Muchas gracias a todos los que os habéis pasado por aquí durante todos estos años.

Puedes encontrarme en www.enniosotanaz.com o enniosotanaz@hotmail.com

¡Un abrazo!

Mostrando entradas con la etiqueta Europa League 2011/2012. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Europa League 2011/2012. Mostrar todas las entradas

Perfecto

El 9 de Mayo de 2012 podrían haber observado mi esbelta silueta por las calles de Madrid pero no deberían hacer caso a sus sentidos. Mi silueta estaba allí, si, pero yo estaba en Bucarest. Haciendo pasar las horas como podía hasta el inicio de la final de la Europa League. Solitario. En silencio. Nervioso. La gente le hablaba a mi silueta, esa que minutos antes andaba en un lugar perdido del barrio de la Arganzuela pero yo no respondía o lo hacía con graznidos. Estaba con los ojos puestos en el partido. Exclusivamente. Desde muchas horas antes.

El Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone, y perdón por la redundancia, ganó el partido en 6 minutos. Los primeros. 6 minutos de escuela de fútbol. 6 minutos que deberían pasarse a video y ser reproducidos en todos y cada uno de los partidos del Atleti a partir de ahora. Serio, mandón, atrevido, valiente, poderoso y agresivo. Nadie lo esperaba. El Athletic, que hacía las funciones de favorito virtual para casi todo el mundo, menos. En esos 6 minutos el Atletico de Madrid se colocó los galones de emperador europeo y el Athletic se quedó desnudo. Ese puñado de soberbios jugadores de poco más de veinte años que ha maravillado este año al mundo del fútbol, se volvió de repente en un equipo pequeño, nervioso y aturdido. Mientras el Atleti presionaba con furia hasta el saque del portero los leones eran incapaces de tener el balón sin perderlo.

Y entonces llegó Falcao. Ese jugador espectacular, que ha demostrado un montón de veces serlo, pero que como el crack que es decidió hacerlo otra vez cuando todos los focos estaban apuntando. Sin ángulo, sin espacio y sin facilidades el colombiano arma un disparo con la zurda en las esquina del área que se cuela por la escuadra. El grito desgarrado que me salió de las entrañas se produjo en mi casa pero se escuchó hasta en los Balcanes. La cosa pintaba muy bien. Y mejor pintó después cuando los de Simeone pasaron al plan B, transformando el esquema a una disposición 4-5-1, sin tanta exigencia física y aumentando la densidad del equipo. El Atleti no se encerró atrás sino que se organizó para destrozar la forma de jugar del Athletic. Y lo hizo. Incapaces de desplegar su juego gracias al buen acierto del equipo rival. Un equipo rival que esta vez si fue un equipo. Rocoso y compacto. Brillante y solidario. Un señor equipo. Gracias Simeone.

Con el equipo bilbaíno desactivado tácticamente el balón se movía entre sus piernas con lentitud y sin criterio hasta que los rojiblancos madrileños lo robaban y salían en vertical con cordura e instinto letal. Poco antes del 40 Amorebieta, aturdido al igual que sus compañeros, pierde un balón en la frontal del área y acaba en los pies de Arda. El turco mete el balón en el área para que Falcao haga lo que nadie espera. Lo que haría un crack en una final europea. Pasársela de tacón, tumbar al rival y marcar el segundo. El Athletic estaba grogi. El Atleti se limpiaba los zapatos para subir a recoger la copa.

Los vascos salieron orgullosos desde el banquillo con un cambio táctico valiente que puso en ciertas dificultades a los madrileños. Pero no duró mucho. O si, porque estuvieron los 45 minutos intentando hacer un gol, pero enseguida tuvimos la sensación de que no pasaría nada. El tiempo que tardó en aparecer Courtois (segurísimo toda la noche), de ver que los centrales seguían haciendo un partido soberbio, incluso tras la inclusión de una segunda referencia ofensiva como Toquero, de que Gabi volvía a ser ese jugador serio, de equipo, regular y sacrificado que equilibra a los jugones de al lado pero sobre todo, y me alegra decirlo aunque me cierre la boca, por el partidazo que se marcó Mario Suárez. El canterano, por fin, hizo un partido soberbio como mediocentro defensivo. Lo hizo todo bien. Al César lo que es del César.

Incapaz de entrar jugando y frustrados ante el par de paradas de Courtouis los bilbaínos decidieron recurrir a lo que hace unos meses eran sus señas de identidad: colgar balones al área. Así se acrecentó algo más la sensación de peligro pero tampoco. Para terminar de rematar la desgracia, el Atleti empezó encima a consumir más balón y tocarlo en las salidas al contrataque. Los leones corrían detrás cada vez más cansados. En una de esas jugadas el balón llegó a Diego, soberbio una vez más el brasileño, que se paró en la línea de tres cuartos. Cuatro rivales cansados lo miraban con ojos inyectados en sangre pero sin atreverse a entrar. El brasileño oteó las posibilidades y decidió sortear él mismo a todos. Así se plantó delante del portero para batirlo con la izquierda. 3-0. Fin del partido. A disfrutar de la indescriptible felicidad de ser el campeón.

Las primeras lágrimas aparecieron en las mejillas de este sensiblero que les escribe y un nudo marinero se formó en la laringe viendo la celebración de los jugadores. Y viendo el abrazo del Cholo a los rivales y el aplauso de los colchoneros al rival y el pasillo de los jugadores al Athletic… y se me estropeó la cena en el estómago viendo las lágrimas de dolor en una afición que merecía ese título al menos tanto como nosotros. En algún momento entre disfrutar con la cara de Juanfrán y unirme a las arengas del Cholo a esa afición que lo adora me di cuenta de que lo que habíamos hecho y me sentí orgulloso. Me sentí orgulloso de ser el Atlético de Madrid. Un equipo que fue un ejemplo en Barcelona sabiendo perder y un equipo que es un ejemplo también sabiendo ganar en Bucarest. Sin humillar a nadie. Sin señalar el músculo de la pierna que hace los goles. Entendiendo y compartiendo el dolor rival. Sin aspavientos. Sin restregar nada a nadie. Celebrando la alegría propia. Siendo diferentes. Así. Así gana el Atlético de Madrid.

El Atleti vuelve a reinar en Europa tras un partido perfecto.



PD. Y después me fui a Neptuno a compartir el momento con mis amigos colchoneros anónimos o conocidos. A pegarle un abrazo a mi hermano y al Richy y al Teno… a mandar y recibir mensajes de teléfono para con mis colchoneros repartidos por el mundo. A ver a los miles y miles de Atléticos que allí estaban disfrutando el momento.

Pero la policía y el sentido represivo de la nueva administración madrileña, esa que encabeza esa, en teoría, mujer de dientes afilados y peinado voluminoso, decidió agriar la fiesta tocando las narices. Organizando la celebración de la peor forma posible (¿qué sentido tiene poner las vallas a 100m de la fuente? ¿qué sentido tiene no cortar la circulación?) y provocando a la multitud con ademanes más propios de un repugnante ejército golpista y olvidándose de hacer con profesionalidad la labor pública para la que les pagan.
Patético, pero esa es otra historia…

¡¡FORZA ATLETI!!


Fairground Attraction - Perfect

¡Vamos chicos!

Valencia 0 - At. Madrid 1

Siento una gran lástima por la gente a la que no le gusta el fútbol. En realidad siento una gran lástima por esa gran cantidad de gente que no es capar de sentir pasión por nada, ni siquiera por el fútbol. No es cuestión de ponerse a teorizar, aquí y ahora, sobre la vida y sus circunstancias pero uno está plenamente convencido de que esa tibieza de la gente para con sus sentimientos está más relacionada con la pereza y el miedo que con cualquier otra cosa. Sentir pasión verdadera, desnudarte emocionalmente, agarrarte a una idea con ardor enfermizo tiene el riesgo de toparte con un muro de realidad o de falsedad o de decepción que hace mucho daño. Tanto como alta sea tu apuesta inicial. Este miedo a la decepción es lo que, para mí, hace que la gran mayoría de humanos prefieran tomarse la vida de otra manera. Lo respeto pero siento lástima por ellos. Asumiendo esto de la vida de una forma tan saludable evitará desde luego que pasen el día de nervios que yo he pasado antes de la semifinal o que pasaré dentro de dos semanas en la gran final de Bucarest pero a la vez me temo que evitarán del mismo modo sentir lo que es vivir. Sentir a flor de piel. Mascar, degustar y tragar la felicidad verdadera. Esa que no sabes de dónde viene. Esa que no se puede explicar ni repetir. Esa que es imposible comprar con dinero.

A las 7:00 de la mañana del 26 de Abril de 2012 (109 años después de que unos estudiantes vascos decidieran crear un club de fútbol en la capital que no tuviese nada que ver ni en forma ni en modos con un Madrid FC que ya adoctrinaba por entonces que sus genuinas artes) el que esto escribe mandaba a su cuenta de Twiter el siguiente mensaje: “¿Qué hago ahora yo hasta las 21:05?”. No era broma. No era gracioso. No era un intento de hacer un chiste ingenioso. Era la cruel realidad. Horas y horas de nervios contenidos. Horas y horas de vivir en un mundo el que tenía que hacer una cosa pero mi cabeza estaba en otro sitio. Horas y horas de no querer hablar de fútbol, ni ver noticias, ni dejar que cualquier cosa relacionada con la semifinal entrase en mi cabeza. No es una sensación agradable, pero es una sensación única. Es sobre todo el billete de entrada ese lugar escogido al que sólo acceden los que sienten la felicidad en su estado más puro e intangible.

A las 21:05, en la soledad del salón de mi alcoba (el resto de inquilinos decidieron no tentar a la suerte de esa alimaña que llevo dentro en momentos de nervios), adopté la posición oficial en el sillón de la suerte de mi casa (pies tocando el suelo, dedo pulgar izquierdo dentro de la mano derecha, etc…) y así me mantuve los 45 minutos que duró la primera parte. También los segundos. En los primeros compases las sensaciones eran buenas independientemente de la velocidad a la que mi corazón bombeaba la sangre. Alineación decente y jugando en campo contrario. Falsa percepción. Emery, ese personaje ridículo en el transcurso de un partido y que hace de la especulación en el fútbol un presunto arte, decidió ayer jugar al fútbol demostrando a sus aficionados (y a mí) que también sabe hacerlo. Aupado por el espíritu de la remontada y el ambiente de Mestalla pero también en una alienación valiente y arriesgada así como una disposición táctica brillante, el equipo valenciano se hizo dueño y señor del partido comiéndose a un Atlético serio y compacto pero aturdido. Los rojiblancos se echaron demasiado atrás, perdieron el balón (no sé con cuanto porcentaje de voluntariedad) y nuestra línea de peloteros (Adrián, Arda, Diego y Falcao) sufrió mucho haciendo lo que peor saben hacer: defender. Los levantinos elevaban la presión al máximo, abrían el campo con los laterales, equilibraban el medio centro dejando libertad de movimientos a sus jugadores de creación (especialmente Canales) para llegar con facilidad, velocidad y criterio a la frontal del área. El acoso era constante y la sensación de gol también. Nunca se sabe lo que hubiese podido pasar si el Valencia hubiera marcado en esos minutos de agobio pero no pintaba bien la cosa. Sin embargo estaba Godin (hoy si, soberbio), Miranda y sobre todo un Courtois que a modo de epifanía ha utilizado esta semifinal para eliminar el miedo que se le quedó incrustado en la piel durante el derbi.
La segunda parte fue otra cosa. Con Gabi sustituyendo a un Mario Suárez que nunca estuvo a la altura de las circunstancias el equipo siguió replegado pero más lejos de su área. El centro del campo empezó a no ser la autopista de la primera parte y encima llegó la desgraciada lesión de Canales. El cántabro fue hasta ese momento el mejor del partido y la clave táctica que revolucionó al Valencia pero ese giro de rodilla tiene una pinta penosa. Espero de corazón que no sea lo que todos creemos y pueda seguir jugando al fútbol como lo hace.
Con el equipo che algo desubicado tras la lesión y Mathieu buscando su sitio en el campo el Atleti sale de la cueva con el balón en los pies de Diego que mete un buen pase a lateral del área dónde aparece Adrian. Muy alejado del área y esquinado entiende rápido la falta de efectivos rojiblancos cercanos y decide empalar el balón para meterlo por la escuadra. El gol, independientemente de su significado, es una maravilla. Una obra de arte. Un gol que abre los ojos de esa estirpe de periodistas que únicamente sabe chapotear en el fango mediático del Madrid-Barça y que también caen rendidos ante la calidad superlativa del asturiano.
Fin del partido. Fin de la eliminatoria. ¡¡A la final!! Lo único reseñable tras el gol fue la absurda tangana que se formó en el área atlética tras una duda del árbitro respecto a un posible penalti que no fue y que impedirá a Tiago jugar la final por expulsión directa. Cuestionable la actitud del portugués que sin embargo creo que está siendo exagerada. Lo que realmente eché de menos no fue una lucidez de Tiago, complicada a todas luces en esas circunstancias, sino alguien con liderazgo en el campo capaz de coger a Tiago, llevárselo en seguida de la tangana y cortar el circo.
Y ahora la final. El único partido del campeonato en el que me da igual como se juegue. Yo en esto (también) soy de Luis Aragonés cuando dice que las finales no se juegan. Se ganan.
¡Vamos chicos!

The Boo Radleys – C’mon Kids



Un paso más allá

At. Madrid 4 - Valencia 2

Cuando uno se hace socio del Atlético de Madrid (si, sé que somos abonados pero me repugna esa palabra) les aseguro que no lo hace para ver al Atleti. Eso lo puedo hacer, como la mayoría, a través de la televisión. No se trata de eso. Si uno deja normalmente todo lo que tiene que hacer ante la perspectiva de un partido en casa y diseña las actividades de su vida en función de los partidos que se juegan en el Vicente Calderón les aseguro que no es para ver al Atleti. Es para sentir al Atleti. Espero que al menos los aficionados a mi equipo entiendan la diferencia. Sentir al equipo. Algo que desgraciadamente está en extinción, en desuso, devaluado y que muchos cerebros cercanos al imaginario del equipo usan como excusa o como arma arrojadiza, según se tercie. Algo que por otro lado cuando ocurre no tiene comparación con prácticamente ninguna otra sensación y que no se puede comprar con dinero. Hoy ha sido así. Las dos horas que han durado el partido en el Calderón (y el antes y el después) fueron puro disfrute. Emoción a flor de piel. Diversión de esa tan intensa que no eres consciente del tiempo real que allí has pasado. Uno de esos partidos en los que tras un gol de dibujos animados de tu equipo eres capaz de abrazarte con media grada sin saber por supuesto quienes son. Fútbol. Ese concepto sodomizado, vilipendiado, manoseado y vulgarizado por una gran mayoría de los que viven de ello.

No me gustan los encuentros europeos con equipos españoles porque me da la sensación de no ser partidos europeos. Si encima enfrente tienes un equipo difícil, peligroso y correoso la sensación de frustración es todavía mayor. Temía que todo eso que me pasaba a mí se traspasase al césped  y tenía razones para pensarlo a tenor de las últimas actuaciones de mi equipo pero no fue así. El Atleti salió al campo sabiendo lo que se estaba jugando. Bien colocado (eso afortunadamente suele ser normal) pero también con la actitud necesaria. A por el balón y a por el partido. Como tiene que ser. Dentro y fuera de casa. SIEMPRE. No puedo decir lo mismo del equipo de Emery. Un equipo mucho más hecho y con una plantilla infinitamente más equilibrada que la rojiblanca que sin embargo tiene uno de esos entrenadores estrategas, mitad especulador de bolsa, mitad charlatán de feria, que construyen su ideario del fútbol en base a cosas ajenas al propio juego. El Valencia salió, como el Atleti otras tantas veces, a realizar un “buen papel”. A obtener un “buen resultado” para la vuelta. Lo que se llevó fue un buen revolcón que no refleja sin embargo el resultado.

El Atleti se hizo dueño enseguida y lo hizo con el equipo base haciendo de engrudo y los buenos haciendo de buenos. Especialmente el turco Arda. Un jugador excepcional de ademanes diferentes y estilismo original. De esos jugadores que la gran masa linchadora del “échale huevos”, “corre como un gamo” o “déjate la vida” suele tener enfilado cada dos por tres (Setién, Valerón, Ibagaza,…) pero de esos jugadores que el Atlético de Madrid necesita para salir de la vulgaridad en la que cómodamente reside. El turco, fuera de su posición habitual, fue el elemento que la ecuación de Emery nunca puede predecir porque es impredecible. Ahí nace el fútbol. Ahí nace la diferencia. En veinte minutos el Atleti era señor del partido pero su legendaria falta de pegada (si Falcao no recoge el balón) hacía presagiar lo peor. Para nada. La enésima incursión de Arda por la derecha acaba en un balón colgado que Falcao remata a la red de cabeza.

No me apetece criticar al equipo tras un partido tan maravilloso pero no puedo reprimir la necesidad de dejar por escrito lo que ocurrió después. Y es que ni entiendo ni entenderé porque el equipo tiene que echarse diez metros atrás después del gol ni por qué tiene que jugar de otra manera. Hasta el gol el Valencia ni había pasado del centro del campo. Ni una ocasión de gol. Después si. Ambas cosas. Aun así, el empate llega de forma injusta y gracias a un árbitro lamentable que demuestra una vez más que ser árbitro en Europa no es cuestión de talento sino de política y tragaderas. Fuera del tiempo reglamentario, tras un codazo impune a Gabi y con clarísma falta al portero, el Valencia hacía el 1-1 a balón parado mal defendido que para mí se traga el bueno de Domínguez. El más flojo de los colchoneros todo el partido y dando la razón a Simeone para su suplencia.

Pero la plantilla tenía metido el partido en el cerebro (¡gracias Simeone!) y salió a matar o morir. Enseguida volvieron las cosas al lugar que nunca debían haber abandonado y enseguida el Atleti se volvió a poner por encima tras magistral saque de falta de Diego y remate de Miranda. Por alguna razón lo que ocurrió después también fue distinto. El Atleti siguió con la misma idea, el mismo dibujo y la misma intensidad. Y vino lo mejor. Los cuatro de arriba se echaron el equipo a la espalda y el colchonerismo se emborrachaba de adrenalina. El cuadro madrileño era un vendaval imparable para un Valencia al que hacía ya mucho tiempo que no le funcionaba su plan de intentar que no pasase nada en el campo.

Las oportunidades fueron muchas pero los goles fueron maravillosos. El tercero tras robo de Mario y cesión a Adrián que el asturiano aprovecha para encarar la puerta, abrirse a la derecha y cruzar por bajo. El cuarto, mi actual ronquera está causada por semejante obra de arte, tras cambio de juego a la derecha que recoge Falcao, recorta a dos rivales en la frontal del área desde donde lanza un zurdazo brutal que entra por la escuadra. Golazo del colombiano. Un crack.

El Calderón era una fiesta a partir de entonces y lo fue hasta el final. Lo fue, a pesar del jarro de agua fría que supuso un segundo gol del Valencia injusto a todas luces, nuevamente fuera de tiempo y nuevamente tras balón parado mal defendido. Un gol que si no directamente si al menos indirectamente viene provocado por, de nuevo, ese pasito atrás que da el equipo y ese intento desesperado desde el banquillo por parar la euforia. La euforia es mejor no pararla Simeone. Especialmente cuando el rival está muerto. Especialmente cuando tú estás, para variar, tan vivo. En lugar de un paso atrás mejor un paso más allá.

Gran partido, resultado engañoso, magnifico Atleti, lamentable rival y patético árbitro. Si el Atleti sale en Mestalla con el mismo nivel de juego e intensidad creo que estaremos en Bucarest. El problema es que el Atleti es el equipo de las mil caras. Especialmente lejos de ese Vicente Calderón que hoy rugía como en sus mejores tardes. Hay una semana para prepara el partido pero estimados colchoneros ténganlo en cuenta. En caso de duda, siempre, un paso más allá.

Madness - One step Beyond

Me gusta hacia dónde va todo esto

Hannover 96 1 - At. Madrid 2

Hace tres meses uno debatía apesadumbrado en la grada del Calderón sobre los puntos que hacía falta tener para no perder la categoría de primera división. Hoy estoy pensando en que conozco Rumanía pero que nunca he estado en Bucarest y quiero conocerlo. Así es el fútbol. Quizá sea el efecto estupefaciente de la noche de Hamburgo, que tuve la suerte de disfrutar, o quizá sean los años que ya pesan pero quiero ir otra vez a la final. Y me da igual la temporada penosa, la planificación apocalíptica, los ladrones que esquilman el club de mis amores o la primera parte que nos hemos tenido que tragar hoy. Seguiré criticando y luchando con todas mis fuerzas para cambiar todo ello porque creo que es perjudicial para el Atleti y que ese no es el camino a seguir, pero no pienso avergonzarme de decir que quiero jugar la final de la Europa League y ganarla. Hoy el Atlético de Madrid ha ganado en Alemania, en Hannover, y con ello garantiza su pase a la semifinal de la competición. Me gusta hacia dónde va todo esto.

Pero hemos sufrido. Poco si lo vemos en perspectiva y con datos en frío pero hemos sufrido. Y lo hemos hecho de forma completamente inmerecida y hasta me atrevería a decir que gratuita. El rival en cuestión era un correoso y espesísimo equipo alemán clavado en la más estereotipada tradición germana. Táctico, físico e incómodo. El Atlético de Madrid era y es mejor equipo de fútbol pero el problema ha llegado cuando nos hemos equivocado de deporte tratando de jugar a aquello a lo que precisamente proponía el rival. A no jugar.

El partido de ida ya me resultó inquietante y descorazonador en ese sentido pero conseguimos salvarlo con mejor resultado del merecido. Estaba hoy ansioso por ver como encararíamos la vuelta en el feudo de Hannover y rezaba todas las noches por ver aquella maravilla que nos deleitó en el olímpico de Roma pero nada más lejos de la realidad. El planteamiento de Simeone ha sido lamentable. Con la mejor alineación que tenía sobre el césped (en esto ni un solo pero) el conjunto colchonero salió a defender en su campo, a dar pelotazos, a regalar el balón y a lucir táctica y físico. Un imperdonable error frente a un equipo que sólo en ese terreno puede hacer algo. A base de faltas, rechaces cerca del área, córners gratuitos,...los alemanes fueron los grandes dominadores de la primera parte. Aunque a ciencia cierta apenas llegaron con claridad a la puerta de Courtois la sensación sin embargo fue de constante nerviosismo. Errores en la zaga, desajustes,... a nadie le hubiese sorprendido un gol estúpido del equipo germano. Falcao perdido en emigración, Adrián peleando contra si mismo, Diego desquiciado y desplazado en una banda (la tarjeta que le sacan es precisamente fruto de la desesperación del que quiere jugar y no le dejan), Mario empeñado en demostrar que tienen razón los que dicen que no sabe dar un pase bien,... Un equipo atenazado y atemorizado. Esa es la clave. Una cosa es el respeto por el rival y otra el miedo enfermizo. El Atlético de Madrid salió hoy al campo muerto de miedo y eso, como sabemos muy bien, lo convierte en un equipo vulgar, mediocre y vulnerable. Tras 45 minutos horribles de de ese fútbol que se ve en la cuarta división escocesa con un campo embarrado, lloviendo a todo llover y en un partido dónde sólo juegan centrales, se llegó al descanso con la sensación de que o cambiaba el panorama o nos volvíamos con el rabo entre las piernas.

Simeone salió en la segunda parte con el mismo once, pero el equipo fue otro. Con Diego por delante de los medio centros y detrás de Falcao, adelantando la línea de presión diez metros, tratando el balón como se merece y robando la pelota al rival para tratar de hacer algo con ella, el partido cambió de color. Seguía sin ser un partido bonito o fluido pero las sensaciones eran muy diferentes. Diego jugaba y todos jugaban. Koke aparecía con mejor sentido, Filipe subía con criterio, Tiago (para mí el mejor hoy del Atleti) equilibraba el equipo con sentido y siempre era la salida y el tapón, Adrián se sentía más libre y la defensa se veía más protegida y mucho más segura. Los alemanes desaparecieron.

El Atleti llegaba sin mucho peligro pero cada vez con más veneno. En un contrataque bien ligado Falcao se escora en exceso y dispara mal delante de la portería. La cosa estaba controlada si, pero fue ahí cuando apareció el talento de Adrián. En una jugada trabada dentro del área el balón acaba en los pies del asturiano que en lugar de precipitarse con un tiro apresurado tiene la sangre fría de regatear en una baldosa a todos los que salen a su paso hasta quedarse solo delante de la portería y hacer el primero. Golazo de Crack.

El partido pasó entonces a una fase de fútbol control pero del que a mí me gusta. Con el equipo jugando en campo contrario, teniendo el balón y minimizando los riesgos. Los alemanes se vieron (¡por fin!) obligados a quitarse el traje de picapedrero y tratar de ir a por el partido pero como fuera de su rigor táctico y el generoso físico no tienen nada más, decidieron recurrir a colgar balones al área y provocar faltas lo más cerca posible de la zona de gol. Simeone decidió entonces echar un cable a los alemanes poniendo a Salvio en el campo. El argentino, una vez mas, volvió a demostrar que no es un jugador para jugar en este equipo. Un jugador cuyo “éxito” se basa en una mezcla rara de instinto y suerte pero que a la larga resulta insuficiente. Su banda pasó a ser un coladero y su aportación en ataque fue básicamente la misma que la mía: ninguna. No parecía sin embargo que la cosa cambiaría mucho pero un saque de banda largo desde la derecha y un pequeño despiste hicieron que Diouf marcase el empate de tiro ajustado al poste y entrasen los nervios.

El Hannover trató de poner más tensión, más calor, más pundonor y más balones en el área pero el Atleti, ahora si, sacó la casta y el orgullo tapando los huecos y reduciendo al mínimos sus errores. Y además apareció Falcao. Una llegada al área con Diego llevando la batuta y dejando un pase bombeado al Falcao que el colombiano para con el pecho y remata de media volea con tal precisión y violencia que solo la repetición deja ver la belleza del vuelo del balón. Un 1-2 que cimentaba la desesperanza del rival y que servía para que todos los colchoneros empezáramos ya a celebrar el pase.

Así que estamos en semifinales. El Valencia se presenta como un rival tremendamente difícil pero estando tan cerca de la gloria es de entender que casi cualquiera lo sea. Si conseguimos que en la eliminatoria salte al campo el Atlético de Madrid y no cualquier otro sucedáneo artificial como hoy creo que tenemos tantas posibilidades como el Valencia de llegar a la final. Lo veremos. En cualquier caso insisto, me gusta hacia dónde va todo esto.

Eels - I like the way this is going

Play it Cool

At. Madrid 2 - Hannover 96 1

En la vida existen momentos en los que tienes que olvidarte de las salvaguardas. Mantener una bonita amistad con la chica de tus sueños es algo factible sin ponerse en evidencia. Mantener una relación trivial o epistolar, incluso platónica que la persona que te provoca alteraciones en todas las vísceras es algo que se puede llegar a alcanzar siguiendo las reglas de la lógica y la razón. Darle un beso en los labios no. Las sensaciones que te puede dar esa “bonita” y casta relación basada en el rigor táctico y totalmente alejada del imprevisible fragor carnal son agradables, placenteras, duraderas… pero jamás serán comparables a las del primer beso. Cumplidos todos los pasos, con mayor o menor destreza, con mejor o peor suerte, en algún momento de la vida acabarás cara a cara, mirada contra mirada, con esa persona que puede llevarte a los cielos o a los infiernos. Llegado ese punto tienes dos opciones: ser valiente o ser cobarde. Si, cobarde. Juicioso, sensato, conservador,…no son definiciones que se adapten a ese momento. Cobarde. Si decides ser cobarde es muy probable que no sufras demasiado pero también tu alegría estará acotada. Homologada, calibrada, estandarizada, descrita. Si decides ser valiente es probable que te des el batacazo de tu vida. Es probable, pero también, para aquellos que no tenemos la suerte de que la montaña venga a Mahoma, es la única manera que existe de alcanzar el nirvana que es exactamente, señor Simeone, lo que yo quiero.

El Atlético de Madrid, al menos el que yo tengo en la cabeza, no es un equipo normal ni al uso ni estándar. Ni su afición ni su historia están ligadas con la noción de cobarde. Más bien todo lo contrario. El Atleti ha sido siempre un equipo valiente y por ello indomable, incomprensible, difícil de catalogar. Capaz de lo mejor y de lo peor, como todos sabemos. Capaz también, y precisamente por eso, de alcanzar el Nirvana. Un Nirvana que el resto de equipos “normales” no es capaz de alcanzar ni de comprender. Cool, ese concepto anglosajón tan fácil de entender y tan difícil de traducir es lo que siempre me ha parecido que era ser del atleti. Diferente, elegante, distinto, valiente,… totalmente ajeno a las reglas grises que marcan los estamentos que dirigen el mundo y dónde nosotros nunca hemos estado ni estaremos. Explicarle esto a los tipos que tienen secuestrada la institución es tan absurdo como intentar que los corruptos coticen en hacienda de forma voluntaria. Pero no debería serlo para Simeone. Al cholo no debería ser necesario tener que explicárselo. ¿O si?

La llama se apaga. El ambiente, las sensaciones, el tufillo que tenía este equipo hace un mes se ha perdido poco a poco por el desagüe. No sé si eran fuegos artificiales, los efectos dopantes que tuvieron en mí ciertas actitudes que creía ver fruto de una interpretación partidista o que simplemente la cosa se ha torcido pero el equipo se parece cada vez menos a lo que yo soñaba que fuera y cada vez más al equipo que llevo más de diez años viendo. Si, ese equipo vulgar, mediocre, vulnerable y a expensas del contrario. Ese equipo cobarde.

Y no saltaron mal al campo, no. A pesar de la cobardía implícita de dejar a Diego en el banquillo (y si la excusas es que no está para todo el partido prefiero que juegue desde el principio hasta dónde pueda que al revés) había buena actitud, buena intensidad, buena colocación y velocidad frente al ladrillo que habían plantado los alemanes. Es más, la cosa se puso francamente bien cuando Falcao remataba de forma soberbia un saque de falta desde la izquierda. El 1-0 en el marcador dejaba la placentera sensación de que la eliminatoria podía resolverse con solvencia en el primer partido. Las buenas hechuras de inicio contrastaba con un equipo alemán reservón y áspero que basaba todo en defender con 9 jugadores (adelantando la defensa, eso si) y tratar de pillar alguna contra. Algo que por otra parte ya sabíamos que ocurriría.

Pero fue entonces, mandando en el marcador, cuando aparecieron las legendarias carencias básicas de este equipo: la insultante ausencia de capacidad de creación y la galopante falta de gol. Carencias que deben ir adjunta a la cuenta de atrocidades cometidas por el ínclito de MA Gil y su séquito, ese que lleva décadas desestructurando deportivamente (también) el equipo, armándolo en torno a ideas peregrinas de peregrinos iluminados adscritos a la religión del doble pivote de los troncos y de los destripaterrones. Es tan evidente la falta de fútbol del Atlético de Madrid que duele el pensar que alguna vez no fuera así.

Con Gabi haciendo de la peor versión de Gabi (la más vista en este campo, por cierto) y Mario Suarez demostrando, cada vez que pasaba el balón cerca de su sombra, que este equipo le viene inmensamente grande, el Atleti parece un secarral. Si encima Koke tampoco está fino, Arda se desespera haciendo de puta y poniendo la cama, Adrián va a buscarse la vida emigrando de su zona habitual y Falcao se dedica casi en exclusiva a tratar de bajar al suelo los balones que caen desde la estratosfera, hasta un equipo tan básico como el Hannover 96 es capaz de hacer daño. Si a eso le sumas las muestras de conformismo rácano que de nuevo volvieron a aparecer en el equipo, la vuelta a la tradición perdedora parecía cosa de minutos. En una jugada rápida y aparentemente muy sencilla los alemanes pusieron un balón en boca de gol desde la derecha con un pase que Miranda decidió dejar pasar supongo que por alguna razón difícil de explicar y que yo al menos no alcanzo a comprender.

Los más optimistas (yo) pensábamos que el descanso sería la piedra de toque para que todo cambiara. Sin querer jugar al entrenador parecía obvio. Contra un equipo cerradísimo y nuestros mediocentros arando el césped uno soñaba con un solo medio centro, Diego, Arda y Koke por delante creando, Juanfran y L. Filipe en las bandas Falcao fijando la defensa y Adrián buscando huecos. O abrir más el campo con Salvio por Koke (aunque cualquier opción que requiera a Salvio por principio a mí no me convence). Nada de eso. Los mismos. Todo igual. Tan igual que los alemanes se crecieron y nos pusieron contra las cuerdas. Repitiendo siempre la misma jugada, que Miranda seguía aplaudiendo desde la inmovilidad cada vez que ocurría, a nadie hubiese sorprendido un nuevo gol de los alemanes. Es más, sólo Courtois lo impidió con la enésima parada de crack mediada la segunda parte.

La gente miraba al banquillo y se excitó cuando vio a Diego quitándose el chándal pero la emoción se vino abajo cuando se supo que el cambio era Koke. Posición por posición. Mieeeeeedo. El brasileño cambio el dibujo y el Atleti cogió aire. Eliminó el peligro alemán, lo encerraron más en su campo y trataron de llegar…pero no llegaban. No hay gol. Es así. Entonces vimos a Salvio en la banda y los amigos apostábamos si el sustituido sería Mario o Gabi (“si puede ser que se marchen los dos” gritaba un señor detrás de mí). No señores, no. Adrián. Mieeeeeeeeeeeedoooooo.

El arreón final, más por corazón que por juego, puso las cosas en su sitio gracias a un gran gol (con algo de suerte ya que creo que toca en un defensa) de ese jugador imposible de comprender llamado Salvio. El resultado pudo ser incluso mejor si una chilena de Diego en el último minuto (vaya, parece que el brasileño tenía más minutos que los que le dieron) fue sacada gracias a la intuición del cancerbero germano.

Resultado incierto para la vuelta que hay que dar por bueno visto lo visto aunque no debería ser así. El Hannover es un equipo al que hay que ganar en Madrid y en Alemania. Punto. Es tan obvio y evidente que la frase no debería resistir ninguna clase de especulaciones pero el miedo irracional de nuestro entrenador, que es cada vez más evidente, hace que me entren las dudas. Un miedo que logrará mantener una discreta, amable y cómoda relación del Atleti con su afición y su destino pero que nos impedirá volver algún día a alcanzar el nirvana. A la mierda la cómoda normalidad, señor Simeone. Play it cool.



Aprovechando que hoy toca Gruff Rhys en Moby Dick …

Super Furry Animals – Play it Cool


No lo vi venir

At. Madrid 3 - Besiktas 1

Uno de los efectos que sin duda ha tenido el fenómeno Simeone ha sido el de anestesiar esa parte del subconsciente del aficionado atlético que suele dedicarse a escarbar en las lamentables grietas estructurales que tiene el Club Atlético de Madrid. Una de esas grietas, que suele ser clásica desde hace años, es el atroz desequilibrio que presenta la plantilla. Un plantilla corta, desequilibrada, más cara de lo que vale y con una falta apremiante de calidad. El renacido Atleti tiene mucha cosas buenas y Simeone ha conseguido hilar un equipo denso, decente e interesante con un puñado de jugadores a los que ha sabido acoplar y sacar partido. Un traje abrigado y compacto confeccionado con telas tirantes y sin repuesto. Y ese es el problema. Cuando se descose una costura no hay repuesto. La planificación técnica se puede entender de dos maneras. Oficialmente, entendiendo que ese señor de aspecto desaliñado y patético verbo llamado Caminero tiene la capacidad para realizar el trabajo por el que le pagan de forma inversamente proporcional a la capacidad que tenía sobre el campo para jugar. También se puede entender extraoficialmente (y probablemente de forma acertada) como que esta plantilla está confeccionada en función de las comisiones de MA Gil, Cerezo, Mendes y demás estrategas. Decidan lo que decidan la realidad es mucho más cruel y evidente.

El partido de hoy contra el Besiktas ha sido malo y deja más dudas que tranquilidad. A pesar del resultado. Todo empezó con la misma aparente intensidad de siempre pero sin nada de juego. Todo deslavazado, patadones, presión histérica y ni dos pases seguidos. Gabi y Mario parece dos mediocentros defensivos solventes rodeados de Diego, de Arda, de Tiago, de Adrián o incluso de un Koke en condiciones. Sin ellos aparecen vulgares. Especialmente cuando tienen demasiado tiempo el balón en los pies con la idea de crear. Hoy han sido vulgares. Gabi, que llevaba coleccionando partidos bastante decentes a vuelto a recordarnos aquel jugador exasperante que no para de correr ni de perder balones. Una vez más queda claro que la clave de este equipo (como de casi todos) está en el centro del campo y que el nuestro es lo que es.

Pero el equipo turco es muy inferior al Atlético de Madrid. Incluso al que ha jugado hoy. Un equipo turco que planteaba una esquema defensivo de libro pero blandísimo en la práctica. De la parte ofensiva ni hablamos porque parecía que no entrase en sus planes pasar del medio del campo con el balón jugado. Así que el Atleti, más por cosas de la lógica que por otros méritos más prosaicos, se fue haciendo con el control del partido, empezó a rasear el balón, a intentar colectivizar el juego, a dejar los patadones para mejor ocasión y a jugar. Entonces apareció Salvio. Ese jugador extraño e incomprensible que es raro el partido en el que no te preguntes como alguien así puede estar en el Atlético de Madrid y todo lo contrario. El argentino crispó a toda la grada cuando solo en el segundo palo y a un metro de la línea de gol tiró fuera un pase desde la derecha. Apenas unos minutos después levantó a los mismos aficionados de la silla cuando tras una jugada por la derecha y posterior recorte en el área, metía el balón con la zurda dentro de la portería. Salvio es así.

Comenzaban así los mejores minutos del Atleti. Minutos en los que vimos la mejor versión del equipo (rápido, incisivo, mandón, vertical,...) y los peores de un rival que para entonces daba risa. Sin ritmo, sin presión y desbordado por todos los flancos, a los turcos parecía hacérsele la noche muy larga. El renacido Salvio volvió a tener el balón, dirigir un contrataque, plantarse delante del portero rival con Falcao al lado y hacer el segundo de gran resolución. El tercero, también poco después, fue una auténtica obra de arte. El Atleti llega tocando al borde del área y el balón acaba en Adrián. Mientras el asturiano mira el pase, sus compañeros se meten en fuera de juego. Así que con la misma tranquilidad con la que lo hace todo, decidió ponerse a regatear rivales, meterse en el área y hacer él mismo el gol. Para entonces la grada pensaba en un resultado de escándalo. Lo pensaba la grada y lo pensaba todo el mundo.

Pero entonces llegó un descanso que sentó muy mal al conjunto madrileño. En apenas diez minutos tras la reanudación habíamos visto ya síntomas de relajación en el equipo. Malo y muy mala noticia pues era algo inédito en la era Simeone. Flexible en la presión, romo en la intensidad y lo peor de todo, renunciando al balón. De esa manera el Atleti es un equipo de lo más vulgar. Así que el Besiktas, casi sin querer, se fue arriba y se puso a jugar en campo contrario. Ocurre que cuando el balón está en tu área cualquier equipo te puede hacer daño y eso es lo que ocurrió. Parece evidente pero... no lo vi venir. El equipo tampoco.

Los turcos habían tirado a puerta ya un par de veces pero el gol llegó tras un rechace que recoge Simao al borde del área y coloca por la escuadra. Golazo del portugués que tuvo a bien no celebrar lo que arrancó los aplausos de sus antiguos aficionados. Buen gesto de Simao cuyo recuerdo mejora con el tiempo. A partir de ahí el partido del Atleti fue atroz y recordó a épocas pasadas bastante recientes. Me da tanta pereza hablar de ello que lo voy a evitar ya que el marcador se quedó como estaba. Eso si, merece la pena resaltar dos cosas. La primera el inquietante movimiento de Simeone retirando a Adrián para incluir a Pizzi en un cambio de tinte defensivo que además eliminaba el único jugador con chispa que quedaba hoy en el terreno de juego. Malo. Lo segundo el propio Pizzi. Uno de los jugadores más insustanciales y con peores conceptos futbolísticos que hemos fichado últimamente (y tiene difícil destacar en esa categoría). Todavía no he vista hacer al portugués nada digno de fijarse en él como futbolistas. Ni un regate, ni un remate, ni un pase, ni un control,...nada. Pero es que encima todas las resoluciones las hace mal. Cierra el campo cuando hay que abrirlo. Ralentiza cuando hay que acelerar y vicebersa. Se coloca mal en todas las faltas, se esconde en la pared, se cierra al abrir el campo. Es lamentable. Sale de refresco y es incapaz de ayudar al lateral en defensa (lo del sábado con Navas fue patético) y cuando defiende en estático lo hace a 15 metros con lo que el rival puede tranquilamente fabricar un centro al área. Muy malo. Otro pufo del de siempre. Bien, Salvio y Pizzi son las primeras opciones desde el banquillo. Este dato debería bastar para explicar muchas cosas.

Eliminatoria encarrilada frente a un equipo claramente inferior que debería haber quedado finiquitada pero que sin embargo pudo fácilmente haberse complicado en la segunda parte. Buen resultado pero no definitivo. Me agarro al dato de que el único equipo que ha conseguido meternos dos goles desde que está Simeone ha sido el Barça y el Besiktas, hoy por hoy, dista mucho de ser ese equipo.

Belle & Sebastian - I didn't see it coming


Dicho y hecho

At. Madrid 1 - SS Lazio 0

Yo lo llamaba el síndrome del niño bueno. Esa dulce desgracia de hacer las cosas bien, según lo esperado. Mientras los moradores del lado oscuro de mi clase recibían promesas de recibir suculentos regalos por el simple hecho de aprobar un número razonable de asignaturas uno aparecía por casa con su colección de sobresalientes sin que nadie prestase demasiada atención. Era lo esperado. Es así. Es lo que ha ocurrido en el partido de vuelta contra la Lazio que nos deja en octavos de final de la Europa League. El nuevo Atleti de Simeone había regalado una maravilla de partido en el Olímpico de Roma que en Madrid sus seguidores interpretamos como un contundente puñetazo en la mesa de Europa. Se acabaron las tonterías. El Atleti dejaba la eliminatoria resuelta en el primer partido demostrando a tanto y tanto especulador como anda suelto que eso de que las eliminatorias son partidos de 180 minutos es una estupidez.

En otros tiempos un marcador de 1-3 a favor hubiese sido suficiente como para tener confianza pero al mismo tiempo también hubiese sido imposible evitar que se reavivase la dañina leyenda de la ciclotimia y los efectos inesperados que acompaña a nuestro club. En otros tiempos podría ser, pero una de las cosas que cambiaron con la llegada del Cholo fue precisamente la intención de renegar de las fantasías épicas, las sorpresas, y las machadas que tapan errores. Rigor, trabajo y seriedad. Más aburrido pero menos trágico. El argentino prometía preparar las batallas partido a partido. Dejó claro que las palabras son coherentes con el fútbol pero que lo que pasa en el campo será siempre prioritario. El Cholo prometió seriedad, intensidad y tensión para el partido de vuelta dando a entender que no quería sorpresas en una eliminatoria encarrilada. Dicho y hecho.

Lo que ha pasado en el campo encaja perfectamente en ese concepto abstracto de “tener oficio” que utilizan los cronistas y que tan bien se entiende excepto cuando se utiliza como eufemismo de "dar patadas". No es el caso. El Atleti saltó al campo reservando jugadores para el partido del domingo pero no se notó demasiado en las señas de identidad del equipo. Si, faltó brillantez y si, faltó creación, pero el equipo, en esencia, era el mismo equipo. Y eso que al ambiente no invitaba a meterse en el partido. El tradicional frío húmedo del Calderón, la tranquilidad del resultado y una grada con demasiadas calvas hubiesen dado una imagen ciertamente pobre de no ser por los miles y miles de fogosos italianos que abarrotaban el fondo norte. Impresionante el poder de convocatoria del equipo “lazial” con una eliminatoria perdida y un equipo en descomposición (su entrenador había presentado la dimisión horas antes).

En los primeros minutos la Lazio trató de llevar la iniciativa en el juego pero el intento no pasó de ahí. El Atleti estaba bien plantado y nunca sintió verdaderamente peligro. Es más, pasados los primeros minutos llegaron, a base de juego vertical, las primeras llegadas de Adrián (otra buena primera parte), Juanfran (bien también en el interior) y sobre todo de Salvio. Un jugador que ni me convence ni creo que me convenza nunca. Ni alto, ni fuerte, ni rápido, ni hábil, ni goleador, el argentino es de esos jugadores que parece que si…pero que no. No obstante no estuvo mal en el partido, para ser justos, y suyas fueron las mejores ocasiones y las jugadas más peligrosas de la primera parte. En especial un remate al palo que mereció ser gol. Los italianos se estrellaban una y otra vez con el rigor defensivo de los colchoneros pero sin Klose y con Hernanes desparecido aparecía como un equipo vulgar que poco a poco se resignaba a tirar la toalla.

La rendición total tuvo lugar al poco de comenzada la segunda parte cuando Godín remató de forma excelente un córner sacado por Gabi. El 1-0 lejos de espolear a la Lazio consiguió que el Atleti aumentara y adelantara su presión (¡gracias Simeone!) dejando las carencias de los celestes todavía más en evidencia. La escuadra del Cholo debió pensar que no merecía la pena el esfuerzo y decidió que la última media hora fuese un entrenamiento en el que Falcao o Turan (que entraron al campo) pudieran estirar las piernas.

Partido sin historia que ponía el broche a una magnífica eliminatoria que engorda la ilusión de la afición atlética por una competición que se pone preciosa (Manchester City, Manchester United, Valencia, PSV,…). Una competición en la que ya conocemos lo que significa ganar y que no me importaría repetir. Fíjate, conozco Rumanía pero nunca he estado en Bucarest.


Engineers – Said and Done


Yeah, Yeah, Yeah...

SS Lazio 1 - At. Madrid 3

Hubo un tiempo, hace unas horas como aquel que dice, en el que todo eran problemas, miedos, excusas, pendientes cuesta arriba, terribles quebraderos de cabeza. Todo era una complicación. Cualquier rival era un sufrimiento y un drama. Todo era imposible. Sobrevivir era un triunfo. Hubo un tiempo en el que el Atlético de Madrid, gracias a entrenadores cargados de ideas mediocres recién traídos del país de la mediocridad que además venían auspiciados por los dirigentes tóxicos que lideran los designios de este club, había asimilado hasta el tuétano las justificaciones y el discurso de los equipos pequeños. Esa suerte de ponerse la tirita antes de tener la herida. Ese discurso hipócrita de sentirse perdedor para que luego cuando se perdía por la mínima se pudiera vender el resultado como un triunfo.

Hubo un tiempo, acuérdense de Manzanos, Ferrandos, Aguirres, Abeles, Quiques, Manzanos,..., en los que ir a jugar al olímpico de de Roma era ir a sufrir. A no jugar. A encerrarse. A defender. A vivir en tu área. A dar pelotazos. A esperar el fallo del rival. A perder. Hubo un tiempo en el que los entrenadores querían ser más ingleses que los ingleses o más italianos que los italianos. Todavía no sé si creérmelo pero parece que esos tiempos se han dejado atrás. La llegada de Simeone no sólo a supuesto un resurgir en los resultados y un empujón a la autoestima de un puñado de jugadores que ahora parecen la antipartícula de lo que eran hace unos días. No, la llegada de Simeone, y eso es mucho más importante, ha supuesto el cambio radical de mensaje. De estilo. De idea. El Atleti es un equipo. Ahora si. Un equipo además que ahora siempre, ahora si, sale a ganar. Lo hará o no lo hará pero no especula. Un equipo con un estilo propio y reconocible que se adaptará a las circunstancias cuando tenga que hacerlo pero que siempre será fiel a su personalidad. Un equipo con el que, ahora si, uno se puede ilusionar. Un equipo, en el que, ahora si, uno se puede reconocer. Un proyecto en el que, ahora si, uno puede y quiere creer. Hoy si, después de mucho tiempo dan ganas de gritar de alegría..yeah, yeah, yeah!

El partido fue otra exhibición rojiblanca de fuerza, ilusión, rigor, compromiso, esfuerzo y fútbol. Salió una vez más con la tensión a tope y aferrado al rigor táctico como una lapa. Presionando arriba, robando rápido el balón y jugando en campo contrario. Las premisas fueron una constante durante todo el partido. Un partido que podría haberse puesto franco casi desde el principio si Falcao acierta un magnífico pase entre líneas que sin embargo lanzó por encima del larguero. El Atleti lo hacia todo y todo lo hacia bien. La escuadra romana ejercía sin complejos de italianismo y esperaba en su área pero no se sentía cómoda. No controlaba el partido ni el juego ni el tempo y los madrileños llegaban demasiado. Simeone apostaba por Koke de titular en detrimento de un Turan que había dejado buenas sensaciones en los partidos anteriores. La apuesta podría haber sembrado dudas en otros tiempos pero hoy no. El canterano ha completado un sensacional partido. Engrasando el equipo, dando fluidez a la circulación de balón y equilibrando mucho el equipo. Jugará bastante si sigue así. El 0-1 parecía inminente pero lo que llegó fue un inesperado fallo de Courtois. Tiro lejano que despeja mal y cuyo rechace aprovecha Klose para abrir el marcador. Sería injusto cargar las tintas con un portero que está haciendo una campaña soberbia. Un fallo. Fin de la historia.

Pero el Atleti, y esa es una de las buenas noticias de la noche, siguió exactamente igual. Tranquilo, intenso y creyendo en si mismo. Lo que nunca hacíamos. Así seguían llegando las ocasiones y así llegó el gol de Adrián. Pase desde la derecha del renacido Juanfran, salto portentoso de Falcao y Adrián que marca en posición dudosa. Pero es que, y es otra de las grandes noticias de la noche, el Atleti siguió exactamente igual. Fuerte, presionante y ambicioso. Así llegó el segundo poco antes del descanso. Taconazo de Adrián que expande el concepto de obra de arte, conducción de Diego dentro del área, pase al segundo palo y llegada de Falcao adelantándose a todos. El Atleti se iba al descanso con la justicia en el marcador y la sensación de haber completado un excelente primer tiempo. No era una sensación.

Pero es que el segundo fue igual. Monologo rojiblanco que simplemente se vio salpicado cuando mediada la segunda parte los romanos se estiraron un poco, robaron el balón por momentos y trataron de generar peligro. Fue entonces cuando apareció ese punto de ambición que tantas veces no aparecía y hoy se buscó hasta encontrarlo. Llego el tercero. De nuevo Falcao. De nuevo entrando en el segundo palo. De nuevo tras genial jugada de Adrián. 1-3 en el Olimpico de Roma. Otros se hubiese echado atrás a dejar pasar el tiempo. El Atleti no. El Atleti siguió controlando el partido, teniendo oportunidades y acabando el partido en el área rival. El Lazio ni estaba ni se le esperaba.

Enorme resultado que invita al optimismo. Sensacional actitud que despierta el orgullo. Soberbia intensidad que asusta. Terrible entrega física que levanta el aplauso. Contundente juego que provoca la ilusión. Este si es mi Atleti. Yeah, yeah, yeah...

The Pogues - Yeah, Yeah, Yeah...


La Chatunga

At. Madrid 3 - St. Rennes 1


Si alguien ha llegado hasta aquí con la intención de leer la crónica de un partido de fútbol le adelanto ya que no la va a encontrar. Desconozco cuantas de las crónicas sobre el partido At. Madrid – Rennes que andan pululando por ahí han sido escritas por gente que estaba en el estadio pero empiezo a sospechar que son muy pocas. Aférrense a ellas si quieren en cualquier caso tener una versión creíble de lo que pasó en el césped del Calderón. El engendró que ha cerrado la fase de grupos para el Atlético de Madrid es algo tolerable desde tu casa, calentito, rodeado de comida o bebida y pudiendo desviar la atención a otras cosas. Soportado in situ, en una noche gélida, rodeado de una entrada pobrísima y el ambiente más frío y triste que recuerdo en mucho tiempo en el coliseo rojiblanco, simplemente es insoportable. Tanto que el cerebro te impide revivirlo y por lo tanto hablar de ello minutos después. No me quedan ganas de escribir de fútbol después de semejante experiencia pero es que tampoco hubo demasiado fútbol del que poder hablar.

Aviso para navegantes: la asistencia debía andar por el cuarto de entrada y las condiciones atmosféricas y emocionales eran las peores posibles. Se escuchaban los gritos de Filipe Luis pidiendo el balón, el sonido de los pelotazos y los cantos de una docena de franceses que había en una esquina. Sacar conclusiones, en uno u otro sentido, con esas premisas es tramposo. Hubo pitos insistentes antes de empezar y de cierta envergadura (teniendo en cuenta la asistencia) durante los primeros minutos del partido. Contra Gil y contra Manzano y SIEMPRE como foco de origen en el menguado frente Atlético. Después se fueron diluyendo y sólo cuando Manzano tuvo los santos bemoles de salir del banquillo (cosa que se reclamaba insistentemente desde la grada) el respetable decidió despertar un poco. Lo anterior es información, no es opinión. La opinión me la reservo porque como digo, creo que la muestra es muy poco representativa de la realidad.

Como el partido era literalmente insoportable, aun a riesgo de que me tuviesen que amputar la mano por quitarme los guantes, decidí zambullirme a la comunidad twiter durante muchos tramos del partido. Comprobé con estupor el efecto de los cánticos y la emoción desbordante de aquellos que reclaman los gritos de la afición (pero que irónicamente no estaban allí para gritarlos) y como algunos periodistas recogían esa sensación para transmitirla. Llevo muchos años en el Calderón y la de ayer no está ni de lejos entre las pitadas más significativas que recuerdo. En mitad de aquello fui entonces más consciente que nunca de que la realidad no tiene porque coincidir con lo que está pasando por mucho que todos tus sentidos te estén diciendo lo contrario. En este mundo democrático, globalizado y tecnológico las cosas no son lo que son sino lo que les parecen a la mayoría. Ese pensamiento se reforzó cuando volviendo a casa tras el partido comprobé el mensaje de José Ramón de la Morena (que luego desarrollo en su exitoso programa) denunciando a la afición colchonera por malos aficionados y por meterse con los pobres dueños del club, que bastante tienen con lo que tienen. El Larguero lo escuchan millones de personas. Millones de personas que no estuvieron en el campo, que no conocen lo que pasa en el Atleti más que por lo que dicen en El Larguero y millones de personas que ayer durmieron con el mensaje de que pitar pone nerviosos a los jugadores y de que protestar es inútil e injusto. Al próximo que me diga, periodista o no, que el culpable de la situación del Atleti es la afición le recordaré esta pequeña anécdota.

Yo estuve en el campo y escuché los comentarios de la grada. No los gritos que salen por televisión sino lo que cuenta la gente que tengo alrededor, los que me encuentro en la entrada, en los bares de alrededor, en el metro… y lo que cuentan mayoritariamente es exactamente lo mismo que esta semana había leído en Marca o en AS o había escuchado en cualquiera de las emisoras que aparecen en el EGM. Creo que incluso ponen las comas en el mismo sitio. El mismo mensaje, la misma reflexión. Actúan además de forma coherente con todo ello. Insisto, al próximo que me diga que el culpable de la situación del Atleti es la afición le recordaré todo esto.

¿Y el partido? Una pachanga infame. Una pachanga entre un equipo que no se jugaba nada frente a otro que nada juega. Un Rennes plagado de suplentes que durante muchos tramos ridiculizo a un puñado de jugadores desorientados que no saben a lo que juegan, ni en qué equipo están, ni lo que tienen que hacer. No merece la pena reparar en nada más porque eso si que sería inútil e injusto.

El discurso oficial que sale desde la pocilga en la que se ha convertido la dirección técnica del Atlético de Madrid apela a la mala suerte y esa “incomprensible” mala racha fuera del Calderón para entenderlo todo. Es evidente a estas alturas que Caminero o Manzano (al igual que sus jefes) piensan que los aficionados somos absolutamente gilipollas pero no por ello deja de doler cuando te lo siguen llamando. Manzano debería irse del Atleti (y llevarse a Caminero, por cierto) no solo por lo que hace (penoso y lamentable) sino también por lo que dice (intolerable).

Escuchando la rueda de prensa del jienense, leyendo los twiters de Jose Ramón de la Morena y sus palmeros, soportando el frío que tenía calado en los huesos y viendo la especie de brecha que se ha abierto entre los colchoneros “listos” y “tontos” se me vino a la cabeza la canción que podía ilustrar esta crónica. La chatunga, eh eh.., la chatunga ah, ah…


Observando los planetas

Celtic Glasgow 0 - At. Madrid 1

“oh, oh, oh observando cómo los planetas se alinean…”

Ver partidos del Atleti se ha convertido definitivamente en una actividad cuasi lúdica, en el amplio sentido de la definición. En el sentido de pasar el rato de forma absurda y estupefaciente al estilo de ese porcentaje aburrido de la población que apostados en un descampado, dedican sus días festivos a observar el paso de los trenes o los aviones. Trainspotting lo llaman los anglosajones. Observar los planetas lo llamo yo. Los colchoneros, en mayor o menor grado, hemos desarrollado una excelsa facultad para formatear el cerebro todas las veces que sean necesarias. Goleadas humillantes, aburrimiento tóxico, campañas enteras navegando por el ostracismo,…nada es suficiente para que nuestra memoria RAM, la única que tenemos por lo visto, se refresque con cada partido. Paradójicamente también hay una pequeña parte de esa afición que asumimos el que las cosas tendrán que cambiar en algún momento pero no se nos distingue demasiado de nuestros colegas. Nosotros nos tumbamos a ver los planetas con la esperanza de que éstos se alineen alguna vez por sí mismos. Esa es la diferencia. El resto simplemente se tumban a observar.

El partido de Glasgow que nos da matemáticamente la clasificación para la siguiente fase de la Europa League se puede analizar desde muchas perspectivas aunque todas ellas igual de inútiles en el fondo si, como digo, el aficionado general tiende a mantener esa envidiable capacidad para olvidarlo todo. Institucionalmente resulta patético que un resultado favorable frente a un equipo de nivel cuestionable en una cuestionable competición sirva para eclipsar una trayectoria que viaja hacia el fango siguiendo indefectiblemente la aceleración de la gravedad. Socialmente resulta bochornoso que un partido así sea suficiente para que esta afición apaleada, después de lo que llevamos tragado esta y anteriores temporadas, se vista con ese burdo y barato traje de optimismo que al parecer es inseparable del espíritu atlético (una mentira podrida que nuevamente es consecuencia de la habilidad para el Marketing fullero del heredero Gil y sus huestes). Pero quedémonos hoy con lo deportivo.

La frágil memoria colchonera ya lo ha olvidado pero en el inicio de temporada ese charlatán, que actúa como entrenador nuestro, propagaba a los cuatro vientos su idea de equipo abierto, alegre y atacante, reflejado en ese 4-3-3 del que chuleaba con los periodistas agradecidos. Semanas después vimos que toda aquella filfa era una nueva engañifa de un tipo que ya nos había timado muchas veces. A día de hoy parece consolidado, entre otras cosas, que el centro del campo para Manzano, aquello a lo que nunca va a renunciar, aquello que no resiste rotaciones ni probaturas es, como siempre ha sido, el eterno doble pivote de jugadores de corte defensivo y perfil advenedizo. Lo de siempre desde que Luis Aragonés abandonó este barco hace ya una década. Manzano no sabe hacer otra cosa que ese 4-2-3-1 que usan todos los entrenadores del montón pero incluso haciendo esa cosa, tampoco es de los mejores.

“oh, oh, oh, tengo razones para mentir. Si, si, si, matando el ego”.

El partido empezó con concentración, rigor táctico y ciertas ganas. Novedad, tratándose de un partido fuera del Calderón, dónde al parecer el equipo no tiene porque estar exigido. Buenas sensaciones en la línea de tres cuartos ofensiva pero espesura y lentitud en el juego colectivo. Si digo que Gabi y Mario Suarez llevaban la manija en la zona medular creo que no necesito explicar nada más para entender el resto. Enfrente un Celtic que a pesar de necesitar la victoria para seguir vivos en la competición mostraba desde el principio sus enormes carencias en todos los frentes. Pero incluso el Celtic puede complicarnos la vida. Bastó un empujón físico, adelantar la presión y encimar un poco al doble pivote. Gabi y Mario, Mario y Gabi son incapaces de llevar las riendas de un equipo con aspiraciones. Eso lo saben en Glasgow y en Sebastopol así que simplemente con eso en la cabeza nos pusieron en dificultades. Con Diego y Turan alejados de la zona de creación por indicación del banquillo (el primero en la mediapunta para no “estorbar” a Gabi y el segundo alejado a la banda que en su día ocupó Ibagaza o Jurado o…) el balón no salía de atrás. Volvimos a las andadas: cuestionando el juego de balón de los centrales (¡acabáramos!) y recurriendo a los pelotazos. El Atleti contemporáneo en estado puro.

Pero entre que el Celtic es un equipo que lo pasaría mal en la liga española, que apareció Turan y que apareció la suerte la cosa se arregló. El turco enganchó un rechace en la frontal del área y entre el capitán escocés que se agacha y el portero que no ve, el balón se fue adentro. Lo católicos de Glasgow acusaron el gol de forma radical. Probablemente conscientes de que el futuro se les complicaba de forma considerable a partir de ese gol bajaron el listón y descentrados en su rigor táctico propiciaron que Diego y Turan le quitaran el protagonismo a Gabi y Mario. Se hizo la luz. Sin demasiados aspavientos y sin crear realmente ocasiones claras de gol (uno de los principales dramas de este equipo) pero suficiente para tener el balón, tratarlo con criterio y controlar el partido. Así se llegó al descanso.

Y así prácticamente se llegó al final del partido. Fútbol control con algún detalle con el que soñar pensando en lo que podría ser este equipo con inteligencia y criterio en la dirección (Turan, Diego, Adrián,…) pero bastante mediocridad de esa que es suficiente para pasar la fase de grupos en la segunda división europea. Algún espejismo de Salvio en el que parecía que puede ser un jugador aprovechable pero que él mismo se encargaba de explicar cada vez que tenía ocasión de rematar. Salió también Falcao por Adrián lo que sirvió únicamente para seguir alimentando las dudas sobre el fichaje más caro de la historia rojiblanca. Mucho pundonor, mucho intento de remate,…pero poco más. El final del partido coincidió con un repunte de los escoceses pero fue más sensación que otra cosa. La suerte estaba echada.

Así que tras un nuevo éxito cosechado por las huestes rojiblancas nos disponemos a vivir un fin de semana tranquilo hasta que aparezca el Rayo el domingo por la mañana, momento en el cual podremos sellar, si el marcador lo quiere, las bases de un futuro tremendamente prometedor. Dado que todo es una inmensa balsa de aceite y no tenemos nada por lo que preocuparnos tumbémonos en el fresco césped y sin hacer ruido a observemos los planetas. ¿Ironía? ¡Por favor! ¿Qué es eso?


“oh, oh, oh, encontrando la respuesta. Encontrando que no hay respuesta que encontrar”


Watching the planets – The Flaming Lips
(Embryonic/2011)


Causa perdida

Udinese 2 - At. Madrid 0


No recuerdo la de veces que año tras año, verano tras verano, me he armado de esperanza e ilusión respecto a la temporada venidera del Atleti. En contra de la lógica, apelando al pasado, buscando entre mis sentimientos más profundos uno intentaba encontrar razones para poner la pasión de siempre en el equipo de mis amores. A veces pensaba que era cuestión de arreglar la defensa, otras de arreglar la delantera. En los últimos años estaba convencido de que la solución estaba en equilibrar al equipo y de una vez por todas darle la plantilla a un entrenador con criterio. No hace falta que fuese una Vedette tipo Mourinho sino que bastaba con un tipo normal, sensato, acorde con el fútbol moderno, valiente, con personalidad y sobre todo con ganas de llevar al Atleti al lugar que le corresponde. Es una causa perdida. Este equipo, o lo que queda de él, no tiene solución mientras estén al frente los que están. Nunca tendremos un equipo equilibrado, nunca tendremos el espíritu y la ambición que nos corresponde y nunca tendremos un entrenador coherente con todo eso. No interesa. No puede ser que año tras año se cometan los mismos errores. Esto tiene que ser premeditado y por lo tanto es una causa perdida.

Permitanme, antes de que se me olvide, reservar antes que nada unas palabras para manifestar el absoluto desprecio que me produce la propuesta futbolística del Udinese. Fiel heredero de la tradición italiana más rastrera los italianos han ganado un partido de libro según el código transalpino. Catenaccio todo el partido en su propio campo esperando una jugada fortuita o un error del rival. Anti-fútbol en estado puro. Me repugna cuando lo veo en mi equipo así que se me escapa el calificativo cuando lo veo en el rival. Que mis críticas al Atleti no se interpreten como elogios a un equipo, el Udinese, que no merece ningún éxito jugando así.

Ahora bien, el Atleti tiene lo suyo. Al acabar la primera parte los “simpáticos” locutores de Cuatro y el timeline de mi twitter parecían estar de acuerdo en que los madrileños estaban haciendo un buen partido. Yo mismo tenía esa sensación aunque siempre con el resquemor de que faltaba algo. Era obvio. Bastaba pararse a pensar. No habíamos tirado una sola vez a puerta en los 45 minutos. Entonces es cuando empiezan a encajar las piezas. Enfrente teníamos unos italianos con diez tipos en la frontal sin ningún interés por el balón, artefacto que cuando caía en sus pies enviaban lo más lejos posible. No parece muy meritorio ni justo presentar el dominio del balón y del juego como el gran bastión del poderío colchonero. Sobraba Gabi y faltaba fútbol. ¡Qué casualidad! La primera parte fue eso: circulación lenta y etérea, juego horizontal, intentos esporádicos de Pizzi de desbordar (siempre lejos de la portería), Diego tratando de entrar en el patatal de centro del campo que habían montado Gabi, Asunçao y los italianos y muy poco más. Algo visto una y mil veces. El ilusionante 4-3-3 que el trilero de Manzano vendía en las redacciones deportivas de este país a principio de temporada se ha transformado en un 4-2-3-1 de toda la vida que pasa a 4-5-1 cuando le entra el canguelo al profesor, que es prácticamente siempre. Un sistema, que como todos los sistemas, es bueno o malo dependiendo básicamente de los jugadores y la misión que se les asigne en esa posición. Manzano, como ya hizo en su primera versión, decide construir su equipo alrededor de un doble pivote de picapedreros con discutibles aptitudes físicas pero indiscutible incapacidad para crear fútbol y mucho menos para hacer que el resto del equipo lo cree. Lo de siempre, un planteamiento destructivo en el centro del campo que deja la posible elaboración siempre al libre albedrío y siempre lejos del centro del campo. Antiguamente por lo menos teníamos jugadores que eran capaces de hacerse las jugadas ellos solos y de eso hemos vivido muchos años. Torres, Forlán, Agüero,...Ahora no tenemos nada de eso. Diego es un gran jugador que juega fuera de sitio y nada arropado. Es como jugar a la Play Station y poner a Messi de lateral derecho. Falcao no sabemos si tiene lo que dicen que tiene (se supone que si) pero sabemos fehacientemente que no tiene lo que le pide su entrenador. No lo tiene y no lo va a tener. Los que salen en las bandas son irrelevantes y lo son porque ni ellos mismos saben que es lo que tienen que hacer más allá de tapar a su rival. El Atleti de Manzano dicen que quiere el balón pero no es verdad. El balón se lo dan y al igual que siempre no sabemos que hacer con él. Gabi y Asunçao y Mario y Costinha y De los Santos y Raúl García y...no saben que hacer con él.

La segunda parte fue lo mismo pero peor. Más deslavazado, más feo, más lento, más impreciso y mucho más aburrido. Godín mandó el balón a las nubes a cinco metros de la portería pero también Courtois tuvo que emplearse para marrar una estirada de los italianos. Ahí se acabaron las oportunidades hasta el minuto 88 en que un rechace en el área acaba en los pies de Benatia (y en los de Perea) y así, de rebote, marca el primer gol. Más italiano no podía ser. El ulterior intento a la desesperada del Atleti por intentar equilibrar el marcador obtuvo como premio todo lo contrario, el segundo del Udinese tras un contrataque culminado por Floro Flores.

¿Injusto resultado? Probablemente. ¿Merecía ganar o tan siquiera empatar el equipo italiano? Por nada del mundo. ¿Merecía ganar el Atleti?...no lo tengo nada claro. Si hacemos las cuentas de otra forma el Udinese sabía perfectamente a lo que jugaba. El Atleti no. Ambos tuvieron casi las mismas oportunidades que fueron casi ninguna.

El Atleti es una vez más un fraude que además no tiene visos de mejorar. La prensa del régimen insiste en decir que el problema es la falta de gol. No. El problema es la falta de juego. La falta de creación de ocasiones de gol. La falta de fútbol. Pero es difícil jugar al fútbol con un equipo que sitúa los pilares de su esencia en Gabi, un jugador que nunca debió haber vuelto por segunda vez al Atleti pero que ya va por su tercera resurrección. Mientras Gabi y Asunçao/Mario sean el eje del centro del campo en este o cualquier otro equipo, este o cualquier equipo no pasará de dónde se encuentra ahora mismo:la más absoluta mediocridad. De la misma manera me temo que mientras este Manzano en ese banquillo no veremos otra cosa y de la misma forma entiendo que mientras esté MA Gil dando vueltas a la M-30 y teóricamente dirigiendo el Atlético de Madrid seguiremos teniendo Manzanos en el banquillo y Gabis llevando la manija del equipo. Lo dicho, una causa perdida.

Beck - Lost Cause
(Sea Change/2002)

Desapareciendo otra vez

Stade Rennais 1 - At. Madrid 1


Hay pocas cosas en esta vida más repugnantes que la mentira y el fútbol es parte de la vida. En el Atlético de Madrid sabemos muy bien lo que es vivir, las subidas y bajadas, pero desgraciadamente también sabemos muy bien lo que es que nos engañen. Lo llevan haciendo, unos y otros, desde hace lustros. Desde arriba, con unos presuntos dueños que no lo son y que lejos de tratar no ya de construir un club de fútbol sino de tan siquiera mantener el legado que ya se tenía o desde abajo, regalando el puesto de entrenador a profesionales de características acomodaticias, pequeñitos, de recursos mil veces vistos y en ocasiones también con ínsulas de emperador. A los aficionados nos llevan engañando con la misma cantinela del nuevo proyecto, los objetivos, el buen papel, el juego “distinto” y demás eufemismos demasiado tiempo como para que todavía sigamos cayendo en la trampa pero desgraciadamente seguimos cayendo. El otro día en Barcelona volvimos a ver el Atleti cobarde y acomplejado de la era MA Gil. Hoy en la bretaña francesa hemos vuelto a ver el equipo timorato, escaso y mediocre que sale al campo pensando que un empate fuera de casa es un “gran resultado”. Esta película ya la he visto y sé como acaba. Acuérdense de los partidos en Tesalónica, en Leverkusen en Trondheim o antes en Bolton o en Oporto o en... y sabrán de lo que estamos hablando. El Atleti disfrazado de faralaes de los primeros partidos se disipa y otra vez lo vemos desapareciendo. Lo de siempre. 

La alineación inicial no era tan extravagante como la de Barcelona pero ya dejaba intuir lo que aparecería después. Un centro del campo con Diego flanqueado por Gabi y Mario no es la mejor opción para desplegar fútbol que es lo que se supone que quiere hacer este Atleti pero independientemente de esquemas y alineaciones el Atleti carecía esta tarde de algo esencial para un equipo que se dice grande o que al menos quiere hacer cosas grandes: ambición. Los colchoneros no la tenían. Los once jugadores, como tantas y tantas veces, parecían mover sus piernas con una vocecita al hombre que les decía “un puntito no está mal fuera de casa” y con ese mantra se desarrollaban. El Stade Rennais es un equipo tremendamente físico, tremendamente ordenado, que abraza con fruición es fútbol rocoso y vertical que tanto gusta a los entrenadores del Atleti pero que presenta unas carencias técnicas evidentes. La presión adelantada era muy buena, la generosidad física impresionante y el orden muy efectivo pero apenas eran capaces de mantener el balón unos segundos. Enfrente, el Atleti de Manzano, ocupaba el campo como muñecos de futbolín y movía el balón con una lentitud soporífera. Sin velocidad, sin ideas, sin movimiento,...el Atleti perdía el balón una y otra vez en los pies de unos franceses que tampoco sabían que hacer con él. Así pasó toda la primera parte. 45 minutos aburridos y lamentables que no parecían hacer mella en ninguno de los dos entrenadores. Cualquier ser humano que siga la actualidad del Atleti intentaba entender para entonces por qué Tiago no estaba en el campo pero si correteaba con más pena que gloria por él Gabi, ese muchacho que ya fracaso dos veces con la misma camiseta y que ni fue, ni es ni será ese centrocampista capaz de jugar y hacer jugar.

Pero Manzano, ya lo sabíamos, es más listo que nadie y mantuvo la misma bazofia en el campo tras el descanso. En esencia y en espíritu. Los mismos once hombres haciendo lo mismo. Nada. Fracasar en el movimiento del balón, desesperarse inútilmente (daba pena ver a Falcao tremendamente lejos de su hábitat intentando hacer lo que no sabe) y cometer sistemáticamente errores provocados por la presión rival y la patente falta de recursos futbolísticos del equipo. Así que ocurrió lo que tenía que ocurrir: un tiro de Montaño desde fuera del área da en la espalda de Domínguez y se cuela en la portería de Courtois.

Mal pintaban las cosas para los madrileños. El equipo bretón se creció en el ánimo y el Atleti parecía por momentos sonado. Manzano trato de hacer algo (por supuesto nada de tocar el centro del campo) con la salida de Salvio por Adrian que sorprendentemente fue útil. El argentino aportó frescura, descaro y velocidad. El equipo cambio el orden (inútil hasta entonces) por algo más de ambición y sólo con eso fue suficiente para encerrar a los franceses en su área que intentaban inútilmente aprovechar los numerosos errores del Atlético. Los fallos eran muchos y cualquier equipo de mayor nivel nos hubiese hecho un siete pero la suerte esta vez se vino de nuestro lado. Entraron Reyes y Juanfran por Turan (muy lento y poco combinativo) y Gabi (mejor no hablar) que trataban de aportar algo más de mordiente adelante pero todo era demasiado caótico. Pero el caos y la suerte a veces cae del lado que menos lo merece y una jugada por la derecha que no logra rematar Falcao en boca de gol si lleva a Juanfran que con rabia la coloca en el larguero y posteriormente en la red.

Un empate que efectivamente es un buen resultado y que nos deja vivos en Europa. Un empate que sin embargo deja al aire todas las carencias que se adivinaron en Barcelona. Un equipo que jugará diferente fuera y dentro de casa, que insistirá en el doble pivote defensivo disfrazado de cualquier pseudo-eufemismo táctico, que será cauteloso de cualquier rival (y ya vamos bajando el listo a dónde solía) y en definitiva el Atleti triste y mediocre de siempre. Ese que cuando tiene que aparecer...desaparece.

“Desapareciendo otra vez, esperando un sitio en el que estar”

Fading Again - Seth Swirsky
(Watercolor Day/2010)


The Concept (At. Madrid 2 - Celtic FC 0)

El fútbol es uno de esos espectáculos de masas que recoge la herencia romana del circo de reunir a las gentes en un foro inocuo en el que poder mostrar sus frustraciones. Un campo de fútbol es un sitio en el que siempre encontrarán a alguien protestando, gritando o insultando independientemente de lo que esté ocurriendo en el césped. Es así y es parte del encanto de este deporte. El partido del Atleti contra el Celtic ha sido en su mayor parte aburridillo (es cierto) y el equipo ha mostrado un buen puñado de cosas tan mejorables (cierto) como criticables (cierto también). He escuchado en la grada a gente quejándose del sistema, de los jugadores y del entrenador, comparando con temporadas y jugadores anteriores, etc… Bien, yo de momento quiero dejar claro que me desmarco de esa corriente. Criticaré los sistemas, pondré pegas a jugadores y me quejaré como aficionado al fútbol que soy pero tengo claro que esto es lo que yo reclamaba a mi equipo. Puede salir bien o puede salir mal pero era esto. Tan simple como salir al campo a ganar el partido. Tan simple como tratar de ser siempre el protagonista y que sólo un equipo contrario mejor (y no nuestro propio entrenador) te lo impida. Tan simple como tratar de jugar al fútbol usando eso redondo que todos los jugadores están mirando. Era y es una cuestión de concepto.

El debut en la Europa League desde el punto de vista del colorido y del calor en vivo fue en cualquier caso bastante decepcionante. Uno esperaba un estadio lleno, rugiente y una sonora representación escocesa que animase el ambiente. Nada de eso ocurrió. El estadio apenas registró media entrada y el puñado de escoceses que diligentemente se sentaban en el fondo norte apenas hicieron ruido. ¿Horario? ¿Rival? ¿Fechas? Me temo que nada de eso. Buenos tiempos para el fútbol televisado pero malos tiempos para el fútbol de verdad. El que se respira.

El Atleti salió bien. Con ánimo y criterio. Con ímpetu e ilusión. Tanto que en seguida nos pusimos por encima en el marcador sin apenas tiempo de entrever el sistema que se escondía detrás de esa extraña alineación consecuencia de las puñeteras rotaciones (algo en lo que no creo). A los tres minutos un córner sacado de forma magistral (¡por fin!) por el brasileño Diego es rematado de forma no menos magistral por Falcao. Ahí empezó y terminó el concurso del colombiano en el partido. Es injusto comparar y todos somos conscientes que Falcao ni es ni será el Kun (ni de lejos). Asumido esto lo que me asusta es lo que viene después. Ojalá me equivoque y todo sea fruto de mi pesimismo innato o del proceso de acoplamiento pero lo que llevo visto del fichaje más caro de la historia del Atleti no me gusta un pelo. Entra como los bisontes (bien es cierto) y remata muy bien de cabeza (también) pero… poco más. Lo veo lento, torpón y con pocos recursos con el balón en los pies. Cuando el juego pasa por él se ralentiza y no da la impresión de que su concurso más allá del remate aporte demasiado. Muy alejado de la versatilidad que aparece en los jugadores de corte moderno. Espero que el bueno de Falcao tape mis dudas a base de juego y goles (lo deseo con todas mis fuerzas) pero estoy asustado.

El equipo a partir del gol dejó ver un poco mejor las intenciones que conceptualmente eran las mismas de “siempre”. Control del balón, control del juego y creación a través de la circulación. El problema es que la velocidad sigue sin ser suficiente. Tampoco creo que ayudara mucho ese trivote del centro del campo que entorpece más que engrasar. Gabi y Mario tienen un corte demasiado parecido. Diego va al centro. Koke va al centro. Turan va al centro. Demasiado engrudo cuando las bandas están ocupadas por A. López (bajo de forma y muy lento) y por Perea (que hizo un partido muy digno pero no es Silvio). Creo que Manzano poco a poco tenderá a un sistema con tres jugadores dinámicos por detrás de Falcao y por delante de dos mediocentros. Creo que le pega más a la plantilla teniendo en cuenta las limitaciones del colombiano y el potencial de Turán, Diego y Reyes. Con un juego sin brillantez y con dudas pero suficiente para dominar el juego y el partido se aplacó al rival. Suficiente también para ver lo gran jugador que es Diego. Hábil con el balón, rápido de cabeza y pies y con personalidad para llevar el peso del equipo. El jugador que hacía falta desde hace una década. ¿Se imaginan a Diego, el mejor Tiago, Reyes, el Kun? No quiero ni pensarlo.

También vimos (otra vez) una de las cosas que tiene que arreglar este Atleti: la presión a la salida de balón del equipo contrario. No es buena y eso hace que el equipo tenga que recular muy atrás con demasiada frecuencia. La primera parte no dio mucho más de si en parte porque enfrente había un equipo muy por debajo de lo que decía el escudo que llevaban en la camiseta. Romo, sin ambición, sin calidad, lento y a merced del contrario. El Celtic de Glasgow, al igual que sus pocos aficionados, parecía llevar con resignación el papel de perdedores y apenas inquietaron.

Sin embargo nada más comenzar el segundo tiempo el equipo verdiblanco (que no sé por qué coño ayer vistió de amarillo) pareció estirarse ligeramente sobre todo de la mano del coreano Sun Yueng que es su mejor hombre. Un tiro lejano que el bueno de Courtois (cada vez parece más bueno) lanzó a córner. Manzano decidió entonces dar entrada a Reyes por Koke (muy apagado en la melaza de mediocentros) cambiando así el sistema y dando más fluidez al juego. Así apareció también el mejor Arda Turan, otro jugador que promete muchas cosas buenas para los aficionados. De él partió el segundo gol. Una gran jugada por la izquierda del turco que en la línea de fondo da el pase de la muerta a un Diego que llegaba desde la segunda línea libre para marcar. El partido y el Celtic murieron definitivamente con el segundo tanto. Aun así el resultado pudo ser mayor y el mismo Turan podría haber marcado poco después el tercero en otra buena jugada (esta vez por la derecha) que el meta escocés desbarató con una buena intervención.

Buen arranque europeo del Atleti que debemos refrendar en liga en los dos próximos partidos. El equipo gusta en el planteamiento pero falla todavía en algunas partes de la interpretación. Normal si tenemos en cuenta que, como dijo mi compañero en la grada, el equipo está haciendo ahora mismo la pretemporada. Gracias MA Gil por esa gran planificación.


PD. Teenage Fanclub es un grupo de Glasgow, seguidores del Celtic

The Concept – Teenage Fanclub
(Bandwagonesque/1991)