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Cricket y Amateurs

A finales del siglo XIX Viena, la capital entonces del Imperio Austrohúngaro, era uno de los centros culturales del mundo. Allí convivía un crisol de nacionalidades distintas, allí pasaban muchas cosas y allí la minoría inglesa residente creó un club de Cricket en 1892. Ese confuso deporte, tan incomprensible en esa parte del mundo que no se vio afectada por la onda expansiva británica, no pareció tampoco cuajar entre una comunidad vienesa local que sí generó un interés creciente por otro de los deportes que venía desde las islas. Tal fue así, que el primitivo club necesitó ampliar su oferta y crear una sección formal de fútbol. Así nació, en 1894, el Viena Cricket & Football Club (VC&FC). Aunque el primer equipo de Austria es oficialmente el First (otro equipo Viena), el club de Cricket reclama para sí mismo ese cetro, alegando un error administrativo a la hora de dar de alta la institución que, según ellos, fue anterior a la de su rival capitalino por unos días. En la fundación del CV&FC participaría el inglés John Gramlick, personaje relevante de la época que dos años más tarde crearía la Challenge Cup, el primer antecedente de la Champions League, competición que enfrentaba a los equipos punteros del Imperio Austrohúngaro. Aquel equipo vestía de azul y negro y estaba compuesto exclusivamente por ingleses e irlandeses.
El interés por el nuevo deporte siguió imparable durante esos años entre los vieneses y en poco tiempo los miembros del club de Cricket se multiplicaron, lo que ocasionó la aparición de división de opiniones entre algunos socios y la administración que provocó la huida en bloque de varios de ellos. Una escisión que de inmediato acabaría formando un nuevo club de fútbol, que nace en 1911 y que se registraría originalmente con el nombre de Viena Cricketer. Dado que “Cricketers” era el nombre coloquial con el que ya se conocía al VC&FC, las protestas airadas de estos no se hicieron esperar y el recién nacido club se vio obligado a tener que cambiar su denominación oficial a los pocos días, optando por el de Viena Amateur SV. Aquellos atribulados meses coincidieron también con la creación del primer campeonato importante del país para el cual, tras arduas negociaciones, el nuevo Amateur SV consiguió una plaza. Este golpe de efecto provocó el desplazamiento masivo de muchos jugadores del VC&FC al nuevo equipo, hasta el punto de que los jugadores ex Cricketers serían clara mayoría en el debut del Amateur, al comienzo de la primera liga de Austria ese mismo año. Ya entonces el equipo apareció en el campo con la típica camiseta violeta que nunca más cambiará. El hecho de debutar con un equipo lleno de antiguos Cricketers hace que algunos historiadores sitúen la fecha de origen del Austria de Viena en 1894 (la del CV&VF) y no en 1911 como es oficial. No parece, sin embargo, adecuado hacerlo teniendo en cuenta que hasta 1936 el VC&VF siguió existiendo como club de fútbol independiente.
Aquella primera liga fue ganada por el Rapid de Viena, el que a partir de los años 60 será el rival histórico del Austria y equipo cuyo origen se sitúa en el mismo distrito vienés que el del Amateur (Hietzing), pero con un poso bien distinto. El Rapid surge entre los trabajadores del Ferrocarril, lo que con los años hará que su afición se identifique como el equipo de las clases trabajadoras. Por el contrario el Amateur será siempre visto como un club elitista asociado con las clases altas y la burguesía vienesa. Tan es así que cuenta la leyenda que en las propias actas fundacionales del Amateur, existía un requisito mínimo de inteligencia para ser miembro.
Haciendo honor a su origen británico el primer entrenador del equipo es un inglés, J. Hogan, que sienta unas bases en el juego que posteriormente elaboraría un nuevo entrenador, Hugo Meisl, el que también sería más tarde entrenador de la mejor selección austriaca de todos los tiempos y al que se le atribuye la creación de la formación MW que revolucionó el fútbol y que inició lo que se llamará años más tarde el “fútbol total”. El Amateur, ya desde su origen, tuvo muy marcado eso de que la forma de jugar en el campo era parte de la representación del club, algo que intentará llevar siempre como bandera. Hasta 1924 no consigue sin embargo ganar su primera liga. Aquel mismo año, precisamente, el campeonato nacional pasó a ser profesional (siendo el primer país que lo hacía dentro del continente) por lo que resultaba irónico seguir usando el nombre de Amateur. Por ello, en 1926 (año en el que vuelven a ganar la liga), la denominación oficial del club pasa a ser el actual FK Austria. Es también en esos años cuando aparece uno de los nombres míticos del club: Matthias Sindelar, el Mozart del Fútbol.
En 1927 se empieza a jugar la Copa Mitropa, una idea del propio Hugo Meisl que, deudora de la extinta Challenge Cup, trata de enfrentar a los equipos punteros de los países con ligas profesionales y que dominaban el fútbol europeo de entonces: Austria, Hungría y Checoslovaquia. Fue un trofeo de gran prestigio en su día y lo más parecido a la Copa de Europa hasta después de la Segunda Guerra Mundial, momento en el que la llegada de las competiciones europeas desprestigiaron el torneo hasta su desaparición en los años 90. El FK Austria levantó la Copa Mitropa en dos ocasiones: 1933 y 1936. Eran los gloriosos años 30 en los que el fútbol austríaco dominaba el panorama internacional de forma imparable… hasta que llegó la anexión del país por parte del Tercer Reich.
Aunque muchas de las instituciones austriacas no se vieron afectadas significativamente por la incorporación de Austria al régimen alemán, el FK no fue precisamente una de ellas. El mismo día de la anexión el entonces presidente y gran parte de la junta directiva tuvieron que abandonar el país hacía Suiza y Francia para evitar problema con los nazis. La alta proporción de judíos en la institución presagiaba también problemas como así ocurrió posteriormente cuando, ante la prohibición de enfrentarse o compartir vestuario con jugadores arios, tuvieron que abandonar el club. El propio estilo futbolístico alegre y vistoso, santo y seña del equipo, tampoco casaba con la idea espartana y directa que los alemanes impondrán desde su llegada. El propio nombre del equipo tuvo incluso que ser modificado en un principio por el de Ostmark, la denominación que el nuevo régimen otorgaba a la “provincia” austríaca, aunque pocos meses después pudieran recuperar la denominación anterior. Sin judíos y con parte de jugadores reclutados por el ejército, el FK Austria no realiza un buen papel en las ligas germanas que funcionaron en esos años (a diferencia del Rapid de Viena que consiguió ganar la liga alemana en 1941).
La selección austríaca sólo disputó dos partidos tras la anexión alemana y ambos fueron frente a la propia Alemania. Austria era por entonces el mejor equipo de Europa y su estrella era el mencionado M. Sinderlar,  jugador del FK Austria, de origen checo y sangre judía que además era simpatizante socialdemócrata. A pesar de la recomendación a los austriacos de no avasallar a sus “hermanos” alemanes durante el primer partido, Sindelar hizo caso omiso celebrando onerosamente el 1-0 justo enfrente del palco Nazi (ganaron 2-0). Después de aquellos dos partidos Austria no volvió a jugar y los futbolistas austriacos pasaron a ser seleccionables por Alemania. Pero Sindelar, casualmente, siempre parecía estar lesionado y nunca acudió a la llamada. En enero de 1939 el Mozart del fútbol y su novia italiana (probablemente judía) aparecieron muertos en su apartamento por inhalación de monóxido de carbono. No se sabe si fue un accidente, un asesinato o un suicidio.
El fútbol austriaco nunca volvió a ser lo mismo tras la guerra pero enseguida se recreó de nuevo la liga local, en un principio (hasta 1949) solamente con equipos de Viena y con un renacido FK Austria entre ellos. Es una buena década para el equipo que conquista varias copas y las ligas de 1949, 1950 y 1953. Desgraciadamente a partir de ese momento el fútbol emergente en otros países europeos va a tener un efecto letal en Austria y sus mejores jugadores se escapan del país. Este efecto es especialmente dañino en el FK Austria que sumido además en problemas internos no volverá a la elite hasta los años 60, gracias a la llegada de un exjugador, Joschi Walter, a la gerencia del club. Consciente de que el fútbol era ya entonces un negocio, reorganizó toda la institución en la línea de los nuevos tiempos. Fue por ejemplo el primero en tener patrocinador y buscó fallidamente la unión con el Admira, otro equipo de Viena, para crear una institución mucho más potente. Muy vinculado con la federación, fue también quien modificó la organización del fútbol austríaco en lo que dio origen de la actual Bundesliga. Todo ello ganando en el camino 7 ligas y 7 copas.
En 1977 la marca de tabaco Menphis se erige como principal patrocinador, cambiando la denominación del equipo a FK Austria Menphis. Con ese nombre en 1978 gana la liga y consigue que un club austríaco llegase por primera vez a una final europea. La final de la Recopa que perdió contra el Anderlecht. En ese equipo, que al año siguiente llegaría también a semifinales de la Copa de Europa, destacaba el mítico Prohaska. A partir de ahí el fútbol del país ha ido en declive a nivel europeo mientras internamente el FK Austria ha cabalgado de crisis en crisis. En 1999 el millonario Fran Stronach (fundador de Magma International) se hace con el club inyectando gran cantidad de dinero y modificando otra vez el nombre por el de FK Austria Menphis Magma pero no obtiene grandes resultados más allá de un doblete, liga y copa, en 2003 que no consigue acabar con la eterna inestabilidad del club. Dos años más tarde Stronach sale del equipo (aunque sigue vinculado algunos años más) y en 2008 el club consigue recuperar su denominación original.
En ese panorama inestable y confuso llegó el triunfo en la liga del año pasado que dio pie a poder disputar la fase previa de la Champions League y su sorpresiva clasificación para la fase de grupos posterior. El Austria es un equipo tan histórico o más que el Atlético de Madrid. Como vemos tiene un pasado incluso más apasionante y complejo así que razón de más para merecer todo el respeto del mundo.

Conviene recordarlo

At. Madrid 2 - Athletic Club de Bilbao 0

Hubo un tiempo no muy lejano, conviene recordarlo, en el que los aficionados teníamos en la cabeza ese número indeterminado entre el 40 y el 45 que marca la barrera de puntos necesarios para mantenerse en primera división. Un tiempo no muy lejano, conviene recordarlo, en el que el Atleti perdía y empataba regularme. Dentro y fuera del Vicente Calderón. Jugando mal y jugando rematadamente mal. Cuando hoy, a diez o quince minutos del final, con el partido resuelto y viviendo tranquilos, las gradas del Coliseo colchonero se han arrancado a cantar, en un brote de alegría espontánea que invocaba el aura colchonero, he visto como algún altivo espectador rojiblanco torcía el gesto con desdén. Tirando de sonrisa condescendiente y equivocado espíritu de hidalguía. Como sintiéndose superior a esa gente que, y cito palabras textuales, se alegraba de cualquier cosa. ¿Cualquier cosa? El Atleti es hoy una maquina. Un rodillo imparable que pulveriza a sus rivales. Un engrudo impenetrable que apenas tiene fallos en defensa y un par de estiletes en punta, capaces de desangrar a cualquiera que se ponga delante. Vivimos una época espectacular e increíble pero mientras disfrutamos del momento deberíamos ser capaces también de no perder la perspectiva histórica. De ser felices. de no caer en ese efecto colateral del fútbol moderno que es la condescendencia. Torcer el gesto cuando Gabi un día, exhausto, no llegue a cortar un balón, chillar con el corazón en la garganta porque Juanfrán ha fallado un pase o llamar matado al mismo que hace cinco minutos querías dedicar un altar. Criterio. Cabeza. De la misma forma que hemos sido afición ejemplar en las derrotas necesitamos serlo también en las victorias. El futuro va en ello. Hubo un tiempo no muy lejano en el que soñábamos con vivir lo que hoy es realidad. Conviene recordarlo.

En esa preciosa y absolutamente futbolera hora que son las cinco de la tarde de un domingo, comenzaba uno de los grandes clásicos de nuestra liga: el Athletic Club de Bilbao contra el Athletic Club de Madrid. En tiempos nuestra matriz vasca, se presentaba hoy en el Calderón con un remozado equipo en el césped y un buen entrenador en el banco. Siempre he tenido admiración por Valverde, su forma de entender el fútbol y su forma de plasmarlo en sus equipos. Creo que el equipo vizcaino acertó con su fichaje pero lo visto hoy ha sido bastante decepcionante, aunque algo de mérito probablemente tenga también su equipo rival de hoy. Aun así el partido comenzó con los bilboarras mejor plantados en el campo y manejando mejor el balón y el partido. El enésimo golpe de efecto de Simeone para recuperar jugadores de su plantilla, hacía que los madrileños saltasen al campo, otra vez, con Adrián y por ende con un sistema algo desequilibrado. Jugando Diego Costa tan en punta y siendo Villa tan delantero, la presencia de Adrián hacía que el centro del campo se volviese a resentir como ya había ocurrido en Granada. Durante esos primeros minutos la intensidad del Athletic, junto a la superioridad en la zona medular, hacían que el Atleti pareciese partido y no fuese capaz de contrarrestar el juego vasco. Aun así, nunca llegaron a inquietar verdaderamente el área de Courtois.

Pero pasados quince minutos, acoplados los jugadores colchoneros a las novedades, Koke decidió echar un cable mayor del habitual al medio centro y el partido empezó ser otro. Tiago tomó los mandos del equipo (cada día está mejor el portugués y creo que como no espabile Mario Suárez va a perder la titularidad) y Gabi (¡qué jugador!) se puso a cortar y repartir. El capitán ha vuelto a dar esta tarde una lección de lo que se le supone a un mediocentro defensivo moderno. Intenso, duro, pegajoso, muy hábil en lo táctico, listo en lo técnico y generoso en lo físico. Gran partido del canterano sobre el que se empezó a construir la victoria. Y es que allí donde Gabi o Tiago sueltan el balón, a falta de Arda, aparece el bueno de Koke para poner juego y cordura. Para cuando llegó el primer gol del Atleti el partido ya llevaba tiempo en posesión de los de Simeone, haciendo desaparecer a un Athletic al que ya no se volvería a ver en todo el partido. Villa ya había avisado con un soberbio remate con parada imposible de Iraizoz pero el primer tanto llegó más tarde, por la derecha, con un pase de Juanfran (buen partido otra vez del lateral) al límite de la línea de fondo que Costa no puede rematar, lo toca un jugador vasco y lo recoge el guaje para engancharlo a la red. El Athletic moría un poquito más. La puntilla vino al filo del descanso con otro soberbio pase de Koke a Diego Costa (he perdido ya la cuenta de todos los que van) que el hispano-brasileño recoge, mima, encara y coloca en la red. Si Diego Costa está imparable lo de Koke empieza a ser también de tesis doctoral.

La segunda pase fue directamente un paseo que se jugó en su mayor parte en campo del Athletic de Bilbao (síntoma de personalidad y poderío) y en la que si no hubo más goles fue por culpa de Iraizoz, la suerte y una cierta querencia de los colchoneros por hacer engarce de filigrana en muchos momentos. La prometedora línea de tres cuartos vizcaina (Beñat, Muniain, De Marcos,...) siguió sin aparecer y el Atleti jugó prácticamente a placer. La única ocasión en contra que recuerdo es un arranque del propio Muniain, tras error de Raúl García, que lanzó cruzado y rozando el poste. El árbitro mal, lo normal, pero creo que lo fue para los dos equipos.


Y todo sigue igual. A un punto del Barça y 5 por delante del Real Madrid. Pero sacar 30 puntos de 33 posibles no es normal por mucho que algún recién llegado a la fiesta lo crea. No es que lo diga yo, es que lo dice, insisto, la historia. En tres días podemos sellar el pase de Champions y en siete días volveremos a tener otra final en la liga. Así es el fútbol de elite, sí. Y es precioso.