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¡Un abrazo!

Mostrando entradas con la etiqueta Vietto. Mostrar todas las entradas
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Entre todos la mataron...

En esa carrera desenfrenada y concienzuda por destrozar la competición futbolística en vigor más antigua de nuestro país, el Campeonato de España que reparte la Copa del Rey, puede que estemos colaborando todos. Encabeza la lista la propia Federación, organizadora de la Copa y que, con modos de torpe estibador, eleva la cutrez de un torneo fantástico hasta categorías nunca antes alcanzadas. Cutrez, un diseño infumable y un desprestigio constante que aparece protegido por una gruesa costra de caspa y que confina un fuerte olor a rancio digno de otros tiempos. Colaboradores necesarios en este horror son también las televisiones que, en pos de no sé qué concepto del espectáculo, desplazan los partidos a horarios absurdos, ridículos y humillantes para el aficionado al fútbol. Horarios que desnudan las gradas y matizan, todavía más, un cuadro costumbrista de tristeza incalculable. "Es lo que vende", dirán, en esa especie de mantra ocultista que, aparentemente, esconde algo que solamente conocen "ellos". 

Los aficionados, acostumbrados a la inapetencia del mediocre y siguiendo esa ley del mínimo esfuerzo que tan bien le sienta al sistema, nos dejamos llevar, esperando a que nos lo hagan todo. Convertidos en elementos pasivos que asumimos como inexistente (o falso) todo aquello que no aparece en la tele (o en la web del MARCA), evitamos complicarnos la existencia teniendo que pensar y decidimos, como forma de vida, limitarnos a comprar y llorar cuando se acaba la cerveza. Imbuidos por ese tufo a decadencia que ya no percibimos, miramos de refilón una competición considerada como “menor” (salvo que la gane el equipo del Gran Hermano) que es como se considera en las redacciones "serias" y en esas “tertulias” tabernarias, protagonizadas por tipos que interpretan personajes al borde de la salud mental, que se emiten en medios tremendamente "profesionales". En ese caldo de cultivo no es de extrañar el hecho de que los propios entrenadores utilicen los vilipendiados partidos de Copa para realizar sofisticados experimentos que, en el mejor de los casos, denominan eufemísticamente como “rotaciones”. Entre todos la mataron... 

Eran las 22:00 de la noche del día de Reyes y echaba a rodar el balón en un desolado estadio de Vallecas. Cuando la gente debería estar acostando a los niños tras un agotador día dedicado a ellos, algún iluminado, de esos que dicen saber cosas que los demás no sabemos, decidió colocar el inicio de un partido de fútbol. Un partido que, dicho sea sin acritud, me pareció un tostón. Sin medias tintas. Un aburrido correcalles en el que 22 jugadores corrían mucho, presionaban más pero jugaban poco. La alta densidad de caras nuevas en ambos conjuntos daba un cierto aire de partido de pretemporada que no ayudaba mucho a centrarse en lo que estaba pasando. En el Atleti atraía la posibilidad de ver a los nuevos, Kranevitter y Augusto, pero no creo que fuese el debut soñado para ninguno de los dos. Tengo la sensación de que son ese tipo de jugadores que necesitan que la pelota esté rodando con sentido por el césped para poder destacar. No fue el caso. El Atleti no jugó a nada. Óliver y Torres volvieron a naufragar. Thomas parecía estar de entrenamiento. Carrasco quería jugar solo contra todos y los dos nuevos asistían perplejos al despropósito. Afortunadamente la defensa cumplía con solvencia si exceptuamos, claro está, a Siqueira que sigue acrecentando esa leyenda de transferible. Me da mucha pena la trayectoria de este jugador en el Atleti. 

Enfrente, el Rayo competía al mismo nivel de intensidad que su rival pero con bastante mejor afinidad por el balón (sin que tampoco fuese nada del otro mundo). Fruto de ello, y con algo de suerte, consiguió inaugurar el marcador tras un disparo de Nacho desde lejos que, para mí, se “come” el bueno de Moyá. Un tipo que me cae de lujo y al que le deseo lo mejor pero que, por alguna razón, no me inspira demasiada confianza en la portería. 

La segunda parte fue muy parecida a la primera pero los cambios de Saúl y Vietto por Augusto, Óliver y Torres, pusieron una pizca de cordura en los rojiblancos. Verán que he omitido un jugador en el balance pero soy consciente de ello. La razón es que el otro que salió al campo fue Jackson Martínez pero como si no lo hubiese hecho. Lo más destacable de los segundos 45 minutos (lo único probablemente) fue la jugada del gol. Buen pase lateral de Kranevitter, buena recepción y mejor asistencia al área de Vietto y gran remate de Saúl, siguiendo su más puro estilo de llegador. Viendo el estado de forma de Jackson, Torres y Correa, Vietto es para mí titular en este equipo. Saúl también. 

Con todo, el resultado es quizá lo más positivo para los rojiblancos. Viendo los antecedentes en casa y los pocos goles que encaja el equipo, todo apunta a que la eliminatoria podría estar encarrilada pero es arriesgado asumir ese tipo de cosas en una competición tan cambiante y en cierto modo tan adulterada como la Copa del Rey. No sé qué equipos sacarán Jémez y Simeone la semana que viene así que puede pasar cualquier cosa. La competición sigue viva, debería rezar el titular. Lo que no sé es si verdaderamente lo está.

@enniosotanaz

Herederos de Kim-Il-Sung

Si ustedes le preguntan a un niño norcoreano cuál es la persona más brillante que conoce éste le dirá que es Kim Jong-il (o Kim Jong-un dependiendo de la edad que tenga). Si ustedes preguntan a un niño español cuál es el único jugador de fútbol que conoce éste le dirá que es Cristiano Ronaldo (o Messi, dependiendo de la tele que vea). Es difícil que contesten otra cosa porque para ellos, en ambos casos, no existe nada más. Si lo hubiere (¡blasfemia!) sería irrelevante, perjudicial o mucho peor, pertenecería a los enemigos de la patria. Esos herejes que quieren derribar ese Status Quo tan bueno es para “todos” nosotros. Supondría cuestionar la verdad. La única. Ambos niños viven en una férrea realidad inventada por sus propios dueños. Unos tipos sin rostro pero con dinero, con muy poca fe en la humanidad y el libre albedrío, que prefieren poner orejeras a las ovejas para que "ellas mismas decidan” elegir lo que tienen que elegir. En ambos casos, curiosamente, los dirigentes coinciden en justificarse alegando que su población es libre de hacer lo que quiera. Así lo demuestran las audiencias de televisión en el primer caso. En el segundo también. 

Atresmedia, ese monopolio audiovisual que opera como cualquier régimen autárquico y que con dinero se hizo con los derechos de la Champions League, se suma así a la revolución “popular” que supuso la entrada de las divisas de los medios de comunicación en el mundo del fútbol. Decidiendo despreciar, humillar e insultar sin tapujos a Sevilla, Valencia y Atlético de Madrid. Los otros. La hez. El enemigo. Lo hacen, como es "lógico", utilizando los mismos argumentos que utilizó el Gran Líder y Presidente Eterno de la República POPULAR DEMOCRÁTICA de Corea (del Norte). Es lo que me pide el pueblo, dicen. Claro.


Pero pese a la ignorancia del mundo “libre”, el Atlético de Madrid vuelve a quedar primero de su grupo en Champions League y vuelve a pasar con honores y solvencia a los octavos de final de esa competición. Lo hace frente a un equipo complicado, en unas circunstancias difíciles (sólo valía ganar) y, a modo de exorcismo, en un terreno con demasiados condicionantes emocionales. Lo hace además con autoridad y jugando al fútbol. La casta desharrapada que vive al margen de las luces, los miembros del “enemigo”, los antipatriotas, los que no pueden (ni deben) salir de blogspot.com, nosotros, debemos estar de enhorabuena. 

El Atleti de Simeone saltó al precioso estadio del Benfica (lo es) con el traje de campeón. Serio, compacto y consciente de lo que representa. Lo hizo con una novedad, armando su moderno 4-1-4-1 (que es un 4-3-3 en ataque) con Gabi en la posición de “cinco” y dejando el rol de box-to-box al cuestionado Saúl. Gran acierto del Cholo. Mientras Gabi hacía un partido solvente, el canterano se salía. Con un prodigioso derroche físico Saúl fue capaz de ayudar en la construcción, en la deconstrucción, en la presión y además ser el capitán de la segunda línea. Estamos hablando de un jugador de 22 años. Por favor tengan paciencia porque tenemos oro líquido. Pasados los primeros minutos de pseudoacoso lisboeta (se toparon con una roca) los de arriba, Koke, Griezmann y Carrasco, se pusieron a combinar mientras Vietto tiraba diagonales a diestro y siniestro. Fútbol. El argentino siguió apareciendo excesivamente tímido pero se empezó a ver el jugador que es. Uno muy bueno. Una combinación suya con Saúl (habilitada antes por Griezman) dio el primer gol. Una obra de arte que no resiste descripciones literarias y que por ello les pido que vean con sus propios ojos. La primera parte acabó con la sensación de que el Benfica era bueno pero incapaz y el Atleti un equipo con mayúsculas. 

La segunda no varió demasiado, a pesar de los intentos portugueses por irse arriba y el susto que dio Mitroglou, que acababa de salir y fue de los mejores entre los suyos, nada más echar el balón a rodar. El Atleti, obligado en este caso por el rival, juntó filas y defendió más cerca de su área (sin renunciar a la presión) pero las salidas con balón tenían mucho sentido. Eso es lo que se le pide a un equipo que juega replegado. Eso y, como también hizo, utilizar el balón con criterio cuando tiene la oportunidad de hacerlo. El trío letal que el Atleti tiene ahora por la izquierda (Filipe, Koke y Carrasco) consiguió llevar el balón hasta el fondo en una de esas jugadas. El belga, cada vez más importante en este equipo, metió un balón inteligente al primer palo donde llegó Vietto con habilidad para hacer el segundo gol. El joven jugador argentino tocó solamente dos balones dentro del área en todo el partido. El primero fue el pase a Saúl que dio origen al primer tanto. El segundo fue su propio gol. Ojo. 

Los últimos minutos fueron de acoso portugués, gracias al gran gol de Mitroglou (no es fácil darse la vuelta delante de Godin y meterla pegada al poste), a lo mal que entraron los cambios en el Atleti (sobre todo un Torres inusualmente apático) y al tal Renato Sánchez, un veinteañero portugués de condiciones prodigiosas que se echó el equipo a la espalada. Pero el Atleti también sabe sufrir y solventó la papeleta con oficio y fútbol. 

El equipo rojiblanco sigue en la pelea. Vuelve a estar entre los 16 mejores equipos de Europa y lo hace además disipando dudas como primero de grupo. Los colchoneros deberíamos olvidarnos de absurdas peleas internas y alegrarnos por ello. Mucho. Celebrar que en febrero seguiremos dando guerra por el continente. Por mucho que le resulte despreciable a los supuestos profesionales de Atresmedia y sus ideólogos. Esos fieles herederos de las enseñanzas de Kim-Il-Sung. 

@enniosotanaz

Humildad y respeto

Simeone dijo justo antes de iniciar la Copa del Rey frente al Reus Deportiu que encararían la competición con “humildad y respeto y eso es exactamente lo que ha hecho el Atlético de Madrid sobre el césped del Camp Nou Municipal. Respeto por un equipo rival que lo merecía y humildad para correr tanto o más que el equipo contrario antes de llevarse el partido. Sin condescendencia ni dejadez. Fútbol y sólo fútbol. 

Todo lo anterior podría parecer de Perogrullo pero no lo es. Los que hemos vivido los infaustos tiempos de la era pre-Simeone sabemos que las primeras fases de la Copa del Rey, por exceso o por defecto, solían ser muchas veces una pesadilla. Ninguno de los que entonces comandaba la nave supo afrontar esos partidos en los que la diferencia de presupuesto entre los equipos era tan abismal que complicaba la forma de encararlos para una plantilla saturada de complejos y carente de personalidad. Cierta soberbia mal parida, trazas de mediocridad traspasadas por los sucesivos entrenadores o desconexiones impropias de profesionales, hacían que la Copa del Rey se convirtiese en un infierno para el Atleti muchas más veces de las necesarias. Nunca más. Con Simeone se acabaron las dudas. El equipo sale a ganar haciendo lo mismo, juegue quien juegue y esté quien esté delante. Es muy de agradecer. 

Deportivamente saco poca lectura porque es muy difícil obtener conclusiones de un partido con unos condicionantes tan excepcionales. Quizá destacar una cierta resurrección de Vietto, que comenzó en la línea pésima de los últimos tiempos pero que acabó enmendando la plana dejando algunos argumentos para soñar y el preocupante camino inverso que siguió un Correa que, sumido entre la ansiedad y la imprecisión, transmitió unas sensaciones bastante flojas. Al final lo más destacable sea seguramente la gran capacidad que tiene Óliver para jugar al fútbol cuando su cabeza está centrada en crear juego y no en intentar no fallar. 

Mención muy especial para el Reus Deportiu. Un equipo que deportivamente trató de jugar al fútbol sin dar patadas y que además lo hizo como los ángeles. Jugó de tú a tú, sin complejos, frente a un Atleti al que en ningún momento tuvo la oportunidad de bajar los brazos. Pero si dentro del campo el desempeño del club catalán fue más que elogiable, en la grada, desde la institución y a través de las redes sociales su actitud fue todavía mejor. Desde el mismo día en el que se realizó el sorteo el club reusense intentó trazar puentes, generar simpatía y transmitir buen rollo con la afición rival. Ayer incluso nos daban las gracias a través de Twitter por dar color a la grada. Genial. Algo muy de agradecer en estos tiempos en los que parece que vende mucho más subrayar lo malo o potenciar ese esteriotipo torrentiano (y más falso que Judas) que el Establishment ha decidido colocarnos a los colchoneros. Desde esta esquina anónima del ciberespacio, quería dar las gracias al Reus Deportiu por intentar convertir un partido de fútbol en lo que siempre tendría que ser: una fiesta. 

Chapeau! 

@enniosotanaz

Tiago

Tiago Mendes aterrizó en la rivera del Manzanares 48 horas después del día de reyes de 2010. Sí, en el mercado de invierno. La tradición de mediocentros en el Club Atlético de Madrid era tan sumamente catastrófica que su llegada no despertó demasiada expectación. “Otro más”, rezaba por entonces mi anónimo (y cenizo) compañero de grada. No podía jugar la Europa League (competición que acabamos ganando ese año) y encima venía cedido por la Juventus, equipo en el que había pasado sin pena ni gloria. “Si allí no lo quieren…”, confesaba también entonces mi vecino, con ese optimismo tan valiente del que hacen gala los que nunca se equivocan. Contra todo pronóstico, el portugués se hizo con el puesto y acabó completando una gran campaña que nos llevó a ganar ese año la segunda competición europea (aunque él no la jugara) y a la final de la Copa del Rey, tras muchos años sin títulos. El Atleti perdió aquella final de Copa en Barcelona frente al Sevilla pero Tiago, que no había podido jugar en Hamburgo, entendió aquel día lo que era este bendito equipo. Aquella noche, con lágrimas en los ojos, parado en el césped del Camp Nou y viendo a la nutrida afición colchonera, apenas diez minutos después de haber perdido la final, cantando con el pulmón en la garganta su amor por los colores, Tiago entendió el espíritu rojiblanco y se le quedó clavado en el tuétano. 

Casi seis años después Tiago lo ha ganado todo con la camiseta rojiblanca. Liga, Copa, Supercopa de España, Supercopa de Europa, Europa League y le falta la Champions por aquel maldito minuto 93 de Lisboa. Por el camino dejó de ser ese jugador prometedor pero errático, confuso y falto de confianza para transformarse en el mejor mediocentro del Atleti en varias décadas y uno de los mejores de Europa. Es hoy la referencia de este equipo, dentro y fuera del campo, como así se lo reconocen compañeros y cuerpo técnico. Hoy, casi 6 años después de aquella llegada por la puerta de atrás y en el mejor momento de su carrera, Tiago acaba de romperse la tibia en el Calderón. Una grave lesión que, a sus 34 años, no parece fácil de superar. No sé lo que ocurrirá, cómo y cuando conseguirá volver a ser jugador de fútbol pero no creo que ahora mismo sea el momento de hacer cuentas, pronósticos ni promesas. Tiago merece el aplauso cerrado que se ha llevado hoy del Calderón y, más allá de aquel episodio oscuro de su retiro en el Chelsea, creo que es un jugador que ha hecho al Atleti estar donde está y al que por tanto le debemos mucho. Sólo por eso merece nuestro apoyo y nuestro cariño, aunque me consta que esto último es tan obvio que huelga decirlo. Sea cuando sea, esté como esté, Tiago será siempre bienvenido. 

El Atleti acaba de ganar al RCD Espanyol pero es una victoria que, sin dejar de ser importante, queda ensombrecida por la desgraciada lesión. Los de Simeone, aún volviendo al tradicional 4-4-2, encararon el partido muy bien y se pusuieron por encima en el marcador muy pronto. Buena jugada de Óliver Torres por la derecha (por fin un buen partido del canterano con la camiseta rojiblanca), pase al área y el de siempre, Griezmann, que mete la puntita para, no sé si él o el defensa, desviar el balón a la portería. El 1-0 daba alas a un equipo, el colchonero, que siguió jugando muy bien al fútbol. Hasta la lesión las sensaciones eran muy buenas. Buen toque, buen ritmo, buena presión, buena salida de balón y buen fútbol. Tras la lesión, un balón absurdo al que Tiago ataca de mala forma, el estadio entero se quedó aturdido. Helado. Jugadores y espectadores se quedaron sin referencia y el frío, que nadie había notado hasta entonces, se hizo de repente muy presente. 

La grada buscaba en el teléfono alguna noticia tranquilizadora durante el descanso pero ésta no llegaba. No es rodilla, decían, es una lesión ósea, como si eso hiciese el drama algo distinto. Los jugadores volvieron al campo con otro ímpetu y, más o menos, lograron sobreponerse a la situación. Saúl, como concienciado de repente de un rol del que no va a poder escapar, empezó a centrarse y a enderezar una actuación que en la primera parte no había sido tan buena. El Atleti siguió jugando y llegando, pero este equipo sigue sumido en una galopante y preocupante carencia de gol. 

Tampoco ayudó mucho Vietto que había sido agraciado con la titularidad pero que no ha estado a la altura en ningún momento. Lento, tímido, errático, eligiendo mal y fallándolo todo. Mala pinta tiene un jugador que está pidiendo a gritos una cesión. El propio Vietto, Griezmann, Godin, Carrasco, Óliver, Torres,… ninguno fue capaz de colocar el segundo gol en el marcador. Pero el partido llegó a su fin, con un equipo rival (el Español) que no existió en 90 minutos y con un equipo, el colchonero, que pasará el fin de semana jodido a pesar de seguir en la segunda posición de la tabla liguera. 

La lesión de Tiago es una desgracia, sin paños calientes, pero es irremediable y sería inútil (y absurdo) recrearnos en la desgracia o perder energías en buscar culpables y motivos. También en buscar remedios mágicos. Tenemos lo que tenemos y habrá que reinventarse. Dice la gente que sabe de esto que la mejor forma de encarar los problemas es no tomarlos como tales sino como oportunidades. Un nuevo escenario que pueda ofrecer alegrías con las que no contábamos. Héroes que no estaban llamados a serlo. Caminos y escenarios que antes no existían. Brindo por ello.

@enniosotanaz

A punto de comenzar

Pasaban las diez de la noche y ni la lluvia ni el frío, que habían estado amenazando todo el día, hicieron finalmente acto presencia. Hacía calor, de hecho. En parte por ese otoño que no termina de arrancar en Madrid y en parte por el efecto multitud de una grada que rugía celebrando el gol que acababa de subir al marcador. Después de un partido incierto, plagado de dudas, sin mucho fútbol, en el que el Real Madrid se había puesto por delante muy pronto (y muy fácil), en el que los blancos habían dominado el ritmo sin desgastarse, en el que los colchoneros mostraban sus costuras y que sólo a base de corazón habían conseguido igualar la contienda, el marcador señalaba de repente un suculento empate. Por mi cabeza pasó entonces, como una exhalación, una sucesión de fotogramas de la película del pasado. Los años de derbis humillantes, los planteamientos de Aguirre, los canticos ofensivos de la grada madridista, los árbitros agradecidos de antaño, los Maniches, Richales y Musampas, los años de jugar juntitos y esperanzados. Los años de soñar con una derrota digna contra "los grandes". 

A medida que me sentaba otra vez en mi asiento volvía también a la realidad actual. Con ella reparé en el terrible calendario que la divina providencia nos ha ofrecido este año, los fichajes en rodaje, la lesión de Koke, las dudas de Jackson, de Óliver, de Vietto, la alineación que no termina de cuajar y que con todo ello, en ese momento, a falta de diez minutos para terminar el partido y habiendo prácticamente jugado frente a todos los grandes, estábamos a sólo tres puntos de la cabeza de la liga. Un frío helador recorrió mi espina dorsal cuando vi que, una vez reanudado el juego, el equipo obviaba ese dato tan interesante y se marchaba a tumba abierta a la búsqueda de otro gol. Como si no hubiese mañana. Sin importar el contrataque letal de los blancos. Sin pensar en la verticalidad de Cristiano o de Bale o la precisión de Modric. Sin echar mano de la especulación ni las cuentas de la vieja. El equipo quería ganar porque esa es ahora nuestra religión, por mucho que tanto histérico recién llegado a la fiesta no lo quiera entender. No se consiguió, porque el bendecido Keylor Navas no lo quiso, pero estuvo ahí y en el fondo es un tema menor. Es mucho más importante saber que el carácter no se ha ido. Que quizá tengamos que adaptarlo y refinarlo pero que está ahí. 

Había sido un partido feo. En la primera parte el Madrid se había impuesto a su rival sin muchos aspavientos pero con solvencia. Gracias a una defensa blanda y desajustada que favoreció el inicial gol de Benzema y a la dificultad de Gabi (y con él del equipo) para jugar y hacer jugar rápido. También ayudaron la recurrente incapacidad de Óliver para ser trascendente en el juego y el concurso de un Torres que saca sobresaliente en la teoría pero suspende la práctica. La segunda parte fue distinta. El Atleti acabó siendo mejor por empeño, por empuje y por corazón. Nada más. Ilusionó la entrada de Yannick, no estuvo mal Jackson y volvió a decepcionar Vietto pese a marcar el empate. 

El árbitro pitó el final y mientras camino de la salida comentaba todo esto con los compañeros de grada, seguí otra vez con la misma película de antes. Así, en un trazo rápido, pasé de los tiempos no tan pretéritos hasta el día de hoy. Desde esos días en los que el equipo salía con miedo al Coliseum Alfonso Pérez hasta jugarle de tú a tú al Real Madrid. Desde esos tiempos en los que celebrábamos un sexto puesto que a lo mejor nos daba opciones a jugar la intertoto hasta lo que veía en ese momento a mi lado. Gente refunfuñando y cabreada porque estábamos a tres puntos de Madrid y Barça y se había empatado con el equipo merengue. Me sentí un afortunado pese al hedor a ingratitud.

Así que volví a la grada y miré al césped. Estaba vacío y no creo que nadie pudiera escucharme pero tenía que hacerlo igualmente. Por mí mismo. Grite gracias. Gracias Cholo. 

Los derbis nunca son buenos momentos para sacar lecturas deportivas. Son partidos y circunstancias demasiado especiales como para que puedan ser extrapolables a cualquier otro escenario. Los analistas de cámara y los gurús de chiringuito hablaran a partir de ahora de “juego del Atleti” para referirse exclusivamente a lo que ha hecho el equipo frente a Madrid y Barça. En parte porque son los únicos partidos del Atleti que han visto (y que verán) y en parte porque, como buenos payasos y/o trapecistas que son, tienen que dar espectáculo. Allá ellos. No caigan en la tentación de alimentarse de ese alpiste tóxico cocinado para otros. El Atleti es justo TODO lo que pasa fuera de esos dos partidos. 

Salimos vivos del envite y queda todo por delante. Hay errores básicos, falta mucho por acoplar y mucho por decidir pero seguimos en la batalla. Todo el mundo sabe lo que ocurre cuando no rematas a tu enemigo teniendo la oportunidad y a nosotros no nos han rematado. Me temo que el espectáculo está a punto de comenzar.

@enniosotanaz 

Carácter y personalidad

Decía Schopenhauer que la personalidad determina por anticipado la medida de la posible fortuna. El Atlético de Madrid probablemente tuviese mala fortuna en su partido de Champions frente al Benfica lisboeta pero sobre todo careció de personalidad. Seguro que ambas cosas están relacionadas. Si alguien me preguntase alguna vez cuál ha sido durante todos los años de Simeone la característica básica del equipo colchonero, creo que nunca diría los títulos, ni la defensa rocosa, ni el rigor táctico, ni la pegada, ni la verticalidad, ni tan siquiera la competitividad. Diría la personalidad. El carácter. Puede que, viniendo de donde veníamos, sea lo que más me llame la atención pero sinceramente creo que esa característica, lejos de ser una anécdota, es lo que ha hecho al equipo grande. 

Durante todos estos años hemos presenciado partidos espectaculares y soporíferos. Lo hemos pasado bien y muy mal. Hemos jugado plácidamente pero muchas veces también acorralados por equipos que nos quintuplican el presupuesto. Nunca, en ninguno de los casos, el equipo careció de personalidad. Ganando y perdiendo. Por encima y por debajo en el marcador. Podíamos tener a los once jugadores colgados del larguero en un estadio con ochenta mil personas queriendo nuestra decapitación, que cuando las cámaras enfocaban las caras de esos jugadores veíamos siempre a tipos convencidos de lo que estaban haciendo. Tipos que, con un gesto, nos convencían de que sabían lo que hacían. Valientes. Incansables al desaliento o a cualquier error que pudieran haber cometido. Convencidos de ser los mejores y de estar en la trinchera correcta. 

Ayer, por primera vez en muchos años, no vi nada de eso. 

Alguno dirá que el partido comenzó bien, con un Benfica replegado y expectante y un Atleti mandando en el terreno y el balón. Es cierto. Sin que el juego fuese especialmente fluido ni espectacular, los de Simeone dominaban la pelota y el centro del campo y se jugaba fundamentalmente en campo portugués. El ritmo era bueno, la tensión adecuada y las sensaciones positivas. De hecho todo mejoró todavía más cuando Correa, el único, con permiso de Griezmann, capaz ahora mismo de aportar algo diferente en esa plantilla, inauguró el marcador con un gol que desde el campo me pareció al borde del fuera de juego. El equipo se gustaba. Con la ola a favor apareció incluso Óliver. Vimos alguna jugada por banda y hasta la cohorte insoportable de histéricos que ahora se sientan en la grada junto a mí, perdonaron los errores en el remate de Jackson y Correa. Todo parecía tan fácil que el equipo, síntoma de falta de personalidad, se dejó llevar. En ese estado de latencia, un error de ajuste provocó un contrataque en superioridad del equipo luso que, con un pase al segundo palo, puso el balón en los pies de un excelente jugador llamado Gaitán para que éste perforara la portería local de gran zurdazo. 

En circunstancias normales el gol no supondría más que un contratiempo. No era justo y no reflejaba lo que estaba pasando en el terreno de juego. En el Atleti actual, supuso un drama y un cambio de paradigma. El equipo colchonero se deshizo como un azucarillo en una taza te, dando la sensación de tener la robustez de esas flores que soplas en el campo para pedir deseos. Ni en lo que quedaba de primera parte ni en toda la segunda, el equipo de Simeone fue capa de reponerse. Ni fútbol, ni ideas, ni futbolistas ni personalidad. Por el camino, eso sí, apareció una segunda puñalada letal del Benfica para cerrar el partido. Los portugueses estaban demostrando más oficio que sus rivales. Los colchoneros se escondían. Remataron alguna vez, sí. Tuvimos alguna ocasión clara, sí, pero nada respondía a un plan creíble. El equipo no era capaz de sacar rápido la pelota, de meter miedo o de tan siquiera encarar al árbitro por las pérdidas descaradas de tiempo. Los cambios, lejos de ayudar, estropearon el panorama. Los jugadores no hablaban entre ellos. Nadie colocaba. Nadie gritaba. Las caras reflejaban miedo. 

Pienso en Jackson, Vietto, Óliver o cualquiera de los nuevos y me acuerdo de Goethe cuando decía que el talento se desarrolla en lugares tranquilos pero el carácter se hace en el tumultuoso curso de la vida. Parece claro que van a tener complicado tener esa tranquilidad en la que desarrollar su talento (que lo tienen y alguno mucho) pero es que quizá les falta personalidad para jugar a un nivel tumultuoso. Quiero creer que no es así no pero empiezo a desfallecer en mi fe. 

El Atleti se complica la Champions, pero más allá de resultado (o de la inminente visita del equipo de Arbeloa, ese iluminado), me preocupan las sensaciones que transmite el equipo… y la grada. En el equipo no puedo hacer nada y confiaré en Simeone (¡estaría bueno!) pero en la grada deberíamos empezar por quitarnos ese complejo impuesto por los medios de que tenemos “la mejor plantilla de los últimos años”. No es verdad. En el mejor de los casos está por ver. La descompensación en el centro del campo es evidente y falta por determinar en qué queda ese galimatías de la delantera. Es lo que hay y probablemente todo parta de un error de planificación, de acuerdo, pero no juguemos a ser lo que no somos porque entonces lo pasaremos mal. Muy mal. Winter is coming, o no, pero estemos preparados. Tranquilidad, amplitud de foco y partido a partido.

@enniosotanaz

Se busca

Sé que acaba de comenzar el otoño y que ni siquiera hemos tenido que desempolvar las chaquetas del armario. Es cierto que esto no ha hecho más que comenzar y que los motivos para ilusionarse con el Atleti 2015/2016 están intactos, pero sería ingenuo no asumir que desgraciadamente el verano hace semanas que ha terminado. Que ya no queda tiempo para estar probando y que necesitamos dejar de soñar con lo que pasará, porque, entre otras cosas, ya está pasando. La Champions es una exigente realidad y la liga empieza a ser ese certero tamiz que clasifica a sus equipos en zonas concretas de las que luego será muy difícil salir. El Atlético de Madrid acaba de perder justamente en el Madrigal y aunque seguimos a una distancia prudente de la cabeza y una derrota concreta, frente a un excelente equipo en horas altas, no debería suponer nada, la forma en la que ocurre, como última etapa de una tendencia que viene de lejos, me resulta inquietante. 

El equipo de Simeone ha perdido en Villarreal sencillamente porque ha sido peor. Porque entró peor en el partido, porque no supo contrarrestar la presión ni el juego de los castellonenses y porque el equipo colchonero no fluye. Pelea, defiende, se sacrifica y corre como el que más pero no fluye. El centro del campo, lejos de ser clave, parece ser un mal menor y el resto del líneas no son capaces de conectar cuando el equipo rival presiona y/o juega cerrado. Nada nuevo bajo el sol. El resumen de partido es muy sencillo. Los dos equipos salen a tumba abierta pero el Villarreal se impone por la simple razón de que su trato del balón es mucho mejor. Lo es porque Bruno (¡qué jugador!) y Trigueros defienden tanto como sus rivales pero además juegan y hacen jugar. Enfrente, Gabi y Tiago cumplen con creces la tarea defensiva pero se ahogan en la faceta creativa. Especialmente el capitán, que es quién debería asumir ese papel (Tiago, entre centrales, es más stopper). Nadie ayuda en esa tarea. Óliver sigue tímido y su poca valentía para tomar responsabilidad en el juego le hace parecer un jugador mediocre. Saúl se pierde en banda (mucho mejor luego en el mediocentro). La superioridad en la medular y ciertos desajustes entre líneas (para mí motivados por tanta rotación) hicieron que los levantinos se pusieran por delante en el marcador (buen gol de Baptistao) y ahí se acabó el partido. Como tantas veces ha ocurrido con los protagonistas cambiados. El Villarreal cerró filas y cedió el balón para que el Atleti, sudando tristeza y desazón en cada pase, no supiese que hacer con él. La segunda parte fue un canto a la melancolía en el que pudimos observar la peor cara de un equipo sin ideas, sin recursos, sin ánimo, sin duende y lo que es mucho peor: sin fútbol. 

El Atleti no fluye. Las malditas rotaciones han hecho que Simeone no haya repetido equipo en lo que va de temporada lo que, para mí, es un error. Los jugadores que hacen buen papel vuelven rápidamente al banquillo y los que no han hecho nada siguen ocupando incomprensiblemente la titularidad. Supongo que todo obedece a una plan estructurado para barajar los egos y mantener alto el espíritu pero no lo veo y a mí, desde fuera, no me gusta. El equipo debería pivotar sobre una forma de jugar y el mejor once posible (¿quién no recuerda el once titular de las dos últimas ligas?). Ese once no está. No lo veo. Todos tenemos o intuimos uno en la cabeza pero ese no vale. El que vale es el de Simeone, pero en la puerta del vestuario parece existir un cartel virtual que reza: “se busca once titular”. 

No creo que sea justo ni sensato tampoco cargar las tintas en los nuevos fichajes pero reconozco que lo están poniendo difícil. La totalidad de ellos, a excepción de Correa, se sitúan, de momento, entre la anécdota y la decepción. Carrasco y Savic son todavía nombres por descubrir. Vietto está siendo absolutamente irrelevante. Jackson, además de irrelevante, transmite unas sensaciones pésimas. 

Pero yo vuelvo a lo mío. La última entrada en este mismo blog antes de las vacaciones hablaba de la ilusión que representaba escuchar a Simeone hablar de bajar a Koke al mediocentro. Lo entendía como una metáfora de una cambio en la forma de jugar, incluso en el sistema, que renovase una línea cargada de años y escasa de recursos. Falsa alarma. Varios meses después estamos donde estábamos. Peor, en realidad. Más años en las piernas, un efectivo menos (Mario Suárez) y la promesa de algo que está por ver lo que será. Cualquier opción de modificar el mediocentro ahora mismo (Saúl, Koke o Kranevitter cuando venga) será improvisada y eso siempre es un problema en un equipo tan mecánico y trabajado como el Atleti. 

Insisto, de momento son sólo tres puntos. Toca reflexionar, sacar conclusiones, aprender, adaptarse, apretar los dientes y remar. Somos el Atleti y Simeone (tiene narices tener que repetirlo) tiene crédito más que suficiente. No soy pesimista pero estoy preocupado. Viene el Madrid, sí pero eso me da igual. Ni eso ni lo que ocurrió contra el Barça es (ni será) significativo para mí. Se gane o se pierda. Son partidos especiales que se juegan de otra forma y con otras componentes. La realidad cotidiana, la que te hace ser campeón, está en otro sitio y sigue con el cartel de “Se busca” colgado en la pechera.

@enniosotanaz

Adaptación.

El primer partido de Simeone al frente del Atlético de Madrid fue en tierras malagueñas. Lo recuerdo bien. Fue un aburrido 0-0 con apenas ocasiones, en el que los colchoneros no pasaron del medio campo hasta los diez minutos finales. Las sensaciones fueron buenas, sin embargo. Los colchoneros, en bloque, dormimos ese día esperanzados. Eran otros tiempos en los que no recibir goles suponía una bendición y conseguir un punto fuera de casa se acercaba al milagro. Eran otros tiempos, digo, que no tienen nada que ver con los actuales, en los que ceder la posesión provoca caras de asco en una parte de la afición, se debate acaloradamente en torno al concepto de “jugar bien”, las malas rachas ya no se entienden y perder tres puntos, dentro o fuera de casa y sea contra quién sea, es imperdonable. Lo miro en perspectiva y puede que todo haya ido demasiado rápido. La capacidad de adaptación es un concepto líquido y difícil de definir que afecta a Jackson o a Vietto pero que también, por narices, nos tiene que afectar a nosotros, pobres espectadores de pasión desbordante y sentimientos a flor de piel. 

Cuando acabó la primera parte del encuentro del Atleti en Ipurúa, ese campo en el que juega el Eibar y que huele a fútbol por los cuatro costados, usé los 120 caracteres de mi cuenta de twitter para decir que me estaba gustando el Atleti. Mi valiente declaración recibió alguna muestra tímida de apoyo pero lo que recibí mayoritariamente fueron reproches entre los que destacaban un amplio surtido de mensajes que se preocupaban por mi salud mental o mi, aparentemente mermada, capacidad para ver fútbol. En esas estamos. ¿Por qué dije eso? Pues porque de verdad lo pensaba. Así de simple. 

Los primeros 30 minutos fueron imposibles de jugar. El ritmo endiablado, la velocidad supersónica y el nivel de presión resultaron exagerados. Por parte de los dos equipos. Un infierno para el Atleti y para cualquiera. Algo que tiene mucho mérito por parte de un equipo, el guipuzcoano, que consciente de lo que había, entendió que su éxito pasaba únicamente por anular físicamente al rival. Es francamente difícil jugar en esas condiciones y más en un campo de dimensiones reducidas pero el Atleti dio la cara también en ese escenario hostil y acabó imponiendo su superioridad. Igualando el derroche físico primero y tirando de balón después. Con una defensa portentosa y un doble pivote eficaz, Griezmann trataba de crear magia. Koke también lo intentaba pero no lo conseguía. Aunque tuvo mejores momentos que en los últimos partidos, sigue sin ser Koke. Y se nota. Con todo, el punto flaco estaba realmente arriba. Faltaba pegada. Vietto trataba de combinar y de aparecer pero sigue sin ser un jugador determinante, sin presencia y timorato. Le falta soltar la pierna. Jugar sin miedo. Llegará ese día. Seguro. Me preocupa más el caso de Jackson porque creo que pasa básicamente lo mismo pero, en este caso, en un jugador de categoría contrastada. No debería costar tanto. El colombiano trata de entrar en la dinámica de juego pero no se le ve cómodo. Frente al Eibar ha estado además muy mediocre de cara a la portería. Tengo paciencia, pero desgraciadamente para él ha llegado a un Atleti con más alternativas. 

Simeone quitó a los dos nuevos delanteros en la segunda parte para poner a Óliver y Fernando Torres. Parecía lógico, pero el equipo se descompuso momentáneamente. Tardó unos minutos en adaptarse, abrió las líneas y el equipo armero rebaño en su lata de energía para soltar todas las naves que le quedaban. No tuvieron ocasiones claras pero daba la sensación de que el partido podía romperse en cualquier momento y eso sí que hubiese sido una pendiente cuesta arriba para los de Simeone. Pero por desgracia para los vascos ocurrió todo lo contrario. Gracias al duende de uno de esos jugadores diferentes que de vez en cuando pisan los terrenos de fútbol: Ángel Correa. En la primera pelota que tocó aprovechó una excelente jugada de Torres por la izquierda para hacer un amago a-la-Agüero (sí, todos tuvimos ese Dejà Vu) y abrir la portería contraria. Tiene magia el argentino. Siempre que toca el balón parece que pasa algo. 

El partido pasó entonces a la tradicional fase de control colchonera. Se cierran las filas, se desespera al rival, con y sin balón, y se espera el latigazo letal. Y llegó, con los mismos protagonistas: Correa habilitando al “niño” para que esté, rememorando también aquella final de la Eurocopa, hiciese el segundo. Me paró aquí para decir que el inicio de temporada de Torres está siendo espectacular. Dentro y fuera del campo. Y lo digo yo, porque no decirlo sería de necios. 

Tres puntos que no valorarán las huestes del nuevo Atleti pero tres puntos de mucho mérito en un campo difícil, contra un rival motivado que estaba invicto y con un Atleti que sigue buscando con pausa su once de referencia. Efectivamente son otros tiempos y efectivamente todos seguimos todavía adaptándonos. 

@enniosotanaz