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¡Un abrazo!

La parte de atrás de la mente

La cantidad de variables que tienen un papel estelar en un partido de fútbol es inmensa. Hay muchos aficionados al fútbol que anestesiados por el perfume de los goles y el espectáculo reducen todo a una sencilla cuestión de echarle o no pundonor (por no decir huevos) pero es una manera demasiado simple de analizarlo. Si se quiere analizar, claro, que como espectador puede ser recomendable pero no necesario. Los directivos, directores deportivos y sobre todo entrenadores si que no pueden escapar a esta realidad y con mejor o peor criterio tratan de encontrar el modelo de naturaleza matemática que reproduzca la realidad. Muchos, los malos, lo que intentan es entrar en la ecuación para reducir el número de variables que entran en juego y basar la fórmula a una cuestión de constantes. Los muy malos además, como si de un gobierno reformista se tratase, empiezan por anular las variables más importantes que además son las más fáciles de recortar como por ejemplo el balón. En el Atleti sabemos mucho de esto último y me temo que lo vamos a seguir sabiendo en años venideros. No es algo que me emocione pero ayer se demostró que ahora mismo, en este equipo, jugar al fútbol no es la variable más importante. 

 Porque por encima de todo esta el tema de la cabeza. De la mente. Alguien dijo una vez que el fútbol era un estado de ánimo como si algo en lo que estén involucrados los humanos no fuese siempre un estado de ánimo. Claro que lo es. Por eso son tan importantes las sensaciones, las señales, los mensajes, los objetivos,... Por eso es tan importante sentirse ganador o perdedor. Valiente o cobarde. Querer ser superior o tratar de que no te hagan demasiado daño. El Atleti ha ganado al Malaga por sensaciones. Por mentalidad, por carácter y por actitud. Lo malo es que todo eso apareció tarde y después de haber estado enseñando todo lo contrario durante 45 minutos. El equipo demuestra así que la mentalidad está, pero que la tiene en la parte de atrás. En un sitio secundario. En un lugar poco importante al que por lo visto sólo se recurre cuando no queda más remedio. Así nos va. 

La primera parte fue un auténtico baño del Málaga. Ese equipo construido a base de chequera pero con mucho gusto. Gusto por el balón y gusto por el fútbol. El que tiene ese señor de los banquillos al que los talibanes del macarrismo deportivo despreciaron con muy poca clase. Pellegrini. El chileno es de esos entrenadores en extinción que se atreve a poner un jugador fino y pequeñito como Cazorla de medio centro. Algo que en el Atlético de Madrid no hemos visto desde hace dos décadas. Sobre el campo se veía un equipo de Champions que quería ganar el partido en un campo complicado y que lo quería hacer siendo protagonista. Algo que reclamo para el Atleti desde que me bauticé como Ennio Sotanaz y ahí sigo. Y seguiré. A base de fútbol, precisión, velocidad y criterio el partido transcurrió en campo de unos colchoneros que se dedicaban a correr detrás de la pelota e intentar abollarla cada vez que tenían ocasión. Tarde. Lentos. Sin chispa. Sin gracia. Los andaluces pudieron ponerse por encima en cualquier momento pero lo hicieron de la mejor forma posible con un golazo soberbio de Eliseu que empalma un balón desde otro distrito para incrustarlo en la escuadra. Como corresponde a los equipos grandes el Málaga siguió dominando el partido exactamente igual hasta el descanso. El Atleti, como corresponde, siguió también arrastrándose por el campo. 

Pero algo tienen que tener las charlas de Simeone porque no es la primera vez que el equipo que sale en la segunda parte, siendo los mismos jugadores, es otro. El carácter del Cholo no lo puede discutir nadie. En el campo era un líder y era un ganador. Caliente y poco pausado pero un ganador. Por eso no me gusta la parte reflexiva esa que la ha salido de entrenador. Esa que le hace ser reservón y precavido. El cambio de actitud del equipo es mérito de Simeone, no me cabe duda. Pero, ¿es mérito suyo también la forma con la que salió el equipo de inicio? Esa es la duda que me hace ser o no ser optimista para el año que viene. 

En cualquier caso la segunda parte fue otra cosa. Especialmente cuando apareció Koke en el mediocentro en detrimento de un Mario Suárez cada vez más espeso, más perdido, más centrado en ser esa especie de tercer central estático, lento e intrascendente. Sin desarrollar un fútbol espectacular el Atleti si fue capaz de quitarle la pelota al Málaga y a veces con eso basta para desarmar al contrario. Sin el fundamento de este juego, el balón, el Málaga tenía que defenderse y correr mientras que el Atleti se enfurecía por momentos. A la salida de un córner el balón llega rechazado a la frontal y Koke, haciendo justicia, empala el balón para empatar. Los madrileños se subían así a su euforia y los malacitanos, sin recular, a sus miedos. El partido se puso bonito con llegadas por los dos lados pero fue un despeje de Courtois el que deshizo la igualada. El balón es peinado por Falcao que deja sólo a Adrián para que en otra de sus jugadas de fantasía coloque el definitivo 2-1 en el marcador. Definitivo porque lo quiso el señor juez de línea que anuló un gol al Málaga por fuera de juego que en vivo me pareció justito y en la tele se ve que no era. Las cosas como son. 

¿Y ahora qué? pues en la liga está claro: a morir el domingo en villarreal y esperar que el sporting de la campana en Málaga. Entre medias Bucarest, lo sé, pero esa es otra historia que merece otro espacio. 

Mención especial quería hacer a Antonio López y Perea, nuestros dos capitanes que se van, desgraciadamente por la puerta de atrás. Como siempre pasa con ese avinagrado de MA Gil. El de Benidorm es un jugador de la casa, de la cantera. Salvo una cesión en Pamplona ha desarrollado aquí sus mejores y sus peores momentos. Probablemente esos problemas emocionales en el último tramo de su carrera pararon su progresión en seco. No lo sé pero en cualquier caso siempre ha sido y es Atleti. Igual que lo es Perea. Un profesional como la copa de un pino. Un tipo que ha dado todo lo que tenía por este equipo y que lo único que ha hecho, dentro y fuera del terreno, es demostrar amor y sobre todo respeto por el Atlético de Madrid. Cosa que no hicieron otras estrellitas confundidas. En momentos en los que esa grada de nuevos y confundidos colchoneros se dedicaba a pitarlo o mofarse de él, el colombiano jamás torció el gesto, siguió sudando y soltando palabras bonitas para su club. Para el mío. Gracias Perea. Gracias Antonio López. 

Teenage Fanclub - The back of my mind


Lo que yo quiero es tu dinero, chaval


No quiero hablar de fútbol. No quiero hablar de jugadores ni de tácticas ni de pases ni de remates a puerta. Es absurdo. Anécdotas que se pierden en el aire y en el tiempo como algodón de azúcar caducado. Me encantaría hablar de todo eso tranquilamente y mucho más si además pudiera hacerlo de mi equipo, del Atlético de Madrid, pero es imposible. No está. No se le espera. Ni siquiera estoy seguro de que siga existiendo como algo tangible. No quiero hablar de mala suerte, ni de contratiempo fortuito, ni de cansancio, ni de calendarios, ni de Bucarest. No quiero hacerlo porque me rezuma la furia por los poros y me hace heridas en la ilusión. Esa ilusión a prueba de bomba que este puñado de mediocres mercenarios, a un lado y al otro de la mesa de despacho, está puliendo hasta dejar reducida a cenizas.

Que el Atlético de Madrid es un tren a la deriva lo sabemos muchos (es evidente que no todos). Hace muchos años un señor de Burgo de Osma decidió utilizar la gloriosa historia del Atlético de Madrid en beneficio propio. Con carácter político y con carácter económico. Sacó de su pantalón esa billetera con olor a azufre y a base de billetes caducados compró chistes, fuegos artificiales, amigos mediáticos, jugadores, borreguillos y engañó a propios y extraños el tiempo suficiente como para que en un abrir y cerrar de ojos los otrora clubes deportivos pasasen a ser empresas privadas sin que nadie se diese cuenta. Hace casi 20 años el mismo señor decidió poner sus miras en otro sitio dejando este trofeo de caza al hijo que se quedaba rezagado. Ese benjamín de la camada que incapaz de hacer otra cosa en la vida tiene que vivir de estirar mal que bien el legado paterno. El muchacho le ponía empeño pero haciendo honor a su sobrenombre, Calamidad, aplicaba la receta del turrón para hacer unas lentejas. Hasta que se dio cuenta de que para lo que mejor estaba dotado, debía ser genética, era para navegar en la tangente de la legalidad y así, ya que eso del fútbol era algo aburrido y eso del Atleti una ñoñería típica de flojos, tratar de vender a trocitos aquel incómodo legado que había recibido. ¿Cómo? Pues especulando todo lo posible con las partes y alquilando los locales, los jugadores, la estructura, la historia, la esencia, la imagen y el espíritu del club para despedidas de soltero, bailes con putas, zarzuelas, espectáculos del Bombero Torero y cualquier otro tipo de varieté que dejase dividendos. De cualquier tipo.

Y en esas estamos 20 años después. Con un patrimonio menguante y erosionado, con un espíritu rojiblanco que parece un solar infestado de cardos, con un orgullo plastificado que se vende en bonitos llaveros con 50 centimos de euro, con una historia filtrada y retocada que se explica en sencillos spots de 20 segundos, vendiendo al mundo la bonita sonrisa del perdedor, entregados con candor y como fieles redentores al circo periodístico mediático que nos aplasta y nos humilla, aplaudiendo a rabiar un maravilloso empate, soñando con hacer buenos papeles y justificando con argumentos peregrinos que la hostia que nos acaban de dar no sólo no nos ha dolido sino que ni siquiera ha sido hostia.

Y si, sé de dónde vienen todos lo males pero yo voy al campo y veo los partidos y me cabreo y sé quienes son los once que el sábado tiraron el partido y los once, si once, que lo han tirado hoy. Y sé que ninguno de ellos es MA Gil. Tampoco veo a ninguno de los once demasiado afectado. Y veo como cada vez que metemos un gol nos echamos para atrás y que lo hacemos siempre y que llevamos diez años dando patadones desde la defensa. Y veo como presumimos de afición ejemplar pero escalamos a la nube o nos encerramos bajo la alfombra en función de si una pelotita entra o no entra en el último minuto. Que no nos preguntamos nada. Que esperamos a que nos pasen la letra para cantar la canción. Pitamos a jugadores como Arda y asentimos como borregos todas las estupideces que aparecen en unos medios de comunicación galácticos a los que en su mayoría el éxito del Atleti les emociona tanto como a mí la siguiente edición de Gran Hermano. Eso en el caso de que vean los partidos y no construyan sus teorías, de manoletes y antoñitos, directamente en función de los objetivos resúmenes de televisión.

Si ya sé que esto no es una crónica futbolística pero es que primero estoy harto de perder mi tiempo con algo que no lo merece y segundo no he visto un partido de fútbol. Lo que he visto hoy en el Calderón, jugándonos mantener la dignidad en una liga atroz y agarrándonos a la última e inmerecida oportunidad que el destino nos prestaba, es el enésimo ejercicio de especulación barata. Dirigido por especuladores y practicado por especuladores. Es absurdo utilizar teorías para explicar lo que ocurre si tiras un dado y eso es lo que el Atlético de Madrid lleva haciendo desde hace décadas. Jugar con todos los elementos alrededor menos con el más esencial: el fútbol. Años y años de desconstrucción, de laminar los cimientos de una institución centenaria, de jugar peligrosamente con los símbolos, de reír las gracias al indolente, de gritar pelillos a la mar, de pensar en el mañana sin reflexionar sobre el ayer, de conformarnos con las migas, así es como se ha construido una institución frágil y enfermiza. Tan débil y vulnerable que sólo funciona con el viento a favor. En el preciso momento en el que la brisa se tuerce el sujeto coge frío y enferma. Enferma incluso antes de ponerse enfermo. Tanto tiempo tapándose la cara para no recibir la bofetada nos ha hecho dejar de ver que se iba por el camino equivocado pero además no nos ha servido para amortiguar la patada en la cabeza.

Vulgaridad, mediocridad,... esas son ahora nuestras señas de identidad. 20 años sin alcancar el puesto en el torneo de la regularidad que la institución reclama por números. Si, los números. Los del sueldo de la plantilla, los de número de aficionados, de ingresos por televisión,...¿plantilla? ¿Cansancio? ¿Suerte? Paparruchas. Las mismas paparruchas de siempre que aparecen todos los años pero cada vez con un nuevo disfraz.

Perdonen por este arrebato de cólera pero al fin y al cabo no me va a escuchar nadie. A lo mejor los que se sientan cerca de mí y asienten con la cabeza pero entre todos no juntamos ni siquiera una mínima fuerza de oposición. Para eso necesitamos “notables” pero esos están ocupados. Necesitamos periodistas pero esos están demasiado preocupados por no tocar el suculento equilibrio que hoy dirige en mercado del fútbol.

Directivos, jugadores, notables, periodistas mediáticos,... a todos les veo mirándome a la cara y cantándome con la sonrisa enfurecida esa canción tan pegadiza de los Wonder Stuff: “Lo que yo quiero es tu dinero, chaval”...

The Wonder Stuff - It's yer Money I'm after baby