Muchas gracias a todos los que os habéis pasado por aquí durante todos estos años.

Puedes encontrarme en www.enniosotanaz.com o enniosotanaz@hotmail.com

¡Un abrazo!

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Humanos desarrollados.

No me pidan que me ponga en la piel de un futbolista, profesional y millonario, porque no lo soy ni lo seré. Ni futbolista ni millonario. Es más no creo que necesite ponerme en la piel de nadie para tener que explicar lo que yo, primera persona del singular, pienso, siento y opino. 

Que un buen jugador del Atleti se marche me duele siempre. Punto. No te pido que sientas lo mismo ni que lo entiendas. Te pido que respetes el que me duela y que a ser posible no me llames ingenuo, ni romántico, ni imbécil ni pretendas ponerte en una posición superior por el hecho de creerte más “desarrollado” que los demás al reducir la vida (incluidos mis sentimientos) a las reglas del mercado. Algunos pensamos que no todo en la vida se rige por la economía pero llegado el caso, de ser cierto que estoy equivocado, entraríamos en una situación en la que me sobra el fútbol y me sobráis vosotros, los humanos que se creen más “desarrollados”. 

Que un buen jugador del Atleti se marche me duele siempre, pero me duele mucho más si en el camino me ha engañado y lo ha hecho de una forma en la que conscientemente me ofende. A mí y a lo que siento por esa camiseta que, gracias a mí, inunda de millones de euros su cuenta corriente. Que ofende a los miles de “imbéciles” (¿o habría otra forma de llamarlos?) que un día serigrafiaron el nombre del susodicho "profesional" o escribimos cosas maravillosas de él, pensando que era otra cosa. 

Por todo ello les pido que por favor eviten cantarme otra vez la milonga del “trabajador común” o la saeta del “profesional” porque ya me la sé. Me aburre, lo detesto con todas mis fuerzas y además es mentira. Ni son trabajadores comunes ni son profesionales ni se parecen en nada a mí. Tampoco a usted, por muy "desarrollado" que se crea. Uno no se compra la camiseta con el nombre del piloto de avión que le lleva de vacaciones. Uno no se guarda en la cartera, junto al corazón, la foto de la prostituta con la que pasa (de maravilla) las tardes de domingo. 

¿Pagar por un rato de diversión? Correcto, entonces. Fin de los servicios. No me pidas que recuerde su nombre porque no lo pienso hacer. Tampoco me achaques no hacerlo.

No tengo ni idea de cómo viven el fútbol en otros sitios ni pretendo dogmatizar a nadie de cómo tiene que hacerlo pero sí que pido, exijo en realidad, que me dejan hacerlo a mí como me plazca. Que no me miren con desdén. Que no me hablen con condescendencia. Que no den por verdad absoluta algo que, en el fondo, no es más que una opinión. Por muy mayoritaria que sea. Piensen que lo que la mayoría cree no tiene porque ser bueno, ni lo mejor, ni tan siquiera verdad. Es simplemente lo que la mayoría cree. No lo olviden. 

Al “profesional”, al “trabajador común”, al pobre ser humano que tiene que “mirar por su familia” por supuesto le deseo desde ahora mismo lo peor. Lo siento. Soy el que paga y me debo a mi corazón.

@enniosotanaz

Tres años después... un árbol

Hace unos tres años que el Atleti volvía a jugar la Champions League después de muchos años de sestear por los parajes del infierno y la pegajosa mediocridad. La larga, tortuosa y penosamente gestionada travesía del equipo desde el fango de la segunda división hasta las posiciones privilegiadas, que se supone le corresponden a un equipo del historial del nuestro, parecía por fin enderezarse. La mayoría de la afición atlética parecía también ponerse de acuerdo en que ese era el rumbo a seguir pero se dividía en función del grado de emoción que aquel cuestionable hito suponía para el corazón rojiblanco de cada uno. Desde los que lo celebraban con euforia desatada hasta los que, como yo, entendíamos que aquello era más fruto del ensayo y error pero que independientemente de ello cualquier posición por debajo de la 3ª no puede considerarse nunca un éxito (salvo circunstancias excepcionales) y en ningún caso un “objetivo”. El Atleti por fin parecía entonces colocarse en la rampa de salida de lo que podría ser un futuro algo más prometedor. Solamente hacía falta un plan, inteligencia y tiempo.

El ansiado plan jamás se hizo. Ni siquiera nadie en el club se planteó la posibilidad de trazar una hoja de ruta o definir unas líneas de actuación. El objetivo era otro así que el monstruo se disfrazó de improvisación. La inteligencia como se ha comprobado se empleó para otras cosas y el tiempo ha pasado de ser un amigo a un enemigo. Entonces nos cuestionábamos si estábamos bien pero lo que es evidente es que el Atlético de Madrid está peor que hace tres años.

La lamentable herencia futbolística que dejó Aguirre parecía despejar el camino para que los responsables de este club entendieran de una vez que la forma de jugar de un equipo de fútbol no es algo accesorio y vacío como por ejemplo las declaraciones de Enrique Cerezo sino que además de suponer los cimientos y la simiente de todo lo que viene después es también parte de la esencia intangible que transmite la imagen del club. Si los once jugadores que juegan con la camiseta del Atleti lo hacen de forma cobarde el Atleti, como símbolo, es cobarde. Por supuesto esto es muy difícil de entender para gentes como Cerezo o los herederos Gil que ni entienden ni les gusta el fútbol. El entrenador y el sistema de juego del Atleti fueron y son monedas de cambio. Casquería barata para rellenar huecos. Los cromos que regalan junto a un pastel de bollería industrial. El entrenador del Atleti debe reunir únicamente tres características: favor de la prensa, silencio contable y respeto a los capos de la “famiglia”.

La dirección deportiva no ha existido ni existe. El despacho lo tenía y lo tiene ocupado un funcionario del régimen que es la representación dentro del club de los representantes de jugadores que lo dirigen desde fuera y que tiene fundamentalmente la labor de que exista mucho movimiento de caja. Olvidados para siempre de los criterios futbolísticos las premisas son las grandes cantidades. Las que se puedan quedar por el camino y las que en poco tiempo puedan volver a dejar. Fantasiosos nombres de leyenda forjados en ligas lejanas de “intachable” reputación. Desde aquel Atlético de Madrid en la rampa de salida de la elite hasta el Atlético de Madrid de finales de Junio de 2010 han salido: Heitinga, Ufjalusi, Maxi, Maniche, Simao, Motta, Jurado y tiene toda la pinta de que también se irán Agüero, De Gea y Forlán. En su lugar han venido: Sinama, Asenjo, Juanito, Cabrera, Filipe Luis, Godín, Diego Costa, Fran Merida, Salvio, Juanfran, Elías, Miranda, Silvio y Gabi. Seguro que me dejo alguno pero hablo de memoria. Basta comparar nombres para echarse a llorar.

Tres años después los jugadores del Atleti emiten comunicados públicos diciendo que se quieren ir y sus compañeros de vestuario lo entienden. Los canteranos que hasta hace cuatro días se les perdonaba sus errores por el caluroso amor que profesaban a nuestros colores no sólo entienden también que sus compañeros se quieran marchar del Atleti sino que son ellos mismos los que se quieren ir.

Tres años después los históricos del Atlético de Madrid que hicieron grande ese escudo se niegan a formar parte de la estafa y no tienen problema en emitir razonamientos peregrinos para justificarlo.

Tres años después los entrenadores a los que desesperadamente se invita a venir declinan sin cuestionárselo. No sólo aquellos con cierto nombre en el panorama sino incluso aquellos otros que acaban de empezar en esto y necesitan trampolines vistosos. Todos se niegan a ocupar ese lugar en el organigrama del club en el que a cambio de mucho dinero lo único que tienen que hacer es sentarse todos los domingos en el banquillo, sonreír a la prensa, guardar silencio y hacer lo que buenamente puedan con los jugadores o ex jugadores que se encuentren en el vestuario. Tal es el desprecio por esa figura que no hay problema en que la ocupe un personaje que ya dejó un profundo legado de negligencia, soberbia, incapacidad y aburrimiento.

Tres años después el Atleti está, en estas condiciones, a pocas semanas de iniciar una nueva temporada fuera de la Champions League y tratando de entrar en la segunda competición europea por la humillante puerta de atrás de los partidos estivales frente a equipos cuasi amateurs que dolorosamente recuerdan a tiempos de intertoto con un barbilampiño Fernando Torres correteando con la tela de araña de Spiderman sujeta al pecho.

Tres años después la heterogénea, minoritaria y maltratada desde todos los estamentos oposición denota muestras de cansancio y hastío. El constante desprecio y ninguneo de la prensa oficial se le une ahora el intento fallido y mal explicado de ese otrora esperanzador conato de aglutinar el descontento en torno a un supuesto eslogan que ha quedado (y ojalá me equivoque) como una pataleta a destiempo, cutre y sin fondo que a muchos nos ha hecho hundirnos un poco más en el desencanto.

Cierro la temporada con la sensación de la derrota. De cierre de ciclo vital. Mi ciclo vital. Asumiendo que el Atlético de Madrid que veré a partir de hoy es diferente. No muy diferente del que el resto del mundo veía hace unos meses pero si muy diferente del que yo veía hace unos meses. No voy a seguir engañándome. No voy a intentar creer que esto sigue siendo en parte el Atlético de Madrid. Esto, esta bazofia insalubre y dañina, es lo que hay y esto es lo que habrá mientras no se cambien los personajes que controlan las puertas. Ni siquiera sé si podrá se diferente después pero trataré de aferrarme a ello. Dejaré de soñar, guardaré las referencias colchoneras, trataré de disecar mis sentimientos, peinaré todas las noches mis memorias para que no se marchiten con la esperanza de que algún día, antes de que todo se evapore definitivamente, pueda crecer en este mismo terreno hoy seco, podrido y baldío el árbol que aun sin ganas y sin esperanza vuelvo a plantar esta temporada.


“Si supiera que el mundo se acaba mañana yo hoy todavía plantaría un árbol”
(Martin Luther King)

Kosovo Polje



El día de San Vito de 1389, en el campo de los Mirlos de la región de Kosovo, tuvo lugar la batalla de las batallas, aquella que enfrentó a las tropas de una incipiente nación serbia lideradas por el príncipe Lazar contra las tropas del creciente y poderoso ejército turco liderado por el sultán Murad I. El ejército turco, muy superior en miembros y poderío, arrasó las tropas serbias tras una cruel batalla que dio con la muerte del príncipe Lazar y que suponía el inicio del fin para la nación serbia ya que poco después era absorbida sin miramientos por el imperio otomano, donde permaneció doblegada durante siglos hasta el final de la primera guerra mundial. Sin embargo, en contra de toda lógica aparente, los serbios celebran el día de San Vito como fiesta nacional y consideran ese día y esa batalla precisamente como los cimientos de la nación serbia.

En este esperanzador inicio de campaña en el que salen colchoneros de debajo de las piedras, donde se acabaron las risitas condescendientes de los vecinos endiosados que bastante tienen con lo suyo (salvo algún iluminado disfrazado de sindicalista y con residencia habitual en Venus), donde nos sentimos orgullosos de ver nuestro escudo en sitios donde antes no aparecía y donde los atléticos nos levantamos por las mañanas henchidos de orgullo recordando nuestros recientes y maravillosos éxitos europeos me gustaría recordar, aunque sea brevemente a modo de humilde reflexión, lo que ocurrió en Barcelona en fechas no muy lejanas al día de San Vito, en las gradas del Camp Nou después de perder la Copa del Rey.

Desde que en 1996 levantáramos el título ligero que redondeaba nuestro mítico doblete, el Atlético de Madrid (y con él todo lo que este club representa) emprendió un descenso a los abismos que si en lo institucional no hacía más que seguir la tendencia que sus dirigentes habían marcado (la de chupar de una institución que habían “adquirido” muy barata) y en lo deportivo destrozaba sin miramientos la centenaria historia aterrizando en un secarral de mediocridad y vergüenza, en lo social la sufrida y eterna afición colchonera perdía las referencias, se moría en los recuerdos, se desangraba por heridas inesperadas después de agarrarse a los brazos de los que pretendían salvarnos y mutaba en multitud de versiones y sucedáneos que aparecían como imitaciones malas y baratas de lo que una vez fue. Pasada una década ya del nuevo siglo el Atlético de Madrid era una institución plana, confusa y tramposa dirigida por fríos especuladores mercenarios, sostenida por una sección deportiva triste, inconexa, sin cabeza, sin espíritu y sin discurso que era animada por una afición escondida, agotada, sin referencias, entre confundida y hastiada que estaba en permanente e inútil guerra civil, separada en miles de facciones de tamaño infinitesimal y que poco a poco se renovaba como oruga transgénica en una mariposa mediocre y vulgar.

El príncipe Lazar consiguió aglutinar a todos los nobles serbios bajo una misma causa igual que la esperada Europa League de Hamburgo conseguía después de muchos años juntar a todos los atléticos (si no físicamente al menos en espíritu) en el mismo sitio, gritando lo mismo y aunque parezca irónico por la misma causa: un atleti campeón. En los alrededores del precioso HSH Nordbank Arena mientras servidor daba vueltas buscando a mis compañeros de viaje al acabar el partido o tomando cervezas después, en la húmeda noche de Hamburgo, lo único que vi fueron atléticos felices. Era incapaz de saber con precisión entonces si estos atléticos estaban de acuerdo o no conmigo en la forma en la que yo veo esta bendita institución. Aquel título rompía la maldición y el hechizo maligno que teníamos como una nube negra encima de la cabeza y de repente nos vimos aliviados frente a una realidad que estaba ahí pero que éramos incapaces de ver o sentir. Nos miramos un poco más arriba del ombligo y resulta que estaba el escudo del oso y el madroño.

La final de Copa era nuestra batalla de Kosovo. Allí fuimos los atléticos juntos por fin a hacer historia, unidos bajo una misma voz (independientemente de peculiaridades) en una riada espectacular e inolvidable. Las horas previas al partido fueron de una intensidad y emoción que muchas atléticos nunca habían vivido y otros ya no recordaban. Volvíamos a ser la familia atlética y volvíamos a ser esa afición divertida, noble, peculiar, genuina, legendaria y envidiada, incapaz de ser comprendida por otros aficionados de espíritu mercenario y de dudoso concepto de generosidad. Esa afición capaz de levantar equipos, aplaudir rivales, cerrar bocas y hacer llorar a jugadores y entrenadores. Esa afición…, la afición del Atleti.

Pero se perdió la batalla.

Para intentar entender el mito serbio, ese que adora al mártir del príncipe Lazar y la batalla de Kosovo, hay que irse a la épica medieval serbia que dice que el príncipe decidió entonces trascender a la historia ganando el reino celestial por encima del reino terrestre. La actitud y honorables acciones del príncipe y su ejército aquel día fueron acordes a los criterios celestiales de valores, justicia o verdad y así quedaron marcadas para la posteridad. Independientemente de victorias o derrotas, se decidió construir una nación sobre esos pilares.

40 minutos después de ser derrotados en el campo la afición colchonera seguía gritando orgullosa, animando a su equipo y tapando con cánticos y sin insultos la alegría del equipo rival, incapaces de entender que la victoria o la derrota pueden ser alegres o tristes, puntuales o constantes pero ser del Atlético de Madrid no resiste especulación. El rival no lo entendía y la prensa, admirada ante lo que veían, tampoco. Nosotros sí. Elegimos los valores del reino celestial. El Atlético de Madrid está por encima de victorias y derrotas. Los aficionados aplaudían a un equipo que había dejado la vida, que había sido valiente, que había querido ganar y que no había especulado con la historia o el escudo. Esos son nuestros valores, nuestra justicia y nuestra verdad. Ya no valen excusas. Ya no valen otros discursos engañosos y mentirosos. Con copas y sin copas. Esos son nuestros pilares y sobre eso hay que construir.

Que nadie se olvide nunca. Somos el Atlético de Madrid.

tour de force



At. Madrid 2 - R. Madrid 3

“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesita aprender” (Charles Dickens)



El Atlético de Madrid sigue acrecentando la leyenda de equipo ridículo, penoso y lamentable y además lo hace de la forma más patética en que se puede hacer, frente al rival histórico y en el peor escenario posible, tu propio estadio. La situación es tan sumamente lamentable que sinceramente dan ganas de tirar definitivamente la toalla. No encuentro una sola razón para volver al estadio Vicente Calderón y se me ocurren todavía menos si levanto la cabeza y veo el panorama: un equipo de mierda, una afición cansada y adormecida, una prensa que se la suda, una gestión deportiva digna de un espectáculo del bombero torero, y dos caraduras desgraciados teledirigiendo desde la orilla un barco carcomido que va irremisiblemente a la deriva.

El Atlético de Madrid lleva cinco años en los que cada vez que sale a jugar contra el Real Madrid lo hace saliendo del vestuario con el saco de la derrota sobre los hombros. El equipo blanco lo único que tiene que hacer es gritar “uuuuh” y marcan gol. Con esa premisa es estúpido hacer ningún otro análisis del partido. De hecho es estúpido jugarlo. No merece la pena. Es preferible regalar los puntos o dejar el sitio a chicos adolescentes de la cantera que al menos les duela el Atlético de Madrid y no tengan miedo de nadie. A los cinco minutos el Madrid ya iba por encima en el marcador gracias a un error defensivo motivado por el canguelo que tiene este puñado de jugadores de segunda. Los otros dos goles fueron también errores defensivos, especialmente sangrante el último de ellos con otra actuación circense de Perea digna de videos de primera que desgraciadamente no es la primera ni será la última. Con 0-3 en el marcador en tu campo y frente al rival que más duele el Atleti era un cadáver. Era y es un cadáver. Lo que pasó después aparte de irrelevante fue inútil y poco significativo.

El club está enfermo de cáncer y el equipo está enfermo de leucemia. El equipo come de una sangre podrida y carcomida que lleva reproduciéndose años y años hasta acabar en este esperpento miedoso, cobarde y sin personalidad que arrastra en vano el nombre de este club por los campos del mundo. Si para solucionar el cáncer se necesita antes de sufrir algún tipo de tratamiento químico una intervención quirúrgica que estirpe al menos un par de tumores, el equipo necesita una transfusión TOTAL de sangre de forma que no quede una sóla gota de este líquido envenenado que mantiene con vida una institución que lleva décadas muerta. El jugador que venga no debería contaminarse con ninguno de los perdedores que hoy por hoy ocupan ilícitamente nuestra plantilla.

El Atlético de Madrid es una versión cutre y lamentable de lo que dice ser. Es como un concierto de los Platters en Benidorm en el que cuando entras en una boite con olor a desinfectante te das cuenta de que de los Platters originales no queda ni uno y que un puñuado de sacrificados cantantes de segunda fila se aprovechan de un nombre que les viene grande para ganarse la vida. Esos son los pereas, Raules Garcías, Clebers, Maxis, Sinamas y demás farfolla.

El Atlético de Madrid se muere y nosotros con él.

Ruina

Los deportes de equipo tienen esa cosa entre odiosa y fascinante de que no sabes para qué o para quien estás jugando. Cuando Rafa Nadal lo da todo lo hace por Rafa Nadal igual que cuando pierde el que pierde es Rafa Nadal. Si juega mal lo hace él y si lo hace bien también. Todo está claro como el agua. En los deportes de equipo no es tan sencillo. Tú puedes ser el lateral derecho del Atlético de Madrid o su portero o el entrenador pero en un momento dado decir que sólo eres el lateral o el portero. ¿Qué es el Atlético de Madrid que juega? No es tan fácil de decir y en esa discontinuidad se pueden dar situaciones tan esperpénticas como la que hemos tenido la desgracia de sufrir hoy en el Vicente Calderón donde han jugado mal unos, hemos perdido otros siendo todos aparentemente el Atlético de Madrid.

El Club Atlético de Madrid es un equipo en ruinas más cerca del abismo de lo que muchos quieren ver y otros quieren ocultar. Gestionado por gentes a la que el futuro de la institución le interesa tanto como el pasado, es decir nada, el panorama que dejan es una institución socialmente en horas bajas, ninguneada sistemáticamente por la prensa, con una deuda económica muy importante, con un proyecto deportivo cancerígeno dirigido por una deleznable mezcla de incompetentes y farsantes además de una plantilla carísima y sobrevalorada que ni sabe ni quiere saber para qué o para quien están jugando. El Club atlético de Madrid ha vuelto a ser esta tarde una caricatura barata y aburrida de un equipo de fútbol. Ha sido una macabra broma interpretada por unos tipos sin vergüenza ni profesionalidad que aprovechan cualquier descuido del Gran Hermano para desvincularse de un proyecto con el que nunca se han sentido vinculados. El Club Atlético de Madrid sería mucho más Club Atlético de Madrid sin este puñado de farsantes hipócritas y mentirosos que con su cruzada egoísta está destrozando un equipo centenario.

Deportivamente sin embargo el partido tiene una lectura muy sencilla: el Atlético de Madrid no sabe jugar al fútbol y no sabe hacerlo porque cuando hace casi tres años los inútiles que dirigen esta barca apostaron por un concepto y una gente que meses después ya habían demostrado que eran un fracaso, la directiva se empeñó en mantener a los mismos por el vicio maquiavélico de querer vivir siempre al día. El Atlético de Madrid no sabe jugar al fútbol porque tiene una plantilla sistemáticamente mal diseñada, mal construida, desequilibrada, plagada de medianías en el ocaso de sus carrera y carente absolutamente de calidad en el centro del campo para construir. El Atleti lleva lustros sin tener un centrocampista de construcción y así nos va. El Osasuna, jugándose mucho como nosotros pero a diferencia nuestra extrapolándolo al césped, se limito a hacer lo que nosotros hacemos con Abel contra los equipos grandes, esos con los que Aguirre se cagaba, adelantar la defensa, presionar la salida del balón y jugar en poco espacio. El Atleti no sabe que hacer con el balón y una presión ordenada de Osasuna bastaba para que la jugada acabara en un patadón de Ufjalusi o Pablo. Asunçao y especialmente ese paquete que nos vendieron con el nombre de Raúl García son incapaces de ofrecerse y dar un balón en condiciones a la banda o a los de arriba. Ellos se limitan a robar el balón en defensa (el portugues) y a hacer el ridículo en defensa y en ataque (Raúl García). De esta guisa Osasuna salió más enchufado, tuvo más el balón y tuvo más ocasiones aunque el gol llegó a balón parado y tras otra interpretación de Carmen de Bizet por parte de nuestra generosa defensa que de forma solidaria dejo a Pandiani sólo en el área para rematar a puerta.

Cualquiera podría pensar que el gol espoleó a los rojiblancos pero nada más lejos de la realidad. Osasuna siguió firme y el Atleti siguió andando, tomando el sol, dando patadones y siendo inofensivos. Como tantas otras veces sólo una jugada aislada de alguno de los delanteros colchoneros podía cambiar las cosas... y así fue. Forlán recogió un balón cerca del área, vete a saber como, se fue de varios rivales hacia la portería hasta sacar un potente zurdazo, su pierna “mala”, que se incrustó en la red. Un gol engañoso que puso el injusto empate en el marcador puesto que los navarros habían sido siempre mejor. Pero no duro mucho la injusticia porque en un saque de esquina el balón llega a la tripa de Ufjalusi que dejó el balón muerto para que un admirado rival pusiese el 1-2 en el marcador. Nada más hasta el descanso en otra, la enésima, muestra de soporífero anti-fútbol a las que nos tienen acostumbrados. Tan soporífero fue que hasta el bueno de Enrique Cerezo, recordémoslo presidente de este equipo en el palco, se echó una cabezadita ante el estupor del presidente pamplonica. Hay que entender que a este señor esto del Atleti se la suda.

Tras el descanso lejos de cambiar las cosas y entre ellas el que siguiese la pareja de mediocentros en el atleti, cosa incomprensible dada la torpeza, incompetencia y peligro para la salud pública que supone esta pareja de leñadores, las cosas siguieron como estaban. Por esa sencilla razón a nadie le extraño que en una gran jugada trenzada de los de Osasuna el balón volviera a acabar en las mallas del siempre cansado y ausente Leo Franco. Osasuna no había ganado un partido fuera de casa hasta hoy pero el efecto balsámico del atleti volvió a cambiar la historia. Se escucharon entonces algunos gritos contra el palco y contra los jugadores pero la respuesta masiva de la afición colchonera fue la de largarse a su casa. Que cada uno aguante su vela.

Salió Banega a jugar y aunque dio más movilidad al equipo el recambió llegaba tarde. No entiendo como este tipo no juega de titular y si lo hace ese fracaso llamado Raúl García. Banega no es ni siquiera jugador del Atlético de Madrid (es un tipo que ni fu ni fa) pero viendo lo que hay en la plantilla ahora mismo es un crimen que no juegue. Aunque ni Banega ni nadie impidió que el irani Masoud marcara un precioso cuarto gol haciéndole tantos regates a Pablo en el área como si fuese José Tomás dando naturales a un toro bravo. La afición colchonera recompensó el gol con aplausos más por chufla que con sentimiento. Dedicar más dos palabras a relatar el gol de Pablo que recortaba distancias o lo que sucedió de ahí al final no merece la pena.

Hoy me he dado cuenta de que el Atleti tiene que morir para vivir. Este proyecto está muerto y la mayoría de sus protagonistas, por mucho que nos duela, sobran y deben desaparecer. Empezando por MA Gil y acabando por Leo Franco. Tenemos que empezar desde cero y me temo con bastante más humildad.

Que poquito nos va a durar

Una de las cosas de las que guardo peor recuerdo de la época de acoso y derribo que la prensa tuvo contra Fernando Torres cuando el “niño” tenía la desfachatez de vestir la camiseta rojiblanca, la misma prensa por cierto que ahora lo adora como si fuese “su niño” de toda la vida, era el efecto que esa acción constante de desgasté provocó en la afición. No caló definitivamente (pero casi lo hace) la idea de que era malo, sobrevalorado, fallón, torpe, mimado, teatrero,.. (todo eso decían los plumillas que ahora elogian sus “defectos”) pero si cuajó subrepticiamente la verdad absoluta de que Fernando Torres se iría y que cuando lo hiciese sería porque el Atlético de Madrid se había quedado “pequeño”. Recuerdo como un puñal clavado en la espalda cuando tras terminar un partido cualquiera en el Calderón en el que Fernando Torres había vuelto a salirse (porque a pesar de lo que los perversos periodistas quieren inventar lo que el “niño” hace en Anfield también lo hacía hace años en el Calderón) la primera frase de mi amigo Jorge al encontrarnos en el post partido era siempre: “que poquito nos va a durar”.

Desde que el fútbol es fútbol existen equipos modestos de bajo presupuesto y aspiraciones modestas que tradicionalmente se comportan como viveros de los “grandes” y son conscientes de que cuando un jugador despunta desaparece del club de inmediato. Son conscientes de ello hasta el punto de que lo asumen como una ley natural y como algo bueno para el jugador y para el club que ingresará un dinero que no tiene, es decir como parte necesaria de la viabilidad del propio club. El Atlético de Madrid nunca ha sido uno de esos equipos y no lo ha sido por una razón evidente incluso para el envenenado cerebro de los periodistas deportivos de este país. El Atleti podrá estar en manos de torpes negligentes y llevar muchos años haciendo el ridículo sobre el césped pero incluso hoy el Atleti no es un modesto al uso (tercer equipo del país en seguidores y trofeos), no es de presupuesto bajo (tercer o cuarto mayor presupuesto del país) y no tiene aspiraciones modestas (estamos jodidos por no entrar entre los mejores 8 equipos de Europa y estuvimos entre los 16 sintiendo que era nuestro sitio). Aun así parece que inconscientemente asumimos que Forlán aceptará “lógicamente” lo que le ofrezca el Manchester City (un grande de Europa como todo el mundo sabe) y mi amigo Jorge dice ahora del Kun lo mismo que decía de Fernando Torres hace años; “que poquito nos va a durar”.

¿Es culpa de la prensa, de la afición, del club, de los jugadores,…?

La prensa es una enfermedad congénita que lamentablemente tiene que sufrir el Atlético de Madrid si o si. Una especie de alopecia o diabetes genética de la que no podemos librarnos aunque viviríamos mucho más sanos y guapos si no existiese. Si no existiese esta prensa interesada y rupestre que tenemos la desgracia de sufrir me refiero. Con una prensa que hiciese honor a su profesión en lugar de ridiculizarla la cosa sería diferente. El espacio que este pseudo-periodismo cutre y amarillo ha reservado a nuestro equipo es el de una fuente inagotable de escándalos, “friqueces”, tragedias y disgustos. Existan o no. Somos por así decirlo el bufón que utilizan para el verdadero “cliente”, los aficionados a Madrid y Barça. Asumido que Sabrina Salerno enseñaba los pechos cada vez que grababa un video-clip, ¿a quién le podía interesar sus facultades vocales?. Eso es el Atlético de Madrid, una especie de Sabrina Salerno, cantante, que sólo interesa cuando se le sale un pecho. En este escenario construido por televisiones y asociaciones corruptas los grandes jugadores evidentemente sólo pueden estar en el atleti para generar polémica o para marcharse.

La afición, otrora auténtica, de gran personalidad e inconformista, abraza desde los paseos por “el infierno” ese nuevo talante que se publicita desde los tabloides y que recoge para nosotros lo peor de cada casa. Si Torres se tiene que ir aplaudimos. Si el Kun se tiene que marchar lo entendemos. Si está “confirmado” que el Atlético Yaundé se llevará a Forlán la temporada que viene lo asumimos con rigor espartano sin tan siquiera plantearnos donde coño está Yaundé. Con una afición de buenas tragaderas todo es mucho más fácil.

El club, y con El Club me refiero a las personas incapaces que hoy lo tienen secuestrado, ha quedado ya meridianamente demostrado que actualmente es el principal enemigo del Atlético de Madrid como concepto así que en esto no van a hacer un excepción. Es un tema en el que ni siquiera reparan y cuando lo hacen es para repetir alguno de los “dequelatiguillos” de nuestro simpático presidente. Todo eso de que el atleti es un club “comprador” pero siempre matizado con la guinda de que “los jugadores juegan donde ellos quieren”. Le bastaría a cerezo (o al que mueve los hilos) leerse la historia del club para comprobar que la mayoría de grandes figuras de este equipo lo han sido fundamentalmente en este club. Es decir, que los mejores momentos de su carrera los ha pasado en el Atleti. Es decir, que debían querer jugar aquí. Habría que plantearle también al afamado productor y al inédito veterinario sin son capaces de describirnos cuales son las razones por las que los jugadores no quieren jugar en el atleti.

Aun así, y aunque me duela decirlo, este tipo de jugadores que sueñan con el vecino dejando ensuciar su propia casa no valen para mi equipo. Para mi equipo sólo valen jugadores convencidos de que son capaces de hacer cosas grandes (con la acepción más amplia del término) en el sitio donde están y gracias a su esfuerzo. Si el Kun (aconsejado por algún politoxicómano o no) está convencido de que aquí está perdiendo el tiempo no debería tan siquiera salir a jugar el domingo. Lo mismo digo para el resto de lumbreras que se pasean con mi escudo al pecho se llamen como se llamen. Si Agüero se va en junio diciendo que ama al atleti pero que con esta estructura, estos entrenadores y este presidente es imposible hacer nada entenderé su opción pero si se va “amando” al atleti “para siempre” pero como única solución para “crecer” y abrazado del presidente pensaré que es un mentiroso. Puede que profesional pero mentiroso. Sería además el segundo caso en tres años. No me gusta señalar pero Gerard lleva toda la vida en el Liverpool (rechazando suculentas ofertas) y el Liverpool hace más años que el Atlético de Madrid que no gana la liga.

Si vamos a fichar presuntas estrellas que vienen a un equipo trampolín para sus carreras es preferible, desde mi punto de vista, que no vengan porque dan más tormento que beneficio. A lo mejor somos nosotros los que estamos perdiendo el tiempo con ellos.

“No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.” (G. K. Chesterton)

Chega de Saudade

El pasado martes, creo que al igual que otros muchos corazones colchoneros, el mío toco fondo. La caída puede que fuese similar a la de otras veces pero esta vez veníamos desde las alturas de la Champions para regocijo de toda Europa que pudo comprobar la quijotesca caricatura en la que se ha convertido ese club del que hace años escuchaban hablar y del que ahora se ríen. Puede que fuese algo más patente por el cambio tan brusco de humor que supone el estar maltratando las cuerdas vocales para gritar Atleti, atleti con una sobredosis de adrenalina corriendo por el cuerpo, sobredosis que se había gestado en los minutos previos a la entrada al estadio, para luego sufrir con cara de estúpido los olés de la afición portuguesa, el bochornoso espectáculo que ofreció esa plantilla carnavalesca que salió disfrazada de jugadores del Atlético de Madrid y el suplicio de ver como se desangraba un ser querido.

Esa noche me costó mucho dormir. De vuelta al estadio escuchaba al esperpéntico pseudo-presidente de este club decir que había sido un partido “duro”, que las “espadas estaban en todo lo alto”, que “podíamos haber ganado pero que habíamos empatado”, “que no había escuchado protestas porque estaba atento al juego” y demás estupideces todas ellas a la altura del personajes en cuestión. Cuando llegué a casa no tenía ganas de ver los resúmenes de una competición a la que ahora me da vergüenza mirar, ni quería leer el enfado de mis “hermanos” ni quería escuchar a los gurús de la noche despellejando a mi equipo. Lo que quería era irme a dormir para despertar de la pesadilla cuanto antes pero no tenía sueño y además mi compromiso de honor con esta web me obligaba a tener que pasar por la dolorosa catarsis de recordar en mi cerebro el partido para transformarlo en palabras. Me puse a ello pero el silencio de la noche era tan atronador que me estallaba en los oídos así que me levante hacia mi poblada colección de discos y por esas cosas que tiene el destino me tope con el disco y la canción perfecta para ese momento: “Chega de Saudade” una de mis canciones favoritas irónicamente cantada en portugués.

La Saudade es un concepto portugués (y brasileño y gallego) que tiene una difícil traducción o explicación en otras lenguas. Se suele traducir como nostalgia pero no se hace justicia al término con esa tradución. La mejor definición la encontré hace tiempo en internet y dice algo así como que es un proceso de sanación natural, similar a lo que los psicólogos llaman "duelo". Un proceso que se inicia con el lloriqueo por la pérdida de algo o alguien hasta sanar a través de un ejercicio interno que acaba por mandar todo al carajo, con el coraje de seguir adelante. De eso va la letra que en 1959 Vinicus de Morais puso a la preciosa composición de Antonio Carlos Jobim para que Joao Gilberto la cantase tocando su peculiar batida de guitarra y transformándose en lo que muchos (entre los que me incluyo) consideran el pistoletazo de salida de lo que se conocería como Bossanova, “Chega de Saudade”,” basta de nostalgia”.

Y así, mientras dejaba plasmada mi pesadumbre y mi ira en una hoja digital y mientras escuchaba los susurros de Joao Gilberto haciéndome recordar el Atleti que yo conocí y que ya no es, mientras me purgaba de los sentimientos del pasado y pasaba el síndrome de abstinencia que me provocan los nuevos me di cuenta de varias cosas:

Una, que el Atlético de Madrid no existe como realidad. Lo que hay es una mentira disfrazada de rojiblanco que no vale ni para tenerse en pie. Un Don Tancredo de cartón piedra que no vale nada por si mismo. Un club en ruina económica, deportiva y espiritual que se tambalea al menor soplido. Lo único que queda del Atlético de Madrid está en los cerebros de seres mortales que lo retienen como un tesoro único formando una masa amorfa, intangible, inconexa y heterogénea que es de muy difícil definición. El Atlético vive en una especie de Matrix donde todo es mentira desde los números a las declaraciones, desde el nombre de los jugadores hasta los periodistas que supuestamente informan del estado del equipo. Basta ya de píldoras azules, tomemos la roja de una vez por todas y empecemos a comer engrudo.

Dos, que el Atlético de Madrid probablemente sólo sea un equipo grande para los que somos del Atlético de Madrid. Para el resto del mundo del fútbol somos en el mejor de los casos un equipo imprevisible y en el peor una chirigota gaditana. Los periodistas tienen facilísimo incluir espacios de humor rupestre a costa de nuestro club y ni el Calderón, ni los colores, ni el escudo, ni la historia impone ya el más mínimo de los respetos a nadie. Tan triste como cierto.

Tres, la solución pasa por empezar de cero y armarse de paciencia. El día que el inefable “Calamidad” se marche con su cohorte de bufones (porque llegará un día en el que se marche y a ser posible arrastrado de las orejas) lo que encontraremos será un solar seco, áspero y duro. Un terreno baldío que habrá que abonar, una casa que habrá que construir, una reputación que ganar y en definitiva un club que construir casi por completo. Sin duda una misión de valientes.

Nada de lo que hay hoy vale. Nada de nada.

Así que basta ya de nostalgia. Empecemos a trabajar o abandonemos la obra.



“Ahí va mi tristeza y dile que sin ella no puede ser

Dile en una oración que regrese porque ya no puedo sufrir más

Basta de nostalgia

La realidad es que sin ella no hay paz, no hay belleza,

es sólo tristeza y la melancolía que no sale de mí, no sale de mí, no sale

pero si vuelve,…

si vuelve qué cosa linda, que cosa loca…”



Chega de Saudade
(Antonio Carlos Jobim / Vinicius de Moraes)