Fútbol y música (primera vuelta)

Como bien sabrás, si tienes la buena costumbre de pasarte por aquí de vez en cuando, esta temporada me propuse el objetivo de que todas y cada una de las crónicas de los partidos del Atleti estuviesen inspiradas en una canción. Con mayor o menor acierto, con mayor o menor inspiración, la realidad es que salvo contadas excepciones ha sido así.

La selección de la canción, lógicamente, no venía impulsada por aquella que estuviese en ese momento en mí cabeza ni por la que más me gustase en un instante dado sino que buscando entre mi discografía trataba de encontrar aquella que mejor se adaptase a lo que quería contar. Esa era la intención al menos.

El otro día hice el ejercicio de recopilar todas las canciones en un listado y con todas ellas (con todas las que encontré y que lamentablemente no son todas) armé una lista de reproducción en Spotify. Viéndolo así, en conjunto y con una perspectiva bien distinta a la de la rabiosa actualidad, lo cierto es que ha quedado una colección bastante interesante.

Si te interesa escucharla y tienes Spotify aquí te dejo el link de la primera vuelta de la liga (en posteriores entradas meteré la segunda vuelta y los partidos de Copa y Europa League).

Enjoy it!



The Wonder Stuff - It's yer money I'm after baby (Real Sociedad)
Sam Cooke - Somebody's gonna miss you (Osasuna)
------- (Valencia)
The Rascals – Groovin’ (Racing de Santander)
The Posies – Dream all day (Sporting de Gijón)
Wilco – I can’t stand it (Barcelona)
Death Cab For Cutie – The new year (Sevilla)
Ron Sexsmith – I know it well (Granada)
Teenage fanclub – I don’t care (Mallorca)
------ (Ath. Bilbao)
The Rolling Stones – Sad Day (Real Zaragoza)
Clem Snide – Collapse (Getafe)
Elliot Smith – Going nowhere (Levante)
Ben Folds Five – Philosophy (Real Madrid)
Eggman – Replace all your lies with truth (Rayo Vallecano)
Mudhoney – Touch me I’m sick (RCD Español)
The Housemartins – Built (Real Betis)
------- (Málaga)
The Pooh Sticks – The world is turning on (Villarreal)


Conclusiones

Llegando al final de la temporada, es tiempo de conclusiones:

Dirección deportiva. Es difícil poner cara al responsable de la planificación colchonera. Oficialmente es Caminero pero uno duda realmente de que la labor de ese señor de verbo espeso y barba descuidada sea realmente algo más que puro Atrezzo. Casi mejor para él teniendo en cuenta que, para mí, una labor como la de esta temporada no soporta otro calificativo que el de nefasta. Todo se perpetró tarde, haciendo el ridículo en la salida de las estrellas, errando de forma contundente en la selección de entrenador, sin tener un criterio definido en cuanto a la idea de equipo a construir, dejando un centro del campo mediocre y de carácter puramente defensivo, malgastando plazas de extranjero, construyendo la columna vertebral a base de cedidos, obviando repuestos en zonas clave y concretando una lista tremendamente corta para competir en tres competiciones. TODO muy lamentable. Un desastre tan exagerado que es más fácil pensar que no hubo planificación de ningún tipo y que el pastiche respondía simplemente a una mezcla de suerte, improvisación y de conseguir comisiones en el intercambio de cromos, tratando de dar casi por casualidad con once o doce tipos que pudieran parecer un equipo de fútbol y que con fuegos de artificio hicieran olvidar las "desgracias" del verano. La gestión posterior de un segundo entrenador, aunque saliera bien, siguió por los mismos derroteros de estupidez, falta de criterio y falta de seriedad.

Dirección técnica. La selección de Manzano fue un error cantado. Conocida la triste experiencia anterior (esa que en verano quisieron “decorar” o directamente eliminar como si no hubiese existido) parecía difícil creer que el hierático jienense pudiera hacer otra cosa aparte de el ridículo. El engreído profesor trató de seducir a sus amigos periodistas y a los consumidores de periodismo moderno con un discurso futbolístico de perfil “guardioliano” construido a base de obviedades, pero dejando en evidencia los niveles exagerados de demagogia que maneja este profesional de la mediocridad. Se perdió en su propia mentira. Una vez más le vino grande una entidad a la que desde un principio trató de dominar empequeñeciéndola. Perdido entre una forma de jugar al fútbol que ni entiende ni sabe hacer y su tradicional sistema pequeñito, romo, cobarde, espeso y estándar, el equipo, totalmente desubicado y sin referencias, se perdió por el desagüe entre frases de almanaque y actuaciones de bochorno. Para mí el principal y casi único culpable de que el equipo no acabará en Champions es la negligencia de un entrenador que a falta de modestia decidió hipotecar la posibilidad de crecer por agarrarse a su patética mentira.

La llegada del Cholo fue un revulsivo desde todos los puntos de vista y casi contra natura ha resultado ser un acierto. El argentino vino para calmar la furia de la grada y consiguió además recuperar el equipo que había en ese banquillo y que hasta entonces no habíamos visto. Cerró la escabechina de resultados negativos, construyó por fin un equipo con los mimbres rotos que recogió, sacó petróleo de jugadores desahuciados, impuso criterio en las declaraciones, impuso orgullo y responsabilidad en el campo, asumió un liderazgo modesto pero valiente, fijó con claridad los objetivos, perfiló una idea de juego clara e hizo que se tomase al Atlético de Madrid deportivamente en serio. Coincidiendo o no con su forma de entender el fútbol, el Cholo se ha ganado el crédito suficiente como para creerle capaz de liderar un proyecto de futuro en este equipo.

Equipo y jugadores. De menos a más. Ha pasado de estar sumido en la depresión y sospechando de su profesionalidad durante el nefasto periplo del nefasto Manzano a parecer un equipo compacto, serio y bueno que da un ejemplo de compromiso y profesionalidad. Recompuesto el equipo tras la llegada de Simeone, parece que solamente la falta de fútbol y calidad en los mediocentros junto a la escasez de profundidad de armario son los problemas de una plantilla de cara al futuro. Buena temporada de Courtois (para mí, muy buena a pesar de errores significativos pero puntuales). Correcta actuación de los centrales Miranda y Godín (e incluso Perea) en líneas generales y un Domínguez del que esperaba algo más y del que creo que es mejor jugador de lo que ha demostrado este año. Luis Filipe ha crecido de forma impresionante con Simeone (ahora si me parece que es lateral izquierdo para este equipo) y ni que decir tiene la presencia de Juanfran en el otro lateral, probablemente la mayor sorpresa de todas. Los cuatro de arriba (Arda, Adrián, Diego y Falcao) entre bien y muy bien y sólo el mediocentro ha estado generalmente muy por debajo de lo que debe ser el centro del campo del Atlético de Madrid. Gabi centrándose con el tiempo y aprobando por los pelos, Tiago bajando significativamente respecto a otros años (me temo que está inmerso ya en la curva natural de declino), Mario Suárez haciendo una muy mala campaña (a pesar de su soberbia actuación en la final) y Asunçao Inédito. El resto entre mal y muy mal. Salvio, siempre a punto de estar a punto pero nunca a la altura. Absurdo que un jugador así ocupe plaza de extranjero y no veo que pueda mejorar su situación a futuro. Pizzi una nueva broma pesada de la dirección técnica. Silvio parece un sueño por lo poco que ha estado (aunque dejó cosas buenas cuando jugó), A. López apenas ha jugado, Reyes está muy bien dónde está y Fran Mérida no se puede tomar en consideración (y no da la sensación desgraciadamente de que esto pueda cambiar a corto plazo).

Para mí los fichajes prioritarios debería ser (por ese orden): Diego, 2 mediocentros de garantías y jugadores para completar plantilla competitiva en el lateral izquierdo, banda/mediapunta y delantera.

Resultados. Soy de los que piensa que la labor de un equipo como entidad y como resultado de una planificación hay que juzgarla en un torneo largo y de regularidad. Es decir, en la liga. En ese sentido la campaña ha sido un rotundo fracaso. El punto que impide al equipo jugar la Champions no es reflejo de las sensaciones, juego y desarrollo de la temporada que en términos generales ha sido caótica y mala. Nunca hemos estado entre los cuatro primeros y nunca hemos merecido estarlo. A diferencia de otras veces, y como nota positiva, el equipo ha ido de menos a más y ha terminado teniendo un esbozo de equipo, de idea y de perfil bastante interesante. En este sentido, a diferencia de la sensación que tenía tras la conquista de la primera Europa League, si me parece que existe un núcleo interesante sobre el que construir. Me agarro a eso.

La imagen dada en la Copa del Rey nos retrotrae a los episodios más lamentables y esperpénticos de la historia rojiblanca. Algo que tenemos que poner en el mérito del impresentable de Manzano y de la camarilla de dirigentes que lo pusieron ahí (¿Gil, Caminero, Mendes, Cerezo,…?). Si alguien duda de mi dureza que repase la Copa del Rey que hizo el equipo en el año 2011.

Pero todas las penas quedan anestesiadas por el efecto purificador de ganar la Europa League y poder jugar la Supercopa de Europa. A pesar de los titubeos iniciales en la competición (con Manzano, claro) el equipo ha completado un torneo soberbio, ofreciéndonos probablemente los mejores partidos de la temporada (en mi retina quedará el partido de Roma, o la ida contra el Valencia o por supuesto la final). Una competición, la Europa League, en la que hemos sido los mejores y que se ha ganado con total merecimiento.

Borrón y cuenta nueva. Razones para dudar tenemos. Razones para sospechar y ser pesimistas con el futuro tenemos si nos agarramos a la legendaria negligencia consciente de MA Gil y sus huestes para repetidamente dilapidar el patrimonio y la reputación del Atlético de Madrid. Por otro lado razones para ser optimistas también tenemos si nos ceñimos al núcleo deportivo creado, si somos capaces de creer en él y mantenerlo, de la dinámica ganadora adquirida, de la idea que se perfila y de a un puñado de jugadores que a día de hoy son también el Atlético de Madrid.

Ustedes eligen.

Yo, de momento, seré cauto.

Último cigarrillo

Una frase típica de entrenadores malos y perdedores es esa que dice que no hay que juzgar la labor de un proyecto hasta que se llega al final. Jamás he estado de acuerdo con ello y no voy a empezar ahora. Me parece una solemne estupidez que puede tener sentido en ciertos casos pero no siempre. Si un estudiante no da ni chapa durante todo el años es absurdo esperar al cero de septiembre para decir que es un vago. De hecho es mejor asumirlo cuanto antes para intentar cambiarlo. Me niego a pensar que el proyecto deportivo del Atlético de Madrid 2011-2012 sería uno u otro dependiendo de si el Sporting de Gijón mete o no mete un gol hace un rato. Si lo piensan es absurdo. 

Ya tendremos tiempo de juzgar con argumentos la temporada del Atleti pero les adelanto que para mí no merece otro calificativo que lamentable. Y si, ni Europa League ni otras historias pueden hacerme olvidar que hemos quedado quintos en una temporada en la que el tercer puesto (no digo ya el cuarto) ha estado más barato que nunca. El diseño del proyecto fue horroroso (suponiendo que hubiese diseño que yo pienso que fue todo pura improvisación), la elección de Manzano un error catastrófico que además se veía venir porque llovía sobre mojado, la confección de la plantilla un ejercicio de ingeniería de la comisión que dio como resultado un equipo con calidad en algunos sitios pero treméndamente desequilibrado en otros y sólo la contratación in extremis del Cholo Simeone consiguió poner un tapón que cerrase el desagüe por el que se marchaba todo. 

Pero aquí estamos. Finalizada la liga y en esa quinta posición que no vale para nada. Tras un partido en el madrigal de Villarreal que sirve para poner a los castellonenses en segunda lo que me produce una tristeza tremenda ya que tengo el mejor de los conceptos por la propuesta deportiva de este modesto equipo. Una pena que espero que resuelva en tan sólo un año. ¡Ánimo! 

El partido fue un nuevo ejercicio de solidez y profesionalidad del equipo de Simeone. El Cholo salió con todo lo que tenía y en seguida se puso a dominar el partido sin que en ningún momento pareciese que la plantilla estuviese cansada por las celebraciones. Enfrente un Villarreal muy nervioso, más pendiente de no encajar goles que de tratar de desplegar su fútbol. El dominio Atlético no se tradujo en goles y poco a poco se fue diluyendo frente al empuje levantino que consiguió meterse en el partido. Aun así el verdadero triunfador de la primera parte fue el aburrimiento que se apoderó de todo y de todos. Dos equipos contenidos y colocados que dejaban pasar los minutos. 

Al descanso el resto de partidos estaban con el mismo marcador de cero-cero. La sensación era que empezaría a tomar color cuando alguien rompiese el equilibrio y ocurrió al poco de comenzar la segunda parte cuando el Zaragoza marcó en Getafe y el Málaga en su estadio. Por pura lógica esto debería haber espoleado al Villarreal y atenuado al Atleti pero ocurrió exactamente todo lo contrario. El Atleti se hizo definitivamente con el partido mientras los amarillos se perdían en su propio nerviosismo. Las ocasiones llegaban por parte madrileña cada vez con más peligro hasta llegar a la cima que supuso un remate de Filipe Luis al larguero. La grada se mordía las uñas y los aficionados al fútbol nos preparábamos para un final de liga apasionante. 

Entonces apareció el cabezazo espectacular de Falcao tras un córner que ponía el 0-1 y el estadio se quedó helado. Seguían estando en primera pero a expensas de lo que ocurriese en vallecas dónde Rayo y Granada empataban a cero. Con el tiempo casi concluido Tamudo marca en vallecas lo que dejaba en segunda al submarino amarillo que es lo que finalmente ocurrió. Un gol del Sporting en ese momento hubiese puesto al Atleti en Champions pero puede que no hubiese sido justo. De todas formas, ¿desde cuando el fútbol es justo? 

Fin de fiesta. Esta todo dicho. El fin de esta historia es simplemente el principio de la siguiente que vendrá enseguida y que hará olvidarnos de todo. O no. ¿Quién sabe? Fútbol es fútbol, que diría el maestro. 38 jornadas. 38 canciones. Es la hora del último cigarrillo... 

Ed Harcourt - Last Cigarette


Perfecto

El 9 de Mayo de 2012 podrían haber observado mi esbelta silueta por las calles de Madrid pero no deberían hacer caso a sus sentidos. Mi silueta estaba allí, si, pero yo estaba en Bucarest. Haciendo pasar las horas como podía hasta el inicio de la final de la Europa League. Solitario. En silencio. Nervioso. La gente le hablaba a mi silueta, esa que minutos antes andaba en un lugar perdido del barrio de la Arganzuela pero yo no respondía o lo hacía con graznidos. Estaba con los ojos puestos en el partido. Exclusivamente. Desde muchas horas antes.

El Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone, y perdón por la redundancia, ganó el partido en 6 minutos. Los primeros. 6 minutos de escuela de fútbol. 6 minutos que deberían pasarse a video y ser reproducidos en todos y cada uno de los partidos del Atleti a partir de ahora. Serio, mandón, atrevido, valiente, poderoso y agresivo. Nadie lo esperaba. El Athletic, que hacía las funciones de favorito virtual para casi todo el mundo, menos. En esos 6 minutos el Atletico de Madrid se colocó los galones de emperador europeo y el Athletic se quedó desnudo. Ese puñado de soberbios jugadores de poco más de veinte años que ha maravillado este año al mundo del fútbol, se volvió de repente en un equipo pequeño, nervioso y aturdido. Mientras el Atleti presionaba con furia hasta el saque del portero los leones eran incapaces de tener el balón sin perderlo.

Y entonces llegó Falcao. Ese jugador espectacular, que ha demostrado un montón de veces serlo, pero que como el crack que es decidió hacerlo otra vez cuando todos los focos estaban apuntando. Sin ángulo, sin espacio y sin facilidades el colombiano arma un disparo con la zurda en las esquina del área que se cuela por la escuadra. El grito desgarrado que me salió de las entrañas se produjo en mi casa pero se escuchó hasta en los Balcanes. La cosa pintaba muy bien. Y mejor pintó después cuando los de Simeone pasaron al plan B, transformando el esquema a una disposición 4-5-1, sin tanta exigencia física y aumentando la densidad del equipo. El Atleti no se encerró atrás sino que se organizó para destrozar la forma de jugar del Athletic. Y lo hizo. Incapaces de desplegar su juego gracias al buen acierto del equipo rival. Un equipo rival que esta vez si fue un equipo. Rocoso y compacto. Brillante y solidario. Un señor equipo. Gracias Simeone.

Con el equipo bilbaíno desactivado tácticamente el balón se movía entre sus piernas con lentitud y sin criterio hasta que los rojiblancos madrileños lo robaban y salían en vertical con cordura e instinto letal. Poco antes del 40 Amorebieta, aturdido al igual que sus compañeros, pierde un balón en la frontal del área y acaba en los pies de Arda. El turco mete el balón en el área para que Falcao haga lo que nadie espera. Lo que haría un crack en una final europea. Pasársela de tacón, tumbar al rival y marcar el segundo. El Athletic estaba grogi. El Atleti se limpiaba los zapatos para subir a recoger la copa.

Los vascos salieron orgullosos desde el banquillo con un cambio táctico valiente que puso en ciertas dificultades a los madrileños. Pero no duró mucho. O si, porque estuvieron los 45 minutos intentando hacer un gol, pero enseguida tuvimos la sensación de que no pasaría nada. El tiempo que tardó en aparecer Courtois (segurísimo toda la noche), de ver que los centrales seguían haciendo un partido soberbio, incluso tras la inclusión de una segunda referencia ofensiva como Toquero, de que Gabi volvía a ser ese jugador serio, de equipo, regular y sacrificado que equilibra a los jugones de al lado pero sobre todo, y me alegra decirlo aunque me cierre la boca, por el partidazo que se marcó Mario Suárez. El canterano, por fin, hizo un partido soberbio como mediocentro defensivo. Lo hizo todo bien. Al César lo que es del César.

Incapaz de entrar jugando y frustrados ante el par de paradas de Courtouis los bilbaínos decidieron recurrir a lo que hace unos meses eran sus señas de identidad: colgar balones al área. Así se acrecentó algo más la sensación de peligro pero tampoco. Para terminar de rematar la desgracia, el Atleti empezó encima a consumir más balón y tocarlo en las salidas al contrataque. Los leones corrían detrás cada vez más cansados. En una de esas jugadas el balón llegó a Diego, soberbio una vez más el brasileño, que se paró en la línea de tres cuartos. Cuatro rivales cansados lo miraban con ojos inyectados en sangre pero sin atreverse a entrar. El brasileño oteó las posibilidades y decidió sortear él mismo a todos. Así se plantó delante del portero para batirlo con la izquierda. 3-0. Fin del partido. A disfrutar de la indescriptible felicidad de ser el campeón.

Las primeras lágrimas aparecieron en las mejillas de este sensiblero que les escribe y un nudo marinero se formó en la laringe viendo la celebración de los jugadores. Y viendo el abrazo del Cholo a los rivales y el aplauso de los colchoneros al rival y el pasillo de los jugadores al Athletic… y se me estropeó la cena en el estómago viendo las lágrimas de dolor en una afición que merecía ese título al menos tanto como nosotros. En algún momento entre disfrutar con la cara de Juanfrán y unirme a las arengas del Cholo a esa afición que lo adora me di cuenta de que lo que habíamos hecho y me sentí orgulloso. Me sentí orgulloso de ser el Atlético de Madrid. Un equipo que fue un ejemplo en Barcelona sabiendo perder y un equipo que es un ejemplo también sabiendo ganar en Bucarest. Sin humillar a nadie. Sin señalar el músculo de la pierna que hace los goles. Entendiendo y compartiendo el dolor rival. Sin aspavientos. Sin restregar nada a nadie. Celebrando la alegría propia. Siendo diferentes. Así. Así gana el Atlético de Madrid.

El Atleti vuelve a reinar en Europa tras un partido perfecto.



PD. Y después me fui a Neptuno a compartir el momento con mis amigos colchoneros anónimos o conocidos. A pegarle un abrazo a mi hermano y al Richy y al Teno… a mandar y recibir mensajes de teléfono para con mis colchoneros repartidos por el mundo. A ver a los miles y miles de Atléticos que allí estaban disfrutando el momento.

Pero la policía y el sentido represivo de la nueva administración madrileña, esa que encabeza esa, en teoría, mujer de dientes afilados y peinado voluminoso, decidió agriar la fiesta tocando las narices. Organizando la celebración de la peor forma posible (¿qué sentido tiene poner las vallas a 100m de la fuente? ¿qué sentido tiene no cortar la circulación?) y provocando a la multitud con ademanes más propios de un repugnante ejército golpista y olvidándose de hacer con profesionalidad la labor pública para la que les pagan.
Patético, pero esa es otra historia…

¡¡FORZA ATLETI!!


Fairground Attraction - Perfect

¿Por qué?

Por mí.

Por ti.

Por los que están allí en carne y hueso.

Por los que, como yo, están allí en corazón y alma.

Por ser coherente con los señores que en 1903 decidieron empezar una aventura tremendamente complicada al margen de la corriente que arrastra el río.

Porque merecemos ser felices como el que más.

Porque el Atlético de Madrid no son ni sus números ni sus rufianes.

Porque hay un montón de niños que han nacido para tomar el testigo colchonero que necestan creer y que están también necesitados de amar con pasión verdadera pero al margen de lo establecido.

Porque el mejor homenaje para un capitán que se va es poder levantar una copa.

Porque tenemos que demostrar que también ganando somos igual de genuinos, optimistas, fieles y orgullosos.

Porque nuestra verdad, además de nuestra, es verdad.

Por los que nos enseñaron todo esto y ya se fueron pero siguen estando. (*)

Porque sí, como dice nuestro himno.

Por el Atlético de Madrid.



(*) Gracias @EvaMSerrano ;-)

La parte de atrás de la mente

La cantidad de variables que tienen un papel estelar en un partido de fútbol es inmensa. Hay muchos aficionados al fútbol que anestesiados por el perfume de los goles y el espectáculo reducen todo a una sencilla cuestión de echarle o no pundonor (por no decir huevos) pero es una manera demasiado simple de analizarlo. Si se quiere analizar, claro, que como espectador puede ser recomendable pero no necesario. Los directivos, directores deportivos y sobre todo entrenadores si que no pueden escapar a esta realidad y con mejor o peor criterio tratan de encontrar el modelo de naturaleza matemática que reproduzca la realidad. Muchos, los malos, lo que intentan es entrar en la ecuación para reducir el número de variables que entran en juego y basar la fórmula a una cuestión de constantes. Los muy malos además, como si de un gobierno reformista se tratase, empiezan por anular las variables más importantes que además son las más fáciles de recortar como por ejemplo el balón. En el Atleti sabemos mucho de esto último y me temo que lo vamos a seguir sabiendo en años venideros. No es algo que me emocione pero ayer se demostró que ahora mismo, en este equipo, jugar al fútbol no es la variable más importante. 

 Porque por encima de todo esta el tema de la cabeza. De la mente. Alguien dijo una vez que el fútbol era un estado de ánimo como si algo en lo que estén involucrados los humanos no fuese siempre un estado de ánimo. Claro que lo es. Por eso son tan importantes las sensaciones, las señales, los mensajes, los objetivos,... Por eso es tan importante sentirse ganador o perdedor. Valiente o cobarde. Querer ser superior o tratar de que no te hagan demasiado daño. El Atleti ha ganado al Malaga por sensaciones. Por mentalidad, por carácter y por actitud. Lo malo es que todo eso apareció tarde y después de haber estado enseñando todo lo contrario durante 45 minutos. El equipo demuestra así que la mentalidad está, pero que la tiene en la parte de atrás. En un sitio secundario. En un lugar poco importante al que por lo visto sólo se recurre cuando no queda más remedio. Así nos va. 

La primera parte fue un auténtico baño del Málaga. Ese equipo construido a base de chequera pero con mucho gusto. Gusto por el balón y gusto por el fútbol. El que tiene ese señor de los banquillos al que los talibanes del macarrismo deportivo despreciaron con muy poca clase. Pellegrini. El chileno es de esos entrenadores en extinción que se atreve a poner un jugador fino y pequeñito como Cazorla de medio centro. Algo que en el Atlético de Madrid no hemos visto desde hace dos décadas. Sobre el campo se veía un equipo de Champions que quería ganar el partido en un campo complicado y que lo quería hacer siendo protagonista. Algo que reclamo para el Atleti desde que me bauticé como Ennio Sotanaz y ahí sigo. Y seguiré. A base de fútbol, precisión, velocidad y criterio el partido transcurrió en campo de unos colchoneros que se dedicaban a correr detrás de la pelota e intentar abollarla cada vez que tenían ocasión. Tarde. Lentos. Sin chispa. Sin gracia. Los andaluces pudieron ponerse por encima en cualquier momento pero lo hicieron de la mejor forma posible con un golazo soberbio de Eliseu que empalma un balón desde otro distrito para incrustarlo en la escuadra. Como corresponde a los equipos grandes el Málaga siguió dominando el partido exactamente igual hasta el descanso. El Atleti, como corresponde, siguió también arrastrándose por el campo. 

Pero algo tienen que tener las charlas de Simeone porque no es la primera vez que el equipo que sale en la segunda parte, siendo los mismos jugadores, es otro. El carácter del Cholo no lo puede discutir nadie. En el campo era un líder y era un ganador. Caliente y poco pausado pero un ganador. Por eso no me gusta la parte reflexiva esa que la ha salido de entrenador. Esa que le hace ser reservón y precavido. El cambio de actitud del equipo es mérito de Simeone, no me cabe duda. Pero, ¿es mérito suyo también la forma con la que salió el equipo de inicio? Esa es la duda que me hace ser o no ser optimista para el año que viene. 

En cualquier caso la segunda parte fue otra cosa. Especialmente cuando apareció Koke en el mediocentro en detrimento de un Mario Suárez cada vez más espeso, más perdido, más centrado en ser esa especie de tercer central estático, lento e intrascendente. Sin desarrollar un fútbol espectacular el Atleti si fue capaz de quitarle la pelota al Málaga y a veces con eso basta para desarmar al contrario. Sin el fundamento de este juego, el balón, el Málaga tenía que defenderse y correr mientras que el Atleti se enfurecía por momentos. A la salida de un córner el balón llega rechazado a la frontal y Koke, haciendo justicia, empala el balón para empatar. Los madrileños se subían así a su euforia y los malacitanos, sin recular, a sus miedos. El partido se puso bonito con llegadas por los dos lados pero fue un despeje de Courtois el que deshizo la igualada. El balón es peinado por Falcao que deja sólo a Adrián para que en otra de sus jugadas de fantasía coloque el definitivo 2-1 en el marcador. Definitivo porque lo quiso el señor juez de línea que anuló un gol al Málaga por fuera de juego que en vivo me pareció justito y en la tele se ve que no era. Las cosas como son. 

¿Y ahora qué? pues en la liga está claro: a morir el domingo en villarreal y esperar que el sporting de la campana en Málaga. Entre medias Bucarest, lo sé, pero esa es otra historia que merece otro espacio. 

Mención especial quería hacer a Antonio López y Perea, nuestros dos capitanes que se van, desgraciadamente por la puerta de atrás. Como siempre pasa con ese avinagrado de MA Gil. El de Benidorm es un jugador de la casa, de la cantera. Salvo una cesión en Pamplona ha desarrollado aquí sus mejores y sus peores momentos. Probablemente esos problemas emocionales en el último tramo de su carrera pararon su progresión en seco. No lo sé pero en cualquier caso siempre ha sido y es Atleti. Igual que lo es Perea. Un profesional como la copa de un pino. Un tipo que ha dado todo lo que tenía por este equipo y que lo único que ha hecho, dentro y fuera del terreno, es demostrar amor y sobre todo respeto por el Atlético de Madrid. Cosa que no hicieron otras estrellitas confundidas. En momentos en los que esa grada de nuevos y confundidos colchoneros se dedicaba a pitarlo o mofarse de él, el colombiano jamás torció el gesto, siguió sudando y soltando palabras bonitas para su club. Para el mío. Gracias Perea. Gracias Antonio López. 

Teenage Fanclub - The back of my mind


Lo que yo quiero es tu dinero, chaval


No quiero hablar de fútbol. No quiero hablar de jugadores ni de tácticas ni de pases ni de remates a puerta. Es absurdo. Anécdotas que se pierden en el aire y en el tiempo como algodón de azúcar caducado. Me encantaría hablar de todo eso tranquilamente y mucho más si además pudiera hacerlo de mi equipo, del Atlético de Madrid, pero es imposible. No está. No se le espera. Ni siquiera estoy seguro de que siga existiendo como algo tangible. No quiero hablar de mala suerte, ni de contratiempo fortuito, ni de cansancio, ni de calendarios, ni de Bucarest. No quiero hacerlo porque me rezuma la furia por los poros y me hace heridas en la ilusión. Esa ilusión a prueba de bomba que este puñado de mediocres mercenarios, a un lado y al otro de la mesa de despacho, está puliendo hasta dejar reducida a cenizas.

Que el Atlético de Madrid es un tren a la deriva lo sabemos muchos (es evidente que no todos). Hace muchos años un señor de Burgo de Osma decidió utilizar la gloriosa historia del Atlético de Madrid en beneficio propio. Con carácter político y con carácter económico. Sacó de su pantalón esa billetera con olor a azufre y a base de billetes caducados compró chistes, fuegos artificiales, amigos mediáticos, jugadores, borreguillos y engañó a propios y extraños el tiempo suficiente como para que en un abrir y cerrar de ojos los otrora clubes deportivos pasasen a ser empresas privadas sin que nadie se diese cuenta. Hace casi 20 años el mismo señor decidió poner sus miras en otro sitio dejando este trofeo de caza al hijo que se quedaba rezagado. Ese benjamín de la camada que incapaz de hacer otra cosa en la vida tiene que vivir de estirar mal que bien el legado paterno. El muchacho le ponía empeño pero haciendo honor a su sobrenombre, Calamidad, aplicaba la receta del turrón para hacer unas lentejas. Hasta que se dio cuenta de que para lo que mejor estaba dotado, debía ser genética, era para navegar en la tangente de la legalidad y así, ya que eso del fútbol era algo aburrido y eso del Atleti una ñoñería típica de flojos, tratar de vender a trocitos aquel incómodo legado que había recibido. ¿Cómo? Pues especulando todo lo posible con las partes y alquilando los locales, los jugadores, la estructura, la historia, la esencia, la imagen y el espíritu del club para despedidas de soltero, bailes con putas, zarzuelas, espectáculos del Bombero Torero y cualquier otro tipo de varieté que dejase dividendos. De cualquier tipo.

Y en esas estamos 20 años después. Con un patrimonio menguante y erosionado, con un espíritu rojiblanco que parece un solar infestado de cardos, con un orgullo plastificado que se vende en bonitos llaveros con 50 centimos de euro, con una historia filtrada y retocada que se explica en sencillos spots de 20 segundos, vendiendo al mundo la bonita sonrisa del perdedor, entregados con candor y como fieles redentores al circo periodístico mediático que nos aplasta y nos humilla, aplaudiendo a rabiar un maravilloso empate, soñando con hacer buenos papeles y justificando con argumentos peregrinos que la hostia que nos acaban de dar no sólo no nos ha dolido sino que ni siquiera ha sido hostia.

Y si, sé de dónde vienen todos lo males pero yo voy al campo y veo los partidos y me cabreo y sé quienes son los once que el sábado tiraron el partido y los once, si once, que lo han tirado hoy. Y sé que ninguno de ellos es MA Gil. Tampoco veo a ninguno de los once demasiado afectado. Y veo como cada vez que metemos un gol nos echamos para atrás y que lo hacemos siempre y que llevamos diez años dando patadones desde la defensa. Y veo como presumimos de afición ejemplar pero escalamos a la nube o nos encerramos bajo la alfombra en función de si una pelotita entra o no entra en el último minuto. Que no nos preguntamos nada. Que esperamos a que nos pasen la letra para cantar la canción. Pitamos a jugadores como Arda y asentimos como borregos todas las estupideces que aparecen en unos medios de comunicación galácticos a los que en su mayoría el éxito del Atleti les emociona tanto como a mí la siguiente edición de Gran Hermano. Eso en el caso de que vean los partidos y no construyan sus teorías, de manoletes y antoñitos, directamente en función de los objetivos resúmenes de televisión.

Si ya sé que esto no es una crónica futbolística pero es que primero estoy harto de perder mi tiempo con algo que no lo merece y segundo no he visto un partido de fútbol. Lo que he visto hoy en el Calderón, jugándonos mantener la dignidad en una liga atroz y agarrándonos a la última e inmerecida oportunidad que el destino nos prestaba, es el enésimo ejercicio de especulación barata. Dirigido por especuladores y practicado por especuladores. Es absurdo utilizar teorías para explicar lo que ocurre si tiras un dado y eso es lo que el Atlético de Madrid lleva haciendo desde hace décadas. Jugar con todos los elementos alrededor menos con el más esencial: el fútbol. Años y años de desconstrucción, de laminar los cimientos de una institución centenaria, de jugar peligrosamente con los símbolos, de reír las gracias al indolente, de gritar pelillos a la mar, de pensar en el mañana sin reflexionar sobre el ayer, de conformarnos con las migas, así es como se ha construido una institución frágil y enfermiza. Tan débil y vulnerable que sólo funciona con el viento a favor. En el preciso momento en el que la brisa se tuerce el sujeto coge frío y enferma. Enferma incluso antes de ponerse enfermo. Tanto tiempo tapándose la cara para no recibir la bofetada nos ha hecho dejar de ver que se iba por el camino equivocado pero además no nos ha servido para amortiguar la patada en la cabeza.

Vulgaridad, mediocridad,... esas son ahora nuestras señas de identidad. 20 años sin alcancar el puesto en el torneo de la regularidad que la institución reclama por números. Si, los números. Los del sueldo de la plantilla, los de número de aficionados, de ingresos por televisión,...¿plantilla? ¿Cansancio? ¿Suerte? Paparruchas. Las mismas paparruchas de siempre que aparecen todos los años pero cada vez con un nuevo disfraz.

Perdonen por este arrebato de cólera pero al fin y al cabo no me va a escuchar nadie. A lo mejor los que se sientan cerca de mí y asienten con la cabeza pero entre todos no juntamos ni siquiera una mínima fuerza de oposición. Para eso necesitamos “notables” pero esos están ocupados. Necesitamos periodistas pero esos están demasiado preocupados por no tocar el suculento equilibrio que hoy dirige en mercado del fútbol.

Directivos, jugadores, notables, periodistas mediáticos,... a todos les veo mirándome a la cara y cantándome con la sonrisa enfurecida esa canción tan pegadiza de los Wonder Stuff: “Lo que yo quiero es tu dinero, chaval”...

The Wonder Stuff - It's yer Money I'm after baby