Analistas a posteriori
Valencia 3 - At. Madrid 1
El aficionado al fútbol es muchas veces ese animal que sabe exactamente lo que iba a pasar justo en el preciso momento en el que ya ha pasado. Con irascible vehemencia suele además repartir los carteles de “malísimo” o “buenísimo”, indistintamente, con la misma alegría y rigor con la que va al retrete. Siempre a posteriori, claro. Siempre desde el lugar seguro del que nunca se equivoca porque ya conoce el final. Supongo que es así desde que el mundo es mundo pero no deja de resultarme incómodo e irritante. Es fácil de entender que a todo el mundo le molesta perder, mucho más si se está acostumbrado a ganar, pero la cosa torna en cierta psicosis estúpida a la hora de buscar las causas y los culpables. Los jugadores no puedes ser cielo o infierno en función de una acción puntual. Comparar siempre con el mejor es injusto porque todos los que no son el mejor son evidentemente peores. Es incluso mucho más injusto catalogar de “inútil” a todo aquel que no hace lo mismo que hace el mejor. Decía François de La Rochefoucauld que los espíritus mediocres suelen condenar aquello que está fuera de su alcance y creo que no andaba desencaminado. El Atlético de Madrid ha perdido hoy en el estadio de Mestalla en un partido tremendamente raro y completamente inusual para lo que ha venido siendo la dinámica del equipo de Simeone. Un partido del que deberíamos ser todos muy cuidadosos a la hora de sacar conclusiones dado que se han sucedido una serie de patrones extraños, que dudo se vuelvan a repetirse en lo que queda de liga.
Empezaba el partido con un Valencia desatado. Aupado por su público y por ese excelente inicio de campaña que está realizando. Un estadio lleno, que lubricaba el derroche de intensidad que sus jugadores mostraban en el campo, igualando y superando al de los colchoneros que ya es decir bastante. No hubo demasiado fútbol en esos primeros 5 minutos hasta que un balón colgado al área sin aparente peligro es cabeceado en propia puerta por Miranda, un tipo que apenas comete errores. Raro. Mañana probablemente leerán en los periódicos sobre el error del brasileño pero para mí el error es de Moyá. El portero va de cara y a por el balón. Tiene que ser suya siempre. Por las buenas (llegando antes) o por la malas (gritando para que se quite su defensa).
El tempranero gol dejó noqueado al Atleti y espoleó a un Valencia que se vino arriba. Con intensidad, anticipación y fuerza, volvieron a hacerse con el balón un minuto después para que una buena jugada de André Gomes por la izquierda colocara el 2-0 en el marcador. Mañana leerán en los periódicos el gran gol del portugués pero para mí, de nuevo, es un error de Moyá que no cierra el primer palo en un tiro muy escorado. Con los mismos elementos que antes, aturdimiento en un lado, euforia en el otro, cinco minutos más tarde un córner cerrado sacado desde la derecha del ataque levantino es rematado en el área pequeña por el argentino Otamendi. No sé lo que leerán mañana en el periódico pero un remate desde el área pequeña tras un balón colgado es siempre error de portero por no salir. Moyá ha hecho un buen inicio de campeonato pero es cierto que apenas ha recibido jugadas en contra. Los errores de hoy pueden ser puntuales pero llevo semanas inquieto por las muestras de inseguridad que aparecen en el portero, especialmente en las salidas. Me preocupa. Mucho.
Con 3-0 en el marcador en apenas 15 minutos y el equipo local en estado de ebullición, el partido olía a goleada histórica pero no fue así y quizá ahí deberíamos ver uno de los pocos puntos positivos de la tarde para el cuadro rojiblanco. A base de balón y orgullo el equipo se quitó la presión y los nervios marchándose a por el partido. Detalle de equipo campeón que, en los peores momentos desde hace muchos años, levantó la cabeza y tiró de carácter para intentar dar la vuelta a algo que parecía imposible. Demostraron al menos que no tenía porque serlo. No había llegado la media hora de encuentro cuando un lanzamiento largo de Tiago fue rechazado por el portero che y recogido por Mandzukic para recortar distancias de cabeza. 3-1 y 60 minutos por delante. Para entonces ya habíamos podido ver que el Atleti era dueño y señor del esférico y también que Gámez, debutante con el Atleti en liga, estaba bien adaptado a su banda derecha y no estaba haciendo un mal partido. Otra de las notas positivas. El gol hizo que el público bajase el pistón y los jugadores valencianistas empezasen a tener demasiadas precauciones. Ya vieron el peligro acechar cuando el colegiado no vio unas manos claras de Barragán en el área pero terminaron de confirmarlo cuando sí vio las de Gayá, en el mismo sitio, cumpliéndose ya el minuto 45.
Llegar a la segunda parte con 3-2 era comenzar otro partido con la ventaja además del que viene empujando desde atrás. Era por tanto un momento clave. Un penalti de los importantes. Un penalti para valientes. Mandzukic, jugador designado, fue a por el balón pero Siqueira se adelantó con confianza y se erigió para tirarlo. El brasileño, en contra de lo que mucho analista a posteriori cree, es un consumado especialista en esta suerte que, como Simeone recordó después en rueda de prensa, sólo había fallado un penalti antes en su toda su carrera (con la camiseta del Atleti, eso sí). A priori no parecía una decisión descabellada pero a posteriori resultó letal. Siqueira, probablemente superado por las circunstancias, tiró la pena máxima de forma horrible, como lo hubiese lanzado una criatura asustada, dejando el mismo resultado en el marcador e insuflando al equipo contrario con la moral y fuerza que no hubiesen existido de haber acertado.
La segunda parte no existió. Con el Valencia reforzado anímica y físicamente tras los cambios, con el acierto de la repugnante campaña mediática del tal Nuno (otro iluminado que viene a sumarse a la lista de entrenadores iluminados que juegan los partidos fuera del campo) que ha conseguido que el Valencia hiciese el doble de faltas que el Atleti sin recibir tarjetas hasta que ya había hecho 16 de ellas (repugnante), con el Atleti roto físicamente tras el partido de hace unas horas, como quién dice, frente a la Juventus y el desgaste de tener que haberse enfrentado ya a todos los equipos de la parte alta de la tabla (a excepción del Barça), fue imposible que ocurriera nada.
Dura derrota del Atleti frente a un buen Valencia que se consolida como alternativa y que además tiene como consecuencia un resultado muy negativo en el entorno. No es mi caso dado que el partido no me deja demasiadas lecturas negativas ni me incita a cortarme ya las venas. Necesito más de Griezmann, sí. Quiero ver más balones al área a Mandzukic y me gustaría que lo de Cerci fuese simplemente causado porque el estado de forma del italiano no es todavía el óptimo, pero lo único que me preocupa realmente a día de hoy es la portería. No me siento seguro e intuyo que nuestra fabulosa defensa tampoco. Ahora viene un pequeño (y coñazo) parón para encontrarnos después con un calendario bastante menos exigente. Tengo fe en el futuro pero... partido a partido.




