Desajustes en la precisión
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Osasuna
At. Madrid 2 - Osasuna 1
Cuando un equipo de precisión (un reloj, una
guitarra,…) funciona a la perfección, la principal obsesión de su dueño, o su
creador, es la de no tocar nada. Intentar que nada cambie. El mantenimiento de esa
sofisticada pieza de orfebrería, que con el tiempo se ha ido puliendo, suele
orientarse entonces a tratar de mantener en el mejor estado posible las piezas
originales, sin que tengamos que modificar ninguna de ellas. A veces, llegado el
caso, se hace necesaria indefectiblemente la sustitución de alguna de las
partes, pero incluso en el caso de utilizar algo aparentemente idéntico suele
no funcionar igual y casi siempre necesita un determinado periodo de ajuste.
Que el Atlético de Madrid, hoy o por hoy, es un mecanismo de precisión ya lo
sabemos. Que Simeone intenta mantener las piezas que tiene en el mejor estado
posible también. Que las piezas de sustitución parecen estar bastante alejadas
de las originales y que su inclusión precisa de un periodo de ajuste mayor del
esperado, parece otra evidencia después de lo de ayer. Ahora bien, el mecanismo
sigue ganando.
El partido frente a Osasuna fue de los más aburridos
que se recuerdan en el Calderón en la etapa cholista. Aparte del derroche de
Diego Costa, lo más emocionante de la noche (o más bien madrugada), fue asistir
al minuto de silencio y posterior homenaje por los videomarcadores al socio
número uno del Atleti recientemente fallecido. En el campo el equipo salió
frío, desasistido y desajustado. Es muy raro que algo así ocurra estando Simeone en
el banquillo, pero tiene que ser tremendamente complicado, incluso para Simeone,
mantener el nivel de intensidad natural de este equipo en esas condiciones. Y
se notó. Desde luego que se noto. El Atleti tocaba bien y se sentía dueño del
partido pero era una ficción. Arda y Koke se gustaban pero Insúa no es Luis
Filipe (mucho más notable el debut de Manquillo el otro día) y Leo
Baptistao no es, ni mucho menos, Villa. Tampoco es Adrián. Es injusto juzgar a un
jugador por un único partido pero la sensaciones que dejó el brasileño no me
gustaron nada. Vi poco en lo que creer y eso me preocupa. En esas, el equipo no reculaba con celeridad, estaba muy abierto
tácticamente y aparecía largo en el campo. Muy largo, teniendo en cuenta que
los del Cholo suelen jugar apretados en 30 metros. Así que los navarros, casi
sin querer, empezaron a hacer cosas. Y a llegar. Y a dejar algún susto muy
tímido y de poco alcance.
Pero en el campo estaban Koke y Diego Costa, así que
estamos hablando de palabras mayores. El primero es ahora mismo el cerebro de este equipo. Y no sólo a balón parado. Corre, reparte, da, quita, ve…
jugador total. El segundo está en estado de gracia que no se le recordaba y cuando se olvida de
meterse en peleas de barrio aparece un delantero brutal, capaz de abrir huecos,
tirar desmarques, bajar la pelota, encarar y rematar. A los 20 minutos Arda
metió un balón en banda para que Juafran, de escorzo, lo parase y colgase al
área. Allí estaba Costa para rematar como buen delantero centro. 1-0. 5 minutos después y de nuevo por la
derecha (la izquierda de Insúa no existió) Juanfran (muy buen partido del
lateral, por cierto), deja el balón a Koke para que lo cuelgue al área y Costa
lo remate de cabeza de precioso remate. 2-0. Muchos, entre los que me incluyo,
daban entonces por concluido el partido.
Pero el Atleti, sin alcanzar en ningún momento un
mínimo de intensidad y sumido esa especie de fútbol control torpe que tan mal
le sale cuando lo intenta, se dejó llevar y por primera vez e un mucho tiempo bajó los brazos. Mal en la presión (Gabi es vital en
esto), poco pragmático a la hora de encarar la portería contraria (demasiados
efectivos desequilibrando el ajuste ataque/defensa) e inusualmente blando en
defensa, provocó que un Osasuna muy justo, bien colocados y poco más, creyese en que sacar algo positivo del Calderón era posible. Creencia que se hizo fe tras el gol de Oriol Riera, que cabeceaba
un buen pase de Puñal a balón parado para poner el 2-1 en el marcador.
La segunda parte se desarrolló con el mismo libreto,
los mismos protagonistas (aunque Gabi salió por un lesionado Mario) y el mismo espíritu. Fue un suplicio. Turan pudo matar
el partido, especialmente en una jugada de esas suyas en las que regatea a
todos, pero no lo hizo y eso provocaron los nervios de la grada y la conocida sensación
de que la fiesta podía romperse en cualquier momento. Si uno lo piensa fríamente
lo cierto es que Osasuna no tuvo ocasiones y que apenas inquietó a Courtois
pero la sensación que flotaba en el aire era la de esos viejos tiempos de
cagadas a destiempo y disgustos de última hora. No ocurrió. Aupados en una grada espoleada por Simeone el
partido terminó dando tres puntos más a los colchoneros.
Y ahora el derbi. El derbi que afrontamos con más
posibilidades de arañar de todos los disputados en los últimos años pero que no
deja de ser un partido fuera de casa frente a un equipo que te quintuplica el
presupuesto y que tiende a tener la suerte de acumular más errores arbitrales a
favor que nadie. Un derbi en el que además, gane o pierda, la prensa "madrileña" venderá indefectiblemente como un éxito del "nuevo" Real Madrid. Por lo civil o por lo criminal. Se juegan mucho dinero como para que la "modelo" salga a la pasarela con el traje arrugado. Hay muchos periódicos y horas de radio o televisión que vender. Pero es un derbi, qué diablos, y como tal hay que vivirlo.




