Play it Cool

At. Madrid 2 - Hannover 96 1

En la vida existen momentos en los que tienes que olvidarte de las salvaguardas. Mantener una bonita amistad con la chica de tus sueños es algo factible sin ponerse en evidencia. Mantener una relación trivial o epistolar, incluso platónica que la persona que te provoca alteraciones en todas las vísceras es algo que se puede llegar a alcanzar siguiendo las reglas de la lógica y la razón. Darle un beso en los labios no. Las sensaciones que te puede dar esa “bonita” y casta relación basada en el rigor táctico y totalmente alejada del imprevisible fragor carnal son agradables, placenteras, duraderas… pero jamás serán comparables a las del primer beso. Cumplidos todos los pasos, con mayor o menor destreza, con mejor o peor suerte, en algún momento de la vida acabarás cara a cara, mirada contra mirada, con esa persona que puede llevarte a los cielos o a los infiernos. Llegado ese punto tienes dos opciones: ser valiente o ser cobarde. Si, cobarde. Juicioso, sensato, conservador,…no son definiciones que se adapten a ese momento. Cobarde. Si decides ser cobarde es muy probable que no sufras demasiado pero también tu alegría estará acotada. Homologada, calibrada, estandarizada, descrita. Si decides ser valiente es probable que te des el batacazo de tu vida. Es probable, pero también, para aquellos que no tenemos la suerte de que la montaña venga a Mahoma, es la única manera que existe de alcanzar el nirvana que es exactamente, señor Simeone, lo que yo quiero.

El Atlético de Madrid, al menos el que yo tengo en la cabeza, no es un equipo normal ni al uso ni estándar. Ni su afición ni su historia están ligadas con la noción de cobarde. Más bien todo lo contrario. El Atleti ha sido siempre un equipo valiente y por ello indomable, incomprensible, difícil de catalogar. Capaz de lo mejor y de lo peor, como todos sabemos. Capaz también, y precisamente por eso, de alcanzar el Nirvana. Un Nirvana que el resto de equipos “normales” no es capaz de alcanzar ni de comprender. Cool, ese concepto anglosajón tan fácil de entender y tan difícil de traducir es lo que siempre me ha parecido que era ser del atleti. Diferente, elegante, distinto, valiente,… totalmente ajeno a las reglas grises que marcan los estamentos que dirigen el mundo y dónde nosotros nunca hemos estado ni estaremos. Explicarle esto a los tipos que tienen secuestrada la institución es tan absurdo como intentar que los corruptos coticen en hacienda de forma voluntaria. Pero no debería serlo para Simeone. Al cholo no debería ser necesario tener que explicárselo. ¿O si?

La llama se apaga. El ambiente, las sensaciones, el tufillo que tenía este equipo hace un mes se ha perdido poco a poco por el desagüe. No sé si eran fuegos artificiales, los efectos dopantes que tuvieron en mí ciertas actitudes que creía ver fruto de una interpretación partidista o que simplemente la cosa se ha torcido pero el equipo se parece cada vez menos a lo que yo soñaba que fuera y cada vez más al equipo que llevo más de diez años viendo. Si, ese equipo vulgar, mediocre, vulnerable y a expensas del contrario. Ese equipo cobarde.

Y no saltaron mal al campo, no. A pesar de la cobardía implícita de dejar a Diego en el banquillo (y si la excusas es que no está para todo el partido prefiero que juegue desde el principio hasta dónde pueda que al revés) había buena actitud, buena intensidad, buena colocación y velocidad frente al ladrillo que habían plantado los alemanes. Es más, la cosa se puso francamente bien cuando Falcao remataba de forma soberbia un saque de falta desde la izquierda. El 1-0 en el marcador dejaba la placentera sensación de que la eliminatoria podía resolverse con solvencia en el primer partido. Las buenas hechuras de inicio contrastaba con un equipo alemán reservón y áspero que basaba todo en defender con 9 jugadores (adelantando la defensa, eso si) y tratar de pillar alguna contra. Algo que por otra parte ya sabíamos que ocurriría.

Pero fue entonces, mandando en el marcador, cuando aparecieron las legendarias carencias básicas de este equipo: la insultante ausencia de capacidad de creación y la galopante falta de gol. Carencias que deben ir adjunta a la cuenta de atrocidades cometidas por el ínclito de MA Gil y su séquito, ese que lleva décadas desestructurando deportivamente (también) el equipo, armándolo en torno a ideas peregrinas de peregrinos iluminados adscritos a la religión del doble pivote de los troncos y de los destripaterrones. Es tan evidente la falta de fútbol del Atlético de Madrid que duele el pensar que alguna vez no fuera así.

Con Gabi haciendo de la peor versión de Gabi (la más vista en este campo, por cierto) y Mario Suarez demostrando, cada vez que pasaba el balón cerca de su sombra, que este equipo le viene inmensamente grande, el Atleti parece un secarral. Si encima Koke tampoco está fino, Arda se desespera haciendo de puta y poniendo la cama, Adrián va a buscarse la vida emigrando de su zona habitual y Falcao se dedica casi en exclusiva a tratar de bajar al suelo los balones que caen desde la estratosfera, hasta un equipo tan básico como el Hannover 96 es capaz de hacer daño. Si a eso le sumas las muestras de conformismo rácano que de nuevo volvieron a aparecer en el equipo, la vuelta a la tradición perdedora parecía cosa de minutos. En una jugada rápida y aparentemente muy sencilla los alemanes pusieron un balón en boca de gol desde la derecha con un pase que Miranda decidió dejar pasar supongo que por alguna razón difícil de explicar y que yo al menos no alcanzo a comprender.

Los más optimistas (yo) pensábamos que el descanso sería la piedra de toque para que todo cambiara. Sin querer jugar al entrenador parecía obvio. Contra un equipo cerradísimo y nuestros mediocentros arando el césped uno soñaba con un solo medio centro, Diego, Arda y Koke por delante creando, Juanfran y L. Filipe en las bandas Falcao fijando la defensa y Adrián buscando huecos. O abrir más el campo con Salvio por Koke (aunque cualquier opción que requiera a Salvio por principio a mí no me convence). Nada de eso. Los mismos. Todo igual. Tan igual que los alemanes se crecieron y nos pusieron contra las cuerdas. Repitiendo siempre la misma jugada, que Miranda seguía aplaudiendo desde la inmovilidad cada vez que ocurría, a nadie hubiese sorprendido un nuevo gol de los alemanes. Es más, sólo Courtois lo impidió con la enésima parada de crack mediada la segunda parte.

La gente miraba al banquillo y se excitó cuando vio a Diego quitándose el chándal pero la emoción se vino abajo cuando se supo que el cambio era Koke. Posición por posición. Mieeeeeedo. El brasileño cambio el dibujo y el Atleti cogió aire. Eliminó el peligro alemán, lo encerraron más en su campo y trataron de llegar…pero no llegaban. No hay gol. Es así. Entonces vimos a Salvio en la banda y los amigos apostábamos si el sustituido sería Mario o Gabi (“si puede ser que se marchen los dos” gritaba un señor detrás de mí). No señores, no. Adrián. Mieeeeeeeeeeeedoooooo.

El arreón final, más por corazón que por juego, puso las cosas en su sitio gracias a un gran gol (con algo de suerte ya que creo que toca en un defensa) de ese jugador imposible de comprender llamado Salvio. El resultado pudo ser incluso mejor si una chilena de Diego en el último minuto (vaya, parece que el brasileño tenía más minutos que los que le dieron) fue sacada gracias a la intuición del cancerbero germano.

Resultado incierto para la vuelta que hay que dar por bueno visto lo visto aunque no debería ser así. El Hannover es un equipo al que hay que ganar en Madrid y en Alemania. Punto. Es tan obvio y evidente que la frase no debería resistir ninguna clase de especulaciones pero el miedo irracional de nuestro entrenador, que es cada vez más evidente, hace que me entren las dudas. Un miedo que logrará mantener una discreta, amable y cómoda relación del Atleti con su afición y su destino pero que nos impedirá volver algún día a alcanzar el nirvana. A la mierda la cómoda normalidad, señor Simeone. Play it cool.



Aprovechando que hoy toca Gruff Rhys en Moby Dick …

Super Furry Animals – Play it Cool


De vuelta en la vieja casa

Real Zaragoza 1 - At. Madrid 0

Si ustedes van a leer un poco más abajo, hace muy pocas entradas, el que escribe dejaba claro su total alejamiento de las tesis resultadistas tan en boga en este mundo de velocidad hacía no se sabe dónde y de rabiosa actualidad. Entonces, y ahora, me posicionaba claramente a favor de una opción que abogue por un equipo con esencia. Especialmente este año echado a perder desde el principio. Me dan igual los resultados. Prefiero apostar por el futuro. Por una idea de institución que salga al campo con todo el rigor que se quiera pero con la idea de valentía y orgullo que hace tantos años desapareció del concepto Atlético de Madrid. El barrizal deportivo, emocional y de resultados en que se ha convertido esta temporada deja claro que esto no puede ser base de ningún futuro. Ni la forma en la que se diseñó el equipo, ni los Don Tancredos que actúan de director deportivo, ni los fichajes con premio y comisión, ni recuperar a entrenadores mediocres, charlatanes y engreídos sirve para intentar reconstruir una institución resquebrajada y podrida secuestrada por esa especia de proxenetas que tienen al Atlético de Madrid prostituyéndose en una esquina virtual a la que cualquiera puede acercarse y escupir. Dejando lo anterior claro, tampoco valen ejercicios de prestidigitación ni de fuegos artificiales. La opción de Simeone parecía deportivamente otra cosa. Una posibilidad de respirar en una atmósfera asfixiante. Una posibilidad para creer que al menos desde el punto de vista deportivo las cosas podían ser diferentes. Menos humillantes. Más coherentes con lo que muchos entendemos que es este equipo.

Hoy las dudas se agolpan en mi cabeza y no lo tengo tan claro. El equipo que con el agua en los talones y sintiendo el aliento de la catástrofe saltó a San Sebastián, Pamplona, Gijón o Santander era un equipo orgulloso, valiente y del que yo me sentía orgulloso. El equipo que saltó en Mallorca y ha saltado esta mañana en Zaragoza me da vergüenza y me recuerda a todas esas versiones rácanas y cobardes de Atlético de Madrid que he visto durante la última década. Si Simeone ha decidido volverse especulador, cobarde y renunciar al fútbol estando en mitad de la tabla y con una posición tan clara de colarse en Champions es que Simeone va a recurrir a esa solución tan lamentable de forma recurrente y gratuita en cuanto tenga la ocasión de perder algo. Si es así estamos dónde siempre. De vuelta en la vieja casa.

No tengo muchas ganas de hablar del partido pero es que tampoco hay nada que contar. El Atleti salió al campo como tantas veces lo hizo antes con Manzano, Ferrando, Aguirre, Abel, Quique, etc.. Más preocupado por “no perder” que por ganar. Muerto de miedo a moverse y no salir en la foto. Dudando de su propia capacidad y confiando en la suerte, el tiempo atmosférico y el error del contrario. Lo de tantas veces. Lo de siempre. Una variante de la cobardía que muchos disfrazan en retorcidas tácticas o presuntas vanguardias del mundo del fútbol. Paparruchas. Miedo. Vértigo a volar. La actitud ruin del que reniega a encontrar la felicidad por miedo a perder las migas que ha conseguido. Seguimos siendo ese cobarde que jugando al juego del pañuelo espera a que se mueva el otro aun sabiendo que uno es mucho más rápido.

Si le quitan las patadas, las circulaciones pesadas, lentas y absurdas de balón, el aburrimiento, el sopor y los patadones al campo contrario el partido se resume en dos jugadas:

La primera, llegada puntual y de elaboración confusa al área maña que aprovecha Adrián para lanzar el balón al larguero. El rechace, a escasos cinco metros de la línea de gol, lo recoge Falcao que se emborracha de balón para empotrarlo en el poste. Es el tipo de cosas por las que un delantero de 40 millones de euros que sustituye al Kun Agüero es criticado por algún impaciente en el Calderón. Eso si, los jugadores que marcan la diferencia en el fútbol son los que meten ese balón. Los que no lo hacen no pasan a la historia. Falcao tendrá que decidir.

La segunda ocurre en el último minuto del partido. Tras mucha mediocridad, nada de juego y toda las reservas del mundo para tratar de ir a por el partido el Atleti se vio a falta de quince minutos con la necesidad de intentar hacer algo. Lo que no había hecho antes. Lógicamente no salió y en el camino se perdió en un atropellado ejemplo de precipitación e incapacidad. Llegado el punto en el que el empate era la evidencia Helder Postiga se interna en el área algo forzado junto a Godín que en lugar de cerrar el tiro decide lanzarse a estirpar el páncreas del aragonés, cometiendo así uno de los penaltis más estúpidos y más claros que he visto en mi vida. Gol. Tres puntos para el necesitado Zaragoza.

Creo que no hace falta decir nada más. Me limitaré a reproducir aquí los dos Tweets que escribí al finalizar el partido:

“Por aclarar: el gilismo es una enfermedad. Demostrado. No se puede poner en duda cada domingo ni cada temporada. Al margen de ganar o perder”

“Dicho esto, me molesta que se reduzca todo a una cuestión de cara o cruz sin matices. ¿Criticar el planteamiento Simeone es ser gilista? No.”


The Smiths - Back to the old house

Mantén el coche andando

At. Madrid 2 - Ath. Bilbao 1

Entonces vimos que no había vuelta atrás. El camino hacia la salida era mucho más largo que el camino hacia la meta. El terreno era hostil. La gasolina era tan justa que sólo el optimismo evitaba toparse con esa realidad que decía que lo más probable era que no fuese suficiente. Entonces aparecieron las dudas, los miedos y los temores. Los agoreros agoraban y los silenciosos cobardicas abanicaban el silencio esperando el momento justo en el que decir “ya te decía yo que…”. Entonces una voz profunda y segura se alzo entre todas para recordarnos que el coche seguía andando. Que avanzábamos. Que habíamos dejado atrás aquellos peligrosos pantanos que amenazaban con engullirnos hace muy poco. Que obtener un premio en la meta era algo complicado pero que dicho premio todavía no se lo había llevado nadie y que nosotros estábamos ahí. También. Moviéndonos. Avanzando. Entonces la voz dijo exactamente lo que quería oír: “manten el coche andando”.

Eso es lo que me provoca el Atleti tras el partido contra el otro Athletic, el de Bilbao. La sensación de un coche al límite de sus posibilidades con el combustible justo pero un coche que todavía sigue andando. El partido era vital desde el punto de vista real (rival directo, evitar irse a 8 puntos de la champions,…) pero también anímico. Ganar el cacareado Athletic de Bielsa, el equipo de moda, sería una suculenta inyección de moral. Lo fue.

El partido no fue bueno sin embargo. Pasados diez minutos la emoción inicial había desaparecido junto a la molesta llovizna que acompaño el comienzo del encuentro. Sobre el césped se veían dos propuestas futbolísticas interesantes. La del revolucionario Bielsa, presión agresiva, posesión del balón, ocupación del terreno contrario, elaboración inteligente,.. y la del balsámico Simeone, presión agresiva también, verticalidad en la salida, montar el epicentro de la creación en la zona de tres cuartos, aclarados en las bandas,… Dos propuestas válidas e interesantes (personalmente prefiero la del maestro) que aparecían como caricaturas desprovistas de velocidad y con una plantilla tan mermada como agotada. Sin velocidad ni fuerzas ni Llorente el Athletic se perdía en innocuos circunloquios de balón que no llevaban a ningún sitio. Sin velocidad, ni fuerzas, ni Tiago, ni Diego, la verticalidad Atlética se traducía en patadones al infinito. Los primeros minutos, la primera parte en realidad, fue un partido de nada contra nada. Sólo el turco Turan (debería estar penalizado el que no juegue en este equipo estando bien) nos recordaba porque una vez nos enamoramos de este deporte.

La segunda parte fue otra cosa. Probablemente la arenga del descanso fue más efectiva y contundente por parte del Cholo o al menos sus chicos la interiorizaron mejor. Salieron con un plus de velocidad y agresividad desde el vestuario y sólo eso les bastó para llevarse el partido. Adrián apareció para asociarse con el Turco que ya estaba y Falcao decidió dedicarse a rondar el área que, para que engañarnos, es lo que mejor sabe hacer. Jugada del asturiano, tiro desde lejos, el portero que no ataja y El Tigre que aparece con la caña. 1-0. El gol espoleó a los rojiblancos que en comunión con el público se fueron arriba para disfrutar de los mejores minutos del partido. Presión arriba que impedía a los vascos jugar, recuperaciones constantes, diagonales a las bandas, acoso en los tres cuartos,… por fin aparecía el juego de Simeone y con ello las ocasiones. Los de Bielsa mostraban ahora con mayor nitidez muestras de cansancio y aunque bien colocados e intentando en todo momento ser fieles a su estilo, no podían serlo.

El Atleti pudo haber marcado algún gol más antes de los cambios pero fue tras ellos cuando se produjo. Salvio entraba por un combativo Koke para dar un buen pase (¡¡noticia!!) a Juanfran que haciendo de jugador de banda ponía el balón de forma magistral en la cabeza de Falcao para que el colombiano hiciera doblete. Lo de Juanfran es espectacular. Físicamente se le ve con un poderío insultante pero es que anímicamente se le ve tan fuerte que se ha convertido en un jugador clave. Juegue dónde juegue.

Cuando el partido parecía sentenciando aparecieron, por este orden, el bajón físico colchonero, el renacer orgullos de los vascos y Perea. En parte por el desgaste acumulado, en parte por el marcador y en parte por la falta de intensidad, lo cierto es que los colchoneros se vinieron demasiado atrás. En parte por ello, en parte por esa nueva mentalidad inculcada por Bielsa y en parte, qué coño, porque son muy buen equipo, los bilbaínos se fueron a por el partido. Llegaron los desajustes defensivos, las ocasiones y los miedos. Pero estaba Perea. El otro colombiano tiro de velocidad y compromiso (lo que ha hecho siempre un jugador al que no se le puede reprochar NADA) para abortar las incipientes llegadas de los leones. Aun así no fue capaz de evitar el que entrase la congoja en la grada cuando con el tiempo cumplido el Bilbao metía su gol. Un gol que hacía justicia al último tramo del partido.

Victoria reparadora que deja las cosas como estaban pero la sensación de que todavía se puede. Dependerá de muchos factores y no todos ellos controlables. La única realidad, lo mejor que se puede hacer por ello es seguir. Mantener el coche andando.

Arcade Fire – Keep the car running



Adiós

RCD Mallorca 2 - At. Madrid 1

Cuando el Atlético de Madrid comenzó la liga 2011-2012 mis sensaciones no eran nada buenas. Aquí está escrito. El verano infernal que tuvimos que sufrir los atléticos y la plantilla cogida con alfileres y confeccionada en el patrón de la improvisación no dejaba sitio para el optimismo. Especialmente sabiendo que el director de orquesta sería ese farsante con gafas de colores llamado Gregorio Manzano. Pasado el primer puñado de partidos la sensación de inquietud se transformó en pavor. En miedo atroz a perder la categoría. Lo digo sin exagerar. Viendo el cariz de los acontecimientos y el talante del charlatán jienense el que escribe temía por la primera división. El cambio de entrenador fue más un alivio que una inyección de optimismo. Pensé que la hemorragia podía contenerse, era imposible hacerlo peor, pero no confiaba demasiado en el Simeone que yo conocía de Racing de Avellaneda. Pero todo cambió cuando vi lo que el argentino proponía en el campo. Tanto que me emocioné e ilusioné hasta el punto de estar convencido de que jugar la Champions el año que viene era una posibilidad casi segura. Falsa alarma. No lo es. El Atleti hoy ha dicho probablemente adiós a dicha posibilidad y aunque sigo pensando en el Cholo como una opción de futuro (si se crea un equipo decente, una plantillas compensada y se le da poder) el presente es mucho más dramático y desalentador. Adiós a la liga. Adiós a la copa, adiós a la ilusión y no sé si adiós a la idea que uno tenía en la cabeza. Lo que hoy hemos visto en Mallorca es muy difícil de defender y todavía más difícil de justificar. ¿Adiós al futuro? Veremos.

Horroroso. No se me ocurre otro adjetivo para describir la primera parte. Ritual de apareamiento. Danza de guerra. Coreografía bélica. Escenificación del sopor. Alegoría de la destrucción. Elijan lo que quieran. Cualquiera vale para describir 45 minutos de sopor. Caparrós, ese supuesto entrenador del que MA Gil dijo que algún día tendría que estar en el Atlético de Madrid, es un viejo conocido de la liga. Un tipo que a base de renegar del fútbol buscando las líneas tangentes de un deporte que suele jugarse con el balón ha conseguido labrarse una cierta reputación en nuestra liga. Ya sabemos lo que representa y ya sabemos lo que significa jugar contra él. Tremendamente difícil usar el balón con criterio sin recibir una patada y tremendamente difícil tratar de jugar sin que se destruya todo tras el primer atisbo de combinación. Ya lo sabíamos igual que ya sabíamos que un Atlético de Madrid con Gabi-Mario en el eje y sin Diego ni Arda en el campo era imposible de hacer algo digno contra este renacido Mallorca. Gabi-Mario no puede ser el eje de un equipo con aspiraciones (o sin ellas) y este partido no es más que otro buen ejemplo para refrendarlo. Parece que Simeone, en un error imperdonable, pretendía ser hoy más Caparrós que Caparrós y eso, además de ser imposible, debería estar penalizado en el código civil. El Atleti, un equipo con una plantilla corta y desequilibrada, no se puede permitir el lujo de dejar a los jugadores con criterio futbolístico en el banquillo. Arda tiene que jugar siempre por la misma razón que Salvio no debería jugar nunca. A base de pelotazos, patadas, robos, patadones y pérdidas de tiempo se consumió una primera parte lamentable en la que no se vio al Atlético de Madrid al que estábamos acostumbrados. Ni juego, ni intensidad, ni ambición ni carácter. Habrá quien lo achaque al cansancio pero yo no vi muestras de cansancio. Lo que vi fueron muestras de conformismo y de juego especulativo. Mal asunto.

La segunda parte parecía comenzar con los mismo derroteros (los dos entrenadores apostaban por el mismo esquema) pero la suerte, el único elemento que podía modificar el drama, se fue esta vez de lado balear. Un mal tiro de los mallorquines da en el pie de Godín y se mete dentro. 0-1 que dejaba cara de estúpido en la mitad de los que habían jugado a especular durante la primera parte. Los del Atleti. Pero es difícil cambiar el ritmo cuando has estado 45 minutos haciendo el canelo y cuando los que tienen que llevar las riendas del equipo son Gabi, Mario y Salvio. Difícil no, imposible. Los madrileños intentaron estirar un poco las filas pero con tan poca salud, tan poca fe y tan poco criterio que el primer contrataque de los insulares ponían el segundo con un gran gol de Pereira.

Entonces Simeone decidió poner por fin al Atlético de Madrid sobre el campo. Tarde pero significativo. Si el argentino es inteligente, que lo es, tomará buena nota de lo que ha pasado. Con Arda en el campo (y sobre todo sin Mario) el equipo pasó a ser un equipo de fútbol. La pelota pasó a ser parte del juego y la cámara de televisión se centró exclusivamente en el campo del Mallorca. Y llegaron las ocasiones. Y llegó un gol fantasma (creo que no fue) que daba con la expulsión de Ramis y penalti a favor de los madrileños. Penalti que Falcao se encargó de marrar. El colombiano no termina de acabar con ese runrún que dice que su fichaje es el enésimo error de la directiva colchonera y uno, que tiende a querer defenderlo, se queda sin argumentos para defender lo contrario. Eso si, pocos minutos después la duda volvía a torcerse cuando el mismo jugador realizaba un avance en la frontal del área que acababa en una soberbia vaselina sobre el portero rival que daba el 1-2 al marcador. Tremendo golazo de Falcao.

Quedaba tiempo y Simeone, ahora si, era valiente en los cambios poniendo jugadores ofensivos por defensivos. Grata sorpresa fue volver a ver a Fran Mérida en el terreno y encima dejando buenos detalles como el balón que lanzó al palo a los treinta segundos de estar en el campo. Pero no pudo ser. El Atleti lo intentaba con criterio, ahora si, pero enseguida llegaron la precipitación y lo que mejor se le da a los equipos de Caparrós: perder tiempo con artimañas. Mientras el tiempo pasaba el Atleti se consumía y apagaba hasta dejar claro que el partido estaba perdido. Los madrileños no merecían ganar. Los baleares tampoco.

Derrota dolorosa que deja el sueño de la Champions como un sueño prácticamente inalcanzable y que sitúa al equipo en la auténtica realidad en la que siempre se ha movido. La total mediocridad de la mitad de tabla. Una posición acorde con una plantilla corta, desequilibrada y con demasiados rotos. La plantilla que confeccionaron MA Gil y su mamporrero Caminero. La plantilla que termino de desquilibrar y destrozar el inútil de Manzano. La realidad de este equipo no pasa por buscar la Champions sino por tener alguna vez, para variar, una dirección decente y profesional que sea capaz de crear una plantilla que no de vergüenza ni bochorno ajeno.

Kevin Shields - Goodbye

Días buenos, días malos

At. Madrid 2 - Granada 0

Hace unas horas la masa crítica que regularmente sigue al Atlético de Madrid se tiraba de los pelos por la relación tan impersonal que existía entre el juego desplegado por el equipo en el campo y su correspondiente cosecha de puntos. Ironías del destino, ahora mismo, horas después como quien dice, nos encontramos con tres puntos más recolectados en un partido desastroso. Habrá un sector de aficionados con criterio que preferirán esta tesitura a cualquier otra igual que habrá otros que lo justificarán todo dentro de esa socorrida frase del “cosas del fútbol”. En mi caso, llámenme raro, me preocupa esta nueva etapa. El partido de hoy no es que fuese malo, que lo ha sido, o aburrido, que lo ha sido, es que ha supuesto la aparición de cosas, detalles y elementos (conformismo, miedos, dudas,...) que pensé que habían quedado desterrados ya de la dinámica colchonera. Simeone tiene crédito suficiente como para pensar que lo de hoy no es más que un mal día. Los grandes equipos alternan muchos días buenos con algún que otro día malo así que espero que sea así. Que sea eso. Que todos los fantasmas que han llamado otra vez a mi puerta esta mañana sean simplemente eso, una cuestión de días buenos y días malos.

El domingo amanecía fresco a la sombra pero bajo el solemne sol del Calderón la temperatura pasaba de ser agradable a calurosa. El empresario egoísta, soez y sin escrúpulos que es Roures lo desconoce pero el fútbol en la grada tiene mucho calor y parte de ese calor lo aporta la juventud de esos niños que siempre han estado allí. Yo estuve y mi padre y mi abuelo también. Niños que desgraciadamente han tenido que desaparecer desde que a este progre de pacotilla se le ha ocurrido que al fútbol se juega a esas horas en las que niños y adultos deberían estar ya durmiendo. Hoy la grada tenía color y calor familiar. La significativa y animada hinchada granadina se hacía notar y todo apuntaba a una preciosa mañana de fútbol. Nada más lejos de la realidad. El horror.

Frente a un Granada bien plantado en el terreno pero sin ganas de intentar jugar, aparecía un Atleti inédito en la etapa Simeone. Lento, espeso, sin dinamismo, sin velocidad y lo que es más preocupante, sin ningún tipo de intensidad. Los mediocentros se escondían y los centrales pateaban a palos en escenas lacrimógenas que recordaban tiempos pasados. Mientras Falcao saltaba a por todo (sin exito) y se peleaba con el mundo (y perdía), Salvio se dedicaba a demostrar a la grada que no es jugador para ocupar plaza de extranjero en este equipo. Adrían no aparecía y Koke era el único que intentaba recordar a sus compañeros que si estaban así vestidos era para jugar al fútbol. Horrible primera parte en la que no ocurrió nada reseñable. Nada de nada. Patadones a la estratosfera y patadas a los tobillos. El horror soporífero que tantas y tantas veces nos hemos tragado en épocas recientes. El equipo nota de forma acuciante la falta de sus escasos peloteros pero en otros partidos eso no había sido óbice para que el Atleti enseñara al menos sus credenciales en cuanto a lo que parecen ser los principios del nuevo Atleti. Hoy no. Hoy ha sido triste, penoso y lamentable.

Todos esperábamos algo distinto a la vuelta de los vestuarios, por aquello de la charla de un Cholo al que se le veía sobre excitado en el banquillo, pero la realidad nos dio de nuevo una bofetada. Todo seguía igual. El equipo colchonero daba muestras significativas de cansancio pero no creo que todo sea achacable a esto. No es cansancio que Miranda, otro jugador que jamás puede ocupar plaza de extranjero en un club con pretensiones, patee el balón a las nubes cada vez que tiene oportunidad de hacerlo. No es cansancio que Gabi siempre se coloque mal, que Mario se esconda o que Salvio se tropiece con su sombra. Entre sacar el balón en plan Kaiser y lo que hace Miranda existe todo un abanico de posibilidades. Mal el brasileño que a mí personalmente nunca ha terminado de convencerme. No seguiré aburriéndoles con la crónica del sopor. No tiene sentido. Les cuento enseguida las dos únicas cosas reseñables.

La primera un córner sacada muy mal por Gabi (que ha vuelto a recordarnos porque acumulaba críticas hasta hace muy poco) y que rechaza la defensa andaluza para que Miranda (¡qué ironía!) remata en semi chilena a la red. Gol tranquilizador.

La segunda la jugada del partido. De la temporada para Juanfran. El nuevo lateral roba con orgullo el balón cerca de su propia línea de fondo, sale con el, sortea en el límite a cuantos contrarios aparecen por el camino y llegando al siguiente fondo le cede el balón a Falcao para que en semifallo en colombiano anote el segundo. Juanfran, derrengado, elevaba los brazos al cielo mientras miles de gargantas coreaban su nombre. Me alegro mucho por un jugador que lo ha pasado muy mal y que nunca ha creado sin embargo un problema. Además tiene pinta de ser buena gente. Poco antes estaba en un lateral con el juego parado y le ha dicho a alguien que estaba por allí (espectador) que si tenía agua. El muchacho le ha pasado una botella y al devolvérsela Juanfran le ha hecho un gesto de darle la camiseta al final del partido. Dicho y hecho. A pesar de que para entonces era el héroe del césped lo primero que ha hecho al terminar el encuentro es ir allí a dársela. Chapeu.

Y por cierto, me gusta mucho que ahora si, desde que está Simeone, los jugadores se reunan en el centro del campo para dar las gracias a la afición.

Partido para olvidar que sigue dejando al equipo con la esperanzas intactas. Espero de corazón que de verdad sólo fuese un mal día.

Kaiser Chiefs - Good days, Bad days

No lo vi venir

At. Madrid 3 - Besiktas 1

Uno de los efectos que sin duda ha tenido el fenómeno Simeone ha sido el de anestesiar esa parte del subconsciente del aficionado atlético que suele dedicarse a escarbar en las lamentables grietas estructurales que tiene el Club Atlético de Madrid. Una de esas grietas, que suele ser clásica desde hace años, es el atroz desequilibrio que presenta la plantilla. Un plantilla corta, desequilibrada, más cara de lo que vale y con una falta apremiante de calidad. El renacido Atleti tiene mucha cosas buenas y Simeone ha conseguido hilar un equipo denso, decente e interesante con un puñado de jugadores a los que ha sabido acoplar y sacar partido. Un traje abrigado y compacto confeccionado con telas tirantes y sin repuesto. Y ese es el problema. Cuando se descose una costura no hay repuesto. La planificación técnica se puede entender de dos maneras. Oficialmente, entendiendo que ese señor de aspecto desaliñado y patético verbo llamado Caminero tiene la capacidad para realizar el trabajo por el que le pagan de forma inversamente proporcional a la capacidad que tenía sobre el campo para jugar. También se puede entender extraoficialmente (y probablemente de forma acertada) como que esta plantilla está confeccionada en función de las comisiones de MA Gil, Cerezo, Mendes y demás estrategas. Decidan lo que decidan la realidad es mucho más cruel y evidente.

El partido de hoy contra el Besiktas ha sido malo y deja más dudas que tranquilidad. A pesar del resultado. Todo empezó con la misma aparente intensidad de siempre pero sin nada de juego. Todo deslavazado, patadones, presión histérica y ni dos pases seguidos. Gabi y Mario parece dos mediocentros defensivos solventes rodeados de Diego, de Arda, de Tiago, de Adrián o incluso de un Koke en condiciones. Sin ellos aparecen vulgares. Especialmente cuando tienen demasiado tiempo el balón en los pies con la idea de crear. Hoy han sido vulgares. Gabi, que llevaba coleccionando partidos bastante decentes a vuelto a recordarnos aquel jugador exasperante que no para de correr ni de perder balones. Una vez más queda claro que la clave de este equipo (como de casi todos) está en el centro del campo y que el nuestro es lo que es.

Pero el equipo turco es muy inferior al Atlético de Madrid. Incluso al que ha jugado hoy. Un equipo turco que planteaba una esquema defensivo de libro pero blandísimo en la práctica. De la parte ofensiva ni hablamos porque parecía que no entrase en sus planes pasar del medio del campo con el balón jugado. Así que el Atleti, más por cosas de la lógica que por otros méritos más prosaicos, se fue haciendo con el control del partido, empezó a rasear el balón, a intentar colectivizar el juego, a dejar los patadones para mejor ocasión y a jugar. Entonces apareció Salvio. Ese jugador extraño e incomprensible que es raro el partido en el que no te preguntes como alguien así puede estar en el Atlético de Madrid y todo lo contrario. El argentino crispó a toda la grada cuando solo en el segundo palo y a un metro de la línea de gol tiró fuera un pase desde la derecha. Apenas unos minutos después levantó a los mismos aficionados de la silla cuando tras una jugada por la derecha y posterior recorte en el área, metía el balón con la zurda dentro de la portería. Salvio es así.

Comenzaban así los mejores minutos del Atleti. Minutos en los que vimos la mejor versión del equipo (rápido, incisivo, mandón, vertical,...) y los peores de un rival que para entonces daba risa. Sin ritmo, sin presión y desbordado por todos los flancos, a los turcos parecía hacérsele la noche muy larga. El renacido Salvio volvió a tener el balón, dirigir un contrataque, plantarse delante del portero rival con Falcao al lado y hacer el segundo de gran resolución. El tercero, también poco después, fue una auténtica obra de arte. El Atleti llega tocando al borde del área y el balón acaba en Adrián. Mientras el asturiano mira el pase, sus compañeros se meten en fuera de juego. Así que con la misma tranquilidad con la que lo hace todo, decidió ponerse a regatear rivales, meterse en el área y hacer él mismo el gol. Para entonces la grada pensaba en un resultado de escándalo. Lo pensaba la grada y lo pensaba todo el mundo.

Pero entonces llegó un descanso que sentó muy mal al conjunto madrileño. En apenas diez minutos tras la reanudación habíamos visto ya síntomas de relajación en el equipo. Malo y muy mala noticia pues era algo inédito en la era Simeone. Flexible en la presión, romo en la intensidad y lo peor de todo, renunciando al balón. De esa manera el Atleti es un equipo de lo más vulgar. Así que el Besiktas, casi sin querer, se fue arriba y se puso a jugar en campo contrario. Ocurre que cuando el balón está en tu área cualquier equipo te puede hacer daño y eso es lo que ocurrió. Parece evidente pero... no lo vi venir. El equipo tampoco.

Los turcos habían tirado a puerta ya un par de veces pero el gol llegó tras un rechace que recoge Simao al borde del área y coloca por la escuadra. Golazo del portugués que tuvo a bien no celebrar lo que arrancó los aplausos de sus antiguos aficionados. Buen gesto de Simao cuyo recuerdo mejora con el tiempo. A partir de ahí el partido del Atleti fue atroz y recordó a épocas pasadas bastante recientes. Me da tanta pereza hablar de ello que lo voy a evitar ya que el marcador se quedó como estaba. Eso si, merece la pena resaltar dos cosas. La primera el inquietante movimiento de Simeone retirando a Adrián para incluir a Pizzi en un cambio de tinte defensivo que además eliminaba el único jugador con chispa que quedaba hoy en el terreno de juego. Malo. Lo segundo el propio Pizzi. Uno de los jugadores más insustanciales y con peores conceptos futbolísticos que hemos fichado últimamente (y tiene difícil destacar en esa categoría). Todavía no he vista hacer al portugués nada digno de fijarse en él como futbolistas. Ni un regate, ni un remate, ni un pase, ni un control,...nada. Pero es que encima todas las resoluciones las hace mal. Cierra el campo cuando hay que abrirlo. Ralentiza cuando hay que acelerar y vicebersa. Se coloca mal en todas las faltas, se esconde en la pared, se cierra al abrir el campo. Es lamentable. Sale de refresco y es incapaz de ayudar al lateral en defensa (lo del sábado con Navas fue patético) y cuando defiende en estático lo hace a 15 metros con lo que el rival puede tranquilamente fabricar un centro al área. Muy malo. Otro pufo del de siempre. Bien, Salvio y Pizzi son las primeras opciones desde el banquillo. Este dato debería bastar para explicar muchas cosas.

Eliminatoria encarrilada frente a un equipo claramente inferior que debería haber quedado finiquitada pero que sin embargo pudo fácilmente haberse complicado en la segunda parte. Buen resultado pero no definitivo. Me agarro al dato de que el único equipo que ha conseguido meternos dos goles desde que está Simeone ha sido el Barça y el Besiktas, hoy por hoy, dista mucho de ser ese equipo.

Belle & Sebastian - I didn't see it coming


Sensaciones en la oscuridad

Sevilla FC - At. Madrid

Los grupos sociales son en teoría una amalgama de voluntades que se suman y se restan. Aunque en muchas ocasiones (casi siempre) se habla de ellas como un ente compacto de voluntad, personalidad y características propias la realidad es que es es muy aventurado analizar las individualidades por el todo. También se hace. Desconozco el perfil de aquellos aficionados del Atleti, pertenecientes por tanto al grupo social de los colchoneros, que tras el empate en Sevilla está criticando a Simeone pero aun a riesgo de equivocarme debe pertenecer a un grupúsculo minoritario. O si no es minoritario el minoritario soy yo y me estoy equivocando. En cualquier caso, mayoritario o no, yo soy del Atleti y no estoy de acuerdo. Primero, porque me parece estúpido recurrir exclusivamente al resultado para juzgar un proyecto que empieza a mitad de temporada, sin poder influir en su diseño y heredando una plantilla rota que coqueteaba anímicamente con el descenso. Especialmente cuando los resultados no vaticinan ninguna crisis. Segundo, porque uno que se ha tragado las valientes propuestas de Manzano, Ferrando, Aguirre, Abel, Quique y Manzano de nuevo sabe perfectamente (porque hemos hecho un Master durante todos estos años) lo que es salir a no perder los partidos. Esa colección de estrategas del miedo nos lo ha enseñado. Si eso tiene que ver algo con lo que lleva haciendo el Atleti, incluido el partido de Sevilla, que venga Dios y lo vea. Tercero, porque por primera vez en décadas veo un equipo en el campo. Un equipo con personalidad, carácter y fútbol. Un equipo con criterio que sabe a lo que juega. Esté quién esté. A lo mejor es simplemente una cuestión de sensaciones. No lo sé pero por favor, camaradas colchoneros, no lo jodáis.

Muchas eran las dudas que aparecían antes del partido. Las bajas de Arda, Diego y Falcao en un equipo corto, desequilibrado y falto de talento parecían letales a priori y críticas para encarar un partido contra el renacido Sevilla. Los agoreros vaticinaban derrota. Los derrotistas sufrían por prescripción médica y como medida preventiva. Los analistas esperaban un cerrojazo atlético que compensase las bajas. Nada de eso señores. El Atleti salió exactamente igual que los días anteriores. Con un pequeño cambio táctico (un nuevo mediocentro) pero con el mismo esquema mental de equipo. Y funcionó. A los 8 minutos Gabi recoge un balón en la izquierda y lo mete en el área para que Salvio al segundo palo remate soberbiamente de cabeza. Golazo del argentino que a veces tiene estas cosas. El equipo siguió demostrando entonces la clase de escuadra que quiere su entrenador. Siguió todo exactamente igual tomando los rojiblancos el control del partido. Incisivos en la presión, superiores en el centro del campo y rápidos a la hora de armar el ataque. El Atleti desarbolaba una y otra vez a unos sevillistas que no se encontraban. Las ocasiones se sucedían pero como siempre, el verdadero talón de aquiles de este equipo, no se concretaban. Soberbia primera parte del cuadro madrileño en la primera parte.

Pero desgraciadamente para los madrileños las cosas cambiaron tras el descanso. Michel reforzó su centro del campo y recuperó el control del balón. Los hispalenses, sabedores de la superioridad atlética en la medular, decidieron robar y llevar el esférico a la banda ahí Reyes pero sobre todo Navas se hicieron los dueños y provocaron desajustes en el rival. Los blancos tocaban mejor, más rápido y con mejor circulación. Así llego el gol de libro de Babá. Balón a Navas que coloca un soberbio pase al centro del área para que el ariete la empuje. El empate aupó a los locales que se hicieron más incisivos. El Atleti poco a poco perdía el balón y el fuelle con lo que el desequilibrio se hacía patente. La falta de banquillo de los madrileños más que patente se hizo patética y los últimos minutos se convirtieron en una suerte de apretar los dientes y sufrir. Pudo haber sido en balde si el colegiado no hubiese anulado en las postrimerías del partido un gol al Sevilla que por otro lado, estuvo bien anulado. El Atleti tiró de orgullo y trató de acabar el partido en área sevillista (como tiene que ser) pero ya no quedaban fuerzas ni recursos.

Empate justo que sin embargo es un pésimo resultado para la lucha por las cuatro posiciones de cabeza. Aun así queda mucho y yo confío en este equipo. Si, se que hay miles de equipos en una horquilla muy pequeña y que los equipos del descenso están a un par de partidos. Lo sé pero mis sensaciones son buenas. Serán sensaciones en la oscuridad.

Gruff Rhys - Sensations in the dark