Disfruten

Ath. Bilbao 1 - At. Madrid 4

Habían sido 45 minutos de espanto. El Athletic Club de Bilbao había optado por minar el centro del campo, elevar el balón y poner toda la intensidad posible para llevarse el partido frente a esos madrileños, los que viven fuera de la circunscripción de Dios, que últimamente siempre ganan en San Mamés. Acertaron de pleno. Los balones altos eran todos de Aduriz, los rechaces eran todos para los leones y los llamados colchoneros pululaban por el campo sin poder agarrarse a ningún plan concreto. Aturdidos. Derrotados por su propia medicina. La típica falta absurda de Raúl García al borde del área permitió que Rico cabeceara a puerta e hiciera el primer gol del partido. El marcador hacía justicia a lo que pasaba en el césped. Poco después el mismo Aduriz, el mejor de la primera parte, a punto estuvo de hacer el segundo. Terminado el tiempo reglamentado, el Atlético de Madrid, desbordado, encaraba el túnel de vestuarios sin chispa en la mirada. Las redes sociales echaban jugadores a diestro y siniestro. Los gurús del análisis argumentaban una lista interminable de errores que justificaban el ocaso y los histéricos invocaban el apocalipsis, mientras hablaban de fin de ciclo.

Nunca sabremos lo que ocurrió durante quince minutos en el vestuario visitante de la llamada Catedral del fútbol, ese lugar presuntamente místico del que, por alguna razón, nadie puede decir jamás una mala palabra. Curioso. Nunca sabremos desgraciadamente lo que salió de la boca de Simeone pero Griezmann se chivó al final del partido, en uno de los micrófonos oficiales del equipo de Dios (porque todos los micrófonos del universo y de la galaxia son micrófonos oficiales del equipo de Dios): “Disfrutad, dadlo todo y acabad bien un año que ha sido fantástico”. Genio.

El Atleti acababa de ganar 1-4 con 3 goles del francés. En ese momento, feliz por la victoria que cierra el año y en vísperas de la lotería de navidad, recordé que los aficionados al equipo de los herejes, el de las rayas rojas y blancas que tanto molestan al blanco atómico y pluscuamperfecto, ya nos tocó el gordo con la llegada de ese argentino de mirada penetrante y dudoso gusto por la peluquería. Un genio del fútbol que no sólo ha transformado a un equipo entero sino también a la sociedad que lo alimenta. Un tipo molesto y difícil de plegar que incomoda sobremanera a los pestilentes y mediocres peones del poder que como fístulas impregnadas en pus ocupan todos los poros. Un tipo que nos ha hecho grandes pareciendo pequeños. Que es de nuestra misma pasta, de los que se crece nadando a contracorriente y de los que antepone el orgullo de la integridad a los ejercicios de felación bucal, tan necesarios hoy en día en el deporte de élite y los medios de comunicación.

A los 30 segundos de reanudarse el partido el Atleti consiguió por fin poner el balón en el suelo y darle siete toques de primera. El último de ellos fue un remate de cabeza de Griezmann al palo derecho de la portería bilbaína que ponía el 1-1 en el marcador. Simeone correteó por la banda para abrazarse a un Juanfrán pletórico que acababa de dar el pase de gol, dejando dos cosas claras por el camino. La primera, que algo de los conceptos que hilvanaron esa  jugada se había gestado pocos segundos antes en la caseta. La segunda, que los equipos apóstatas que no se doblan a la religión oficial no pueden alegrarse de sus goles y que merecen la tarjeta amarilla por el simple hecho de existir.

El Atleti era ya otra cosa entonces. Presionaba en campo contrario, igualaba el nivel de intensidad de su rival y trataba de imponer su personalidad. Obviando el terrorífico gris de esa camiseta que homenajea las misiones de Comando G, el equipo se fue a ganar el partido. Merodeando el área euskaldun, Tiago regateó en el área un balón que se le fue largo. San José llegó al cruce y pareció chocar con el portugués pero no fue así. Puede que ni siquiera se tocaran. El árbitro pitó un penalti que no lo fue y los bilbaínos tienen razones para quejarse del árbitro porque esa acción, clave, les sacó del partido. Raúl García daba la vuelta al marcador transformando la pena máxima y ya nada volvió a ser como era. Los de Valverde trataron de inclinar el campo hacía el lado madrileño pero los de Simeone sólo les dejaban llegar hasta la frontal del área. Acoso y derribo que era más apariencia que realidad. No me gustó la actitud de los colchoneros sin embargo que en lugar de sacar al equipo del área, controlar el balón y el partido, prefirieron achicar agua renunciando a jugar. Pero una vez más los datos deslegitiman mis cuitas. A falta de quince minutos, un cinematográfico robo de balón de Arda acaba con un gran pase de Gabi a la espalda bilbaína que recoge Griezmann como si estuviese haciendo arte con pompas de jabón. En tres toques de maestro se fabrico el gol que ponía el 1-3. El cuarto que redondeaba la fiesta de los colchoneros y del francés llegó tras nuevo contraataque fulgurante de los madrileños y seguramente en fuera de juego. Gran noche sin embargo la de Griezmann que espero le sirva como punto de inflexión en lo personal y como prueba de lo gran jugador que es para esos cenizos, con especial querencia por abrazarse al drama, que lo cuestionaban.

El Atleti cierra un año maravillo en lo alto de la tabla y clasificado en todas las competiciones. Disfrutemos de este momento. Hagámoslo pero no como homenaje al pasado o como medida preventiva para un futuro que será catastrófico. No. Disfrutémoslo porque, de hecho, es maravilloso y merece ser disfrutado. Porque lo merecemos. Quieran o no quieran los arcángeles del equipo de Dios con los que lamentablemente tenemos la desgracia de convivir. Esos que tienen bloqueados y retenidos, manus militaris, todos los canales de comunicación. Que digan lo que les de la gana. No hablan para nosotros.

Con esta crónica se acaba el año 2014 y se cierra el blog hasta nueva orden, así que les deseo a todos ustedes todo lo mejor para un feliz año 2015. Un millón de gracias a todos y cada uno de los que en algún momento de su vida se han pasado por aquí y muy especialmente a los que se han atrevido a dejar evidencias de ello. Les estoy eternamente agradecido.

@enniosotanaz


      

Querido Sancho...

At. Madrid 0 - Villarreal 1

“La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde”

La noche en la que el Club Atlético de Madrid perdió frente al Villarreal es una de las noches más tristes que recuerdo en el Vicente Calderón. Será una noche que probablemente sitúe un hito en el camino de la historia colchonera y que marcará un antes y un después. Es la noche en la que triunfó el sistema sobre la pureza del ingenuo. El momento cumbre de un fenómeno mediático que venía gestándose en las mesas de redacción y los canales de comunicación que manejan los magnates del fútbol. esos que, de forma torticera, viven de esto. La victoria del poder organizado y poderoso frente al caos desubicado de los que sólo saben defenderse con los sentimientos. El éxito del dinero fácil. De la intolerancia. De la ruindad. Del pensamiento único. Del rodillo. De la mediocridad. De ellos.

"Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces."

No hubo partido. No existió. Lo que ocurrió en el césped fue un ejercicio de filibusterismo producido por el sistema, guionizado por los estómagos agradecidos que viven del cuento, manipulado por personajes de siniestra catadura moral y repugnante fondo cívico como el tal Marcelino, pero ejecutado finalmente por un colegido miserable (sí, miserable) de cuyo nombre no quiero acordarme. No hay más. Me niego a hablar de árbitros en clave de errores humanos. Me niego a rebajarme al análisis de jugadas puntuales o apreciaciones separadas del contexto que efectivamente pueden ser simplemente fruto de la mala suerte. Llevo siete años escribiendo en este blog y nunca lo he hecho así que no voy a empezar ahora. Hay buenos y malos arbitrajes. Hay buena y mala suerte. Mejores y peores tardes. Hay decisiones afortunadas y desafortunadas, pero lo que el representante del colegio arbitral ejecutó sobre el césped del Manzanares fue otra cosa que se parece mucho más a un depurado ejercicio de patriotismo. De fidelidad y obediencia debida a un monstruo grasiento y poderoso que, al fin y al cabo, dirige su destino y lo da de comer. Ni siquiera se le vio afectado (todo lo contrario) consciente de saber que no estaba solo en la empresa. Docenas de plumillas y ladradores con salario lo protegían desde las cabinas de prensa y otros cientos de soldados de mayor rango, la inteligentzia mediática, le protegerían después con explicaciones gráficas y argumentos peregrinos. El contexto es lo suficientemente robusto como para que no existan fisuras. No puede haberlas en las dictaduras. No hubo partido. No existió, así que sería absurdo hablar de fútbol en ese contexto. Que lo hagan los que comen de la mentira o los que defienden su chiringuito de fama. Yo no. El partido estaba ganado por Marcelino 24 horas antes en una vomitiva rueda de prensa, auspiciada, protegida y alentada por las fuerzas vivas de “la mejor liga del mundo”. El partido estaba ganado (o perdido) antes de jugar.

"El hacer bien a villanos es echar agua en la mar."

La cacareada expulsión del Frente Atlético ha provocado, de forma incomprensible, el cisma entre la afición. Ingenuamente pensé que el momento serviría exactamente para todo lo contrario pero nada más lejos de la realidad. Personalmente entendía dicha expulsión como una oportunidad estupenda para reivindicar a esa inmensa mayoría de habitantes del Fondo Sur que nada tiene que ver con la violencia o sus derivados. Ese grupo de gente, aficionados normales como yo, que suponen una de las vísceras más importantes del estadio. Era el momento de dar un paso al frente, de depurar minorías corrosivas que quitan más que dan y de demostrar al mundo lo que de verdad es el aficionado al Atlético de Madrid. No ocurrió nada de eso. Los miles de aficionados que entraron en ese Fondo Sur por alguna razón entendieron que la decisión del Club era una especie afrenta personal y decidieron situarse al margen del equipo y del resto del estadio. En silencio. Intentando demostrar no sé exactamente qué, pero seguramente consiguiéndolo. El ambiente era raro. Muy raro. El resto de aficionados del estadio intentaban de algún modo tapar el atronador silencio que planeaba sobre el terreno de juego pero la falta de organización, la incomodidad del momento y la falta de costumbre hacía que el resultado no fuese satisfactorio. En el fondo sur no se decía nada más allá de tímidos aplausos que sarcásticamente aplaudían los errores arbitrales y algún que otro reclamo de derechos de autor sobre las canciones que normalmente suenan en el coliseo rojiblanco. Todo muy surrealista. Todo muy triste. Lejos de lo que ocurría en el terreno de juego, Fondo Sur y Resto del Estadio se dedicaban a echarse en cara no sé exactamente qué, tampoco. Mientras que los verdaderos violentos estaban seguramente en algún lugar a muchos metros de distancia del Vicente Calderón la grada del estadio se desangraba quedándose sin corazón.

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.”

Abandoné el estadio con la sensación de que nos habían derrotado. No el Villarreal (eso son sólo tres puntos), sino el sistema. Ese poder en la sombra al que pone cara el poder mediático. La brutal campaña de acoso y derribo que ha sufrido el equipo ha sido tan exagerada como nauseabunda, pero esos constantes intentos denodados (y violentos) por desestabilizar al Atleti y su entorno por fin han acabado dando sus frutos. Un trabajo pulcro y concienzudo que además ha necesitado la colaboración formal de todos y cada uno de los medios de comunicación que, como una engrasada máquina de matar, han actuado al unísono a la hora de marcar la tendencia entre los seres vivos. Ser aficionado colchonero se había convertido no ya en una cuestión de consumir o no consumir sino de tener directamente tener que abandonar el país o doblar el espinazo ante la fe única. Bien, lo han conseguido. Es la sensación con la que me quedo. El caballo de Troya está dentro. El enemigo ha invadido la intimidad clandestina que nos protegía y se está recreando en la ejecución de una violación no consentida.

“Yo soy de parecer que el pobre debe contentarse con lo que hallare, y no pedir cotufas en el golfo.

Malos tiempos para la lírica, que diría aquel. Los augurios no son nada halagüeños para el aficionado a las rayas rojiblancas que si antes, cabalgando la elite deportiva, tenía que sobrevivir entre las toneladas de estiércol que a diario arrojaban sobre él, ahora tendremos que pelearnos entre nosotros, como doncellas desnudas en una charca de barro, para regocijo de los mismos generadores de detritus. Perdidos, enfadados, desorientados y tratando de buscar el equilibrio en un escenario terriblemente  hostil y diseñado por gentes de mucho poder, mucho dinero y muchos más recursos. Mientras tanto la cabeza dirigente, los prescritos Gil y Cerezo, por supuesto ni están ni se les espera. Personalmente creo que los aficionados al Atleti (y el Atleti en sí mismo) sólo tiene una vía de salvación que pasa por estar juntos. Siempre ha sido el único resorte que los enemigos no han podido alcanzar y por el que perdían el sueño. El elixir que nos hacía poderosos. A pesar de todos los pesares siempre estábamos ahí, como una roca. Frente a la incomprensión de los espectadores ajenos y la rabia contenida del que cabalga a lomos del caballo ganador. ¿Cómo podéis ser del Atleti?, nos decían. Pero han logrado alcanzar ese resorte también y lo están destrozando a dentelladas. Está en nuestra mano que lo consigan o no. O puede que ya ni siquiera.

"No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmalazado."



Italianissimo

Juventus 0 - At. Madrid 0

Una vez, cerca de Palermo, estaba viendo por la televisión un programa de fútbol en el que hablaban del éxito de los entrenadores italianos en el continente europeo. Más allá de las razones que esgrimían para demostrar su hipótesis (muy interesantes todas ellas) me llamó mucho la atención que entre el grupo de entrenadores italianos de éxito que citaban en su lista incluían también al Cholo Simeone. Aunque todos los presentes en la tertulia parecieron aceptarlo sin discusión, en un momento dado uno de los analistas aclaró que incluía la figura del argentino básicamente porque lo consideraba un entrenador criado en Italia y de la escuela italiana. En aquel momento me quedé sorprendido de la reflexión pero más tarde me rendí ante la evidencia. Es así. Simeone es futbolísticamente italiano hasta en los andares y hoy, en un escenario italiano a más no poder, ha salido triunfador jugando a su mismo juego.

El partido entre la Juventus y el Atleti que acaba de terminar hace un rato creo que no merece una elaborada crónica futbolística cargada de bonitas metáforas y floridas construcciones literarias. Más que un ejercicio de estilo sería de hecho un traición a lo que ha ocurrido en el césped. Poco fútbol, mucho nervio. El equipo turinés, el equipo de Italia por excelencia, saltó al campo consciente de lo que se jugaba. Una derrota lo echaba de la Champions (siempre que los griegos ganaran el El Pireo como así acabó ocurriendo), un empate lo clasificaba segundo y una victoria por dos goles lo colocaba primero de grupo. Difícil panorama para encarar un partido de fútbol desde el punto de vista especulativo. No lo hizo. Los de Allegri salieron a comerse al rival con un nivel de intensidad, presión y juego acorde con el rugir de una grada espectacular. Una ambiente hostil que pone a prueba el carácter del equipo que está enfrente pero de eso, de carácter, es precisamente de lo que este Atleti del Simeone anda sobrado. Sin mover un pelo, los madrileños plantaron cara como saben. Con rigor, fuerza, intensidad y generosidad táctica. Sin doblar el pulso. Sin soberbia pero sin miedo. Los dos entrenadores se habían estudiado hasta la extenuación y si la defensa “mixta” de Mandzukic a Pirlo hacía retrasarse unos metros al astro transalpino, la rápida circulación de balón de los de Turín hacía que el eficaz balance defensivo madrileño presentase pequeñas grietas. Especialmente por ese lado izquierdo que tanto le cuesta defender al bueno de Siqueira. Pero mientras que el balón fue prácticamente monopolizado por los italianos toda la primera parte, la realidad es que las mejores ocasiones (las únicas, de hecho) llegaron de lado madrileño, especialmente un remate de Koke desde la izquierda que Buffon sacó al poco de empezar el partido, demostrando por enésima vez lo buen portero que es.

La segunda parte siguió por los mismos derroteros. Quizá con algo menos de profundidad por parte de los colchoneros, lo que provocó el que durante el primer cuarto de hora saltasen algo las alarmas. Incluso aparecieron ciertas inseguridades en un Moyá que por otro lado apenas había entrado en el partido. Pero esos minutos sirvieron también para coronar a los que ya estaban siendo los mejores del encuentro, los dos centrales. Muy especialmente a un excelso Giménez que hoy se ha graduado como jugador de élite en el mejor de los escenarios posibles. El partido que se ha marcado el joven uruguayo es de enmarcar. De esos que muy probablemente supongan un antes y un después en su carrera.

Pero mediada la mitad de la segunda parte me han venido a la cabeza las palabras de Michel al acabar su partido del Calderón. El reconvertido madridista dijo que llevaba muchos años en el fútbol y que sabía como acababan estas cosas. Es decir, que pasarían Atleti y Juve. Cualquiera que haya visto el partido (salvo que sea periodista deportivo español, tertuliano español de éxito o tenga dañado el cerebro) habrá comprobado que el fantasma del “Biscotto” que amenazaba con aparecer no lo hizo. Se jugó de poder a poder. Pero es cierto que a falta de un cuarto de hora del final las cosas empezaron a verse de otra manera. Probablemente Michel se refiriera a esto último, no lo sé, pero es cierto que estas cosas sí que pasan en el fútbol normalmente. Los italianos eran conscientes de que los griegos ganaban y que un gol del Atleti les echaba fuera así que minimizaron los errores y dejaron de arriesgar. Los colchoneros sabían que el empate les dejaba primeros así que dejaron hacer a la Juventus. Al fin y al cabo es lo que estaban haciendo ya desde hacía rato, concentrados más en defender que en atacar. Como si de un lenguaje de signos se tratara, los entrenadores decidieron también no hacer ningún cambio, en lo que a mí me parece un mensaje cifrado desde los banquillos: “si tú no vas yo no voy”. Voilà. Empate a cero.


El Atleti pasa por segundo año consecutivo primero de grupo y lo hace en un estadio histórico, el de la Juve, que celebraba a rabiar quedar segundo por detrás de los madrileños. Histórico. Estoy escribiendo estas líneas muy cerca del barrio de Ste. Catherine en Bruselas. Llevo desde ayer rodeado de aficionados al fútbol de toda Europa que no paran de verter elogios sobre el Atlético de Madrid. Siguen haciéndolo. Me transmiten su envidia y me dicen el ejemplo que supone este equipo para el mundo del fútbol. El éxito romántico de un equipo que se impone al dinero y las estrictas reglas del fútbol moderno. Lo dicen ellos, no yo. La imagen del Atleti que se recoge de todas esas opiniones, es también lo que leo en la prensa local, la inglesa, la francesa, la italiana. Pero esa imagen no tiene curiosamente NADA que ver con el equipo que describen los diarios, las televisiones y las emisoras de radio españolas. De hecho, lo que dice todas esa Pléyade de estómagos agradecidos, es todo lo contrario. No hace falta salir de España para verlo pero haciéndolo es todavía más fácil confirmar la auténtica pocilga que supone el mundo del periodismo deportivo patrio. Lo bochornoso, lamentable y repugnante que es tener que aguantar lo que aguantamos los aficionados al Atlético de Madrid teniendo a esa gentuza como referentes de un país. Los dichosos mercenarios de la caspa. Qué asco.  

Deslumbrados

Elche 0 - At. Madrid 2

Es muy difícil enfocar la vista con un torrente de luz apuntando a los ojos. En esas circunstancia lo normal suele ser permanecer deslumbrado intentando no peder el norte, e incluso tener que soportar episodios de ceguera temporales. Los aficionados al Atlético de Madrid estamos acostumbrados a vivir en condiciones muy semejantes. El intenso e infinito haz de luz, supuestamente blanca, que como un torrente insaciable brota de la galaxia profiláctica con la que los medios de comunicación han conquistado el mundo, hace muy difícil poder ajustar la visión sobre cualquier cosa medianamente interesante y al margen de su selección de delicatessen. Pero es que además, insaciables en su cruzada por aniquilar cualquier atisbo de inteligencia entre la información deportiva, al sistema no le basta con ocupar todos y cada uno de los poros de la información sino que tiene como misión proritaria exterminar cualquier traza de disidencia que pueda existir en el único mundo posible. El de “todos”. Pero cierren los ojos por un momento y reflexionen. Intenten abstraerse de esa sensación de que las cosas no marchan en el Atleti, de que hay que resignarse a lo que tenemos y de que “ya nada es como antes”. Concéntrense en los hechos y en los datos. Después de 14 jornadas el Atleti está a 4 puntos del “mejor equipo de todos los tiempos y todos los universos pretéritos y futuros” al que además ya ha ganado en su campo. Es supercampeón de España (ganando precisamente al equipo de “todos”) y está matemáticamente clasificado para octavos de la Champions League. La última vez que perdió un partido en casa teníamos otro rey en este país. Cada vez que hay partidos internacionales Simeone tiene que entrenar con el filial. Mandzukic lleva más goles con el Atleti que Diego Costa con el Chelsea y si miras al banquillo colchonero ayer puedes ver a: Griezmann, Cerci, Miranda, Oblak, Ansaldi o al Cebolla Rodríguez, todos ellos internacionales por su país. ¿Dónde está el problema? pregunto. Es evidente que únicamente está en nuestras cabezas. En la falsa sensación de angustia provocada por el efecto deslumbrante y mentiroso del foco.

El Atleti ganó en Alicante con una solvencia y superioridad impropia de otros tiempos. De casi todos los tiempos, seamos honestos. Después de muchas décadas viendo fútbol habría que ser muy imbécil para reconocer que la temporada 2013/2014 fue excepcional en casi todos los sentidos. Está bien que nos hayamos acostumbrado a que empatar fuera de casa sea un fracaso pero seríamos muy estúpidos si olvidásemos que eso no siempre fue así. El Atleti saltó al Martínez Valero a ganar el partido que es lo que tiene que hacer en todos los campos y lo hizo, claro está, con el traje diseñado por su entrenador. Un traje que a mí no me gusta (se me abren las carnes viendo a Griezmann en el banquillo) pero un traje con el que ganamos. Y no hay más. En evidente que a Simeone no le convence el aporte táctico y defensivo del francés y es evidente que no lo considera titular en partidos que intuye exigentes a ese respecto. No lo entiendo pero él ha ganado la liga y yo no. Simplemente por eso mis opiniones (lícitas, ojo) tienen que venir pulidas por el mayor de los respetos hacia la figura que nos ha devuelto a la elite.

El juego comenzó tosco e impreciso. Los alicantinos atrás, compactos y agresivos, y los madrileños presentando una versión algo más depurada de lo mismo. Poco fútbol y mucho físico inundaron los primeros minutos hasta que los madrileños consiguieron hacerse tímidamente con el control del juego. Sin aspavientos ni mordiente pero con un punto más de ambición por llegar a la portería contraria. Corría el minuto 15 cuando llegó el primer córner a favor de los rojiblancos y ya sabemos lo que esto significa. Mientras el mundo del fútbol se sentaba a esperar el enésimo pase de Koke al primer palo que acabase en uno de esos goles que luego no les sirve a los eruditos que dominan las redacciones deportivas de la galaxia, el canterano ejecutó una maniobra imprevista que volvió a poner de manifiesto la capacidad infinita de creación que tiene Simeone para el juego parado. Sacó en corto para que tras unos milisegundos de tocar el balón en paredes cortas, Siqueira pusiese un balón a Arda y éste (en posible fuera de juego) metiese la pelota en el área, dónde estaba Giménez con algo de espacio. El joven central uruguayo se desató con un control orientado y un remate a puerta dignos de ariete de elite. Golazo del charrúa que puso la guinda a un partido soberbio. Imbatible en el corte, contundente por alto, interesante con la salida de balón y con muy buenas sensaciones en el césped. Habemus central de categoría. Con minutos y confianza podemos estar delante de un jugador muy importante.

El 0-1 asentaba el modo de juego del Atleti que ahora, sin necesidad de arriesgar, se encontraba más cómodo tocando la pelota. El Elche entendió que su única posibilidad frente al vigente campeó de liga pasaba por no recibir goles pero cuando un cuarto de hora después de comenzar el partido vio que aquello no era posible, tomo conciencia de que tampoco tenía plan B. Y así pasaron los minutos, sin pena ni gloria, con la sensación de que los levantinos no pensaban salir de su campo y que los madrileños podrían haber sentenciado el partido con un poco más de ambición.

La segunda parte siguió por los mismo derroteros. El Atleti se gustaba, con un Tiago mandón y equilibrando el equipo y el resto de la plantilla reencontrándose con ellos mismos. Mandzukic jugando para el equipo en lo que probablemente haya sido su mejor partido de rojiblanco, Siquiera demostrando que si olvidamos sus episodios Fringe cuando actúa en defensa es un jugador muy interesante, Gabi recuperando poco a poco su estado de forma y Arda Turan siendo Arda Turan. El puto amo. El 0-2 llegaría apenas diez minutos después de la reanudación tras un excelente pase de Gabi al hueco que Mandzukic parece primero no controlar bien pero que después remata como el delantero de clase mundial que es (aunque creo que Tyton, portero del Elche, no está muy afortunado tampoco). No va más. El resto del partido fue un calvario para los de Escribá y una sesión de SPA para los colchoneros.


El martes nos jugamos la primera plaza del grupo en Turín y el domingo refrendar el buen momento en liga frente al Villarreal. La realidad avanza a tal velocidad que es prácticamente imposible recrearse en los buenos momentos pero una cosa es no poder prolongar la fiesta y otra olvidarse de los buenos tiempos. Cometeríamos un error tremendo haciéndolo. Por mucho que la estupidez humana, como la galaxia “blanca”, sea infinita. 

Vísceras

Las previsiones amenazaban lluvia torrencial sobre el Vicente Calderón y eso fue lo que motivó el que mis resentidas vísceras, las mismas que pocas horas antes habían estado soportando durante días temperaturas por encima de los 40ºC, decidieran esta vez quedarse en casa. Era evidente que el día empezaba torcido.

Un par de horas antes del pitido inicial del Atleti-Depor, descubrí a través de twitter que un “hincha” del equipo gallego había sido “agredido” y se encontraba en preocupante estado crítico. Las mismas vísceras juiciosas de antes volvieron ahora a coger temperatura pero esta vez por razones bien distintas. Esta vez la fiebre venía provocada por el asco extremo que me da la violencia, en todas sus formas y en todos sus contextos. Como un angustioso fantasma del pasado volvía a mi memoria aquella otra trágica fecha en la que el escudo de mis amores se veía manchado de sangre y de mierda por culpa de un puñado de inadaptados que, por falta de riego cerebral, confunden el culo con las témporas. La rabia se mezclaba con la impotencia dentro de mi maltrecho cuerpo en una suerte de mezcla explosiva que me agrió el carácter, como mínimo, para lo que quedaba de día. Decidí ir a ducharme, como si de esa manera tan sencilla y metafórica pudiese limpiarme la vergüenza de compartir afición con una pléyade de animales y descerebrados. No fui capaz, pero al menos salí convencido de que es a ellos y no a mí a los que debería darles vergüenza.

Con el pelo todavía mojado llegaron las noticias de que el tal hincha era en realidad otro descerebrado más. Otro ultra. Otro animal violento que lo distinguía de su agresor detalles tan nimios como el color de la bufanda o una supuesta ideología política que dudo fuese capaz de explicar simplemente con palabras. Pero mis maltratadas vísceras volvieron a sufrir cuando con incredulidad y a base de píldoras de información difíciles de creer, conocía más detalles del lamentable incidente. Habían tirado a un tipo al río después de haber sido apaleado, sí, pero no había sido un hecho aislado sino consecuencia de una batalla campal entre docenas de alimañas armadas con cuchillos y bengalas que mediante las redes sociales se habían dado cita en el centro de Madrid para matarse. En ese momento no sólo mis vísceras sino el resto de mi cuerpo se morían de pena mientras uno era incapaz de encontrar una explicación lógica a una atrocidad de semejante calado. El nivel de incredulidad llegó incluso al paroxismo cuando este humilde escribiente descubrió que la víctima era un tipo de 42 años con dos hijos que había recorrido 600 km en autobús ataviado con una bufanda blanquiazul y un cuchillo para ir a matar o morir. Vete tú a saber las razones que pueden llevar a alguien a hacer algo así.

Quince minutos antes de empezar a rodar el balón el miembro de los Riazor Blues agredido estaba clínicamente muerto. Como aficionado al Atlético de Madrid que soy, en ese momento no quería ver ningún partido de fútbol y entendí que lo más razonable era suspenderlo. Me consta que no era el único que pensaba así. Leo ahora que no fue posible por una llamada que no llegó o no sé qué otra excusa burocrática del mismo perfil. Me suena todo a paparruchas. Lamentable en cualquier caso. En forma y en fondo. Pocos minutos después de que el balón comenzase a rodar aparecía por la red, a toda velocidad, la noticia del fallecimiento del ultra coruñés. Aquello no cambiaba nada o lo cambiaba todo, no lo sé, pero quizá fue un punto de inflexión para que, al menos en mis vísceras, mi cuerpo y mi cerebro, decantasen ciertas reflexiones que prefiero compartir.

La violencia en el fútbol es un problema de todos. Apartarse es tan cínico como cobarde. Por acción u omisión, todos los estamentos que rodean al mundo del fútbol no están (estamos) haciendo lo que se debería para acotar esta lacra que poco a poco escribe el relato más horrible de un deporte tan maravilloso como el que nos ocupa.

No puede inhibirse el Club Atlético de Madrid. No, por favor. No puede salir su presidente, para bochorno de aficionados colchoneros entre los que me incluyo, quitándose de en medio y aludiendo a que la pelea tuvo lugar muy lejos del Calderón. ¿Y qué más da, Sr. Cerezo? ¿De quién es la responsabilidad de que la mayoría de los salvajes que estaban allí matándose estuviesen luego dando palmas dentro del Estadio? ¿Quién es el único que podría evitarlo? No puede salir tampoco ese ser taciturno ser que hace las veces de Consejero Delegado en mi equipo a decir que él no es nadie para disolver el Frente Atlético. Ya me gustaría a mí que efectivamente esa persona no fuese nadie en el Atlético de Madrid pero desgraciadamente es su principal accionista. Máximo responsable de su gestión y por lo tanto un protagonista estelar en esa especie de matrimonio oscurantista, con este señor todo es oscurantista, que durante años parecen disfrutar Club y Peña Ultra. ¿De verdad el Club Atlético de Madrid no puede hacer nada en este sentido?

Tampoco creo que se pueda inhibir el Frente Atlético con la excusa de que 100 personas no pueden representar a 3000 porque desgraciadamente sí que pueden hacerlo. Lo están haciendo, de hecho. Si efectivamente el Frente está mayoritariamente compuesto por gente sana y cabal, tienen hoy una oportunidad maravillosa para desmarcarse de los delincuentes, aislarlos, denunciarlos, desterrar la violencia en todas sus formas e incluso de refundar la peña si eso hiciese falta. Si no lo hacen habrán perdido la guerra y quieran o no, lo sean realmente o no, seguirán pareciendo cómplices.

Tampoco podemos inhibirnos los aficionados que reímos las gracias o que simplemente callamos. Ir a ver un partido de fútbol (y no se queden en detalles tan absurdos como el nombre del estadio o el color de las camisetas) es asistir a un concierto de insultos, descalificaciones y violencia verbal barata. Sin motivo alguno, además. Me da asco escuchar exabruptos obscenos y gratuitos que muchas veces, demasiadas, atentan contra las pocas cosas que nos distingue a los humanos de las alimañas. Pero generalmente callamos o miramos para otro lado. Dejando simplemente que escampe. Estamos tan acostumbrados a ese torrente de odio, que asimilamos como naturales cosas que no lo son y que en el fondo están sentando los cimientos de lo que viene después.

No se pueden inhibir tampoco los equipos rivales. Cualquiera. No es un problema del Atlético de Madrid como Club apestado. El tipo que cayó al río estaba vestido con los colores del Depor pero podría haber llevado el rojo y el blanco perfectamente. ¿Cambiaría eso el relato? Quiero creer que no. Para mí al menos no lo hace. Es una desgracia la muerte de ese hombre pero cometería un error la hermandad deportivista si de él hacen un mártir. No lo es. Es un tipo que se parecía demasiado a su agresor y que sólo la suerte, su ausencia en realidad, ha hecho que no tengan hoy los roles cambiados. No se puede inhibir el Depor igual que no se puede inhibir cualquier otro equipo porque el problema es tan suyo como mío. Es más útil arrimar el hombro que mirar por encima de él.

No se pueden inhibir las autoridades que en un ejercicio de “austeridad” económica decidieron catalogar el partido como de bajo riesgo. Tampoco las fuerzas policiales que no fueron capaces de detectar una convocatoria masiva a través de la red. Tampoco el Ayto. o el Delegado de Gobierno que tienen ahora la espina clavada de haber sido incapaces de prevenir una batalla campal de docenas de delincuentes violentos armados en el centro de Madrid. Explíquenle a los vecinos de Arganzuela que eso es un tema que tienen que solucionar los clubes.

Y no se puede inhibir el gremio periodístico que, como todos los anteriores, suele hablar del problema desde la distancia. Ponderando. Dogmatizando. Como si foco y resultado ocurriesen en otro planeta. Sin mancharse. Sin ser capaces de ver por el camino la responsabilidad que tienen en la generación de parte del caldo de cultivo en el que se cuece todo ese odio. Repasen portadas. Repasen comentarios. Repasen tertulias. Repasen tuits de anormales con micrófono y pluma. Repasen ustedes también, porque es sano, la capacidad de generar odio que tienen.

¿Y el partido?, preguntarán.

A quién le importa.  



Pensamiento oriental

At. Madrid 3 - Málaga 1

Decía Mao Tse-Tung que la crítica debe hacerse a tiempo. Que no hay que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar sólo después de consumados los hechos. Parece evidente que las vedettes del periodismo deportivo patrio, así como los millones de ávidos comedores de alpiste que todos los días escuchan sus arengas, no son muy de seguir las enseñanzas del pensamiento oriental pero eso es casi una prueba evidente de lo acertado del mismo. Tras la derrota del equipo de Simeone en Anoeta, los analistas del veneno, los tertulianos de las estupidez y toda esa cohorte de aplaudidores que conforman el engrudo principal de ese mundillo, salieron con el cuchillo entre los dientes a descuartizar al conjunto rojiblanco. Como setas venenosas después de una ligera lluvia, aparecieron para poner los supuestos puntos sobre las supuestas ies. Con análisis que difícilmente podrían aguantar una simple revisión lógica pero eso no ha sido nunca un problema pera estos amigos de lo tóxico. Con esa valentía ruin que les caracteriza y que siempre sacan a toro pasado. A estas alturas de película debería darnos igual a todos los que vivimos ninguneados por la actualidad y al margen de la rabiosa tendencia mediática, pero no parece ser así para un nutrido grupo de colchoneros que una y otra vez caen en la trampa y que no sólo comen diligentemente su ración de bazofia diaria sino que son además capaces de regurgitarla en público. Una lástima con la que reconozco no poder luchar pero que, aunque me incomoda, realmente me da absolutamente igual. Paso de los unos y de los otros.

El Atlético de Madrid ha hecho hoy un buen partido que le ha servido para derrotar claramente a un Málaga que venía con la vitola de llevar cinco partidos consecutivos sin perder, pero que no lo ha parecido. Aun así, parece que siempre quedará la inercia de comparar a Moyá con Courtois, a Mandzukic con Costa o a Ansaldi con Filipe Luis. Absurda costumbre que me parece que tardará en extinguirse por el Calderón. Independientemente de que nos parezca bien o mal el Atleti 2014/2015 es otro equipo y lo va a seguir siendo hagamos lo que hagamos. Por esa simple razón, yo al menos, prefiero estar dispuesto por lo menos a que me guste.

El horario de las cuatro de la tarde hacía que todos llegásemos algo apresurados al estadio pero también que la grada se poblase de niños y familias que es algo que a mí siempre me resulta agradable. El ambiente era fabuloso y los jugadores colchoneros se encargaron de no aguar la fiesta. Salieron como motos a comerse al equipo andaluz y casi lo hacen a las primeras de cambio. Mis plegarias por ver a Griezmann, Arda y Koke por detrás de Mandzukic fueron escuchadas y el experimento no defraudó. El Atleti era intenso, rápido y poderoso pero además jugaba muy bien al fútbol. Mucho tenía que ver con ello la presencia en el centro del campo de un tipo portugués llamado Tiago. Griezmann ya avisó metiendo un buen balón que el croata colchonero no acertó a rematar antes de la jugada del primer gol. Jugada que empezó siendo una excelente combinación por la derecha en la Arda desplegó parte de su inmensa magia (lo seguiría haciendo toda la tarde) para que el balón llegara a la frontal del área y fuese rematado por Koke a la mano (clara) de un jugador malagueño que, por supuesto, el árbitro no vio. La acción terminó siendo un córner pero ya sabemos que en el Calderón eso no sólo no es malo sino que son palabras mayores. Tanto es así que algunos segundos después el marcador reflejaba ya el 1-0 tras remate de cabeza de Tiago. El portugués que volvía de una prolongada lesión ha demostrado hoy lo importante que es para este equipo. Su presencia acerca al equipo al fútbol, libera a Gabi de suertes que no sabe manejar y protege a los jugones de arriba. Se me antoja un jugador vital en el Atleti contemporáneo que, lamentablemente (y lo digo hoy como lo dije ayer), no tiene sustituto.

Uno esperaba que el 1-0 sirviese para que el Málaga abandonase su posición ordenada y timorata, tratando de meterse en el partido. No ocurrió así. Siguieron jugando como si no hubiese ocurrido nada reseñable, lo que aprovecharon los de Simeone para no sufrir. Se paró el ritmo y la intensidad pero los madrileños no perdieron el control. Sin pena ni gloria se llegó de esa forma al descanso.

La segunda parte pareció mostrar un equipo malacitano algo más metido en el partido. El Atleti aceptó el envite pero lo hizo desde esa posición replegada con la que encara los partidos en los que domina el marcador. La cosa en cualquier caso parecía seguir funcionando bien para los del Cholo hasta que una buena jugada por la izquierda de Samu Callejo (ayudado por cierta relajación de Ansaldi) fue rematada de forma acrobática por Santa Cruz para reducir distancias. Los minutos posteriores provocaron cierta intranquilidad en la grada que, en mi opinión, no se correspondía con la realidad. El Málaga había llegado una vez y había metido un gol. No parecía haber motivos para estar nerviosos (de hecho no volvieron a tirar a puerta en lo que quedó de partido) pero parece que la campaña en pro de sembrar la incertidumbre en las filas colchoneras, esa campaña que tiene su epicentro en las redacciones mas populares (o populistas, como quieran), está cuajando.

Raúl Jiménez había salido al campo en sustitución de un apático Mandzukic que se marchaba lesionado. El cuestionado mejicano hizo hoy buenos minutos jugando de único punta. Fijando la defensa, bajando el balón, dando oxígeno y tirando diagonales. La lástima fue (o es) la patente falta de gol que sigue manejando. En una estupenda jugada de Griezmann, otro buen partido del francés que a pesar de un par de fallos al final parece acercarse a lo que su entrenador quiere de él, Raúl Jiménez se llenó de ansiedad y remató directamente al portero en una posición bastante clara. Afortunadamente uno de los de siempre, Godín, volvió a poner las cosas en su sitio entrando como un bisonte al segundo palo tras pase de Tiago desde la derecha para poner el tercero del marcador. Poco más. Un expulsado por cada equipo (Samu y Gabi) y la sensación de que el partido se había ganado con bastante solvencia.


El Atleti sigue con paso firme arrastrando a su paso todas las dudas. Las reales y las ficticias. Las inocentes y las dañinas. Dudas y reproches que estuvieron, están y estarán. Por dentro y por fuera. Es así y lo mejor será vivir con ello pero al margen. Esperando en silencio al siguiente episodio que en este caso habla griego y se llama Olympiakos.  

Toro o torero

Real Sociedad 2 - At. Madrid 1

No suelo parafrasear a Jorge Valdano, Dios me libre, pero viendo el partido del Atleti en Anoeta me ha venido a la cabeza una frase que le escuché hace tiempo (y que probablemente vendría a su vez de otro sitio): el equipo no sabe si ser toro o torero. Viendo a los de Simeone perderse en San Sebastián en batallas de ardor guerrero, frío ajustes tácticos o balonazos hacia el eter, sabiendo además que esporádicamente son capaces de demostrar a propios y extraños que también saben sacar el balón combinado y con criterio para llegar al área contraria, me hace pensar que este nuevo Atleti se está equivocando de camino. Y no me confundan con esos rapsodas de la demagogia que abogan por el fantasioso juego de Play Station y que confunden el fútbol con un concurso de malabarismo. No es eso, pero al fútbol se juega con una pelota y eso es algo que últimamente el equipo parece olvidar de forma voluntaria. ¿Por qué? Sinceramente creo que el Atleti necesita adaptarse al momento, olvidarse del pasado, tirar de personalidad y  utiliar todos los recursos que tiene al alcance para llegar a su máxima expresión.

Podemos seguir llorando toda la vida la marcha de Costa, Courtois o Filipe Luis pero no servirá de nada. Podemos analizar la desgracia (y el por qué) de tener que vender a los mejores jugadores año tras año pero haciendo eso la realidad nos pasará mientras tanto por encima. Ya no están y no van a estar. El año pasado Diego Costa condicionaba la forma de jugar. El año pasado poner al equipo a 10 metros del área no era un problema pero ya no podemos contar con ninguna de las dos cosas. El hispanobrasileño era capaz de bajar melones del cielo, parar el balón, combinar y sobre todo encarar la puerta contraria con muchos metros por delante. Hoy no tenemos a nadie que pueda hacer eso y no lo vamos a tener. Entre otras cosas porque Costa es el mejor del mundo haciendo eso y el resto serán todos peores. El equipo sigue insistiendo en ello pero lo único que obtenemos es frustración. Durante quince años hemos tenido delanteros que ganaban partidos. Jugadores independientes que se buscaban la vida. Mandzukic no lo es. Es un rematador dependiente de sus compañeros y con poco más que ofrecer. ¿Es malo? No lo creo. Es seguramente mejor que las otras opciones que se barajaban en verano. El problema, el gran problema, es que es inferior a todos los que hemos tenido.

El Atlético de Madrid de Simeone ha demostrado al mundo que a base de fuerza, intensidad y rigor táctico se pueden reducir las distancias con equipos muy superiores técnicamente. Así hemos ganado copas y ligas que recordaremos toda la vida pero también ha servido para que el resto de equipos lo tomen como referencia. Ahora ocurre al contrario. Todos y cada uno de los equipos a los que nos hemos enfrentado desde que ha empezado la liga (excepto el Madrid) ha intentado jugarnos con esa idea en la cabeza y la Real Sociedad no iba a ser menos. Es algo lógico y eso hace que, paradojas de la vida, la distancia entre los equipos se reduzca. Por eso creo que el Atleti se equivoca enrocándose únicamente en esa tesitura de la testosterona sin acumular nuevos registros a su fútbol. Especialmente cuando tiene recursos para hacerlo. Especialmente cuando luego te ganan por fútbol equipos que en esa faceta no son superiores. 

El partido comenzó como comienzan todos los partidos del Atleti últimamente. Choques, faltas, piques, velocidad y poco fútbol. Los rivales, aupados por medios de comunicación mezquinos y árbitros mediocres, siguen confundiendo intensidad con violencia. En ese pastiche salió mejor parado el equipo vasco, con un Vela demostrando lo gran jugador que es y que ponía sentido y criterio al ataque txuri urdin. El Atleti aparecía bien colocado pero frío e impreciso. No veíamos a Koke y salvo que Arda recibiese un balón de casualidad, nadie en el centro del campo colchonero era capaz de dar dos pases. Pero el drama llegaba al corazón colchonero cuando veía (como ocurrió antes y después de los goles, en Malmö y en tantos otros sitios) que si lograba tener el balón cinco segundos y combinarlo, salían cosas y parecían otro equipo.

A los diez minutos la falta de originalidad de los colchoneros tuvo sin embargo reconpensa. Enésimo balón que sacó Moyá a la cabeza de Raúl García para peinársela a Juanfran y que el lateral le devolvió para que el navarro metiera un buen balón al área que remató Mandzukic llegando por el segundo palo. El 0-1 podría haber puesto la tranquilidad y la pausa en el partido (como también ocurría el año pasado) pero no sucedió así. Cinco minutos después, tras el clásico pasito atrás de los madrileños y las ganas de jugar de los donostiarras, el mejicanco Vela, que para entonces ya era el mejor del partido, enganchó un buen balón con la zurda desde fuera del área que se coló en la red. Leí por ahí criticas a Moyá por encajar el gol pero pero yo no creo que sea error suyo. Que Courtois hacía paradas milagro como esa es cierto, pero ahora tenemos un portero terrenal. El nuevo cancerbero colchonero genera muchas dudas en las salidas y quizá no tenga ese registro que lo lleve a la escelencia pero está realizando una buena campaña. Sería injusto decir otra cosa.

A partir de ahí la Real Sociedad se hizo con el control del partido y el Atleti, dando la sensación de hacerlo voluntariamente, dejo de existir. Con los txuri urdin teniendo el balón y los rojiblancos parapetados en su campo la salida de los de Simeone se antojaba imposible. Mario Suárez era incapaz de sumar en la construcción (lo normal). Gabi (otra vez) perdido. Koke anulado por la responsabilidad de tener que hacerlo todo. Arda jugando a un deporte distinto que sus compañeros. Raúl García constantemente protestando al árbitro como principal aportación y Mandzukic esparando a la luna de Valencia. Llegado a este punto es cuando ni entiendo ni puedo entender la ausencia en la titularidad de uno de nuestros mejores jugadores: Griezmann. Y me dan igual las razones, si es que existen. No me valen. Los mejores jugadores tienes que estar en el campo y punto. No entiendo el fútbol de otra forma. Puntualmente, partidos clave, rivales importantes, momentos concretos, me pueden valer otras fórmulas pero no como recurso habitual en la jornada 11 de Liga frente a un equipo en posiciones de descenso. 

Antes del descanso el equipo vasco ya pudo ponerse por delante si el árbitro hubiese pitado un penalti de Godin a Vela o hubiesen acertado a meter un error tremendo de Miranda (no fue el único del brasileño) que permitió a Aguirretxe regatear a Moyá y lanzar a puerta vacía pero el donostiarra no tuvo en cuenta que por ahí venía Godin disfrazado de su mejor versión para sacar el balón en la línea de gol. Dio igual. Era cuestión de esperar. La segunda parte fue más de lo mismo, con el añadido de la estupidez del lateral Siqueira que en apenas cinco minutos se expulsó del campo (bien es verdad que el árbitro había perdonado segundos antes la segunda amarilla a Vela por mano descarada). Un jugador profesional no puede hacer la entrada que hace Siqueira teniendo amarilla, jugando en el centro del campo y estando el partido como está. La tarjeta ni siquiera me parece rigurosa. Error grave que dejó a los colchoneros todavía más aturdidos de lo que estaban y a la Real con motivos para creer en la victoria. Aun así, el Atleti pudo haber reventado el partido con una gran jugada por la izquierda en la que Ansaldi (había salido tras la expulsión) colgó un gran balón al área que dejaba solo a Mandzukic en el segundo palo pero el croata... digamos que no es Agüero ni Forlán, ni Falcao ni Diego Costa. Fue un espejismo. Una jugada de calidad en mitad de un ponche de fútbol horrible. Un ponche que tampoco supo arreglar un Simeone que, paralizado en la banda, no acertó con los cambios. La victoria local llegó finalmente de cabeza, tras un nuevo error de Miranda que defiende muy lejos a Aguirretxe. El gol hacía justicia a lo que había pasado en el campo.


Victoria justa de la Real Sociedad que provoca un contratiempo en el devenir colchonero y que básicamente debería servir como aliciente para la reflexión. Estamos en una buena posición en todos los frentes y en todas las competiciones así que no creo que debamos rasgar las vestiduras ni cortarnos las venas pero no podemos tampoco engañarnos: el equipo no funciona. Se empeña en ciertos latiguillos del año pasado que ya no sirven y que desgraciadamente, porque no tenemos mimbres para ello, no van a volver a servir. El equipo tiene margen de mejora, sí, pero para ello necesitamos tirar de personalidad. Eliminar complejos. Poner a nuestros mejores hombres y adaptarnos a ellos. Decidir efectivamente si queremos ser toro o torero.

@enniosotanaz

Seguir creciendo

Malmö 0 - At. Madrid 2

Una de las novedades más interesantes del Atlético de Madrid de esta temporada es la amplitud de recursos. Donde el año pasado el equipo tenía que hacerse físico y vertical, al no existir otra posibilidad, este año tiene la posibilidad de mucho más juego entre líneas y de controlar el partido a base de manejar el balón. Es más, con el cambio de ariete, la verticalidad demoledora de antes se torna ahora en un recurso mediocre y ramplón. Ya no vale. Es evidente que no voy a jugar a ser entrenador del Atleti, Dios me libre, pero no termino de entender esa querencia de Simeone por llevar al equipo al terreno de la brega, incluso frente a equipos claramente inferiores en el resto de aspectos del fútbol. Me temo que eso es lo que ha ocurrido hoy. También es verdad que las cosas no salen siempre como se piensan y que enfrente hay un equipo que plantea sus armas sobre el tapete y sobre ellas tienes que improvisar, pero no da la sensación que el plan, desde fuera, fuese otro. Estoy seguro de que existe una explicación para todo lo anterior pero si no la hay tampoco tenemos mucha alternativa porque me temo que veremos bastantes partidos como este en lo que queda de temporada.

El Atleti llegaba a Malmö (o Malmoe, como parece que se escribe en castellano) empatado a puntos con Olympiakos y consciente de que lo que ocurriese en Suecia resultaría crucial para las posibilidades de pasar a la siguiente fase de Champions. La prensa madrileña, con ese proverbial desprecio que tiene por todo aquello que no sea Real Madrid, apenas daba importancia al partido y cuando lo hacía casi siempre aparecía envuelto en esa estúpida soberbia que calificaba a los escandinavos de perita en dulce. Quizá desconocían que hacía 8 partidos que nadie metía un gol en ese campo jugando la máxima competición europea. 

El entrador de los suecos había advertido que quería que su equipo se acercara más en intensidad a los madrileños y a fe que lo hizo. El partido comenzó con un nivel de tensión y agresividad realmente alto. Impidiendo el juego fluido y llevando el partido a un ritmo que provocaba cierta precipitación y que hacía muy difícil la continuidad. El Atleti aceptó el reto sin miedo a que el traje se arrugara, como acostumbra, pero enseguida todos vimos que cada vez que los de Simeone cogían el balón y trataban de jugarlo la diferencia entre los dos equipos se agrandaba a pasos agigantados. El problema es que no lo hacían mucho. ¿Por qué? Mario Suarez y Gabi soltaban rápido y sin precisión y solamente cuando Koke conseguía contactar con Arda el equipo respiraba. Raúl García peleaba pero no entraba en la combinación y Mandzukic tres cuartos de lo mismo. Así siguió la primera parte, con una lucha de poderes físicos salteadas de vez en cuando con alguna llegada con criterio de los del Cholo. Ya había avisado Raúl García rematando blando tras una gran jugada por la derecha pero no ocurrió lo mismo poco después. Juanfran, soberbio otra vez todo el partido, arranco desde la defensa prolongándose por la banda, llegando hasta la línea de fondo y metiendo un magnífico balón al área que Koke remató de tacón como sólo las grandes estrellas saben hacer.

El 0-1 en el marcador tranquilizaba los ánimos y daba la sensación de que abría el camino hacia un resto de partido controlado para el Atleti pero no ocurrió así. De hecho ocurrió todo lo contrario. El efecto se pudo intuir ya en el cuarto de hora que quedaba hasta el final del primer tiempo en el que vimos al equipo echarse demasiado atrás y renunciar miserablemente al balón, pero fue todavía mucho más intenso a la vuelta de los vestuarios. Los suecos, lejos de bajar el nivel de intensidad, mantuvieron el mismo ritmo (con la aquiescencia de una pésimo colegiado, todo hay que decirlo) y encerraron en su área a un Atleti que de forma incomprensible renunció por completo a jugar. Con Mario Suarez excesivamente retrasado y quitándose el balón de encima, con Gabi sin estar demasiado fino, con Arda cansado y Koke multiplicándose en todos los aspectos, los rojiblancos achicaban agua, llegaban tarde a la presión y permitían que el Malmö dominara el juego y el partido. Ahí aparecieron, como siempre, Miranda y sobre todo un Godin que volvió a dar otra lección a los ganadores de los premios de la Liga y sus repugnantes ideólogos. A punto estuvo de costar un disgusto sin embargo tanto repliegue. En una controvertida jugada en la que el árbitro podía haber pitado penalty pero que dejó en falta al borde del área, el saque pegó en la barrera y el rechace acabó con un tiro al poste cuando Moyá estaba ya por los suelos. Mal síntoma y mala lectura de un equipo que no puede sufrir tanto en estas lindes.

Afortunadamente pasados los primeros veinte minutos del segundo tiempo el equipo escandinavo empezó a acusar el derroche físico y sobre todo Koke consiguió, por fin, darle algo de criterio a la salida del balón. Es cierto que el panorama había cambiado ya para entonces pero la tranquilidad definitiva llegó sólo cuando Raúl García enganchó un rechace al borde del área como sólo el navarro sabe hacer, que ponía las cosas definitivamente del lado madrileño. Desde ese momento hasta el final, quedaba poco, las distancias se fueron abriendo todavía más entre los equipos y hasta el Cebolla consiguió marcar de cabeza un gol que anularon por claro fuera de juego.


Excelente resultado que sitúa al Atleti a la cabeza de su grupo en un partido raro, con fases muy complicadas y que sigue generando las dudas de ciertos desajustes defensivos, falta de fútbol en el mediocentro y un Mandzukic que sigue sin ver puerta. Pero el equipo sigue ahí, en todos los frentes, subido a la mejor plataforma posible para seguir creciendo. Debemos ser optimistas. 

Viviendo en el desierto

At. Madrid 4 - Córdoba 2

Hay una escena en El Club de Los Poetas Muertos en la que un Robin Williams en estado de gracia, invita a los incrédulos alumnos a que arranquen las primeras páginas de sus libros de poesía. La poderosa razón para hacerlo no es otra que en ellas aparece un método cartesiano para, mediante gráficas y criterios castrenses, poder asignar una nota a las obras de arte. Valiente estupidez. Tenía razón el Gran Capitán cuando hizo lo que hizo. El arte, como tantas y tantas cosas entre las que se incluye el desempeño futbolístico, no se puede calificar con números ni cifras. Esa y no otra es la principal razón por la que detesto (e ignoro) los trofeos individuales en un deporte eminentemente de equipo como es el fútbol. Se otorguen a Estrellita Castro o a Koke, se entreguen en Bruselas, en la sede de la LFP o en Don Benito. Pero dándome exactamente igual lo que formalmente ocurriese en la entrega de los premios de la Liga Florentino Pérez del otro día, lo que me parece verdaderamente repugnante es el insulto, el despecho y la falta de empatía que se tuvo con el Club Atlético de Madrid. Por parte de unos dirigentes corruptos y soberbios que actúan como una pandilla paleta del Palermo más mafioso, pero también por parte de esos compañeros de la primera división que como parte de la trama, en el mejor de los casos, no han sido capaces de dar la cara por los protagonista de una de las historias más bonitas y más cercanas del fútbol contemporáneo. Así se pudran. Unos y otros.

Por eso ha sido muy reconfortarte toparse esta tarde con la afición del Córdoba. Para volver a fijar la mirada en las cosas que de verdad importan y para recordar que el fútbol es eso que ocurre entre Madrid-Barça y Madrid-Barça. Lo que hace y que miles de personas viajen cientos de kilómetros para ver a su equipo, a pesar de estar en puestos de descenso y de tener que manejar un presupuesto irrisorio. El fútbol es ese puñado de miles de cordobeses aplaudiendo a su equipo después de perder 4-2 sin haber ganado un partido todavía. El fútbol es eso y no lo que aparece por la radio, por la tele o en las portadas para gañanes de los diarios deportivos. Odio eterno al fútbol moderno, sí, pero amor eterno al fútbol de verdad. Gracias a la afición del Córdoba por ser hoy ejemplar. Callando por momentos al Calderón, animando a su equipo en las buenas y en las malas y haciéndolo además sin emitir un insulto ni un desdén al adversario. Chapeau!

El partido en el campo ha sido también bonito y vistoso pero, a diferencia de lo que ocurrió en la grada, sólo existió un equipo. El Atleti salió como un toro y con una alineación que invitaba a soñar  en la que Mandzukic aparecía arropado por un tridente de lujo: Koke, Arda y Griezmann. El Canterano realizó un partido soberbio. Brutal. Erigiéndose en el líder dentro del terreno de juego, conectando con los mediocentros, imprimiendo intensidad y haciendo jugar. Se postula como primer candidato para sustituir a Gabi en esas lides, si es que no lo ha sustituido ya. El turco volvió a dar otro recital de manejo de la pelota, combinación y fútbol, pero eso ya no es ninguna novedad. Lo que si que fue novedad es que, por fin, el francés entró al nivel de sus compañeros y consiguió enseñar parte de lo gran futbolista que es. Conduciendo, combinando y metiendo goles. 

Los primeros 20 minutos del equipo fueron espectaculares. Un acoso brutal y constante que hacía al conjunto andaluz no poder salir de su propia área. El Atleti atacaba por la izquierda sobre todo (buenos detalles, otra vez, de Siqueiera) pero también tirando diagonales por el centro que acaban en tiros demasiado inocentes. Koke estuvo a punto de inaugurar el marcador pero el balón acabó en el travesaño. Pasado el ecuador de la primera parte el ritmo y la intensidad se frenaron. El Córdoba cogió oxígeno y pudo por fin desprenderse de la presión. Cierto runrún apareció en la grada. Las llegadas a la portería rival se frenaron pero el balón y el dominio seguían siendo rojiblancos. Afortunadamente para los de Simeone, Griezmann subió el primer gol al marcador tras un rechace que controla muy bien dentro del área y que teniendo luego la suerte de que su disparo posterior golpeara en un defensa, para acabar colándose en la red.

El segundo tiempo comenzó prácticamente igual que había terminado el primero pero todo cambió rápidamente cuando Ghilas aprovechó el despiste de Juanfrán en la marca para rematar a gol un saque de esquina. La euforia que emanaba la grada blanquiverde se coló por todos los rincones del Calderón, ayudando por el camino a que aparecieran las primeras dudas entre los más frágiles de espíritu que hoy se sentaban en las cochambrosas sillas del estadio. Pero afortunadamente los jugadores que hoy visten la camiseta del Atleti no son tan frágiles de espíritu. De hecho son todo lo contrario: fuertes, valientes y duros de moral. Se fueron para arriba y en apenas diez minutos solucionaron el partido. Primero con gol soberbio de Griezmann que remató de cabeza un excelente pase de Juanfran tras elaborada jugada por la derecha. Después con un remate, casi sin querer, de Mandukic que recogió un balón pasado que se comía el cancerbero cordobés. Raúl García (aunque me cuentan que en la televisión se ha visto que no fue él sino el defensa) cabeceaba otro balón lanzado dede la izquierda para subir el cuarto al marcador. El 4-2 del Córdoba llegó al poco del final y podría entrar en la categoría de anécdotas irrelevantes si no fuese porque llegó tras otro de esos desbarajustes de la defensa colchonera que ya nos ha dado algún susto serio esta temporada.

3 puntos obtenidos en un partido Epifanía en el que la grada a cantado el campeones, campeones a grito de pecho y en el que el Frente Atlético se ha acordado reiteradamente del señor Tebas. Es evidente que nos sentimos apartados de la riada de estiércol que emite la tan cacareada Liga Española y sus pregoneros. Viviendo ajenos al epicentro en el que se instala la sala de máquinas que mueve el mundo del fútbol pero es lo que hay. Tendremos que convivir lo mejor que podamos con ello porque, tal y como decía Séneca (que debía ser colchonero), el que no quiera vivir sino entre justos, que viva en el desierto. 

Dr Jekyll en Mr. Hyde

Getafe 0 - At. Madrid 1

Se me hace difícil entender que un jugador de fútbol tenga en la cabeza no ir hacia la portería si tiene la oportunidad de hacerlo. No correr a por el balón si todavía tiene fuerzas para ello. No poner intensidad si no hay ninguna razón para no hacerlo. Soy de los que creen que la labor del entrenador en el fútbol moderno es mucho más importante de lo que otros muchos fans de las individualidades creen, pero a veces el excesivo control del partido desde el banquillo provoca efectos secundarios que pueden llegar a paralizar al conjunto. Transformar al Dr Jekyll en Mr. Hyde. El Atleti casi tropieza en Getafe después de realizar una segunda parte ultra especulativa y mala, que tiene más delito todavía tendiendo en cuenta que viene después de realizar una de las mejores primeras partes fuera de casa que yo recuerdo en mucho tiempo. Puede que sea el cansancio (Champions el miércoles, gran exceso en los primeros 45 minutos) pero he notados ciertos tics que no me han gustado nada y que nos han podido contar un disgusto.

El partido comenzó con un ritmo trepidante y el clásico nivel de intensidad que plantean los jugadores de Simeone. En apenas cinco minutos ya vimos cuales serían las reglas del juego y que éstas estaban definidas por los rojiblancos. Parecían no estar dispuestos a ceder ni una sola de las fases del juego y a ello se pusieron. Dominando el balón, el juego, el tempo y el campo. Entrando por la izquierda, con un Siqueira algo más inspirado de lo que acostumbra y que ha tenido un par de detalles muy interesantes, y haciéndolo por la derecha con Juanfran que sigue en estado de gracia, como tocado por alguna divinidad. Koke era el mariscal del centro del campo mientras que Arda y Griezmann conectaban bien entre líneas. Excelentes minutos de los rojiblancos que jugaron muy bien al fútbol y cuyo único pero, otra vez, fue no encontrar puerta. Con muchos córners, varios balones colgados, algunos tiros desde fuera (Griezmann, Raúl García,...) pero siembre con falta de precisión a la hora de encarar la puerta. El Getafe no existía pero tuvo dos claras ocasiones que Moyá desbarató con mucha solvencia. Al final el gol llegó, como no, tras un saque de esquina botado por Koke y tras un lío en el área que aprovechó el más listo en ese ambiente: Mario Mandzukic.

Personalmente pensaba que lo que quedaba del partido sería tranquilo. El Getafe no había enseñado nada y el Atleti es un maestro a la hora de controlar partidos. Nada hacía pensar que pasaríamos los nervios que luego pasamos pero desgraciadamente hoy se le fue la mano al equipo a la hora de especular y controlar el juego. No sólo es que reculase en su posicionamiento en el campo, que también, sino que mató el ritmo, eliminó la intensidad y lo que es peor, parecía como si no quisieran ir a buscar la portería contraria. Eso metió al Getafe en el partido que aprovechando el parón y tirando de violencia. Casi si querer se adueñó del encuentro y lo hizo independientemente de la estupidez de Alexis y su deriva macarra que acabó sacándolo del campo y dejando a su equipo con 10. El getafense perdió un balón en banda, se cabreó y le soltó un codazo a Mandzukic tan evidente como estúpido. Es muy probable que los medios de comunicación tengan bastante que ver en lo que voy a decir pero mi sensación es que los equipos que se enfrentan al Atleti confunden intensidad con violencia. El equipo de Simeone es un equipo intenso, muy intenso, pero eso no se puede contrarrestar a base de patadas, codazos a destiempo y marrullería de baja estofa. Es de hecho un error que ya han cometido varios equipos. Debemos hacer especial mención en esta crónica del terror a un tal Juan Rodríguez, un jugador mediocre y sucio que se ha pasado el partido pisando por la espalda a sus rivales. Un tipo tan cerdo dentro del campo como miserable fuera de él, a la hora de justificar su acción de forma lamentable en los micrófonos de Canal +. Una de esas anomalías que salpican de vez en cuando el fútbol pero que afortunadamente nadie recordará nunca como futbolista y si como autor de lamentables sucesos. 

En la feria del despropósito acabó ganando el Getafe que con más corazón que fútbol (y gracias sobre todo a esa extraña indolencia de los colchoneros que unían a su mala gestión del balón) metió al Atleti en su campo y se lo hizo pasar mal. No hubiese extrañado a nadie que los azulones hubieran conseguido al final el empate en cualquier rechace o jugada desafortunada. 

Pero los tres puntos se quedan en el bolsillo de Simeone, que como bien acaba de decir en rueda de prensa, prefiere sacar pecho diciendo que su equipo ha ganado los tres partidos que ha disputado en la semana. Y tiene razón. El equipo sigue en la pomada de la liga. A dos puntos del primero. Luchando con los grandes. Partido a partido. Seguimos.

  

Resurrección

At. Madrid 5 - Malmö 0

El fútbol es un deporte de apariencia muy sencilla pero de fondo muy complicado. Es tan evidente que no descubro nada. Salvo para los excelsos analistas de este país en el que vivimos, todo el mundo del balompié reconoce que lo que hizo Simeone en el Atlético de Madrid es básicamente un milagro. Un fabuloso trabajo difícil de repetir. Montar una estructura deportiva tan bien encajada, tan potente y tan exitosa es tremendamente complicado y tiene mucho mérito. Por eso cometeríamos un error, que además sería muy injusto, si planteamos el año pasado como referencia de todo lo que le pase al Atleti a partir de ahora. La nueva temporada ha comenzado rara y con un equipo sin varias de las piezas que eran básicas en aquel equipo milagro. Tenemos un conjunto diferente que está en fase de construcción y eso tenemos que asumirlo cuanto antes. Lo que tenga que venir vendrá, pero nunca será lo mismo. 

Hoy el Atleti ha goleado al Malmö sueco justo cuando se alcanza el meridiano de la Liga de Campeones y lo ha hecho con una brillantez que tiene truco. Empatando a cero en la primera parte y metiendo cinco en la segunda. ¿Existió realmente tanta diferencia entre ambos tiempos? Yo no lo creo. La gran diferencia fue probablemente la distinta intensidad con la que se jugó pero sobre todo la capacidad para hacer gol. Mientras en los primeros 45 minutos el equipo colchonero estaba gafado y parecía incapaz de traspasar la red en los 45 segundos la pelota llegó siempre a la red. Los tiros entraban, la pierna de Mandzukic llegaba primero y los balones mordidos de Griezmann caían entre los tres palos. ¿Por qué ocurren estas cosas? Si lo supiese sería entrenador y me ganaría la vida con ello. No creo que nadie lo sepa, pero es parte indisoluble del fútbol.

El partido comenzó frío, más de lo que corresponde a un encuentro de Champions. La culpa no fue precisamente del carácter escandinavo ya que al Calderón acudieron varios miles de suecos de Escania que aportaron color, tuvieron un comportamiento ejemplar (además de envidiable) y que durante muchas fases hicieron notar su presencia por encima de la nuestra. El Atleti salía con una alineación que personalmente me encantaba, con Griezmann y Arda acompañando a Manduzukic, más Koke y Saúl por delante de Mario Suárez. Con esta combinación consiguieron hacerse dueños del balón y llegar con facilidad al área pero faltaba el ritmo y la intensidad de otras veces. Los suecos tuvieron excesiva facilidad para enfriar el partido y aprovechando un Atleti totalmente volcado por momentos, tuvo ocasión de probar a Moyá un par de veces antes de irse al descanso. En el Atleti destacaba (aparte de Arda que con su mero trote tan poco ortodoxo es suficiente para destacar) un Saúl que estaba bien asentado en el mediocentro y era el que mejor conectaba en ataque. La mejor jugada llegó sin embargo, como no podía ser de otra forma, de la mano del otomano que de pase magistral habilitó a Griezmann delante de la portería para que el francés, henchido de ansiedad, empotrase el balón en el larguero y Manduzkic, henchido de ansiedad también, no fuese capaz de rematar después en boca de gol.

Pero la segunda parte fue muy diferente. En cuanto rodó el balón parecimos ver mayor brío entre los jugadores rojiblancos pero lo que si que apareció, sin ninguna duda, fue mucho fútbol. Y mucha calidad. Cuando el Atleti fichó en verano a Griezmann imaginaba lo que sería verlo combinar con Arda y Koke. Hoy he podido hacer realidad ese sueño. A base de combinación, paciencia y calidad, el cuadro de Simeone metió al equipo sueco en su área y le hizo cinco goles. El primero de excelente combinación por la derecha entre Griezmann y Arda en la que, tras un millón de pases, Koke recogió el balón dentro del área grande para meterlo en la portería. Un jarro de agua fría para agoreros, cenizos y seguidores de esa canción del verano que dice que el Atleti sólo sabe jugar directo o a balón parado. El segundo vino por el mismo sitio pero tras pase de Koke al centro del área que Mandzukic aprovechó para ganar en la anticipación a su central y conectar con el balón. Enseguida Griezmann recogió un balón en la línea de tres cuartos para, de jugada individual, encarar la portería y aprovechando la suerte que antes no había tenido, meter el balón en la portería de parábola tras golpear el balón en el portero. Significativo, me parece a mí, el que el francés celebrara su gol a la carrera lanzándose a los brazos de Simeone que lo esperaba en la banda. Buen feeling. Con el 3-o el partido era ya una fiesta pero, como no, faltaba el gol a balón parado. Un gol que he escrito ya un millón de veces: saque de córner de Koke y remate de cabeza de Godin. El quinto llegó en las postrimerías del partido y lo hizo un Cerci que llevaba pocos minutos en el campo y que recogía el rechace de su primer disparo a puerta (un excelente tiro de efecto que se estrelló en el poste) para repetir el mismo tiro, menos plástico y con menos parábola, pero certero esta vez.


Magnífico resultado que eleva al equipo a encabezar la clasificación y que alisa algo más la pista de una fase de grupos que se había complicado mucho tras el primer partido. El Atleti sigue vivo y la vuelta de los delanteros puede servir de partido resurrección. Permanezcan atentos.