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Dr Jekyll en Mr. Hyde

Getafe 0 - At. Madrid 1

Se me hace difícil entender que un jugador de fútbol tenga en la cabeza no ir hacia la portería si tiene la oportunidad de hacerlo. No correr a por el balón si todavía tiene fuerzas para ello. No poner intensidad si no hay ninguna razón para no hacerlo. Soy de los que creen que la labor del entrenador en el fútbol moderno es mucho más importante de lo que otros muchos fans de las individualidades creen, pero a veces el excesivo control del partido desde el banquillo provoca efectos secundarios que pueden llegar a paralizar al conjunto. Transformar al Dr Jekyll en Mr. Hyde. El Atleti casi tropieza en Getafe después de realizar una segunda parte ultra especulativa y mala, que tiene más delito todavía tendiendo en cuenta que viene después de realizar una de las mejores primeras partes fuera de casa que yo recuerdo en mucho tiempo. Puede que sea el cansancio (Champions el miércoles, gran exceso en los primeros 45 minutos) pero he notados ciertos tics que no me han gustado nada y que nos han podido contar un disgusto.

El partido comenzó con un ritmo trepidante y el clásico nivel de intensidad que plantean los jugadores de Simeone. En apenas cinco minutos ya vimos cuales serían las reglas del juego y que éstas estaban definidas por los rojiblancos. Parecían no estar dispuestos a ceder ni una sola de las fases del juego y a ello se pusieron. Dominando el balón, el juego, el tempo y el campo. Entrando por la izquierda, con un Siqueira algo más inspirado de lo que acostumbra y que ha tenido un par de detalles muy interesantes, y haciéndolo por la derecha con Juanfran que sigue en estado de gracia, como tocado por alguna divinidad. Koke era el mariscal del centro del campo mientras que Arda y Griezmann conectaban bien entre líneas. Excelentes minutos de los rojiblancos que jugaron muy bien al fútbol y cuyo único pero, otra vez, fue no encontrar puerta. Con muchos córners, varios balones colgados, algunos tiros desde fuera (Griezmann, Raúl García,...) pero siembre con falta de precisión a la hora de encarar la puerta. El Getafe no existía pero tuvo dos claras ocasiones que Moyá desbarató con mucha solvencia. Al final el gol llegó, como no, tras un saque de esquina botado por Koke y tras un lío en el área que aprovechó el más listo en ese ambiente: Mario Mandzukic.

Personalmente pensaba que lo que quedaba del partido sería tranquilo. El Getafe no había enseñado nada y el Atleti es un maestro a la hora de controlar partidos. Nada hacía pensar que pasaríamos los nervios que luego pasamos pero desgraciadamente hoy se le fue la mano al equipo a la hora de especular y controlar el juego. No sólo es que reculase en su posicionamiento en el campo, que también, sino que mató el ritmo, eliminó la intensidad y lo que es peor, parecía como si no quisieran ir a buscar la portería contraria. Eso metió al Getafe en el partido que aprovechando el parón y tirando de violencia. Casi si querer se adueñó del encuentro y lo hizo independientemente de la estupidez de Alexis y su deriva macarra que acabó sacándolo del campo y dejando a su equipo con 10. El getafense perdió un balón en banda, se cabreó y le soltó un codazo a Mandzukic tan evidente como estúpido. Es muy probable que los medios de comunicación tengan bastante que ver en lo que voy a decir pero mi sensación es que los equipos que se enfrentan al Atleti confunden intensidad con violencia. El equipo de Simeone es un equipo intenso, muy intenso, pero eso no se puede contrarrestar a base de patadas, codazos a destiempo y marrullería de baja estofa. Es de hecho un error que ya han cometido varios equipos. Debemos hacer especial mención en esta crónica del terror a un tal Juan Rodríguez, un jugador mediocre y sucio que se ha pasado el partido pisando por la espalda a sus rivales. Un tipo tan cerdo dentro del campo como miserable fuera de él, a la hora de justificar su acción de forma lamentable en los micrófonos de Canal +. Una de esas anomalías que salpican de vez en cuando el fútbol pero que afortunadamente nadie recordará nunca como futbolista y si como autor de lamentables sucesos. 

En la feria del despropósito acabó ganando el Getafe que con más corazón que fútbol (y gracias sobre todo a esa extraña indolencia de los colchoneros que unían a su mala gestión del balón) metió al Atleti en su campo y se lo hizo pasar mal. No hubiese extrañado a nadie que los azulones hubieran conseguido al final el empate en cualquier rechace o jugada desafortunada. 

Pero los tres puntos se quedan en el bolsillo de Simeone, que como bien acaba de decir en rueda de prensa, prefiere sacar pecho diciendo que su equipo ha ganado los tres partidos que ha disputado en la semana. Y tiene razón. El equipo sigue en la pomada de la liga. A dos puntos del primero. Luchando con los grandes. Partido a partido. Seguimos.

  

A flor de piel

Getafe 0 - At. Madrid 2

A los seguidores colchoneros nos suelen agraciar con descripciones bastante reconocidas para definirnos, como ese socorrido sufridores o el manido pupas. Estupideces. Espacios comunes creados sin querer por un presidente Atlético que una vez tuvo un arranque de ira, pero recogidos por la prensa carnívora para estereotipar aquello que no puede controlar ni entender. No voy a perder ni un solo segundo en justificar ese anacronismo pero si que voy a reconocer que la historia nos ha hecho muchas veces tener que cabalgar por el filo de la emoción. Vivir a flor de piel. Ganar peleando hasta el final, teniendo que ser emocionalmente fuertes. Me temo que lo que tenga que pasar esta temporada tendrá seguramente la misma música: emoción y drama. Escribo, de hecho, estas líneas con la sangre paralizada en mi cuerpo, sin poder disfrutar todavía de una victoria que huele a histórica. Y eso que el Club Atlético de Madrid acaba de hacer oficial la noticia de que lo de Costa no ha sido más que un susto. Demasiado para mí corazón sensible. Pero vayamos por partes.

El partido de Getafe era para el Atlético de Madrid una final. La misma final que será cualquier partido que dispute el equipo de Simeone desde aquí a que termine la temporada. Los getafenses se jugaban el descenso y los colchonero la liga, así que no había mucho espacio a la especulación. Los del Cholo están ya a estas alturas acostumbrados a este tipo de partidos pero quedaba la duda de como podía afectar al equipo el brutal desgaste, físico y anímico, del pasado miércoles en Champions. Enseguida vimos que las sospechas eran fundadas. El equipo apareció colocado en el césped y con una alineación de garantías (con Diego Costa en el once inicial) pero enseguida se pudo observar que el nivel de velocidad, presión e intensidad no era, ni de lejos, el que nos tiene acostumbrados. Algo no sólo lógico desde cualquier punto de vista sino que además sirve para demostrar que los jugadores del Atleti son humanos. Enfrente aparecía un Getafe muy nervioso, demasiado ocupado por defender, que confundía intensidad con marrullería. Personalmente creo que la plantilla de Contra es mucho mejor que lo que propone en el césped pero tampoco creo que sea fácil ser uno mismo con la segunda división acechando en cualquier esquina. Lo cierto es que el Getafe no jugó nada y que su principal objetivo parecía ser únicamente sacar de quicio a los jugadores colchoneros sabiendo que algunos de ellos, como sabemos, no necesitan tampoco demasiado.

Pero el Atleti tampoco jugó mucho, no se crean. Nada, para ser sinceros. Dominaban, tenían el balón y lo jugaban más o menos hacia delante pero con demasiada lentitud y abusando todavía más de la cuenta de ese pelotazo sin ton ni son que no es tan familiar. Solamente durante el último cuarto de hora el esférico rodó por el césped el tiempo suficiente como para que se pudiera hilvanar alguna jugada de peligro. Como muchas otras veces, las mejores ocasiones llegaron a balón parado. El uruguayo Godín avisó primero, rematando a pocos metros de la portería pero a los pies del cancerbero rival. Pocos minutos después no fallaría. Un balón lateral de Juanfran con Codina quedándose a media salida y un Godín ganándole el salto a su marcador para meter el balón en la red. El Atleti se marchaba al descanso por encima en el marcador, sin haber hecho una primera parte y sin tan siquiera haber tenido que hacer un derroche físico importante. 

La segunda parte comenzó igual que había terminado la primera, con un Atleti dominando con parsimonia y un Getafe demasiado constreñido e indeciso. Poco a poco el Atleti fue reduciendo el nivel de riesgo en el juego lo que provocó que poco a poco a también fuese perdiendo el balón y que el equipo de Contra tuviese que hacer algo con él. De hecho, a falta de media hora, el entrenador rumano decidió ir a por el partido y puso un segundo punta, Colunga, que puso algo más de mordiente por la izquierda. También llegó un remate claro desde el área pequeña que, como no, Courtois repelió como si tal cosa. Fue la única ocasión del Getafe en todo el partido. De nuevo a balón parado el Atleti tuvo una clara ocasión de gol que si no subió al marcador fue simplemente porque Lafita agarró con furia a Miranda para no dejarlo rematar. Penalti y expulsión que parecía cerrar el partido pero que, porque así es el fútbol, resultó en todo lo contrario. Codina paró por dos veces los remates colchoneros, primero a Costa y después a Raúl García, y al Getafe le sirvió como aliciente para, ahora sí, irse a por el partido. El problema es que tenía un jugador menos en el campo y sobre todo que enfrente tenía al líder la liga española. Un especialista en colocarse en el campo y cerrar los espacios al rival. Así que el partido fue muriendo lentamente, sin grandes sobresaltos, hasta que un robo en la línea de tres cuartos acababa con Adrián en el área cruzando el balón al segundo palo para que Costa se tirase como una alimaña, como siempre, e hiciese el segundo.

Pero en lugar de celebrar el gol a grito pelado, como corresponde, nos quedamos helados deglutiendo las imágenes que nos llegaban. Primero el brutal golpe que la espinilla de Costa se da contra el palo de la portería. Después los gritos desesperados del hispano-brasileño y sus gestos evidentes de dolor. Después las caras demacradas de sus compañeros que viendo el panorama sólo alcanzaban a tocarse la sienes. Especialmente escalofriante es la imagen de un Filipe Luis llevándose la manos a la cara y mirando al cielo. El partido acabó poco después pero el dato casi quedó en anécdota. TODO el mundo se temía lo peor y yo reconozco que pensé que el mundial se había esfumado para el bueno de Diego Costa. En ese momento, lo único que se me pasaba por la cabeza es que ese jugador profesional se había arriesgado ir a jugar a un mundial por primera vez en su vida a cambio de que mi equipo ganase tres puntos. Y me sentí muy orgulloso. Me sentí muy Costa.

Minutos después las cuenta oficial de Twitter del Atleti (por cierto, antes de que se me olvide,   gran trabajo en este sentido del club) informaba que el golpe era sólo eso, un golpe. Respiramos, volviendo a recuperar el resuello y relajando un espíritu que, una vez más, estaba a flor de piel.


5 partidos. 5 finales como acaba de decir Simeone. No hay más. Ni cuentas de la vieja, ni apuestas, ni suposiciones, ni leyendas de Nibelungos. 5 finales. Partido a partido. Final a final.

Equipo

At. Madrid 7 - Getafe 0

Es difícil defender lo que les voy a decir en los días que corren, sobre todo si usted es una víctima pasiva de los medios de comunicación, pero créanme, el fútbol es un deporte de equipo. Sí, ya sé que es difícil de asumir algo así, sobre todo si usted atiende las portadas de los diarios deportivos más prestigiosos del panorama nacional o los resúmenes de noticias de cualquier (sí, cualquiera) redacción deportiva escrita, hablada o vista. Si se dejan llevar por la rabiosa actualidad habrá interiorizado ya, a estas alturas, que los equipos de fútbol no existen, más allá de servir como recipiente de tipos individuales, galácticos, repeinados y/o vestidos en traje de fantasía, que como superhéroes posmodernos se dedican a ganar o perder partidos mientras inventan poco a poco el deporte del balompié. Aunque a día de hoy, entiendo que por una cuestión de tradición, los partidos se juegan con 22 seres humanos y hay 3 puntos en juego, la realidad es que 21 de esos humanos no importan (salvo que el partido en cuestión sea un Real Madrid - Barça) y que lo verdaderamente importante son esos premios individuales de reglas abstractas y valores inciertos que parecen quitarle el sueño a los analistas de este país llamado España.

Pero el Club Atlético de Madrid, desgraciadamente para algunos, es otra cosa. Los notarios de la realidad que con sesudo empeño se encargan de intentar encajar esa anomalía histórica en algún cajón reconocible, dentro de este circo contemporáneo que maneja el fútbol moderno, no son capaces de saber que hacer con ese artefacto emocional, antiguo y áspero llamado Atleti. Sí, resulta que el Club Atlético de Madrid es, vaya por Dios, un equipo. Cuando los dardos de quinina rancia, que regalan por doquier en eso que llaman redacciones deportivas, habían agotado todas sus existencias en la estela de ese golpeado jugador, más fuera del campo que dentro, llamado Diego Costa, resulta que Simeone lo deja en el banquillo y el equipo, con otros 11 seres humanos distintos, le meten un saco de goles a un equipo que pelea por los puestos europeos de esa farsa llamada liga española. Luego queremos los colchoneros que la prensa nos trate bien pero claro, no hay manera. Se lo ponemos muy difícil y se enfadan. Normal. En lugar de perder, que es lo que ya nos toca según los analistas de tertulia y berrido, resulta que ganamos. En lugar de ir por detrás del Madrid, para que su diaria (casi horaria) lucha mediática y ridícula entre merengues y culés (incluidos sus respectivos universos y galaxias) sea menos ridícula teniendo un anónimo e incómodo equipo entre medias. En lugar de tener un Falcao que venga de ultramar, lo resuma todo y que mediáticamente se pueda vender todos los días a otro equipo dos años antes de que efectivamente ocurra, tenemos jugadores de la cantera, nacidos en vallecas, feos, simpáticos y humildes que enciman tienen la desfachatez de ser buenos y renovar con el equipo al que dicen querer. Normal que los periodistas nos detesten. ¿Qué tiene que ver el Atleti con el fútbol que se compra en los quioscos, se escucha por la radio o se ve en la tele?

Habrán notado a estas alturas que esto se parece muy poco a una crónica futbolística. Es cierto. Les confieso que no la escribo a las dos de la mañana, recién llegado del Calderón, pero tienen que entender que el estado de congelación avanzada con el que aparecí por casa no me lo permitía. Es lo bueno de no cobrar un duro por hacer esto que hago, que lo puedo hacer al día siguiente tomando vermut y dará igual. De hecho puedo ni hacerlo y dará exactamente lo mismo. Por otro lado debo reconocerles también que no lo hice porque estaba bastante enfadado anoche. Enfadado de tener la certeza de que lo que había pasado en el Vicente Calderón, otra vez, no saldría del reducido y minúsculo universo colchonero. Este Atleti histórico y espectacular no será desgraciadamente recordado ni reconocido más que por los atléticos, gracias a una competición injusta, una forma ultracapitalista de entender el fútbol y ese Status Quo, patético y bochornoso, que se ha instalado en el subconsciente colectivo de una masa cómplice y mediocre. Es imposible que el Atleti funcione mejor de lo que lo está haciendo. Imposible. No se puede hacer mejor con lo que tiene y tal y como está montado el chiringuito es imposible tener más. Es decir, esto es lo que hay. Ocurra lo que ocurra, gane quien gane, las portadas son y serán para Ronaldo jugando con la selección de Portugal. Siempre que Ronaldo siga jugando también en el Real Madrid, claro.

El partido. Como hemos visto ya otras veces, el efecto que provoca el equipo de Simeone en el rival es otro recurso efectivo que ayuda a hacer más grande la leyenda. En el lugar en el que antes había indiferencia y hasta falta de respeto ahora hay temor. Miedo. Los equipos cambian su forma de jugar para enfrentarse al Atleti y de esa manera comienzan a perder. El Getafe, equipo luchando por jugar en Europa, ojo, llegó al Calderón con mucho respeto. Trató de ser robusto y compacto. Cambio el balón por rigor táctico con la intención de ahogar el vendaval colchonero. Jugaron al límite, físico y reglamentario, pero incluso así  tuvieron que recurrir al exceso de faltas para intentar parar a los rojiblancos. Nada. Ni por esas. Cuando el partido estaba más espeso apareció un córner sacado por Koke y rematado por un excelente Raúl García. El navarro ha hecho de la necesidad virtud y esa extraña posición de llegador por detrás del delantero, le está haciendo jugar los mejores minutos de su carrera, probablemente. Sigo sin verlo de titular (demasiadas carencias técnicas para ocupar esa posición en el campo, para mi gusto) pero reconozco que Raúl García se merece todo lo que le está pasando. Un ejemplo de tesón, educación, compromiso y lealtad al equipo. Yo, que lo he criticado un millón de veces, tengo que reconocer lo obvio. Y lo hago. Con placer, además.

Abierta la lata, se acabó el partido. Aunque, por si hacía falta un dato más preciso, llegó el gol de Koke (propia puerta, en realidad) para corroborarlo. Pase desde la derecha, remate de cabeza del canterano que rebota en un defensa getafense y gol. Faltaba todavía un mundo, pero el mundo se hizo universo cuando al filo del descanso el bueno de Valera hizo mano teniendo otra tarjeta amarilla. La segunda parte fue una pesadilla para el equipo azulón. Una pesadilla como hacía años que no veía. La diferencia entre los dos equipos fue insultante. Extrema. El Atleti parecía estar jugando con un juguete roto pero con la mala suerte para el juguete roto, los de Luis García, de tener delante a un equipo que no sabe de amistosos. Simeone sacó a Oliver, Adrián y Diego Costa y los tres tuvieron su momento de gloria como antes lo había tenido ese central belga que según pasan los partidos parece que realmente va en serio. Los goles (dos de Villa, otro de Raúl García, otro de Diego Costa y otro de Adrián en esa prolongación gratuita y estúpida del árbitro que no hacía falta) los dejo dentro de la anécdota. Quizá merezca la pena recordar, si acaso, esa soberbia chilena que se marcó el hispano-brasileño de la nada y que levantó todos los que estábamos en el Calderón pasando frío con una sonrisa en la cara.


El Atleti suma y sigue ante el desdén y el desprecio de los que viven, supuestamente, de lo que pasa en esto del fútbol. Habrá quién diga que mejor así, de tapadillo, sin que hablen de nosotros. Tonterías. ¿De qué estamos hablando? Detesto la falsedad. Detesto la injusticia  Detesto el desprecio pero lo detesto todavía más cuando viene del que debe ser juez y no fiscal. Del que se esconde detrás del gremio periodístico para hacer marketing industrial de catadura chusca. Del que desprecia con malas artes a los que nos caemos a los lados de la curva de Gauss. Del que se dice legitimado a subrayar su opinión por encima de la mía por ponerse en ese supuesto disfraz de periodista que utiliza, con estilo ruin y tabernario, para defender la misma mierda que mañana se lo llevará a él mismo por delante.


Perspectiva

Getafe 0 - At. Madrid 0 

Decía Mark Twain que cada vez que uno se encuentra del lado de la mayoría es un buen momento para hacer una pausa y reflexionar. En eso me he quedado yo hace un momento, al acabar el partido, cuando veía que la opinión de los espectadores afines coincidía sospechosamente en sus términos más generales con mi percepción. Partido horrible, apenas ningún jugador se salvaba de la quema, falta de calidad, errores impropios, Falcao, Adrián, Mario,... Sin poder recriminar o contradecir nada de lo anterior, la pausa al menos me ha servido para enfocar el partido desde otra perspectiva. Hoy un empate fuera de casa, estando en la tercera posición de la tabla y dejando al siguiente clasificado a 11 puntos nos parece un fracaso que nos arruga el rictus y merma el apetito para la cena. Está bien. La historia y esencia del Atleti provoca que esto sea así. Tiene que ser así y es algo que me enorgullece. La gracia del asunto está en que hace cuatro días, como aquel que dice, el mismo resultado en posiciones mucho menos honrosas hubiese sido vendido como una especie de sucedáneo de éxito. Como un suma y sigue que se encuadra en ese eufemismo tóxico tan al uso entre entrenadores mediocres del “sacar algo positivo”. Hoy, cabreado con el resultado del partido y con el devenir del equipo en el terreno de juego, prefiero tomarme los segundos de pausa suficientes para ser consciente de como han cambiado las cosas. Es una buena práctica para tomar algo que muchas veces nos falta a los aficionados colchoneros: perspectiva. 

Pero vayamos por partes. En 90 minutos pueden pasar muchas cosas que normalmente quedan oscurecidas a la sombra de los grandes hitos del encuentro: goles, ocasiones, expulsiones, jugadas,... Una de ellas podría ser la salida del equipo. Si hace un par de años me dicen que yo me estaría quejando hoy por empatar un partido fuera de casa en el que el Atleti ha salido a ganar y que ha sido el dominador del mismo durante todo el tiempo hasta quedarse en inferioridad numérica (e incluso después) no me lo creería. Pero es lo que ha ocurrido. El Atleti saltó al campo de Getafe con una alineación ultra-ofensiva y con la intención de ganar el partido. Una alineación con Koke, Diego Costa y Adrián muy dinámicos entre Falcao y los dos mediocentros. Y funcionó durante bastantes minutos al principio. La movilidad exagerada de Diego Costa abría el campo a la segunda línea cuando no provocaba él mismo jugadas por izquierda y derecha. Bien otra vez el brasileño en el arranque del partido. Así llegaron dos claras jugadas que hubiesen cambiando el signo del partido de haber acabado de otra forma. Primero un remate de Falcao a dos metros de la portería tras pase desde la izquierda de Diego Costa que había recogido un taconazo magistral de Adrián, prácticamente lo único que hizo en todo el partido. El colombiano marra una ocasión de las que ni siquiera fallan los delanteros mediocres. Poco después Adrián recorta bien en el área pero no está lo suficientemente rápido para rematar a puerta dentro del área. Si cualquiera de esas dos jugadas hubiese acabado en gol el partido hubiese sido del Atlético de Madrid. Lo tengo clarísimo. 

Y es que enfrente había un equipo que no sé otros días pero hoy ha sido un equipo menor. El tan cacareado Getafe de Luis García me ha decepcionado profundamente. Un equipo plano y áspero, a merced de un rival en horas bajas, sin ningún tipo de ambición, temeroso y cobarde. Luis García, un entrenado también muy dado a sacar pecho de su fútbol artístico y a menospreciar el juego de equipos como el del Atleti (lo ha hecho más de una vez) debería cerrar la boquita en más de una ocasión viendo partidos de su equipo como el de hoy. Quizá la mejor forma de ver cual es el nivel de la liga española no es poner los ojos en nuestro voluntarioso Atleti sino en un equipo aspirante a los puestos europeos como el Getafe. El Atleti, sin brillo y sin ser un equipo preparado para ello, fue el dominador del juego, del balón y del partido durante toda la primera parte. Eso no quiere decir que hiciese buen fútbol, más bien todo lo contrario, pero esa es la realidad. Mientras los colchoneros se topaban con el talón de Aquiles de su recurrente falta de calidad, acrecentada con la ausencia de Arda, el Getafe se escondía en su propia mentira. Pero incluso en ese panorama tan desolado apareció un gran pase de Koke desde la derecha que Falcao remata de cabeza en boca de gol a las manos del portero. Nueva acción impropia del goleador colombiano que nuevamente podía haber puesto fin al partido. 

La segunda parte comenzó y siguió exactamente igual, apareciendo un buen remate de Filipe Luis y una nueva jugada de Falcao, similar a los goles que marcó en Bucarest y Mónaco, pero que esta ocasión remató con vulgaridad y sin fuerza al lado contrario. Nadie va a dudar a estas alturas de Falcao pero no reconocer que no está en forma es engañarse a uno mismo. De hecho es tan evidente su estado de ansiedad que se le puede ver en exceso en posiciones muy lejanas del área buscando el balón y desequilibrando al equipo. Algo que sólo se explica por la angustia del jugador al verse lejos de estado natural y su ansía de participar. Si hoy Falcao esta bien el partido se gana fácil. Así de simple. 

El partido en cualquier caso estaba en un punto en el que todos éramos conscientes de que cualquier acierto colchonero en la portería contraria mataba el partido para siempre así que Simeone entendió que era el momento ideal para poner en liza a Óliver Torres, algo que se le ha reclamado tantas veces. Pero cuando todos los atléticos nos desperezamos y empezamos a prestar algo más de atención al partido apareció una estupidez de Miranda que para mí resultó ser la clave del partido. El brasileño, un jugador que generalmente no se complica y que normalmente abusa del desplazamiento en largo y/o patadón, decidió esta tarde ponerse a regatear al borde de su área. Colunga, lógicamente, se aprovecha y le roba el balón, se va solo a la portería y cae dentro del área tras entrada de Godín. El colegiado sanciona falta al borde del área en una decisión incomprensible. Si el árbitro ve falta ésta es claramente dentro del área. La realidad sin embargo es que ni siquiera es falta porque el delantero azulón se tira claramente. La acción provoca en cualquier caso la resurrección de una despoblada grada local que a partir de entonces espolea a su equipo pero sobre todo de unos jugadores heridos en su orgullo que a partir de entonces empezará a presionar al árbitro. Pocos minutos después Mario Suarez tiene la poca habilidad de, en esa coyuntura hostil, realizar una mano ostensible en el centro del campo. Amarilla clara que era la segunda en su cuenta particular con lo que es expulsado. Al árbitro se lo ponen a huevo para compensar la desazón local. El Atleti con uno menos. Comenzaba otro partido. 

La expulsión provocó que el equipo se tuviera que recomponer y mientras que la sugestiva idea original era un Óliver por detras de Falcao con Adrián y Diego Costa en las bandas, tuvimos que pasar a un deprimente doble pivote con Gabi y un recién entrado Raúl García con Óliver desplazado a una banda y Falcao dejado a su suerte. Este nuevo esquema hizo que el concurso de Óliver fuese intrascendente, por mucho que se le vieran echuras o ganas o un par de buenas decisiones. Posteriormente entró el Cebolla por un agotado Costa y suya fue la mejor jugada hasta el final del partido con un soberbio eslalon que acaba con lanzamiento por encima del larguero ya sin fuerzas. El Getafe se estiró en en esa tesitura ya que sólo en ese momento su entrenador tiró de esa valentía de la que presume y no tiene, consiguiendo llegar a la portería de Courtois un par de veces para que el belga se luciera. Con el tiempo concluido asistimos a una nueva estupidez rojiblanca, esta vez de Godín que decidió meterle el codo en el ojo a su rival, provocando que el Atleti acabase con 9 sobre el campo y pidiendo la hora. 

Empate desagradable que sigue dejando una distancia considerable en los rivales pero que deja esa agria sensación de que el sueño se está acabando, de que las fuerzas merman y las ideas ya se han agotado. Personalmente prefiero no ser agorero, ni mirar abajo ni hacer cuentas de la vieja. prefiero cambiar de perspectiva para quedarme con otra lectura. Hay margen, faltan partidos, los rivales también juegan, el equipo sigue queriendo ganar, queriendo jugar a lo que siempre a querido jugar y teniendo la oportunidad de ganar. Lo demás es otra historia. Eso si, como ya dije, el final de liga se va a hacer largo.

Ejercicio de estilo

Getafe 0 - At. Madrid 0 

Hace ya unos cuantos años, un magnífico profesor de lengua que nos daba la asignatura de octavo de EGB consternado ante la falta de imaginación y personalidad de la que hacían gala sus alumnos (el profesor era un visionario atendiendo a la generación que hoy copa en nuestro país la elite política, empresarial y de las artes), decidió hacer lo siguiente. Se subió a la tarima, se acercó al encerado y marcó con la tiza un pequeño área de la esquina de la pizarra que ocupaba algo más de un palmo. Aquel hombre se dio la vuelta y mirando a un indolente auditorio nos dijo: “les pido que hagan una redacción sobre ese trozo concreto de pizarra. El que les he marcado con la tiza”. 

Hoy, muchos años después, tengo una sensación parecida ante la perspectiva de tener que escribir una crónica más o menos decente del Getafe-At. Madrid de Copa del Rey que daba el pase a los colchoneros para la siguiente ronda. Un espacio vacío y sin historia enmarcado en la inmensidad de una pizarra destinada a empresas mayores. Sin duda alguna se trata de todo un ejercicio de imaginación y de amor a una profesión que no es tal, puesto que más allá de la menguante satisfacción personal y el precioso cariño de un puñado de valientes que se atreven a mostrarlo no recibo otra cosa de todo esto. Es sin duda también un ejercicio de estilo literario que hoy no estoy dispuesto a realizar al carecer de tiempo, de fuerzas y sobre todo del ánimo correspondiente. 

El partido de vuelta tras el rotundo 3-0 de la ida se aventuraba cómodo y poco emotivo pero ni los más pesimistas podían anticipar el nivel de espesura y aburrimiento que finalmente marcó el choque. Un partido que debía haber dinamitado, protagonizado y dinamizado el conjunto azulón, que era quien tenía que ganar lo que ya había perdido, pero que en ningún momento lo hizo. Ni de lejos. Desde el principio se vio que los getafenses, “aupados” por una grada gélida que dejaba entrever la fe que tenía la afición, no creían en sus posibilidades. Aun así el partido tuvo todavía un hito definitivo que terminó por congelar la atmósfera y matar el encuentro. Ocurrió en la primera parte cuando un desmarque de Falcao por la derecha desde el centro del campo fue parado de forma infantil pero terriblemente violenta por Rafa, jugador azulón que sabía que estaba expulsado antes incluso de que el árbitro sacase la tarjeta roja. A partir de ahí absolutamente todo y todos decidieron mecerse en el sueño de los justos, dejando pasar el tiempo y dando el empate a cero por bueno. 

Por hablar algo de fútbol destacaré algunas cosas que me llamaron la atención y que como todo lo que aparece en esta humilde bitácora amateur se circunscribe a la opinión amateur del que esto suscribe: 

1/ El partido de Cisma. Sin aspavientos ni fuegos artificiales el lateral hizo un partido muy correcto. Para mí fue el jugador más centrado dentro del campo y probablemente el único que se lo tomó en serio. 

2/ La obsesión que empieza a despertar Falcao en las defensas rivales y esa querencia por derribarlo a toda costa que se está poniendo tan de moda. Puesto que en contra de la voluntad de los periodistas “serios” lleva puesta una camiseta rojiblanca y no blanca o blaugrana y puesto que nadie del Establishment parece haber reparado en tal hecho, me da mucho miedo en cómo puede acabar esta historia. 

3/ Mario Suárez. Me sorprendía la ausencia del canterano en las últimas fechas tras el buen arranque liguero. Hay quien dice que se trataba de un castigo de Simeone por indisciplina táctica. Viendo el partido de ayer empiezo a sospechar que también hay algo de estado de forma. 

4/ Sé que estoy en contra de la opinión de tanto y tanto experto que pulula por el espectro cibernético (y no digo ya de papel) pero no me gusta Raúl García de enganche. Tampoco. No puedo discutir la gran capacidad de llegada desde la segunda línea que tiene pero su carencia de creatividad lo anula para una posición que para mí se antoja crítica en un equipo como el Atleti, que cuando crea fútbol lo hace desde ahí. A pesar de que está mucho más limitado prefiero que se sitúe en banda. Esto no quita mi reconocimiento para la temporada tan completa que está realizando pero no me parece justo perder la perspectiva de lo que tenemos con exageraciones que no sé de dónde vienen. No es Diego y ayer jugó en la posición en la que jugaba el brasileño. 

5/ Diego Costa. Sea el partido que sea siempre va al límite. Y aporta cosas. Y son cosas distintas. Costa es una de las grandes sorpresas de la temporada desde mi punto de vista. 

Nos vamos a cuartos de final frente al Betis en una eliminatoria que se presume muy interesante. La semana que viene tendremos la respuesta.

Y al final resulta que lo he hecho.




Bandera

At. Madrid 3 - Getafe 0

Sumergidos en esa vorágine mediática de galácticos NBA y competiciones multimillonarias, a veces olvidamos que el fútbol surgió como un enfrentamiento de personas en un terreno de juego. Once contra once repartidos en dos equipos en el que quien metía más goles ganaba. Sin más historias. Sin especulación. Sin segundas lecturas. Ganar o morir. Esa, no lo olvidemos, fue la esencia del fútbol antes de que otro tipo de marcos regulatorios vinieran a enriquecer pero también a corromper el mundo del fútbol. La Copa del Rey, las competiciones del KO en general, recuperan esa esencia primitiva del todo o nada y por eso tienen ese punto emotivo y fascinante. Lo tienen de forma genética y por mucho que los actuales raptores de la competición quieran cargarse el torneo a base de horarios terroristas, desprecio constante y un sistema de competición francamente mejorable, lo cierto es que la Copa siempre acaba siendo la Copa. Y sigue fascinando. 

Simeone lo sabe. Y le gusta. Es ese tipo de entrenador de herencia italiana que se desenvuelve muy bien en competiciones de eliminación directa. Contra el Getafe además quedó claro que la decisión de jugar la eliminatoria anterior con el mal llamado equipo B no fue más que un recurso momentáneo y particular. Simeone va a por la Copa, como tiene que ser, así que decidió salir con todo. Con todo lo que podía porque Falcao se quedó en la grada y mediada la primera parte Adrián, que está gafado, tuvo que retirarse por lesión. Los primeros minutos intentaron ser para el conjunto colchonero esos primeros minutos de tanteo que se dan lo que llaman partidos de “180 minutos”. El problema es que el conjunto azulón no estaba para seguir las reglas de la tradición. Mucho más alegre y dinámico que los rojiblancos se fueron a por el balón y a por el partido con tanto criterio como escasez de resolución. El Atleti o no esperaba ese comportamiento rival o no supo atajarlo con la eficacia defensiva que acostumbra así que concedió un par de ocasiones tan claras como atípicas en el Calderón que por supuesto Courtois se encargó de desbaratar. A veces nos olvidamos, dado que la defensa este año nos tiene deslumbrados a todos, del gran portero que tenemos en la portería pero ahí está y es muy bueno. 

El partido se equilibro sin embargo enseguida y sin que el Atleti pudiese desplegar juego al menos si desactivo al rival para dejarlo todo reducido a una batalla en el centro del campo. Entonces llegó el error de Alexis entrando como un Hulk Hogan desubicado a un Diego Costa omnipresente que fue una auténtica pesadilla para los getafenses. El brasileño sigue creciendo y a su tradicional entrega constante se le suman poco a poco otras cualidades futbolísticas que también estaban ahí pero no salían tan de seguido. Costa convirtió el claro penalti y el partido cambió de signo. El Getafe ahora tenía otra vez el balón pero ya no sabía qué hacer con él frente a la roca colchonera. El Atleti cómodo con el marcador, presionando arriba y salía con verticalidad. La marca de la casa. 

El Getafe intentó en la segunda parte hacer lo mismo que al comienzo del partido pero ya no colaba. Los de la capital, mucho más intensos y sabedores de lo que tenían que hacer, no sólo no lo permitieron sino que volvieron a marcar un gol (Diego Costa, otra vez) que al árbitro anuló por un fuera de juego que personalmente no vi por ningún sitio. La batalla se intensificó pero el Getafe ya no golpeaba y el Atleti llegaba al área contraria con peligrosas cuchilladas. El partido se puso muy divertido. Mientras los de azul se estrellaban contra el bloque de Simeone, el Atleti aumentaba el nivel de intensidad hasta un punto que incluso desde fuera del estadio daba miedo. Cuando los colchoneros se ponen en ese modo da la sensación de poder arroyar a cualquiera que se ponga delante. Y lo hicieron. Asustó primero Diego Costa (otra vez) con una plástica chilena que salió al centro de la portería. La jugada vino, como no, de la enésima genialidad de Arda Turan. El turco fue ayer un jugador sobresaliente. Se le ve en el campo con una soltura y nivel de inspiración que uno, que se declara rendido admirador del otomano, se relame por lo que puede estar por llegar. Y ojo también a Koke sobre el que llevó avisando desde hace tiempo y que guarnecido en su discreción no para de crecer y de ser cada vez más importante para el equipo. Ya es el encargado de la mayoría de estrategias a balón parado y su proverbial último pase junto a la capacidad de combinación en los tres cuartos está siendo una de la mejores sorpresas de la temporada. 

El segundo gol llegó tras la enésima jugada del turco desde la izquierda que arma el disparo basculando a la derecha y empotra el balón en la base del poste. El rechace, con el portero rival en el suelo, cae en la bota de Filipe Luis que casi sin querer lo mete en la portería. Para entonces el Atleti era ya un vendaval que impedía el Getafe pasar del medio campo. El tercero apareció como no podía ser de otra forma. Robo en tres cuartos provocado por la asfixiante presión atlética, pase al hueco para Diego Costa (otra vez) y remate de primera a la red. 3-0. Eliminatoria prácticamente resuelta. 

Simeone se ha preocupado por gestionar de forma milimétrica y austera los recursos de que dispone, evitando gastar a las figuras del equipo en partidos que a priori pudieran ser de trámite. La eliminatoria contra el Getafe no lo era y por eso en el minuto 90 de partido y con tres goles de ventaja los jugadores seguían presionando como si fuese el primer minuto de partido. Ese es Simeone. Ese es el Atleti. La vuelta será más tranquila e incluso puede dar pie a reservar recursos gracias al trabajo realizado. La seriedad, solvencia y eficacia de este equipo es tan alta que asusta. Agarrémonos a ese espíritu y hagamos de él nuestra bandera. Firmo por ello.

Por la buenas o por las malas

At. Madrid 2 - Getafe 0

Cuando el señor colegiado estaba a punto de terminar el encuentro, con el proverbial frío del Calderón instalado en los huesos, esa cara de aburrimiento que llevaba en el mismo sitio desde hacía muchos minutos, un nutrido grupo de colombianos tratando de transmitir el carácter festivo con el que entraron al estadio, un Atlético de Madrid que cuan funcionario estereotipado esperaba que diese la hora para cerrar la garita y un Getafe que llevaba desde el pitido inicial derritiéndose, me dio por pensar dónde estaba el Atleti hace un año. Y me cambió la perspectiva, claro. Los seres humanos somos animales y como tales tendemos a adaptarnos al medio aislando el pasado de la memoria. Especialmente cuando el pasado no es nada reconfortante. Hace un año el Atlético de Madrid era una ruina institucional y deportiva. Instalando en la tradicional mediocridad de todos los años pero amplificada por el magnánimo concurso de un Gregorio Manzano en sus segundas nupcias que llevaba irremisiblemente al pozo de Albacete a un puñado de jugadores que meses después serían supercampeones de Europa. En ese momento miré la clasificación que se vislumbraba y me di cuenta de que los 9 y diez puntos que ahora sacamos a cuarto y quinto de la tabla respectivamente era precisamente la distancia que entonces (y tantas veces entonces) nos separaba de los puestos de arriba. A estas alturas de campeonato, durante la última década, el Atleti era ya un equipo descolgado cuyos objetivos ramplones se definían por si mismos y se limitaban a tocar por la parte de atrás las sobras de la elite. Entonces al árbitro pitó el final y yo me levante a aplaudir a mis jugadores. A ese escudo y a esa camiseta. Entonces vi de una forma bien distinta lo que había pasado durante los 90 minutos previos. 

Y es que el partido fue malo, si. Bastante. En parte por los circunstancias y en gran parte porque no hizo falta que fuese de otra forma. El once que saltó al césped se acercaba mucho a lo que podría considerarse como alineación titular del Atleti. Sigo sin ver el protagonismo de Raúl García y mucho menos en la posición en la que jugó ayer (esa que muchos dicen que es la suya) pero a estas alturas de curso tampoco sorprende. El equipo empezó mandado y bien ajustado. Lo normal. También con especial querencia por los balones largos y una dificultad máxima por tratar de crear juego frente a un equipo plantado en estático. Lo normal también. Llevamos el suficiente número de partidos para saber que el Atleti 2012/13 es un equipo con patentes carencias de fútbol y creatividad que suplanta con sobredosis de intensidad y rigor táctico. Sin entrar a valorar los gustos personales de cada uno esto es lo que hay. El Atleti hacía por ganar metiendo al Getafe en su campo y provocando ocasiones de gol aunque no demasiado claras. Probablemente la más peligrosa fue un balón colgado al segundo palo de Falcao que Raúl García remataba muy forzado rozando el palo. El peligro llegaba fundamentalmente por el lado izquierdo con un Filipe Luis en gran forma (gran primera parte que viene a sumarse a la buena temporada del brasileño) y un Turan demasiado escorado, para mi gusto, que sin embargo destapaba el tarro de las esencias cada vez que tenía ocasión. Personalmente no entiendo porque Raúl García fue el jugador detrás de Falcao en detrimento de Arda pero la respuesta está probablemente en el potencial defensivo del navarro. Comprensible, pero eso limita bastante las ya escasas posibilidades de crear fútbol que tenemos. 

El tiempo corría tras esos derroteros sin apenas sobresaltos cuando apareció el gol que todos esperábamos. Centro de Gabi que deja a Adrián solo delante del portero, los getafenses reclamaban fuera de juego pero a mí no me lo pareció en directo, para que a la segunda inaugurase el marcador. El Getafe hasta entonces no había aparecido. Sumiso a los designios del Atleti se había dedicado a defender sin demasiada bravura y a recular poco a poco hasta su área. Uno esperaba que con el marcador en contra los azules intentaran hacerse con el balón y aplicasen algo más de vehemencia en su presión pero nada más lejos de la realidad. El Getafe es uno de los equipos más blandos que han pasado por el Calderón y eso es algo que el nuevo Atleti de Simeone no perdona. Para ganar aquí hay que correr, pelear, chocar y quitar el balón y nada de eso hizo el rival. Y lo pago provocando que el Atleti ganase el partido sin despeinarse. Así que según pasaban los minutos todos se adaptaban a su nuevo papel. Los rojiblancos a ver pasar el tiempo. Los azules también. Y así llegó el segundo gol antes del descanso. Un despeje que da en Arda (probablemente en la mano) y cuyo rechace lo deja solo delante del portero acompañado de Falcao. El turco, pudiendo hacer cualquier cosa, decide regalar a la grada un regate de esos que se hacen con el cerebro de un genio para poner el segundo en el marcador. Fin del partido. 

La segunda parte fue tremendamente aburrida y sacó a relucir primero la confirmación de la inoperancia de un Getafe que sólo con Lafita en el campo y el Atleti pensando ya en otra cosa pudo estirarse algo y después la tremenda ansiedad de un Falcao demasiado obsesionado por marcar un gol que celebrar con sus compatriotas en la grada. El colombiano no tuvo sin duda su mejor día. Parapetado por el calor de los defensores del Getafe, que como ya hicieron los valencianos se dedicaron a abrazarlo y agarrarlo desde el pitido inicial hasta dejarlo sano y salvo en la ducha del vestuario local, Falcao estuvo ansioso y hasta un punto egoísta. Comprensible, teniendo en cuenta la que se había montado en la grada. Se podía haber alcanzado el extasis si hubiese acertado a rematar de tacón un envío de Arda desde la derecha pero no era el día del Tigre. 

Tres puntos y la sensación de que el espejismo no es tal. Que la racha no es fortuita. Que la idea está clara. Que el techo lo tendrán que poner los rivales. Que es mucho más fácil afrontar el final de año con una generosa distancia de puntos a los rivales que mirando el trasero de todo el mundo. Que Madrid y Barça juega y jugarán otra liga dentro y fuera del césped (y estén donde estén en la clasificación) pero eso a nosotros nos debería dar absolutamente igual. No sólo porque el nacional-madridismos no admite fisuras en su rodillo mediático sino porque el Atleti, por las buenas o por las malas, sigue ganando.


Tú lo haces sencillo

At. Madrid 3 - Getafe 0

Luis García, entrenador del Getafe, decía durante la rueda de prensa posterior al partido, con una sutil pero torpe ironía que envolvía en amabilidad un evidente reproche, que el Atleti era un equipo de contrataque y que lo había demostrado. Detrás de esa manida y quizá hoy algo inoportuna frase entiendo que lo que lo que quiere decir es que el Atleti es un equipo vertical, que no elabora, que no pretender dominar el juego y que renuncia al juego y la creacción por principio. ¿Tiene razón Luis García? No lo sé. Esa era desde luego mi sospecha cuando el bueno de Simeone aterrizó en el Manzanares pero no fue desde luego la evidente realidad en los primeros partidos de la nueva era. En contra de lo que mucho aficionado básico suele propagar a los cuatro vientos existen muchas formas de jugar al fútbol tratando de dominar el juego sin ser el Barça. El Athletic de Bielsa es un buen ejemplo de ello, hay más, y el Atleti de los primeros partidos de Simeone también lo es. No podemos decir lo mismo del de los últimos partidos. Todo lo contrario. Esta forma de jugar está mucho más emparentada con el fino y valiente estilismo de todos y cada uno de los valientes estilistas que han pasado por ese banquillo en los últimos años. ¿Vuelta a la realidad? quiero creer que no, pero no lo sé.

Hoy todo empezó desde luego siendo más de lo mismo. Lo de siempre. Con ello fue con lo que nos topamos los miles y miles de colchoneros que estábamos a las 12:00 bajo el sol que iluminaba el Calderón. Construir el equipo en base a ese eufemismo que denominan equilibrio defensivo y utilizarlo como pilar de lo que tenga que venir después. ¿El balón? Bien, gracias. Un esquema teórico que parte de desplazar a todos aquellos capaces de dar pases hacía adelante de la zona de creación y llevarlos más arriba o a las bandas. Sacar el balón a base del pelotazos largos y confiar en la divina providencia, la suerte o el error del contrario. O que el balón caiga por alguna razón a los pies de Diego o el turco Arda que entonces tendríamos que hablar de otro cosa. De ese bonito deporte llamado fútbol.

Con actuaciones de Gabi pero sobre todo Mario Suárez (o Asunçao) que fluctúan entre la vulgar normalidad y el horror más absoluto seguimos sin embargo sin poder ver a Koke jugar en la posición en la que ha jugado toda su vida y en la que es internacional por España. ¿Por qué? Sólo tiene una explicación. Su mala costumbre de tratar de dar el balón hacia delante y su vicio imperdonable de sumarse al ataque cada vez que puede. ¿Un mediocentro jugando al fútbol? ¿En el Atleti? ¡¡heregía!! Con Mario y Gabi “dominando” el centro el campo atlético y pasados los primeros diez minutos, que fue lo que tardó el Getafe en darse cuenta de que el único que tenía permiso para jugar al fútbol era Diego y bastaba con cerrarlo, el juego fue básicamente del Getafe. Un equipo limitado, con grandes carencias de calidad y presupuesto ajustado, que sin embargo empezaba el partido con los mismos puntos que nosotros. Mientras nuestros centrales pateaban el balón lo más lejos posible y rezaban porque el rechace fuese cerca de las posiciones de Diego o Arda los azules trataban de ocupar el campo contrario, bajar el balón y moverlo con dignidad. Ahí quedaba todo, por otro lado. Falto de profundidad y de mordiente ante la bien plantada defensa colchonera el peligro se difuminaba y el partido se perdía en el aburrimiento salvo las refrescantes pero puntuales actuaciones esporádicas de Turan o Diego.

Los de Simeone iban por arranques de furia. Los de un Juanfran que se ha hecho pieza clave, los de un Filipe Luis que hoy volvió a estar acertado, los de Arda Turán que quitándose el corsé táctico trataba de aparecer por cualquier parte del campo pero sobre todo los de Diego. Cuando el brasileño por fin tenía el balón el equipo pasaba de la tradicional mediocridad al equipo ilusionante que no hace tanto intuíamos. Jugando con el cerebro en Diego (y no en Gabi o en Mario o en la puntera de Godín) el equipo parece otra cosa y sus jugadores, cansados o no, parecen todos mucho mejores. Como esa anomalía del mundo del fútbol llamada Salvio que compagina como nadie episodios de comedia circense con golazos como el de hoy. Probablemente con algo de suerte el argentino se sacó un remate de cabeza espectacular que entró por la escuadra de Moya. El gol sin embargo no sirvió para cambiar demasiado las sensaciones. Más bien sirvió para que el Atleti volviese a adoptar con mayor “justificación” ese papel de “juega tú que a mí me da la risa” del que tanto reniego.

La segunda parte fue sin embargo otra cosa. Tan sencillo como tratar de llevar el balón con dignidad y criterio a los pies de los que lo saben jugar. Tan sencillo como jugar al fútbol. Insisto, cuando el Atleti juega en la línea de tres cuartos, que es dónde Simeone ha decidido que se puede jugar, todo parece sencillo y fácil. La clave evidentemente es Diego. Tú lo haces sencillo. Bastó además tratar de jugar el balón como arma suficiente para anular completamente a un Getafe que a partir de entonces pasó a ser un invitado de la fiesta rojiblanca. Flojísimo el equipo de Luis García que tras comprobarlo in situ se me hace todavía más inquietante el entender como tenía los mismos puntos que el Atleti. O no.

Simeone decidió el jueves pasado no sacar a Diego para ponerlo en los últimos minutos. Hoy el brasileño se ha marchado antes del minuto 70, también para ser reservardo, pero antes había cambiado el partido, hecho jugar a todos, anulado al rival y metido el segundo gol tras un buen pase con la izquierda de Falcao, cantada de Moya, remate al larguero y recogida del rechace. Cuando Diego se marchaba entre los vítores de una afición que cada vez tiene más claro quien es el bueno, a nadie le importó que desapareciese del partido. Estábamos con dos goles arriba y todo controlado. No puedo decir lo mismo cuando el jueves vimos que no estaba entre los once de partida. Hay formas y formas de reservar jugadores. Es, como casi todo, cuestión de carácter, personalidad y valentía.

El resto del partido fue efectivamente una fiesta. Con los rojiblancos crecidos, creyéndose lo que hacían, dominando el balón, el terreno y el juego, el rival parecía un sparring cansado. El tercero llegó con un soberbio pase de Koke a Juanfran (si Koke, ese que no puede jugar de mediocentro porque da este tipo de pases) que el nuevo lateral pone con criterio en los pies de Falcao para que el colombiano convierta en la boca de gol. Pudieron aparecer más goles pero los ostensibles gestos desde la banda de Simeone para que su equipo bajase el pistón de la intensidad hicieron que los últimos minutos fuesen un tramite que la grada aprovechó para disfrutar de una previsible sesión de coros y danzas.

Victoria que de nuevo nos deja a las puertas de Europa con la sensación de que todo es posible, en uno u otro sentido. Personalmente di por perdida la temporada en navidad cuando Manzano rebajo la imagen de este equipo a las cloacas más pestilentes así que francamente me da igual lo que podamos hacer salvo entrar en Champions, que es lo único que entendería como resultado digno. Me inquieta mucho más ver como se resuelve la guerra interna que tiene Simeone en la cabeza entre ser el equipo valiente, diferente e imprevisible que vimos al principio o el equipo romo, seguro y vulgar al que últimamente tendemos. Me preocupa más porque esa será la piedra sobre la que se construirá el futuro.

Golden Smog - You make it easy

Colapso

Getafe 3 - At. Madrid 2

“Cuando finalmente todo colapsó lo único que podías escuchar era la estática de la radio y el ondulante sonido del pájaro que se había quedado atrapado en el ático. Pero mientras barrías cuidadosamente los cristales rotos de tu cama no podías estar seguro de que aquello estaba solamente en tu cabeza” (Collapse/Clem Snide)

Mientras las luces se apagaban alrededor, los sonidos se pausaban y la gente trazaba sus planes inmediatos para derrumbarse en brazos del reparador sueño uno, al igual que un nutrido puñado de desubicados miembros de esa religión tendente a secta que todavía profesamos los que nos declaramos colchoneros, se disponía a ver al Atlético de Madrid contemporáneo. Las sensaciones eran extrañas. Toda la inquina y desesperación acumulada durante décadas, y que a estas alturas del 2011 ya se puede encontrar instalada hasta en el hipotálamo, se había quedado de algún modo congelada tras lo acontecido cuatro días antes frente a un equipo italiano con más leyenda que recursos sobre el campo. Por alguna razón, que probablemente se explicaría mejor a través de las reglas de comportamiento que se dan en las sectas fraudulentas, los atléticos estábamos expectantes ante la posibilidad de resurgimiento en forma de fútbol y sus circunstancias. Dos horas después el mismo puñado de ingenuos desubicados teníamos dificultades para conciliar el sueño al estar poseídos por una incómoda pero conocida sensación horneada con porciones equivalentes de rabia, angustia, impotencia y desesperación. Dos horas después volvimos a ser conscientes de que el club de nuestros amores se encuentra en una situación de colapso imposible de solucionar cambiando solamente una pieza.

La alineación planteada en la noche del Getafe ni siquiera era tan cuestionable como otras tantas veces. La ausencia obligada de Mario dejaba sitio a algo más de talento en los pies de Tiago. La permanente crisis en el cerebro de Reyes dejaba sitio a la consolidación de Adrián y solo la escatológica solución de colocar a A. López en el lateral derecho daba al once un cierto toque de frivolidad tan propia de Manzano. Pero los jugadores son una cosa, la disposición táctica otra y la actitud otra todavía más distinta. Mientras la alineación parece obvia, la disposición táctica sigue estando tan clara como muchas de las películas de David Lynch. Da la sensación de que todo tiene trampa. Los laterales ofensivos parecen defensivos. Los centrocampistas con criterio parecen alejarse de la zona en la que el criterio debería estar, los jugadores destinados a equilibrar tácticamente el grupo (defender, en lenguaje llano) parecen tomar los mandos de todos y es difícil saber a qué se juega o cual es la misión de cada uno en el campo. El equipo tiene el balón pero lo único que hace con él es marearlo y de camino marear al respetable. Todo lento. Todo aburrido. Todo amorfo. Todo inútil. Con un buen saco de bostezos y un remate de Godin a balón parado como único bagaje, los dos equipos madrileños se presentaron en el minuto 30. En ese momento un mal despeje de la defensa getafense es recogido por Turan que mete un balón a Diego dentro del área. Cuando el brasileño estaba armando su pierna es derribado con uno de los penaltis más penaltis que se pueden ver hoy en día en un campo de fútbol. Penalti, expulsión y gol de Falcao. En ese momento yo decía por twitter que el Atleti era su principal enemigo para perder el partido. Acerté. No soy adivino. Soy abonado de este equipo desde hace décadas.

El partido siguió unos minutos sometido al aburrimiento previo pero con la tranquilidad en el marcador. Cualquier que haya estado en un vestuario de fútbol sabe que las premisas para jugar contra uno menos es mover el balón rápido buscando el hueco libre (para que ellos corran), minimizar los riesgos de pérdida de balón evitando el contrataque (único recurso del rival) y sobre todo evitar las faltas cerca del área. El Atleti ayer grabó totalmente gratis un video gratuito para las escuelas de fútbol en el que se ve perfectamente lo que no hay que hacer en esas circunstancias. Movía poco y lentamente el balón, jugaba en horizontal favoreciendo el contrataque del rival mientras que un tipo como Tiago, que dentro de nada peinará canas, se dedicaba a jugar a Bruce Lee en la frontal del área a pocos minutos de llegar al descanso. Barrada convertía la falta por la escuadra castigando a los rojiblancos por su negligente estupidez.

En el descanso Manzano en lugar de recordar las premisas del juego frente a un equipo en inferioridad entiendo que prefirió recordar a los presentes que la forma más fácil y más rápida de que el balón llegue al campo contrario es darle una patada con la uña. Para ello realizó un cambio arriesgadísimo (Miranda por Godin) y propuso ese sistema como principal opción para la segunda parte. A los dos minutos ya estábamos otra vez haciendo faltas a dos metros de nuestra área (en este caso desde el lateral). A los tres minutos, después de sacar la falta, ya íbamos palmando. Michel de cabeza.

A partir de ahí la nada. El ridículo. Un equipo incapaz dando un espectáculo bochornoso frente a diez. Sin jugadores, sin juego, sin esquema, sin cabeza, sin pies, sin corazón y sin sangre. Un espantapájaros mal diseñado que ni siquiera es capaz de engañar a los pájaros. El reflejo de una institución colapsada. Domínguez consiguió empatar a base de pequeñas dosis de vergüenza torera y tirando a puerta desde Coslada, como único recurso futbolístico, pero con la suerte de que el balón rebotase en el cuerpo del bueno de Valera y desviara la trayectoria. Un empate efímero. Poco después el trencilla se inventaba un penalti en el área colchonera que sellaba la derrota. No era penalti pero como colchonero me daría vergüenza que un colega mío se escudara en el error arbitral para explicar lo que había pasado en el césped.

Manzano es pésimo (lo sabíamos antes de que lo ficharan en verano) y no es de extrañar que tarde o temprano salga por la puerta que nunca debería haber usado para entrar pero que nadie se lleve a engaño. Manzano es sólo una de las partes que explica esta monumental tragedia. Ni siquiera estoy seguro de que sea una parte verdaderamente importante. El Atleti, como entidad, está desposeída desde hace demasiado tiempo de los valores esenciales que deben acompañar una institución como la nuestra. Esos valores sobre los que los Atléticos hablamos alrededor de una mesa sacando pecho sin ser conscientes de que estamos probablemente hablando de algo que no existe.


“Cuando todo colapsó finalmente los actores protestaron acaloradamente. La gente a la que se supone tenían que representar estaba un poco deprimida así que se empezó a producir una iniciativa totalmente nueva basada en la confianza y en compartir para aprovechar el poder del polvo.” (Collapse/Clem Snide)


Collapse – Clem Snide
(The End of Love/2005)

El reino del revés (Getafe 1 - At. Madrid 1)





Hace pocos días que lamentablemente falleció María Elena Walsh, cantante y compositora argentina mítica en su país que aquí a casi nadie le dirá nada su nombre pero con cuyas canciones muchos hemos crecido sin saberlo. El brujito de bulubú, El gato que pesca, la vaca estudiosa,...Una de aquellas canciones era el reino del revés. La letra de esa canción dice cosas como “en el reino del revés nadie baila con los pies. Un ladrón es vigilante y otro es juez... y que dos más dos son tres”. Eso es el Atlético de Madrid hoy en día. Un equipo donde juegan los malos y se sientan los buenos. Donde los mediocentros juegan en la banda y los mediapuntas de mediocentros. Dónde los ladrones son los buenos y los que dan gratis la vida por su equipo los malos. Dónde callan los que saben y hablan los que deberían callar. Lo dicho, el reino del revés.

El equipo volvió a saltar al campo con una actitud bastante potable, actitud que lamentablemente no han tenido a lo largo de la temporada, pero a veces lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Tratar de mantener la seguridad defensiva del equipo con una defensa de cuatro en la que aparecen Valera, Perea y el actual Antonio López (Quique y su poderío sabrán por qué lo hace) es como pretender construir un rascacielos sobre una golosina. Estúpido. El primer balón que tuvo el Getafe lo metió en largo y el Atleti lo defendió penosamente (no se presiona al que pasa, hueco entre líneas, Godín lento, lenta la ayuda,..) para que el balón acabé en los pies de Manu del Moral que recorta, tira a portería y el balón se cuela en la portería tras dar en la espalda de Godín. No parece que tuviese ningún reparo por celebrar por todo lo alto eso de marcar a su antiguo equipo y la verdad es que hace bien. Personalmente me parece una estupidez demagógica eso de no celebrar los goles.

El partido se ponía cuesta arriba. A la incapacidad manifiesta de jugar al fútbol de un equipo mal diseñado, mal estructurado y mal entrenado se le sumaba lo que había en el campo. Una defensa compuesta por paquetes y desquiciados, un centro del campo con un Tiago sobre explotado (y también desquiciado) acompañado de un Raúl García que si ya de por si es lo que es (muy malo) ahora mismo está para mandarlo a una cura de sueño, unos supuestos interiores que se pierden entre lo que su entrenador les dice que hagan y lo que entienden que tienen que hacer y una delantera muy buena pero profundamente desquiciada también. El Atleti, con todo, se hizo con el partido y más por voluntad que por juego consiguió llevar el balón a campo contrario y encimar la portería rival pero la gran virtud de este equipo durante los últimos años, ser letal arriba, este año también se ha apagado. El dominio se fue diluyendo con el tiempo y mediada la media hora el partido ya era un triste ejercicio de centrocampismo esteril, aburrido e inútil. De hecho estuvo más cerca el Getafe de aumentar el marcador en una nueva jugada penósamente defendida en que el balón acaba en un pase al segundo palo que Gavilán remata al larguero. Sólo Reyes, casi en el 45, consiguió poner el miedo en la grada rival con un remate desde fuera del área.

La segunda parte comenzó incluso peor que como acabó la primera cuando los getafenses decidieron ponerse a jugar y quedarse con el balón. Cuesta creer que tipos como Parejo (sin hacer un gran partido está a años luz de la mayoría de jugadores similares que tenemos en nuestro equipo y que hemos fichado en los últimos años) sean más caros que Elias o Salvio pero sinceramente este ya es un tema tan evidente que es absurdo comentarlo como si fuera simplemente el resultado de la patente negligencia del tal Pitarch.Al igual que había ocurrido en la primera parte con el Atleti el dominio de los azules también se difuminó y de nuevo el partido se fue a esa aburrido lugar de la tierra de nadie.

Los cambios de Quique ayudaron a enderezar el partido. Sobre todo con la salida de Mario Suárez por Raúl García. Personalmente creo que quitar a Raúl García del campo sin sacar a nadie en sustitución hubiese bastado para mejorar el juego pero Mario Suárez no lo hizo nada mal. Quizás sea sólo una errónea percepción basada en la comparación con el que estaba pero esa es la sensación que me queda. Elias salió en esa posición en la que nunca ha jugado pero en la que Quique, que es más listo que nadie, se empeña en ponerlo y como suele ser habitual no hizo nada. Desaparecido en la creación, torpe en defensa y perdido en la combinación. Pero claro, estamos en el reino del revés y como tal, pasado el minuto 80 un gran pase de Forlán y un gran desmarque de Elías hacen que el brasileño realice un gran remate de cabeza que suponía el empate.

Faltaba tiempo para ganar el partido y el Atleti fue a por el. De hecho, confirmando la estancia en el reino del revés, Quique decidió prescindir de uno de los dos medio centros y colocó a Elías en el centro (¡¡es-cán-da-lo!!) pero era demasiado tarde y el cansancio, las prisas y la falta de costumbre hicieron que el marcador se quedara como estaba (aunque el Getafe pudo decidir en un gran remate de Parejo y mejor parada de De Gea).

El final de temporada va a ser muy largo.

Arteche, tres puntos y poco más. (At. Madrid 2 - Getafe 0)




El Calderón es un sitio mítico. Una droga dura de la que es difícil prescindir cuando la pruebas con la intensidad necesaria. Puedo recordar cientos de ocasiones en las que he bajado las escaleras interiores del estadio con el corazón todavía latiendo de emoción y la adrenalina contaminando cada rincón de mi cuerpo. Recuerdo cientos de veces en las que me fue imposible conciliar el sueño después de un partido, independientemente de la hora, envenado todavía por las placenteras sensaciones que me llevaba del estadio. El partido frente al Getafe de la temporada 2010/2011 evidentemente no será una de esas ocasiones. De hecho dudo que sea capaz de recordar nada de lo que ocurrió en el campo (otra cosa es el pellizco al corazón que supuso el recuerdo al inolvidable Arteche) en apenas unas horas porque prácticamente todo lo que aconteció es prescindible, insulso, incoloro y fácilmente digerible. Como si se tratase de una hamburguesa barata obtenida en una cadena de comida rápida que se come, te quita el hambre puntualmente y se expulsa igual que entró. Tres puntos, eso si, que valen lo mismo que los ganados en cualquier otra circunstancias.

El comienzo del partido fue muy emocionante, como no podía ser de otra forma teniendo como protagonista el eterno capitán rojiblanco de la década de los 80, el genial Arteche. Una foto suya presidía el fondo sur y tan sólo me sobró la musiquita que últimamente ponen durante el minuto de silencio. Una música que tengo la sensación de que nació para acallar las voces estúpidas del que siempre tiene que dar la nota incluso durante un respetuoso minuto de silencio pero ayer sinceramente creo que sobraba. El silencio debería haber sido atronador (y lo hubiese sido). Como dijo una voz desde el fondo sur justo antes de empezar ese minuto: “gracias capi”.

Y ahí se acabaron las emociones. El Atleti se llevó los tres puntos en un partido malo, lento, espeso, falto de ritmo y de emoción y sin nada de esas cosas que hacen (o hacían) del fútbol un deporte espectacular y divertido. Eso si, como nota positiva hay que destacar que el Atleti esta vez si salió a dominar el partido con claridad desde el principio (independientemente de lo que ocurriese después) lo cual es algo de agradecer. Mirando la vista atrás me doy cuenta de que este tipo de actitud en general es así jugando en casa (salvo el día del Bayer) pero completamente diferente jugando fuera. No lo entiendo y jamás lo entenderé que tenga que ser así pero lamentablemente es así.

La alineación, a tenor de las ausencias forzosas, parecía estar dentro de la lógica a pesar de esa manía de entrenador moderno de renunciar siempre al segundo delantero. La entrega de los jugadores fue irreprochable (de hecho creo que hace un par de años al menos que en general no me quejo de ello) pero desgraciadamente el fútbol no fluye. El Getafe presionaba arriba impidiendo la salida fácil de cualquier que no fuese Perea y nuestras opciones siempre tendían hacia las bandas donde los getafenses parecían alumnos aventajados de Luis Aragones y practicaban esa sólida doble presión en banda que tantas veces han anulado equipos contrarios. El equipo rojiblanco tiene más fluidez, opciones, criterio, recursos y salidas con Tiago en el campo (incluso estando fuera de forma e incluso estando cojo, diría yo) pero la zona de creación es y será el gran talón de Aquiles de este equipo y aparece como un verdadero problema cuando el equipo contrario está bien cerrado. El Getafe sin embargo no hizo el típico cerrojazo de la mayoría de equipos que vienen al Calderón sino que procuraba jugar cada vez que tenía el balón y hacerlo metiendo el balón en la ecuación (aunque seguro que todavía sigue habiendo gente que piensa que todos los equipos del mundo menos el Barça hacen lo mismo) pero me da la sensación que les falta la calidad arriba que si tenía otros años. Los del sur de la capital consiguieron tapar y salir con peligro (más en la segunda parte que en la primera) pero apenas inquietaron significativamente la portería de De Gea (que toco más balón que otras veces) fundamentalmente por esa falta de calidad en los últimos metros.

La espesura del partido se partió al filo de la primera parte, aunque según llegaba el descanso el Atleti se entonaba a medida que el rival se salía del partido recurriendo en exceso a las faltas, a balón parado tras un buen saque de Simao que da en el poste y cuyo rechace impacta con la espalda del cancerbero getafense para colarse en la portería. La celebración fue para mí lo mejor del partido. Ver a dos recién llegados como Tiago o Filipe Luis (entre otros), ver apuntar con sus dedos al cielo recordando al mítico capitán me puso la piel de gallina y me hace creer que lo mismo no está todo perdido.

La segunda parte fue más de lo mismo pero con un Getafe tratando de llevar la manija lo cual es algo que a mí ni me parece bien ni me lo parecerá nunca. Con un Atleti algo más reservón (volviendo a las andadas) o quizás algo más perdido por el empuje rival (no sé que es peor) que hizo que la gente cambiara los bostezos por preocupación durante unos minutos. El Getafe no inquietaba realmente pero el Atleti empezaba a ser una broma con síntomas de cansancio y fragilidad lo que no invitaba ni mucho menos al optimismo mientras el rival empezaba a monopolizar el balón peligrosamente.

La salida de Forlán por Mérida fue providencial no tanto por su concurso individual (malo, en la línea de toda la temporada) sino por el cambio de dibujo que dejaba a Reyes más suelto escorado en esa segunda línea dónde realmente marca la diferencia y que dio mucha frescura al equipo. Igualada la posesión y retomando de nuevo el control del partido el segundo gol de los colchoneros llegó tras una gran jugada de Reyes y Valera (si, si, Valera, como lo oyen) que culminó Diego Costa. El brasileño es torpón con el balón y tiene muchas carencias pero se pasa todo el partido tirando desmarques, pidiendo el balón, presionando la salida, tapando huecos y dándolo todo. Merece jugar de titular y merece seguir haciéndolo si su compañero uruguayo sigue enfurruñado con el mundo y cobrando por horas. El segundo gol mataba definitivamente un partido que a partir de ese momento los dos equipos dejaron morir.

Como balance general los resultadistas dirán que son tres puntos, que estamos a tres del barça y a cuatro del primero lo que es un gran balance. Tienen razón. Los entrenadores dirán que fue una partido serió y bien trabajado que se ganó sin que el rival inquietase. También tendrán razón. Yo sin embargo, modestamente digo que estuve a punto de morirme de aburrimiento y el no hacerlo para mí es algo muy importante como espectador de fútbol. Seré un marciano en este mundo globalizado y televisado pero en esto estoy con García Berlanga cuando decía que hay obras maestras que lo son por el monumental aburrimiento que provocan.

Tiempo al tiempo


At. Madrid 0 - Getafe 3

En este encorsetado mundo en el que nos ha tocado vivir, donde los pensamientos se reducen a una única opción y las opciones se difuminan, donde incluso cosas como la ilusión o la felicidad hoy se pretenden poder medir con una escala tabulada según el sistema decimal, cada vez son menos las cosas en las que aquellos pocos interesados que deseen escapar a la versión oficial de la vida puedan subirse para sentirse vivos, diferentes, felices,... para mirar el borde de puntillas y sentir el escalofrío de la felicidad inesperada. El fútbol era una de esas cosas hasta que los dueños del mundo, los especuladores, lo que antes se llamaban ricos, los que en definitiva siempre han mandado, también conquistarán a su manera lo que antes consideraban terreno baldío. El mismo día que alguno de esos iluminados que regulan con austeridad la felicidad de la humanidad decidió que el mundo del fútbol otra forma más de conseguir muchos millones de divisas se resquebrajó de forma probablemente irreversible uno de los pocos vehículos que todavía nos quedaban a los humanos para sentir cosas verdaderas.
Eso si, mientras el universo se resquebraja yo me agarro a noches como la que viví en Hamburgo para cerciorarme de que tenía y tengo razón y por ello moriré matando, agarrado a lo que creo y quiero. Que me permitan los aficionados galácticos a la grandieur de pacotilla de Madrid y Barça, especialmente los recién llegados, pero jamás entenderán de lo que estoy hablando.

Hoy acaba la liga 09/10 para el Atlético de Madrid pero yo todavía tengo un importante déficit de sueño después de mi vuelta de Hamburgo. El Atleti ha perdido 0-3 frente al Getafe en una liga que lo deja en una triste posición en la mitad de la tabla pero el Calderón hacía la ola mientras los azulones nos goleaban. El Atleti cierra una temporada liguera nefasta y probablemente lamentable que durante algún tiempo incluso se temió por la posibilidad de no poder seguir en la elite del fútbol español pero hace dos días todos los periódicos del mundo tenían el escudo colchonero en su portada y eso es algo muy difícil de olvidar.

Tengo pendiente una entrada hablando de la Europa League, esa noche impresionante en Hamburgo, la crónica de una odisea de final feliz y un torrente de sentimientos que duda que alguna vez alguien sea capaz de plasmar en palabras con rigor y verosimilitud pero eso será otro día. Hoy toca cerrar la liga.

Aunque realmente hay poco que decir del partido de hoy especialmente desde el lado colchonero. Atenazados por la dulce resaca de las celebraciones y la más dulce tensión de otra final en ciernes, el Atlético de Madrid que hoy pisaba el Calderón era probablemente un sucedáneo del mejor Atlético de Madrid que podría haber saltado a la pelea. Una plantilla cargada de debutantes y segundas espadas se enfrentaba a un Getafe motivadísimo y metidísimo en el partido que se jugaba cerrar el ciclo completando la mejor clasificación de su historia. El Atleti salía a conocerse, jugar, divertirse, intentar saber como se mueven esos chicos nuevos de los que todo el mundo dice que tienen tanto futuro,... pero el Getafe no estaba para fiestas. Los de azul plantaron sus armas en el césped desde el minuto uno y cuando Soldado abrió el marcador antes del cuarto de hora tras una gran pared de Adrián al borde del área me temo que todos sabíamos que el partido había terminado.

Si, el Atleti intentó jugar, mantener la tensión, intentar ponerlo difícil pero el Getafe jugándose la vida tiró de oficio y fiel a su filosofía de obtener éxitos en el mundo del fútbol a través de jugar al fútbol, lo que podría parecer perogrullo pero no lo es viendo la adoración que tienen el 90% de los entrenadores patrios (e iluminados arrogantes que están por venir) por destruir como forma de encarar la vida, decidió no dar concesiones a la alegría.
Aun así el Getafe tardó en finiquitar el partido y además lo hizo de la forma más inesperada posible como fue la de conseguir su segundo tanto tras un error garrafal del mejor defensa de la plantilla, Domínguez. La falta de tensión (y una cesión apresurada) le hicieron perder el balón siendo el último hombre lo que Pedro León aprovechó para dejársela en bandeja a Soldado. A partir de ahí coser y cantar. El último gol de Parejo al final del partido quizás dejaba un resultado demasiado abultado para lo que pasó en le terreno de juego pero a nadie le preocupaba. Lo que si resultó preocupante fue la lesión del canterano Borja que espero se quede un susto.

Tiempo habrá de hacer análisis y balance de la temporada, de entrenadores, altas, bajas, jugadores que merecen seguir y jugadores que no deberían estar pero hoy dejemos que la liga se apague poco a poco, que los aburridos y peligrosos poderosos matarifes decidan quien es su campeón y tratemos de disfrutar de otra noche mágica el próximo miércoles.

Tiempo al tiempo...

Basado en un hecho real

Getafe 1 - At. Madrid 0
Desde hace más de una década sentarse a ver un partido del Atleti es como sentarse un fin de semana a ver la televisión después de una opípara comida sin saber qué película van a poner. En el fondo de tu cabeza sabes que existe la posibilidad de que pongan El Padrino o Casablanca pero sabes que hace más de diez años que no las ponen a esas horas así que te conformas que simplemente no sea algo demasiado aburrido. Desgraciadamente la mayoría de las ocasiones lo que aparece es un casposo, cutre, barato y humillante engendro televisivo sin un solo átomo de talento que tradicionalmente comienza además con la escalofriante frase de “basado en un hecho real”. El partido contra el Getafe ha sido otro soporífero telefilm escrito con un guión mil veces repetido (y cada una de esas veces siendo igual de malo), unos actores pésimos y en franca decadencia y una dirección de escena tan penosa como fea. Eso es el Atleti de MA Gil y su pandilla basura, un telefilm barato que aburre, que desespera, que duerme y del que todo el mundo ya se sabe el final.

La salida del equipo estuvo a la altura de las circunstancias. Lento, espeso, miedoso y como siempre desde que está Quique preocupado exclusivamente por defender. Las novedades en la alineación volvían a la clásica demagogia del señor Flores primero alimentado el debate mediático de la portería colchonera (creo que Quique se acaba de cargar la carrera de Asenjo) y sacando del equipo al prometedor Tiago para dejar al indolente de Jurado un una posición privilegiada. Demagogia. Y digo demagogia porque el dibujo del equipo fue exactamente el mismo con Agüero viviendo en solitario y Forlán, Jurado y Asunçao correteando por el centro del campo sin orden ni concierto, De Gea dando pelotazos en largo cada vez que podía y con los defensas haciendo exactamente lo mismo. Así no sólo es imposible jugar al fútbol sino que además es muy difícil ganar especialmente si tienes enfrente un equipo al que la pelota no le da susto ni miedo.

El Getafe tardó 20 minutos en quitarse la espesa mortaja que intentaba aplicar este Atlético de Madrid de pacotilla (me parece humillante que esta sea nuestra tarjeta de presentación) pero a partir de ese momento apareció un tal Pedro de León que dedicaba todos sus movimientos al bueno de Quique y a sus ideas peregrinas respecto al fútbol. También apareció Manu del Moral, si ese chicho que Aguirre obligó a salir por la puerta de atrás, para pelear con Varela en un duelo entre la cantera del Atleti y la negligencia. En esa desigual pelea Manu parecía López Ufarte y Valera parecía Leonardo Dantés. El Atleti mientras tanto a lo suyo, a dar pelotazos. El único peligro (ínfimo) llegaba a balón parado que es en lo único que ha mejorado este equipo con Quique, eso hay que reconocerlo. He notado ya en varios partidos como equipos que no suelen adelantar la defensa lo hacen contra nosotros y ayer me di cuenta de cuál es la razón. Nuestro centro del campo es tan sumamente lamentable y tan desesperantemente lento que cualquier pase a la espalda de los centrales tarda una eternidad en llegar con lo que la mejor forma de marcar a nuestro único peligro, Agüero, es no encararlo con el balón en los pies (porque siempre te la hace) sino mejor dejarlo en fuera de juego. Es lo que tiene tener un entrenador en el banquillo. Y es lo que tiene estudiar al rival que significa desactivar las virtudes del contrario sin renunciar a tu personalidad y no lo que hacemos nosotros que es cagarte de miedo, renunciar a cualquier atisbo de de personalidad y cambiarlo todo para que le daño sea el menor posible.

El Getafe aun dominando el partido y el balón tampoco es que hiciese nada más allá de un par de avisos de Manu buscando la caraja de sus defensas rivales pero eso si, el partido se jugaba todo el rato en el campo colchonero así que en un rechace al borde del área los azulones abren el campo a la derecha, saca un pase cruzado a la banda contraria que Manu remata en el segundo palo completamente sólo. Valera, su marcador, apareció en la escena cuando los azules estaban celebrando su gol. Supongo que la euforia de hablar de si Salvio se parece a Maradona o a Jaime Cantizano nos hará olvidarnos de que este equipo no tiene laterales ni centrocampistas. Con el gol del Getafe acababa la primera parte… y el partido.

Porque la segunda parte elevó el sopor y el aburrimiento a la categoría de arte. No soy capaz de recordar la cantidad de bostezos que fui capaz de emitir mientras padecía las desventuras de los señores con cara de desgraciado que correteaban por el césped con el traje del Atleti. Cosas a destacar (por decir algo). Tiago sale al campo para hacer de Jurado, es decir nada. Como si no hubiese salido. Ha tardado poco este chico en aprender lo que quiere su entrenador y su club de él: que no haga nada. Asunçao, con esa forma tan violenta que tiene de entender la vida, se autoexpulsó (otra vez) con una entrada criminal a Casquero (otro que debería haberse ido del campo, por cierto). Con ese panorama y siendo conscientes que si el Atleti es incapaz de jugar al fútbol con once lo es todavía menos con diez Quique tiró de valentía retirando a Reyes del campo para no sacar a nadie, porque poner a Rául García hoy por hoy es como no poner a nadie. Eso sí, el equipo en ningún momento salió de su cueva. Todos juntitos y achicando balones. ¿Para qué? Total solo perdíamos 1-0 y en cualquier despiste Agüero pilla el balón, se regatea a 7 en 80 metros y mete un gol por la escuadra de tacón. Esa es la táctica de Quique, supongo.

Con ese paisaje desolador acabó el partido y da una bofetada a esos ingenuos que todavía pensaban que este equipo es capaz de hacer algo que no provoque sonroja. Lo que sea capaz de hacer este colectivo mal gestionado, donde conviven genios, tipos del montón y mucho fracasado dependerá única y exclusivamente primero de la suerte y después de los demás.