¡FELIZ 2013!

Espero que todos ustedes disfruten la última fiesta del 2012 que se nos va y que tengan un excelente año 2013 por venir.

Y recuerden, somos el Atlético de Madrid...

                                                  ... no todos pueden decir lo mismo.




Sueños, otra vez

At. Madrid 1 - Celta de Vigo 0

Ayer, cerca de la media noche, cuando Simeone elevaba sus brazos al aire buscando el rugir de una grada que lo adora y apenas uno segundos antes de volver a ganar en el Calderón sumando tres puntos más, me acordé de aquello que decía Aristóteles de que la esperanza es el sueño de un hombre despierto. Esperanza. Sueños. De eso trata al fin al cabo todo este universo del fútbol pero hace ahora un año precisamente en que a muchos nos costaba enfocar el alma en algo que no fuese la cruda realidad. Hace un año el Atleti era una broma. Una sombra distorsionada de una historia superlativa. Un ánima enclenque que se desangraba por las esquinas con indolencia y aburrimiento extremo. Cuando en esas circunstancias tan sumamente penosas apareció Simeone en rueda de prensa como nuevo entrenador del Atlético de Madrid, la esperanza estaba fundamentada sólo en el convencimiento absoluto de un entrenador y en la ilusión indomable de una afición que una vez se hizo famosa por no rendirse nunca. El sueño de creer en que a pesar de lo que marcaba la realidad, del pasado reciente, de “dueños” venenosos, de las caras de unos jugadores que saltaban con miedo al campo, de la insolencia de unos medios de comunicación que dejaron atrás el proverbial desprecio por el escudo con el oso y el madroño para pasar directamente a la diaria humillación, de alguna manera la esencia del histórico Atleti podría volver a brotar, no sé sabe bien cómo, de la mano del argentino. Y aquí estamos. Doce meses después en los que como una chaqueta reversible la situación se ha tornado al contrario. Resulta complicado pensar en que aquella eliminación de Copa frente al Albacete o aquella humillante derrota en casa contra el Betis son cosas que acontecieron hace apenas un año. Simeone, y creo que tiene todavía más mérito del que le damos, ha sido capaz de no sólo de devolvernos las ganas de ir al Vicente Calderon, de darnos dos sabrosos títulos europeos o de hacernos sentir orgullos mirando al histórico rival ahí abajo en la tabla sino que, mucho más importante, ha sido capaz de plantar los cimientos sólidos de algo que puede llegar a ser, otra vez, el Club Atlético de Madrid. El Cholo pedía estabilidad para el 2013 que se avecina y sinceramente, creo que es lo que más falta hace para que despertemos y resulte que todo ha sido verdad. 

El partido contra el Celta comenzó a horas intempestivas (lamentable) pero con igual actitud por parte de los madrileños. Incluso algo pasado de revoluciones, la tradicional verticalidad con la que los del Cholo enfocan los partidos se perfilaba muchas veces en exceso lo que impedía la creación en el centro del campo. Aún así el primer Atleti fue un vendaval que los gallegos, metidos en su área, intentaba contener como podían. Un acertadísimo Arda, otra vez, se transformaba en un puñal por la banda izquierda en la que el debutante Cisma iniciaba lo que sería a la postre un partido más que correcto. El Atleti debió haberse puesto por encima en el marcador en ese impetuoso arranque pero no fue así. La ocasión más clara vino con la enésima buena jugada del turco que tras pasar el balón por la frontal del área en combinación, éste acabe en la derecha por la que entraba Koke que ajusta demasiado el disparo y da en el poste. La igualdad en el marcador permitió pasados los minutos que los de celeste se asentaran es su planteamiento ultradefensivo (por mucho que su entrenador diga que no) y consiguieran realizar su principal cometido táctico al saltar al césped: anular a Falcao. La buena labor de la pareja de centrales y las ayudas defensivas de los mediocentros hacían que el colombiano tuviese que jugar muy alejado del área. El Atleti acusó el borrón en su idea de fútbol y nos fuimos al descanso con la sensación de que el Celta se había estirado y de que el Atleti se estaba apagando no sólo en su juego (que lo era) sino también en su intensidad. 

A todo esto tampoco ayudó demasiado el frío ambiente provocado por esa huelga de animar que decidieron hacer los miembros del Frente Atlético. Al parecer, es lo que me contaron, los miembros de la peña ultra estaban enfadados por una sanción interpuesta por el club tras sus lamentables insultos contra el Deportivo. De confirmarse esta versión aplaudo la decisión del club y no me duele en prendas reconocerlo. La deriva que había tomado el fondo no sólo era repugnante sino que superaba lo tolerable. El Calderón necesita al Frente, no nos engañemos, pero no a la versión hostil y desagradable de los últimos tiempos. Esa que basa la mayoría de sus cánticos en el insulto gratuito y soez al rival. A todos los rivales. Esa que se olvida del fútbol, lo que nos une a los colchoneros, para reivindicar ideas ajenas al deporte en las que los aficionados dudo que coincidamos. 

El segundo tiempo tuvo unos minutos muy parecidos a los del final de la primera parte pero a partir de la salida del Cebolla el Atleti tomó definitivamente las riendas del partido y metió al Celta en su campo a base de toque, anticipación, ganas y juego. Los gallegos eran incapaces de salir de allí y el gol rojiblanco amenazaba constantemente pero las ocasiones no eran claras y los minutos seguían pasando. La peligrosa duda se instalaba en la cabeza de todos cuando apareció el bueno de Adrián, por fin. Un jugador que no está teniendo una temporada ni mucho menos buena pero sobre el que Simeone nunca ha perdido la esperanza. Mérito y apuesta del argentino que ayer le devolvió el asturiano con una gran volea con la zurda en la frontal del área (tras pared fallida) que se coló por la escuadra rival. A partir del gol el partido de rompió un poco, provocado por la necesidad del Celta de irse arriba y de cierto desajuste táctico en el Atleti tras los cambios (no teníamos por ejemplo lateral izquierdo tras el cambio ofensivo del Cisma por Raúl García). Se vivieron algunos momentos de tensión que en realidad no llegaron a ser significativos salvo la jugada que expulsó a Miranda por doble amarilla. Contrataque gallego que el brasileño se ve obligado a cortar con la mano en la frontal del área. La falta era muy peligrosa pero el jugador del Celta encargado de llevar a su equipo a la gloria tuvo la mala suerte de resbalarse justo al ir a golpear. Fin del partido. 

40 puntos antes de terminar la primera vuelta son muchos puntos. Como para pensar en el liderato en otras ligas más igualadas. Un registro soberbio e histórico que nos da a los Atléticos la oportunidad de enfrentar el año que viene cargados de fuerza, esperanza e ilusión. De soñar, al fin y al cabo. John Lennon decía que un sueño que sueñas solo es solamente un sueño pero que un sueño que sueñas con alguien es una realidad. Sé que no estoy solo. Sé que nuestra realidad se llama hoy, por fin, Atlético de Madrid. Que tengan una feliz navidad.

Desigual hasta en la suerte

FC Barcelona 4 - At. Madrid 1 

El FC Barcelona recibe cada año, por el mero hecho de competir en la liga y quede en la posición que quede, 100 millones de euros más que el Atlético de Madrid. El centro del campo blaugrana es Xavi, Busquets e Iniesta y el madrileño Gabi, Mario y Koke. Cuando se lesiona Filipe Luis no es que no exista ningún lateral de garantías en el banquillo rojiblanco, es que directamente no hay ningún lateral más. En el Barça Cesc se recupera de una lesión mientras Diego Alves y Villa juegan a pares o nones en el banquillo. Si a los fríos números consecuencia del vil metal le sumamos el universal apoyo mediático y social más una política deportiva ejemplar que ha provocado que el vistoso estilo futbolístico del Barça sea reconocido en los cinco continentes y sea indisoluble con el ADN culé, seremos conscientes de que un Barça-Atleti, hoy por hoy, es un enfrentamiento deportivo terriblemente desigual. Podrá sonar a excusa pero no lo es. Podrá sonar a pataleta pero no lo es. Es la cruda realidad. Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que no era así pero ya no lo es. No existe. Por mucho que los medios de comunicación hablen de rivalidad histórica o clásicos del fútbol, la liga es una engendro asimétrico que tiene los días contados. Esto es otra cosa. En una competición dónde cualquier jugador que destaque en cualquier equipo acabará, indefectiblemente, en Barça, Madrid o fuera de España cualquier cosa que esté fuera de la dupla mediática no tiene razón de ser. Es como correr una carrera en la que todos van a pie menos dos que van en bicicleta. Terriblemente frustrante. 

Así que puede resultar irónico decirlo, sobre todo viendo lo contundente del resultado, pero el Atleti hizo en el Camp Nou un gran partido y personalmente creo que pudo hacer poco más. La primera media hora de hecho fue ejemplar. De escuela de fútbol contemporáneo. Simeone, gran entrenador y mejor analista del mundo del balompié, conocía perfectamente que la ecuación que optimiza los recursos propios y minimiza los del rival es esa que sitúa al equipo colchonero metido en 20m, fuera del área, con altas dosis de concentración y agresividad, olvidando la especulación con el balón y que arma salidas de cuatro y cinco jugadores en vertical cada vez que recupera. El Atleti lo hizo perfecto. Recordó por momentos a las noches estivales de Bucarest y Mónaco. Con un gran trabajo de Diego Costa y Koke además de la motivación extra de Falcao, el Atleti fue muy peligroso. Dio miedo. Maniató a un Barça que no se reconocía y que tenía a sus grandes puntales sin participar. Los colchoneros avisaron por dos veces con un remate del colombiano al palo y otro balón cruzado que se escapó por la parte izquierda de la portería. Uno se sentía orgulloso ya entonces de su equipo pero más todavía cuando un robo de Costa deja a Falcao encarando la portería para que con un recurso técnico al alcance de muy pocos pusiese de una medio vaselina de zurda el 0-1 en el marcador. Los Atléticos vimos que se podía ganar. El problema es que también lo vieron los azulgranas. 

La idea era mantener el mismo esquema. La misma tensión. Si los de Simeone era capaces de llegar así al descanso (faltaba 15 minutos) una gran parte del camino estaría hecho y las posibilidades de rematar el encuentro con una contra fatídica se multiplicarían. Pero entonces llegó la suerte. Justo al que menos la necesita. Una jugada intrascendente por la izquierda de Adriano acaba con el jugador culé cerrado en la diestra y recortado a su izquierda. Viendo que toda la delantera está marcada y los pases cortados, decide entonces lanzar un disparo lejano con la pierna izquierda. El balón entra por la escuadra y empata el partido. Hasta entonces el Atleti había estado al 110% de su capacidad mientras el Barça, por méritos de los madrileños seguramente, no había pasado del 50%. Aun así íbamos empatados. Entonces el Barça, que había visto la oscuridad, sacó el tarro de las esencias y el Atleti, que había visto la luz, se sintió cansado e impotente. Los catalanes ya no abandonaron el área rival en lo que quedaba de primera parte pero además tuvieron la suerte, otra vez, de un segundo gol tras melé caricaturesca en el área que Busquets acaba aprovechando. 1-2 al descanso. Injusto. Un Atleti vaciado que no podía hacer más frente a un Barça que a sus muchos recursos naturales y financieros había sumado el de la suerte. Psicológicamente desolador. Darlo todo y darlo bien para irte perdiendo al descanso. 

La segunda parte fue algo más parecido a lo “normal”. El Barça monopolizó el juego y el balón frente a un Atleti que ahora si era incapaz de salir con fluidez. El problema de ser un equipo potente, rocoso y peligroso como es este Atleti de 2012/2013 es que los rivales te toman como tal. Te respetan, te temen y no escatiman en recursos para ganarte. Eso es lo que le pasó al Barça. Vio que necesitaban ser ellos mismos en su mejor versión para ganar y lo hicieron. Para el Atleti era mucho más fácil ganar en el Camp Nou cuando éramos un equipo del montón que ahora siendo segundos en la liga pero prefiero mil veces esta tesitura a la otra. El Atleti ha perdido en el feudo blaugrana por pensar a lo grande pero yo lo veo como un peaje que tenemos que pagar si queremos recuperar nuestro lugar histórico en el fútbol. 

El Atleti no perdió nunca la cara al partido pero no volvió a inquietar y se vio incapaz frente a un Barça alegre, fluido y convencido de sus posibilidades. El partido finalizó definitivamente cuando Messi, hasta entonces inédito, decidió hacer su típica diagonal hasta la frontal del área para empalar a la base del poste. Los minutos postreros desde ese momento hasta el final del partido, incluido el segundo gol del crack argentino tras error absurdo de Godin, entran prácticamente en la categoría de anécdota. 

Creo que no se puede pedir más a quien lo da todo y este Atleti lo da todo. Algún cenizo apocalíptico olvida (o no quiere ver) que este Atleti está viajando muy por encima de sus posibilidades. Que gracias a su entrenador está regalando un rendimiento muy por encima no ya de lo esperado sino de sus posibilidades reales. Ahora estamos dolidos por perder y sobre todo por ser conscientes de que el sueño de volver a ganar la liga se diluye en el éter pero no deberíamos olvidar que este Atleti, con 9 títulos de liga en sus vitrinas, ha hecho este año el mejor arranque liguero de su historia. Me repugnan los supuestos analistas y supuestos atléticos que cuando el equipo gana ven cracks y genios por todos los sitios y cuando pierden son todos unos paquetes miserables. No me interesa ese discurso fácil y ventajista. Yo critiqué a Aguirre ganando y defiendo ahora a Simeone perdiendo porque creo en la coherencia y porque sabedor de la fuerte dosis de incertidumbre que tiene el fútbol uno pretende evitar la casualidad del momento para ceñirse al análisis del trabajo, del proyecto y del buen hacer, tratando de distinguir lo que es un riguroso plan y lo que es fortuito. Yo me siento orgulloso de este Atleti. Incluso hoy, perdiendo 4-1 en el Camp Nou.


Bandera

At. Madrid 3 - Getafe 0

Sumergidos en esa vorágine mediática de galácticos NBA y competiciones multimillonarias, a veces olvidamos que el fútbol surgió como un enfrentamiento de personas en un terreno de juego. Once contra once repartidos en dos equipos en el que quien metía más goles ganaba. Sin más historias. Sin especulación. Sin segundas lecturas. Ganar o morir. Esa, no lo olvidemos, fue la esencia del fútbol antes de que otro tipo de marcos regulatorios vinieran a enriquecer pero también a corromper el mundo del fútbol. La Copa del Rey, las competiciones del KO en general, recuperan esa esencia primitiva del todo o nada y por eso tienen ese punto emotivo y fascinante. Lo tienen de forma genética y por mucho que los actuales raptores de la competición quieran cargarse el torneo a base de horarios terroristas, desprecio constante y un sistema de competición francamente mejorable, lo cierto es que la Copa siempre acaba siendo la Copa. Y sigue fascinando. 

Simeone lo sabe. Y le gusta. Es ese tipo de entrenador de herencia italiana que se desenvuelve muy bien en competiciones de eliminación directa. Contra el Getafe además quedó claro que la decisión de jugar la eliminatoria anterior con el mal llamado equipo B no fue más que un recurso momentáneo y particular. Simeone va a por la Copa, como tiene que ser, así que decidió salir con todo. Con todo lo que podía porque Falcao se quedó en la grada y mediada la primera parte Adrián, que está gafado, tuvo que retirarse por lesión. Los primeros minutos intentaron ser para el conjunto colchonero esos primeros minutos de tanteo que se dan lo que llaman partidos de “180 minutos”. El problema es que el conjunto azulón no estaba para seguir las reglas de la tradición. Mucho más alegre y dinámico que los rojiblancos se fueron a por el balón y a por el partido con tanto criterio como escasez de resolución. El Atleti o no esperaba ese comportamiento rival o no supo atajarlo con la eficacia defensiva que acostumbra así que concedió un par de ocasiones tan claras como atípicas en el Calderón que por supuesto Courtois se encargó de desbaratar. A veces nos olvidamos, dado que la defensa este año nos tiene deslumbrados a todos, del gran portero que tenemos en la portería pero ahí está y es muy bueno. 

El partido se equilibro sin embargo enseguida y sin que el Atleti pudiese desplegar juego al menos si desactivo al rival para dejarlo todo reducido a una batalla en el centro del campo. Entonces llegó el error de Alexis entrando como un Hulk Hogan desubicado a un Diego Costa omnipresente que fue una auténtica pesadilla para los getafenses. El brasileño sigue creciendo y a su tradicional entrega constante se le suman poco a poco otras cualidades futbolísticas que también estaban ahí pero no salían tan de seguido. Costa convirtió el claro penalti y el partido cambió de signo. El Getafe ahora tenía otra vez el balón pero ya no sabía qué hacer con él frente a la roca colchonera. El Atleti cómodo con el marcador, presionando arriba y salía con verticalidad. La marca de la casa. 

El Getafe intentó en la segunda parte hacer lo mismo que al comienzo del partido pero ya no colaba. Los de la capital, mucho más intensos y sabedores de lo que tenían que hacer, no sólo no lo permitieron sino que volvieron a marcar un gol (Diego Costa, otra vez) que al árbitro anuló por un fuera de juego que personalmente no vi por ningún sitio. La batalla se intensificó pero el Getafe ya no golpeaba y el Atleti llegaba al área contraria con peligrosas cuchilladas. El partido se puso muy divertido. Mientras los de azul se estrellaban contra el bloque de Simeone, el Atleti aumentaba el nivel de intensidad hasta un punto que incluso desde fuera del estadio daba miedo. Cuando los colchoneros se ponen en ese modo da la sensación de poder arroyar a cualquiera que se ponga delante. Y lo hicieron. Asustó primero Diego Costa (otra vez) con una plástica chilena que salió al centro de la portería. La jugada vino, como no, de la enésima genialidad de Arda Turan. El turco fue ayer un jugador sobresaliente. Se le ve en el campo con una soltura y nivel de inspiración que uno, que se declara rendido admirador del otomano, se relame por lo que puede estar por llegar. Y ojo también a Koke sobre el que llevó avisando desde hace tiempo y que guarnecido en su discreción no para de crecer y de ser cada vez más importante para el equipo. Ya es el encargado de la mayoría de estrategias a balón parado y su proverbial último pase junto a la capacidad de combinación en los tres cuartos está siendo una de la mejores sorpresas de la temporada. 

El segundo gol llegó tras la enésima jugada del turco desde la izquierda que arma el disparo basculando a la derecha y empotra el balón en la base del poste. El rechace, con el portero rival en el suelo, cae en la bota de Filipe Luis que casi sin querer lo mete en la portería. Para entonces el Atleti era ya un vendaval que impedía el Getafe pasar del medio campo. El tercero apareció como no podía ser de otra forma. Robo en tres cuartos provocado por la asfixiante presión atlética, pase al hueco para Diego Costa (otra vez) y remate de primera a la red. 3-0. Eliminatoria prácticamente resuelta. 

Simeone se ha preocupado por gestionar de forma milimétrica y austera los recursos de que dispone, evitando gastar a las figuras del equipo en partidos que a priori pudieran ser de trámite. La eliminatoria contra el Getafe no lo era y por eso en el minuto 90 de partido y con tres goles de ventaja los jugadores seguían presionando como si fuese el primer minuto de partido. Ese es Simeone. Ese es el Atleti. La vuelta será más tranquila e incluso puede dar pie a reservar recursos gracias al trabajo realizado. La seriedad, solvencia y eficacia de este equipo es tan alta que asusta. Agarrémonos a ese espíritu y hagamos de él nuestra bandera. Firmo por ello.

Coaching

At. Madrid 6 - Deportivo de la Coruña 0

El Coaching es una técnica de enseñanza relativamente moderna que se utiliza en el entorno empresarial y en la que mediante diversos procesos interactivos se trata de inculcar valores y conceptos de forma que sea el propio sujeto quien descubra o entienda lo que está pasando. Uno de esos métodos consiste en que el profesor adopta un cierto rol real para ir orientando al sujeto por el camino que mejor funciona para él. Sólo. Sin carga docente. Viviéndolo en primera persona. Si fuese un marciano con un MBA que hubiese aterrizado en Madrid justo antes del Atleti-Deportivo pensaría que lo que pasó en el Calderón fue precisamente un generoso ejercicio de Coaching por parte de los gallegos. No lo soy. No lo fue. 

En el Atleti, que a pesar de lo que uno pudiera deducir por la venenosa prensa oficial está haciendo una campaña ejemplar, habían aparecido durante los últimos días ciertos fantasmas del pasado. Ciertos vicios escondidos y aparentemente extirpados. Ciertas dudas. Ciertos miedos. La plantilla era corta. Jugaba muy mal. Se había perdido la magia. Diego Costa era un delincuente sin rumbo. Falcao un bluf. Simeone un farsante y el Atleti una anomalía en lo alto de la tabla. Con esa tesitura comenzó el partido. Un Atleti nervioso y un Deportivo que se colocaba bien y tocaba el balón con criterio. El Atleti trataba de emular ese sistema fogoso de presión, basculación y desmarqué que lo ha llevado hasta dónde está pero cumpliendo todos los puntos del procedimiento…no salía. El Depor combinaba con comodidad y el Atleti corría por el campo sin rumbo aunque sin recibir peligro. Así, el equipo gallego, como buen Coacher, notó que a los madrileños les faltaba asentarse en su raíz. Creer en el corazón de su juego, esa intensidad en la presión que es el origen de todas las cosas. Así que limitaron la velocidad y decidieron no aportar agresividad al juego. De repente el Atleti se colocó bien. Y empezó a robar balones muy arriba. Y empezó a tocar el balón con verticalidad y criterio en los tres cuartos. Y empezó a llegar. Diego Costa, que a pesar de lo que uno pudiera deducir por la venenosa prensa oficial está haciendo una campaña muy buena, estaba peleado consigo mismo, perdido en esas guerras de guerrillas en las que ha entrado últimamente. El Depor, como buen Coacher, sabía que lo que Diego Costa necesitaba era sentirse futbolista. Nada más. Un tipo que lo da todo en el campo y que aporta tantas cosas diferentes a una plantilla que no tiene a nadie como él comete un error terminal centrándose en cosas accesorias que lo apartan del camino. Así que en un balón colgado al segundo palo el marcador gallego está lo suficientemente pegado para que parezca marcaje pero lo suficientemente descolocado para que el brasileño se esfuerce y gane la posición y la altura. Gol. 1-0. Diego Costa vuelve a ser futbolista y completa una gran primera parte. 

Falcao andaba taciturno. Preocupado. Un tipo que vive por y para el gol se siente perdido cuando pasan las fechas y no llegan los goles. Tampoco llegaban las ocasiones pero los goleadores no reparan en problemas sistémicos del equipo. No marcan y eso les duele. Así que el Coacher decidió primero darle la importancia que tiene y para ello plantó una defensa que estaba obsesionada en bloque con el colombiano desde el primer minuto. Después le ayudó a demostrar al 9 colchonero que su hermandad con el gol va mucho más allá de rematar a puerta. El Coacher ofreció la posibilidad de demostrar a su cliente que Falcao puede desbordad y definir en carrera, ser el más listo del área y provocar penaltis, convertir esos mismos penaltis, volear de forma violenta y precisa incluso desde la salida de un fuera de banda, rematar de cabeza con maestría cualquier cosa entre el césped y las nubes e incluso fabricarse su propia ocasión de gol si recibe el balón en el área con un metro de espacio. Falcao salió tan reforzado de la sesión que lejos de recuperar su estado anterior lo mejora y avanza de forma imparable en esa progresión que parece no tener límite. 

El partido casi fue lo de menos. Tras el gol de Costa llegó un gran desmarque de Falcao que un preciso pase de Koke, un jugador excelente al que se le da mucho menos protagonismo mediático del que verdaderamente tiene, deja encarando la portería al cafetero y fusilando por bajo. A partir de ese 2-0 el encuentro fue el canto poético de un equipo que se encontraba a si mismo en las mejores circunstancias contra un Deportivo de la Coruña constreñido en su propia tragedia y que presentaba preocupantes muestras de que ni ellos mismos creen en lo que están haciendo. La fiesta se concretó en un histórico recital del astro colombiano que no se cansó de meter goles de todas las facturas, hasta cinco, y de escuchar el afinado canto de una grada que lo quiere a rabiar y que lo erige como fiel y legítimo representante de este nuevo Atleti ambicioso, orgulloso, peleón, serio y temible pero también coherente y humilde. 

A punto de terminar la primera vuelta el Atleti sólo ha perdido dos partidos y ha concedido un empate. A pesar de lo que uno pudiera deducir por la venenosa prensa oficial ahí están los números (y las sensaciones) para demostrar que lo que está haciendo Simeone con una plantilla corta, justa y desequilibrada es estratosférico. Es el mejor arranque liguero del Atlético de Madrid en toda su historia y estamos hablando del tercer equipo de España con más ligas. En cualquier otra liga del mundo, es decir en cualquier liga justa, seríamos líderes indiscutibles. Lamentablemente no ocurre en está desproporcionada liga de las estrellas en la que todas esas estrellas tienen que estar en los dos únicos equipos que cuentan y si no le están, por una casualidad de la vida imperdonable, lo estarán. Esa supuesta liga donde el segundo equipo en la clasificación para los subjetivos notarios de la realidad es sin embargo el que los números dicen que se encuentra en tercera posición a 5 puntos del segundo. 

Uno prefiere en estas circunstancias ser un outsider, vivir al margen del tufo a oficialidad e ir al Calderón a emborracharse de adrenalina para después apagar radios y cerrar periódicos que prefieren hablar de las esquinas sucias de una casa, la mía, que este año, para variar, luce como los chorros de oro. Que os den a todos ustedes, cenizos de la palabra. Violadores de la emoción verdadera. Talibanes del vil mental. Terroristas de la verdad. No vengáis pidiendo ayuda el día que es ahoguéis en esa miserable y putrefacta cloaca de odio y excremento que estáis construyendo entre todos. Lo era antes, lo soy ahora y los seré el día que os tengáis que dedicar a eso para lo que no habéis estudiado. Del Atleti. Y no lo siento. ¿No lo entendéis? Me importa muy poco.



Sorry (FLASH)

Por circunstancias de la vida, ayer bien temprano tome un avión que me ha traído a tierras alemanas, cerca de Berlín en lo que antes era la RDA, y no tengo fácil el acceso a internet ni a las cosas que pasan en la madre patria. Vi el fabuloso 4-0 al Sevilla en directo pero no he podido hacer la crónica. Tampoco creo que sea posible hacerla para el partido de copa porque lo más probable es que ni lo pueda ver.

El sábado, día del Derbi, seguiré por aquí pero haré todo lo posible para ver que pasa.

Veremos.


Esguince de mandíbula

At. Madrid 1 - Hapoel Tel Aviv 0

El tema viene así: a falta de un partido para terminar la fase de grupos el Atleti es primero de grupo y le basta un empate en Pilsen para mantener esa posición que se antoja lo más importante a conseguir en esta primera fase de la competición europea. Los números fríos dejan por tanto un buen escenario. Si rascamos algo más vemos que las grandes estrellas de nuestro equipo no sólo no han debutado todavía sino que ni siquiera han ido convocadas. Acercando un poco más lupa vemos que quien ha conseguido ese resultado es en realidad el equipo reserva del Atlético de Madrid, apoyado por los jugadores llamados a realizar cosas importantes a lo largo de la temporada pero que todavía no habían cogido tono de competición. Ha sido básicamente un campo de pruebas. Si nos paramos en ese punto el balance no puede ser más positivo. Pero claro, uno ha visto los partidos y se le queda una cierta cara de angustia. En concreto si nos centramos en el que nos ocupa, esa triste victoria sobre el Hapoel, en la que el que esto escribe ha estado a punto de hacerse un esguince de mandíbula ante tanto bostezo. Las cosas como son. Si en la vida real tuviésemos la posibilidad que ofrece el Pro Evolution Soccer en la Play Station de ir directamente al resultado cuando va a comenzar el partido muchas veces la hubiésemos aplicado con los ojos cerrados. No tengo la menor duda. 

El partido tiene escasa posibilidad de comentario y nula historia. Francamente. Con el tímido pero agudo dolor de la derrota en Coimbra en la cabeza el Atleti salió al campo con la lección aprendida. Simeone no renunció a su política de sacar al equipo B pero si se preocupó de que los que saltaban lo hicieran con una idea clara en la cabeza de lo que había que hacer. Los colchoneros rápidamente dominaron todas las facetas del juego y sin abrumar no dejaron opción al rival. Desde el pitido inicial hasta el gol de Raúl García fueron los mejores minutos de partido. Es más, prácticamente fueron los únicos minutos de partido. Gran arrancada de Adrián que recordaba a sus mejores tiempos, balón colgado al área con picardía, cante disimulado de estirada por parte del contundente portero rival, balón que cae en las botas de Emre y que deja suavecito atrás para que Raúl García estampe el balón contra el larguero y entre dentro de la portería. Minuto 7. 1-0. Fin de partido. 

A partir de ese momento un Atleti, que se sabía superior, se fue apagando poco a poco como una vela de parafina. La presión inicial bajó unos metros para finalmente esfumarse. El prometedor arranque de Adrián se disolvió, Raúl García y Emre desaparecieron, el Cebolla se agarró al traje de la épica y las carreras desenfrenadas en solitario, Mario se incrustó con los centrales desde donde más o menos controlaba el cotarro y todos se echaron a dormir hasta el descanso. Los israelíes también. 

Pero en la caseta el señor Abuksis, entrenador rival, debió darse cuenta de que tenía una oportunidad histórica de hacer algo grande en el estadio del vigente campeón de la competición y así se lo dijo a sus pupilos. El Hapoel había dado muestras ya de buen toque de balón y manejo del mismo en campo contrario. Sus evidentes carencias hay que encontrarlas en la falta de gol y una gran vulnerabilidad defensiva. Así que sin nada que perder salieron a tener el balón y dominar el juego y lo hicieron. Los colchoneros, que para entonces se limitaban a trotar por el césped y despejar el balón lo más lejos posible, vieron como el equipo de los “trabajadores” empezaba a trazar jugadas y a merodear con cierto criterio el área colchonera. Un murmullo corrió como la pólvora por el Calderón (amplificado por alguna que otra salida en falso de Asenjo). Simeone dijo basta. El Cholo puso en el campo a Koke y ordenó a sus jugadores ir a presionar al equipo contrario en su propio campo como si de eso dependiera el futuro de la humanidad. Y lo hicieron. Y bastaron unos minutos de intensidad táctica para que el Hapoel no volviese a inquietar hasta el pitido final. 

El partido que falta contra el Viktoria será probablemente el más interesante de los seis y el único en el que probablemente los jugadores sientan que se están jugando algo. Se lo están jugando de hecho. Un primer puesto te asegura no sólo evitar los "cocos" de la competición sino con toda seguridad un rival, siempre a priori, muy asequible. Si yo lo sé Simeone lo sabe así no tenemos de qué preocuparnos. Creo.

Invisible

Granada 0 - At. Madrid 1

Terminado el encuentro un avispado periodista le solicitaba a Simeone en rueda de prensa un comentario inteligente respecto a la “noticia” de que Falcao llevaba dos partidos sin marcar (¡Guau!). La respuesta del Cholo fue que no, que la noticia no era esa. La noticia era que el Atlético de Madrid había ganado 0-1 en Granada. Minutos después el despoblado y austero set de Gol Televisión, en su programa dominical nocturno y en el espacio reservado al análisis del partido de los colchoneros, decían recoger las inquietudes de los cibernautas que mandaban preguntan a través de twiter. “Casualmente” eligieron sólo dos preguntas. La primera fue la muy original y eterna duda de si el Atleti es una verdadera alternativa para ganar la liga (pregunta de rabiosa actualidad para culés). Las ladraba un sobrexcitado aprendiz de locutor que disfrazado a modo de modernete chisposo impregnaba el ambiente con artificial entusiasmo. Los labios de Axel Torres, uno de los pocos profesionales que quedan en este circo mediático del fútbol, decían con evidente muestras de resignación que ahí estaba el Atleti y ahí su trayectoria. Que el futuro es una cosa incierta e imprevisible pero que ahí estaban los resultados. Su cara por otro lado decía que la pregunta de ese compañero tan sanote era una solemne gilipollez. La segunda pregunta fue que si la “verdadera medida” del Atleti estaría en el derbi contra el Madrid (pregunta de rabiosa actualidad para madridistas). Axel Torres, consciente de la falta de respeto que esa pregunta suponía para el Atleti como institución, para su afición, para una trayectoria intachable, para los dos próximos rivales de los madrileños (Hapoel y Sevilla), para todos los que han sido derrotados en lo que va de liga y para la inteligencia del telespectador, dijo rotundamente que no, aupado en argumentos similares a los que utilizó para responder la anterior pregunta. El aprendiz de periodista, de incipiente bigote fashion y hechuras de molón, hizo oídos sordos y siguió insistiendo en su oda a la estupidez, con un cierto y tímido aire de ofendido por no poder desarrollar toda su estulticia, en la línea de sus actuales compañeros de profesión. 

Periodistas del movimiento: dais asco. 

Pero el Atleti sigue ganando. Por las buenas y por las malas. En Granada no hizo un buen partido. De hecho hizo todo lo contrario. La primera parte de los madrileños fue la peor de lo que va de liga y encendieron todas las alarmas de una afición demasiado acostumbrada a despertar repentinamente de los sueños. Primera parte muy mal encarada y peor jugada. Los rojiblancos parecieron un equipo vulgar y sin rumbo en manos de un equipo granadino que dejó una magnífica sensación. Con tanta o mayor intensidad que su rival y tácticamente perfectamente plantado en el campo su valentía para ir a por el partido y su muy decente trato del balón hicieron que fuesen dueños del encuentro. Conquistado por completo el centro del campo y ganando siempre la anticipación, los andaluces jugaban siempre en campo contrario con buen criterio. Si los nazaríes no se fueron al descanso ganando el partido fue por la gran labor de Courtois, la pareja de centrales colchoneros (especialmente Godin) y la nula capacidad del Granada para hacer gol. Ese aspecto del fútbol que suele estar emparentado de forma directamente proporcional con el presupuesto del equipo. Al Granada lo único que le falta es gol y eso, hoy por hoy, se compra. Desgraciadamente. 

Enfrente un Atleti perdido, opaco y hasta tímido. Juanfran dando muestra de inseguridad, Gabi absolutamente inútil en la creación, Mario incapaz de corregir todos los errores de sus compañeros de la medular, Adrián inédito en esa tarea de enganche que no le sale por más que insista Simeone, Raúl García mostrando sus notables carencias para crear juego, Arda demasiado aislado en banda y Falcao desasistido. Muy mala primera parte de los colchoneros que en lugar de minimizar sus defectos y maximizar sus virtudes (lo que había hecho hasta ahora) hizo todo lo contrario. 

La charla del descanso fue vital para que la mentalidad colectiva del equipo fuese otra en la reanudación pero creo que fue todavía más vital la entrada de Diego Costa por Adrián. El brasileño es un jugador deslavazado con un juego feo y poco vistoso pero rara vez deja de sumar en el campo. Surge siempre la duda de si puede llegar a ser un jugador de 90 minutos pero desde luego es un jugador que está aportando mucho a este Atlético de Madrid. Aun así, el verdadero punto de inflexión llegó para mí con la entrada de Koke. Un jugador que personalmente creo que hoy por hoy está por delante de Adrián y sobre todo Raúl García entre los tres que juegan por delante del doble pivote. Con menos calidad que el asturiano y menos llegada que el navarro, Koke tiene más fútbol, más pase, más visión de enlace y como mínimo la misma entrega que sus compañeros. Los dos reservas fueron los protagonistas del gol colchonero. Un barullo en el área provocado y resuelto por Diego Costa que acaba en un balón abierto a la banda derecha para que Koke cuelgue el balón al segundo palo y Arda lo cruce en dirección contraria a la red. 

A partir del gol el Atleti se asentó y se mostró más fuerte y poderoso, tirando contrataques marca de la casa frente a un Granada que se veía sonado e incapaz. Las sensaciones eran buenas y el partido parecía encarrilado pero entonces ocurrió la jugada absurda de Mario Suárez. Una mano tan clara como estúpida que dejó al equipo con diez. Los colchoneros, ahora sin escrúpulos ni complejos, se parapetaron en torno a su área pero lo hicieron con tal eficacia que los andaluces apenas inquietaron. Es más, estuvo más cerca el 0-2, sobre todo en las botas de Falcao que ayer no estaba fino, que el empate. 

Importante victoria fuera de casa que deja al equipo a más de diez puntos de la cuarta posición. Los llamados “rivales directos”. En cualquier otra liga del mundo el Atleti sería líder indiscutible pero no aquí en la Liga de las Estrellas del Madrid y del Barça. El Atleti ha conseguido ya el mejor arranque de su historia, mejor incluso que el año del doblete, pero todo eso no es noticia ni resulta importante para los señores de bigote incipiente y demás cazalleros que son incapaces de quitarse el impertinente Madrid/Barça de gónadas y posaderas. Esos señores que cada día que pasa se muestran más repulsivos y que piensan que el Atleti, y con él todo los que no apesta a Madrid/Barça, es algo invisible. El problema, para ellos, es que no lo es.


Pastel para "todos"

“La gente generalmente confunde lo que leen en los periódicos con las noticias.” (Abbott Liebling, periodista estadounidense) 

Si usted es un ser vivo contemporáneo que vive en el siglo XXI y se considera aficionado al Atlético de Madrid debe ya saber a estas alturas que no existe. No está. No cuenta. Las encuestas no están hechas para usted. El mundo no está pavimentado para que usted deambule por donde desee sino que existe un espacio confinado y discreto en el que tímidamente podrá desperezarse a la hora establecida para ello. Es, en el mejor de los casos, una anomalía cuando no una figura de atrezzo. Un discreto papel de figurante bidimensional y perfectamente trazado que se oculta al final del escenario. Como seguidor de una supuesta entidad deportiva usted, como yo, tratará inocéntemente de verse reflejado por las mañanas en la diaria información “deportiva” que allí se da pero no lo logrará. Pase lo que pase. Rara vez se verá citado y si lo hace, Dios no lo quiera, será por alguna tragedia que evidentemente estará redactada para otros. Le ocurrirá lo mismo por la tarde y por la noche. Por la noche será incluso peor, se lo aseguro. Le ocurrirá lo mismo a través del papel o a través de los pixeles de la pantalla. El domingo y el lunes. Mañana y pasado. Está todo perfectamente engrasado. 

En Francia, Inglaterra, Alemania e Italia sus respectivas ligas son un espectáculo “paquete” que se vende como tal. En Francia la mitad de los ingresos que se generan se reparten de forma igualitaria entre los miembros. En Italia es el 40%. En Alemania el equipo mejor pagado cobra 28 millones de euros mientras que el peor cobra 14. En Inglaterra, la liga que más dinero genera, el 70% de los beneficios se reparte de forma igualitaria entre los 20 equipos, asegurando un mínimo de 46,5 millones. En España somos más chulos. La liga no existe y prefieren que cada equipo se busque la vida por su cuenta. Así Barça y Madrid ganaban el año pasado 140 millones de euros cada uno mientras el Rayo Vallecano 14. Sin entrar a valorar la justicia de todo esto o el evidente deterioro de una competición injusta miremos más allá. 

Todo este dinero sale de eso que eufemísticamente denominamos “televisiones” pero una definición más acertada debería hablar de unos grandes medios de comunicación que lógicamente no son grandes samaritanos, ni simples aficionados al fútbol, ni elogiosas ONGs. Son empresas con un lícito ánimo de lucro y como tales necesitan recuperar y rentabilizar unas inversiones multimillonarias cuyo negocio está fuertemente cuestionado casi desde el principio. Estos grupos de comunicación, Canal + y Mediapro en España, no han comprado una liga de fútbol que a modo de NBA puedan ir vendiendo por el mundo, no. Lo que han comprado, básicamente, es la poderosa dupla Madrid-Barça y lo saben. Gastando simplemente algo más de “calderilla” se aseguran además que los sparrings, quienes quieran que estos sean, no podrán poner pegas legales. No han comprado una competición sino a los Harlem Globetrotters. Un ”producto” que quieren enseñar lo máximo posible para vender entradas y merchandising aunque para poder enseñarlo, eso si, necesitan el alquiler barato de un puñado de rivales de pega que no puedan hacer sombra. La liga es ese sitio donde juegan Madrid y Barça los domingos. Nada más. A estos grupos no les interesa lo que nos podría interesar a los aficionados al fútbol sino obviamente rentabilizar sus millones. Para ello necesitan que Madrid y Barça estén diferenciados y llenen todos los poros del imaginario colectivo desde la posición del todopoderoso ganador. De galáctico líder. De centro del universo. De referencia incluso política y social. De tamiz con el que interpretar la “realidad”. A todas horas. No puede existir nada que distraiga. No pueden existir más opciones. ESO es lo que hay que vender. 

El periodista Jose Miguelez entrevistaba hace pocos días a Alfredo Relaño director del diario AS en la revista SportYou y podíamos leer esto: “¿contento entonces con la etiqueta de que el AS es un periódico del Madrid?”, preguntaba el periodista. “Pues si, no estoy disgustado. (…) Tenemos una mirada madridista” contestaba el líder mediático. Sin embargo esa “mirada madridista” de la que habla el señor Relaño, ya saben, eso de que la portada del día de la Supercopa que gana el Atleti sea para Modric, que cada vez que el equipo merengue entra en crisis se venda la estrella colchonera del momento, que el Atleti esté indefectiblemente asociado con la imagen desaliñada y circense del tal Manolete o que el tono intelectual del diario lo ponga un tipo tan… asequible y ecuánime como el tal Roncero no es genuina de un diario con solera. No al menos ese tipo de mirada basada en réditos económicos más que en filias deportivas. Un diario AS que en 1967 salió al kiosko por primera vez con, que cosas, Manolo Santana y el boxeador “sombrita” en la portada. Alfredo Relaño es director de AS desde 1996 momento en el que el periódico es comprado por el grupo PRISA. Canal +, uno de los dueños del fútbol, qué casualidad, también es PRISA. Igual que El País o la SER. Y PRISA está también emparentada con Telecinco y Cuatro. Y con Santillana. Y con Alfaguara. Y gestiona la publicidad de una infinita lista de diarios y medios de comunicación. Tantos y tantos sitios en los que sacar rentabilidad a la inversión. 

Pero no piensen que esto es monopolio de un único grupo. Más bien deberíamos entenderlo como un totum revolutum del que todos salen ganando o al menos en el que todos se ven obligados a chapotear. Mediapro, el otro “dueño” del pastel, es un misterioso grupo que además de emparentado con La Sexta o Gol Televisión, curiosamente, posee los canales de televisión de Madrid y Barça. También coproduce junto al grupo Unidad Editorial el canal Marca TV. ¡Albricias! Por ahí aparecen los protagonistas que faltaban a la fiesta: Marca, El Mundo,… Pero es que si tiran de La Sexta llegarán a Antena 3 y de ahí a Onda Cero o La Razón y si siguen tirando verán que es raro el medio que no tenga una patita metida dentro del pastel. Mejor ponerse de acuerdo, entonces. Por eso todos se parecen tanto en fondo y forma. En lo que “la gente” entiende que es “noticia” y en lo que no. Por eso las diferencias se reducen casi siempre a una cuestión de matices. Por eso todo gira en torno a dos supuestas ideas aparentemente opuestas que conceptualmente y en el fondo son de hecho la misma. Por eso usted no existe ni yo tampoco. 

“Entiendo que existan periódicos barcelonistas y madridistas, porque el 70 o 60 por ciento de su público es de ese color. No hay que llevarse las manos a la cabeza porque los diarios sean partidistas. Para periódico imparcial ya está L’Equipe”. (Josep María Casanovas Editor de Sport)

Por la buenas o por las malas

At. Madrid 2 - Getafe 0

Cuando el señor colegiado estaba a punto de terminar el encuentro, con el proverbial frío del Calderón instalado en los huesos, esa cara de aburrimiento que llevaba en el mismo sitio desde hacía muchos minutos, un nutrido grupo de colombianos tratando de transmitir el carácter festivo con el que entraron al estadio, un Atlético de Madrid que cuan funcionario estereotipado esperaba que diese la hora para cerrar la garita y un Getafe que llevaba desde el pitido inicial derritiéndose, me dio por pensar dónde estaba el Atleti hace un año. Y me cambió la perspectiva, claro. Los seres humanos somos animales y como tales tendemos a adaptarnos al medio aislando el pasado de la memoria. Especialmente cuando el pasado no es nada reconfortante. Hace un año el Atlético de Madrid era una ruina institucional y deportiva. Instalando en la tradicional mediocridad de todos los años pero amplificada por el magnánimo concurso de un Gregorio Manzano en sus segundas nupcias que llevaba irremisiblemente al pozo de Albacete a un puñado de jugadores que meses después serían supercampeones de Europa. En ese momento miré la clasificación que se vislumbraba y me di cuenta de que los 9 y diez puntos que ahora sacamos a cuarto y quinto de la tabla respectivamente era precisamente la distancia que entonces (y tantas veces entonces) nos separaba de los puestos de arriba. A estas alturas de campeonato, durante la última década, el Atleti era ya un equipo descolgado cuyos objetivos ramplones se definían por si mismos y se limitaban a tocar por la parte de atrás las sobras de la elite. Entonces al árbitro pitó el final y yo me levante a aplaudir a mis jugadores. A ese escudo y a esa camiseta. Entonces vi de una forma bien distinta lo que había pasado durante los 90 minutos previos. 

Y es que el partido fue malo, si. Bastante. En parte por los circunstancias y en gran parte porque no hizo falta que fuese de otra forma. El once que saltó al césped se acercaba mucho a lo que podría considerarse como alineación titular del Atleti. Sigo sin ver el protagonismo de Raúl García y mucho menos en la posición en la que jugó ayer (esa que muchos dicen que es la suya) pero a estas alturas de curso tampoco sorprende. El equipo empezó mandado y bien ajustado. Lo normal. También con especial querencia por los balones largos y una dificultad máxima por tratar de crear juego frente a un equipo plantado en estático. Lo normal también. Llevamos el suficiente número de partidos para saber que el Atleti 2012/13 es un equipo con patentes carencias de fútbol y creatividad que suplanta con sobredosis de intensidad y rigor táctico. Sin entrar a valorar los gustos personales de cada uno esto es lo que hay. El Atleti hacía por ganar metiendo al Getafe en su campo y provocando ocasiones de gol aunque no demasiado claras. Probablemente la más peligrosa fue un balón colgado al segundo palo de Falcao que Raúl García remataba muy forzado rozando el palo. El peligro llegaba fundamentalmente por el lado izquierdo con un Filipe Luis en gran forma (gran primera parte que viene a sumarse a la buena temporada del brasileño) y un Turan demasiado escorado, para mi gusto, que sin embargo destapaba el tarro de las esencias cada vez que tenía ocasión. Personalmente no entiendo porque Raúl García fue el jugador detrás de Falcao en detrimento de Arda pero la respuesta está probablemente en el potencial defensivo del navarro. Comprensible, pero eso limita bastante las ya escasas posibilidades de crear fútbol que tenemos. 

El tiempo corría tras esos derroteros sin apenas sobresaltos cuando apareció el gol que todos esperábamos. Centro de Gabi que deja a Adrián solo delante del portero, los getafenses reclamaban fuera de juego pero a mí no me lo pareció en directo, para que a la segunda inaugurase el marcador. El Getafe hasta entonces no había aparecido. Sumiso a los designios del Atleti se había dedicado a defender sin demasiada bravura y a recular poco a poco hasta su área. Uno esperaba que con el marcador en contra los azules intentaran hacerse con el balón y aplicasen algo más de vehemencia en su presión pero nada más lejos de la realidad. El Getafe es uno de los equipos más blandos que han pasado por el Calderón y eso es algo que el nuevo Atleti de Simeone no perdona. Para ganar aquí hay que correr, pelear, chocar y quitar el balón y nada de eso hizo el rival. Y lo pago provocando que el Atleti ganase el partido sin despeinarse. Así que según pasaban los minutos todos se adaptaban a su nuevo papel. Los rojiblancos a ver pasar el tiempo. Los azules también. Y así llegó el segundo gol antes del descanso. Un despeje que da en Arda (probablemente en la mano) y cuyo rechace lo deja solo delante del portero acompañado de Falcao. El turco, pudiendo hacer cualquier cosa, decide regalar a la grada un regate de esos que se hacen con el cerebro de un genio para poner el segundo en el marcador. Fin del partido. 

La segunda parte fue tremendamente aburrida y sacó a relucir primero la confirmación de la inoperancia de un Getafe que sólo con Lafita en el campo y el Atleti pensando ya en otra cosa pudo estirarse algo y después la tremenda ansiedad de un Falcao demasiado obsesionado por marcar un gol que celebrar con sus compatriotas en la grada. El colombiano no tuvo sin duda su mejor día. Parapetado por el calor de los defensores del Getafe, que como ya hicieron los valencianos se dedicaron a abrazarlo y agarrarlo desde el pitido inicial hasta dejarlo sano y salvo en la ducha del vestuario local, Falcao estuvo ansioso y hasta un punto egoísta. Comprensible, teniendo en cuenta la que se había montado en la grada. Se podía haber alcanzado el extasis si hubiese acertado a rematar de tacón un envío de Arda desde la derecha pero no era el día del Tigre. 

Tres puntos y la sensación de que el espejismo no es tal. Que la racha no es fortuita. Que la idea está clara. Que el techo lo tendrán que poner los rivales. Que es mucho más fácil afrontar el final de año con una generosa distancia de puntos a los rivales que mirando el trasero de todo el mundo. Que Madrid y Barça juega y jugarán otra liga dentro y fuera del césped (y estén donde estén en la clasificación) pero eso a nosotros nos debería dar absolutamente igual. No sólo porque el nacional-madridismos no admite fisuras en su rodillo mediático sino porque el Atleti, por las buenas o por las malas, sigue ganando.


Déjà Vu

Académica de Coimbra 2 - At. Madrid 0

Casi lo habíamos olvidado pero hubo un tiempo en el que el Atlético de Madrid era un equipo impredecible y ciclotímico. Cualquier partido, y cuando digo cualquier partido es cualquiera, podía llegar a ser un sufrimiento extremo protagonizado por una colección de jugadores sin nada en común y carentes por completo de corazón. Las dudas de unos entrenadores y directivos, más preocupados de la foto y su ombligo que de la profesión, se trasladaban sistemáticamente al campo y cualquier partido podía ser entonces un castigo. Especialmente esos partidos en los que el bagaje histórico del Atleti estaba a años luz del de su rival y había mucho que perder y poco que ganar. Aquello desapareció afortunadamente con la llegada del Cholo Simeone. El argentino transformó una colección desigual de jugadores en un equipo de fútbol. Cambió el espíritu huidizo, cobardica y tramposo que se había instalado en el tuétano colchonero y lo transformó en carácter ganador y una idea clara y concreta de lo que se quería. El Atleti podía jugar bien o mal, ganar o perder, pero salía al campo el nivel de intensidad elevado a su máxima expresión. Siempre. Jugase quién jugase. Hasta hoy, en la que me ha venido una incómoda sensación de Déjà Vu. 

El partido de Coimbra se presentaba tranquilo. Casi intrascendente. Colchón de puntos suficientes y unos rivales de segunda fila que inspiraban la confianza suficiente como para pensar que el encuentro seguiría la inercia de los anteriores en Europa League: aburrido y efectivo. No fue así y no lo fue porque el conjunto colchonero se traicionó a si mismo. Tropezó en la trampa que todos creíamos haber superado y fue víctima de nuestro más reciente enemigo: la desidia. La falta de intensidad. Algo sin lo que este equipo pasa de ser un rival potente, correoso y brillante a la vulgaridad más absoluta y que tristemente nos es tan familiar de otros años. La alineación era rara y plagada de suplentes, pero eso no es disculpa ni novedad con Simeone. La falta de nueves ponía a Adrián como jugador más adelantado con Raúl García, Koke y la novedad de Saúl por detrás, pero el experimento no cuajó. Tampoco ayudo a ello un Tiago que se apaga por momentos. Ni una defensa construida sobre cimientos de plastilina. 

Enfrente la Briosa en una versión muy parecida a la que vimos en Madrid. Algo más abierta, con la defensa adelantada y las líneas juntas y bien plantadas. Buen planteamiento táctico que sin embargo no se veía refrendado por una patente falta de calidad y recursos en sus filas. Con todo ello la primera parte fue horrible. Centrocampismo deslabazado, constantes perdidas de balón, imprecisiones y sopor. Apenas hubo ocasiones de gol (no recuerdo ninguna) y lo único reseñable fue una entrada criminal a Raúl García que mereció la roja directa y el gol del equipo luso. Una jugada controlada por el lado derecho y un balón que se cuelga al área para que Wilson Eduardo remate en boca de gol abriendo el marcador. Asenjo no salió en lo que viene siendo marca de la casa. Silvio, su marcador, estaba a tres cuerpos de distancia. Error significativo de un jugador que no está. Error de falta de concentración más que de escasez de recursos. Error de un jugador que no recuerda en nada a aquel lateral portugués que tanto prometía hace un par de años antes de que se lesionara. Silvio lejos de aprovechar sus oportunidades las está usando para dejar claro su potencial aportación al equipo. Ninguna. No sé de hecho si tendrá muchas más oportunidades. Una pena. 

El descanso puso la inyección anímica de Simeone y el cambio de Pedro, delantero de referencia en ataque, por un inadvertido Saúl. La fórmula funcionó momentáneamente pero duró apenas un cuarto de hora en el que algunos creímos en la remontada, pero enseguida se apagó como una cerilla. El fulgurante tiro a puerta de lejos de Koke nada más iniciar el segundo tiempo fue más un espejismo que otra cosa. De hecho, fue la mejor ocasión de gol en todo el partido. El equipo no obstante dio otra imagen mejor. Tomó el dominio del balón y del partido, ocupó mejor el campo, distribuyó mejor el balón y no dejó jugar al rival pero todo ello a una velocidad muy lenta y rutinaria sin además ninguna profundidad. Los portugueses se fueron acomodando a la nueva situación y el Atleti también. El dominio era total pero no se transmitía sensación de peligro en ninguna área. Hasta que llegó un nuevo error garrafal de la defensa colchonera. Uno de los pocos balones que es controlado por la escuadra de Coimbra dentro del área es aprovechada por Pulido para realizar una entrada exagerada, aparatosa y totalmente a destiempo que provocó un claro penaly. Pulido, y mira que me duele decirlo, es otro de esos jugadores que poco a poco se va cerrando la posibilidad de entrar en la dinámica del equipo cuando lleguen las tardes gloriosas. Nervioso como otras veces hoy además ha realizado un penalty tonto, que transformaba fácilmente Wilson Eduardo de nuevo y que mataba definitivamente el partido. 

La Académica de Coimbra, equipo muy modesto del país vecino que fluctúa en la mitad de tabla y que llevaba sin ganar un partido en Europa desde 1969, se dio cuenta entonces de que había ya ganado y de que acababa así, de forma más bien triste, con una histórica racha de resultados del equipo madrileño en competiciones europeas. El resto de minutos ni siquiera fueron de agobio para el equipo luso que apenas tuvo que achicar balones. Algunos jugadores rojiblancos, pocos para ser exactos, intentaban tirar de casta más que de talento para equilibrar el marcador pero la sensación era universal. No había nada que hacer. 

El resultado en si no es dramático. La victoria en Chequia daría prácticamente la primera plaza de grupo. Es bastante más inquietante la sensación que deja el partido. ¿Será un punto de inflexión? ¿Servirá para que aparezca el fantasma de las dudas que creíamos extinguido? ¿Reducirá el Cholo el número de efectivos que entran en las rotaciones? Lo veremos en muy pocos días. En cualquier caso, de momento, uno sigue confiando en el talento de Simeone. Creo que el argentino tiene crédito suficiente.

El rostro de Simeone

Valencia 2 - At. Madrid 0

El Valencia acababa de marcar su segundo gol. Un contrataque con el Atleti volcado que acababa en la red. Era probablemente la segunda vez que tiraban a puerta. El realizador, supongo que aupado en esa corriente periodística tan elegante y tan de moda que se basa en buscarle las cosquillas al Atlético de Madrid para demostrarle que esta estorbando en la única y verdadera historia del fútbol español, la del Madrid-Barça, decidió mostrar la cara de Simeone. Buscaba carnaza, evidentemente. El argentino sin embargo mostraba en ese rostro rabia, contención, orgullo herido, impotencia, cabreo, enfado,... todo lo que en mi persona no podía quedarse dentro y salía por mis labios o mis dedos pero ni un solo gesto de reproche. Ni una palabra. Mientras uno discutía contra los energúmenos que poblaban el bar en el que vi el partido, energúmenos a los que el partido les interesaba tanto como la realidad del pueblo macedonio, no podía contener unos dedos que lanzabas tweets incendiarios a diestro y siniestro. Simeone no movía un músculo. No hacía falta. Tampoco perdió el decoro en la rueda de prensa tras las insidiosas preguntas de la calaña. No hizo falta. Tampoco se arrugó. Dijo lo que había que decir mientras todos sabíamos lo que pensaba. Era lo mismo que pensábamos nosotros. Ni siquiera perdió los papeles comentando la estupidez de ese irreverente siniestro que hace las veces de presidente del Valencia. Simeone nos volvió a dar una lección a todos. Esta vez en la derrota. El Cholo no aceptó hace días las caricias envenenadas de esa estirpe de gladiadores de la verdad, de su verdad, que por esa misma razón lo tachaba de áspero. Él sabia lo que hacía. Sabía que conceder un átomo a la cosa nostra que domina el fútbol patrio era pagar un precio demasiado alto, la dignidad. Y ahora están esperando. Ya lo estaban. Iban a estarlo de todas formas. Pero yo me agarro a esa expresión del Cholo. Sabía que teníamos clase en las victorias. Ahora sé que también la tenemos en la derrota. Vienen tiempos difíciles pero no estamos solos ni desvalidos. 

El Atleti sacó una alineación valiente pero algo extravagante al césped de Mestalla. La segunda línea ofensiva por detrás de Falcao (Adrián, Emre, Arda) contrastaba con la increíble ausencia del centrocampista más en forma de la plantilla: Mario Suárez. El experimento no salió bien. Tiago dejaba bien claro que no es el jugador que llegó hace un par de temporadas y le venía grande el centro del campo colchonero. Gabi, bastante flojo en las últimas fechas, amplificaba sus carencias ante la falta de apoyo y Emre directamente no jugó. La actuación del turco, para mí, fue lo más decepcionante de la noche. Con el centro del campo cogido con alfileres su misión fue puramente defensiva y a eso se aplicó el equipo con rigor y disciplina. El Valencia manejaba bien el balón y trataba de darle dinamismo pero no podía contra la roca colchonera. El Atleti intentaba salir de la cueva de vez en cuando pero se perdía en la transición. Solamente un renacido Adrián, lo mejor del Atleti, trataba de encarar al equipo rival con técnica y descaro. El partido estaba como tantas otras veces, correoso e igualado. Entonces ocurrió la jugada clave. 

Uno de los miles de balones parados lanzados por el Atleti a lo largo del partido llega a la frontal del área y un remate de tacón de Miranda es repelido milagrosamente por Diego Alves. En paralelo a esta jugada Falcao, que llevaba siendo agredido y agarrado por los defensas valencianos desde casi antes de que empezara el encuentro, es derribado en el área. Cuando el colombiano estaba en el suelo un sucio Soldado le clavaba los tacos en la frente. En directo me pareció fortuito. Con la primera repetición me entraron las dudas. Con la declaraciones del propio Soldado disculpándose con ese desdén zafio y macarra propio de la mafia rusa tuve claro que la jugada no había sido fortuita. Soldado, un tipo resentido que se hace desagradable por momentos. La jugada podía haber acabado de muchas maneras: gol del Atleti, penalti a favor, expulsión de Soldado,... pero no pasó nada. Minutos después, el mismo Soldado empalaba una volea que venía desde prácticamente ningún sitio, resolviendo con calidad y haciendo en 1-0. Golazo del 9 che, todo hay que decirlo. 

A partir de ahí asistimos a otro partido. El Atleti, que había especulado en exceso hasta ese momento, se desperezó y decidió apostar por el balón. El Valencia, que había sido mejor hasta entonces y que había jugado al fútbol medianamente bien, decidió apostar por el otro fútbol. Ese eufemismo que se utiliza para definir esa costumbre tan extendida de tratar de no jugar y que nadie juegue. Es una postura lícita, desde luego. Es una apuesta que salió bien, es evidente, pero yo lo he criticado demasiadas veces en mi equipo como para no hacerlo ahora con el rival. Repugnante. 

Poco más historia tiene el partido. El Atleti seguía muy espeso en el manejo del balón hasta que no realizó los cambios. Con Mario, Raúl García y Arda mas centrado, el Atleti empezó a jugar mucho mejor pero para entonces el partido estaba ya muy trabado. Era imposible dar dos pases sin recibir una patada rival y sobre el césped había más codazos que paredes. Más insultos que fútbol. El árbitro podía haber parado esa tendencia finalizando la primera parte cuando el equipo che decidió apostar por no jugar. No lo hizo y para cuando se hizo evidente ya era tarde. El Atleti se fue definitivamente arriba con todo y sin que realmente llegase ocasiones claras, seamos sinceros, el acoso era total. No hubo otro equipo en el campo durante la segunda parte pero cuando el equipo está tan volcado y no marca lo que suele ocurrir es lo que contaba al inicio de la crónica: un contrataque en ventaja y gol en contra. Partido finiquitado. 

Personalmente meto la derrota en el cajón de la anécdota. Podría haber ocurrido en San Sebastián o en cualquier otro sitio y aunque ha tenido que pasar en uno de los escenarios en los que menos me apetece, no debería ocurrir nada. Las hordas de la desestabilización, que ya campaban a sus anchas cuando estábamos en la cúspide, sacarán sus garras más afiladas para devolvernos a ese lugar que según ellos nos corresponde. Eso si me preocupa. Apretemos filas. Cuando sientan flaquear, acuérdense del rostro de Simeone.

Como tiene que ser

Real Jaén 0 - At. Madrid 3

Hubo un tiempo cercano en el que las primeras rondas de la Copa del Rey despertaban la misma ilusión entre la parroquia colchonera que la perspectiva de tener que ir al dentista. Nada que ganar. Todo que perder. La incómoda sensación no venía de serie con el espíritu del equipo como alguno podía pensar (y pensaba) sino que era el resultado de una sucesión de actuaciones lamentables que, en el mejor de los casos, salvaba la dignidad con más pena que gloria. Típico era ver un equipo aturdido, sin relleno y sin alma que se veía superado por un rival inferior en lo técnico y económico pero superior en motivación y orgullo. Nuestro Atleti se perdía en ese discurso ambiguo implantado por sus confundidos conductores que hablaba de hacer “buenos papeles”. Ese circunloquio cargado de tópicos que tratando de no mostrar el desprecio soberbio que muchas veces el mismo conductor tenía por su rival (y subrepticiamente por nuestro propio equipo), escupía una retahíla de obviedades que nadie creía y a nadie llegaban. Hoy todo ha cambiado de forma radical. Es completamente diferente. El equipo no desprecia a nadie pero tampoco deja que nadie lo desprecie. Sale a ganar con las mejores armas que tiene y lo hace en cualquier campo. En cualquier competición. Todo el mundo sabe dónde está y lo que tiene que hacer. Dónde está el éxito y dónde el fracaso. Sin ambigüedades. Como tiene que ser. 

Queda claro que Simeone no miente. No es su estilo. Ni siquiera de esa forma tan aparatosamente sutil que utilizaba nuestro anterior entrenador cuando empleaba medias verdades para no decir nada. Balbucear lo que el vulgo quiere oír para hacer luego lo que su miedo le dicta. El Cholo dijo que había que respetar la copa y es evidente que la respeta. La alineación que ha saltado a Jaén era bastante más potente de lo que muchos esperábamos pero más allá de nombres, su actitud en el campo no fue muy diferente que la de otras veces. A pesar de los pesares el equipo seguía junto, presionaba, aparentaba intensidad y no concedía ligerezas. Tan simple como observar un primer plano de cualquier jugador para ver que estaban dentro del partido. El problema es que enfrente no tenía un equipo de segunda B sino otro equipo de fútbol, crecido ante la oportunidad de hacer historia. Motivado, valiente, orgulloso y bien plantado. 22 jugadores enchufados que jugaban un partido bastante interesante. El Atleti intentando ese juego poderoso y vertical al que nos tiene últimamente acostumbrados y un Jaén con buen manejo del balón que trataba de salvar esa muralla física que plantan los madrileños cada tres o cuatro días. Koke tuvo en su cabeza el 1-0 con un remate franco dentro del área pero más allá de ello las fuerzas estaban parejas y aunque los colchoneros dominaban las imprecisiones de un hiperactivo Diego Costa y la falta de calidad de la siguiente línea, provocada probablemente por el gran trabajo de los andaluces, hacían que no llegasen las ocasiones. 

Pero llegando la primera hora se produce una buena jugada del Atleti por la derecha que acaba en remate a bocajarro del Diego Costa a pocos metros de la línea de gol. El balón no coge portería y da en la mano de Dani Torres para salir despejado. El penalty parece claro. La tarjeta roja, con el reglamento en la mano, también, pero uno se pregunta por qué los colegiados, tan dados a interpretar como les de la gana el reglamente en tantas otras ocasiones, no pueden evitar destrozar un partido como este. Fue así. Diego Costa marcó el penalty y el Atleti jugó a placer a partir de entonces. En los últimos quince minutos hasta el final del primer tiempo el Jaén apenas tocó el balón y casi parece un milagro que el marcador no se moviese. 

Aunque no todo fue coser y cantar tras el descanso. El Jaén, sabedor de su abismal desventaja, se cargo de intensidad y saco a relucir su lado más aguerrido complicando así la vida de un Atleti que se sentía muy incómodo teniendo que llevar la iniciativa del partido a través del balón. Los madrileños no bajaron la seriedad ni el rigor en ningún momento (¡gracias Simeone!) pero por un momento se veían limitados en su juego, hasta el punto de dar alas o los andaluces que terminaron por irse arriba. El Cholo vio el panorama y trató de estirar el equipo metiendo a Adrián y la apuesta le salió perfecta. El asturiano recibió un buen balón en la derecha, tiró una diagonal perfecta a toda velocidad para encarar la portería y con un magistral gesto técnico poner el segundo en el marcador. Gran gol que seguramente venga estupendamente bien a esa recuperación que todos deseamos para el delantero colchonero. El partido volvió a tomar los derroteros lógicos. Control absoluto y un orgulloso Jaén tratando de no perder la cara en ningún momento. Simeone dio entrada a Saúl y a Oliver Torres (tras inquietante lesión del Cebolla después de una criminal entrada de su marcador) y los canteranos no desentonaron. Especialmente Óliver que en el poco tiempo que tuvo se le vio dinámico y con ganas. Un desdoblamiento suyo a la derecha de primer toque dejó habilitado el carril de Silvio para que colgara un balón al área que Raúl García, viniendo otra vez muy bien desde atrás, cabeceó a la red haciendo el definitivo 0-3 en el tiempo de descuento. 

Eliminatoria resuelta que deja un desolador partido de vuelta que será tremendamente difícil de jugar y de ver. Las sorpresas coperas parece que también se han acabado con el nuevo entrenador. Tal y como soñábamos muchos de nosotros hoy el Atlético de Madrid es un equipo sólido, serio, respetable y respetado. Ganando y perdiendo. Como tiene que ser.

Va en serio

At. Madrid 3 - Osasuna 1

Existen bastantes gurús de la información deportiva que están convencidos de que el fútbol es eso que pasa entre semana, entre los partidos que se disputan los domingos. Esos cantos de cisne afónico sobre la magia de determinado muchacho portugués de comportamiento disfuncional, leyendas mentirosas sobre los de siempre, tertulias que siempre sacan una nueva definición para la memez y otras situaciones parecidas. El Atleti de Simeone ha decidido que este año sea para nosotros, los colchoneros, todo lo contrario. los jugadores salen al campo, ganan, y cuando acaba el partido recogen las medias, repliegan el discurso y se ponen a pensar en el partido siguiente. Mientras que otros años el Aguirre del turno justificaba empates y derrotas enmarcadas con cuña de palo en un presunto objetivo menor que todo lo aceptaba, mientras el Manzano de turno filosofaba sobre sistemas imposibles que no se creía ni él ni nadie o aleccionaba a los vulgares aficionados sobre fútbol, álgebra, sociología o evanistería húngara, el Cholo Simeone no promete más que intensidad y estudio concienzudo del rival para el partido siguiente. Mientras los periodistas de garrafón se tiran de los pelos porque el argentino no deja titulares que puedan alegrar las mañanas de la afición madridista, ya saben que es el único cliente final, los mismos son incapaces de cesar en su empeño de intentar que el actual entrenador del Atleti defina un hipotético tope a las aspiraciones colchoneras tan útil y riguroso como el cerebro sulfatado del autor de la inocente pregunta. Estimados notarios de la realidad. De la suya. El Atleti sale, gana y piensa en el partido siguiente. No le den más vueltas. 

La noche se quedaba fría y el Calderón no terminaba de tener un entrada coherente con su desempeño en liga. Curiosa esa falta de aforo que observo esta temporada. El mundo al revés. El Atleti saltaba al campo con Emre, Raúl García y Cebolla en la línea de tres cuartos en un nuevo giro de tuerca en la política de rotaciones del Cholo y el resultado, sin resultar plenamente fallido, tampoco me pareció un éxito. La parsimonia y lentitud de Gabi hacía que el capitán permaneciera inédito en la creación. Para eso bastaba un buen plantado centro del campo pamplonica. Emre no conseguía enlazar y Raúl García desaparecía en su banda. Tan solo un Cebolla tremendamente intenso y batallador conseguía intentar unir el centro del campo con la delantera a base de eufóricas arrancadas por la banda. Con un Osasuna bien plantado el Atleti se limitada a controlar el partido, que lo hacía bien, pero acabando la mayoría de avances en patadones. Aun así aparecieron dos claras ocasiones en los primeros minutos, especialmente un remate de Raúl García a bocajarro que paró el guardameta rival. 

Tapada la verticalidad, sin imaginación en el centro del campo y ninguna creatividad en la zona ancha el Atleti tuvo que abrir el marcador tirando de otro de esos méritos de Simeone: el balón parado. Saque de Gabi desde la izquierda que Miranda peina con la cabeza y mete en la red. El gol aupó la moral de una afición bastante aletargada hasta entonces y llevó al equipo en volandas hasta el segundo gol que llegó tras gran jugada por la izquierda de Luis Felipe que cuelga un buen balón al área. Osasuna despeja tan mal que el balón acaba en los pies de Raúl García dentro del área. El navarro aprovecha el regalo para marcar un segundo gol que decidió no celebrar. El tradicional paso atrás madrileño trajo consigo un cierto estado de relajamiento que el equipo rojillo aprovechó antes de llegar al descanso para primero asustar con un remate de cabeza muy flojo pero franco y después para que Lamah enganche un buen balón al borde del área y recorte distancias. 

El partido empezó feo en la segunda parte, con los mismos parámetros de la primera parte pero con un Osasuna algo más ambicioso y mucho más solvente con el trato del balón. Tal es así que durante mucho tiempo los navarros se fueron haciendo con el control del juego y del partido para sin disponer de ocasiones verdaderamente claras colocar la incertidumbre y el miedo en la grada. La sensación era de que si no se marcaba un gol relativamente pronto el partido entraría en una fase de nervios e imprecisión pero los goles, y lo que es peor las ocasiones, no llegaban. Simeone metió a Adrián en el campo y sin que el asturiano completase, otra vez, un gran partido si aportó algo más de credibilidad. El gol de la tranquilidad llegó mediada la segunda parte con una buena jugada desde la derecha, un gran pase de Juanfran al área y un remate con el pie soberbio del de siempre: el tigre Falcao. 

Con el 3-1 ya en el marcador el Atleti fue ya un vendabal y Osasuna un muñeco indefenso sobre el que estaban abusando. Tiago salió para suplir a un Cebolla que merecidamente abandonó el campo entre aplausos de una grada que cada vez lo quiere más. Podrían haber caído muchos más goles hasta cerrar un resultado de escándalo pero no hubiese sido justo para Osasuna. 

Los partidos pasan y el Atleti sigue ganando. Jugando bien y jugando mal. En casa y fuera. Con dinámicas positivas en el campo y con días espesos. Con titulares y con reservas. Con frío o con calor. En España o en Europa. Esto, señores, va en serio.

Desapacible

At. Madrid 2 - Académica de Coimbra 1

Salía del estadio, con el paraguas en la mano y la humedad de la noche metida hasta el esternón, con una sensación melancólica y extraña. El Atleti había ganado pero el partido había sido soporífero. Cierto que la “unidad B”, como estúpidamente algunos tratan de intelectualizar el discurso robando conceptos de sus compañeros del baloncesto, había conseguido una nueva victoria pero en mí se me había instalado la sensación de que algunos miembros de esa unidad (Asenjo, Pulido, Silvio, Cata,...) no están para la grandes citas. La melancolía, no obstante, venía de antes. Gracias a que la presencia de público en el Calderón fue ridícula, apenas pasaba de un cuarto de estadio, las conexiones en los teléfonos funcionaban medianamente bien y se podía consultar twitter. Algo que no es habitual en la grada y que estando el partido como estaba era muy de agradecer. Comprobar que la mayoría de los periodistas que comentaban el partido (por no decir todos) no estaban en el campo no me resultó un dato verdaderamente alentador. Por mucho que me quieran convencer de lo contrario las cosas se ven distintas en vivo. Esta percepción viene refrendada por el contraste entre lo que yo leía en twitter, escrito desde el calor del hogar, y lo que escuchaba a mi alrededor en la grada. Cada vez está más denostada la figura del aficionado al fútbol que se sienta en la grada. La figura en la que yo me reconozco. Insultada y agredida por los poderes fácticos que han decido que la forma de vender el maná es a través de la televisión, despreciada por unos dirigentes que piensan que al fútbol hay que ir a sufrir e ignorada por un periodismo de salón y cocktail que prefiere ver la repetición a escuchar el ambiente. El fútbol se muere y los cronistas lo contaran desde la distancia. 

Del partido poco que decir. Una “briosa” sin brío y con mucho miedo que ofreció campo y balón al rival desde antes del pitido inicial y que nunca se creyó que pudiera hacer algo en el coliseo rojiblanco. Enfrente un equipo asimétrico y espeso que dominando el partido de cabo a rabo no fue capaz de transmitir absolutamente nada. La primera parte fue un auténtico suplicio para el espectador con diez jugadores vestidos de negro alrededor de su área y diez jugadores vestidos de rojiblanco pasándose el balón con pereza, sin gracia, mordiente, ideas o intensidad. No recuerdo una sola ocasión de peligro más allá de un pase inicial desde la derecha que se paseo solitario por la portería portuguesa. No recuerdo nada más en realidad. 

La segunda parte, ya con una lluvia constante desde la grada, fue algo mejor para el espectador, gracias sobre todo al punto de intensidad que los jugadores se inyectaron en la caseta. Al poco de empezar, y ya con ánimo renovados, Diego Costa recoge con una volea un balón pasado al segundo palo y consigue meterlo en la red. Todos, dentro y fuera del campo tuvimos la sensación entonces de que el partido había concluido. El equipo de Coimbra trató de salir de su zona de confort, con más pereza que ganas, y se estiró tímidamente hacia áreas contrarias pero el esfuerzo fue tan estéril como inútil. El Atleti controlaba bien el partido con esa ensalada de mediocentros que poblaba en centro del campo (Tiago, Gabí, Koke y Emre) y los lusos apenas inquietaban. La entrada del Cebolla arranco los primeros, y merecidos, cánticos que dedicados a su persona suelta el Calderón y el uruguayo correspondió con una carrera de las suyas que, como el pasado domingo, acabó en falta al borde del área. El nuevo turco de la plantilla, Emre, utilizó la oportunidad para hacer el segundo gol y para demostrar al mundo la técnica tan depurada y soberbia que aglutina en sus botas. Con un toque elegante y sutil puso el balón en la escuadra de un metal rival que prefirió no aplaudir para no herir sensibilidades. 

Con el partido resuelto llegaron los comentarios “inteligentes” de mis compañeros de grada. Conclusiones del tipo: “a ver si nos dan los 18 kilos y te vas a la puta mierda ya, Adrián” o cosas similares con el mismo nivel de profundidad y calidad literaria. Conviene decir que eso lo decía además un tipo que pensaba que Koke era el Cebolla y no se dio cuenta del error hasta que lo cambiaron. Un tipo que cuando definitivamente salió el charrúa, y ante el comentario de su compañero “éste chico es bueno”, su respuesta fue: “si, si que lucha”. Los comentarios con criterio venían desde twitter pero la ironía me hacía pensar que el que se estaba mojando era el otro. Ese es el tipo de cosas que se instalan en mi cabeza y que me hacen tirar de sarcasmo cuando luego me topo con tanto iluminado que va repartiendo carnets de “colchonerismo". Peor fue todavía el recital anacrónico, xenófobo y ofensivo que nos ofrecieron los chicos del Frente. Un grupo que con cada vez menos talento e ironía (característica de la peña en otros tiempos) se dedican últimamente, y casi con exclusividad, a insultar al equipo rival atendiendo a cosas que nada tienen que ver con el fútbol. 

Para completar la noche el Cata Díaz decidió demostrar también al público que su suplencia hoy por hoy no es desde luego casual y culminó un partido de trámite, pero cargado de inseguridades en su juego, con una despiste notable que dejaba a un jugador del Académica completamente solo dentro del área para que de cabeza pusiese el 2-1 en el marcador. Con el gol llegó también la emoción en los que estaban “disfrutando” el partido en sus casas y el tímido acojone entre mis compañeros de grada y un servidor. Pero no, la sangre no llegó al río. No sé si por mérito o demérito del rival más que por otra cosa. 

Tres de tres. Nueve puntos y primeros de la clasificación estando el tercero a 8 puntos. Parece que la clasificación está en el bote y que el primer puesto se disputará en esas tierras checas dónde nació la cerveza pilsener. Disculpen mi evidente ironía, mi falta de emoción y ese punto de resquemor que me sale hoy. Debe ser lo desapacible del partido y que la lluvia todavía no se ha secado. Desapacible, si. Esa es la palabra.


Académica de Coimbra: La Briosa


Hace tiempo, andaba paseando la vista entre las infinitas emisoras absurdas que saturan el espacio televisivo cuando mi consciente reparó en un partido de fútbol de la liga portuguesa que por allí estaban emitiendo. El causante de que mi estado de letargo cerebral llegara en ese momento a su fin no fue un gol espectacular ni una jugada brillante porque, de hecho, el partido no había comenzado. Lo que llamó mi atención fue ver unos jugadores vestidos de riguroso negro que hacían un pasillo a otro jugador vestido del mismo color y al que de forma ordenada pateaban en el trasero durante su camino de ingreso al terreno de juego. Aquellos señores eran la plantilla de la Académica de Coimbra y en ese mismo momento reparé que detrás de ese escudo que portaban en sus camisetas, en forma de diamante y en el que se adivinaba una torre, debía existir una historia interesante. 

Coimbra es una ciudad portuguesa de interior, situada casi de forma equidistante entre Oporto y Lisboa, que aparte de ser cuna de varios reyes lusos es fundamentalmente la sede de la que durante muchos años fue la única universidad de Portugal y a su vez una de la más antiguas del mundo: la universidad de Coimbra. El 3 de Noviembre de 1887, un periodo en el que la monarquía portuguesa escribía sus últimos capítulos, un grupo de estudiantes de la universidad reunidos en el Colegio del Santo Apostol decidió fusionar dos asociaciones deportivas fundadas anteriormente en el entorno universitario (el Clube Atlético de Coimbra en 1861 y el Academia Dramática en 1837) para crear la Asociación Académica de Coimbra (AAC). Con el nacimiento de la asociación, de carácter polideportivo, nace también su sección futbolística (Secçao de Futebol) que hace que el Académica de Coimbra sea considerado uno de los equipos más antiguos de Portugal. Sin embargo el fútbol era entonces un deporte muy minoritario y la actividad de la sección se circunscribía básicamente al propio entorno universitario. Tal es así, que no jugarán su primer partido hasta 1912 (frente al Gimnasio Club de Coimbra) ya con el país luso convertido en una república desde dos años antes. En aquel primer partido inusualmente se vistieron las casacas blancas y pantalones negros que antecedieron al riguroso negro en camiseta y pantalón que acompañará al equipo posteriormente y hasta nuestros días. Una equipación que rinde homenaje a los trajes negros que habitualmente utilizaban para asistir a clase los estudiantes de la universidad de aquella primera época. 

Pocos meses después, el Académica de Coimbra entrará a formar parte de las competiciones oficiales que van surgiendo primero en la región y luego en el país. Así en 1938 se juega la primera edición de la copa de Portugal y el Académica no sólo está incluido entre los participantes sino que resulta vencedor. Hasta el año pasado ese fue el mayor éxito de la entidad en toda su historia. Una historia que pocos años después lo situará siempre en un segundo plano por detrás de los equipos de la capital y el emergente Oporto. Es sólo a finales de los 60 cuando alcanza su cénit consiguiendo un par de finales de copa y un subcampeonato de liga. 

Pero el Académica durante todo ese tiempo se convirtió en un equipo distinto, genuino y peculiar, de tradiciones severas, muy anclado en la vida universitaria y con unos códigos de honor que enseguida fueron desapareciendo del resto de equipos de fútbol. Su peculiaridad y carácter universitario hacia que ganara un gran número de adeptos repartidos por todo el país fundamentalmente entre los estudiantes que pasaban por Coimbra. La comunión entre equipo, universidad y ciudad era total. Hasta bien entrado el siglo XX sus componentes tenían que ser obligatoriamente estudiantes de la universidad y por supuesto se mantenía impermeable a los cantos de sirena del profesionalismo. Otra de las genuinas tradiciones del equipo, que se conserva hasta la actualidad, es el paseíllo al que hacía mención al inicio: el llamado Canelao. Todo jugador que se viste por primera vez la casaca negra debe pasar a través de un pasillo formado por sus compañeros que, uno a uno, irá pateando su trasero a modo de empujón. La tradición está basada en las novatadas que los estudiantes de la universidad aplicaban a los recién llegados. El espíritu y lema del equipo anteponía siempre el honor y los ideales académicos por encima de los resultados deportivos y eso provocó no sólo el carácter tan particular de la institución sino un estilo de fútbol creativo y vistoso que fue muy apreciado por los aficionados al fútbol. Esa forma tan particular de desenvolverse en el terreno que tenían los jugadores, da origen al apodo con el que se conoce a la institución coloquialmente: la Briosa. 

El 25 de Abril de 1974 se produce la Revolución de los Claveles que pone fin a la dictadura de Salazar y que transforma Portugal definitivamente en una república de derecho. Esa fecha, que hoy se celebra en todo el país luso con fervor, representa sin embargo un punto de inflexión en la historia del Académica hasta el punto de que algunos seguidores lo consideran su fin. Ya durante los últimos años de la década de los 60 el buen hacer del equipo puso a la institución en la ruta de los grandes equipos pero precisamente para mantener la competitividad tuvo que hacer ciertas concesiones al profesionalismo que no se entendieron en buena parte de los aficionados, que denunciarán a partir de entonces la práctica de usar “profesionales ocultos” (estudiantes que no lo eran y que cobraban por jugar). Este caldo de cultivo se va fraguando durante los años previos a la revolución en los que también se producen las primeras revueltas contra el régimen que tienen su foco precisamente en la universidad. El cambio político tiene finalmente un efecto fulminante en la AAC cuya dirección es tomada por la izquierda radical revolucionaria y siendo una de sus primeras acciones la extinción de la sección del fútbol bajo el pretexto del “vergonzoso” proceso de profesionalización que estaba sufriendo y su desvío de los principios del amateurismo que regían en la institución. Los miembros del equipo, tras recuperarse del estado de shock, deciden enseguida crear una nueva institución al margen, El Clube Académico de Coimbra (CAC), reclamando para sí el espacio administrativo dejado por su antecesor en la primera división. 

El nuevo CAC, desvinculado ya totalmente de la universidad, pretende seguir conservando las tradiciones de antaño pero rápidamente se ve convertida en una institución profesional al uso, lo que provoca una falta de identidad en la institución que se ha arrastrado hasta nuestros días. Los resultados del equipo son además bastante mediocres a partir de ese momento (prácticamente se convierte en un equipo ascensor) lo que provoca un descenso notable en el número de aficionados y en la empatía que es capaz de provocar en el mundo del fútbol y sobre todo en la propia ciudad. En Coimbra se va a dar cada vez más el triste fenómeno de que los aficionados al Académica lo son antes de uno de los grandes (Oporto, Benfica o Sporting), algo que no era mayoritario en años anteriores. Por si la situación no fuese ya de por si negativa, a partir de entonces el club va a arrastrar periódicamente constantes problemas financieros generados por el descenso de socios y el abandono de la universidad. 

A partir de los años 80 surge una corriente que trata de reconciliar a la institución con su historia y para ello se pone la primera piedra con la firma en 1984 de un acuerdo entre el club y la AAC para que nuevamente vuelvan a estar vinculados equipo y universidad. Aun así, para evitar problemas internos en la asociación y sobre todo dado el carácter ya totalmente profesional del club de fútbol, se decide que éste sea un organismo totalmente autónomo de la asociación estudiantil. De ahí que el actual nombre sea: Associaçao Académica Coimbra - Organismo Autónomo de Futebol (AAC – OAF). Pero la situación no ha sido muy brillante tampoco a partir de entonces sucediéndose descensos y ascensos de categoría y manteniéndose patente esa lucha interna entre profesionalismo y tradición que nunca se terminó de resolver. Puede que el título de copa obtenido el año pasado frente al Sporting de Portugal (y que es lo que les da permiso para jugar este año la Europa League ya que en liga terminaron en un pobre décimo tercer puesto) suponga un nuevo punto de inflexión para una institución distinta e histórica. Hoy hablamos de un equipo que hace décadas desde que ganó por última vez un partido en competiciones europeas. 

Cabe destacar que la AAC tiene también hoy una sección de fútbol completamente amateur, compuesta exclusivamente por estudiantes o antiguos estudiantes y que juega en las categorías inferiores de Portugal. Hay una parte de aficionados al fútbol que reclaman para esta sección la herencia del histórico Académica de Coimbra previo a 1974.