Dudando de las premisas

At. Osasuna 3 - At. Madrid 0

Decía el inspirador de este blog, Don Pedro Calderón de la Barca, que siempre el traidor es el vencido y el leal el que vence. Hoy parece un buen ejemplo para refrendar algo así. El Atlético de Madrid sale vencido y derrotado de Pamplona precisamente por traicionarse a sí mismo. Por desviarse de la filosofía pétrea a la que llevaba aferrado desde hacía mucho tiempo. Simeone peleaba contra viento y marea frente a periodistas feroces, ávidos de pulverizar un incómodo discurso que los creadores de realidades no podían controlar. Trataba de evangelizar con una idea de encarar la vida, dentro y fuera del campo, que había resultado ser componente indispensable del éxito. Partido a partido. No había vida más allá del mañana. No había objetivos más allá de la siguiente alineación. Pero eso se ha roto precisamente hoy y esa, para mí, es la peor de las noticias. Por encima del 0-3 y el alejamiento de las posiciones de cabeza. Hoy se ha roto uno de los pilares de nuestra forma de entender el fútbol y sí, podría quedarse en anécdota, pero también podría hacernos pensar en que todo lo anterior era mentira. Mal asunto. Nunca, y aquí está escrito, he visto al Atlético de Madrid como candidato al título de liga. Por razones obvias además. Creo que tenemos una plantilla de 10 jugadores de elite, 3 o 4 que pueden apuntalar el equipo en un momento dado y nada más. Suficiente para disputar un torneo corto, insuficiente para disputarle una liga a equipos que manejan diez veces más presupuesto que tú. Pero eso no tiene nada que ver. Se puede perder y eso entra dentro de lo normal pero la derrota de Osasuna es un torpedo en la línea de flotación. Cuestionar a los padres fundadores. Dudar de las premisas.

Simeone es humano y por ende también se puede equivocar. Hoy se ha equivocado. Espero que lo reconozca, aunque sea a puerta cerrada, y que aprenda de ello. La alineación (y por tanto la forma de jugar) con la que se salta al Sadar es una alineación pensada para el domingo que viene o para el partido de unos día después frente al AC Milan, pero no no es una alineación pensada para derrotar a Osasuna. Demasiadas piezas vitales fuera del campo. Mario Suarez sigue perdido en el campo con un nivel de imprecisiones y desequilibrios que ahora mismo es lo que más me preocupa de cara al futuro (básicamente porque Tiago no está). Villa sigue siendo el Villa de la temporada. Inexistente, inofensivo e inédito. Y lo de Adrián no tiene nombre. Lejos de ser un jugador con pocos recursos ahora mismo y nulo aporte, el problema es que sus desequilibrios los nota demasiado el equipo. No transmite nada positivo y tengo la sensación de que contagia al resto su permanente melancolía. Con ese guión Gabi tiene que justificar a Mario, Costa tiene que justificar a Villa y todos tienen que justificar a Adrián. Demasiado desequilibrio. Diego se perdía también en algún lugar del centro del campo pensando en lo difícil y olvidando lo fácil. Sé que le caerán palos también al brasileño, pero para mí su problema va ligado al del equipo y no al revés. Si a eso le unen una mentalidad débil y un nivel de intensidad discreto, tendrán lo que hoy ha saltado al campo para enfrentarse contra Osasuna. Los navarros, por el contrario, lo hicieron muy bien. Juntos, compactos, intensos y con la sensación (que en ningún momento dio el Atleti) de haber estudiado a su rival. Tras un breve espejismo de los colchoneros (hoy de amarillo) los navarros se hicieron en seguida con el balón y con el partido. Mucho más rápidos y metidos en el encuentro metían al equipo del Cholo en su campo haciéndoles parecer perdidos. Los rojillos llegaban antes, daban antes, corrían más, peleaban más y jugaban más. El nivel de imprecisiones en las filas madrileñas eran ya, pasados cinco minutos, muy elevadas. 

Enseguida llegó el primero. Córner sacado con habilidad por Osasuna que, jugando primero en corto, provoca que el Atleti se marche en bloque al primer palo para que el lateral navarro, Cejudo, entre completamente solo por el segundo para batir a Courtois. Falta de intensidad en la defensa que deja a un jugador rival sin nadie cerca. Creo que el error es básicamente de Villa. Pero el Atleti no reaccionó. Lento, espeso, dormido... como ido del partido. Mario llegaba tarde a todo y era incapaz de triangular un balón. Villa y Costa partían al equipo quedándose arriba. Diego se veía solo y se liaba en guerras de guerrilla. Adrián seguía pensando que estaba en la grada y es su ensoñación se olvidaba de presionar, dejando todos los huecos posibles. Quince minutos después el equipo sigue desequilibrado y sin ideas así que una pésima salida de balón de Gabi provoca el robó cerca del área de Armenteros que empala un gran balón que toca el poste y se mete en la portería de Courtois. 2-o. Se avecinaba la tormenta, básicamente porque seguíamos sin noticias de los madrileños. Diego Costa era el único que tiraba de escudo y quizá un desacertado Diego al que no le salía nada. Cerca del descanso llegó la puntilla final. La presión inexistente de Adrián en banda provoca un centro al área que ninguno de los centrales (ni por su puesto Mario) son capaces de reducir y que engancha Roberto Torres para hacer el tercero.

La segunda parte fue un trámite. Un periodo de tiempo aburrido e inútil que cualquiera de los protagonistas hubiese aceptado no disputar. Simeone cambió algunas fichas y sí, el Atleti empezó a parecerse al Atleti, pero ya era demasiado tarde. El partido había terminado mucho antes. Osasuna se limitó a jugar ordenado y dejar que los rojiblancos poco a poco se ahogasen en su propia desesperanza.


Tres puntos que se van y con ellos la cabeza de la liga. Ese sueño que siempre lo fue y que poco a poco aparece cada vez más etéreo. Personalmente no me preocupa descolgarnos de los primeros puestos porque, como ya he dicho, es algo a lo que estaba preparado. Ya estamos muy por encima de lo que esperaba, así que eso engrandece todavía más el mérito de Simeone. Pero lo que sí me preocupa, y mucho, es la perdida de identidad. Dudar del discurso. Renegar la esencia. Renunciar a las premisas. Por ahí sí que no. Yo prefiero volver al partido a partido.   

De vuelta en Europa

AC Milan 0 - At. Madrid 1

La Champions League es la mejor competición de clubes del mundo. Escuchamos tanto hablar de ella, muchas veces de forma despectiva respecto a sus participantes, casi siempre en sitios de muy baja catadura, que a veces perdemos la perspectiva. Pero es exactamente así. Aquí están los 16 mejores equipos de Europa ahora mismo. Durante muchos años, casi todos para ser honestos, los colchoneros hemos tenido que ver el torneo desde la calidez de los hogares y la tranquilidad del que no se juega nada. Escondidos en la mediocridad. Con la dolorosa sensación de ser terreno destinado a otro tipo de equipos. Equipos como creemos que es el nuestro, pero equipos entre los que el nuestro no estaba. Es así. Pero fue incluso mucho peor el par de ocasiones en las que técnicamente jugamos la competición, porque lo hicimos con la misma actitud ausente, mediocre y vulgar. Con complejo de inferioridad. Cambiando el respeto por el miedo. Con el freno puesto en la pierna y la etiqueta de que aquella no era nuestra competición colgada del corazón. Lamentable. Bochornoso. Humillante. Uno recuerda aquellos momento y la ansiedad fluye por todos los orificios. Por eso tiene tanto valor lo que ha ocurrido esta noche en San Siro. Pedir el balón a toda velocidad para sacar un fuera de banda faltando veinte minutos para el final del partido y con cero a cero en el marcador. Competir de tú a tú frente a un club histórico que apelotona Copas de Europa en sus vitrinas y ganarle en un terreno de juego histórico, siendo además mejor, es una gran noticia para el Club Atlético de Madrid. Un Club Atlético de Madrid que está de vuelta en Europa.

El partido comenzó francamente bien para los colchoneros. Bien plantados, dominadores, con intensidad y dueños del balón. A los pocos segundos ya estaban pisando el área italiana con un Arda Turan con esa chispa, conocida y fascinante, que desgraciadamente fue perdiendo según avanzaba el encuentro. Así siguieron los primeros diez minutos. Jugando en campo contrario y mandando en todas las fases. Pero fue un espejismo. Como afectados por el imponente escenario (lo que para mí fue la nota más negativa del encuentro) y la imprecisión del juego en el medio campo (Mario sigue bajo de forma), el equipo empezó a desequilibrarse. Los dos de arriba se quedaban muy descolgados en la presión y los mediocentros eran incapaces, tanto de frenar al equipo contrario en defensa, como de equilibrar el equipo propio o realizar alguna transición decente en ataque. El medio campo poco a poco era propiedad del equipo de Seedorf y la banda izquierda del Atleti, supuestamente protegida por Insúa, era una especie de coladero. Llegó entonces un gran disparo de Kaká con la izquierda que se escapó por los pelos de la portería. Y el el Atleti acusó el efecto echándose más atrás. De forma excesiva y peligrosa. El Milan, aupado en el fenomenal ambiente del estadio, se venía arriba y aparecía el mejor Balotelli. Un jugador portentoso, con un potencial exagerado en los pies y una cabeza desestructurada. Pero hoy estuvo bien, sobre todo en la primera parte. Protegiendo el balón, ganando a los centrales, desequilibrando y con ese punto de genialidad capaz de romper los partidos. Llegaron dos jugadas claras de los milanistas, un nuevo disparo de Kaká tras taconazo de SuperMario y otra, la mejor, un remate de cabeza de Poli que Courtois, otra vez, sacó de forma milagrosa. Lo del portero belga ya es recurrente. Crack absoluto. El Atleti, que había desaparecido y que no recordaba al equipo que estamos acostumbrados a ver, seguía sin embargo vivo, y fue capaz de recomponerse en los últimos minutos de la primera parte en los que sin hacer nada verdaderamente relevante, al menos consiguieron equilibrar las fuerzas y llevar al Milan lejos de la portería.

La segunda parte fue otra cosa. Simeone no cambió ninguna ficha en la alineación pero sí en el esquema táctico. Colocó a Raúl García, que había jugado de segundo delantero, en una banda y dejo a Turan de enganche, consiguiendo un centro del campo con cinco jugadores que, ahora sí, consiguió ganar la partida a su rival. El dominio del juego y el tempo del partido pasó a manos del equipo madrileño, las ocasiones del Milan cesaron y empezaron a llegar acercamientos de los rojiblancos. Una chilena de Costa y algunas arrancadas en vertical, varios remates sin fortuna de Raúl García,... El Atleti empezaba a sentirse más cómodo mientras el equipo Del Diablo empezaba a acusar el esfuerzo físico. Simeone movía el banquillo metiendo a Cebolla y Adrián (dos cambios sorprendentes y que no entiendo) consciente de que estaban mejor. A diferencia de lo que hubiese ocurrido con Manzano o Aguirre, los jugadores querían jugar y ganar, así que no perdían tiempo. Jugaban. Sí, era San Siro. Sí, un empate no era tan mal resultado, pero marcar fuera de casa es fundamental en este tipo de competiciones para pasar de ronda. Y llegó el gol. Córner desde la derecha que es tocado en el primer palo para caer muy bombeado al segundo. Costa y Miranda aparecían por allí libres de marca y aunque el central lo hacía de cara, fue Costa quién con un giro de cuello espectacular imprimió una fuerza brutal al balón para llevarlo hasta la red. 0-1. Gabi pudo dejar la eliminatoria lista para sentencia cuando en el último minuto lanzó una falta al borde del área, pero no fue así. No había tiempo para más.


El 0-1 uno deja la eliminatoria abierta pero es un excelente resultado. Nos queda también la sensación del trabajo bien hecho y de que vienen quince días de relativa tranquilidad para centrarse en la liga mientras nos visita el Milan en el Calderón. Con todo lo anterior, lo más emocionante para mí es ver al Club Atlético de Madrid volver a competir en todos los terrenos. En un campo de segunda B o en San Siro. Efectivamente, el Atleti está de vuelta en Europa.  

Evidencias y bailes regionales

At. Madrid 0 - R. Madrid 2

Cuando hace un semana el señor que iba vestido de colegiado pitó en final del partido con un reluciente 3-0 en el marcador para delicia de periodistas, empresarios y todas esas personas que glosan las estadísticas fundamentales de este país, servidor, que no pertenece a ninguna de las categorías anteriores, olvidó por completo el Campeonato de España (Copa del Rey) de la temporada 2013-2014. Ipso facto. Sin posibilidad de recuperación. Pasaba a ser un torneo, como el resto de torneos futbolísticos en los que está Barça o Madrid pero  no está el Atleti, que no me merece el menor interés. Por razones obvias, además. Pero el rodillo mediático compuesto por horas y horas de televisión, de radio, millones de megas en internet y toneladas de ese papel que se estropea para describir estupideces, siempre alrededor del Real Madrid, necesitaba que la llama no se apagase. Que siguiese viva hasta el siguiente partido del siglo para que su producción diaria de alfalfa no se viese mermada. Pero un servidor hace lustros que no comulga con todo ese mundo imaginario. Me da absolutamente igual lo que digan. Sus cuitas y demonios. La eliminatoria estaba resuelta y el Real Madrid había sido mejor. Lo sabíamos todos. Desde Simeone a los periodistas. Desde el colegio de árbitros (que por fin podían relajarse) hasta ese ser divino con poderes de protagonista de cómic de la DC llamado Florentino Pérez. Desde el Mono Burgos hasta el que esto escribe.

Lo siento por todos aquellos colchoneros que cayeron burdamente en la trampa de la remontada y ese pastiche prefabricado por el mercado sobre leyendas y momentos espectaculares. Era todo mentira. Más falso que una tertulia de TikiTaka o una columna de Manolete. Y no seré yo quien reniegue del romanticismo en el fútbol o de las empresas imposibles, Dios me libre, pero hay cosas que se caen sobre su propio peso. Esta era una de ellas. Meterle cuatro goles al Madrid sin que además el rival marque es una empresa imposible para casi cualquier equipo del mundo. Mucho más para un equipo con la décima parte de presupuesto como el Atlético de Madrid, incluso en su mejor momento. Mucho más para el Atlético de Madrid sin estar en su mejor momento. Y mucho más para el Atlético de Madrid jugando con los reservas. Decía ya en la previa que si de mí dependiese no hubiese gastado una sola partícula de energía en el partido de vuelta de la copa y muchos colchoneros, por los que siento admiración, no lo entendieron. Apelaban a la épica y al socorrido “dejarse los huevos en el campo”. Lo entiendo, pero a mí no me salía. Me parecía un esfuerzo vano y artificial que podría traer muchas desventajas y ningún beneficio. Me temo que a Simeone, que ya hizo algo parecido el año pasado en la Europa League, le pasaba lo mismo. Y fíjate, mientras lo del año pasado no lo entendí, lo este año lo entiendo perfectamente.

Cuando camino del Calderón vi la alineación que saltaba al césped, me quede más tranquilo. Las posibilidades de pasarlo mal en el campo, por estar a punto de conseguir lo imposible, se reducían con  cada nombre: Aranzubía, Insúa, Cebolla, Sosa, Raúl García,… Pero es que cuando el balón echó a rodar se disiparon por completo. El Madrid, dispuesto a no sufrir, se colocó bien en el campo y se puso a marear el balón mientras el Atleti se estrechaba cerca de su área corriendo detrás de la pelota sin demasiada fe. Tardando mucho en robar el balón (por falta de intensidad y por mala colocación) pero haciendo el ridículo cada vez que ocurría. Y es que meter tres goles sin delanteros es francamente complicado. Porque Raúl García es rematador (y poco más) pero no es delantero. Ni tiene movimientos, ni tiene picardía, ni tiene velocidad. Si encima el balón se lo tiene que dar Cebolla o Sosa (cada día más indolente y menos jugador) la misión se antoja imposible. Diego como si no hubiese salido. A los pocos minutos Mario Suárez, un jugador muy interesante cuando está en forma pero muy peligroso cuando no lo está (y no suele estarlo), perdió el balón de forma infantil en la zona crítica lo que provoca que Cristiano Ronaldo coja el balón en su lugar favorito y en las mejores condiciones posibles. El pobre Manquillo, que todo lo que tiene de superlativo en ataque lo tiene de déficit en defensa, intentó parar al portugués corriendo como el mercancías, con tan poco tino, que arroyó al morador de la galaxia por el camino. Él propio astro de todos los astros convirtió el 0-1, deleitándonos posteriormente con una de esas celebraciones tan plásticas y que tan bien concuerdan con el señorío de la institución a la que representa. Minutos después, con un lanzamiento al palo de Raúl García entre medias en el único lance decente del equipo en toda la primera parte, el encargado de hacer una demostración de cómo no se defiende fue el otro lateral, Insúa, que decidió zancadillear a Bale y sus millones, cometiendo otro penalti igual de claro y absurdo que el anterior. El astro de todos los astros volvió a marcar y a ofrecernos al planeta tierra otro de sus bailes regionales. 0-2. No habían pasado ni quince minutos.

El roto podría haber sido de escándalo pero el Real Madrid decidió tirar de pragmatismo, no entrar en guerrillas, bajar el ritmo y dejar correr el tiempo. Yo, sinceramente, lo agradecí desde la grada. El Atleti aparecía inofensivo e incapaz ni siquiera de conseguir tirar a puerta. La segunda parte tuvo otro color, con un Atleti con algo más de mordiente y mucho más incisivo pero tampoco consiguió despeinar a los de blanco, que se dedicaban simplemente a pasarse el balón en zonas libres de peligro. Hubo alguna llegada (especialmente destacable la mano que Casillas saca para sacar un tiro de Sosa en lo que fue la mejor jugada del partido) pero todo cae fundamentalmente en la zona de la anécdota.

No quiero acabar esta crónica con un sentimiento pesimista. No lo tengo. Igual que hace dos meses, sigo pensando que es un puto milagro que el Atleti esté donde está. Compitiendo en la élite, tocando las narices a los que antes ni nos dirigían la mirada y llamando a puertas que normalmente veíamos por televisión. Nos elimina el Real Madrid en semifinales y no el Albacete en primera ronda. No perdamos la perspectiva. No caigamos en la trampa del rodillo mediático y apliquemos a los de Simeone las reglas que se utilizan para equipos, como el Real Madrid, que con lo que han costado dos de los jugadores que normalmente están en su banquillo se puede arreglar el presupuesto anual del Atleti. Seamos honestos a diferencia de “nuestros” periodistas. Seamos humildes a diferencia de nuestros rivales. Miremos adelante y por supuesto, nunca dejemos de soñar, porque no tenemos razones para dejar de hacerlo.





PD. El lanzamiento del puñetero mechero es lamentable. Cualquier multa o sanción que le apliquen al autor de esa cobardía me parecerá poca. Cualquier intento de asociación de ese hecho concreto con la afición del Atlético de Madrid me parecerá torticero y repugnante.

Mirando al dedo


“Cuando el sabio señala al sol el tonto mira al dedo” (proverbio Chino)

No pienso hablar de fútbol. Me parece irrelevante. Secundario. Todo lo que pasó en Almería está tamizado por un filtro que lo hace no ser un partido de fútbol al uso. Está distorsionado. Es irreal. Mentira. No vale. No podemos juzgar los comportamientos poco elegantes de una persona que vive bajo el régimen de la esclavitud. Sería juzgar la mala educación de alguien que está recibiendo una buena somanta de latigazos. Las leyes de la física no aplican en una película de ciencia ficción precisamente por eso, porque es ciencia ficción. Podemos caer en el engaño de entrar a valorar la actitud de Costa (que es lamentable) o a desmenuzar los problemas de fútbol del Atleti (que los tiene, no lo discuto) pero sería caer en la trampa que con genuina diligencia nos ha plantado el rodillo mediático. Un grupo indefinido de personas que vive (algunos muy bien) de esa gran mentira que se han inventado en torno al fútbol. No es una cuestión de filias o fobias deportivas (aunque luego hay anormales que rebuznan con total impunidad, abrazados a su bufanda, creyéndose su papel a pie juntillas) sino de algo mucho menos prosaico: dinero. La Liga de Las Estrellas. El producto que hay que vender, dentro y fuera de las fronteras, a los comedores de alfalfa.

No me malinterpreten. No estoy hablando de errores arbitrales. De hecho yo no vi el sábado ningún error arbitral.

Y no creo en las casualidades tampoco.


Así que si quieren hablar de fútbol, si quieren subirse al carro y deambular por la carretera que han asfaltado los medios de comunicación describiendo cómo el Atleti pierde gas y no juega ni a la taba pongan Radio Marca, la SER, Onda Cero, la COPE, escuche cualquier boletín de noticias en cualquier sitio, vea TVE, Antena 3, a los cómicos soeces de Cuatro, los patéticos graciosetes de La Sexta o compren AS y MARCA, a ser posible con el forro polar firmado por Jesé o el cuaderno para colorear con purpurina los mejores peinados de Cristiano Ronaldo. Les auguro grandes momentos de entretenimiento y satisfacción. Acuérdense, eso sí, de desactivar el cerebro (si es que todavía estaba activado). Lo disfrutarán todavía más.

Yo paso.

Almería 2 - At. Madrid 0


Control de Calidad

Real Madrid 3 - At. Madrid 0

Cuando después de la segunda guerra mundial japoneses y estadounidenses idearon las reglas de los sistema de calidad y de lo que después se denominaría Calidad Total, lo hicieron reparando en cosas en las que anteriormente nadie había reparado. Por ejemplo no solamente se limitaron a procedimentar los procesos repitiendo mecanismos seguros, como forma de evitar errores, sino que enfocaron sus esfuerzos a prevenir actividades erróneas en lugar de a corregirlas. Pero también aplicaron métodos estadísticos para analizar los sistemas y concluyeron que aun reduciendo los motivos de error, ajustando los procedimientos y aplicando todos los mecanismos posibles, estadísticamente el error aparece periódicamente. El reto estaba por tanto en ampliar lo más posible la frecuencia de ese error. El Club Atlético de Madrid es una maquina que funciona como un reloj. Lo digo yo y lo dice la prensa internacional. Es evidente, además. Sabe a lo que juega, tiene los movimientos automatizados conoce sus armas, reduce sus defectos y es generoso en la disciplina. Pero también es víctima de los rigores de la estadística, especialmente teniendo en cuenta que es una máquina compuesta por seres humanos, por lo que periódicamente tiene que fallar. Tenía que fallar. El problema es que lo ha hecho hoy, en el peor momento y el peor escenario posibles.

Como ustedes comprenderán fácilmente, no tengo el ánimo como para darme a la lírica recreándome con gracia en lo que ha sido el partido de hoy, pero es que sinceramente tampoco creo que merezca demasiado la pena. Objetivamente ha sido un partido horrible, trabado y feo, en el que apenas ha existido fútbol. Pero es verdad que otras veces, cuando hemos ganado, eso no nos ha importado. Podemos también ponernos a buscar errores tácticos, buscar culpables o analizar las causas de la debacle que ha sufrido el equipo de Simeone pero yo lo veo más como un colapso general, un fallo en cadena, que como otra cosa. El partido en teoría comenzó como se esperaba, con el Madrid teniendo el balón y el Atleti compacto esperando fuera de su área. De hecho la cosa pintaba mejor, con esa línea de tres cuartos, con Turan y Diego, que a priori prometía mejor trato del balón que otras veces. Tuvimos incluso un atisbo de ilusión durante los primeros diez minutos en los que el Madrid dominaba pero el Atleti salía con criterio de su campo. Nada. Un espejismo. Enseguida el Madrid se quedó con el balón y el Atleti, sin defender bien, robaba el esférico muy atrás (cuando lo robaba), rifándolo después en seguida. Los cuatro de arriba estaban inéditos mientras Koke y Gabi no acertaban a controlar el centro del campo. En un partido muy trabado, el Real Madrid puso más intensidad que su rival y ahí empezó a ganarlo. Algo verdaderamente insólito. Es probablemente la primera vez que un equipo le gana claramente el partido en intensidad al Atleti en la era Simeone, pero hoy ha ocurrido. Preocupante. El Atleti no era capaz de sacar el balón, perdía todos los rechaces y llegaba tarde a todos los balones divididos. Sin embargo el Atleti ha pasado por episodios parecidos en momentos puntuales de otros partidos sin que ocurriese nada. La diferencia, lo que no apareció en esos momentos puntuales otras veces y hoy sí, es un elemento novedoso: la mala suerte. Y mala suerte fue por ejemplo el primer gol. Un disparó de esa desgracia para el fútbol llamada Pepe que rebota en la pierna de Insúa para despistar a Courtois y meterse en la portería.

El 1-o hizo que el Madrid creciese en confianza mientras el Atleti se escondía poco a poco, deshaciéndose por momentos. Realmente no hubo más ocasiones hasta el final de la primera parte pero la iniciativa fue siempre del Madrid. El Atleti se limitaba a arrastrarse por el césped sin dar la sensación de poder reaccionar. La afición colchonera confiaba que el descanso surtiese efecto en las tropas rojiblancas pero nada más lejos de la realidad. Diego dejaba su lugar al Cebolla, pero el uruguayo volvió a demostrar que ni es ni va a ser nunca titular en este equipo. Su impetu inicial se perdió según avanzaba el partido hasta desaparecer. Como siempre. Su aportación, como casi siempre también, fue nula. Sin Diego y con Raúl García haciendo de Raúl García (intrascendente en todo lo que no sea rematar a puerta) la única esperanza estaba en Arda, que lo intentaba en solitario pero que lógicamente era incapaz. El Madrid seguía con la misma intensidad y el mismo guión que en la primera parte y a base de tocar y jugar cerca del área Atlética (y gracias a la inexistente presión colchonera) consiguieron hacer la mejor jugada del partido, que además supuso el segundo gol. Gran pase de Di Maria a la espalda de los centrales que es aprovechada por Jesé, el nuevo mejor jugador de toda la Vía Láctea para la prensa objetiva, esa que es capaz de pedir la extradición y el garrote vil para cualquier indocumentado que se atreva a expulsar a Cristiano Ronaldo, batiese a un Courtois que tampoco estuvo demasiado acertado.

El gol terminó de hundir a un Atleti desconocido y perezoso que empezó a mostrar carencias, deficiencias y errores que hacía más de un año que no aparecían. ¿Fruto de la desesperación? Espero que sea eso. Ese momento oscuro que estadísticamente tiene que aparecer en algún momento y que apareció hoy. Entró Adrián en el campo pero su concurso lejos de pasar inadvertido, que hubiese sido lo mejor, resultó vital cuando cumplida casi la media hora de la segunda parte decidió perder un balón absurdo en zona de peligro que aprovechó Di Maria para encarar a Courtois y tirar a puerta. Con tan mala suerte (otra vez) para los de Simeone que el balón pegó en el pie de Godin para meterse de nuevo en la red. 3-o. Demasiado castigo para lo visto en el campo, quizá, pero eso es algo irrelevante. La eliminatoria estaba ya perdida. El último cuarto de hora fue un suplicio. Una pesadilla. El horror.


Es cierto que el Real Madrid llega 3 veces a puerta y mete tres goles. Es cierto que el Real Madrid tiene mucha suerte en dos de sus tres goles y que el Atleti la tiene muy mala cuando Turan remata a las manos de Casillas en la primera parte y sobre todo cuando Modric saca un balón a Godin en la línea de gol en un remate de cabeza de la segunda parte, pero la realidad es que el Real Madrid fue siempre mejor. Ganó en intensidad y siempre quiso ganar el partido. Algo que no se puede decir de su rival. No hay más. El Atleti nunca apareció. Fue probablemente el peor partido de Simeone desde que gracias a Dios está en ese banquillo y pagamos las consecuencias. Olvidémonos de las Copa del Rey. Empecemos a pensar en las otras dos competiciones. 

Va por usted.

At. Madrid 4 - Real Sociedad 0

Hace unos días, con toda la solemnidad de algo importante, me preguntaban por un jugador del Atlético de Madrid que, en mi opinión, representase lo que es el Atleti. En ese momento, en menos de un segundo, se me pasaron por la mente los cientos de jugadores que he visto con la elástica rojiblanca pero por alguna razón elegí instintivamente a uno al que nunca he visto jugar: Luis Aragonés. Lo dije porque así lo sentía y porque así lo siento. Porque muchas veces en mi vida me he sentido orgulloso de que esa persona fuese del mismo equipo que yo, y eso no es algo que me pase tan a menudo. Entendía como mía, como nuestra, su forma de entender el fútbol. La fidelidad, el juego, los jugadores, el orgullo, la pasión, la gloria, el desaliento, la disciplina. La Biblia de Luis era nuestra Biblia. Es nuestra Biblia. Y sí, sé que Luis no era perfecto pero es que nadie lo es. Los que somos de este equipo, lo somos entre otras cosas porque sabemos que la vida es así, imperfecta. Y nos gusta. Con subidas y bajadas, con momentos arriba y momentos abajo. Los que somos del Atleti huimos de la mediocridad y los tonos seguros pero grises de los aburridos. Luis no era así y nosotros tampoco. Los que somos del Atleti no nos sentimos cómodos con esas fotos satinadas de gente bañada en gomina, de premios pluscuamperfectos y promesas de felicidad constante e infinita. Pensamos que tienen trampa. No nos lo creemos. Luis tampoco. Ayer Don Luis Aragonés nos dejó solos en este mundo pero somos muchos los que hemos entendido su legado. El primero de ellos, nuestro equipo actual que como mejor homenaje a nuestro ídolo ha escalado hasta lo más alto de la clasificación para despedir al más grande. Transformando en fútbol sus palabras: y ganar y ganar y ganar y volver a ganar.

No creo que me salga urticaria por decir que, por una vez, me parece que el club ha estado a la altura de las circunstancias. Lo estuvo ayer cuando rápidamente movilizó su web y las redes sociales para liderar las riendas del pequeño tributo a nuestro querido 8 y lo ha estado hoy con ese homenaje que le ha brindado en el Calderón. Un homenaje sencillo, que lejos de ser rimbombante o estrambótico ha resultado entrañable, creíble y emocionante. Un breve video por los videomarcadores anticipaba la salida de un puñado de ilustres colchoneros de todos los tiempos que llevaban en sus manos una inmensa camiseta rojiblanca con el número 8. El estadio era ya un clamor y se desgañitaba gritando el nombre de Luis Aragonés. Pero me ha emocionado todavía más otro detalle, seguramente improvisado, que se ha producido durante el minuto de silencio. En ese momento el capitán del Atleti, Gabi, se ha llevado al equipo hacía el lugar en el que estaban los veteranos para abrazarse a ellos en esos segundos. Mi piel de gallina era la piel de gallina del resto de personas que tuvimos la suerte de estar en las gradas, viendo a varias generaciones distintas de colchoneros que despedían juntos y abrazados a un ícono de su equipo. De nuestro equipo. La Real Sociedad, por cierto, no llevaba brazalete negro. Supongo que no tenían nada por lo que rendir homenaje. En fin,...prefiero ahorrarme los comentarios.

Luis no era muy amigo de celebraciones y fiestas pre-partido. Yo tampoco, la verdad, aunque lo de hoy era inevitable. Pero según empezó a rodar el esférico, el runrún se apoderó de la grada, rememorando otras ocasiones parecidas, de inicio festivo y final trágico. El inicio del encuentro además no ayudó mucho a quitarse el fantasma de encima cuando vimos un Atleti parado y espeso enfrente de una Real Sociedad muy bien plantada y sin ganas de arriesgar un ápice. Como una tregua pactada sin pactar, los equipos no hicieron nada (con permiso de una peligrosa diagonal de Diego Costa que paró el cancerbero txuri urdin) hasta que en el minuto 8 el estadio abandonó el silencio inicial y empezó a cantar a coro el nombre del verdadero protagonista de la noche. A partir de ahí, tras unos minutos de incertidumbre en los que los gipuzcoanos metieron a los de Simeone en su área, el Atleti tomó por fin el balón y se hizo dueño del partido. Y empezó a moverlo con criterio con un Mario renacido (buenos minutos iniciales tras su lesión) y un Koke hiperactivo que sin embargo no estaba tan acertado como otras veces. Arriba Diego Costa se peleaba (ganando) con todos mientras Villa parecía con más chispa que otras veces. Volvió a gustarme mucho, otra vez, el bueno de Insúa que sin limitar su labor defensiva estuvo bastante acertado también en ataque. Al que sigo sin ver es al principito Sosa. Creo que necesita hacer bastante más para ser titular en este equipo. El Atleti fue claro dominador de la primera parte pero hasta casi el minuto 40 no llegó el primer gol y lo hizo gracias a una acción de coraje de Insúa que roba muy arriba, abre el balón a Diego Costa y  éste cruza el balón al centro de la portería donde estaba el guaje Villa para marcar. Un guaje, que había mostrado ya antes su adoración por Luis, y que decidió dedicarle el gol en una emotiva celebración que todos sentimos como nuestra. Una pena que se lesionase poco después porque llevaba un par de partidos cogiendo buen tono.

La segunda parte comenzó con una cara bien distinta. La Real dio una paso adelante, Carlos Vela decidió tomar el mando del ataque guipuzcoano desde la izquierda y el Atleti, incomprensiblemente, reculó. Mientras los donostiarras se quedaban con el balón e imponían su juego con bastante criterio, el Atleti juntaba demasiado sus dos línea defensivas y dejaba muy separada la línea de arriba. El partido se puso feo para los locales así que Simeone echó una mirada al banquillo y por allí vio a Diego. El brasileño había llegado ayer a Madrid y sin entrenar una sola vez entró en la convocatoria. Su salida al campo tuvo sin embargo el efecto de una sustancia estupefaciente prohibida. El equipo parecía otro y Diego parecía llevar toda la vida entre sus compañeros. Una prueba más de que esa cantinela del periodo de adaptación es algo que no aplica a los buenos. Este Atleti es mucho Atleti y sin que antes sufriese verdaderas ocasiones en contra, la nueva versión del equipo era otra cosa y ya en el primer zarpazo que dio metió el segundo. Error de Vela (creo) en banda izquierda que aprovecha Raúl García para meter un gran pase a la espalda de la defensa rival. Diego Costa recoge el balón con velocidad para encarar la portería y marcar su vigésimo gol en liga. Una barbaridad lo del hispano-brasileño. No me canso de decirlo.

A partir de ahí lo que vimos fue un recital del equipo de Simeone dirigido y orquestado por un Diego que promete buenas dosis de fútbol. Que era exactamente el tipo de jugador que necesitábamos es tan evidente que duele, pero mejor no echemos la vista atrás. El tercero de la noche cayó tras un córner (¡qué sorpresa!) en el que Miranda entra como un toro para incrustar el balón en la red. El cuarto llegó de los pies de Diego que si ya llevaba minutos rondando el gol esperó a un pase del Cebolla desde la izquierda para debutar de la mejor forma posible en su segunda llegada a la orilla del Manzanares.


3 nuevos puntos obtenidos en el inexpugnable Vicente Calderón que, ahora sí, deja al Atlético de Madrid en lo más alto de la tabla y además en solitario. No ocurría desde 1996, el día que el Atleti se proclamaba campeón de liga, pero no podía haber llegado en un día más señalado. Hasta siempre Luis. Va por usted. 

Adiós Luis

Acabo de enterarme de la triste noticia del fallecimiento de Luis Aragonés, Don Luis Aragonés, y sinceramente hoy no tengo el cuerpo como para escribir del tema. Me duele mi corazón colchonero. Hace pocos días me preguntaban el nombre de un jugador que en mi opinión representase lo que es el Club Atlético de Madrid y en menos de un nanosegundo contesté, sin dudarlo, Luis Aragonés. Luis hizo mucho por este equipo, indiscutiblemente, pero para mí su figura trasciende sus logros. No es que fuese del Atleti. Era el Atleti. 

Como inútil homenaje a su persona y a su figura quiero volver a rescatar un texto que escribí hace años cuando la selección conquistó la Eurocopa con él al frente. Aquel día me sentí más de Luis Aragonés que nunca Creo que sigue vigente. 

Adiós. 

Hasta siempre. 

Descanse en Paz.




“Cadena perpetua es una película magnífica. Una de mis preferidas. Sin embargo lo que más recuerdo de ella no es el excelente guión, ni la interpretación de Tim Robbins ni nada que destaque las suculentas virtudes cinematográficas de la cinta. Lo que más recuerdo es lo bien que queda reflejada la inmensa alegría que se debe sentir después de cobrarte una venganza contra alguien o algo que te ha hecho soportar una penitencia injusta. La imagen de un Tim Robbins blanco y radiante dirigiéndose hacia las calles de su pueblo mexicano soñado de nombre impronunciable (Zihuatanejo) refleja perfectamente el sabor de la venganza más inteligente y elegante. Esa es la imagen que me vino ayer por la noche pero el protagonista no era un Tim Robbins peinado y vestido de blanco sino un Luis Aragonés con aspecto desaliñado (como siempre), mirada perdida (como siempre) y cara de pocos amigos (como siempre). Y es que la selección española con menos jugadores “colchoneros” de las últimas décadas (concretamente ninguno) se acaba de proclamar campeona de Europa y de hacerlo de la forma más brillante que yo recuerde desde que con seis años inicié el visionado sucesivo de mundiales y eurocopas. Sin embargo, por esas ironías que tiene la vida, esta selección sin jugadores que defiendan los colores de atleti tenía evidentes tintes rojiblancos. El autor del gol de la final fue el último ídolo (ficticio o no) de nuestra “bendita” afición mientras que el cerebro, estratega y verdadero artífice de ese cuento de dibujos animados que es hoy la selección española, es un colchonero de pro que nos ha dado muchas y buenas alegrías pero al que los actuales usurpadores del escudo colchonero le dan sistemáticamente la espalda mientras abrazan opciones más fáciles, más toscas y más torpes. Triste paradoja la que tenemos que sufrir los atléticos del corazón viendo como la gloria del mayor hito en la historia del fútbol español la encabezan dos exiliados rojiblancos. 

El caso de Luis Aragonés es distinto. Luis ha pasado muchas veces por el atlético de Madrid primero como jugador y luego como entrenador dándonos ligas, copas y algo que mucha gente olvida como la posibilidad de volver a jugar en primera división después de dos años en el “infierno” de segunda (no sé lo que hubiese ocurrido sin Luis). Ha tenido muchas rarezas porque, reconozcámoslo, es un tipo raro, pero nunca ha dado muestras de falta de personalidad y eso precisamente fue lo que le llevó a enfrentarse con la actual directiva y ser apartado del universo colchonero moderno, ese que nada tiene que ver con el Atlético de Madrid histórico del que estúpidos como yo nos enamoramos. Yo fui de los que me enfadé cuando Luis Aragonés salió de mala manera de mi equipo (porque siempre he sentido debilidad por este tipo) pero ahora casi me alegra ver que su reforzada imagen nada tiene que ver con el bochornoso sucedáneo de Atlético de Madrid que tenemos la desgracia de sufrir. Luis Aragonés ha dado no una sino varias lecciones a tanto y tanto chupatintas advenedizo y tanto y tanto borrego confundido que abraza como suya la idea esperpéntica de que la mejor forma de triunfar en el fútbol es despreciarlo. En esta confusa época que vivimos de chikilicuatres y “miembras” ser fiel a una idea y morir con ella no se lleva. Se lleva la ambigüedad, nadar entre varias aguas y sobre todo no definirse. Luis dijo antes de la Eurocopa que probablemente no fuesen el mejor equipo pero que él iba para ganar el título y que creía que lo ganaría. 

Luis Aragonés es un anacronismo en esta sociedad de mediocres donde el que habla muere y el que tiene personalidad es un freak. Sometido a una brutal presión por estupideces como la de la no convocatoria de Raúl, que abanderaban, con fervor, todos y cada uno de los medios de comunicación, ha sido capaz de hacer de tripas corazón, evitar el daño a su plantilla, asumiendo en carne propia la mierda, mientras seguía hacía adelante. ¿Cuántos de todos esos mequetrefes pedirán perdón? No hacía falta ganar la final para entender las razones que inspiraban a Luis para obrar como obró, pero emociona ver el manteo de los jugadores a su entrenador o las declaraciones de los campeones dedicando la victoria a la misma persona. Algo tendrá Luis cuando todos los jugadores hablan tan bien de él. La otra lección que ha dado es la de que ser fiel a este deporte es la mejor y más bonita forma de ser grande. Independientemente del fabuloso juego que ha desplegado el equipo nacional, que eso es algo que depende también del enorme ramillete de jugadores de que dispone, el mejor acierto de Luis en este sentido es mucho más básico. Lo dijo cuando fue nombrado seleccionador y lo ha cumplido. Dijo que llevaría a los mejores y en función de quienes fueran encontraría la forma en la que pudieran jugar mejor y con personalidad propia. Señor Aragonés. Gracias por todo. Usted si es un fiel representante del Atlético de Madrid que yo entiendo y me enorgullece que aparezca en sus anuarios. Desgraciadamente no puedo decir lo mismo de los que aparecen en los últimos años. 

Como colchonero entiendo que le debemos algo. Señores directivos, traten de dejar de hacer el ridículo y si de verdad quieren a este equipo recuperen su esencia tratando mejor a las personas que lo hicieron grande y eliminando cuanto antes la mala hierba que no hace más que bulto y con la que desgraciadamente tenemos hoy que convivir.”


"Si Gattuso es una referencia, yo soy un cura"
(L. Aragonés)