Matrix



“¿Sabes? Sé que este filete no existe, sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que está diciendo a mi cerebro: “es bueno y jugoso”. Después de nueve años, ¿sabes de lo que me doy cuenta? La ignorancia es la felicidad.” – (Cifra hablando con Smith).

Hace nueve, cinco o seis años yo era aficionado colchonero. Tanto o más que hoy. Iba al estadio todos los domingos, me dejaba la garganta animando los colores de toda mi vida y soñaba, otra vez en primera división, con un prometedor futuro que estaba por llegar. Desde el particular punto de vista de un colchonero puedo decir que era feliz. Mi cabeza culpaba la falta de resultados de mi equipo en las secuelas de la segunda división, lo malísimo que era el entrenador de turno y lo malísimos que eran nuestros fichajes, esos que por alguna razón siempre se volvían malos al vestir nuestra camiseta. Raramente iba mucho más allá. Atendiendo a lo que pensaban las personas más preparadas que yo, tal y como quedaba reflejado en la prensa deportiva seria (“si lo dice la televisión, será verdad”), uno tenía la idea de que el Atleti estaba presidido por un tipo simpático y hábil en el mundo del cine, pero dirigido por un tipo taciturno y enemigo de los medios que despojado de todo el histrionismo y la “mala prensa” de su progenitor mantenía la fama de ser un preparado y genial gestor. A él se debían los supuestos éxitos institucionales del Atlético, el gran avance en temas modernos como los ingresos “atípicos”, el “saneamiento” y la “recuperación” de un club que estuvo quemándose en el infierno. Quizás en lo deportivo no tuviese demasiada “suerte” pero en lo institucional llevaba al equipo de forma modélica y ejemplar. Mis desvelos eran obviamente una cuestión de entrenador y fortuna.

Esa era la verdad que estaba en mi cabeza y en la cabeza de una inmensa mayoría de colchoneros los años siguientes a esa comunión en el infierno que supuso los años en segunda. Esos años en los que el estadio se lleno de nuevos abonados y en los que sonreíamos orgullos cuando veíamos esos geniales comerciales que retrataban la “mítica” desgracia atlética con tanto “cariño” que incluso nos hacía sentirnos orgullosos de nuestra legendaria miseria. Mi optimismo entonces era insobornable y en mi fuero interior uno estaba convencido de que al año siguiente con una buena delantera (ya que ese año por ejemplo teníamos a Pablo y Perea, la mejor pareja de centrales según la prensa seria) todo sería diferente. El juego era lamentable, la sensación humillante y los resultados distaban mucho del lugar natural que por presupuesto (y no hablemos ya por historia) nos correspondía, pero aquello no parecía ser más que un problema puntual. Mientras el Sevilla, que poco antes peleaba con nosotros en el infierno, ganaba títulos nosotros chapoteábamos en mitad de tabla y necesitábamos “más tiempo” para adaptarnos a la primera. Aparentemente todo era normal. El espectáculo que daba mi equipo dentro y fuera del campo era bochornoso pero por alguna razón “nadie” se paraba a pensarlo. Mi única lectura era que todos iban en contra del Atleti y que no nos entendían así que esto de ser del Atleti seguía básicamente siendo para mí un suculento filete con algún que otro nervio.

“Tienes que comprender que la mayor parte de estas personas son todavía parte del sistema y que eso las convierte en nuestros enemigos. Tienes que comprender que la mayoría de la gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para protegerlo”. (Morfeo a Neo)

Pero uno, que es de mente inquieta, notaba cosas raras. Veía ráfagas de cosas que no entendía y tenía determinadas pesadillas que parecían demasiado reales. Todavía no sabía lo que era pero en esos días decidí crear a mi Alter Ego, Ennio Sontanaz, para zambullirme en el universo de internet y poder compartir con mis correligionarios mis preocupaciones pero sobre todo el desastre deportivo que era mí equipo. Esa manía de jugar sólo con mediocentros paquetes, lo mal que estaba diseñada siempre la plantilla, la manía de traer entrenadores forjados exclusivamente en equipos condenados a achicar agua… Llegué incluso a crear un blog anónimo en el que dejar por escrito todo aquello el día en que Torres decidió tirar la toalla para regocijo de “todo” el mundo.

Pero la cosa no fue como pensaba. En la incontrolable inmensidad de internet me encontré con muchas opiniones distintas a las mías y con muchos menos palmeros de mi florida pluma de los que pensaba encontrar. De hecho, durante mucho tiempo me fajé en encendidas peleas epistolares contra algunos “talibanes” que me insultaban por hablar de fútbol y que parecían desear únicamente las desgracias de mi equipo para justificarse en esa manía persecutoria que les había entrado contra los Gil. Odiaba a toda esa gente. ¿Quiénes se creían? Al fin y al cabo hablábamos de un tipo, Jesús Gil, que más allá de sus excentricidades lo había dado todo por el Atleti. De hecho muchos estábamos convencidos de que todas las desgracias que nos pasaban eran nada más que el cruel pago que el señor Gil había recibido por osar meterse en política desafiando al poder establecido. Uno lógicamente no podía defender a un ser tan dictador como el tal Jesús Gil pero tampoco se fiaba de esa suerte de abducidos sectarios que no sabía de dónde venían y que culpaban de todo al apellido de tres letras. Herido en el orgullo y empeñado en demostrar mi realidad tirando por tierra la suya me zambullí en toda aquella red de links, sentencias, artículos perdidos en el ciberespacio, Gaudeamus, foros, webs y anónimos nombres de personas que parecían no existir y que desde el otro lado se me ofrecía como anzuelo en el que picar.

Hasta que un día, sin darme cuenta, noté que estaba desconectado.

“Si tomas la pastilla azul fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más”. (Morfeo)

Y me topé con la realidad. Nada más. Me di cuenta de cómo esos señores se habían hecho con el club (sin poner un duro), de cómo así lo estipulaba un tribunal legal, entendí por fin el caso “negritos”, la publicidad de Marbella en las camisetas, el tema de las comisiones y me di cuenta de por qué el club tenía que pagar todos los años millones de euros a otra supuesta empresa (con los mismos supuestos dueños) por jugar en el Vicente Calderón. Entendía porque los periodistas actuaban como actúan, los anuncios de prensa, los ejercicios de onanismo periodístico disfrazados de entrevistas estratégicas a nuestros dirigentes, el mundo de las comisiones y el por qué del comportamiento de determinadas peñas.

Me di cuenta de todo eso pero “desgraciadamente” también vi Matrix desde fuera y se me cayó el alma a los pies. Allí el filete no sabe a filete sino a continua y amarga decepción. Allí estás sólo o prácticamente sólo. Hace frío, se come mal, te insultan, el dolor duele, la humillación humilla y además reina la anarquía. Es difícil agarrarse a ninguna solución porque resulta que la única solución es lo que pueda hacer uno mismo sumando voluntades. Frustrante. Un grupo de voluntariosos desconectados viviendo en taparrabos que peleando con arcos y flechas, sin medios ni recursos y tratando de zafarse de los preparadísimos agentes de negro que se lanzan desde Matrix, intentan salvar a un mundo que probablemente ni siquiera quiere ser salvado. Nuestro particular Zion es todavía incluso más desesperante y desalentador que el de la película al carecer de Morfeos, de oráculos y lo que es peor: de El Elegido. No tenemos El Elegido que todo el mundo demanda. No está. Somos sólo nosotros.

Si sales de Matrix lo que tendrás es esto. Se come mal, el que se tiene que mover eres tú, te insultarán en la grada, te sentirás incomprendido en la calle, te despreciarán los medios y te sentirás incapaz de convencer a los que viven con las reglas que se marca desde el monstruo. Es decir, no podrás convencerles por ejemplo de que esa cantinela de “pon tú la pasta” es también parte de matrix. Te costará hablar de fútbol con aficionados de otros equipos y te sentirás estúpido comprobando como la mayoría de los que te rodean se limitan a repetir como papagayos lo que sale por la prensa pero también te sentirás limpio y no hará falta que te expliquen el sentido de tu lucha porque la entenderás enseguida. Dormirás bien antes y después del fin del mundo y por alguna razón cuando vivas en Zion no te querrás ir o al menos te quedará meridianamente claro que por nada del mundo, jamás volverás a Matrix.

Si estás leyendo esto es que ya estás fuera o que estás dudando entra la pastilla azul o la roja. Si este es el caso y elijes la roja recuerda que lo único que te pueden prometer aquí fuera es la verdad. Nada más.

3 comments

Cex 9 feb. 2011 2:26:00

Plas, plas, plas. Grande, Ennio. Mañana comentaré que yo me he sentido a veces como un Morfeo sin carisma alguno.

He oído a Castellote y ahora voy a oír a los «dueños» la entrevista que les ha hecho su amigo de Brunete. A priori puedo decir que están nerviosos.

Emilio 9 feb. 2011 8:20:00

Genial Ennio, un placer leerte siempre.

Menos mal que parece (o al menos queremos creer) que cada vez hay más Neos que se han decidido por la pastilla correcta, atléticos a los que ya no se engaña tan facílmente con un chistecito picantón por aquí y una alianza estratégica con un club de Papua Nueva Guinea por allá.

Aún así, siempre nos quedarán sitios como este, tu casa, para llamar la atención de los que viven en Matrix.

Knock, Knock, Neo...

Anónimo 10 feb. 2011 17:31:00

Eres grandisimo , asi de claro.

Alfonso