Poniendo los focos
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Diego Costa,
Pepe Mel
At. Madrid 1 - R. Betis 0
Durante muchos años el fútbol ha sido un deporte popular que la intelectualidad, siempre arrogante, asociaba a las clases trabajadoras. A las clases bajas, que dirían los menos hipócritas. Durante años el discurso de los protagonistas del balompié, jugadores y entrenadores principalmente, no ayudaban demasiado a evitar ese concepto pero soy de la opinión de que esa época ya se ha superado. En contra de lo que pudiera parecer atendiendo al nivel de la prensa escrita, los chascarrillos baratos que se emiten a través de las ondas o los pestilentes efluvios que uno puede sufrir en esos programas televisivos nocturnos, por y para verduleras, los aficionados al fútbol, y muchos de sus protagonistas, son hoy personas de todo orden y condición. Catedráticos en biogenética se sientan al lado de peones de albañil para ver a jugadores como Xabi Alonso que son capaces de dar patadas a todo lo que se mueve dentro del terreno de juego y luego estudiar o seguir los dictados de la moda con el último de Wilco sonando en su iphone. Pero hay personajes contemporáneos como Pepe Mel (o nuestro querido Manzano) que no sólo siguen convencidos de que el mundo del fútbol está básciamente formado por ignorantes sino que ellos, que manejan todos los tiempos verbales, son los más listos del barrio. Las detestables declaraciones de Pepe Mel en las vísperas del partido son un claro ejemplo de esto. Disfrazadas de piropo, pensando que todos somos gilipollas, lo que hizo un tipo, que por otro lado me parece un buen entrenador, fue poner los focos en un jugador, Diego Costa, para que medios y colegiados estuviesen pendientes de él y así condicionar su juego. Repugnante y tan barriobajero como aquello que no se cansa de denunciar el que luego va de elegante. Marrullero pero útil en un país de fariseos como éste.
Simeone no ha nacido en este país pero es argentino y quizá por ello es difícil sorprenderlo en este arte y maneja este tipo de códigos mejor que nadie. Por eso, estoy convencido, dejó a Costa en el banquillo de inicio. El Atleti de principio no pareció notarlo con su ya típica salida en tromba a por el equipo rival. Dominador del juego y del balón volvió otra vez a ganar el centro del campo (Gabi y Mario haciendo de nuevo un buen partido) y siendo muy vertical. Lo malo es que en esta ocasión el turco Turán no tenía su día y, raro en él, eligió mal todas las veces. Lo malo también es que el sustituto de Costa, Adrián, volvió a demostrar que no está. otro mal partido del asturiano al que sólo Simeone parece esperar. En apenas 20 minutos Turan tuvo dos ocasiones clarísimas (especialmente un mano a mano con el portero rival), Adrián se durmió en el área otras tantas y Gabi y Koke hicieron lucirse al portero de tiros lejanos. Pero ahí se apagó el equipo. Sin la tensión de otras veces (probablemente por el partido del jueves), con Falcao renqueante y sin Adrián, el Atleti dejó que el Betis respirara y tomase el balón. El "valiente" de Mel no obstante tenía más respeto por el Atleti de lo que sus palabras mostraban y colocó dos mediocentros por detrás de Beñat lo que creaba un buen repliegue de los sevillanos pero amortiguaba su ataque.
La segunda parte siguió por los mismos derroteros. Un Atleti sin fuelle ni chispa y un Betis mandón con el balón pero inofensivo en ataque. La gente del Calderón, me temo que un poco mal acostumbrada, mostraba una ansiedad excesiva que transmitía a los jugadores. Mal sintoma por parte de la afición. Aún así todos vimos que hacía falta un activador y el Cholo también lo vio. La salida del brasileño fue letal en todos los sentidos. A los madrileños le aporto la sangre que faltaba, salida por banda, desborde,... Los jugadores del Betis sin embargo, haciendo caso a su entrenador, decidieron olvidarse del fútbol e ir a buscar a Costa. Personalmente detesto a los jugadores pendencieros y marrulleros. Yo, que soy de los pocos que confiaba en Costa cuando todos decían que era un "paquete", soy también el primero que critico y criticaré sus desmanes absurdos que no van a ningún sitio. Pero lo de hoy era otra cosa. Una caza de brujas orquestada por el entrenador rival (y algunos jugadores dolidos, probablemente con razón) pero por aquello de la justicia poética, el protagonista de todos los males fue al final el mejor del partido. Y encima metió el gol de la victoria. Corner blando que se comen portero y defensa para que el más listo de la clase, Diego Costa, se adelante a la defensa y marque de cabeza. Mel trató entonces de dar profundidad al equipo con los cambios pero ya fue inútil. El Atleti se parapeto con rigor cartesiano y estuvo más cerca el 2-0 que del empate.
Segundos, a 9 puntos de Barça, 7 por encima del Madrid y a 15 del quinto puesto. Ni en los mejores sueños los colchoneros soñábamos con algo así. Algo de lo que deberíamos disfrutar más en lugar de obsesionarnos con los fantasmas y sapos que nos tiran (y seguirán tirando) desde lo medios y mentideros rivales. Partido a partido señores. Partido a partido.




