Nunca se había marchado.

At. Madrid 4 - Sevilla 0

Había que ser muy torpe, muy necio o muy sucio para que los pitos al cambio de Griezmann del pasado fin de semana supusiesen un debate mediático en torno a una afición dividida por una supuesta desafección hacia Simeone. Era evidente que quién amplificaba el sonido y ponía los focos en una anécdota ínfima, repetida un millón de veces antes, no sólo no sabe lo que es estar en el Vicente Calderón (rara vez los periodistas de cabecera se digan a ensuciarse las canas acudiendo in situ a un lugar tan poco glamuroso como un estadio de fútbol) sino que es evidente que lo hacía con una oscura intención de fondo. Pero así estamos desgraciadamente en el Atlético de Madrid. Un equipo que al parecer lleva ya demasiado tiempo en ese estado mágico que le permite pasearse por las nubes y que molesta horrores al Establisment. Y bien que se encargan de dejarlo claro. Visto desde otro punto de vista, es hasta gratificante observar la cantidad de recursos que consumen en la empresa y el brutal desgaste de talento zafio que tiene que emplear esta gentuza para que las cosas vuelvan a ser “como Dios manda”. Juego feo, juego sucio, equipo violento, 100 millones gastados, pitos al entrenador, goles a balón parado,... el catálogo de sandeces es infinito. No por repugnante deja de ser bochornoso. No por innocuo (algunos hace años que estamos hasta las pelotas de un puñado de profesionales mercenarios que chapotean en las cloacas más infectas de la profesión y que no me merecen el más mínimo de los respetos) deja de ser realmente dañino (desgraciadamente no todos los aficionados al Atleti son capaces de vivir al margen de los moradores de “la fosa séptica” (*) y eso trae consecuencias). Pero todos estos soldados de la canallesca van a tener que seguir tirando de imaginación un poco más. Sacar sus mejores opciones de talento para el mal y comprar cajas de ALMAX para controlar el ardor de estómago. Simeone ha vuelto. En realidad nunca se había marchado.

El partido contra el Sevilla de Emery era de una importancia vital. Quizá no a nivel de puntos pero sí desde el punto de vista psicológico. Enemigo directo, equipo rojiblanco (aparentemente) lleno de dudas y semana complicada en el horizonte, pero el equipo colchonero saldó el envite con nota. Haciendo un gran partido, tirando de personalidad, enseñando los dientes y anulando a un rival que no fue capaz de asomar la cabeza en ningún momento. Los dos entrenadores plantearon una batalla para dominar el centro del campo pero mientras que Emery, otra vez, recurría a su miedo proverbial para colocar un nuevo central adelantado que ayudase al equipo a compactarse y parapetarse en su campo, Simeone colocaba otro medio centro dinámico (Saúl) para dominar el terreno de juego y controlar el balón. El plan salió a la perfección para el argentino, gracias sobre todo a la labor de un Saúl que volvió a realizar un gran encuentro. Muy disciplinado en la táctica y el esfuerzo para recuperar el balón, la diferencia estuvo sin embargo cuando en ataque aparecía por varias zonas del campo para combinar, ofrecer una ayuda o incluso iniciar la jugada. Es el tipo de jugador polivalente y sacrificado que gusta a Simeone así que seguro que jugará bastante. Pintaza de gran pelotero. 

El Atleti dominaba el juego y el partido. Llegaba por izquierda o derecha, con Koke, Arda y Saúl muy móviles y los estiletes de los laterales. Tanto Juanfran, en gran estado de forma, como un Ansaldi renacido que hizo un buen encuentro. El equipo ya avisó con un remate de cabeza de Gabi tras jugada a balón parado por el que seguramente irá al infierno (¡¡balón parado!!). El gol no tardaría en llegar. Jugada de coraje y calidad por parte de Saúl desde la izquierda que deja el balón en Koke encarando la portería rival. El internacional Atlético entró en el área para disparar a puerta pero topándose con la pierna de un rival que desvió el balón para llevarlo a la portería sevillista. El gol no provocó ningún cambio en ninguno de los dos equipos y las cosas siguieron prácticamente igual. Tan sólo al final de la primera parte los andaluces lograron estirarse algo, pero el espejismo quedo sepultado con el segundo gol colchonero. De nuevo a través de la herejía del balón parado y tras una jugada que de ser ensayada sería prodigiosa. Saque al lateral, Arda que deja de cabeza, Miranda que cuelga con la derecha y Saúl que remata de cabeza entrando por el segundo palo. Golazo.

La segunda parte fue más fea y se jugó menos pero no cambiaron ni los protagonistas ni el resultado. Emery quiso poner algo de fútbol con Banega y Denis Suárez (tarde, como siempre) pero no lo consiguió. Apenas ocurrió nada, de hecho, hasta la salida de Griezmann por parte del Atleti que puso velocidad y chispa. También apareció en el campo, en el tramo final, el mexicano Raúl Jiménez al que se le vio motivadísimo y con tantas ganas de agradar que sinceramente resultó entrañable. Tuvo además un papel importante en esos minutos hasta el final del partido. Primero asistiendo a Griezmann para que Diego lo arroyase dentro del área (pocos penaltis verán en su vida más claros que ese). Raúl García transformó la pena máxima. Después para tirarse en plancha y conectar de cabeza el balón que ponía el cuarto en el marcador. Me alegro por él. Si el Cholo consigue recuperarlo para la dinámica de grupo habrá que sumar un nuevo milagro a su ya dilatada lista.


Gran partido de los de Simeone que da un golpe encima de la mesa de agoreros, cenizos, arqueólogos de la polémica, analistas de charcutería y demás infelices. El Atleti está aquí porque realmente nunca se había marchado. Sale con sobresaliente y ánimo renovado del primer órdago de una semana terrible. Pero seamos fieles a la leyenda: partido a partido.


(*) Expresión robada a mi querido y admirado Julio Ruiz. 

Alivio.

Almería 0 - At. Madrid 1

Les pido que hagan un ejercicio de memoria y se sitúen unos años atrás, no muchos, en esos momentos en los que el banquillo rojiblanco estaba ocupado por Aguirre o Manzano, señores perfectamente incrustados en el Establishment, muy del agrado de los medios de comunicación y protagonistas (según esos mismos medios) de “exitosas” campañas al mando del equipo colchonero. Recordarán, como yo, que entonces el objetivo marcado por el entrenador, aceptado por la prensa y gran parte del entorno, era el de sacar “un buen resultado” en campos como el del Almería. Es decir, todo lo que no fuese perder era bueno. Hoy, jugando en ese mismo campo, cualquier cosa que no fuese ganar era una tragedia sin paliativos. Ese es el estratosférico recorrido que ha sufrido este equipo como institución en los últimos años. ¿Tiene sentido en ese contexto la crítica exacerbante al actual Atlético de Madrid? No. No lo tiene. Es evidente que no añoro el pasado y que no quiero por nada del mundo volver a esos tiempos del terror en los que estábamos dirigidos por tecnócratas que jamás entendieron lo que es el Atlético de Madrid, pero sí que reclamo algo de perspectiva y criterio al aficionado colchonero. Todo se puede criticar pero con algo más de sentido. No podemos rodear cada uno de nuestros comentarios con un histerismo adolescente que desconozco de dónde ha salido. No podemos tener la impaciencia del niño malcriado que lo quiero todo aquí y ahora. No podemos convertirnos en aquello que criticamos. No podemos ser tan desagradecidos con aquellos que nos han llevado a tocar la gloria porque no sólo no es justo sino que además no se corresponde con la realidad. No me gusta el clima que se está instalando en torno al equipo. Me parece gratuito, dañino e impropio de un equipo como el nuestro. No me reconozco en ese sentimiento cenizo, histérico e intransigente que últimamente rodea la actualidad colchonera. El partido de esta noche en Almería venía cargado de una tensión tan absurda como insoportable. Con un equipo injustamente puesto en cuestión, con los recientes resultados negativos clavados en la espalda y sin delanteros centros, así es como se encaraba. Por todo ello, esta victoria en feudo almeriense se me antoja balsámica y tranquilizadora. Un alivio que apenas durará unos pocos días pero que se agradece. 

El encuentro comenzó con el Atleti bien plantado en el campo, adelantando la defensa y siendo dueños del balón. Dato que podría parecer sin importancia pero que no lo es, dado que no es el colchonero un equipo que últimamente se caracterice por elaborar mucho fútbol. Hoy lo ha intentado y le ha salido de forma desigual. Mejor en la segunda mitad que en la primera pero con una idea en mente que, a mí por lo menos, me resulta bastante interesante. No sólo estaba controlado el balón sino también el partido, gracias a un equipo andaluz totalmente replegado en su área y con muy poca salida de balón. errática y demasiado vertical casi siempre, además. Al Atleti le bastaba un poco de intensidad y buena colocación para dominar todas las fases del juego. El problema es que los de Simeone trataban de construir pero lo hacían mal, con numerosos errores, perdidas absurdas de balón y sin velocidad. Todo el buen criterio que trataba de poner Tiago lo contrarrestaba un Mario Suárez que sigue sin estar. El problema es que me temo que ya tampoco se le espera. La salida del juego a través del canterano era espesa, lenta y mala. Torpe. Aún así el equipo madrileño dispuso de al menos tres ocasiones claras de marcar. Esas ocasiones que el año pasado entraban y este no. El primero de remate de Godin tras saque de esquina, el segundo de buen lanzamiento de Tiago desde fuera el área y el tercero de buen zurdazo de Raúl García, que como en la otras, paró con solvencia Rubén, el portero almeriense.

La segunda parte supuso una significativa mejoría para los de Simeone. La clave parece evidente a posteriori pero a priori, créanme, también parecía evidente. La entrada de Saúl por Mario hizo que Koke bajase al doble pivote y que el ex del Rayo jugase entre líneas muy buenos minutos. Combinando con los delanteros, ayudando a dar salida de balón a los medios y poniendo mucha intensidad. Buen partido de Saúl del que creo que poco a poco acabará encontrando su sitio. Proyecto de jugador muy interesante. Con ese caldo de cultivo aparecieron combinaciones de Arda, Koke, Griezmann (más apagado de lo normal) y el Atleti empezó a vivir en el área de Almería. Pero al final el gol, que llevaba rondando desde hacía bastante tiempo, tuvo que venir como siempre. Saque de esquina de Koke al primer palo y remate de Miranda. No por conocido es difícil de defender. El Atleti borda la excelencia en este tipo de acciones.

A partir de ahí el partido murió. Se hizo feo y nadie jugó al fútbol. El Almería se fue arriba pero era incapaz de llevar la manija y sólo conseguía inquietar al rival a base de pelotazos al área. El Atleti cediendo terreno y balón pero siendo incapaz de darle la pausa necesaria al partido cuando recuperaba. Demasiada tensión. El conjunto andaluz apenas dispuso de ocasiones y nunca llevó peligro pero la sensación que quedaba en los aficionados colchoneros era la de que se estaba pasando mal hasta que el árbitro, por fin, pito el final del partido.


Tres puntos de oro que intuyo servirán para poner tranquilidad a una huestes demasiado alteradas, para consolidarse en la parte alta de la tabla y para enfrentarse con optimismo al Tourmalet que viene en las próximas fechas (Sevilla, Juventus, Valencia). Paciencia. 

Duende.

AT. Madrid 2 - Celta 2

Sería absurdo negar que los aficionados al fútbol tendemos a analizar las cosas que ocurren en el terreno de juego teniendo siempre la ventaja de conocer el resultado. Es trampa. La cometemos todos, yo el primero, pero es trampa. Seamos conscientes. Tom Wolfe construyó hace años una parodia de la casualidad en su Hoguera de las Vanidades y de ese libro (o esa película, como prefieran) me he acordado cuando el pésimo colegiado Martínez Munuera ha pitado el final del partido. En ese momento uno tenía ya el análisis del partido en la cabeza. Lo héroes y los culpables. Las claves, los hitos y los puntos de inflexión. Pero me ha dado por pensar que el análisis a lo mejor no hubiese sido el mismo si a los cinco minutos de empezar el partido Raúl Jiménez hubiese metido el balón en la portería en lugar de mandarlo al Frente Atlético o si a pocos minutos del final, el mismo Raúl Jiménez, no hubiese tirado el balón a las manos de Sergio en lugar de meterlo en la portería haciendo tercero. Me gustaría creer que sí, pero tiendo a pensar que no. El fútbol es complejo y muchas veces fortuito, que duda cabe. Intentaré contar lo que a mí me ha parecido el partido pero estoy completamente convencido de que el factor más relevante, la diferencia más notable entre este Atleti y el del año pasado es la falta de duende. Ese rechace que ahora sale por otro sitio, ese balón que ahora no entra. Suerte, le llaman algunos también.

El partido comenzó frío. El Celta es un equipo que juega muy bien al fútbol y conseguía mover la pelota con el criterio suficiente como para parar con la pelota el famoso ímpetu rival. El Atleti se dejaba ganar en ese aspecto gracias a una presión pobre y mala que hacía a sus jugadores llegar tarde a todos los cruces. Pero incluso en ese escenario llegó una jugada colchonera, tras error gallego, que podía haber cambiado el partido y que Raúl Jiménez desaprovechó en la frontal del área rematando como hubiese rematado un señor de Cuenca que de repente apareciese por allí. El Mexicano ha sido el gran damnificado de este partido pero en mi opinión se lo ha  ganado. Ha fracasado en la gran oportunidad que ha tenido. Frío, triste, lento y torpe. Sin velocidad, sin desmarque, sin desborde y sin gol. Lamentable partido del azteca que hace al aficionado colchonero cuestionarse su fichaje y preguntarse si cualquier delantero de la liga española (Larrivey sin ir más lejos) no es igual o mejor costando significativamente menos.

Cuando en el césped lo único que pasaba era el tiempo, apareció un balón bombeado en el área que Godin dejó botar (mal) y Moyá decidió dar por perdido (peor). El único que tuvo la fe de seguir la jugada (una característica que tenían antes los jugadores rojiblancos) fue Pablo Hernández que estirando la pierna de forma imposible consiguió conectar la pelota con el talón y meterla en la red. Gol estéticamente precioso que para mí es un error de la defensa colchonera. Otro. El 0-1 en el marcador puso además nervios en los muchachos de Simeone que a partir de ese momento estuvieron bastantes minutos sesteando, incapaces de quitarle el balón a los vigueses. Hasta que apareció Griezmann, el mejor del partido del largo. El francés conectó entre líneas, puso criterio al balón, aportó velocidad y tuvo la picardía que hasta entonces nadie tenía. Escudado por Arda y Koke se echó el equipo a la espalda y empezaron a llegar las ocasiones que sin embargo eran desbaratadas por un acertadísimo Sergio. Desgraciadamente el empaté (Miranda tras saque de falta de Koke) y posterior remontada (Godín tras saque de esquina) llegaron en sendos saques a balón parado pero es justo decir que podían haber llegado de cualquier otra manera. 

Parecía controlado el partido cuando se inició la segunda parte pero el Celta, con Nolito ya en el campo y un excelente Krohn-Dheli, hicieron a los gallegos jugar demasiado cerca de la portería de Moyá. En un balón metido al área Planas se quedó en solitario con un Miranda que, entrando a destiempo, lo derribó claramente en el área. Nolito convertía el penalti y hacía el empate. A partir de ese momento el partido fue un acoso constante de los colchoneros, jugando bien por momentos y llegando mucho y con criterio, pero este equipo no tiene, ni mucho menos, la pegada a la que estábamos acostumbrados. Ni duende.El balón no quería entrar pero el equipo terminó de resfriarse cuando Simeone, en la acción más incomprensible desde mi punto de vista desde que está sentado en ese banquillo, decidió quitar a Griezmann del campo. Las ocasiones siguieron llegando pero el juego fue significativamente peor. Lo único que no cambiaba eran los reflejos de Sergio que sacó balones a todos. A Griezmann, a Raúl Jiménez, a Tiago y a quién se pusiera. El árbitro se vino a sumar a la fiesta permitiendo las perdidas de tiempo, midiendo mal las tarjetas y no viendo un, para mí, clarísimo penalti a Godin.

El empate más que afectar a la clasificación (que afectará seguro) es más dañino porque deja muchas dudas en un equipo que ya las tenía y que no es capaz de viajar sin la mochila de la incertidumbre. Me sigue pareciendo un equipo ilusionante pero en construcción, que hace muchos errores propios de equipo de construcción y al que veo con dos problemas para los que no adivino pronta solución: un centro del campo pequeño, limitado y muy mayor, junto a una delantera, de momento, sin pegada. Necesitamos hilar una racha buena de resultados para que la tranquilidad sirva de bálsamo y que todos estos rotos, provocados por una gestión deportiva más que discutible, puedan ir cicatrizando poco a poco. Veremos. 

  

Olympiakos 3 - At. Madrid 2

Desconcertante derrota en El Pireo griego que, a pesar de ser sólo el primer partido, complica la Champions. Partido que sobre todo me deja algunas dudas. 

Es evidente que el equipo está todavía en construcción pero no tengo tampoco muy claro hacia donde apunta. No lo veo.

El Atleti del año pasado basó su éxito en minimizar errores. Hoy los tres goles son básicamente errores evitables. En el primero se sale tarde al remate, en el segundo Mario y Ansaldi no están contundentes y en el tercero Ansaldi (otra vez) sigue sin estarlo. El Olympiakos gana con poco en el campo y algo de suerte pero gana como nosotros mismos hemos ganado muchas otras veces.

Con todo, lo peor es la falta de carácter. Inquietante. Inédito en el Atleti de Simeone.

Oblak no tuvo el debut soñado pero tampoco creo que tengamos que crucificarlo. Ni fu ni fa. Eso sí, ha perdido ya un comodín.

Tenemos un problema en el mediocentro. Gabi está mal, Tiago está mayor y Mario... no está.

Paciencia.


Miedo.

Real Madrid 1 - At. Madrid 2

Debían llevarse menos de diez minutos disputados del enésimo derbi que Madrid y Atleti tienen que disputar en Concha Espina a primeras de cambio. Era una jugada sin importancia que ni siquiera recuerdo especialmente. Un ataque madridista que tras algún choque entre jugadores había terminado en nada. Mientras Moyá preparaba la pelota para sacar de puerta, el realizador de televisión ponía su cámara en Godin que hablaba con un Cristiano Ronaldo que le estaba recriminaba algo. En ese momento, como un flash repentino, me acordé de tantos otros partidos similares, hace años, en los que también las cámaras enseñaban las caras de los jugadores en situación similar. Eran otras caras. Las de unos y las de otros. Moyá seguía sin sacar el balón cuando también se me ha pasado por la cabeza aquella frase de Nelson Mandela en la que decía que el valiente no es el que no tiene miedo sino el que es capaz de conquistarlo. Eso es exactamente lo que ha conseguido hacer el Atlético de Madrid de Simeone. Conquistar su miedo hasta dominarlo. La cara de los jugadores del Atleti cuando hace cinco años jugaban un derbi eran la del miedo. La cara del que se siente inferior. Del que asume la derrota a priori. Hoy las cosas son diferentes. Hoy Godin le habla a Cristiano de igual a igual. Sin subirse a ningún pedestal, con los pies en el suelo, pero mirando a la cara. A los ojos. Sabiéndose ganador sin haber ganado todavía. Hoy la cara de Godin es la de Raúl García que es la de su entrenador y que es la mía. Es la cara de alguien que se siente confiado y orgulloso de ser lo que es. Es evidente que además enfrente también lo notan. Las caras de los rivales tampoco son las de antes. Ahora se percibe preocupación. Precaución. Miedo. Pocos segundos después el Atleti marcaba el o-1 y los rasgos se acentuaban todavía más.

El Atlético de Madrid ha vuelto a ganar en el Bernabéu y lo ha vuelto a hacer fiel a su estilo, su espíritu y su línea de trabajo. Con un esfuerzo absolutamente generoso, agarrándose al detalle con la misma fuerza que se agarra a lo obvio y ciñéndose como lapas al plan trazado por un entrenador al que nunca podremos agradecerle suficiente lo que ha conseguido hacer con este equipo. 

El partido comenzó como suelen comenzar los últimos derbis madrileños, con un Madrid dominando el balón sin hacer nada con él y un Atleti perfectamente plantado en el campo para no dejar jugar. Quince metros fuera del área, con Raúl García y Koke ayudando en los laterales y los dos mediocentros atentos a los cruces. No pasaba nada. El partido no tenía ritmo y el Atleti estaba cómodo en el campo. Con ese líquido amniótico en el ambiente apareció un córner a favor colchonero que puso el miedo en el ambiente, en la grada y en los jugadores blancos. Prueba evidente de como han cambiado las cosas. Pero tenían razón. Koke golpeó el balón como los ángeles para mandarlo al mismo sitio donde lo ha mandado un millón de veces antes. En esta ocasión sin embargo, para desgracia del respetable, Miranda dejaba pasar el balón in extremis para que Tiago, que estaba detrás liberado de su marca, rematara fácilmente a puerta. 0-1. El plan seguía su rumbo.

El partido no cambió demasiado tras el gol. Esa extraña afición, que es la afición merengue, siguió en ese sepulcral silencio que con tanto ardor practican y sólo aumentaban el nivel de decibelios para pitar a su propio capitán, un tipo que les ha dado docenas de títulos, que es madridista hasta las cachas y que nunca ha dicho una palabra torcida de su club. Incomprensible, pero sus razones tendrán. El Atleti seguía con su plan pero fallaba algo. Simeone había sorprendido a propios y extraños colocando a Raúl Jiménez como segundo delantero, pero la decisión puede incluso sonar a frivolidad visto lo que el mejicano ha aportado. Nada. Incapaz de llevarse un balón por alto, incapaz de retenerlo, incapaz de combinar con Mandzukic e incapaz de conectar con el centro del campo. Su mala actuación hacía que el Atleti no existiese en ataque. Para mí, acabado el partido, sigue siendo una decisión incomprensible.  

El Madrid seguía siendo inofensivo pero es un equipo letal con espacios y cada vez que el Atleti tenía algún error en la salida (Gabi no ha estado bien) o no era capaz de acabar la jugada, llegaba con mucho peligro. En una de esas ocasiones Cristiano recogió el balón con Koke y Tiago fuera de sitio con lo que, por primera vez, pudo encarar en solitario a Siqueira. Lo hizo. Penalty claro. El propio portugués se encargó de marcarlo. A partir de ese momento el Atleti se descompuso y el Madrid realizó sus mejores minutos. Llegando antes al balón dividido, distribuyendo con criterio, jugando y llegando. Pero desgraciadamente para sus aspiraciones se topó con un Moyá bastante más serio y solvente de lo que muchos, entre los que me incluyo, pensábamos. Gran partido del portero que se asienta de forma muy sólida en la portería, lugar del que va a ser muy difícil que lo quiten. El árbitro pitaba el final de la primera parte con 1-1 en el marcador. 

La segunda parte fue otra cosa. Otra gran obra maestra del Cholo Simeone. Nada más volver de la caseta las cosas volvieron a su cauce, con un Atleti otra vez plantado como una roca y un Real Madrid totalmente desarmado. Pero el Atleti, en contra de lo que mucho enterado suele pregonar, es un equipo que quiere ganar en todos los campos y sabía que para ello había que modificar algo. 

El esquema cambió de forma radical con la entrada al campo de Griezmann y sobre todo del gran Arda Turan. El turco es uno de esos jugadores que cambian la cara, el espíritu y el color de un equipo con su sola presencia. Un jugador diferente, genuino y genial que tenemos la suerte de tenerlo vestido de colchonero. Arda dio pausa, salida, fútbol y picardía. También dio el segundo gol a los colchoneros. Un buen pase de Griezmann a Juanfran tras saque de banda, que el lateral metió al área con criterio y que Raúl García, con un gesto técnico soberbio, dejo pasar bajo las piernas para que el gran Turan metiese el balón en el poste derecho de Casillas. La celebración del gol define a este nuevo Atleti. Sin inmutarse. Sin histrionismo. Con rabia contenida. Con respeto. Dando un golpe de autoridad y orgulloso. No hubo más partido. El Atleti cerró todos los poros ante un Madrid incapaz de jugar y que lejos de recortar el marcador a punto estuvo de recibir el tercero después de un balón largo de Moyá que Griezmann no acertó a marcar en boca de gol.


El Atleti sigue siendo el Atleti. En construcción, con la incertidumbre de incrustar las nuevas caras en el esquema y expectante ante las multiples combinaciones que ahora son posibles en la parte de arriba del equipo, pero sigue siendo el Atleti. Ese equipo que muere en cada partido y que siempre mira a los ojos. Ese equipo que ya podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ha conquistado su miedo.

Tres reflexiones sobre el verano.

1/La Pesadilla estival.
Hace demasiado tiempo ya que el periodo estival es una pesadilla insufrible para el seguidor colchonero. Un aluvión constante de rumores explosivos que en el 90% de los casos nadan a favor de la descomposición irreversible de la plantilla y en el resto apuntan hacía paraísos imposibles que cuando se marchan, como el humo que son, sólo dejan frustración. Como una regla inviolable, cualquier figura del equipo rojiblanco tiene también que pasar irremediablemente por el Derecho de Pernada que supone  ser virtualmente vendido en la prensa. Primero al Real Madrid (por supuesto) y después (cuando la Galaxia decide rechazarlo) a cualquier otro equipo con dinero. Dando por hecho que lo lógico para una estrella rojiblanca es irse a cualquier sitio antes que permanecer. Mensaje que, por cierto, está calando en mucho seguidor talibán que confunde amigos y enemigos. Llueve sobre mojado, lo sé, pero por mucho que los aficionados queramos aparentar indiferencia y lucir epidermis de acero, la realidad es que sigue molestando. Desconozco la base de verosimilitud que manejan los periodistas para publicar tan exagerado torrente de informaciones (quiero creer que no se lo inventan) pero lo que parece evidente es que el tratamiento periodístico que hacen de dicha información es capcioso, injusto con respecto a otros equipos cercanos, amarillista casi siempre y con excesiva orientación a que se vea con buenos ojos desde la cera de enfrente. La del seguidor madridista menos sofisticado, que al parecer es el único que compra periódicos, escucha la radio y ve la televisión. Pero sin olvidarme del Cuarto Poder (una cosa no excluye a la otra) no puedo olvidarme de la lamentable gestión que el club hace (también) de este tema. Poniéndose de perfil, dejando siempre desamparados a unos seguidores a los que constantemente les falta al respeto, colaborando con la incertidumbre y haciendo que la leyenda de que el Atleti es un equipo “menor” eche raíces a marchas forzadas. Se me hace muy difícil contradecir a aquellos que están convencidos de que toda esta situación es provocada y alimentada por el propio Club. Sea lo que fuere, como aficionado, me resulta absolutamente insoportable.

2/Incontinencia.
El verano nos ha dejado también la prueba fehaciente de que el Atleti, hoy por hoy, es incapaz de retener a sus estrellas. Demasiadas veces ha ocurrido ya como para pensar que no volverá a suceder en el futuro. Aterrador, pero es así. Un tema peliagudo en el que se entremezclan cosas diferentes, aparentemente inconexas e independientes, que sin embargo afectan en la misma dirección. Es obvio que el injusto y leonino reparto de los derechos de televisión, el trato desleal de las instituciones, los privilegios de las Sociedades Deportivas o la deuda con hacienda, ayudan a que se dé una situación tan lamentable. Pero no es menos cierto que la gestión fraudulenta y prolongada del clan Gil, junto al vergonzoso espolio continuado que realizan los mismos dirigentes delictivos (así lo dice la propia justicia) en el Club Atlético de Madrid, es dañino en igual medida si no más. No sé cuál de las dos vertientes tiene ahora mismo un efecto más terrible pero me resulta irrelevante tener ese debate. Ambas son letales. Es evidente que ambas contribuyen a lo mismo y me parece una solemne estupidez hacerlas antagónicas o incompatibles. Ambas duelen y ambas deberían desaparecer. Que el fútbol español sea un cortijo por y para dos monstruos protegidos no exculpa de sus fechorías al legado Gil. Ni viceversa.

3/Futuro.
Ese tipo huraño y mal encarado que dice hacer las labores de Consejero Delegado, esa persona oscura que rara vez se deja ver y que cuando lo hace es siempre para dejar en evidencia a la afición colchonera mientras escupe extraños mensajes cifrados que nunca cumple, dijo al principio del verano que no venderían a nadie dado que no había necesidad de ello. Siendo coherente con su historial y su fama, ha ocurrido efectivamente todo lo contrario. 15 jugadores han abandonado la primera plantilla y otros 10 han venido nuevos. Hablar de “mantener la base” es directamente una broma. Aun así, sinceramente, creo que los recambios se han hecho con criterio y de acuerdo a las restricciones económicas que suponemos en el club (ya que, gracias a la política oscurantista del afamado veterinario apodado Calamidad, siempre hay que suponer las cosas en el Atleti). Todo es discutible, por supuesto, pero creo que, con matices, se ha hecho bien. Mis peros fundamentales están en el centro del campo (echo en falta un mediocentro de galones que tome el relevo de Tiago y ni Mario lo es ni Koke o Saúl parece que sean opciones que Simeone se plantee) y la llegada tardía de los fichajes habiendo conocido las salidas tan pronto. Me cuesta entender (como a todos) el fichaje del mexicano o el desembolso realizado por Oblak pero lo mismo dentro de seis meses nos parece todo muy claro. Veremos. Se me hace difícil analizar si el equipo es a priori mejor o peor que el año pasado. No me parece tan evidente. Es injusto además comparar el potencial de esta plantilla (concepto etéreo) con los resultados que obtuvo la plantilla pasada (concepto concreto). Nadie pensaba que Diego Costa y Villa acabarían siendo lo que luego fueron (para bien en el primer caso para mal en el segundo). Muchos creíamos a priori en la resurrección de Adrián o en las virtudes de Diego pero ambos fueron dos rotundos fracasos. Así que no voy a jugar a futurólogo. Me gusta mucho Griezmann, me gusta Cerci y creo que Mandzukic puede ser un delantero de muchos goles. Espero que Oblak conquiste la titularidad enseguida y que dure muchos años en el Calderón. Quiero creer que Siqueira será ese jugador que hace un año quería el Real Madrid. Creo en estos jugadores y en este cuerpo técnico pero soy consciente de que mucho del trabajo de Simeone en los últimos años se ha marchado a Londres, al barrio pijo de Chelsea. Que el argentino tiene ahora que construir en pocas fechas un equipo nuevo con nuevos mimbres, nuevos recursos y nuevas personalidades. Démosle por tanto el tiempo que él nunca pidió y aparquemos momentáneamente los histerismos y las insuflas de nuevo rico. Creo además que nunca nos han sentado bien.

Ah y no se olviden: somos campeones de liga. Hace un año pensaba que nunca jamás en mi vida volvería a decir lo mismo.