Sorry (FLASH)

Por circunstancias de la vida, ayer bien temprano tome un avión que me ha traído a tierras alemanas, cerca de Berlín en lo que antes era la RDA, y no tengo fácil el acceso a internet ni a las cosas que pasan en la madre patria. Vi el fabuloso 4-0 al Sevilla en directo pero no he podido hacer la crónica. Tampoco creo que sea posible hacerla para el partido de copa porque lo más probable es que ni lo pueda ver.

El sábado, día del Derbi, seguiré por aquí pero haré todo lo posible para ver que pasa.

Veremos.


Esguince de mandíbula

At. Madrid 1 - Hapoel Tel Aviv 0

El tema viene así: a falta de un partido para terminar la fase de grupos el Atleti es primero de grupo y le basta un empate en Pilsen para mantener esa posición que se antoja lo más importante a conseguir en esta primera fase de la competición europea. Los números fríos dejan por tanto un buen escenario. Si rascamos algo más vemos que las grandes estrellas de nuestro equipo no sólo no han debutado todavía sino que ni siquiera han ido convocadas. Acercando un poco más lupa vemos que quien ha conseguido ese resultado es en realidad el equipo reserva del Atlético de Madrid, apoyado por los jugadores llamados a realizar cosas importantes a lo largo de la temporada pero que todavía no habían cogido tono de competición. Ha sido básicamente un campo de pruebas. Si nos paramos en ese punto el balance no puede ser más positivo. Pero claro, uno ha visto los partidos y se le queda una cierta cara de angustia. En concreto si nos centramos en el que nos ocupa, esa triste victoria sobre el Hapoel, en la que el que esto escribe ha estado a punto de hacerse un esguince de mandíbula ante tanto bostezo. Las cosas como son. Si en la vida real tuviésemos la posibilidad que ofrece el Pro Evolution Soccer en la Play Station de ir directamente al resultado cuando va a comenzar el partido muchas veces la hubiésemos aplicado con los ojos cerrados. No tengo la menor duda. 

El partido tiene escasa posibilidad de comentario y nula historia. Francamente. Con el tímido pero agudo dolor de la derrota en Coimbra en la cabeza el Atleti salió al campo con la lección aprendida. Simeone no renunció a su política de sacar al equipo B pero si se preocupó de que los que saltaban lo hicieran con una idea clara en la cabeza de lo que había que hacer. Los colchoneros rápidamente dominaron todas las facetas del juego y sin abrumar no dejaron opción al rival. Desde el pitido inicial hasta el gol de Raúl García fueron los mejores minutos de partido. Es más, prácticamente fueron los únicos minutos de partido. Gran arrancada de Adrián que recordaba a sus mejores tiempos, balón colgado al área con picardía, cante disimulado de estirada por parte del contundente portero rival, balón que cae en las botas de Emre y que deja suavecito atrás para que Raúl García estampe el balón contra el larguero y entre dentro de la portería. Minuto 7. 1-0. Fin de partido. 

A partir de ese momento un Atleti, que se sabía superior, se fue apagando poco a poco como una vela de parafina. La presión inicial bajó unos metros para finalmente esfumarse. El prometedor arranque de Adrián se disolvió, Raúl García y Emre desaparecieron, el Cebolla se agarró al traje de la épica y las carreras desenfrenadas en solitario, Mario se incrustó con los centrales desde donde más o menos controlaba el cotarro y todos se echaron a dormir hasta el descanso. Los israelíes también. 

Pero en la caseta el señor Abuksis, entrenador rival, debió darse cuenta de que tenía una oportunidad histórica de hacer algo grande en el estadio del vigente campeón de la competición y así se lo dijo a sus pupilos. El Hapoel había dado muestras ya de buen toque de balón y manejo del mismo en campo contrario. Sus evidentes carencias hay que encontrarlas en la falta de gol y una gran vulnerabilidad defensiva. Así que sin nada que perder salieron a tener el balón y dominar el juego y lo hicieron. Los colchoneros, que para entonces se limitaban a trotar por el césped y despejar el balón lo más lejos posible, vieron como el equipo de los “trabajadores” empezaba a trazar jugadas y a merodear con cierto criterio el área colchonera. Un murmullo corrió como la pólvora por el Calderón (amplificado por alguna que otra salida en falso de Asenjo). Simeone dijo basta. El Cholo puso en el campo a Koke y ordenó a sus jugadores ir a presionar al equipo contrario en su propio campo como si de eso dependiera el futuro de la humanidad. Y lo hicieron. Y bastaron unos minutos de intensidad táctica para que el Hapoel no volviese a inquietar hasta el pitido final. 

El partido que falta contra el Viktoria será probablemente el más interesante de los seis y el único en el que probablemente los jugadores sientan que se están jugando algo. Se lo están jugando de hecho. Un primer puesto te asegura no sólo evitar los "cocos" de la competición sino con toda seguridad un rival, siempre a priori, muy asequible. Si yo lo sé Simeone lo sabe así no tenemos de qué preocuparnos. Creo.

Invisible

Granada 0 - At. Madrid 1

Terminado el encuentro un avispado periodista le solicitaba a Simeone en rueda de prensa un comentario inteligente respecto a la “noticia” de que Falcao llevaba dos partidos sin marcar (¡Guau!). La respuesta del Cholo fue que no, que la noticia no era esa. La noticia era que el Atlético de Madrid había ganado 0-1 en Granada. Minutos después el despoblado y austero set de Gol Televisión, en su programa dominical nocturno y en el espacio reservado al análisis del partido de los colchoneros, decían recoger las inquietudes de los cibernautas que mandaban preguntan a través de twiter. “Casualmente” eligieron sólo dos preguntas. La primera fue la muy original y eterna duda de si el Atleti es una verdadera alternativa para ganar la liga (pregunta de rabiosa actualidad para culés). Las ladraba un sobrexcitado aprendiz de locutor que disfrazado a modo de modernete chisposo impregnaba el ambiente con artificial entusiasmo. Los labios de Axel Torres, uno de los pocos profesionales que quedan en este circo mediático del fútbol, decían con evidente muestras de resignación que ahí estaba el Atleti y ahí su trayectoria. Que el futuro es una cosa incierta e imprevisible pero que ahí estaban los resultados. Su cara por otro lado decía que la pregunta de ese compañero tan sanote era una solemne gilipollez. La segunda pregunta fue que si la “verdadera medida” del Atleti estaría en el derbi contra el Madrid (pregunta de rabiosa actualidad para madridistas). Axel Torres, consciente de la falta de respeto que esa pregunta suponía para el Atleti como institución, para su afición, para una trayectoria intachable, para los dos próximos rivales de los madrileños (Hapoel y Sevilla), para todos los que han sido derrotados en lo que va de liga y para la inteligencia del telespectador, dijo rotundamente que no, aupado en argumentos similares a los que utilizó para responder la anterior pregunta. El aprendiz de periodista, de incipiente bigote fashion y hechuras de molón, hizo oídos sordos y siguió insistiendo en su oda a la estupidez, con un cierto y tímido aire de ofendido por no poder desarrollar toda su estulticia, en la línea de sus actuales compañeros de profesión. 

Periodistas del movimiento: dais asco. 

Pero el Atleti sigue ganando. Por las buenas y por las malas. En Granada no hizo un buen partido. De hecho hizo todo lo contrario. La primera parte de los madrileños fue la peor de lo que va de liga y encendieron todas las alarmas de una afición demasiado acostumbrada a despertar repentinamente de los sueños. Primera parte muy mal encarada y peor jugada. Los rojiblancos parecieron un equipo vulgar y sin rumbo en manos de un equipo granadino que dejó una magnífica sensación. Con tanta o mayor intensidad que su rival y tácticamente perfectamente plantado en el campo su valentía para ir a por el partido y su muy decente trato del balón hicieron que fuesen dueños del encuentro. Conquistado por completo el centro del campo y ganando siempre la anticipación, los andaluces jugaban siempre en campo contrario con buen criterio. Si los nazaríes no se fueron al descanso ganando el partido fue por la gran labor de Courtois, la pareja de centrales colchoneros (especialmente Godin) y la nula capacidad del Granada para hacer gol. Ese aspecto del fútbol que suele estar emparentado de forma directamente proporcional con el presupuesto del equipo. Al Granada lo único que le falta es gol y eso, hoy por hoy, se compra. Desgraciadamente. 

Enfrente un Atleti perdido, opaco y hasta tímido. Juanfran dando muestra de inseguridad, Gabi absolutamente inútil en la creación, Mario incapaz de corregir todos los errores de sus compañeros de la medular, Adrián inédito en esa tarea de enganche que no le sale por más que insista Simeone, Raúl García mostrando sus notables carencias para crear juego, Arda demasiado aislado en banda y Falcao desasistido. Muy mala primera parte de los colchoneros que en lugar de minimizar sus defectos y maximizar sus virtudes (lo que había hecho hasta ahora) hizo todo lo contrario. 

La charla del descanso fue vital para que la mentalidad colectiva del equipo fuese otra en la reanudación pero creo que fue todavía más vital la entrada de Diego Costa por Adrián. El brasileño es un jugador deslavazado con un juego feo y poco vistoso pero rara vez deja de sumar en el campo. Surge siempre la duda de si puede llegar a ser un jugador de 90 minutos pero desde luego es un jugador que está aportando mucho a este Atlético de Madrid. Aun así, el verdadero punto de inflexión llegó para mí con la entrada de Koke. Un jugador que personalmente creo que hoy por hoy está por delante de Adrián y sobre todo Raúl García entre los tres que juegan por delante del doble pivote. Con menos calidad que el asturiano y menos llegada que el navarro, Koke tiene más fútbol, más pase, más visión de enlace y como mínimo la misma entrega que sus compañeros. Los dos reservas fueron los protagonistas del gol colchonero. Un barullo en el área provocado y resuelto por Diego Costa que acaba en un balón abierto a la banda derecha para que Koke cuelgue el balón al segundo palo y Arda lo cruce en dirección contraria a la red. 

A partir del gol el Atleti se asentó y se mostró más fuerte y poderoso, tirando contrataques marca de la casa frente a un Granada que se veía sonado e incapaz. Las sensaciones eran buenas y el partido parecía encarrilado pero entonces ocurrió la jugada absurda de Mario Suárez. Una mano tan clara como estúpida que dejó al equipo con diez. Los colchoneros, ahora sin escrúpulos ni complejos, se parapetaron en torno a su área pero lo hicieron con tal eficacia que los andaluces apenas inquietaron. Es más, estuvo más cerca el 0-2, sobre todo en las botas de Falcao que ayer no estaba fino, que el empate. 

Importante victoria fuera de casa que deja al equipo a más de diez puntos de la cuarta posición. Los llamados “rivales directos”. En cualquier otra liga del mundo el Atleti sería líder indiscutible pero no aquí en la Liga de las Estrellas del Madrid y del Barça. El Atleti ha conseguido ya el mejor arranque de su historia, mejor incluso que el año del doblete, pero todo eso no es noticia ni resulta importante para los señores de bigote incipiente y demás cazalleros que son incapaces de quitarse el impertinente Madrid/Barça de gónadas y posaderas. Esos señores que cada día que pasa se muestran más repulsivos y que piensan que el Atleti, y con él todo los que no apesta a Madrid/Barça, es algo invisible. El problema, para ellos, es que no lo es.


Pastel para "todos"

“La gente generalmente confunde lo que leen en los periódicos con las noticias.” (Abbott Liebling, periodista estadounidense) 

Si usted es un ser vivo contemporáneo que vive en el siglo XXI y se considera aficionado al Atlético de Madrid debe ya saber a estas alturas que no existe. No está. No cuenta. Las encuestas no están hechas para usted. El mundo no está pavimentado para que usted deambule por donde desee sino que existe un espacio confinado y discreto en el que tímidamente podrá desperezarse a la hora establecida para ello. Es, en el mejor de los casos, una anomalía cuando no una figura de atrezzo. Un discreto papel de figurante bidimensional y perfectamente trazado que se oculta al final del escenario. Como seguidor de una supuesta entidad deportiva usted, como yo, tratará inocéntemente de verse reflejado por las mañanas en la diaria información “deportiva” que allí se da pero no lo logrará. Pase lo que pase. Rara vez se verá citado y si lo hace, Dios no lo quiera, será por alguna tragedia que evidentemente estará redactada para otros. Le ocurrirá lo mismo por la tarde y por la noche. Por la noche será incluso peor, se lo aseguro. Le ocurrirá lo mismo a través del papel o a través de los pixeles de la pantalla. El domingo y el lunes. Mañana y pasado. Está todo perfectamente engrasado. 

En Francia, Inglaterra, Alemania e Italia sus respectivas ligas son un espectáculo “paquete” que se vende como tal. En Francia la mitad de los ingresos que se generan se reparten de forma igualitaria entre los miembros. En Italia es el 40%. En Alemania el equipo mejor pagado cobra 28 millones de euros mientras que el peor cobra 14. En Inglaterra, la liga que más dinero genera, el 70% de los beneficios se reparte de forma igualitaria entre los 20 equipos, asegurando un mínimo de 46,5 millones. En España somos más chulos. La liga no existe y prefieren que cada equipo se busque la vida por su cuenta. Así Barça y Madrid ganaban el año pasado 140 millones de euros cada uno mientras el Rayo Vallecano 14. Sin entrar a valorar la justicia de todo esto o el evidente deterioro de una competición injusta miremos más allá. 

Todo este dinero sale de eso que eufemísticamente denominamos “televisiones” pero una definición más acertada debería hablar de unos grandes medios de comunicación que lógicamente no son grandes samaritanos, ni simples aficionados al fútbol, ni elogiosas ONGs. Son empresas con un lícito ánimo de lucro y como tales necesitan recuperar y rentabilizar unas inversiones multimillonarias cuyo negocio está fuertemente cuestionado casi desde el principio. Estos grupos de comunicación, Canal + y Mediapro en España, no han comprado una liga de fútbol que a modo de NBA puedan ir vendiendo por el mundo, no. Lo que han comprado, básicamente, es la poderosa dupla Madrid-Barça y lo saben. Gastando simplemente algo más de “calderilla” se aseguran además que los sparrings, quienes quieran que estos sean, no podrán poner pegas legales. No han comprado una competición sino a los Harlem Globetrotters. Un ”producto” que quieren enseñar lo máximo posible para vender entradas y merchandising aunque para poder enseñarlo, eso si, necesitan el alquiler barato de un puñado de rivales de pega que no puedan hacer sombra. La liga es ese sitio donde juegan Madrid y Barça los domingos. Nada más. A estos grupos no les interesa lo que nos podría interesar a los aficionados al fútbol sino obviamente rentabilizar sus millones. Para ello necesitan que Madrid y Barça estén diferenciados y llenen todos los poros del imaginario colectivo desde la posición del todopoderoso ganador. De galáctico líder. De centro del universo. De referencia incluso política y social. De tamiz con el que interpretar la “realidad”. A todas horas. No puede existir nada que distraiga. No pueden existir más opciones. ESO es lo que hay que vender. 

El periodista Jose Miguelez entrevistaba hace pocos días a Alfredo Relaño director del diario AS en la revista SportYou y podíamos leer esto: “¿contento entonces con la etiqueta de que el AS es un periódico del Madrid?”, preguntaba el periodista. “Pues si, no estoy disgustado. (…) Tenemos una mirada madridista” contestaba el líder mediático. Sin embargo esa “mirada madridista” de la que habla el señor Relaño, ya saben, eso de que la portada del día de la Supercopa que gana el Atleti sea para Modric, que cada vez que el equipo merengue entra en crisis se venda la estrella colchonera del momento, que el Atleti esté indefectiblemente asociado con la imagen desaliñada y circense del tal Manolete o que el tono intelectual del diario lo ponga un tipo tan… asequible y ecuánime como el tal Roncero no es genuina de un diario con solera. No al menos ese tipo de mirada basada en réditos económicos más que en filias deportivas. Un diario AS que en 1967 salió al kiosko por primera vez con, que cosas, Manolo Santana y el boxeador “sombrita” en la portada. Alfredo Relaño es director de AS desde 1996 momento en el que el periódico es comprado por el grupo PRISA. Canal +, uno de los dueños del fútbol, qué casualidad, también es PRISA. Igual que El País o la SER. Y PRISA está también emparentada con Telecinco y Cuatro. Y con Santillana. Y con Alfaguara. Y gestiona la publicidad de una infinita lista de diarios y medios de comunicación. Tantos y tantos sitios en los que sacar rentabilidad a la inversión. 

Pero no piensen que esto es monopolio de un único grupo. Más bien deberíamos entenderlo como un totum revolutum del que todos salen ganando o al menos en el que todos se ven obligados a chapotear. Mediapro, el otro “dueño” del pastel, es un misterioso grupo que además de emparentado con La Sexta o Gol Televisión, curiosamente, posee los canales de televisión de Madrid y Barça. También coproduce junto al grupo Unidad Editorial el canal Marca TV. ¡Albricias! Por ahí aparecen los protagonistas que faltaban a la fiesta: Marca, El Mundo,… Pero es que si tiran de La Sexta llegarán a Antena 3 y de ahí a Onda Cero o La Razón y si siguen tirando verán que es raro el medio que no tenga una patita metida dentro del pastel. Mejor ponerse de acuerdo, entonces. Por eso todos se parecen tanto en fondo y forma. En lo que “la gente” entiende que es “noticia” y en lo que no. Por eso las diferencias se reducen casi siempre a una cuestión de matices. Por eso todo gira en torno a dos supuestas ideas aparentemente opuestas que conceptualmente y en el fondo son de hecho la misma. Por eso usted no existe ni yo tampoco. 

“Entiendo que existan periódicos barcelonistas y madridistas, porque el 70 o 60 por ciento de su público es de ese color. No hay que llevarse las manos a la cabeza porque los diarios sean partidistas. Para periódico imparcial ya está L’Equipe”. (Josep María Casanovas Editor de Sport)

Por la buenas o por las malas

At. Madrid 2 - Getafe 0

Cuando el señor colegiado estaba a punto de terminar el encuentro, con el proverbial frío del Calderón instalado en los huesos, esa cara de aburrimiento que llevaba en el mismo sitio desde hacía muchos minutos, un nutrido grupo de colombianos tratando de transmitir el carácter festivo con el que entraron al estadio, un Atlético de Madrid que cuan funcionario estereotipado esperaba que diese la hora para cerrar la garita y un Getafe que llevaba desde el pitido inicial derritiéndose, me dio por pensar dónde estaba el Atleti hace un año. Y me cambió la perspectiva, claro. Los seres humanos somos animales y como tales tendemos a adaptarnos al medio aislando el pasado de la memoria. Especialmente cuando el pasado no es nada reconfortante. Hace un año el Atlético de Madrid era una ruina institucional y deportiva. Instalando en la tradicional mediocridad de todos los años pero amplificada por el magnánimo concurso de un Gregorio Manzano en sus segundas nupcias que llevaba irremisiblemente al pozo de Albacete a un puñado de jugadores que meses después serían supercampeones de Europa. En ese momento miré la clasificación que se vislumbraba y me di cuenta de que los 9 y diez puntos que ahora sacamos a cuarto y quinto de la tabla respectivamente era precisamente la distancia que entonces (y tantas veces entonces) nos separaba de los puestos de arriba. A estas alturas de campeonato, durante la última década, el Atleti era ya un equipo descolgado cuyos objetivos ramplones se definían por si mismos y se limitaban a tocar por la parte de atrás las sobras de la elite. Entonces al árbitro pitó el final y yo me levante a aplaudir a mis jugadores. A ese escudo y a esa camiseta. Entonces vi de una forma bien distinta lo que había pasado durante los 90 minutos previos. 

Y es que el partido fue malo, si. Bastante. En parte por los circunstancias y en gran parte porque no hizo falta que fuese de otra forma. El once que saltó al césped se acercaba mucho a lo que podría considerarse como alineación titular del Atleti. Sigo sin ver el protagonismo de Raúl García y mucho menos en la posición en la que jugó ayer (esa que muchos dicen que es la suya) pero a estas alturas de curso tampoco sorprende. El equipo empezó mandado y bien ajustado. Lo normal. También con especial querencia por los balones largos y una dificultad máxima por tratar de crear juego frente a un equipo plantado en estático. Lo normal también. Llevamos el suficiente número de partidos para saber que el Atleti 2012/13 es un equipo con patentes carencias de fútbol y creatividad que suplanta con sobredosis de intensidad y rigor táctico. Sin entrar a valorar los gustos personales de cada uno esto es lo que hay. El Atleti hacía por ganar metiendo al Getafe en su campo y provocando ocasiones de gol aunque no demasiado claras. Probablemente la más peligrosa fue un balón colgado al segundo palo de Falcao que Raúl García remataba muy forzado rozando el palo. El peligro llegaba fundamentalmente por el lado izquierdo con un Filipe Luis en gran forma (gran primera parte que viene a sumarse a la buena temporada del brasileño) y un Turan demasiado escorado, para mi gusto, que sin embargo destapaba el tarro de las esencias cada vez que tenía ocasión. Personalmente no entiendo porque Raúl García fue el jugador detrás de Falcao en detrimento de Arda pero la respuesta está probablemente en el potencial defensivo del navarro. Comprensible, pero eso limita bastante las ya escasas posibilidades de crear fútbol que tenemos. 

El tiempo corría tras esos derroteros sin apenas sobresaltos cuando apareció el gol que todos esperábamos. Centro de Gabi que deja a Adrián solo delante del portero, los getafenses reclamaban fuera de juego pero a mí no me lo pareció en directo, para que a la segunda inaugurase el marcador. El Getafe hasta entonces no había aparecido. Sumiso a los designios del Atleti se había dedicado a defender sin demasiada bravura y a recular poco a poco hasta su área. Uno esperaba que con el marcador en contra los azules intentaran hacerse con el balón y aplicasen algo más de vehemencia en su presión pero nada más lejos de la realidad. El Getafe es uno de los equipos más blandos que han pasado por el Calderón y eso es algo que el nuevo Atleti de Simeone no perdona. Para ganar aquí hay que correr, pelear, chocar y quitar el balón y nada de eso hizo el rival. Y lo pago provocando que el Atleti ganase el partido sin despeinarse. Así que según pasaban los minutos todos se adaptaban a su nuevo papel. Los rojiblancos a ver pasar el tiempo. Los azules también. Y así llegó el segundo gol antes del descanso. Un despeje que da en Arda (probablemente en la mano) y cuyo rechace lo deja solo delante del portero acompañado de Falcao. El turco, pudiendo hacer cualquier cosa, decide regalar a la grada un regate de esos que se hacen con el cerebro de un genio para poner el segundo en el marcador. Fin del partido. 

La segunda parte fue tremendamente aburrida y sacó a relucir primero la confirmación de la inoperancia de un Getafe que sólo con Lafita en el campo y el Atleti pensando ya en otra cosa pudo estirarse algo y después la tremenda ansiedad de un Falcao demasiado obsesionado por marcar un gol que celebrar con sus compatriotas en la grada. El colombiano no tuvo sin duda su mejor día. Parapetado por el calor de los defensores del Getafe, que como ya hicieron los valencianos se dedicaron a abrazarlo y agarrarlo desde el pitido inicial hasta dejarlo sano y salvo en la ducha del vestuario local, Falcao estuvo ansioso y hasta un punto egoísta. Comprensible, teniendo en cuenta la que se había montado en la grada. Se podía haber alcanzado el extasis si hubiese acertado a rematar de tacón un envío de Arda desde la derecha pero no era el día del Tigre. 

Tres puntos y la sensación de que el espejismo no es tal. Que la racha no es fortuita. Que la idea está clara. Que el techo lo tendrán que poner los rivales. Que es mucho más fácil afrontar el final de año con una generosa distancia de puntos a los rivales que mirando el trasero de todo el mundo. Que Madrid y Barça juega y jugarán otra liga dentro y fuera del césped (y estén donde estén en la clasificación) pero eso a nosotros nos debería dar absolutamente igual. No sólo porque el nacional-madridismos no admite fisuras en su rodillo mediático sino porque el Atleti, por las buenas o por las malas, sigue ganando.


Déjà Vu

Académica de Coimbra 2 - At. Madrid 0

Casi lo habíamos olvidado pero hubo un tiempo en el que el Atlético de Madrid era un equipo impredecible y ciclotímico. Cualquier partido, y cuando digo cualquier partido es cualquiera, podía llegar a ser un sufrimiento extremo protagonizado por una colección de jugadores sin nada en común y carentes por completo de corazón. Las dudas de unos entrenadores y directivos, más preocupados de la foto y su ombligo que de la profesión, se trasladaban sistemáticamente al campo y cualquier partido podía ser entonces un castigo. Especialmente esos partidos en los que el bagaje histórico del Atleti estaba a años luz del de su rival y había mucho que perder y poco que ganar. Aquello desapareció afortunadamente con la llegada del Cholo Simeone. El argentino transformó una colección desigual de jugadores en un equipo de fútbol. Cambió el espíritu huidizo, cobardica y tramposo que se había instalado en el tuétano colchonero y lo transformó en carácter ganador y una idea clara y concreta de lo que se quería. El Atleti podía jugar bien o mal, ganar o perder, pero salía al campo el nivel de intensidad elevado a su máxima expresión. Siempre. Jugase quién jugase. Hasta hoy, en la que me ha venido una incómoda sensación de Déjà Vu. 

El partido de Coimbra se presentaba tranquilo. Casi intrascendente. Colchón de puntos suficientes y unos rivales de segunda fila que inspiraban la confianza suficiente como para pensar que el encuentro seguiría la inercia de los anteriores en Europa League: aburrido y efectivo. No fue así y no lo fue porque el conjunto colchonero se traicionó a si mismo. Tropezó en la trampa que todos creíamos haber superado y fue víctima de nuestro más reciente enemigo: la desidia. La falta de intensidad. Algo sin lo que este equipo pasa de ser un rival potente, correoso y brillante a la vulgaridad más absoluta y que tristemente nos es tan familiar de otros años. La alineación era rara y plagada de suplentes, pero eso no es disculpa ni novedad con Simeone. La falta de nueves ponía a Adrián como jugador más adelantado con Raúl García, Koke y la novedad de Saúl por detrás, pero el experimento no cuajó. Tampoco ayudo a ello un Tiago que se apaga por momentos. Ni una defensa construida sobre cimientos de plastilina. 

Enfrente la Briosa en una versión muy parecida a la que vimos en Madrid. Algo más abierta, con la defensa adelantada y las líneas juntas y bien plantadas. Buen planteamiento táctico que sin embargo no se veía refrendado por una patente falta de calidad y recursos en sus filas. Con todo ello la primera parte fue horrible. Centrocampismo deslabazado, constantes perdidas de balón, imprecisiones y sopor. Apenas hubo ocasiones de gol (no recuerdo ninguna) y lo único reseñable fue una entrada criminal a Raúl García que mereció la roja directa y el gol del equipo luso. Una jugada controlada por el lado derecho y un balón que se cuelga al área para que Wilson Eduardo remate en boca de gol abriendo el marcador. Asenjo no salió en lo que viene siendo marca de la casa. Silvio, su marcador, estaba a tres cuerpos de distancia. Error significativo de un jugador que no está. Error de falta de concentración más que de escasez de recursos. Error de un jugador que no recuerda en nada a aquel lateral portugués que tanto prometía hace un par de años antes de que se lesionara. Silvio lejos de aprovechar sus oportunidades las está usando para dejar claro su potencial aportación al equipo. Ninguna. No sé de hecho si tendrá muchas más oportunidades. Una pena. 

El descanso puso la inyección anímica de Simeone y el cambio de Pedro, delantero de referencia en ataque, por un inadvertido Saúl. La fórmula funcionó momentáneamente pero duró apenas un cuarto de hora en el que algunos creímos en la remontada, pero enseguida se apagó como una cerilla. El fulgurante tiro a puerta de lejos de Koke nada más iniciar el segundo tiempo fue más un espejismo que otra cosa. De hecho, fue la mejor ocasión de gol en todo el partido. El equipo no obstante dio otra imagen mejor. Tomó el dominio del balón y del partido, ocupó mejor el campo, distribuyó mejor el balón y no dejó jugar al rival pero todo ello a una velocidad muy lenta y rutinaria sin además ninguna profundidad. Los portugueses se fueron acomodando a la nueva situación y el Atleti también. El dominio era total pero no se transmitía sensación de peligro en ninguna área. Hasta que llegó un nuevo error garrafal de la defensa colchonera. Uno de los pocos balones que es controlado por la escuadra de Coimbra dentro del área es aprovechada por Pulido para realizar una entrada exagerada, aparatosa y totalmente a destiempo que provocó un claro penaly. Pulido, y mira que me duele decirlo, es otro de esos jugadores que poco a poco se va cerrando la posibilidad de entrar en la dinámica del equipo cuando lleguen las tardes gloriosas. Nervioso como otras veces hoy además ha realizado un penalty tonto, que transformaba fácilmente Wilson Eduardo de nuevo y que mataba definitivamente el partido. 

La Académica de Coimbra, equipo muy modesto del país vecino que fluctúa en la mitad de tabla y que llevaba sin ganar un partido en Europa desde 1969, se dio cuenta entonces de que había ya ganado y de que acababa así, de forma más bien triste, con una histórica racha de resultados del equipo madrileño en competiciones europeas. El resto de minutos ni siquiera fueron de agobio para el equipo luso que apenas tuvo que achicar balones. Algunos jugadores rojiblancos, pocos para ser exactos, intentaban tirar de casta más que de talento para equilibrar el marcador pero la sensación era universal. No había nada que hacer. 

El resultado en si no es dramático. La victoria en Chequia daría prácticamente la primera plaza de grupo. Es bastante más inquietante la sensación que deja el partido. ¿Será un punto de inflexión? ¿Servirá para que aparezca el fantasma de las dudas que creíamos extinguido? ¿Reducirá el Cholo el número de efectivos que entran en las rotaciones? Lo veremos en muy pocos días. En cualquier caso, de momento, uno sigue confiando en el talento de Simeone. Creo que el argentino tiene crédito suficiente.

El rostro de Simeone

Valencia 2 - At. Madrid 0

El Valencia acababa de marcar su segundo gol. Un contrataque con el Atleti volcado que acababa en la red. Era probablemente la segunda vez que tiraban a puerta. El realizador, supongo que aupado en esa corriente periodística tan elegante y tan de moda que se basa en buscarle las cosquillas al Atlético de Madrid para demostrarle que esta estorbando en la única y verdadera historia del fútbol español, la del Madrid-Barça, decidió mostrar la cara de Simeone. Buscaba carnaza, evidentemente. El argentino sin embargo mostraba en ese rostro rabia, contención, orgullo herido, impotencia, cabreo, enfado,... todo lo que en mi persona no podía quedarse dentro y salía por mis labios o mis dedos pero ni un solo gesto de reproche. Ni una palabra. Mientras uno discutía contra los energúmenos que poblaban el bar en el que vi el partido, energúmenos a los que el partido les interesaba tanto como la realidad del pueblo macedonio, no podía contener unos dedos que lanzabas tweets incendiarios a diestro y siniestro. Simeone no movía un músculo. No hacía falta. Tampoco perdió el decoro en la rueda de prensa tras las insidiosas preguntas de la calaña. No hizo falta. Tampoco se arrugó. Dijo lo que había que decir mientras todos sabíamos lo que pensaba. Era lo mismo que pensábamos nosotros. Ni siquiera perdió los papeles comentando la estupidez de ese irreverente siniestro que hace las veces de presidente del Valencia. Simeone nos volvió a dar una lección a todos. Esta vez en la derrota. El Cholo no aceptó hace días las caricias envenenadas de esa estirpe de gladiadores de la verdad, de su verdad, que por esa misma razón lo tachaba de áspero. Él sabia lo que hacía. Sabía que conceder un átomo a la cosa nostra que domina el fútbol patrio era pagar un precio demasiado alto, la dignidad. Y ahora están esperando. Ya lo estaban. Iban a estarlo de todas formas. Pero yo me agarro a esa expresión del Cholo. Sabía que teníamos clase en las victorias. Ahora sé que también la tenemos en la derrota. Vienen tiempos difíciles pero no estamos solos ni desvalidos. 

El Atleti sacó una alineación valiente pero algo extravagante al césped de Mestalla. La segunda línea ofensiva por detrás de Falcao (Adrián, Emre, Arda) contrastaba con la increíble ausencia del centrocampista más en forma de la plantilla: Mario Suárez. El experimento no salió bien. Tiago dejaba bien claro que no es el jugador que llegó hace un par de temporadas y le venía grande el centro del campo colchonero. Gabi, bastante flojo en las últimas fechas, amplificaba sus carencias ante la falta de apoyo y Emre directamente no jugó. La actuación del turco, para mí, fue lo más decepcionante de la noche. Con el centro del campo cogido con alfileres su misión fue puramente defensiva y a eso se aplicó el equipo con rigor y disciplina. El Valencia manejaba bien el balón y trataba de darle dinamismo pero no podía contra la roca colchonera. El Atleti intentaba salir de la cueva de vez en cuando pero se perdía en la transición. Solamente un renacido Adrián, lo mejor del Atleti, trataba de encarar al equipo rival con técnica y descaro. El partido estaba como tantas otras veces, correoso e igualado. Entonces ocurrió la jugada clave. 

Uno de los miles de balones parados lanzados por el Atleti a lo largo del partido llega a la frontal del área y un remate de tacón de Miranda es repelido milagrosamente por Diego Alves. En paralelo a esta jugada Falcao, que llevaba siendo agredido y agarrado por los defensas valencianos desde casi antes de que empezara el encuentro, es derribado en el área. Cuando el colombiano estaba en el suelo un sucio Soldado le clavaba los tacos en la frente. En directo me pareció fortuito. Con la primera repetición me entraron las dudas. Con la declaraciones del propio Soldado disculpándose con ese desdén zafio y macarra propio de la mafia rusa tuve claro que la jugada no había sido fortuita. Soldado, un tipo resentido que se hace desagradable por momentos. La jugada podía haber acabado de muchas maneras: gol del Atleti, penalti a favor, expulsión de Soldado,... pero no pasó nada. Minutos después, el mismo Soldado empalaba una volea que venía desde prácticamente ningún sitio, resolviendo con calidad y haciendo en 1-0. Golazo del 9 che, todo hay que decirlo. 

A partir de ahí asistimos a otro partido. El Atleti, que había especulado en exceso hasta ese momento, se desperezó y decidió apostar por el balón. El Valencia, que había sido mejor hasta entonces y que había jugado al fútbol medianamente bien, decidió apostar por el otro fútbol. Ese eufemismo que se utiliza para definir esa costumbre tan extendida de tratar de no jugar y que nadie juegue. Es una postura lícita, desde luego. Es una apuesta que salió bien, es evidente, pero yo lo he criticado demasiadas veces en mi equipo como para no hacerlo ahora con el rival. Repugnante. 

Poco más historia tiene el partido. El Atleti seguía muy espeso en el manejo del balón hasta que no realizó los cambios. Con Mario, Raúl García y Arda mas centrado, el Atleti empezó a jugar mucho mejor pero para entonces el partido estaba ya muy trabado. Era imposible dar dos pases sin recibir una patada rival y sobre el césped había más codazos que paredes. Más insultos que fútbol. El árbitro podía haber parado esa tendencia finalizando la primera parte cuando el equipo che decidió apostar por no jugar. No lo hizo y para cuando se hizo evidente ya era tarde. El Atleti se fue definitivamente arriba con todo y sin que realmente llegase ocasiones claras, seamos sinceros, el acoso era total. No hubo otro equipo en el campo durante la segunda parte pero cuando el equipo está tan volcado y no marca lo que suele ocurrir es lo que contaba al inicio de la crónica: un contrataque en ventaja y gol en contra. Partido finiquitado. 

Personalmente meto la derrota en el cajón de la anécdota. Podría haber ocurrido en San Sebastián o en cualquier otro sitio y aunque ha tenido que pasar en uno de los escenarios en los que menos me apetece, no debería ocurrir nada. Las hordas de la desestabilización, que ya campaban a sus anchas cuando estábamos en la cúspide, sacarán sus garras más afiladas para devolvernos a ese lugar que según ellos nos corresponde. Eso si me preocupa. Apretemos filas. Cuando sientan flaquear, acuérdense del rostro de Simeone.