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Solo y aburrido bajo la lluvia (At. Madrid 1 - RCD Español 0)




Esta noche en el Calderón estábamos cuatro gatos. Una entrada impropia de un partido de copa (nuestra última y única esperanza) frente a un rival que hace cuatro días que nos había ninguneado y con un nuevo derby como recompensa inmediata. Soy muy malo calculando audiencias pero rondaría el cuarto de entrada. Algunos dirán que el infernal tiempo que hacía hoy en Madrid tiene la culpa pero llevo demasiados años viniendo a este campo como creer que esa es la razón. El mismo tiempo hacía en el Bernabeu y decía la radio que rondaban los tres cuartos. Las razones del abandono en la grada yo la fundamento en otros puntos. Para empezar mientras que en Chamartín la grada está principalmente cerrada y tiene calefacción en el Calderón seguimos como hace 50 años. Son las cosas que tiene eso de estar una década vendiendo las veleidades de un nuevo estadio que es una mentira (otra mentira). Pero el aficionado atlético es austero y no sólo esa puede ser la razón. A no ser que el aficionado atlético ya no sea el de antes y su asiento esté ocupado por un nuevo colchonero nacido de la escuela que promulga AS y MARCA y que no entiende de sentimientos pero si de “comodidad” (que algo de eso también hay). En cualquier caso, desde mi modesta opinión, la principal razón hay que buscarla en el soporífero espectáculo que da este equipo.

El partido comenzó, como ya podemos decir que es una norma en la era Quique, con un equipo que sale a especular. Un equipo que tapa al contrario, que controla su salida y que intenta fundamentalmente que en principio no sale nada. Una forma de encarar un partido tan bochornosa como difícil y que rara vez tiene resultado. Así, un Español ordenadito cuyo principal mérito era juntar muchos las líneas y ocupar bien el campo. De una forma tan simple sin dominar el juego se sintió cómodo en el campo y tuvo dos buenas ocasiones antes de que el personal quitase el agua de esos asientos con mantenimiento cero.

A partir de ahí el sopor y la mediocridad se instaló en el césped hasta completar otra aburrida primera parte sin nada o muy poco que ver con el fútbol. Una primera parte que se resume en dos acciones que acontecen pasada la media hora. La primera un disparo lejano de Reyes que un defensor despeja con la mano. A mí la mano me parece clara pero también me parece que es fuera del área. Al árbitro sin embargo le parece penalty. La televisión despejará la duda pero a mí me parece dudoso. Simao se encarga de transformar la pena máxima en su último partido con esa camiseta (Forlán se había lesionado minutos antes). El portugués se va de esté equipo con la misma elegancia y discreción que ha desprendido durante estos años. Siempre me pareció un fichaje muy caro pero ha sido un profesional ejemplar que ha llevado nuestro brazalete de capitán con dignidad. Le deseo toda la suerte del mundo. La segunda acción destacada es la expulsión de Reyes (un ídolo con la cabeza de barro) que demuestra la incompetencia supina y lo poco de fútbol que saben los árbitros españoles. Por inconsciente y estúpido que sea Reyes (que lo es) jamás una acción así puede acabar con mayor castigo para el agredido que para el agresor. La entrada de Dátolo por detrás y a destiempo ya debería abrir el debate de la necesidad de una tarjeta roja pero es que encima el “deportista” del Español le lanza el balón a Reyes con toda la mala leche del mundo cuando éste está en el suelo. La salida de tono de Reyes es igualmente punible pero siempre con un castigo menor o igual al de su agresor. Por pura lógica. El árbitro podía haber expulsado a los dos o sólo al españolista dejando a Reyes con amarilla y hubiese tenido una explicación pero lo que hizo (lo contrario) no sólo no la tiene sino que va en contra de eso que los papagallos cacarean de defender el fútbol y a los futbolistas. Mourinho y sus palmeros hubiesen dado un golpe de estado.

La segunda parte estuvo más animada por aquello de la velocidad y las oportunidades. El Español abre el campo con Callejón y se lanza a por el partido mientras que el Atleti se cierra en su área. Tener un jugador menos era la excusa pero yo cada vez tengo más claro que Quique tiene un perfil parecido al ínclito de Aguirre en este sentido. Con el mismo nivel de valentía, el señor Sánchez Flores parece sentirse cómodo en la tragedia y las situaciones desesperadas (una eliminatoria perdida, un jugador menos, miles de puntos por debajo,...) esas que justifican lo injustificable como encerrarte renunciando al balón y a jugar, dar pelotazos, etc... El Español se pasaba la noche en la zona rojiblanca y lógicamente tuvieron varias ocasiones. Sólo el bueno de De Gea (increible que algún iluminado hubiese empezado a criticar al canterano) ha impedido que los de Barcelona no empatasen el partido complicando de esa manera el no salir derrotado. Los madrileños, como viene siendo habitual en las últimas décadas, a lanzar pelotazos arriba con la esperanza de que el Kun la baje, se marche de toda la defensa recorriendo decenas de metros y que meta gol. A pesar del fútbol de su entrenador y de las dificultades que le pone su equipo el argentino ha vuelto a dar otra lección de fútbol y otra demostración de lo gran jugador que es.

Pero a los 20 minutos el pésimo árbitro de hoy decide expulsar a Victor Ruiz por doble amonestación (para mí dudosas las dos, sobre todo la primera) con lo que en teoría se igualaba la balanza pero sólo en teoría porque no fue así. Quique debió entender que ya que estaba jugando con un jugador menos era mejor seguir igual a pesar de tener los mismos jugadores que tu rival. El Atleti, en otro ejercicio vergonzoso y humillante de cobardía, siguió encerrado en su área dejando todo a merced de patadones arriba y la inspiración de la lucha quijotesca del Kun Agüero que aun así tuvo varias ocasiones claras. De esta forma tan humillante murió el partido.

Espadas en todo lo alto pero a mí este equipo y sobre todo esta forma de jugar no me inspira más que pereza, sopor y lástima.

180 min.

Una frase muy típica entre entrenadores cuando se les pide comentar una eliminatoria de copa es eso de que es un partido de 180 minutos. Mentira. Son dos partidos. Si el partido de la semana pasada dura 180 min. al equipo madrileño le caen seis en lugar de tres goles. Si el partido de hoy dura 180 min. ocurre exactamente lo mismo pero con el Recre como damnificado. Gracias a Dios la Copa del Rey es así, con dos partidos, que además cuando tienen que jugarse como el de hoy, a muerte, hacen que tipos resentidos con el fútbol como yo pueden volver a vivir lo que es divertirse viendo un partido de fútbol. Adoro este tipo de competiciones. Creo que los torneos del KO son generalmente injustos (no gana el mejor) pero me temo también que hoy por hoy son el único reducto de lo que es el fútbol en estado puro, ese deporte en el que dos equipos intentan por todos los medios meter gol en la portería contraria.

Como no podía ser de otra forma el Atleti comenzó el partido a matar o morir. Con el esquema que según mi opinión mejor cara podría dar en este Atleti (especialmente en casa y contra equipos de perfil bajo). Hablo de ese 4-4-2 sin doble pivote y en rombo con Jurado por delante de Asunçao, dos interiores (que a mi me gustaría que vinieran más al centro para no dejar tan vendido a Asunçao) y dos delanteros basculantes y antiestáticos. Sin embargo el esperado arreón inicial, siempre a hombros de una bendita grada que a pesar de los pesares volvió a no fallar (sin llenar el campo), se hizo con más corazón que cabeza lo que provocó alguna que otra duda fugaz en la afición. La presión era intensa pero sin orden. El ataque era constante pero cargado de una buena dosis de ansiedad que provocaba la ineficacia colchonera. Estos desajustes iniciales facilitó el que el Recreativo se olvidase de complejos y miedos y plantease el partido con bastante dignidad sacando la defensa de su área, intentando congelar el ritmo y sin despreciar la pelota. Pero el corazón muchas veces es más que suficiente para derribar cualquier barrera y así ocurrió. A veces se nos olvida que defendiendo nuestra camiseta tenemos a Agïero, Forlán, Simao, Reyes, Jurado,... y si esta gente es capaz de tener el balón y pasárselo las posibilidades de soñar se disparan de forma considerable. Así que cuando pasado el primer cuarto de hora sin demasiados apuros para los andaluces y cuando toda parecía indicar el partido entraría en otra fase diferente, un rechace en el área con un buen puñado de jugadores colchoneros en la zona es recogido por Simao que inaugura el marcador para delirio de la grada.

Entonces si que la olla se destapó, el Atleti se desmeleno quitando la presión y el Recre empezó a notar el aliento del infierno colchonero. Entonces si se pudo ver en el campo al tercer presupuesto de la liga frente a un equipo de segunda lo que indefectiblemente acabó en una preciosa jugada por la izquierda que el Kun se encarga de rematar a puerta con la zurda tras un pase de la muerte de catecismo. Para entonces la remontada tomaba cuerpo en la imaginación del respetable que por primera vez en la eliminatoria podía sonreír de esperanza. Se paró el ritmo pero sin perder la cara y cuando todo el mundo pensaba ya en el descanso, un gran saque de córner (¡noticia!) es rematado casi de escorzo por Ufjalusi que ponía el tercero en el marcador e igualaba la eliminatoria.

El más pesimista y reacio a esto que se llama fútbol moderno tenía entonces la idea de que la segunda parte guardaría en el armario esa primera parte de vértigo y emociones para desplegar otra sesión de táctica, control y sopor a las que tan acostumbrados estamos en el Calderón pero nada más lejos de la realidad. La segunda parte fue mucho más intensa, dramática y espectacular que la primera. En los primeros 6 minutos (¡seis minutos!) sucedió todo lo siguiente: Clara ocasión del Recre tras el primero de muchos fallos defensivos de los madrileños, gol anulado al Kun por dudoso fuera de juego, paradón espectacular de De Gea a tiro desde fuera del área del área de Fornaroli y Remate de Forlán al larguero. Casi nada. A partir de ahí, supongo que para desgracia de sus entrenadores el partido entró en una frenética y suicida partida de ping-pong hasta que pasado el cuarto de hora Agüero mete el balón en la portería contraria (al final parece que es en realidad en propia puerta) tras una extraña jugada que no terminaba nunca.

Pero cuando la alegría y la emoción se desparramaba por todos los poros colchoneros estando en ese momento clasificados para la siguiente ronda empezamos a ver por primera vez en la noche algunas de las desgracias de este equipo como son la falta absoluta de centro del campo para controlar un partido y sobre todo una defensa que no es digna de un equipo de primera división. Lo de Perea (por centrarlo en alguien) es digno de tesis. No puedo encontrar una razón basada en las leyes de la lógica que explique la razón de que este muchacho siga siendo titular en el equipo. Sin embargo el “héroe” negativo de la noche esta vez fue el bueno de Asunçao que superó al colombiano con creces. Asunçao que a pesar de todo es un jugador sobre el que creo que no merece cargar en exceso las tintas porque pienso que ha dado más que ha quitado. Cuando nadie se lo pedía y cuando ya se llevaban 25 minutos de la segunda parte no se le ocurre otra cosa que ponerse a regatear en el área pequeña (cosa que no hace ni en el área contraria) para que Carmona robe el balón y meta uno de los goles más fáciles de su carrera. Para terminar de rematarlo dos minutos después decide entrar como el mercancías por enésima vez en el partido dejándoselo tremendamente fácil al árbitro para que lo expulse cosa que el trencilla hace sin titubear. La expulsión es injusta pero como otras tantas veces eso no lo puede hacer un jugador profesional en esas circunstancias.

El panorama entonces era tremendamente sombrío y daba la sensación que tanta adrenalina se había derrochado en balde. Más todavía teniendo en cuenta que Quique tiene que sacar al campo a Raúl García para darle la manija del equipo y el navarro respondía como sólo él sabe hacerlo en estas ocasiones que es dando un pelotazo mandando el balón a la estratosfera la primera vez que lo toca. Pero el Atleti todavía tiene buenos jugadores y a base de esfuerzo y ganas por parte de los que quedaban (Agüero, Forlán, Simao, Reyes,...) se intentaba llegar al área contraria aunque con poco éxito y mucho desgaste. El Recre endureció el partido, paro el ritmo y todo se ponía muy difícil hasta que el Kun en jugada individual es derribado al borde del área permitiendo que Simao de una lección magistral al mundo de como se lanza una falta directa. Impresionante el golpeo del luso que quitó las telarañas de la escuadra y los demonios en las cabezas de los Atléticos.

A pesar de los nervios finales el 5-1 se quedó en el marcador, la sonrisa se quedó en la grada y la ilusión en los espíritus de los aficionados colchoneros. Que este equipo gane algo es francamente difícil pero soñar es gratis y al fin y al cabo somos el Atlético de Madrid. Eso debería bastar.

I want to believe

William Mulder era un agente especial de la CIA de magnífico expediente e incalculable potencial que había decidido dedicar su vida y su talento a la investigación de los expediente X, esos caso de difícil solución archivados en las oscuras esquinas de la inteligencia americana relacionados generalmente con fenómenos paranormales de difícil comprensión científica. Muchos compañeros lo tachaban de lunático y pocos entendían como se podía derrochar tanto potencial en una labor tan absurda pero William Mulder no era desde luego de la misma opinión aunque a veces, cuando se quedaba estancando en sus pesquisas, se le pasaba la idea por la cabeza de si efectivamente estaba perdiendo el tiempo. En esos momentos levantaba la cabeza hacia la pared de su despacho donde colgaba una foto con el lema “I want to believe” (quiero creer). Yo que me he sentido una especie William Mulder muchas veces en este extraño vínculo que me une al Atlético de Madrid he conseguido hoy encontrar la imagen a la que desviar mi atención cuando tenga dudas de fe. Supongo que existirán un montón de explicaciones lógicas para explicar lo que ha ocurrido hoy, con las que además aplacar mi alegría pero que quieren que les diga, lo he pasado tan bien en el estadio y hacía tanto tiempo que no disfrutaba tanto en un partido de fútbol que me dan igual. Y es que el fútbol es esto y no eso que quiere imponer tanto entrenador megalómanos que basa el fútbol precisamente en todo aquello que tiene poco que ver con el o tanto periodista NBA que intenta hacer propaganda de un concepto de deporte-espectáculo que tiene también poco que ver con algo que lleva más de un siglo desatando emociones. 

El ambiente era precioso antes de comenzar el partido pero mi problema es que esta temporada ya había visto el estadio lleno y la gente entregada otras veces y no tenía buen recuerdo. Sin ir más lejos hace cinco días frente al Oporto en ese lamentable espectáculo que dimos al mundo. Por eso era reacio a eso de las siete de la tarde a chillar, airear la bufanda o hacerme ilusiones aunque rápidamente todos vimos que las cosas eran diferentes. Durante la semana se daba por seguro que Abel decidiría reforzar el centro del campo a base de sacrificar alguno de los hombres de banda (Simao con mucha probabilidad) pero el de Velada decidió dar un golpe en la mesa manteniendo el mismo equipo (sacando a Heitinga en lugar de esa broma pesada en forma de ser humano llamada Seitaridis) y el mismo esquema. Bueno, el mismo esquema no porque parecía otro equipo. Forlán se metía en el centro (sin perder la cara a la portería), Maxi y Simao se fogueaban en la contención, el Kun se dejaba la vida para no dejar jugar desde atrás, Asunçao barría su zona mientras secaba a Xavi... y todo eso con una concentración colectiva notable, sensación de peligro, una defensa torpe pero cerca del resto del equipo... por fin un equipo sobre el terreno de juego. El todopoderoso Barça no sabía ni podía jugar al este atleti y las ocasiones llegaban de lado rojiblanco hasta el punto de que ya en los primeros minutos el colegiado inauguraba su nefasta labor arbitral (como casi siempre con el Barça de por medio) anulando un gol legal a Heitinga.

Pero todo lo bonito que tiene el fútbol lo tiene de injusto y así con injusticia se adelantó el barça en el marcador. Un nuevo fallo de Pablo (el más flojo de la defensa), un rechace de mala suerte y Henry lanza un disparo desde la esquina del área que se cuela por la escuadra. Jarro de agua fría. El equipo se quedo algo tocado en lo anímico pero no bajó los brazos ni se escondió lo cual fue no sólo una novedad sino un anticipo de lo que vendría después. Se sucedieron unos cuantos intercambios de golpes hasta que un inédito hasta ese momento Messi recogió un balón a pocos metros del área, que es justo donde este chico no debe recibir, para demostrar al Calderón entero lo buen jugador que es. Se fue en velocidad sorteando rivales en pocos metros cruzando el balón a la salida de Leo Franco. 0-2 en el marcador y un panorama más que desolador. El Atleti de Aguirre muy pocas veces fue capaz de remontar un gol y creo que nunca consiguió hacerlo con más de uno. Si a eso el uníamos el estado anímico y físico de la plantilla parece fácil entender que la grada se preparase para otra noche de horror a la rivera del Manzanares pero había dos cosas en el ambiente que nos hacía resistirnos a ello. El primero que lo que estábamos viendo era injusto y segundo que los jugadores no parecían dispuestos a bajar los brazos. Así que sin tiempo de acomodar en el salón a los habituales fantasmas Forlán agarró un zurdazo desde su Uruguay natal que el bueno de Valdés se come con patatas. 1-2 y la esperanza contenía a la euforia.

Durante el descanso se respiraba un ambiente raro en los últimos partidos. Normalmente a estas alturas y con ese resultado la afición estaba cabeceando mientras enumeraba errores y jugadores sobrevalorados pero hoy no, hoy la gente decidía abrazar como suyo el famoso lema de Obama, yes we can... y pudimos. Comenzó la segunda parte con la misma tensión, colocación y velocidad que la primera y el espectáculo para el espectador no se resintió un sólo átomo. Antes que nada me gustaría destacar la labor de entrenador de Abel que hoy si supo leer el partido sin renunciar a su idea del fútbol. Adelanto la defensa y presionó arriba pero además alecciono a Simao para cerrar el centro del campo, bloquear a Alvés y abrir su banda en ataque obligando al brasileño a defender (gran partido de Simao). Coloco a Forlán cerca del centro del campo para tapar la salida pero sin sacrificarlo en ataque (gran partido del Uruguayo) y sobre todo organizó un buen entramado en el centro que impedía la construcción blaugrana (era curioso como el balón siempre tenía que salir de los pies de Puyol) en el que tuvo mucho que ver un jugador como Conseiçao que lleva varios partidos dando a entender que su fichaje no fue el tradicional error de todos los años. Igual que el martes Abel pareció un aficionado jugando en la liga de los mayores hoy ha dado un mensaje de personalidad y criterio. Al Cesar lo que es del Cesar. Y así, con todos esos parámetros más la presión arriba llegó un error en la defensa del Barcelona que el Kun (otro que ha hecho un gran partido) aprovechaba para empatar el partido.

Llegados a ese punto todos sabíamos que cualquier cosa era posible y así ocurrió. Jugadas de gol, errores, emoción, goles, alegrías, disgustos,... fútbol en una palabra. Con un atlético lanzado y mereciendo mucho más, el balón llega al lateral derecho colchonero desde donde se mete un balón al área pequeña para que Forlán, a escasos dos metros de la línea de gol, remate el balón fuera. Mientras el uruguayo todavía se lamentaba en la portería del equipo catalán, Heitinga se queda enganchado al tirar el fuera de juego y el balón llega franco a Gudhjonsen que con muchos metros por delante y sólo leo Franco enfrente cede el balón generosamente a Henry para que este ponga el 2-3 en el marcador. La injusticia del fútbol que dirán muchos. Pero este irreconocible atleti no tiró la toalla. A pesar de los pesares (2-3, el Barça y apenas 15 minutos por delante) decidió morir matando y se fue a por el partido. Y lo consiguió. Primero tras un penalty que no tiene duda para nadie pero que el inefable del árbitro se negaba a pitar y que Forlán aprovechó para transformar en gol con mucha sangre fría a pesar de la rabia del gol marrado y de los nervios que provoca el tardar tanto en ejecutar la pena máxima gracias a la estupidez congénita de la profesión de árbitro de fútbol. Después con una fusión de juego y pundonor que dio con el Kun Agüero (un jugador que debería estar siempre en el campo) dentro del área y al que ni siquiera un desacertado Puyol consiguió quitarle el balón en su carrera desenfrenada hacía el gol. 4-3 y la euforia desatada en el Calderón.

A veces se me olvida lo mucho que me hace disfrutar el fútbol. Es cierto que se me olvida porque cada vez son menos las tardes y las noches en las que verdaderamente me divierto viendo este bendito deporte pero ay amigo cuando ocurre. Hoy he disfrutado como un enano desde el primer minuto al último. Es de esos partidos que acabo agotado como si también hubiese estado jugando sobre el césped pero me gustaría acabar con un apunte: podríamos haber perdido y de hecho hemos estado cerca de hacerlo pero perder así duele mucho menos.

Sillas vacías

“El mañana vendrá y se irá sin ningún pesar y por la tarde me volverá el recuerdo de lo que nunca podré olvidar… cuartos vacíos que hacen eco según se suben las escaleras y ropas vacías que caen y cubren las sillas vacías”.

Decía Billy Brandt que permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen. Esta noche se ha cometido una tremenda injusticia no sólo al Atlético de Madrid sino fundamentalmente al mundo del fútbol. Una injusticia que además de alguna forma ha sido también consentida por los principales actores del carrusel sobre el que gira este deporte. Hacer pagar a una afición por un delito que no ha cometido y que en ningún caso tiene que ver con ella, tenga o no tenga razón la UEFA en su acusación contra la policía española, tiene más que ver con razones oscuras y capciosas que se escapan de lo que es este bendito deporte. Cuando a la injusticia se le suma la política en el camino el engrudo resultante es difícilmente digerible. Cuando además es la UEFA quien conduce el destino del engendro todo se convierte en necedad estúpida. Ver hoy la imagen de un Vicente Calderón completamente vacío en el mismo momento en que el equipo se clasificaba matemáticamente para la siguiente fase de la Liga de Campeones era deprimente. Esa alegría que los colchoneros teníamos guardada en el corazón para noches como esta ha tenido que quedarse difuminada en porciones individuales gracias a la estupidez congénita de unos burócratas que se han adueñado de un espectáculo anteriormente precioso y gracias a los giros de cuello para mirar hacía a otro lado de nuestros defensores en tan hostil cuadrilátero. Gracias a estos señores y a partir de hoy el concepto de justicia deportiva tendrá una nueva definición. O no, porque me da que como en toda fiesta en este carrusel hay gigantes y cabezudos.

Debe ser tremendamente difícil meterse en un partido como el de esta noche cuando todo el gélido entorno te invita a pensar que estás asistiendo a un simple entrenamiento y a la vez algo te dice desde una esquina de tu cerebro que te estas jugando el pase a la 2ª fase de Champions. Me daba miedo este punto teniendo en cuenta la fragilidad de actitud que ha demostrado mi equipo en tantos y tantos partidos. Reconozco que el miedo se transformó en pánico cuando en el minuto 2 de partido ese internacional griego que tantas veces parece tener problemas de equilibrio mental sobre un terreno de juego realizó una entrada asesina que acabó lesionando a Afellay, la estrella del PSV. Pero por un día mis miedos eran infundados y el atlético de madrid hoy si pareció el atlético de madrid en los inicios del partido. Liderado por las personas que siempre deberían ser importantes en este equipo, ya saben: Simao, Forlán, Maniche, Agüero, Maxi,.. el equipo se adueño enseguida del balón, del campo, del ritmo y del juego, que sin ser espectacular si era efectivo, serio y en ocasiones brillante. Con un escenario tan radiante apareció un pase al área desde la derecha que Simao, un jugador no sólo en excelente estado de forma sino también en estado de gracia, se encargó de errar el remate, recoger el rechace y hacer el primer gol. Corría el minuto 13 y la superioridad del equipo colchonero era manifiesta ya para entonces.

Los creativos gestores del video marcador del Calderón proyectaron entonces un video de la afición gritando como forma de celebrar el gol. No hay muchos precedentes de partidos jugados en estas circunstancias pero a tenor de las sonrisas de Simao y Forlán observando el amable esfuerzo no parece que fuese una opción muy afortunada. Lo que si que me imagino que agradecerían los jugadores habrán sido los gritos constantes de un buen puñado de “valientes” que se dieron cita en las inmediaciones del estadio para animar con su calor y presencia al equipo. En una noche que debería estar rondando los cero grados y en un lugar donde no existía una miserable televisión en la que seguir el partido hay que olvidar otras connotaciones y reconocer el coraje y el valor de esta gente.

“Me pregunto si sabes que nunca entendí el que a pesar que dijiste que irías, hasta que no lo hiciste nunca pensé que ocurriría”

Con el primer gol en el casillero la cosa no se pudo poner mejor muy a pesar de lo que suele ocurrir con este equipo teniendo a Javier Aguirre en el banquillo. Hoy en lugar de echarse miserablemente hacia atrás decidieron mantener la posición, adelantar la presión, salir rápido a la contra y jugar al fútbol. En el campo se juntaba un equipo flojo, noqueado anímicamente, perdido pero de la escuela holandesa, esa que dice que a este deporte se juega con un balón y que por tanto lo primero que hay que hacer es tenerlo, frente a un equipo motivado, serio, rápido y con jugadores de primer nivel mundial desprendidos de su tradicional corsé. Miel sobre hojuelas. Desde ese momento hasta el descanso la superioridad colchonera fue abrumadora y solo subió un gol más al marcador, un remate violentísimo de Maxi tras un corner sacado por Simao, por una simple cuestión de casualidades.

En ese momento un joven amigo que estaba viendo el partido con nosotros se alegraba de que el Liverpool fuese ganando al Olympic porque “era más fácil nuestra clasificación”. Mi padre, viejo zorro y viejo atlético él, decía, “no hijo no. El Liverpool tiene que perder si queremos ser primeros de grupo”. ¿Una alegoría del atleti de hoy?... quien sabe.

“Nunca pensé que las palabras que dijiste eran verdad. Nunca pensé que decías lo que realmente querías decir. Nunca supe cuanto te necesitaba. Nunca pensé que te irías… hasta que te fuiste”

Pero desgraciadamente, porque este atleti es así, lo que parecía un episodio de “la casa de la pradera” acabó convirtiéndose en una especie de “Poltergeist” descafeinado. No había pasado ni un minuto desde el inició del segundo tiempo y en un córner mal sacado por los holandeses y tras una cadena de errores en la defensa atlética el PSV marcaba un inmerecido gol. A partir de ese momento el equipo entró en el estado de catatonia expectante que tan bien conocemos los que seguimos todos los días al equipo y las dudas aparecieron en las gradas imaginarias. El partido se paró, se espesó, se ralentizó, aparecieron las dudas, los patadones, los golpes esporádicos de genio,... Debo ser sincero sin embargo y también vi cosas que son una novedad en el habitual planteamiento táctico del equipo como esa presión a la salida del balón en campo contrario que como mínimo hacía que se jugase lejos de nuestra portería.

Los minutos fueron cayendo sin pena ni gloria, Ramón Calderón se moría de frío en el palco, Aguirre se escondía en su abrigo, Pitarch ponía cara de ser del atlético de madrid y en el campo ocurrían cosas sorprendentes como las entradas por la banda con sentido de Seitaridis y faltas bien hechas por parte de Pernía que se mezclaban con la espesura tradicional. Sólo en los minutos finales se pasó algo de apuros gracias a esa puñetera manía de meterse todo el equipo en el área a defender un resultado corto que debería haber sido más amplio.

Falta un partido y estamos clasificados para la siguiente ronda. Parece que el equipo funciona en esta competición que desgraciadamente ya está amortizada para nuestra dirección deportiva. Se podría intentar sacar conclusiones de porque parece ser todo miel y ambrosía en Champions y puré de hiel en todo lo demás pero hoy no tengo ganas. Prefiero disfrutar en soledad pero sin ambigüedades de algo que unos burócratas me han impedido disfrutar en compañía del resto de colchoneros.

Empty Chairs - Don McLean
American Pie - 1971/BGO

Puede que te hayas marchado

“Has pasado toda tu vida esperado. Usas tu paciencia para parecer que estás bien. El tiempo avanza mientras te preparas para decirte a ti mismo que seas razonable. Entonces vienen los momentos que no puedes prever. No puedes irte, no puedes soltarte para mantenerte lejos de esos sueños, ignorando los buenos tiempos...”

Los Partidos entre el Villarreal y el Atlético de Madrid en los últimos años son, como si estuviesen representando en un campo de fútbol cualquier saga mítica de ciencia ficción, una lucha encarnizada lucha entre el bien y el mal. El blanco contra el negro. La honestidad frente al engaño. El trabajador frente al lazarillo. Es la lucha entre quien apuesta por tener el balón y quien no lo quiere. Quien es valiente y quien no lo es. Quien quiere ser protagonista y quien no quiere serlo. Quien quiere escribir el guión y quien pretende vivir de los borrones del contrario. Es la pelea entre quien se siente campeón y pretende demostrarlo o entre quien se siente inferior, con nada que perder y a partir de ahí cualquier cosa es un éxito. Es la pugna entre quien apuesta por el juego colectivo y el que apuesta por la individualidad esporádica. En definitiva es la lucha entre el fútbol y el anti-fútbol. 

Hoy el destino ha sido tremendamente injusto con quien apuesta por el camino recto y tremendamente generoso con el ideólogo de la mentira y la excusa. Sin embargo y en compensación también ha sido justo con Simao, jugador sobresaliente que junto con Forlán. Maniche o Agüero han tenido la mala suerte de caer en uno de los atléticos peor dirigidos de todos los tiempos (y no sólo dentro del campo).

El Atlético de Madrid mediocre y casposo de Javier Aguirre nunca remonta los partidos. Para eso hace falta tener el balón e intentar hacer algo con el, cosa que no parece entrar en los esquemas de tan genial entrenador. Estoy harto de hablar de este hombre pero desgraciadamente su presencia contamina, para mal, todos los poros deportivos de este equipo. Este año siempre que el equipo contrario abre el marcador o perdemos o empatamos. Es fácil comprobarlo. En temporadas anteriores, salvo excepciones puntuales, fue exactamente igual. La revolucionaria táctica de Aguirre consiste en meter gol primero y parapetarte en tu portería hasta que acabe el partido. No hay otra forma de ganar. Lamentable planteamiento para el tercer presupuesto de la liga pero eso es lo que tenemos y eso es lo que a nadie parece importar.

“Ahora es demasiado tarde para ti. Puede que no esperes y las cosas que todavía no he conocido se desvanecen antes de completarse.”

Hoy, como no podía ser de otra forma y a pesar de la situación tan crítica de autoestima que padecemos, hemos asistido de nuevo a tan patética forma de plantear la vida. El equipo ha salido concentrado para variar y en la primera jugada trenzada como colectivo y al primer toque desde hace muchos meses Simao ha recogido el balón en el borde del área para meterlo por la escuadra. A partir de ese momento, minuto 1 de partido, se acabo el volver intentar jugar al fútbol. El equipo a la frontal del área y a esperar mientras se reparten patadas a diestro y siniestro. Eso es lo que hay que hacer estando Aguirre en el banquillo. Daba igual las bandas, los medios, los mediocentros, los delanteros o la creación. Todos a defender como se pueda.

El Villarreal, equipo que apuesta siempre por jugar al fútbol, se dedico a intentar dar con la puerta de entrada en el autobús de matrícula mejicana que había en la portería atlética pero se topaba sistemáticamente con los muchos jugadores de color rojiblanco y sus patadas traicioneras. En un despeje a la estratosfera de los muchos que hacia la zaga colchonera el balón llegó sin querer a las inmediaciones del área del equipo levantino y como un rechace suelto en el área es lo único que necesita Forlán para hacer gol pues lo hizo. 0-2, tremendo resultado para una planteamiento tan ruin y chabacano pero gracias a Dios tenemos los jugadores que tenemos. ¿Cómo sería la cosa jugando al fútbol? Lloro sólo de imaginármelo.

El Villarreal siguió con la misma idea de intentar jugar y el atleti con la misma idea de no hacerlo, de defender en su área y de dar patadas. En una de esas, en el lateral del campo contrario (me cuesta encontrar un sitio más estúpido para hacer una entrada de carnicero), Ever Banega se autoexpulso con una segunda amarilla más que justa. Debe ser muy duro para un jugador como Ever tener que estar todo el partido corriendo detrás el balón sin tocarlo pero eso no lo exculpa de la estupidez que hizo esta noche. Así acabo la primera parte, dos goles a favor, un jugador menos y asistiendo a un monólogo del Villarreal.

“Debería girarme y ver si estás todavía ahí pero por ahora no es seguro. Puede que me estés esperando, puede que te hayas marchado”

Y así empezó también la segunda parte pero el Villarreal había tirado a puerta unas 20 veces para entonces. No soy muy defensor de la labor de Leo Franco, creo que lo he dejado claro en este blog otras veces, pero si tiran 20 veces a puerta las probabilidades de fallar son bastante más altas que si tiran 2. Como no podía ser de otra forma en uno de esos tiros Leo decidió hacer lo que no hace nunca, intentar atajar el balón, y claro se lo metió en su portería. Es lo que tiene intentar hacer lo que no sabes. Empleando las misma lógica si el equipo contrario pasa el 80% del tiempo en la frontal de tu área las probabilidades de que surja un error (o un acierto del contrario) que deje un jugador rival delante del portero son bastante más altas que si tienes tú el balón en el campo contrario. Bien, así llegó el empate a 2. Y el 3-2 y el 4-2. Si, porque el Villarreal, en contra del infecto código deontológico que usa Aguirre, siguió jugando exactamente igual con el marcador en contra que con el marcador a favor. Siguieron siendo protagonistas, teniendo el balón y marcando el ritmo. Da gusto ver algo así comparado con nuestro pseudojuego que siempre depende del rival, del resultado y hasta del Ibex 35.

Para entonces mi desesperación y aburrimiento se había transformado en amarga envidia. La sensación de que no merece la pena animar a este equipo en estas condiciones sólo era disimulada por la vergüenza que supone comprobar el poco respeto que la prensa tiene por mi equipo cuando ni Valdano, ni Kiko cuestionaban un planteamiento tan sumamente cobarde como el nuestro dando por hecho que tenía que ser así y hasta elogiando lo “compacto” de mi equipo en la primera parte.

Pero apareció Simao. Un pequeño fallo, un inteligentísimo slalom y 4-3 en el marcador. Ni siquiera lo celebré porque no había nada que celebrar. Minutos después una falta sacada por el mismo Simao de forma espectacular, olvidándose de tácticas peregrinas y haciendo lo que sabía hacer antes de pasar por las manos del estratega azteca, ponía un empate injusto en el marcador. Tampoco lo celebré porque no había nada que celebrar.

El atleti debería haber ganado este partido poniéndose 0-2 en el marcador en el descanso pero debería haberlo perdido por la forma en la que lo ha planteado, la forma en la que lo ha jugado y sobre todo porque un discurso tan vacío, mediocre e injusto para este club y el deporte del fútbol jamás debería tener éxito. El culpable de ese discurso tiene nombre y apellido. Puede que se haya marchado mientras escribo esto pero no será así. Un empate a cuatro en Villarreal es una hazaña sobrehumana para los dirigentes y gran parte de la afición de este Atlético de Madrid refundado y entre ellos el mismo tipo que hace un rato sacaba pecho en la rueda de prensa diciendo que se "rompía una racha de mierda". El que es cobarde lo es hasta el final.

“Tienes problemas para hacer lo correcto y tratas de decirte a ti mismo que funcionará, como debería. Pero algo “bueno” puede hacer mucho daño. Sabes que no puedes soñar. Perece que estoy estancado”

Maybe You’re gone (S. Lerche)
Sondre Lerche - Two Way Monologue (EMI/2004)

Todo está mal

“Quiero volver, quiero volver a casa. Tenía todo planeado y ahora no entiendo porque me siento tan sólo. No reconozco este sitio aunque había estado antes aquí. Dejaré que todo se esfume ahora que ni siquiera sé para que vine”

A finales de la temporada pasada, cuando definitivamente se confirmó que el Atlético de Madrid quedaría cuarto de una liga rara y descafeinada, las voces más triunfalistas del Calderón alzaban su voz y sacaban pecho como si el club hubiese conseguido un gran éxito. Por fin el equipo volvía a la elite, se escuchaba, por fin el equipo jugaría la Champions, decían. Hubo quien incluso fue a celebrarlo ante una estupefacta estatua de Neptuno. Unos meses después, el equipo sigue siendo el caos infernal y la extraña máquina de NO hacer fútbol que era el año pasado. Sigue haciendo el ridículo en el campo cada vez que tiene ocasión y sigue perdiendo con todos los equipos grandes con los que se enfrenta pero curiosamente, en esa liga de campeones que todo lo justifica, el equipo marcha en cabeza y se enfrenta contra el “coco” del grupo, nada menos que el Liverpool de Fernando Torres. Cualquiera pensaría que es el partido del año y precisamente por eso, porque todos lo pensábamos, nuestro “gran” entrenador decide que no es así. Decide que la tan manida Champions es un torneo que no nos corresponde, que se nos escapa, y al que no debemos dedicar nuestros mejores recursos. Hay quien dice que esta forma de actuar atendía a una “recomendación” que venía desde arriba. Si es así, el que dice ser el entrenador del Atlético de Madrid debería presentar su dimisión por dignidad. Si no es así debería presentar su dimisión por negligencia.

“Porque todo está mal, todo está mal. Ahora toda mi fe se ha marchado...”

Con esa perspectiva es muy difícil hablar del partido de hoy. Me da pereza, me siento cansado, hastiado e incomprendido. El encuentro comenzó de forma lamentable por parte colchonera pero es que no podía empezar de otra forma con esas credenciales. La plantillas salió con el miedo al rival con el que a suele salir todos los partidos, amplificado por el rival de hoy, el ambiente y los dos debutantes en la plantilla. Sacar a Camacho y Domínguez en el partido de hoy es algo que debería estar castigado en el código penal. Con el pavor habitual, sin balón, sin tensión, sin esquema, sin juego, sin ganas,... vamos, como siempre se desarrollaron los primeros minutos del partido y la primera parte. El Liverpool sin pisar el acelerador aceptó el regalo de Aguirre y se dedicó a intentar meter un gol, gol que llegó (en fuera de juego) tras una gran jugada de equipo. Si, esas cosas que hacen los equipos que están entrenados y que en el Calderón nos hemos acostumbrado a ver en los rivales que no visitan. A partir de ahí no crean que el Atleti reaccionó. Ni mucho menos, el Liverpool siguió siendo dueño del partido, del balón y del juego. El atleti estaba grogui y podía haber pasado cualquier cosa pero gracias a la divina providencia o la flor que dicen otros no pasó. Puede que también gracias a Benitez, un entrenador en las antípodas de Aguirre en cuanto a talento, amor al fútbol y a como preparar un equipo pero muy afín al gusto por la especulación y ese otro fútbol del que muchos hablan. Puede que ese otro fútbol salvase al atlético esta noche cuando el Liverpool se dedicó a jugar al tran-tran y no decidió pisar el acelerador frente a un equipo muerto y entregado.

La segunda parte fue muy diferente pero la diferencia no hay que buscarla en ningún planteamiento revolucionario o algún cambio genial. Salió Agüero si, pero fue su peor partido de la temporada probablemente. La diferencia estuvo en que en el Atlético de Madrid, a pesar de lo que piensa su entrenador, existen buenos jugadores y a que alguno de ellos tiene el orgullo suficiente como para tirar hacia adelante de vez en cuando. Agüero, Simao, Forlán, Maniche,... gracias.


“Me di cuenta de ello, o eso dije, pero entonces encontré cuando lo había tirado todo por la borda. Estaba todo en mi cabeza”

Los mejores minutos de este equipo siempre llegan de la misma forma que no es otra que cuando las tácticas se deshacen, los esquemas se rompen y el partido se transforma en un caos sin reglas. Cuando en los equipos se anulan los efectos de sus entrenadores los potenciales se igualan y es el momento de atleti. No sé lo que le puede parecer esto al atribulado lector pero a mi me parece simplemente patético, especialmente cuando hablamos de una plantilla como la nuestra que tira por la borda cualquier posible sinergía. Así a golpe de émbolo, con arranques de furia y mucho patadón llegaban las ocasiones colchoneras, pocas eso si, porque enfrente, aunque jugando al ralentí y especulando, estaba uno de los equipos tácticamente mejor preparados del mundo que no es muy partidario del caos y suele volver a poner orden siempre que puede. Eso si, entre medias de todo esto Maniche metió un gol legal que el colegiado se encargó de anular injustamente. ¿Será casualidad que después de todo lo que ha pasado con la UEFA el gol del Liverpool sea en fuera de juego y a nosotros nos anulen uno legal? Por cierto que de dar la espalda durante el himno de la Champions nada de nada.

Impone tan poco respeto este atleti y aparece tan vulgar ante los ojos de cualquiera que hasta el propio Benitez decidió pensar en su partido contra el Chelsea y decidió quitar a los tres mejores jugadores del partido del terreno de juego: Keane, el autor del gol, ese pedazo de centrocampista de esos que miran a la portería contraria llamado Gerard y ese medio centro de los que hacen bastante más que dar patadas y echar el balón para atrás: Xavi Alonso. Aun con esos tres futbolistas fuera y el Liverpool pensando en el equipo del barrio pijo de Londrés el gol que empataba el partido llegó, como no podía ser de otra forma, tras un patadón desde alguna parte imprecisa del campo colchonero y después de un fallo inesperado de una defensa que nunca tiene fallos. Forlán incansable y atento lo aprovechó y Simao llevaba el balón a la red. Premio merecido para uno de los jugadores que se echó el equipo a la espalda y para una afición que con tan poco a cambió estuvo en todo momento con el equipo, aunque desgraciadamente también un premio injusto para un entrenador que no debería seguir un minuto más en un mundo lógico y en un club dirigido por una directiva competente.

“Ahora quiero volver, abandonar esta pelea. Me siento débil, me siento cansado con ganas de dormir y nada me hace sentir bien”

Así terminó el partido. Entre entrañables saludos por parte de las dos aficiones rivales y gritos eufóricos que recordaban a ese gran profesional que dejó nuestro club “para mejorar” el 4 de Julio de 2007 y que afortunadamente este que escribe escuchó en la lejanía desde fuera del estadio.

No puedo entender la alegría de mis correligionarios con lo poco que tenemos. No puedo entender ni su paciencia, ni su euforia, ni su conformismo ni su forma de entender las derrotas. No puedo entender como asumen con tanta dignidad el papel de segundones y bufones que nos otorga el sistema ni puedo entender que acepten sin más lo que escuchan desde la prensa pero simplemente “es lo que hay”. Hemos empatado en casa y parece que tenemos que dar gracias a Dios y estar contentos. Que alguien me explique como lo hace. Necesito la misma droga que ellos usen. Quiero tomar la otra píldora, la que me lleva a Matrix. No puedo más.

“Solía entender esto pero ha sido demasiado largo. Todo lo que una vez estaba bien ahora esta mal”.


Everything is wrong (gibbs/hurley)
The Gigolo Aunts - Minor Chords and Major Themes (Geffen/1999)