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Personalidad y fútbol

No me gustaba nada el nivel de presión que detectaba entre la afición colchonera antes del partido. Esa pose dramática de estar ante el encuentro de nuestras vidas. Esa querencia por dejar claro que el Atleti se jugaba poco menos que la existencia. No me gustaba nada tampoco el hedor que llegaba desde la información oficial. Hace mucho que vivo de espaldas a la realidad televisada de los medios y que mi única fuente de información es twitter pero, incluso así, me llegaba el repentino resurgir de la figura de Chicharito, genuino representante de "nuestro fútbol", como tema central a la hora de describir la previa del Bayer-Atleti. A tenor de los medios oficiales da la sensación de que el Atlético de Madrid es un equipo madrileño que juega exiliado en Madrid. 

Pero entonces encendí la televisión y vi a los jugadores dándose la mano ordenadamente en el saludo inicial. Todos los rostros colchoneros tenían una expresión similar pero me fijé especialmente en la de Gabi. Era la pura imagen de la concentración absoluta. Ni un solo atisbo de sonrisa. Mirada fija y seriedad creíble. Daba la sensación de tener muy claro en la cabeza lo que había que hacer y que todo lo demás era accesorio. Juro que en ese momento me vine arriba.

La primera parte del equipo de Simeone en Alemania es probablemente la mejor de toda la temporada. Lo hizo todo bien. Recordó a esa versión europea del Atleti contemporáneo que tantas alegrías nos ha dado. Encaró la eliminatoria juntando mucho las líneas, sacando la línea defensiva de su área, compactando la presión como hacía mucho que no hacía, siendo vertical con el balón (a base de talento y no de recursos rupestres), marcando siempre el ritmo del encuentro y aprovechando la contundencia para liquidar al rival. Puede parecer fácil pero no lo es. Basta recordar lo que ocurrió hace dos años y lo mal que se pasó entonces en ese mismo campo. Los de Simeone recurrieron a la personalidad y al fútbol y eso, si sale, es una combinación letal. 

Cualquier intento de avance alemán era abortado a bastantes metros de la frontal del área. El trabajo de los cuatro del centro (Gabi, Koke, Saúl y Carrasco) era ejemplar pero en defensa destacaba además un hipermotivado Vrsaljko que comenzó muy bien pero que acabó completando su mejor partido hasta la fecha como rojiblanco. El Atleti robaba arriba y cada salida con balón se hacía con sentido, inteligencia y sangre en la mirada. Una apertura de Gabi a la derecha provocó una de esas clásicas (y elegantes) diagonales de Saúl. Después de desprenderse con mucha clase de su rival, se plantó en la frontal del área. Podía colgar el balón o escorarse a la derecha para centrar desde allí, pero decidió resolver como hacen las estrellas. Se acomodó el balón a su zurda y lanzó una parábola perfecta que reproducía el famoso gol de Falcao en Bucarest. Golazo. 

Poco después, un fantástico Gameiro ejecutaba una de las muchas demostraciones de velocidad y fuerza que hizo a lo largo de la noche. Salió en vertical con el balón controlado para llegar algo cerrado hasta el área rival. En lugar de liarse en una guerra imposible (que es lo que hubiese hecho el Gameiro de hace unos días) tuvo la inteligencia y la paciencia de parar, mirar y esperar a Griezmann que venía completamente solo por la parte derecha del área. Gol del otro francés. La noche se tornaba maravillosa. El propio Griezmann estuvo a punto de poner el tercero antes del descanso, que hubiese sido definitivo, pero el mejor de los alemanes, su portero Leno, lo impidió. 

La segunda parte fue buena también pero más extraña. Con más desajustes, provocados seguramente por la huida hacia delante de los alemanes. El Bayer Leverkussen recortó distancias muy pronto, en una gran jugada por la derecha que culminó Bellarabi. Mala suerte porque era la primera vez que llegaban en todo el partido. El gol espoleó su ánimo y se fueron hacía arriba con más corazón que juego. Situación que aprovechó Gameiro para seguir haciendo un partidazo. En una de sus muchas actuaciones destacadas fue derribado en el área y él mismo se encargó de marcar el tercero para, de paso, asesinar los fantasmas del lanzamiento de penaltis. 

El partido estaba completamente controlado en ese momento pero Moyá (que se había mostrado seguro hasta entonces y había hecho una intervención espectacular en la primera parte) tuvo uno de esos errores que no se pueden tener en la alta competición. Despejó mal una pelota fácil de atrapar, ésta golpeó en Savic y el balón se metió en su propia portería. El 2-3 encendió a la grada y al Bayer, provocando que el Atleti pasase unos minutos de angustia. Los alemanes se fueron a la portería con todo y los de Simeone tuvieron que sufrir. Pero este Atleti sabe sufrir como nadie. Aguantaron el chaparrón con gallardía y tuvieron la inteligencia de aprovechar las salidas para matar el partido. Primero Torres, que había salido en los minutos finales, y que enganchó un cabezazo excelente que ponía el 2-4. Después Correa, que también había salido con el madrileño, y que delante de Leno volvió a toparse con el buen hacer del cancerbero alemán. 

El resultado puede parecer corto para lo que ocurrió pero es fantástico (el Bayer tiene que ganar 0-3 o 1-4 en el Calderón para pasar). Ha supuesto además un pildorazo de ilusión en la parroquia colchonera. Por el resultado, por el juego y por ver como jugadores que creíamos desahuciados, vuelven mejor que nunca no sólo para quedarse sino para ser importantes. Disfrutémoslo. Olvidemos por un momento el futuro, las cuentas, las apuestas, los fichajes, las salidas o lo puede pasar en mayo y centrémonos en lo que ocurre alrededor de nuestros pies. Toquemos el suelo. Vivamos el día a día. Partido a partido.

@enniosotanaz


(Foto sacada de www.colchonero.com)

Un señor francés

A veces, gracias probablemente a los agentes que especulan con la información o a esa corriente contemporánea que reduce la vida a un sencillo catálogo con dos únicas opciones (supuestamente antagónicas y que en el fondo son la misma), olvidamos que el fútbol es un deporte que se juega en una superficie real. Que, en contra de lo que pueda parecer, no ocurre en un servidor virtual en la nube al que accedemos mediante tarjeta de crédito, a través de una pantalla de plasma y mientras abrazamos una cerveza industrial en el salón de casa. Ayer, después de haberse clasificado por segundo año consecutivo para disputar los cuartos de final de la Champions league, el entrenador del Atlético de Madrid decía que ellos no entrenaban una tanda de penaltis sencillamente porque es absurdo. Porque no es lo mismo disparar a puerta rodeado de un montón de sillas vacías (o de árboles, que fue exactamente la metáfora que utilizó) que hacerlo ante la atenta mirada de 55000 seres humanos que chillan y que te hacen ser consciente de que es en tus pies (en tu cabeza, realmente) donde está la posibilidad de llevarles a la felicidad o a la miseria. Lo ves. Lo sientes. Y duele. Es una sensación tan evidente que al que está allí le resulta fácil entender que se te puedan encoger los isquiotibiales y acelerar el flujo sanguíneo. 

El Atleti ganó ayer al Bayer Leverkusen en un partido feo, áspero que supongo debió ser un suplicio para el espectador medio, neutral, adoctrinado y aséptico, que lo vio desde casa haciendo zapping. Yo les aseguro que lo viví desde la grada con el corazón en el paladar y que lo disfruté como pocas cosas en la vida me hacen disfrutar. 120 minutos que se me pasaron como una exhalación y que acabaron con un golpe de alegría que me alimentará bastante más que las tres comidas reglamentarias de cualquier otro día. Eran casi las doce de la noche de un vulgar martes de un vulgar marzo y yo, a mi edad, estaba allí, saltando y gritando, con una sonrisa que desfiguraba mi cara, mientras me abrazaba espontáneamente a un señor francés, que no conocía de nada, pero que estaba sentado a mi lado. Ayer, cuando salí del Calderón, lo primero que pensé fue en toda esa pobre gente que es incapaz de disfrutar de esa manera del fútbol (y seguramente de nada). Sentí mucha lástima por ellos. Hay muy pocas cosas en la vida que le permitan a un tipo adulto, solvente y sensato, poder sonreír, gritar, cantar y abrazarse a un desconocido señor francés a las 12 de la noche de un martes de un día cualquiera. 

En partidos como este, sinceramente, creo que el análisis táctico y deportivo queda en un segundo plano. Simeone sorprendió a propios y extraños con la incursión de Cani en la alineación titular. Algo que salió radicalmente mal pero que podía haber salido bien. La idea era tener más calidad. Más fútbol. Mayor posibilidad de un pase entre líneas cuando la intención es la de jugar mucho tiempo en campo rival (defensa adelantada, presión muy arriba,…). La realidad es que el Leverkusen (que sospechosamente se parece mucho al Atleti) no dejó a los de Simeone desarrollar el plan. Arriesgó poco, presionó la salida de balón y apoyado en la connivencia del árbitro, fue capaz de frenar, por las buenas o por las malas, cualquier intento de dar dos pases seguidos. Con esas premisas el partido fue una partida de ajedrez en la que nadie quería perder una sola posición y en la que el miedo a un gol, sobre todo por parte de los colchoneros, hizo que todo lo demás estuviese atenazado. Eso y la racha de las últimas semanas, no nos engañemos. Arda no tuvo su día, Cani fue una anécdota, Griezmann no fue capaz de sacar la cabeza entre un bosque de piernas alemanas y Mandzukic, pasado de revoluciones y metidísimo en el partido, se peleaba con todos, demostrando una vez más lo injusto que es hoy meterse con su profesionalidad. Afortunadamente Koke seguía siendo Koke en el mediocentro y el eje de atrás Mario, Gimenez y Miranda, estaba fuerte y concentrado. Mario hizo un gran partido y Gimenez volvió a demostrar que es ya una realidad. 

El Atleti hizo el 1-0 en una de esas jugadas típicas de acoso, con segunda llegada y tiró desde la frontal. Podía haberlo hecho en cualquier de los miles de saques esquina que se habían derrochado pero hubiese sido más difícil a través de un juego que no conseguía aflorar. Aún así, creo que el gol hacía justicia. El equipo colchonero era el que más había expuesto y el que más había intentado jugar. También lo sería a partir de ese momento y hasta el final de los 120 minutos. Supongo que a nadie le hubiese extrañado que la eliminatoria se hubiese ganado antes, en una llegada de Mandzukic que, de forma incomprensible, se durmió a la hora de rematar o en algún latigazo de Raúl García en la segunda parte. Pero no ocurrió y tuvimos que recurrir a la épica injusta de los penaltis. Una épica que culminaba el guión de película independiente europea que había sido la lesión primero de Moyá (que hizo entrar a Oblak) y de Mandzukic después (que aceleró probablemente la presencia de Torres). Lo primero sirvió para dar la oportunidad de aparecer al portero esloveno y tener un papel protagonista (paró el primer penalti después de que Raúl García hubiese errado el suyo). Ojalá sea el principio de algo grande para el cancerbero. La segunda lesión sirvió para demostrar (otra vez) la entrega, coraje y corazón de un jugador que yo siempre querré tener en mi equipo: Mandzukic

La prorroga había dejado claro que el Leverkusen estaba físicamente muerto, pero los alemanes aguantaron con oficio y decidieron encomendarse a su portero, que por cierto es muy bueno. Pero allí estaba el nuevo Atleti. El de Simeone. El que se ríe de aquel mal sueño de “el pupas”. El que no admite la derrota en su abanico de posibilidades. El que siempre mira de cara y siempre sabe que puede ganar. El que gana. El que ganó. Teniendo la cabeza más fría y metiendo más penaltis que su rival. Y el Vicente Calderón estalló en un rugido ensordecedor que se escuchó en todos los rincones de los barrios limítrofes y que hizo vibrar las vísceras de los miles de colchoneros que, con el alma, también estaban allí sin estarlo. Y yo salté y grité y me abracé llorando a un señor francés que estaba a mi lado. 

El Atlético de Madrid vuelve a estar entre los ocho mejores de Europa. El resto me da igual. Especialmente los análisis fríos y calculados de los que ven el mundo a través de un profiláctico.

@enniosotanaz

Superar al maestro



Perder duele siempre. Molesta. Es soportar el efecto de una espina dolorosa que se ha clavado en algún lugar pero que encima no podemos localizar. Duele porque no es fácil aliviar el dolor y porque no somos capaces de encontrar esa espina, culpable y concreta, por mucho que nos empeñemos en buscarla. Miramos a un árbitro penoso y casero, o a un tal Siqueira, o al centro del campo o a una plantilla desequilibrada o a la mala suerte pero me temo que nada de eso explica por sí mismo la realidad. El Bayer Leverkusen pasó ayer por encima del Atlético de Madrid y por mucho que duela es lo que ocurrió. Pasó por encima porque fue mejor en todas las facetas del juego. Con el balón y sin él. Fue más rápido, más intenso, más listo y trató mucho mejor el balón. No hay peros. El Atleti fue una sombra vulgar del equipo que el año pasado despertó la admiración de casi toda Europa. De toda realmente, exceptuando la de su propio país y especialmente la de los medios de comunicación de su propia ciudad. Se mostró en la noche de Leverkusen como un equipo plano, monodireccional, sin matices, sin capacidad de reacción, sin fútbol sin intensidad y sin gol. Realizó un partido horrible, de los peores que recuerdo desde que Simeone está en el banquillo, pero siendo esto preocupante me preocupa mucho más otra cosa: la sensación de estar perdido. Aturdido. Sin saber qué hacer en el campo. Sin plan. Algo que hacía muchos años que no ocurría pero que hemos visto repetido en menos de quince días.

Toca hacer análisis y reflexionar. No creo que sea justo ni sensato (ni que responda a la verdad) cargar las tintas sobre efectos puntuales. El Bayer dio muchas patadas y el árbitro fue tan malo como permisivo pero eran faltas fruto de la intensidad y del rigor táctico. Tenían muy estudiado al equipo. Cada vez que Arda (nuestra única salida de balón ahora mismo como TODO el mundo sabe) recibía el balón, estaba rodeado de tres jugadores que no le dejaban jugar. Podían hacer falta o no hacerla pero el recurso, impedir que Arda jugase, es táctico. De eso no tiene la culpa el árbitro. Igual le pasaba a los dos mediocentros que anoche vivieron en Leverkusen una de sus peores pesadillas. Eran incapaces de sujetar el balón o darse la vuelta porque la presión alemana era buena y tan agresiva como efectiva. Haríamos mal en quejarnos de ello porque es lo que nosotros mismos hemos hecho muchas veces. Es fútbol. Sabíamos cómo juega el Bayer (aunque también es cierto que les salió el partido de su vida) pero la opción elegida por Simeone para contrarrestar su presión adelantada fue simplemente estirar el equipo y jugar en largo. Siempre. Es lo mismo que eligió en Barcelona o en Vigo cuando los rivales nos hicieron lo mismo. También obtuvimos el mismo resultado. Ninguno. No sólo no funcionó sino que acabó bloqueando y maniatando al equipo. Le hizo estar perdido en el campo y a merced de un rival que por momentos se lo comía. Siqueira no da la talla pero perder no es un problema de Siqueira. Gabi lleva perdido toda la temporada pero perder no es un problema de Gabi. Ni siquiera creo que sea un problema de plantilla porque, honestamente, creo que la plantilla del Atleti es mejor que la del Bayer Leverkusen. A estas alturas de película los colchoneros deberíamos saber que este equipo gana y pierde como equipo. Haríamos muy mal en olvidarnos.

Creo sinceramente que el Atleti es hoy víctima de su propio éxito. Algo con lo que tenemos que aprender a convivir si queremos seguir creciendo. El equipo del Cholo es hoy grande y conocido. Su juego es analizado en todas las televisiones y periódicos del mundo (menos los españoles, claro) y todos los entrenadores saben cómo nos movemos en el campo. Ganar al Atleti, para equipos como el Bayer (lo vimos ayer) o el Celta (o prácticamente cualquiera), es ahora un hito. Una fiesta. La motivación del rival es casi siempre extrema y además conocen perfectamente a los tipos que están marcando. Les han visto muchas veces por televisión levantando copas. El Atleti es ahora mismo, para una gran mayoría de equipos, el ejemplo a seguir. Derrotarlo es crecer. Superar al maestro. Una versión distorsionada de la fábula de Edipo. Hay que asumirlo. No podemos renunciar a lo que somos pero no podemos tampoco pretender seguir siendo lo que éramos. Todo ha cambiado. Eso no significa tener que renegar de nuestra esencia o nuestro estilo (ni mucho menos) pero tampoco creo que funcione seguir golpeando insistentemente una puerta que no se abre.

Sería muy estúpido perder la fe o dudar del estilo de juego, de esta plantilla y sobre todo de este entrenador. Estúpido e injusto. No es mi caso. Simeone es lo mejor que la ha pasado a este club en las últimas décadas y merece todo el crédito del mundo. Es evidente también que este Atleti tiene capacidad de sobra para dar la vuelta a la eliminatoria y yo seré uno de los que estará en el Calderón chillando para ayudarles a que así sea pero tampoco podemos ser tan gañanes como para no cambiar nada, tirar de soberbia y pensar que la remontada está hecha. La eliminatoria está muy complicada. Mucho. La principal arma del Bayer es su salida en vertical con espacios (ayer lo vimos) y en el Calderón existen altas probabilidades de que tengan más de la cuenta. Estamos en mala situación pero aprendamos de lo que nos ocurrió en la eliminatoria contra el Barça (con el mismo resultado, por cierto). Reinventémonos. Apretemos los dientes, juntemos filas y alineemos los corazones porque todos vamos a ser necesarios. Hagamos todo eso pero intentemos mantener la cabeza fría por el camino. Ni un paso atrás. Somos el Atlético de Madrid.

Aspirinas



Cuando uno tenía formalmente esa edad a la que Peter Pan se agarra con fruicción, recuerdo que los nombres de los equipos de fútbol tenían en mí un efecto impactante. Especialmente en el caso los de los equipos extranjeros y especialmente en el de los británicos: Notthingham Forest, Tottenham Hostpurs, West Bronwich Albion,… Lo equipos alemanes eran otra cosa. Difíciles. Ásperos. Todos me sonaban igual y sólo conseguía recodar los que eran del tipo “Bayer algo”. Pero el paso de los años rebaja la intensidad de los sabores, el listón de los deseos y por el camino uno descubre que en realidad no existían tantos “Bayers”. La explicación es sencilla si hablas alemán pero ni era ni es el caso. Bayern, con n al final, es en alemán la región germana que en castellano se conoce como Baviera. Esa es la razón por la que aparece en el nombre de muchos equipos de la zona. Bayer sin n, desde que en 1996 el Bayer Uerdingen pasó a llamarse KFC Uerdingen, sólo existe uno y juega en Leverkusen.



Bayer es una potente multinacional alemana de química y farmacia, fundada por Friedrich Bayer en 1863 y que a pesar de un episodio negro durante los años en torno a la segunda guerra mundial, en los que el gigante teutón colaboró codo con codo con el nazismo, es mundialmente conocida por ser los primeros que comercializaron la variante de Ácido Acetil Salicílico que conocemos como aspirina. Ese mítico logotipo que todos llevamos incrustados en la memoria colectiva, una cruz con dos BAYER perpendiculares que comparten la letra Y, aparece hoy iluminando el cielo de Leverkusen, lugar en el que está fijado el centro de operaciones de la multinacional, mostrando así la vinculación de la marca con la propia ciudad. Dicen que es el anuncio luminoso de estas características más grande del mundo.



Pero Leverkusen ya era el centro de operaciones de la compañía el 27 de Noviembre de 1903, fecha en la que un tal Wilhelm Hauschild, trabajador de la misma, decidió colgar en el tablón de anuncios una carta que había escrito dirigida a la dirección y en la que solicitaba la financiación para crear una asociación deportiva dentro de la empresa. Con el paso de los meses la dirección accedería a patrocinar la iniciativa y así nacería el 1 de Julio de 1904 lo que se conoció como Turn-und Spielverein Bayer 04 Leverkusen. Pero sería dos años más tarde, en 1906, cuando se crearía dentro del mismo club un departamento específico e independiente del resto de disciplinas deportivas que regulara el fútbol. Decisión que ya entonces no fue del agrado de los gimnastas, la elite dentro del club,  que consideraban al fútbol como secundario y menos honorable. La tensión fue creciendo hasta el punto de provocar bastantes años más tarde, en 1928, la inevitable escisión de la sección balompédica (pero arrastrando otras como el balonmano o el Atletismo) y fundándose el Sportvereinigung Bayer 04 Leverkusen o SV Bayer 04 Leverkusen como se conoce tradicionalmente, que además se quedó con los colores rojo y negro que portaban el club madre.



El escudo de la institución tiene lógicamente la famosa cruz de Bayer que empezaron a usar en 1936 y que durante muchos años han lucido también las camisetas del equipo. Curiosamente este hecho provocó un pequeño litigio con la UEFA dado que la asociación europea de fútbol profesional no permite usar marcas comerciales en los nombres de los equipos que disputan sus competiciones (por ejemplo no permite que el Red Bull Salzburg se pueda llamar así en Europa). Afortunadamente, los capos peseteros de la UEFA decidieron hacer una excepción con equipos que tienen marcas comerciales históricamente ligadas a la trayectoria del equipo como el Bayer (o el PSV Eindhoven).



El Bayer es un equipo que tiene un estatus algo particular dentro del fútbol alemán al ser considerado por muchos como un equipo sin alma, plano y demasiado ligado a la “teta” del emporio Bayer. Siempre se ha vendido institucionalmente una cierta imagen de serenidad y de equipo para la “familia feliz” poniendo distancia con la aparente violencia y rudeza consustancial al fútbol (aunque también tienen su grupo ultra como todo el mundo). Esta particularidad lo alejaba, a ojos de la mayoría, del tipo de equipo tradicional vinculado con las clases populares. Es por ello que no tiene una base muy amplia de aficionados (de hecho es de los equipos con menos aficionados de la Bundesliga) pero los que tiene, en contraposición a todo lo anterior, son bastante fieles, orgullosos de los orígenes del equipo (me contaron que se autodefinen cariñosamente como Pillendreher, que es en alemán algo así como “boticario” o “farmacéutico”) y suelen llenar el pequeño estadio de Leverkusen cada vez que juega su equipo.



Aunque tiene su origen a principios de siglo, el Bayer no ha sido un equipo que tradicionalmente estuviese a la cabeza del fútbol alemán. Su historia se encuadra durante mucho tiempo en torneos regionales de la zona de Colonia y de hecho no consigue debutar en la máxima competición profesional (Bundesliga) hasta 1978. Es a partir de los años 80 cuando se consolida en la máxima división, transformándose cada vez más en un club importante. Aun así, todavía no ha sido capaz de ganar un título de liga (aunque ha estado a punto varias veces) y su mayor éxito local es la copa de Alemania en 1993. Es en el panorama europeo donde aparecen los grandes recuerdos del aficionado al Bayer que además son también bastante conocidos en España. El mayor de todos fue la copa de la UEFA que ganó en 1988 frente al Español de Clemente. La final era entonces a doble partido y los Periquitos había vencido en Sarriá por un contundente 3-0 que dejaba las cosas niqueladas. Clemente, genio y figura, diseñó para la vuelta en Leverkusen un partido de ultra defensivo que sin embargo no pudo parar a unos alemanes desatados que, sin nada que perder, empataron la eliminatoria y la llevaron a los penaltis donde tristemente derrotaron al Español. El otro “éxito” internacional es la final de la Champions que perdieron en 2002 frente al Real Madrid.



Ese es el equipo contra el que se juega el Atleti el pase de Champions. Sé que lamentablemente existe una tendencia en el periodismo de cloaca por desprestigiar con soberbia y petulancia los equipos rivales que no vienen avalados por la chequera pero haríamos muy mal en seguir ese estilo tan zafio y ramplón. Primero porque somos el Atleti y segundo porque este mismo Bayer Leverkusen fue el que nos echó de la Europa League en 2010. En esa plantilla jugaban unos tales: Raúl García, Mario Suárez, Tiago,…Simao, Forlán y Agüero. ¿Les suenan?

Adiós Europa adiós



Sinceramente creo que a pesar de no ganar el partido, de las lagunas, de la falta de fútbol y sobre todo de la incomprensible habilidad de nuestro entrenador, hoy no es el día de achacar cosas a los jugadores. La Europa League empezó a tirarse por la cloaca cuando nuestro club preparó la plantilla para está temporada. Cuando el bufón antipático e inútil que dice dirigir la dirección deportiva volvió certificar una plantilla corta, desquilibrada y falta de fútbol de creación (y de fútbol en general) y cuando a cuatro días de empezar vende a uno de los pocos jugadores que a veces salía de titular. La Europa League se siguió tirando por el desagüe cuando nuestro entrenador desplegó en los primeros partidos de la competición ese fútbol ramplón, reservón, áspero y acobardado que tan bien casa con el espíritu del dúo artístico Calamidad y Cerezos pero que nos dejó en el pozo de la clasificación. Cuando todo estaba en caída renunciamos además al último clavo ardiendo que quedaba careciendo de la personalidad necesaria y haciendo por enésima vez y en el momento más inoportuno el Jaimito en casa frente a un equipo a años luz en presupuesto como el Aris. No hemos dejado de tirar por la borda esta competición que el año pasado nos llevó a la gloria desde el principio así que no voy a lamentarme ahora.

A estas alturas de película desisto también de intentar entender la lógica de Quique Sánchez Flores. No entiendo ni que es lo que pretendía hacer ni cuales eran sus intenciones con la alineación que formó en Alemania. ¿Ganar? ¿Especular? ¿Reservar jugadores? ¿Inventar el fútbol? ¿Iluminar a la humanidad? Lo que si que tengo claro es que nuestro entrenador es incapaz de renunciar a ese 4-4-2 espeso, romo, torpe e inoperante con el que siempre juega. Esté quien esté en el campo. Podría parecer que la inexplicable, incomprensible y lamentable ausencia de Reyes y Tiago en la noche de hoy, que dejaba en el campo a tres peloteros del nivel técnico de Raúl García, Assunçao y Mario Suarez, era un intento de ese 4-3-3 que algunos reclaman desde la grada pero nada más lejos de la realidad. Doble pivote y Raúl García a la banda. Lo de siempre.

Y claro, en el campo pasó también lo de siempre. Lo que tenía que pasar. Aunque la salida anímica de los jugadores parecía a la altura de las circunstancias y las ganas eran de dominar e ir a por el partido la realidad se imponía en el césped con un centro del campo incompetente e inoperante que ni atacaba ni defendía. Por supuesto no se tuvo el control del partido. Todo se dejaba en los pies de un Kun Agüero de nuevo excesivamente individual que se chocaba contra los alemanes. Entre pelotazos y espesura el campo se iba poblando también de una espesa nieva que borraba las líneas y el fútbol. Cada vez era más difícil combinar por el estado del terreno (que para la que estaba cayendo era magnífico) con lo que las cosas pintaban mal.

Entonces, rondando la media hora, salió la pelota roja al campo y el fútbol llegó al Atleti. Empezó a presionar más arriba con mayor intensidad y el robo en la zona noble del rival hace mucho bien a nuestro equipo. Simao, Forlán y sobre todo Agüero entraron en juego y llegaron los mejores minutos de los madrileños. Buenos minutos de intensidad y verticalidad con criterio. Hasta tres claras ocasiones tuvo el bueno de Forlán para abrir el marcador pero no parece la temporada del mejor jugador del mundial. Primero a pase cruzado de Agüero desde la derecha, luego dentro del área pequeña con mal remate al cuerpo del meta y finalmente con un espectacular disparo de primera que se va a milímetros del poste. El Atleti se fue al banquillo con un injusto empate mereciendo ganar.

La segunda parte, gracias a la nieve y las circunstancias, fue diferente. Empezó loca y sin dueño con precipitación, desajustes, velocidad, imprecisiones,.. un ida y vuelta que no le sentó bien al Atleti. Los alemanes tuvieron una clara ocasión de remante de volea a los diez minutos mientras aquello parecía un correcalles. Entonces llegó el gol del Aris en Tesalónica y todo se desmoronó. El Atleti tiraba de pelotazo mientras que el Bayer, espoleado por alguna razón, se hacía con el dominio, el balón y las ocasiones. Los contraataques madrileños se frenaban en la nieve y la lucha quijotesca del Kun contra el mundo se apagaba poco a poco. Se veía venir el gol en contra pero definitivamente vino en el minuto 15 cuando Helmes gana la partida a Perea y bate a De Gea.

Quique tiró entonces de banquillo (Fran Merida, antes había salido Diego Costa) y los jugadores tiraron de casta para que el recién ingresado, el ex del Arsenal, empatara tras jugada individual de Agüero (que una vez más se niega a soltar el balón por las buenas). El Atleti se fue arriba a por todas dando pie a que los alemanes llegaran con peligro pero eso es lo que hay que hacer cuando todo está perdido. En el intercambio de golpes puede pasar cualquier cosa y no teníamos mucho que perder. Los colchoneros, con muchas ganas, cerraban las llegadas al límite del Bayer y se iban alocadamente al ataque. Mario Suárez falla una clara ocasión lanzando el balón a las nubes tras jugada iniciada en la derecha por Raúl García con un gran gesto técnico. No fue la única de ahí al final pero la desesperación movía el punto de mira.

Tiago apareció a falta de cinco minutos para redondear la noche de entrenador de Quique Sánchez Flores (rallando ya lo insultante) y para vivir ese humillante periodo de tiempo en el que está todo perdido y en el que sabes que por más que corras seguirá todo perdido. Indignante.

El Atleti está oficialmente fuera de la Europa League aunque lo estaba informalmente desde hacía quince días. Nuestros dirigentes se frotan las manos porque dicen que estaba dentro del presupuesto y que además así podemos centrarnos ahora en otras cosas. ¿Qué cosas señor Cerezo? El Atleti vuelve a la mediocridad local. A esa esquina del mundo en la que paletos como nuestros dirigente dirigen el cortijo pero que a nadie le importa una mierda. Adiós Europa adiós.

Aspirinas



Cuando uno era un pequeño muchacho que veía el mundo en general desde la inocente y mágica perspectiva de un niño (incluido el mundo del fútbol) recuerdo que los nombres de los equipos del fútbol tenían un efecto impactante en mí. Especialmente los de equipos extranjeros y especialmente los británicos: Notthingham Forest, Tottenham Hostpurs, West Bronwich Albion,… Lo equipos alemanes sin embargo no me llamaban tanto la atención y durante aquellos primeros años uno tenía además la sensación de que todos se llamaban igual. Todos eran “Bayer algo”. Con el paso de los años descubrí que en realidad no había tantos “Bayers” como yo pensaba y también que no todos los “Bayers” eran en realidad Bayer sino también Bayern. La razón es simple si hablas alemán (que ni era ni es el caso) o si conoces a alguien que lo hace (que si lo es). Bayern es en alemán lo que en castellano se conoce como Baviera y por eso aparece en el nombre de muchos equipos de la zona. Bayer sin n, desde que en 1996 el Bayer Uerdingen pasó a llamarse KFC Uerdingen, sólo hay en realidad uno y juega en Leverkussen.

Bayer es la potente multinacional química y farmacéutica alemana fundada por Friedrich Bayer en 1863 y que aparte del episodio negro durante los años en torno a la segunda guerra mundial (en los que el gigante alemán colaboró codo con codo con el nazismo) es conocida mundialmente fundamentalmente por ser los primeros que comercializaron su variante de Ácido Acetil Salicílico en lo que comúnmente conocemos como aspirina (que es su marca registrada). Hoy en día aparece en el cielo de Leverkusen durante las frías y oscuras noches alemanas el logotipo iluminado de la compañía, la famosa cruz con dos BAYER cruzadas que comparten la Y encerradas en un círculo, iluminando la urbe en la que se ha fijado el centro de operaciones de la multinacional y mostrando la vinculación la marca con la propia ciudad. Dicen que es el anuncio luminoso de estas características más grande del mundo.

Leverkusen ya era de hecho el centro de operaciones de la compañía el 27 de Noviembre de 1903, fecha en la que un tal Wilhelm Hauschild, trabajador de la misma, decidió escribir una carta dirigida a la dirección que colgaría en el tablón de anuncios solicitando la creación de una asociación deportiva soportada por la empresa para disfrute de los trabajadores de la misma. Con el paso de los meses la dirección accedió finalmente a patrocinar la iniciativa y así nacía el 1 de Julio de 1904 lo que se conocería como Turn-und Spielverein Bayer 04 Leverkusen. En 1906 sin embargo apareció dentro del club, que aglutinaba entonces todas las especialidades deportivas, un departamento específico e independiente para regular el fútbol lo que no fue del agrado de los gimnastas que constituían entonces la elite dentro del club y que consideraban al fútbol y otros deportes como secundarios y menos honorables. La tensión fue creciendo hasta el punto de acontecer la escisión de la sección balompédica (arrastrando otras como el balonmano o el Atletismo) y fundándose así el Sportvereinigung Bayer 04 Leverkusen o SV Bayer 04 Leverkusen como se conoce tradicionalmente. En el camino se quedaron además con el clásico color rojo y negro que llevaba el club madre.

Aunque tiene el origen a principio de siglo el Bayer debutó en la Bundesliga bastante tarde, en 1978, y aunque ha estado a punto de ganarla alguna vez nunca lo ha conseguido. Lo que sí ha conseguido a nivel nacional es una copa de Alemania en 1993. Sus éxitos internacionales sin embargo son “desgraciadamente” más conocidos por la afición española. El mayor de ellos fue la copa de la UEFA que ganó en 1988 frente al Español de Clemente. Entonces la final de la UEFA era a doble partido y el Español había vencido en Sarriá por un contundente 3-0 que dejaba las cosas niqueladas para la vuelta en Alemania. Clemente, uno de los precursores de ese fútbol especulativo tan de moda, planteó un partido de entrenador que no pudo parar a unos desatados alemanes que sin nada que perder empataron la eliminatoria y la llevaron a los penaltis donde tristemente derrotaron a los periquitos. Todavía recuerdo las caras de los jugadores derrotados en el césped. El otro “éxito” internacional es la final de la Champions que perdieron en 2002 frente al Real Madrid.

El escudo de la institución tiene lógicamente la famosa cruz de Bayer que empezaron a usar en 1936 y que durante muchos años han lucido también las camisetas negras y rojas del equipo. Curiosamente este hecho provocó un pequeño litigio con la UEFA puesto que la asociación europea de fútbol profesional no permite usar marcas comerciales en los nombres de los equipos que disputan sus competiciones (por ejemplo no permite que el Red Bull Salzburg se pueda llamar así en Europa). Con bastante lógica sin embargo los capos peseteros de la UEFA hacen una excepción con equipos que tienen marcas comerciales históricamente ligadas a la trayectoria del equipo como el Bayer (o el caso también del PSV Eindhoven, por ejemplo).

Por razones fundamentalmente geográficas tienen una histórica (aunque no especialmente vehemente) rivalidad con el Koln pero la mala trayectoria de los de Colonia en los últimos años ha hecho que dicha rivalidad sea más formal que efectiva. El Bayer no obstante tiene un estatus algo particular dentro del fútbol alemán puesto que es considerado por muchos como un equipo sin alma, plano, que no despierta demasiadas pasiones y demasiado ligado a la “teta” del emporio Bayer. Siempre se ha vendido institucionalmente una cierta imagen de serenidad y de equipo para la “familia feliz” poniendo distancia con la aparente violencia y rudeza supuestamente consustancial al fútbol (aunque también tienen su grupo ultra como todo el mundo) y quizás por eso lo alejaban, a ojos de la mayoría, del tipo de equipo tradicional vinculado a las clases populares. No tiene una base muy amplia de aficionados (de hecho es de los equipos con menos aficionados de la Bundesliga) pero los que tienen, un poco con contraposición a todo lo anterior, son bastante fieles, orgullosos de los orígenes del equipo (me contaron que se autodefinen cariñosamente como Pillendreher, que es en alemán algo así como “boticario” o “farmacéutico”) y suelen llenar el pequeño estadio de Leverkusen cada vez que su equipo juega.

Ese es el equipo contra el que nos enfrentamos en el que probablemente nuestro último partido internacional de la temporada. Esperemos que no sea así aunque desgraciadamente ya no depende exclusivamente de lo que haga el equipo en el césped alemán.