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A medio gas

At. Madrid 1 - Ath. Bilbao o

La Copa del Rey es una competición muy bonita, dicen (decimos) los que sienten cierta añoranza por el fútbol épico e intenso que se da en esas competiciones en las que te juegas la vida a un solo partido. Ese fútbol que recuerda a los orígenes del fútbol y esas reglas concretas e implacables que no perdonan un mal día y que son también caldo de cultivo para historias épicas en las que David, para variar, puede ganar a Goliat. Pero eso era antes, como diría mi progenitor. La realidad contemporánea es mucho más aséptica y nos presenta un panorama bien distinto. El Campeonato de España, la Copa del Rey, desgraciadamente empieza a ser cada vez más tarde una verdadera competición emocionante y mágica. Las tercas leyes del mercado, que parecen aplicar a todo, han convertido la competición en un espacio con muchas aristas, interés relativo y múltiples grados de aproximación. Los humildes desparecen antes de que lleguen los poderosos, la clase media pisa el freno cuando mira el cuadro y ve que es absurdo quemarse ahora, a las diez de la noche frente a cuarenta personas en la grada, cuando te van a eliminar en la ronda siguiente y los grandes reservan fuerzas para empresas mayores. En los cuartos de final de la presente edición vemos, por ejemplo, como muy pocos equipos afrontan los partidos con su alineación titular lo cual, teniendo en cuenta que de pasar la eliminatoria significaría estar en semifinales, es cuando menos significativo y bastante descorazonador.

Teniendo esa lectura en mente, sorprende menos observar la alineación con la que el Atlético de Madrid encaró el partido. Cuatro reservas con pocos minutos (Alderweireld, Guilavogui, Cebolla y Adrián) más el jugador número 12 de la plantilla (Raúl García) eran de la partida inicial. Y se notó. El equipo salió al campo más o menos con su esquema táctico habitual y con las señas de identidad reconocibles pero no era lo mismo. Lógicamente. La intensidad estaba pero era de un grado menor. La línea de presión aparecía desajustada y su efecto se diluía demasiado fácil. La conexión entre líneas no existía y una vez más había que recurrir con demasiada frecuencia al pase largo. Los falsos interiores estaban demasiado estáticos en banda con lo que cerraban el camino a los laterales y hacían que se perdiese cierto control en el centro del campo. Y así podríamos seguir relatando toda una sucesión de pequeños detalles, ninguno verdaderamente dramático por si sólo, que hacían que el juego fuese espeso, lento y poco vertical. Enfrente un Athlétic bien plantado en el campo, gracias al excelente entrenador que tienen, con mayor y mejor trato del balón, que tenía más fácil que otras veces parar el juego del rival y que se veía también con mayores posibilidades de llegar al área contraria, algo que en su anterior visita al Calderón no fueron capaces de hacer. Pero los vizcaínos tienen un problema en la parte de arriba y sus posibilidades de gol se diluyen según se acercan al área contraria. Me temo que son muy dependientes de que el partido se rompa, se desequilibre y se ponga en modo épico, para que así sus posibilidades de gol aumenten. Tan es el caso que las mejores ocasiones fueron siempre del Atleti, el de Madrid. La primera parte (y en realidad durante todo el encuentro) la sensación era que el partido estaba encendido, con las alarmas puestas, con los mínimos niveles de intensidad, rigor táctico y preocupación, pero sin soltar del todo el pie. A medio gas.

El partido sirve también para comprobar que esa reticencia de Simeone a realizar cambios de peso en la plantilla tiene bastante lógica. Adrían, en la enésima oportunidad que tiene, volvió a dejar claro que tendrá mucho pero que da muy poco. Su aportación fue mínima, siguió con las mismas dosis de nerviosismo e imprecisión de siempre y para colmó falló un mano a mano que le había regalada un Koke que volvía otra vez por sus fueros. En el otro lado el Cebolla Rodríguez se solidarizaba con su compañero. Luchador y empático pero intrascendente y errático. Perdido, desconectado y con cierta tendencia a liarse en su propia trampa. Raúl García volvió a dar credibilidad a esa tesis que dice que sus aportación es mucho mejor cuando sale desde el banquillo que haciéndolo de inicio. Pero la palma se la lleva un Guilavogui que en ningún momento se hizo con su posición. Una posición clave además en el esquema de Simeone. Estático, con fallos sistemáticos de colocación y desesperadamente lento, lo cierto es que no veo al francés este año  jugando demasiado en el equipo. Me temo que la llegada de Mario le va a regalar numerosos minutos de inactividad. Sólo un Alderweireld serio y comprometido se puede salvar de la quema (aunque dejó algunas dudas en el tramo final del partido). Pero el belga tiene difícil jugar también con las alimañas que tiene delante. Ayer le tocó a Godín demostrar el excelente estado de forma, siendo además la baza ofensiva más peligrosa de su equipo. Suyo fue el único gol del partido, tras remate de cabeza brutal a otro pase magistral de Koke, y suyo podría haber sido el siguiente si en la segunda parte hubiese acertado a rematar, también de cabeza, otro centro desde la izquierda tras una jugada a lo Beckenbauer que él mismo había iniciado.

Me preocupa Diego Costa. Ha perdido chispa y ha ganado ansiedad. Vuelve a tirarse en exceso y vuelve a buscar la provocación del rival como recurso recurrente. Vuelve a preocuparse más del continente que del contenido y está siendo poco inteligente a la hora de lidiar con esa evidente (y bochornosa) campaña que hay también en su contra. Es patético ver como los focos están siempre puestos en su persona pero él debería ser consciente de ello y dedicarse a ser simplemente un buen jugador. Es patético como los árbitros vienen al Calderón a demostrarle al mundo que son bastante más chulos que Diego Costa pero si al final de la primera parte lo expulsan por un plantillazo estúpido, esa tarjeta (la otra es discutible) hubiese sido justa y nadie podría haber protestado de su expulsión.

La segunda parte empezó con Gabi en el campo y eso empezó a poner las cosas en su sitio, que se terminaron de completar con la salida de Arda minutos después. El Atleti tomó así algo más de control, el Athletic empezó a sufrir mayores dificultades en su juego y el partido se murió entre esporádicas ocasiones colchoneras (poco claras, para ser sinceros) y tiros de lejos de los bilbaínos que no conseguían despeinar a Courtois.


Espadas en todo lo alto, que dirán los amigos de las frases hechas. El resultado es bueno pero no definitivo y se espera un partido complicado en el nuevo San Mamés donde el equipo local será capaz de llevar el partido a esos niveles de adrenalina y testosterona en el que se sienten tan superiores. Debemos confiar en el equipo de Simeone, curtido ya en batallas de este tipo. Simeone, como los jugadores (y como nosotros), será consciente de que un gol nuestro obligaría a los vascos a tener que meternos tres. Algo que todavía no ha hecho nadie en esta temporada. 


Ni cenizo ni aplaudidor.

Valencia 1 - At. Madrid 1

El oficio de periodista, a veces, no es más que una especie de arte que anticipa lo que va a ocurrir… pero una vez que ya ha ocurrido. Análisis que se realizan como si se partiera de las mismas circunstancias del que se ha equivocado pero que se realizan siempre a toro pasado. En esa zanja caemos también los aficionados cuando, una vez terminado el partido, encontramos siempre explicaciones lógicas y evidentes para todo lo que ha ocurrido. Todo esto no es malo, en esencia, si sirve para abrir debates interesantes y enriquecedores, pero el drama aparece cuando el análisis huye del debate sosegado o matizable y la paleta de colores se reduce básicamente a dos extremos supuestamente antagónicos. Sumidos como estamos en una sociedad que navega a toda la velocidad hacia la simpleza y la vulgaridad, en lo que todo tiene que ser rápido, visual y divertido o no ser, en la que pensar es de tristes y dudar de cobardes, en la que todo lo que se explique con más de 140 caracteres está destinado a la basura, esa sociedad podrida que aparece dominada por políticos que jamás reconocen un error, ni suyo ni de su partido ni ahora ni nunca, es fácil entender que el virus de la simpleza barata se extienda también a todos los rincones. También a la pequeña familia colchonera en la que, por supuesto, todo se tiene que dividir en posturas también antagónicas y categóricas en las que no pueden existir matices. Gilista o antigilista. Cholista o anti-cholista. O se es cenizo y profeta del apocalipsis que está a punto de ocurrir o se aprietan las filas en torno a un símbolo ficticio sin posibilidad alguna de crítica. Cualquier desliz sobre las férreas directrices que marca el partido le harán a uno ser automáticamente expulsado del paraíso para ser lanzado al enemigo. El Atleti ha empatado a uno en Mestalla en el partido de ida de la eliminatoria de Copa del Rey en un mal partido de los colchoneros, probablemente el peor en lo que va de liga. Si siguen leyendo se toparán con críticas al equipo que más o menos intentan ser razonadas (igual que otras veces habrán leído en el mismo sitio encendidos elogios). Puede que no sean acertadas y puede que estén o no de acuerdo. Les invito a que discrepen pero si su interés principal es únicamente descubrir si el que escribe es cenizo o aplaudidor o si su religión les impide salirse de la disciplina de partido, les sugiero que no sigan leyendo y así todos nos ahorraremos el disgusto.

El partido de ida de los octavos del Campeonato de España era un partido complicado ya a priori por varios motivos. A vuela pluma se me ocurre por ejemplo un Barça que vendrá al Calderón en unos días, un Valencia especialmente motivado por el cambio de entrenador y la necesidad de unos jugadores señalados de agarrarse al último clavo ardiendo que les queda en la temporada o un evidente bajón físico en algunos jugadores colchoneros (Koke, Filipe Luis, Arda,…). Seguro que hay todavía más. Simeone, consciente de lo exigente de una temporada en la que el aficionado, mal acostumbrado, ha elevado el nivel de exigencia por encima probablemente de las posibilidades, decidió hacer cambios esenciales en el once titular reservando piezas de la columna vertebral para empresas mayores, pero el experimento no salió bien. Quizá sea demasiado pronto para aventurarse a decir que el tan cacareado fondo de armario que nos habían vendido no es tal pero yo, a día de hoy, tiendo a pensar que es exactamente así. El Valencia salió muy bien al campo. Con ganas de tener el balón y dominar pero sobre todo con un nivel de intensidad muy superior al colchonero. Creo que a partir de ahora debemos acostumbrarnos a que los rivales nos jueguen con ese nivel de exigencia porque es la única manera de meterle mano al actual Atleti pero ese no es el problema. El problema es que el Atleti de Mestalla, por alguna razón,  no fue tan intenso y con tanta personalidad como estamos acostumbrados. Jugó siempre a merced del rival, bien es verdad que fue un rival que apenas tiró a puerta en toda la primera mitad, y eso es algo a lo que no estamos acostumbrados. Para mí la clave estuvo en dos puntos. Por un la lado el flojo mediocentro que llegaba siempre tarde a la presión y que obligaba a tener que defender muy atrás. En especial un Guilavogui que no termina de convencerme. Sé que en algunos foros se dice que destacó en la primera parte. No es mi caso. El francés me pareció lento con el balón, falto de recursos con un rival exigente, flojo tácticamente, apareciendo muchas veces descolocado y tendente a meterse entre los centrales en lugar de tapar la zona de creación rival. Gabi trataba de compensar el déficit de su compañero pero lejos de conseguirlo abandonó muchas veces su posición natural y también dejó de ser la punta de lanza de la defensa del equipo. A este defecto táctico hay que sumarle la incapacidad para retener el balón y la nula creación. Con Gabi tapado y Guilavogui siendo incapaz de desmarcarse para recibir y tocar hacia línea de tres cuartos, la defensa tuvo que abusar, más de lo que normal, del pelotazo. Si a eso se le une una línea de tres cuartos aletargada con Koke exhausto (apenas entró en juego en labores de creación), Raúl Garcia (que es muy buen llegador pero muy flojo a la hora de construir, conectar líneas o dar el último pase) y un Adrián que está incluso peor que Villa (la falta de confianza del asturiano es alarmante), la realidad es que el Atleti no existió en ataque. Apenas un par de buenos contrataques cocinados desde muy atrás y con muy pocos efectivos. Pero lo cierto es que el fogonazo inicial del Valencia se moderó pasados 20 minutos y el Atleti fue capaz de controlar con tranquilidad el ataque rival gracias sobre todo a la pareja de centrales y en especial a un sobresaliente Alderweireld

La segunda parte comenzó igual que lo había hecho la primera, con un Valencia desatado y un Atleti encogido y especulativo. Mal pintaba la cosa cuando pasado un cuarto de hora Arda salió por un Guilavogui. El equipo, metido en esa dinámica de dedicarse exclusivamente a defender muy cerca de su área, no cambió demasiado pero sí logró quitarse la presión y tener algo más de balón. Y así llegó el gol colchonero. No por mérito de los de Simeone sino por demérito de los de Pizzi. En especial de su portero, Guaita, que en un rechace garrafal le dejó el balón en la cabeza de Raúl García para que el navarro hiciera el primero. El gol hizo que el Valencia tirara de orgullo (buen síntoma de los che) y el Atleti recurriese a ese modo especulativo que hacía tiempo que no veíamos (mal síntoma de los nuestros). Las salidas de Feghouli, Canales y Piatti (para mí tres grandes jugadores) abrieron mucho el ataque valencianista que empezó dominar de cabo a rabo a un Atleti que ya básicamente se dedicaba exclusivamente al achique de agua. Es en ese momento, el último cuarto de hora, (y no antes como algún eufórico hooligan pretende ver) fue cuando el Valencia pudo hacer una escabechina. No ocurrió porque en la portería estaba San Courtois. No sé el dinero que ahora mismo quedará en las espoleadas arcas colchoneras pero si de mí dependiese debería ir destinado a comprar a ese pedazo de portero. Un jugador excelente, ejemplar y para muchos años. El belga hizo al menos tres paradas antológicas que en circunstancias normales hubiesen sido probablemente gol. Con el tiempo concluido el Atleti seguía ganando, quizá de forma injusta, pero el equipo levantino seguía percutiendo y así, a base de tesón y fútbol, obtuvo su recompensa cuando Helder Postiga metía en la red un balón mal rematado por Feghouli.


Atendiendo al resultado, sin ver el partido, el 1-1 es un buen resultado. A los colchoneros nos queda sin embargo esa sensación de derrota porque estamos acostumbrados a ganar, por como fue el partido (el Atleti no existió) y porque el empate llegó cuando pasaban tres minutos del tiempo reglamentario. Pero el empate, insisto, es un buen resultado. El Valencia tiene que ganar o empatar a más de dos goles en el Calderón, algo que este año todavía no ha conseguido nadie. Este equipo tiene mucho crédito y por tanto hay que ser optimistas. Yo lo soy.  

En la liga o en la copa o encuentro internacional.

Zenit 1 - At. Madrid 1

Decía Spalletti en la víspera del partido de hoy, a pesar de estar ya matemáticamente clasificado como primero de grupo para la siguiente fase y a pesar de ser consciente de que la alineación de los rojiblancos estaría plagada de jugadores con pocos minutos de juego, no fiarse del Atleti. Es normal. Podremos discutir respecto a lo áspero y especulativo del concepto que el entrenador transalpino pueda tener del juego, pero Spalletti es perro viejo en esto del fútbol y sabe de lo que estamos hablando. De hecho, creo que salvo nuestros exaltados periodistas de referencia, todo el mundo relacionado con este mundo sabe ya a estas alturas de lo que estamos hablando. Lo del Atleti no es casualidad ni es fruto de un apuesto muchacho musculado que mete cientos de miles de goles, incluso los días en los que no hay partido. Es el resultado de un plan que ha salido bien. Una receta de varios ingredientes que con mucho trabajo y algo de suerte han combinado para producir una fórmula espectacular. Asumido por tanto que no es el fruto de individualidades, parece lógico pensar que lo que quiera que ocurra en ese vestuario tiene que calar en todos los que allí conviven. En todos. Y cala, claro que cala. Es evidente. Eso es lo que temía Spalletti y temía bien.

El Club Atlético no ha ganado hoy en San Petesburgo por la simple razón de que no necesitaba ganar el partido. Tan simple como eso. Sin hacer un gran encuentro, sin tener demasiadas ocasiones de gol y sin ofrecer ningún alarde espectacular pero con la sensación de tener dominado el partido o de al menos, saber que en el momento que quisiera podría haberlo hecho, los de Simeone se ha llevado un punto en una plaza, la rusa, que se antojaba complicada cuando la bolita del Zenit salió en el sorteo. El encuentro comenzó, según cuentan las crónicas, a seis grados bajo cero y 90% de humedad relativa en el ambiente. Yo he tenido la ocasión de sufrir esas condiciones y puedo asegurar que no es lo mejor para hacer deporte. Respirar duele en los pulmones. El frío se te pega en los brazos y cara hasta insensibilizarlo todo. No es excusa. Son datos. Si a eso se le suma el hielo que se posaba sobre un césped que no tenía tampoco pinta de estar en buenas condiciones y que hacía que todo se ralentizase, es fácil concluir que las condiciones no eran las más favorables para ver buen fútbol. No lo vimos. El Zenit, un equipo acostumbrado a correr con espacios, a explotar el enorme potencial de su línea delantera buscando los huecos a la espalda de su rival, se encontró con un Atleti cómodo en su papel de actor pasivo. Los rusos tenían el balón pero eso era todo. El Atleti, muy bien parapetado en pocos metros, cerraba espacios, se colocaba muy bien y no permitía las ocasiones. Esquema clásico y previsible. Pero según avanzaban los minutos, los elementos se movieron ligera pero significativamente. El Zenit tomó consciencia de que el Atleti no sabía que hacer con el balón y vio que con una mínima presión obligaba a los colchoneros a defender cada vez más atrás. La preocupante falta de creatividad de los del Cholo, ya tradicional, fue hoy realmente desoladora. Con el doble pivote hipotecado en tareas defensivas (demasiado), los cuatro de adelante eran incapaces de dar dos pases. Koke era el único que intentaba poner algo de criterio pero el terreno de juego y sus propios compañeros se lo ponían muy difícil. La opción de Adrián como segundo delantero cuando el primero era Raúl García no funcionaba pero es más que probable pensar que la opción contraria hubiese funcionado incluso peor. Así transcurrió una primera parte aburrida y espesa en la que el equipo concedió más ocasiones de lo normal (sin claro peligro, eso sí) y en la que lo único positivo para los colchoneros fue el buen hacer de Alderweireld e Insua en defensa y un Guilavogui cumplidor en el mediocentro.

A estas alturas queda claro que soy un convencido adepto a la religión Simeone, que no quede dudas al respecto, pero no puedo entender como en el partido de hoy no fue de la partida inicial un jugador como Óliver Torres. Sin nada que perder y con la evidente falta de crear fútbol que tiene el equipo, era una ocasión ideal para foguear a un jugador en el que muchos tenemos puestas muchas esperanzas. No fue así. Y suena raro. La segunda parte siguió el mismo guión que había dejado antes del descanso pero con la sensación de que el Zenit parecía querer exponer un poco más. Un poco, no se crean, que en el banquillo seguía el italianísmo Spalletti. Pero con más espacios, el Atleti casi resuelve el partido en la única jugada clara que había hecho hasta ese momento. Raúl García que recibe de espaldas en la medular y que se gira para dejar, de gran pase, a Adrián con 40 metros por delante para encarar al portero ruso. El asturiano aprovechó la ocasión para marcarse con un eslalon de la casa y hacer el 0-1 en boca de gol. Los minutos siguientes dejaron todavía más en evidencia al Zenit. Un equipo millonario, con un potencial ofensivo muy interesante, pero que como estructura de equipo deja bastante que desear. Sobre todo en defensa. El Atleti no mató el partido (Gabi fue el que lo tuvo más fácil por dos veces) porque no le dio la gana. Daba la sensación de que si el equipo se hubiese quedado con el balón y lo hubiese movido con criterio, abriendo el campo y haciendo correr a un equipo que defiende sin intensidad y cierto desorden, hubiese dormido el partido hasta el final, pero no ocurrió así. Los colchoneros bajaron la intensidad que no habían abandonado desde el principio y se dedicaron demasiado al pase en corto y el recreo. Aun así el Zenit era incapaz de crear peligro más allá de los arranques esporádicos de ese portento físico llamado Hulk. Solamente una desgracia podía empatar el partido y eso es lo que ocurrió. Rechace en la cabeza de Alderweireld que se envenena y que su caída en vertical se cuela en la portería de Courtois. Fallo garrafal del belga, el portero, que muy probablemente obedezca a cierta relajación, inusual en el propio cancerbero y en el Atleti. Comprensible, por otro lado. El buen arquero también es humano. Simeone nos permitió durante los últimos minutos, por fin, disfrutar de Óliver y su fútbol de fantasía pero supo a poco y sólo sirvió para aumentar las dudas de por qué no había salido antes.


El Atleti sigue imbatido en Europa, sigue sumando puntos y sigue ganando prestigio. Queda un partido en el Calderón contra el Oporto, que también podrá servir de prueba de toque para los menos habituales, y nos meteremos en la siguiente fase con la ilusión intacta. Hace años, en tiempos de Aguirre, me quejaba de jugar la Champions como un premio que no importaba estropear. Me parecía absurdo estar todo un año peleando por jugar una competición que luego se despreciaba por aparecer imposible. No es el caso. Simeone, gracias a Dios, no es Aguirre y en su guerra particular no se hacen prisioneros. Se juega para ganar y no hay otra opción. Como tiene que ser. Como reclama ese escudo del Oso y el Madroño. Así si. Me gusta la Champions League. 

Propia medicina

Villarreal 1 - At. Madrid 1

El Atlético de Madrid ha conseguido hoy un punto que no mereció en un mal partido, probablemente el peor de lo que va de liga, frente al mejor rival con el que se ha enfrentado desde que empezó a rodar el balón allá por el verano. Esa es al menos mi humilde opinión. Ahora podemos ponernos a buscar fisuras, descosidos, problemas y errores en nuestro equipo. Los hay, sin duda, pero creo que todo lo que podamos decir tendrá bastante que ver con el rival. Y es que a veces olvidamos que no estamos solos en esto. Se nos va de la cabeza el equipo que somos, de dónde venimos y también cómo hemos llegado hasta aquí. Construyendo un equipo de la nada y a base de trabajo, inteligencia y hacer las cosas bien hechas. El Villarreal ha empatado hoy un partido que mereció ganar haciendo precisamente eso. Superando las dificultades con ingenio, fútbol y entrega generosa. Haciendo un gran partido y jugando muy bien al fútbol. Eso que tantas veces nos ha servido a nosotros. Hemos tenido que beber de nuestra propia medicina y quizá eso sea algo a lo que no estemos acostumbrados pero que nos puede venir bien.

Pero el partido tiene más lecturas. Comenzó de forma inmejorable para los de Simeone. Un gran desborde por la banda de Juanfran (de los mejores del equipo colchonero) consigue colocar un buen balón en el centro del área que Koke intenta rematar y Mario mete en propia puerta. Todo se ponía de cara para los rojiblancos pero en los minutos siguientes ocurrieron varias cosas que fueron claves para el partido. En primer lugar la ambición del Villarreal. Un equipo por el que siempre he tenido simpatía. Por su forma de construirse como club, por su forma de plantear el fútbol y por su desempeño dentro del campo. A pesar de una afición que quizá este demasiado empapada con ese desagradable síndrome del “nuevo rico” que no le sienta nada bien, el Submario Amarillo es un ejemplo en muchos aspectos. A base de balón, coraje y fútbol, aupados sobre todo en ese mediocentro excelente que se llama Bruno, los jugadores de Marcelino se fueron a por el partido y se lo quedaron. Enfrente el Atleti aparentaba mostrar su habitual cara en estas ocasiones pero  era un espejismo. La tradicional presión brutal de los madrileños no era tal. En parte por el buen manejo de balón y la intensidad local, en parte por la falta de intensidad y desequilibrio visitante. El Atleti empezó entonces a mostrar ciertas inseguridades atrás, con un Insúa nulo en ataque y flojo en defensa y un Alderweireld aparentando solvencia pero mostrando dudas. Tiago, mucho mejor cuando el equipo domina los partidos que cuando tiene que defender, se veía desbordado y Gabi tampoco daba a basto. Koke trataba de echar un cable en defensa pero se le veía especialmente espeso. Como perdido. Eso le penalizaba la fase creativa y aparecía muy lejos del balón, lo que acrecentaba el problema. Al Atleti no le duraba nada el balón en los pies. Con Koke perdido, Raúl García volvió a recordar al eterno Raúl García. Ese jugador incapaz de sacudirse la presión y dar un pase en condiciones en el momento adecuado. Arriba Diego Costa, perdido en el juego, volvió a mostrar su cara más desagradable. Villa, otra vez, ni está ni se le espera. No entiendo ese empeño de Simeone en seguir jugando con dos puntas en los partidos de fuera, sobre todo con un Villa en ese estado. No aporta nada en ataque y con él perdido arriba el centro del campo se resiente. La primera parte fue todo un acoso del equipo castellonés frente a un Atleti absolutamente carente de fútbol, de juego y de creatividad. Justo lo que era necesario para quitarse la buena presión y el empuje del rival. Aún así el 0-2 podría haber llegado perfectamente antes del descanso si el árbitro ve un claro penalti a Villa cuando estaba a punto de rematar de cabeza otro pase excelente de Juanfrán. 

Uno, que está mal acostumbrado a la magia del Cholo Simeone, estaba convencido de que el descanso sentaría bien al equipo madrileño y que la segunda parte presentaría una cara muy diferente. Nada más lejos de la realidad. El partido siguió exactamente por los mismos derroteros o incluso peores. El Villarreal asentado en su empeño por llevarse el partido y el Atleti hundido en esa versión tristemente especulativa y carente de recursos. Cualquiera podía ver que el gol del equipo de Marcelino estaba a punto de caer pero el Atleti aguantó, achicando agua y generando poquísimo fútbol, bastante más de lo esperado. Por un momento llegó a pasar por las mentes colchoneras el espejismo de que se podían acumular tres puntos más, pero por una vez hubo justicia en el fútbol y el Villarreal empató en la enésima llegada que tuvo. Perbet entró al área tapado muy mal por Tiago, Alderweireld que se lo come (acrecentando esa leyenda que dice que defender en Holanda no es defender en España) y el pase de la muerte que dio a Uche es metido en propia puerta por Juanfrán.

La salida al campo de Arda puso un poco más de claridad al juego colchonero y a mí me surgió la duda de por qué el turco no había salido antes. Un gran pase suyo a un Villa que se quedaba sólo es desbaratado por un Insúa, que la primera vez que se suma al ataque es para molestar. Pero la realidad es que el Villarreal seguía llegando y queriendo ganar mientras que el Atleti había despertado demasiado tarde. El partido terminó en empate y creo que los colchoneros podemos darnos con un canto en los dientes.


Simeone, ante una pregunta impertinente de uno de esos periodistas que equivoca su lugar en este negocio, dijo que al equipo no le había faltado ambición hoy, sino que lo que le había faltado había sido creatividad y calidad para contrarrestar el juego del Villarreal. No puedo estar más de acuerdo. Me temo que una vez más el discurso de los huevos y la testiculina no funciona en este caso. Lo que hoy ha faltado es fútbol. Pero prefiero terminar repitiendo lo que acabo de colgar en Twitter: seguimos segundo en la liga. Crítica constructiva, sí. Cenizos catastrofistas, no.

Partido a partido (conviene recordarlo)

RCD Español 1 - At. Madrid 0


Decía Simeone en la víspera que una de las mejores cosas que tiene el Atleti actual es ser capaz de esconder los defectos y potenciar las virtudes. Sabía lo que decía. Hoy es un buen día para saber que tenía toda la razón. Los cantos de sirena que últimamente nos regalan los medios de comunicación de tradición hostil, quizá nos había cegado la capacidad de percibir la realidad pero no dejaba de ser una alucinación. El Atlético de Madrid es un gran equipo construido por Simeone con apenas un puñado de jugadores de elite... y un gran montón de apaños. Tan crudo como evidente. Pensar que el equipo tiene fondo de armario para competir en tres competiciones es engañarse. No lo tiene. No es la primera vez que lo digo. Simeone tiene un once claro sobre el césped, un once que todos somos capaces de recitar de memoria, que cada vez que tiene que modificar es un verdadero drama para el mundo colchonero. Y no es sólo cuestión de que la salida del nuevo jugador rebaje la calidad, que la rebaja, sino que el efecto es mucho peor al tener que obligar al equipo a jugar de otra forma. Pero ojo señores, el Atleti ha perdido hoy en Cornellá, haciendo un partido malo y espeso que en ningún momento ha merecido ganar, sí. Ha demostrado carencias y problemas que se consolidan y que ahora veremos, sí, pero qué quieren que les diga, estamos segundos en la clasificación a un punto del Barça. Creo que sobran lágrimas y falta autoestima.

El partido olía mal. Reconozcámoslo. Los parones por juego de la selección suelen ser letales para los equipos que están en racha positiva y rejuvenecedores para aquello que están en racha negativa. El Atleti llevaba mil partidos sin perder y el Español unos cuantos sin ganar. Con todo ello el partido comenzó como tantos otros. El rival, consciente de contra quién jugaba, decidió comenzar la contienda con el máximo de adrenalina, intensidad y exigencia física. Y le salió bien. En el enjambre de jugadores que Aguirre situó en el centro del campo salió victorioso el equipo catalán que desactivó el Atleti con el balón y se hizo con el control del partido. Sin demasiado fútbol y sin ocasiones de gol ni llegadas significativas, el Español sin embargo daba la sensación de mandar en el terreno de juego, maniatando a un Atleti que no era capaz de encontrarse. En esos casos suele aparecer la figura de Arda Turan para cambiar el tono del partido pero por alguna razón hoy estaba en el banquillo. El problema, como digo, no es que el turco no esté en el campo sino que el que está es Raúl García. Y no lo digo por su falta de calidad (aunque hoy ha vuelto a hacer el típico partido intrascendente de Raúl García) sino que es básicamente un jugador diferente. Otra tipo de jugador que obliga al equipo a jugar también a otra cosa. Sin magia, sin capacidad de sorprender, sin desborde y sin cerebro. ¿Qué otras veces ha funcionado? Cierto. ¿Qué no es la mejor opción? Así lo creo. Tengo clarísimo también que es un error de planificación y una falta grave de quién quiera que sea el que realiza la dirección deportiva de este equipo.

Pero el Español, para ser justos, no tiró una vez a puerta. Es más, pasada la media hora, la intensidad no era la misma y el nivel de presión tampoco. En esos minutos, sin que fuese tampoco una cosa exagerada, el Atleti tuvo algo más el balón, jugó también algo más en campo contrario y hasta llegaron las primeras ocasiones. Siempre a cargo de Koke, primero de cabeza y después rematando con el pie al poste. Delante Diego Costa, muy vigilado, estaba bien bloqueado por los de Aguirre y Villa... directamente no estaba. Lo del güaje empieza a dejar de ser una sospecha para empezar a ser, desgraciadamente, una evidencia. No está y lo que es peor, no se ve que pueda estar. Ojalá me equivoque y una vez más Simeone provoque un milagro pero todo apunta a que Villa será uno de los grandes problemas/decepciones del Atleti de este año. 

Pero no estaríamos hablando de todo lo anterior si el Atleti hubiese salido al campo en la segunda parte de otra manera. De forma incomprensible el once colchonero saltó al césped bajo de tono, desequilibrado, sin rítmo, alejado del balón, romo en la presión y con inquietantes muestra de fútbol especulativo. El Atleti es grande cuando no rebaja un átomo su intensidad ni su mentalidad en el campo. Si lo hace pasa a ingresar en la mediocridad y eso es lo que ha pasado hoy. El Español, viendo el regalo, se fue arriba, se situó en terreno rival, abrió el campo y empezó llegar. Avisó por dos veces con sendas paradas de Courtois (la primera, otra vez, prodigiosa). En la siguiente vez ya no acudió Courtois ni la suerte a salvar los platos. Un buen cambio de juego hacia la izquierda, acaba con el un balón colgado al área en el que Alderweireld se come a su defensor y en el despiste el propio Courtois se mete el balón en propia puerta. El belga debutaba hoy en la plaza colchonera y no sale demasiado bien parado. En la primera parte, sin demasiado trabajo, dio muestras de solidez y síntomas de integración en la plantilla. En la segunda, en la que sí fue exigido, dejó serias dudas respecto a su capacidad defensiva. Demasiado blando. Es el primer partido y es difícil entrar en un equipo tan construido pero dejo sensaciones contradictorias.

A partir del gol del Español se acabó el partido. El viejo conocido de Aguirre sacó todo su muestrario de anti-fútbol y marrullería para que no se jugara nada. Algo que además de lamentable hace deslucir la buena labor de su equipo hasta ese momento. Con el Atleti perdimos demasiados partidos por esa obsesión y me temo que con los demás equipos también le ha pasado. Pero hoy no es el día para reprochárselo porque le ha salido bien. Es cierto sin embargo que enfrente tenía una Atleti deslucido que a partir de ese momento, además, se volvió loco. El carrusel de cambios de tinte ofensivo no hizo más que acumular jugadores en la zona de tres cuartos pero con exactamente el mismo efecto que antes. El partido empezó a jugarse en el campo del Español pero en mi opinión se debía más a demérito de los catalanes que mérito de un equipo rojiblanco que no era capaz de encontrar un norte que en ningún momento del partido supo nunca ni siquiera en qué lugar buscar.

Primera derrota del Atleti en la temporada, no sólo en liga, que levantará las voces de los cenizos y alegrará la noche de esos rivales que antes de ayer nos abrazaba con condescendencia y estaban contentos con nuestra caricatura pero hoy nos odían con todas sus fuerzas. Me gusta. Borrón y cuenta nueva. Centremos el discurso. Partido a partido. Conviene recordarlo.