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¡Un abrazo!

Cuento de Navidad

Era víspera de navidad y el “Señor atleti” hacía sus cuentas en solitario sin importarle lo que pudiesen pensar o decir sus “aficionados”. El “Señor atleti” decía ser dueño de la empresa en la que todos vivían y no se preocupaba más que de exprimirla por dentro mientras intentaba aparentar por fuera que estaba sana. Su proverbial y desconcertante avaricia era sin embargo desconocida para el resto de la ciudad aunque no así para los aficionados que espiritualmente vivían de acudir religiosamente al “Calderón”, que por otro lado el “Señor atleti” también decía poseer. Eran tiempos difíciles para los aficionados donde lo único que podían hacer era aplaudir al impertérrito “Señor atleti” sino querían ser expulsados por “pesados”.

La víspera de Navidad el “Señor atleti” se fue a dormir sin alegría porque entendía que la alegría, el espíritu, la hermandad o la belleza son conceptos retrógrados que a nadie le importan. No son realistas, no se miden, no se venden y por lo tanto no importan. El “Señor atleti” estaba satisfecho con los objetivos “realistas” que se había auto puesto de tal modo que con esos números tan aparentemente gráficos, sin serlo, golpeaba a cualquier estúpido que acudiese a su puerta reclamando algo de diversión, orgullo o incluso dignidad. El “Señor atleti” se acostó pronto porque no tenía nada que celebrar con nadie.

Pero pasadas unas horas el “Señor atleti” se despertó súbitamente y agitado. El corazón de piedra que nada sentía hacía unos minutos parecía salirse ahora de su cuerpo y se quedó paralizado cuando vio justo delante un inmenso ser que lo miraba fijamente con ojos de bondad pero rictus severo. Le resultaba familiar esta cara al “Señor atleti” pero no terminaba de ubicarla. “Soy el espíritu del Atlético de Madrid del pasado y vengo a que des una vuelta conmigo”. Sin tiempo para reflexionar sobre lo que estaba pasando el “Señor atleti” se vio en la antigua Ronda de Vallecas, justo al borde del retiro, donde unos estudiantes de ingeniería vascos enfundados en sus casacas blanquiazules y sobre un campo ligeramente inclinado, disfrutaban de ese deporte que habían inventado los bárbaros de la pérfida Albión. Sus primos de Bilbao les habían dado la idea y allí estaban los fundadores del Athletic de Madrid jugando su primer partido. El “Señor atleti” dibujo entonces una desconocida sonrisa en su rostro.

Tras un breve parpadeo, el “Señor atleti” pudo ver el traslado del equipo al estadio Metropolitano y tras muchos partidos apasionados y de buen juego que pasaban a toda velocidad por delante de su mirada al final se detuvo en lo que parecía ser la calle de Bravo Murillo viendo corretear a un chaval de 14 años con gorra que gritaba a todo pulmón: “goleada, goleada”… El “Señor atleti” esbozo otra ligera sonrisa al recordar la hoja que resumía los resultados de la jornada cuando no existía radio ni televisión pero la sonrisa se tornó asombro cuando vio en la hoja que el Atlético había ganado la liga. Sin tener tiempo para unirse a las huestes que venían celebrando por la avenida de Reina Victoria el “Señor atleti” dio otro salto en el tiempo para ver como el club conseguía en propiedad con el dinero de su patrimonio el estadio Metropolitano en unos excelentes años de títulos y gestiones por parte de la presidencia colchonera, una presidencia amateur y entregada que entonces no vivía de ello.

Todo seguía avanzando muy rápido ante los ojos del “Señor atleti” pero le dio tiempo a ver y recordar la junta que decidió construir el estadio del Manzanares con el dinero de los socios colchoneros, la recopa ganada, las ligas, las copas, la maldita final de la copa de europa, la copa intercontinental, la sección de balonmano, el madrileño en segunda división, la sección de voleibol…. El “Señor atleti” vio también como hablaban los entrenadores y equipos rivales de los “colchoneros”, lo que se pensaba en Europa de ese equipo o el orgullo y la exigencia de una afición radical y exigente en lo sagrado pero generosa y entregada con la esencia del club. Al final, la mirada del “Señor Atleti” se posó en un pequeño hogar madrileño donde observó como un abuelo orgulloso de su atleti contaba a su nieto las hazañas de aquello en lo que creía y con lo que se sentía identificado. El “Señor atleti” volvió al calor de su alcoba sin todavía poder borrar la sonrisa de su cara.

Pero no le duró mucho el sueño ni la sonrisa al “Señor atleti” porque pocas horas después una luz cegadora entró por la ventana de su habitación alumbrando el rostro de un tipo delgado de traje roído y pelo lacio que llevaba un decadente collar de pedrería colgado en su cuello descamisado. “¿quién eres y qué haces aquí? pregunta asustado el “Señor atleti”. “Soy el espíritu del Atlético de Madrid del presente y vengo a que te des una vuelta conmigo”. Sin tiempo de reaccionar el “Señor atleti” va pasando por todas las redacciones deportivas del presente y escuchando los continuos chistes que de su equipo se hacen allí. Como ráfagas aparecen ante sus ojos diferentes escenas que aunque no le son del todo ajenas ahora tienen un significado diferente… ve como unos jóvenes ataviados con la camiseta del Liverpool y la bufanda del atlético de Madrid celebran en Neptuno la consecución de la cuarta plaza de una liga para olvidar, ve como el equipo cae eliminado en la UEFA haciendo el ridículo y jugando al patadón frente a un equipo que sólo sabe jugar al patadón. Ve la cara de los aficionados colchoneros cuando salen del estadio (en Madrid y en Barcelona) después de ver como les han metido seis goles, caras que contrastan con la forma insultante con la que el entrenador explica después el “traspiés”. Ve como los aficionados en el Calderón se van sistemáticamente del estadio sin que los jugadores agradezcan sus constantes ánimos, ve como las ruedas de prensa de nuestro entrenador se parecen sospechosamente a las ruedas de prensa de los equipos que pelean por el descenso y ve como la gente en el estadio se aburre hasta la extenuación. Nota cierta vergüenza también al ver como su equipo sale normalmente acobardado a los campos y como de hecho es incapaz de ganar a ninguno de los llamados equipos grandes con los que hace unos años jugaba de tú a tú. Ve como en los mercadillos europeos aparecen camisetas del Madrid y del Barça pero también del Sevilla, Villarreal o Valencia mientras es incapaz de ver una sola con los colores rojiblancos y el escudo del atleti. También ve como se firma un bochornoso acuerdo con el ayuntamiento para abandonar su estadio a cambio simplemente de jugar en otro estadio supuestamente mejor que está por hacer, que está fuera de Madrid y cuya forma final está además condicionada a la concesión o no de organizar unos juegos olímpicos a la ciudad.

La escena se para en un humilde hogar del barrio de la Arganzuela donde se ve a un gentil anciano dormido frente al televisor en el que están echando un soporífero partido de liga del Atlético de Madrid. El “Señor atleti” reconoce la cara del anciano como la del crio al que antes su abuelo le estaba contando las hazañas de su atleti. La siguiente generación sin embargo, los hijos y nietos del dormido anciano, están ahora en otra habitación, ignorantes y ajenos a lo que ocurre en la pantalla. El “Señor atleti” observa con algo de lástima la camiseta del Real Madrid que lleva puesta uno de los nietos del anciano y no puede evitar soltar una lagrimita antes de volver a su habitación.

Casi sin tiempo de volverse a dormir y sabiendo lo que falta, el “Señor atleti” espera sentado al “espíritu del Atlético de Madrid del futuro”. Se trata de un tipo bajito y arrugado de lustre opaco y voz altiplana. Sin apenas dirigirse la palabra ambos recorren sin demasiada pasión el panorama gris y taciturno que depara el recorrido. Los periódicos deportivos ya no citan nunca al equipo en la portada y solamente en las remotas páginas interiores, entre fotos de chicas desnudas y los últimos cotilleos del “corazón deportivo” se puede encontrar algo relacionado con el equipo. La institución parece cumplir puntualmente y con solvencia el objetivo marcado por la directiva de permanecer en primera división, hazaña que celebran eufóricos en Neptuno los pocos aficionados al atlético de Madrid que quedan, casi todos ellos venerables ancianos simpáticos y generosos que siguen soñando con volver algún día a jugar la Intertoto. Existe también un “nutrido” grupo de siete personas, inadaptados sociales de edades centenarias también, que no se soportan entre sí pero que abogan por separado por un atleti distinto. La plantilla del equipo está compuesta por 22 jugadores extranjeros lo que no es ninguna sorpresa teniendo en cuenta que las categorías inferiores han desaparecido hace años por no ser “rentables”. El equipo juega desde hace 15 años en unas instalaciones supletorias colocadas en la salida 20 de la M-70 mientras espera con ansiedad que se culminen de una vez por todas las obras de lo que antiguamente se llamaba “La peineta” y que quedaron congeladas hace tiempo debido a una terrible crisis poco después de que el ayuntamiento decidiera unilateralmente derribar el Vicente Calderón. El antiguo emplazamiento del mítico estadio es ahora un bonito y ecológico centro comercial dedicado al fútbol donde se encuentra la tienda del Real Madrid más grande de Europa. Por razones comerciales el equipo ya no juega de rojiblanco sino con unos simpáticos rombos de color pastel que imitan el logotipo del patrocinador del equipo. El juego que despliega en el terreno de juego es el clásico “pelotazo con cerrojazo” que han adoptado como propio y que llevan practicando con destreza desde tiempos inmemoriales. De hecho asistir a un encuentro del atleti es toda una epifanía a la tristeza y una ambiciosa elegía a la mediocridad con la que su escasa y menguante afición se siente identificada y contenta hasta el punto de que la mayor fuente de ingresos del club proviene de una línea de merchandising para frikis que se lanzó con el lema “somos el pupas”.

La imagen se para en la celebración de una boda donde podemos ver un corro en el que está el nieto que llevaba la camiseta del Real Madrid, ya mayor, con la cara completamente colorada de vergüenza mientras que sus colegas se ríen a carcajada limpia. El motivo parece ser que uno de ellos se ha enterado de que su abuelo era abonado del atleti. El “Señor atleti” no necesita más y pide entre sollozos que acabe aquello pero todavía le queda asistir entre lágrimas verdaderas al día en que la licencia deportiva del club es retirada por reiterados impagos, la huida a las islas Caimán de los dirigentes, la declaración en quiebra de la entidad y la desaparición tácita de lo que en tiempos fue un grandioso club. El “Señor Atleti” asiste a su propia muerte. Sólo 7 ancianos acuden al entierro juntándose en el mismo sitio y a la misma hora por primera vez en su vida.

El “Señor atleti” se despierta el día de Navidad preguntándose si todo ha sido un sueño pero comprobando aliviado que todavía no ha pasado nada. Empieza el año 2009, el equipo está en posiciones dignas, el estadio sigue en pie y existe un nutrido y apasionado grupo de seguidores dispuestos a cualquier cosa por su atleti. Abre las ventanas, toma un profundo soplo de aire fresco y decide encarar con espíritu renovado el futuro. “Al futuro sin olvidar el pasado”, se dice para sí mismo…¿o quizás está diciendo todo lo contrario?

(Artículo públicado en Pobreatleti.com el 18/12/2008)

Gafas y jersey suelto (duerme bien viejo amigo)

“Que forma de reaccionar...¿Sabías que no estabas volviendo?¿Había una luz al final?”

Existe un subgénero cinematográfico no muy reconocido por la crítica especializada que es ese en el que se enmarcan las películas de adolescentes en el instituto. En esas películas siempre hay fiestas, chicas guapas, baile de fin de curso y reyes del baile. Muchas de esas películas tratan también de una chica tímida y fea que acaba siendo precisamente la reina del baile aunque gracias a Dios el público de este género no es muy exigente y prefiere quedarse en el concepto porque sería muy fácil observar que basta quitarle las gafas y el jersey suelto a la chica fea para que se convierta en un bellezón de repente. En otras palabras, la chica es un bellezón desde el principio pero le ponen gafas y un jersey suelto para disimularlo. El Atlético de Madrid actual es esa chica fea que no lo es. Es esa chica guapa por dentro que desgraciadamente aparece en público con gafas y jersey suelto por alguna razón que se escapa a mi conocimiento. En la noche de hoy frente a un Español en caída, con una racha de resultados buena y una situación inmejorable en los primeros minutos de juego el equipo prefirió olvidarse de peinados bonitos, escotes generosos y poderío de ganador. Su lamentable entrenador, Javier Aguirre, decidió volver a vestir el equipo con lo que a él más le gusta: gafas y jersey suelto.

Y es que el equipo salió bien lo que afortunadamente es algo que se está convirtiendo en una costumbre. Frente al empuje inicial del Español el equipo se plantó serio, ambicioso, presionante y poderoso. Con esas premisas puede ocurrir cualquier cosa, es cierto, pero lo más normal es que teniendo el equipo que tenemos la mayoría de las veces obtengamos botín positivo como así fue en la noche de hoy. Una de las muchas jugadas trenzadas que hacía el equipo por la banda izquierda (¡cómo lo oyen!) acabó en un centro al área que Asunçao no puede rematar pero que recoge Maxi, gira el cuerpo para cambiarse la pelota de balón dentro del área y empotra el esférico en el fondo de las mallas con una violencia terrorífica. 0-1. El partido estaba controlado, el ritmo era bueno, el Español no encontraba su sitio, el control del balón era del atléti, el control del partido era del atleti y el partido se presentaba tranquilo y divertido... hasta que Javier Aguirre decidió, como siempre, sacar las gafas y poner el jersey suelto.

“Puede que las cosas hubiesen cambiado. Tu estarías ahí de pie sonriendo otra vez. Ahora flotas hacia el cielo.”

A partir de ese momento el partido entró en la dinámica que desgraciadamente es ya marca de la casa. Alergia al balón, lentitud, desapego por la velocidad, patadas, balonazos, pérdida de tiempo, especulación, fallos en defensa, fallos en ataque, centro del campo inexistente física y espiritualmente, juego aéreo, tosquedad, aburrimiento... les prometo que este que escribe ha flaqueado un par de veces y ha estado a punto de dormirse. ¿El Español? pues eso, un equipo muerto al que le das el balón y le dejas jugar cerca de la portería contraria suele venirse arriba y eso hizo. Lo hizo el Español y lo hicieron todos los equipos contra los que hemos jugado y nos hemos puesto por encima en el marcador. Alguien debería tomar nota y alguien debería aprender de los errores pero ni una cosa ni la otra.

Comenzó la segunda parte con la misma dinámica que acabó la primera y lógicamente pasó lo que tenía que pasar, un agujero tremendo en la banda izquierda es aprovechado por el Español para que Sergio Sánchez empale el balón a la escuadra contraria de Leo Franco que no puede hacer nada. 1-1 y la fría y desanjelada grada periquita se las promete felices... pero es en ese momento cuando vemos que el Atleti no es esa chica fea que parecía minutos antes sino un bellezón con grandes atributos. Con el empate en el marcador parece que las gafas y el jersey suelto ya no tienen sentido y con bastantes minutos de retraso por fin aparece el equipo que todos queremos. Ese equipo de pegada contundente, de velocidad y desmarque, de ambición y ganas. Como si los jugadores hubiesen recibido una ración de alguna sustancia dopante para la psyque el equipo se va hacia arriba, se apodera del ritmo, se apodera del balón y se apodera de las oportunidades. Sinama que acababa de sustituir a Forlán tiene el gol en sus botas en una gran jugada personal pero sólo es un aviso del pase que minutos después mete a Agüero para dejarlo enfrente del portero. El Kun intenta rematar de primeras pero un rapidísimo defensor españolista se interpone. El rechace cae de nuevo al Kun que vuelve a rematar pero vuelve a interponerse le mismo defensa y el portero aunque la pelota vuelve al Kun rebotada y esta vez no falla. 1-2.

“Todo por lo que has trabajado se ha ido pero todo el mundo simplemente sigue adelante. Te veré de nuevo con el tiempo. Duerme bien querido amigo”

Hubo otros dos goles antes del final del partido pero en este momento todo el mundo sabía que ganaría el atleti. En un despeje desde el área colchonera el balón llega a Maxi en una banda. El argentino se va en carrera del defensor, regatea a otro dentro del área y vuelve a empotrar el portero. Maxi, otro de esos jugadores de nuestra plantilla que junto a Simao, el Kun o Forlán está en un excelente estado de forma. Hubo también un gol anulado al Español (bien) por fuera de juego y un último gol de los pericos en el enésimo córner en contra que no sabemos defender pero todo ello fue realmente anecdótico.

Andrés Montes, Kiko y hasta un tipo tan poco observador para con el atleti como Salinas se ha dado cuenta esta noche de que es una vergüenza que este equipo con esta plantilla decida especular de forma lamentable cada vez que va por delante en el marcador. Ya quedan menos ¿Todavía queda alguien que no lo vea?

Sleep well dear friend (D. Katkhuda)
Obi - Diceman Lopez (Cooking Vynil/2004)