Dr Jekyll en Mr. Hyde

Getafe 0 - At. Madrid 1

Se me hace difícil entender que un jugador de fútbol tenga en la cabeza no ir hacia la portería si tiene la oportunidad de hacerlo. No correr a por el balón si todavía tiene fuerzas para ello. No poner intensidad si no hay ninguna razón para no hacerlo. Soy de los que creen que la labor del entrenador en el fútbol moderno es mucho más importante de lo que otros muchos fans de las individualidades creen, pero a veces el excesivo control del partido desde el banquillo provoca efectos secundarios que pueden llegar a paralizar al conjunto. Transformar al Dr Jekyll en Mr. Hyde. El Atleti casi tropieza en Getafe después de realizar una segunda parte ultra especulativa y mala, que tiene más delito todavía tendiendo en cuenta que viene después de realizar una de las mejores primeras partes fuera de casa que yo recuerdo en mucho tiempo. Puede que sea el cansancio (Champions el miércoles, gran exceso en los primeros 45 minutos) pero he notados ciertos tics que no me han gustado nada y que nos han podido contar un disgusto.

El partido comenzó con un ritmo trepidante y el clásico nivel de intensidad que plantean los jugadores de Simeone. En apenas cinco minutos ya vimos cuales serían las reglas del juego y que éstas estaban definidas por los rojiblancos. Parecían no estar dispuestos a ceder ni una sola de las fases del juego y a ello se pusieron. Dominando el balón, el juego, el tempo y el campo. Entrando por la izquierda, con un Siqueira algo más inspirado de lo que acostumbra y que ha tenido un par de detalles muy interesantes, y haciéndolo por la derecha con Juanfran que sigue en estado de gracia, como tocado por alguna divinidad. Koke era el mariscal del centro del campo mientras que Arda y Griezmann conectaban bien entre líneas. Excelentes minutos de los rojiblancos que jugaron muy bien al fútbol y cuyo único pero, otra vez, fue no encontrar puerta. Con muchos córners, varios balones colgados, algunos tiros desde fuera (Griezmann, Raúl García,...) pero siembre con falta de precisión a la hora de encarar la puerta. El Getafe no existía pero tuvo dos claras ocasiones que Moyá desbarató con mucha solvencia. Al final el gol llegó, como no, tras un saque de esquina botado por Koke y tras un lío en el área que aprovechó el más listo en ese ambiente: Mario Mandzukic.

Personalmente pensaba que lo que quedaba del partido sería tranquilo. El Getafe no había enseñado nada y el Atleti es un maestro a la hora de controlar partidos. Nada hacía pensar que pasaríamos los nervios que luego pasamos pero desgraciadamente hoy se le fue la mano al equipo a la hora de especular y controlar el juego. No sólo es que reculase en su posicionamiento en el campo, que también, sino que mató el ritmo, eliminó la intensidad y lo que es peor, parecía como si no quisieran ir a buscar la portería contraria. Eso metió al Getafe en el partido que aprovechando el parón y tirando de violencia. Casi si querer se adueñó del encuentro y lo hizo independientemente de la estupidez de Alexis y su deriva macarra que acabó sacándolo del campo y dejando a su equipo con 10. El getafense perdió un balón en banda, se cabreó y le soltó un codazo a Mandzukic tan evidente como estúpido. Es muy probable que los medios de comunicación tengan bastante que ver en lo que voy a decir pero mi sensación es que los equipos que se enfrentan al Atleti confunden intensidad con violencia. El equipo de Simeone es un equipo intenso, muy intenso, pero eso no se puede contrarrestar a base de patadas, codazos a destiempo y marrullería de baja estofa. Es de hecho un error que ya han cometido varios equipos. Debemos hacer especial mención en esta crónica del terror a un tal Juan Rodríguez, un jugador mediocre y sucio que se ha pasado el partido pisando por la espalda a sus rivales. Un tipo tan cerdo dentro del campo como miserable fuera de él, a la hora de justificar su acción de forma lamentable en los micrófonos de Canal +. Una de esas anomalías que salpican de vez en cuando el fútbol pero que afortunadamente nadie recordará nunca como futbolista y si como autor de lamentables sucesos. 

En la feria del despropósito acabó ganando el Getafe que con más corazón que fútbol (y gracias sobre todo a esa extraña indolencia de los colchoneros que unían a su mala gestión del balón) metió al Atleti en su campo y se lo hizo pasar mal. No hubiese extrañado a nadie que los azulones hubieran conseguido al final el empate en cualquier rechace o jugada desafortunada. 

Pero los tres puntos se quedan en el bolsillo de Simeone, que como bien acaba de decir en rueda de prensa, prefiere sacar pecho diciendo que su equipo ha ganado los tres partidos que ha disputado en la semana. Y tiene razón. El equipo sigue en la pomada de la liga. A dos puntos del primero. Luchando con los grandes. Partido a partido. Seguimos.

  

Resurrección

At. Madrid 5 - Malmö 0

El fútbol es un deporte de apariencia muy sencilla pero de fondo muy complicado. Es tan evidente que no descubro nada. Salvo para los excelsos analistas de este país en el que vivimos, todo el mundo del balompié reconoce que lo que hizo Simeone en el Atlético de Madrid es básicamente un milagro. Un fabuloso trabajo difícil de repetir. Montar una estructura deportiva tan bien encajada, tan potente y tan exitosa es tremendamente complicado y tiene mucho mérito. Por eso cometeríamos un error, que además sería muy injusto, si planteamos el año pasado como referencia de todo lo que le pase al Atleti a partir de ahora. La nueva temporada ha comenzado rara y con un equipo sin varias de las piezas que eran básicas en aquel equipo milagro. Tenemos un conjunto diferente que está en fase de construcción y eso tenemos que asumirlo cuanto antes. Lo que tenga que venir vendrá, pero nunca será lo mismo. 

Hoy el Atleti ha goleado al Malmö sueco justo cuando se alcanza el meridiano de la Liga de Campeones y lo ha hecho con una brillantez que tiene truco. Empatando a cero en la primera parte y metiendo cinco en la segunda. ¿Existió realmente tanta diferencia entre ambos tiempos? Yo no lo creo. La gran diferencia fue probablemente la distinta intensidad con la que se jugó pero sobre todo la capacidad para hacer gol. Mientras en los primeros 45 minutos el equipo colchonero estaba gafado y parecía incapaz de traspasar la red en los 45 segundos la pelota llegó siempre a la red. Los tiros entraban, la pierna de Mandzukic llegaba primero y los balones mordidos de Griezmann caían entre los tres palos. ¿Por qué ocurren estas cosas? Si lo supiese sería entrenador y me ganaría la vida con ello. No creo que nadie lo sepa, pero es parte indisoluble del fútbol.

El partido comenzó frío, más de lo que corresponde a un encuentro de Champions. La culpa no fue precisamente del carácter escandinavo ya que al Calderón acudieron varios miles de suecos de Escania que aportaron color, tuvieron un comportamiento ejemplar (además de envidiable) y que durante muchas fases hicieron notar su presencia por encima de la nuestra. El Atleti salía con una alineación que personalmente me encantaba, con Griezmann y Arda acompañando a Manduzukic, más Koke y Saúl por delante de Mario Suárez. Con esta combinación consiguieron hacerse dueños del balón y llegar con facilidad al área pero faltaba el ritmo y la intensidad de otras veces. Los suecos tuvieron excesiva facilidad para enfriar el partido y aprovechando un Atleti totalmente volcado por momentos, tuvo ocasión de probar a Moyá un par de veces antes de irse al descanso. En el Atleti destacaba (aparte de Arda que con su mero trote tan poco ortodoxo es suficiente para destacar) un Saúl que estaba bien asentado en el mediocentro y era el que mejor conectaba en ataque. La mejor jugada llegó sin embargo, como no podía ser de otra forma, de la mano del otomano que de pase magistral habilitó a Griezmann delante de la portería para que el francés, henchido de ansiedad, empotrase el balón en el larguero y Manduzkic, henchido de ansiedad también, no fuese capaz de rematar después en boca de gol.

Pero la segunda parte fue muy diferente. En cuanto rodó el balón parecimos ver mayor brío entre los jugadores rojiblancos pero lo que si que apareció, sin ninguna duda, fue mucho fútbol. Y mucha calidad. Cuando el Atleti fichó en verano a Griezmann imaginaba lo que sería verlo combinar con Arda y Koke. Hoy he podido hacer realidad ese sueño. A base de combinación, paciencia y calidad, el cuadro de Simeone metió al equipo sueco en su área y le hizo cinco goles. El primero de excelente combinación por la derecha entre Griezmann y Arda en la que, tras un millón de pases, Koke recogió el balón dentro del área grande para meterlo en la portería. Un jarro de agua fría para agoreros, cenizos y seguidores de esa canción del verano que dice que el Atleti sólo sabe jugar directo o a balón parado. El segundo vino por el mismo sitio pero tras pase de Koke al centro del área que Mandzukic aprovechó para ganar en la anticipación a su central y conectar con el balón. Enseguida Griezmann recogió un balón en la línea de tres cuartos para, de jugada individual, encarar la portería y aprovechando la suerte que antes no había tenido, meter el balón en la portería de parábola tras golpear el balón en el portero. Significativo, me parece a mí, el que el francés celebrara su gol a la carrera lanzándose a los brazos de Simeone que lo esperaba en la banda. Buen feeling. Con el 3-o el partido era ya una fiesta pero, como no, faltaba el gol a balón parado. Un gol que he escrito ya un millón de veces: saque de córner de Koke y remate de cabeza de Godin. El quinto llegó en las postrimerías del partido y lo hizo un Cerci que llevaba pocos minutos en el campo y que recogía el rechace de su primer disparo a puerta (un excelente tiro de efecto que se estrelló en el poste) para repetir el mismo tiro, menos plástico y con menos parábola, pero certero esta vez.


Magnífico resultado que eleva al equipo a encabezar la clasificación y que alisa algo más la pista de una fase de grupos que se había complicado mucho tras el primer partido. El Atleti sigue vivo y la vuelta de los delanteros puede servir de partido resurrección. Permanezcan atentos. 

Caricatura

At. Madrid 2 - RCD Español 0

Llenar los millones y millones de minutos, páginas e imágenes que los medios dedican a eso que ellos mismos denominan “información deportiva” (sin serlo) debe ser realmente difícil. Desde ese punto de vista puedo entender que los análisis se estiren como el chicle pasado, los temas se mastiquen hasta hacerles perder sus sabor o que los detalles pasen a tener una importancia que en el fondo no tienen. He llegado a convivir naturalmente con ello, pero me molesta cuando se abandona un mínimo de rigor para construir sobre la caricatura. El Atleti tiene un problema de creación probablemente desde el siglo pasado. No es algo que trajese Simeone. El año pasado el déficit se suplía con el intermitente genio de Arda o la fiabilidad prusiana de Koke pero sobre todo con la verticalidad animal de Diego Costa. Este año no tenemos al hispanobrasileño y además no existe ahora mismo otro jugador igual en el mercado así que las costuras se ven más. Es obvio. Más allá de enfermedades casi endémicas, el “problema” del Atleti de este año, para mí, está en la falta de gol de sus dos delanteros de referencia: Mandzukic y Griezmann. Si eso se soluciona las cosas se verán completamente diferente. Pero es que no todos lo partidos son iguales, además, y por eso centrarse hoy en el circense debate del juego a balón parado, precisamente hoy, me parece reducir el análisis a la caricatura. Y hacerlo a mala leche, además. El Atleti ha tenido el 60% de la posesión, ha rematado 20 veces y 9 de ellas lo ha hecho entre los tres palos. Ha tenido fases en las que los de Simeone han sido una apisonadora intratable frente a un equipo, el catalán, que simplemente se dedicaba a tratar de defender renunciando incluso a la posibilidad de cualquier plan B. Si Mandzukic mete los dos cara a cara que ha tenido (tendrá que meterlos) y Griezmann no hubiese tirado al poste estaríamos hablando de otra cosa pero los profesionales de la información prefieren no gastarse en elaborar su análisis y seguir tirando de caricatura.

La primera parte del equipo madrileño fue muy buena. Con intensidad, dominio del juego, buen manejo del balón y equilibrio. El Atleti llegó por la derecha y por la izquierda pero desgraciadamente los de Simeone traducían el dominio en ocasiones pero no en goles. Pudo marcar nada más empezar y pudo hacerlo mucha veces después pero tuvimos que esperar a las postrimerías de la primera parte, cuando un balón colgado desde la derecha fue rematado en el área por la cabeza de Tiago para dar una parabola infernal al balón y meterlo en la red. Hasta ese momento el mejor del Español había sido su portero, Casilla. Es cierto que los catalanes habían tenido una clara ocasión con un pase al segundo palo que fue desbaratado in extremis por Moyá pero esa jugada, sinceramente, entra dentro de la categoría de anécdota. Tiago era dueño absoluto del medio campo (la importancia del portugués en este equipo es brutal) y el equipo rojiblanco jugaba en terreno del rival todo el tiempo pero Mandzukic, muy lejos del área en demasiadas ocasiones, no conseguía conectar ni con el equipo ni con la puerta. Creo que tampoco ayuda en esta empresa la presencia de un Raúl García que, como el croata, es más rematador que combinativo y que por lo tanto es también dependiente del juego entre líneas. Un juego entre líneas que es muy difícil con Griezmann en el banquillo.

La segunda parte comenzó igual que acabó la primera pero con la mala noticia de la lesión muscular de Tiago. Su posición la ocupó un Mario Suárez que hizo buenos minutos. Buena noticia. En ese contexto destacó sobre todo la presencia de Godin, imperial una vez más y demostrando que está al nivel de los mejores centrales del mundo. Los periquitos intentaron poner más fútbol y presencia en el campo pero todo se les vino abajo cuando un barullo en el área tras córner desde la derecha es rematado de cabeza por Giménez (buen debut del uruguayo) para conseguir meter el balón en la misma línea de gol y que el propio Mario Suárez pusiese el 2-o en el marcador. Poco más. El Español no supo hacer daño y el Atleti no quiso desangrar al rival. El equipo barcelonés no fue rival en ningún momento y dio una imagen muy pobre. Por eso me resultan especialmente patéticas las declaraciones de Sergio González, entrenador blanquiazul, anunciando sin rubor que su equipo no fue inferior al colchonero, más allá del juego a balón parado. Resulta muy miserable tirar de demagogia barata para justificar la negligencia propia pero más todavía hacerlo subiéndose a la grupa del jingle mediático de moda. Mal augurio el de este caballero.


Tres puntos importantes que mantienen al equipo en lo alto de la tabla y que otorga algo de tranquilidad a toda esa cohorte de histéricos que habían empezado a cortarse las venas con el traspiés de Valencia. Pero no hay tiempo de siestas. El miércoles nos visita el Malmö.

   

Analistas a posteriori

Valencia 3 - At. Madrid 1

El aficionado al fútbol es muchas veces ese animal que sabe exactamente lo que iba a pasar justo en el preciso momento en el que ya ha pasado. Con irascible vehemencia suele además repartir los carteles de “malísimo” o “buenísimo”, indistintamente, con la misma alegría y rigor con la que va al retrete. Siempre a posteriori, claro. Siempre desde el lugar seguro del que nunca se equivoca porque ya conoce el final. Supongo que es así desde que el mundo es mundo pero no deja de resultarme incómodo e irritante. Es fácil de entender que a todo el mundo le molesta perder, mucho más si se está acostumbrado a ganar, pero la cosa torna en cierta psicosis estúpida a la hora de buscar las causas y los culpables. Los jugadores no puedes ser cielo o infierno en función de una acción puntual. Comparar siempre con el mejor es injusto porque todos los que no son el mejor son evidentemente peores. Es incluso mucho más injusto catalogar de “inútil” a todo aquel que no hace lo mismo que hace el mejor. Decía François de La Rochefoucauld que los espíritus mediocres suelen condenar aquello que está fuera de su alcance y creo que no andaba desencaminado. El Atlético de Madrid ha perdido hoy en el estadio de Mestalla en un partido tremendamente raro y completamente inusual para lo que ha venido siendo la dinámica del equipo de Simeone. Un partido del que deberíamos ser todos muy cuidadosos a la hora de sacar conclusiones dado que se han sucedido una serie de patrones extraños, que dudo se vuelvan a repetirse en lo que queda de liga. 

Empezaba el partido con un Valencia desatado. Aupado por su público y por ese excelente inicio de campaña que está realizando. Un estadio lleno, que lubricaba el derroche de intensidad que sus jugadores mostraban en el campo, igualando y superando al de los colchoneros que ya es decir bastante. No hubo demasiado fútbol en esos primeros 5 minutos hasta que un balón colgado al área sin aparente peligro es cabeceado en propia puerta por Miranda, un tipo que apenas comete errores. Raro. Mañana probablemente leerán en los periódicos sobre el error del brasileño pero para mí el error es de Moyá. El portero va de cara y a por el balón. Tiene que ser suya siempre. Por las buenas (llegando antes) o por la malas (gritando para que se quite su defensa).

El tempranero gol dejó noqueado al Atleti y espoleó a un Valencia que se vino arriba. Con intensidad, anticipación y fuerza, volvieron a hacerse con el balón un minuto después para que una buena jugada de André Gomes por la izquierda colocara el 2-0 en el marcador. Mañana leerán en los periódicos el gran gol del portugués pero para mí, de nuevo, es un error de Moyá que no cierra el primer palo en un tiro muy escorado. Con los mismos elementos que antes, aturdimiento en un lado, euforia en el otro, cinco minutos más tarde un córner cerrado sacado desde la derecha del ataque levantino es rematado en el área pequeña por el argentino Otamendi. No sé lo que leerán mañana en el periódico pero un remate desde el área pequeña tras un balón colgado es siempre error de portero por no salir. Moyá ha hecho un buen inicio de campeonato pero es cierto que apenas ha recibido jugadas en contra. Los errores de hoy pueden ser puntuales pero llevo semanas inquieto por las muestras de inseguridad que aparecen en el portero, especialmente en las salidas. Me preocupa. Mucho.

Con 3-0 en el marcador en apenas 15 minutos y el equipo local en estado de ebullición, el partido olía a goleada histórica pero no fue así y quizá ahí deberíamos ver uno de los pocos puntos positivos de la tarde para el cuadro rojiblanco. A base de balón y orgullo el equipo se quitó la presión y los nervios marchándose a por el partido. Detalle de equipo campeón que, en los peores momentos desde hace muchos años, levantó la cabeza y tiró de carácter para intentar dar la vuelta a algo que parecía imposible. Demostraron al menos que no tenía porque serlo. No había llegado la media hora de encuentro cuando un lanzamiento largo de Tiago fue rechazado por el portero che y recogido por Mandzukic para recortar distancias de cabeza. 3-1 y 60 minutos por delante. Para entonces ya habíamos podido ver que el Atleti era dueño y señor del esférico y también que Gámez, debutante con el Atleti en liga, estaba bien adaptado a su banda derecha y no estaba haciendo un mal partido. Otra de las notas positivas. El gol hizo que el público bajase el pistón y los jugadores valencianistas empezasen a tener demasiadas precauciones. Ya vieron el peligro acechar cuando el colegiado no vio unas manos claras de Barragán en el área pero terminaron de confirmarlo cuando sí vio las de Gayá, en el mismo sitio, cumpliéndose ya el minuto 45. 

Llegar a la segunda parte con 3-2 era comenzar otro partido con la ventaja además del que viene empujando desde atrás. Era por tanto un momento clave. Un penalti de los importantes. Un penalti para valientes. Mandzukic, jugador designado, fue a por el balón pero Siqueira se adelantó con confianza y se erigió para tirarlo. El brasileño, en contra de lo que mucho analista a posteriori cree, es un consumado especialista en esta suerte que, como Simeone recordó después en rueda de prensa, sólo había fallado un penalti antes en su toda su carrera (con la camiseta del Atleti, eso sí). A priori no parecía una decisión descabellada pero a posteriori resultó letal. Siqueira, probablemente superado por las circunstancias, tiró la pena máxima de forma horrible, como lo hubiese lanzado una criatura asustada, dejando el mismo resultado en el marcador e insuflando al equipo contrario con la moral y fuerza que no hubiesen existido de haber acertado. 

La segunda parte no existió. Con el Valencia reforzado anímica y físicamente tras los cambios, con el acierto de la repugnante campaña mediática del tal Nuno (otro iluminado que viene a sumarse a la lista de entrenadores iluminados que juegan los partidos fuera del campo) que ha conseguido que el Valencia hiciese el doble de faltas que el Atleti sin recibir tarjetas hasta que ya había hecho 16 de ellas (repugnante), con el Atleti roto físicamente tras el partido de hace unas horas, como quién dice, frente a la Juventus y el desgaste de tener que haberse enfrentado ya a todos los equipos de la parte alta de la tabla (a excepción del Barça), fue imposible que ocurriera nada.


Dura derrota del Atleti frente a un buen Valencia que se consolida como alternativa y que además tiene como consecuencia un resultado muy negativo en el entorno. No es mi caso dado que el partido no me deja demasiadas lecturas negativas ni me incita a cortarme ya las venas. Necesito más de Griezmann, sí. Quiero ver más balones al área a Mandzukic  y me gustaría que lo de Cerci fuese simplemente causado porque el estado de forma del italiano no es todavía el óptimo, pero lo único que me preocupa realmente a día de hoy es la portería. No me siento seguro e intuyo que nuestra fabulosa defensa tampoco. Ahora viene un pequeño (y coñazo) parón para encontrarnos después con un calendario bastante menos exigente. Tengo fe en el futuro pero... partido a partido.  

Teşekkür ederim

At. Madrid 1 - Juventus 0

La Champions League puede tener muchos peros, que los tiene, pero hay que reconocer que es una competición fantástica. Bien organizada, generalmente interesante y con ese punto de épica que tan bien le sienta al deporte del balompié. Normalmente los alicientes externos son suficientes para hacer que las noches en que se juega sean ya de por sí distintas, pero hoy ni siquiera hacía falta. Al Vicente Calderón llegaba toda una Juventus de Turín. Un histórico del fútbol en uno de sus mejores momentos. Dominando la liga transalpina y sin haber recibido un solo gol desde que se iniciase la temporada. Todo apuntaba a duelo de altura y creo que las expectativas se cumplieron. Ha sido un partido emocionante, disputado, difícil, correoso y con una ambiente en la grada digno de mención. Cuando la afición colchonera tiene que estar a la altura lo está, es así. Hoy lo ha vuelto a demostrar. Animando desde el primer minuto, ayudando a meter intensidad cuando el equipo más lo necesitaba y arropando a unos jugadores que asumían como la prolongación de sus gargantas en el campo. Teniendo en cuenta que el marcador mostró al final del partido una victoria del equipo local, es fácil entender que sea una noche de gloria para el seguidor un equipo colchonero que llegaba al encuentro muy exigido. Lo es porque ha enderezado el rumbo en una competición que se había torcido, porque lo ha hecho delante de un gran equipo y porque continúa aferrado a ese sueño que lo permite seguir viajando en el vagón de cabeza del tren que domina el mundo del fútbol.

Pero no fue fácil. El partido comenzó con el mismo equipo que jugó la segunda parte frente al Sevilla, lo que significa que lo hacía con Griezmann en el banquillo. Decisión que lógicamente tengo que respetar pero que no me gusta. El Atleti no anda sobrado de fútbol ni de talento y el francés lo tiene. No me parece que sea un jugador de segundas partes sino uno de esos, distintos e imprevisibles, que marcan la diferencia. Quizá no tenga mucho sentido que me ponga a discutir decisiones que encima luego salen bien, porque a Simeone le siguen saliendo bien, pero así es como lo pienso. 

La partida de ajedrez que se produjo en el campo entre Simeone y ese gran entrenador que es Allegri, creo que técnicamente terminó en tablas durante la primera parte, pero para mí la Juventus fue mejor. Dominó el balón, jugó fundamentalmente en campo contrario y apenas concedió un mínimo remate de Mandzukic desde la frontal del área. Los italianos abrían el campo por las bandas y circulaban el balón sin riesgos pero a la hora de replegarse eran una maquina de precisión que impedía cualquier desarrollo rojiblanco. Enfrente el Atleti se plantaba compacto con un trivote parecido al del pasado fin de semana que es cierto que equilibraba muy bien el equipo en defensa y tapaba cualquier avance de los blanquinegros (hoy con un horrendo verde fosforito) pero que también era incapaz de sacar el balón jugado. Con Koke demasiado atrás y Raúl García (otra vez) inédito y dedicado exclusivamente a intentar llevarse el balón de cabeza, el Atleti sólo mostraba opciones para soñar cuando el balón caía en los pies de Arda Turan. Don Arda Turan, para ser exactos. Cualquiera que siga esta humilde bitácora sabe de mi devoción por el jugador turco pero no crean que mis elogios de hoy vienen como consecuencia de que uno esté ganado de antemano para la causa (que lo estoy). El partido que se ha marcado el 10 colchonero es para enmarcar. De hecho creo que lo ha ganado él. Dando una lección de control de balón, de picardía, de fútbol, de esfuerzo, de generosidad y de intuición. 

El Atleti se ha encontrado hoy con la horma de su zapato. La Juventus parecía una imagen especular del equipo del Cholo pero con más posesión de balón. Así que tuvo que ser en esas circunstancias, con todo parado y espeso, cuando apareciese el talento de Turan. Un jugador distinto y original que es capaz de crear esos detalles que tanto le gustan a Simeone y que son los que ganan los partidos. Hoy también ha ocurrido.

La salida del segundo tiempo tuvo unos primeros momentos, buenos e intensos, que metieron a la Juventus en el área, pero enseguida todo volvió a la misma situación de la que veníamos. Simeone puso por fin a Griezmann en el campo pero el juego seguía sin ser fluido, se seguía abusando demasiado del balón largo y seguía faltando fútbol. Mucho fútbol. Eso sí, los de Turín seguían sin tirar una sola vez a la portería de un Moyá que a pesar del poco trabajo que tuvo a vuelto a dejar muestras de inseguridad. A base de fuerza y balones parados, el Atleti fue poco a poco tratando de ganar el dominio del partido pero tuvimos que esperar al genio imprevisible de Turan para verdaderamente mover el marcador. Balón colgado desde la banda derecha al que no llega Mandzukic pero sí el jugador turco que con esa exquisita clase de la que hace gala metió el balón pegado al palo. El Calderón alcanzaba el delirio. Pocos minutos después repetía ovación cuando se ponía en pie para despedir con honores al excelso jugador otomano. Teşekkür ederim (*)

No hubo tiempo para mucho más. La Juventus se estiró algo, sacó más efectivos y colgó más balones pero salvo un remate en propia puerta de Raúl García, que no entró gracias a una buena mano de Moyá, no fueron capaces de volver a tirar a puerta.

Tres puntos importantísimos que junto a la derrota de Olimpiakos en Suecia pone a todos los equipos del grupo con los mismos puntos y nos deja con todas las posibilidades para seguir la competición. Sigamos entonces por la senda emprendida y tratemos de culminar con éxito en Valencia una semana de infarto. Partido a partido. 


(*) Gracias.