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¡Un abrazo!

Propia medicina

Villarreal 1 - At. Madrid 1

El Atlético de Madrid ha conseguido hoy un punto que no mereció en un mal partido, probablemente el peor de lo que va de liga, frente al mejor rival con el que se ha enfrentado desde que empezó a rodar el balón allá por el verano. Esa es al menos mi humilde opinión. Ahora podemos ponernos a buscar fisuras, descosidos, problemas y errores en nuestro equipo. Los hay, sin duda, pero creo que todo lo que podamos decir tendrá bastante que ver con el rival. Y es que a veces olvidamos que no estamos solos en esto. Se nos va de la cabeza el equipo que somos, de dónde venimos y también cómo hemos llegado hasta aquí. Construyendo un equipo de la nada y a base de trabajo, inteligencia y hacer las cosas bien hechas. El Villarreal ha empatado hoy un partido que mereció ganar haciendo precisamente eso. Superando las dificultades con ingenio, fútbol y entrega generosa. Haciendo un gran partido y jugando muy bien al fútbol. Eso que tantas veces nos ha servido a nosotros. Hemos tenido que beber de nuestra propia medicina y quizá eso sea algo a lo que no estemos acostumbrados pero que nos puede venir bien.

Pero el partido tiene más lecturas. Comenzó de forma inmejorable para los de Simeone. Un gran desborde por la banda de Juanfran (de los mejores del equipo colchonero) consigue colocar un buen balón en el centro del área que Koke intenta rematar y Mario mete en propia puerta. Todo se ponía de cara para los rojiblancos pero en los minutos siguientes ocurrieron varias cosas que fueron claves para el partido. En primer lugar la ambición del Villarreal. Un equipo por el que siempre he tenido simpatía. Por su forma de construirse como club, por su forma de plantear el fútbol y por su desempeño dentro del campo. A pesar de una afición que quizá este demasiado empapada con ese desagradable síndrome del “nuevo rico” que no le sienta nada bien, el Submario Amarillo es un ejemplo en muchos aspectos. A base de balón, coraje y fútbol, aupados sobre todo en ese mediocentro excelente que se llama Bruno, los jugadores de Marcelino se fueron a por el partido y se lo quedaron. Enfrente el Atleti aparentaba mostrar su habitual cara en estas ocasiones pero  era un espejismo. La tradicional presión brutal de los madrileños no era tal. En parte por el buen manejo de balón y la intensidad local, en parte por la falta de intensidad y desequilibrio visitante. El Atleti empezó entonces a mostrar ciertas inseguridades atrás, con un Insúa nulo en ataque y flojo en defensa y un Alderweireld aparentando solvencia pero mostrando dudas. Tiago, mucho mejor cuando el equipo domina los partidos que cuando tiene que defender, se veía desbordado y Gabi tampoco daba a basto. Koke trataba de echar un cable en defensa pero se le veía especialmente espeso. Como perdido. Eso le penalizaba la fase creativa y aparecía muy lejos del balón, lo que acrecentaba el problema. Al Atleti no le duraba nada el balón en los pies. Con Koke perdido, Raúl García volvió a recordar al eterno Raúl García. Ese jugador incapaz de sacudirse la presión y dar un pase en condiciones en el momento adecuado. Arriba Diego Costa, perdido en el juego, volvió a mostrar su cara más desagradable. Villa, otra vez, ni está ni se le espera. No entiendo ese empeño de Simeone en seguir jugando con dos puntas en los partidos de fuera, sobre todo con un Villa en ese estado. No aporta nada en ataque y con él perdido arriba el centro del campo se resiente. La primera parte fue todo un acoso del equipo castellonés frente a un Atleti absolutamente carente de fútbol, de juego y de creatividad. Justo lo que era necesario para quitarse la buena presión y el empuje del rival. Aún así el 0-2 podría haber llegado perfectamente antes del descanso si el árbitro ve un claro penalti a Villa cuando estaba a punto de rematar de cabeza otro pase excelente de Juanfrán. 

Uno, que está mal acostumbrado a la magia del Cholo Simeone, estaba convencido de que el descanso sentaría bien al equipo madrileño y que la segunda parte presentaría una cara muy diferente. Nada más lejos de la realidad. El partido siguió exactamente por los mismos derroteros o incluso peores. El Villarreal asentado en su empeño por llevarse el partido y el Atleti hundido en esa versión tristemente especulativa y carente de recursos. Cualquiera podía ver que el gol del equipo de Marcelino estaba a punto de caer pero el Atleti aguantó, achicando agua y generando poquísimo fútbol, bastante más de lo esperado. Por un momento llegó a pasar por las mentes colchoneras el espejismo de que se podían acumular tres puntos más, pero por una vez hubo justicia en el fútbol y el Villarreal empató en la enésima llegada que tuvo. Perbet entró al área tapado muy mal por Tiago, Alderweireld que se lo come (acrecentando esa leyenda que dice que defender en Holanda no es defender en España) y el pase de la muerte que dio a Uche es metido en propia puerta por Juanfrán.

La salida al campo de Arda puso un poco más de claridad al juego colchonero y a mí me surgió la duda de por qué el turco no había salido antes. Un gran pase suyo a un Villa que se quedaba sólo es desbaratado por un Insúa, que la primera vez que se suma al ataque es para molestar. Pero la realidad es que el Villarreal seguía llegando y queriendo ganar mientras que el Atleti había despertado demasiado tarde. El partido terminó en empate y creo que los colchoneros podemos darnos con un canto en los dientes.


Simeone, ante una pregunta impertinente de uno de esos periodistas que equivoca su lugar en este negocio, dijo que al equipo no le había faltado ambición hoy, sino que lo que le había faltado había sido creatividad y calidad para contrarrestar el juego del Villarreal. No puedo estar más de acuerdo. Me temo que una vez más el discurso de los huevos y la testiculina no funciona en este caso. Lo que hoy ha faltado es fútbol. Pero prefiero terminar repitiendo lo que acabo de colgar en Twitter: seguimos segundo en la liga. Crítica constructiva, sí. Cenizos catastrofistas, no.

Juguetes amortizados.

At. Madrid 4 - Austria Wien 0

La lengua castellana es rica, compleja y con una variedad infinita de matices que sirven para definir o explicar cualquier cosa. Bien, pues desde hace meses se nos está quedando pequeña para contar, sin repetirme, lo que pasa en el Atleti. Asusta. Sometidos a este infernal calendario en el que las cosas pasan a toda velocidad, generalmente nos es imposible recrearnos en nada y cualquier atisbo de melancolía o reposo mental sobre una determinada sensación placentera es devorado de inmediato por la inmediatez de la actualidad. Pero deberíamos hacer el esfuerzo. Sitúense en otros tiempos, lejanos y no tan lejanos, en los que la Champions League era un torneo que, como las Ligas Mayores de beisbol el 6 naciones o la NBA, veíamos por televisión sin demasiada presión. En el mejor de los casos, en tiempos del inefable Aguirre, era simplemente un “premio” que disfrutar sin grandes alharacas. Como un juguete usado y amortizado que se lo das a un niño malcriado para que lo destroce. “No era nuestra guerra”, decían. Vuelvan ahora al día de hoy. En noviembre, cuando todavía no están puestas las luces de navidad por las calles y a falta de dos partidos para terminar la fase de grupos (¡sobre un total de seis!), el Club Atlético de Madrid es ya matemáticamente primero de su grupo. Simeone podrá sacar a todos los reservas en San Petesburgo o en Madrid frente al Oporto, dos partidos que en el momento del sorteo inicial parecían no sólo claves sino de gran desgaste y que ahora aparecen como… como juguetes amortizados que puedes tirar a los niños para que los destrocen. ¿Notan la diferencia? Es evidente que sí. Por eso cuando Aguirre desgraciadamente entrenaba este equipo (con Agüero, Forlán, Simao y Maxi, que no eran tuercebotas, precisamente), aun ganando, un servidor llenaba las páginas de esta bitácora de rabia, dolor y sentimiento de incomprensión. Era una cuestión de concepto y no de números. Por eso ahora, incluso perdiendo, soy la persona más feliz del mundo. De entre todos los méritos que tiene Simeone, el más importante de todos es haber recuperado el Club Atlético de Madrid para los atléticos. El verdadero Club Atlético de Madrid y no cualquiera de los miles de sucedáneos baratos que han pululado por nuestra historia.

La crónica del partido contra el Austria de Viena no tiene, afortunada o desgraciadamente, mucho recorrido. El ambiente era muy frío al inicio del partido (afortunadamente se fue caldeando según entraba gente en el Calderón hasta completar un aforo bastante decente) y lo único que se hacía notar era no solo la animosa parroquia austriaca, situada en el fondo norte, sino también gran cantidad de extranjeros que me rodeaban. Resulta que ahora estar en Madrid y ver un partido de Champions con el equipo en mejor forma de Europa, pasa por visitar el Vicente Calderón. En diez minutos vimos lo que iba a pasar esa noche. Diez minutos que fueron como esa escena que se repite de forma periódica en las películas de Bud Spencer y Terence Hill y en las que el inmenso Bud agarra de su cabeza a un rival que trata de emplear todos sus recursos para pegar al grandullón pero que separado por el inmenso brazo que lo tiene sujeto de la cabeza, es incapaz de golpear nada. En el momento en el que el amigo Bud se aburre de la situación, sacude un mandoble al anónimo luchador y lo deja KO. Eso fue lo que ocurrió. El Austria salió con intensidad, con un buen planteamiento táctico y con un excelente manejo del balón. Fue capaz de meter al Atleti en su campo durante cinco o diez minutos, merodear el área de Courtois e incluso lanzar un tiro lejano que se acercó mucho al poste. El Atleti mantenía el brazo alargado sosteniendo la cabeza del Austria hasta que se aburrió de la situación. Corner desde la derecha, lío en el área, rechace que coge Miranda y gol. Fin del partido.

A partir de ahí el Atleti metió tres goles más como podía haber metido quince. Las buenas artes del portero rival, cierta relajación (aunque no mucha, no se crean) y ciertas querencia por hacer ejercicios de malabarismo y filigrana para regocijo de la grada, hicieron que la herida no fuese mucho mayor. El rival desaparecido. Con cada gol de los rojiblancos el rostro de los austriacos parecía decir: bueno, ya queda menos. El segundo tanto llegó con un remate de cabeza (de espaldas) de Raúl García a pase de Diego Costa también desde la derecha. Por hablar un poco de fútbol debo decir que me gusta más el dibujo que sacó el Cholo, con un centrocampista más. Aunque sea Raúl García. Quiero decir que me pareció buena idea quitar a Villa para dar minutos a Adrián en lugar de lo que hizo el domingo frente al Athletic.

Poco antes de llegar al descanso Filipe Luis aprovechó un balón por su lado izquierdo para hacer el tercero así que a la vuelta del vestuario, ya con el bueno de Óliver Torres (buena segunda parte del canterano) en el campo, la noche se antojaba larga para unos aficionados austríacos que no volvieron a cantar nada. Ni siquiera ese misterioso, incomprensible y absolutamente estúpido, “U-U-Ultra sur” que soltaron un par de veces. Leo por ahí que había infiltrados de la conocida peña madridista entre los aficionados del Austria. Se me hace difícil comprender la razón pero la verdad es que tampoco me interesa. Cosas verederes amigo Sancho. Con el partido resuelto Simeone se permitió enseñarnos a Guilavogui para demostrar que era verdad. No es el mejor partido para sacar conclusiones pero al menos no defraudó. En la parte positiva buen manejo del balón y ganas de agradar. En la negativa lo vi algo lento y con algún que otro despiste impropio de la élite  También saltó al campo el Cebolla, que hizo buenos minutos y provocó un claro penalti que Diego Costa falló. Un Diego Costa que para mi gusto debería haberse ido al banquillo en el descanso, en previsión de males mayores. Enchufadísimo, como siempre, el próximo internacional español recibió patadas a diestro y siniestro (también como siempre, por cierto). Creo que era un riesgo innecesario exponer al jugador a una lesión, pero el Cholo tiene sus códigos y no negocia con estas cosas. Al final Diego Costa se salió con la suya y volvió a marcar tras una gran jugada de Óliver Torres y taconazo de Raúl García.

Enésimo partido de poderío del nuevo Atleti que, de espaldas a los medios de comunicación madrileños y españoles (aunque esa es otra historia), nos coloca en lo más alto de Europa. Uno tiene la mala costumbre de ojear de vez en cuando la prensa de fuera y les aseguro que lo que dicen por ahí de nuestro equipo no tiene nada que ver con lo que vemos cada mañana en el quiosco de al lado de nuestra casa. Mientras los “analistas” patrios ignoran (y desprecian) al conjunto colchonero fundiéndose con gran empeño en esa especie de bacanal binaria de la estupidez, la soberbia y el forofismo más putrefacto y que defecan a diario para nuestra desgracia, por ahí fuera, con rigor y criterio, nos dedican tiempo para analizar una realidad más que evidente. Me siento un extranjero en mi propio país pero desgraciadamente no es nada nuevo.