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Estafa

El sábado pasado se podía respirar melancolía en el Vicente Calderón. Era el día del niño, el horario invitaba a la presencia masiva de jóvenes, Los 50 habíamos contado la historia del Atlético Aviación, habíamos tenido también la suerte de compartir horas, mesa y mantel con los campeones del mundo de 1975 (Ayala, Panadero Díaz, Irureta, Alberto, Adelardo,…) y encima hacía exactamente 112 años que unos estudiantes vascos de ingeniería habían decidido juntarse en Madrid para crear un club de foot-ball(*). Con todo ello, nadie podía olvidar lo que había ocurrido un par de días antes en el Bernabéu. Estaba ahí, flotando. Una sensación y un sentimiento que no hay por qué ocultar y que además son naturales entre seres humanos. Porque afortunadamente, a diferencia de otras instituciones diseñadas con otros propósitos, eso es lo que es el Atleti. Una institución por y para seres humanos que respiran, sudan, comen y se equivocan. 

El equipo jugaba contra el Elche un partido muy difícil de jugar. Por lo arañado que estaba el ánimo, por ese cansancio físico que se hace mucho más evidente sin el efecto balsámico del éxito y por la rabia contenida del ganador que no ha podido ganar. El partido podía haberse transformado en una trampa mortal (y mucho ansioso de pertinaz impaciencia así lo barruntaba cuando al descanso el marcador seguía señalando el cero a cero) pero afortunadamente la plantilla actual del Atlético de Madrid es una solvente colección de profesionales con capacidad, talento y orgullo. Siqueira, que había sido el mejor de la primera parte, se lesionó y tuvo que dejar su puesto a Juanfran. El lateral, tirando de arrojo y calidad, fue el que logró traspasas la tupida red defensiva de los alicantinos para colgar un balón al área que aprovecho, como siempre, el más listo de la clase. Un francés llamado Griezmann que supura fútbol por todos sus poros. Ese tipo de jugadores que ve lo que nadie ve, llega a donde nadie llega y está donde nadie está. El 1-0 abría la lata y tranquilizaba los ánimos. El 2-0 de Raúl García (con tiro lejano que se “come” el portero rival) hizo que un nuevo gol del francés, el tercero, se quedará ya en anécdota. 

La grada del Calderón, que hasta que no se diga lo contrario es la mejor representación que tenemos de la afición colchonera, había sido el reflejo de sus jugadores. Dolida, fría y cansada pero orgullosa, valiente y fiel. Comenzó aplaudiendo a sus héroes del 75 y siguió aplaudiendo (más fuerte, incluso) a sus héroes del 2015. Incluido, por supuesto, el cuerpo técnico. Antes de que el balón echase a rodar la grada, como concepto, había dejado claras cuales eran las premisas de las que hay que partir para el supuesto debate mediático sobre la afición rojiblanca: “Orgullosos de nuestros jugadores”, afinaban al unísono las gargantas. “Ole, Ole, Ole, Cholo Simeone”, volvieron a rugir como corolario. Los 90 minutos de partido siguieron, con más o menos intensidad, los mismos parámetros. Agradeciendo a todos, desde Oblak a Simeone, desde Griezmann al Mono Burgos, lo que nos están dando. ¿Significa eso que el aficionado colchonero perdonaba la derrota (como interpretó algún iluminado del Canal +, de esos que analizan en fútbol mundial con las camisetas del Real Madrid o el Barcelona pero sin salir de su cuarto de baño)? No, queridos. Significa que queremos que gane Atlético de Madrid pero no lo queremos porque gane (o deje de ganar). Yo no tengo por que perdonar al que no me ha hecho nada. Abran el foco de su conocimiento y descubrirán que hay muchas más formas de entender el fútbol. Es decir, la vida. 

Salimos del estadio con la tranquilidad del resultado, el orgullo en el cuerpo y esa media sonrisa que se nos pone en la cara cada vez que nos damos cuenta de que no estamos solos en esto de ser del Atleti. Pero fuera del estadio sabemos que nos tenemos que topar con la “realidad” oficial. Con Matrix. Con ese rodillo mediático que adoctrina al mundo a través de la fe verdadera. Peor. Tenemos que lidiar (además) con ciertos ministros de esa fe única que, disfrazados de aliados, pastan entre colchoneros igual que pérfidos caballos de troya. Estaba todavía en el Paseo de los Melancólicos cuando alguien me envió el titular de la crónica de AS y no pude reprimir las arcadas. El texto, que llegaría minutos después, tenía un efecto incluso más diarreico todavía. Mediante una prosa indigna de cualquier estudiante de secundaria, el autor relataba un cuento de ficción, cínico y mentiroso, que resultaría patético en una columna de opinión pero que es torticero en un texto que pretende reflejar la realidad de lo que ha ocurrido. Un texto que , más allá de la pericia del escribiente, no puede ser casual. No puede deberse a la eventualidad o la negligencia. Decía Camus que la prensa libre puede ser buena o mala pero que cuando no es libre no puede ser otra cosa que mala. A las pruebas me remito. 

Vomité, claro. Como cualquier persona de bien hubiese hecho. 

Desconozco la gente que habrá leído semejante ejercicio de tergiversación pero intuyo que alguno más de los 45000 espectadores que debimos estar en la grada ese día. Es decir, la realidad mayoritaria, según se entiende en el nuevo orden mundial, es ahora la que ha “vivido” la mayoría. No es la que unos pocos vivimos in situ sino la que, muchos más, han “vivido” a través del notario de la realidad elegido para la ocasión. ¿Se dan cuenta de la sutileza? Pues no es un hecho puntual. Decía Pérez de Ayala que cuando la estafa es enorme ya toma un nombre decente. A esta se le llama periodismo. 


(*) Aunque la fecha oficial de fundación del Athletic Club de Madrid es el 26 de abril de 1903, el día en el que se juntaron los fundadores fue realmente el 25. Lo que ocurre es que tuvieron que esperar hasta el día siguiente para formalizar la creación dado que se les hizo tarde y el registro estaba cerrado.

Seguir creciendo

Malmö 0 - At. Madrid 2

Una de las novedades más interesantes del Atlético de Madrid de esta temporada es la amplitud de recursos. Donde el año pasado el equipo tenía que hacerse físico y vertical, al no existir otra posibilidad, este año tiene la posibilidad de mucho más juego entre líneas y de controlar el partido a base de manejar el balón. Es más, con el cambio de ariete, la verticalidad demoledora de antes se torna ahora en un recurso mediocre y ramplón. Ya no vale. Es evidente que no voy a jugar a ser entrenador del Atleti, Dios me libre, pero no termino de entender esa querencia de Simeone por llevar al equipo al terreno de la brega, incluso frente a equipos claramente inferiores en el resto de aspectos del fútbol. Me temo que eso es lo que ha ocurrido hoy. También es verdad que las cosas no salen siempre como se piensan y que enfrente hay un equipo que plantea sus armas sobre el tapete y sobre ellas tienes que improvisar, pero no da la sensación que el plan, desde fuera, fuese otro. Estoy seguro de que existe una explicación para todo lo anterior pero si no la hay tampoco tenemos mucha alternativa porque me temo que veremos bastantes partidos como este en lo que queda de temporada.

El Atleti llegaba a Malmö (o Malmoe, como parece que se escribe en castellano) empatado a puntos con Olympiakos y consciente de que lo que ocurriese en Suecia resultaría crucial para las posibilidades de pasar a la siguiente fase de Champions. La prensa madrileña, con ese proverbial desprecio que tiene por todo aquello que no sea Real Madrid, apenas daba importancia al partido y cuando lo hacía casi siempre aparecía envuelto en esa estúpida soberbia que calificaba a los escandinavos de perita en dulce. Quizá desconocían que hacía 8 partidos que nadie metía un gol en ese campo jugando la máxima competición europea. 

El entrador de los suecos había advertido que quería que su equipo se acercara más en intensidad a los madrileños y a fe que lo hizo. El partido comenzó con un nivel de tensión y agresividad realmente alto. Impidiendo el juego fluido y llevando el partido a un ritmo que provocaba cierta precipitación y que hacía muy difícil la continuidad. El Atleti aceptó el reto sin miedo a que el traje se arrugara, como acostumbra, pero enseguida todos vimos que cada vez que los de Simeone cogían el balón y trataban de jugarlo la diferencia entre los dos equipos se agrandaba a pasos agigantados. El problema es que no lo hacían mucho. ¿Por qué? Mario Suarez y Gabi soltaban rápido y sin precisión y solamente cuando Koke conseguía contactar con Arda el equipo respiraba. Raúl García peleaba pero no entraba en la combinación y Mandzukic tres cuartos de lo mismo. Así siguió la primera parte, con una lucha de poderes físicos salteadas de vez en cuando con alguna llegada con criterio de los del Cholo. Ya había avisado Raúl García rematando blando tras una gran jugada por la derecha pero no ocurrió lo mismo poco después. Juanfran, soberbio otra vez todo el partido, arranco desde la defensa prolongándose por la banda, llegando hasta la línea de fondo y metiendo un magnífico balón al área que Koke remató de tacón como sólo las grandes estrellas saben hacer.

El 0-1 en el marcador tranquilizaba los ánimos y daba la sensación de que abría el camino hacia un resto de partido controlado para el Atleti pero no ocurrió así. De hecho ocurrió todo lo contrario. El efecto se pudo intuir ya en el cuarto de hora que quedaba hasta el final del primer tiempo en el que vimos al equipo echarse demasiado atrás y renunciar miserablemente al balón, pero fue todavía mucho más intenso a la vuelta de los vestuarios. Los suecos, lejos de bajar el nivel de intensidad, mantuvieron el mismo ritmo (con la aquiescencia de una pésimo colegiado, todo hay que decirlo) y encerraron en su área a un Atleti que de forma incomprensible renunció por completo a jugar. Con Mario Suarez excesivamente retrasado y quitándose el balón de encima, con Gabi sin estar demasiado fino, con Arda cansado y Koke multiplicándose en todos los aspectos, los rojiblancos achicaban agua, llegaban tarde a la presión y permitían que el Malmö dominara el juego y el partido. Ahí aparecieron, como siempre, Miranda y sobre todo un Godin que volvió a dar otra lección a los ganadores de los premios de la Liga y sus repugnantes ideólogos. A punto estuvo de costar un disgusto sin embargo tanto repliegue. En una controvertida jugada en la que el árbitro podía haber pitado penalty pero que dejó en falta al borde del área, el saque pegó en la barrera y el rechace acabó con un tiro al poste cuando Moyá estaba ya por los suelos. Mal síntoma y mala lectura de un equipo que no puede sufrir tanto en estas lindes.

Afortunadamente pasados los primeros veinte minutos del segundo tiempo el equipo escandinavo empezó a acusar el derroche físico y sobre todo Koke consiguió, por fin, darle algo de criterio a la salida del balón. Es cierto que el panorama había cambiado ya para entonces pero la tranquilidad definitiva llegó sólo cuando Raúl García enganchó un rechace al borde del área como sólo el navarro sabe hacer, que ponía las cosas definitivamente del lado madrileño. Desde ese momento hasta el final, quedaba poco, las distancias se fueron abriendo todavía más entre los equipos y hasta el Cebolla consiguió marcar de cabeza un gol que anularon por claro fuera de juego.


Excelente resultado que sitúa al Atleti a la cabeza de su grupo en un partido raro, con fases muy complicadas y que sigue generando las dudas de ciertos desajustes defensivos, falta de fútbol en el mediocentro y un Mandzukic que sigue sin ver puerta. Pero el equipo sigue ahí, en todos los frentes, subido a la mejor plataforma posible para seguir creciendo. Debemos ser optimistas. 

Carpe Diem

Málaga 0 - At. Madrid 1

Leí una vez a un escritor americano de ciencia ficción llamado Steven Brust decir que la lucha siempre merece la pena si el fin merece la pena y si los medios son honestos. Me he acordado de ello hoy, viendo jugar al Atleti, porque la línea del equipo es exactamente esa. La lucha diaria con honestidad. El momento. Dar ahora todo lo que tienes como si no hubiese mañana, pero no como una suerte de caparazón defensivo, que te impide ver el universo que te rodea, sino como una forma sólida y efectiva de aferrarte al camino que te has trazado. Esa preciosa meta que vista desde la línea de salida da vértigo y que es preferible no mirar desde la distancia para no tropezar con lo más próximo que tienes bajo los pies. Mientras los periodistas cortos de entendederas (o saturados de mala hostia) siguen su campaña de ridiculizar la filosofía impuesta por el entrenador, queriendo demostrar que las palabras de Simeone son una farsa barata o una excusa ruin para esconder no sé que aspiración peregrina que está gente pretende intuir, el que suscribe cada vez lo tiene más claro. Cada vez entiende mejor ese mantra del Partido a Partido como una verdad absoluta a la que aferrarse. La única forma, para aquellos que no son beneficiarios del poderío mediático ni sobre todo del económico, de no perder el norte. De ser conscientes de tu pasado, de tu legado, de tu fuerza y de lo que eres. De intentar conquistar lo que tienes a la vista, independientemente de lo que venga detrás. Porque al final el tiempo le da la razón y esto de jugarte el honorífico título de campeón de invierno en tu casa, frente al Barça y habiendo perdido un único partido, no deja de ser un pequeño milagro construido a base de trabajo, esfuerzo y confianza. Un milagro que no debe distorsionar nuestra razocinio, el de los colchoneros, llevándonos hacía esos debates tramposos que propone la prensa tramposa y que pretenden alejarnos de esta zona de confort que tanto esfuerzo nos ha costado construir y en la que vivimos con tanta placidez. Señoras y señores, olvidense del cuento de La Lechera y disfruten del momento. Nada más. Carpe Diem.

El partido contra el Málaga se presentaba complicado, como lo serán todos a partir de ahora, y con ciertas dificultades añadidas por las bajas de jugadores clave. Complicado porque enfrente teníamos un buen equipo que si bien mermado en su plantilla y con ciertas dudas al inicio del campeonato venía de completar una buena racha en los últimos partidos. Pero el equipo malacitano me ha decepcionado. Sí, sé que mi opinión no es compartida con la de mucha gente con criterio que piensa que los de Shuster han hecho un partido muy serio, pero es lo que yo pienso. El equipo andaluz ha saltado al césped con un planteamiento ultra-defensivo al que le ha faltado fútbol y ambición. Nunca quiso ganar y se limitó a no perder, lo que nunca puede ser una opción. Saltaron al campo muy bien, es cierto, con una defensa de cinco y dos mediocentro defensivos que dinamitaban el centro del campo y con altas dosis de intensidad y agresividad que complicaron mucho la salida de balón madrileña. Los del Cholo, muy a lo campeón, salieron dominando, llevando la iniciativa y tratando de llevarse el partido pero sin profundidad ni capacidad de creación. La primera media hora siguió más o menos ese espeso guión en en el que el Atleti tenía el balón sin demasiada profundidad y sus creadores se estrellaban con la agresividad malacitana. Arda lo intentaba pero se perdía entre las piernas rivales. Lo de Óliver, tremendamente apagado toda la primera mitad, era todavía peor. Fuera de sitio fue incapaz de encontrar su momento ni su lugar. El muchacho dio signos de valentía y de querer entrar en juego pero desgraciadamente también iban acompañados de errores de esos que no se perdonan en el fútbol de elite. Mal primera parte del canterano que le costó quedarse en la caseta tras el descanso. Pero el resto del equipo tampoco estuvo espectacular, precisamente. Koke, con preocupantes signos de fatiga, no conseguía mover al equipo desde su posición en el centro del campo. Diego Costa se peleaba con todos pero estaba bien cerrado y desasistido. Villa, como viene siendo habitual, ni estaba en el campo no se le esperaba. Es incomprensible que siga siendo titular en el equipo. Solamente Tiago, para mí el mejor del partido, y Juanfran parecían estar un punto por encima de los demás. Suya, de Juanfran, fue de hecho la mejor jugada de la primera parte en una diagonal personal que paró Caballero. Una pena esa absurda amarilla que recibió en un dudoso lance y que le impedirá jugar contra el Barça. El Málaga se estiró algo en los últimos minutos pero apenas una llegada por la derecha con tiro fácil para Courtois fue lo único que hicieron ofensivamente en todo el partido.

Tras el descanso Simeone puso en el campo a Adrián, que recibía así una nueva oportunidad de su entrenador y así volvía a desperdiciarla. Flojo partido otra vez del asturiano al que le sigo viendo lento de cabeza y sin chispa. Pero el Atleti seguía queriendo ganar el partido. De hecho era el único equipo en el césped que parecía querer ganar. Como fuese. Haciendo lo que hiciese falta hacer. Arda se colocó algo más centrado para intentar organizar el ataque pero pocos minutos después Simeone también lo sentó. Incomprensible cambio desde mi punto de vista. Especialmente cuando Villa seguía en el campo. El Cebolla puso algo más de ímpetu y velocidad a la cruzada colchonera. El Atleti no estaba haciendo un buen partido pero para un seguidor colchonero, que ha vivido con estoicismo las últimas décadas, era un placer y un orgullo ver a su equipo irse a por el partido en el campo de un contrario con el que hace cuatro días nos peleábamos en la tabla de la clasificación. Y así, por empuje y tesón, llegó el gol. Arranque de Diego Costa desde la izquierda hasta el lateral del área que tiene la inteligencia de pausar. El hispano-brasileño mete un buen pase entre líneas pero el remate de primeras de Adrián es repelido por el cancerbero que sin embargo no logra atajar un balón que sale rechazado y que recoge Koke para empalarlo a la red.

Los espectadores que habíamos estado viendo el partido sabíamos que con el 0-1 se había terminado. El planteamiento ultra-ofensivo del Málaga dejaba poca esperanza de que las cosas fuesen a cambiar en poco tiempo y aunque su entrenador trató de cambiar los mimbres a la desesperada, poniendo más talento ofensivo en el campo, la realidad es que no era un problema de jugadores sino de planteamiento. De mentalidad. El Málaga había salido a otra cosa y normalmente cuando sales a empatar pierdes. Que se lo digan a Aguirre o a Ferrando o a Manzano. Que nos lo digan a los colchoneros. La única duda era si el orgullo del equipo andaluz, a base a de algún balón o jugada a balón parado, sería capaz de inquietar a los rojiblancos, cosa que no ocurrió. Los del Cholo son auténticos expertos en el arte de la defensa y tienen normalmente el nivel de concentración suficiente como para que no ocurran sorpresas. No las hubo. Ni un solo remate a puerta. El Atleti ganó el partido.


Así que falta de una jornada para terminar la primera vuelta el equipo colchonero está en lo más alto de la tabla. Algún aficionado atlético, de memoria frágil y minúscula capacidad de raciocinio, empieza a quejarse de estupideces que ha escuchado de algún gañán o leído en algún sitio. A vociferar cánticos y lemas que no se corresponden con un Club como el nuestro. Odas al engreimiento y la petulancia que no nos sientan nada bien y que de hecho apestan. Les pido desde lo más profundo de mi ser que no se dejen llevar por esta moda del histrionismo y que no piensen en galaxias del futuro ni en cantos de sirena. Les pido que disfruten del momento de su equipo. Nada más. Carpe Diem.  

Bendito sufrimiento

At. Madrid 3 - Levante 2

Tengo serias dificultades para deslizar los dedos por las teclas del ordenador porque todavía me tiemblan. Ese es el efecto que me ha dejado el Atleti-Levante de hace un rato. Por circunstancias de esas fechas tan señaladas en las que nos encontramos, no he podido acudir al Calderón y he tenido que ver el partido en un lugar público, precisamente en tierras levantinas. Reconozco que me dan tradicionalmente mucho miedo los partidos pre-navideños y me temo que ese complejo va a seguir vivo en mi interior, al menos otro año más. Son partidos raros en los que el equipo, al igual que yo, estamos tradicionalmente fuera de sitio. El Atleti hoy no ha sido ese equipo robusto, rocoso, impenetrable y mandón al que estamos acostumbrados. Lo ha pasado mal, ha mostrado destellos de zonas oscuras de las que ahora podemos hablar pero prefiero quedarme con otra cosa. Con esa forma de irse a por el partido sin reservar un átomo de esfuerzo. Con la cara de Godin tras marcar el primer gol. Una cara que me parece una fotografía excelente de lo que es ese equipo y de lo que es ese vestuario. Me quedo con el derroche físico brutal e inconsciente que más tarde pagarían. Y me quedo con el resultado. Una victoria, la enésima, que nos mantiene en lo más alto de la tabla justo antes de acabar el año y brindar por lo que dejamos atrás. El partido ha sido tenso y he tenido que masticar más nervios y tensión de lo que estaba previsto pero el sufrimiento sabe mucho mejor cuando vale para algo. Bendito sufrimiento. Bendito año 2013.

El partido empezó con sorpresa. El Levante de Caparrós salía al campo con un nivel de intensidad muy superior a los colchoneros, y eso son palabras mayores, lo que les permitió dominar con creces los primeros segundos. El equipo granota llevó la iniciativa, asustó con una primer acercamiento y silenció al estadio con un gran gol. No habían pasado ni dos minutos. El Atleti, poco acostumbrado a nadar en estas aguas, se quedó aturdido. Raro, muy raro, en el equipo de Simeone pero la realidad es que los rojiblancos parecían sonados y el Levante un equipo con las ideas muy claras. Se habían cambiado los papeles. Durante diez minutos ese fue el guión del partido y en el aparecían con inusitada intensidad muestras de nerviosismo, imprecisión y errores en una zaga, la colchonera, que llevaba meses rozando la excelencia. Gran trabajo de los de Caparrós que sin embargo, tengo la duda que si orientados por su entrenador o no, decidieron defender demasiado atrás echando el guante al equipo madrileño. Y ese fue su error. El Atleti, aupado en un orgullo y una ambición que no estaba aquí hace poco pero que ha venido con su entrenador, se fue a por el partido y aunque aparecieron signos evidentes de ansiedad, malo, junto a varias imprecisiones que podían haber resultado en un efecto letal, malo, desarrollaron un derroche físico y emocional fabuloso. Poco a poco fueron cerrando al equipo rival a base de empeño y fuerza y empezaron a sucederse jugadas de ataque, fundamentalmente a balón parado. Sinceramente es muy difícil no sentir empatía con el equipo que se vio en esos minutos. Muy difícil no sentirse colchonero en esos momentos, independientemente de lo que ponga en el marcador. A pesar de un Villa que cada partido que pasa está más cerca de ser una rémora que un jugador fundamental y a pesar de un Tiago que en estos partidos de entrega y derroche físico se pierde para aparecer vulnerable y fallón. Pero ahí estaban los demás, especialmente oh rey Arda Turan y sobre todos un Juanfran soberbio. Suyo fue el pase a la cabeza de Godin que el uruguayo  remató con el corazón para hacer el 1-1. El Atleti siguió empujando y Villa pudo haber dado la vuelta al partido antes del descanso pero los levantinos se fueron vivos al vestuario.

Pero duró poco ese empate. Al poco de volver al césped un balón colgado al segundo palo es empalado con la zurda de Diego Costa de forma imposible para hacer el segundo. Soberbio gol del hispano-brasileño que es evidente que no tiene límite. Hoy volvió a desesperar a la defensa rival y volvió a ser letal en el área. Ya no hay dudas de que en todo lo bueno que le pasa al Atleti en los últimos tiempos él tiene bastante culpa. Los de Simeone levantaron entonces el pie del acelerador. Era imposible mantener ese nivel mucho más tiempo y enseguida se vio que las reservas estaban tocadas. Que el equipo pagaría en algún momento las consecuencias. El balón seguía en campo levantino y la iniciativa parecía seguir correspondiendo al Atleti pero la chispa no era la misma. Algo completamente comprensible, por otro lado. Estoy convencido de todas formas de que el partido hubiese muerto de seguir con esa dinámica unos minutos más y que lo más probable es que hubiese llegado el tercero de los del Cholo más temprano que tarde pero lo que ocurrió fue algo casi inédito, un fallo de Koke, que propicio una genial cabalgada de XXXX para que de forma valiente se plantara delante de Courtois y resolviese de forma magistral. El Levante empataba y el partido se complicaba de manera importante. Casi insalvable. Los rojiblancos tenían el balón y querían atacar pero ya no tenían velocidad ni frescura ni fuerza. La cara de los jugadores mostraban evidentes signos de agotamiento y las ideas se agolpaban en jugadas demasiado previsibles. La cosa pintaba mal pero los jugadores siguieron buscando recursos donde no los tenían y siguieron mirando hacia delante, una de las premisas de Simeone: nunca girar la mirada. Siempre hay que seguir. Y siguieron. Y lo intentaron por izquierda y por derecha, hasta que llegó el enésimo pase diagonal a la espalda de la defensa valenciana que Juanfran recogió dentro del área. Es cierto que el defensor levantino llega tarde y lanza la pierna pero a mí, incluso viendo la repetición, me cuesta ver que eso sea penalti. Pero lo pitó y Diego Costa lo transformaba aupándose a lo más alto de la tabla de goleadores, aupando a su equipo al primer puesto de la clasificación por el camino. Los últimos minutos fueron de agonía extrema. De esa que no habíamos vivido esta temporada. El levante se fue a por un partido sintiendo que el marcador no hacía justicia a lo que había pasado (y tenía razón) mientras el Atleti se desangraba tirando de las últimas trazas de energía que todavía le quedaban. Pero lo consiguieron. Ganaron el partido y siguen invictos en casa.

El Atleti despedirá el año en lo más alto de la tabla, con un equipo compacto, robusto, unido y convencido de que puedan ganar a cualquiera, algo tan difícil de tener como maravilloso de disfrutar. Disfrutémoslo. Despidamos el 2013 como se merece y recemos para que el 2014 sea lo más parecido posible. Y ustedes disfruten de las fiestas navideñas y tengan una feliz entrada de año. Les deseo lo mejor.  

Desajustes en la precisión

At. Madrid 2 - Osasuna 1

Cuando un equipo de precisión (un reloj, una guitarra,…) funciona a la perfección, la principal obsesión de su dueño, o su creador, es la de no tocar nada. Intentar que nada cambie. El mantenimiento de esa sofisticada pieza de orfebrería, que con el tiempo se ha ido puliendo, suele orientarse entonces a tratar de mantener en el mejor estado posible las piezas originales, sin que tengamos que modificar ninguna de ellas. A veces, llegado el caso, se hace necesaria indefectiblemente la sustitución de alguna de las partes, pero incluso en el caso de utilizar algo aparentemente idéntico suele no funcionar igual y casi siempre necesita un determinado periodo de ajuste. Que el Atlético de Madrid, hoy o por hoy, es un mecanismo de precisión ya lo sabemos. Que Simeone intenta mantener las piezas que tiene en el mejor estado posible también. Que las piezas de sustitución parecen estar bastante alejadas de las originales y que su inclusión precisa de un periodo de ajuste mayor del esperado, parece otra evidencia después de lo de ayer. Ahora bien, el mecanismo sigue ganando.

El partido frente a Osasuna fue de los más aburridos que se recuerdan en el Calderón en la etapa cholista. Aparte del derroche de Diego Costa, lo más emocionante de la noche (o más bien madrugada), fue asistir al minuto de silencio y posterior homenaje por los videomarcadores al socio número uno del Atleti recientemente fallecido. En el campo el equipo salió frío, desasistido y desajustado. Es muy raro que algo así ocurra estando Simeone en el banquillo, pero tiene que ser tremendamente complicado, incluso para Simeone, mantener el nivel de intensidad natural de este equipo en esas condiciones. Y se notó. Desde luego que se noto. El Atleti tocaba bien y se sentía dueño del partido pero era una ficción. Arda y Koke se gustaban pero Insúa no es Luis Filipe (mucho más notable el debut de Manquillo el otro día) y Leo Baptistao no es, ni mucho menos, Villa. Tampoco es Adrián. Es injusto juzgar a un jugador por un único partido pero la sensaciones que dejó el brasileño no me gustaron nada. Vi poco en lo que creer y eso me preocupa. En esas, el equipo no reculaba con celeridad, estaba muy abierto tácticamente y aparecía largo en el campo. Muy largo, teniendo en cuenta que los del Cholo suelen jugar apretados en 30 metros. Así que los navarros, casi sin querer, empezaron a hacer cosas. Y a llegar. Y a dejar algún susto muy tímido y de poco alcance.

Pero en el campo estaban Koke y Diego Costa, así que estamos hablando de palabras mayores. El primero es ahora mismo el cerebro de este equipo. Y no sólo a balón parado. Corre, reparte, da, quita, ve… jugador total. El segundo está en estado de gracia que no se le recordaba y cuando se olvida de meterse en peleas de barrio aparece un delantero brutal, capaz de abrir huecos, tirar desmarques, bajar la pelota, encarar y rematar. A los 20 minutos Arda metió un balón en banda para que Juafran, de escorzo, lo parase y colgase al área. Allí estaba Costa para rematar como buen delantero centro. 1-0. 5 minutos después y de nuevo por la derecha (la izquierda de Insúa no existió) Juanfran (muy buen partido del lateral, por cierto), deja el balón a Koke para que lo cuelgue al área y Costa lo remate de cabeza de precioso remate. 2-0. Muchos, entre los que me incluyo, daban entonces por concluido el partido.

Pero el Atleti, sin alcanzar en ningún momento un mínimo de intensidad y sumido esa especie de fútbol control torpe que tan mal le sale cuando lo intenta, se dejó llevar y por primera vez e un mucho tiempo bajó los brazos. Mal en la presión (Gabi es vital en esto), poco pragmático a la hora de encarar la portería contraria (demasiados efectivos desequilibrando el ajuste ataque/defensa) e inusualmente blando en defensa, provocó que un Osasuna muy justo, bien colocados y poco más, creyese en que sacar algo positivo del Calderón era posible. Creencia que se hizo fe tras el gol de Oriol Riera, que cabeceaba un buen pase de Puñal a balón parado para poner el 2-1 en el marcador.

La segunda parte se desarrolló con el mismo libreto, los mismos protagonistas (aunque Gabi salió por un lesionado Mario) y el mismo espíritu. Fue un suplicio. Turan pudo matar el partido, especialmente en una jugada de esas suyas en las que regatea a todos, pero no lo hizo y eso provocaron los nervios de la grada y la conocida sensación de que la fiesta podía romperse en cualquier momento. Si uno lo piensa fríamente lo cierto es que Osasuna no tuvo ocasiones y que apenas inquietó a Courtois pero la sensación que flotaba en el aire era la de esos viejos tiempos de cagadas a destiempo y disgustos de última hora. No ocurrió. Aupados en una grada espoleada por Simeone el partido terminó dando tres puntos más a los colchoneros.


Y ahora el derbi. El derbi que afrontamos con más posibilidades de arañar de todos los disputados en los últimos años pero que no deja de ser un partido fuera de casa frente a un equipo que te quintuplica el presupuesto y que tiende a tener la suerte de acumular más errores arbitrales a favor que nadie. Un derbi en el que además, gane o pierda, la prensa "madrileña" venderá indefectiblemente como un éxito del "nuevo" Real Madrid. Por lo civil o por lo criminal. Se juegan mucho dinero como para que la "modelo" salga a la pasarela con el traje arrugado. Hay muchos periódicos y horas de radio o televisión que vender. Pero es un derbi, qué diablos, y como tal hay que vivirlo. 


Mantén el coche andando

At. Madrid 2 - Ath. Bilbao 1

Entonces vimos que no había vuelta atrás. El camino hacia la salida era mucho más largo que el camino hacia la meta. El terreno era hostil. La gasolina era tan justa que sólo el optimismo evitaba toparse con esa realidad que decía que lo más probable era que no fuese suficiente. Entonces aparecieron las dudas, los miedos y los temores. Los agoreros agoraban y los silenciosos cobardicas abanicaban el silencio esperando el momento justo en el que decir “ya te decía yo que…”. Entonces una voz profunda y segura se alzo entre todas para recordarnos que el coche seguía andando. Que avanzábamos. Que habíamos dejado atrás aquellos peligrosos pantanos que amenazaban con engullirnos hace muy poco. Que obtener un premio en la meta era algo complicado pero que dicho premio todavía no se lo había llevado nadie y que nosotros estábamos ahí. También. Moviéndonos. Avanzando. Entonces la voz dijo exactamente lo que quería oír: “manten el coche andando”.

Eso es lo que me provoca el Atleti tras el partido contra el otro Athletic, el de Bilbao. La sensación de un coche al límite de sus posibilidades con el combustible justo pero un coche que todavía sigue andando. El partido era vital desde el punto de vista real (rival directo, evitar irse a 8 puntos de la champions,…) pero también anímico. Ganar el cacareado Athletic de Bielsa, el equipo de moda, sería una suculenta inyección de moral. Lo fue.

El partido no fue bueno sin embargo. Pasados diez minutos la emoción inicial había desaparecido junto a la molesta llovizna que acompaño el comienzo del encuentro. Sobre el césped se veían dos propuestas futbolísticas interesantes. La del revolucionario Bielsa, presión agresiva, posesión del balón, ocupación del terreno contrario, elaboración inteligente,.. y la del balsámico Simeone, presión agresiva también, verticalidad en la salida, montar el epicentro de la creación en la zona de tres cuartos, aclarados en las bandas,… Dos propuestas válidas e interesantes (personalmente prefiero la del maestro) que aparecían como caricaturas desprovistas de velocidad y con una plantilla tan mermada como agotada. Sin velocidad ni fuerzas ni Llorente el Athletic se perdía en innocuos circunloquios de balón que no llevaban a ningún sitio. Sin velocidad, ni fuerzas, ni Tiago, ni Diego, la verticalidad Atlética se traducía en patadones al infinito. Los primeros minutos, la primera parte en realidad, fue un partido de nada contra nada. Sólo el turco Turan (debería estar penalizado el que no juegue en este equipo estando bien) nos recordaba porque una vez nos enamoramos de este deporte.

La segunda parte fue otra cosa. Probablemente la arenga del descanso fue más efectiva y contundente por parte del Cholo o al menos sus chicos la interiorizaron mejor. Salieron con un plus de velocidad y agresividad desde el vestuario y sólo eso les bastó para llevarse el partido. Adrián apareció para asociarse con el Turco que ya estaba y Falcao decidió dedicarse a rondar el área que, para que engañarnos, es lo que mejor sabe hacer. Jugada del asturiano, tiro desde lejos, el portero que no ataja y El Tigre que aparece con la caña. 1-0. El gol espoleó a los rojiblancos que en comunión con el público se fueron arriba para disfrutar de los mejores minutos del partido. Presión arriba que impedía a los vascos jugar, recuperaciones constantes, diagonales a las bandas, acoso en los tres cuartos,… por fin aparecía el juego de Simeone y con ello las ocasiones. Los de Bielsa mostraban ahora con mayor nitidez muestras de cansancio y aunque bien colocados e intentando en todo momento ser fieles a su estilo, no podían serlo.

El Atleti pudo haber marcado algún gol más antes de los cambios pero fue tras ellos cuando se produjo. Salvio entraba por un combativo Koke para dar un buen pase (¡¡noticia!!) a Juanfran que haciendo de jugador de banda ponía el balón de forma magistral en la cabeza de Falcao para que el colombiano hiciera doblete. Lo de Juanfran es espectacular. Físicamente se le ve con un poderío insultante pero es que anímicamente se le ve tan fuerte que se ha convertido en un jugador clave. Juegue dónde juegue.

Cuando el partido parecía sentenciando aparecieron, por este orden, el bajón físico colchonero, el renacer orgullos de los vascos y Perea. En parte por el desgaste acumulado, en parte por el marcador y en parte por la falta de intensidad, lo cierto es que los colchoneros se vinieron demasiado atrás. En parte por ello, en parte por esa nueva mentalidad inculcada por Bielsa y en parte, qué coño, porque son muy buen equipo, los bilbaínos se fueron a por el partido. Llegaron los desajustes defensivos, las ocasiones y los miedos. Pero estaba Perea. El otro colombiano tiro de velocidad y compromiso (lo que ha hecho siempre un jugador al que no se le puede reprochar NADA) para abortar las incipientes llegadas de los leones. Aun así no fue capaz de evitar el que entrase la congoja en la grada cuando con el tiempo cumplido el Bilbao metía su gol. Un gol que hacía justicia al último tramo del partido.

Victoria reparadora que deja las cosas como estaban pero la sensación de que todavía se puede. Dependerá de muchos factores y no todos ellos controlables. La única realidad, lo mejor que se puede hacer por ello es seguir. Mantener el coche andando.

Arcade Fire – Keep the car running



Días buenos, días malos

At. Madrid 2 - Granada 0

Hace unas horas la masa crítica que regularmente sigue al Atlético de Madrid se tiraba de los pelos por la relación tan impersonal que existía entre el juego desplegado por el equipo en el campo y su correspondiente cosecha de puntos. Ironías del destino, ahora mismo, horas después como quien dice, nos encontramos con tres puntos más recolectados en un partido desastroso. Habrá un sector de aficionados con criterio que preferirán esta tesitura a cualquier otra igual que habrá otros que lo justificarán todo dentro de esa socorrida frase del “cosas del fútbol”. En mi caso, llámenme raro, me preocupa esta nueva etapa. El partido de hoy no es que fuese malo, que lo ha sido, o aburrido, que lo ha sido, es que ha supuesto la aparición de cosas, detalles y elementos (conformismo, miedos, dudas,...) que pensé que habían quedado desterrados ya de la dinámica colchonera. Simeone tiene crédito suficiente como para pensar que lo de hoy no es más que un mal día. Los grandes equipos alternan muchos días buenos con algún que otro día malo así que espero que sea así. Que sea eso. Que todos los fantasmas que han llamado otra vez a mi puerta esta mañana sean simplemente eso, una cuestión de días buenos y días malos.

El domingo amanecía fresco a la sombra pero bajo el solemne sol del Calderón la temperatura pasaba de ser agradable a calurosa. El empresario egoísta, soez y sin escrúpulos que es Roures lo desconoce pero el fútbol en la grada tiene mucho calor y parte de ese calor lo aporta la juventud de esos niños que siempre han estado allí. Yo estuve y mi padre y mi abuelo también. Niños que desgraciadamente han tenido que desaparecer desde que a este progre de pacotilla se le ha ocurrido que al fútbol se juega a esas horas en las que niños y adultos deberían estar ya durmiendo. Hoy la grada tenía color y calor familiar. La significativa y animada hinchada granadina se hacía notar y todo apuntaba a una preciosa mañana de fútbol. Nada más lejos de la realidad. El horror.

Frente a un Granada bien plantado en el terreno pero sin ganas de intentar jugar, aparecía un Atleti inédito en la etapa Simeone. Lento, espeso, sin dinamismo, sin velocidad y lo que es más preocupante, sin ningún tipo de intensidad. Los mediocentros se escondían y los centrales pateaban a palos en escenas lacrimógenas que recordaban tiempos pasados. Mientras Falcao saltaba a por todo (sin exito) y se peleaba con el mundo (y perdía), Salvio se dedicaba a demostrar a la grada que no es jugador para ocupar plaza de extranjero en este equipo. Adrían no aparecía y Koke era el único que intentaba recordar a sus compañeros que si estaban así vestidos era para jugar al fútbol. Horrible primera parte en la que no ocurrió nada reseñable. Nada de nada. Patadones a la estratosfera y patadas a los tobillos. El horror soporífero que tantas y tantas veces nos hemos tragado en épocas recientes. El equipo nota de forma acuciante la falta de sus escasos peloteros pero en otros partidos eso no había sido óbice para que el Atleti enseñara al menos sus credenciales en cuanto a lo que parecen ser los principios del nuevo Atleti. Hoy no. Hoy ha sido triste, penoso y lamentable.

Todos esperábamos algo distinto a la vuelta de los vestuarios, por aquello de la charla de un Cholo al que se le veía sobre excitado en el banquillo, pero la realidad nos dio de nuevo una bofetada. Todo seguía igual. El equipo colchonero daba muestras significativas de cansancio pero no creo que todo sea achacable a esto. No es cansancio que Miranda, otro jugador que jamás puede ocupar plaza de extranjero en un club con pretensiones, patee el balón a las nubes cada vez que tiene oportunidad de hacerlo. No es cansancio que Gabi siempre se coloque mal, que Mario se esconda o que Salvio se tropiece con su sombra. Entre sacar el balón en plan Kaiser y lo que hace Miranda existe todo un abanico de posibilidades. Mal el brasileño que a mí personalmente nunca ha terminado de convencerme. No seguiré aburriéndoles con la crónica del sopor. No tiene sentido. Les cuento enseguida las dos únicas cosas reseñables.

La primera un córner sacada muy mal por Gabi (que ha vuelto a recordarnos porque acumulaba críticas hasta hace muy poco) y que rechaza la defensa andaluza para que Miranda (¡qué ironía!) remata en semi chilena a la red. Gol tranquilizador.

La segunda la jugada del partido. De la temporada para Juanfran. El nuevo lateral roba con orgullo el balón cerca de su propia línea de fondo, sale con el, sortea en el límite a cuantos contrarios aparecen por el camino y llegando al siguiente fondo le cede el balón a Falcao para que en semifallo en colombiano anote el segundo. Juanfran, derrengado, elevaba los brazos al cielo mientras miles de gargantas coreaban su nombre. Me alegro mucho por un jugador que lo ha pasado muy mal y que nunca ha creado sin embargo un problema. Además tiene pinta de ser buena gente. Poco antes estaba en un lateral con el juego parado y le ha dicho a alguien que estaba por allí (espectador) que si tenía agua. El muchacho le ha pasado una botella y al devolvérsela Juanfran le ha hecho un gesto de darle la camiseta al final del partido. Dicho y hecho. A pesar de que para entonces era el héroe del césped lo primero que ha hecho al terminar el encuentro es ir allí a dársela. Chapeu.

Y por cierto, me gusta mucho que ahora si, desde que está Simeone, los jugadores se reunan en el centro del campo para dar las gracias a la afición.

Partido para olvidar que sigue dejando al equipo con la esperanzas intactas. Espero de corazón que de verdad sólo fuese un mal día.

Kaiser Chiefs - Good days, Bad days

Lo del palco si, lo del césped no (At. Madrid 4 - Levante 1)




Me contaban hace una semana en Valencia el caso del Levante. Un equipo que tras su conversión en sociedad anónima deportiva fue maltratado por sus “legítimos” dueños hasta llevarlo de forma imparable hasta una situación insostenible con una deuda asfixiante que lo acercaba de forma lamentable a su desaparición. ¿Les suena? Supongo que si porque es el pan nuestro de cada día en esto del fútbol profesional que se inventaron hace años. Sin embargo el Levante se diferencia de sus colegas de “fiesta” en que su modesta, poco numerosa pero fiel parroquia son ahora los dueños del club. En un ejercicio sin precedentes en nuestra liga un grupo inversor se hace con las acciones que dejan los “legítimos” dueños del pufo y tras algunas argucias legales consiguen que el mayor porcentaje de acciones del club estén en posesión del propio club, de sus socios. De sus legítimos dueños. ¿Les suena? La nueva gerencia, que no está compuesta por sauditas ni indios ni magnates del petróleo, no prometía fichajes de renombre ni presentaciones espectaculares, ni títulos que nunca habían tenido. Lo que prometían era gestión. Nada más. Creían en el club y su viabilidad y prometían que a través de una gestión digna y honesta conseguirían dos cosas: eliminar la deuda y recuperar la dignidad histórica del club. Ahí tienen al Levante con una deuda menguante, una afición más cerca que nunca de su equipo y siendo el equipo revelación. ¿Les suena? Lamentablemente no. Aquí seguimos creyendo en la fe de AS y MARCA.

Dicho esto, tenía mucha ganas de ver la propuesta deportiva del equipo valenciano por aquello de que se rumorea con el nombre de Luis García para ocupar el solicitado banquillo colchonero pero mi decepción ha sido mayúscula. Si esa es la opción que se busca para el Atleti yo me bajo. Si después de diez años no hemos aprendido que lo que puede valer para Albacete, Osasuna o Mallorca no vale para este equipo y si después de diez años de sopor en el Calderón no hemos desechado para siempre el concepto de fútbol rocoso y virulento que no lleva a ningún sitio (a no ser que los árbitros protejan tu opción como bien saben nuestros vecinos) es que no hemos aprendido nada. No he visto jugar al Levante esta temporada más que contra el Atleti así que no puedo (ni quiero) extrapolar categóricamente y por ello es fácil que esté equivocado pero si esta, la que hemos visto esta tarde en el Levante, es la propuesta que buscan en la dirección deportiva fantasma que dirige nuestro club, dan ganas de echarse a llorar. El problema es que ya no me quedan lágrimas.

El partido comenzaba con un Atleti retocado por las ausencias que a pesar de las carencias trataba de llevar la manija del partido desde el primer minuto, propuesta loable que el Lenvante contrarrestó con patadas, codazos, amenazas, desmanes y esa forma tan jovial de llevar las cosas al límite para cortar el ritmo que se ha puesto de moda. Ya saben, lo que hace el engrudo Mourinho con la aquiescencia del gremio colegial pero con la diferencia de que el trencilla de hoy, malo de solemnidad, sabía que en ninguno de los banquillos había iluminado portugués alguno y por tanto los desmanes viriles del Levante tuvieron alguna que otra tarjeta de premio. Aun así el objetivo estaba cumplido. No había ritmo, ni circulación ni posibilidad de crecer. Afortunadamente para los madrileños la enésima falta al Kun en el borde del área era lanzada de forma magistral por Elías abriendo el marcador y aliviando las conciencias. El brasileño ha estado mejor de lo que acostumbra pero me sigue pareciendo un jugador mediocre, de aporte muy pobre al que no le veo el sitio en este equipo. Seguro que Cerezo tiene razón (porque habría de dudarlo) y algo debe tener Elías pero sigo sin verlo. En la banda contraria Juanfran se mostraba mucho más, participaba de forma más vertical, se le veía con más presencia pero no termina de romper y aunque no completó un mal partido sigue generando dudas su precio y la forma en la que lleguo. Una pena. Si Juanfran fuese un canterano, alguien que ha venido gratis o a buen precio en verano, nos parecería un buen jugador pero así, más la ayuda del entrenador, avanza con una nube de duda sobre la cabeza difícil de quitar.

El Atleti volvió a la tradicional caraja post-gol a favor que lo hace dedicarse a defender en la frontal del área, algo que habíamos abandonado en los últimos partidos pero que como Raúl García ha vuelto en la tarde de hoy. Seguramente que no sea casualidad. La labor del navarro no es que sea intrascendente sino que es incluso perjudicial. No está donde tiene que estar y donde si está no hace nada con lo que provoca el desconcierto de sus compañeros. Sinceramente creo que Raúl García no puede ser tan malo como parece y probablemente todo sea un problema de cabeza y autoestima provocado por asignarle una expectativas y un rol que nunca debería haber sido el suyo. Lo que está claro es que es un problema enquistado. A su lado un Mario Suárez que cada vez es mejor pero que paradójicamente al filo de la primera parte tuvo un error que provocaba un claro penalty en contra que transformaba Caicedo poniendo el run-run en la grada.

Poco duro sin embargo el run-run porque Agüero sigue estando con nosotros y a base de fuerza, fe y calidad volvió a ponernos por delante al poco de reanudarse el partido tras un tiro lejano recogiendo el propio rechace de una una jugada previa suya. A partir de ahí el partido entró en un terreno más apacible donde el Levante, esta vez si, trató de jugar al fútbol pero en el que el Atleti consigió arrebatarle el balón y ser mejor. Hubo alguna llegada de peligro de los blaugranas pero el gol parecía más fácil del lado madrileño como así ocurrió en el minuto 70 tras otro claro penalty en la misma área que transforma de nuevo Agüero.

Con el partido resuelto tiempo para las anécdotas como la salida de Forlán (anécdota sin gracia), la salida del canterano Noguera (muy esperanzadora) o el gol en propia puerta de Munúa.

Seguimos a las puertas (traseras) de la Europa de los pobres. Como decía un compañero con esa ironía que los periodistas nos son capaces de entender: “grande este Atleti sexto”.