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¡Un abrazo!

Valientes




Seamos serios. El verdadero problema del club Atlético de Madrid no está en el campo. Ni siquiera está en el palco. Está en algún lugar oculto desde el que dirige su emporio mafioso. Es el dueño del legado del capo original, la cabeza de una sociedad negra que robo el club para beneficio propio y que lo lleva espoleando desde entonces para matizar, lavar, ensuciar, cubrir, distraer y cuadrar el resto de negocios oscuros. Es así y así seguirá mientras el volante lo tengan los mismos. El resto es sólo la consecuencia y por eso la carnicería que está haciendo Pitarch, por ejemplo, obedece nada más que a esa idea de perfil bajo que tan bien viene a los negocios que no conviene airear. Todo viene de lo mismo pero los que salen a jugar todos los domingos con esa camiseta son los que son y el que les dice lo que tienen que hacer es el que es.

Y no me gusta. No es el peor de los que hemos tenido (ni mucho menos) y no me gustan muchas cosas de su concepto de fútbol pero sobre todo no me gustan los entrenadores valientes que regañan a sus jugadores en la rueda de prensa. Lo tolero con fallos de disciplina e Club pero no por errores en el campo. No lo tolero se llame Mourinho o se apellide Sánchez. Además me cargan los valientes de pacotilla. Que valiente es este Quique que sale a empatar en Tesalónica, cagado en el Bernabéu, grita a los cuatro vientos el estupendo equipo que le ha hecho García Pitarch, no dice ni mu de los Cerezos pero despotrica en público de los jugadores y tira a Domínguez (precisamente) a los caballos. Que Dios me libre y me guarde de estos valientes.

Con todo ello este equipo es una farsa. Una broma pesada. Un insulto a la inteligencia y una blasfemia contra el espíritu muerto (¿congelado?) del Atlético de Madrid.

La primera parte ha sido una desastrosa interpretación de la impotencia realizada por un equipo desquiciante y desquiciado. Desquiciante porque es insoportable ver un partido de fútbol de un equipo que no sabe jugar al fútbol. Es como quitarle las muletas a un mutilado y verle correr la maratón de Nueva York. pero también es un equipo desquiciado por la valiente labor de su valiente entrenador. Los castigados de la tragedia griega eran fáciles de intuir pero hubo sorpresas. Es lo que tienen los valientes entrenadores que saben más que nadie. Domínguez fuera de la alineación (si Quique sigue mucho en este banquillo me temo que la carrera de este chicho se ha acabado) hace que Godín cambie de posición (al central izquierdo) y Perea vuelve al central. Nuevo cambio de cromos en la defensa que ya en el minuto 2 dio sus frutos. Nuevo cante de De Gea (me niego a cargar las tintas contra un tipo de 20 años que ha mantenido el espíritu de este equipo), penosa salida de la defensa y gol de Nano.

Pero había más castigados. Los dos mediocentros de los últimos partidos al banquillo (aunque Tiago estaba sancionado). Los siguientes 25 minutos después del gol fueron el auténtico horror. Incapaces de dar un pase, incapaces de crear juego, descolocados en el campo, perdidos en las individualidades (las conducciones de Reyes son exageradas pero esas cosas pasan cuando cada uno tiene que hacer la guerra por su cuenta), romos en la recuperación, espesos en la circulación,.. pero claro si la solución a nuestros problemas es volver a Raúl García apaga y vámonos. El navarro hizo lo que mejor sabe hacer: nada. Un jugador que tarda seis veranos en girarse y que su jugada favorita es el pase al central (especialmente Perea) no debería jugar nunca en este equipo pero eso ya es para mí una guerra perdida. El equipo el año pasado (y el pasado y el pasado) era una castaña (si, si,.. a pesar de los títulos) y este año, lógicamente, lo sigue siendo. No creo en los cambios milagrosos así que si no cambias nada lo normal es que sigas teniendo lo mismo.

Eso si Quique sigue con su guerras de ego particulares y para terminar de desquiciar al personal decide quitar a Assunçao cuando se llevaba media hora de partido. El mediocentro salió jurando en arameo con lo que ya tenemos otro muchacho contento en el banquillo. No sé que pecado estaba cometiendo el brasileño que no estuviesen haciendo los demás pero yo no soy entrenador y mucho menos tan valiente como Quique. A todo esto el levante encantado de la vida jugando a placer y sin recibir peligro. La única oportunidad del Atleti en todo el partido fue en el 45 de zurdazo de Forlán. Tela marinera.

La segunda parte fue más de lo mismo. Exactamente la misma bazofia. La cara de los atléticos mostraba impotencia y frustración mientras sus pies destrozaban la belleza que una vez tuvo este deporte. Pelotazos al cielo, pases en largo a nadie, despejes de puntapié,... un drama. Así que en mitad del caos Simao hace la jaimitada de la tarde sacando rápidamente una falta en tu campo y en horizontal que acaba con el balón en los pies del contrario. El Levante pilla al Atlético descolocado y como en un contrataque improvisado trenza dos pases que acaban en los pies de Caicedo para marcar un bonito gol.

El resto del partido no merece la pena ni nombrarlo.

No sé que frase grandilocuente y preciosa habrá dicho esta vez el bueno de Quique en la rueda de prensa para justificar lo injustificable y convencer a sus amigos vikingos de la prensa de tener controlada la situación pero a mí ya no me hace efecto. El crédito está agotado. No creo en este equipo (sin ser una cuestión de “pequeños retoques”)y no creo en este entrenador.

El pringao de la clase (At. Madrid 2 - Aris Tesalonica 3)




Lo digo por adelantado: el resultado es injusto, el árbitro ha sido uno más en contra y se ha tenido mala suerte. Eso es verdad pero también es verdad que nada de eso tuvo que ver cuando se perdió en Salónica haciendo el ridículo ni cuando se empató en casa contra el Bayer con el mismo espíritu de equipo mediocre. Esta competición se llama Europa league porque es una liga y las ligas no se pierden en un partido. Esta liga no la ha perdido el árbitro o la mala suerte. La ha perdido los que dirigen el Atlético de Madrid.

Cuando uno era pequeño y tenía que ir a clase después del verano sabía que entraba en un terreno hostil en el que uno se tiene que valer por si mismo y que la comprensión de los demás respecto a tus debilidades no es una opción a tener en cuenta. Si dejas que te muerdan una vez acaban mordiéndote veinte. Si no sueltas el codo cuando hay que soltarlo acabas siendo el “pringao” de la clase. Normalmente los niños no perdonan y si uno comete el error de aparecer vulnerable acaba siendo vulnerable. El Atleti, gracias a los que lo dirigen el equipo, en los despachos y en el césped, es el pringao de la clase. Aparentemente fortachón y con hechuras a tenor de su presupuesto e historia pero un equipo que suele aparecer acobardado, miedoso, escondido, mediocre y sin levantar demasiado la voz con lo que acaba siendo el pringao al que nadie respeta. Si el primer partido de la competición que acabas de ganar, jugando contra un equipo claramente inferior que maneja un presupuesto diez veces menor que el tuyo, en lugar de salir a meterle diez goles sales acobardado y en lugar de intentar ganar intentas sólo que no te metan gol, me temo que estás dando el primer paso para que nadie te tome en serio. El Aris, crecido, ha acabado ganándote en su casa y en la tuya. Así es difícil que te respete el resto de la clase. Hay equipos que provocan miedo en el contrario antes de mover el balón. El nuestro por ejemplo se mancha de heces cada vez que pisa el Bernabeu. El Atleti da risa y lo único que provoca en el contrario es la ilusión de saber que nos puede ganar.

Es difícil saber como ha salido el Atleti al campo o como tenía previsto salir porque los acontecimientos se han desbordado prácticamente en el primer minuto. Cuando todavía estábamos aclimatando nuestros oídos al griterío heleno, casi sin darnos cuenta, ya estábamos por debajo en el marcador. Llegada, cante de De Gea, rechace y gol de Keko (otro español en el equipo griego). Es difícil saber lo que estaba en la cabeza de los colchoneros tras la charla del vestuario cuando después del primer minuto te clavan un gol pero parece sospechoso que en ese minuto, aparte del gol, hubiese una parada de De Gea, un remate de un tal Medrinos y un tiro al poste de los griegos. No parece que el Atleti saliese muy metido en el partido, no.

Pero casi mejor no planteárselo porque el gol en contra fue al menos como un talismán. No me da mucho miedo que los partidos se rompan porque lo otro es peor y porque estoy convencido que dado nuestro pésimo juego de creación y la nulidad de este equipo para controlar los partidos es casi mejor ir al intercambio de golpes. Especialmente contra equipos inferiores en calidad. Aun así, en este caso ni siquiera hizo falta porque los colchoneros tuvieron veinte minutos de coraje, velocidad y juego casi inéditos este año. Sostenidos en Tiago y sobre todo en un buen Mario Suárez (con fallos letales e ingenuos en defensa pero muy interesante su aportación al juego, no sólo defensivamente), con Reyes y Simao dinámicos viniendo al centro, los laterales arriba, Forlán despierto y Agüero genial, los colchoneros por fin parecieron un equipo que quiere ganar y que lo quiere hacer jugando al fútbol. Disfruté mucho esos minutos desde el 0-1 a 2-1. Primero Forlán de rechace tras disparo al poste de Simao y posteriormente Agüero tras un cante de la defensa griega que le dejan ganar la espalda y encarar al portero, hicieron de la remontada un oasis en el desierto. Velocidad, balón, control y juego. Lo dicho, un espejismo.

A partir de ahí las cosas cambian por una ligera relajación de los colchoneros que no provoca sin embargo que dejen de dominar o de que lleguen las ocasiones. El partido podría haberse resuelto antes de llegar al descanso tranquilamente. Desgraciadamente no ocurrió. La segunda parte comienza con el mismo aspecto espeso y deslavazado del final de la primera pero no parece que el partido peligre hasta que Domínguez comete la torpeza de agarrar de la camiseta a un jugador contrario estando en el área. Penaltis como esos hay miles todos los partidos y parece que sólo los pitan contra el Atleti pero Domínguez, muy nervioso todo el partido, comete una torpeza. Quique ya tiene coartada. Aun así yo me pregunto si fue primero el huevo o la gallina. ¿Sentó Quique a Domínguez por estar nervioso o está nervioso el canterano después de que su entrenador lo ponga en el disparadero? Viendo como estaba jugando Domínguez antes del Tsunami me inclino por lo segundo. Gran idea y muy valiente eso de ponerle una presión extra a un muchacho de veintipocos y plena ascensión meteórica que su entrenador ha cortado en seco.

A partir del empate de los griegos llegó, ya si, el Atleti de siempre cuando va perdiendo. Incómodo, sin personalidad, precipitado, romo, espeso,... e inofensivo. El equipo, incapaz de trenzar juego, se tropezaba una y otra vez contra el muro heleno y todo quedaba, como siempre, a la inspiración de los de siempre. Quique pone a Diego Costa por Simao sin cambiar de esquema y la caga, puesto que el brasileño se pierde en la banda (no juega ahí) y el equipo pierde a su mejor baza a balón parado. Todo sigue igual pero más descolocado y alocado. Una cosa es abrir las líneas e ir al intercambio de golpes. Otra cosa es jugar sin ton ni son. Esto último es lo que ocurrió entonces.

Así que en una jugada tonta del Aris, después de tres rechaces que siempre caen en pies de los de amarillo y tras un último rechace de un defensa atlético el balón entra en la red de De Gea para matar el partido y la andadura del equipo madrileño en la competición de la que es vigente campeón. Los quince minutos de agonía que duraron hasta el final sólo sirvieron para poner de manifiesto la falta de criterio, orgullo, recursos y personalidad de un equipo que es incapaz de colgar un balón al área cuando quedan dos minutos y te estás jugando la temporada.

El atleti tiene pie y medio fuera de Europa. Tiene que ganar al Bayer en Leverkusen pero el Rosemborg, que no se juega nada, tiene también que al menos empatar en Tesalónica. Mejor ir pensando ya en la temporada que viene. Espero que para entonces tengamos ya el vigésimo nuevo Cléber que venga a sumar músculo al centro del campo, el enésimo fichaje de diez millones de euros que chupa banquillo, el enésimo argentino o brasileño que acabamos cediendo al primero que lo quiere y el enésimo entrenador calladito, amigo de la mediocridad y alérgico al fútbol que de la fidelidad hace virtud.