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¡Un abrazo!

Objetivo intacto

At. Madrid 2 - FC Porto 0

Entiendo que, como un lícito ejercicio de análisis periodístico, se produzca el debate mediático sobre las posibilidades reales de este Atlético de Madrid dentro de las competiciones que disputa. El problema es que no lo veo. Lo que veo es un ejercicio de filibusterismo, rancio y nauseabundo, para tratar de sacar al cuerpo técnico del equipo (y por ende a su entorno y sus aficionados) lejos de su estable zona de confort actual. Obligar a entrenador, jugadores y aficionados a posicionarse respecto a objetivos concretos, que en cualquier caso no dejarían de ser un ejercicio de adivinación esotérica, es una trampa mortal para desguazar al que no tiene porque ser desguazado. Al que hace su trabajo sin meterse con nadie. Si el objetivo fijado es bajo será un cobarde o un hipócrita. Si el objetivo fijado es alto sería un fantoche, un fracasado cuando no lo consiga y sobre todo ya no tendrá sentido quejarse por el camino de una competición injusta y adulterada, fabricada por y para dos. Es fácil deducir, por las portadas, los tratamientos y el ejercicio diario de su profesión, que algunos de estos notarios de la realidad, los más poderosos, piensan que el aficionado al fútbol en imbécil y probablemente también muchos de nosotros, con nuestra forma de asimilar el alpiste o nuestro quehacer diario, les damos la razón, pero eso no cambia la repugnante realidad. Cuando en tiempos no tan pretéritos el ínclito presidente colchonero hablaba de que el objetivo del Atleti en Champions era “hacer un buen papel” no recuerdo asistir a ningún debate, nocturno o diurno, respecto a qué narices significaba eso. Será porque todos teníamos muy claro que eso significaba algo así como “hacer lo que se pueda en una competición que nos viene grande y no es para nosotros” y que eso coincidía con el papel que el Establishment ha concedido formalmente al Club Atlético de Madrid. Por eso resulta ahora mucho más chocante que los líderes de la información deportiva, lo que quiera que eso signifique, se tiren de los pelos cuando escuchan a Simeone decir que el objetivo es competir. Intentar ganar todos los partidos de uno en uno. ¿Existe alguna duda de qué significa eso?  Hay que ser muy retorcido y muy rufián o extremadamente estúpido para no querer entenderlo. Pero afortunadamente el Cholo y su mundo vive en una cápsula acorazada frente a majaderos y manipuladores y podemos decir con orgullo que finalizada la fase de grupos el objetivo sigue intacto.

Era una pena ver un Calderón semi vacío en el último partido de la primera fase de la Champions jugándose un Atleti-Oporto, pero la realidad era que el único equipo que se jugaba algo era el portugués, así que bendita pena. La gélida noche tampoco acompañaba demasiado por lo que es fácil entender que el partido comenzara un poco frío a pesar del nutrido grupo de aficionados lusos que estaban en el campo, principalmente en el fondo norte, pero también repartidos por todo el estadio. Simeone sabía que el Oporto se jugaba la vida y que necesitaba ganar para pasar a la siguiente fase de la competición así que los de Fonseca tenían que abandonar su tradicional forma de jugar, compacto atrás para salir a la contra, y tener que llevar la iniciativa del juego. El argentino preparó al Atleti para ello y se lo puso "fácil" al rival. Cediendo el balón, defendiendo en formación de 4-1-4-1 fuera del área, muy juntos y esperando al rival. Y así, simplemente con un ajuste táctico, desarbolo a un equipo, el portugués, que se siente muy incómodo con el balón. Incomprensible, viendo los jugadores que tiene, pero cierto. El remozado Atleti, con toda la defensa cambiada y Óliver torres escorado en banda en línea de tres cuartos, se limitó básicamente a repetir los mecanismos que los jugadores tienen interiorizados para defender y con eso le bastó. Los dragoes pudieron ponerse por delante en el marcador, con balón colgado al área que remataron al larguero en uno de los varios errores defensivos que tuvieron los rojiblancos (aunque de los pocos que normalmente tiene Miranda), pero la diosa fortuna normalmente su junta con los que ganan y ahora está con el Atleti. De hecho creo que algo tuvo que ver también cuando poco después vimos a Raúl García girarse tras recibir el balón en un saque de banda y sacarse un zurdazo, casi sin ángulo, que se cuela por la escuadra del Oporto haciendo carambola con los postes. El gol es espectacular y encumbra a un Raúl García que, merecidamente, escuchó corear su nombre al mismo estadio que hace poco lo pitaba, pero para mí el portero tiene bastante culpa también.

El equipo tripeiro, hasta entonces demasiado reservón para mi gusto, estiró un poco las líneas y trató de ir un poco más a por el partido pero tampoco fue una cosa exagerada. Más bien todo lo contrario. No daba la sensación de ser un equipo jugándose la vida. Aun así, dominaron la pelota y el partido y tuvieron varias oportunidades de marcar. Primero con un remate al larguero, después desperdiciando un penalti absurdo de Aranzubia (de serlo, porque en el campo resultó tan raro que no puedo saber si fue o no fue) que él mismo se encargó de neutralizar (ayudado en parte por lo mal que lo tiro Josué) y finalmente con otro tiro al poste  tras rebotar el balón en Alderweireld. La sensación es que el Oporto no había hecho mucho para merecer más pero si repaso lo que acabo de escribir veo que dice tres tiros al poste  y un penalti fallado, así que lo mismo mi percepción no es muy correcta.

Y entonces apareció Oliver. Puesto en el disparadero por periodistas lumbrera, de esos que se pasan la vida quitándose la pelusilla del ombligo mientras buscan la siguiente bomba demagógica a la que agarrarse, salió muy nervioso al campo, impreciso y nervioso. Falto de confianza. No me extraña. Pero el canterano, sin hacer un gran partido, se repuso al ambiente viciado (buen síntoma) y aportó en el equilibrio táctico (su principal talón de Aquiles) dejando tiempo de paso para alguna genialidad como el pase a la espalda que habilita a Diego Costa para que el hispano-brasileño hiciera ese segundo gol con el que los equipos se marchaban al descanso.

La segunda parte fue soporífera. Un frío cada vez más pesado en la grada, un Atleti con menos tensión que un banco del Retiro y un Oporto que poco a poco se daba cuenta de que no era equipo de Champions. Los lusos no estuvieron a la altura en ningún momento y deberían entender como un fracaso no clasificarse en un grupo en el que el Zenit pasa de ronda con seis puntos.


Lo dicho, objetivo intacto. El lunes sabremos quién es el siguiente rival que puede variar entre cocos como el Manchester City, históricos como el Milán o supuestas peritas en dulce como Olympiakos, pero yo en esto, una vez más, estoy con nuestro entrenador Don Diego Pablo Simeone: “toque quién toque no nos creemos mejor que nadie”. Tampoco peor, añadiría.        

Monólogo

Sant Andreu 0 - At. Madrid 4

Ocurrió lo que tenía que pasar. Lo que dictaría la lógica, si es que la lógica tuviese algo que ver o imperase en esto del fútbol. Lo que todo el mundo imaginaba que ocurriría pero también lo que no siempre ocurre. En el Atleti, precisamente, desde la vuelta a la primera división éramos grandes expertos en desafiar a la lógica y en alimentar con realidades los sueños de los equipos modestos que tenían la suerte, en el doble sentido del término, de enfrentarse contra el equipo madrileño. No hace falta echar la vista muy atrás para comprobarlo. La actual etapa gloriosa y envidiable del conjuntó colchonero comenzó sobre las cenizas de la enésima humillación sufrida en el campeonato de España de manos de un Albacete, que entonces militaba en segunda B. Tiempos de entradores pequeños que pensaban en pequeño, puestos ahí por una dirigencia indirigente que atendiendo a las necesidades de perfil bajo que manejaban, dilapidaban la historia, ensuciaban su esencia y destrozaban el espíritu rojiblanco. Pero esos tiempos, que ahora nos parecen tan lejanos, han quedado atrás afortunadamente. Tirando de lo que quedaba de esa centenaria esencia y a base de trabajo, el Cholo Simeone ha conseguido devolvernos con creces todo lo que se había perdido en el camino, para enseñarnos en el campo una máquina de competir. Una apisonadora imparable e incómoda que no hace rehenes ni especula con la profesionalidad. Tenga a quién tenga delante. Sea la competición que sea.

El partido de esta tarde contra el histórico Sant Andreu, equipo centenario de uno de los últimos barrios que todavía siguen siendo Barcelona con más de cien años de historia y el tercero de la Ciudad Condal tras Barça y Español, ha sido un monólogo colchonero. De principio a fin. Aburrido por lo monotemático y desequilibrado. Sin historia, sin trama y sin ver en ningún momento que existiese una sola posibilidad de que el equipo catalán pudiera hacer algo. El Atleti no dio opción en ningún momento. La alineación del Cholo estaba plagada de cambios pero seguía resultando imponente a ojos de un segunda B y no de segunda B. Era esperanzador para los atléticos ver a Óliver junto a Arda en la zona de tres cuartos, algo con lo que muchos hemos soñado, así como tener la oportunidad de ver a poco habituales como Aranzubia o Manquillo. La salida de ambos equipos dejó claro lo que pasaría el resto del partido. El Atleti dominando, ocupando muy bien todo el campo sin bajar en ningún momento la intensidad que lo caracteriza, mientras el equipo “cuatribarrado” corría detrás del balón. A los pocos minutos Raúl García ya estuvo a punto de marcar con un remate desde dentro del área que un defensor consigue sacar a córner. Poco tiempo después un gran pase desde la izquierda de Filipe Luis y un despiste garrafal del lateral izquierdo del equipo barcelonés, defendiendo por detrás y a muchos metros a su marca, hacía que el propio navarro rematase de primera, poniendo el primero en el marcador. Sin abandonar las inmediaciones del área del equipo catalán en ningún momento, el Atleti siguió insistiendo para que pocos minutos después un pase de Koke a la banda, mientras salía de su portería el equipo rival, es recogido por Manquillo que con clase da el pase de la muerte a Arda para que ponga el 0-2 en el marcador. Llevábamos 20 minutos de partido y ya estaban resueltos el partido y la eliminatoria.

Y así hasta el final del partido. El Atleti bajó un poco el listón de la presión pero siguió dominando el encuentro y el juego lo que le bastó para que el rival no inquietase en ningún momento. Me gustaría destacar el partido de Manquillo que sin ser el mejor del equipo me ha parecido bastante bueno y deja muestras de lo que ya intuíamos. Que es un excelente lateral con una pinta estupenda. Desde mi punto de vista debería jugar más. El resto del equipo rindió a gran altura destacando por encima de todos el turco Arda Turan que hoy volvió a demostrar que no sólo es un jugador soberbio sino que además es especial. De esos que hace lo que otros no hacen en el momento en el que nadie lo imagina. Como punto negativo el flojo rendimiento de Óliver. Muy voluntarioso pero perdido y desacertado. Especialmente durante el balance defensivo en el que siempre aparecía blando y descolocado. No me gusta el cariz que está tomando este tema.

La segunda parte fue incluso más aburrida que la primera, con un Atleti cada vez más cómodo sobre el campo y un Sant Andreu que se apagaba como un fósforo gastado. Escenario que se vio amplificado cuando a los diez minutos de la reanudación Arda, otra vez, acaba en gol una obra de arte iniciada por él mismo, que tras taconazo de Adrián, conducción del propio Arda y otro taconazo de Raúl García, recoge el balón dentro del área para girar dentro del área como un Derviche poseído por la iluminación y hacer el tercero. Los cambios de Simeone pusieron a Diego Costa y Villa en el campo (reservar jugadores es de cobardes) para que éste último cerrase la goleada de la tarde con un cuarto gol que se fabrica por tesón, fe y el detalle de la blandísima defensa catalana que no atina a parar al delantero colchonero.


Eliminatoria resuelta. A pensar en otra cosa. Eso sí, se me hace muy difícil encontrar algo dentro de mi cuerpo que me anime a acudir al Calderón a morirme de frío en lo que será el partido de vuelta. El Campeonato de España, la Copa del Rey, es un torneo precioso y prestigioso (el más antiguo que se disputa) pero está en manos de burócratas incompetentes. Esa estirpe de personajes de traje y sonrisa falsa que, no sé sabe bien por qué, dominan la Federación Española de fútbol para fabricar aberraciones cutres y paletas con las giras de la selección española o para maltratar y destrozar una competición como esta. Uno echa un vistazo a la Copa inglesa, por ejemplo, y no alcanza a comprender por qué no podemos hacer aquí algo parecido. Pero es lo que hay y mientras Cristiano Ronaldo gane el Balón de Oro o cambie regularmente de peinado parece que todo está bien.