Muchas gracias a todos los que os habéis pasado por aquí durante todos estos años.
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¡Un abrazo!
El Kun quita el frío (At. Madrid 3 - Rosenborg 0 )
Seamos lo que somos
"Si Gattuso es una referencia, yo soy un cura"
La precisa frase no es mía sino que viene directamente del talento de un Luis Aragonés que de forma improvisada la soltó a un avispado periodista después de una rueda de prensa. La dijo por coherencia de su propia filosofía que es la filosofía que ha practicado toda su vida, esa que clava a fuego sus cimientos en la solidez de la personalidad propia y en morir con sus ideas. Lo dijo porque hay que ser muy peregrino para afirmar lo contrario como entonces muchos afirmaban. Lo dijo porque Luis Aragonés cree fundamentalmente en Luis Aragonés.
Luis Aragonés fue quien devolvió al fútbol español la gloria de la que ahora presume ese gran amigo de todo el mundo que se llama Del Bosque y lo hizo agarrándose a la idea de buscar la verdad en su propia casa olvidándose de los demás efluvios que siempre vienen del más allá. Durante años y años la selección española había jugado según las tendencias que supuestamente marcaba el fútbol europeo o el iluminado entrenador de turno, adaptando plantillas y jugadores a las características de la tendencia que tocase entonces como esa que por ejemplo obligaba a jugar con carrileros, o enganches, o un solo punta, o al contrataque, o con 5 en la defensa o lo que quiera que hiciese el equipo de moda de entonces tuviésemos o no jugadores para ello. De todos es conocido el éxito de La Roja siguiendo esa valiente filosofía. Cuando Luis Aragonés se puso al frente de la selección española cambió la forma de encarar el futuro y se planteó tres cosas que serían las premisas de una histórica trayectoria que todavía sigue viva. Encontrar a los mejores jugadores nacionales, encontrar la forma en la que los mejores jugadores pudieran jugar juntos y hacer un equipo con ellos que pareciese un equipo y no un conglomerado de figuras.
Olvidándose del doble pivote y las mismas tendencias del fútbol europeo que seguían vigentes desde que los franceses ganaron su mundial, pero sobre todo al contrario de lo que sus antecesores habían hecho y muchos de sus colegas siguen haciendo hoy en día, el bueno de Luis protagonizó la locura de tratar de inventarse su propio sistema. El que mejor se adaptara. Un sistema en el que entraran los mejores, en el que no supusiese un problema jugar con jugadores muy jóvenes, que no importara que las riendas estuviesen en manos de jugadores de aspecto frágil, huérfano de rutilantes y míticas estrellas y sobre todo que tratase de ser protagonista en cada partido sin importar el rival porque eso congeniaba con las características de sus jugadores. El consolidado rey del contrataque durante miles de años acabó “inventando” el fútbol de toque para ponerlo de moda en todo el mundo. Podía haber salido mal pero salió bien y siempre son más placenteras las cosas que salen como uno quiere.
Luis Aragonés dijo muchas cosas en su etapa de seleccionador. Algunas fueron muy graciosas, otras lindaban con el frikismo y otras muchas probablemente sobraban pero para cualquiera que quisiera escuchar y especialmente para sus admiradores (como yo) en esos años el de hortaleza dio toda una lección de cómo debe entenderse el fútbol. De Luis Aragonés he aprendido cosas como que es absurdo jugar a la italiana contra Italia o jugar a la brasileña contra Brasil. Es absurdo apelar al físico contra Alemania igual que es estúpido jugar contra las Islas Mauricio como si fuese la selección Inglesa. Luis dijo que había que jugar siempre siendo la selección española y hacerlo con los mejores porque si perdías con los mejores en el campo probablemente es que simplemente era imposible ganar. Por eso hoy me he levantado deseando ser esta noche el Atlético de Madrid y no otra cosa. Deseo que a nuestra dirección técnica sea consciente de la gloria en ciernes y se le quite de la cabeza esta peligrosa idea de intentar ser más Liverpool que el Liverpool. Somos el Atlético de Madrid.
Desde el pasado fin de semana se ha venido especulando sobre si hoy en Anfield el Atleti jugará con uno o dos puntas lo cual es un discurso que me provoca escalofríos sólo de pensarlo ya que yo no lo veo como un debate entre un sistema con uno o dos puntas sino como la posibilidad de que Agüero o Forlán se queden en el banquillo lo cual es algo que se parece bastante a una pesadilla. Si no estuviésemos hablando de un equipo que esta temporada ha perdido más partidos de los que ha ganado confiaría en las inteligentes labores inesperadas de la dirección técnica pero es que la realidad es francamente desoladora. Si no estuviésemos hablando de Agüero y Forlán, es decir dos de las pocas cosas ciertamente potables que quedan en la plantilla colchonera, sino de casi cualquier otro jugador de la plantilla me daría igual salir con uno, dos, treinta o ningún delantero pero es que estamos hablando de dos de las únicas razones por las que hoy estamos aquí. Dos de las pocas razones que este Atlético de Madrid tiene para huir de la mediocridad incluso cuando el partido se mueve por esos derroteros. Agüero y Forlán han jugado un millón de veces juntos y casi todos los buenos momentos que ha tenido este equipo en los últimos tres años han ocurrido con ellos dos en el campo. ¿Por qué dudar de su capacidad a estas alturas? ¿Por qué hoy es dudoso que puedan seguir haciendo lo mismo en el mejor escenario posible, en esos partidos que cualquier futbolista está deseando jugar?
El año pasado en Champions nos eliminaron con Forlán en el banquillo en un partido en el que un gol nos daba la clasificación. Pocos meses antes habíamos jugado dos veces contra el Liverpool y Agüero lo vio desde el banquillo. ¿Por qué?
Alguien dijo una vez que el que gana de suerte no suele tardar mucho en perder con justicia. La gloria me temo que es fundamentalmente de los valientes y también me temo que las derrotas son menos dolorosas cuando pierdes tú en lugar de una copia mala y descafeinada.
Esta noche puede pasar cualquier cosa en Liverpool y lo que ocurra dependerá sólo del Kun y Forlán sino de un millón de factores la mayoría de los cuales son incontrolables. Hay miles de combinaciones de circunstancias posibles, variedad de alineaciones, multitud de planteamientos posibles,… pero rezo para que esta noche seamos el Atlético de Madrid y ganemos o perdamos lo hagamos con gloria, dándolo todo y poniendo toda la carne en el asador. Como hacen los valientes. Como siempre ha hecho el Atlético de Madrid.
¡¡Forza Atleti!!
Justo el doble
“La mediocridad no se imitia” (Honore de Balzac)
boa sorte e volta ao trabalho

Plano, cansado y con diez
Fin de fiesta
El ambiente era fantástico, increíble, era el ambiente de las grandes noches del Calderón. El equipo sin embargo salió atenazado por los nervios que no significa temeroso ni asustado ni venido a menos. Salió atenazado por la responsabilidad de no estropear la fiesta pero la sensación duro apenas los diez minutos iniciales. A partir de entonces, sin que el Atleti se hiciese todavía con el control del partido, el aspecto fue diferente, el balón volvió al césped y a estar lejos de las áreas lo que de momento tranquilizaba al respetable. Pero mientras los colchoneros se estiraba, se desperazaban y empezaban a entrar en el partido apareció el inagotable talento del Kun Agüero para adelantar el final y para sacarse un gol de la manga que levantó como resortes a los más de 50000 espectadores que allí estábamos. El Argentino recibe el balón en el lateral derecho del área almeriense, regatea en una baldosa a un par de rivales y saca una de esas piernas prodigiosas que ponen el balón en la red y el uno en el marcador. Corría el minuto 20 y el partido había acabado.
Había acabado porque a partir de ese momento no existió más equipo en el campo que el Atleti. Se hizo dueño del balón, del ritmo, del ambiente, del juego y del espíritu. La grada también ayudo con ese incansable grito de guerra que una y otra vez provocaba el Fondo Sur y que ayer si coreaba el resto del estado. Los jugadores, a diferencia de tantas y tantas veces, ni se dejaron verse afectados por el ambiente, ni sufrieron la presión ni sintieron el relajo de verse por encima del marcador y siguieron metidos en el partido hasta el minuto final. Hasta las jugadas a balón parado volvieron a ser una realidad en el Calderón y el “bueno” (por decir algo) de Raúl García remato un buen cabezazo que suponía la tranquilidad del 2-0 con el que se llegó al descanso.
La segunda parte resultó ser una balsa de aceite. El equipo seguía manteniendo en el terreno de juego el estilo y la entrega que nos ha llevado hasta este punto en ese final de temporada glorioso y que como una alegoría se podía ver en la cara de Abel, serio y concentrado. Existió algún desajuste defensivo y alguna que otra ocasión de los andaluces pero todo terminó de finiquitarse con el enésimo zurdazo sobre humano desde su continente del uruguayo Forlán que subía el tercer gol al marcador, el número 32 a su cuenta particular (¡32 goles!) y la certeza de que el rubio charrúa sería el flamante bota de oro de esta temporada. A partir de ahí la celebración de la clasificación para la previa de la Champions, cánticos reivindicativos (“abeel, abel ,abel, abel...”), la ola dando vueltas, los himnos en el ambiente, el premio de la ovación a Forlán, ... en fin, el fin de la fiesta.
Hoy quizás no sea el momento y ya tendremos tiempo de teorizar sobre el futuro, la planificación, los descartes, el criterio de club, los desastres pasados, los errores de los que no aprendemos, la impertinente espada de Damocles de la prensa deportiva, las estupidez congénita de nuestros dirigentes incluso horas antes de jugarse toda la temporada en un partido, de fichajes, de los que tendríamos que traer, de la perenne crisis institucional, de Abel, de los enemigos de Abel y en definitiva de como debería ser el Atleti del futuro, Eso si, espero que los que tienen las riendas de este carro no adopten la misma actitud porque en esto estoy con Albert Einstein cuando decía que él no pensaba en el futuro porque este llega muy pronto y no le daba tiempo.
Gracias Forlán
En esto del fútbol hay partidos, los partidos importantes, en los que el fútbol es precisamente lo de menos. En estos partidos hay que morder, sudar, sufrir pero sobre todo ganar. Por lo civil o por lo criminal. Hoy era un partido de esos, de esos que da gusto jugar como jugador (y si no es así es mejor que te dediques a otra cosa) y que como aficionado se sienten con esa extraña pero adictiva mezcla de alegría y sufrimiento que a muchos nos hace repetir insistentemente año tras año. El Atlético de Madrid de las últimas tres temporadas, con ese entrenador de cuyo nombre no quiero acordarme, había tomado por costumbre salir a este tipo de partidos escondido, automutilado y temeroso hasta de si mismo. Esa actitud tan valiente nos había llevado a perder todos los partidos de estas características que disputábamos. Los grandes de rivalidad emotiva nos vapuleaban, cualquiera nos eliminaba en cualquier competición cuando la cosa se ponía seria y nosotros nos acostumbrábamos en nuestro asiento a esa mentalidad de plastilina que tan buenas ruedas de prensa les brindó a los periodistas. Pero las cosas cambiaron hace unos meses, sin duda para bien, y a una actitud y mentalidad renovada trajeron resultados significativos y una imagen decente que no terminaba de borrar esa incertidumbre que sin embargo parece poco a poco difuminarse en este gran final de temporada.Porque está siendo un gran final de temporada. Puede que no lo sea en juego pero si lo es en eso que últimamente hemos reclamado hasta la extenuación a nuestro equipo: espíritu, compromiso, ambición y entrega y así, mientras un par de sinvergüenzas como Maniche o Seitaridis abandonaban un vestuario del que hace mucho tiempo deberían haber desaparecido un tipo curtido, uruguayo y excelente jugador de fútbol se echaba a la espalda no sólo al resto de sus compañeros y no sólo al equipo que le paga sino también la historia de una institución que probablemente desconoce. Estamos a falta de sacar un punto en la última jornada para clasificarnos en la eliminatoria previa de Champions, el único objetivo del que se ha hablado en este club, y eso era algo difícil de creer no hace mucho. Gracias Forlán.
Esa engañosa guerra del fútbol que se dirime entre monopolios pseudo-progresistas está consiguiendo situaciones ridículas que unas veces hace las delicias del espectador y otras como la de hoy provoca urticaria en la corteza cerebral de los mismos. Esa solemne gilipollez del multifútbol es un bochornoso engendro televisivo que sólo puede interesar a los aficionados al fútbol que no lo son de ningún equipo. Algo que por cierto no sé si existe. En un día como hoy donde todo el mundo se jugaba algo a la misma hora hacer un carrusel televisivo chungo y en diferido es una estupidez digna de los iluminados que tienen secuestrada la creatividad de la televisión patria. El problema en el cuadro de estulticia se completa además si tenemos en cuentas que esta bufonada de las pantallitas impedía que los mismos partidos se pudiesen ver en PPV de modo que la única forma de ver el partido del Atleti (y tantos otros) era recurrir a Internet. Tampoco fue fácil y tomó un tiempo, pero una televisión quatarí me dio la oportunidad.
Afortunadamente los tradicionales minutos de tanteo iniciales en estos partidos se prologaron hoy 45 minutos y no me perdí nada en la búsqueda por la red. El equipo salió concentrado y metido en lo que se jugaba pero encorsetado y algo entumecido. El Athletic no llegaba con peligro pero el Atleti no conseguía tampoco estar cómodo en el campo ni controlar en ningún momento el juego. Apenas un par de llegadas del Kun, la más clara un cabezazo a pase de Pernía, fueron todo el bagaje ofensivo de los madrileños y de los Bilbainos. La lucha se dirimía en el centro del campo con más músculo que cabeza y a medida que pasaban los minutos la desesperación llegaba para los nuestros lo que permitió al equipo vasco coger más el balón y hacerse con las riendas del partido aunque antes de que el agua llegase al río acabó la primera parte.
Pero el Atleti no espabiló tampoco en la segunda sino que bien al contrario salió al campo con una especie de pájara con bastantes similitudes de aquellas de antaño y que agradeció el Athletic para hacerse definitivamente con el partido. Empezó a llegar con criterio y peligro además de hacerlo de forma continuada. Fueron los mejores minutos que dejaron varias oportunidades claras de Llorente especialmente una en la que sólo delante de Leo Franco cerca del área pequeña envía el balón fuera. Merecía el gol el Athletic pero por aquello de que el fútbol es injusto para todo un remate raro de Pernía deja un balón muerto que cae en las botas de Raúl García y este colocaba el balón dentro de la portería. El gol no le sirvió al Atleti para asentarse ni al Bilbao para tirar la toalla porque el guión permaneció inalterable tras el gol y claro, tanto va el cántaro a la fuente que Etxeita decidió conectar un cabezazo y empatar el partido.
En ese momento llegó para mi la clave y lo que personalmente más me gustó. El Atleti pareció entonces entender lo que se estaba jugando y decidió cambiar de marcha e irse a por el partido. Primero a base de músculo y concentración en la presión y después con el talento de una de las mejores parejas de delanteros del mundo. Así, en una jugada trenzada sin mucha limpieza pero que deja el balón dentro del área aparece el Kun para meter la puntera e intentar llevarse el balón entre dos contrarios (y recibe penalty en mi opinión) cosa que no consigue aunque el balón sale rechazado a la frontal. Por allí pasaba Diego Forlán para sacar a relucir esa pierna izquierda prodigiosa que engancha con un zurdazo imparable. 2-1. Pero el Atleti no frenó. Siguió jugando exactamente igual y cinco minutos más tarde vuelve a perforar la portería contraria finiquitando el partido. Agüero, el más listo de la clase, llega primero a un balón bombeado dando un prodigioso pase a Forlán que se lleva el balón de cabeza como un cohete, se mete en el área y marca. Fin del partido. El árbitro se inventó un penalty que servía a Forlán para reforzar su recién estrenado pichichi y poner el cuarto en el marcador pero lo que pasó desde ese tercer gol hasta el final debería quedar en el registro de la anécdota.
El equipo lo tiene en la mano. Basta un empate frente al Almería con un Calderón lleno para estar el año que viene en la fase previa de Champions. Cerremos el curso y empecemos a soñar con criterio por cosas grandes.
¡Qué noche la de aquel día!
Hay momentos en la vida que se quedan grabados en la memoria colectiva hasta el punto que todo el mundo recuerda años después donde estaba cuando ocurrió. Todo el mundo recuerda donde estaba y como vio el famoso 12-1 a Malta o el más reciente gol de Fernando Torres en la final de la Eurocopa. Los Atléticos tenemos ya un buen nutrido puñado de gestas épicas o momentos emotivos pero la noche de hoy pasará por méritos propios a esa bonita lista y yo he tenido la gran suerte de haberlo vivido en el Vicente Calderón.La noche se presentaba rara y complicada después de una semana enfangada por periodistas y gurús de este club, ninguno de los cuales conoce al Atlético de Madrid, insultando a la afición colchonera con sus estupideces y poniendo en tela de juicio la entrega y fidelidad de unos seguidores que nunca jamás abandonan a su equipo. Como no podía ser de otra forma la afición animó al equipo desde el primer minuto como suele ocurrir domingo tras domingo pero el equipo que estaba en el césped no correspondió ni con juego ni con entrega como desgraciadamente también suele ocurrir. El Español salió mejor plantado, con más mordiente y teniendo el balón. Como nos pasa en casi todos los partidos últimamente el rival tenía el punto de más que le hacía llegar a los rechaces primero, marcar el ritmo, poner la dinámica, etc, etc,.. Aun así el partido era feo y espeso. El Español controlaba con más criterio y agilidad en el juego frente a un atleti sin centro del campo (lo de Raúl García es directamente lamentable) demasiado largo, lento y espeso. No había aparente peligro (un par de llegadas por cada bando sin peligro) y el partido estaba clavado en ese lugar donde nunca pasa nada hasta que llegó pasada la media hora la jugada clave del partido. Perea se deshace de su par de forma trabada quedándose con el balón mientras Chica se queda en el suelo doliéndose. El árbitro no pita falta pero al quedarse el jugador españolista en el suelo para el partido, va hacia allí con las tarjetas en la mano (prometo que pensé que expulsaría al jugador del Español) y al ver la sangre decide echar del campo a Perea. Perea había golpeado con el codo a su rival de forma desconsiderada (nueva torpeza de un defensa del atleti) pero el árbitro no lo había visto. Lógicamente el Calderón se encendió ante lo que entendía una injusticia y vio aparecer de nuevo los famosos fantasmas, fantasmas que se vistieron de negro cuando minutos mas tarde el mismo colegiado (valenciano para más inri y para alimentar suspicacias) decidía señalar pena máxima por una entrada sin sentido del indultado Pernía. Sinceramente no sé si llega a tocar el balón o no pero un defensa de primera división no puede entrar con esa aparatosidad en su propia área. La enésima torpeza de Pernía provocó que Nené pusiera el 0-1 con una buena ejecución del penalty correspondiente.
El Atleti no levantó la cabeza tras el gol sino que volvió a meterse en esa dinámica decadente a la que nos tiene acostumbrados en la que todos se esconden, se preocupan de cosas parafutbolísticas y demuestra su latente falta de personalidad como equipo. En mitad de esa pájara el Español aprovecha el tradicional fallo defensivo del los colchoneros para hacer el 0-2 en un gol casi de chiste. Lo de siempre: balón parado mal defendido, rechace y el balón llega en el segundo palo a un jugador rival que está sólo (no hay fuera de juego porque viene de un jugador del Atleti). Y así, con el dominio de los catalanes, la desesperación de la grada y la incapacidad de los jugadores se llegó al descanso.
Un niño que estaba muy cerca de mi en la grada le decía a su padre que todavía podíamos remontar pero éste le quitaba la ilusión diciendo que eso era imposible. En ese momento un señor mayor que se sienta delante de ellos y que nunca dice nada se dio la vuelta y le dijo al crío que eso no era verdad, que estos jugadores quizás no fuesen capaz de remontar un partido como este pero que este equipo, el Atlético de Madrid si que era capaz de ello. De ello y de mucho más. Lo dijo con orgullo y con rabia y entonces fue cuando me acorde de porque soy seguidor de este equipo y tuve un agradable presagio...
Porque la segunda parte empezó pareciendo otro partido jugado por otros equipos. El Español no sé si por exceso de confianza (su afición había acabado la primera parte gritando olé a cada pase), exceso de conformismo o aturdido por el empuje colchonero pareció una caricatura del equipo que vimos en la primera parte. El Atleti...¿qué quieren que les diga? Pareció por una vez de esos equipos de los que te enamoras y te sientes orgulloso. Liderados por un magistral Forlán, secundados por un voluntarioso Agüero y contenidos por un cada día con más peso en este equipo Asunçao tiraron de un equipo roto anímicamente y con un jugador menos hasta convertirlo en una escuadra loca, agresiva, veloz, ambiciosa y empática. Lo del uruguayo Diego Forlán es digno de estudio y reconocimiento. Llevo toda mi vida viendo fútbol pero me parece unos de los mejores jugadores y mejores profesionales que han correteado por este césped. Él fue quien se echó el equipo a la espalda y él fue quien contagió ese espíritu al resto del equipo. Cuando antes de los primeros diez minutos decidió sacar a relucir esa prodigiosa zurda, su pierna “mala”, para sacarse un violentísimo disparo prácticamente desde la catedral de la Almudena que Kameni sólo intuyó cuando vio el balón dentro de su portería, los atléticos pensamos en parafrasear al señor Obama y dijimos: yes we can.
A partir de ahí el partido de desarrollo con uno de esos estilos de fútbol que se denominan de épico. El Atleti con diez se fue hacia arriba sin especulaciones ni estupideces de esas que hacen de este deporte algo muy aburrido y con ello la afición se entregó como una jovenzuela con su primer amor hasta conseguir esa comunión perfecta que tanto envidian en otros lares. Las ocasiones se sucedían (Heitinga, Simao,..) envueltas en el poderoso trino de una afición vejada horas antes hasta que Pernía decidió poner un balón raso en el área (algunos lo llaman centro-chut) que Agüero recogió para colocar el 2-2 en el marcador y el delirio en las gradas. Desde ese momento hasta el minuto 80 los aficionados vivimos una preciosa y divertida epifanía con un equipo, el madrileño, que finalmente se dio cuenta de que sólo tenía que buscar en su interior para encontrar el espíritu que necesitaba. Sólo necesitaban darse cuenta del escudo que llevaban pegado al pecho para que todo encajase como un puzle sideral.
Las ocasiones claras se sucedían (Ufalusi, Heitinga de cabeza, Agüero, Forlán,...) mientras los jugadores ofrecían un generoso derroche de fuerza, ganas y energía que todos sabíamos que era finito y que en algún momento se acabaría. Pero el merecido gol no llegaba y las fuerzas empezaban a flaquear lo que permitió estirarse al Español varias veces para poner el susto en las gradas. En ese momento todos los aficionados ya estábamos enamorados de este equipo y hubiésemos perdonado cualquier cosa que hubiese pasado. Incluso con una derrota hubiésemos salido orgullosos de ser el Atleti. Hoy si.
Pero por una vez el destino fue justo. Cumplido ya el minuto 90 Simao decide meter un excelente balón a Diego Forlán que incluso con calambres en las piernas (hacía varios minutos que ya no podía más) un tipo que tiene el gol grabado a fuego en el cerebro consiguió regalarnos una noche maravillosa a los atléticos marcando el 3-2 que mostraba el marcador al final del partido.
Señoras, señores, después de muchos meses, sinsabores, estupideces, mentiras, errores y disgustos... hoy hemos vuelo a ver al Atlético de Madrid. Ha sido precioso.
Que poquito nos va a durar
Una de las cosas de las que guardo peor recuerdo de la época de acoso y derribo que la prensa tuvo contra Fernando Torres cuando el “niño” tenía la desfachatez de vestir la camiseta rojiblanca, la misma prensa por cierto que ahora lo adora como si fuese “su niño” de toda la vida, era el efecto que esa acción constante de desgasté provocó en la afición. No caló definitivamente (pero casi lo hace) la idea de que era malo, sobrevalorado, fallón, torpe, mimado, teatrero,.. (todo eso decían los plumillas que ahora elogian sus “defectos”) pero si cuajó subrepticiamente la verdad absoluta de que Fernando Torres se iría y que cuando lo hiciese sería porque el Atlético de Madrid se había quedado “pequeño”. Recuerdo como un puñal clavado en la espalda cuando tras terminar un partido cualquiera en el Calderón en el que Fernando Torres había vuelto a salirse (porque a pesar de lo que los perversos periodistas quieren inventar lo que el “niño” hace en Anfield también lo hacía hace años en el Calderón) la primera frase de mi amigo Jorge al encontrarnos en el post partido era siempre: “que poquito nos va a durar”.Desde que el fútbol es fútbol existen equipos modestos de bajo presupuesto y aspiraciones modestas que tradicionalmente se comportan como viveros de los “grandes” y son conscientes de que cuando un jugador despunta desaparece del club de inmediato. Son conscientes de ello hasta el punto de que lo asumen como una ley natural y como algo bueno para el jugador y para el club que ingresará un dinero que no tiene, es decir como parte necesaria de la viabilidad del propio club. El Atlético de Madrid nunca ha sido uno de esos equipos y no lo ha sido por una razón evidente incluso para el envenenado cerebro de los periodistas deportivos de este país. El Atleti podrá estar en manos de torpes negligentes y llevar muchos años haciendo el ridículo sobre el césped pero incluso hoy el Atleti no es un modesto al uso (tercer equipo del país en seguidores y trofeos), no es de presupuesto bajo (tercer o cuarto mayor presupuesto del país) y no tiene aspiraciones modestas (estamos jodidos por no entrar entre los mejores 8 equipos de Europa y estuvimos entre los 16 sintiendo que era nuestro sitio). Aun así parece que inconscientemente asumimos que Forlán aceptará “lógicamente” lo que le ofrezca el Manchester City (un grande de Europa como todo el mundo sabe) y mi amigo Jorge dice ahora del Kun lo mismo que decía de Fernando Torres hace años; “que poquito nos va a durar”.
¿Es culpa de la prensa, de la afición, del club, de los jugadores,…?
La prensa es una enfermedad congénita que lamentablemente tiene que sufrir el Atlético de Madrid si o si. Una especie de alopecia o diabetes genética de la que no podemos librarnos aunque viviríamos mucho más sanos y guapos si no existiese. Si no existiese esta prensa interesada y rupestre que tenemos la desgracia de sufrir me refiero. Con una prensa que hiciese honor a su profesión en lugar de ridiculizarla la cosa sería diferente. El espacio que este pseudo-periodismo cutre y amarillo ha reservado a nuestro equipo es el de una fuente inagotable de escándalos, “friqueces”, tragedias y disgustos. Existan o no. Somos por así decirlo el bufón que utilizan para el verdadero “cliente”, los aficionados a Madrid y Barça. Asumido que Sabrina Salerno enseñaba los pechos cada vez que grababa un video-clip, ¿a quién le podía interesar sus facultades vocales?. Eso es el Atlético de Madrid, una especie de Sabrina Salerno, cantante, que sólo interesa cuando se le sale un pecho. En este escenario construido por televisiones y asociaciones corruptas los grandes jugadores evidentemente sólo pueden estar en el atleti para generar polémica o para marcharse.
La afición, otrora auténtica, de gran personalidad e inconformista, abraza desde los paseos por “el infierno” ese nuevo talante que se publicita desde los tabloides y que recoge para nosotros lo peor de cada casa. Si Torres se tiene que ir aplaudimos. Si el Kun se tiene que marchar lo entendemos. Si está “confirmado” que el Atlético Yaundé se llevará a Forlán la temporada que viene lo asumimos con rigor espartano sin tan siquiera plantearnos donde coño está Yaundé. Con una afición de buenas tragaderas todo es mucho más fácil.
El club, y con El Club me refiero a las personas incapaces que hoy lo tienen secuestrado, ha quedado ya meridianamente demostrado que actualmente es el principal enemigo del Atlético de Madrid como concepto así que en esto no van a hacer un excepción. Es un tema en el que ni siquiera reparan y cuando lo hacen es para repetir alguno de los “dequelatiguillos” de nuestro simpático presidente. Todo eso de que el atleti es un club “comprador” pero siempre matizado con la guinda de que “los jugadores juegan donde ellos quieren”. Le bastaría a cerezo (o al que mueve los hilos) leerse la historia del club para comprobar que la mayoría de grandes figuras de este equipo lo han sido fundamentalmente en este club. Es decir, que los mejores momentos de su carrera los ha pasado en el Atleti. Es decir, que debían querer jugar aquí. Habría que plantearle también al afamado productor y al inédito veterinario sin son capaces de describirnos cuales son las razones por las que los jugadores no quieren jugar en el atleti.
Aun así, y aunque me duela decirlo, este tipo de jugadores que sueñan con el vecino dejando ensuciar su propia casa no valen para mi equipo. Para mi equipo sólo valen jugadores convencidos de que son capaces de hacer cosas grandes (con la acepción más amplia del término) en el sitio donde están y gracias a su esfuerzo. Si el Kun (aconsejado por algún politoxicómano o no) está convencido de que aquí está perdiendo el tiempo no debería tan siquiera salir a jugar el domingo. Lo mismo digo para el resto de lumbreras que se pasean con mi escudo al pecho se llamen como se llamen. Si Agüero se va en junio diciendo que ama al atleti pero que con esta estructura, estos entrenadores y este presidente es imposible hacer nada entenderé su opción pero si se va “amando” al atleti “para siempre” pero como única solución para “crecer” y abrazado del presidente pensaré que es un mentiroso. Puede que profesional pero mentiroso. Sería además el segundo caso en tres años. No me gusta señalar pero Gerard lleva toda la vida en el Liverpool (rechazando suculentas ofertas) y el Liverpool hace más años que el Atlético de Madrid que no gana la liga.
Si vamos a fichar presuntas estrellas que vienen a un equipo trampolín para sus carreras es preferible, desde mi punto de vista, que no vengan porque dan más tormento que beneficio. A lo mejor somos nosotros los que estamos perdiendo el tiempo con ellos.
“No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.” (G. K. Chesterton)
Justicia histórica
Reconozco que tengo especial predilección por el Villarreal, por su forma en encarar las competiciones, de plantear el club, de dirigir al equipo, de jugar al fútbol... He visto muchas veces jugar al Villarreal en el Calderón y casi siempre lo ha hecho muy bien o al menos ha sido muy competitivo y por eso entendía que a pesar de las bajas no era el mejor rival para el el partido de hoy, vital para las pobres aspiraciones atléticas que nos quedan. Como además todavía quedaba en me retina y en mi cerebro (y me temo que se quedará para toda la vida) las estupidez que hizo mi equipo el pasado martes en la competición que tanto ansiábamos jugar, teniendo en cuenta las parrafadas de nuestro jugadores, las peleas del vestuario, las explicaciones peregrinas y las tradicionales “frases para gilipollas” con las que nuestro querido presidente nos bendice cada vez que tiene cerca un micrófono, tenía miedo de como podía salir el equipo hoy al césped. Pero ese miedo y esas dudas se disiparon a los 30 segundos de empezar el partido. El equipo tenía intensidad, ganas, mirada de tensión y concentración. Era el atleti del día del Barcelona o del madrid o del Sevilla.... pero no de Oporto. Dejando atrás algo que para mi no tiene (ni tendrá) explicación el atleti tradujo todo lo anterior en llegadas al área castellonense que acabaron con un clarísimo penalty a Agüero por agarrón de dos defensas del “submarino amarillo” cuando apenas se llevaban dos minutos jugados. Todo parecía pintar de maravilla: una tarde primaveral, un estadio lleno cantando desde el primer minuto, el Cholo Simeone dando una vuelta de honor por las afueras del estadio (el que escribe se ha topado con él) y penalty a favor en los primeros minutos. Falsa alarma. El penalty iba a resultar ser una alegoría de lo que sería después fue el partido: un tiro a puerta que para el portero con una soberbia palomita.
Se hablaba estos días del interés del Machester United por llevarse a Diego López a sus filas y me temo que si hoy había en el Calderón algún ojeador de los ingleses en el campo no tendrán ninguna duda de quien es el mejor sustituto para Van der Vaart. El tal Diego López ha sido el verdadero protagonista y héroe de la primera parte (y casi del partido) no sólo parando ese penalty a Forlán sino unas cuantas ocasiones más no sólo al Uruguayo minutos después sino a Maxi tras un rechace, a Simao en otro soberbio tiro, etc, etc... Entre medias del festival ofensivo de los madrileños, en un claro ejemplo de injusticia histórica, el Villarreal se puso por delante en el marcador. Córner sacado de forma penosa por los colchoneros, al más puro estilo Aguirre, provocando un contrataque claro a los de Amarillo. Forlán se da una carrera generosa para tapar el lateral izquierdo pero comete al torpeza, típica de delantero, de no hacer falta en un ataque en el que están en minoría así que un pase de la muerte de Javi Venta acaba en remate de Mati Fernández. 0-1 y segundo jarro de agua fría.
Pero algo está cambiando a la rivera del Manzanares cuando el atleti lejos de echarse atrás siguió jugando como hasta ese momento y tras unos breves minutos en los que el Villarreal se hizo con el balón Raúl García, Asunçao y Maxi (más metido en el mediocampo y el partido de los que es habitual últimamente) lo recuperaron para el Atlético. Raul García, Agüero, Maxi y sobre todo Forlán seguían llegando y rematando a puerta pero ahí estaba el bueno de Diego López para seguir parándolo todo, en ocasiones de forma sobresaliente. El Atleti estaba bien plantado, con ritmo, tenía el balón, jugaba con agilidad, tenía maniatado al rival y llegaba a puerta pero se iba al descanso perdiendo el partido.
La segunda parte comenzó con menos ritmo que la primera y un tempranero cambio de los castellonenses hacía volver al equipo a su dibujo tradicional con dos mediocentros y un mediapunta por delante que por momentos equilibro el partido. El Atleti seguía empujando con criterio pero empezaba a escasear la frescura mientras el árbitro se dedicaba a sacar amarillas a diestro y siniestro de forma desproporcionada en un partido sin violencia. Con ese panorama todo pareció irse al infierno cuando una buena jugada trenzada del Villarreal al borde del área deja sólo a Cani que pone el 0-2 en el marcador. La tragedia se cernía entonces sobre el Vicente Calderón como un buitre ventajista pero cuando los más pesimistas estaban ya recogiendo los bártulos para largarse de allí apareció una jugada de rabia de los madrileños que culmina con un violentísimo disparo de Forlán... que da en el poste. Pero para entonces la injustica ya se había cebado suficiente con el equipo que va de rojo y blanco y por esta vez decidió que el rechace llegase de los pies de Agüero que como un toro se tiro a por el balón para meterlo en la red. 1-2 y un estadio loco de contento. Contento porque, ¡qué coño!, el Atleti estaba siendo mucho mejor y porque el escenario, el ambiente y el olor hacía pensar que la remontada era posible. A partir de ahí el partido entra en una especie de toma y daca (más toma para el atleti que daca para el Villarreal) ciclo que se cierra con la segunda tarjeta amarilla (muy justa) a Javi Venta que en ningún momento ha podido con un Simao inmenso una vez más. Entonces si, el Villarreal se echó descaradamente atrás y el Atleti se fue a tumba abierta a por el partido.
Y los goles llegaron, claro. Cuando se pone fe, ganas, pasión... y fútbol, las cosas son más fáciles. Banega salió al campo para demostrar que aparte de ser el rey de la noche, el paladín de la indisciplina o un afamado onanista, también a veces es un jugador de fútbol con calidad en sus botas. Sinama se hacía dueño de la banda cogiendo el sitio de un Heitinga que aunque lento ha estado más que digno. Simao abría por la derecha y el Kun y Forlán creaban una oportunidad tras otra. El empate viene precisamente de las botas del uruguayo a pase de Maxi en una jugada típica de equipo a la desesperada. Una pequeña justicia para un Forlán fallón hoy pero al que no se le puede reprochar nada desde que viste esta camiseta y que este año por cierto se está hinchando a meter goles. El definitivo 3-2 llegó en otro alarde de justicia gracias a la cabeza de un colchonero de pro como Antonio López que ha pasado unos años no precisamente agradables últimamente. El delirio se extendió rápidamente por la grada de un Calderón que pedía la hora porque no veía la hora de poder aplaudir, hoy si, a los suyos.
Los dos últimos partidos en el Calderón han sido los dos partidos más divertidos de la temporada (y probablemente de los últimos tres años) en este estadio. En Sevilla se pudo ganar y perder y frente al Madrid se debió golear. Este Atleti de Abel es definitivamente otro y no lo digo por los 7 puntos del Anglirú que debieron ser al menos 9 en la segunda vuelta comparado con el punto de la primera vuelta que debieron ser cero. Este atleti tiene criterio (bueno o malo pero criterio), fondo, forma y aunque le falta creación y fondo de armario creo que se puede hacer buen papel de aquí al final de la temporada. Dependerá mucho de las veces que al bueno de Abel le vuelvan a entrar ganas de inventar el fútbol.
Lo que no puede ser no puede ser...
...y además es imposible. El Atlético de Madrid ha caído eliminado de la Champions League en una eliminatoria que no ha merecido ganar en ningún momento frente a un equipo que los “expertos” declaraban como inferior en el papel pero que sobre el césped no lo ha sido en ningún momento. En noches así uno tiende a aparcar el juicio intentando buscar culpables de tener que tragar un trance tan doloroso y francamente existen muchos candidatos. Yo honestamente sigo pensando que esto no es más que la guinda a un penoso proyecto deportivo mal parido, mal vestido, peor gestionado, mantenido con vida de forma artificial demasiado tiempo, disfrazado de forma ridícula, mal alimentado y demasiado consentido. Los colchoneros volvemos cabizbajos desde la gloriosa competición europea a la tediosa competición local con la orejas gachas, el ánimo por los suelos y la cruel sensación de que hemos vendido muy pero que muy barata nuestra presencia. Muy barata. La última vez que habíamos estado en esta competición salimos de ella con honor y orgullo en una aciaga noche en el Calderon frente al Ajax en un partido que nunca debíamos haber perdido. Salimos cansados, magullados, heridos en el orgullo y jodidos. Hoy ni eso. ¡Qué lejos queda aquello! ¡Qué lejos queda el atleti!Jamás he entendido y jamás entenderé esa estupidez de las rotaciones y mucho menos cuando estas afectan de forma dramática a los partidos clave. Es más, se supone que si tiene algún sentido hacerlas es precisamente para que esto no ocurra. Tampoco puedo entender como un deportista profesional de menos de 30 años es incapaz de recuperarse de un partido de fútbol en tres días. La alineación de esta noche presentaba la ausencia de Diego Forlán, probablemente el mejor jugador colchonero en los últimos partidos, por una decisión técnica aparentemente sustentada en el hecho del gran esfuerzo del uruguayo en el partido anterior. Estupideces. Estupideces que insultan la inteligencia del aficionado y que probablemente esconden un espíritu bastante menos valiente de lo que parecía en el responsable de dar los nombres de la alineación titular. El pasado sábado Abel dio un buen repaso táctico a su rival pero dijo una cosa en las declaraciones posteriores que no me gustó un pelo. Al parecer su “táctica” era la de contener al Madrid en la primera parte con un doble pivote defensivo para matarlo en la segunda con un “cambio más ofensivo”. Si es así, me parece una “táctica” de domador de pulgas, del apoderado del Bombero Torero o del Final Fantasy pero no de un entrenador profesional de fútbol. ¿Qué ocurre entonces si te meten un gol nada más empezar? ¿Tienes que cambiar todo lo que has preparado o esperamos a la segunda parte? ¿Cual es el problema de fabricar un equipo que gire en torno al axioma “voy a ganar el partido en cuanto pite el árbitro”? Todo apunta a que la idea de hoy debía de ser un peregrino sucedáneo de algo así de siniestro, cobarde y lamentable. Así nos ha ido. Es de esas gilipolleces que también hacía Aguirre... y así le fue.
Es difícil entender, especialmente después de ver los dos últimos partidos del equipo, como se puede salir a jugarte la clasificación de octavos de una Champions con unas sensaciones tan pobres, un ritmo tan espeso y una propuesta tan rancia. Es difícil de comprender en cualquier caso pero mucho más cuando tienes que ganar para pasar la eliminatoria. Pues bien el equipo, sin Forlán, salió romo, expectante y pasivo, regalando la pelota al Oporto e imprimiendo lentitud a todas las acciones. El equipo estaba bien colocado y defendía bien pero ni hablar del peluquín de eso de atacar, tener el balón, hacer fútbol o crear. Así, sin pena ni gloria tiramos a la basura 25 minutos que fue lo que tardamos en llegar una vez, meter un balón a Simao dentro del área y que el árbitro nos premiase con el tradicional penalty clarísimo no pitado. A partir de ahí el equipo pareció estirarse, el Oporto se asustó y reculó, el equipo tomo la pelota para disfrutar de los mejores minutos del partido que sin ser para enmarcar al menos daban esperanza. Minutos que sirvieron para tomar el control pero no para crear ocasiones, probablemente debido sobre todo al atenazador miedo al contra ataque portugués que dejaba al Kun demasiado vigilado y sólo arriba. Así llegamos al descanso.
Sin despertar todavía del asombro que ocasionaba la falta de interés por ganar el partido que parecía transmitir el equipo, los atléticos confiábamos en que la más que probable salida de Forlán produjese un cambio en el panorama.... pero la salida no llegó. El partido comenzó igual que termino en su primera parte, con algo más de parsimonia, algo menos de ritmo y el mismo desasosiego en los aficionados. Después de otros 1o minutos tirados al retrete por fin Abel se decide sacar al “agotado” Forlán pero claro, los cambios en el fútbol de verdad no funcionan igual que en la Play Station. El Uruguayo entró tarde, fuera de punto, perdido y en ningún momento consigo agarrarse al devenir de las cosas. Pasó desapercibido (lo que no ocurre nunca con Forlán) y de hecho a partir de ese momento se vieron los peores momentos del Atlético de Madrid y los mejores del Oporto. Abel eso si terminó de rematar su error con otro de similar calado cuando quita del campo a Maxi, un jugador que si tiene algo es esa capacidad para meter gol en los momentos más inesperados y por lo tanto ideal para hoy, para dejar en el campo a un Sinama que si bien había trabajado bien en defensa o había conseguido irse de su marca una sola vez. A partir de ese momento, cuando faltan 20 minutos para que acabe la eliminatoria, el Oporto toma el control absoluto del partido, del juego y del balón, llegando con claridad muchas veces haciendo que Leo Franco se convierta, como ya ocurriese en la ida, en el héroe del partido. El Atlético de Madrid se veía desbordado, aturdido, incapaz de animarse a si mismo, inútil a la hora de jugar al fútbol y sobre todo sin ningún tipo de capacidad de reacción hasta el punto de acabar el partido con la humillación de defender en tu área. Cuando vimos que la solución que venía desde el banquillo era colocar en el campo a esa estafa llamada Maniche (porque Miguel de las Cuevas es como si no hubiese salido) todos supimos que era mejor irnos a a escondernos debajo de las sábanas. Ni siquiera tuvieron la entereza, el oficio o el cuajo de intentar colgar balones a la desesperada. Prácticamente no ha tirado el equipo una vez puerta en todo el partido lo cual es un dato significativo teniendo en cuenta que se necesitaba marcar en Oporto de todas las maneras. Es lo que suelen traer este tipo de iluminados planteamientos tan valientes.
“Calidad, yo quiero calidad” gritaba a finales de los 80 un grupo llamado Ciudad Jardín y eso es lo que yo hecho fundamentalmente de menos en este equipo: calidad. Lo hecho de menos en jugadores sobrevalorados que cobran fichas por encima de su valor de mercado, lo hecho de menos en prácticamente todas las líneas pero lo hecho de menos fundamentalmente en el centro del campo. Raúl García es un jugador mediocre al que le viene grande todo esto y al que le falta mucho más fútbol del que tiene para pretender jugar en la posición en la que juega, si lo quiere hacer dentro de un equipo con aspiraciones. Maniche es una broma pesada que está durando ya demasiado tiempo. Asunçao es lo que es y cuando resulta que aparece como el que mejor ha tratado el balón te da a entender entre lágrimas como está el panorama. Camacho está más cerca de ser otro Asunçao que de otra cosa y Miguel de la Cuevas es un tipo muy querido por todos pero que nunca ha demostrado nada, sigue sin hacerlo y dudo que lo haga. Sinama directamente es que ni es centrocampista. Este equipo tiene problemas para crear fútbol y los va a seguir teniendo con lo que hay y sobre todo viendo los que dirigen la diligencia que son los verdaderos culpables de esta colección de remiendos.
Otro año más fuera de Europa y otro año más con más pena que gloria. Los optimistas dirán que nos han eliminado de la Champions sin perder un partido y los pesimistas dirán que lo que más hemos hecho ha sido empatar. Chorradas, estamos fuera y punto. Ahora a pensar en poder estar el año que viene (que por cierto es lo único que le preocupa al “caravinagre” que dirige este club en la sombra) pero que tal y como está el panorama parece harto complicado.
Esposa orgullosa
Todos los atléticos sentimos unos incómodos gusanos paseándose por el fondo del estómago cada vez que nos enfrentamos al Madrid. Es así y el que lo niegue miente. Lo que más teme un colchonero frente al equipo merengue es no dar la cara, sentirse humillado, parecer débil o menor. Mucho más que el resultado. Los últimos partidos contra el eterno rival siempre se caracterizaban por un estúpido gol madridista en los primeros cinco minutos. Es una maldita tradición desde hace años que gracias a Dios hoy se ha roto. Por eso cuando he visto el minuto 5 en la esquina derecha del televisor y en la izquierda el resultado de 0-0 he pensado que hoy podía ser el partido. A partir de ese minuto he tomado conciencia de que el equipo, mi equipo, había salido al campo como debería de salir siempre en todas las competiciones que juega, a ganar el partido. Espero que no sea un espejismo pero parece que este Abel va a resultar que entiende bastante de esto del fútbol. A lo mejor es que veníamos de un periodo negro y nefasto y por eso cualquier acción táctica nos parece un alarde pero lo cierto es que en el día de hoy tácticamente el atleti ha estado fantástico. Sacando la línea defensiva del área (no hacerlo hubiese sido un suicidio frente al madrid como bien debería saber Aguirre pero nunca terminó de aprender), creando un entramado físico en el centro del campo que impedía al madrid jugar y saliendo en vertical cada vez que robábamos el balón en posiciones adelantadas. Con este equipo no se me ocurre una forma mejor de jugarle al Madrid en su Bernaneu y aunque parece fácil no debe serlo. Asunçao, un futbolista que crece en este equipo con los partidos, dominaba la zona ancha escudado por un Camacho al que le falta un poco más de creatividad para ser un jugador muy interesante. Maxi, Simao y Forlán hacían un generoso esfuerzo en la contención que impedía aparecer al Madrid (lo del urguayo es prácticamente de ciencia ficción, ¡qué jugador Dios mío!) y el Kun era letal en cada balón. El Real Madrid no hizo nada como conjunto en toda la primera parte y sus pocas llegadas fueron a través del fútbol directo al área o jugadas a balón parado. Por el contrario el Atleti se encontraba más cómodo según pasaban los minutos y cada vez que se estiraba soltaba el codo. Ya avisó el Kun cuando un excelente balón que le llega de volea es parado en el área y que solamente los felinos reflejos de Casillas (siempre Casillas) impidieron inaugurar marcador. Pero casi mejor que fuese en la siguiente jugada porque fue una maravilla. Un córner mal sacado por los “blancos” lo recoge Ufalusi que se da a Kun a la banda este se lo devuelve de primer toque y el checo vuelve a meter un buen balón a la banda para que la recoja el Kun. Era un contra ataque de 3 contra 2 pero la pelota que mete el Kun a Forlán para dejar sólo al uruguayo no está al alcance de todo el mundo. El rubio charrúa, omnipresente en todas la jugadas todo el partido, define como los ángeles alegrando la noche a la afición rojiblanca. Así acababa la primera parte.
En tiempos no tan lejanos cuando el equipo estaba por encima del marcador (y no hacía falta que fuese en el Bernabeu) lo que veíamos los aficionados al atlético de madrid era un equipo temeroso que renunciaba al balón o a jugar y que se jugaba el resultado a saber defenderlo con patadas y artificios paradeportivos. Hoy lo que hemos visto es todo lo contrario. Hoy lo que hemos visto es un equipo valiente, con personalidad, generoso en el esfuerzo, que seguía manteniendo los parámetros que lo había llevado hasta ahí y que tenía en la cabeza la portería contraria y no la propia. Hoy lo que hemos vistos después de mucho tiempo es, por fin, el Atlético de Madrid.
La segunda parte (como todo el partido) ha sido preciosa, más parecido a un partido de toma y daca donde todos querían ganar que a otra cosa. Eso sí, el único que mereció hacerlo fue el que iba de vestido con los colores rojo y blanco. La pocas llegadas merengues fueron a base de pundonor, juego parado y balones colgados al área. Las del atleti venían a base de robar el balón en el centro del campo y llegando a la portería contraria a toda velocidad en jugadas de tiralíneas. Pero por esas cosas que tiene la vida el Madrid empató y lo hizo de la forma en la que históricamente mejor sabe hacer, con un gol ilegal. Esta vez por CLARÍSIMO fuera de juego, otras veces por penalty injusto y casi siempre con algo que esconder. Es así. Ni siquiera los periodistas “serios” se sorprenden y lo asumen como parte de las reglas de juego. Los árbitros se equivocan, si, pero cuando juegan estos dos equipos los errores son siempre para el mismo sitio y eso es estadísticamente imposible. Yo, que soy de ciencias, tengo que buscar la explicación en algo más. Si tiras diez veces el dado y las diez veces sale 6 podemos deducir sin equivocarnos que el dado está trucado.
Pero lo cierto es que Forlán, Sinama y sobre todo el Kun estuvieron delante de Casillas con la claridad suficiente como para perforar la portería rival sin demasiada dificultad pero no ocurrió. Unas veces por el propio Casillas, otras por la mala suerte y casi siempre por enfrentarnos a nuestro destino con más ansiedad que sangre fría. También hubo unos agarrones. manotazos de Sergio Ramos al Kun Agüero que no significaron nada para el árbitro y que pasarán desapercibidos para la prensa “seria”. Para el que no lo ha visto podríamos definirlo como el típico penalty que le pitan al Madrid (y al Barça) pero a ningún equipo más. Que se le va a hacer.
Nos vamos con la sensación de perder dos puntos y la oportunidad de callar a todo un Bernabeu pero lo hacemos con la cabeza muy alta, lo cual es algo que también hace muchos años que no hacíamos. Sinceramente, yo que el día del partido del Oporto había pregonado el fin de este equipo, afronto la vuelta de Champions con más ilusión que nunca. Este si es mi atlético de madrid.
I want to believe
William Mulder era un agente especial de la CIA de magnífico expediente e incalculable potencial que había decidido dedicar su vida y su talento a la investigación de los expediente X, esos caso de difícil solución archivados en las oscuras esquinas de la inteligencia americana relacionados generalmente con fenómenos paranormales de difícil comprensión científica. Muchos compañeros lo tachaban de lunático y pocos entendían como se podía derrochar tanto potencial en una labor tan absurda pero William Mulder no era desde luego de la misma opinión aunque a veces, cuando se quedaba estancando en sus pesquisas, se le pasaba la idea por la cabeza de si efectivamente estaba perdiendo el tiempo. En esos momentos levantaba la cabeza hacia la pared de su despacho donde colgaba una foto con el lema “I want to believe” (quiero creer). Yo que me he sentido una especie William Mulder muchas veces en este extraño vínculo que me une al Atlético de Madrid he conseguido hoy encontrar la imagen a la que desviar mi atención cuando tenga dudas de fe. Supongo que existirán un montón de explicaciones lógicas para explicar lo que ha ocurrido hoy, con las que además aplacar mi alegría pero que quieren que les diga, lo he pasado tan bien en el estadio y hacía tanto tiempo que no disfrutaba tanto en un partido de fútbol que me dan igual. Y es que el fútbol es esto y no eso que quiere imponer tanto entrenador megalómanos que basa el fútbol precisamente en todo aquello que tiene poco que ver con el o tanto periodista NBA que intenta hacer propaganda de un concepto de deporte-espectáculo que tiene también poco que ver con algo que lleva más de un siglo desatando emociones.Pero todo lo bonito que tiene el fútbol lo tiene de injusto y así con injusticia se adelantó el barça en el marcador. Un nuevo fallo de Pablo (el más flojo de la defensa), un rechace de mala suerte y Henry lanza un disparo desde la esquina del área que se cuela por la escuadra. Jarro de agua fría. El equipo se quedo algo tocado en lo anímico pero no bajó los brazos ni se escondió lo cual fue no sólo una novedad sino un anticipo de lo que vendría después. Se sucedieron unos cuantos intercambios de golpes hasta que un inédito hasta ese momento Messi recogió un balón a pocos metros del área, que es justo donde este chico no debe recibir, para demostrar al Calderón entero lo buen jugador que es. Se fue en velocidad sorteando rivales en pocos metros cruzando el balón a la salida de Leo Franco. 0-2 en el marcador y un panorama más que desolador. El Atleti de Aguirre muy pocas veces fue capaz de remontar un gol y creo que nunca consiguió hacerlo con más de uno. Si a eso el uníamos el estado anímico y físico de la plantilla parece fácil entender que la grada se preparase para otra noche de horror a la rivera del Manzanares pero había dos cosas en el ambiente que nos hacía resistirnos a ello. El primero que lo que estábamos viendo era injusto y segundo que los jugadores no parecían dispuestos a bajar los brazos. Así que sin tiempo de acomodar en el salón a los habituales fantasmas Forlán agarró un zurdazo desde su Uruguay natal que el bueno de Valdés se come con patatas. 1-2 y la esperanza contenía a la euforia.
Durante el descanso se respiraba un ambiente raro en los últimos partidos. Normalmente a estas alturas y con ese resultado la afición estaba cabeceando mientras enumeraba errores y jugadores sobrevalorados pero hoy no, hoy la gente decidía abrazar como suyo el famoso lema de Obama, yes we can... y pudimos. Comenzó la segunda parte con la misma tensión, colocación y velocidad que la primera y el espectáculo para el espectador no se resintió un sólo átomo. Antes que nada me gustaría destacar la labor de entrenador de Abel que hoy si supo leer el partido sin renunciar a su idea del fútbol. Adelanto la defensa y presionó arriba pero además alecciono a Simao para cerrar el centro del campo, bloquear a Alvés y abrir su banda en ataque obligando al brasileño a defender (gran partido de Simao). Coloco a Forlán cerca del centro del campo para tapar la salida pero sin sacrificarlo en ataque (gran partido del Uruguayo) y sobre todo organizó un buen entramado en el centro que impedía la construcción blaugrana (era curioso como el balón siempre tenía que salir de los pies de Puyol) en el que tuvo mucho que ver un jugador como Conseiçao que lleva varios partidos dando a entender que su fichaje no fue el tradicional error de todos los años. Igual que el martes Abel pareció un aficionado jugando en la liga de los mayores hoy ha dado un mensaje de personalidad y criterio. Al Cesar lo que es del Cesar. Y así, con todos esos parámetros más la presión arriba llegó un error en la defensa del Barcelona que el Kun (otro que ha hecho un gran partido) aprovechaba para empatar el partido.
Llegados a ese punto todos sabíamos que cualquier cosa era posible y así ocurrió. Jugadas de gol, errores, emoción, goles, alegrías, disgustos,... fútbol en una palabra. Con un atlético lanzado y mereciendo mucho más, el balón llega al lateral derecho colchonero desde donde se mete un balón al área pequeña para que Forlán, a escasos dos metros de la línea de gol, remate el balón fuera. Mientras el uruguayo todavía se lamentaba en la portería del equipo catalán, Heitinga se queda enganchado al tirar el fuera de juego y el balón llega franco a Gudhjonsen que con muchos metros por delante y sólo leo Franco enfrente cede el balón generosamente a Henry para que este ponga el 2-3 en el marcador. La injusticia del fútbol que dirán muchos. Pero este irreconocible atleti no tiró la toalla. A pesar de los pesares (2-3, el Barça y apenas 15 minutos por delante) decidió morir matando y se fue a por el partido. Y lo consiguió. Primero tras un penalty que no tiene duda para nadie pero que el inefable del árbitro se negaba a pitar y que Forlán aprovechó para transformar en gol con mucha sangre fría a pesar de la rabia del gol marrado y de los nervios que provoca el tardar tanto en ejecutar la pena máxima gracias a la estupidez congénita de la profesión de árbitro de fútbol. Después con una fusión de juego y pundonor que dio con el Kun Agüero (un jugador que debería estar siempre en el campo) dentro del área y al que ni siquiera un desacertado Puyol consiguió quitarle el balón en su carrera desenfrenada hacía el gol. 4-3 y la euforia desatada en el Calderón.
A veces se me olvida lo mucho que me hace disfrutar el fútbol. Es cierto que se me olvida porque cada vez son menos las tardes y las noches en las que verdaderamente me divierto viendo este bendito deporte pero ay amigo cuando ocurre. Hoy he disfrutado como un enano desde el primer minuto al último. Es de esos partidos que acabo agotado como si también hubiese estado jugando sobre el césped pero me gustaría acabar con un apunte: podríamos haber perdido y de hecho hemos estado cerca de hacerlo pero perder así duele mucho menos.





