Punto y aparte

“La cantidad de rumores inútiles que un hombre puede soportar es inversamente proporcional a su inteligencia” (A. Shopenhauer) 

Llevo varios días mordiéndome la lengua. Al igual que todos ustedes, yo también tengo que soportar la compota diaria de rumores y fichajes que los medios de comunicación confeccionan constantemente. Supongo que así seguirá, con mayor o menor intensidad, hasta que el balón se ponga otra vez a rodar y es algo que no me seduce lo más mínimo. Esa parte consustancial al fútbol que es el periodo de fichajes era en tiempos pretéritos un momento de ilusión. Durante semanas construíamos castillos en el aire con las posibilidades que depararía el futuro. Uno imaginaba la alineación que vería en pocos meses corretear por el césped del Calderón y se emocionaba con la temporada por venir. Pero esos días quedaron atrás y hace unos años que el verano es más un sufrimiento que un placer. Una tortura china. Un continuo sobresalto. El que ahora despierta desgraciadamente no es una excepción. 

No les voy a engañar. No soy optimista. La misteriosa situación económica del club, ese secreto que nadie conoce y que nadie (con galones) pregunta, hace presuponer que la posibilidad de excesos es más bien corta. Algo que no se ha explicado y que así, en frío, es muy difícil de entender, viendo como llevamos varios años vendiendo jugadores por un dineral. Años en que se nos hablan de historias de grandeza, de mejor gestor del mundo, de valor de marca creciente y de que todo va viento en popa pero que a la hora de retratarse, la realidad parece decorar con colores bastante menos vistosos. Escucho los nombres de Negredo o Capel o de un señor con 130 años que llega libre y me dan ganas de cabrearme y soltar las cosas que se pasan por mi cabeza, pero a través de este mismo blog me paso la vida pidiendo rigor y coherencia a los protagonistas de todo esto así que sería muy osado por mi parte ponerme a juzgar ahora el desempeño de la dirección deportiva. Ahora que realmente no sabemos nada y que lo único que hacemos es bailar entre rumores. Con mayor o menor verosimilitud.

No lo voy a hacer. Debo presuponer que se está trabajando en hacer las cosas lo mejor posible y debo esperar a que allá por mediados de agosto tengamos una idea clara y concreta de lo que será el equipo la temporada que viene. Espero entonces poder verles allí a ustedes para comentarlo. 

Hasta entonces, le deseo que tengan unas felices vacaciones (el que pueda disfrutar de ellas) y en cualquier caso que pasen un verano estupendo. 

¡Nos leemos muy pronto!


Fin de fiesta. Conclusiones.

Llegado el final de temporada, y como viene siendo habitual en este blog, es momento de hacer balance y buscar conclusiones. 

Dirección deportiva. 
A punto de empezar la temporada, antes de ver la exhibición en Mónaco frente al Chelsea, mis expectativas para la temporada que ahora concluye eran bastante bajas. Está escrito. El buen regusto que había dejado la consecución de la Europa League de Bucarest se había visto coartado bruscamente por el hacer estival de la secretaría técnica del Atlético de Madrid. Lo que quiera que eso sea. Entonces dije que la plantilla del Atleti era peor que la plantilla de la temporada anterior . Hoy, a pesar de todo lo que ha pasado después, lo mantengo. Me explico. En verano se fueron: Diego, Salvio, Pizzi, Asunçao, Antonio López, Domínguez y Perea. Llegaron: Cisma, Cata Díaz, Emre y Cebolla (más la recuperación de Raúl García y Diego Costa). Visto así, en frío, espeluzna. Se fueron más jugadores de los que vinieron y los que vinieron… vinieron de aquella manera. En el caso de los dos repescados, probablemente los que mejor rendimiento han dado, dio la sensación además de que eran jugadores a los que se buscaba acomodo fuera del equipo pero por distintas circunstancias tuvieron que quedarse en la plantilla. Sobre Raúl García no me voy a extender, creo que sigue en el Atleti por tener una ficha muy alta al alcance de pocos equipos y que es un jugador que sería mucho mejor en otro equipo con otro tipo de exigencias. Ha dado lo que ha dado. Lo de Diego Costa es sin embargo la gran sorpresa de la temporada. Crecimiento espectacular y resultado insuperable. No creo que entrase en los planes de nadie hace un año pero se ha ganado merecidamente una titularidad que hoy nadie discute. Los que sí debían entrar en los planes del proyecto de Caminero, esa especie de holograma que dice ser el director deportivo de este equipo y al que sólo se puede ver en las celebraciones, debieron ser los “fichajes”. Ninguno de los cuatro mejoró la plantilla (al contrario, en algún caso), ninguno de ellos ha jugado regularmente (salvo quizá el Cebolla) y ninguno de ellos es, ni de lejos, titular. La dirección deportiva me resulta por tanto más que pobre nefasta. Lamentable. Una plantilla confeccionada con retales, corta, sin gusto y configurando un plantel desequilibrado con posiciones sobresaturadas y otras en barbecho. Independientemente de los problemas financieros, que algún día deberían explicar claramente de qué naturaleza son si es que esa va a ser la excusa, no se explica un diseño tan rácano y falto de criterio como el que se hizo. Caminero, por razones previas, no debería haber desempeñado nunca ese cargo pero llegado a este punto es evidente que sobra. La inmensa suerte que tiene ese señor de barba descuidada, verbo irregular y amenazantes gafas de sol es la misma que tenemos nosotros. Se llama Diego Pablo Simeone. 

Dirección técnica. 
En los años que llevo viendo fútbol, unos cuantos ya, se me hace muy complicado encontrar una temporada en la que el Atleti estuviese mejor dirigido que la presente. Es obvia la referencia al doblete pero sin ánimo de parecer exagerado, tengo la sensación de que ésta temporada no le va a la zaga en lo que a dirección respecta. En un contexto diferente, con Madrid y Barça en el universo de los humanos, el actual Atleti hubiese sido imparable. Así lo creo. Simeone recogió una piltrafa a la que encima le quitaron un jugador clave como Diego y ha devuelto un equipo de élite. El otrora puñado de pusilánimes sin carácter que carecía de orgullo y de sueños es ahora una roca compacta, unida, feliz, orgullosa, valiente y que mira de frente a cualquier reto que se ponga por delante. Ese puñado de millonarios agradecidos y complacientes que celebraban llegar a jugar la Europa League en la última jornada no sólo tiene ahora un máster en pasear trofeos por las calles de Madrid sino que quieren todavía más. Simeone se ha erigido en el líder de este club pero lo ha hecho dando ejemplo y de forma natural. Haciendo. No ha exigido respeto y diligencia por ser el quién es o por estar dónde lo han puesto (como intentaron hacer sus predecesores) sino que ha conseguido lo que tiene a base de esfuerzo, criterio, talento, fuerza y demostrando cada paso que daba. Ha traído a la plantilla el respeto por la institución que sus jefes ni tienen ni reclaman. El amor a los símbolos. Ha puesto realidad en todos los frentes sin perder ilusión. He demostrado que es lícito tener sueños en este equipo. Ya no se permite que nadie nos deje de tomar en serio en el campo. Simeone ha desempolvado el escudo y lo lleva bien alto, para que todos vean lo que estamos defendiendo. El equipo sabe a lo que juega y ya no duda nunca que cuando el árbitro pita el inicio de partido el objetivo es simplemente ganar. 

El equipo se ha construido desde una defensa contumaz, el rigor táctico y una presión asfixiante provocada por una preparación física que hacía muchos años que no recordábamos por aquí. Es cierto que la única carencia del equipo se encuentra a la hora de manejar el balón pero yo tengo la sensación que es más un problema de falta de plantilla que de otra cosa. El Atleti cuando ha tenido que tener el balón casi siempre lo ha tenido. El problema es que no sabía qué hacer con él. Estoy convencido que con una plantilla más equilibrada este equipo se parecería mucho a ese tipo de fútbol que hacen ahora en Alemania. Compacto y contragolpeador en esencia pero vertical y sólido cuando necesitan tener un balón del que no reniegan. La labor de la dirección técnica como bloque (incluyendo al Mono Burgos, el Profe,…) sólo puede recibir el calificativo de excelente. 

Jugadores. 
En general y prácticamente todos han rendido a su nivel máximo o incluso por encima. Courtois ha demostrado otra vez que con él en plantilla el resto de porteros no tienen sentido a la vez que Asenjo demostraba que nunca debió volver al Atlético de Madrid. La defensa ha sido el eje sobre el que se ha sustentado el éxito del equipo pero más como concepto que como línea concreta. El Atleti ahora defiende en bloque y eso lo agradece una defensa que años atrás era el hazmerreir del equipo. La pareja de centrales, muy sólida, ha mantenido el nivel del final de la temporada anterior. Juanfran ha estado algo más discreto (sin hacer mala temporada), algo que contrasta más todavía si tenemos en cuenta el temporadón de Filipe Luis. El brasileño se ha convertido, y no es amor de madre, en uno de los mejores laterales izquierdos del mundo. Estos cuatro no han dado opción a unos reservas muy por debajo en nivel. Una línea que evidentemente necesita refuerzos. 

El tipo de juego que Simeone diseña en el medio campo dibuja dos mediocentros claros y dos o tres jugadores en la media punta. Los primeros destruyen, equilibran y lanzan al equipo. Los segundos crean, inventan y nutren la delantera. La pareja de mediocentros ha cumplido relativamente bien supliendo las carencias técnicas con derroche físico. Gabi, quién lo iba a decir, ha sido pieza clave erigiéndose en punta de lanza de la presión y en la representación del espíritu competitivo dentro del campo. Buena temporada la del capitán. Mario fue de más a menos, dejando muy buenos momentos a principio de temporada pero también algunas gotas de esa cierta indolencia que tan poco gusta en el Calderón. Tiago fue de menos a más pero una desafortunada lesión le hizo perder el tren cuando mejor estaba. Los tres, con matices, me siguen pareciendo jugadores válidos para este equipo pero echo de menos algo más de salida de balón. 

En la línea siguiente es sin embargo donde encontramos las diferencias más sangrantes. Faltan efectivos de nivel. Ideas. Si ahí está Arda Turan, el jugador más creativo de la plantilla por no decir el único, el equipo es uno bastante interesante. Si no está aparece la mediocridad. Koke se ha hecho también fundamental en el equipo y su creciente combinación de fuerza y calidad hace que sea un jugador muy del gusto de Simeone. Ha jugado mucho y seguirá jugando. Es muy bueno. El resto de jugadores en esas posiciones nunca han estado a la altura y su entrada en el equipo coincidía con los peores momentos del equipo. Adrían y Diego Costa han entrado a veces en la línea de tres caídos en banda. Mientras el brasileño ha regalado la mejor temporada de su carrera, el asturiano ha mostrado su peor cara. En ningún momento ha entrado en la dinámica y se le ha visto lento, fallón y falto de confianza. Pero es un excelente jugador, el Cholo lo sabe, y soy de la opinión que tenemos que esperarlo. Arriba, ese gran profesional de cuyo nombre no quiero acordarme, nos dio un recital de fútbol ofensivo en la primera mitad de la temporada pero a partir de navidad decido retirarse a un meditado retiro espiritual, pensando probablemente en las glamurosas noches de Mónaco y el estupefaciente olor del dinero. Que con su pan se lo coma. Afortunadamente decidió volver de la hibernación el día de la final de la Copa del Rey para regalarnos (previo pago, claro) una jugada excelente que quedará marcada en el recuerdo de varias generaciones de colchoneros. 

Resultados. 
La temporada me hubiese resultado válida simplemente con todo lo anterior. Con la constatación de que el proyecto es de verdad, es creíble y va en serio. Pero es que además han llegado los resultados. Un tercer puesto en liga que hacía años no se alcanzaba y encima con insultante suficiencia. Esa supercopa de Europa vapuleando a todo un Chelsea y sobre todo ese Campeonato de España, esa Copa del Rey, que nos ha dado tanta alegría a todos. Mi único pero está en la Europa League, torneo que despreciamos desde el principio y que Simeone dejó claro siempre que no quería disputar. Su apuesta era centrar físicamente al equipo en la liga y posteriormente, cuando ya se puso al alcance, también en la final de Copa. Nunca lo entendí y nunca compartí (ni comparto) esa opción pero debo reconocer que el Cholo ha ganado la apuesta. Tengo razones para criticarla y defender mi postura pero la realidad es que los resultados le dan la razón al argentino. Fin de la historia. 

Temporada tranquila, feliz y plagada de buenos momentos. Simeone y sólo Simeone es el principal culpable de que ahora tengamos la sensación de que en las calles de Madrid cada vez existen más camisetas rojiblancas. 

Tiempo habrá de hablar del futuro. Ahora sólo queda felicitar a los artífices de todo esto. Enhorabuena campeones.

Meretrices

"La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza” (Franz Kafka) 

La primera vez que vi a Falcao con la camiseta del Atlético de Madrid todavía me dolía esa víscera tan en desuso en los tiempos modernos que algunos llaman corazón. Me ocurrió lo mismo cuando vi por primera vez a Forlán o a Courtois o a Agüero. No piensen por tanto que hablo exclusivamente del colombiano. Mientras a mi alrededor el grueso de aficionados entiende perfectamente ese nutrido ramillete de tesis que explican “perfectamente” la salida de los ídolos del Atleti, a mí se me tacha, con una socarrona y soberbia sonrisa en la mayoría de los casos, de romántico. De ingenuo. De estúpido. Sólo un estúpido puede al parecer mezclar amor y sentimientos en la putrefacta ecuación del fútbol. Intento asimilar la razón de que aficionados de fidelidad ciega, que llevan décadas pagando el abono de un equipo que durante todo ese tiempo no ha jugado ni a la taba, me intenten convencer de que es “normal” eso de irse del Atlético de Madrid para “mejorar”, pero no lo entiendo. ¿Cómo puede decirme un colchonero que es mejor estar en un sitio que no es el Atlético de Madrid? ¿Qué hacemos nosotros entonces que no nos vamos allí también? 

Aclaran que yo soy aficionado y los jugadores son profesionales, como si eso lo explicase todo. Y yo tiro de referencias. De las de todo el mundo, porque todo el mundo es también profesional en algún sitio. ¿Qué es eso de ser profesional? ¿Realizar fríamente un desempeño en función de la remuneración? ¿Ceñirse a lo que se ha establecido en un acuerdo contractual llamado contrato? ¿Deberíamos entonces acordarnos de los familiares de los profesionales cada vez que fallan un gol cantado? ¿Retirarles la nómina si no cumplen objetivos? ¿Pitarles hasta la extenuación cada vez que tienen un mal partido o fallan un penalti? ¿Ignorarles fuera del estadio? Resulta que no. Resulta que nosotros entendemos que son jugadores del Atlético de Madrid con nuestro escudo al pecho y que como tales entran directamente en nuestros corazones y en nuestros sentimientos. Y claro, es diferente. Ahí sí cuenta la emoción. Cuando fallan les aplaudimos para animarles porque son de los nuestros. Y ellos se emocionan, claro, y nos devuelven los besos. Y nos quieren. Y les queremos. Y dicen exactamente las cosas que queremos escuchar creyendo además, nosotros, que lo dicen de corazón. Y resulta que consiguen un contrato publicitario porque un montón de personas que se identifican con el Atlético de Madrid, por ende, se identifica con ellos. Y compramos lo que nuestros ídolos nos dicen que hay que comprar pero lo compramos no por ser excelentes profesionales sino porque son el Atlético de Madrid. Somos ese equipo que dobla los socios cuando baja a segunda o que aplaude a sus jugadores cuando pierden la Copa del Rey. Aptitudes, nada profesionales, que sin embargo los “profesionales” aceptan gratuitamente como suyas. Entienden perfectamente nuestra causa cuando se besan el escudo o regalan almibaradas declaraciones que planeando lentamente delante de nuestro subconsciente aterrizan con fuerza en la parte sensible que todos y cada uno de nosotros tenemos dentro. Lo saben también cuando se suben a la grada a demostrar su amor por los colores o a pasear su colchonerismo por las calles de Madrid subidos en un autobús. 

Pero llegado el momento, normalmente años antes de lo que marca ese contrato que como profesionales han firmado, deciden “mejorar”. Ese concepto tan sumamente ambiguo y maleable que se moldea según las circunstancias. “¿Tú no te irías a otro sitio si te pagaran más?”- me preguntan. Mi respuesta es lógicamente negativa. “Claro, pero tú eres aficionado y ellos profesionales”. ¿Profesionales? Hagamos un ejercicio de ficción. Supongamos que Falcao (o el que quieran) el día de su presentación hubiese dicho, con sus propias palabras, que venía al Atlético de Madrid porque era el equipo que más le pagaba y además porque en un par de años podría conseguir un contrato mejor en otro equipo más grande. Supongamos que Falcao hubiese metido los mismos goles y hubiese jugado todavía mejor pero cada vez que le hubiesen preguntado por el Atleti, su historia o su afición, hubiese dicho que no sabe de qué le están hablando y que es un tema que ni le va ni le viene. Que él sólo se pone la camiseta del Atleti por dinero y no por gusto. Que él es un profesional y que está de paso hacia otros equipos. Que ojalá pudiera algún día, como profesional, jugar en el Real Madrid porque es el mejor equipo del mundo y dónde más pagan. Que no hubiese aplaudido nunca a la grada, ni hubiese tenido esos entrañables gestos de “colchonero”, etc… Hubiese sido igual de honesto y profesional (probablemente incluso todavía más) pero me temo que su vida, emocional y económicamente hablando, hubiese sido muy diferente en Madrid. ¿Por qué no hizo todo lo anterior entonces? ¿Ha sido profesional? ¿Ha sido honesto? ¿Merece mi cariño? 

El fútbol se ha convertido en un pastiche tramposo. Un parque temático construido sobre medias verdades en el que se aplican las reglas pragmáticas y mercantiles del capitalismo más furibundo mientras se pretende vender sentimientos, pasiones, amor irracional y fantasía a través de packs homologados. Mentira. Por supuesto que mezclo los sentimientos con el fútbol. Todos los aficionados (junto con los periodistas enamorados de su profesión) deberíamos hacerlo. Acepto que de forma racional y lógica pero no aparcando el corazón en el vertedero como algo de lo que sentirse avergonzado. De otra forma que no cuenten conmigo. Si todos los agentes del fútbol nos guiásemos por las reglas del pragmatismo y la profesionalidad tan sólo un puñado de equipos tendrían aficionados. El Atleti no tendría sentido. Los aficionados al fútbol lo somos a unos colores, a unas siglas, a unos valores indeterminados, a una tradición o a algo intangible y mágico que cada uno de nosotros vemos en nuestro equipo. Fe inquebrantable de difícil explicación que desata pasiones y calidez incluso entre las personalidades más frías que pueblan la tierra. Pido a los aficionados que actúen como tales, como aficionados y no con la mentalidad de empresarios o directores deportivos que no son. El poder no nos quiere auténticos porque entonces somos imprevisibles. Mejor respondemos al cliché. Somos una cohorte de humanos que de forma irracional, reconozcámoslo, hemos decido voluntariamente regalar nuestra pasión y nuestro dinero a unos colores a través de reglas ingenuas, románticas y si quieren peregrinas. Por eso no deberían intentar explicarme los sueños con ecuaciones, integrales, escuadra y cartabón. Es estúpido. Es tramposo. Que les aplique a ellos. A mí no. 

No pido tampoco que los jugadores de mi equipo sean como un aficionado entregado a la causa si no lo son o no lo sienten, pero al menos exijo que no me engañen. Que sean coherentes y consecuentes con sus propias decisiones. Si quieren ser profesionales que lo sean siempre y desde el principio, dejando claras las dudas, los objetivos y los sentimientos. Sin insultar mis creencias ni mis emociones, que son también las de otros cientos de miles, porque eso es lo que ha mantenido viva esta institución más de cien años. Si los jugadores quieren entender el club, y llevarlo tatuado en su ADN serán bienvenidos, adorados y elevados a la categoría de héroes pero eso tiene un coste y no pueden bajarse en marcha a su antojo, explicándome la realidad entonces a través de números, resultados, cifras o títulos porque no es esa la escala en la que se mide la afición, ni el amor ni los sentimientos. Eso es humillarme. Mentirme. Despreciarme. O una cosa o la otra. Si son putas que se ahorren los besos en la boca. 

“El sentimiento es una flor delicada. Manosearla es marchitarla” (Mariano José de Larra)

Adiós


Real Zaragoza 1 - At. Madrid 3

“Más traiciones se comenten por debilidad que por un propósito firme de hacer traición” (François de la Rochefoucauld)

Pues efectivamente, se acabó lo que se daba. Para los colchoneros el día de hoy era un buena oportunidad para disfrutar del fútbol de emoción desde la cómoda barrera del que ya lo tiene todo hecho y así ha sido. Para otros equipos, como los finalmente descendidos (Mallorca, Deportivo y Zaragoza) o esa Real Sociedad de Champions League, la jornada de hoy era sin embargo épica. Mítica. Histórica. La liga española es esa competición tramposa y asimétrica que está gestionada por un puñado de truhanes con careta y que a costa de repartir el suculento pastel entre un puñado de amigos se está cargando la posibilidad de un estupendo torneo. La nefasta gestión de los recursos, el lamentable reparto de las ganancias obtenidas así como la vergüenza que supone el que diferentes equipos jueguen con diferentes reglas, está haciendo que la mal llamada “liga de los campeones” se esté consumiendo como un fósforo abandonado. Pero sigue todavía teniendo sus momentos. Especialmente cuando no están involucrados los dos equipos-monstruo que juegan con las cartas marcadas.

El Atleti ha vencido 1-3 en zaragoza, en un partido que al final ha resultado intrascendente. Puede que no lo escuchen en ningún sitio pero el cuadro madrileño ha dado una lección de respeto por la competición. Siendo juez de cosas importantes cuando el equipo estaba sin jugarse nada, envuelto en una oleada de festejos y sufriendo viajes incomprensibles a la otra punta de Europa, el cuadro colchonero ha competido como el que más. Llevando hasta el último partido de liga lo que ha sido una constante del equipo de Simeone durante toda la temporada: la intensidad, la entrega y la competición. A pesar de afrontar el encuentro con una alineación de circunstancias y pensando sobre todo en las vacaciones, el partido ha estado controlado por el Atleti en todo momento. Salvo una serie de errores que han supuesto alguna ocasión maña, errores más propios de la falta de tensión que de otra cosa, la sensación era la de que en cualquier momento los del Cholo finiquitarían el partido. Pero a pesar de la nueva exhibición que ha dado Diego Costa y que podría haber marcado en cualquier momento, tuvimos que esperar a que faltasen cinco minutos para ver una soberbia jugada del turco Turan por la izquierda que metiendo el balón por la escuadra pusiese el 0-1. 

En apenas unos segundos los aragoneses conseguían empatar con una jugada algo accidentada que aprovecha Helder Postiga pero fue un simple espejismo. El brasileño Costa decidió entonces destrozar a su rival con dos nuevos goles de gran delantero. El primero rematando con clase y precisión un pase abierto desde la izquierda que empala de primera. El segundo tras una jugada accidentada, iniciada por el mismo, que remata en boca de gol. De todo esto tuvo bastante culpa la salida al campo de un Óliver Torres que modifico el partido en cuanto apareció para llevarlo a posiciones mucho más cercas de lo que debería ser el fútbol. Muy buenos minutos del canterano.

El Atleti acaba así una campaña soberbia. Una temporada que aparte del maravilloso título de Copa y el trofeo virtual de disputar la fase de grupos de la Champions League ha dado con una fórmula, la de Simeone, que se antoja como definitivamente válida. Un proyecto en el que creer y sobre el que construir. Un proyecto ilusionante, que con una columna vertebral que se adivina sólida parece optimista pensar en las posibilidades que puede alcanzar un equipo reforzado, que tenga pensados los mimbres adecuados. Tiempo habrá de hacer balance y de analizar, de forma tranquila y sosegada, la evolución del equipo, lo que ha sido y lo que puede ser.

Pero me van a permitir que hoy no sea. Hoy no tengo ganas porque hoy es el día en el que ese “profesional” que profesa una obsesión por el gol sólo comparable con la que tiene por el dinero, ha decidido entre lágrimas de cocodrilo largarse de nuestro Atlético de Madrid. Un club que, estoy convencido, jamás ha llegado a entender ni asimilar. También hablaré de esto en un par de días, cuando después de respirar muchas veces evite que las únicas palabras que se agolpen en mi cabeza sean insultos.

La liga dice adiós y adiós dice Falcao. Lo primero tiene solución y se curará en unos meses. Lo segundo no la tiene, por mucho que sorprendentemente muchos aficionados lo vean como “normal” o “previsible” o “lógico”. Empezará otra historia que será mejor o peor pero  esta ya está muerta y yo la siento como una, otra, traición. Pequeña o grande, ¿qué más da? Mi agradecimiento y apoyo a los que se quedan. También a los que se van por circunstancias de la vida. A los que se van voluntariamente cuando eran adorados y vivían en el Olimpo de los elegidos sólo me queda decirles que no les entiendo y que no comparto su voracidad por el pecunio. Sólo me queda también empezar a ignorarles tragando la rabia y puesto que pasan a ser potenciales enemigos, desearles deportivamente todo lo peor.