser una especie de crónica rosa para estúpidos y aquellas columnas con olor a elegancia se fueron por el desagüe. Con modestia uno intentaba recuperar ese estilo para mi equipo y para un deporte que durante mucho tiempo ha broceado mi pasión, mis sentimientos. Todos eso se ha ido a las cloacas. El fútbol de mi equipo es horroroso en planteamiento y ejecución y como tal no merece más que un trato despreciable. Me rindo. Tiro la toalla.

El partido de hoy en Santander es otro más de esos ejemplos desorazonadores que demuestran la pertinaz desidia que satura el Atlético de Madrid. Desde el despacho hasta el armario del linimento. Un equipo sin cerebro, sin cuerpo y sin corazón. Un equipo mediocre, triste y aburrido. Un equipo que da vergüenza.

Todo comenzaba con las tradicionales estupideces de nuestro entrenador, ese tipo empeñado en volver a dar una vuelta de tuerca a un elemento que hace años está pasado de rosca. Por alguna razón el ideólogo del clan Flores decidió volver a mover todo para no mover nada. Cambió los laterales para colocar a dos paquetes, uno en la cuesta abajo de su carrera y el otro que da gracias a Dios todos los días por estar en un equipo de primera división sin merecerlo. Cambió centrales, centro del campo y delantera. Eso si, Elías en el campo. El brasileño hoy ha jugado fuera de la banda y más cerca de esa posición que dicen es la suya pero ha sido tan inmensamente paquete o incluso más que siempre. Es oficial. Elias es un nuevo fracaso de la dirección deportiva que Quique parece querer restregar a sus amos cada vez que tiene oportunidad.

El equipo consiguió sin embargo controlar la primera parte por tres razones que se solaparon. La primera la presencia de Tiago y Mario Suárez, la mejor pareja de mediocentros que tenemos lo cual dice bastante de muchas cosas (recuerden que la pareja titular era Raúl Garcia/Asunçao). La segunda el tempranero gol de Mario Suárez tras recoger un rechace en la frontal del área tras saque de esquina que aclaraba las cosas. La tercera la absoluta ruindad e indolencia de un equipo como el Racing que jugándose la vida tenía el planteamiento rácano y alérgico al balón que usan todos los entrenadores rácanos y miserables entrenen donde entrenen y estén como estén. Lo que hace por cierto nuestro entrenador siempre que puede.

Pero el Atleti no sabe verse por encima en el marcador y no lo sabe porque se siente incómodo siendo protagonista y siempre que lo hace tiende a echarse atrás como los cobardes. Hoy no pudo hacerlo porque para cobarde el que estaba enfrente pero perdidos en la actitud no fueron capaz ni de controlar el partido ni de rematarlo. Es lo que tiene ser un equipo sin objetivos claros, que no sabe si ir para un lado o para otro. Por eso poco antes de acabar la primera parte, e injustamente, Kennedy empataba de falta directa.

La segunda parte trajo un Racing que jugándose la vida se dio cuenta de lo que tenía delante y lo poco que necesitaba para dormir tranquilo. También trajo un supuesto equipo de fútbol construido para no jugar a ese deporte y por tanto perdido ante la necesidad obligada de tener que hacerlo. Estamos hablando de ese espeso sucedáneo que dice llamarse Atlético de Madrid. Con esa receta llegó el segundo gol definitivo de nuevo en los pies del sueco tras el enésimo desajuste defensivo y la enésima duda de De Gea a la hora de salir del área.

A partir de ahí bostezo tras bostezo. Nada de nada. El horror. La lamentable realidad. La cruel desidia. El aburrimiento. La desesperanza. El Atleti modern.

Siempre me ha importado bastante poco la entrada a la segunda división de Europa. Especialmente si es por la puerta de atrás. Hoy me importa todavía menos. El Atleti ha hecho una campaña bochornoso, penosa, vomitiva y lamentable y como tal merece todo lo malo que le pase. Así de crudo. Así de real. Me importa una mierda los éxitos menores especialmente cuando la experiencia me dice que esto sólo sirve para tapar las faltas y desviar la antención.

Se confirma. El Atleti da grima. El Atleti da pena.

Ojeras que ya estaban (At. Madrid 0 - Málaga 3)




Si alguno de ustedes ha tenido como yo la mala suerte de pasar hoy la tarde en el Vicente Calderón habrá asistido a una auténtico, completo y gráfico baño de realidad. Por el precio de su entrada no sólo ha podido ver los tres goles de un Málaga que sellaban su asentamiento definitivo en la división de honor del fútbol español sino que habrá observado, resumida en noventa minutos, la realidad del actual Atlético de Madrid. Esto ha sido y es el Atlético de Madrid de la presente temporada. Un equipo sin identidad, sin espíritu, sin plan, sin ambición, sin objetivo, sin referencia y sin personalidad. Un equipo tremendamente descompensado, diseñado con el orificio rectal, mal dirigido pero a pesar de ello aguerrido de forma inexplicable a un rígida forma de jugar al fútbol que paradójicamente se basa en no jugar. Un equipo que no sabe jugar a este deporte, que se siente perdido con el balón, incapaz de crear juego, carente del centro del campo, obsesionado por la verticalidad barata basada en el pelotazo, penalizado deportivamente por la negligente labor de los que confeccionaron la plantilla pero igualmente penalizado por las guerras internas de un entrenador tratando de demostrar su superioridad moral a la hora de entender las entrañas de este deporte y de este equipo.

El partido pintaba mal desde el principio cuando ya veíamos a un equipo, el andaluz, metido completamente en el partido, disputando cada balón al límite del reglamento, perfectamente colocado en el campo y presionante. Sobre todo si lo comparábamos con lo que tenía enfrente que era precisamente todo contrario. Los madrileños intentaban seguir la estela de los últimos partidos pero parecía un sueño del pasado. Algo no cuadraba y eso tenía su epicentro en un centro del campo liderado por Raúl García, es decir sin centro del campo. El navarro, como desde el mismo día en que se le fichó, naufragaba una vez más tomando la responsabilidad del mediocentro creativo, algo que ni es, ni ha sido, ni será. El jugador está una situación muy por debajo de su peor versión y eso lo caracteriza delante de su afición que lo despidió, otra vez, con pitos. Raúl García debería abandonar el Atleti por su propio bien. El ritmo lento el jugador de tajonar era extendido al resto de la plantilla y así una perfecta presión de los malagueños bastó para desactivar a un Atleti incapaz de hacer fútbol. Unos mediocentros que se olvidaban de proveer una salida digna, un Reyes muy marcado incapaz de conectar, un Elías que sigue siendo tan intrascendente o más que cualquiera de los minutos que ha jugado y una delantera que no conectaba. Al cuarto de hora el balón paso a ser del Málaga y ya no lo soltó.

El baño táctico de Pellegrini a Quique en la primera parte es como para que muchos, incluidos los protagonistas, reflexionen. Los andaluces desactivaron con facilidad a un Atleti mal colocado cuyo once inicial presentaba mayores excentricidades de las que un equipo así puede permitirse. El balón estaba normalmente en los pies del Málaga siendo distribuido con criterio y calidad pero si no estaba ahí se podía encontrar en los pies de los centrales colchoneros que lo lanzaban lejos de contundente puntapié. Esa de hecho era la mejor opción posible puesto que la alternativa, jugarlo, era peor dada la mala disposición de los medios y la nulidad de otras salidas. Gracias a ello llegó el primer gol. El Atleti es incapaz de salir, comete error, los blanquiazules se van por la banda y un certero centro de Jesús Gámez es rematado de forma magistral Rondón.

Mal siguieron las cosas cuando el Málaga decidió seguir igual teniendo el balón y jugando. Se demostraba así que esa miserable y ruin forma de jugar de encerrarte en tu área con el marcador a favor, esa que práctica el Atleti gracias a la última pleyade de entrenadores valientes que hemos tenido, no sólo está más pasada de moda que los vaqueros descoloridos sino que ya ni la practican los equipos metidos en el descenso. El Málaga llevaba el tempo del partido y el Atleti se desesperaba. El Málaga lo hacia todo fácil y el Atleti era incapaz de dar dos pases. El Málaga se estiraba con peligro cada vez que podía y el Atleti era incapaz de tirar a puerta. Al poco de terminar la primera parte llegó el segundo casi de idéntica factura que el primero pero por la banda contraria y con Sebas Fernández y Baptista como protagonistas.

Nadie creía en la remontada al principio de la segunda parte. Quique corrigió el error de Elías por Keko pero mantuvo el error de Raúl García. El canterano aportó como siempre dinamismo, salidas, movilidad y ganas pero no fue suficiente. El Málaga salió al campo mucho más especulativo y eso complicaba las cosas. Al cuarto de hora Raúl García dejaba el campo entre silbidos dejando el sitio a un, otra vez, apagadísimo Forlán dejando un extraño dibujo en el campo parecido a un 4-3-3 asimétrico.

De nada sirvió. El equipo parecía algo más voluntarioso pero se perdía entre las líneas de un cuadro andaluz replegado y muy bien plantado y las ganas de los rojiblancos de resolverlo todo en solitario. Entre tiros absurdos de Forlán, escarceos estériles del Kun, eslalons inútiles de Reyes pasaba el tiempo con un equipo malacitano cada vez más seguro de su victoria y unos madrileños cada vez más convencidos de su derrota. Maresca ponía el fin virtual a esa dicotomía con un tercer gol que nuevamente venía de una garrafal error en la salida del balón, nuevamente provocado por no saber que hacer con el. A partir de ahí el público desapareció del campo, los gritos anti Gil fueron más tímidos y escasos que nunca y la sensación de mediocre resignación lo impregnaba todo.

El grandilocuente objetivo de nuestro presidente, la eufemística “europa”, está ahí. Casi en el mismo sitio, pero el tema es algo más profundo. A veces un lavado de cara como este lo que hace es simplemente enseñar las ojeras que ya estaban.

Mizaru, Kikazaru, Iwazaru



Hace unos años tuve la suerte de visitar el santuario de Toshogu en Nikko, un pequeño pueblo de montaña al norte de Tokio. En una soleada pero fría mañana de invierno en la que no había nadie alrededor pude por fin dejarme envolver por el extraño misticismo de los templos japoneses que añoraba desde hacía mucho tiempo. En concreto me quedé absorto delante de los tres monos que dan fama al templo y su no menos mítica leyenda: Mizaru, Kikazaru, Iwazaru. No ver, no oír, No decir.

En estas semanas en las que el equipo hace tiempo que ha caído de las competiciones del KO (humillado, sin gloria y sin que nadie se acuerde de que las ha jugado) y se arrastra con cuestionable brillantez por el lado más mediocre de la liga de los mediocres, en estos días en los que los movimientos populares contra el legado gilista se recrean en un probablemente forzado pero igualmente incomprensible y desalentador silencio, mientras cualquier atisbo de oposición organizada se ningunea en prensa y se desprestigia con agresiva vehemencia en los mismos foros de dónde salieron, en estos momentos en los que el tan esperado Godot musulmán prefiere bailar la danza del vientre con un “pequeño” Getafe en lugar de con un “histórico” club que se presenta con el patrimonio de 170 millones de deuda (que no se sabe a quién se debe), una caja negra como estructura empresarial y la música de los Payasos de la Tele como símbolo de su credibilidad, en estas horas de desesperanza y desesperación uno se acuerda más que nunca de los monos de Nikko.

¿En qué sentido?

La elite japonesa de la época interpretaba el místico significado de la escultura en el sentido positivo de no dejarse afectar por el mal. Hacerse fuerte lejos del maligno e interactuando lo menos posible con él. No ver la papilla radioactiva cargada de mentiras, falsas verdades, interpretaciones interesadas y un gran número de estupideces de carácter estupefaciente que a diario se escupe desde las rotativas “oficiales”. No escuchar las leyendas de princesas con las que el prestidigitador jefe del Club Atlético de Madrid (el nuevamente condenado señor Calamidad) junto a su ejército de empalagosos mercenarios nos deleita últimamente con inusual periodicidad desde los púlpitos con acceso directo al Agora. No hablar con esa recién aparecida Guardia Suiza que disfrazada de presuntos “desencantados” del gilismo parece irónicamente estar diseñada para proteger el Papado Gilista en el campo de Batalla de Internet y dinamitar así el epicentro de los escasos e inocuos sismos acaecidos en la última década.

Pero el pueblo llano japonés, en su elegante sabiduría, interpretaba también el significado de los tres monos, en un sentido muy diferente, como la representación de la rendición al sistema. Aceptación sumisa de la realidad como la única manera posible de sobrevivir. Para seguir “disfrutando” del Atleti sería entonces mejor no ver la clasificación de los últimos años, ni los puntos negros en las operaciones de capitalización o descapitalización, ni el soporífero y miserable juego desplegado por el equipo en los últimos años (salvo cortas y esporádicas excepciones) ni el espíritu o la forma de pensar de nuestra dirección deportiva. No escuchar las psicodélicas explicaciones del presidente en activo, más propias de un casting privado del club de la comedia que de otra cosa, ni los insultos que desde el otro lado de la frontera nos profesa todo el mundo sin que un solo indirigente levante la voz para evitarlo. No habría que escuchar tampoco esos “históricos” objetivos del “histórico” club. Ya saben, todo eso de “hacer una buena competición”, “entrar en Europa”, “crecer socialmente”, si al final entramos en Europa la temporada “no ha estado mal” y demás eufemismos para estúpidos. Por supuesto tampoco hablar. Ni en internet, ni en la calle ni en el estadio. Aplaudir, sonreír y pagar. Muchos lo hacen y al parecer son felices.

Es evidente cuál es la interpretación más popular.

Es evidente también cuál es la mía.

Cada día que pasa tengo más claro que el cambio en el Atlético de Madrid tendrá que ser por motivación popular o no será, pero no tengo nada claro que alguna vez pueda ocurrir. Como Atlético que soy me resulta complicado vivir al margen de esto a lo que le tengo un amor tan febril e irracional como el Atleti pero como Atlético que soy me resulta imposible vivir teniendo los ojos, los oídos y la boca cerrados. Eso al menos es lo que yo pensaba. El colchonero que a mí me enseñaron a ser era inconformista, fiel a sus principios, orgulloso (casi siempre en exceso), nadador a contracorriente, independiente de lo que digan o hagan los demás, apasionado, respetuoso, alegre y sobre todo contrario a lo establecido. Especialmente si es injusto. Pero hoy uno levanta la cabeza y ve otra cosa alrededor. ¿Mejor? ¿Peor? ¿Más inteligente? ¿Más moderna? No lo sé. Me temo que todas esas cualidades que yo pensaba indisolubles con ser colchonero son ahora voluntarias y casi siempre incompatibles con ese nuevo diseño de aficionado atlético que ha creado el multimillonario fútbol profesional.

Si es así (aunque todavía me resisto a creerlo) tengo clara la solución y también se puede leer a través de los monos de Nikko: no ver fútbol, no escuchar nada que tenga que ver con este deporte (al menos en este país) y por supuesto no hablar con nadie ni de fútbol ni del Atleti. Que no me esperen de otra forma. O estoy con el Atleti en el que creo, con los pilares que lo trajeron hasta aquí, o no estoy.

Objetivos (Deportivo 0 - At. Madrid 1)




En los proyectos, como en la vida, lo más importante es tenerlo claro. Saber dónde se va. Qué se quiere. El Atleti moderno, el de Gil Marín, el de ese tipo que prefiere no ver en directo los partidos de “su” equipo, no lo sabe porque es un equipo sin objetivo y eso lo condiciona. Cuando empieza la liga el mensaje que viene de los despachos es eso de “hacer un buen papel” que básicamente es no decir nada. Por eso, entre otras cosas, el equipo empieza la temporada haciendo el ridículo. Salen a Tesalónica a ver que pasa. Salen al Calderón a ver que pasa. Van por el mundo con miedo y esperando a ver que pasa y cuando se paran ha pensarlo están fuera de todas las competiciones. Entonces a falta diez jornadas y lejos de todo deciden que el objetivo es meterse por la puerta de atrás en la segunda competición europea y que para ello es obligatoria ganar prácticamente todos los partidos. Pues van y lo hacen. Se agrupan todos en torno a un objetivo y lo siguen. ¿Se imaginan que hubiesen empezado la Europa League con la idea de que tenían que ganarla? El Atleti necesita marcarse un objetivo exigente y acorde con sus circunstancias que es precisamente lo que lleva 10 años sin hacer. Un objetivo por encima del tope evidente que permita estirar las voluntades. Lo demás es seguir haciendo el ridículo.

Lo que es indiscutible es que este Atleti tiene mejor pinta. Fallón, romo, perdido a veces y saturado de fallos es sin embargo un equipo que se sabe a lo que pretende jugar, quien tiene que hacer qué y que en general da la sensación de querer ganar los partidos por méritos propios y no por demérito del contrario. El encuentro comenzó con un Depor encendido y volcado en el área colchonera lo cual es lógico teniendo en cuenta la situación en la que se encuentra. Los gallegos, no sé si por vocación o porque no queda otro remedio, es otro de esos equipos tan de moda hace unos años construido sin imaginación y a base de músculo, solidaridad física y rigor táctico. Lo que miserablemente ha intentado ser el Atleti en los últimos años y nunca ha sido. En equipos ladrillo como este un jugador como Valerón, incluso con doscientos años, no sólo es la rara avis sino el mejor con diferencia e irónicamente el único que puede poner criterio y sentido al juego como así es de hecho. Los quince primeros minutos el canario apareció entre líneas y el balón fue del Depor. A partir de ahí desaparece y el protagonismo pasa a los madrileños. Valerón es uno de los últimos ejemplos de esa especie en extinción compuesta por los jugadores que piensan por si mismos en el campo.

Con el mejor doble pivote que sin duda tenemos en plantilla el balón empezó a fluir algo mejor generalmente hacia las botas de Reyes, el Kun y un activo Diego Costa que entre arranques poco ortodoxos sigue mostrando siempre una salida al equipo. Por el otro lado Filipe Luis parecía perderse en un maraña de jugadores propios y extraños que tapizaba la banda izquierda de un engrudo que la hacía intransitable. Por allí estaba Elías que una vez más seguía siendo intrascendente a pesar de sus esfuerzos. Las ocasiones en esta primera parte fueron pocas y de poco peligro a excepción de un violentísimo disparo del Kun desde la frontal del área que casi parte el larguero. Con la sensación de que el Atleti estaba creciendo mientras el Depor descendía acabó el primer tiempo.

La segunda parte se inició con el mismo ambiente y las mismas sensaciones. Un Depor corriendo y un Atleti tratando de jugar. El problema de los madrileños en esta tesitura es que están tan poco acostumbrados a mover el balón, a tenerlo y a dominar que el nivel de errores y pérdidas es exagerado. Muchos de ellos vienen por esa estúpida idea inculcada por tantos y tantos entrenadores mediocres de que cada vez que se tiene el balón en los pies hay que lanzarla en vertical a toda velocidad.

El Atleti seguía paso a paso tratando de llegar al área contraria pero el punto de inflexión ocurrió en el minuto 15 de este segundo tiempo cuando Lopo es expulsado por doble amonestación. A partir de entonces el Depor renuncia ya claramente al balón y aunque es un equipo espectacular a la hora de defender y de bascular defensivamente la buena circulación de los rojiblancos hacía que apareciesen los espacios en ataque, especialmente por la banda derecha. Ufalusi había avisado seriamente con una gran llegada al área y remate con la izquierda que Aranzubía pero fue el Kun, siempre el Kun, es el que finalmente abrió el marcador a falta de diez minutos. Juanfran y Forlán habían sustituido a Diego Costa y Elías y ellos fueron los protagonistas. Forlán hace un gran tacón en el área que deja el balón para que remate Juanfran estrellándose contra la barrera. El propio Juanfran coge rápidamente el rechace para habilitar un buen balón al Kun y que este no perdone.

Parecía obvio con con un rival en inferioridad numérica el resultado era definitivo y aunque fue así a pesar de los emotivos empujes finales del Depor lo más significativo de este periodo fue la alegre sorpresa de ver al Atlético de Madrid defendiendo con balón. Es decir teniendo el balón en campo contrario, sin arriesgar, dejando de esta manera pasar el tiempo y que los robos del Depor fuesen en todo caso muy lejos de nuestra portería. Es decir, todo lo contrario de lo que normalmente hace nuestro equipo por indicación de nuestro entrenador. ¿Algo está cambiando? A buenas horas mangas verdes.

El Atleti duerme a cinco puntos de la champions lo que no sé si es para soñar o para tirarse de los pelos. Veremos lo que ocurre en las próximas jornadas pero no me extrañaría que este Atleti siga ganando. Así si.