Felicidad

El Atleti cierra esta noche un año complicado y lo hace fiel a su más pura esencia: sufriendo, trabajando, pasándolo mal, tirando de espíritu y ganando. Sí, ganando. A pesar de lo que pueda parecer si usted no es de esos arqueólogos de la información que tienen que zambullirse cada mañana en el fango para encontrar un puñado de realidad y por el contrario prefiere ceñirse a la pulimentada versión oficial. El Atleti termina el año en lo más alto de una liga tramposa y tergiversada que lo sigue tratando con desdén y desprecio a pesar de haberle salvado la cara. Anteriormente a la llegada de Simeone, la máxima competición española era una versión casposa de la liga escocesa pero mucho más injusta. La llegada del argentino no sólo ha creado un nuevo e incómodo personaje en el poder establecido sino que ha significado un influjo de fe para el resto de equipos que ahora están mejor preparados y que han entendido que si se cree y se trabaja, se puede. El Atleti cierra esta noche el año con algunas dudas, sí, pero con muchas más certezas. Paren un instante a pensarlo y verán que las segundas ganan con creces a las primeras. 

Jugar en Vallecas es complicado. Es un campo pequeño, estrecho y con un equipo local valiente e imprevisible que, si está bien, puede llevar el partido a situaciones difíciles de solventar. Los de Jémez, dolidos por el robo vergonzoso de la última jornada, saltaron al campo muy metidos en el encuentro. Intensos, rápidos y con una defensa adelantada y presionante que impedía cualquier triangulación. El Atleti, escarmentado también tras su último partido, lo hizo con el mismo espíritu, la misma intensidad y el mismo desempeño que su rival. Fueron unos minutos muy fogosos, en los que todo pasaba a toda velocidad y en los que salieron ganando los colchoneros por la mínima gracias a su mejor interpretación de la situación. La falta de laterales en los vallecanos y esa defensa de tres, hacían que su punto más vulnerable fuesen precisamente las bandas y hacía allí fueron dos buenos balones de Óliver y Koke que provocaron dos ocasiones de gol de Carrasco, de esas que no se pueden fallar. Del mismo modo llegó otra buena ocasión de Torres que también desperdició. Yoel, portero rayista, era ya el mejor de su equipo para entonces. 

A partir de ahí los rojiblancos se diluyeron, fundamentalmente en el centro del campo. Saúl salvaba los muebles, Koke desaparecía y Óliver ni siquiera llegaba a aparecer. Cada vez que tocaba el balón pasaban cosas, sí, pero es que apenas lo tocaba. Otro partido desperdiciado del canterano que no encuentra su sitio en este equipo. Algo parecido le pasa a Torres. Obsesionado con el dichoso gol, no termina de hacer un partido medianamente decente que disipe las dudas que existen sobre él.

El inicio de la segunda parte fue radicalmente diferente. El Rayo salió como un ciclón. Mucho más presionante y preciso con el balón, cercó a su rival sin dejarlo salir y disputó sus mejores minutos del encuentro. Un gran Trashorras se erigía en el jefe de la medular y el Atleti se perdía en la zona de creación, incapaz de hacer otra cosa que no fuese dar un patadón. Los cambios de Simeone (Correa y Thomas por los señalados Óliver y Torres) lograron contener la sangría, igualar el medio campo y alejar el peligro rayista. A partir de ahí los rojiblancos tomaron más riesgos y, más por corazón que por juego, desequilibraron el campo otra vez hacia el lado contrario. Jackson salía al campo en sustitución de un agotado Carrasco y el Atleti se disponía a morir en el área contraria con todo su arsenal. Godin tuvo un par de ocasiones claras, rematando de cabeza dos buenos balones parados, pero Yoel y el larguero volvieron a sacarlos con maestría. Hasta 5 ocasiones claras de gol acumulaba el equipo a esas alturas. Algo que subrayaba, una vez más, el gran problema del Atlético de Madrid durante este primer tramo de la temporada: la pertinaz falta de gol. 

Pero el Atleti, que tiene muy buenos jugadores,  tiene también la suerte de poder comenzar el encuentro con algunos de ellos en el banquillo. Con el partido casi concluido una espectacular jugada de Thomas (para mí el jugador que mejor parado sale después del terremoto Tiago) acaba en una pared en el área que remata Correa como sólo los genios son capaces de rematar. Golazo. Dos minutos mas tardes Griezmann rivalizaba en destreza con su compañero calzando una vaselina por encima del cancerbero rayista tras un muy buen pase de Jackson. 0-2. Tres reservas frescos y uno de los mejores jugadores del mundo frente a un equipo modesto, agotado y con bajas. Imposible para los vallecanos. El equipo colchonero se lleva el partido frente a un gran equipo al que solamente su mínimo presupuesto le impidió llevarse algo más esta noche y al que le deseo lo mejor. A seguir remando. 

El Atleti acaba el año sumando tres puntos. No hay mejor sentencia para describir lo que es este equipo. Mientras otros se desgañitan aplicando teorías “conspiranoicas” para insistir en convencernos de que el Emperador no va desnudo, los colchoneros tomaremos uvas con pipas y turrón terrenal y los haremos, como siempre, con alegría, porque, por encima de todo lo demás, lo que tiene este equipo es eso: felicidad. Una felicidad que es nuestra y que es natural. Que no se compra ni se vende. Una felicidad insólita y envidiada que está ahí, y que está siempre. Sin necesidad de trofeos, medallas o falsos titulares. Una felicidad que nadie entiende y que algunos niegan pero que sabemos muy bien que existe. Que está. Que está y que estará mientras quedemos humanos dispuestos a transmitir la buena nueva. 

Espero que pasen una noche estupenda mañana. Que despidan entre risas y amigos el año que se va y que reciban al nuevo con ganas, con fuerza, con ánimo, con respeto, con intensidad y en formación de 4-4-2 o 4-1-4-1. 

Sean felices. 

@enniosotanaz

Realidad

El día en el que todos ganaban, el Atleti perdió. Mientras los políticos de este bendito país, todos, arrastraban delante de las cámaras esa sonrisa que llevan practicando toda la vida, en Málaga el conjunto colchonero fruncía el ceño. Mientras los ejes del poder se seguían sujetando con ardor a los lugares que nunca han abandonado (ni abandonarán), el frágil y minoritario poderío colchonero sufría una de esas tardes clarificadoras con las que inexorablemente nos topamos los que estamos sometidos a la humana costumbre de cometer errores. Mientras en la galaxia, a fuerza de sacrificar personajes y forzar el guión, volvían a decorar la realidad del color que más le gusta a “todo el mundo”, en la ribera del Manzanares escuchábamos con acento andaluz los insultos que genera el odio prefabricado. Sin querer, nos topábamos de repente con la verdadera realidad, esa que dice que ahí fuera hace frío y que cada día es una aventura distinta en la que puedes ganar o perder. Decía mi admirado Philip K. Dick que la realidad es eso que sigue existiendo a pesar de dejar de creer en ello y qué razón tenía. 

No pido a nadie que me siga en mi análisis pero para mí la derrota rojiblanca se basa en tres ejes: 

Atleti. 
El principal culpable de la derrota. El propio Atleti Saltó al campo sin brillo y lo abandonó secó y magullado. Ya frente al Athlétic de Bilbao el equipo había dado muestras de un inusitado cansancio, impropio de un equipo tan físico, pero en Málaga las muestras fueron mucho más evidentes. Vendrá bien el parón. Quizá esa escasez de fuelle lo condicione todo pero la preocupante falta de intensidad en un equipo que hace de ello su bandera no le va a la zaga. Fue particularmente significativa. Por ahí se empezó a perder. Lentos, imprecisos y sin ideas, los de Simeone se vieron siempre superados. Incapaces de recuperar el balón y, lo que es más grave, sin saber qué hacer con él cuando tenían la oportunidad de jugarlo, tuvieron que replegarse más de la cuenta, correr a rebufo y actuar siempre como personaje secundario. Gabi naufragó en su improvisada labor de 5 (el agujero dejado por Tiago es abismal) y quizá por ello (y por haber estado a los 8:00 de la mañana en un colegio electoral de Boadilla del Monte) se salió del partido en la segunda parte cometiendo dos errores de principiante que provocaron las dos tarjetas amarillas que probablemente costaron el partido a su equipo. Hasta su expulsión el Atleti no había jugado a nada y San Oblak había sacado dos manos prodigiosas pero todo estaba todavía por decidir. A partir de entonces el cansancio se hizo más presente y aunque Torres volvió a tener en sus botas la posibilidad de adelantarse en el marcador, los diez jugadores se notaron demasiado y el equipo se fue deshaciendo poco a poco hasta que, agotado, tuvo la mala suerte de encajar un gol. Fue con un rechace en la pierna de Godín después de un remate de cabeza malacitano en el segundo palo. Ni siquiera en eso se tuvo suerte. Un día para olvidar. No hay más análisis. Un muy mal partido del Atlético de Madrid

Málaga
Deportivamente saltó al campo mucho mejor que su rival, puso más intensidad, más ganas y fue sin duda el que más hizo para ganar un partido que mereció ganar. Antes de seguir, si usted es de los que se la coge con papel de fumar, es incapaz de separar paja de grano o le cuesta detectar la escala de matices entre el blanco y el negro, vuelva a leer la frase y quédese exclusivamente con lo que está marcado en negrita. O mejor, deje de leer. Lo digo porque, para mí, la hostilidad y falta de fairplay con la que se empleó el Málaga sobre el césped (y en la grada) fue tan sorprendente como evitable. No les hacía falta. Con un odio cuyo origen sinceramente desconozco, los andaluces provocaron constantemente el enfrentamiento personal y fabricaron una guerra púnica con cada encontronazo natural. Con la mirada inyectada en sangre acudieron a reclamar tarjeta amarilla cada vez que les quitaban el balón y tirando de esa suerte de arte dramático tan propia de equipos de otra época, encendieron la beligerancia de la grada y la duda en la cabeza del árbitro. ¿Por qué? Entiendo la situación desesperada del Málaga y la presión con la que deben jugar pero no entiendo (ni entenderé) el odio (sí, odio) que mostraron contra el equipo de Simeone. Tampoco lo olvidaré. 

Árbitro. 
No creo que haya influido en el resultado, así que fariseos, quédense de nuevo con la frase en negrita. La expulsión es técnicamente justa y no creo tampoco que tuviese errores de bulto (más allá de un penalti a Carrasco que yo sí vi en la segunda parte pero que es raro que se pite fuera del universo Madrid-Barça). Con todo me queda la sensación de que el colegiado fue parcial, que aceptó sólo las reglas de uno de los dos equipos y que nunca protegió al equipo visitante (más bien todo lo contrario). Nada nuevo bajo el sol y, si me apuran, nada verdaderamente grave. De hecho, si no hubiésemos tenido la mala suerte de ver lo que ocurrió en el Bernabéu un par de horas antes ni me acordaríamos ahora del árbitro. 

Pero no pienso ponerme taciturno por un traspié ni justificar con atrezzo lo que ha sido principalmente un error propio. Ya dijo Simeone en rueda de prensa que el Málaga había ganado porque había jugado mejor. Fin de la cita. Tampoco pienso fustigarme. La vida es así. La realidad es así. Cuando te expones te pueden pegar. Cuando juegas puedes perder. Nadie es infalible, por mucho que los vendedores de fantasía de cartón piedra nos quieran hacer creer lo contrario con cada portada y con cada soflama. Toca recuperarse, apretar los dientes, entrenar más fuerte que antes y convertir la rabia en buen fútbol. Esto no ha hecho más que comenzar. Partido a partido. 

@enniosotanaz

Sorpresa

El Atlético de Madrid está otra vez en octavos de final de la Copa del Rey. Un titular así, libre de aderezo, no debería sorprender a nadie. “Estaría bueno”, me contestará incluso algún erudito de la estadística y amante de ese estilo zafio, propio del nuevo periodismo, en el que la identidad de uno se construye solamente mediante la aniquilación (o desprecio) del otro. Atendiendo a la tradición, al estado actual de los colchoneros y a la categoría en la que jugaba el rival, parece sensato pensar que efectivamente no puede suponer ninguna sorpresa el que el cuadro colchonero haya superado la eliminatoria de Copa frente al Reus Deportiu pero lo que sí ha sido sorprendente, al menos para mí, es el cómo se ha conseguido. 

Primero, y fundamentalmente, por el rival. Un modesto equipo de la segunda B que juega como los ángeles. Que asumió su eliminatoria frente al Atleti como un partido de fútbol y después (y sólo después) como una fiesta. Aplicando intensidad, respeto, ilusión y totalmente libre de complejos, se dedicó a jugar (muy bien) al fútbol. Ya sorprendió en su propio campo y lo volvió a hacer en el Calderón. Más atado en el coliseo madrileño, con menos posibilidad de construir (gracias al empeño del rival por impedirlo), los catalanes han vuelto a hacer un partido mucho más que digno. Es un placer y un honor jugar frente a equipos así: rivales en el césped y amigos en la grada. Modestos pero valientes. Respetuosos pero desacomplejados. Chapeau. Toda la suerte del mundo para el Reus Deportiu. Se lo merece. 

También pudo resultar una sorpresa (para alguno) la actitud que ha tenido el Atleti. De diez. Desde el principio se plantearon el reto como lo que era: una ronda de la Copa del Rey. Lo único que cambió respecto a cualquier partido de liga o Champions fue la alineación. Nada más. Misma intensidad, misma concentración, misma forma de encarar el partido y mismo respeto por el rival. Como colchonero me llenó de orgullo escuchar al final del partido a un jugador del Reus destacando esto mismo que acabo de contar. El Atleti dominó de principio a fin, mucho más que en Tarragona, y sólo el desacierto de Torres cara al gol impidió que el resultado fuese más allá del pírrico 1-0. Vimos buenos minutos de Gámez y cosas interesantes de Savic. Recordamos lo buen tipo (y portero solvente) que es Moyá. Comprobamos que Saúl se desenvuelve mejor por delante del stopper que haciendo él mismo de mediocentro defensivo. También pudimos intuir, más allá de ese gol de volea que hizo en semifallo, lo buen jugador que puede llegar a ser Thomas si corrige cierta anarquía táctica y esos desajustes en defensa que le hacen cometer errores. Desgraciadamente también pudimos observar el bajo estado de forma de Correa (preocupante) y de un Fernando Torres al que el dichoso gol 100 no está haciendo más que amplificar una situación que ya venía de antes. 

Pero sorpresa, y muy desagradable, fue escuchar insultos hacia uno de los estandartes del equipo rojiblanco como ha sido (y es) Fernando Torres. No paso por ser un defensor a ultranza de su figura y mucho menos de su juego actual (basta darse una vuelta por esta bendita bitácora para comprobarlo) pero tendemos a un tipo de sociedad tan simplificada, mediocre e ignorante que cada vez parece más difícil distinguir entre crítica y falta de respeto. Sé que es sólo una posición minoritaria dentro de la grada colchonera (una buena parte del campo se puso a animar a Torres justo después de su fallo más evidente) pero resulta lo suficientemente nutrida como para hacer ruido. Y no lo entiendo. Entiendo la decepción por sus fallos, el malestar por su estado de forma, el miedo a que no logre recuperar el tono o las preferencias por otros jugadores. Todo eso es fútbol. Yo mismo puedo estar de acuerdo pero de ahí a insultar a un jugador del Atleti creo que media un abismo. Es un acto repugnante en sí mismo pero mucho más cuando va dirigido a un jugador de tu propio equipo y del todo incomprensible cuando se lanza contra un tipo que lo único que ha hecho toda su vida es declararse colchonero, en las buenas y en las malas, a todo el que lo quisiera (y no quisiera) escucharlo. 

Desgraciadamente la grada colchonera no deja de darme sorpresas de este tipo en los últimos tiempos. No me gusta esta deriva caprichosa, superficial y cutre. La afición del Atleti no es así. O al menos no debería serlo. 

@enniosotanaz

Apaguen los focos

Simeone es un tipo muy listo. Creo que a estas alturas de película sólo los intoxicados por la estupidez y la envidia pueden dudar de ello. Cuando el argentino escarbó entre los cimientos del club para recuperar esa esencia que el propio club hacía décadas que había perdido, lo hizo incorporando al subconsciente colectivo una idea que ha trascendido la mera anécdota. Partido a partido. Lo que para mucho profesional de la venta de show-business a granel no pasa de ser un eslogan, para los colchoneros, al menos para los que logran abstraerse del tufo a pachuli de las candilejas oficiales, se ha convertido en una forma de vida. Simeone sabe el tipo de equipo que entrena. Uno que debe jugar siempre al límite para sobrevivir. Uno en el que, como decía Goethe, necesita que todo el mundo barra su trozo de calle para que la ciudad esté limpia. Pero los cantos de sirena están ahí, flotando en el ambiente y nosotros, los aficionados, somos “inocentes” portadores de esa terrible enfermedad. 

Si aguantar la presión deportiva del día a día en un equipo como el Atleti (sin medios públicos que, con medios públicos, vendan obscenamente nuestra marca, ni medios privados que, con medios públicos y privados, barnicen nuestros patinazos) es ya complicado, lo es más tener que convivir con la presión mentirosa (y peligrosa) de lo que todavía no ha ocurrido. Tener que sufrir y condicionar el hoy por cosas que se disputarán dentro de meses con condicionantes que ni siquiera conocemos todavía. Simeone ha luchado y lucha por evitar ese halo de perfume galáctico que tan mal nos sienta pero desgraciadamente, como abejas que saltan de flor en flor, muchos aficionados lo llevan pegado en las alas cada vez que se posan en el Estadio. Hoy contra el Athlétic de Bilbao se ha sufrido por muchas razones propias del propio juego pero también por la sobrepresión que provocaba el ambiente. Un ambiente frío y raro como nunca. Eran demasiado evidentes esos focos intensos que apuntaban sobre unos jugadores que no necesitan que les recuerden dónde y para qué juegan. Lo han demostrado ya con creces. Es como ese señor que, sin haberlo invitado, se pone a mirarnos fijamente, haciendo señas, cuando estamos tratando de aparcar. Él cree estar ayudándonos. No lo hace. Sé que no hay nada que hacer con los que deciden (y muchas veces fabrican) las noticias y controlan los tiempos pero somos otros los que entramos al estadio. Recuérdenlo. Apaguen los focos. Por favor. 

El Atleti ha sacado hoy 3 puntos muy difíciles frente a un gran Athlétic de Bilbao que, probablemente, ha merecido mejor suerte. El partido era a priori complicado por muchas razones, conocidas por todos, pero quizá por ello olvidamos el hecho de que pocos días antes, los mismos jugadores, habían estado librando una batalla a muerte en Lisboa. Con toda esa mezcla en la cabeza y en las piernas, el equipo del Simeone salió al campo a jugar y dominar el partido (como siempre) pero enfrente se encontró con un equipo muy bien entrenado y con una plantilla más que interesante. El Atleti, falto de chispa y de tensión, trataba de triangular el balón pero era incapaz de meterle mano a la maraña bilbaína. El juego acababa siempre en el ala izquierda perdido entre un bosque de piernas. No entiendo ese empecinamiento por usar una sola banda cuando en el otro lado tienes a Juanfran y a Griezmann pero no es la primera vez que pasa. Llegó algún centro lateral y un gol anulado a Vietto pero Irazoz vivió generalmente muy tranquilo. 

Los de Valverde taparon el empuje inicial y esperaron su momento que llegó mediante pases largos y el gran estado de forma del mejor delantero español ahora mismo en la liga: Aduriz. El vasco pincho un balón que venía desde las nubes y con un sutil toque hizo que Oblak tuviese que hacer la primera parada milagrosa de la noche. Inútil, porque el subsiguiente córner acabó en gol cuando Laporte enganchó en el segundo palo un buen saque cerrado. Los madrileños acusaron todavía más el calor de los focos a partir de entonces y volvieron a tropezarse con la solidez del rival. Los vascos estaban bien y se sentían fuertes pero pararon el partido en exceso. Las entendibles pérdidas de tiempo se prolongaban más de la cuenta y las lesiones disimuladas resultaron excesivamente exageradas. No les hacía falta. Eran perfectamente solventes como para mantener el partido donde querían con argumentos puramente deportivos. Esa actitud encendió sin embargo el corazón del rival y los madrileños acabaron acosando el área bilbaiana en los últimos minutos de la primera parte hasta que Saúl, también de corner, consiguió empatar el partido rematando en el primer palo y ya en el descuento. 

El empate parecía que podría suponer un revulsivo para los de Simeone pero ocurrió lo contrario. El Athlétic salió mucho mejor al campo en el segundo tiempo y se hizo dueño del partido. Con rigor táctico, actitud y juego vertical, pasó por encima del rival en varias fases. El punto de inflexión llegó mediante un mano a mano de Aduriz que el gran portero esloveno volvió a sacar milagrosamente. A partir de ahí, el Atleti siguió sin encontrar su juego pero trató de tirar de corazón y de valentía, poniendo en el campo a Torres (inédito otra vez) y Correa (voluntarioso, pero inédito otra vez). La fe y el empuje obtuvieron finalmente sus frutos cuando Griezmann encontró una pelota suelta en la frontal del área que empaló con la zurda para meterla en la portería. La celebración de ese tanto, con todos los titulares, todos los reservas y todo el cuerpo técnico subidos al abrazo del francés con su entrenador, demuestra mejor que un millón de palabras lo que es este equipo. Simplemente añadir una cosa: con Griezmann en el campo (y de tu lado) todo es mucho más fácil. 

El Atleti sigue ahí. Mientras los medios de comunicación, públicos y privados, gastaban su tiempo de “información” buscando conectar el pinchazo del Barça con la posibilidad de que el Real Madrid (su Real Madrid) se pusiese a 2 puntos del líder, el Real Madrid (su Real Madrid) acabó la jornada a 5 puntos del colíder, el Atlético de Madrid. Olvidaron, como siempre, que había otro equipo jugando. Enseñanzas del fútbol que lamentablemente no tendrán ningún resultado. Seguirán coloreando la fantasía mientras disparan al pianista y lo seguirán haciendo hasta que se muera la gallina de los huevos de oro. La necedad es así de tozuda. 

@enniosotanaz

Herederos de Kim-Il-Sung

Si ustedes le preguntan a un niño norcoreano cuál es la persona más brillante que conoce éste le dirá que es Kim Jong-il (o Kim Jong-un dependiendo de la edad que tenga). Si ustedes preguntan a un niño español cuál es el único jugador de fútbol que conoce éste le dirá que es Cristiano Ronaldo (o Messi, dependiendo de la tele que vea). Es difícil que contesten otra cosa porque para ellos, en ambos casos, no existe nada más. Si lo hubiere (¡blasfemia!) sería irrelevante, perjudicial o mucho peor, pertenecería a los enemigos de la patria. Esos herejes que quieren derribar ese Status Quo tan bueno es para “todos” nosotros. Supondría cuestionar la verdad. La única. Ambos niños viven en una férrea realidad inventada por sus propios dueños. Unos tipos sin rostro pero con dinero, con muy poca fe en la humanidad y el libre albedrío, que prefieren poner orejeras a las ovejas para que "ellas mismas decidan” elegir lo que tienen que elegir. En ambos casos, curiosamente, los dirigentes coinciden en justificarse alegando que su población es libre de hacer lo que quiera. Así lo demuestran las audiencias de televisión en el primer caso. En el segundo también. 

Atresmedia, ese monopolio audiovisual que opera como cualquier régimen autárquico y que con dinero se hizo con los derechos de la Champions League, se suma así a la revolución “popular” que supuso la entrada de las divisas de los medios de comunicación en el mundo del fútbol. Decidiendo despreciar, humillar e insultar sin tapujos a Sevilla, Valencia y Atlético de Madrid. Los otros. La hez. El enemigo. Lo hacen, como es "lógico", utilizando los mismos argumentos que utilizó el Gran Líder y Presidente Eterno de la República POPULAR DEMOCRÁTICA de Corea (del Norte). Es lo que me pide el pueblo, dicen. Claro.


Pero pese a la ignorancia del mundo “libre”, el Atlético de Madrid vuelve a quedar primero de su grupo en Champions League y vuelve a pasar con honores y solvencia a los octavos de final de esa competición. Lo hace frente a un equipo complicado, en unas circunstancias difíciles (sólo valía ganar) y, a modo de exorcismo, en un terreno con demasiados condicionantes emocionales. Lo hace además con autoridad y jugando al fútbol. La casta desharrapada que vive al margen de las luces, los miembros del “enemigo”, los antipatriotas, los que no pueden (ni deben) salir de blogspot.com, nosotros, debemos estar de enhorabuena. 

El Atleti de Simeone saltó al precioso estadio del Benfica (lo es) con el traje de campeón. Serio, compacto y consciente de lo que representa. Lo hizo con una novedad, armando su moderno 4-1-4-1 (que es un 4-3-3 en ataque) con Gabi en la posición de “cinco” y dejando el rol de box-to-box al cuestionado Saúl. Gran acierto del Cholo. Mientras Gabi hacía un partido solvente, el canterano se salía. Con un prodigioso derroche físico Saúl fue capaz de ayudar en la construcción, en la deconstrucción, en la presión y además ser el capitán de la segunda línea. Estamos hablando de un jugador de 22 años. Por favor tengan paciencia porque tenemos oro líquido. Pasados los primeros minutos de pseudoacoso lisboeta (se toparon con una roca) los de arriba, Koke, Griezmann y Carrasco, se pusieron a combinar mientras Vietto tiraba diagonales a diestro y siniestro. Fútbol. El argentino siguió apareciendo excesivamente tímido pero se empezó a ver el jugador que es. Uno muy bueno. Una combinación suya con Saúl (habilitada antes por Griezman) dio el primer gol. Una obra de arte que no resiste descripciones literarias y que por ello les pido que vean con sus propios ojos. La primera parte acabó con la sensación de que el Benfica era bueno pero incapaz y el Atleti un equipo con mayúsculas. 

La segunda no varió demasiado, a pesar de los intentos portugueses por irse arriba y el susto que dio Mitroglou, que acababa de salir y fue de los mejores entre los suyos, nada más echar el balón a rodar. El Atleti, obligado en este caso por el rival, juntó filas y defendió más cerca de su área (sin renunciar a la presión) pero las salidas con balón tenían mucho sentido. Eso es lo que se le pide a un equipo que juega replegado. Eso y, como también hizo, utilizar el balón con criterio cuando tiene la oportunidad de hacerlo. El trío letal que el Atleti tiene ahora por la izquierda (Filipe, Koke y Carrasco) consiguió llevar el balón hasta el fondo en una de esas jugadas. El belga, cada vez más importante en este equipo, metió un balón inteligente al primer palo donde llegó Vietto con habilidad para hacer el segundo gol. El joven jugador argentino tocó solamente dos balones dentro del área en todo el partido. El primero fue el pase a Saúl que dio origen al primer tanto. El segundo fue su propio gol. Ojo. 

Los últimos minutos fueron de acoso portugués, gracias al gran gol de Mitroglou (no es fácil darse la vuelta delante de Godin y meterla pegada al poste), a lo mal que entraron los cambios en el Atleti (sobre todo un Torres inusualmente apático) y al tal Renato Sánchez, un veinteañero portugués de condiciones prodigiosas que se echó el equipo a la espalada. Pero el Atleti también sabe sufrir y solventó la papeleta con oficio y fútbol. 

El equipo rojiblanco sigue en la pelea. Vuelve a estar entre los 16 mejores equipos de Europa y lo hace además disipando dudas como primero de grupo. Los colchoneros deberíamos olvidarnos de absurdas peleas internas y alegrarnos por ello. Mucho. Celebrar que en febrero seguiremos dando guerra por el continente. Por mucho que le resulte despreciable a los supuestos profesionales de Atresmedia y sus ideólogos. Esos fieles herederos de las enseñanzas de Kim-Il-Sung. 

@enniosotanaz

Anonimato

De vacaciones, fuera de su espacio natural, uno a veces hace cosas extrañas como escuchar programas deportivos por la radio o la televisión. Es el caso. Eran las seis de la tarde y las emisoras de radio (varias) que estaba poniendo en mis auriculares mientras buscaba un bar en el que ver al Atleti, no dejaban de hablar del Real Madrid. De la resurrección de sus multimillonarios, de lo bien que había recibido el vulgo a no sé qué imputado, de que lo de la Copa “todavía no era seguro” y de lo cerca que se "ponían" del Barça. Ni una palabra del segundo clasificado de la liga, ese que, curiosamente, estaba a punto de jugar y ponerse a un punto del líder. Seis horas y varios partidos después, en lo que dicen que es la televisión pública, seguían hablando de lo mismo en los mismos términos. Allí deben entender que servicio público es que un sevillano que quiera ver los goles de su equipo tenga que pagarse la tele privada o esperarse hasta las dos de la mañana y sufrir primero la penitencia de las sofisticadas soflamas de un puñado de opinadores radicales (por no decir otra cosa) sobre Madrid/Barça, para poder hacerlo. Parece que todo lo demás es oficialmente irrelevante en este país de empresarios impacientes, gente que llega arriba por la puerta de atrás y especialistas en hacer revuelto de ajetes con los huevos de oro. Ustedes dirán, y dirán bien, que lo mejor es pasar. Huir de la estulticia. Ignorar eso que se denomina medios de comunicación y hacerse fuerte entre amigos, en los aledaños del Calderón, leyendo literatura, escuchando música o buscando la verdad en las benditas redes sociales pero qué quieren que les diga, a mí me jode. 

Pero vayamos al fútbol. El Atleti parece instalado en ese modo “martillo pilón” que tan buenos recuerdos nos trae y que tan bien nos sienta a los que huimos de Matrix. Casi desde el anonimato, el Atleti lleva ya muchos partidos jugando muy bien al fútbol. Demasiados como para que, nosotros también, lo pasemos por alto. Sin dañar el rigor defensivo que les ha hecho famosos, el equipo es ahora también capaz de monopolizar el balón, de triangular, de crear fútbol y de jugar. Son ya varios partidos en los que el equipo sale con una fuerza mental prodigiosa, mandando en el campo, imponiendo su ritmo, moviendo el balón muy rápido y llegando con claridad al marco contrario. Con fluidez y clase. Contra el Granada se repitió la historia. Los andaluces trataron de ordenar las marcar y juntar muchos las filas pero no pudieron contrarrestar el juego colchonero. Un renacido Filipe Luis hacía lo que quería por su banda. Da gusto volver a ver al brasileño en su mejor nivel. La sociedad que se ha creado en esa banda con Carrasco y Koke es muy interesante y promete grandes sesiones de fútbol. El centro (Gabi, Saúl y Koke) movía el equipo con solvencia y aunque se vio a un Saúl incómodo y algo aturdido por tanto foco encima (normal), el rival no exigió lo suficiente como para ponerlo en verdaderos apuros. Todo apuntaba de maravilla para los de Simeone. 

Pero el equipo, a pesar de la significativa mejoría, sigue adoleciendo de pegada. Sólo Griezmann, pendiente también de cubrir su banda y algo más alejado del área en el nuevo sistema, parece estar a la altura. Torres hace todo lo que puede pero le falta velocidad de movimientos para ser un 9 letal. Los del banquillo, de momento, tampoco parecen estar mucho mejor. Al final el gol llegó a balón parado, con un gran testarazo de Godin que remató un córner desde la derecha estando solo en el área, que es lo mismo que decir gol. Error importante del Granada. 

A partir de ese tanto, y hasta bien entrada la segunda mitad, aparecieron también algunas trazas de otra de las cosas que creo tiene que corregir el cuadro colchonero. Las ganas de parar el partido volvieron a provocar la falta de tensión en la escuadra colchonera, la caída del ritmo y por ende el resurgir de los granadinos. Entiendo que el equipo haga algo así con un marcador desenfadado pero no cuando la distancia es simplemente de un gol. Demasiado riesgo. Por mucho que la defensa colchonera sea una roca. Los locales consiguieron llegar un par de veces a la portería de Oblak (sin demasiado peligro, la verdad). Los cambios de Simeone y Griezmann, como no, modificaron la situación y acabaron con las esperanzas andaluzas. Con Óliver en el campo, Koke bajó al mediocentro y el equipo recuperó el balón y el dominio. Me gustó esa combinación. No me importaría volver a verla. La posterior entrada de Thomas fue también bastante interesante. Más suelto y valiente que en el último partido, el africano dejó muestras más que esperanzadoras. 

Y llegó el segundo gol. Un prodigio de este deporte que sólo por verlo en directo merece la pena pagar la entrada. A un velocidad endiablada, Griezmann dejó pasar bajo sus piernas un pase diagonal que acabó en los pies de Óliver Torres. Éste, de un solo toque de clase, metió la pelota en vertical al área, justo en la dirección en la que se había movido el jugador francés. El rubio prodigioso, sin tiempo para que nadie se colocara, ejecutó un soberbio zurdazo que se coló por la escuadra de la portería. Golazo. Fin del partido. 

El Atleti sigue ahí. A dos puntos por debajo del Barça y a dos por encima del Madrid. A nadie parece importarle pero si huyen de los titulares y observan la clasificación verán que es así. Lo juro. Más allá de los puntos, el equipo encima juega cada vez mejor. Tiene más registros, cada reinvención parece más interesante que la anterior y todavía hay varias vías de mejora que parecen evidentes. Independientemente de que los que cobran por contárselo estén bailando zarzuela, parece que hay equipo. Estén atentos.

@enniosotanaz

Humildad y respeto

Simeone dijo justo antes de iniciar la Copa del Rey frente al Reus Deportiu que encararían la competición con “humildad y respeto y eso es exactamente lo que ha hecho el Atlético de Madrid sobre el césped del Camp Nou Municipal. Respeto por un equipo rival que lo merecía y humildad para correr tanto o más que el equipo contrario antes de llevarse el partido. Sin condescendencia ni dejadez. Fútbol y sólo fútbol. 

Todo lo anterior podría parecer de Perogrullo pero no lo es. Los que hemos vivido los infaustos tiempos de la era pre-Simeone sabemos que las primeras fases de la Copa del Rey, por exceso o por defecto, solían ser muchas veces una pesadilla. Ninguno de los que entonces comandaba la nave supo afrontar esos partidos en los que la diferencia de presupuesto entre los equipos era tan abismal que complicaba la forma de encararlos para una plantilla saturada de complejos y carente de personalidad. Cierta soberbia mal parida, trazas de mediocridad traspasadas por los sucesivos entrenadores o desconexiones impropias de profesionales, hacían que la Copa del Rey se convirtiese en un infierno para el Atleti muchas más veces de las necesarias. Nunca más. Con Simeone se acabaron las dudas. El equipo sale a ganar haciendo lo mismo, juegue quien juegue y esté quien esté delante. Es muy de agradecer. 

Deportivamente saco poca lectura porque es muy difícil obtener conclusiones de un partido con unos condicionantes tan excepcionales. Quizá destacar una cierta resurrección de Vietto, que comenzó en la línea pésima de los últimos tiempos pero que acabó enmendando la plana dejando algunos argumentos para soñar y el preocupante camino inverso que siguió un Correa que, sumido entre la ansiedad y la imprecisión, transmitió unas sensaciones bastante flojas. Al final lo más destacable sea seguramente la gran capacidad que tiene Óliver para jugar al fútbol cuando su cabeza está centrada en crear juego y no en intentar no fallar. 

Mención muy especial para el Reus Deportiu. Un equipo que deportivamente trató de jugar al fútbol sin dar patadas y que además lo hizo como los ángeles. Jugó de tú a tú, sin complejos, frente a un Atleti al que en ningún momento tuvo la oportunidad de bajar los brazos. Pero si dentro del campo el desempeño del club catalán fue más que elogiable, en la grada, desde la institución y a través de las redes sociales su actitud fue todavía mejor. Desde el mismo día en el que se realizó el sorteo el club reusense intentó trazar puentes, generar simpatía y transmitir buen rollo con la afición rival. Ayer incluso nos daban las gracias a través de Twitter por dar color a la grada. Genial. Algo muy de agradecer en estos tiempos en los que parece que vende mucho más subrayar lo malo o potenciar ese esteriotipo torrentiano (y más falso que Judas) que el Establishment ha decidido colocarnos a los colchoneros. Desde esta esquina anónima del ciberespacio, quería dar las gracias al Reus Deportiu por intentar convertir un partido de fútbol en lo que siempre tendría que ser: una fiesta. 

Chapeau! 

@enniosotanaz