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¡Un abrazo!

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Vísceras

Las previsiones amenazaban lluvia torrencial sobre el Vicente Calderón y eso fue lo que motivó el que mis resentidas vísceras, las mismas que pocas horas antes habían estado soportando durante días temperaturas por encima de los 40ºC, decidieran esta vez quedarse en casa. Era evidente que el día empezaba torcido.

Un par de horas antes del pitido inicial del Atleti-Depor, descubrí a través de twitter que un “hincha” del equipo gallego había sido “agredido” y se encontraba en preocupante estado crítico. Las mismas vísceras juiciosas de antes volvieron ahora a coger temperatura pero esta vez por razones bien distintas. Esta vez la fiebre venía provocada por el asco extremo que me da la violencia, en todas sus formas y en todos sus contextos. Como un angustioso fantasma del pasado volvía a mi memoria aquella otra trágica fecha en la que el escudo de mis amores se veía manchado de sangre y de mierda por culpa de un puñado de inadaptados que, por falta de riego cerebral, confunden el culo con las témporas. La rabia se mezclaba con la impotencia dentro de mi maltrecho cuerpo en una suerte de mezcla explosiva que me agrió el carácter, como mínimo, para lo que quedaba de día. Decidí ir a ducharme, como si de esa manera tan sencilla y metafórica pudiese limpiarme la vergüenza de compartir afición con una pléyade de animales y descerebrados. No fui capaz, pero al menos salí convencido de que es a ellos y no a mí a los que debería darles vergüenza.

Con el pelo todavía mojado llegaron las noticias de que el tal hincha era en realidad otro descerebrado más. Otro ultra. Otro animal violento que lo distinguía de su agresor detalles tan nimios como el color de la bufanda o una supuesta ideología política que dudo fuese capaz de explicar simplemente con palabras. Pero mis maltratadas vísceras volvieron a sufrir cuando con incredulidad y a base de píldoras de información difíciles de creer, conocía más detalles del lamentable incidente. Habían tirado a un tipo al río después de haber sido apaleado, sí, pero no había sido un hecho aislado sino consecuencia de una batalla campal entre docenas de alimañas armadas con cuchillos y bengalas que mediante las redes sociales se habían dado cita en el centro de Madrid para matarse. En ese momento no sólo mis vísceras sino el resto de mi cuerpo se morían de pena mientras uno era incapaz de encontrar una explicación lógica a una atrocidad de semejante calado. El nivel de incredulidad llegó incluso al paroxismo cuando este humilde escribiente descubrió que la víctima era un tipo de 42 años con dos hijos que había recorrido 600 km en autobús ataviado con una bufanda blanquiazul y un cuchillo para ir a matar o morir. Vete tú a saber las razones que pueden llevar a alguien a hacer algo así.

Quince minutos antes de empezar a rodar el balón el miembro de los Riazor Blues agredido estaba clínicamente muerto. Como aficionado al Atlético de Madrid que soy, en ese momento no quería ver ningún partido de fútbol y entendí que lo más razonable era suspenderlo. Me consta que no era el único que pensaba así. Leo ahora que no fue posible por una llamada que no llegó o no sé qué otra excusa burocrática del mismo perfil. Me suena todo a paparruchas. Lamentable en cualquier caso. En forma y en fondo. Pocos minutos después de que el balón comenzase a rodar aparecía por la red, a toda velocidad, la noticia del fallecimiento del ultra coruñés. Aquello no cambiaba nada o lo cambiaba todo, no lo sé, pero quizá fue un punto de inflexión para que, al menos en mis vísceras, mi cuerpo y mi cerebro, decantasen ciertas reflexiones que prefiero compartir.

La violencia en el fútbol es un problema de todos. Apartarse es tan cínico como cobarde. Por acción u omisión, todos los estamentos que rodean al mundo del fútbol no están (estamos) haciendo lo que se debería para acotar esta lacra que poco a poco escribe el relato más horrible de un deporte tan maravilloso como el que nos ocupa.

No puede inhibirse el Club Atlético de Madrid. No, por favor. No puede salir su presidente, para bochorno de aficionados colchoneros entre los que me incluyo, quitándose de en medio y aludiendo a que la pelea tuvo lugar muy lejos del Calderón. ¿Y qué más da, Sr. Cerezo? ¿De quién es la responsabilidad de que la mayoría de los salvajes que estaban allí matándose estuviesen luego dando palmas dentro del Estadio? ¿Quién es el único que podría evitarlo? No puede salir tampoco ese ser taciturno ser que hace las veces de Consejero Delegado en mi equipo a decir que él no es nadie para disolver el Frente Atlético. Ya me gustaría a mí que efectivamente esa persona no fuese nadie en el Atlético de Madrid pero desgraciadamente es su principal accionista. Máximo responsable de su gestión y por lo tanto un protagonista estelar en esa especie de matrimonio oscurantista, con este señor todo es oscurantista, que durante años parecen disfrutar Club y Peña Ultra. ¿De verdad el Club Atlético de Madrid no puede hacer nada en este sentido?

Tampoco creo que se pueda inhibir el Frente Atlético con la excusa de que 100 personas no pueden representar a 3000 porque desgraciadamente sí que pueden hacerlo. Lo están haciendo, de hecho. Si efectivamente el Frente está mayoritariamente compuesto por gente sana y cabal, tienen hoy una oportunidad maravillosa para desmarcarse de los delincuentes, aislarlos, denunciarlos, desterrar la violencia en todas sus formas e incluso de refundar la peña si eso hiciese falta. Si no lo hacen habrán perdido la guerra y quieran o no, lo sean realmente o no, seguirán pareciendo cómplices.

Tampoco podemos inhibirnos los aficionados que reímos las gracias o que simplemente callamos. Ir a ver un partido de fútbol (y no se queden en detalles tan absurdos como el nombre del estadio o el color de las camisetas) es asistir a un concierto de insultos, descalificaciones y violencia verbal barata. Sin motivo alguno, además. Me da asco escuchar exabruptos obscenos y gratuitos que muchas veces, demasiadas, atentan contra las pocas cosas que nos distingue a los humanos de las alimañas. Pero generalmente callamos o miramos para otro lado. Dejando simplemente que escampe. Estamos tan acostumbrados a ese torrente de odio, que asimilamos como naturales cosas que no lo son y que en el fondo están sentando los cimientos de lo que viene después.

No se pueden inhibir tampoco los equipos rivales. Cualquiera. No es un problema del Atlético de Madrid como Club apestado. El tipo que cayó al río estaba vestido con los colores del Depor pero podría haber llevado el rojo y el blanco perfectamente. ¿Cambiaría eso el relato? Quiero creer que no. Para mí al menos no lo hace. Es una desgracia la muerte de ese hombre pero cometería un error la hermandad deportivista si de él hacen un mártir. No lo es. Es un tipo que se parecía demasiado a su agresor y que sólo la suerte, su ausencia en realidad, ha hecho que no tengan hoy los roles cambiados. No se puede inhibir el Depor igual que no se puede inhibir cualquier otro equipo porque el problema es tan suyo como mío. Es más útil arrimar el hombro que mirar por encima de él.

No se pueden inhibir las autoridades que en un ejercicio de “austeridad” económica decidieron catalogar el partido como de bajo riesgo. Tampoco las fuerzas policiales que no fueron capaces de detectar una convocatoria masiva a través de la red. Tampoco el Ayto. o el Delegado de Gobierno que tienen ahora la espina clavada de haber sido incapaces de prevenir una batalla campal de docenas de delincuentes violentos armados en el centro de Madrid. Explíquenle a los vecinos de Arganzuela que eso es un tema que tienen que solucionar los clubes.

Y no se puede inhibir el gremio periodístico que, como todos los anteriores, suele hablar del problema desde la distancia. Ponderando. Dogmatizando. Como si foco y resultado ocurriesen en otro planeta. Sin mancharse. Sin ser capaces de ver por el camino la responsabilidad que tienen en la generación de parte del caldo de cultivo en el que se cuece todo ese odio. Repasen portadas. Repasen comentarios. Repasen tertulias. Repasen tuits de anormales con micrófono y pluma. Repasen ustedes también, porque es sano, la capacidad de generar odio que tienen.

¿Y el partido?, preguntarán.

A quién le importa.  



Óliver o la fuerza del sino

Simeone, un tipo que ha demostrado como pocos entender dentro y fuera esto que genéricamente denominamos fútbol, no es ningún ingenuo. Cuando el año pasado sorprendió a propios y extraños convocando a un juvenil con el primer equipo, sabía que probablemente estaba escribiendo el prologo de la historia de alguien llamado a ser especial. Es más que probable que ni Enrique Cerezo, el que dice ser presidente del Atlético de Madrid, ni La Mano Que Mece la Cuna, el poliédrico MA Gil, ni probablemente tampoco el florido orador de la barba creciente que sin tener razones para ello dice ser el director deportivo de este bendito club, el señor Caminero, tuviesen entonces la más remota idea de que en el club existía un muchacho llamado Óliver Torres. ¿Por qué tendrían que saberlo? Hay tantos chicos, que diría el talentoso productor. 

Pero los acontecimientos se precipitaron. En ese galimatías oscurantista y caótico que es el actual club Atlético de Madrid, en el que nada es lo que parece, en el que la verdad de su cruel realidad está guardada en la caja fuerte legal que idearon sus máximos accionistas y en el que sus mal llamados dueños tienen intereses absolutamente divergentes con los históricos intereses deportivos de la institución, han tejido este año, por enésima vez, un pastiche de plantilla asimétrica y desequilibrada. Especial mérito tiene esta nueva revisión del tradicional desbarajuste teniendo en cuenta que el final de la anterior campaña dejó, casi por casualidad, un bosquejo bastante aparente de equipo. Una base interesante sobre la que construir. 

Pero no. El actual equipo tiene los mismos defectos que el año pasado con el especial agravante (muy especial) de la ausencia del único futbolista con capacidad regular para crear fútbol que hemos tenido en los últimos años. Simeone lo sabe. Todos lo sabemos, pero el colchonerismo tira de paciencia esperando el milagro de San Gil, ese que dará una nueva cesión del brasileño Diego. Pero el milagro no llega, los ceños se fruncen y el ambiente se espesa. Es el momento de tirar de los amigos de la prensa para aplacar la furia y que empiecen a aparecer los tradicionales publirreportajes estivales de propaganda. Que si el equipo está a tope, que si Raúl García ahora se parece a Zidane, que si Simeone está probando un sistema ultra-ofensivo de toque,… chistes de verano que no parecen contener el magma de una afición antiguamente volcánica y ahora aletargada, pero de la que nunca se está completamente seguro de si es realmente un volcán inactivo o no. 

Entonces en la televisión ponen el europeo sub-19 y los colchoneros observamos con estupor que el cerebro de esa selección es un muchacho con cara de tener la mitad de los 17 años que realmente tiene pero hechuras futbolísticas de haber vivido el doble. Brillante, inteligente, técnicamente notable y con una capacidad única para mover al equipo y fabricar fútbol. Una perla. En un equipo normal ese jugador hubiese hecho la pretemporada discretamente con el primer equipo sin hacer demasiado ruido. Hubiese disputado desde la sombra el puesto al titular de esa posición y muy probablemente se hubiese asentado a lo largo de la temporada en la primera plantilla hasta hacerse titular. Sin presión. Sin prisas. Llegando desde atrás con poderío y rapidez como la estrella que puede llegar a ser pero con la salvaguarda de que si vienen mal dadas se puede volver en cualquier momento al lugar donde estaba sin con ello hipotecar el futuro y sin que nadie se tire de los pelos por ello. 17 años. Hay margen. Mucho. 

Pero el actual Atleti no es un equipo normal y mucho menos sus conductores que ven en el barbilampiño, de casualidad, el ejercicio de distracción que estaban buscando. A falta de estrellas colchoneras que vender, como todos los veranos, los amigos de la prensa entran a la muleta que el club les ofrece y fabrican un globo sonda con un jugador juvenil que todavía ni ha debutado. La gran masa colchonera, laminada en sus aspiraciones, hastiada de mediocridad, aburrida de estar aburrida, ávida de ilusión y de sueños, se lo come enterito hasta el empacho, comenzando así a deambular por enormes castillos mediáticos construidos sobre pilares de algodón. El Club, por supuesto, encantado con el devenir de los acontecimientos. ¿Quién habla ahora de la deuda, de la devaluación de la plantilla o de la falta de criterio deportivo? 

Y comienza la liga. Y estamos igual que siempre. Un equipo aguerrido y plano que no sabe qué hacer con la pelota. Un equipo con el mejor delantero centro del mundo y nadie capaz de darle un pase desde la medular. Entonces todo el mundo mira al tal Óliver a pesar de que la plantilla tiene en teoría otros seis mediocentros (Gabi, Mario, Raúl García, Tiago, Emre y Koke). Se ha especulado tanto con el canterano que ya es parte de la realidad. Está ahí. Es nuestro. Es muy bueno. ¿Por qué no? Despejado el humo de agosto y sintiendo la realidad del primer partido de liga nos topamos con la cruel realidad de que Óliver Torres es titular indiscutible en este equipo por la sencilla razón de que no tenemos cerca otro jugador de esas características para una posición que, como sabíamos, se antoja fundamental para el equipo. Jugada maestra de los de siempre. ¿Quién es ahora el culpable? El “cobarde” de Simeone. Un Simeone que fue el primero en ver lo que nadie había visto, que lo sube al primer equipo, que lo hace debutar y que cuyo primer cambio en el primer partido de liga, teniendo el banquillo lleno de mediocentros y alguno recién fichado, es Óliver Torres. Simeone, un tipo que ha demostrado como pocos entender dentro y fuera esto que genéricamente denominamos fútbol. 

Óliver Torres debuta en primera división en una posición que no es la suya y atenazado por los nervios como él mismo reconoce en su cuenta de twitter en un gesto que lo honra. El carnívoro imperio mediático afila los dientes y saliva. Es la hora. ¿Es su sino? 

Marchitándome otra vez

At. Madrid 1 - R. Madrid 4

Cuando en 1903 el grupo de estudiantes vascos que estaban viendo un partido entre el Madrid y el Athletic de Bilbao decidieron crear un nuevo equipo de fútbol en la capital lo hicieron, entre otras razones, para no parecerse a ese Madrid que luego sería Real. Viendo la soberbia, arrogancia y malas artes de jugadores y aficionados del club “blanco” aquellos pioneros vascos, y un nutrido puñado de madrileños que se sumaron a la idea, decidieron básicamente que lo que querían era no ser eso. Es decir, desde la propia fundación, el Atlético de Madrid ya era anti-madridista. Esto no lo sabe, ni lo entienden los raptores que dicen ser dueños de la entidad y que como proxenetas sin escrúpulos trafican con el escudo, la historia y los activos del Atleti o si lo saben les da igual. Es evidente. Probablemente les de igual porque de hecho es probable que estén más cercas de las planteamientos vitales del Real Madrid que de los nuestros, que no suyos, los del Atleti. Todo esto no creo que lo sepan la mayoría de periodistas (ellos a lo suyo, que es dar de comer a la gallina de los huevos de Oro del Madrid-Barça) ni el resto de aficiones pero nosotros no deberíamos olvidarlo nunca. Antes de hablar de fútbol, o como se llame, quería abrir esta doliente crónica con este historia por dos razones. Primero para que no se olvide. Segundo, y más importante, para que seamos conscientes que la debacle, lo constante desidia, la esperpéntica y humillante situación en la que ha quedado esa preciosa idea que surgió en 1903 tiene su epicentro en el apellido Gil, en sus herederos y en sus albaceas. El resto de agentes que participan en la carnicería, entrenadores, directores deportivos, aficionados, periodistas,… con mayor o menor tino, con mayor o menor responsabilidad no son más que elementos “necesarios” que con aceitosa fiabilidad se adaptan al podrido esqueleto diseñado por esa estirpe familiar para beneficio propio.

“Me marchito de nuevo, esperando algún sitio en el que estar, resbalando de ese mundo bajo el árbol…”

Y ahora nos vamos al partido. Esa tradición que se cumple como la de semana santa. Ambientazo pre-partido, desazón insoportable a la hora de retomar el camino a la cama. ¿Por qué? Pues me da mucha pereza hablar de ello, la verdad. No creo que se pueda resumir en una frase. O sí. En realidad da lo mismo teniendo en cuanta que el año que viene tendremos que repetir la misma historia. En otras ocasiones el sensacional ambiente del Calderón había servido para todo lo contrario de lo que debería servir. Es decir, para espolear al rival (que se crece en terrenos hostiles) y para amedrentar a los locales (que está acostumbrado a asustarse hasta de sus sombra). Esta vez ha sido diferente. El Atleti salió al menos bien plantado en el terreno y con el nivel de mentalidad suficiente como para no hacer el ridículo. Enfrente un Madrid especulativo y sin brillantez pero fuerte y letal. La primera parte se pasó casi toda ella en ese baile de respeto mutuo. Presión, equilibrio, cierre de espacios, salidas en vertical. Ninguno de los dos llegaba pero la sensación de peligro era constante. Justo es decir que ninguno de los dos trataba de construir o crear tampoco. Ambos equipos se basan en un ladrillo defensivo impenetrable y unos estiletes que surgen a partir de la zona de tres cuartos. Los mejores del Atleti (Diego, Arda, Adrián) demasiado constreñidos en tareas defensivas, los mejores del Madrid (Ronaldo, Di Maria, Ozil) bien cerrados o en el banquillo. También estaba Kaka pero esa es otra historia. Como la de Gabi, ese muchacho que siempre juega por decreto y que siempre tiene que hacer una falta de más.

La distancia eran tanta que parecía ridículo intentar lanzar la falta directamente pero es que todo alrededor de Cristiano Ronaldo parece ridículo. Un portento físico tan buen jugador como sumamente estúpido. Si el portugués no fuese tan majadero, engreído, petulante y desagradable seriamos muchos más los que nos rendiríamos ante sus muchos recursos futbolísticos pero yo no me rindo. Se me hace imposible admirar grotescos esperpentos de este calibre. Paso. Seguiré negando cualquier elogio a tan repugnante personaje. Pero la realidad resultadista me deja sin argumentos cuando luego hace lo que hace. Es así. Será la potencia, será el balón, será la mecánica cuántica pero el balón vino desde el cementerio de la Almudena para alojarse en la red colchonera. Courtois se la come. El belga está haciendo una campaña excelente pero fue a fallar en el día que más duele. A partir del gol el Madrid activó el modo especulador (patético y cuestionable con la plantilla que tiene pero al final efectivo) y trató de parar el encuentro para matarlo a la contra. A punto estuvo con un remate de cabeza de Benzemá. El Atleti acusó el gol pero bastante menos de lo que nos tiene acostumbrados y acabó la primera parte teniendo el balón y dando la sensación de que había partido.

La segunda parte comenzó rara. Con un Atlético ligeramente más valiente pero sustancialmente más errático y aturdido. Pero vino bien la apuesta. Tras un par de avisos en forma de triangulaciones Adrián cuelga un balón desde la izquierda que Falcao mete en la red con la cabeza. El estadio se vino abajo. Es de esas veces en las que te abrazas con todos los que tienes alrededor sin saber quiénes son. El espíritu colchonero se puso en su punto de ebullición, las gargantas se quebraban y a los madridistas, aunque ahora lo nieguen, les entró el canguelo. Todo eso pasó fuera del césped. Dentro desgraciadamente las cosas no son iguales. Los blancos, juegue quien juegue, se llame Amavisca o Cristiano Ronaldo, saben no sólo que tienen que ganar sino que van a ganar. La institución no les deja sentir otra cosa. En Atleti, desgraciadamente gracias a la institución, las cosas ya no son así. Los años y años de mensajes ambiguos, cobardes y empapados en mediocridad desde la directiva, la estirpe de entrenadores nacidos en la mediocridad del juego y los resultados mediocres o la extensa colección de jugadores mediocres, malos y asépticos que han vestido injustamente nuestra camiseta en los últimos años han hecho bien su trabajo. El Atleti es ahora un equipo cobarde, mediocre, sin personalidad y con todos los defectos de los equipos grandes pero también de los equipos pequeños. El Madrid se fue a por el partido y el Atleti se vino abajo. Incomprensible teniendo en cuenta que venía con la inercia de la remontada, que estabas en tu campo y que 50.000 personas te estaban empujando desde la grada. Pero fue así. Y es cierto que el Madrid es muy bueno y que se fue arriba y que el Atleti está justo de fuerzas pero hay cosas que no se entienden. Como ver a Courtois perdiendo tiempo con el 1-1. Como ver a los once jugadores en el área. Como ver los patadones sistemáticos cada vez que se recuperaba el balón. Es más, un equipo con personalidad, insisto que jugando en su campo a rebosar, hubiese parado el arreón del rival por las buenas por las malas. Con juego o con faltas. No ocurrió nada de eso. El Madrid tiró de casta y millones mientras el Atleti se refugió en la mediocridad de su discurso más mediocre. Ese que abrazamos desde antes de bajar a segunda división.

“…y no necesito ser una estrella de cine…”

Y pasó lo más lógico. Con el Madrid encimando y jugando en el área colchonera apareció nuevamente Ronaldo para nuevamente reventar el balón desde la frontal del área y que nuevamente Courtois se la comiera. Si, creo que también se la come. Debo decir que en ese momento la tristeza se me colaba por todos los poros de mi cuerpo pero que viendo la bochornosa, lamentable y pestilente celebración de personajes como el propio Ronaldo o ese coleccionador de enfermedades mentales y psicóticas llamado Pepe me sentí muy orgulloso de ser aficionado al Atlético de Madrid pero sobre todo de no serlo de ese equipo mentiroso y zafio que reparte por el mundo ese señorío de papel que no se cree nadie más que ellos.

El segundo gol mató el partido. El Madrid volvió a su modo especulativo pero enfadados y con la lección aprendida. No iban a dejar que el Atleti volviera a subirse a la chepa. Los rojiblancos, cabizbajos, sin carácter ni orgullo, trataban de estirarse pero los merengues salían como afilados puñales cada vez que podían. Godín, el único animal que tropieza sesenta veces con la misma piedra, se encargó de finiquitar el encuentro entrando como el tren de mercancías sobre Higuain dentro del área. Les suena, ¿verdad? El definitivo 1-4 de Callejón entra, para mí, en el terreno de la anécdota dentro de un partido ganado con un equipo hecho a base de millones (pero hecho) y un pseudo equipo deshecho también a base de millones.

Derrota que nos deja dónde estábamos. Ni más ni menos. A eso supongo que se agarrarán los mediocres que como champiñones venenosos surgen con más frecuencia en la grada del Calderón y alrededores disfrazados de colchoneros y de optimistas. Esos que a mí me llaman agorero y pesimista. ¿Pesimista? Puede que lo sea pero más bien creo que me ciño a la realidad. Es difícil creer en un dueño escurridizo, procesado y mentiroso que lleva diez años vendiendo la sangre del Atleti en el mercado negro y diciendo que no lo hace, un presidente de cartón piedra que representado las mediocridad casposa de humor zafio resulta que representa a mi equipo, una dirección deportiva con tanto criterio profesional como verbal y una plantilla cuya columna vertebral (Courtois, Tiago, Diego,..) ha llegado cedida, las estrellas (Adrián, Falcao,…) aparecen como vendidas en las portadas cuatro meses al año sin que nadie diga nada, un buen puñado de picapedreros sin personalidad que nadie recordará ni en este club ni en ninguno y una plazas de extranjero, destinadas en teoría a elevar el nivel de la plantilla, ocupadas por especímenes como: Salvio o Miranda.

Marchitándome otra vez.

“…bagando por el mundo, buscando algo que poder hacer…”

Seth Swirsky – Fading Again

Diez años



En Los Renglones Torcidos de Dios del señor Luca de Tena (y recomiendo saltar al siguiente párrafo si alguien tiene intención de leer el libro) la protagonista de la novela se pasa cientos de páginas investigando un extraño crimen dentro de un internado psiquiátrico para descubrir al final que su razonada verdad era mentira y que la verdadera realidad consistía en que ella misma no era una detective como creía ser sino otra enferma psiquiátrica del propio internado.

Así es como me sentí yo poco después de asumir la enésima derrota del Atleti en el antiguo derbi madrileño. Una vez disipada la adrenalina que este tipo de partidos provocan en mi cuerpo y extinguidos los sentimientos encontrados que sufro al ser semiconsciente de la insultante mediocridad de mi equipo pero ser también incapaz de frenar el deseo incontrolable de derrotar con honor ese concepto que detesto con todas mis fuerzas y que tan bien representa el Real Madrid y sus circunstancias, me tope con otra realidad. Con la realidad, probablemente. Tras miles de batallas dialécticas en internet, miles de sinsabores defendiendo el honor colchonero que mis antepasados me inculcaron, después de cientos de artículos intentando descubrir y desgranar la esencia de lo que significa el Atlético de Madrid como idea, el sábado después de las diez, en el Calderón, me tope con algunos indicios que me hicieron sospechar que la realidad no es la que yo quiero ver sino la que los demás, la cuerda mayoría, ve.
En 1996, en ese mismo campo, vi como un equipo humilde condenado a descender como el Albacete se veía superado por las circunstancias y a sus jugadores les temblaba las piernas de miedo ante el ambiente que provocaba el campeón de liga en el Calderón. Me pareció normal en esas circunstancias y con un equipo pequeño frente a uno grande pero la cara de aquellos jugadores del Albacete era la misma cara que vi en los jugadores del Atleti el sábado pasado con la diferencia de que estos estaban en su campo, la gente estaba con ellos y que se suponía que el Atleti no es el Albacete. La cara de los jugadores del Atleti era la misma cara de los jugadores del Atleti (cualesquiera) que se han enfrentado al Madrid (cualesquiera y dondequiera) en la última década. Es la cara del miedo, de la humillación, de la mediocridad del que se sabe inferior.
El sábado también vi como las arrogancias, los desplantes, los gestos vehementes, los desprecios y las infinitas faltas violentas de los madridistas (muchas de las cuales debieron ser firmadas con tarjetas en un mundo con árbitros honrados) eran asumidas y soportadas con rigor castrense por tipos humildes y cercanos a la cobardía que se saben inferiores y van vestidos de rojo y blanco. Ni una presión al árbitro, ni una palabra más alta que la otra, sabedores de que cualquiera de estos gestos sería despreciado y reprobado no sólo por la infinita opinión pública monocolor sino también por el presidente y el consejero delegado de su propio club. Vi como ante las repetidas y exageradas acciones de pérdida de tiempo por parte del rival ni un solo jugador colchonero se acercó al trencilla para recriminar la trampa como estoy seguro hubiese ocurrido al contrario. Nadie. Cuando terminó el partido vi también como los jugadores blancos levantaban los brazos al cielo alegres y extenuados, festejando el resultado como si hubiesen derrotado a un equipo grande mientras que los sonrientes miembros del equipo “grande” tenían la ingenua desfachatez de ir al centro del campo a aplaudir con el candor del que cree que no ha pasado nada o que simplemente ha pasado lo que tenía que pasar. Entonces sospeché algo que corroboré pocos minutos después.
Pocos minutos después, en una de esas jabonosas y mamporreras entrevistas que cualquier emisora del régimen realiza a diario, un presunto periodista le pregunto a Casillas, tipo que nos había destrozado con sus paradas, la razón de que siempre se le diera tan bien el Atleti. Las palabras de Casillas tocaron mi corazón atlético más que las palabras de cualquier jugador del Atleti de la última década. Dijo algo así como que a él de pequeño le habían ensañado lo que significaba un derbi, lo que era el Atleti, lo especial que era para los aficionados un Madrid-Atleti y que eso le hacía fácilmente concentrarse, prepararse y motivarse para esa clase de partidos. Me sentí identificado. Entonces me di cuenta de que lo que sentía Casillas en sus carnes para mi equipo no lo sentía ni un solo jugador del Atlético de Madrid, ni un solo trabajador del club de los que tienen poder y por supuesto no lo siente el Consejero delegado cuyo padre era del Athletic de Bilbao y al que de pequeño no le gustaba el fútbol (desconozco si le gusta ahora de mayor). Casillas, tratándonos como el rival de altura que cree que somos y haciéndonos perder el partido, tenía más respeto y cariño por el Atlético de Madrid que cualquiera de los que hoy están cerca de ese escudo.
Pero es que cuando Casillas era pequeño sus amigos del Atleti (y mucho más sus padres) todavía eran aficionados de un club grande que se creía y se sentía grande. Cuando Casillas tenía 11 años el Atleti le ganó al Madrid la Copa del Rey en el Bernabéu y supongo que en su cole se lo recordarían. Cuando Casillas tenía 15 años el Atleti ganó la liga y la copa y en Madrid, dónde él vivía, salían colchoneros de debajo de las piedras. Cuando De Gea tenía 11 años el Atleti estaba en segunda y ese año no logró ascender. Cuando tenía 15 años el Atleti hacía el ridículo quedando en el puesto décimo primero con el archiconocido Ferrando en el banquillo. Cuando Domínguez tenía 15 años el Atleti hacía el mismo ridículo sólo que esta vez quedando el décimo. De Gea y Domínguez, seguramente más atléticos que nadie y nuestros máximos estandartes de colchonerismo en el banquillo, no recuerdan haber visto ganar al Atleti un Derbi en su vida.
Es fácil de entender. Casillas veía en su día a día que lo que le contaban del Atleti era verdad. De Gea y Domínguez no. Ellos vivieron agarrados a una leyenda mágica a la que nunca pudieron ponerle cara y ojos. Es más fácil estar convencido que tener fe. Es muy difícil convencer a nadie de algo que tú no has visto pero mucho más cuando los que lo han visto no sólo no están sino que se procura que no se acerquen y se sustituyen por “profesionales” ajenos al sentimiento atlético. Imaginen como debe sentir el Atleti Forlán, Perea o Elías si se lo tiene que contar Amorrortu, Pitarch, Cerezo o Calamidad o tienen que leerlo en AS y MARCA. Casillas nació en 1981 y De Gea y Domínguez 10 años después. Diez años de estulticia, sequía, tristeza y mediocridad. Diez años sin ganar al Madrid. Diez años para convertir una realidad en leyenda y una leyenda en esperpento. Diez años de nuevo-gilismo en estado puro (sin las zafias formas de un Gil padre enfrentado con el mundo, con la prensa mentirosa comiendo de la mano y con la administración cómplice calladita) que han transformado la entidad definitivamente en otra cosa. Un equipo menor, por y para gente menor en el que sobramos los nostálgicos que como a Casillas o a mí una vez nos contaron y vimos lo que era y significaba un derbi. Que una vez vimos y sentimos lo que era el Atlético de Madrid.

Leyendas colchoneras (1ª Parte)



La leyenda del empresario loco.

Durante años y años se ha venido repitiendo desde prensa y un amplio sector de la grada esa cantinela de que quien se juega su dinero tiene el derecho a perpetrar las aberraciones que precise. Sin ánimo de volver a sacar a colación ese tema tan “aburrido” para algunos (tan “aburrido” como indignante y lamentable) de la sentencia que demuestra que los actuales dueños del club lo son sin aportar un céntimo en su momento, centrémonos en temas más prosaicos y saquemos a pasear el sentido común. ¿Qué razones podrían mover a Cerezo o MA Gil para dejar su dinero de forma gratuita en una institución decadente y permanentemente en crisis que no gana dinero y que solamente lo pierde? ¿Publicidad? Me temo que Cerezo no la necesita para su negociado (al contrario) y MA Gil tiene la misma presencia mediática que el jefe de los ángeles de Charlie. ¿Proyección social? Es evidente que no. Obviando lógicamente el factor sentimental (sería imposible contener la risa) y suponiendo que Gil y Cerezo sean exclusivamente empresarios: ¿Es alguien capaz de nombrar un solo empresario en el mundo que mantiene durante décadas la propiedad de una empresa privada que sólo genera deuda? Evidentemente, por pura lógica, tiene que haber algo más. Está por descubrir una excusa creíble.

La leyenda de los objetivos cumplidos.

Otro de los latiguillos que sirven y han servido para justificar ciertas peripecias es eso de que “se han cumplido los objetivos”. Personajes como Pitarch o Javier Aguirre (entre otros) han sido renovados bajo esa cantinela haciendo campañas mediocres, dejando una imagen desastrosa o directamente fracasando estrepitosamente. Hablar de la negligencia de la labor de Pitarch es tan humillante que no creo que exista otro tema que despierte mayor unanimidad entre la afición colchonera. Pues bien, dicho personaje sigue en nómina porque ha cumplido los objetivos. ¿Qué objetivos? ¿Tienen alguna dignidad los objetivos marcados por nuestra cúpula? ¿Tiene sentido manejar el tercer presupuesto de la liga y marcar el objetivo en el cuarto puesto? ¿Tiene sentido marcar el “objetivo” de las competiciones del KO en “hacer un buen papel”? ¿Qué significa “hacer un buen papel” cuando cualquier papel se puede vender como bueno? ¿Se refieren a vender el “Abono Total” antes de saber los partidos que se van a jugar? ¿Quién debería poner los objetivos Cerezo o la afición? Durante años y años había una pancarta en el Calderón que rezaba “Este año si” recordando a los jugadores que lo que la afición quería era la liga. Ese era el objetivo. Todo el mundo era consciente de que lo normal estando los dos grandes bien, porque nadie es gilipollas, era no ganar la liga pero lo normal también era pelearla esperando el traspié. Lo normal era llegar a navidades pensando que si los de arriba perdían un par de partidos te colabas el primero. Ahora lo normal es llegar a navidades pensando que si los de inmediatamente arriba nuestro (porque los de arriba de verdad directamente juegan otra liga) pierden un par de partidos nos colamos los cuartos y seremos felices. Así es muy fácil cumplir los objetivos. Basta con ponerlos tan bajos como se necesite. Ahora el objetivo es lo que ayer era un mal menor. ¿Mañana que será?

La leyenda del Notable.

Desde el mismo día en el que vi la luz y conseguí darme cuenta de que Jesús Gil no era ese simpático ácrata antisistema que nadaba a contra corriente para beneficio de la familia atlética sino un avispado empresario mediocre a mitad de camino entre la Gran Corrupción institucional, en la que se mueven los presidentes galácticos, y un raterillo de tres al cuarto empecé a escuchar la leyenda de que existía un notable en torno al cual se estaba creando un potente grupo de oposición que estaba a punto de dar la campanada. Me temo que el tal notable vendrá el mismo día y a la vez que el fichaje de Rosiky. Ni está ni se le espera. Si existiese hubiese dado la cara en los miles de momentos que saturan la última década en los que hacía falta un rostro en el que creer. Si de verdad existiese todos lo que asiduamente se pasan por sitios como este lo conocerían… pero no se conoce a nadie. O lo que es peor, si se conoce me temo que no vale. Si el tal notable está esperando la ocasión propicia es mejor que desista porque la ocasión propicia ya apareció y él no estaba. Ya no me vale. Mientras a mí me dicen que “no merezco la pena como Atlético” (que no se me ocurre peor insulto) el tal notable está esperando la ocasión Dios sabe dónde. ¿Qué ocasión señor notable? Los notables que no se ven, no existen. Los notables que enarbolan la bandera cuando ya se ha ganado la guerra no son Notables, son aprovechados. Oportunistas. Listos.


La leyenda de que el Atleti siempre ha sido así.

Cada vez que la sección deportiva del Atlético de Madrid comete una jaimitada del tipo de tirar la Europa League o perder en casa contra el último aparece algún ilustrado, desde la prensa y/o desde la grada, que viene a recordarnos que la desgracia incomprensible es el santo y seña de este equipo, que siempre ha sido así, que somos el “pupas”. Haciendo gala de una cruel objetividad (que ya me gustaría ver a mí en otros temas) el susodicho nos recuerda que el Atleti sólo tenía un título europeo antes de la Europa League y que era muy raro verlo tradicionalmente disputando la liga antes y después del desembarco del Clan Gil & CIA. Bien, el tema tiene dos lecturas una fría en torno a los números y otra caliente en cuanto a los sentimientos. Lo de los números es sencillo, ahí están colgadas numerosas entradas que demuestran que la competitividad del Atleti, en todos los frentes, era mayor que durante la época Gil e infinitamente mayor que durante la era post-Gil. Yo me quedo sin embargo con el tema de las sensaciones que es más más atlético ya que lo que la gente como yo reclama no es la frialdad de los números sino el susceptible tema de la exigencia. De tener claras cuáles son las reglas del juego. Claro que el Atleti era eliminado contra el Groningen o la Politécnica de Timisoara pero cuando pasaba era una tragedia, se montaba la marimorena y había responsables. Esa es la diferencia. A Clemente se le echó de este equipo, por petición de una afición exigente, estando en lo alto de la clasificación, por la simple razón de jugar mal. No me lo han contado, lo vi yo. Ahora sin embargo se disfraza de normalidad lo que nunca ha sido normal. Ahora se pretende creer que no duele lo que no hace tanto dolía y mucho.

Adiós Europa adiós



Sinceramente creo que a pesar de no ganar el partido, de las lagunas, de la falta de fútbol y sobre todo de la incomprensible habilidad de nuestro entrenador, hoy no es el día de achacar cosas a los jugadores. La Europa League empezó a tirarse por la cloaca cuando nuestro club preparó la plantilla para está temporada. Cuando el bufón antipático e inútil que dice dirigir la dirección deportiva volvió certificar una plantilla corta, desquilibrada y falta de fútbol de creación (y de fútbol en general) y cuando a cuatro días de empezar vende a uno de los pocos jugadores que a veces salía de titular. La Europa League se siguió tirando por el desagüe cuando nuestro entrenador desplegó en los primeros partidos de la competición ese fútbol ramplón, reservón, áspero y acobardado que tan bien casa con el espíritu del dúo artístico Calamidad y Cerezos pero que nos dejó en el pozo de la clasificación. Cuando todo estaba en caída renunciamos además al último clavo ardiendo que quedaba careciendo de la personalidad necesaria y haciendo por enésima vez y en el momento más inoportuno el Jaimito en casa frente a un equipo a años luz en presupuesto como el Aris. No hemos dejado de tirar por la borda esta competición que el año pasado nos llevó a la gloria desde el principio así que no voy a lamentarme ahora.

A estas alturas de película desisto también de intentar entender la lógica de Quique Sánchez Flores. No entiendo ni que es lo que pretendía hacer ni cuales eran sus intenciones con la alineación que formó en Alemania. ¿Ganar? ¿Especular? ¿Reservar jugadores? ¿Inventar el fútbol? ¿Iluminar a la humanidad? Lo que si que tengo claro es que nuestro entrenador es incapaz de renunciar a ese 4-4-2 espeso, romo, torpe e inoperante con el que siempre juega. Esté quien esté en el campo. Podría parecer que la inexplicable, incomprensible y lamentable ausencia de Reyes y Tiago en la noche de hoy, que dejaba en el campo a tres peloteros del nivel técnico de Raúl García, Assunçao y Mario Suarez, era un intento de ese 4-3-3 que algunos reclaman desde la grada pero nada más lejos de la realidad. Doble pivote y Raúl García a la banda. Lo de siempre.

Y claro, en el campo pasó también lo de siempre. Lo que tenía que pasar. Aunque la salida anímica de los jugadores parecía a la altura de las circunstancias y las ganas eran de dominar e ir a por el partido la realidad se imponía en el césped con un centro del campo incompetente e inoperante que ni atacaba ni defendía. Por supuesto no se tuvo el control del partido. Todo se dejaba en los pies de un Kun Agüero de nuevo excesivamente individual que se chocaba contra los alemanes. Entre pelotazos y espesura el campo se iba poblando también de una espesa nieva que borraba las líneas y el fútbol. Cada vez era más difícil combinar por el estado del terreno (que para la que estaba cayendo era magnífico) con lo que las cosas pintaban mal.

Entonces, rondando la media hora, salió la pelota roja al campo y el fútbol llegó al Atleti. Empezó a presionar más arriba con mayor intensidad y el robo en la zona noble del rival hace mucho bien a nuestro equipo. Simao, Forlán y sobre todo Agüero entraron en juego y llegaron los mejores minutos de los madrileños. Buenos minutos de intensidad y verticalidad con criterio. Hasta tres claras ocasiones tuvo el bueno de Forlán para abrir el marcador pero no parece la temporada del mejor jugador del mundial. Primero a pase cruzado de Agüero desde la derecha, luego dentro del área pequeña con mal remate al cuerpo del meta y finalmente con un espectacular disparo de primera que se va a milímetros del poste. El Atleti se fue al banquillo con un injusto empate mereciendo ganar.

La segunda parte, gracias a la nieve y las circunstancias, fue diferente. Empezó loca y sin dueño con precipitación, desajustes, velocidad, imprecisiones,.. un ida y vuelta que no le sentó bien al Atleti. Los alemanes tuvieron una clara ocasión de remante de volea a los diez minutos mientras aquello parecía un correcalles. Entonces llegó el gol del Aris en Tesalónica y todo se desmoronó. El Atleti tiraba de pelotazo mientras que el Bayer, espoleado por alguna razón, se hacía con el dominio, el balón y las ocasiones. Los contraataques madrileños se frenaban en la nieve y la lucha quijotesca del Kun contra el mundo se apagaba poco a poco. Se veía venir el gol en contra pero definitivamente vino en el minuto 15 cuando Helmes gana la partida a Perea y bate a De Gea.

Quique tiró entonces de banquillo (Fran Merida, antes había salido Diego Costa) y los jugadores tiraron de casta para que el recién ingresado, el ex del Arsenal, empatara tras jugada individual de Agüero (que una vez más se niega a soltar el balón por las buenas). El Atleti se fue arriba a por todas dando pie a que los alemanes llegaran con peligro pero eso es lo que hay que hacer cuando todo está perdido. En el intercambio de golpes puede pasar cualquier cosa y no teníamos mucho que perder. Los colchoneros, con muchas ganas, cerraban las llegadas al límite del Bayer y se iban alocadamente al ataque. Mario Suárez falla una clara ocasión lanzando el balón a las nubes tras jugada iniciada en la derecha por Raúl García con un gran gesto técnico. No fue la única de ahí al final pero la desesperación movía el punto de mira.

Tiago apareció a falta de cinco minutos para redondear la noche de entrenador de Quique Sánchez Flores (rallando ya lo insultante) y para vivir ese humillante periodo de tiempo en el que está todo perdido y en el que sabes que por más que corras seguirá todo perdido. Indignante.

El Atleti está oficialmente fuera de la Europa League aunque lo estaba informalmente desde hacía quince días. Nuestros dirigentes se frotan las manos porque dicen que estaba dentro del presupuesto y que además así podemos centrarnos ahora en otras cosas. ¿Qué cosas señor Cerezo? El Atleti vuelve a la mediocridad local. A esa esquina del mundo en la que paletos como nuestros dirigente dirigen el cortijo pero que a nadie le importa una mierda. Adiós Europa adiós.

Gladiadores



Cuando en el antiguo imperio romano la clase dirigente andaba metida en problemas, tenían que tomar decisiones poco populares o directamente tenían miedo de que la masa se les revelase en contra por alguna tropelía cometida, lo que hacían era montar juegos de circo en los que gladiadores y esclavos se sacaban las tripas para regocijo de la plebe, periodo durante el cual conseguían mantener sus mentes básicas ocupadas en temas innocuos e inofensivos. En el Atlético de Madrid, una suerte moderna de institución corrupta y decadente con una masa popular cada vez más parecida, lo que hacen es fichar un jugador sudamericano de nombre exótico.

Con el equipo hundido en la mediocridad semanas antes incluso de partir el turrón, con una crisis de juego que se prolonga décadas, con unas perspectivas penosas en todas las competiciones aparece en nuestras vidas un tal Elías.

No cometeré el error de tirarme el pisto haciendo una radiografía del brasileño primero porque estaría engañando al lector (que debe saber que no sabía de la existencia de este muchacho hasta hace unos días) y sobre todo porque creo que es innecesaria. Otros más listos y preparados que yo ya la han hecho y al parecer no se trata del enésimo mediocentro defensivo (gracias a Dios) y ni del enésimo central multitarea (gracias a Dios) pero tampoco es el centrocampista creador que vemos en nuestros sueños y que dejó de existir en la disciplina atlética desde que se bajó a segunda división. ¿Qué es Elias entonces? Unos dicen que mediocentro ofensivo (sic) otros que enganche, otros que media punta, otros que… Me temo que en cualquiera de esos casos se trata precisamente de ese tipo de jugador tipo Maxi, Ibagaza, De las Cuevas, Jurado, Luis García o Fran Merida que NUNCA (y cuando digo nunca es nunca) han jugado en esa posición en este equipo. Con ninguno de los entrenadores que hemos tenido (para que luego digan que se ha cambiado de perfil de entrenador). Todos y cada uno de ellos sistemáticamente desplazaban a ese tipo de jugador a la banda a los lados y NUNCA por delante de los mediocentros-tarugo. Siempre a los lados del doble pivote romo y tosco que indefectiblemente tiene que ser el corazón de este equipo. Siempre ha sido así por lo que no tengo muchas razones para pensar que será de otra manera a partir de Enero.

Puede que Elias sea un crack mundial pero yo me pregunto, ¿para qué se ficha a Elías? ¿Para qué se ficha a un jugador que no va a jugar en su posición natural? ¿Para qué se ficha a un jugador que no encaja en tu anquilosado e inamovible esquema? ¿Se va a cambiar de forma de jugar por un jugador que llega en navidades y nadie conoce? ¿Por qué entonces no se cambió nunca con Jurado o con Ibagaza?

Paso de gladiadores. ¡Gil, Cerezo, Pitarch y Quique fuera del Calderón!

Confirmación en la religión de la mediocridad (R. Madrid 2 - At. Madrid 0)




Yo no sé ustedes pero yo he alcanzado el punto máximo de saturación. Estoy harto de tener que sentarme a estar en silencio. Estoy aburrido de la tristeza y sobre todo estoy absolutamente exhausto de chapotear una y otra vez en la mediocridad. Pestilente mediocridad. Estoy verdaderamente harto de excusas, dobles lecturas, análisis optimistas, datos engañosos, presunta mala suerte, presuntos malos arbitrajes y presuntas conjuras. Todo ello es mentira. El Atlético de Madrid ha confirmado está noche, por si quedaba alguna duda, que es un equipo mediocre, cobarde y tremendamente vulgar gracias a los que lo dirigen. En el despacho y en el banquillo. Un equipo entre tantos. Uno más. Simplemente. Uno más al que cada vez menos gente echa de menos.

Los herederos Gil pueden estar definitivamente contentos. El ciclo se ha cerrado. Su plan a largo plazo de lapidar una institución incómoda y centenaria para transformarlo en un producto blandiblú, digerible, de perfil bajo y predecible en el que poder elaborar tranquilamente sus maquinadas fechorías es un hecho. El Atlético de Madrid ya no interesa a nadie “importante” y cualquier opción más allá de ocupar su mediocre y vulgar papel en la liga de los estrellados no es viable. No es real. No es posible. El clan Gil y amigos ha construido esta gran patraña en base a una dirección deportiva mentirosa y gentil cuyos dos objetivos principales son, por este orden, suculentas comisiones en las transfusiones semestrales de jugadores mediocres y un equipo romo, plano basado en la asunción de la cobardía y el no fútbol como esencia. Mejor no destacar en nada. En esa particular dirección deportiva solo han podido entrar entrenadores con el mismo perfil cobarde y mediocre que asumieran de inmediato el papel de comparsa y que tuviesen grabados en la frente las tres grandes verdades de este nuevo club: Cualquier puesto por encima de séptimo es un gran éxito, el balón es nuestro gran enemigo y el rival siempre es igual o mejor. Quique, el último en llegar, no hace más aumentar la lista de Quiques que han venido antes que él para hacer lo mimo, igual que Mario Suárez no hace más en engrosar la lista de Clebers, Raules, Sosas y Luccines que lo precedieron y que también hicieron lo mismo. Esto es el Atleti señores. Una ruina ideológica, un insulto a la esencia y una vulgar gota en un mar de barro.

No me apetece hablar del partido de esta noche frente al Madrid porque me resulta humillante. Es humillante de hecho. Si este equipo es incapaz de salir a ganar en Salónica o en Rosenborg o en Villarreal... es imposible pretender que lo haga en el Bernabéu. Aunque fuese así los jugadores no se lo creerían tampoco hoy después del mensaje que como una tortura china les han ido metiendo en el cerebro. "Esta no es nuestra liga" dicen desde todos los ángulos. Desde dentro y desde fuera. ¿Cual es nuestra liga entonces? Si este equipo vive sistemáticamente de espaldas al balón es ingenuo pensar que hoy, en el Bernabéu, tuviesen la intención de jugar al fútbol. Por supuesto nada de ello ha ocurrido. El Atleti salió al campo como lo hará el Ceuta dentro de unos día (aunque ellos tendrán más orgullo) o cualquier equipo de esos que juega la liga y dan igual el puesto en el que acaben. Salíó a “jugar “ a lo que quiere Quique que es irónicamente no jugar. Metidos atrás, dando el balón y el partido al contrario y absolútamente cagados de miedo. Pocas veces he visto a un equipo salir más asustado a un campo. Si hay algo que le duela a un aficionado colchonero enfrentándose a su eterno rival es ver al equipo intimidado, acobardado y con síndrome de inferioridad. Pues bien, eso es exactamente lo que ha hecho el Atleti esta noche. La frivolidad de Mario Suárez es difícil de explicar pero probablemente no necesite explicación. Quique hace días que vive del aire del Olimpo y que ha perdido el norte. También el crédito ganado. Ver a Valera en el campo también duele. Un jugador que en circunstancias normales debería haberse retirado ya de la práctica del fútbol (por malo) es titular en el Bernabeu con el Atlético de Madrid. Probablemente eso explique muchas cosas.

Pero los jugadores son lo de menos. El miedo, la cobardía y la mediocridad van delante. El Real Madrid ha sido infinítamente superior en los minutos en los que todavía se disputaba un partido de fútbol. Por técnica, por actitud, por ganas, por juego, por intensidad, por valentía y por todo. Era como ver un partido entre un primera y un tercera regional acobardado y tenebroso. El Atleti aguantó como un flan los 13 minutos que el madrid tardó en marcar por mediación de Carvalho (tras falta a Reyes no pitada, por cierto). El Madrid que es un equipo de fútbol y que tiene (y tenía) un entrador de fútbol, que será cualquier cosa menos cobarde, siguió jugando exactamente igual y así, pocos minutos después, Ozil hacía el segundo en la falta de los despropósitos. Barrera mal colocada, defensa mal colocada, despeje mal despejado,... gol.

Con media hora en el reloj, 2-0 en el marcador y delante el Atleti, un equipo que normalmente es incapaz de llevar la iniciativa (por falta de costumbre), el partido estaba acabado. Por eso no me valen los análisis de las cosas que han ocurrido a continuación. La única duda era si los rojiblancos tirarían de casta para evitar la humillación o se dejarían llevar, ajenos al corazón colchonero. Ocurrió lo primero en una muestra más de que el problema de este equipo no son los cojones o la entrega.

Vale que el árbitro se comió un penalty clarísimo por manos de Xavi Alonso y vale que alguna ocasión pudo entrar antes el descanso. Vale que la segunda parte fue colchonera y el tiro al poste de Forlán y los fueras de juego y lo que quieran pero el partido estaba perdido a esas alturas y no se pueden sacar conclusiones de la desesperación. Ese es el problema de Quique y del Atleti contemporáneo, que tiene que esperar a estar muriéndose para pensar en moverse como Dios manda. Normalmente para entonces ya es tarde.

Lamentable, vergonzoso y humillante. Este equipo no es digno del nombre que usa ni de esos colores ni de ese escudo. No me siento identificado con esta institución acomodaticia, vulgar y prescindible. Perdiendo con todos los de arriba es difícil aspirar a algo que no sea vergonzoso. La liga está muerta para nosotros. Si es que no lo estaba ya.

No más discursos de filosofía barata. No más mentiras que me dejen la duda de si son verdad. No más discursos optimistas por parte de ingenuos engañados. Estupideces para aficionados a los libros de autoayuda. No más excusas para una realidad que es mucho más evidente de lo que algunos quieren ver. Sólo me queda arrojar la toalla o desprenderme de la emoción y el amor reservando tales dones para alguien o algo que verdaderamente lo merezca. Optaré por lo segundo de momento. Empatía cero con esta farsa de cadena de producción barata.

El Atleti de Mallorca




R. Mallorca 4 - At. Madrid 1

Antes de seguir necesito dejarlo claro: no vi el partido de Mallorca. ¿Podría haberlo visto? Si. ¿En otros tiempos no muy lejanos lo hubiese visto? Si. Ahora ya no. La gente que me conoce pensará que es inconcebible lo que estoy diciendo dado mi bagaje de no perderme un partido salvo por razones de causa mayor pero hoy por hoy es exactamente así como lo siento: me aburre este Atlético de Madrid hasta cotas tan elevadas que literalmente ya me da igual si puedo ver los partidos o no. ¿Me inhabilita esto para decir lo que voy a decir? Juzguen ustedes…

En la primera jornada de liga 09/10 dije que este equipo pelearía fundamentalmente por mantenerse en la categoría y a día de hoy parece que mi vaticinio estaba más cerca de la realidad que de ser un demagógico brindis al sol. Lo dije sinceramente porque realmente lo sentía así y así lo sigo sintiendo. El Atleti es el equipo no ya con la plantilla más corta de la liga, como ahora descubren los periodistas paletos que escriben para periódicos paletos, sino que probablemente sea el equipo más descompensado de todo el fútbol profesional europeo como fácilmente se puede comprobar. En cualquier empresa medianamente seria de cualquier parte del mundo los responsables de semejante metedura de pata renunciarían a sus cargos ante la evidencia o al menos depurarían responsabilidades (ya saben, para salvar mi cabeza corto la de mi subordinado) pero en esta casa de putas los que van de traje y dirigen las cuentas encima se atreven a sacar pecho con el bochornoso aplauso además de una significativa parte del respetable.

El Atleti de Mallorca, por triste y cruel que pueda ser, es el Atleti que hemos visto todo el año en la liga salvo un par de excepciones. Pero no sólo en la liga, también es el Atleti que hemos visto en una Champions que hoy nadie recuerda haber jugador pero en la que salimos vapuleados después de hacer un legendario y ofensivo ridículo. También es el Atleti de una Copa del Rey donde salvo en tres partidos contados hemos sido mediocres o directamente humillados (¿alguien recuerda el partido en Huelva?). Pero ojo, también es el equipo de la Europa League, competición extraña en la que todavía no hemos conseguido ganar ni un solo partido. Duele visto así ¿eh?... pues así es como tendríamos que verlo. ¿Tiene sentido juzgar la temporada por el partido contra el Barça o contra el Valencia o contra el Galatasaray (de vuelta) o tiene más sentido hacerlo por todos los demás?

El Atleti de Mallorca es el equipo en el que la estrella es un portero desahuciado en verano por el “arquitecto” deportivo del equipo que lo situó como tercer portero. Es ese equipo sin laterales donde juega un tal Valera que no jugaba ni en los equipos a los que fue cedido (ya entonces cedido por malo) y es indiscutible un Antonio López que no es ni la sombra de lo que fue pero no hay nadie para competir con ellos por el puesto. En el equipo dónde Perea es el cabeza de turco que pone cara a todos los errores pero resulta lamentable que ahora todo el mundo utilice la cara del colombiano para explicar la catástrofe colchonera cuando Perea sigue siendo titular indiscutible en este equipo desde hace casi un lustro con cuatro entrenadores diferentes y después de seis centrales más que han venido después. El último de ellos por cierto un tal Juanito que ayer salió para demostrar (desde el terreno de juego, para variar) el fichaje tan rentable que había sido. Lo mismo habría que mirar a otro sitio diferente que no se llame Perea para poner cara a este desastre.

El Atleti de Mallorca es ese equipo en el que desde hace diez años no juega un solo centrocampista con capacidad no ya de crear juego o fútbol (conceptos desconocidos y despreciados en nuestra dirección deportiva desde que Luis Aragonés no pasa por allí) sino tan siquiera de mover el balón con criterio y velocidad. Un centro del campo poblado sistemáticamente por futbolistas bragados y astifinos que resoplan y percuten mientras dudan con tesón entre devolver al central esa cosa redonda y áspera llamada balón o tratar de ahuevar el mismo con un generoso puntapié que aleje el peligro. ¿Excepciones? Tiago ha llegado con 30 años, cedido en el mercado de invierno y se cuestiona todavía si pagar el traspaso. Ever Banega vino cedido y al parecer no era útil ni tan rentable como Cléber Santana. Motta, para este que escribe lo más parecido a un Expediente X sin explicar, es hoy titular en el Inter de Milan. El resto, los que tuvieron mil y una oportunidades, los que elaboraron (y elaboran) el juego de este equipo son estos: Gabi, Luccin, Zahinos, Colsa, Maniche, Costinha, Cleber Santana, Asunçao y La Perla del Tajonar. Sin comentarios. Aun así todavía hay quien piensa que entre esto que hacemos nosotros y el juego de la selección española no hay nada más ni que pueda existir una infinita gama de matices por el camino en la que encontrar nuestro sitio. Así nos va.

El Atleti de Mallorca es ese equipo que cuando no tiene jugadores puros de banda achaca todos los males de la institución a no tenerlos (¿recuerdan aquel discurso?) pero que cuando los tiene, como es el caso, achaca todos los males de la institución a que los especialistas de banda se queden en ellas sin venir al centro a colaborar (es decir, dejando de ser jugadores de banda) y así se “rompa” el equipo (¿recuerdan aquel discurso?). Sencilla y contundente alegoría que denota la falta de referencia a la hora de entender cómo juega este equipo al fútbol (suponiendo que lo haga de alguna manera y que esa manera siga un esquema trazado) además del estado de total confusión deportiva (también) en la que se encuentra esta institución.

El Atleti de Mallorca es ese equipo en el que los canteranos juegan cuando ya es literalmente imposible que no lo hagan (De Gea debutó con dos porteros lesionados, Domínguez consiguió jugar por descarte natural de todos los demás, Camacho está para perder tiempo, Ibra sale porque no tenemos delanteros reservas ya que antes salía Sinama, Cedric dicen que existe, etc, etc,…) y donde se fichan jugadores que no hacen falta (¿lo que necesitaba esta plantilla en diciembre era otro mediapunta-que-puede-jugar-en-banda?) para que tres meses después siguen sin jugar.

El Atleti de Mallorca es ese equipo que depende ahora del escondido talento (con el que nadie contaba) de un jugador conflictivo que pagó por no jugar en es este equipo, que estaba en venta en verano y que ha resurgido de forma milagrosa gracias a un entrenador que llegó a mitad de temporada.

El Atleti de Mallorca es sobre todo el equipo en el que el talento mayúsculo y generoso de un muchacho llamado Sergio Agüero enmascara una de las peores gestiones deportivas de la historia de una institución que encima no tiene la clase ni el acierto de cuidar, mimar y proteger como Dios manda a ese muchacho y ni a su bendito talento.

El Atleti de Mallorca es el Atleti, por mucho que los árboles de la Copa del Rey no nos dejen ver el bosque de la contundente realidad.

Dejà vu



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Hace días que por mi cabeza y entre mis más oscuros sueños se pasa un fantasma recurrente que viste un enfermizo color grisáceo, que se ríe sin mover un músculo, que camina como el personaje anteriormente conocido como MA Gil pero que en realidad habla como el esclavo moral que es Enrique Cerezo diciendo la frase que impregna de sudor mi frente y que agita mi maltrecho corazón: “ya veremos en Junio quien es el siguiente entrenador”.

Con una liga tirada por la cloaca incluso antes de tomar la uvas, la ultra-deseada Champions League utilizada como carísimo escaparate en el que mostrar la versión más lamentable de entre todas la lamentables versiones posibles de este sucedáneo de Atlético de Madrid, con una extenuada plantilla cogida por los pelos (que tiene más parches que el traje de Barragán )y con una dirección deportiva recurrente que cuenta sus ejercicios fiscales (si los tiene) por escandalosos, humillantes y sonoros fracasos, nuestra cúpula directiva se permite la desfachatez de citarnos hasta el próximo verano para decidir entonces los pilares del siguiente proyecto. ¿Alguien más tiene sensación de Dejà vu? ¿De verdad alguien necesita esperar a Junio para saber por dónde tiene que ir el siguiente proyecto? ¿De verdad alguien tiene alguna duda de por dónde debería empezar todo?

Hace dos o tres años escuché al presidente del Getafe decir algo que de tan evidente que era hizo prácticamente hacer brotar las lágrimas en mi cara simplemente por lo lejos que estaba de lo que yo veía en mi propio equipo, grande e histórico. El bueno de Ángel Torres contestaba a las preguntas de los periodistas respecto a la planificación de su equipo para la próxima temporada con un par de frases que trazaban a la perfección la línea entre un club profesional y una atracción de verbena: “Nosotros tenemos un entrenador que se fichó por responder a la forma que hemos decidido que tiene que tener el Getafe según su dimensión y aspiraciones. Mi labor ha sido únicamente conseguir dos jugadores por puesto según ese esquema y el resto es ya problema del entrenador. Pregúntenle a él”.

Hagan el ejercicio de situar esa frase en el entorno colchonero y en un equipo a priori en las antípodas del Getafe en cuanto a recursos, medios y seguidores. ¿Tenemos un entrenador que responda a la forma que tiene que tener el Atleti? Me temo que para contestar esa pregunta habría que saber primero cuál es la forma que “debería tener el Atleti” que sospecho es un punto que ni siquiera se haya planteado nunca nadie entre nuestras cabezas pensantes. ¿Cuál debe ser la forma de jugar de nuestro equipo? ¿Por qué todas las categorías inferiores juegan de una forma parecida y el primer equipo de otra diferente? Durante años y años el banquillo colchonero ha estado ocupado siempre por entrenadores de esa escuela rupestre del fútbol basada en el miedo y la especulación, y que a tanta gente tiene engañada, pero ni siquiera en ese sentido parece haber una idea muy clara al respecto cuando cada vez que la plaza queda bacante aparecen en la tómbola nombres que no tienen nada que ver estilísticamente unos con otros. ¿Tenemos dos jugadores por puesto según un supuesto esquema de juego supra-entrenador? En este punto precisamente es cuando las lágrimas se transforman en risa tonta, de esas que salen cuando te sientes derrotado. Lejos de tener dos jugadores por puesto lo que tenemos son puestos para los que no hay ni un solo jugador solvente y otros donde directamente no hay ni un solo jugador. ¿Alguien recuerda en los últimos 5 o 10 años haber tenido una plantilla con dos jugadores por puesto de verdad, pudiendo alternarse en el mismo?

Decía La Rochefor que todo el mundo se queja de no tener memoria pero nadie de no tener criterio. En nuestros casos se conjugan ambos conceptos obteniendo dirigentes que no tienen ni memoria ni criterio pero seguimos siendo pocos los que nos quejamos de ello.

Llegados a este punto es cuando yo me pregunto si de verdad vamos a volver a revivir otro capítulo del mismo culebrón casposo y adulterado del que ya conocemos el final y me temo que la respuesta es evidente a tenor de las actuaciones de los felinos “dueños” del club. Con el puesto de Quique dependiendo de la ruleta rusa de la final de copa, Pitarch todavía tomando caipiriñas en las playas de Sudamérica a costa del colchonero medio, el fichaje del medio centro que hemos tardado diez años en encontrar todavía en tela de juicio y por ende la planificación de la temporada que viene pospuesta hasta una mejor ocasión, me temo la esperanza de hacer las cosas con criterio se desvanecen en el eter.

Nunca he sido un gran defensor ni del fichaje de Quique ni del fútbol que yo tenía (y tengo) asociado a su figura pero hay que reconocer primero el mérito de haber conseguido sacar la cabeza entrando en el lodazal que entró y después que por circunstancias de la vida las cosas son como son y el que está en el banquillo hoy por hoy y con una final después de 15 años es él. Si de verdad alguna vez el Atlético de Madrid pretender parecer un club serio y con aspiraciones me temo que las soluciones pasan por hacer las cosas con cabeza, lógica y juicio por una vez en la vida y sin que sirva de precedente. Gracias a la desgracia de una segunda vuelta sin pena ni gloria aprovechemos para dar los mandos del proyecto a Quique (o quién sea) y dárselos ya. Si no va a ser Quique que se decida también ahora el sustituto pero que no dependa del resultado de un partido en el que puede pasar cualquier cosa. De esa manera tendríamos tiempo para pensar, para buscar dos jugadores por puesto, para convencer a los que están hoy del proyecto futuro y para llegar al verano con los deberes prácticamente hechos. Eso sí, a falta de olvidarnos para siempre del tándem tóxico Gil-Cerezo es fundamental como mínimo una orden de alejamiento contra Pitarch cuanto antes.

Grot



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En estos días de “vino y rosas” en los que el Atlético de Madrid parece resurgir de sus cenizas cual ave Phoenix publicitario, la maltrecha sociedad colchonera tiende a esbozar una sana sonrisa placebo con la que calmar tantas calamidades pasadas.

Es natural y a tenor de la tendencia sociológica contemporánea parece que hasta terapéutico. No sólo gracias a los éxitos recientes sino también aupado sobre esas campañas de rabiosa actualidad tan en boga en ámbitos más "serios" del tipo: “vamos a estar todos contentos sin tener razón para ello”, uno sin duda se arma de argumentos para espantar esa estirpe de cenizos (como el que suscribe) que permanentemente pone los focos sobre los socavones, esos socavones que si no se enseñan parece que no están. Cada uno es muy libre de pensar en lo que quiera y como quiera, pero a mí reconozco que no se me pueden ir ciertas imágenes de la cabeza.

Cuando más de diez años atrás el ínclito de MA Gil decidió, con esta pedante discreción de la que este huraño sujeto siempre ha hecho gala, vender a los cuatro vientos la idea de que había comenzado la profesionalización del club para convertir una vetusta y morriñosa institución deportiva en una moderna y engrasada maquina empresarial basada en las más modernas técnicas de gestión y marketing que darían con la futura salida a bolsa de una renovada institución, a este que escribe (por alguna estúpida razón fundada probablemente en la ingenua juventud) se le vino a la cabeza la imagen de un futuro escudo colchonero sano y glorioso plagado de éxitos y títulos.

Hoy, casi quince años después de aquel brindis al sol, la imagen que se me aparece es curiosamente otra que también me impactó en mi más tierna infancia como fue la de “Grot”, la exitosa empresa de ese genial personaje televisivo llamado Reginald Perrin. En la segunda temporada de esta fantástica comedia británica (Caída y Auge de Reginald Perrin) el personaje de Reginald decide crear una empresa de la nada con la que subsistir tras ser despedido de Sunshine Desserts, la empresa a la que había dedicado la vida (y la muerte). La peculiar idea de un tipo en permanente crisis existencial era la de fundar una tienda en la que ofrecer productos basura con la simple y sorprendente premisa de vender a precios muy elevados productos inútiles que no sirvan para nada a gente que no les encuentren ninguna utilidad.

En el escaparate de Grot aparecen de esta manera: dados redondos, pelotas cuadradas, guitarras sin cuerdas, discos silenciosos, ratonera hechas de queso, supositorios insolubles, regaderas sin agujeros,… y un sinfín de absurdos objetos imposibles. En contra de toda ley basada en la lógica y también en contra de las propias pretensiones de Reginald Perrin la idea de Grot es un absoluto éxito empresarial que desborda todas las previsiones.

La mítica serie de la BBC servía de atinada crítica para apuntar con el dedo esa tendencia a vender humo tan propia de la era moderna (el propio Perrin dice en un capítulo que está tan harto de ver vender basura bajo falsas apariencias que por eso decide hacerlo honestamente) pero puede que el ínclito de MA Gil lo tomase por el lado que no es (o sí) y de forma sutil le sirviese como inspiración para su revolucionario y vanguardista proyecto deportivo. De otra manera es imposible entender cómo después de más de una década en la que el club se encuentra a los mandos de tan magno ideólogo, el Atlético de Madrid como institución siga manteniendo un devaluado pero significativo lugar entre los clubes deportivos, con un número de abonados permanentemente al máximo de capacidad, contratos televisivos al alza y productos de merchandising devorados por la masa social que dejan suculentos beneficios a pesar de los inexistentes logros de la "marca".

¿Qué es lo que ha vendido la exitosa empresa vanguardista diseñada por MA Gil? Me temo que la respuesta es sencilla: basura. Cambien cualquiera de los objetos imposibles de Grot por descensos de categoría que se vendían como éxitos del corazón, fracasos en segunda que se vendían como engrandecimiento del espíritu colectivo, derrotas que servían para ilustrar lo fascinante que es perder, espacios publicitarios psicodélicos que hacían de la anécdota virtud, carísimos jugadores revelación que se revelaban como carísimos errores propios de la mala suerte, carísimos entrenadores revelación que se revelaban como negligentes ideólogos perdonavidas que nos devolvían siempre a la línea de salida, desastrosas planificaciones deportivas que se transformaban en elocuentes odas a la improvisación, sorprendentes clasificaciones para competiciones menores que se vendían como éxitos superlativos, clasificación para competiciones mayores que posteriormente se despreciaban potenciando hacer el ridículo en las mismas, directores deportivos que ni eran directores ni eran deportivos,… en una palabra: basura.

Así que Dios quiera que este año ganemos la Copa del Rey después de 15 años y que ganemos la Europe League y que ganemos todos los partidos hasta el final de temporada porque un servidor será el hombre más feliz del mundo si ocurre pero cuando llegue el día siguiente uno no tendrá más remedio que volver a olvidar los árboles y percibir el bosque, ya que la realidad seguirá siendo un bolígrafo que escribe de verdad en mitad de un puñado de bolígrafos sin tinta, réplicas rectas de la torre de Pisa, presuntas obras de arte fabricadas por el perro, cuchillas de afeitar de goma para gente nerviosa, sacapuntas sin cuchilla y latas de nieve derretida.

Ensayo sobre la ceguera

“Lo que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia” (W. Faulkner)

Los aficionados al Atlético de Madrid nos hemos levantado esta mañana con el equipo en puestos de descenso en la liga española, matemáticamente eliminados de la Champions League a falta de dos partidos por jugar (que es proporcionalmente como estar descendido en liga a falta de 12 partidos), con una plantilla corta, cara y descompensada, con una deuda histórica que fluctúa según las fuentes entre los 200 y los 400 millones de euros y con un estadio que tiene fecha de caducidad tasada en 2012, fecha en la que el equipo se trasladará a lo que hoy es un monolito de hormigón feo y desamparado en las proximidades del Guadalajara supuestamente sin ganar un euro en la operación. A estas alturas el subconsciente colectivo de la heterodoxa afición colchonera coincide en interpretar que la situación tanto del equipo como del club es básicamente mala o muy mala pero cada uno tiene una justificación diferente que muchas veces se pierde en la providencia o las circunstancias ajenas. Mi teoría sin embargo es que nada de lo que ocurre es casual ni ajeno. Ni es consecuencia del entorno, ni de la suerte, ni del mercado y ni siquiera está motivado por la negligencia de los personajes en cuestión. Todo tiene un maquiavélico sentido empresarial. Trataré de explicarme.

Partamos de la razonable hipótesis de que la estirpe Gil se hizo con el control del club por un lícito interés empresarial, una hipótesis abalada por el hecho de que el cabeza de familia hiciese una campaña vehemente en contra de la ruina del fútbol como sociedades deportivas y a favor de la idea de los clubes-empresa como forma de que fuesen los particulares los que se ”jugasen su dinero”, evidentemente en el sentido de multiplicar la inversión que es lo que se busca en cualquier negocio.

¿Qué empresario de cualquier parte del mundo y en cualquier sistema económico mantendría durante 20 años una empresa que fuese deficitaria, que no generase beneficios, cuya deuda fuese siempre creciente y cuyo producto final fuese cada vez peor? aparentemente nadie pero eso es lo que supuestamente es hoy el Atlético de Madrid. Descartemos desde ya la posibilidad de que las razones por las que el clan Gil esté al frente del Atleti pudieran ser sentimentales puesto que es obvio que ningún atlético de corazón podría soportar ver a su equipo en una situación tan penosa estando él como máximo responsable y además perdiendo dinero. De hecho Cerezo no hace mucho dijo que se iría del Atleti cuando recuperase el dinero que “había puesto” matizando sin dobleces las razones sentimentales que lo mueven a estar en ese sillón y despejando cualquier duda que pudiera existir al respecto.

De la misma forma ningún empresario podría nunca justificar una bochornosa gestión de 20 años en coyunturas externas o causas ajenas a uno mismo porque primero, y aunque fuese verdad, los gestores serían siempre culpables de no adaptar la empresa a dichas coyunturas de forma beneficiosa (¿Se imaginan a Repsol dando pérdidas durante 20 años diciendo que se debe a que el precio del petróleo es cada vez más caro? ¿Le serviría la excusa a su presidente para mantener el cargo?) pero es que además en 20 años da tiempo a que existan muchas coyunturas distintas y la estadística dice que es imposible que todas sean siempre nefastas para el mismo sin que exista una razón detrás que no sea aleatoria. Conclusión, la situación del club actual no puede justificarse desde el planteamiento de la coyuntura o la mala suerte entre otras cosas porque con las propias e inflexibles leyes del mercado los gestores con “mala suerte” dejan de ser gestores en poco tiempo.

¿Qué persona seguiría dilapidando su patrimonio personal durante 20 años si cada ejercicio es peor que el anterior? Evidentemente nadie. ¿Alguien tiene la sensación de que el patrimonio de los Gil ha menguado en estos años o que esté en peligro? ¿Alguien ha visto alguna vez ejercicios de nobleza tipo Abramovich a costa del patrimonio personal de algún Gil o lacayo tipo Cerezo? Me temo que no. Bien al contrario, y ciñéndonos a los que está demostrado porque así lo ha dicho él, el gestor principal del club y máximo accionista lejos de hacer ningún esfuerzo económico cuando más hace falta se ha asignado un “modesto” sueldo anual de 600.000€ (más primas). ¿Por qué el máximo accionista de una empresa se tiene que poner un sueldo a costa de esa misma empresa si se supone que el beneficio es fundamentalmente para él mismo? ¿Puede ser que no espere beneficio alguno? ¿Hay otra razón contable? Pensándolo bien, el dueño de una tienda de ultramarinos tendría de muy fácil de esta forma echar a un asalariado suyo de forma justificada. Bastaría con que él mismo se pusiese un sueldo que fuese superior al beneficio de la empresa. De esa forma su negocio sería siempre deficitario (sin serlo) y cualquier acción extraordinaria de tipo laboral (o de cualquier otro tipo) estaría justificada. Es más, tendría prebendas fiscales y hasta optaría a subvenciones para su empresa. Empiezo a ver por dónde van los tiros.

Este verano el club no hizo fichajes, escudado en que no había dinero para ello. El propio MA Gil viene repitiendo últimamente que estamos pagando las consecuencias de no vender a Forlán o Agüero en verano para tener dinero con el que afrontar una renovación de la plantilla. Estamos hablando de la temporada 2008-2009 en la que el club tenía 45000 abonados, jugó la Champions League llegando hasta octavos (sólo ocho equipos de Europa lo hicieron), volvió a clasificarse para el año que viene, el estadio estaba siempre lleno, tiene marcas de patrocinio en las camisetas y ropa deportiva y tenía un jugoso contrato de televisión firmado pero resulta que con todo eso el balance del año es prácticamente cero. ¿Qué necesita hacer entonces el Atleti para obtener beneficios? Poco más se puede hacer a efectos de economía (porque los títulos, como bien recuerda MA Gil siempre que puede, no siempre van de la mano de suculentos beneficios). ¿Cómo son capaces de vivir el resto de equipos con menos ingresos, menos masa social y mejores resultados? ¿Qué sentido tiene entonces mantener una empresa así?

Hagamos un ejercicio de imaginación y pongámonos por un momento en la piel del “ingenioso” gran empresario español planteando el siguiente ejercicio: pongamos por caso una empresa audiovisual bien establecida y dimensionada que tiene unos beneficios razonables en un ejercicio normal. Sus gestores, en un alarde de sentimiento emprendedor español, deciden despedir a los cámaras en plantilla para volverlos a contratar en una empresa de cámaras independiente creada por ellos mismos y esta nueva empresa de cámaras es contratada por la empresa original para que hagan el mismo trabajo que hacían antes. Es decir, los mismos haciendo lo mismo. Repiten el mismo ejercicio con el resto de colectivos (redactores, productores, iluminación,…). De esta manera una empresa descapitalizada de músculo y talento consigue hacer lo mismo que antes, porque de hecho lo hace con la misma gente, generando en teoría el mismo producto que antes pero con la “inocente” salvedad de que ahora hay facturas de por medio a favor de esas empresas de nueva creación emitidas y cobradas por las mismas personas: los gestores. El dinero es el mismo pero a efectos contables la empresa audiovisual puede ser deficitaria (pierden sus accionistas) en favor de esas empresas de nueva creación (ganan los gestores). Los principales perjudicados serían lógicamente los accionistas y verdaderos dueños de la empresa que verían como no tienen beneficios y su inversión se devalúa con el tiempo pero… ¿qué pasaría si la inversión inicial de esta gente hubiese sido cero y se hubiesen hecho con las acciones sin soltar un duro? Pues que no estarían tan preocupados porque cualquier beneficio sería beneficio y cualquier valor que tuviesen las acciones en el momento de desmantelar o vender la empresa sería siempre beneficio también. Y es más, ¿Qué pasaría si además de lo anterior los accionistas y gestores fuesen realmente la misma persona?

¿Sería descabellado pensar que ese ir y venir de jugadores de medio pelo y entrenadores silenciosos envueltos en contratos millonarios, los cambios de estadio, los cambios de patrocinios, las fundaciones, la profesionalización del club,… son una forma sencilla de generar facturas para sacar el dinero a otras empresas? ¿Sabemos realmente a quién le debe dinero el Atlético de Madrid?

Y concluyo. Imaginemos que el atlético de Madrid de repente conforma un equipo potente, bien estructurado deportivamente, con futuro prometedor y que gana algunos títulos que lo ponen en la élite mundial del mundo del fútbol. ¿Se justificaría en esas circunstancias que el equipo siguiese siendo deficitario y siguiese generando deuda? ¿Interesa entonces que ocurra? ¿No sería levantar demasiada sospecha? ¿Podría ser entonces que los personajes de la película estuviesen perfectamente elegidos para protagonizar el justo grado de negligencia que se necesita? ¿Podría ser que el objetivo fuese mantener algo lo suficientemente lamentable como para que no genere sospechas de dar dinero pero lo suficientemente bueno para seguir vivo y que siga dándolo?

Sólo faltaría una pieza para completar el puzle y es el consumidor final, al que paga, al que hace que todo gire y se mueva pero para que esa pieza encaje sólo haría falta que esta gente siguiese comprando callada y tranquila simplemente convencidos de que las cosas son así porque no pueden ser de otra forma. Convencidos de pagar por un futuro imposible o por una idea romántica y folclórica que vale más que cualquier resultado terrenal. Echando un vistazo alrededor no parece que sea algo muy descabellado de pensar. ¿Podría ser entonces que los tontos sean listos? ¿Podría ser que los inútiles fuesen paradójicamente totalmente útiles?

Por supuesto cualquier parecido con la realidad en todo lo anterior, es simplemente mera coincidencia.

Nota: Gracias al Xiu Rojiblanco y a Teno por darme ayer la idea del artículo según avanzábamos por el Paseo de los Melancólicos hacia el Calderón.