FLASH: Periodismo hecho por periodistas


Hoy, 31 de agosto de 2012, se disputa la supercopa de Europa, el torneo de la UEFA que anualmente reúne al ganador de la Champions League (máxima competición europea) con el ganador de la Europa League (segunda competición europea).

Hoy, 31 de agosto de 2012, en dicho torneo existe además un representante español. El Club Atlético de Madrid.

Hoy, 31 de agosto de 2012, la portada de un diario con AS, diario de tirada nacional y que dice ser de información deportiva, es esta:



Sobran las palabras.

En los últimos tiempos escucho quejas desde el mundo del periodismo que, sintiéndose amenazados por la marabunta de bloggers y opinadores varios que pueblan internet, reclaman un periodismo hecho por profesionales. Por periodistas.

Les recordaré esta portada la próxima vez que surja el debate. Preguntaré entonces si es esto a lo qué se refieren.

En todo lo alto

Los aficionados al Atlético de Madrid, me refiero lógicamente a los más alejados de las consignas que regularmente se emiten desde el epicentro del emporio MA Gil, hemos depurado durante años una suerte de cinismo negativo que voluntaria o involuntariamente nos invita a ver con nitidez cartesiana los defectos de nuestro equipo. Soy consciente de que a mí también me pasa y he reflexionado muchas veces sobre ello. ¿Los árboles no me dejan ver el bosque? ¿El enfado no me deja ver las cosas positivas? puede ser, pero precisamente por ser consciente de ello trato con todas mis fuerzas de que no sea así. Tras una soberbia victoria contra el Athletic de Bilbao de Bielsa, el equipo mimado de la prensa hace apenas unas horas como aquel que dice, las caras a la salida del Calderón eran de evidente alegría pero la mayoría de comentarios, especialmente de los que se dicen especialistas y/o periodistas, abundaban sobre la debilidad por encima de la capacidad de un Atleti que literalmente lo pasó por encima barriendo al rival. ¿Justo? No. ¿Inquientante? Si. 

Lo he dicho hace bien poco e imagino que lo repetiré en el futuro pero una de las cosas que más me entristece del proyecto 2012/13 es que por primera vez en muchos años, al acabar la temporada anterior, tenía la sensación de que había una columna vertebral sólida y creíble sobre la que construir. Teníamos un entrenador con criterio y carácter que independiente de la forma o esquema elegido para jugar, que te puede gustar más o menos, tenía claras las cosas y capacidad contrastada para transmitir todo eso a una plantilla de tradición huidiza y pusilánime. Uno estaba convencido que con un par de retoques (jugadores de sustitución y algún futbolista con capacidad de creación) teníamos un equipo solvente y potencialmente peligroso en las tres competiciones. El resultado de la dirección deportiva es historia y todos conocemos lo que está pasando. Estamos igual o peor (yo me decanto por lo segundo) que el año pasado. Los mismos jugadores, falta de Diego, sobredosis de mediocentros, falta de creatividad y plantel insultantemente corto (apenas 20 fichas profesionales). Ahora todo depende de la suerte, las circunstancias, San Cholo Simeone y su capacidad para improvisar una cesta compacta sin mimbres. 

Pero el partido contra los bilbainos deja sin embargo todo lo anterior en agua de borrajas. Sobre el campo salía una alineación bastante lógica (Adrián no está como debería) con Arda algo escorado a la derecha y dejando la mediapunta (enlace con el doble pivote) a un Koke que aprovechó la oportunidad. Siempre me ha parecido un jugador muy interesante a pesar de no haber jugado nunca en su posición tradicional de mediocentro. Parece que en este equipo cualquier centrocampista con llegada y capacidad de centrar hacia adelante está condenado a la mediapunta o la banda (una desgracia) pero aun así el canterano casi siempre ha respondido. Sobre el campo se veía el equipo serio, sólido y compacto de la temporada pasada. El balón, además, también era colchonero y esta vez se movía con velocidad y verticalidad no sólo dando la sensación de dominio sino llevándolo a la práctica y obligando al rival a permanecer en su campo como amable observador. El equipo además viste mucho más con Luis Filipe y Juanfran en las bandas. El Cebolla mantenía el tipo sin aspavientos ni errores y el turco Arda, probablemente el jugador con más chispa en la plantilla ahora mismo, se sentía cómodo. Pero amigos, también estaba Falcao. Palabras mayores. Habían avisado con varias combinaciones profundas pero pasados los 20 minutos llegó el primer gol. Una maravilla. Tras un saque de banda el colombiano recibe de espaldas y dónde un jugador normal se saca un pase al compañero el delantero se sacó un regate con el cuerpo que lo dejo solo delante del portero aunque muy escorado. Da igual. El Tigre es un hombre de recursos y decidió colocar el balón por el único hueco que quedaba. 1-0. 

Durante unos segundos sobre el Calderón sobrevoló el fantasma de los últimos años, ese que hacía recular al equipo tras el primer gol dejando la iniciativa y el juego al rival pero afortunadamente fue un espejismo. Rápidamente la línea de atrás se situó de nuevo cerca de la medular y el resto del equipo en apenas 20m por delante. Una de las señas de identidad de este Atleti de Simeone que si es capaz de realizar siempre con tanta precisión y lo acompaña de la misma intensidad en la presión nos va a dar muchas alegrías. Enfrente el Athletic era una sombra del equipo del año pasado. Aturdido probablemente por los problemas internos (raros y mal explicados) los bilboarras son un equipo sin alma que parece triste. Sin agresividad ni criterio ni orgullo ni pelota. inocentes en la presión, torpes con la pelota y desconocidos en el carácter. Desconozco que es lo que pasa allí dentro pero la sensación es de equipo a la deriva. Ojo con estas cosas que aquí somos especialistas y sabemos como acaban. 

El partido quedó finiquitado antes del descanso con otra maravilla de Falcao. Tras una jugada con todos los jugadores descolocados, el balón llega al fondo de la banda derecha donde se encuentra Godin en posiciones de interior. El uruguayo, incómodo en esas zonas, se sacó un centro bombeado que hizo que el balón peinase a los espectadores del segundo anfiteatro del fondo norte, bajando desde latitudes con escasez de oxígeno. Pero a Falcao eso le da igual. Sin saber por dónde apareció el colombiano, se colgó del aire y remató el balón a gol con un escorzo inverosímil desde el segundo palo. 

La segunda parte fue una fiesta rojiblanca y un calvario bilbaino. Los colchoneros se crecieron con el resultado y las sensaciones de poderío se propagaron como el fuego hasta el punto de intensificar todavía más la presión. El Athletic intentó tratar mejor el balón, sobre todo con la entrada de Muniain, pero fue todo en vano. Gabi y Mario lo barrían todo, Koke distribuía, Arda inventaba, el Cebolla ayudaba sumándose a la fiesta y Falcao metía el miedo en el cuerpo cada vez que se acercaba al balón. El tercero podía haber llegado de cualquier otra forma pero lo hizo de penalty tras mano clara. El carrusel de cambios con la clara intención de reservar jugadores para el viernes dejó además buenas sensaciones con las aportaciones de Tiago y sobre todo Diego Costa. Adrián sin embargo sigue dejando dudas. El resultado podría haber sido de escándalo con algo más de fortuna en los pies colchoneros pero se quedó en un nada despreciable 4-0 tras un rechace a la frontal del área que Tiago empalma con violencia a la escuadra rival. 

Gran victoria y gran partido frente a un rival inexistente que deja buenas sensaciones y la ilusión en todo lo alto a la espera del esperado partido del viernes. Tiempo habrá para hablar de los problemas y las dudas pero hoy no es el momento. Disfrutemos de la goleada, del juego, de los goles y de estar tan sólo a dos puntos de la cabeza.



PD. Dos cosas que no me gustaron:

La decisión absurda de llevar a Óliver Torres para dejarlo en la grada. No me meto con lo que decida Simeone deportivamente pero no dejar jugar al jugador con el filial para dejarlo sin vestir no me parece que beneficie a nadie.

Los patéticos cánticos e insultos al rival desde el fondo sur pero muy especialmente ese improvisado "cara al sol" que se marcaron y que afortunadamente fue respondido por una sonora pitada por el resto del estado. No procede. Ni los insultos barriobajeros ni las consignas políticas. ¿Hasta cuando?

Óliver o la fuerza del sino

Simeone, un tipo que ha demostrado como pocos entender dentro y fuera esto que genéricamente denominamos fútbol, no es ningún ingenuo. Cuando el año pasado sorprendió a propios y extraños convocando a un juvenil con el primer equipo, sabía que probablemente estaba escribiendo el prologo de la historia de alguien llamado a ser especial. Es más que probable que ni Enrique Cerezo, el que dice ser presidente del Atlético de Madrid, ni La Mano Que Mece la Cuna, el poliédrico MA Gil, ni probablemente tampoco el florido orador de la barba creciente que sin tener razones para ello dice ser el director deportivo de este bendito club, el señor Caminero, tuviesen entonces la más remota idea de que en el club existía un muchacho llamado Óliver Torres. ¿Por qué tendrían que saberlo? Hay tantos chicos, que diría el talentoso productor. 

Pero los acontecimientos se precipitaron. En ese galimatías oscurantista y caótico que es el actual club Atlético de Madrid, en el que nada es lo que parece, en el que la verdad de su cruel realidad está guardada en la caja fuerte legal que idearon sus máximos accionistas y en el que sus mal llamados dueños tienen intereses absolutamente divergentes con los históricos intereses deportivos de la institución, han tejido este año, por enésima vez, un pastiche de plantilla asimétrica y desequilibrada. Especial mérito tiene esta nueva revisión del tradicional desbarajuste teniendo en cuenta que el final de la anterior campaña dejó, casi por casualidad, un bosquejo bastante aparente de equipo. Una base interesante sobre la que construir. 

Pero no. El actual equipo tiene los mismos defectos que el año pasado con el especial agravante (muy especial) de la ausencia del único futbolista con capacidad regular para crear fútbol que hemos tenido en los últimos años. Simeone lo sabe. Todos lo sabemos, pero el colchonerismo tira de paciencia esperando el milagro de San Gil, ese que dará una nueva cesión del brasileño Diego. Pero el milagro no llega, los ceños se fruncen y el ambiente se espesa. Es el momento de tirar de los amigos de la prensa para aplacar la furia y que empiecen a aparecer los tradicionales publirreportajes estivales de propaganda. Que si el equipo está a tope, que si Raúl García ahora se parece a Zidane, que si Simeone está probando un sistema ultra-ofensivo de toque,… chistes de verano que no parecen contener el magma de una afición antiguamente volcánica y ahora aletargada, pero de la que nunca se está completamente seguro de si es realmente un volcán inactivo o no. 

Entonces en la televisión ponen el europeo sub-19 y los colchoneros observamos con estupor que el cerebro de esa selección es un muchacho con cara de tener la mitad de los 17 años que realmente tiene pero hechuras futbolísticas de haber vivido el doble. Brillante, inteligente, técnicamente notable y con una capacidad única para mover al equipo y fabricar fútbol. Una perla. En un equipo normal ese jugador hubiese hecho la pretemporada discretamente con el primer equipo sin hacer demasiado ruido. Hubiese disputado desde la sombra el puesto al titular de esa posición y muy probablemente se hubiese asentado a lo largo de la temporada en la primera plantilla hasta hacerse titular. Sin presión. Sin prisas. Llegando desde atrás con poderío y rapidez como la estrella que puede llegar a ser pero con la salvaguarda de que si vienen mal dadas se puede volver en cualquier momento al lugar donde estaba sin con ello hipotecar el futuro y sin que nadie se tire de los pelos por ello. 17 años. Hay margen. Mucho. 

Pero el actual Atleti no es un equipo normal y mucho menos sus conductores que ven en el barbilampiño, de casualidad, el ejercicio de distracción que estaban buscando. A falta de estrellas colchoneras que vender, como todos los veranos, los amigos de la prensa entran a la muleta que el club les ofrece y fabrican un globo sonda con un jugador juvenil que todavía ni ha debutado. La gran masa colchonera, laminada en sus aspiraciones, hastiada de mediocridad, aburrida de estar aburrida, ávida de ilusión y de sueños, se lo come enterito hasta el empacho, comenzando así a deambular por enormes castillos mediáticos construidos sobre pilares de algodón. El Club, por supuesto, encantado con el devenir de los acontecimientos. ¿Quién habla ahora de la deuda, de la devaluación de la plantilla o de la falta de criterio deportivo? 

Y comienza la liga. Y estamos igual que siempre. Un equipo aguerrido y plano que no sabe qué hacer con la pelota. Un equipo con el mejor delantero centro del mundo y nadie capaz de darle un pase desde la medular. Entonces todo el mundo mira al tal Óliver a pesar de que la plantilla tiene en teoría otros seis mediocentros (Gabi, Mario, Raúl García, Tiago, Emre y Koke). Se ha especulado tanto con el canterano que ya es parte de la realidad. Está ahí. Es nuestro. Es muy bueno. ¿Por qué no? Despejado el humo de agosto y sintiendo la realidad del primer partido de liga nos topamos con la cruel realidad de que Óliver Torres es titular indiscutible en este equipo por la sencilla razón de que no tenemos cerca otro jugador de esas características para una posición que, como sabíamos, se antoja fundamental para el equipo. Jugada maestra de los de siempre. ¿Quién es ahora el culpable? El “cobarde” de Simeone. Un Simeone que fue el primero en ver lo que nadie había visto, que lo sube al primer equipo, que lo hace debutar y que cuyo primer cambio en el primer partido de liga, teniendo el banquillo lleno de mediocentros y alguno recién fichado, es Óliver Torres. Simeone, un tipo que ha demostrado como pocos entender dentro y fuera esto que genéricamente denominamos fútbol. 

Óliver Torres debuta en primera división en una posición que no es la suya y atenazado por los nervios como él mismo reconoce en su cuenta de twitter en un gesto que lo honra. El carnívoro imperio mediático afila los dientes y saliva. Es la hora. ¿Es su sino? 

Decíamos ayer...

UD Levante 1 - At. Madrid 1

Decíamos ayer que el Atleti es un equipo extraño. Particular en su historia y genuino en la forma de entender la vida por parte de la masa social que conforma el grueso de sus seguidores y que a la postre esconde la esencia de eso que llaman ser del Atlético de Madrid. Lo que ha sido siempre por la propia genética inconformista y a contracorriente de un club centenario pero desgraciadamente lo que en las últimas décadas es todavía más gracias a un nuevo y potente factor que se ha venido a sumar a la ecuación. El nuevo Atleti, el que sale en los periódicos, es un equipo mentiroso y oscurantista que dirigido por una familia de reconocida reputación y otra serie de siniestros personajes que se suman a la mascarada, emiten una imagen falsa, torcida y maleada de lo que ocurre dentro. Por eso es tan difícil hablar del Atlético de Madrid sin confundir las dos cosas: la esencia histórica y la caricatura que maneja Miguel ángel Gil. En cualquier caso deberíamos tratar todos de dejar clara la diferencia. 

Ayer, cuando sólo faltaba una hora para que llegase el día 20 de agosto, comenzaba la liga 2012/2013 para el Atlético de Madrid. Lo hacía en Valencia, en el campo del Levante, frente al equipo revelación del año pasado. Un equipo que descaradamente abraza con orgullo el esquema más básico de contrataque que se conoce y lo hace suyo con eficacia. Repliegue espartano y salida en vertical. El ABC del equipo modesto que tanto encandila a iletrados del fútbol como nuestro consejero delegado. Un esquema que en el equipo del Cabanyal, un ejemplo en tiempos de fútbol galáctico que estira al máximo un presupuesto ridículo, funciona a la perfección pero un esquema que es también conocido. Salida en tromba, gol tempranero y a jugar la contra. Así ganaron al Atleti el año pasado en el mismo sitio. Así han estado a punto de hacerlo esta vez. El Levante hizo lo que estaba en el guión y los 5 minutos ya iba por delante en el marcador. Indecisión en una efímera defensa colchonera que salió pensando en “hacer un buen papel”, un balón que queda suelto y remate de El Zhar que hace el primero. Con dos meses para preparar el partido, con un rival que no engaña a nadie, con todo por delante para hacer cosas importantes resulta tremendamente inquietante la salida atocinada del “nuevo” Atlético de Madrid. 

Pero es que llamar nuevo a este equipo es una ingenua osadía. El nuevo Atleti es el mismo Atleti pero mermado en sus efectivos. Sus tres fichajes: Emre, Cebolla y Cata entrarían con benevolencia en la categoría de fichajes de fondo de armario. Buenos fichajes si la idea era ampliar una plantilla que el año pasado se demostró corta. Malos fichajes si vienen a sustituir. Desgraciadamente vienen a eso, a sustituir. Cebolla es un Salvio sin juventud ni esperanza de progreso. No veo que mejore nada. Cata es un señor probablemente solvente que en cualquier momento dice que no puede más y se retira mientras que Domínguez era un muchacho internacional con una prometedora carrera por delante. Hemos perdido, como mínimo, potencial y valor de plantilla. Emre está por demostrar que pueda aportar algo más que lo que hizo por ejemplo Asunçao si Tiago, Gabi, Óliver Torres y hasta Raúl García juegan antes que él. No ganamos nada tampoco. A todo esto súmenle la ausencia de Diego y comprenderán esa sensación que tengo de que se ha caído el castillo de naipes. 

La, una vez más, desequilibrada plantilla del Atleti se presentaba esta vez en valencia sin laterales y Simeone tenía que tirar de imaginación desde el primer día e improvisar un esquema inédito con tres centrales y dos carrileros avanzados. No salió del todo mal el invento pero se vieron claros desajustes. Con el marcador en contra el Atleti se hizo con el balón y no lo soltó hasta el final. Buen síntoma pero no tengo claro que sea muy significativo teniendo en cuenta que el Levante lo provocaba. Refuerza mi sospecha el hecho de que Simeone, a pesar del dominio aplastante y jugar todo el partido en campo rival, no renunció nunca a los tres centrales ni lo que es peor, al doble pivote defensivo. El Atleti tenía el balón y lo circulaba pero a una velocidad indigna de un equipo que dice tener talento. Lento, previsible y plano. Así era el juego del Atleti comandado por un Gabi que no vale para dirigir un equipo que quiere ser protagonista y tener el balón y un Tiago que se apaga como una cerillita. Por la derecha Silvio se perdía en su galopante falta de ritmo y de partidos al igual que un desconocido Adrián que estuvo torpe e inédito todo el tiempo sobre el campo. Por la izquierda el Cebolla le ponía mucho "coraje y corazón" pero no era capaz de irse ni de su propia sombra. Es muy pronto para juzgar al jugador pero no me dio buenas vibraciones. Tengo la sensación de que ya he visto a este tipo de jugador. Falcao se perdía entre centrales rocosos pero su mayor enemigo era la distancia sideral que lo separaba del centro del campo colchonero. Eso y que nadie era capaz de ponerle un balón. ¿Les suena? Lo único que había en el campo que diese la ilusión de poder aportar algo distinto e imprevisible, algo de fútbol lo llaman, era turco y se llama Arda. Y lo hizo. Cuando él aparecía, y sin que realmente hiciese nada especial, uno se despertaba de ese indolente letargo que provocaba el juego Atlético y prestaba atención. Pasados 20 minutos el señor Turan agarró el balón, se hizo hueco en la frontal del área, miró hacia la portería y empaló el esférico en la red. Golazo. 

La segunda parte fue exactamente igual: juego cansino, plano y lento de los madrileños y cerrojazo especulativo de los levantinos. Ninguna ocasión de gol, a excepción de un trallazo al larguero de los granotas tras entrada criminal de Godin que se come a su rival y deja a la defensa vendida. Lo de siempre con Godin, vamos. Hasta que llegaron los refuerzos: Óliver Torres y el francés Kader. Muy significativo que los primeros cambios del cholo sean dos canteranos con ficha del equipo B pero más significativo todavía es que el equipo mejorase significativamente. Tiempo tendremos de analizar este punto que requiere una lectura reposada. La realidad es que Óliver no tiene rival en esta plantilla y que la falta de fútbol de creación en el Atleti es tan acuciante como evidente. Blanco y en botella. Triste y lamentable. 

Pero fue tarde y tampoco ayudó a la causa la ensalada de mediocentros que preparó el Cholo renegando de un segundo delantero por no quitar ese doble pivote defensivo que tanto daño está haciendo al Atlético de Madrid. Empate sin gracia que deja las mismas dudas que teníamos hace 48 horas y que son las mismas dudas que teníamos hace dos meses. Como decíamos ayer…más de lo mismo.