Juguetes rotos

Athletic Club 3 - At. Madrid 0

El tema de las rotaciones es recurrente, lo sé, pero desgraciadamente sigue estando de moda. Ni lo entendí cuando alguien decidió que esa era la mejor forma de gestionar una plantilla de fútbol profesional, ni lo entiendo ahora cuando parece ser práctica común en los equipos grandes, ni lo entenderé en el futuro cuando algún “experto” me explique las razones. Uno mira de reojo el resto de deportes profesionales, la exigencia física y los niveles de los entrenamientos respectivos, y no entiende la razón por la que el fútbol tenga que ser diferente. ¿Dos partidos por semana es algo difícil de aguantar para un multimillonario deportista de elite? Me resulta muy difícil de entender. Pero la realidad es que está ahí y al parecer es algo con lo que, por alguna razón, tenemos y tendremos que lidiar. El Cholo Simeone está sacando un rendimiento muy por encima de sus posibilidades de una plantilla cogida con alfileres, eso creo que hay poca gente que lo ponga en duda, pero de ahí a que podamos jugar a creernos que tenemos 22 jugadores que pueden salir al campo en cualquier momento francamente media un abismo. Resulta de hecho absurdo pensar así. La descompensación y la falta de calidad en el Atleti (especialmente en el centro del campo) es exagerada para un equipo con aspiraciones y eso es algo que los que seguimos al equipo, llueva o truene, sabemos desde hace tiempo. Lo sabemos desde hace décadas. No se trata de ser pesimista en la derrota sino de afrontar la realidad ganando y perdiendo. El éxito de este Atleti (que no tiene porque dejar de serlo) se basa en el nivel de intensidad que práctica Simeone, un esquema táctico definido que se ajusta a la plantilla, el concurso de cinco o seis jugadores clave, un puñado de jugadores de equipo que están asentados en una buena dinámica y poco más. El efecto activador y motivador del entrenador y su buen hacer táctico provoca que esa dinámica de equipo robusta y aceptada aguante bien la inclusión de un elemento ajeno. Entra Raúl García puntualmente y hace goles. Entra el Cata por lesión de los titulares y da el pego. Sale Emre en un partido intrascendente y hasta marca de falta. Puede entrar Adrián en baja forma y hasta Cisma sin que el equipo se resienta demasiado. Eso lo estaba haciendo muy bien la dirección técnica del equipo pero por alguna razón la visita a San Mamés (por última vez) ha provocado un cierto delirio que ha hecho abandonar la senda del juicio y la lógica asumiendo un planteamiento ciertamente escalofriante. No pueden salir todos la vez. Es una broma que transforma un equipo de elite en una escuadra mediocre. Cuando minutos antes del partido he conocido la alineación uno ya intuía que la noche podía depararnos un disgusto. Al termino del primer tiempo, con empate a cero en el marcador, estaba ya seguro de ello. Simeone había despreciado el partido jugando con unos juguetes de equipo matón y poderoso que no nos corresponden. Los jugadores entendieron el discurso y dejándose llevar asumieron ese mensaje. El partido no importaba. El resultado es que los juguetes han terminado rotos. 

Mi teoría particular es que el argentino, consciente del colchón de puntos que tenemos con los que están arriba y con los que están abajo, ha decidido olvidarse de momento de la liga y centrarse en la copa. Iniciar un partido en San Mamés con el Cata Díaz, Emre, Cebolla y Raúl García juntos es dar demasiadas facilidades. Es de hecho una osadía impropia de alguien tan prudente como el argentino. Evidentemente todos sabíamos que con esos jugadores el equipo no tendría ninguna salida. Ni desde los centrales, ni desde el mediocentro ni desde la media punta. Así ha sido. El Athletic, necesitado de puntos y de confianza, saltó al terreno con ambición y ganas. Por una vez los rojiblancos de Madrid no hicieron lo mismo y las sensaciones del equipo dejaban bastante que desear. Tras un inicio fulgurante de físico e intercambio de golpes, los de Bilbao se hicieron fácilmente con el balón mientras los madrileños se echaban atrás con indolencia. Ni rastro de la presión, ni rastro de la intensidad, ni rastro de esa verticalidad ambiciosa que nos ha caracterizado toda la liga. Los leones tocaban en la frontal y trataban de abrir la poblada defensa rival. El Atleti robaba muy atrás y además perdía enseguida el balón en pelotazos ridículos. Únicamente el renacido Filipe Luis hacía algo que recordara al fútbol por la banda izquierda y a punto estuvo de marcar gol en un remate desde dentro del área. El resto a verlas venir. Tiago intentaba armar algo de juego (sin éxito) y Arda, nuevamente desdibujado, trataba de aportar algo de ingenio pero a su lado el resto del equipo desaparecía. El Cebolla correteaba sin rumbo, Emre dejaba claro que no tiene el nivel suficiente para jugar en este equipo y Raúl García recordaba sus limitadísimos recursos jugando en el centro del campo. 

La indolencia ganaba la batalla en paralelo a los balones que ganaba un Athletic Club, que tuvo una clara ocasión en remate a bocajarro desde la derecha que Courtois desbarató. Los vascos merecían ir ganando al descanso aunque irónicamente el que más cerca estuvo de hacerlo fuera el Atleti gracias a un disparo de Emre casi desde el área pequeña que Iraizoz despeja con categoría. El empate a cero dejaba cierta ilusión en muchos miembros de la parroquia colchonera pero yo no era uno de ellos. No me había gustado nada lo que había visto. Más allá de un tema de jugadores limitados y con bajo rendimiento personalmente no había reconocido en ningún momento lo que eran las señas de identidad del Atlético de Madrid contemporáneo hasta ayer. Todo lo contrario. Demasiados fantasmas del pasado se pasaban por mi cabeza. 

El inició de la segunda parte confirmó mis temores cuando vimos que el escenario era exactamente el mismo que habíamos dejado. Un equipo, el madrileño, lento, especulativo, incapaz de querer el balón, abusador del pelotazo y encerrado en su área frente a otro equipo, el vasco, que intentaba ganar el partido a base de fútbol y corazón. Y llegó lo que tenía que llegar. Courtois había salvado ya un par de llegadas cuando vino un córner bien sacado, Godín que pierde su marca y gol de San Jose. 

Pero entonces vimos algo que pegó un pellizco en el lugar del corazón en el que guardo mi orgullo rojiblanco. Entonces, lamentablemente, vimos que el Atleti, ahora si, quería jugar para ganar. Ahora si, cambiaba de actitud, de intensidad, de línea de presión... otra cosa es que le saliese bien. No le salió, para nada, pero no deja de ser ruin el tener que esperar a ir por detrás en el marcador para ver a tu equipo. Rémoras de tiempos pasados que pensé estaban extintas pero que hoy han vuelto. ¿Para quedarse? El equipo se estiró y con muy poco consiguió meter al Bilbao en su área. Los recambios hicieron que apareciesen futbolistas válidos sobre el césped e incluso el equipo estuvo a punto de marcar (especialmente tras remate de Raúl García) pero la realidad es que ocurrió todo lo contrario cuando Susaeta hacía el segundo tras gran pase de Ander Herrera. Courtois, por cierto, había hecho varias paradas de mérito poco antes. Cuando tras un contrataque frenético De Marcos hizo el tercero, y a pesar de que quedaban muy pocos minutos, muchos pensamos que la derrota podía ser todavía más escandalosa. 

Terrible borrón de este ilusionante atleti que de forma prácticamente estúpida deja ahora demasiadas interrogaciones en el aire. El partido se podía haber perdido de muchas maneras y nadie hubiese dicho nada porque todos somos conscientes de quienes somos y dónde estamos en cada una de las competiciones, pero lo que se ha visto hoy en San Mames deja una poderosa sensación de incertidumbre. De resquemor. De rabia. Nos han desnudado y hemos visto con estupor lo poco que tenemos por dentro. Y no me gusta. Alguien pensó que hoy era un día para jugar tranquilamente con juguetes y volver a casa a dormir. Lo que no esperaban es que volviésemos con los juguetes rotos.

Hoy (FLASH)


Hoy voy a tener complicado ver la vuelta de la eliminatoria de copa frente al Betis (aunque haré todo lo posible para que así sea) pero lo que va a ser verdaderamente imposible es tener un rato (incluso mañana)  para poder escribir la consiguiente crónica/reflexión así que lamentablemente esta vez no será posible.

La razón es simple, está noche sacaré de paseo a mi personaje de Lukah Boo para dar un concierto en el Costello Club de Madrid (C/ Caballero de Gracia, 1º) y ello me requiere todo el tiempo del que dispongo. Por si alguien está interesado en verlo empezará a eso de las 22:00.

Más info sobre el concierto en: Rock Indiana

¡Forza Atleti!


Extraterrestre

At. Madrid 2 - Levante 0

Si un extraterrestre con cierta inteligencia llegase al planeta tierra, concretamente a la bendita ciudad de Madrid, y echase un vistazo a la liga de fútbol vería con sorpresa como hay dos equipos señalados que lo tienen todo y que además cada año, por principio, reciben como mínimo cien millones de euros más que sus rivales. Porque si. Vería también sin embargo, con cierto estupor, cómo entre medias de ellos dos aparece hoy en la clasificación otro equipo distinto, igualmente histórico, lacerado por años y años de gestión mafiosa y con infinitos menos recursos que los dos poderosos. Vería cómo este año, en contra de toda lógica, ese equipo está realizando una campaña encomiable de un mérito estratosférico, que en buena lid podría considerarse como digna de elogio y estudio por parte de los aficionados al fútbol. El extraterrestre, sin embargo, observaría con estupor creciente que los únicos momentos en los que dicho equipo, el Club Atlético de Madrid, es nombrado por la prensa y medios de comunicación profesionales son para referirse a la venta de Falcao, la venta de Turan, la venta de Adrián, la no renovación de Courtois o la no renovación de Simeone. El Extraterrestre, llegado a este punto y recuperado del espasmo, tendría varias posibilidades: pensar que está en un país que no existe, pensar que la llamada prensa es en realidad otra cosa o que todos se han vuelto gilipollas. Reconozco que en estos momentos yo también tengo algo de extraterrestre. 

Pero si el extraterrestre ha visto el Atleti-Levante que inicia la segunda vuelta del campeonato y si tiene su cerebro límpido de carcoma, estupidez e intereses creados, habrá visto un equipo sólido, bien construido, solidario, alegre y convencido que transmite la sensación de poder con todo lo que se ponga por delante. Llegaba al Calderón el Levante, esa institución milagro que con un presupuesto ridículo se dedica año tras año a dar lecciones de gestión y coherencia deportiva. Los valencianos son un equipo honesto que no engaña a nadie. Saben lo que son, saben lo que tienen, saben lo que pueden hacer y lo hacen muy bien. Su rendimiento no será para ganar la liga pero van al límite de sus posibilidades y para ganarles o para superarles en la tabla hay que hacerlo mejor que ellos porque no te dan nada. En una liga penosa saturada de entrenadores farsantes un equipo como el Levante, haciendo las cosas bien, es capaz de jugar en Europa. Chapeu. Mi admiración para el equipo granota. 

El Atleti de todas formas no hace amigos y trata con el mismo respeto a todos los rivales. Desgraciadamente para ellos, porque esto significa salir a morder desde el primer minuto que es lo que hacen los colchoneros, especialmente en el Calderón. Los primeros diez minutos fueron así, fuerza bruta, intensidad, presión asfixiante… Los periodistas no lo vieron, porque ven los partidos desde casa, pero justo antes del saque inicial el Atleti se disponía en el campo con una ligera variación táctica respecto a otras veces que dibujaba un 4-1-4-1 con Tiago retrasado, Gabi y Koke haciendo un trivote invertido que potenciaba el juego por bandas. No lo entendía (normalmente se ponen en un 4-2-3-1 o incluso en un falso 4-4-2) pero sabía que Simeone estaba detrás. Pasados esos minutos de angustia el Levante supo asentarse en el campo y controlar el partido. Acumulando hombres por detrás del balón y minando el centro del campo apagando así el radio de acción de nuestros centrocampistas. Anulado el efecto inicial y visto que la lucha en esa franja del terreno era y sería complicada, los del Cholo decidieron llevar el balón a las bandas, lo cual, como hemos visto, no era casualidad ni improvisado. Era el plan. Koke, Gabi y Tiago lo entendieron a la perfección y sus robos de balón tenían hoy tatuado el pase a la banda como primera opción. Adrián y Manquillo por la derecha y sobre todo Cebolla y Filipe Luis por la izquierda se convirtieron en los estiletes que necesitaba el equipo en este partido y realizaron su trabajo. Primero con varias llegadas del uruguayo, que comenzó muy bien el partido pero que poco a poco se fue apagando. Después con un gran pase de Tiago que Manquillo, ahora volveremos con el canterano, consigue recoger, doblar al segundo palo y que Adrián acierta a meter en la portería rival con ayuda del defensa. 1-0. Lo mejor que le podía pasar al Atleti. Lo peor que le podía pasar al Levante. 

Hablaba de Manquillo y hablaba bien. El canterano cuajó un gran partido que lejos de limitarse a cubrir su zona con solvencia (que salvo pequeños detalles lo hizo) se atrevió a ocupar zonas de ataque con desparpajo y mimetizarse con la forma de jugar de este equipo. En el Atleti de Simeone los laterales son piezas clave y hemos visto que el argentino no está dispuesto a prescindir de ellas por una lesión. La buena noticia es esa, que este equipo es imparable también a la hora de admitir nuevos jugadores en su dinámica ganadora. El partido cambió de color como era esperable. El Atleti con mucha menos ansiedad en el juego debido al marcador relajó la verticalidad y se dejó querer. El Levante trató de estirarse algo pero desgraciadamente para los valencianos manejar el balón y el partido no es algo que esté entre sus virtudes. 

El descanso prácticamente llegó sin pena ni gloria y así ocurrió también tras la reanudación. El Atleti se aburría en su tranquilidad y el Levante se veía incapaz de superar a un rival que si bien no tenía las mismas ganar por tener el balón no bajó un ápice en el nivel de intensidad y presión. El levante no podía y el Atleti se dedicaba a mirar el reloj. Se movieron los banquillos intentando cambiar el panorama pero a cada salida del equipo granota de su férreo esquema defensivo respondía el Atleti con una llegada a puerta. En una de esas apareció el segundo gol. Una maravilla de un jugador que se lo merecía: Koke. Me he cansado de decir y repetir en este blog lo que me parece este jugador. Reconociendo todos los defectos que tiene, creo que es el canterano que más recorrido alberga hoy en día. Por sus características de juego, que combinan rigor táctico y desgaste con técnica y recursos por encima de la media, creo que puede llegar a ser un jugador muy importante en este equipo. De hecho ya lo es y este partido es una buena prueba. Que Simeone piense lo mismo que yo me tranquiliza. El gol fue un tiro desde el lado izquierdo que en parábola entra por la escuadra contraria de la portería para deleite de los vecinos del fondo norte. 

El resto del partido fue anécdota (incluidas varias llegadas con tiro al larguero del Cebolla y algún tiro lejano y alguna llegada más o menos peligrosa del Levante). Lo que no es anécdota es la lesión de Falcao que en un arranque cuando se quedaba solo delante del portero se hizo lo que en el campo pareció una rotura de fibra. No es una lesión grave pero si es incómoda, sobre todo cuando no se cura bien. Lo que es incuestionable en cualquier caso es que estaremos dos o tres semanas sin el colombiano. Mala noticia estando en el momento de la temporada en que estamos. 

En cualquier caso el equipo sigue arriba en la tabla, recorta puntos con el Barça, aumenta distancia con el resto de rivales (salvo el Madrid) y sigue vivo en el resto de competiciones en las que participa. Estamos casi en Febrero, hermanos. ¿Alguien recuerda un Febrero en las mismas circunstancias? No pregunten a ningún periodista porque tratarán de asesinar su ilusión y vender a cualquier jugador del Atleti. Piensen por otro lado que si el extraterrestre inteligente del que hablábamos al principio fuese verdad tendría, entiendo que como usted, muy poco interés por los medios de comunicación oficiales y que por el contrario sería del Atleti.


Cara y Cruz. Misma moneda.

At. Madrid 2 - Real Betis 0 

El Campeonato de España, que es el nombre histórico y oficial de lo que los periodistas llaman ahora a la Copa del Rey, es un torneo con la solera y el prestigio suficiente como para que fuese tratado con mejores formas. No es así, evidentemente. Arrastrado por el fogoso y destructivo ímpetu del fútbol moderno, ese de las galaxias torticeras y las bambalinas folclóricas, se ha visto aparcado al riguroso dictado de esos tipos sin escrúpulos ni criterio que dirigen el fútbol televisado, es decir el fútbol, pero también a las demandas egoístas de los protegidos y mimados clubes de siempre, que acostumbrados a hacer (y que los demás hagan) lo que a ellos les plazca, impiden con soberbia el que puede entrar algo de aire fresco en un espacio confinado que apesta a naftalina. En un calendario cargado de partidos, competiciones maratonianas e información barata, el papel que juega un torneo como éste podría ser refrescante y activador, un motor genuino para recuperar la esencia del fútbol. Lejos de ello queda recluido a la pereza y a la fidelidad enfermiza de los que bordeando la locura tratamos de seguirlo en directo. Que un partido tan atractivo como el Atlético de Madrid-Betis se juegue un jueves de Enero a las diez de la noche no sólo es la prueba evidente de lo que cuento arriba sino del repugnante criterio, la ausencia de vergüenza, la falta de respeto por los verdaderos aficionados y la absoluta impunidad con la que el que dirige el fútbol, quien quiera que sea, actúa. 

La estulticia mercenaria del empresariado deportivo evitó ver un Vicente Calderón a rebosar (demasiado buena entrada hubo para las circunstancias) pero el partido no defraudó. La pereza, el sueño y el frío con el que acudimos al coliseo rojiblanco tardó apenas unos segundos en difuminarse en la húmeda atmósfera que a esas horas de la noche había en la rivera del Manzanares. Los segundos que tardó el balón en rodar y quedarse en los pies de los jugadores rojiblancos. Los de Simeone salieron al campo con la actitud con la que recordaremos a su entrenador en el futuro. Los once colchoneros tenían la palabra ganar tatuada en la mirada y eso se nota. Se siente. Con un nivel de agresividad, presión e intensidad exagerado, incluso para lo que estamos acostumbrados, el Atleti adelantó la línea de defensa, abrió el campo, dejó a la línea de tres cuartos actuar por dentro para que los laterales se incorporaran y comenzó a jugar al fútbol. Muy bien además. Con velocidad, verticalidad, cabeza, criterio… El Betis no existía. Incapaz de tener el balón ante la buena labor de los medios centros colchoneros (especialmente un renacido Gabi), e incapaz de entender el juego de Turan y Diego Costa, se limitaban a tratar de cerrar filas en su propio área. Impropio de un equipo como el Betis, una de las sorpresas de la temporada. Las ocasiones llegaban como un martillo pilón y el gol llegó en una excelente jugada. Iniciada por el enésimo robo de Gabi y condimentada por el omnipresente Diego Costa, el balón acaba en los pies de Raúl Garcia que de gran pase sitúa el balón franco en la cabeza de Falcao. Ya sabemos lo que eso significa. 

Pero el Atleti no reculó. Continuó con la misma ansia desaforada por tener el balón, el control del partido y el mejor resultado en el marcador. Continuó además jugando al fútbol. Y esa es la novedad. La primera parte de los madrileños fue de las mejores que han hecho en un una temporada que ya es de por si muy buena. Con un Diego Costa cargado de confianza y un Gabi con un punto adicional de fuerza el Atleti fue un vendaval. Y enseguida llegó el segundo. Una nueva jugada por la izquierda de un Costa que ahora se atreve a encarar y caracolear, consigue meter el balón en el área para que el balón quede en la línea de llegada de Filipe Luis, que con la zurda hace el segundo. El partido pintaba bien. Muy bien. Pero el Betis también jugaba. El Atleti pudo hacer el tercero pero el primer cambio ofensivo de los andaluces, unido a un retraso en la línea de presión de los madrileños, contuvo la escabechina. Hubo un gol anulado a los colchoneros y se reclamó un penalti a Falcao (a mí en el campo me pareció) pero la ocasión más clara de gol fue sin embargo para los sevillanos que en una jugada clara y con hasta cuatro remates a puerta seguidos no fue capaz de marcar. Courtois empezaba así a escribir la leyenda de una gran noche. Corría el final de la primera parte y los aficionados aplaudíamos a rabiar. 

Pero la vuelta del vestuario supuso el comienzo de otra película. El otro lado de una moneda que sin embargo terminó siendo la misma cuando al final del partido se mantuvo el mismo resultado. En pocos minutos vimos cuales serían las claves de la segunda parte. Un Betis ambicioso que ahora tenía el balón y lo manejaba con criterio frente a un Atleti a medio gas, sin fuelle, retrasado y ligeramente desdibujado que se dedicaría a contener. Me surgen dudas a la hora de buscar las causas del nuevo escenario. Parece sensato pensar que se debió a la ambición desesperada del rival unido a la falta de tono físico del Atleti tras un derroche brutal en la primera parte. Puede ser, pero me asusta pensar que fuese doctrina desde el banquillo. Nunca he entendido el fútbol especulativo y no voy a empezar a hacerlo ahora. El Atleti sacó entonces su lado más pragmático y dio alas a un Betis que se creció como equipo, que domino toda la segunda parte y que pudo haber marcado un gol tranquilamente. Especialmente un remate en el área que de nuevo es detenida por un Courtois que arrojó su más de 1,90 de portero delante del balón en el momento oportuno. Aun así, la entrada de Koke y el Cebolla dieron el aliento suficiente para un último empujón al final del partido que podría haber subido el tercero al marcador. 

Gran resultado que no decide la eliminatoria pero que si la deja en unas grandes condiciones para encarar con inteligencia el partido de vuelta. Es muy difícil marcar tres goles al Atlético de Madrid. Eso lo sabes hasta ese engreído que dirige (muy bien, hay que reconocerlo) al Real Betis Balompié. Un tipo, Pepe Mel con el que mi admiración por su labor profesional se apaga poco a poco, quedando ensombrecida por ese discurso prepotente y perdonavidas que se gasta últimamente en las ruedas de prensa. Al acabar el partido el nuevo crack de los micrófonos, el inventor del fútbol, volvió a despreciar con soberbia gratuita la labor del rival. Ya lo hizo cuando el Atleti le derrotó hace unos meses (y lo ha hecho otras veces en otros campos y con otros rivales). No sé si es algo que le viene de cuna, si es su forma engreída de estar enfadado o que de tanto escuchar su nombre en la radio ha terminado pensando que efectivamente es el rey del Mambo. Me da igual. Me parece igualmente repulsivo estimado Pepe Mel. El mundo del fútbol está ya demasiado lleno de tipos que se creen que andan un palmo por encima del suelo como para admitir otro más.

Respeto

At. Madrid 2 - Real Zaragoza 0

Hace unos meses, cuando el inquilino del banquillo del primer equipo era, por así decirlo, de otro tipo, el Atlético de Madrid era simplemente un equipo más. Una visita del Atleti a cualquier estadio era un partido interesante por el historial del equipo madrileño pero deportivamente era una oportunidad asequible para el rival. Otra. Un rival asequible y un partido disputado. Una visita al Calderón era también una oportunidad preciosa e igualmente señalada en el calendario para sacar 3 puntos a domicilio. El discurso cobarde de esos entrenadores que arrastraban nuestro escudo por los campos de Dios era lo suficientemente ambiguo como para proteger el “buen hacer” del director técnico sin arriesgar demasiado. Sin que nadie dentro ni fuera del club reparase en esas cosas, los responsables deportivos del equipo madrileño despedazaban así el legado del club en un discurso miedoso y rastrero que trataba de equiparar al tercer equipo en títulos de este país con cualquier otro equipo de la tabla. Fuera el que fuera. Sin desmerecer a nadie, esto era tan injusto como falso. Pero ese discurso calaba en la plantilla pusilánime y acomodaticia que defendía el escudo del oso y el madroño y también, lo que es peor, calaba en el rival. Hoy el Celta de Vigo, ese equipo que maravilla a propios y extraños por su juego alegre y desenfadado, viene al Calderón y se cierra en su área cambiando su forma de jugar. Hoy el Zaragoza viene a jugar a Madrid y su entrenador reconoce que lo tiene muy difícil. Que se se enfrenta a un equipo áspero y difícil que te va a dejar pocas oportunidades. Hoy el Atlético de Madrid es un equipo que impone respeto. Un respeto que empezó a ganarse con el discurso sensato y humilde pero también valiente de su entrenador y se terminó de concretar cuando todos y cada uno de los integrantes de este equipo finalmente se lo creyó. Me alegra comprobar que aquellos inventores del fútbol que trataban de vulgarizar al Atleti no tenían razón. Me alegra que hoy estén lejos. 

El partido contra el Zaragoza podría resumirse como plácido o de trámite pero tiene más lecturas. Hoy hemos vuelto a comprobar la eficiente ambición de un equipo que se sabe poderoso y la tranquilidad con la que han aprendido a manejar los partidos. En el primer minuto el Atleti ya había tenido dos ocasiones de gol. Los rojiblancos salieron avasallando frente a un Zaragoza que se encerraba en su área tratando de achicar balones y voluntades. Los madrileños, acunados por la batuta de un Tiago que volvía hoy a ser ese mediocentro de calidad que muchos vimos años atrás (aunque me temo que sólo tiene 60 minutos por partido), abrían el campo, principalmente por la izquierda, desarbolando a los maños con velocidad y gusto por la pelota. Un magnífico pase del luso es desaprovechado por Falcao que se escora demasiado antes de rematar. El Atleti llegaba mucho y fácil pero el gol apareció a balón parado. Córner que saca Gabi y que Tiago remata a puerta no sin cierta ayuda de un Roberto, el cancerbero zaragozano, que no estuvo especialmente afortunado. El gol ponía las cosas en su sitio y amortiguaba esa tendencia natural del aficionado colchonero por aventurar la catástrofe.

Afortunadamente este renacido Atleti no da tregua. Siguió manejando el balón y el partido sin que el rival tuviese la oportunidad de tomar protagonismo. Tampoco sé si estaba preparado para ello. El Zaragoza, a imagen y semejanza de su entrenador, es un equipo entrenado para defender y rezar a los astros. Es de esa escuela de fútbol caduco que vive de espaldas al balón y que por tanto tiene problemas cuando tiene que tenerlo. Hoy ha sido así. Apenas ha inquietado a un Atleti que parecía sobrado en todas las facetas. Si quedaba alguna duda de quien ganaría el partido estas se disiparon con la enésima diablura del turco Turan, que con mucha inteligencia desbordó por la izquierda para recibir la falta dentro del área y permitir a Falcao reventar el balón desde el punto de penalti y seguir aumentando la leyenda. 

La segunda parte fue tan placentera como aburrida. El Zaragoza trató de dar un pequeño paso adelante pero fue meramente testimonial. El Atleti seguía robando y llegando con facilidad, en ocasiones incluso permitiendo cierto recreo en los jugadores que no creo que sea del agrado del Cholo Simeone. Falcao, más fallón y egoísta que otra veces, pudo aumentar el marcador al igual que pudo hacerlo Turan o un nuevamente activo Diego Costa que volvió a hacer un buen partido, pero las cosas se quedaron como estaban. 

El Atleti finaliza la primera vuelta con unos números de líder en una liga decente. La campaña de invierno que han hecho los de Simeone es para enmarcar y presiento que nos remitiremos a ella muchas veces en el futuro como un claro ejemplo de que si se quiere se puede. Enseguida comenzamos una prometedora segunda vuelta que tiene que confirmar el buen hacer y que debe servir para sellar el gran ejercicio de transformación que está construyendo el argentino, no sólo a nivel deportivo sino también espiritual. Larga vida a la solvencia.

Ejercicio de estilo

Getafe 0 - At. Madrid 0 

Hace ya unos cuantos años, un magnífico profesor de lengua que nos daba la asignatura de octavo de EGB consternado ante la falta de imaginación y personalidad de la que hacían gala sus alumnos (el profesor era un visionario atendiendo a la generación que hoy copa en nuestro país la elite política, empresarial y de las artes), decidió hacer lo siguiente. Se subió a la tarima, se acercó al encerado y marcó con la tiza un pequeño área de la esquina de la pizarra que ocupaba algo más de un palmo. Aquel hombre se dio la vuelta y mirando a un indolente auditorio nos dijo: “les pido que hagan una redacción sobre ese trozo concreto de pizarra. El que les he marcado con la tiza”. 

Hoy, muchos años después, tengo una sensación parecida ante la perspectiva de tener que escribir una crónica más o menos decente del Getafe-At. Madrid de Copa del Rey que daba el pase a los colchoneros para la siguiente ronda. Un espacio vacío y sin historia enmarcado en la inmensidad de una pizarra destinada a empresas mayores. Sin duda alguna se trata de todo un ejercicio de imaginación y de amor a una profesión que no es tal, puesto que más allá de la menguante satisfacción personal y el precioso cariño de un puñado de valientes que se atreven a mostrarlo no recibo otra cosa de todo esto. Es sin duda también un ejercicio de estilo literario que hoy no estoy dispuesto a realizar al carecer de tiempo, de fuerzas y sobre todo del ánimo correspondiente. 

El partido de vuelta tras el rotundo 3-0 de la ida se aventuraba cómodo y poco emotivo pero ni los más pesimistas podían anticipar el nivel de espesura y aburrimiento que finalmente marcó el choque. Un partido que debía haber dinamitado, protagonizado y dinamizado el conjunto azulón, que era quien tenía que ganar lo que ya había perdido, pero que en ningún momento lo hizo. Ni de lejos. Desde el principio se vio que los getafenses, “aupados” por una grada gélida que dejaba entrever la fe que tenía la afición, no creían en sus posibilidades. Aun así el partido tuvo todavía un hito definitivo que terminó por congelar la atmósfera y matar el encuentro. Ocurrió en la primera parte cuando un desmarque de Falcao por la derecha desde el centro del campo fue parado de forma infantil pero terriblemente violenta por Rafa, jugador azulón que sabía que estaba expulsado antes incluso de que el árbitro sacase la tarjeta roja. A partir de ahí absolutamente todo y todos decidieron mecerse en el sueño de los justos, dejando pasar el tiempo y dando el empate a cero por bueno. 

Por hablar algo de fútbol destacaré algunas cosas que me llamaron la atención y que como todo lo que aparece en esta humilde bitácora amateur se circunscribe a la opinión amateur del que esto suscribe: 

1/ El partido de Cisma. Sin aspavientos ni fuegos artificiales el lateral hizo un partido muy correcto. Para mí fue el jugador más centrado dentro del campo y probablemente el único que se lo tomó en serio. 

2/ La obsesión que empieza a despertar Falcao en las defensas rivales y esa querencia por derribarlo a toda costa que se está poniendo tan de moda. Puesto que en contra de la voluntad de los periodistas “serios” lleva puesta una camiseta rojiblanca y no blanca o blaugrana y puesto que nadie del Establishment parece haber reparado en tal hecho, me da mucho miedo en cómo puede acabar esta historia. 

3/ Mario Suárez. Me sorprendía la ausencia del canterano en las últimas fechas tras el buen arranque liguero. Hay quien dice que se trataba de un castigo de Simeone por indisciplina táctica. Viendo el partido de ayer empiezo a sospechar que también hay algo de estado de forma. 

4/ Sé que estoy en contra de la opinión de tanto y tanto experto que pulula por el espectro cibernético (y no digo ya de papel) pero no me gusta Raúl García de enganche. Tampoco. No puedo discutir la gran capacidad de llegada desde la segunda línea que tiene pero su carencia de creatividad lo anula para una posición que para mí se antoja crítica en un equipo como el Atleti, que cuando crea fútbol lo hace desde ahí. A pesar de que está mucho más limitado prefiero que se sitúe en banda. Esto no quita mi reconocimiento para la temporada tan completa que está realizando pero no me parece justo perder la perspectiva de lo que tenemos con exageraciones que no sé de dónde vienen. No es Diego y ayer jugó en la posición en la que jugaba el brasileño. 

5/ Diego Costa. Sea el partido que sea siempre va al límite. Y aporta cosas. Y son cosas distintas. Costa es una de las grandes sorpresas de la temporada desde mi punto de vista. 

Nos vamos a cuartos de final frente al Betis en una eliminatoria que se presume muy interesante. La semana que viene tendremos la respuesta.

Y al final resulta que lo he hecho.




Siervos de la gleba

El pasado lunes la jet-set del balompié galáctico se daba cita en Zurich para realizar el anual ejercicio de onanismo y placentero masaje de soberbia por el cual los mandamases del fútbol se votan a sí mismos para que, “democráticamente”, la pléyade se dé cuenta de quién es el que dirige el mundo. Un engendro, eso que llaman Balón de Oro, que lejos de ser el acontecimiento futbolístico de importancia y rigor universal que nuestros amigos de la prensa quieren hacernos ver, acumula todos los elementos posibles para que cualquier ser humano con un básico nivel de inteligencia sea capaz de vislumbrar que entre los fuegos artificiales y el lujo zafio hay poco más que un simple circo de masas, que como la Lucha Americana del inefable Hulk Hogan tiene mucho de espectáculo y poco de verdad. ¿Imaginan que ustedes en su empresa tuviesen que evaluar a su jefe pero que su voto fuese público? ¿Qué harían? ¿Cómo creen que saldría parado? Pues eso es más o menos lo que ocurre en esta pantomima. 

Sin entrar a valorar la dudosa necesidad de descifrar quién es el “mejor” jugador dentro de un juego en el que con evidencia aritmética ganan colectivos de al menos once jugadores, ni esa necesidad por personalizar en sujetos de carne y hueso unas amores y empatías que deberían recaer colectivamente en equipos o escudos, sin entrar a discutir sobre los criterios que se utilizan para comparar defensas con porteros y delanteros con centrocampistas o sin cuestionar la cualificación que reúnen determinados personajes con derecho a voto, me parece estúpido sacar conclusiones sobre una lista en la que se vota puramente por filias y fobias. Que Messi es un excelente jugador hoy en día, el mejor probablemente, es evidente. Tan evidente como que jamás hubiese ganado ese mismo trofeo, haciendo la misma temporada (u otra infinitamente mejor) jugando en el Atlético de Madrid, el Sporting de Portugal, el Olympique de Lyon o el Tottenham. En esta obra teatral de trajes con solera, sonrisas plastificadas y peinados imposibles lo que verdaderamente se mide es la capacidad mediática de sus personajes pero sobre todo de las instituciones-carrozas en las que dichos personajes están subidos. Nada más. 

El Show de Caparrós

RCD Mallorca 1 - At. Madrid 1

El mundo del fútbol ha cambiado mucho en los últimos años. Supongo que algo parecido ha ocurrido desde siempre y que ya en los orígenes ocurría pero por mi edad puede que antes no fuese del todo consciente. En los últimos años he visto como han aparecido de forma masiva personajes ajenos a la afición visceral que tradicionalmente venía ligada al deporte rey y que, ajenos de emoción y de cargados de pragmatismo empresarial, se acercan al mundo del balompié exclusivamente seducidos por el olor del vil metal. En esta categoría pueden encontrar a muchos presidentes o hurtadores profesionales que se hacen llamar consejeros delegados pero también a otros personajes mediáticos más cercanos del balón o el césped. También han aparecido para sentarse en los banquillos tipos de inteligencia por encima de la mediocre media que tradicionalmente se asociaba a este universo y que casi de espaldas a las reglas básicas y éticas de este deporte se han dedicado a sacar provecho de una labor eminentemente resultadista. Con diligencia de cirujano y discursos elípticos se desenvuelven por la tangente del reglamento, tuneando las nociones básicas de este deporte para “triunfar”. Caparrós es un buen ejemplo de esta última categoría. Un personaje que fascina a una buena cohorte de profesionales de los medios por realizar una labor que, sinceramente, es muy difícil de justificar más allá del resultado. Detesto esa pelea de gallos artificiales que una vez se inventaron en los medios entre Valdanistas y Clementistas, Bilardistas y Menotistas. Detesto en general y con todas mis fuerzas las simplificaciones baratas que reducen todo a una cuestión de cara o cruz, tanto en el fútbol como en la vida, así que no me encasillen en una categoría tan vulgar. Entiendo perfectamente que hay muchas formas de jugar a este deporte y que prácticamente todas son a priori igual de dignas e interesantes. Depende mucho de los jugadores y las posibilidades reales de cada uno el como disponer los jugadores en el campo y la actitud que tengas frente al balón pero lo que no es negociable es la necesidad de que primen las normas elementales del balompié: tratar de ganar el partido metiendo el balón en la portería contraria. El fútbol de Caparrós es otra cosa en el que eso último es algo secundario. Algo que puede ocurrir por un error del contrario, la lotería o la alineación de los planetas. El fútbol de Caparrós, como un lazarillo sin hambre que delinque por puro deleite, navega por los límites del reglamento y de las posibilidades reales en un campo de juego. Al margen del balón, al margen de la lógica, al margen del espectáculo. Juega con todo eso que él mismo se encargó de bautizar como “otro fútbol” y por supuesto trata de sacar a todo el mundo de su estado natural para llevarlo al drama y la tensión. Lo sé, pero ni que decir tiene que el “fútbol” de Caparrós me repugna hasta más no poder. Tanto que me cuesta llamarlo fútbol. 

El tal Caparrón, por cierto, es uno de los entrenadores favoritos de MA Gil. Blanco y en botella. 

El Atlético de Madrid ha perdido hoy dos puntos en Mallorca y lo ha hecho de la forma más absurda y tras una desafortunada jugada en la única llegada que ha tenido el rival. Muchas otras veces hemos ganado in extremis lo que hoy hemos perdido de forma injusta así que probablemente el balance siga a favor. Dicho esto, el resultado en si no merece mayor lectura tras lo visto en el terreno de juego. Es decir, seguimos teniendo el mismo equipo serio, rocoso, bien plantado, valiente y generoso que ha querido ganar el partido desde el primer minuto hasta el último. 

El conjunto de Simeone salió de la misma manera en la que ya nos tiene acostumbrados desde el inicio de la temporada pero lo cierto es que sin los talentos de Arda y Falcao la realidad del equipo es todavía más evidente. Tácticamente perfecto pero escaso de recursos técnicos para hincar el diente a once tipos acampando en su área. El Atleti fue dueño del balón toda la primera parte pero la clara falta de ese último pase letal, hacía que las ocasiones no llegaran. La primera de hecho llego casi en el minuto 40. Con Raúl García voluntarioso pero incapaz y Adrián totalmente perdido, Koke era el único que ponía algo de criterio en la zona de creación mientras Diego Costa se aburría de irse a la banda y tirar desmarques. Enfrente un Mallorca muy rácano y lamentable cuya única misión parecía consistir en achicar agua, dar el pelotazo y esperar el segundo rechace. La primer parte, bastante aburrida, acabó sin pena ni gloria destacando nada más un gran pase de Koke que Diego Costa muy esquinado remata bien pero para el portero. 

La segunda parte siguió por los mismos derroteros. El Atleti continuaba a ritmo constante mientras los de baleares se encerraban cada vez más, renunciando de forma lamentable a jugar el balón. Un cosa es jugar al contrataque y otra cosa es lo que hace el Mallorca de Caparrós. No confundan. No traten de confundirnos. El Atleti amenazó con un gran remate de Raúl García entrando muy bien desde atrás que pegó en el larguero pero el gol no se hizo esperar y poco después el balón cayó en los pies de Diego Costa para que dentro del área pegue un par de recortes y su poco ortodoxo pase de la muerte llegue, tras rechaces, a los pies de Raúl García otra vez, para que esta vez el navarro abriera el marcador.

Muchos dábamos por ganado el partido entonces y también poco después cuando vimos que el equipo y el Mallorca seguían con la misma actitud sobre el campo. Entonces fue cuando apareció el Show de Caparrós que además tuvo su mejor aliado en el tal Mateu, el colegiado, que completaba así una noche nefasta a incluir dentro de su extensa colección de noches nefastas. Esa forma tan académica de crispar a todos los que están ligados con el partido que se está disputando para llevar la atmósfera a flor de piel y ahí, en el límite, buscar el error que propicie lo que la lógica, el talento, el juicio y el buen hacer no pueden conseguir. Y esta vez funcionó. Al contrario que en las películas aquí ganó el mal. Una jugada alborotada y desquiciada en el área acaba en un mal rechace de Filipe Luis que deja el balón el los pies de Kevin para que bata por bajo a Cortois. Injusticia tremenda que pudo ser incluso más dramática si poco después una falta lazada por Gio hubiese entrado en la portería en lugar de dar al poste. 

Empate a uno que deja mal sabor de boca pero buenas sensaciones. También dos conclusiones: que la opción Caparrós no puede ser NUNCA una opción de proyecto futbolístico a futuro para un equipo con el objetivo de ganar algo y dos que el Atleti sigue siendo un equipo con las mismas señas de identidad y que incluso sin sus mejores jugadores sigue manteniendo la misma ambición, la misma mentalidad, la misma coherencia y la misma forma de entender el fútbol. El Atleti si es un proyecto ilusionante y lícito. Dejémoslo en que el empate ha sido una anécdota y que la esperanza de un gran 2013 sigue intacta.