Día triste

At. Madrid 3 - R. Zaragoza 1



“Entonces sentí que había tenido un sueño, recordé las cosas que había visto. Puedo escuchar todavía las cosas que dijiste con aquel mal sueño en mi cabeza. Fue un día triste. Un mal día”.

Hace más diez años que las temporadas del Atlético de Madrid tienen en común un rasgo verdaderamente triste. Desde hace más de una década, los aficionados esperamos consciente o inconscientemente la fecha de la temporada en la que nuestra ilusión exhala definitivamente su último suspiro. La fecha en la que la desesperación se hace roca, los sueños arena y todo el mundo toma conciencia de que lo que queda por delante será una aburrida carrera hacía una miserable orilla, sobre una canoa que hace agua por todos los sitios y en la que pasaremos malos ratos intentando achicar agua. Me temo que esa fecha ya ha llegado para el Atlético de Madrid. La temporada 2011/2012 tiene la misma pinta que cualquier temporada anterior. Cualquiera en la que lo crítico de la clasificación justifica las medidas desesperadas. Cualquiera en la que siempre y de antemano se sale con el cartel de víctima sobre los hombros. Cualquiera en la que para navidades el equipo ya es irremediablemente una pena sin futuro, sin esquema, sin ambición sin jugadores y sin entrenador.

Uno trataba de pensar sobre el tipo de sensaciones que podría encontrarse esta tarde en el Vicente Calderón pero ya antes de llegar al estadio tomaba conciencia de la inutilidad de estos pensamientos. La tremenda inutilidad tanto del partido por ver como de partidos venideros. Ganar era prolongar la agonía de un proyecto muerto y caduco del que sólo me preocupa el estado de fermentación y putrefacción al que puede llegar el equipo hacia el final de la temporada si nadie pone remedio. Perder era desgarrar la herida letal que ya ha matado ese equipo que en la actualidad viste con la equipación del Atlético de Madrid. Evidentemente uno siempre espera la victoria de su equipo pero evidentemente también uno sabe lo que viene después. Espesura en casa, cobardía fuera. Sopor en el Calderón y empates que se transforman en patéticas derrotas más allá del Manzanares. Alguna que otra derrota humillante con algún que otro histórica rival entre medias. Al final hoy se ganó, pero en un día triste que solamente valdrá para estirar el mal sueño.

El Calderón presentaba esta tarde una imagen bastante triste también. A pesar de las cantidad de caras desconocidas, gente perdida y con entrada que impedía la entrada en los vomitorios, la grada presentaba una entrada pobre y silenciosa. El Atleti se presentaba en el césped con algo de timidez y una disposición algo más coherente que otras veces aunque con la inevitable apuesta medular del psicólogo de psicólogos, ese tándem Mario-Gabi que tantas pesadillas promete a la sufrida parroquia colchonera. Lo bueno para nosotros es que Turán estaba por allí y sobre todo que enfrente teníamos una escuadra diseñada por otro estratega de valentía y criterio incuestionable: Aguirre. El Mejicano, genio y figura, planteó un encuentro con cinco centrales y dos medio centros defensivos que también fueron o serán centrales algún día. ¡Viva el fútbol! Los colchoneros, atenazados, tocaban el balón en horizontal mientras los maños, constreñidos, esperaban en su área. Fútbol moderno. El esquema duró apenas 20 minutos. El tiempo que tardó Turán en poner un centro al interior del área que Adrián, completamente solo, remató a gol de cabeza. Los que sufrimos al bueno de Aguirre durante temporadas que parecieron lustros ya sabemos del “buen hacer” del mister. Da igual que pongas siete defensas cuando tus conceptos defensivos son tan pésimos. Por cierto, buen partido de Adrián, batallador y generoso, haciendo lo que lleva haciendo desde que empezó la temporada y que solamente la incomprensible necedad de su entrenador ha hecho que estuviese apartado de la titularidad en un equipo con poquísimos titulares indiscutibles. Con el 1-0 en el marcador, entonces si, el valiente de Manzano se atrevió por fin a salir del banquillo y plantarse de pie en el campo.

Con el marcador favorable y un rival aturdido al perder el objetivo marcado en el vestuario, el cero-cero, el partido entró en una fase intrascendente que paradójicamente fue lo menos malo del partido. Los madrileños tocando sin mordiente pero defendiéndose con el balón mientras el Zaragoza corría detrás de la pelota encerrados en su campo sin saber que más hacer. Diez minutos después una falta sacada por Gabi es, de nuevo, penosamente defendida por el Zaragoza y Domínguez en el segundo palo aprovecha para cabezear a la red. 2-0 y partido finiquitado.

La segunda parte comenzó con la entrada de Lafita y Micael por un par de entre los miles de centrales que tenía Aguirre en el campo y el partido se igualó. Se igualó en el sopor pero se igualó. Los aragoneses se decidieron entonces a intentar jugar al fútbol por primera vez en el partido y en el camino el encuentro se transformó en un intrascendente y soporífero intercambio de incapacidad. Una grada fría y apagada en un ambiente cada vez más gélido. En el césped la nada. Un monólogo de centrocampismo infertil y terriblemente feo que se rompió mediada la segunda parte con una gran jugada por la izquierda, probablemente la mejor del partido, que provoca un pase de la muerte de Luis Filipe para Adrián que éste aprovecha y marca por segunda vez haciendo el tercero. La brecha en el marcador era tan fuerte para entonces que la defensa atlética decidió recordar los tiempos de Aguirre (que tan bien imita Manzano cuando quiere) y en su homenaje defender con absoluta negligencia un córner que permitía a Postiga a marcar el definitivo 3-1.

A partir de ahí la sesión de cánticos populares. Comenzando con el merecidísimo: "Manzano vete ya" (significativo con el marcador a favor) y acabando con el todavía más merecido: "Gil, cabrón, fuera del Calderón". Ambos iniciados desde el frente pero sólo el primero de ellos secundado mayoritariamente por el resto de la grada. Lo mismo tiene que ver el que en todos los periódicos, todas las emisoras y todas las televisiones el único debate en el Atleti es siempre el del entrenador. Nada más.Tristísima victoria la cosechada por los colchoneros esta tarde. Una victoria que probablemente únicamente sirva para prolongar la agonía.


The Rolling Stones - Sad day



No me importa

At. Madrid 1 - Mallorca 1


“No me importa dónde vamos porque estaré allí y tú también”

Me preguntaban hace un rato si de verdad compensa esto de pasar dos horas bajo el frío y la lluvia aguantando el soporífero sucedáneo de un deporte llamado fútbol que nos tenemos que tragar en el Calderón desde hace décadas y la verdad es que no sabía que contestar. La respuesta obvia es que no, pero sería muy cruel admitirlo con tanta rotundidad y seguir asistiendo al campo. Uno apela a razones sentimentales mientras se agarra a la épica para darle algo de sentido a todo esto pero lo cierto es que cada vez es más difícil y cada vez uno se siente más ridículo. Partidos como el de hoy contra el Mallorca son desde luego la evidencia que da la razón a todos aquellos que ya han decidido abandonar el barco pero lo verdaderamente triste, al menos para mí, es comprobar ahora, mientras estoy escribiendo esto, que antes de empezar el partido ya me daba igual lo que pasase. He perdido la fe y la ilusión y no creo que este “proyecto” de equipo con el señor Manzano al frente puede hacer nada con la dignidad mínima del nombre Atlético de Madrid. He visto esta película tantas veces (una de ellas con el mismo protagonista, por cierto) que ya sé como acaba. Hoy hemos empatado pero podíamos haber ganado o perdido y todo hubiese seguido siendo igual. En cuatro días saldríamos a empatar dónde quiera que fuese y perderíamos. Y volveríamos a perder en casa contra los equipos que están arriba. Y arañaremos puntos fuera con más pena que gloria mientras vamos sacando partidos en casa sin ninguna brillantez. Pelearíamos por las sobras, asistiríamos a la fiesta por la puerta de atrás y sin hacer ruido,... ¿es eso lo que queremos?. Cuando me he sentado en mi carcomido asiento del Calderón era ya consciente de que me daba igual lo que pasase en el campo. No es eso lo que quiero.
Pero lo que no puedo soportar es el aburrimiento. El aburrimiento extremo que me provoca este equipo desde hace décadas y que me hace que se me quiten las ganas de ver fútbol. Lo único que recuerdo de la anterior etapa de Manzano en el Atleti es que era algo soporífero de aguantar y sopor es lo que ofrece el nuevo y prometedor Atleti. La tradicional demagogia del entrenado más demagogo de entre los más demagogos de un demagogo mundo como el del fútbol, Manzano, había ladrado en los micrófonos amigos una alineación que suponía una vuelta a intentar ganar el partido desde el principio jugando la pelota pero eso no era una novedad. Un partido en casa y contra el Mallorca entra dentro de las veces en las que Manzano no entiende que hay que salir al campo a ver que pasa (un valiente el psicólogo de psicólogos). Eso si, el inútil del árbitro (lamentable el trencilla de esta tarde) no permitió demasiado ver como tenía pensado salir el Atleti porque pasado un minuto se inventó un penalti inexistente en el área colchonera. Algún erudito de los muchos que pueblan las redacciones deportivas patrias, de esos que salvo que este el Madrid de por medio siempre se la coge con papel de fumar, dirá que eso es penalti. Bien, eso no es penalti.

Dudo mucho que el Mallorca de ese otro fino estratega y amante del fútbol llamado Caparrós hubiese planteado el partido de otra manera, incluso con empate a cero, pero estando por encima el planteamiento estaba claro: once en al área, patadas a diestro y siniestro y perder tiempo de la forma más desquiciante posible. Ya saben, Caparrós en estado puro. Ese entrenador que tanto gusta a MA GIl y que está deseando traer a terminar de vulgarizar el club. Por el lado del Mallorca estaba claro lo que veríamos. Por el otro también. El Atleti tenía el balón regalado, llegaba con cierta soltura a campo contrario (a pesar que el Mallorca presionaba con cierta diligencia) pero allí aparecía la mano de nuestro entrenador. Es decir, ninguna. Los jugadores se colocaban como supongo que el jienense les había dicho en el vestuario y ahí se quedaban. Ni una idea, ni un mecanismo, ni una chispa. El balón llegaba a Diego o Turán o Tiago y no sabían que hacer con él más allá que desplazarlo en horizontal. Si el balón llegaba a Mario las dudas se disipaban antes y directamente se lo enviaba al contrario. Falcao y Adrián se peleaban con todos arriba pero estaban a tal distancia y su trabajo era tan inútil en esta especie de 4-1-3-2 que se ha sacado Manzano de la manga, que era imposible adentrar en el catenaccio de Caparrós. ¿Daba la sensación de que el equipo tenía entrenado como jugarle a un Mallorca que, ¡oh sorpresa!, estaba encerrado en su área? No. De hecho la sensación era justo la contraria, que no tenía ni idea de que hacer. Las aportaciones del entrenador eran sin embargo más sutiles y profundas como eso de sacar los córners en corto, innovación táctica que sólo sirvió para facilitar el contrataque balear. Esa fue la primera parte: pases de balonmano lentísimos e inútiles alrededor de una defensa cerrada. Un equipo con la idea Caparrós tatuada en la frente y otro sin una sola idea. Falcao consiguió realizar poco antes del descanso un trabado eslalon que lo mete dentro del área dónde es derribado. El propio colombiano se encarga de transformar el empate, que a la postre sería definitivo.

Quedaban 45 minutos para ganar el partido pero podríamos habernos tirado 450 con el mismo resultado. El Mallorca volvió al campo con el mismo guión. Achicar agua y castigar el tobillo de cualquier que prentendiese irse en velocidad o dar un pase con sentido. El resto también. El árbitro mirándose en el espejo. El Atleti mareando el balón sin profundidad, ni velocidad, ni sentido. Decían que el problema del equipo era la falta de acierto pero es muy difícil acertar cuando ni siquiera tienes ocasiones de hacerlo. En Italia no hubo. Hoy tampoco. Manzano terminó de arreglar su desaguisado quitando a Adrián para poner a Salvio en un cambio cobarde, rastrero y sin sentido. Salvio, fuera de sitio, no hizo nada. También saltaron Reyes y Pizzi con el mismo resultado. Apenas un tiro lejano de Reyes y un remate de cabeza de Falcao al final del partido fueron las ocasiones de ese ilusionante equipo que se ha sacado este año de la manga MA Gil.

El Atleti 2011/2012 está ya muerto. Luchará por las posiciones de siempre, con las armas de siempre, las penurias de siempre y las carencias de siempre así que me da igual lo que pase a partir de ahora. No es el equipo que yo quiero y no me despierta ninguna ilusión. Me da igual si ganamos en Bilbao o si perdemos porque no cambiara nada. Esto es una estafa. Un ídolo con pies de barro. Un pollo sin cabeza. Una excusa triste para que otros realicen sus negocios. Una nueva bofetada al muy abofeteado Atlético de Madrid. Mientras no vea algo que me permita levantar la cabeza, todo esto, me da igual. No me importa.

“No me importa el estúpido conocimiento. Ahora soy consciente de lo que es verdad”


Teenage Fanclub - I don’t care
(Songs from Nothern Britain/1997)

Causa perdida

Udinese 2 - At. Madrid 0


No recuerdo la de veces que año tras año, verano tras verano, me he armado de esperanza e ilusión respecto a la temporada venidera del Atleti. En contra de la lógica, apelando al pasado, buscando entre mis sentimientos más profundos uno intentaba encontrar razones para poner la pasión de siempre en el equipo de mis amores. A veces pensaba que era cuestión de arreglar la defensa, otras de arreglar la delantera. En los últimos años estaba convencido de que la solución estaba en equilibrar al equipo y de una vez por todas darle la plantilla a un entrenador con criterio. No hace falta que fuese una Vedette tipo Mourinho sino que bastaba con un tipo normal, sensato, acorde con el fútbol moderno, valiente, con personalidad y sobre todo con ganas de llevar al Atleti al lugar que le corresponde. Es una causa perdida. Este equipo, o lo que queda de él, no tiene solución mientras estén al frente los que están. Nunca tendremos un equipo equilibrado, nunca tendremos el espíritu y la ambición que nos corresponde y nunca tendremos un entrenador coherente con todo eso. No interesa. No puede ser que año tras año se cometan los mismos errores. Esto tiene que ser premeditado y por lo tanto es una causa perdida.

Permitanme, antes de que se me olvide, reservar antes que nada unas palabras para manifestar el absoluto desprecio que me produce la propuesta futbolística del Udinese. Fiel heredero de la tradición italiana más rastrera los italianos han ganado un partido de libro según el código transalpino. Catenaccio todo el partido en su propio campo esperando una jugada fortuita o un error del rival. Anti-fútbol en estado puro. Me repugna cuando lo veo en mi equipo así que se me escapa el calificativo cuando lo veo en el rival. Que mis críticas al Atleti no se interpreten como elogios a un equipo, el Udinese, que no merece ningún éxito jugando así.

Ahora bien, el Atleti tiene lo suyo. Al acabar la primera parte los “simpáticos” locutores de Cuatro y el timeline de mi twitter parecían estar de acuerdo en que los madrileños estaban haciendo un buen partido. Yo mismo tenía esa sensación aunque siempre con el resquemor de que faltaba algo. Era obvio. Bastaba pararse a pensar. No habíamos tirado una sola vez a puerta en los 45 minutos. Entonces es cuando empiezan a encajar las piezas. Enfrente teníamos unos italianos con diez tipos en la frontal sin ningún interés por el balón, artefacto que cuando caía en sus pies enviaban lo más lejos posible. No parece muy meritorio ni justo presentar el dominio del balón y del juego como el gran bastión del poderío colchonero. Sobraba Gabi y faltaba fútbol. ¡Qué casualidad! La primera parte fue eso: circulación lenta y etérea, juego horizontal, intentos esporádicos de Pizzi de desbordar (siempre lejos de la portería), Diego tratando de entrar en el patatal de centro del campo que habían montado Gabi, Asunçao y los italianos y muy poco más. Algo visto una y mil veces. El ilusionante 4-3-3 que el trilero de Manzano vendía en las redacciones deportivas de este país a principio de temporada se ha transformado en un 4-2-3-1 de toda la vida que pasa a 4-5-1 cuando le entra el canguelo al profesor, que es prácticamente siempre. Un sistema, que como todos los sistemas, es bueno o malo dependiendo básicamente de los jugadores y la misión que se les asigne en esa posición. Manzano, como ya hizo en su primera versión, decide construir su equipo alrededor de un doble pivote de picapedreros con discutibles aptitudes físicas pero indiscutible incapacidad para crear fútbol y mucho menos para hacer que el resto del equipo lo cree. Lo de siempre, un planteamiento destructivo en el centro del campo que deja la posible elaboración siempre al libre albedrío y siempre lejos del centro del campo. Antiguamente por lo menos teníamos jugadores que eran capaces de hacerse las jugadas ellos solos y de eso hemos vivido muchos años. Torres, Forlán, Agüero,...Ahora no tenemos nada de eso. Diego es un gran jugador que juega fuera de sitio y nada arropado. Es como jugar a la Play Station y poner a Messi de lateral derecho. Falcao no sabemos si tiene lo que dicen que tiene (se supone que si) pero sabemos fehacientemente que no tiene lo que le pide su entrenador. No lo tiene y no lo va a tener. Los que salen en las bandas son irrelevantes y lo son porque ni ellos mismos saben que es lo que tienen que hacer más allá de tapar a su rival. El Atleti de Manzano dicen que quiere el balón pero no es verdad. El balón se lo dan y al igual que siempre no sabemos que hacer con él. Gabi y Asunçao y Mario y Costinha y De los Santos y Raúl García y...no saben que hacer con él.

La segunda parte fue lo mismo pero peor. Más deslavazado, más feo, más lento, más impreciso y mucho más aburrido. Godín mandó el balón a las nubes a cinco metros de la portería pero también Courtois tuvo que emplearse para marrar una estirada de los italianos. Ahí se acabaron las oportunidades hasta el minuto 88 en que un rechace en el área acaba en los pies de Benatia (y en los de Perea) y así, de rebote, marca el primer gol. Más italiano no podía ser. El ulterior intento a la desesperada del Atleti por intentar equilibrar el marcador obtuvo como premio todo lo contrario, el segundo del Udinese tras un contrataque culminado por Floro Flores.

¿Injusto resultado? Probablemente. ¿Merecía ganar o tan siquiera empatar el equipo italiano? Por nada del mundo. ¿Merecía ganar el Atleti?...no lo tengo nada claro. Si hacemos las cuentas de otra forma el Udinese sabía perfectamente a lo que jugaba. El Atleti no. Ambos tuvieron casi las mismas oportunidades que fueron casi ninguna.

El Atleti es una vez más un fraude que además no tiene visos de mejorar. La prensa del régimen insiste en decir que el problema es la falta de gol. No. El problema es la falta de juego. La falta de creación de ocasiones de gol. La falta de fútbol. Pero es difícil jugar al fútbol con un equipo que sitúa los pilares de su esencia en Gabi, un jugador que nunca debió haber vuelto por segunda vez al Atleti pero que ya va por su tercera resurrección. Mientras Gabi y Asunçao/Mario sean el eje del centro del campo en este o cualquier otro equipo, este o cualquier equipo no pasará de dónde se encuentra ahora mismo:la más absoluta mediocridad. De la misma manera me temo que mientras este Manzano en ese banquillo no veremos otra cosa y de la misma forma entiendo que mientras esté MA Gil dando vueltas a la M-30 y teóricamente dirigiendo el Atlético de Madrid seguiremos teniendo Manzanos en el banquillo y Gabis llevando la manija del equipo. Lo dicho, una causa perdida.

Beck - Lost Cause
(Sea Change/2002)

Me lo sé muy bien

Granada 0 - At. Madrid 0


“Conozco ese sentimiento escrito en tu cara en el que no pareces mucho tú mismo y estás fuera de sitio. Me lo sé muy bien”

La primera vez que el señor Manzano entrenó al Atlético de Madrid, algo que ahora muchos medios de comunicación han decidido obviar, manipular o distorsionar, fuimos un equipo muy aburrido, muy mediocre y muy rastrero. Entre docenas de records negativos y comportamientos tan lamentables que retaban al idioma castellano por no poder encontrar una palabra lo suficientemente negativa para definirlos, fuimos también uno de los peores equipos fuera del Vicente Calderón. Hablo de cabeza pero creo recordar que solamente se ganó una vez en toda la temporada. Bien, parece que este año volveremos a vivir la misma pesadilla horrible. En tres partidos no hemos sido capaces de hacer un gol. Es una realidad. Gracias a la voluntad sátrapa de los ilegítimos dueños de nuestro club y su incapacidad voluntaria de intentar dotar a la parte deportiva de este club con algo de cordura, el tal Manzano vuelve a ocupar un banquillo que nunca debió ocupar y mucho menos repetir. Con él llega su cavernario concepto del fútbol, el empalague tóxico de su prosopopeya y el efecto laxante de su miedo enfermizo. Gracias al heredero mimado de Jesús Gil, volvemos este año a tener un asustado pero engreído “profesional” que henchido de miedo y saturado de incapacidad plantea la misma versión de Atlético de Madrid que hemos tenido durante la última década, pero que tiene además la caradura de vender como algo nuevo y revolucionario. Mentira. Es la misma bazofia acomplejada, cobarde, especulativa y mediocre que hemos visto tantas veces. Me lo sé muy bien.

Quince minutos antes de empezar el partido, al ver la alineación, ya supe lo que iba a ocurrir. ¿Soy adivino? No. Soy abonado del Atlético de Madrid. Han pasado un número suficiente de partidos como para saber lo que son probaturas o experimentos y lo que son crueles realidades. Manzano tiene claro que los jugadores creativos no pueden ocupar el mediocentro, ese espacio del campo que para unos es el sitio dónde se empieza a crear el juego y para otros, entre los que se encuentra nuestro querido “entrenador”, el sitio dónde no debe estar el balón para nadie. Esa zona del campo no está fabricada para jugadores como Tiago y mucho menos para Diego. Allí, para Manzano, sólo pueden estar Gabi, Mario, Asunçao, De los Santos, Simeone, Costinha,...Ayer era Ibagaza el que se iba a la banda y Movilla al banquillo. Hoy son Tiago, Diego o cualquier que pretenda parar el balón y levantar la cabeza. Me lo sé muy bien.

Manzano no es que sacara hoy su revolucionario y “exitoso” trivote. No. Hoy a falta de 3 hemos salido con 4 mediocentros. Eso si, Diego haciendo de una especie de Reyes que lo hacía desaparecer (igual que en Barcelona y recordando que en Valencia no jugo por decisión del entrenador) y con Tiago escorado también a una banda no sea que molestase a esa especie de Tercer central fallón que tenemos llamado Mario y ese otro portento del correr a lo loco y el cerocerismo que es Gabi. Un mediocentro defensivo (cada vez más defensivo) en baja forma y un monumento a la intrascendencia son los pilares irrenunciables sobre los que se construye el Manzanismo de este año. Por delante de ese trivote anti-creacción un Reyes desesperado, aislado y en plan llanero solitario, un Diego perdido y desperdiciado en una zona que sólo potencia la mediocridad de un jugador nada mediocre y todavía mucho más apartado, más aislado y más mediocre un Falcao que al no ser, como Agüero o Forlán, un tipo capaz de bajar a recoger el balón y llevarlo él solito hasta la portería contraria, aparece como un tronco romo y fallón que se dedica exclusivamente a pelearse con los centrales. Con ese panorama comentar la estúpida frivolidad de colocar a Juanfran de lateral da hasta pereza. ¿Para qué pone Manzano a Juanfran ahí? ¿Para no subir una sola vez por la banda? ¿Cómo pretendía Manzano hacer jugar a Juanfran en modo ofensivo si el equipo está construido en derredor del doble pivote tarugo y no tiene la intención de jugar e ir a por el partido?

El Atleti apenas engañó 5 minutos. A partir de ahí el Granada demostró que en el campo sólo había un equipo entrenado con criterio que salía a por el partido con todo lo que tenía. Ellos mismos. Usche estuvo a punto de romper el empate mandando el balón al palo tras un pase desde la banda de los granadinos defendido como un equipo de Teddy Bears por los madrileños. Después de esa llegaron otras ocasiones durante 40 minutos que ponían a prueba al bueno de Courtois. Esa fue la primera parte. Un Granada que si no iba por delante en el marcador era por su pobre efectividad, probablemente causada por lo ajustado de su presupuesto, que jugaba contra un Atleti sobrado de presupuesto pero carente de ideas, de criterio, de objetivo, de esquema, de ambición, de valentía, de físico, de capacidad de creación y sobre todo de fútbol.

El panorama no cambió nada tras el descanso hasta que el presunto profesor, el señor que hace las funciones de nuestro entrenador, decidió colocar a Asunçao por Mario (todo un alarde de criterio y valentía) y a Tiago por Adrian. Con algo tan estúpido sin embargo cambió el partido. Adrián supuso que su entrenador lo había puesto de delantero y se fue a incordiar a la parte de arriba con lo que Falcao renació. Ambos hicieron un partido pésimo (mejor Adrián en el juego pero fallando de forma estrepitosa en el remate) pero al menos se empezó a ver la delantera del equipo. Con Tiago fuera y viendo que lo que quedaba era Gabi y Asunçao, Diego decidió tocar un poco más el balón y oye, la cosa empezó a fluir. El Granada dejó de tener el balón y el Atleti empezó a jugar en campo contrario. Llegaban con dificultad y sin armonía las ocasiones, pero llegaban. El problema es que nadie remataba bien. Falcao siempre tarde. Adrián siempre mal. El colombiano dejó su sitio por Pizzi (me lo expliquen) pero el portugués apenas pudo entrar en juego (aunque no desentonó cuando lo hizo). Para entonces era evidente que los jugadores del Atleti querían ganar el partido. Lo que no estaba claro es que lo quisiese su entrenador. Un entrenador que evidentemente no había preparado el partido para ganarlo y que a esas alturas, con el equipo volcado, podía perderse. Así que se empató. Se empató además con la humillación de ver a un recién llegado, Miranda, perdiendo tiempo al sacar de puerta en la última jugada del partido. Un entrenador que supiese algo del Atleti lo sentaría en el banquillo unos cuantos domingos. Manzano, que no es esa persona, le habrá pegado un abrazo en el vestuario. Un presidente de verdad pondría a los dos, jugador y entrenador, en la puta calle.

La duda este año es la misma de siempre: comprobar si la mediocridad creciente de la liga nos acoge por debajo y los equipos que pelean por la UEFA son también este año lo suficientemente malos como para que nos dejen entrar dentro. Aspirar a otra cosa con esta actitud, entendiendo que jugar fuera de casa significa renunciar a ganar, acumulando músculo sin músculo en el centro del campo, apartando a los jugadores creativos de la zona de creación y en definitiva con ese vendedor de crecepelo en el banquillo, es una ingenuidad.

“Espero que mañana todo esté más claro que hoy aunque en tu casa siempre merodea la tristeza al final nunca se queda. Me lo sé muy bien.”

Ron Sexsmith - I Know it well
(Retriever/2004)

Graderio

Hay mucha gente, incluso entre los profesionales que aparentemente viven de ello, que tienen dificultades para entender la emoción de acudir en directo a un estadio de fútbol. En la era de los horarios marcianos y del fútbol televisado son muchos los que ya no entienden como pudiendo asistir a través de la pantalla de plasma a un espectáculo galáctico en el confortable salón de casa, rodeado de los parabienes de la calidad de vida, hay todavía descerebrados que prefieren tirarse a la calle, castigando sus riñones con anacrónicos asientos de plástico y a expensas de lo que la ruleta rusa que mueve el tiempo atmosférico tenga a bien decidir. Supongo que habrá alguien al que todo esto le generará dudas pero no es desde luego mi caso. Yo lo tengo meridianamente claro. Tan claro que lo que no entiendo es el razonamiento a la inversa. Supongo que, como casi todo en esta vida, es una cuestión de perspectiva.

Hay gente que al ver un cuadro ve exclusivamente el tamaño, coste del lienzo, el marco y la pintura con la que ha sido creada y hay otros que no ven todo lo anterior sino algo que en esencia no existe. Si alguien es capaz de reconocer el tercer movimiento de la sinfonía nº 41 de Mozart (sólo lleva 223 años sonando) una gran parte de la sociedad envidiará esa capacidad y lo tomará como una persona tremendamente culta mientras que si esa misma persona es capaz de reconocer, a la primera escucha, el sampler utilizado en el último disco de Wilco (porque conoce muy bien a los Stooges) la misma parte de la sociedad interpretará que el susodicho es un friki y catalogará el logro como una absoluta chorrada sin importancia. Como digo todo es cuestión de perspectiva.

Para mi acudir al Vicente Calderón no es estar dos horas al frío sentado en una silla incomoda, hacinado junto a personas que no conozco, rodeado de suciedad en unas instalaciones que dan vergüenza ajena y todo ello mientras me aburro viendo a un grupo de personas que sale a practicar un juego parecido al fútbol con la camiseta del Atlético de Madrid. Tampoco es el llegar a altas hora de la noche un día de diario, empapado de agua y preguntándome una y otra vez que es lo que hago yo dando dinero todo los años a un delincuente, así reconocido por la justicia que no por el gremio periodístico, como Miguel Angel Gil Marín. Es más, en ocasiones esos señores vestidos del Atleti son lo de menos y las felonías del heredero Gil son algo así como tener que aguantar a mí odiado cuñado durante la comida (que no después) si quiero comer con mí hermana. Ir al Vicente Calderón para mí es quedar con ese amigo de toda la vida al que no solamente puedo ver los domingos. Es tomarme una cerveza con mi hermano y esos otros amigos de toda la vida mientras hablamos de Diego, del Pato Sosa, de la última actuación dramática de Mourinho, de lo sumamente pésimos que son nuestros periodistas deportivos o de la última perfidia de MA Gil. Es escuchar el ruido de miles y miles de personas con diferentes formas de vestir, pensar, sufrir, vivir, ganar o perder pero que de forma casi mágica sabes que comparten contigo algo bien apreciado. Es notar en tus propias carnes el calor de los que están de tu parte. Sentir el poder del calor humano. Es creer en lo que no se ve. Es poder cantar o gritar con todas tus fuerzas sin que te miren mal. Es el único sitio en el que poder ver como se muestran de verdad las gentes respetables que se pasan el resto de la semana contenidos y escondiéndose de sí mismos. Es observar ese fenómeno inexplicable pero precioso de la transmisión de padre a hijos de un ramillete de sentimientos imposibles de acotar, definir o analizar. Sentimientos que no valen para nada excepto para ser feliz. Es poder volver a ser un niño irresponsable, incontenible e incoherente.

Soy un absoluto defensor del fútbol en vivo y por tanto un aguerrido enemigo del secuestro militar que está sufriendo por parte de esos mercados que ya se han cargado el mundo cotidiano y en forma de negocio televisivo pretenden (y están consiguiendo) eliminar a mordiscos la parte irracional, emocional, sentimental y mágica que rodeaba al mundo del fútbol. Si hay que explicar las “razones” por las que alguien es seguidor del Atlético de Madrid, del Fulham o del Racing de Avellaneda no sólo es que no ha entendido nada sino que ni siquiera debería estar en esa conversación.

Uno estaba convencido de que todo esto lo entendían perfectamente mis compañeros de grada. Tipos anónimos, de los que generalmente no conozco el nombre pero que a fuerza de los años consideraba de la familia. Esas personas con las que tantos años he intercambiado miradas que no necesitaban explicación o comentarios. Como Jesús, ese hombre que viene religiosamente (¡él solo!) desde Burgos todos los partidos excepto los que caen en domingo muy tarde porque no tiene autobús de vuelta. O Juan, ese chaval que lleva la verde y oro al cuello, que está obsesionado por las salidas de los porteros, y que trata domingo tras domingo de inculcar a su chica sin éxito el veneno atlético. O los dos hermanos de abajo que con irregular cadencia rítmica no paran de gritar contra Cerezo todo el partido y que no sé cómo se llaman pero a los que no tuve reparos en pegarles un abrazo de escándalo el día que me los encontré en la grada de Hamburgo. O Pedro ese señor inmenso que jamás abre la boca pero se pasa el partido negando con la cabeza y que dada su corpulencia se lo hace pasar muy mal al desafortunado que le toca sentarse a su lado. O el señor Andrés y su nieto, que cada vez tiene menos brillo en los ojos. Pensaba que todos ellos pensaban igual que yo. Estaba convencido, pero ahora, que es cuando me asaltan las dudas, ya no puedo preguntárselo. No puedo hacerlo porque ya no están.

Cuando aparecí aquel domingo a las 12:00 frente a Osasuna no estaban y pensé que era por el horario. ¿Quién en su sano juicio se pasa dos horas en verano al sol en Madrid por ver al Atleti? Me temo que yo. Me temo que ellos. Pero no estaban. Tampoco estaban el día del Celtic, ni el del Sporting, ni el del Racing,…No creo que vuelvan. Su lugar ahora está ocupado por otras personas que aparecen perfectamente uniformadas con el traje colchonero de última generación. Cantan el estribillo del himno, insultan al Sevilla y se meten con Perea. Tienen twitter en el que leen durante el partido lo que dicen los periodistas oficiales por si acaso no están interpretando bien lo que sus ojos están viendo. Están convencidos de que con un poco de suerte, si los planetas se alinean y se descubre la fusión en frío por fin seremos…terceros.

El caso es que miro el resto de la grada y no solo empiezo a sentirme extraño sino que tengo la sensación de que allí hay menos gente que otros años. Pero luego miro las cifras oficiales y leo los comentarios de los periódicos serios ensalzando la cantidad de abonados que tiene mi equipo y me callo. Me tengo que callar. Será una vez más mi pertinaz pesimismo. O no. El otro día, contra el Sevilla, vi a Luis. El hermano pequeño al que abracé en Hamburgo y que ahora ya sé cómo se llama. Me contó que se había dado de baja. Él y su hermano. Y el señor gordo y el viejillo y Pedro y Jesús. Todos. Pero me contó también que no pueden dejar de ser del Atleti (“chico, es como un veneno”) y que después de 20 años les costaba desprenderse de parte de su esencia y por eso habían dejado el abono pero habían sacado el carné de socio que les deja conservar el número y acudir a un partido (en su caso contra el Sevilla). También me contó que el club no considera su caso como un abonado que se ha dado de baja. Ahora empiezo a entenderlo. Lo mismo no es mi pertinaz pesimismo el que ve cambios en el graderio.

Año nuevo

At. Madrid 0 - Sevilla 0


“Así que este es el nuevo año, pero yo no siento ninguna diferencia”

Es oficial: estoy cansado de este Atleti. Cansado de sus dudas, sus imperfecciones, sus carencias, sus excusas, sus condicionados y sus mentiras. Son siempre las mismas. Es siempre lo mismo. Por la izquierda o por la derecha. Sin toro o sin toreros. Año tras año se pretende vender una ligera aplicación de desodorante como una ducha en toda regla pero no es así. El Atleti construye sobre cimientos de barro y la casa siempre está torcida. Por mucho que la pinten. Por mucho que le cambien. ¿Año Nuevo? No señores, lo mismo de siempre.

Caminando hacía el estadio supe la alineación elegida por Manzano para el partido de hoy y no era otra que probablemente la alineación titular que todos los aficionados teníamos en la cabeza por ejemplo el día del Barça. Entonces no salió, igual que no salió en Francia lo que deja claro cual era el partido para ese señor que se sienta en nuestro banquillo. Cuál es su liga. Cuál es su objetivo. El Barça está en otro mundo. La Europa League es esa competición en la que hay que hacer “un buen papel” con lo que un punto fuera de casa es “positivo”. ¿Les suena el discurso? Claro, que les suena. Es el mismo de siempre. Europa. Chapotear con mediocres argumentos en la mediocridad para intentar sacar la cabeza. ¿Digno del tercer presupuesto de la liga? No lo creo pero, ¿a quién le importa?

En el campo lo que vimos fue también algo muy parecido a los Atleti-Sevilla de siempre. Un estadio casi lleno, un equipo que quiere ganar y no sabe o no puede y enfrente de otro equipo que no quiere jugar, que no quiere que el rival juegue y que también es miembro honorífico del club de los “valientes” que entienden que un punto fuera de casa es un gran resultado. El equipo titular y el jugar en casa le dio al Atleti el balón desde el comienzo del partido. Seguimos circulándolo con mucha lentitud pero el hecho de tenerlo evita muchos problemas a la hora de defender. Sin mucha pasión ni profundidad los madrileños controlaban eso si el partido y poco a poco llegaron oportunidades claras. Suficientes para haber encarrilado el partido. Las mismas que otras veces entran hoy se fueron. Especialmente recuerdo una de Reyes que dentro del área y con toda la portería para él (aunque cargada de jugadores propios y extraños) la mandó fuera.

Falcao puso un gran empeño por entrar en juego y llegar a todos los balones (en ocasiones saliendo demasiado de su área de acción) pero estuvo muy marcado por la defensa Sevillista y permitanme que use el eufemismo marcado pero es que no se me ocurre otra palabra. Pasan entrenadores, pasan temporadas, pero el Sevilla sigue igual, dando patadas a diestro y siniestro. Muy lamentable la imagen que deja el equipo del Nervión que sigue “engrandeciendo” su leyenda en este estadio. Muy duro en el juego (parando con faltas cualquier intento del Atleti de construir fútbol), cobarde en el planteamiento (regalando el balón y olvidándose de jugar) y marrullero en las formas (perdiendo tiempo prácticamente desde el primer minuto de la primera parte). El marcador reflejaba al descanso el 0-0 pero el Sevilla podría y debía haberse ido perdiendo al descanso bien por alguna ocasión o por un clarísimo penalty a Falcao que el pésimo árbitro de esta tarde tampoco vio.

La segunda parte cambió ligeramente el esquema durante los primeros veinte minutos. La habitual caraja del los rojiblancos se unió a un tímido intento de los hispalenses por hacer algo más. Tampoco fue una alarde de valentía pero al plantarse los sevillistas con algo más de intención y sobre todo adelantando la presión a nuestra salida de balón fue suficiente para sacar a relucir algunas de las muchas carencias que tiene el equipo madrileño. Con balón el Atleti es incapaz de circular rápido la pelota, incapaz de encontrar superioridades por las bandas con rivales cerrados y su único delantero es muy fácil de marcar. El pastiche táctico de Manzano utiliza un único delantero y cinco centrocampistas lo que hace tremendamente previsible el ataque colchonero. El famoso 4-3-3 no es tal sino más bien una suerte de 4-5-1 en distintas variaciones, todas ellas prescindiendo de delanteros y acumulando centrocampismo amorfo. Un sistema demagogo que pretende presentar a la grada la valentía del 4-3-3 pero que en realidad se contagia de la cobardía de su entrenador que hace que los dos supuestos delanteros dinámicos se pasen la vida en la construcción del centro del campo. Defendiendo, el equipo es todavía peor. Inútil en la presión (más que mala, nula) el equipo acostumbra a recular hasta su área facilitando la vida al rival. El Atleti se desquiciaba en su incomprensión mientras el Sevilla se estiraba con timidez llegando con cierta claridad hasta la portería rival. Su mejor ocasión vino a partir de un fallo garrafal e imperdonable de Mario Suárez (que lleva muchos partidos muy mal pero que bien es verdad vino condicionado por un error mayúsculo del árbitro que dio una absurda ley de la ventaja con un tiro directo a escasos dos metros de la frontal del área) que dejó a Manu del Moral delante de Courtouis y que afortunadamente marró.

Los cambios de Gabi por Tiago (para mí incomprensible) y de Salvio por Reyes hicieron devolver el control del partido al Atleti hasta el punto de probar al cancerbero sevillista más de una vez pero Javi Varas tuvo dos o tres intervenciones de mérito desbaratando las oportunidades. La más clara sin embargo  fue una gran jugada de Reyes por la derecha que Falcao falla en boca de gol sin necesidad de que actúe el portero. Viendo lo que se cocía, el Sevilla decidió volver a su esencia y a base de cambios, patadas y pérdidas de tiempo consiguió llevar el cronómetro hasta el final. Ya me lo pareció Marcelino el año pasado y me lo sigue pareciendo este: otro entrenador-mentira con más miedo que vergüenza. Sonó para el Atleti pero está bien dónde está.

El Atleti no ha ganado hoy por mala suerte. Así lo creo. También creo que cuando no es la mala suerte, es la defensa, o el inútil del entrenador, o el rival o la bolsa de Nueva York. La realidad es que hemos ganado los mismos partidos que hemos perdido, que fuera de casa salimos a no perder y que con todos los grandes palmamos o empatamos. Lo mismo de siempre. Año tras año. ¿Año nuevo? No señores, lo mismo de siempre.


“Así que todo el mundo coge su mejor traje y se viste. Hagamos creer sólo por esta vez que estamos sanos”


Death Cab For Cutie - The New Year
(Transatlanticism/2003)