Cualquier día estará bien

At. Madrid 0 - Albacete 1

Decía Charles Dickens que cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender. Yo creo que Dickens tiene razón pero alguno pensará que no es así o que si lo fuese, los dirigentes del Atlético de Madrid serían a estas alturas unos grandes genios de la dirección de un club de fútbol. Créanme, tiene una fácil explicación. Ustedes, como yo, entenderán que la humillante expulsión del Atleti de la Copa del Rey 2011/2012 es un rotundo fracaso. Ese es el problema. El actual dueño prescrito de nuestro bendito equipo, y sus floreados mamporreros, lo entienden de otra manera. Un contratiempo, mala suerte, un borrón, algo que puede pasar, cosas del fútbol,... todavía no habrán acordado la explicación pero ira por ahí. Bajar a segunda no fue un fracaso sino una búsqueda interior que reforzaba el sentimiento atlético que había ocurrido como consecuencia de una justicia justiciera que la tenía tomada con esa familia de intachable expediente como la de Gil y Gil. Quedarse otro año en segunda no fue un fracaso sino un contratiempo incomprensible. Contratar un entrenador de quinta línea y construir aquel año el equipo bajo las premisas de que en segunda se jugaba de forma diferente no fue un fracaso sino efecto de la mala suerte. Quedar el séptimo haciendo un juego horrible con Manzano en el banquillo no fue ningún fracaso sino en este caso un éxito. Un éxito rotundo ensuciado por la mala suerte de un gol en la última jornada que nos sacó de ese eufemismo de UEFA llamado Europa. Tampoco fueron fracasos los ridículos de Bianchi o Ferrando, ni la penosa eliminación contra el Bolton, ni salir de la Champions haciendo el ridículo y sin ganar un sólo partido (¿para eso la queremos jugar?), ni el no haber sido tercero en la liga desde hace décadas, ni las goleadas de Barça y Madrid, ni las ventas de Torres, o el Kun o Forlán o De Gea, o... Nada es un fracaso. Cuando no es directamente un éxito al menos todo tiene justificación y entra dentro de la cruel normalidad. Cualquier día estará bien. Hay que animar hasta reventar y divertirse sufriendo. Por eso no aprendemos. Por eso estamos igual que estábamos. Nosotros más viejos y asqueados, el club más pobre y MA Gil más rico. Piensen sobre esta última frase. Piensen quién es el único que gana con todo esto.

Pero aquí estamos. Eliminados de la Copa del Rey, con justicia, por un equipo de 2ªB (el Albacete) y hablando del entrenador o el tamaño de los genitales de los jugadores que este año han tenido la mala suerte de colocarse la casaca rojiblanca. Cientos de jugadores han pasado por ese lugar y esa situación con la misma camiseta. Docenas de entrenadores se han sentado en ese banquillo con similares resultados. Siempre acaba pasando lo mismo. Queramos verlo o no, ésta es más o menos la versión que conocemos del Atlético de Madrid desde que el heredero del patriarca Gil, un tipo apodado Calamidad, se hiciese con los mandos de la institución a finales de los 90. Ahí sigue. Ha cambiado todo menos él. Pero seguramente no tenga nada que ver y la culpa sea mía por escribir esto en lugar de irme a dormir o a escuchar las explicaciones de los gurús de la radio.

Si quieren hablamos algo de fútbol aunque, la verdad, no apetece. Manzano, ese señor soberbio y cínico que no ha pasado un día como integrante del Atlético de Madrid (ahora y antes) sin que mostrase su prepotencia y su desprecio por la afición del Atlético de Madrid, que también ha demostrado por activa y por pasiva su manifiesta incapacidad para hacer algo digno con este equipo, jamás debió haber venido por segunda vez al Atleti. Ahora es fácil decirlo pero yo ya lo dije en verano (está escrito) cuando muchos se me tiraron encima, abducidos por los periodistas galácticos, principales valedores del a figura del jienense. Una vez aquí, consumado el fracaso del proyecto (que venía siendo evidente mucho antes) en el coqueto estadio del Español no debió haber seguido dirigiendo a este equipo por el bien no sólo del Atleti sino de él mismo. Como aquí no existen los fracasos y la institución tiene más trampas que deudas, el tipo siguió llevando a la institución y sus protagonistas a un estado de histeria colectiva que no tenía muy buena pinta. Se vio en el Calderón contra el Betis cuando aturdido por su propia prepotencia insultó a la grada con sus cambios mientras el marcador se desangraba. Entonces eran sólo 3 puntos. Pero se ha visto de nuevo hoy. Esta vez dando un paso en falso que ya si, no tiene solución.

El Atleti ha salido está noche perdido, sonado y con miedo. Como no queriendo estar allí. Con la figura del entrenador en forma de cadaver, la plantilla quedaba a su suerte y hoy se ha visto cual es. Sin líderes naturales ni artificiales, sin referencias, sin proyecto, sin futuro, sin identidad, sin empatía,... los jugadores han demostrado sus carencias en esa materia con la que se debe construir la elite. Escondidos, asustados y cobardes la plantilla nunca ha estado a la altura de su sueldo. No digo ya de la historia de este club. Enfrente un equipo construido alrededor del balón a pesar de estar en 2ªB (algo que no ocurre en el Atleti desde que el ínclito veterinario está al frente) y con el frasco de ilusión hasta arriba salió a comerse el mundo. Y lo hicieron. A los 20s ya iban ganando.

El Atleti intentó entonces tomar el mando del balón y del partido. Lo hizo, pero con esa pasividad marca de la casa y esa incapacidad para hacer peligro que ha hecho ya famoso al equipo. Circulación barata, espesura, lentitud y balón a la olla. Ninguna ocasión. De hecho las mejores fueron del Albacete que gracias a su desacierto de cara al gol y a Asenjo no tuvieron mejor renta al descanso.

Manzano entonces decidió morir matando. Quitó a Diego por Pirri. No busquen explicación. No la hay salvo que se recurra al rencor. En la primera parte hubo balón y dominio pero faltaron las ocasiones. En la segunda faltaron las ocasiones, el dominio y el balón. Infinitamente más espeso y superado con creces el punto en el que ya se hace el ridículo, el Atleti se dedicó a chapotear en su mediocridad mientras veía como el Alba estaba mucho más cerca que ellos de hacer gol. Fin del partido sin apenas tirar a puerta.

Según escribo esto ni he escuchado a Manzano ni a los jugadores ni a los dirigentes ni francamente me importa lo que puedan decir. Ya me lo sé. Tampoco me importa si viene Simeone (jugador que adoro pero entrenador que no me gusta nada) o su prima. Me da igual. En el mejor de los casos serán apósitos que cortarán momentáneamente la hemorragia (o no), pero nunca puede ser la solución. La solución está más arriba. En ese tipo que siempre se esconde y que nunca ve fracasos. Ese tipo intocable para la prensa y del que nunca se acuerda mayoritariamente la afición. Esa afición que dice ser la mejor del mundo pero que como su equipo está en proceso de descomposición. Una fachada opaca y pasada de moda que ya no engaña a nadie salvo a si misma.

Mojave 3 - Any day will be fine

Construir

At. Madrid 0 - R. Betis 2

Dicen que los niños pequeños son seres sin referencias. No son buenos ni malos per se, sino humanos en bruto a la búsqueda de sus límites. Si esos límites no aparecen, no se ven o se quitan para que el pobre no se lastime, el niño se transformará en un adulto indeseable que no sabe que lo es ni lo que es peor, por qué lo es. Si un niño se pasa la vida haciendo lo que le da la gana el día que le digan que eso no se puede hacer se lo tomará a chufla. Si el niño ve que su referencia (padre, madre,...) no es exigente el niño no lo será. Si ve vulgaridad criará vulgaridad. Si ve tristeza será triste. Los jugadores de un equipo de fútbol son en muchos aspectos como niños y eso explica muchas cosas. Si un jugador llega a un equipo y ve desidia entenderá que la desidia no es un problema para triunfar allí. Si ve que al acabar el partido la gente se vuelve al vestuario sin saludar hará lo mismo. Si ve que un empate fuera de casa se festeja como una victoria entenderá que es una victoria. Si ve que un séptimo puesto se califica de éxito entenderá que el objetivo es el séptimo puesto. Si ve que su presidente se descojona del nombre del Atlético de Madrid cada vez que tiene un micrófono delante entenderá que eso es lo que hay que hacer para ser coherente y si ve su entrenador dice que han jugado muy bien tras un partido soporífero entenderá que jugar así de mal es también lo que hay que hacer. Si ustedes, como yo, has estado esta mañana en el Vicente Calderón y han asistido a ese esperpento en forma de partido, habrán visto un puñado de jugadores sin ambición, que no sienten la necesidad de jugar bien, que entienden que las derrotas de este tipo están dentro de lo normal, que saben que es más importante atender los caprichos del señor con gafas que se sienta en el banquillo que tratar de ser mejor futbolista y que se sienten constreñidos en un esquema que recuerda a un futbolín. Habrán visto también a un tipo que se gana la vida como entrenador profesional, que es muy malo y que hoy ha insultado a todo un club y toda una afición con esa repugnante soberbia de la que hace gala desde que lo conocemos. Piensen que nada de eso es fruto de la casualidad ni de la suerte ni del azar. Es consecuencia de la falta de educación. De la falta de referencias. De la falta de límites.

Pero el partido tiene varios motivos para ser pesimista y no hace falta mirar al césped. El jueves pasado los “valientes” que acudimos a pasar frío asistimos a una imponente pitada en contra de entrenador y directiva. Esa noche el líder de las ondas, el señor De La Morena, se dedicó a reñir a los aficionados colchoneros por su actitud en contra de los legítimos dueños de este equipo. Como un papá nos reprendió y nos enseñó a todos el camino a seguir. En los días sucesivos de los medios salían voces autorizadas en esa línea y hoy el diario Marca invitaba a la unión rojiblanca en torno a su equipo. Misión cumplida. El Calderón hoy una balsa. Animando hasta reventar desde el primer minuto en el fondo sur, el resto del campo permanecía en un sonoro silencio que tanto recuerda a esos estadios con los que nos metemos por su frío ambiente.

Y no se crean que era por el buen juego porque allí pasaba lo de siempre. El equipo saliendo con algo más de ambición (ya saben, la leyenda esa del jugar dentro o fuera del área) y un Betis valiente que poco a poco se difuminaba hasta su campo. Falcao tuvo un par de remates que hubieran podido cambiarlo todo pero no fue así y allí se acabaron las oportunidades. El partido entre unos y otros se metió en esa espesura tan propia de Manzano y sus equipos y que tanto gusta en las oficinas del Calderón.

La segunda parte aparecía prácticamente igual pero con un Betis algo más centrado y ambicioso. Nada del otro mundo frente a un equipo normal pero si contra este Atleti desquiciado. Godín que hace de las suyas, el balón que entra en el área...y plin. Gol de los sevillanos. Si lo anterior era un equilibrio inestable a partir de ahí vimos la aparente inestabilidad. Nervios y falta de ideas. Cocktail explosivo que se tragó el once madrileño.

Pero lo más reseñable estaba por llegar. La reacción de Manzano. Saltándose todas las reglas de la lógica, la dignidad y la profesionalidad el jienense decide retirar del campo en esas circunstancias a Diego y Arda, probablemente los dos mejores peloteros sobre el campo vestidos de rojiblanco. Que uno de los que ingresase fuese Reyes es también digno de comentario (sobre incoherencia, desvergüenza,...) pero queda un un segundo plano. La acción de Manzano es un INSULTO a la afición del Atlético de Madrid. Un insulto de una bajeza lamentable. Si el Atlético de Madrid estuviese dirigido por alguien digno y/o decente en ese mismo momento lo hubiesen destituido. No por el resultado sino por insultar a la institución. Lamentablemente el equipo está dirigido por tipos sin escrúpulos con tanto cariño a la historia colchonera como el propio Manzano.

Lo que quedó del partido siguió las mismas premisas pero con música de viento a cargo de la grada que, ahora si, mostraba su enfado. Entre medias el segundo del Betis (que pudo no haber sido el último) en un gol digno de vídeos de primera.

Como rezaba Twiter pocos minutos después, el Atleti es un equipo muerto y en descomposición. Necesitamos estirpar las partes envenenadas, quedarnos con lo poco que quede y construir a partir de ahí. Será duro y estaremos muy lejos de la gloria pero es el único camino. Ahora falta que la afición quiera y los periodistas nos dejen. Casi nada. Eso si, por favor, que echen a Manzano cuanto antes.

Build - The Housemartins
(The People who grinned themselves to death/1987)

La Chatunga

At. Madrid 3 - St. Rennes 1


Si alguien ha llegado hasta aquí con la intención de leer la crónica de un partido de fútbol le adelanto ya que no la va a encontrar. Desconozco cuantas de las crónicas sobre el partido At. Madrid – Rennes que andan pululando por ahí han sido escritas por gente que estaba en el estadio pero empiezo a sospechar que son muy pocas. Aférrense a ellas si quieren en cualquier caso tener una versión creíble de lo que pasó en el césped del Calderón. El engendró que ha cerrado la fase de grupos para el Atlético de Madrid es algo tolerable desde tu casa, calentito, rodeado de comida o bebida y pudiendo desviar la atención a otras cosas. Soportado in situ, en una noche gélida, rodeado de una entrada pobrísima y el ambiente más frío y triste que recuerdo en mucho tiempo en el coliseo rojiblanco, simplemente es insoportable. Tanto que el cerebro te impide revivirlo y por lo tanto hablar de ello minutos después. No me quedan ganas de escribir de fútbol después de semejante experiencia pero es que tampoco hubo demasiado fútbol del que poder hablar.

Aviso para navegantes: la asistencia debía andar por el cuarto de entrada y las condiciones atmosféricas y emocionales eran las peores posibles. Se escuchaban los gritos de Filipe Luis pidiendo el balón, el sonido de los pelotazos y los cantos de una docena de franceses que había en una esquina. Sacar conclusiones, en uno u otro sentido, con esas premisas es tramposo. Hubo pitos insistentes antes de empezar y de cierta envergadura (teniendo en cuenta la asistencia) durante los primeros minutos del partido. Contra Gil y contra Manzano y SIEMPRE como foco de origen en el menguado frente Atlético. Después se fueron diluyendo y sólo cuando Manzano tuvo los santos bemoles de salir del banquillo (cosa que se reclamaba insistentemente desde la grada) el respetable decidió despertar un poco. Lo anterior es información, no es opinión. La opinión me la reservo porque como digo, creo que la muestra es muy poco representativa de la realidad.

Como el partido era literalmente insoportable, aun a riesgo de que me tuviesen que amputar la mano por quitarme los guantes, decidí zambullirme a la comunidad twiter durante muchos tramos del partido. Comprobé con estupor el efecto de los cánticos y la emoción desbordante de aquellos que reclaman los gritos de la afición (pero que irónicamente no estaban allí para gritarlos) y como algunos periodistas recogían esa sensación para transmitirla. Llevo muchos años en el Calderón y la de ayer no está ni de lejos entre las pitadas más significativas que recuerdo. En mitad de aquello fui entonces más consciente que nunca de que la realidad no tiene porque coincidir con lo que está pasando por mucho que todos tus sentidos te estén diciendo lo contrario. En este mundo democrático, globalizado y tecnológico las cosas no son lo que son sino lo que les parecen a la mayoría. Ese pensamiento se reforzó cuando volviendo a casa tras el partido comprobé el mensaje de José Ramón de la Morena (que luego desarrollo en su exitoso programa) denunciando a la afición colchonera por malos aficionados y por meterse con los pobres dueños del club, que bastante tienen con lo que tienen. El Larguero lo escuchan millones de personas. Millones de personas que no estuvieron en el campo, que no conocen lo que pasa en el Atleti más que por lo que dicen en El Larguero y millones de personas que ayer durmieron con el mensaje de que pitar pone nerviosos a los jugadores y de que protestar es inútil e injusto. Al próximo que me diga, periodista o no, que el culpable de la situación del Atleti es la afición le recordaré esta pequeña anécdota.

Yo estuve en el campo y escuché los comentarios de la grada. No los gritos que salen por televisión sino lo que cuenta la gente que tengo alrededor, los que me encuentro en la entrada, en los bares de alrededor, en el metro… y lo que cuentan mayoritariamente es exactamente lo mismo que esta semana había leído en Marca o en AS o había escuchado en cualquiera de las emisoras que aparecen en el EGM. Creo que incluso ponen las comas en el mismo sitio. El mismo mensaje, la misma reflexión. Actúan además de forma coherente con todo ello. Insisto, al próximo que me diga que el culpable de la situación del Atleti es la afición le recordaré todo esto.

¿Y el partido? Una pachanga infame. Una pachanga entre un equipo que no se jugaba nada frente a otro que nada juega. Un Rennes plagado de suplentes que durante muchos tramos ridiculizo a un puñado de jugadores desorientados que no saben a lo que juegan, ni en qué equipo están, ni lo que tienen que hacer. No merece la pena reparar en nada más porque eso si que sería inútil e injusto.

El discurso oficial que sale desde la pocilga en la que se ha convertido la dirección técnica del Atlético de Madrid apela a la mala suerte y esa “incomprensible” mala racha fuera del Calderón para entenderlo todo. Es evidente a estas alturas que Caminero o Manzano (al igual que sus jefes) piensan que los aficionados somos absolutamente gilipollas pero no por ello deja de doler cuando te lo siguen llamando. Manzano debería irse del Atleti (y llevarse a Caminero, por cierto) no solo por lo que hace (penoso y lamentable) sino también por lo que dice (intolerable).

Escuchando la rueda de prensa del jienense, leyendo los twiters de Jose Ramón de la Morena y sus palmeros, soportando el frío que tenía calado en los huesos y viendo la especie de brecha que se ha abierto entre los colchoneros “listos” y “tontos” se me vino a la cabeza la canción que podía ilustrar esta crónica. La chatunga, eh eh.., la chatunga ah, ah…


Tócame, estoy enfermo

RCD Español 4 - At. Madrid 2

Cuando alguien contrae una enfermedad lo más importante es obtener, lo antes posible, un diagnóstico acertado. Una vez dado ese paso lo normal es aceptar la realidad, ponerse en manos de un especialista adecuado y asumir un tratamiento acorde. Nadie puede asegurar un éxito y mucho menos que sea inmediato pero, salvo que vivas muchos siglos atrás o pertenezcas a algún culto religioso de dudosa catadura, es la mejor y más lógica forma de afrontar problemas de salud. Por eso, estando la lógica y el buen hacer de por medio, en el Atleti hacen todo lo contrario. El Atleti no tiene síntomas de enfermedad. El Atleti está enfermo. El Atleti está enfermo y lleva enfermo demasiado tiempo como para que todavía nos sorprendamos cuando, de repente, salen granos que tienen muy mala pinta. El Atleti convive con su enfermedad desde hace décadas pero todos, unos más que otros, se dedican a poner tiritas (y malas) en cada una de las señales que van apareciendo como ratas ávidas de comida. Tiritas en forma de entrenador barato, tiritas en forma de charlatán sin discurso. Tiritas en forma de superestrella que se siente solo o tiritas en forma de maquetas que recuerdan al Castillo de Playmobil. En lugar de asumir el diagnóstico y planificar un tratamiento el Atleti se toma un paracetamol caducado para gritar a los cuatro vientos: tócame, estoy enfermo.

Comentar el partido en Sarria es un ejercicio tramposo. Hablar de fútbol es complicado estando el Atleti de Manzano de por medio. Hablar de táctica es todavía más complicado por las mismas razones pero con el añadido de ir perdiendo por dos goles cuando los jugadores del Atleti estaban todavía mirándose entre ellos para saber quiénes jugaban. Hablar de todo lo que no sea fútbol es todavía incluso más tramposo porque Manzano sería tan sólo el principio de una novela negrísima con personajes muy malos a los que es muy difícil ver a la luz del día. Centrémonos por tanto, de momento, en lo que pasó dentro del campo.

La “revolucionaria” fórmula futbolística, que el jienense nos vendía en verano, hace meses que se concretó en ese pastiche vulgar que usan todos los entrenadores vulgares. Ese sistema rupestre y miedoso construido en derredor a dos mediocentros defensivos y rodeados, por delante y por detrás, con jugadores con aptitudes para defender exclusivamente. Con esas premisas la alineación estaba clara: Mario, Gabi y Asunçao repartiéndose los dos puestos del corazón del equipo (Tiago está descartado por esa manía que tiene de intentar jugar al fútbol con el balón). Atrás la defensa que se pueda (por supuesto castigando a Domínguez sin razón aparente como le gusta hacer a Manzano) y adelante un único delantero (si pusiese dos no tendría excusa para quitar a Adrián que es lo que le pone) salvaguardado por tres futbolistas que pertenezcan a alguno de estos dos tipos de jugadores: los que saben crear fútbol pero a los que su entrenador se niega a poner en las zonas de creación (Diego, Arda, Koke,…) o pseudodelanteros que fundamentalmente sean obedientes y sepan defender (razones por las cuales Salvio es titular en detrimento de otros malos defensas como Adrián, Reyes, Pizzi,…).

Manzano dice no entender lo que le pasa fuera de casa pero es muy simple. Su forma de entender el fútbol es cobarde y rastrera. Juega siempre en función del rival y a expensas del mismo. En casa la grada no le deja hacerlo y tiene que salir a ganar los partidos (salvo que sea contra Madrid, Barça, etc… que entonces entiende que está justificado volver a sus orígenes). Fuera de casa no tiene limitaciones y plantea la verdadera esencia de su concepto de fútbol: que juegue el otro. Si a eso le unen unos jugadores desquiciados por los cambios (y probablemente hartos de las chorradas de su entrenador), una galopante falta de espíritu (probablemente provocada por una galopante falta de ambición en la institución) y un rival que también juega, es fácil entender lo que pasa. No es nuevo. La nefasta anterior etapa de Manzano fue exactamente igual. Manzano es el entrenador con peores números de entre los entrenadores que más partidos tienen en la liga española. No sólo le pasa aquí. El Atleti salió a ver qué pasaba y el Español a comerse al rival. El Atleti salió a esperar a ver que hacía el contrario juntándose atrás, sacando el balón a pelotazos y aturdido. El Español salió a presionar arriba y a jugar vertical en campo contrario. ¿Les suena todo esto? ¿Les sorprende lo que pasó?

Lo de menos casi es como llegaron los goles. El primero con un Courtois que inusualmente decidió sumarse al lamentable nivel del equipo. Regala un balón al rival sacando el balón que lógicamente aprovechan los pericos en pies de Verdú. El segundo es mucho más lamentable y provoca hilaridad. Si tienen oportunidad de verlo repetido verán como el mismo Verdú conduce el balón metros y metros ante la atenta mirada de Mario Suárez que lo jalea desde atrás y entre los dos centrales atléticos que miran con interés cuan palmeros rocieros. 2-0, minuto 8 de partido. ¿La reacción del Atleti? La misma que su entrenador en su banquillo. Impasibles. Como preocupados por sus cosas, que son otras. Diego y Arda trataba de apartar a codazos a Gabi y Mario para tener el balón y Falcao se peleaba con todo el mundo pero estaban en inferioridad numérica contra los once del español, los picapedreros del Atleti y su propio entrenador. El Español juntó filas, redujo exposición y jugó inteligentemente (que no significa, como cree Manzano, dejar de jugar) mientras el Atleti seguía con sus pelotazos y esas carreras de Gabi que recuerdan a las de los dibujos animados que mueven las piernas pero no se desplazan. Así llegó el tercero en pies de Sergio Garcia. El 3-1 de Falcao de cabeza a pase de Salvio fue un espejismo que recompensaba el derroche del colombiano. Nadie pensó sin embargo en la remontada.

Y lógicamente no ocurrió. La segunda parte fue un intento alocado, asimétrico y malo de intentar hacer algo por parte del Atleti (sin conseguir hacer nada) frente a un equipo que si es consciente de quién es, dónde está y hacia dónde va. El último gol del Español de Sergio Garcia (con suerte, todo hay que decirlo, llevándose varios rechaces) y el de Turan desde fuera del área que dejaba el definitivo 4-2 entran dentro de la categoría de anécdota. Sobre todo cuando las intervenciones de Courtois en esta segunda hicieron que el resultado no fuese de escándalo. Aun así, ojo a los movimientos de Manzano para arreglar la situación. Asunçao como baluarte para la remontada (por Mario Suaréz, supongo que para reforzar el aspecto defensivo del centro del campo y no recibir más goles que acelerarían su destitución) y Koke por Turan justo cuando acababa de meter un gol (supongo que por lo osado del turco de dejar su marca e irse al ataque “a lo loco”).

Bochorno, es lo que ofrece este Atlético de Madrid. Un bochorno, vergonzoso y repugnante que no por habitual (desgraciadamente lo es) deja de ser lamentable. Manzano debe desaparecer de la disciplina Atlética de inmediato. Jamás debió volver en realidad. Pero eso no sería más que el inicio de la solución. Arreglar el salpullido pero no la enfermedad. La enfermedad sigue ahí y ni la afición, ni la prensa ni los líderes de opinión quieren asumirlo. Esta institución necesita renunciar a su actual dinámica (lícita o ilícita no funciona ni funcionará), asumir la realidad y ponerse en manos de especialistas. Dejarse de espejismos y aires de grandeza y respetar la medicación que le receten. Por mala que sea. Por desagradable que pueda llegar a ser.


Mudhoney-Touch me I’m sick
(7”/1998)


Reemplazar todas las mentiras por verdad

At. Madrid 3 - Rayo Vallecano 1

Creo que existen pocas cosas en esta vida más deplorables que la mentira lo cual explica el demoledor efecto que produce tomar consciencia de que el Atlético de Madrid vive instalado precisamente en ella. Come mentira, respira mentira, vende mentira y sueña mentira. La mentira de un presidente que no lo es (mentira), un mandamás que dice ser el dueño legítimo (mentira), la mentira de un discurso mentiroso y cínico. El Atleti está diseñado a base de las mentiras de aquellos con intereses económicos en lo que aquí ocurra y basado en la mentira de querer hacer creer que todo responde a un plan trazado en base a la lógica y no a la especulación. La mentira de un entrenador engreído y arrogante que sin embargo fracasa sistemáticamente en cualquier equipo destinado a llevar las riendas de un partido de fútbol. Un entrenador cínico y mentiroso que encaramado a sus mentiras trata de estafar a aquellos que ya había estafado hace algunos años. Un entrenador mentiroso que trató de vender una idea ilusionante de equipo y de fútbol para acabar, en muy poco tiempo, dándonos en los morros con la patética mediocridad, miedosa y rastrera, con la que llevamos bailando desde hace décadas. La mentira de unos jugadores por los que se pagan traspasos muy por encima de su valor, para jugar en el Atleti de mentira que les han vendido. La mentira de unos resultados que no reflejan la realidad, ni para bien ni para mal. Como el de hoy. Y es que si hay un calificativo que le viene al pelo al partido de hoy es el de mentiroso. El resultado no refleja lo que ha ocurrido en el césped.

De forma totalmente contraria a lo que el que escribe entiende por lógica y orgullo, el Calderón presentaba un aspecto de gala. Sol en el cielo, la luz de los domingos por la mañana entrando por las esquinas del estadio, colorido en la grada y cariñosa recepción de la grada al equipo. Uno se pellizcaba y preguntaba alrededor si era verdad que una semana antes nos habían humillado nada menos que en el Bernabéu, pero a pesar de que confirmaban que efectivamente yo no estaba ido, al respetable le importaba más bien poco. “Animar hasta reventar” que dice algún desubicado. Que se pare el mundo que me bajo.

Habla de fútbol, dirán. Tienen razón pero es que me da mucha pereza. Antes de empezar ya sabíamos que Mario Suárez (por supuesto) y Gabi (todavía más por supuesto) ocuparían en mediocentro. Me temo que será así hasta el final. Tiago, lo más parecido a un mediocentro decente que hemos tenido en décadas (sin ser para tirar cohetes), era el descartado. Parece suficiente para cortarse las venas. El Atleti lleva más de una década naufragando en el mismo sitio por las mismas razones. Ahí seguimos, construyendo equipos millonarios en torno a medianías en los momentos clave se vuelven todavía más pequeños. Pero no sólo eso. El proscrito Koke salía al campo pero era mentira (otra mentira). Koke un mediocentro con llegada (de eso juega) era desplazado a la banda en una posición que no es la suya en la que, lógicamente, fracasó. Salió también Reyes pero no sé si para despedirse antes de su cacareada huida o para que el rencoroso de Manzano nos demostrara que el sevillano no está para jugar. Con estas premisas comenzó el partido y lo hizo con brío, pero más por la valiente apuesta de los vallecanos que por los nuestros (aunque a los vallecanos también los considero míos). Los franjirrojos, gracias a un entrenador digno de llamarse así, juegan como los equipos modernos. Presionan como fieras la salida de balón del contrario, especulan poco y tratan de tener ellos la pelota. Lo hacen porque están convencidos (como yo) de que esa es la mejor forma de jugar hoy al fútbol y lo hacen independientemente de su plantilla. Obviamente. Por eso el partido estaba rápido y divertido. El Rayo presionaba, robaba y trataba de jugar. Movilla es más jugador que cualquier de los mediocentros que ha tenido el Atleti desde que él se fue. Incluidos los que están ahora. El Atleti, un equipo que juega como se jugaba hace 20 años, daba pelotazos esperando el rechace, ese gran recurso que ya emplearon Ferrando, Sacchi, Aguirre, Abel, Quique y Manzano por dos veces. Los primeros minutos fueron de desconcierto. A partir de ahí ya se vio que había un equipo bien entrenado que sabe jugar a esto, el Rayo, y una amalgama de grandes jugadores (y medianías) que entrenados en la mediocridad se encomiendan a la suerte y la habilidad del rival. Un rival que llegaba y no remataba o lo hacía mal, el verdadero drama del Rayo y que puede ser su verdadero talón de Aquiles. Por eso cuando pasados los veinte minutos un gran pase entre líneas de Falcao (interesante partido del colombiano) dejaba solo a Gabi para que éste elevase el balón con mucha clase (al Cesar lo que es del Cesar) e hiciese el primero, uno llegaba a la conclusión de que ahí es a veces dónde se ven las diferencias de presupuesto. En la definición.

Pero no se confundan, a partir de ahí el Rayo Vallecano dio una lección de atrevimiento, clase, dignidad y criterio deportivo. De fútbol, vamos. Robó el balón, se adueñó del juego y se puso a tocar la pelota en el campo del Atleti. Los nuestros, a imagen y semejanza de su entrenador, recularon, se olvidaron de eso redondo que el rival usaba con deleite y siguieron dando pelotazos. Algún ingenuo dirá que jugaban al contrataque. Si, seguro que es eso. En el Calderón y a expensas del rival, el modesto y orgulloso Rayo. Pero da igual cuando el orgullo colchonero es algo que hace tiempo se mal vendió en algún spot publicitario de consumo fácil. El Rayo ganaba en todos los frentes menos en uno, el remate a puerta que es dónde aparecía, entonces si, un equipo vulgar.

La segunda parte siguió exactamente por los mismo términos. Con Pizzi en el campo por un Koke al que Manzano ya se ha cargado para lo que resta de temporada pero con las mismas carencias de ambición, de criterio y de juego. El Rayo a lo suyo, a jugar al fútbol. Dominaba, anulaba al Atleti, tenía todo, pero seguía perdiendo. La derrota era digna, pero como en el banquillo no sólo tienen un gran entrenador, Sandoval, sino que además tienen un entrenador valiente, decidieron entonces prescindir de un defensa e irse a por el partido a la desesperada. A diferencia del cínico de Manzano en el Bernabeu, debió pensar que da lo mismo perder por uno que por tres cuando al final pierdes. El Atleti jugando en su área, en su estadio y contra un rival de tres defensas que acaba de subir a primera. Lean dos veces la última frase y piensen sobre ello.

Pero el Rayo no tiene gol. Es así y es un drama que les puede salir caro. Aumentó la presión, siguió sin perder la cara pero un Asenjo a medio gas era suficiente para anularlo todo. Cuando en las postrimerías del partido ese gran jugador llamado Diego se sacó un excelente pase que Falcao remata a puerta anticipándose de cabeza a su defensa todos sabíamos que el partido había concluido. Buen partido el de Falcao. Mejor en el juego que otras veces, bien tácticamente y muy bien (eso lo sabíamos) en el remate de cabeza. Un gran pase de Gabi a Salvio (que había sustituido a un aplaudido, incomprensiblemente, Reyes) puso el tercero y el propio Gabi metía el balón en su propia puerta para sellar el marcador.

El Atleti 2011/12 sigue viajando en la gran mentira diseñada por su entrenador (a petición de los de siempre, los de arriba). Juego lamentable, actitud lamentable, aptitud lamentable, aburrimiento lacerante y lo que es peor...resultados mediocres. Pero aquí no pasa nada y todos sonríen con candor e histrionismo así que seré yo el equivocado. Eso si, yo lo tengo claro. Esto es mentira y este Atlético de Madrid necesita reemplazar todas las mentiras por verdad.

Eggman - Replace all your lies with truth
(First Fruits/1996)



Observando los planetas

Celtic Glasgow 0 - At. Madrid 1

“oh, oh, oh observando cómo los planetas se alinean…”

Ver partidos del Atleti se ha convertido definitivamente en una actividad cuasi lúdica, en el amplio sentido de la definición. En el sentido de pasar el rato de forma absurda y estupefaciente al estilo de ese porcentaje aburrido de la población que apostados en un descampado, dedican sus días festivos a observar el paso de los trenes o los aviones. Trainspotting lo llaman los anglosajones. Observar los planetas lo llamo yo. Los colchoneros, en mayor o menor grado, hemos desarrollado una excelsa facultad para formatear el cerebro todas las veces que sean necesarias. Goleadas humillantes, aburrimiento tóxico, campañas enteras navegando por el ostracismo,…nada es suficiente para que nuestra memoria RAM, la única que tenemos por lo visto, se refresque con cada partido. Paradójicamente también hay una pequeña parte de esa afición que asumimos el que las cosas tendrán que cambiar en algún momento pero no se nos distingue demasiado de nuestros colegas. Nosotros nos tumbamos a ver los planetas con la esperanza de que éstos se alineen alguna vez por sí mismos. Esa es la diferencia. El resto simplemente se tumban a observar.

El partido de Glasgow que nos da matemáticamente la clasificación para la siguiente fase de la Europa League se puede analizar desde muchas perspectivas aunque todas ellas igual de inútiles en el fondo si, como digo, el aficionado general tiende a mantener esa envidiable capacidad para olvidarlo todo. Institucionalmente resulta patético que un resultado favorable frente a un equipo de nivel cuestionable en una cuestionable competición sirva para eclipsar una trayectoria que viaja hacia el fango siguiendo indefectiblemente la aceleración de la gravedad. Socialmente resulta bochornoso que un partido así sea suficiente para que esta afición apaleada, después de lo que llevamos tragado esta y anteriores temporadas, se vista con ese burdo y barato traje de optimismo que al parecer es inseparable del espíritu atlético (una mentira podrida que nuevamente es consecuencia de la habilidad para el Marketing fullero del heredero Gil y sus huestes). Pero quedémonos hoy con lo deportivo.

La frágil memoria colchonera ya lo ha olvidado pero en el inicio de temporada ese charlatán, que actúa como entrenador nuestro, propagaba a los cuatro vientos su idea de equipo abierto, alegre y atacante, reflejado en ese 4-3-3 del que chuleaba con los periodistas agradecidos. Semanas después vimos que toda aquella filfa era una nueva engañifa de un tipo que ya nos había timado muchas veces. A día de hoy parece consolidado, entre otras cosas, que el centro del campo para Manzano, aquello a lo que nunca va a renunciar, aquello que no resiste rotaciones ni probaturas es, como siempre ha sido, el eterno doble pivote de jugadores de corte defensivo y perfil advenedizo. Lo de siempre desde que Luis Aragonés abandonó este barco hace ya una década. Manzano no sabe hacer otra cosa que ese 4-2-3-1 que usan todos los entrenadores del montón pero incluso haciendo esa cosa, tampoco es de los mejores.

“oh, oh, oh, tengo razones para mentir. Si, si, si, matando el ego”.

El partido empezó con concentración, rigor táctico y ciertas ganas. Novedad, tratándose de un partido fuera del Calderón, dónde al parecer el equipo no tiene porque estar exigido. Buenas sensaciones en la línea de tres cuartos ofensiva pero espesura y lentitud en el juego colectivo. Si digo que Gabi y Mario Suarez llevaban la manija en la zona medular creo que no necesito explicar nada más para entender el resto. Enfrente un Celtic que a pesar de necesitar la victoria para seguir vivos en la competición mostraba desde el principio sus enormes carencias en todos los frentes. Pero incluso el Celtic puede complicarnos la vida. Bastó un empujón físico, adelantar la presión y encimar un poco al doble pivote. Gabi y Mario, Mario y Gabi son incapaces de llevar las riendas de un equipo con aspiraciones. Eso lo saben en Glasgow y en Sebastopol así que simplemente con eso en la cabeza nos pusieron en dificultades. Con Diego y Turan alejados de la zona de creación por indicación del banquillo (el primero en la mediapunta para no “estorbar” a Gabi y el segundo alejado a la banda que en su día ocupó Ibagaza o Jurado o…) el balón no salía de atrás. Volvimos a las andadas: cuestionando el juego de balón de los centrales (¡acabáramos!) y recurriendo a los pelotazos. El Atleti contemporáneo en estado puro.

Pero entre que el Celtic es un equipo que lo pasaría mal en la liga española, que apareció Turan y que apareció la suerte la cosa se arregló. El turco enganchó un rechace en la frontal del área y entre el capitán escocés que se agacha y el portero que no ve, el balón se fue adentro. Lo católicos de Glasgow acusaron el gol de forma radical. Probablemente conscientes de que el futuro se les complicaba de forma considerable a partir de ese gol bajaron el listón y descentrados en su rigor táctico propiciaron que Diego y Turan le quitaran el protagonismo a Gabi y Mario. Se hizo la luz. Sin demasiados aspavientos y sin crear realmente ocasiones claras de gol (uno de los principales dramas de este equipo) pero suficiente para tener el balón, tratarlo con criterio y controlar el partido. Así se llegó al descanso.

Y así prácticamente se llegó al final del partido. Fútbol control con algún detalle con el que soñar pensando en lo que podría ser este equipo con inteligencia y criterio en la dirección (Turan, Diego, Adrián,…) pero bastante mediocridad de esa que es suficiente para pasar la fase de grupos en la segunda división europea. Algún espejismo de Salvio en el que parecía que puede ser un jugador aprovechable pero que él mismo se encargaba de explicar cada vez que tenía ocasión de rematar. Salió también Falcao por Adrián lo que sirvió únicamente para seguir alimentando las dudas sobre el fichaje más caro de la historia rojiblanca. Mucho pundonor, mucho intento de remate,…pero poco más. El final del partido coincidió con un repunte de los escoceses pero fue más sensación que otra cosa. La suerte estaba echada.

Así que tras un nuevo éxito cosechado por las huestes rojiblancas nos disponemos a vivir un fin de semana tranquilo hasta que aparezca el Rayo el domingo por la mañana, momento en el cual podremos sellar, si el marcador lo quiere, las bases de un futuro tremendamente prometedor. Dado que todo es una inmensa balsa de aceite y no tenemos nada por lo que preocuparnos tumbémonos en el fresco césped y sin hacer ruido a observemos los planetas. ¿Ironía? ¡Por favor! ¿Qué es eso?


“oh, oh, oh, encontrando la respuesta. Encontrando que no hay respuesta que encontrar”


Watching the planets – The Flaming Lips
(Embryonic/2011)